Capítulo XVI

Sarvar, en el Digimundo

Julio 3 de 2085

Davis miraba a través de un cristal reforzado a Agumon, mientras este sostenía combate con un Monochromon, ambos encerrados juntos en una especie de cámara blindada que soportaba los embates de ambos contendientes.

Agumon dio un gran salto aterrizando en el lomo de Monocromon quien comenzó a sacudirse intentando que el pequeño digimon cayera al suelo, mientras que Agumon se aferraba con sus garras. Davis presenciaba todo el combate hasta que el brazalete en su muñeca emitió un sonido agudo y el chico presiono un par de botones en él.

El aro negro en el cuello del digimon emitió un tenue resplandor al que le acompañó una drástica transformación del pequeño digimon, quien creció en tamaño aplastando al monocromo dejaba de él y sometiéndolo recargando sus dos grandes brazos en el hocico del digimon que comenzó a sacudirse intentando liberarse del peso de Greymon, mientras que este tomaba con brusquedad a su oponente levantándolo por encima de su cabeza, lanzando un gran rugido para después arrojarlo haciéndolo estrellarse con una de las paredes de la cámara y después caer al suelo de espaldas.

Davis miraba de brazos cruzados la escena, mientras que detrás de él, Veemon se encargaba de dejar una bandeja de comida sobre una mesa metálica en la sala tenuemente iluminada por un pequeño candelabro en el techo. El muchacho de cabello rojizo no despegó la mirada de Agumon ni cuando la puerta de la habitación se abrió dejando entras a dos seres de gran tamaño que apenas podían caminar por la habitación para aproximarse a un par de sillas dispuestas de un lado de la mesa, de frente a una silla semejante a una especie de trono frente a la cual la bandeja con comida estaba colocada.

Uno de los seres, de cuerpo plateado extendió su mano para tomar algo de la bandeja, ante lo cual Veemon reaccionó trepando a la mesa y mirando amenazadoramente al ser.

-Eso es de Davis –le dijo encarándolo. El ser sonrió con burla, pero el digimon azul no retrocedió.

-Veemon, basta –le dijo Davis dándose la vuelta, dejando de prestar atención a la batalla.

El ser plateado sonrió triunfal mientras clavaba uno de sus afilados dedos en una patata puesta en el plato del chico, y se la llevaba a la boca. Davis tomó asiento mirando al ser con seriedad.

-Y tú, Ginkakumon, agradecería que no metieras tus sucias manos en mi comida –el digimon sonrió burlón.

-Solo fue un bocado –se justificó el digimon ante la mirada seria del muchacho.

-¿Y que se supone que es eso? –cuestiono el otro ser, con cuerpo femenino y una armadura dorada.

Davis miró por encima del hombro la contienda en la cual Greymon era el claro dominante, pese a que al primer Monochromon se le había unido otro, que sin importar que ambos embistieran al gigante naranja, no lograban hacerlo retroceder.

-Investigación –respondió el muchacho dándose la vuelta para mirar a sus acompañantes nuevamente.

-Juegas con fuerzas que no puedes controlar –le reclamó Kinkakumon.

-Soy el emperador del digimundo, tales fuerzas no existen –Ginkakumon rio cruzándose de brazos.

-Nuestra presencia en esta mesa dice otra cosa –se burló el digimon y Davis lo miró con enfado, para después sonreírle con fingida cordialidad.

-Su presencia en esta mesa es lo que se consideraría… un mal necesario. Para dominar al digimundo por completo me temo que hace falta un poco de contribución por parte de, sus amos –Ginkakumon descruzó los brazos para apoyar los codos sobre la mesa, como mostrando gran interés.

-Para eso debes probar tu valía, y para hacerlo debes conquistar todo el continente Sarvar. Cuando lo hagas, la ayuda para conquistar el resto del digimundo será tuya, a cambio de expulsar todo rastro de los humanos de este mundo.

-Así será –aseguró Davis-, en cuanto caigan las cuatro ciudades Sarvar será tomado por completo por los digimons, y los malditos humanos jamás volverán a pisar este mundo.

-Esa es la voluntad de nuestros señores –dijo Kinkakumon, para luego ponerse pie-, y jamás deberá ser contrariada –dijo en tono de amenaza.

-Descuiden, jamás lo será –respondió Davis sin inmutarse, mientras Ginkakumon y Kinkakumon abandonaban la sala y Davis se disponía a continuar con su comida.

Veemon miró a los visitantes hasta que estos desaparecieron y luego volteó a ver a Greymon quien seguía peleando contra los dos Monocromons, casi matando a ambos.

-Creí que habías dicho que tú serias el único dueño de este mundo –le comentó a Davis.

-Y así será –contestó, para cuando el ultimo continente caiga tendré el poder para acabar con cualquiera que me estorbe, incluidos esos señores oscuros de los que hablan nuestros dos peculiares aliados –Davis desvió la mirada para sonreírle siniestramente a Veemon-. Tú y yo Veemon –comentó-, somos el futuro del digimundo.

Veemon desvió la mirada volviendo a ver a Greymon, mientras que el brazalete emitía un agudo sonido. Davis volvió a accionar algunos botones y Greymon comenzaba a mutar nuevamente, cubierto por un aura negra que causó una mueca de fastidio en el rostro del muchacho que manipulando otra vez el brazalete provocó que Greymon sufriera una fuerte descarga eléctrica que lo hizo caer sobre sus rodillas mientras regresaba a su forma como Agumon.

-Sigue fallando –dijo con frustración-, aliméntalo, y que descanse, en la noche realizaremos la siguiente prueba –le indicó a Veemon quien salió de la sala.

Davis miró a través del vidrio a Agumon intentando levantarse, mientras recordaba la escena de él y Tai, y también el extraño poder que manifestó Garurumon mientras enfrentaba a SkullGreymon.

"La familia Yokoshima"

Mansión Riuga, en Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 5 de 2085

Tai vació un cesto de ropa limpia en una mochila donde después comenzó a apretujarla para poder cerrarla bien. Le costó bastante trabajo y al final la mochila parecía un gran globo a punto de reventar, cosa que no pareció molestarle al muchacho que después tomó otra mochila, más pequeña, en la cual comenzó a meter otras tantas cosas, como una cámara digital y un pequeño radio.

El castaño parecía muy concentrado en su labor, al grado de no notar que alguien lo miraba desde el umbral de su habitación, la cual tenía la puerta abierta.

El muchacho abrió un cajón del cual extrajo algunos billetes que metió en una billetera que luego volvió a guardar en el bolsillo de su pantalón de mezclilla y antes de cerrar el cajón un objeto ahí llamó su atención. Eran un par de guantes de combate algo gastados, los cuales estaban adaptados para ser usados por Agumon. El chico tomó los guantes mirándolos por un momento hasta que decidió también meterlos en la mochila que luego cerró deprisa, como si estuviera huyendo.

Al darse la vuelta se topó con Charles, lo que lo hizo retroceder como si se hubiese llevado un pequeño susto. El chico se quedó quieto contemplando al hombre que lo miraba serio con los brazos cruzados. Sus lentes no los llevaba puestos sino que los sostenía en su mano derecha meciéndolos un poco con aparente impaciencia.

-¿Ya tienes todo para irte? –le preguntó con voz seria. Tai desvió la mirada mientras se cargaba la mochila en la espalda y recogía la otra más grande rodeándola con un brazo para cargarla.

-¿Es tu trabajo estar al pendiente de cada uno de mis movimientos? –le preguntó con hostilidad.

-A decir verdad, si lo es –respondió Charles con un tono que denotaba que encontraba aquella pregunta divertida. Tai en cambio no parecía muy contento con la presencia de aquel hombre.

-¿Qué es lo que quieres Charles? –el hombre sus piró, volviendo a ponerse los lentes y metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón de vestir.

-La verdad es que me encantaría poder hacer que las cosas sean más sencillas, pero no puedo. Una situación delicada como la que estamos pasando en este momento no es algo con lo que nos podamos meter sin esperar que surjan ramificaciones, variadas y muy complejas ramificaciones –Tai frunció el ceño mostrándose con fundido.

-¿Qué se supone que quieres decir con eso? –le preguntó.

-Intervenir en esta situación, o contrarias órdenes directas son actos que no serán bien vistos y que pueden ocasionarle a una persona, y a sus cómplices, consecuencias muy duras. Creo que estoy siendo bastante claro, ¿no?

Tai no mostró emoción alguna, pero Charles seguía mirándolo con seriedad y plantado en el umbral de la puerta del chico con tal decisión que el castaño sabía que no se iría de ahí tan fácil. Después de meditarlo un rato solo suspiró, mientras apretaba con fuerza las correas de las dos mochilas.

-Tú me dijiste que un líder no es aquel que da órdenes, sino el que se preocupa por aquellos con quienes trabaja, y que un equipo se sustenta en la confianza. No puedo solo quedarme al margen de una situación cuando tal situación atenta contra la integridad de mis amigos, de mi equipo. Si tú puedes hacerlo bien por ti, pero yo no voy a quedarme de brazos cruzados. Creo que estoy siendo bastante claro, ¿no?

Charles sostuvo la mirada al castaño que no parecía tener intención alguna de retroceder, por lo que el hombre sonrió negando con la cabeza.

-Solo quería decirte que disfrutes de tus vacaciones, y que me parece muy maduro de tu parte que aceptes dejar esto en manos de HEDM y mejor emplees el tiempo en olvidar las preocupaciones, y que mejor que con un viaje bastante agradable como el que estás por hacer –dijo apartándose de la puerta para dejar al chico pasar. Tai caminó con algo de desconfianza hasta llegar hasta charles para mirarlo de frente-. Otra cosa –dijo antes de que el muchacho saliera de la habitación-, solo evita que te atrapen –dijo en un susurro casi inaudible-, felices vacaciones Kamiya –el hombre utilizó un tono amable mientras le estrechaba la mano para después darse la vuelta alejándose.

Tai vio a Charles caminar hacia las escaleras para subir al siguiente puso, donde estaba su oficina.

El castaño abrió la mano encontrando en ella una pequeña nota de papel que Charles le había entregado al estrecharle la mano. El chico la abrió asegurándose de que nadie estuviera mirándolo y leyó rápidamente un mensaje de apenas cuatro palabras.

El chico sonrió para después meterse el pequeño pedazo de papel en la boca y comenzar a masticarlo como si de un pedazo de goma de mascar se tratara.


-¿Un viaje de pesca? –dijo el General Hyuga a modo de resumen de lo que Ryo había estado hablándole los últimos cinco minutos desde que lo encontró en la sala de la planta baja de la mansión.

Ryo permanecía frente a él tranquilo, vestido como civil con unas bermudas grises algo roídas y una camisa azul marino algo deslavada, lo que le daba el aspecto de alguien sin nada que hacer y nada en que ocuparse, situación en la que prácticamente se encontraban todos los habitantes de la mansión Riuga desde que el general los había puesto en suspensión. Hyuga escudriñaba al muchacho castaño con la mirada, el cual lucía serio y algo molesto.

-Así es señor, mi tío tiene un pequeño bote en un lago de Sunnyville en Sarvar, dijo que no hay problema en que lo use por un día o dos, y pensé, que como no estamos bajo arresto, no habría problemas en salir de aquí y relajarse un poco. Dijo que consideráramos esto como unas vacaciones, tiempo para relajarnos –Hyuga asintió-, bueno señor, toda esta situación me estresa y resulta que salir a pescar me relaja bastante.

-Y supongo que no tendrás pensado ir solo, ¿me equivoco?

–No, claro que no –respondió sin titubeos el muchacho. Hyuga se plantó firme frente al chico, quien puso sus manos detrás de la espalda.

-Piensa usted salir, junto a otros más, mientras que también, hace una semana me informaron, que un grupo de seis miembros de la mansión piensan pasar varios días fuera, y siendo justo hoy el día que se marchan, es algo sospechoso que usted haga ahora su petición, ¿no le parece? –Ryo suspiró mientras se rascaba la cabeza.

-Bueno señor, para ser justos, casi todos en esta mansión tienen planeado salir a pasar unos días en tal o cual lugar, es una buena oportunidad para estar con nuestras familias, o salir a divertirnos, además, el que le informe justo hoy sobre esa actividad no responde a otra cosa que el hecho de que sabíamos que usted vendría hoy para despedir a los demás, y pensé que era un buen momento para hablarle, ahorrarle la molestia de quitarle tiempo a su apretada agenda –Hyuga siguió mirando fijamente a Ryo, seguía teniendo una mirada seria, y tranquila. El general sonrió mientras asentía.

-¿Quiénes más lo acompañan?

-Bueno, seremos Kouta, Henri, Ken y yo, y claro, nuestros compañeros digimon –el general frunció el ceño.

-¿Ichijouji? Pensé que habían tenido ciertos roces con él, ¿no lo acusaron de ser el traidor antes de descubrir que en realidad se trataba del otro muchacho, Motomiya? –Ryo asintió.

-Fue un mal entendido, un lamentable mal entendido, pero ya todo está resuelto.

-¿Seguro? –cuestiono Hyuga desconfiando de las palabras de Ryo. El muchacho parecía estar algo nervioso, hasta que finalmente resopló vencido.

-La verdad es que Kouta aún no deja de desconfiar de él, y quiere mantenerlo vigilado, prácticamente lo está obligando a ir con nosotros. En lo personal no me importa si se queda o va, pero Kouta es bastante terco –dijo resoplando mientras se frotaba la nuca, como denotando su fastidio acumulado. Hyuga descruzo los brazos mientras el sonido de unos pasos en las escaleras llamó su atención.

-Bien, agradezco su completa cooperación conmigo debido a la actual situación, y por supuesto, tienen permiso de salir a divertirse esos días –Ryo sonrió triunfal.

-Gracias señor, no se preocupe por…

-Claro que un par de escoltas los acompañaran, y antes de dejar la mansión deben dejar aquí sus digivices, estoy seguro que entiende –dijo antes de abandonar la sala ignorando completamente a Ryo y la cara de indización y enfado que el muchacho mostró.


Cody y Armadillomon terminaban su desayuno deprisa, mientras sobre el comedor un par de mochilas reposaban junto a los chicos. En la entrada un par de hombres vestidos con trajes negros y que usaban gafas oscuras parecían algo impacientes. Yolei llegó hasta la mesa junto con Hikari y ambas chicas tomaron asiento junto a Suzie, quien daba lentas cucharadas a su tazón de cereal, aparentemente molesta y con Lopmon junto a ella que la miraba preocupado.

-Anímate Suzie, no es tan malo –dijo Yolei empujando a la más joven con suavidad.

-No es justo –refunfuñó-, todos tienen algo que hacer y Henri no quiere llevarme al viaje de pesca –Suzie apartó su tazón jalando hacia si a Lopmon para apretarlo con fuerza contra su pecho.

-Solo nos iremos un par de días con mis padres y mi abuelo, prácticamente es lo mismo que quedarse aquí –dijo Cody con intención de animar a su amiga.

-Aunque sea eso, cuenta como vacaciones para mí –dijo sin mejor ánimo. Hikari y Yolei sonrieron negando con la cabeza.

-¿Por qué no vas tú también a casa unos días? –le sugirió Hikari mientras de improviso Gatomon aterrizaba cerca de ella sacándole un pequeño susto.

-Es igual que estar aquí, no hay nada que hacer –se quejó la chica.

-Bueno, me despido, nos veremos en un par de días –dijo el chico levantándose de su asiento y colgándose la mochila en los hombros mientras la otra la cargaba con una mano.

-Adiós a todas –se despidió Armadillomon antes de saltar de su silla y seguir a Cody, quien se aproximó primero a uno de los hombres para entregarle a este su digivice (como estaba pactado), y luego él y su compañero fueron escoltados por el otro hombre a la salida.

Hikari se despidió con la mano de Cody y Armadillomon para luego volver a acariciar el lomo de Gatomon que se había acomodado sobre su regazo. Luego volvió a ver a Suzie quien ya no parecía molesta sino genuinamente triste.

-¡Hey! ¡Anímate! Apuesto a que encontraremos algo divertido que hacer –le dijo a la chica-, ¿verdad Yolei? –la chica de lentes miró a Hikari y sonrió ampliamente.

-¡Claro! Mañana podemos ir al centro comercial, por ejemplo, compraremos, nos divertiremos, iremos al cine, ¡será un día de solo chicas! –exclamó emocionada.

-Si…puede que esté bien –dijo la niña un poco más animada.

El guardia que aún permanecía en la entrada del comedor negó con la cabeza mientras se daba la vuelta, cansado de presenciar el berrinche de la niña. Al darse la vuelta se encontró de frente con el general Hyuga, quien tenía su mirada clavada en un trio de chicas que en ese momento bajaban las escaleras.

Rika, Sora y Mimi estaban bajando las escaleras cargando varias maletas. Las tres chicas vestían ropa colorida. Mimi y Sora cuchicheaban de forma animada soltando una que otra risa, mientras que Rika parecía más seria que sus compañeras. Llevaba el cabello amarrado en una coleta y unas gafas de sol cubriendo sus ojos. Detrás de las chicas, Biyomon y Palmon también cargaban un par de maletas, al igual que Renamon, quien se reunió con las demás, dejando en el suelo de madera, cerca de la puerta una maleta pequeña.

-Wow, mírense nada más –dijo Yolei recargándose en el marco de la puerta mirando a las chicas que la voltearon a ver. Sora y Mimi sonrieron mientras se tomaban de las manos dando unos cuantos saltitos-, se ve que la van a pasar muy bien.

-¡Esa es la idea! –Dijo Mimi entre risas-, ¡iremos al festival de Norman city!

-Me muero por ver la ciudad –dijo Palmon y Biyomon parecía igual de animada que ella. Rika se mostraba seria en todo momento, y Renamon la imitaba, sin embargo en un descuido de su Tamer la digimon zorro volteó a ver a Biyomon y Palmon sonriendo con discreción y haciendo una seña de triunfo con el puño.

-¡Esto será genial! –dijo Sora extendiendo los brazos y tomando asiento sobre una de sus maletas- ¡Quieren darse prisa! –exclamó la pelirroja.

-¡Ya vamos! –contestó la voz de un muchacho, y junto con unos pasos en la escalera aparecieron dos chicos rubios cargando un par de maletas, y junto a ellos Gabumon tratando de no perder el equilibrio y Patamon sobrevolando con calma y cargando una pequeña mochila.

El último de la fila era Taichi, quien parecía menos animado que el resto, incluso menos animado que Rika. Su rostro denotaba enfado, y al llegar a Hyuga parecía como si el castaño quisiera apuñalar al general con todo ese enfado.

-¿Todo listo? –preguntó Hyuga con su acostumbrado tono soberbio.

-Supongo que si –le respondió Tai con brusquedad. Hyuga lo miró enfadado.

Antes de que una discusión comenzara Mimi se arrojó sobre Tai sujetándolo del brazo y mirándolo a los ojos con una gran sonrisa.

-Sera divertido, y servirá para que te relajes –dijo mientras clavaba sus uñas en el brazo del chico que contuvo sus ganas de gemir por el dolor comprendiendo que la castaña le pedía que se calmara.

-De acuerdo –dijo Hyuga abriendo la puerta de la mansión y colocándose al pie de las escaleras de la entrada. El hombre de traje y gafas negras se colocó a su lado, abriendo un maletín que cargaba, el cual estaba vacío.

Hyuga levantó la mirada sobre los Tamers que comenzaban a formar una fila junto con sus digimons y miró sobre las cabezas de ellos a Charles quien recién bajaba las escaleras.

-¡Ah! Director Resse, me alegra que se nos una.

-Solo vine a despedirme de los chicos, y desearles un buen viaje –dijo recargándose en el marco de la puerta-, aprovechen este tiempo, nosotros nos encargaremos de todo por acá -dijo con simpleza y una expresión neutra en el rostro.

-Bien –dijo Hyuga-, no les hagamos perder más tiempo. El auto espera –dijo dándose la vuelta y señalando una gran camioneta negra que permanecía quieta con otro hombre vestido con un traje negro parado junto a ella-, los llevará hasta el punto de acceso al digimundo, ahí los están esperando ya los escoltas que los acompañaran en su viaje.

Tai apretó los puños mientras que la fila comenzaba a avanzar. Hyuga fue recibiendo de cada uno de los Tamers su digivice, los cuales entregaron sin protesta alguna. Mimi pasó antes de Taichi, volviendo a ser presa de una mirada insistente de Hyuga quien después de tomar el digivice y meterlo en la maleta que su asistente sostenía la dejó ir. Tai se paró frente al general, sacando su digivice de uno de los bolsillos de su chaqueta y mirándolo un poco antes de entregarlo.

-¿No le parece algo ridículo que deba entregarle esto aunque ni siquiera sé dónde está mi compañero? –dijo el castaño molesto.

-No se preocupe joven Kamiya, si todo sale como está previsto, tal vez vuelva a ver eso –dijo refiriéndose al digivice-, y a su compañero al mismo tiempo.

-Sí, si todo sale como está previsto –contestó Tai en forma de queja, mientras extendía un poco el digivice hacia Hyuga y Hyuga extendía su mano para tomarlo, pero antes de alcanzarlo Tai lo arrojó directamente a la maleta dejando al general con la mano extendida y bajando las escaleras sin siquiera voltearlo a ver.

El militar lo miró con una media sonrisa mientras el chico subía a la camioneta al igual que el resto de sus compañeros, y esta arrancaba.

El asistente del general cerró el maletín antes de hablarle.

-Señor, ¿seguro que está bien dejarlos ir? –le preguntó en voz baja. El general volteó a verlo sonriendo con suma confianza.

-Solo son niños, ¿Qué pueden hacer? –le respondió con tranquilidad antes de tomar del bolsillo de su saco un pequeño comunicador, el cual acercó a su boca mientras veía la entrada de la mansión abierta, pero el vestíbulo vacío.

-Moto, responde –dijo a través del comunicador.

Oficinas de HEDM, en Odaiba, Japón

Julio 5 de 2085

-¿Señor? –contestó un hombre, vestido como los escoltas y asistentes que acompañaban en todo momento al general Hyuga, y al cual lo acompañaba otro hombre similar.

-Reporte de la situación –pidió la voz de Hyuga. Ambos hombres se encontraban al final de un largo pasillo que daba hasta una puerta doble cerrada, de alguna oficina del edificio.

-Sin novedad –contestó el hombre con voz monótona-, Izumi y Kido, así como sus digimons siguen sin salir de la oficina, la puerta se abre cada cuatro o seis horas para recibir pedidos de comida que hacen a la cafetería o a algún restaurante con servicio a domicilio y vuelven a encerrarse. Tienen baño dentro de esa oficina, así que no creo que tengan algo más a lo cual salir.

-¿Tienen conocimiento de que es lo que hacen adentro de la oficina?

-Los sensores del equipo que hay dentro muestran que han estado prácticamente todo el tiempo desde ayer que llegaron utilizando las pantallas y la red local para conectarse a un juego multi jugador en línea.

-Bien, manténganse alerta –dijo el general y el aparató emitió un pequeño pitido que indicaba que la conexión se había cortado.

-Manténganse alerta, hay que vigilar a un par de nerds encerrados en una oficina en un edificio con múltiples cámaras de seguridad, vaya reto –dijo el hombre tomando asiento junto a su compañero.

-¿Preferirías algo más complicado? –lo cuestionó su compañero mientras abría una revista.

-Preferiría que no me hagan perder mi tiempo haciéndome la niñera de un par de mocosos patéticos que se encierran en una oficina con equipo caro a simplemente jugar estúpidos videojuegos. Ni siquiera entiendo cómo es que los dejan hacer eso por dios.

-Dijeron que realizarían investigaciones para las que requieren las computadoras con acceso al banco de datos de HEDM, cosa que es irrelevante a que no les importa en realidad lo que hagan, y prefieren que se ocupen en videojuegos estúpidos a que hagan algo que no convendría mucho.

-Sí, claro –dijo el hombre aun fastidiado.

-¿Qué? ¿Prefieres ir hasta Fukushima a visitar una panadería para hacer de vigilante de otro trio de niños? –le reclamó recordándole la misión de otro equipo.

-Sinceramente no sé si prefiero eso –contestó el hombre recargándose en la silla y cerrando los ojos pretendiendo dormirse.

Punto de acceso al digimundo, centro de Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 5 del 2085

La camioneta que transportaba a Rika y el resto se detuvo enfrente de un edificio grande, con varias puertas de salida y de entrada y automóviles parando para bajar a alguien o subir a alguien. El lugar era similar a una terminal de autobuses o un aeropuerto, incluso por la seguridad que custodiaba cada puerta, donde un Tamer acompañado de un digimon permitía el acceso a aquellos que cumplieran con las debidas normas de seguridad.

Rika fue la primera en bajar, acompañada de Renamon, y rápidamente cargaron con el equipaje que necesitaban.

-Me adelanto, debo asegurar que todo esté en orden –dijo la chica pelirroja de forma clara antes de marcharse mientras que Tai, Matt y T.K. comenzaban a bajar todo el equipaje.

Sora miraba con interés el edificio con Biyomon junto a ella que la miraba de forma curiosa. La chica le sonrió a su compañera mientras se cargaba una pequeña bolsa en el hombro y sujetaba con fuerza su maleta.

-Nunca he ido al digimundo con un portal civil, no que recuerde –dijo como explicación al digimon que seguía con la mirada hacia arriba para verla mientras conversaban.

-Cuando nos conocimos lo hiciste –le explicó el digimon.

-Cierto, olvide que me lo dijiste –dijo la chica con algo de pesar, recordando que parte de su memoria había quedado en el completo olvido, y que lamentablemente esa memoria eran las primeras aventuras y vivencias que tuvo con su compañera Biyomon, hacia quien sentía una fuerte deuda que nunca podría llegar a pagar, aunque el digimon nunca reclamaba nada, y al contrario, se sentía feliz de recordarle todas aquellas cosas que vivieron juntas.

Mimi bajaba una maleta con ayuda de Palmon mientras miraba a lo lejos a Rika, que al ingresar al edificio se encontró con un par de hombres de Hyuga y con una mujer vestida de forma menos intimidante y que parecía más animosa y alegre, seguramente ella era la guía con la que la chica les había dicho que se encontrarían. La castaña miró con discreción al chofer el cual parecía muy interesado en su celular y por ende no la miraba ni a ella ni a ninguno de sus compañeros.

-Todo va de acuerdo al plan –le susurró Mimi a Tai mientras le entregaba una mochila algo pesada.

-No cantemos victoria ni bajemos la guardia hasta no estar del otro lado, atenta a cualquier…

Tiki! –escucharon una voz aguda y estridente y todos excepto T.K. voltearon en dirección a esta. El rubio menor se encogió de hombros mientras se giraba de forma lenta para ver como hacia ellos corría una chica, de la edad del muchacho, vestida con un corto short blanco y una ceñida blusa del mismo color.

La joven se lanzó sobre el muchacho abrazándolo con fuerza y casi derribándolo mientras reía bastante alegre.

-¡Ángela! –dijo T.K. con un tono ligeramente incómodo.

Tiki! ¡Mi amor, este viaje va a ser fantástico! ¡Y estaremos juntos tooooodo el tiempo! –decía llena de ánimo la chica.

-¿Tiki? –le susurró Matt a Sora quien veía con una expresión de desagrado la melosa escena de T.K. y la chica recién llegada, quien sin perder tiempo comenzó a arrastrar al muchacho hacía donde estaba un hombre de avanzada edad que miraba al chico de forma dura. Debía ser el padre de la jovencita.

-Explícame otra vez, ¿Por qué debemos llevarla a ella? –preguntó Tai a Mimi quien dio un rápido vistazo al chofer de la camioneta quien seguía distraído.

-Cuando hablamos con Hyuga sobre este viaje el teléfono de T.K. comenzó a sonar, Hyuga le dijo que respondiera, resultó ser la novia de T.K. y Hyuga dijo "¿Por qué no la invitan también a ella al viaje?", la chica escuchó, T.K. le explicó todo, la chica les suplicó que le dieran permiso a sus padres y aquí estamos –finalizó Mimi el rápido recuento de aquella escena en la que Taichi no estuvo presente-. Habría levantado sospechas una negativa a llevarla –agregó en voz más baja la chica.

El muchacho suspiró mientras veía como T.K. era otra vez arrastrado por la chica a la que celosamente miraba Patamon, al edificio para iniciar con su viaje de vacaciones, luego de posiblemente haber recibido una amenaza por parte del padre de la ruidosa chica que seguía riendo, gritando y hablando con esa voz aguda y molesta.

-Solo espero que no nos ocasione complicaciones –dijo Tai tomando la última maleta para comenzar a caminar hacia el edificio.

-No lo hará si no lo permitimos –dijo Sora con convicción

Los chicos llegaron con Rika y saludaron a la guía que habían enviado a encontrarlos; una mujer de veintisiete años llamada Miyuki que lucía amigable y cálida.

Lo siguiente fue que el equipaje fuera revisado al igual que los chicos a quienes hicieron pasar por diferentes detectores hasta concluir que estaban limpios de cualquier tipo de tráfico y así, acompañados de la guía y los dos hombres de Hyuga que procuraban no despegarse en absoluto de ellos cruzaron el portal al digimundo.

Punto de acceso al mundo real en playa de Barna, Sarvar, en el digimundo.

Julio 5 del 2085

El punto al que llegaron era un concurrido edificio al igual que el lugar que visitaron en la tierra, cosa que de lleno desconcertó a los Tamers y sus digimons quienes no estaban acostumbrados a ese tipo de momentos. Rika era la que parecía más cómoda y menos extrañada con toda la situación, al igual que Renamon, seguramente por el hecho de que la chica acostumbraba tomar vacaciones como esa acompañada además de su compañera digimon, de su madre y su abuela.

Mimi y Sora junto a Palmon y Biyomon curioseaban paseando la mirada por todas partes en el edificio mientras que detrás de ellas Taichi avanzaba algo apesadumbrado e incómodo. Matt lo seguía de cerca compartiendo algunos cortos diálogos con Gabumon, mientras que hasta atrás iban T.K. aun con su novia fuertemente prendida del brazo del muchacho y Patamon hasta atrás con un gesto no muy conforme.

En el exterior del edificio un par de vehículos los esperaban. Miyuki subió a uno de ellos en el asiento del copiloto, luego de abrir la puerta para que Rika y Renamon subieran luego de que un grupo de asistentes se ofrecieran a subir el equipaje y los demás se repartieron entre los dos vehículos.

Al cabo de casi una hora Taichi seguía con la cara recargada en el vidrio del vehículo viendo por la ventanilla el paisaje a un lado de la gran autopista en el digimundo. A leguas se notaba que se encontraban en la parte menos inhóspita y más invadida del digimundo. Varios pueblos a los lados de las carreteas hacían que aquello se pareciera mucho al mundo real, y eso no era una exageración, ya que como el noreste del continente era la parte más poblada por humanos de todo el digimundo, las regiones se habían adaptado para el agrado de humanos, incluso al grado de crear grandes inconformidades en sus pobladores originales, los digimons.

Tai metió la mano en su bolsillo extrayendo un pequeño aparato al que había conectado unos audífonos y con el cual había estado escuchando música todo el trayecto, mirando de vez en cuando al chofer del vehículo, dado que él se encontraba en el asiento del copiloto, y preguntándose si faltaría mucho para llegar, pregunta que quedó respondida luego de que el automóvil entrara por un puente que atravesaba una inmensa montaña, que al ser eliminada del paisaje dejó lugar a una gran ciudad. Tan grande y majestuosa como ninguna otra que el muchacho o los otros Tamers y digimons (Matt, Gabumon, T.K. y Patamon) que viajaban en los asientos de atrás hubieran visto antes en sus vidas.

Los dos vehículos tomaron una desviación que iba directamente a la ciudad. Los tres muchachos y dos digimons que viajaban en el segundo vehículo supusieron que el mismo los llevaría hasta su destino final, sin embargo se sorprendieron al ver como este se detenía luego de avanzar unos cuantos kilómetros y se dirigía a otro concurrido lugar; un edificio grande en cuya parte superior se comunicaba un peculiar puente por el que pronto pudieron ver que atravesaban rápidos trenes a toda velocidad.

Al bajar del vehículo Taichi miró a su alrededor, mirando no lo que debería ser una concurrida y avanzada ciudad, sino más bien un pueblo bastante normal, el cual entre más lograba enfocar su vista se comenzaba a tornar como un lugar invadido por edificios más grandes y estructuras mucho más elaboradas que la, en comparación, modesta estación de trenes que tenía junto a él.

Los recién llegados entraron al edificio y subieron hasta la parte superior por unas escaleras eléctricas. Lo primero ante ellos fueron largas filas por las que ingresaban digimons de distintos tipos a los trenes que paraban cada tanto en la estación junto al andén de acceso. Taichi supuso que se dirigirían a una de las filas, pero la guía no se detuvo en ningún momento y siguió avanzando hasta una puerta que los llevó a un andén aparte de la estación, bastante largo y donde ya se encontraba un vagón solitario y bastante bonito de un color blanco alabastro con un par de franjas, una roja y una azul.

-Al ser esta su primera visita a la ciudad –comenzó la guía- supusimos que les gustaría un recorrido más turístico abarcando tanto como fuera posible antes de llegar hasta nuestro destino –explicó la asistente.

-Bueno, ya tuvimos que hacer todo un recorrido civil por que no se nos permite usar los portales de HEDM así que, ¡por qué no tener la experiencia completa y tener un largo y cansado viaje en tren! –dijo Sora con un falso tono de emoción ante el cual Matt sonrió discretamente.

-No se preocupen, no será para nada largo o cansado –dijo la guía sin perder su ánimo-, además estoy segura de que esto les encantara –dijo deteniéndose junto a la puerta del vagón en donde se encontraba apostado un guardia con un uniforme parecido al de un Tamer pero de color azul oscuro, acompañado de un digimon de largas piernas y plumaje café el cual no poseía alas o brazos y parecía llevar una máscara blanca cubriendo su rostro y su largo pico-. Buenos días Takei, Kiwimon –saludo la mujer antes de que abrieran la puerta de acceso.

-Miyuki –contestaron con voz seria los dos al unísono.

Todos ingresaron al vagón contemplando el gran espacio de este, los largos asientos acolchados debajo de las largas ventanas y en el centro un par de mesas de madera con elegantes sillas dispuestas junto a ellas. Un par de libreros y lo que parecía ser una mini cantina con barra y un par de banquillos altos se encontraban al fondo del vagón, mientras que al frente una gran ventana ofrecía una perfecta vista de la ciudad y los largos rieles que los guiarían hacia ella.

-Este es el vagón privado de la familia Yokoshima, que estoy seguro será de su agrado –dijo la mujer sonriendo ampliamente.

-¿Quién conduce esta cosa? –preguntó Matt dejando caer una de las maletas mientras que Gabumon, al igual que las chicas y sus compañeros digimons se lanzaba sobre uno de los asientos disfrutando de la comodidad.

-No necesitamos de un conductor –dijo la mujer con ánimo mientras el vagón comenzaba a moverse con suavidad y aumentaba la velocidad en poco tiempo

-Qué carajo… –dijo Tai menos molesto y más fascinado por la vista que momentos atrás, viendo por una de las ventanas del vagón la ciudad sobre la cual se desplazaban.

Grandes espacios ocupados por sectores de viviendas, edificios repletos de ventanas que se alzaban más allá del nivel de los rieles que se ramificaban y repartían por varios sitios de la ciudad perdiéndose de vista entre más avanzaban, parques repletos de árboles, plazas llenas de gente y calles en las que transitaban grandes grupos de digimons constituían el paisaje de la ciudad, acompañados de grandes fábricas y espacios que por su apariencia parecían estar destinados a actividades recreativas.

El asombro de Tai llegó a su límite cuando notó a la distancia una montaña ubicada bastante céntrica dentro de aquella gran ciudad, y que parecía poco invadida por los avances de las edificaciones que en todo alrededor se esparcían creando apenas unos pocos y pequeños sectores de entorno verde.

-Los vagones son completamente autónomos, claro que un grupo de especialistas los monitorean en todo momento para prevenir posibles accidentes y son sometidos a los más rigurosos exámenes de verificación –explicó Miyuki.

-Es enorme –dijo Biyomon junto a quien estaba Sora, quien asintió, al igual que Ángela, Palmon y Mimi, las cuatro estaban embelesadas por la ciudad. Rika permanecía en su asiento con las piernas y los brazos cruzados, aunque sonreía con buen humor ante el buen ánimo de sus compañeras, mientras la guía sonreía contenta por la impresión que mostraban las chicas.

-Es más grande que cualquier ciudad del mundo real, tiene una superficie total de poco más de ocho mil kilómetros cuadrados.

-Mierda –dijeron Matt, Tai, T.K. e incluso Gabumon y Patamon al unísono. La guía sonrió complacida.

-Carajo, y Huanglongmon es más grande que esto, imaginen esa maldita ciudad titánica –dijo Tai mientras seguía mirando por la ventana, notando lo que parecía ser un lago con una gran área forestal rodeándolo.

Miyuki rio al escuchar las palabras de Tai.

-Tal vez sea más grande que Norman city, pero nuestra ciudad cuenta con la más avanzada tecnología que puedan encontrar, aquí tienen lugar los más importantes avances en la ciencia que se puedan encontrar tanto en el digimundo como en el mundo humano, volviendo a esta ciudad, en mi muy humilde opinión, el lugar más importante para la civilización del continente Sarvar y el digimundo entero.

-¿Civilización? –repitió Tai con algo de recelo alejando su mirada de la ventana y mirando a la guía.

-Si –afirmó ella-, la ciudad es un modelo para el resto de territorios del continente, un ejemplo de progreso –agregó mientras se daba la vuelta para ver por la gran ventana frontal el panorama-. La ciudad entera se comunica por medio de un avanzado sistema de trenes, que se mueve por el área comercial, los suburbios y las zonas industriales.

Tai miró por última vez a través de la ventana en el punto justo donde una especie de muralla se alzaba, extendiéndose hasta donde al chico le fue imposible ver.

-¿Qué era ese gran muro de atrás? –preguntó el chico.

-Ah, eso, la ciudad se divide en varios sectores, ayuda a mantener seguros los intereses primordiales de nuestra metrópolis.

-¿O sea? –Miyuki sonrió con algo de tensión.

-¡Oh! ¡Miren! –señaló por una de las ventanas-, la cede principal de industrias Ipkiss, ahí se llevara a cabo mañana por la noche el evento de apertura de la celebración por el aniversario de nuestra gran ciudad.

Tai notó la poca disposición de la mujer a responder sus dudas mientras miraba un gran y lujoso edificio rodeado de varios otros que se conectaban a los puentes por los que se desplazaban los vagones de la ciudad.

El castaño escuchó un discreto "pst" y se giró para ver a Rika quien miraba completamente seria la ciudad.

-La ciudad se divide en sectores que mantienen a las diferentes clases económicas separadas, para hacerles la vida más fácil a los ricos y poderosos de la ciudad –explicó la pelirroja en voz baja.

-Típico –admitió Tai con una seriedad parecida a la de la chica.

-Y hay más –aclaró la joven-, prácticamente los primeros sectores son ocupados enteramente por digimons –le dijo. Tai parecía sorprendido mientras la chica se giraba un poco para mirarlo-. La ciudad es dirigida por los líderes de industrias Ipkiss, y todos ellos son humanos –agregó para luego alejarse y volver a su asiento junto a Renamon.

Los dos hombres de Hyuga que los acompañaban estaban instalados en la mini cantina del vagón aprovechando que la atención de los chicos estaba completamente destinada a contemplar la ciudad.

Pocos minutos después la mujer les indicó que estaban a punto de llegar a su destino y los Tamers, los digimons y la joven acompañante de T.K. (quien seguía renuente a apartarse de él) tomaron su equipaje para descender del vagón.

El vagón se detuvo en una pequeña estación dentro de un edificio en el que Miyako los guio para salir, y al encontrarse en el exterior contemplaron desde ahí un extenso campo verde, delimitado por una reja que rodeaba todo el terreno en el que se ubicaba un gran y lujoso edificio. Gigantesco e imponente, ante el cual la mansión Riuga luciría pequeña, según la opinión de los Tamers y sus digimons.

-Esta es la residencia de la familia Yokoshima –explicó la mujer mientras caminaban por una vereda de piedra que llevaba hasta lo que debía ser la entrada principal de la casa.

-Esto…es… ¡Increíble! –Exclamó Ángela-, ¡T.K.! ¡Ve el tamaño de esa casa! –dijo mientras saltaba llena de júbilo.

-Imposible no verlo –dijo T.K. tratando de calmar a la chica.

-Un vagón privado y una casa digna de reyes, ¿exactamente quienes s esta familia Yokoshima? –preguntó Matt mirando todo a su alrededor, había varios árboles repartidos por todos lados y un par de bancas de mármol, bajo la sombra, además de una pequeña cabaña con grandes ventanales por todos lados y más atrás una amplia picana.

-La familia Yokoshima es la más importante familia de Norman City –explicó Miyuki.

-¿Qué? –Matt parecía sorprendido.

-El señor Akira Yokoshima es el director de industrias Ipkiss, y uno de los doce miembros del consejo superior de HEDM, su hijo Yoh Yokoshima es un virtuoso ingeniero, y el miembro más joven dela dinastía Yokoshima, el joven Aizen Yokoshima es también un brillante hombre y tal vez en un futuro sea un brillante líder para la empresa y la ciudad.

-Ah… genial –dijo el Ishida.

-¿No dijiste que era el hijo de un simple ingeniero de industrias Ipkiss? –cuestionó Mimi a Rika en voz baja.

-Nunca dije simple –respondió la chica con voz neutra mientras seguían por el largo camino, hasta que vieron un par de vehículos acercándose a ellos.

De uno de los vehículos, que resultaban ser largos autos descapotados bajó un hombre de edad avanzada y pelo cano, que vestía un pantalón negro y una camisa blanca con una corbata de moño, mientras que del otro bajó un joven de unos veintidós o veintitrés años, bastante bien parecido, de cabello negro algo largo arreglado en un peinado hacia un lado y vestido con ropa a la moda, el cual caminó hasta donde Rika mientras el otro hombre se acercó a Taichi y Matt para pedirles su equipaje.

-Esperaba con ansias tu llegada Rika –dijo haciendo una reverencia y antes de levantarse tomó la mano de la joven pelirroja para acercarla a sus labios y depositar un corto beso en ella, para luego levantarse aun sin soltar la mano de la chica-, bienvenida a Norman city –dijo con una galante sonrisa en el rostro. Las otras tres chicas miraban al muchacho fijamente hasta que este volteó a verlas-, mis disculpas, ¿Dónde he dejado los modales? –Dijo mirando a cada una de las jóvenes-, mi nombre es Aizen Yokoshima, ¿Quiénes son estas bellas señoritas? –preguntó acercándose a la más cercana (Mimi), momento que Rika aprovecho para zafarse con delicadeza del agarre del muchacho.

-Ah… Mimi Tachikawa, un gusto –dijo haciendo una pequeña reverencia.

-Sora Takenouchi, encantada –el chico volteó a ver a Sora, y luego poso su mirada en la más joven.

-Ángela Yamada, es un placer estar aquí, gracias por invitarnos.

-Cualquier amigo de Rika es bienvenido –respondió el muchacho con la intención de acercarse a la chica cuando T.K. se posicionó junto a ella.

-Yo soy Takeru Takaishi, un placer –dijo el muchacho haciendo que el joven reparara en los acompañantes masculinos de las jóvenes-, oh, y él es Patamon –agregó cuando el digimon aterrizó sobre su cabeza.

-Yamato Ishida –se apresuró a decir Matt empujando ligeramente a Gabumon con la rodilla.

-Yo soy Gabumon –se apresuró a decir el digimon.

-Que… agradable tenerlos a todos aquí –dijo el muchacho con una sonrisa en el rostro, para luego ver a Tai, quien le devolvía la mirada de forma seria-, ¿y tú eres…? –le preguntó.

-Taichi –respondió con sencillez el joven, a lo cual Aizen respondió con una sonrisa amable.

-Bueno, todos son bienvenidos aquí, como ya dije… ah, denle las maletas a mi mayordomo –dijo refiriéndose al hombre que regresaba del auto que conducía y se acercaba a las chicas para tomar sus maletas. Biyomon y Palmon rápidamente se encargaron de entregarle las mochilas que llevaban cargadas y el hombre se volvió a alejar-, y muchas gracias por acompañar a las visitas Miyuki –la mujer asintió-, y ustedes –dijo mirando a los hombres de Hyuga que en ese momento parecieron desconcertados-, igualmente gracias, pueden retirarse –les indicó-, vamos, suban a los autos, este camino es largo y deben estar fatigados por el viaje…

-Disculpe –dijo uno de los hombres de Hyuga-, tenemos órdenes directas del general Hyuga de no apartarnos de los Tamers en su visita.

-Bueno, no creo que aquí les pase nada malo, mi equipo de seguridad es bastante bueno –afirmó el muchacho.

-Eso no interesa –dijo el otro hombre-, el general Hyuga es…

-La jurisdicción del general Hyuga como máxima autoridad de la división militar y miembro del consejo superior de HEDM no aplica en Norman city, no mientras ellos sean mis invitados, y permanezcan en la casa del Akira Yokoshima, otro de los miembros del consejo –dijo el muchacho con tono de socarrón, para después darse la vuelta apoyando su palma en la espalda de Rika para guiarla al vehículo que el conducía.

Los dos guardias se quedaron pasmados en su sitio mientras Miyuki se acercaba a ellos.

-Hicimos los preparativos correspondientes para instalarlos en una vivienda dentro de los terrenos de la residencia Yokoshima, acompáñenme por favor –indicó con amabilidad la mujer.

Uno de los hombres se dio la vuelta para seguirla mientras el otro dirigía una rápida mirada a los Tamers, viendo a Taichi voltearse hacía el con una sonrisa satisfecha en el rostro y haciéndole una seña obscena con una mano, antes de subir a uno de los vehículos que en breve arranco y dio la vuelta para llevarlos el resto del camino a la gran casa.

Tai lucía mucho más animado que antes.

Bajaron de los vehículos justo al pie de la entrada de la casa, donde rápidamente se hicieron presentes más sirvientes de la familia para ayudar a los chicos y digimons con el equipaje. Todos notaron que entre dichos sirviente se encontraban un par de Vegiemons y dos Nanimons, vestidos con extraños y adaptados atuendos que los distinguían como personal de servicio.

-Bienvenidos a mi hogar –dijo el joven subiendo las escaleras que daban hasta la puerta de madera que se abrió de par en par dejando que los chicos contemplaran el elegante vestíbulo de la casa de blancas paredes con finos acabados-, por favor, siéntanse libres de disponer de la servidumbre y de los espacios a su voluntad –dijo de forma altanera.

Ángela fue la única en reaccionar de forma animada ante tal oferta, mientras que el resto de los Tamers y digimons lucían algo incomodos, a excepción de Rika y Renamon, que mantenían un semblante serio y frívolo.

-Sí que es de…notar su hospitalidad –dijo Tai con un tono ligeramente sarcástico ante el cual recibió un ligero codazo por parte de Mimi como regaño.

-¡Por favor! No es nada –respondió Aizen que parecía no haber notado la verdadera intención del comentario de Tai-, cualquier cosa para los amigos de la hermosa Rika –dijo mirando con galantería a la chica quien sonrió de forma apenada, un gesto que no pasó desapercibido para el castaño y compañía que no estaban acostumbrados a ver esa clase de actitudes en la joven pelirroja.

-Veo que aprovechas bastante bien tú tiempo libre y la fortuna de la familia –dijo una voz áspera antes de que el muchacho agregara algo más, y de la casa salió un hombre de muy avanzada edad, vestido de manera muy elegante.

Tenía un largo cabello completamente blanco y caminaba ligeramente encorvado, a pesar de ello su mirada gélida y la gran nariz en su rostro le conferían un porte intimidante.

-Ah… abuelo –saludó el muchacho de manera algo nerviosa-, yo solo…

-Ah, como sea –dijo haciendo un gesto con la mano para que se callara-, tengo entendido que todos ustedes son Tamers –dijo el hombre mientras descendía los escalones apoyándose en un bastón de madera.

-En realidad, yo no –respondió Ángela con su voz aguda-, solo soy novia de este guapetón –dijo pellizcando la mejilla de T.K. quien parecía incómodo. El hombre sonrió fugazmente.

-Lindo –dijo con tono monótono.

-A… abuelo, recordaras a Rika Nonaka –comenzó a decir el muchacho acercándose al hombre para ayudarlo a bajar las escaleras-, ellos son sus amigos, Mimi Tachikawa, Sora Takenouchi… -comenzó a enunciar el joven mientras que el hombre no le prestaba nada de atención, y en cambio miraba fijamente a Tai, que permanecía hasta atrás junto a Mimi y Palmon.

-Taichi Kamiya –dijo el hombre de voz áspera parándose frente al castaño.

-¿Nos conocemos? –preguntó el chico mirando con curiosidad al hombre que sonreía de forma misteriosa.

-¡Por favor! Hasta acá hemos escuchado la gran historia del "héroe de Odaiba" –dijo el hombre sin dejar de sonreír. Tai sonrió desviando la mirada y rascándose la nuca.

-Le aseguro que la gente tiende a exagerar –respondió el joven.

-No lo dudo, de todas formas uno nunca olvida el rostro del jovencito que orquesto todo un robo a una de tus bodegas en un pueblo cercano al bosque Holling Green, y más sorprendente aun que lo hiciera cuando tenía apenas catorce años –dijo el hombre haciendo que Tai se ruborizara.

-Ah… yo… -el hombre se encogió de hombros suspirando.

-Ah…descuida, seguro que te viste en la necesidad de hacerlo –dijo sin darle mucha importancia al asunto –disfruten su estadía –agregó pidiendo a su nieto que lo soltara para luego estirar el brazo pidiéndole a Tai que le ayudara. El chico de inmediato tomó el brazo para ayudarle al anciano a descender-. Siempre he admirado el talento, y aunque lo hayas usado para causar problemas has demostrado que lo tienes –dijo el hombre manteniendo su intrigante sonrisa.

-Le aseguro que deje esa vida atrás –respondió el muchacho.

-¿A si? Que lastima, estoy seguro de que debiste ser una gran ayuda para los necesitados –dijo el hombre al descender el último escalón. Más adelante lo esperaba un chofer y un par de guardaespaldas acompañados de un par de Dobermons-, pero en fin, espero que mientras estés aquí no causes muchos problemas –dijo en forma de broma guiñándole un ojos y dándole una palmada en el hombro.

-No lo haré, no se preocupe –contestó el castaño algo desconcertado.

-Ah –dijo volteándose hacia el chico-, y espero que pronto encuentres a Agumon –le dijo en voz baja antes de darse la vuelta y terminar de marcharse.

Tai miró al hombre y tragó saliva algo nervioso, antes de regresar con el resto.


El día siguió su curso y Aizen les mostro a los chicos las habitaciones que ocuparían dentro de la gran mansión. Taichi, T.K. y Matt junto a Gabumon y Patamon ocuparían una alcoba triple de la casa con una estancia compartida, dotada de un pequeño balcón que daba al jardín trasero y permitía una agradable vista de la ciudad, desde donde se podía ver a la perfección el lago que Tai había visto durante el viaje en el vagón. La habitación de Sora, Mimi, Ángela, Rika y los compañeros digimons de las Tamers estaba a unos cuantos metros de la de los jóvenes, y aunque en un principio la idea de Aizen era ubicar a Rika en una habitación aparte (cercana a la suya dicho sea de paso, la joven se negó argumentando que quería pasar tiempo con sus amigas (ante lo cual para su mala fortuna Ángela muy emocionada dijo que hicieran una pijamada esa noche para conocerse mejor).

Al caer la tarde los visitantes se reunieron con su anfitrión en el comedor de la mansión para disfrutar de una rica y my variada cena en la cual Aizen no perdió oportunidad para mencionar todo aquello que podía conseguir para hacer más agradable la visita de los Tamers (y Ángela), aunque para los chicos y sus digimons lo que más evidente resultaba era la forma altanera y algo despectiva con que el muchacho trataba a las personas y digimons que trabajaban para él.

Mimi sonreía de forma forzada mientras Aizen relataba las vacaciones que había pasado un mes atrás recorriendo Europa, sin escatimar en gastos, para vivir la mejor experiencia posible, y al mismo tiempo aprovechaba la oportunidad para extender una invitación a Rika quien sonreía de forma alegre (perturbadora para la castaña ojimiel y sus amigos) mientras explicaba que quizá no fuera tan simple tomarse unos días de descanso de su labor como Tamer solo así.

-¡Por favor! Una chica linda como tú no debería estarse desgastando en labores como esa –dijo de forma despectiva, comentario ante el cual Renamon no pudo evitar mostrar un ligero enfado-, tú eres una mujer que merece ser tratada con delicadeza –dijo con voz seductora acercando una de sus manos a la mejilla de la chica que dejó salir una risita mientras se alejaba un poco.

-Haces que me sonroje Aizen –dijo haciendo que Sora y Matt compartieran una furtiva mirada en la que se mostraban el uno al otro su total desconcierto ante la forma de actuar de la joven.

Mimi se llevó a los labios la copa de agua frente a ella mientras miraba a Tai, quien recargaba los codos sobre la mesa y apoyaba su mentón en sus manos bastante distraído. Apenas había tocado su comida y no había hablado casi nada desde que el abuelo del joven Yokoshima se compartió un corto dialogo con él.

-Tai –lo llamó Mimi sacándolo de sus meditaciones-, ¿estás bien? –su pregunta atrajo la atención de todos en la mesa.

-Si la comida no te gusta puedo pedirle a mi chef que te prepare algo más, tu solo dime que deseas y él lo hará, o lo despido –se apresuró a decir Aizen para luego reír como si acabara de hacer un comentario gracioso.

Tai miró al muchacho de manera seria para luego levantarse de su silla.

-Lo siento, creo que el viaje me sentó mal, me retirare a descansar, discúlpenme –dijo para luego alejarse sin más.

-¿Qué le pasa? –preguntó Ángela a T.K., el chico se encogió de hombros.

-A estado bajo mucho estrés –le comentó con pesar.

Aizen, quien parecía poco interesado en el estado del castaño continuó con la charla como si nada, mientras que Mimi no le retiró los ojos de encima a Tai hasta que este se perdió de vista.

Taichi estaba sentado en una silla acolchada apoyando los pies en el asiento y contemplando desde el balcón de la estancia en su alcoba compartida el lago en cuya agua cristalina se reflejaban las luces de la ciudad. Sobre el barandal de granito del balcón se encontraba su pequeño y viejo radio, del cual salía una melodía melancólica.

Sobre el sonido de la música se escucharon unos golpes en la puerta de la alcoba, pero el muchacho ni siquiera se volteó.

-Está abierto –contestó desde su sitio con voz fuerte. La puerta se abrió y volvió a cerrarse de inmediato, para dar lugar al sonido de unos pasos ligeros acercándose a él.

El castaño ignoró la identidad de su visitante hasta que ésta se paró frente a él.

Mimi lo miraba con una expresión triste en su rostro, escuchando la melodía en el radio y mirando a Taichi de manera interrogante.

-Tupac, Ratha Be Ya Nigga –explicó el muchacho como si Mimi se lo hubiera pedido-, la verdad prefiero el rap en español, pero a Agumon le encanta en inglés –dijo acompañando sus palabras con una risa que sonaba triste, y acompañada por el temblor en los labios del castaño y sus ojos cristalinos solo hacían más evidente su dolor-, una vez le dije que Canserbero era mejor que Tupac, y me mordió la pierna….

-Tai –lo llamó Mimi. El muchacho levantó la mirada viéndola por primera vez, de sus ojos escurrieron un par de lágrimas.

-Yo estoy aquí, visitando una hermosa ciudad, durmiendo en una cómoda cama y comiendo deliciosa comida mientras no sé dónde está él, ni como se encuentra –Mimi se acercó al muchacho, arrodillándose frente a él y tomando sus manos. Dirigió una rápida mirada a la puerta de la alcoba antes de empezar a hablar.

-Recuerda que estamos aquí por él, y por Davis –le dijo con ternura.

-Debería estar ahí afuera buscándolos, esto solo nos hace perder tiempo.

-¡Ey! –Lo reprendió la castaña-, sabes que estamos cumpliendo con un plan, una misión, y que es la única forma de lograr lo que queremos –Taichi suspiró con tristeza mientras asentía.

Mimi se puso de pie, pasando sus manos por la espalda del chico para atraerlo hacia ella y abrazarlo con ternura, el chico poco a poco cedió, bajando sus pies del asiento para poder estrecharse más al cuerpo de la chica.

-Si todo sale de acuerdo al plan, mañana en la noche estaremos listos para ir por Agumon y Davis.

-¿Y si algo sale mal? –preguntó con temor el chico. Mimi lo alejó de ella, estrechando su rostro entre sus manos de piel cálida y suave.

-Recuerda que no tenemos la posibilidad de fallar, lo lograremos, debemos lograrlo –le dijo con seguridad, para después acercar su rostro al de él y depositar sobre sus labios un beso tierno, sintiendo en su boca el sabor salado de las lágrimas del castaño, mientras éste correspondía el beso y la estrechaba con más fuerza.

Lago de Sunnyville, en Sarvar, en el digimundo

Julio 6 de 2085

-Sube eso y no te lastimes –indicó Kouta a Kotemon entregándole un par de cajas largas de madera barnizada mientras que Ken y Wormon subían juntos una pesada hielera.

Sobre el viejo bote al pie de un inmenso lago se encontraban dos hombres que a pesar de la vestimenta lucían bastante serios e intimidantes. Ambos eran altos y mantenían un porte propio de alguien que había recibido adiestramiento militar. Ken pasó junto a ellos ignorando tanto como le era posible las insistentes miradas que los dos hombres le dirigían. El chico sentía la vigilancia de los dos guardias mientras avanzaba hasta dejar la hielera junto a un par de cosas que ya habían subido al barco con anterioridad, y puesto dentro de la pequeña cabina del bote, delante de un espacio acondicionado con una carpa y arreglos de madera a modo de asientos en los bordes..

Debajo Ryo acompañado de Monodramon se acercaban conversando con un hombre de mediana edad, un poco más alto que el muchacho y de cabello castaño que sobresalía de debajo de una vieja gorra, además de una prominente barba cubriendo gran parte de su rostro.

-Espero que tú y tus amigos disfruten el paseo, y no se metan en problemas, ¿oíste? –dijo con voz severa, pero al mismo tiempo divertida.

-Claro tío Tadashi, no te preocupes –contesto el muchacho esbozando una sonrisa.

Aquel hombre siempre había sido para él un ejemplo a seguir, un aventurero que en la primera oportunidad que tuvo se instaló en el digimundo para vivir una vida emocionante y llena de momentos agradables, como él decía. A diferencia de su hermano mayor, el padre de Ryo, jamás se casó y nunca formó una familia, por lo que sentía hacia su único sobrino un gran afecto y siempre había mantenido una cercana relación con él, por lo que cuando el muchacho le pidió su viejo bote de pesca no lo pensó mucho y accedió a prestárselo al joven.

-Y bien, ¿Qué cuentas sobre tu vida, amigo? –preguntó el hombre antes de que Ryo abordara el bote y se marchara.

-Nada interesante tío –contestó el chico mientras entregaba a Henri y Terriermon las últimas cosas que necesitaban para el viaje.

-Vamos, debe haber algo, ¿un acenso? ¿Alguna buena misión? ¿Una chica? –Ryo sonrió divertido. El y su tío compartían el sentido de aventureros y un tanto el de mujeriegos, cosa que al padre del castaño no siempre le agradó.

-Trató de mantenerme lejos de las mujeres por ahora –contestó el chico.

-¿Y a qué se debe eso? –lo interrogó el hombre mayor. Ryo estaba por responder cuando Monodramon se le adelantó.

-Ahora tiene una novia –dijo haciendo que Ryo lo mirara con enfado, aunque el digimon solo sonrió de manera burlona.

-¡Vaya! Eso sí que es una noticia, ¿Por qué no me habías hablado de ella? –preguntó con gran animo el hombre.

-Monodramon, ¿Por qué no ayudas a los demás a preparar todo? –dijo el muchacho con enfado. El digimon asintió marchándose con una sonrisa triunfal en el rostro. El chico suspiro encarando a su tío quien lo miraba con curiosidad-. Bueno es…ella…nosotros…

-¿Cómo se llama? –preguntó el hombre tratando de ayudar a su sobrino a poner las ideas en orden.

-Ah… Hi…kari pero…

-Bonito nombre, ¿Cómo es? ¿Dónde la conociste? –Ryo se veía cada vez más incómodo.

-Tiene dieciséis años –soltó finalmente. El hombre dejó de hablar al ver la expresión seria del muchacho.

-¿Y eso es malo? –preguntó intrigado.

-Bueno... no lo sé, ni siquiera es mayor de edad, yo… ni siquiera sé por qué me gusta tanto –dijo rascándose la nuca y desviando la mirada hacia el lago. Tadashi sonrió viendo las reacciones de su sobrino.

-Tal vez eso sea buena señal –dijo con seguridad el hombre. Ryo lo miró confundido-, créeme, cuando es una emoción sincera, uno no sabe por qué la siente -Ryo parecía meditar las cosas-. Anímate, disfruta el momento, y no dejes que nada se los arrebate –le aconsejó el hombre.

-Gracias.

-¡Oye Ryo! ¡Ya es hora, vámonos! –exclamó Kouta desde arriba del bote llamando a su compañero.

-¡Claro! –exclamó el chico girando hacia el muchacho de cabello largo y luego volviendo la vista a su tío.

-Bien, no les quito más tiempo, disfruten del paseo, y cuida bien ese barco, sabes que es importante para mí –le pidió el hombre.

-Sí, lo sé, lo cuidaré –le aseguró Ryo antes de abordar el bote.

Se alejaron rápidamente de la orilla, con Ryo conduciendo el bote y Kouta insistiendo en que lo dejara tomar el timón al menos por un rato. Terriermon habría trepado al techo de la cabina junto con Wormon para sentir la brisa y algunas pequeñas gotas de agua que salpicaban mientras el bote se abría paso. Kotemon y Monodramon tenían una pequeña práctica de movimientos de combate, mientras que Ken y Henri, cada uno sentado en un borde del bote miraban desde ahí el agua y el paisaje alrededor del lago. Los dos guardias permanecían también sentados, con los brazos cruzados y las miradas fijas sobre los Tamers. Desde su posición Ken había podido ver que cada uno de los hombres cargaba un cinturón con un paralizador eléctrico y un arma seguramente equipada con municiones parecidas.

-Listo, hemos llegado –declaró Ryo deteniendo el bote a mitad del lago. Uno de los guardias se levantó echando un vistazo a su alrededor, parecían estar en el punto más apartado de todo. Una isla se encontraba a una distancia considerable de ahí, y era lo más cercano que tenían.

-Estamos muy lejos de la orilla –declaró el guardia, mientras que Ryo se aproximaba a una de las cajas largas y de ella sacaba una caña de pescar.

-Sí, pero aquí están los mejores peces, cada verano vengo a este lugar con mi tío –dijo mientras se aproximaba al borde posterior del bote preparando su caña y Monodramon se acercaba a él cargando un balde con carnadas.

Ken y Henri también tomaron un par de cañas mientras que Kouta y Kotemon llevaban la hielera hasta el centro del espacio posterior del bote.

-Bueno, entonces es hora de disfrutar de estas vacaciones –dijo abriendo la hielera, la cual se encontraba repleta de latas de cerveza y un par de botellas de agua.

-¿Qué carajo…? ¿Por qué trajiste eso? –preguntó Henri molesto.

-Por qué en la mansión no me dejan tomar, alguien se roba mis cervezas –dijo el chico sin preocupaciones tomando una lata –Ryo, ¿tú quieres?

-Claro –respondió el muchacho girándose un poco para atrapar la cerveza que el chico le arrojó.

-¿Y ustedes? –Les preguntó a los guardias que solo miraron al chico con seriedad-. ¡Hay por favor! A ustedes son les gusta estar aquí y a nosotros no nos gusta que estén aquí, al menos tratemos de pasarla lo mejor posible -dijo volteando ahora a ver a Ken y Henri-, ¿gustan? –dijo con voz burlona. Ken simplemente se alejó con la caña en sus manos.

Henri resopló acercándose a la hielera para tomar una de las latas.

-Un momento –dijo uno de los guardias-, ¿Qué edad tienes? .lo interrogo. Henri, sin perder su porte serio tomó una lata y la abrió.

-Cumplí 20 en marzo .contestó sin voltear a ver a los hombres.

-De acuerdo –dijo mientras volvía a tomar asiento. Ryo volvió a meter la mano en la hielera para extraer una de las latas.

-Última oportunidad –les dijo a los guardias que siguieron sentados.

-Yo tomaré una –dijo el guardia que había permanecido en silencio todo ese tiempo, recibiendo una mirada recelosa por parte de su compañero -¿Qué tiene? Solo una –insistió el hombre atrapando la lata que le lanzó Kouta.

-Ken, anímate –insistió el chico de cabello negro haciendo que el muchacho lo volteara a ver con seriedad.

-Tu no luces de más de dieciséis, muchacho –se adelantó a decir el guardia.

-¡Vamos! Déjalo divertirse, nadie se enterará –dijo Kouta dando un gran trago a su cerveza. El guardia que seguía sin tomar suspiró esbozando una pequeña sonrisa mientras asentía, y Kouta le arrojó una lata a Ken, quien la atrapó con facilidad.

Henri sonrió ligeramente, mientras con discreción revisaba la hora en su reloj de pulso.

12:37 pm

Mansión Riuga, en Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 6 de 2085

1:10 pm

Takato y Guilmon esperaban en el vestíbulo de la mansión, donde también se encontraba el asistente del general Hyuga que cargaba el maletín donde tenían resguardados los digivices, acompañado de una mujer vestida de traje, de corta cabellera castaña oscura sujetada en un chongo de manera rígida. Su mirada era fría y no parecía estar de muy buen humor. Por otro lado Takato estaba de rodillas junto a Guilmon acariciando la parte de abajo del hocico del digimon que agitaba la cola con gran energía como si se tratara de un cachorro.

-¿Tu papá preparara pan de Guilmon? –preguntó el digimon. Takato revisó el reloj de pulso que portaba en el brazo derecho y sonrió.

-Ya deben tenerlo listo, lo comeremos en la cena –le informó el chico a su compañero.

El sonido de pasos en la escalera alertaron a Takato y los demás, quienes levantaron la vista para ver a Kenta y Hirokazu, junto a Guardromon y MarineAngemon descendiendo. Los chicos cargaban grandes mochilas, igual Guardromon, y en cuanto se reunieron con el joven Matsuda comenzaron a conversar sobre el viaje que les esperaba.

-Recuerda que debes presentarnos chicas lindas en cuanto lleguemos –le recordó Hirokazu a Takato.

-¿Jamás piensan en otra cosa? –dijo Takato entre risas, mientras que Kenta entregaba su digivice y se apresuraba a abrir la puerta. La mujer que también permanecía en el vestíbulo se aclaró la garganta.

-La camioneta los llevará hasta la terminal de autobuses –dijo refiriéndose al vehículo que los esperaba afuera-, de ahí tomaran un camión a Fukushima y…

-Sabemos cómo llegar, vamos a mi casa –dijo Takato con una sonrisa amarga, que fue respondida con un gesto hostil de parte de la mujer y una risa divertida del hombre del maletín.

-Relájate Akane –le dijo el hombre al cual la mujer también miró con hostilidad.

-Solo no hagan nada extraño, se está confiando en ustedes, no desaprovechen eso –dijo la mujer cruzándose de brazos.

-Bien, así será –dijo Hirokazu, seguido de Guardromon, quienes salieron de la mansión después de haber dejando su digivice en el maletín, en el cual también se encontraba ya el de Takato.

El joven de cabello castaño claro pasó junto con su digimon al lado de la mujer llamada Akane, quien lo miró de reojo y el chico le devolvió la mirada sonriendo discretamente, cosa que no le agrado.

-Tómatelo con más calma, solo son chicos dirigiéndose a la casa de los padres de uno de ellos en Fukushima, ¿Qué puede pasar? –dijo el hombre cerrando el maletín, pero la mujer seguía con la atención puesta sobre los chicos que a lo lejos seguían hablando.

-¿Pasaremos a comer antes de irnos no? –pregunto Hirokazu.

-En la estación de autobuses compraremos algo, relájate –le respondió Kenta.

-Informa al general que los tres chicos que van a Fukushima ya salieron de la mansión, les tomara más o menos una hora llegar a la estación y de ahí serán otras cinco para llegar a la prefectura.

-Claro –dijo el hombre marchándose con el maletín.

-Y Mogi –lo llamó la mujer, el hombre volteó con una expresión curiosa en el rostro-, no bajes la guardia, tal vez sean niños, peor no son cualquier cosa –le espetó en voz baja. Mogi asintió para luego marcharse a la sala sacando su teléfono del bolsillo interno de su saco.

-Ah, ahí estas –la mujer volteó para ver a Yolei bajando las escaleras junto con Hawkmon-, Hikari Suzie y yo saldremos al centro comercial como en una hora, si es que no hay inconveniente –el tono de Yolei reflejaba la tensa relación entre ellas, misma que tenían todos los chicos e la mansión con los escoltas que Hyuga había exigido que estuvieran pendientes de cada movimiento de los Tamers.

Akane sonrió con malicia antes de responderle a Yolei.

-Por supuesto que no hay inconveniente, iré a buscar mi bolso, ¿salimos en una hora correcto? Hasta entonces –dijo dando media vuelta para alejarse dejando a Yolei en la escalera, escuchando un bufido lleno de fastidio por parte de la chica de lentes.

Mientras ella se alejaba Yolei se dio la vuelta para volver a subir las escaleras, esbozando una pequeña sonrisa.

Residencia Yokoshima en Norman city, en Sarvar, en el digimundo.

Julio 6 del 2085

2:35 pm.

Taichi apartó su mirada del reloj de pulso que llevaba en el brazo recargándose en la silla en el balcón de la habitación, mientras trataba de concentrarse en la melodía del pequeño radio sobre la baranda de granito. Se le notaba nervioso, y su insistencia en mirar la hora lo denotaba más.

Matt entró en la habitación junto con Gabumon y ambos miraron a Taichi, mientras el chico se inclinaba hacia adelante sin levantarse, moviendo insistentemente un pie y pasándose ambas manos por el cabello. El joven rubio comenzó a caminar hacia él, tomando de un sofá una larga funda para trajes, la cual extendió y dejó sobre el regazo del chico una vez que este se enderezó en la silla. Tai miró la funda sobre él y después a Matt quien se cruzó de brazos recargándose en la baranda.

-¿Qué es esto? –le preguntó el castaño.

-Tu traje –Tai frunció el ceño desconcertado-, ¿Qué? No me dirás que pensabas irte así como estas vestido, recuerda que es un evento de gala –el muchacho resopló algo incómodo.

-Jamás he asistido a un evento como ese –Matt rio un poco.

-Sí, me lo imaginaba –pero Matt sabía que el descontento del chico no era producido por el traje o el evento al que en unas cuantas horas tendrían que asistir.

Tai sujetaba con fuerza su brazo, cubriendo el reloj que llevaba en él, como si quisiera evitar mirar la hora. Matt levantó la vista, viendo el perfecto cielo azul, no era bueno con las palabras, y lo sabía de sobra.

-Oye –dijo para llamar su atención-, saben lo que hacen, lo repasamos muchas veces, y debes confiar en ellos, así como ellos confían en que haremos nuestra parte en lugar de estar perdiendo el tiempo sintiendo dudas y miedos improductivo –Tai respondió a las palabras del chico con una sonrisa un poco más animada, mientras extendía la mano para tomar el radio y apagarlo.

-Tienes razón, gracias –dijo poniéndose de pie para abrir la funda y revisar el traje que debía usar. Matt sonrió discretamente apartándose de la baranda y caminando por la estancia.

-Como sea, me daré un baño, después hazlo tú y ponte el traje –Taichi respiró hondo mientras veía la fina tela negra, que aunque él no supiera de esas cosas, por la apariencia podía decir que Rika les había conseguido trajes muy caros y especiales.

-Mierda, espero que no se arruine –se dijo volviendo a subir el zíper de la funda.

Kamihara, en Fukushima, Japón, en la Tierra

Julio 6 de 2085

2:45 pm

Una mujer de cabellera rubia recogida en una coleta, miraba desde el interior de un vehículo una panadería del otro lado de la calle, a una distancia prudente. Su acompañante, un hombre con corte militar, hojeaba una revista, completamente ajeno a la labor de la mujer, quien tomo, y no por primera vez, un folder sobre el tablero del auto revisando la información que había ahí, además de una fotografía de Takato Matsuda.

-¿Es todo lo que hay sobre él? –preguntó la mujer.

-Todo lo que sabemos sobre él y sobre su familia –dijo, a lo que la mujer pasó las páginas que hablaban sobre el muchacho y revisó la información de la madre del mismo y luego del padre, encontrándose con algo que no le dio buena espina.

-Nada sobre el padre –dijo mirando la foto del hombre.

-No, nada sospechoso, su historial está completamente limpio. Ningún antecedente o mancha en su historial

-Querrás decir que no hay nada en absoluto –dijo la mujer-, buenas calificaciones en la escuela y la universidad, graduado con honores, luego trabajó en puestos menores para empresas no muy importantes, para luego terminar abriendo una panadería poco antes de que naciera su hijo.

-¿Y qué tiene de raro? –preguntó el hombre mientras tomaba del espacio entre los asientos una lata de soda de la que tomó un sorbo.

-Nadie está tan limpio sin ocultar algo –afirmó la mujer-. ¿Cómo va todo? –El hombre de corte militar resopló lanzando sobre el tablero su revista para luego sacar de su saco un teléfono celular.

-Veamos… a las dos en punto fueron dejados en la terminal de autobuses, según lo que escucharon los escoltas hablaban sobre ir a comer, por lo que se estima un retraso en el itinerario de una hora más o menos.

-¿No se quedaron a vigilarlos? –el hombre hizo un ruido de disgusto mientras volvía a tomar la revista.

-Sabes que no hay personal para eso, se pidió a las autoridades de la terminal que vigilaran a los chicos e informaran si veían algo extraño, pero nada, escucha, como a eso de las siete llegaran, no te estreses tanto.

-Te tomas las cosas demasiado a la ligera –se quejó la mujer, un segundo antes de que el celular del hombre hiciera un ligero sonido. El hombre revisó el aparato para después mostrarle la pantalla a la mujer.

-Los informantes dicen que acaban de abordar el autobús, estarán aquí en cinco horas más o menos –dijo volviendo a guardar su celular y abriendo la revista-, ya relájate –le pidió de forma amable.

-Lo haré en cuanto estén aquí –respondió la mujer apretando el volante con fuerza, mientras seguía vigilando con mirada desconfiada la panadería.

Centro comercial de Odaiba, en Japón, en la Tierra

Julio 6 de 2085

2:55 pm

La agente Akane Nomura caminaba con impaciencia y resoplando frecuentemente, siguiendo de cerca a las tres chicas y tres digimons que llevaban casi una hora caminando de un lugar para otro, recorriendo una tienda para luego saltar a otra, regresar a la anterior, visitar una distinta y luego volver a la misma por la que habían comenzado. A eso se le sumaba el humor insoportable de la menor, Suzie, quien por más que sus acompañantes intentaban hacer que se interesara en algo más que estarse quejando de su hermano y su mejor amigo Cody, no lograban nada, y la niña seguía refunfuñando por todo.

Yolei se acercó a la mujer tomándola del brazo, parecía bastante tensa.

-Dese prisa o se quedará atrás –le informó la chica.

-Puedo caminar sola, gracias –reclamó la agente zafándose del agarre de la chica de manera brusca.

-¿Qué te parece si vamos al cine? –preguntó Hikari con voz amable

-No quiero ver una película.

-Pues tampoco quieres ser muy cooperativa con nosotras –se quejó Yolei cruzándose de brazos.

-Vamos –dijo Hikari intentando calmar las cosas-, busquemos algo que todas queramos hacer.

-Cualquier cosa, el punto es estar todos juntos –dijo Hawkmon apoyando la propuesta de Hikari, mientras aterrizaba cerca de Yolei después de hacer un pequeño vuelo sobre la gente que transitaba los pasillos.

-¿Cómo que podemos hacer? –pregunto Suzie con los brazos cruzados y mirando al suelo.

-No lo sé, ¿Qué quieres hacer tu? –preguntó Hikari antes de que Yolei emitiera una queja más.

-Tengo hambre –declaró la chica.

-Excelente, ¡comamos! –dijo Lopmon señalando el área de comida, la cual estaba muy cerca de donde se encontraban. El digimon parecía desesperado porque su Tamer finalmente se animara a hacer algo además de quejarse, e igualmente Akane parecía rogar con la mirada que la niña accediera.

Suzie levantó la mirada dirigiéndola al área de comida.

-No me gusta la comida de aquí –declaró haciendo que todos (incluso la agente Nomura) sintieran como si les hubieran vaciado un balde de agua fría en la cabeza.

-Ok…ok… -repetía Yolei intentando calmarse-, entonces, por favor, dime que PUTAS QUIERES HACER –terminó estallando la chica, pera de la desesperación.

-¡No me grites! –le reclamó Suzie.

-¿Cómo quieres que no te grite si te portas como una niña berrinchuda? –le reclamó Yolei agachándose ligeramente para quedar a la altura de la niña.

-¡No me digas niña berrinchuda! –le espetó parándose de puntitas para superar la altura de la joven

-¡Pues deja de comportarte como una niña berrinchuda! ¡Carajo! Ahora entiendo por qué Henri y Cody escaparon de ti –ante esas palabras Suzie parecía enfadarse aún más por unos cuantos segundos, para luego comenzar a cambiar su gesto a una mueca de tristeza y finalmente estallar en llanto lanzándose a correr por un pasillo lleno de gente.

-¡Yolei! –le reclamó Hikari al ver a la niña. Yolei resopló cansada justo antes de lanzarse detrás de la niña, a quien ya perseguía Lopmon.

-¡Suzie! Espera, ¡lo siento! –gritaba intentando detenerla.

-¡Oigan! ¡No se alejen! –exclamó la agente.

Gatomon saltó de los brazos de Hikari y escaló un pequeño andamio para mirar sobre las cabezas de la multitud de gente que les cubría el paso.

-¡Por la derecha! –exclamó para luego saltar y comenzar a correr.

-Andando –dijo Hikari llamando a la agente-, no podemos dejarlas solas –y dicho eso se dio la vuelta para correr detrás de sus amigas.

-¡Espera tú también! Ay… mierda, ¿Por qué tengo que trabajar como niñera? –se quejó la muer para luego salir corriendo entre la gente.

Algunos niños que correteaban cerca y grupos de adolescentes que no se apartaban por nada del mundo le hicieron difícil el camino hasta que finalmente atravesó todo el pasillo encontrándose con un camino a la izquierda y otro a la derecha, pero sin poder distinguir por ninguna de las dos direcciones a ninguna de las chicas o los digimons.

-Mierda, dijo… a la derecha… o… -la mujer titubeo un momento sin saber por dónde irse -¡Ay! ¡Carajo! –exclamó antes de salir corriendo por la derecha.

Justo detrás de donde estaba parada, dentro de una tienda de ropa, ocultas entre los exhibidores atiborrados de blusas se asomaron Yolei, Suzie y Hikari, acompañadas de Hawkmon, Lopmon y Gatomon, quienes sonreían triunfales.

-Simple –dijo con satisfacción Suzie-, nadie puede presenciar tal berrinche sin enloquecer.

-Pareces muy orgullosa de tu talento –dijo Lopmon con algo de preocupación. Suzie le enseñó la lengua mientras se apartaban de la ropa.

-Démonos prisa, debemos reuniros con los demás –dijo Hikari mientras salían de forma discreta de la tienda y comenzaban a correr para alejarse.

-¿Qué pasará si llama al general para informarle de la situación? Perderemos la ventaja –dijo Gatomon.

-A ver cómo le va intentándolo sin su celular, su billetera ni las llaves de su auto –dijo la chica mientras pasaban cerca de un puesto de vigilancia justo a un lado de la entrada del centro comercial y depositaba dichos objetos en una bandeja de objetos perdidos.

-¿En qué momento…? –Preguntó Hikari mientras salían del centro comercial, dirigiéndose a la estación del tranvía con toda naturalidad-, no quisiera tenerte como enemiga.

-No, no quieres –afirmó Yolei.

Lago de Sunnyville, en Sarvar, en el digimundo

Julio 6 de 2085

3:10 pm

Sobre el bote de pesca a mitad del lago los pasajeros del mismo reían con fuerza, los más jóvenes, aparentemente muy afectados por el alcohol. Los digimons también reían divertidos por la escena que estaban montando sus tamers, al igual que los guardias, quienes para ese momento habían perdido todo rastro de su compostura y porte intimidante con el cual habían llegado.

-Y entonces…y entonces… -trataba de decir Kouta mientras recuperaba el aliento por tantas carcajadas-, llegó con Kotemon y me dice, ¡Hey! Buena idea la de usar pintura roja en el rostro para despistar, y yo estaba como de ¿Qué?, me palpo la cara y hasta ese momento me di cuenta de que me había hecho esto –señaló la cicatriz en su rostro.

-Debes ser el único bastardo en el mundo capaz de contar con tanto humor la historia de cómo se desfiguró el rostro –dijo Ryo, quien estaba tirado en el piso del bote tratando de controlar su risa.

-¡Hey! El truco esta en ver las cosas con humor, además, sigo siendo hermoso –Ken comenzó a reír de manera incontrolable al escuchar eso, apoyándose en el barandal del borde del bote para levantarse, aunque las piernas le temblaban.

-Eso es… eso es... eso es… gracioso –dijo entre risas e hipos, hasta que se detuvo en seco-, hay por dios creo que voy a vomitar –dijo arrastrando las palabras, provocando un cese en las risas y un gran sonido de queja por parte de los demás.

-Hazlo por la borda chico –le indicó uno de los guardias.

Kouta se arrastró por el suelo hasta llegar a la hielera casi vacía extrayendo una lata más de cerveza, para luego lanzarles un par a los guardias sin cuestionar si querían, aunque ninguno de los dos se negó y destaparon las latas alzándolas en señal de brindis.

-¡Salud! –dijeron todos al unísono (excepto Ken, quien recargado en el barandal parecía muy concentrado en no vomitar)

Ambos guardias bebieron de las latas aun entre risa. Mientras que Ryo, Kouta y Henri, tirados en el suelo parecían estar a punto de quedarse dormidos. Las cañas de pescar habían quedado prácticamente abandonadas. En casi todo el día el lago había permanecido con poca actividad, lo que volvía a aquel día un momento completamente relajante.

-Apuesto a que ya necesitaban vacaciones –dijo Kouta con vos somnolienta mientras se acomodaba mejor con la espalda recargada en la hielera y Kotemon a su lado evitando que se resbalara.

-Podría decirse, este trabajo es demasiado demandante –respondió, para luego sentir una extraña sensación en todo el cuerpo, como si de repente perdiera fuerzas.

Su compañero experimentaba algo similar, sintiendo además que la vista se le ponía algo borrosa y luego no tuvo ni la fuerza para sostener la lata, la cual cayó al suelo derramando el líquido, y luego el cayó al frente quedando derribado en él piso del bote. El otro hombre se levantó, sintiendo que las piernas le fallaban y que estaba a punto de caerse. Se tambaleaba de un lado para otro mientras veía que Ryo, Kouta y Henri se incorporaban como si nada.

-Que… -el hombre parecía desconcertado, hasta que miró la lata de cerveza en su mano y la arrojó al agua.

-No te preocupes, no es veneno, solo un paralizador –le explicó Henri con calma.

-Te sugiero que te sientes –le aconsejó Ryo mientras se retiraba a la cabina del bote y encendía el motor del mismo.

-¿Que hicieron?… ¿Qué?…. ¿Qué pretenden? –dijo mientras caía sobre sus rodillas.

-Tenemos una misión que cumplir, y por desgracia, ustedes estorban –le explicó rápidamente Henri mientras se acercaba a él y sin dificultad le arrebataba sus armas y su teléfono celular, además de un par de comunicadores más que escondía entre su ropa. Terriermon hizo lo mismo con el otro sujeto para luego trepar al hombro de su Tamer y entregarle las cosas. El hombre aun de rodillas rio mientras alzaba la vista.

-Así que planearon todo esto, esperaron a que bajáramos la guardia, e incluso fingieron embriagarse para que nos confiáramos –dijo el hombre cayendo en cuenta de cuan ingenuo había sido, para luego escuchar a Ken, quien seguía recargado en el barandal del bote, vomitando.

-Bueno…casi todos –dijo Kouta mientras el bote se detenía cerca de la isla en medio del lago.

-El alcohol es veneno –dijo Ken mientras se recostaba, con Wormon junto a él, preocupado por su estado.

Ryo y Kouta bajaron deprisa y con discreción a los dos hombres, ocultándolos bajo la sombra de un gran árbol y entre unos arbustos, donde nadie podía verlos a simple vista. Para ese momento el efecto del paralizador que habían puesto en las bebidas ya los había dejado completamente inmóviles a ambos, e incluso les era difícil hablar.

-Tranquilos, el efecto pasara en unas seis u ocho horas, traten de disfrutar del día hasta entonces –indicó Ryo desde el bote mientras este arrancaba alejándose hacía la orilla contraria por la que habían llegado.

-¿Está todo listo? –preguntó Henri mientras sentía los violentos movimientos del bote que Kouta manejaba a toda velocidad.

-No hay nada de qué preocuparse, nuestro transporte nos espera en la orilla –le respondió el chico de cabello largo.

-¿Cómo lo conseguiste? –preguntó Ryo.

-Conozco a varios chatarreros, y varios de ellos me debían uno o dos favores, además son gente con más problemas con la ley de los que nos estamos generando ahora, no ganarían nada si intentan delatarnos.

-Deprisa entonces –dijo Henri mientras de una de las mochilas extraía una lata de desodorante la cual abrió completamente para extraer de ella un pequeño aparato semejante a un radio. Kouta extendió la mano pidiéndoselo y el chico se lo entregó sin problemas.

-Atención, los piratas del caribe reportándose, nos dirigimos al punto de cruce –dijo Kouta.

-Entendido, nosotros esperamos a las Moiras para retirarnos, ¿todo bien? Se retrasaron veinte minutos –escucharon la voz de Takato a través del comunicador.

-Todo bien, recuperaremos el tiempo perdido –dijo Kouta acelerando el bote provocando una sacudida del mismo.

-Tenemos casi una hora y media para llegar al punto de cruce –dijo Ryo sujetándose de donde podía para mantener el equilibrio y mirando la hora en su reloj-, espero que tenga éxito.

Base militar No. 2, en el continente Sarvar, en el Digimundo

Julio 6 de 2085

3:05 pm

El trabajo de vigilancia en la sala de monitores era el más aburrido en toda la base militar. Pocos eran quienes disfrutaban de la tarea de pasar doce horas al día sentados en una silla paseando los ojos por los diferentes monitores, que incluso la labor se tomaba como un castigo para los miembros del cuerpo militar indisciplinados, por lo que no era de sorprenderse que el militar y su compañero, un Bearmon, en lugar de estar vigilando las cámaras se estuvieran entreteniendo con un juego de cartas.

-¿Tienes cincos? –preguntó el muchacho.

-Ve a pescar –le respondió el digimon.

No muy lejos de ahí, una persona miraba desde una esquina la sala de vigilancia, mientras metía una mano en la chaqueta de su uniforme de combate, justo debajo del chaleco blindado que llevaba, y palpo un objeto pequeño del cual busco con sus dedos un botón que presionó.

La imagen de varias cámaras de vigilancia se volvió borrosa, lo que hizo que la pareja dejara el juego.

-Demonios, ¿y ahora qué? –dijo el digimon mientras comenzaba a teclear con sus garras.

-Las cámaras del ala médica, están fallando otra vez.

-Es la quinta vez que esto pasa.

-Veamos si podemos arreglarlo desde aquí, y después ve a revisar las cámaras, haremos el reporte correspondiente para que manden a los técnicos, por suerte solo son un par de pasillos.

La persona en la esquina sonrió mientras se alejaba.


Juri se encontraba recostada en su cama con la luz apagada. Estaba sola, y pese a que se encontraba en buenas condiciones, ella misma optaba por no retirarse del hospital aunque le habían dicho ya una semana atrás que podía retirarse mientras guardara reposo en casa, cosa que no había aceptado ya que la relación con su padre era bastante tensa en esos momentos y no quería tener que pasar por varias discusiones y peleas con él, además, de que tenía otras cosas de que encargarse.

Estaba algo impaciente y ansiosa, mientras veía con insistencia el reloj en la pared frente a ella en el que faltaba un minuto para que dieran las tres con quince. Sentía que los segundos eran demasiado largos, hasta que finalmente pasó, y al marcar la hora esperada la chica retiró las sabanas que cubrían su cuerpo de un solo jalón y comenzó a moverse sobre la cama para salir de la misma.

Se incorporó bajando los pies de la cama, pero algo titubeante a apoyarlos en el piso. No era la primera vez que salía de la cama, pero eran pocas veces las que lo había hecho, y solo para caminar pequeños tramos, pero en ese momento sabía que era una gran distancia lo que debía recorrer, y sobre todo, sabía que debía hacerlo.

Dando una profunda respiración se deslizó hasta alcanzar el piso con las plantas de sus pies, sintiendo el peso de todo su cuerpo nuevamente sobre sus piernas, las cuales temblaron un poco mientras se alejaba de la cama, para terminar lanzándose sobre la puerta para no caer. Le estaba costando, y debía darse prisa.

Abrió la puerta, primero un poco para cerciorarse de que no había nadie, y luego completamente para salir y cerrar la puerta con rapidez. Comenzó a caminar apoyándose en la pared hasta llegar al final del pasillo, se asomó y siguió su camino, aunque al poco de haber comenzado escuchó voces y el sonido de un carrito siendo empujado. Se detuvo en seco y resbaló hasta el suelo, para luego comenzar a levantarse con dificultad mientras las voces se escuchaban cada vez más cerca.

Un par de brazos la levantaron del suelo y la chica reaccionó alterada tratando de liberarse del agarre, hasta que los mismos brazos la hicieron girar.

-Soy yo –le susurró una mujer de cabello corto y tez morena. La chica se dio cuenta de que estaban a punto de no ser las únicas en el pasillo y rápidamente introdujo a Juri en el pequeño cuarto de descanso junto a ellas.

Juri entró y de inmediato se sujetó en una de las literas para evitar caerse, intentando recuperar el aliento, mientras que la chica vestida como militar se apoyó en la puerta viendo a través de las persianas a dos enfermeras conversando entre ellas y empujando una camilla.

-Eva –dijo Juri recuperando el aliento. La chica le extendió una mochila que Juri tomó de inmediato.

-Vístete, rápido –le dijo mientras se daba la vuelta y se recargaba en la puerta.

-Si -dijo dejando la mochila en una de las camas y comenzando a desatar el nudo detrás de su cuello que sujetaba la bata que llevaba puesta –ah… ¿podrías…? –dijo Juri con algo de pena. Eva no entendió en un primer momento pero luego asintió.

-Ah, claro –dijo dándose la vuelta para darle privacidad a la chica.

Juri dejó caer la bata por su cuerpo desnudo, solo cubierto por algunas vendas y con un par de cicatrices que durarían ahí un tiempo más. Abrió la mochila sacando de ella la ropa interior para comenzar a vestirse, y después, se puso el pantalón táctico, una camisa de tirantes de color blanco, las botas de combate, la camisa militar y sobre ella el chaleco blincado. Se ajustó un cinturón con varias fundas y se puso las botas y guantes de combate, para finalmente mirar el casco con un visor oscuro sobre los ojos antes de ponérselo. Eva le extendió una liga para que atara su cabello, la cual Juri tomó y terminó de arreglarse.

-Ahora recuerda –le dijo tomándola por el chaleco y atrayéndola a ella de forma bastante brusca-, eres una soldado, si tú lo crees los demás lo creerán, confianza es la clave –le dijo empujándola un poco haciendo que casi tropezara.

-Si señor –dijo con timidez la chica. Eva negó con la cabeza.

-Si vuelves a hablar así estamos perdidas –dijo abriendo la puerta y saliendo con paso decidido.

Juri caminó detrás de ella disimulando lo mejor que podía el dolor en su cuerpo, mientras Eva se colocaba el casco en la cabeza.

Eva caminaba segura de sí misma, provocando que el personal del hospital, gente que trabajaba en la base militar, e incluso otros militares de rango inferior al de la chica se apartaran de su camino. Juri trataba de seguirle el paso, aunque las piernas le dolían y sentía que en cualquier momento se rendiría por el peso del traje que aunque no era mucho, distaba bastante de la cómoda bata con la que se había vestido las últimas semanas.

Ambas chicas se abrieron paso hasta la prisión de la base militar, pasando sin dificultad alguna, por los filtros de seguridad.


Leomon se encontraba encerrado en una celda, con unas grandes esposas aprisionando sus enormes manos, otras en sus piernas delimitando sus movimientos, un bozal sobre su hocico que le dificultaba el habla, y finalmente una aparato en forma circular sobre su nuca, en la cual parpadeaba una pequeña luz roja, y según había comprobado el digimon con anterioridad, con ese aparato podían someterlo a base de descargas eléctricas que lo inmovilizaban.
El gran digimon felino se había acostumbrado al silencio y la oscuridad, era básicamente el único prisionero, y aunque en varias ocasiones había recibido la visita de Henri, Takato, Rika y Kouta, a quien más deseaba ver, y con quien no había podido compartir ni una pequeña charla era Juri.

Cada día que transcurría se resignaba más a quizá nunca volverla a ver, después de todo era un asesino, un peligro, y comprendía si la chica no quería volver a verlo, por más que los chicos insistieran en que no era así y que ella deseaba tanto como el, el que se volvieran a ver.

El ruido de la puerta de la prisión abriéndose inundo todo el lugar, aunque Leomon ni se inmutó, hasta que el sonido de su celda abriéndose lo hizo levantar la mirada, para encontrarse al guardia a cargo de la prisión en la puerta, a un par de Dobermons más atrás, junto a sus Tamers quienes le apuntaban con armas, cosa que a él le parecía absurdo, pues además de que no tenía la intención de atacar, no tenía tampoco posibilidades de hacerlo.

-Afuera, te transferirán –dijo el guardia. Leomon obedeció de inmediato y se puso de pie para comenzar a caminar. Otro de los militares presentes, al parecer una chica, lo miraba fijamente, y en un momento pareció a punto de acercársele, peor su acompañante, otra chica, la detuvo. Leomon fue guiado por los militares y los digimons al exterior de la prisión.

El guardia revisó la pantalla de la Tablet en sus manos, confirmando la orden de transferencia del digimon prisionero.

-¿Por qué el cambio tan repentino? –preguntó el guardia devolviendo la Tablet a una de las chicas.

-No me informaron, sabes cómo es esto, entre menos sepamos mejor –dijo dándose la vuelta para marcharse. La otra chica hizo lo mismo alcanzando a su compañera, y ambas dejaron la prisión.


Leomon fue llevado hasta el interior de un vehículo blindado con un gran espacio trasero para transportar prisioneros. Los militares cerraron la puerta que se elevó hasta bloquear la entrada, para después producir un par de sonidos metálicos indicando que los cerrojos estaban activándose.

-Listo, ¿seguras de que podrán ustedes solas? –dijo uno de los militares.

-No dará problemas, y si lo hace –dijo una de las mujeres agitando un pequeño aparato en su mano-, lo detendremos –y después de eso ambas chicas entraron en la parte delantera del vehículo y arrancaron para marcharse.

Se comenzaron a alejar a gran velocidad sobre un camino de tierra que atravesaba por una gran planicie donde se alcanzaban a ver algunas pequeñas poblaciones a los alrededores.

-¿Cuánto tiempo tardaran en darse cuenta de que es una orden falsa? –preguntó Juri quitándose el casco de la cabeza y desatando su cabello.

Eva miró su reloj rápidamente y luego volvió la vista al camino.

-Como diez minutos –respondió con calma mientras tomaba una desviación por una parte bastante irregular del territorio, tomando rumbo hacia un bosque no muy lejano-para entonces ya estaremos muy lejos, y sin una forma de rastrearnos no podrán dar con nosotras –le explicó a Juri, quien se estaba quitando el chaleco blindado que le resultaba incómodo.

-¿Y estas segura de que no podrán rastrearnos? –preguntó la chica.

-Cuando lo intenten se darán cuenta de que el rastreador de nuestro vehículo está en un baño en el sótano de la base –Juri sonrió

-Eres buena en tu trabajo –reconoció Juri.

-La mejor –contesto con orgullo Eva. Juri noto que en su cinturón seguía llevando el aparato para activar el inmovilizador en la espalda de Leomon.

-¿Te desharás de eso? –le preguntó Juri señalando el aparato. Eva no tenía que mirar a la chica para saber a qué se refería.

-Sí, debería hacerlo –dijo la chica concentrándose en el camino.

Juri había pensado un par de veces en ese momento, y resultaba tan incómodo como lo había imaginado.

-Lo siento –dijo con voz débil-, lamento mucho lo de tu compañero, y sé que Leomon igual.

-No hablemos de eso ahora, ¿quieres? Solo… Kouta me explicó todo, tienen una misión y necesitan estar todos juntos, los ayudo por eso y por qué confió en Kouta además… -la mujer respiró hondo tratando de evitar que su voz se cortara por el sentimiento-, he estado trabajando en asimilar lo que pasó, y que no puedo hacer nada por remediarlo –Juri bajó la mirada con tristeza, mientras Eva seguía mirando al frente, intentando no pensar mucho en que transportaba al asesino de su compañero.


Al cabo de poco más de una hora manejando en territorio inhóspito y de haber atravesado por varias colinas y un par de ríos que se repartían por el territorio Eva y Juri se encontraban cruzando un bosque en el cual había un camino suficientemente amplio para que el vehículo pasara. Al cabo de unos minutos llegaron hasta un amplio claro, en el cual se encontraba un viejo camión sujetando un gran remolque cuya carga estaba cubierta por una lona.

El vehículo de las chicas se detuvo y Juri bajó de un salto que la hizo doblarse por el dolor. Henri de inmediato saltó para ayudarla, y haciendo que la chica pasara el brazo por encima de su cuello la ayudo a caminar hasta la parte posterior del vehículo.

-¡Ya era hora! –Exclamó Kouta-, las esperábamos hace quince minutos, ya vamos retrasados –le reclamó el muchacho arrojando un cigarrillo encendido que se encontraba fumando con impaciencia hasta antes de que llegaran.

-Oye, salir de una base militar no es algo que haces preocupándote por el tiempo, debes ser discreto, nos tomamos nuestro tiempo para no levantar sospechas.

-De cualquier forma ya deben haber dado la alerta, nos estarán buscando –sentenció Ryo

-Bien, pues no les demos tiempo a que nos encuentren –declaró Kouta encaminándose hacia el tráiler.

Juri abrió la cabina de carga del vehículo y al terminar de bajar la rampa vio como Leomon se encaminada cubriéndose la luz del sol y mirando a su alrededor.

-¿Me ejecutaran aquí? Bastante drástico, ¿no creen? –dijo mientras que Juri se lanzaba sobre el digimon abrazándolo con fuerza.

-Te extrañe –le dijo la chica, con la cara apoyada en el pecho del digimon, el cual debido a las esposas no podía corresponder debidamente el abrazo.

-¿Qué está sucediendo? –preguntó desconcertado.

-Te explicamos en el camino –le informó Henri mientras Terriermon llegaba hasta el cargando un aparato con el cual abrirían las esposas del digimon-, primero hay que quitarte todo eso.

-Cuando dijeron que conseguirían transporte para llegar hasta Norman city creí que encontrarían algo mejor –dijo refiriéndose al viejo camión-, nos tomara horas llegar en eso, ¿en cuánto tiempo se supone que deben estar allá? –preguntó la chica mientras que Kouta seguía caminando hacia la parte trasera del camión y comenzaba a desatar los nudos de la lona.

-En menos de dos horas –le respondió mientras, con ayuda de Kotemon cortaba las cuerdas.

Eva lanzó un desconfiado vistazo al camión.

-¿Y creen llegar en esto? –dijo.

-No –respondió Kouta mientras que él y Kotemon jalaban la lona al mismo tiempo que Ryo y Monodramon lo hacían desde el otro extremo, descubriendo un viejo y sucio helicóptero sin puertas.

Eva miró asombrada la máquina, que a pesar de parecer vieja e incluso inservible, era toda una sorpresa.

-¿De dónde sacaron eso? –preguntó la mujer.

-Kouta conoce muchos chatarreros, ellos lo reconstruyeron –contestó Kotemon antes de abordar.

-¿Y vuela? –preguntó con desconfianza.

-Más vale que si –le respondió Henri acercándose junto con Terriermon y Leomon, quien cargaba a Juri-, o todo habrá sido en vano –dijo mientras abordaba el helicóptero para ayudar a Juri a subir.

-Vamos campeón, ya casi hemos logrado esto –Eva escuchó la voz de Ryo y luego vio al muchacho cargando a otro chico, de cabello azulado, el cual lucia enfermo.

-¿Y a ese que le pasa? –preguntó por el muchacho, mientras Ryo, Monodramon y Wormon hacían el esfuerzo por subirlo al helicóptero.

-Es un claro ejemplo de por qué hay que alejarse de las adicciones –le contestó mientras abordaba el vehículo en la parte del piloto. Eva se apresuró a subir en cuanto escuchó los rotores del helicóptero y empujando a Ryo lo sacó del asiento del piloto para acomodarse ahí ella, volviendo a colocarse el casco del traje militar y asegurándose al asiento.

-Cuando menos tendrá un piloto decente este cacharro-dijo mientras comenzaba a pilotar con maestría-, sujétense bien, será un viaje agitado.

-Atención Atalaya, tenemos a Aslan, y nos dirigimos a Wakanda –dijo Kouta, quien parecía bastante contento de hablar de esa forma.

-¿Por qué usa claves? –preguntó Juri a Henri, quien suspiró cansado.

-Por qué insistió hasta el cansancio que lo dejáramos hacerlo –le dijo mientras el helicóptero seguía ganando altura y gran velocidad.

Residencia Yokoshima en Norman city, en Sarvar, en el digimundo.

Julio 6 del 2085

6:35 pm

Tai se pasó un peine por el cabello intentando arreglar su melena alborotada. Había hecho un gran trabajo con su vestimenta, pero el cabello era un tema aparte, por más que el muchacho se esforzara por arreglarlo, seguía sintiendo que no estaba bien, no para una fiesta de gala a la cual en su vida llegó a pensar que tendría que asistir.

Bufó con frustración volviendo a acomodar la corbata cuando escuchó el ruido de la puerta.

-¿Cómo va todo? –preguntó una voz de mujer. Tai se giró para ver a Sora atravesando la estancia y dirigiéndose hacia él, cargando una caja no muy grande en sus manos.

La chica llevaba el cabello suelto, muy bien arreglado, cayendo con algunos risos a los lados de su rostro, y un maquillaje casi imperceptible. Traía puesto un vestido de color amarillo opaco, con el pecho completamente cubierto y los brazos expuestos, la falda tenía un corte que dejaba que una de sus piernas asomara a través de la tela.

Taichi debía reconocer que la chica se veía realmente hermosa, pero su atención se centró rápidamente en la caja que ella cargaba.

-Más o menos –respondió al fin-, ¿y eso? –preguntó mirando la caja.

Sora la abrió mostrando en su interior tres relojes de pulso, todos iguales, de color negro con adornos dorados que le conferían un porte elegante y distinguido.

-Rika dijo que no pueden usar trajes y llevar esas cosas –dijo refiriéndose al reloj en la muñeca de Tai-, así que les consiguió estos, me pidió que los trajera. -El chico asintió con una sonrisa quitándose el reloj.

Mientras se colocaba el otro Sora notó el enmarañado cabello del chico.

-¿Problemas? –dijo señalando la melena castaña.

-Varios –dijo el muchacho. En cuando se colocó el reloj Sora lo tomó del brazo guiándolo hasta uno de los sillones- ¿Qué haces? –preguntó desconcertado.

-Solo quédate quieto –le dijo mientras buscaba con la mirada hasta encontrar una toalla sobre una silla, la cual tomó y puso alrededor del cuello del castaño. Luego de eso se alejó, recorriendo la habitación, tomando un peine, una lata de muse para el cabello y sacando del cajón de un mueble en la habitación unas tijeras.

-Wow –dijo Taichi al ver el artefacto.

-Tu solo confía –Le dijo arrastrando una silla para tomar asiento frente al chico y comenzar a trabajar en su cabello.

Tai intentó relajarse mientras que la chica comenzaba su tarea. El muchacho agachó la mirada como la joven pelirroja le indicó y justo después pudo ver algunos mechones de su cabello caer, lo que no le hizo sentir nada agradable.

-Por favor se gentil –pidió el chico, Sora sonrió.

-¿Temes que arruine tu cabello más de lo que ya está? –se burló ella. Tai sonrió sin agregar nada.

-¿Dónde están Matt y T.K.? –preguntó la pelirroja.

-T.K. salió con Ángela, la chica se moría de ganas por tomarse fotos por toda la mansión con su vestido puesto, y Matt está en su cuarto, terminando de arreglarse –explicó el chico mientras veía que Sora dejaba a un lado las tijeras y suspiraba aliviado.

-Alza la cara –le pidió, mientras ponía muse en sus manos, y luego lo esparcía por la cabeza del chico-. Es raro ver a T.K. con una chica como esa, ¿no te parece? -dijo Sora con tono divertido. Tai no respondió, aunque coincidía con ella-. Dios, espero que Matt no tenga esos gustos, no me gustaría verlo con una chica como esa –comentó de forma distraída, Taichi miró a Sora, quien parecía muy concentrada en su tarea.

-¿Y con que chica te gustaría verlo? –preguntó Tai con curiosidad. Sora comenzó a relajar los movimientos de sus manos hasta detenerse por completo.

-No lo sé –dijo poniéndose de pie y retirando la toalla del cuello de Tai para después comenzar a limpiarse las manos con ella-, una chica que vaya acorde con el, una mujer fuerte, independiente, pero que también sea amable y se preocupe por los demás.

-Una chica… ¿Cómo tú? –preguntó Tai mientras caminaba hacia el espejo para mirarse.

-¿Cómo yo? –Dijo Sora encontrando graciosas esas palabras-… tal vez…

Mientras Sora reflexionaba Tai se miraba al espejo, sorprendiéndose con la imagen que este le devolvía. Gran parte de su cabello caía hacia un lado y se acomodaba hacia atrás, mientras el resto lo hacía del mismo modo pero hacía el lado contrario. Aquel estilo lo hacía sentir distinto, se veía muy diferente a como estaba acostumbrado.

-Genial –dijo en voz baja, y sora lo alcanzó a escuchar a la perfección.

Matt salió de su habitación, vestido con su traje de Gala y acomodándose el saco mientras Gabumon lo miraba de diferentes ángulos. El rubio se pasó una mano por el cabello acomodándose el fleco cuando notó la presencia de la chica.

-Sora –dijo al verla, ruborizándose mientras la chica le regalaba una sonrisa radiante.

-Mírate Matt, estas guapísimo –le reconoció la chica.

-Y tú…estas…hermosa… -decía Matt con dificultad.

-Ah… -dijo Sora regresando a la realidad, acercándose a la caja con los otros dos relojes y extendiéndoselos al chico. Matt comprendió al instante, retirándose el reloj que también el llevaba y colocándose el otro.

Gabumon en ese momento codeo la pierna del chico quien lo miró haciendo un gesto con su brazo, extendiéndolo hacia adelante, gesto que Matt imitó sin comprender, y en ese momento Sora notó el movimiento del chico pensando que este le estaba ofreciendo su brazo.

-Oh, que caballero –dijo tomándolo y pegándose al cuerpo del varón, quien se ruborizó aún más mientras comenzaban a caminar hacia el exterior de la habitación.

-Te esperamos abajo, estamos a punto de irnos –dijo Sora mientras Matt seguía sonrojándose aún más.

Tai sonreía divertido ante la escena, para luego mirar a Gabumon

-¿Que haría el sin ti? –le dijo el chico.

-Lo mismo me pregunto todos los días –confesó Gabumon mientras se colocaba el reloj que Matt se había quitado y le había entregado a él.

Tai tomó el último de los relojes en la caja metiéndolo en el bolsillo de su pantalón, mientras revisaba el resto de los bolsillos de su ropa, asegurándose de llevar todo, y antes de salir de la habitación miró a Gabumon.

-¿Estarán listos? –preguntó. El digimon asintió.

-No te preocupes –Tai sonrió y asintió también antes de marcharse.

El castaño bajó las escaleras para llegar hasta el vestíbulo de la mansión, donde se encontraba T.K., Patamon y Ángela, quien llevaba puesto un vestido azul turquesa que le legaba hasta las rodillas y bailaba dando vueltas por todo el lugar. Cerca de la puerta Aizen y Rika conversaban, con Renamon muy cerca de ellos, cosa que parecía no agradar del todo al muchacho. La chica llevaba puesto un vestido negro que se ataba detrás de su nuca, dejando sus hombros y su espalda al descubierto, y terminando en una falda larga con holanes. Finalmente Tai vio en el exterior de la mansión (cuyas puertas estaban abiertas de par en par) a Matt y Sora, conversando junto con Biyomon y Gabumon.

Al llegar hasta donde T.K. escuchó una conversación entre él y su compañero.

-¿Por qué no puedo ir? –preguntó el digimon.

-Reglas son reglas Patamon, no podemos llevarlos –dijo con pesar el chico.

-Me temo que esta noche T.K. será solo para mí –dijo Ángela tomando al chico por el brazo.

Tai sonrió burlón ante los gestos del chico.

-Oigan, ¿y Mimi? –preguntó al no ver a la chica. T.K. estaba a punto de contestarle, cuando levantó la vista sonriendo con grata sorpresa. Tai se giró para ver en la dirección que T.K. había puesto los ojos, para encontrarse con lo más hermoso que había visto en toda la ciudad.

Bajando las escaleras acompañada de Palmon, estaba la castaña, llevando puesto un vestido rojo con cuello en V y tirantes con pliegos sobre sus hombros. Al ritmo de sus pasos ligeros la falda se abría hasta la altura de la rodilla, dejando ver parte de la pierna de la chica, así como los tacones rojos que llevaba puestos. Su melena castaña y ondulada caía sobre uno de sus hombros acomodándose elegantemente sobre su pecho, y dejando al descubierto su oído izquierdo, donde llevaba un arete cristalino que se asemejaba a una pequeña lagrima.

Taichi avanzó hasta el pie de las escaleras sin percatarse, volviéndose presa de una mirada coqueta de Mimi quien detuvo sus pasos al verlo frente a ella. El chico miró los ojos color miel de Mimi y de pronto parecía haber recobrado el aliento y extendió su brazo para que la chica lo tomara. Ella sonrió divertida entrelazando su brazo con el del chico para bajar los últimos escalones y llegar al encuentro con el resto de sus amigos.

-¿No me vas a decir que me veo bonita? –preguntó Mimi en voz baja,

-¿Qué no bastó con mi mudez para que te des cuenta que lo creo? –dijo el chico de forma burlona. Mimi sonrió divertida con el comentario-. Esta hermosa –le aseguró sintiendo que sus mejillas ardían, y haciendo que las de la chica también enrojecieran casi tanto como su vestido.

-Y tú te ves muy apuesto –le dijo ella con voz suave.

Todos salieron al exterior de la mansión, donde los esperaba una lujosa limusina.

-Supongo que hasta aquí los acompañamos –dijo Renamon, cruzándose de brazos.

Palmon y Biyomon sujetaban con fuerza a Patamon, quien parecía empeñado en ir con T.K.

-No se metan en problemas –dijo Rika.

-Ustedes tampoco –dijo Renamon. Ambas se sonrieron, y luego la pelirroja subió a la limusina, siendo ella la última.

El viaje fue corto, las luces y el ánimo de la ciudad entera (al menos lo que alcanzaban a ver) resaltaba el hecho de que se encontraban en medio de una celebración importante. La limusina se dirigió hasta la entrada del edificio más grande de la ciudad, la cede principal de las industrias Ipkiss.

Todos veían con asombro la forma en que se había adornado la entrada del edificio, haciendo que se asemejara a un evento lleno de personalidades famosas.

-Me siento como en la premier de una película –dijo Ángela con emoción.

-No es para menos, este evento está destinado a los más importantes habitantes de la ciudad –aseguro Aizen.

-¿Y lo realizan en un taller de producción de armas por qué…? –preguntó Tai de forma socarrona. Aizen borro su galante sonrisa al escuchar al castaño.

-Los talleres solo están en los niveles inferiores, nosotros estaremos en la parte superior del edificio donde se reúne la clase ejecutiva, los diseñadores, y jefes de la empresa –enunció con su tono de voz altanero.

No era mucho lo que aquel muchacho había compartido con Tai, pero sin duda ya estaba harto de ese chico irrespetuoso.

Al bajar de la limusina fueron atacados por los flashes de las cámaras (con los cuales Aizen parecía sentirse complacido), y entre insistentes saludos de la gente que se acercaba al muchacho de la familia Yokoshima llegaron hasta el interior del edificio, en donde ya se encontraba gran cantidad de gente reunida. Taichi lanzó un rápido vistazo a los ascensores al fondo del gran espacio que era la recepción del edificio y vio que en estos había guardias que mantenían a la gente alejada, así como también en los pasillos más apartados.

-Mi abuelo dará el discurso de apertura en unos minutos, pero mientras tanto, diviértanse –dijo Aizen con buen ánimo-, Ah, yo debo reunirme antes con algunos conocidos ahora mismo. Rika, ¿te gustaría acompañarme? –pidió el muchacho y la pelirroja sonrió de forma coqueta.

-Encantada –dijo extendiendo su mano al chico que la tomó para llevarla con él a través de un corredor amplio del edificio.

-Supongo que nosotros nos las arreglaremos solos –dijo Taichi mirando a su alrededor.

Tiki! ¡Una fuente de chocolate! ¡Vamos! –exclamó la novia del rubio menor jalando a este para salir corriendo en la dirección que señalaba.

-¿De dónde carajo la saco? –preguntó Mimi, compadeciendo al pobre chico.

-La verdadera pregunta es, ¿Cómo no ha muerto de diabetes con tanta miel? –dijo Sora.

-Pobre chico –dijo Matt con resignación.

Tai se mantuvo en silencio, mientras seguía observando con atención los alrededores.

Kamihara, en Fukushima, Japón, en la Tierra

Julio 6 de 2085

8:20 pm

La agente Noguchi miraba con desconfianza y gran impaciencia el establecimiento cruzando la calle. Su compañero, el agente Mori, seguía pareciendo tan calmado como antes, cosa que aumentaba más el descontento de la mujer rubia que miró su reloj nuevamente.

-Ya deberían estar aquí –dijo la mujer con tensión.

-Relájate, están un poco retrasados, quizá pasaron a divertirse un rato por ahí, tu sabes, pasear, ver viejas amistades, tal vez algunas chicas –dijo mientras dejaba de ver la pantalla de su celular y miraba a la mujer de forma sugerente-, tu sabes cómo es eso, cuando eres joven y sientes impulsos.

-No tendrás suerte esta noche vaquero –le dijo de manera cortante. El hombre sonrió divertido.

-La noche es joven, quizá cambies de opinión –dijo con tono divertido.

La agente sin embargo sentía cada vez más tensión y descontento. Había tenido un mal presentimiento desde el principio, y en ese momento lo sentía aún más.

-Al carajo –dijo abriendo la puerta del automóvil y saliendo de él, percatándose hasta entonces cuan tenso estaba su cuerpo por haber pasado las últimas horas sentada.

-Oye, espera, no debemos ser vistos –le dijo el hombre bajando del vehículo también para perseguir a su compañera.

La agente cruzó la calle dirigiéndose hasta la panadería, de la cual el ultimo cliente salía acompañado por el dueño de la tienda.

-Lo siento, ya vamos a cerrar –le dijo el hombre con amabilidad.

-Señor Matsuda –se apresuró a decir la mujer mientras que su compañero llegaba hasta donde estaba ella sin haber podido detenerla-, soy la agente Ino Noguchi, el mi compañero Koji Mori –saludó con formalidad la mujer, aunque el hombre parecía desconcertado-, somos agentes de HEDM –dijo como a modo de explicación, lo que hizo que el hombre tuviera un semblante preocupado.

La mujer detrás del dueño de la tienda escuchó la voz de la mujer y se apresuró a acompañar a su esposo.

-¿De HEDM? –Dijo con voz preocupada la mujer, -¿le pasó algo a Takato?

-No lo sabemos –respondió la agente-, se supone que él ya debería estar aquí.

-¿Aquí? –preguntó desconcertado el hombre, provocando en la agente una sensación fría que le recorrió todo el cuerpo.

-Él nos informó un par de días atrás que pasaría sus días libres con ustedes en compañía de unos amigos –explicó-, ¿eso… es verdad?

-La última vez que hablamos con Takato fue ayer, y el no dijo nada sobre que vendría –dijo al mujer que empezaba a respirar de manera agitada-, ¿en dónde está mi hijo? –preguntó con preocupación sujetando del saco del traje al agente Mori.

-Diablos –susurró Noguchi apartándose de los padres del chico que comenzaron agobiar a su compañero con preguntas y se apresuró a sacar su teléfono y marcar un número-, hay una situación, alerta a todos.

Edificio Hayashi, en Odaiba, Japón, en la tierra

Julio 6 de 2085

8:30 pm

El general Takuma Hyuga miraba desde el ventanal del salón principal de su departamento la ciudad de Tokio de noche, fascinado por las luces, el movimiento, y lo que él consideraba el orden en su completa expresión. Su mano sostenía un habano y un vaso de coñac, los placeres que le gustaba disfrutar haciendo una pequeña pausa de sus labores diarias, además de algo de música Jazz de fondo para lograr una mayor sensación de tranquilidad, misma que súbitamente se vio interrumpida por el sonido del teléfono sobre una mesita cercana.

El general suspiró encaminándose al aparato dejando el vaso en la mesita y llevándose el auricular al oído.

-Será mejor que sea importante –dijo con tono duro.

-Señor, Noguchi acaba de reportar que el chico Matsuda y sus acompañantes desaparecieron –dijo sin rodeos el agente.

-¿Qué? –Dijo incrédulo el hombre-, ¿Cómo que desapareció?

-No llegó a la casa de sus padres, los mismos dicen desconocer que el muchacho tenía intención de ir de visita.

-¿Cómo es posible que…? –Se detuvo al considerar la situación-, ¿alguien más?

-¿Perdón?

-¡¿Qué si alguien más a desaparecido incompetente?! –estalló el general.

-No estoy seguro señor –respondió el hombre.

-Carajo –otra llamada entro al teléfono. El General no dudo en tomarla.

-Señor –escuchó la voz de la agente Nomura, parecía agitada-, no sé como pero perdí a las tres Tamers –Hyuga no dijo nada, se quedó helado al escuchar esas palabras-, robaron mi billetera, mi celular y mis llaves, las estuve buscando pero no logré dar con ellas –Hyuga colgó con el gesto descompuesto. Usó el teléfono para marcar un número y esperó con impaciencia.

No hubo respuesta.

-Maldito Akiyama –dijo pensando en Ryo mientras marcaba un número distinto y esperaba la respuesta.

-¿Señor Hyuga? –dijo la voz del otro lado.

-¿El muchacho Hida sigue en su lugar? –preguntó sin rodeos.

-¿Cómo dice?

-¡¿Qué si Cody Hida sigue en casa de sus padres?!

-No lo sabemos señor, no pidió que se estableciera vigilancia sobre él –contestó el hombre.

-¡Pues asegúrese de que el chico siga en casa de sus padres! –exigió el general antes de colgar. Y de inmediato marcó un número distinto.

Oficinas de HEDM, en Odaiba, Japón

Julio 6 de 2085

8:36 pm

El sonido del teléfono despertó a los dos guardias al final del pasillo. Uno de ellos rebuscó rápidamente en el bolsillo de su saco y extrajo su teléfono.

-Aquí Moto –dijo esforzándose por no sonar somnoliento.

-¿Dónde están Izumi y Kido? –preguntó desde el otro lado Hyuga con brusquedad.

-Siguen en la oficina, no se han movido de ahí según los sensores –dijo revisando la pantalla de una Tablet que mostraba que no había habido movimiento de la puerta desde la última vez que llevaron comida, momento en el cual estaban despiertos.

-¿Y están seguros de que siguen ahí? –preguntó el general.

-Si –respondió el agente.

-¿Los han visto? –preguntó el general.

-No…pero… han estado pidiendo comida desde…

-¿Y los han visto en esas oportunidades? –preguntó el general.

-Hemos visto mangas de bata de laboratorio… -trató de explicar el agente.

-¡Cerciórense! –exclamó el general con furia.

-Si señor –dijo sin titubeos el agente levantándose de su asiento y corriendo a toda prisa por el pasillo, seguido de su compañero.

Al llegar al final del pasillo tomó la manija de la puerta intentando abrirla sin obtener nada.

-¡Abran la puerta! –exigió el agente Moto mientras sacaba su arma de la funda en su cintura. No hubo respuesta de dentro de la oficina, por lo que el hombre retrocedió un paso para luego patear la puerta rompiendo el marco de ella.

Ambos agentes entraron apuntando con las armas, encontrando la oficina completamente hecha un desastre. Una consola descansaba sobre un mueble de madera y se encontraba conectada a la gran pantalla utilizada para exposiciones. La oficina entera tenía un aroma desagradable, producto de los restos de comida esparcidos por todos lados y por el sudor de los dos chicos sentados en un par de sofás jugando videojuegos sin prestar mucha atención a los agentes. Ambos llevaban batas blancas sucias sobre su ropa común, eran dos chicos de al menos veinticinco años, bastante desalineados.

-¿Quién demonios son ustedes y que hacen aquí? –preguntó Moto mirando a ambos chicos.

-Ah si –dijo uno como cayendo en cuenta de que los agentes acababan de entrar, y puso pausa al videojuego.

-Nos pagaron –dijo el otro muchacho.

-60,000 Yenes cada uno –agrego el primero en hablar.

-Por jugar videojuegos y comer comida chatarra.

-Ellos se fueron de aquí desde ayer.

-Les diremos todo lo que sabemos.

-A cambio de un buen trato.

-Nuestro padre es muy buen abogado.

-Así que no intenten estafarnos –finalizó uno de los chicos, momento en que los dos se giraron nuevamente hacia la pantalla para seguir jugando.

El otro agente se adentró más en la oficina durante la plática encontrando algo y llamó de inmediato a su compañero para que viera su descubrimiento.

-Hijos de puta –dijo al ver la rejilla del sistema de ventilación retirada de su lugar, dejando un espacio suficientemente amplio para que un par de chicos y dos digimons escaparan por ahí.

Edificio Hayashi, en Odaiba, Japón, en la tierra

Julio 6 de 2085

8:42 pm

El teléfono de Hyuga sonó y el hombre lo tomó inmediatamente.

-Informe –dijo de inmediato.

-Señor… escaparon –dijo el agente Moto-, no sabemos en qué momento exacto lo hicieron, ni estamos seguros a donde se dirigieron.

-Nosotros sí –escuchó otra voz de fondo.

El agente siguió hablando pero Hyuga ya no prestaba atención y dejó caer el teléfono.

-Esos niños… esos niños… ¿me engañaron?

Afueras de Norman city, en Sarvar, en el digimundo.

Julio 6 del 2085

A la distancia las luces de Norman City se hacían visibles ya, por lo que Eva bajó la velocidad del helicóptero poco a poco, al mismo ritmo que descendía para ver mejor el terreno debajo de ellos., haciendo que todos soltaran un suspiro de alivio. Ken se inclinó hacia un lado para vomitar hacia el exterior del vehículo, lucía bastante mal.

-Primero alcohol, y ahora esto… después de salvar a Davis lo mataré con mis propias manos –dijo el chico entre jadeos.

Ryo buscaba con la mirada en los alrededores ayudado por unos visores especiales, aunque no lograba encontrar nada.

-¿Qué hora es? –le preguntó a Eva elevando la voz por encima del rotos del helicóptero. La chica revisó su reloj de pulso.

-Las siete con treinta minutos –contestó la chica-, ¿Dónde se supone que los encontrarían?

-Takato mencionó una vieja planta eléctrica abandonada, pero no logro ver nada –dijo Ryo mientras volvía a buscar.

Poco después, cuando estaban a punto de llegar hasta las primeras edificaciones de la ciudad vieron una luz elevándose frente a ellos. Una bengala que les mostraba el camino.

Eva no esperó a que le indicaran y se movió hacia dicha bengala, encontrándose con una gran estación eléctrica en la cual busco espacio para descender.

Mientras el helicóptero aterrizaba, del interior de la planta salieron algunas personas.

Ryo bajó del helicóptero y vio a Hikari, quien corría hacia él y se lanzó a sus brazos estrechándolo. El muchacho correspondió el abrazo mientras el resto del grupo se reunía. Hikari se separó de Ryo mirándolo con una gran sonrisa, para luego ver a Juri, a quien ayudaba a caminar Henri.

-¡Juri! –Exclamó la chica castaña abrazando, aunque con más delicadeza, a la chica que le devolvió el abrazo-, ¿Cómo te sientes? –le preguntó mirándola de pies a cabeza. A pesar del traje de combate seguía percibiendo la debilidad que los días en cama le habían causado.

-Lista para volver a la acción –le aseguró la chica.

Todos juntos caminaron al interior del edificio, aunque rápidamente Ryo se dio cuenta de que algunas personas faltaban.

-¿Dónde están Takato, Izzy y Joe? –preguntó percatándose de que tampoco estaban sus compañeros.

-Adentro, preparando todo para entrar –le respondió Kenta.

Siguieron su camino por un corto rato hasta llegar a una sala de máquinas en el sótano, en el cual se encontraban trabajando los tres chicos faltantes y sus digimons. Kouta se aproximó esperando que Izzy fuera el que tecleaba sobre la computadora con tanta insistencia, pero para su sorpresa quien se encontraba haciéndolo era Takato, sentado en el suelo y recargado en una de las máquinas, con la computadora sobre su regazo y un una memoria USB entre los labios. El chico levantó la mirada viendo a los recién llegados y esbozó una sonrisa.

-Así que ya estamos todos –dijo poniéndose de pie.

Kouta notó a Yolei, quien se terminaba de abotonar una blusa de franela a cuadros y no llevaba puestos sus lentes, y a su lado Hawkmon llevaba puesta una chaqueta de tela, al igual que Armadillomon, lo que lo hacía ver un poco extraño.

Henri acompañó a Juri hasta que esta se sentó para reposar un poco, mientras que Hikari parecía interesada por el estado algo amedrentado en que venía Ken, y la poca disposición de Wormon de decirle porque estaba así.

Por la forma en que actuaban todos, parecía que ya tenían listo y decidido lo que debían hacer, y los recién llegados no eran la excepción, pues de inmediato buscaron lugares más privados para cambiar la ropa que llevaban puesta por una más casual y menos llamativa que las bermudas y camisas de playa.

Takato dio un largo vistazo a todos los chicos a su alrededor sonriendo con satisfacción.

-Bien, todos llegaron sin problemas, y Rika y los demás deben estar ahora en la fiesta –dijo mirando su reloj-, fase uno; reunión, completada –ante esas palabras hubo un par de aplausos y gritos de triunfo además de risas-, ahora, me temo, es cuando empieza lo difícil –explicó el chico, mientras la laptop en que estaba trabajando antes emitía un pequeño sonido y luego un estruendo metálico se escuchó en toda la sala, dando lugar después a que una de las paredes se comenzara a deslizar, mostrando un pasillo detrás e ella en el cual se encendieron algunas luces-, fase dos: infiltración, inicia ahora.

Esta historia continuara...

Nota del autor: quizá no a muchos haya agradado y a otros parezca una complicación hecha a lo tonto en este capítulo (que de por sí tuvo sus complicaciones), pero quisiera mencionar que de verdad tenía ganas de incluir a Ángela (la irritante novia de T.K.) en esta historia, desde el momento en que se mencionó su existencia. Pensé en no hacerlo en este capítulo, pero luego pensé en que sería complicado meterla en otro y que tenga una presencia más o menos relevante. Por lo que, termine metiéndola aquí.

Nota del autor 2: Esto lo menciono para evitar que se me acuse de plagio, y es que quizá alguno ha notado cierta similitud en la forma en que se describe y se hace la narración de la llegada de los chicos a Norman City, y la ciudad perteneciente al universo de Avatar llamada Ba Sing Se. Pues déjenme aclarar que desde el principio tuve la idea de basarme en cierta medida en esa ciudad para la "creación" de esta, exceptuando por lo de los muros impenetrables (spoiler, eso más bien lo guardo para la ciudad de Huanglongmon). Igualmente cuando terminé de escribir la escena y estaba revisándola, no sé por qué, pero sentí que de alguna manera también estaba agarrando inspiración de la ciudad de Zootopia (y sería razonable pensarlo, porque acabo de ver esa película antes de ponerme a escribir este capítulo), no se sus opiniones, pero cabe hacer la aclaración de que quizá si haya agarrado algo de ahí, por lo cual me disculpo o lo admito, no es mi intención plagiar sino inspirarme u homenajear.

Bueno, si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias.

Este capítulo, y el siguiente, para mí son algo especial, dado que todo este asunto de "Las cuatro ciudades de Sarvar" es una de las pocas cositas que siento realmente son mías, y no tomadas de la serie o algo así, sino mi trabajo, mi creación, mío, no sé si me explico, pero de alguna forma quería darle un lugar a todo esto y este es.

Ahora, si han sentido este capítulo lento o aburrido…quizá es porque lo sea…a mí me gustó pero no sé ustedes, tal vez no es lo que esperaban, sin embargo espero disfruten del siguiente, en el cual, mi idea, así como lo fue en este, es hacer que los Tamers deban enfrentar los retos por ellos mismos, en lugar de que sean los digimons quienes los protegen y ellos ahí nomás mirando.

Pues ya con eso termino este largo capítulo, gracias a analiza18 y a Mac1826 (Tai también es mi personaje favorito, aunque últimamente siento cierta predilección por otro diferente…) por sus comentarios, son el motor de esta nave de locos, y me despido, asegurándoles que volveré.