Capitulo XVII

"Infiltración parte 1-Las antorchas"

Sede principal de industrias Ipkiss en Norman city, en Sarvar, en el Digimundo

Julio 6 de 2085

Rika caminaba alejándose del sonido de las pláticas y risas de los asistentes a la ceremonia que daría inicio como cada año desde el 2031, en honor a Norman City, guiada por Aizen, el joven y apuesto heredero de la dinastía Yokoshima, quien no perdía oportunidad para mirar el rostro de Rika dedicándole una sonrisa, para luego perder sus ojos en el escote de la chica sin que ella se diera cuenta (aunque en realidad si se daba cuenta).

La pelirroja contenía sus ganas de asestarle un buen y definitivo golpe al muchacho mientras que este pasaba su mano por toda la porción de piel de su espalda que el vestido dejaba al descubierto, dando pequeños pellizcos que poco faltaba para que acabaran con su paciencia. Y a casi nada que se decidiera a noquear al muchacho este la detuvo con delicadeza, frente a una puerta en un extremo del edificio.

-Quería mostrártela desde que me la dieron, por eso es un gran gusto que aceptaras mi invitación -le dijo mientras acercaba a un panel a un lado de la puerta una tarjeta que hizo pasar a través de una ranura para así abrir el cerrojo de la puerta, la cual empujó de forma lenta invitando a Rika a pasar, luego de colocar su tarjeta dentro del bolsillo interior de su saco. La chica entró en el cuarto oscuro y escucho detrás de ella el sonido de la puerta cerrándose.

Poco a poco la habitación comenzó a iluminarse, mostrando a la chica pelirroja una oficina bastante amplia, dotada de una pequeña sala con sofás cubiertos por un tapis blanco y una mesita en una esquina, y del otro lado un escritorio de cristal con una silla de cuero blanco y un par de sillas menos lujosas aunque igualmente muy elegantes del otro lado. Sobre el escritorio Rika distinguió los proyectores holográficos que hace poco tiempo comenzaban a sustituir los monitores de las computadoras, y acercándose más pudo ver una delgada lámina que seguramente serbia de teclado táctil. El resto de la decoración poseía ese mismo estilo minimalista que a la chica resultaba sumamente aburrido y poco atrayente, aunque se esforzaba por mantener su expresión de sorpresa y asombro.

-¿Y qué opinas? -le preguntó al oído, pasando sus manos por la cintura de la chica, quien dio un paso hacia adelante para separarse del muchacho y se giró para encararlo.

-En mi humilde opinión creo que va completamente de acuerdo con tu esencia -le respondió con una sonrisa insinuante a lo que el muchacho sonrió avanzando hacia ella.

-Gracias -dijo acercándosele hasta aprisionarla contra el escritorio, flanqueándola con sus brazos y acercando su rostro al cuello desnudo de la joven-, los sofás son bastante cómodos, ¿Quieres comprobarlo? -le dijo con el peor intento de tono seductor que Rika recordaba haber escuchado antes.

Con la posición en que se encontraba el muchacho y las piernas de la chica habría sido muy sencillo dar un contundente rodillazo, pensamiento que Rika se vio obligada a desechar, para en lugar de eso soltar una risa coqueta mientras metía sus manos debajo del saco del muchacho acariciando su torso y pecho, para después empujarlo con delicadeza apartándolo de su cuerpo.

-No sería apropiado comenzar con algo que luego no podamos detener con tu abuelo a punto de dar su discurso -le dijo con voz suave-, pero más tarde, devuelta en tu mansión, quizá... salga a dar un paseo nocturno -Aizen sonrió ampliamente retrocediendo.

-Supongo que tienes razón -abrió la puerta de la oficina -, después de ti -dijo de forma galante y Rika camino siendo presa de la lasciva mirada del muchacho que no apartó los ojos de la figura esbelta de la chica, quien aprovecho ese momento para guardar en el pequeño bolso de mano que llevaba la tarjeta de acceso del joven Yokoshima.

Vieja planta eléctrica de Norman City, en Sarvar, en el Digimundo

Julio 6 de 2085

Eva Gonzales Orama, mujer de 22 años de edad, nacida en Maracay Venezuela y convertida en Tamer desde los siete años tras haber hecho contacto con un digimon gracias a una visita casual a un laboratorio ubicado en Sudamérica, contemplaba con gran sorpresa el amplio pasillo que se acababa de revelar frente a ellos. Nadie además de ella parecía tan sorprendido o desconcertado, debido a que todos conocían los detalles del plan salvo ella (pese a las quejas de Kouta, se había decidido no darle más información que la necesaria para que ayudara con Juri, en caso de que decidiera delatarlos), sin embargo en los rostros de más de uno aparecía la duda y la desconfianza.

Takato se apresuró a desconectar la computadora y guardarla en la mochila que Guilmon llevaba en la espalda y que este ofrecía sin recelo alguno, consiente de todo lo que estaba sucediendo según era capaz de interpretar Eva.

-Démonos prisa -dijo el muchacho mientras Izzy y Joe junto a sus compañeros se acercaban a él, mientras que Kouta y Ryo se rezagaban junto con otros miembros del equipo.

-Un momento, ¿Que se supone que haremos ahora? -preguntó la chica.

-Entrar -dijo Kouta con calma entregándole a la chica una mochila-, y será mejor que no te vean usando eso -le dijo refiriéndose al atuendo militar.

-Hay un espacio por allá donde puedes cambiarte -le dijo Yolei señalando detrás de unas grandes maquinas.

-Entonces, ¿Usaremos ese túnel para infiltrarnos? ¿A dónde lleva? -preguntó la chica abriendo la mochila para comprobar su contenido.

-Nos llevará justo al nivel inferior del edificio principal de las industrias Ipkiss donde ahora mismo está el resto de nuestros compañeros -explico Takato-, y no todos iremos por aquí, me temo -la sonrisa de Takato hacia la mujer parecía una disculpa.

-Espera dices que... -no hubo necesidad de que terminara de hablar, pues al ver a otros cuantos de los miembros del equipo comprendió las cosas.

Henri subió el zíper de la chaqueta marrón oscuro que se había colocado para después subir la capucha de la misma y colocarse un par de gruesos lentes de cristales de un tono verde oscuro, y luego voltearse hacia Eva.

-Nos dividiremos, un grupo ira por el túnel, mientras nosotros nos infiltramos en la ciudad.

-¿Por qué no vamos todos juntos por ahí? -preguntó señalando el túnel.

-Ryo y Kouta deben cumplir con una misión extra, al igual que ustedes, necesito que activen esto -dijo entregándole a Yolei dos pequeños dispositivos.

-¿Qué son? -preguntó inspeccionándolo.

-Un par de enlaces, con ellos nos introduciremos en el sistema cerrado de comunicaciones de Norman City, en cuanto este –dijo señalando uno de los aparatos-, esté activo podremos comunicarnos con Rika y los demás sin correr el riesgo de ser rastreados -Yolei asintió comprendiendo la situación-, además desde aquí afuera no puedo hacer uso del sistema de seguridad de dentro de los talleres de industrias Ipkiss, solo a través del enlace podremos entrar en su sistema.

-¿Y no nos detectaran en cuanto lo hagas? -preguntó Eva preocupada por el resultado de aquella arriesgada misión.

-No, porque en teoría no estamos haciendo nada malo.

-¿Como? -preguntó Eva confundida.

-Takato no está jaqueando el sistema en realidad, sino utilizando códigos antiguos para habilitar sistemas viejos y casi olvidados que ya existen en las redes de comunicación y seguridad de la ciudad, esos sistemas ya son parte de la red por lo que los firewall no los detectan como amenazas -explicó Izzy y Eva asintió aunque parecía algo confundida.

-Por cierto -dijo Ryo-, ¿No es momento ya de que nos digas como es que posees toda esa información y tecnología? -dijo Ryo tocando un tema delicado.

Toda esa misión de infiltración se había ideado luego de que Takato afirmara que conocía la forma de infiltrarse en Norman City y robar equipo de industrias Ipkiss que les serviría para enfrentar a Davis, pero en ningún momento reveló la forma en que se había hecho de aquellos conocimientos en esos momentos vitales.

-Ahora eso no importa, lo importante es que estamos contra reloj, escuchen, son casi las ocho -dijo revisando la hora-, para las ocho y media ya debemos tener comunicación con los demás y sobre todo poder intervenir en cualquier posible aviso de Hyuga a la ciudad, eso nos dará un poco más de tiempo y con suerte para cuando den el aviso a la ciudad ya nos habremos ido.

-¿Seguros que aún no sabe que escaparon? Ya debieron darle aviso de la fuga de Leomon -dijo Eva que sin recelo alguno había comenzado a cambiarse de ropa a mitad de la sala, provocando bochorno en algunos e interés en otros de los presentes (y que Hikari cubriera los ojos de Cody) por mostrarse en ropa interior.

-Dudo que le den aviso, no en las próximas horas al menos -dijo Kouta desviando la mirada de la chica-, Hyuga delegó casi todo su trabajo para concentrarse exclusivamente en el asunto de la captura de Davis, por lo que una fuga es ahora trabajo de los oficiales directamente responsables o que se les encomendó la custodia de Leomon.

-Contamos con un margen de tiempo aun, pero no sabemos por cuanto -dijo Takato.

-Pues ya perdimos mucho -dijo Eva mientras se abrochaba el pantalón vaquero-, ¿Cuál es el plan?

-Tomarán el vehículo en que nosotros llegamos, irán a la ciudad, será fácil pasar los filtros por el lado este, ya que es la zona más pobre y menos vigilada -empezó a explicar Takato-. Diríjanse a la estación del tranvía de la ciudad, Yolei ya sabe la ruta, una vez en el tranvía, viajen lo más al centro de la ciudad que puedan, mientras tanto traten también de encontrar algún aparato conectado al sistema de la ciudad, una cámara de vigilancia, red de internet, lo que sea, y conecten el enlace. Cuando lo hayan hecho podremos contactarlos y guiarlos de la forma más segura hasta la sede de Ipkiss...

-Momento -interrumpió Eva-, ¿Entraremos a la sede? -Takato asintió-. ¿Quieren infiltrarse en el lugar más vigilado de Norman City en su noche más importante?

-Por lo mismo toda la atención estará puesta en el ala sur este, dejando todo un sector vulnerable -afirmo Takato-, además ya te lo dije, necesitamos entrar en el sistema del edificio o no podremos entrar al hangar en el último nivel ni desde aquí afuera. Cuando estén dentro del edificio se reunirán con Rika y los demás, conectaran el segundo enlace a una computadora dentro del edificio y podremos invadir el sistema de seguridad –explicó el chico de forma apresurada.

-Definitivamente ustedes son un Suicide Squad -dijo en afán de burla-, hagámoslo entonces. Takato sonrió.

-Izzy, Joe, los necesitaré conmigo, al igual que a Kenta y Hirokazu, y supongo que lo mejor será que Juri también nos acompañe -la chica asintió encaminándose junto a Leomon hacia el túnel, junto con Izzy y Tentomon, mientras que Joe, ayudado por Gomamon guardaban un par de artefactos en una mochila que luego el chico se colgó al hombro.

-De nuestra parte -comenzó a decir Ryo-, iremos Kouta, Eva, Yolei y Henri, los demás, son libres de elegir.

-Yo ya estoy lista -dijo Suzie, quien había aprovechado el tiempo de la charla para cambiarse de atuendo en el espacio que Yolei le había indicado a Eva.

-Suzie, ni pienses que te dejare...

-¡Basta! -exclamó la niña interrumpiendo a su hermano mayor, y creando un total silencio-, no puedes seguir tratándome como a una niña todo el tiempo. Me han mantenido fuera de las misiones por ser la menor, e incluso a Cody le han hecho lo mismo varias veces aunque Armadillomon puede usar los digimentals, pero no somos tan inútiles. Yo también soy una Tamer, fui seleccionada para formar parte del grupo de los niños elegidos desde el principio y por si lo olvidas Lopmon y yo luchamos en la batalla de Odaiba hace unos años y sobrevivimos. También soy fuerte y puedo demostrarlo -sentencio la niña dando un fuerte pisotón mostrando su seguridad.

-Suzie... -trataba de insistir Henri con voz más suave.

-Si me permiten opinar -se adelantó Lopmon parándose junto a la niña-, creo que es más conveniente que participemos en el grupo que entrara a la ciudad. Si somos atrapados solo nos detendrán por haber desobedecido la orden de mantenernos bajo vigilancia, en cambio sí sorprenden al otro grupo infiltrándose en una instalación como la sede de industrias Ipkiss no solo habrán contravenido las órdenes del General Hyuga, sino que también habrán irrumpido en un sitio de alta seguridad sin autorización, ese sería un crimen más grave -explicó con calma el pequeño digimon de color café.

-Tuche -dijo Eva completamente de acuerdo con lo que el ser acababa de exponer. Henri miró a la joven con algo de enfado para luego resoplar vencido.

-De acuerdo, pero no te alejes de mi -le pidió.

-Yo también iré -afirmó Cody-, Suzie acaba de exponer muy claramente lo que ambos sentimos -dijo recibiendo una sonrisa de agradecimiento por parte de la niña.

-Bien -aceptó Ryo, para luego acercarse un poco más a Hikari-, tal vez tú también deberías...

-No empieces -lo detuvo la castaña-, iré con Takato y los demás, creo que puedo serles más útil a ellos, en especial con Juri.

-Wormon y yo también vamos -se apuntó Ken, quien aún lucía algo amedrentado-, hemos practicado tácticas de infiltración, espionaje y de sigilo últimamente.

-Habilidades de detective -dijo Kouta reconociendo el trabajo de la pareja. Ken lo miró confuso aunque no le dio mucha importancia a sus palabras.

-Pues ya vámonos -ordenó Eva con voz enérgica-, tenemos treinta minutos para lograr nuestra tarea -dijo para luego comenzar a subir las escaleras que poco antes habían bajado.

Ryo miró a Hikari esbozando una sonrisa resignada, para luego ver a Gatomon que en ningún momento los había dejado de vigilar.

-Cuídala por favor -le pidió al digimon felino.

-No tienes ni que decirlo torpe -le afirmó con humor el digimon provocando una risa divertida de Kari.

-¿Siempre es tan agresiva? -le preguntó a la chica.

-Solo con los hombres que se me acercan -le dijo. El muchacho sonrió, para después depositar un rápido beso en la frente de la castaña.

-Vamos Monodramon -dijo el muchacho dándose la vuelta para marcharse junto a su compañero que había comenzado a tararear una conocida melodía romántica ganándose un puntapié ligero por parte del militar.

Hikari se dio la vuelta, mirando a Gatomon antes de encaminarse al túnel donde el resto de sus compañeros ya estaban avanzando. El digimon sonreía de forma burlona a lo que Hikari sonrió de forma soñadora.

-No lo digas -le pidió.

-Se ven lindos juntos -dijo desobedeciendo la petición de su Tamer.

Ambas se giraron introduciéndose en el túnel. Era un espacio amplio y que parecía no haber sido utilizado en un buen tiempo. Delante de Hikari y Gatomon avanzaban Joe y Gomamon cargando entre los dos una mochila pesada.

El muchacho parecía algo cansado y de pronto se detuvo, siendo esperado por su compañero y ambos fueron rebasados por Kari y Gatomon que no tardaron en llegar con Juri y Leomon para empezar a conversar con ellos.

Joe respiraba algo agitado mientras Gomamon negaba con la cabeza con una expresión burlona en el rostro.

-Te lo he dicho mil veces, debes hacer más ejercicio, algo de pesas, salir a correr en las mañanas, abdominales antes de dormir, de verdad tienes un lamentable estado físico -le recriminó como muchas otras veces antes, sin embargo el digimon notó en la mirada de su compañero algo que no había visto en todas esas ocasiones.

Joe guardó silencio con una expresión avergonzada en el rostro.

-¿Joe? -lo llamó el digimon con tono suave.

-¿Soy un debilucho? -preguntó el joven con voz débil. Gomamon cambio su expresión de duda a una de sorpresa y luego de lamentación.

-Oye solo bromeó contigo amigo, no lo tomes a mal -dijo a modo de disculpa el digimon.

-No es solo por ti -contestó Joe mientras se sentaba en el suelo, ampollando las palmas de sus manos en el suelo y mirando hacia abajo-, yo no soy del tipo rudo como Kouta, o atrabancado sin miedo como Tai, incluso Takato es fuerte en batalla y capaz de trabajar en lo referente a la estrategia, y yo... Solo un ratón de biblioteca detrás de una pantalla -Gomamon escuchó en silencio.

-¿Esto es por Rika? -preguntó con tono serio, a lo que Joe asintió con una sonrisa melancólica, recordando que con Gomamon no había sido necesario explicar nada y él se había dado cuenta de todo lo que el comenzaba a sentir por la pelirroja.

-Ella es una mujer fuerte, antes de los quince ya había recibido entrenamiento de supervivencia y combate, es una Tamer increíble y simple y sencillamente es una chica orgullosa de carácter fuerte y muy muy hermosa -la describía el chico con gran fervor-, y mírame a mí, un simple y aburrido chico sumergido en los libros y las computadoras, ¿Por qué una chica como ella estaría con un chico como yo? Incluso el tal Aizen parece un mejor prospecto que yo...

El muchacho fue callado de golpe por una bofetada de Gomamon que resonó en el túnel, aunque Takato y compañía, quienes ya se encontraban en el final del mismo ni siquiera voltearon a ver a los dos compañeros que charlaban.

Joe se frotó la mejilla levemente enrojecida donde Gomamon lo había golpeado con su aleta algo desconcertado.

-¿Por qué...?

-No puedo creer que luego de todo lo que hemos vivido sigas siendo el mismo chico quejumbroso y lleno de desconfianza -lo reprendió.

-Solo digo la verdad...

-No, solo dices lo que los demás te hacen sentir y pensar de ti mismo, pero te cuesta reconocer lo que haces bien, tus puntos fuertes, y olvidas que la fuerza bruta no lo es todo. Es lo mismo que antes de que invitadas a salir a Rika y ha sido lo mismo en muchas otras cosas, desconfías de ti, te crees eso de que no eres capaz de nada y que no estas hecho para pelear, pero olvidas que lo has hecho y muy bien, eres un gran genio, y también un excelente Tamer que se esfuerza todos los días por ser mejor.

Joe sonrió con poco ánimo, pero sintiéndose un poco menos apesadumbrado que minutos antes, aunque aún había algo importante que lo perturbada.

-Gomamon, sinceramente, ¿no preferirías trabajar con un Tamer que estuviera más inclinado a entrar en combate? -Joe mejor que nadie conocía el carácter enérgico y aventurero de su compañero que contrastaba con el suyo, más tranquilo, reservado y prudente.

-No, para ser honesto no -contestó finalmente Gomamon. Joe sonrió aliviado-. Estoy feliz de ser tu compañero y tu amigo.

-Gracias.

-No hay de qué.

-¡Hey! ¡Ustedes dos! -los llamó Hikari y ambos voltearon a ver a la castaña -, ¿Vienen? -preguntó para luego volver a girarse a donde Takato hacia algo con la computadora.

-Vamos -dijo Gomamon para animar a Joe, quien volvió a cargar la mochila con ayuda de su compañero.

-¿Que tan lejos estamos del edificio de industrias Ipkiss? -preguntó Juri. Takato mantenía su atención en la computadora.

-Cincuenta kilómetros más o menos-contestó Takato con sencillez.

-¿Es broma? -preguntó Hirokazu algo alterado-, ¿Cómo se supone que lleguemos hasta ahí en poco tiempo?

-Cuando la ciudad se fundó no fue con intenciones de convertirlo en un lugar civil, lo primero que se construyó fueron los complejos de industrias Ipkiss, en caso de un ataque se prepararon rutas de escape como este túnel y medios para asegurar la seguridad y supervivencia de las personas importantes de la empresa -contestó Takato mientras Guilmon sacaba de la mochila un aparato plano y poco ancho que conecto a la computadora para luego extraer un CD, el cual introdujo en una ranura del aparato-, más vale que funcione -dijo el chico algo nervioso mientras presionaba una tecla y un programa arrancaba mostrando en la pantalla una barra de carga que en cuestión de segundos se llenó y otra puerta se abrió frente a ellos, revelando detrás de ella un vagón bastante viejo sobre rieles algo oxidados.

La puerta del vagón también se abrió permitiendo la entra da los Tamers y digimons, al momento que las luces interiores del vagón se encendían.

-Funcionó, tenía razón, jamás se deshicieron de estas redes -susurró Takato mientras cerraba la computadora y se apresuraba a abordar el vagón.

-Espera, ¿Quién tenía razón? -le preguntó Izzy mientras el también abordaba.

-No importa ahora -respondió Takato que en ese momento se encontraba en los controles del vagón averiguando como hacerlo avanzar. Palpó varios interruptores hasta que al fin logró encender la máquina y cerrar la puerta después de que Joe y Gomamon abordaran-, hora de arruinarles la fiesta –dijo al tiempo que el vagón avanzaba unos cuantos metros y luego se detenía con una fuerte sacudida.

Takato revisó los controles y trató de encender nuevamente el vehículo que poco a poco comenzó a reaccionar y a moverse muy lentamente.

-Tal vez no sea tan simple como lo pensé –dijo algo apenado mirando al resto de sus compañeros y rascándose la nuca.

Sede principal de industrias Ipkiss en Norman city, en Sarvar, en el Digimundo

Julio 6 de 2085

-...y así fue como mi mamá ganó la pelea con mi papá y por eso me llamo Ángela -escuchaban con poco animo Sora, Matt y Mimi la explicación de la novia de T.K. Sobre el origen de su nombre, explicación que nadie pidió sea dicho de paso.

Mientras tanto Tai no dejaba de mirar fijamente el escenario en uno de los extremos del amplio vestíbulo del edificio, en el cual se encontraban varias personas, pero en especial el veía al anciano de pelo largo que conversaba con un par de hombres vestidos de traje, se trataba de Akira Yokoshima. Junto a él un hombre muy parecido a Aizen escuchaba la conversación sin decir nada.

El hombre en cuestión parecía impaciente, y respondía con sonrisas que el muchacho castaño identificaba como falsas cada saludo de alguno de los invitados que se colaba en el escenario para apretar la mano de él y del anciano hombre que a diferencia del otro, parecía bastante tranquilo, incluso podría decirse que lucía aburrido.

-No llegamos tarde, me alegro -escuchó la voz de Rika y vio a la chica llegar junto al joven de la familia Yokoshima.

Sora les sonrió a ambos, sosteniendo una copa de vino que un mesero les había proporcionado minutos atrás a todos (incluido Tai quien no había dado ni un sorbo a la copa).

Nuevamente la plática de Ángela sobre el origen de su nombre volvió a iniciar, y ese momento fue aprovechado por Mimi para acercarse a Taichi, quien no lo notó hasta que ella le sujetó el brazo.

-Al menos intenta disimular lo mal que la pasas –le dijo en tono bromista, Tai sonrió, sin dejar de vigilar el escenario.

-¿Eso se supone que debo hacer en este tipo de situaciones? –Mimi asintió.

-Es lo que gran parte de los presentes hace, créeme. Risas fingidas, halagos memorizados y falsas caras de satisfacción y felicidad, los eventos sociales se tratan de conseguir la aceptación de los otros integrantes de la clase alta –le dijo con seguridad, Tai sonrió divertido-. ¿Qué pasa? –le preguntó ya en un tono más confidencial. El muchacho bajó la mirada y luego se volteó hacia Mimi, notando una vez más el espléndido peinado que hacía lucir su melena castaña con un brillo y suavidad particulares.

-Ese hombre, el abuelo de Aizen… -dijo tratando de aclarar sus ideas.

-¿Lo conocías? –le preguntó Mimi mirando hacia el escenario. Tai negó con la cabeza.

-No, pero el a mi si, y sabe sobre lo de Agumon –agregó contrariado.

-Bueno… él es miembro del consejo superior de HEDM, y debe estar al tanto de toda la situación con Davis. Si te preocupa que pueda intervenir en nuestros planes, creo que aun llevamos la delantera.

-No es eso –afirmó Tai-, hay algo en la forma en que me habló, más que no agradarme o sentirlo como una amenaza, siento que él sabe algo que yo no, y que debería saber. Es extraño.

Mimi no dijo nada más, no sabía cómo responder a las dudas y preocupaciones del castaño.

Del escenario provino un ruido agudo, producido por el cristal de una copa siendo golpeada con delicadeza y amplificado con la ayuda de un micrófono sobre un pedestal. Aizen interrumpió la anécdota de Ángela en cuanto vio a su padre, quien trataba de llamar la atención de todos los presentes, y luego con la mano llamó la atención de uno de los meseros que paseaban por todo el lugar con bandejas llenas de copas de distinto contenido.

-Está por comenzar el discurso –dijo con buen ánimo el joven mientras él y todos los demás tomaban una copa cada uno-. Hoy es una fecha de verdad especial.

-Sí, una gran fiesta para una gran ciudad –dijo Matt sonriendo de manera algo forzada.

-No solo eso –dijo Aizen no prestando atención a los gestos de Matt-, no les quiero arruinar la sorpresa, solo aguarden –dijo para luego guardar completo silencio.

El hombre maduro parecía dispuesto a hablar por el micrófono, pero rápidamente fue detenido por el anciano quien se posicionó entre aquel hombre y el micrófono para iniciar con su discurso, el cual daría inicio formal a las celebraciones por el aniversario de la ciudad.

-Buenas noches a todos los presentes -dijo de forma monótona, aparentemente no muy conforme con la situación. Parado ahí el anciano Akira parecía ser el menos interesado en oír sus palabras, pese a que en todos los demás, sobre todo en aquellos hombres que acompañaban en el escenario al anciano, y en Aizen Yokoshima, se notaba la impaciencia y expectación con que esperaban su discurso.

-Cuando hace ya más de cien años el digimundo quedo evidenciado ante nosotros, un pequeño grupo de personas creyó en las posibilidades que este mundo nos ofrecía, entre ellos mi padre, el General Yokoshima, quien trabajó lado a lado con Raye Higuchi en las primeras expediciones e instalaciones en el digimundo, lo que después se convertiría en HEDM, y de donde se desprendería también la empresa que ayudo a formar los cimientos de esta gran ciudad -el anciano extendió sus brazos en un ademán de fingido animo-. No ha sido un camino fácil, y aunque nuestras actuales generaciones han gozado de una vida tranquila y agradable, no siempre ha sido así, la vida no es tan simple, el sacrificio ha sido grande, y nuestros triunfos actuales a veces no son suficiente para resarcir los daños y pérdidas que hemos sufrido en más de una ocasión -el tono serio y poco alentador del anciano contrastaba enormemente con el ánimo alegre del cual se trataba la celebración-. Más es el camino que tenemos al frente que el que hemos recorrido, algo bueno, pero que nos recuerda lo mucho que hay que esforzarnos, y lo mucho que se necesita renovarnos, volvernos fuertes, y avanzar.

-Aquí viene -susurró Aizen con emoción.

Un completo silencio se formó en el lugar, algunos parecían impacientes por la siguiente parte del discurso, otros, como Tai y Matt desde el inicio del discurso intuían que algo se aproximaba. El anciano parecía saberlo también mientras su mirada estaba dirigida hacia el suelo.

Luego el hombre levanto la vista sonriendo con satisfacción.

-Y bien, sin más que decir, les pido a todos que disfruten de la fiesta, y de los posteriores días de celebración -el anciano llamó la atención de uno de los meceros con la mano, mismo que se acercó a él para que tomara una de las copas que llevaba-. Por un año más de nuestra amada ciudad -dijo alzando la copa, siendo acompañado por la mayoría de los presentes, quienes luego aplaudieron al hombre que tras dar un trago a la copa se dio la vuelta siendo abordado de inmediato por los otros hombres, en especial por el padre de Aizen que lucía molesto.

-¿Es todo? -dijo el muchacho Yokoshima confundido.

-¿Esperabas algo más? -cuestionó Rika con curiosidad.

-Bueno... si -dijo finalmente sin dejar su expresión de incertidumbre-, creí que finalmente mi abuelo anunciaría su retiro y dejaría a mi padre al frente de la empresa, es lo que hemos estado esperando hace años -dijo aparentemente algo molesto.

-Bueno, por lo que dijo parece que no está seguro de que su hijo esté listo para tomar el mando -concluyo Matt.

Aizen lo miró molesto, y soltando su brazo del de Rika avanzó hacia Matt con decisión, llegando hasta él tomándolo con brusquedad del hombro.

-Mi padre es el mejor prospecto, ha trabajado para la empresa toda su vida y después de mi abuelo es el hombre más importante y respetado de la ciudad, ¿Quién mejor que él para remplazarlo? -Matt parecía tenso, y a punto de responder a la agresión de Aizen, en el momento en que Sora buscó su mano con discreción apretándola para hacerlo sentir acompañado y regresarlo a lo delicado de la situación.

-Disculpa, no quise ser irrespetuoso -se disculpó Matt con dificultad. Aizen inflo el pecho y levanto la cabeza con altanería.

-Iré con mi padre, Rika acompáñame -dijo volviendo a tomar a la chica y avanzando empujando a Matt al pasar junto a él.

-T.K. vamos por algo de comer, tengo hambre -dijo Ángela aparentemente algo incomoda, a lo que el chico asintió, mirando su reloj para luego alejarse con la chica sujetándole el brazo.

-Imbécil -dijo Matt en un susurro cuando T.K. y Ángela ya se habían retirado.

-Mantén la compostura -dijo Sora con tono tranquilo. Tai revisó la hora en el reloj en su muñeca.

-¿Aun nada? -le preguntó a Mimi, quien se acarició el pelo que le caía sobre el hombro derecho.

-No, pero no debe faltar mucho, en cualquier momento, estén alerta -dijo esbozando una radiante sonrisa para disimular mientras hablaba.

Residencia Yokoshima en Norman city, en Sarvar, en el digimundo.

Julio 6 del 2085

Renamon permanecía a mitad de la pequeña estancia de la habitación que le habían asignado a su Tamer y las otras chicas, así como a Biyomon y Palmon. La gran ventana que daba al jardín frontal permanecía abierta y ella se encontraba sentada en el suelo en posición de loto meditando.

La convivencia con toda persona que no fuera Rika para ella era algo complicada, puesto que su Tamer y ella tenían caracteres muy parecidos, personalidades reservadas que gustaban más del silencio y la meditación, así como de usar la palabra de forma sabia y racionada, en lugar de desbordar verborreas que a su juicio en ocasiones no llegaban a nada en realidad.

No era que la presencia de Biyomon y Palmon le molestaran, sino más bien que consideraba que era muy probable que la presencia de ella molestara en algún grado a sus compañeras, por lo que después de despedir a Rika no hizo el intento de acercarse a las otras dos digimons.

Sin embargo aun con su estado reflexivo ella era consciente del tiempo y en el momento en que se percató de que era hora de actuar reaccionó de manera intuitiva poniéndose de pie a mitad de la habitación segundos antes de que la puerta de la misma se abriera, mostrando en el umbral a Gabumon y Patamon.

Poco después se hicieron presentes Palmon y Biyomon, que igual que los otros tres digimons parecían conscientes de que había llegado la hora de dejar su estado pasivo y continuar con sus planes.

-Ya es hora -enunció Gabumon manifestando el pensamiento de todos los presentes. Renamon solo asintió sin agregar nada más, y a toda velocidad salió de la habitación por la ventana, mientras Biyomon y Palmon, con un par de mochilas en sus espaldas la siguieron.

Patamon voló al exterior de la habitación, seguido por Gabumon, quien también llevaba una mochila en su espalda.

Distrito C5 de Norman City, en Sarvar, en el digimundo

Julio 6 del 2085

Yolei parecía ligeramente nerviosa, mientras viajaba algo apretada en la parte trasera de la camioneta que conducía Ryo con Eva como copiloto. A su lado estaban Henri, Suzie y Cody, y tratando de ocultarse entre las piernas de los chicos se encontraban Armadillomon, Terriermon, Lopmon y Hawkmon.

Su vehículo era el único atravesando aquella carretera en medio de viejos edificios y un par de fábricas, que parecían ser los últimos vestigios de los inicios humildes de aquella impresionante metrópolis. Eva miraba desde la ventanilla los grandes edificios con pocas luces encendidas, las casas pequeñas y viejas, los pequeños parques algo descuidados sobre los cuales se alzaban las vías y estructuras del sistema de transporte público tan impresionante de aquella ciudad, del cual le habían comentado poco antes que servía para comunicar toda las zonas de la ciudad, al parecer, incluida aquella parte casi marginal de la misma, en la cual había un par de edificios en los cuales la chica latina imaginaba que los habitantes se congregaban en la mañana para ir al trabajo y luego en las noches para volver a casa. Sin embargo lo más peculiar que logró observar eran unas cuantas antorchas encendidas las cuales veía en medio de las calles casi desiertas o en los pequeños parques, e incluso las luminosas llamas se alcanzaban a distinguir en las azoteas de algunos edificios y casas.

-Alguna tradición –susurró la chica mirando fijamente por la ventanilla, recargando el rostro sobre el cristal.

-¿Disculpa? –La cuestionó Ryo –la chica negó con la cabeza esbozando una sonrisa para luego volver a mirar con curiosidad las antorchas repartidas por aquella zona.

-Ryo, por ahí –dijo Henri extendiendo su mano y señalando un callejón oscuro cerca de un edificio alto pegado a una de las estaciones del tranvía en la cual en ese momento justo se vio llegar uno de los vagones autónomos

Ryo giró el volante y salió de la ruta en que se encontraba para adentrarse por la calle que el muchacho le había indicado. Avanzó un par de metros alejándose de la avenida de la que acababan de salir, adentrándose en la oscuridad solo atenuada por algunas farolas tintineantes y se estacionó frente a una pequeña tienda, detrás de un camión grande.

Los chicos y digimons descendieron lo más discretamente que pudieron. Ryo miró con discreción hacia la tienda y se percató que el dependiente (un digimon que vestía una especie de overol amarillo con un chaleco rojo, una capa sobre sus hombros y un sombrero en su cabeza) los observaba con curiosidad.

Monodramon estaba a punto de llegar hasta el rodeando el vehículo cuando el chico estiró los brazos bostezando sonoramente, al mismo tiempo que empujaba al digimon con el pie haciéndolo retroceder.

-Que maldito viaje tan largo, creo que necesito algo de tomar, ¿ustedes quieren? –dijo dando la espalda hacia la tienda y mirando a Eva, Yolei y Henri (quienes por su estatura y posición lograban distinguirse pese a la camioneta).

Los chicos lo miraron desconcertados pero notaron las señas del castaño quien parecía pedirles que permanecieran quietos. Henri miró detrás de Ryo y vio al digimon que seguía mirándolos con atención, ante lo cual puso la mano sobre la cabeza de Suzie empujándola un poco para que permaneciera cubierta por el vehículo.

-Una soda estaría bien –dijo el muchacho y Ryo asintió.

-Sí, veré que puedo encontrar –dijo el muchacho dándose media vuelta para entrar en la tienda.

Al empujar la puerta Ryo escuchó el sonido de una pequeña campana, al dar sus primeros pasos adentrándose en la tienda percibió el chirrido de la madera del piso y cuando estaba a pocos pasos del mostrador detrás del cual se encontraba el digimon de ojos verdes pudo notar un olor algo agrio y pesado.

-Bienvenido a la tienda de artículos mágicos y hechizos de Wizardmon, el único lugar en todo el continente donde podrá encontrar todo lo necesario para realizar todo aquello que su aventura personal requiera, ¿puedo ayudarle en algo? –preguntó el digimon con tono monótono.

Ryo titubeó un segundo mientras buscaba la posición perfecta para cubrir la visión del digimon hacia el exterior de la puerta, y al mismo tiempo paseaba la mirada por todo el lugar, observando estatuillas, báculos, jarrones con distintos tipos de polvos, líquidos y otras peculiares cosas. La luz tenue y amarillenta combinaba a la perfección con el resto del ambiente que los artefactos ahí reunidos creaban.

-Ah... wow… bueno, me imagino que entonces sodas no vendes –dijo dejando salir una risa burlona, tratando de sonar como suponía que debía sonar un chico presumido y superficial.

-La nevera esta por allá –le indicó el digimon levantando una mano aguantada y apuntando con un dedo hacia la izquierda del muchacho sin apartarle los ojos de encima. Ryo se volteó para ver pegado a la pared una nevera de grandes puertas dobles con cristales y de color rojo, iluminado por una luz blanca haciendo aún más resaltable su presencia.

-Ah… -el muchacho rio con nerviosismo-, gracias –dijo encaminándose hacía el refrigerador.

Fuera de la tienda, en la parte de carga de la camioneta, donde se ocultaban Kouta, Kotemon, Ken y Wormon debajo de una lona, el muchacho de pelo negro comenzaba a salir sin llamar mucho la atención y sin apartar la lona que los cubría, Yolei, quien vigilaba, ayudaba a mantener la lona levantada lo suficiente para que el chico saliera sin tener que quitarla por completo.

-Vamos, vamos, sigue –decía en voz baja la chica de anteojos cuando vio a Ryo apartándose y los ojos del digimon se clavaron sobre ella-, ¡no, retrocede! –le dijo empujando su cabeza con brusquedad con la palma, para luego adoptar una postura disimulada apoyando su rostro sobre su palma y el codo sobre el vehículo.

Ryo mientras tanto tomaba unas cuantas latas de soda del refrigerador y las llevaba hacia el mostrador de la forma más natural que podía.

-¿Se escaparon? –le preguntó el digimon provocando el nerviosismo de Ryo.

-¿Cómo dice? –preguntó el castaño sosteniendo un par de billetes que había extraído del bolsillo de su pantalón. El digimon ya no lo miraba a él, sino que seguía viendo hacia donde Yolei, Henri y Eva.

-Cuatro chicos sin la compañía de ningún adulto, y no parecen ser de por aquí, no lucen como la gente de por aquí.

-¿De qué habla? –preguntó Ryo dejando salir una risa mientras dejaba el dinero en el mostrador. El digimon lo miró a los ojos.

-No muchos humanos viven en esta parte de la ciudad, no muchos humanos viven en esta ciudad en realidad, y los que si por lo regular no son parte de la clase media-baja o inferior, así que no comprendo que hace un grupo de humanos como ustedes por aquí –Ryo desvió la mirada volviendo a pasearla por los artículos a la venta.

-Vinimos por la celebración –dijo el muchacho-, dicen que la fiesta por el aniversario de la ciudad es algo fantástico.

-Lo es... o lo era… -dijo desviando un segundo la mirada. Ryo noto un cambio drástico en el humor del digimon, que luego se desvaneció volviendo a entornar sus ojos verdes de manera inquisitiva hacia el-, ¿y desde donde dices que vienen?

Ryo titubeó un instante antes de poder armar una respuesta que le sacara de encima a aquel ser, y en su búsqueda por encontrar algo con que apoyarse vio colgando en una pared detrás del digimon un medallón bastante peculiar. El metal dorado formaba una espiral en medio de la cual descansaba una pequeña y lisa gema verde que emitía un intenso e hipnótico brillo.

-Esa cosa no parece un simple recuerdito de una tienda de paso –dijo señalando el medallón. Wizardmon se giró mirando el artefacto al que el chico se refería y rio ligeramente.

-Ese es un artefacto de gran valor y poder, un objeto entregado hecho por una viajera hace unos años, otorgado como pago por otro artefacto distinto que ella llevaba buscando un tiempo ya–relató de manera melancólica el digimon.

-Que interesante, y más interesante aun que se encuentre en el mismo establecimiento donde hay un refrigerador de Coca-Cola –señaló el chico. Wizardmon agachó la mirada pensativo.

-Los tiempos cambian y hay que adaptarse a ellos para sobrevivir. Los tiempos en los que yo era un consejero al cual los viajeros y aventureros acudían para que los guiara en sus cruzadas o hacia tesoros perdidos han quedado muy atrás, al mismo tiempo que una ciudad imponente se ha levantado donde antes la tierra era fértil, amplia, y pura –Ryo echó otro corto vistazo a la tienda poniendo especial atención esta vez a los muros de cantera labrada.

-Este establecimiento… -dijo Ryo percatándose de las cosas. Wizardmon asintió.

-Antes de que la ciudad fuera construida esta tienda ya existía. Yo no fui su dueño original, pero la he cuidado desde hace más de cincuenta años.

-Increíble –dijo el chico realmente sorprendido e interesado-, entonces usted ha presenciado toda la historia de Norman City –dijo más para sí que para el digimon-, ¿Por qué dijo eso de que la celebración era fantástica? –dijo remarcando la palabra "era". Wizardmon respiró hondamente.

-¿Viste las antorchas? –preguntó. Ryo asintió sin decir palabra-. Al terminar la guerra de humanos y digimons todos queríamos paz, que aquellos días no volvieran jamás, y para ello teníamos pensado poner todo de nuestra parte. Cuando los humanos llegaron con planes de construir una fábrica los pobladores se los permitieron, cuando comenzaron a construir viviendas para sus trabajadores los digimons ayudaron. En el primer año, cuando construyeron la vieja planta eléctrica la energía no funcionaba muy bien y continuamente había apagones, y en las noches los digimons encendíamos antorchas para iluminar las pequeñas pero crecientes comunidades humanas, parecía que todo iba bien. La ciudad siguió creciendo, los digimons comenzaron a trabajar con los humanos, ya no se trataba solo de fábricas y algunas viviendas, otro tipo de negocios, de comercio y de actividades comenzaron a abrirse paso. Los aires cambiaron, el tiempo hizo que aquel paisaje despejado y libre pareciera una mera ilusión, pero aunque no me gustaba mucho el cambio, miraba con optimismo hacia el futuro. Fue entonces, cuando la ciudad estaba más establecida que los humanos se acercaron a los digimons ofreciendo una celebración en agradecimiento a su ayuda, en la cual se encendieron varias antorchas, como símbolo de la amistad y la alianza, al menos eso dijeron –Wizardmon resopló con desgano mientras buscaba en el estante y sacó de él un viejo libro de tapas forradas en cuero. Lo empujó hacia Ryo quien lo abrió viendo algunas fotografías de lo que debía ser la ciudad en sus inicios, unas cuantas fábricas y algunos grupos de casas, varias construcciones salpicadas en la basta y extensa área en su estado natural. De aquello ya no quedaba mucho.

-¿Y luego que…? –preguntó Ryo levantando la mirada de las fotografías de gente sonriente, digimons y humanos.

-La ciudad siguió creciendo, igual las industrias, talleres y fábricas, y cada vez más la civilización humana crecía invadiendo los valles, bosques y colinas, no solo eso. También el pensamiento humano comenzaba a invadir a nuestra gente. Los digimons eran contratados para llevar a cabo tareas simples a cambio de recibir un pago con el que podían obtener lujos humanos. Los digimons empezaron a adoptar sus costumbres y a dejar de lado nuestra forma de vida, más simple y honesta. Cuando me di cuenta mi tienda ya pertenecía a la ciudad, y los digimons también. Las clases sociales se formaron, separando a la alta elite y a los simples proletarios, ¿adivinas quién es quién? –Ryo tragó saliva nervioso.

-¿Humanos arriba? –preguntó con voz débil. Wizardmon asintió.

-Los humanos son dueños de la ciudad, los digimons sus trabajadores, y aunque hay hombres honestos y agradables, muchos otros son déspotas que se sienten con el derecho de utilizarnos como si fuéramos una mercancía más. Después de todo, su mundo fue el que creo el nuestro, es lo que dicen –Ryo seguía mirando las fotografías, hasta que se topó con una en particular, que parecía haber sido tomada en la entrada de aquella tienda, y en la que aparecían un hombre de avanzada edad, vestido con un saco militar con varias insignias y a su lado un hombre joven, de poco más de treinta años, el cual tenía un gran parecido con el anciano.

-¿Quiénes son? –preguntó Ryo con curiosidad. Wizardmon miró la foto.

-El general Takeshi Yokoshima, él fue quien trajo la fábrica que empezó con todo esto, y su hijo, Akira Yokoshima, de ochenta y cinco años de edad, actual director de industrias Ipkiss y por lo tanto actual líder de la ciudad, además de miembro del alto consejo de HEDM.

Ryo miraba con atención los ojos fríos del general y la expresión menos severa y más alegre de su hijo, justo en el momento en que el sonido de una mano golpeando el cristal de la puerta llamó su atención. El chico se volteó para ver a Yolei haciéndole señas.

-Ah, mierda, olvide que teníamos prisa –dijo el muchacho volviendo a la realidad-, disfrute la charla, guarde el cambio, gracias –dijo mientras tomaba las latas de soda y dejaba los billetes en el mostrador.

-Sea lo que sea que vayan a hacer espero que ocho Tamers sean suficiente –Ryo se congeló al escuchar al digimon, para luego girarse lentamente hacia él.

-Ah… no sé de qué… -Wizardmon sonrió de forma burlona.

-Ha una base militar de HEDM dentro de la ciudad, y sus miembros se encargan de la seguridad de la misma, además de otros cuerpos de seguridad constituidos por humanos muy bien armados, con todo eso, ¿Qué estarían haciendo aquí un grupo de Tamers no pertenecientes a la ciudad si no infiltrándose? Y si ese es su objetivo, ¿Qué esperan obtener? –Ryo hacia esfuerzos por no mostrar su nerviosismo-, como sea, es una pena que la iluminación en esta área de la ciudad sea tan mala y por ello no haya podido ver absolutamente nada sospechoso –agrego guiñando un ojo. Ryo no estaba seguro de si sonreír en ese momento.

-¿Por qué nos ayudarías? –preguntó Ryo con recelo.

-¿Y por qué los entregaría? –Le preguntó Wizardmon-, como ya te dije mi verdadera vocación es ayudar a los aventureros, y presiento que dejarlos hacer lo que tengan pensado hacer en vez de detenerlos será más divertido. Solo no hagan muchos destrozos… no al menos en los distritos C, en ellos solo viven digimons, y en el B, ahí viven algunos humanos, pero la mayoría son decentes. En cambio, siempre y cuando tengan cuidado de no dejar heridos, el distrito A solo es ocupado por ricachones y prepotentes, no estaría de más darles una pequeña lección sobre humildad –Ryo se relajó un poco tras escuchar las palabras del digimon, mientras que este volvía a buscar algo en el estante, del cual sacó un folleto el cual arrojó al chico quien lo atrapó sin dificultad-, una guía de las rutas de desplazamiento de los tranvías, puede que les sirva de algo.

-Gracias –dijo el chico volviendo a girarse hacia la puerta.

-Y mejor que no vean a ningún humano, o Tamer como se denominan, o llamaran demasiado la atención –le advirtió antes de que saliera de la tienda.

-Mierda… no pensamos en eso –dijo el chico castaño con preocupación, mientras que Wizardmon cruzó los brazos con una expresión aparentemente satisfecha.


Kotemon caminaba deprisa encabezando al grupo de digimons que caminaban en medio de la calle rumbo a la estación del tranvía. Las calles seguían viéndose peculiarmente vacías, aunque entre más se acercaban a la estación más lograban encontrarse con digimons de diversos tipos. Vegiemons, Nanimons, Kokatorimons, Numemons, Gotsumons e incluso un grupo bastante grande constituido enteramente por Gatomons, cosa que no pasó desapercibida para Ryo y por un segundo lo hizo perder la concentración.

Los chicos por su parte caminaban algo apartados de los digimons y entre sí, envueltos en grandes capuchas que habían conseguido de Wizardmon, así como algunos sombreros. Poco les faltaba para llegar hasta la estación, lo cual en ese momento era tanto su mayor objetivo como su mayor reto.

El grupo de digimons ingreso sin problemas por la puerta principal del edificio y comenzaron a subir las escaleras, todos excepto por Terriermon quien fingía estar entretenido mirando un letrero con los horarios de los tranvías en lo que el resto de sus compañeros llegaban.

Yolei fue la primera en ingresar al edificio, apretando contra su cuerpo la manta que la envolvía de tal forma que parecían estar envuelta en una especie de apretado capullo. La chica camino con pasos cortos y apresurados evitando hacer hasta el mínimo contacto con los varios digimons presentes en el vestíbulo, y debido a aquel minucioso desplazamiento la chica choco con una maceta casi derribándola, de no ser por Terriermon quien reaccionó atrapando la maceta mientras la chica subía por las escaleras.

Kouta miró aquella escena desde el umbral de la puerta, llevándose una mano a la frente al ver la penosa conclusión, para después comenzar a avanzar él. El muchacho se movía de forma tranquila, lenta y casi insonora. Parecía una sombra escurriéndose entre los presentes, los cuales difícilmente podría concluirse si habían visto al chico pasar o ni siquiera lo habían notado. El joven llego sin más complicaciones hasta la escalera y comenzó a subir. De forma similar hizo su movimiento Ryo, después Eva y luego Cody, detrás del cual Ken se desplazó para cuidarlo si llegaba a ser necesario.

El turno de Suzie llegó y aunque la niña estaba nerviosa también se sentía ansiosa por realizar aquella tarea. Tras calmar su respiración avanzó haciendo una mezcla de los movimientos rápidos de Yolei y los ligeros y medidos de Kouta. Henri avanzo dejando unos cuantos metros de distancia entre ella y él. Suzie estaba cerca de las escaleras, cuando un digimon de gran tamaño se interpuso y debido a la velocidad de la chica, esta no logro detenerse y se estrelló contra el digimon cayendo al suelo.

-Mierda -dijo en voz baja Kouta al escuchar la caída de Suzie y voltear para verla en el suelo.

La niña se quejó por la caída para luego comenzar a incorporarse mientras levantaba la mirada y veía frente a ella al digimon. Se trataba de un Ogremon, el cual tenía una expresión malhumorada en el rostro. Suzie palideció al ver a aquel digimon tan cerca, y sintió aún más temor al llevarse la mano a la cabeza y notar que su sombrero se le había caído, dejándola completamente expuesta.

-Mierda la descubrieron –dijo Yolei viendo desde arriba la escena.

-Supongo que tendremos que pelear, al menos hasta completar nuestra parte –dijo Kouta rebuscando debajo de la capa que lo envolvía su digivice.

-Espera –le pidió Cody.

Suzie temblaba ligeramente mientras el digimon la observaba sin pestañear, hasta que finalmente extendió su enorme mano hacia ella ofreciéndosela para ayudarla a levantarse. Suzie se sorprendió por el gesto y tomó la mano algo indecisa, recibiendo la ayuda del digimon, que al levantarla del suelo se arrodilló junto a ella.

-¿Estas bien nenita? –preguntó el digimon con tono amigable.

-Ah… si… -dijo la niña desconcertada.

-Debes tener más cuidado cuando camines –hasta ese momento Suzie notó que aquel digimon distaba mucho de lo que normalmente se veía. El digimon vestía una especie de uniforme de color azul y sobre la cabeza llevaba una gorra de la cual sobresalía su largo cabello blanco.

-S… si señor… lo tendré –dijo la niña algo nerviosa. El digimon la miró fijamente, como estudiándola.

-¿Estas bien pequeña? ¿Estas perdida? –Suzie titubeó sin poder emitir una palabra- ¿Dónde están tus padres? –le preguntó.

-Yo…

-¡Suzie! –Escuchó que la llamaba su hermano y se giró para ver a Henri corriendo hacia ella-, te he dicho que no te apartes –la regañó el chico.

-¿Conoce a esta niña jovencito? –preguntó el digimon poniéndose de pie.

-Sí, es mi hermanita –contestó Henri con tranquilidad.

-Entiendo –dijo el digimon-, tengan más cuidado, estos días y a esta hora los tranvía son un caos –le informó el digimon mientras se comenzaba a alejar-, ¡que tengan una bonita noche y feliz inicio del aniversario! –exclamó cuando ya estaba algo apartado.

-¿Qué pasó? –preguntó Suzie desconcertada. Henri miraba al digimon algo intrigado.

-Aún hay personas buenas, eso pasó –dijo Henri mirando al digimon con vestimenta de oficial perderse entre la multitud.


Llegar hasta el vagón no había sido tan complicado después del encuentro con el Ogremon, aunque por precaución Suzie y Henri habían vuelto a adoptar el disfraz tomando asiento algo separado del resto de sus compañeros, aunque el muchacho de pelo azabache estaba aún más renuente a separarse de su hermana.

El vagón estaba casi vacío, lo que los hizo sentir más tranquilos, y poco a poco comenzaron a reunirse en las últimas filas de asientos dobles.

-Muy sencillo, ¿No creen? -dijo Eva en voz baja descubriendo su rostro de la bufanda que ocultaba la mitad de su cara-. Creí que pasar los filtros de seguridad sería más difícil, además no me parece normal que no sospechen de un grupo tan grande dirigiéndose al centro de la ciudad a esta hora.

-Quizá no si fuera cualquier otro día -intervino Ryo-, recuerden que hoy es el aniversario de la ciudad, deben estar llevándose a cabo varias celebraciones, no solo la de industrias Ipkiss.

-¡Claro! -dijo Wormon como percatándose de algo-, por eso las calles estaban tan desiertas, ¿Recuerdan?

-Eso lo explica sin duda -Afirmo Kotemon-, también explicaría por qué nuestro grupo no llamaba particularmente la atención, deben creer que somos habitantes de la ciudad desplazándose a una fiesta o algo.

-Bien, que lo sigan creyendo, nos conviene -dijo Yolei mientras vigilaba a los otros pasajeros del vagón.

-¿Cuánto falta para llegar? -preguntó Terriermon trepando al hombro de Henri, cosa que parecía poner algo nervioso al chico temeroso de que fueran a ase descubiertos.

-Primero que nada, ¿Exactamente a dónde vamos? -preguntó Lopmon, a quien Suzie abrazaba como de costumbre (y cosa que también ponía nervioso a Henri).

-Esta ruta llega hasta el distrito B2, a una zona comercial cercana al distrito A. Cuando lleguemos ahí Takato nos dará indicaciones de como pasar por los filtros de seguridad de la ciudad -aclaró Ryo revisando el folleto que Wizardmon le había dado, el cual era un mapa de la ciudad detallando las rutas de los tranvías.

-¿Porque hasta ese punto? -preguntó Yolei mirando desde su asiento hacia el frente del rápido vagón.

-Bueno supongo que será mejor estar lo más cerca posible, así le costara menos darnos un plan de acción.

-¿Y quién dice que no pueda llevarnos desde aquí hasta allá? -preguntó la chica sin dejar de mirar hacia el frente.

-¿De qué hablas? -la cuestionó Ryo apartando la vista del mapa. Yolei se volteó hacia sus compañeros acomodándose la capucha para que solo un tenue resplandor producido por loa cristales de sus lentes fuera visible.

-Debemos conectar el aparato que Takato nos dio para que puedan comunicarse con Mimi y los demás en la fiesta, además de entrar al sistema de seguridad de la ciudad y entrar a los hangares subterráneos, y una vez que ellos puedan hacer eso es probable que nosotros también podamos entrar sin necesidad de llegar hasta el centro de la ciudad.

-De todos modos Ryo y yo debemos llegar hasta ahí, hay algo que debemos obtener -aclaró Kouta.

-Sí, pero el resto de nosotros solo será un estorbo -agregó Yolei-, tal vez convendría más que dejen de cargar con nosotros cuanto antes.

Un silencio se formó tras las palabras de la chica de lentes, misma en la que loa presentes meditaban las cosas.

-Puede que tengas razón -admitió Henri-, ¿Que tienes pensado? -la cuestionó. Yolei se giró un poco en su asiento y señalo con discreción al frente del vagón, donde había pegado a una pared lo que parecía ser un teléfono público.

-Takato dijo que solo es necesario conectar el dispositivo a cualquier aparato que esté conectado al sistema de la ciudad.

Los chicos se miraron unos a otros pensando en aquella posibilidad que Yolei acababa de plantear.

Sede principal de industrias Ipkiss en Norman city, en Sarvar, en el Digimundo

Julio 6 de 2085

Rika y Aizen continuaban separados del resto. Sora los podía ver perfectamente en un extremo del lugar, sentados en una mesa junto al padre de Aizen, quien hablaba continuamente con su hijo, el cual mantenía bien sujeta la mano de Rika, como impidiéndole marcharse. T.K. y Ángela bailaban al ritmo de la música que la pequeña orquesta tocaba desde finalizado el discurso, aparentemente alegres y complacidos con el momento que compartían. Matt y Sora habían tomado asiento en una mesa desde la cual vigilaban a Rika y también se divertían viendo el baile de Ángela y T.K., quien cada vez parecía menos alegre por el tiempo que pasaba con su novia, cosa que Sora y Matt comentaban cada tanto, seguido por algún chiste simple, relajándose así de toda la tensión que debían cargar en ese momento.

Taichi en cambio pronto había preferido alejarse del grupo desplazándose hasta una barra al fondo del amplio vestíbulo, cerca de un pasillo donde un guardia procuraba que nadie pasara. El castaño había tomado asiento en uno de los bancos y había pedido una cerveza la cual bebía con lentitud, ajeno a las risas y el ruido de las conversaciones de los asistentes a la fiesta, e incluso ajeno a los comentarios picaros de algunas chicas que se acercaban a él tratando de hacer conversación y recibiendo solo la total indiferencia del muchacho que contemplaba la cerveza frente a él como si las gotas de condensación sobre el vidrio resbalando hacia la madera de la barra fueran lo más interesante del mundo.

-¿De verdad planeas pasar aquí toda la noche? –le preguntó una voz femenina que contrario a todas sus predecesoras, logró hacerlo desviar la mirada de la botella ambarina. Mimi había tomado asiento junto al chico y le sonreía con cariño. El castaño medio sonrió volviendo a mirar a la botella.

-Estas preciosa esta noche, no creo que debas desperdiciar tu tiempo con un tipo como yo –le dijo con tono triste.

-Qué curioso, no siento que desperdicie mi tiempo estando contigo, al contrario de eso me siento bien al lado tuyo –le dijo agregando otra sonrisa cálida. Tai la volteó ver, y notó que en el otro extremo de la barra un sujeto bastante apuesto y bien arreglado de unos veintisiete años de edad miraba a la chica de pies a cabeza con una mirada lasciva en el rostro.

-De cualquier modo, creo que tienes a más de un posible compañero para esta noche –le dijo volviendo a desviar la mirada. Mimi volteó para encontrarse con el sujeto que la veía, quien le sonrió de forma galante, pero la chica se volvió hacia Tai sin darle importancia al hombre.

-Yo decido con quien quiero compartir esta noche, y quiero hacerlo contigo, ven –le pidió tomándolo de la muñeca. Tai trató de resistirse pero finalmente la chica lo hizo levantarse y avanzar junto a ella hacia la pista de baile.

-Mimi, espera –pidió el muchacho sin ser escuchado.

-Baila conmigo –le pidió poniendo una mano sobre el hombro del chico, y tomando su otra mano, para que el castaño pusiera su mano libre sobre la cadera de la ojimiel.

-Mimi, por favor.

-Por favor tú, baila conmigo, ¿Qué te cuesta? –insistió la chica con tono de súplica.

-Es que yo no… no… -trataba de decir el chico.

-¿Qué? –preguntó la joven sin entender nada.

-No bailo, yo… no bailo, nunca bailo –declaró el castaño. Mimi sonrió conmovida con la timidez del chico quien había comenzado a apartar su mano de la cintura de ella, quien lo tomó con fuerza y regresó la mano que el chico acababa de apartar a su lugar.

-Yo te enseño –le dijo con seguridad. Tai titubeo pero pronto se mostró dócil, al tiempo que Mimi comenzaba a hacer ligeros movimientos guiando al chico que sentía que sus pies se movían con torpeza tratando de no desentonar mucho con el ritmo calmado y sentimental de Wonderfull tonigth.

Mimi sonreía con dulzura mientras que el chico se sonrojaba sin estar seguro de que hacía las cosas bien, aunque al menos por ese instante sus miedos y preocupaciones se habían desvanecido.

Sora pronto notó a la pareja que recién había llegado a la pista de baile, y conmovida por la escena llamó la atención de Matt jalando el brazo de este, quien por poco derrama el vino de su copa sobre su traje.

-Míralos –pidió la pelirroja. Matt obedeció y se encontró con el chico atrabancado y guerrero bailando una pieza dulce con una hermosa mujer que bien podía pasar por una princesa.

El rubio sonrió encontrando aquello curioso, al tiempo que otro pensamiento atravesaba por su cabeza y revisó en ese instante su reloj.

-Espero que disfruten el momento, porque está a punto de terminar.

Distrito C1 de Norman City, en Sarvar, en el digimundo

Julio 6 del 2085

Un grupo más de pasajeros bajaron del vagón, y solo un nuevo usuario subió, un Apemon que curiosamente llevaba puesto un mandil como de comerciante y cargaba una mochila al hombro. El digimon caminó hasta el fondo del vagón y tomo asiento exhalando sonoramente después de un día agitado.

-¿Día difícil? –escuchó que le preguntó otro ser, y volteó para ver en la fila de asientos de al lado a un Hawkmon acompañado por un Monodramon.

-No tienes idea –respondió el digimon bostezando con cansancio.

-Me imagino, estos días son ajetreados.

-¡Oh sí! Y es apenas el primero –coincidió el digimon.

-¿Y dónde trabajas? –inquirió Monodramon entablando una plática con el digimon, mientras que al frente del vagón Yolei, oculta bajo su capucha le mando una mirada discreta a Ryo, quien sin levantarse de su asiento vigilaba la conversación que los digimons mantenían en los asientos del fondo ayudándose de un espejo.

El muchacho castaño miró a Yolei y asintió, ante lo cual la chica se levantó de su asiento sin llamar la atención de nadie y camino al frente del vagón sujetándose de la barra de apoyo en la parte superior. Descolgó el teléfono posicionándolo entre su oído y su hombro sin descubrirse el rostro mientras comenzaba a manipular el mecanismo. Dio un rápido vistazo hacia atrás y notó que nadie volteaba hacia ella, y en ese momento de entre la capa que la cubría extrajo un cuchillo, para utilizar la afilada hoja del mismo para desprender la cubierta del aparato. Guardó la afilada arma en su cintura y sin dejar de mostrar la espalda hacia el resto de pasajeros y sosteniendo el teléfono entre su hombro y su rostro sacó el enlace de uno de sus bolsillos y comenzó a buscar la forma de conectarlo.

Henri y Suzie ocupaban una par de asientos cercanos, y el muchacho observaba los movimientos disimulados de Yolei fijamente, esperando a que la chica volviera a su asiento lo antes posible, cosa que no sucedía. A pesar de que era poco el tiempo que llevaba en su tarea y de que nadie más parecía haberse percatado de que la chica continuaba sosteniendo el auricular pero sin decir ni una palabra los nervios de él (y no solo de él) iban en aumento.

Wormon y Kotemon, que se encontraban en los asientos que seguían del que había ocupado el Apemon se habían unido a la plática, manteniendo la atención del digimon completamente ocupada.

Ken también observaba a la chica hasta que notó que pronto el vagón llegaría hasta otra estación donde haría una parada mientras que la chica seguía sin terminar su labor.

-Maldición –susurró el muchacho antes de levantarse y dirigirse hacia la chica.

Kouta miraba intermitentemente desde su asiento pegado al pasillo del vagón a los digimons enfrascados en su plática a la que se habían unido otros cuantos de los pasajeros que ocupaban los asientos del fondo y a la chica con la cual se acababa de reunir el muchacho peli azul.

-Carajo –dijo en voz baja Yolei mientras cortaba un cable sin estar segura de que estuviera haciendo las cosas bien.

-¿Cómo vas? –escuchó que le dijo Ken haciéndola sobresaltarse un poco.

-Maldición Ken –le reclamó la joven-, me asustaste, no me vuelvas a hablar así tan de repente.

-Perdona, es que ya tardaste mucho –le dijo el chico acomodándose junto a ella para ver lo que hacía.

-El cableado es complicado, no sé si estoy conectando esto bien –se justificó ella.

-Tranquila, déjame ver –pidió el chico tomando los cables cortados que la chica sostenía mientras que ella mantenía en la mano solo el dispositivo de enlace. El joven observó un par de segundos el cableado dejando de lado uno de los cables-. Vuelve a conectar ese, y dame el enlace –pidió el chico y la joven accedió de inmediato.

Lopmon y Terriermon veían nerviosos a los dos chicos al frente del vagón mientras notaban como poco a poco la velocidad del mismo comenzaba a descender. El digimon café miró a su Tamer y esta asintió de inmediato, viéndolo saltar de su asiento y avanzar hacia los chicos.

-¿Qué hace? –le preguntó Henri a su hermana.

-Déjalo, nos ayudará, créeme –aseguró la chica.

Lopmon llegó hasta los chicos en el momento en que finalmente terminaron de conectar el enlace en el aparato y los cables que erróneamente Yolei había cortado.

-Debería funcionar de este modo –dijo Ken no muy seguro.

-¿Y si no? –pregunto Yolei preocupada.

-En el peor de los casos nos descubrirán –dijo el chico aumentando el nerviosismo de Yolei-, así que esperemos que todo esté bien –dijo para después encender el dispositivo presionando un pequeño botón del mismo.

El vagón se detuvo por completo al tiempo que Yolei se esforzaba por contener un gritito de sorpresa en los eternos segundos que tardó el dispositivo en mostrar la pantalla de cargando. La joven exhaló relajada al ver eso y le sonrió a Ken quien le devolvió la sonrisa.

-Funcionó –declaró la chica con alegría, mientras las puertas del vagón se abrían.

A través de las puertas del vagón, y antes de que cualquier pasajero entrara o bajara del mismo, dos hombres vestidos de traje se adentraron mirando de reojo a todos los pasajeros, varios de los cuales se percataron de esto y les devolvieron la mirada con algo de intriga.

Uno de los hombres, el más alto, de más de cuarenta años de edad y de expresión seria carraspeó para llamar la atención de los presentes.

-Buenas noches señores pasajeros, lamentamos la interrupción pero por motivos de seguridad debemos llevar a cabo una pequeña inspección, por favor, sean tan amables de permanecer en sus asientos mientras terminamos con nuestro trabajo. Agradecemos su comprensión y colaboración -explico el hombre antes de adentrarse hasta el fondo del vagón mientras su compañero se quedaba plantado en la entrada del vehículo.

Ryo se asomó con discreción hacia el exterior del vagón y vio en la estación del tranvía a un par de digimons manteniendo a raya a la multitud que comenzaba a reunirse con la intención de abordar el tranvía. El chico castaño vio a un digimon alto de largo hocico y cola, cuyo cuerpo estaba recubierto por una armadura metálica que lo hacía ver como un ciborg (Sealsdramon). El otro era un gran digimon dorado con aspecto de un león de gran cabeza y expresión agresiva (Seasarmon).

Ken y Yolei mantenían la calma luego de volver a tomar asiento tratando de no pensar en lo que pasaría si a aquel hombre se le ocurría revisar el teléfono público donde el enlace seguía cargando.

-¿Cómo cuánto le falta? -preguntó Ken en voz baja.

-Al menos cinco minutos -respondió Yolei con algo de pesar.

El hombre de traje miraba de reojo los asientos y a sus pasajeros. Wormon sonrió con discreción al hombre que le devolvió un gesto amable mientras se apartaba. El más cercano de los chicos era Kouta, quien se aseguró de cubrirse bien el rostro entre la capa, simulando que intentaba abrigarse del frío de la noche. El oficial paso junto a él apenas mirándolo, como si no encontrara nada interesante en él y por un instante parecía que estaba a salvo, sin embargo en el último momento la mirada del hombre alcanzó a distinguir una porción de piel del brazo del chico, cosa que lo intrigó e hizo que se detuviera un instante dándole la espalda al chico. El hombre se giró para ver de frente a Kouta quien le devolvió la mirada conteniendo su nerviosismo.

-Señor, ¿Sería tan amable de descubrirse el rostro por favor? -pidió el hombre. Su compañero dio un paso al frente y Ryo vio como comenzaba a introducir una mano debajo de su saco en un movimiento discreto.

-¿Perdón? -dijo Kouta simulando no entender.

-Por favor señor, necesito que descubra su rostro -insistió el hombre manteniendo la calma. Kouta suspiró mientras se quitaba la capucha mostrando su larga cabellera negra y luego el resto de su rostro enseñando la cicatriz que le atravesaba casi todo este.

El hombre lo miró por un instante detenidamente como intentando reconocerlo.

-¿Te he visto antes? -preguntó el hombre.

-Es probable, vivo aquí desde hace años -dijo con tranquilidad Kouta.

-¿A si? Muéstrame tu identificación -pidió el hombre y el muchacho permaneció en silencio.

-¿Mi qué? -preguntó tratando de permanecer en calma.

-¿Eres mayor de edad no? Todos los ciudadanos de Norman City al cumplir 18 años se les expiden un carnet de identificación, que por ley deben portar en todo momento.

-¿Y si... por casualidad no tengo conmigo ese carnet? -preguntó el chico.

-Pues tendré que corroborar tu información en la base de datos y si resulta que mientes tendrás que acompañarnos bajo arresto, explicar el motivo se tu visita y por qué pretendías hacerte pasar por un miembro de la ciudad y hasta que no quede esclarecido que no eres una amenaza podrás irte.

El chico al igual que sus compañeros se puso nervioso al escuchar la explicación del hombre.

-Ah...bueno entonces es una suerte que lo haya vuelto a tramitar la semana pasada cuando se me perdió...me...me robaron la billetera, ¿Sabe? Hay algunos problemas de seguridad en el distrito B3.

-Lo tomare en cuenta, por favor muestre su carnet -insistió el hombre.

Ryo volteó a ver a Ken y Yolei que parecían igualmente nerviosos, mientras que el muchacho de largo pelo negro rebuscaba entre su ropa tratando de encontrar la identificación que el hombre le pedía.

Kotemon parecía listo para saltar al combate si su compañero se veía bajo amenaza, cosa que Terriermon y Hawkmon notaron e intentaron calmar al digimon.

-¿Qué hacemos? -escucho Ryo decir a Eva luego sé que la paciencia del hombre pareciera a punto de terminarse. Ryo miro hacia Ken y Yolei y luego miró a Eva por el espacio entre los asientos tratando de determinar la forma de proceder.

Kouta parecía cada vez más nervioso y las opciones que Ryo tenía para actuar eran muy limitadas, por lo que terminó por exhalar mientras extraía del bolsillo de su chaqueta un objeto metálico, casi del tamaño de su puño y circular.

-Sabía que debía traer más de una -susurro el chico mientras presionaba un botón de la esfera y la echaba a rodar por el pasillo.

-Esto es extraño, ¿No sé dónde la pude haber dejado? -se lamentó el chico.

-Ya es suficiente, olvídate de corroborar tu información, acompáñanos a la... -el hombre calló al sentir algo golpear su pie, y al bajar la mirada notó un pequeño objeto con una luz parpadeante-, carajo, ¡Una bomba! ¡Todos al suelo! -exclamó el hombre saltando hacia los asientos traseros y desatando el pánico entre los pasajeros.

Kouta miró la pequeña esfera unos segundos hasta que esta estalló liberando un gas blanco inodoro que llenó por completo el vagón. El chico no podía ver nada a su alrededor pero pronto sintió que su brazo era sujetado con fuerza por alguien que lo comenzó a jalar con fuerza sacándolo de su asiento y después del vagón en que se desplazaban.

La nube de humo llegó hasta el exterior del vagón alcanzando a loa dos digimons que hacían guardia en la plataforma al lado del vagón. Sealsdramon trataba de distinguir algo en medio de aquella cortina blanca, pero el humo y además los gritos de los pasajeros y los presentes en la estación lo desorientaban, hasta que distinguió a un grupo grande corriendo hacia la salida de la estación y hacia ellos lanzo uno de sus cuchillos.

El arma metálica silbó en el viento mientras se dirigía directamente a la pierna de Henri, hasta que fue frenado por un disparo Rápido de Terriermon quien saltó para disparar y aterrizó sobre el hombro de su Tamer.

-Gracias compañero-dijo Henri sin detenerse ni un instante.


El hombre en el vagón se levantó con dificultad tratante de mirar a su alrededor y agitando fuerte la mano para disipar el humo que le impedía ver.

-Todos guarden la calma, una falsa alarma solamente, algún bromista sin vergüenza –dijo tratando de controlar la situación.

-¿Qué pasó? –preguntó el compañero del hombre mientras ambos abrían las ventanillas del vagón para disipar el humo y la gente comenzaba a salir.

-No estoy seguro –dijo el hombre alto al tiempo que retrocedía y sentía debajo de su pie algo que casi lo hace trastabillar. El hombre se agachó y tomo del suelo la esfera que Ryo había rodado hasta él. La inspeccionó un poco hasta que encontró un número de serie-. Esto es de la división militar –susurró-. Encuentra a los fugitivos, alerta a las unidades cercanas, y contacta al general Hyuga, rápido.

-Si señor –dijo el acompañante del hombre mientras ambos salían del vagón en medio de la incertidumbre y el pánico de los presentes.

-Sealsdramon –llamó el hombre al digimon ciborg-, encuéntralos –ordenó y el ser asintió para luego salir deprisa del lugar-, registren todo el vagón, cada rincón, cada asiento, todo, quiero saber que estaban haciendo esos Tamers aquí –dijo con voz autoritaria el hombre.


Kotemon pateó una puerta que daba a un callejón detrás de la estación de la cual habían salido apresuradamente. En lugar de dirigirse a la entrada principal descendieron hasta la planta baja y desde ahí encontraron esa salida, luego de haber pateado otras tantas puertas.

El grupo entero caminaba en el solitario callejón al cual llegaban ruidos de diferentes lugares. Música, gritos y algunas explosiones de fuegos artificiales, seguramente por la celebración del aniversario de la ciudad.

-Suzie no te alejes –pidió Henri mientras caminaba con Terriermon en su hombro.

-No soy una niña pequeña –se quejó la joven que cargaba a su compañero, Lopmon, como si fuera un peluche.

-Tampoco una adulta, hazme caso –la reprendió el mayor.

-¡Ay! ¡Henri eres…!

-Ya los dos por favor –detuvo la discusión Yolei harta de escuchar a ambos-, tenemos problemas más graves ahora –dijo mientras seguían avanzando hacia el final del callejón el cual lucia particularmente iluminado- debemos suponer que el oficial que casi arresta a Kouta encontrará el enlace que pusimos en el teléfono público del vagón.

-Lo dices como si fuera mi culpa –se quejó Kouta mientras se deshacía de la estorbosa capa-, pero si mal no recuerdo era tu trabajo poner el enlace, si no hubieras tardado tanto abríamos bajado antes.

-Debía hacerlo con discreción tarado, ¿Qué no entiendes?

-Cálmense ustedes dos –los detuvo ahora Ryo-, si no tenemos comunicación entonces tendremos que llegar hasta la sede de industrias Ipkiss, alertar a los demás y encontrar la forma de resolver todo este asunto –concluyó el castaño mientras salían del callejón encontrándose en una amplia y bien iluminada calle repleta de pequeñas carpas frente a cada una de las cuales había una antorcha encendida, y así por todo lo largo que los chicos lograban distinguir de aquella vía.

-No se preocupen por eso, solo debemos… -estaba por decir Suzie cuando un fuerte estallido la interrumpió y de las carpas comenzaron a salir múltiples personajes. Una rara música estridente de tambores y trompetas comenzó a sonar y algunos reflectores en los techos de los edificios más altos se encendieron iluminando aún más la calle.

-¿Qué es todo esto? –preguntó Henri desorientado viendo como la multitud que acababa de aparecer, vestidos todos con extrañas túnicas multicolores que hacían algo difícil identificar si se trataba de un digimon o un humano comenzaban a danzar en círculos y proferían gritos de guerra agitando los brazos.

Uno de aquellos personajes lo sujeto por los hombros haciéndolo girar para luego levantarse la máscara revelando un bello rostro femenino con una gran sonrisa.

-Es la danza por la celebración del aniversario de Norman city tonto –le aclaró para luego plantarle un beso en los labios y volver a los frenéticos movimientos que todos realizaban.

Henri sintió que nuevamente lo jalaban y al voltear vio a Yolei quien lo guio hasta la acera de la calle donde el resto de sus compañeros, junto con una multitud de la que no se había percatado antes y que presenciaban la extraña danza, permanecían quietos.

-¿Siempre tienes suerte con las desconocidas Henri? –preguntó Terriermon que estaba sobre el hombro de Eva.

-¿Cómo? –preguntó desconcertado el muchacho.

-La chica –dijo Kouta sonriendo y levantando su pulgar con camaradería. Henri se sonrojó.

-¿Lo viste? –preguntó con timidez.

-Todos lo vimos galán –le contesto Ryo. Henri sonrió algo avergonzado hasta que se percató de que faltaba alguien.

-Momento, ¿Dónde está Suzie? –preguntó alterado. Los demás comenzaron a mirar a su alrededor apenas conscientes de que la niña no estaba.

-Estaba aquí hace apenas un segundo –dijo Cody desconcertado.

-¿Cómo pudieron perderla? –se quejó el chico para luego enmudecer al ver un afilado cuchillo clavándose en el concreto a apenas unos centímetros de él.

El grupo entero volteó en dirección de la trayectoria del cuchillo y notaron sobre un puente peatonal que atravesaba por arriba la amplia avenida al Sealsdramon vigilándolos.

-Debemos irnos –dijo Yolei y el resto de los presentes la siguieron.

-¿Pero y Suzie? –se quejó Henri justo antes de que Eva lo sujetara de la muñeca y lo jalara con fuerza.

-Ella estará bien, al menos estará mejor que nosotros si nos atrapan –le explicó mientras se abrían paso con dificultad entre la gente.

-¡Pero…! –trató de repelar el chico pero la joven se detuvo en seco y lo encaró.

-¡Si te arrestan en nada podrás ayudarla! –le espetó para luego continuar con su marcha.

Henri guardo silencio dejándose guiar por la mujer que seguía empujando con ligereza a la gente a su alrededor para poder pasar entre ellos. Henri dejó de ver al resto de sus compañeros, ye n ese momento más fuerte se aferró a la mano de la chica para evitar perderla a ella también. Eva era consciente de que ninguno de sus compañeros estaba cerca, y de que quizá estaban tomando una dirección totalmente contraria a la de ellos, lo que resultaría contraproducente para su misión. Pero no podía detenerse en ese momento con la amenaza inminente de que el Sealsdramon o algún otro digimon al servicio de la ciudad los encontraran y pusiera bajo custodia. Lo único a su favor era la gran cantidad de personas que transitaban en ese momento, y gracias a las cuales les era posible confundirse y perderse de vista, aunque eran la misma razón por la que ahora estaban separados del resto de su equipo.

-Eva –escuchó la joven al Terriermon que seguía sobre su hombro y la chica levantó la mirada encontrando en el aire al compañero de Yolei, que parecía estarlos buscando. El digimon se percató de la presencia de Terriermon quien dio un salto y aterrizó de nuevo sobre el hombro de la chica, siendo visto por el digimon volador que comenzó a señalar un sitio alejado del bullicio.

-Deprisa –dijo la joven para que continuaran con su marcha.

Ambos chicos llegaron hasta un punto donde la congregación de personas era menor y podían caminar con más libertad en una calle donde además de unos cuantos grupos de digimons y humanos enfrascados en conversaciones varias y un par de antorchas como las que habían visto antes no había nada más. La chica trepó en un banco desocupado a mitad de la calle inspeccionando los alrededores.

-Por allá –señaló a la distancia y volvió a tomar la mano de Henri.

-¿A dónde vamos? –preguntó el chico mientras Eva lo guiaba hasta una valla en medio de dos edificios. La chica escaló rápidamente la valla y salto, seguida por Terriermon que parecía tener ya un especial gusto a trasladarse sobre el hombro de la chica.

-Con los demás –dijo la mujer y comenzó a correr en el espacio entre los edificios.

Henri volteó hacia tras cerciorándose de que nadie lo viera y comenzó a escalar la valla. Aterrizó del otro lado y comenzó a correr para reunirse con la chica que acababa de dar vuelta en una esquina. El chico se apresuró para alcanzarla y al dar la vuelta encontró a los demás reunidos y jadeando por la carrera que acababan de hacer.

-¿Todos están bien? –preguntó Ryo recuperando el aliento. Hawkmon llegó volando hasta aterrizar cerca de Yolei quien también trataba de recuperarse por el extenuante ejercicio.

-Aún no sé dónde está mi hermana –les recordó Henri.

-Lopmon tampoco está –dijo Cody poniéndose de pie (había estado sentado, con la espalda recargada en la pared del edificio)-, la cuidara bien, no te preocupes tanto.

-¿Qué no me preocupe? ¡Es mi hermana! –les espetó el chico.

-Por lo mismo deberías confiar más en ella –le dijo Kouta mientras comenzaba a andar por la calle entre los grandes edificios. El chico fue seguido por varios de los integrantes del equipo, dejando a Henri solo acompañado por Terriermon, Eva y Yolei que lo miraba con algo de pesar, hasta que comenzó a caminar para alcanzar al resto.

Henri suspiró fastidiado y se apresuró para caminar junto a los demás.

-Tú no entiendes la situación –le reclamó Henri a Kouta.

-¿De verdad? ¿Eso crees? –Le dijo mientras mantenía su paso firme-, también tengo una hermana, Mikami, tiene diez años y es un verdadero dolor de cabeza, pero daría todo por ella, de hecho lo hago, por eso me uní a la milicia –explicó con rapidez el chico.

Henri se quedó sin habla al igual que el resto de los integrantes del grupo mientras que el chico se detenía de frente a una puerta de madera que daba fin al camino por el cual habían estado avanzando. El chico se recargó en la pared del edificio mientras trataba de ver algo a través de las grietas en la madera.

-¿De qué hablas? –preguntó Yolei con timidez. Kouta miró a la chica y a sus demás compañeros.

-Le pagan más a los militares. Quiero darle una buena vida a mi hermana, aun no se convierte en Tamer, pero quizá sea cuestión de tiempo, somos hermanos después de todo.

-No es una seguridad solo porque sea tu hermana –dijo Ryo también intrigado por la plática del chico.

-Lo sé, incluso pienso que sería mejor que no se envuelva en toda esta vida, por eso ahorro casi todo lo que gano, quiero que concluya sus estudios, vaya a una buena universidad y viva una vida tranquila y feliz –explicó con ilusión en la voz-, pero si resulta ser una Tamer y decide seguir esa vida, la apoyare tanto como la apoyo ahora, y confiare en ella, y esperare que se vuelva muy fuerte –aclaró el chico. Henri permaneció en silencio-. Sé que crees que no se por lo que estás pasando, pero yo paso prácticamente todos los días de mi vida desde que mis padres fallecieron por algo similar. Da miedo dejar que alguien tan pequeño y frágil se enfrente al mundo, pero hay que dejar que lo hagan, para que se vuelvan fuertes y puedan vivir por si mismas –concluyó el chico mientras comenzaba a empujar la puerta para continuar con su camino.

Yolei dejó salir un conmovido gemido tras escuchar el sentimental discurso de Kouta mientras que detrás de él salían Cody y Ryo seguidos por sus compañeros digimon.

-¿Suspiraste? –preguntó Eva a la chica de lentes que había llevado sus manos a su pecho sin darse cuenta mientras seguía mirando con ilusión el lugar donde había estado parado el chico arquero.

La joven reaccionó de golpe y agitó la cabeza con rapidez.

-Claro que no –dijo avergonzada mientras seguía su camino, pasando a un lado de Ken sin siquiera mirarlo.

-¿Qué paso? –preguntó el chico peli azul a su compañero, quien se encogió de hombros.

-Le gustan los hombres rudos pero sensibles supongo –dijo el digimon restándole importancia.

-Yolei, ¿te conté sobre mi hermano muerto? –dijo el muchacho apresurándose por alcanzar a la chica.

Henri permaneció quieto meditando las palabras de Kouta unos segundos más, hasta que sintió la mano de Eva sobre su hombro. La chica le sonrió mientras que Terriermon volvió a ocupar el hombro de Henri como medio de transporte. El chico sonrió agradecido mientras la joven se alejaba, seguida de cerca por Henri.

Al pasar por la puerta de madera se encontraron frente a una pequeña plaza rodeada de varios edificios. El lugar lucia desierto, cosa que ya no les sorprendía, pues consideraban que así debía encontrarse la mayoría de la ciudad, aunque a juicio del chico pelinegro aquel lugar era bastante amplio y agradable para llevar a cabo alguna celebración.

El chico continuó caminando con la intención de reunirse con sus compañeros que comenzaban a invadir los jardines de la plaza, hasta que sintió como una mano grande lo tomo del pecho de la chaqueta levantándolo del suelo y jalándolo para mirar de cerca el rostro de Sealsdramon. Terriermon que seguía en el hombro del chico se lanzó sobre el digimon quien lo sujeto con su mano libre y lo arrojó hacia un edificio con el cual se estrelló, para después hacer lo mismo con Henri lanzándolo hacia una pared detrás de él, con la cual se estrelló y se deslizó hasta el suelo. El muchacho abrió los ojos adolorido para ver al digimon llegar hasta el de un salto y preparar su puño para asestarle un golpe, el cual eludió girando sobre el suelo alejándose del lugar donde el puño impacto dejando una pequeña grieta en el concreto.

-¡Kotemon! -Exclamó Kouta apresurándose hacia el digimon que amenazaba a Henri.

El digimon esgrimistas se lanzó sobre Sealsdramon blandiendo su espada de kendo dos veces sobre el brazo que el digimon utilizó como escudo antes de tocar el suelo, y al hacerlo Kouta saltó sobre él sosteniendo una barra metálica que extendió en el aire y con ella asestó un golpe certero sobre la cabeza del digimon que trastabilló hasta chocar con la pared detrás de él.

Sin darle tiempo a recuperarse Terriermon comenzó una ráfaga de disparos sobre la parte superior del digimon quien se cubrió con sus brazos mientras que Kotemon se lanzó para golpear las rodillas del digimon que respondió lanzándole un coletazo que lo hizo estrellarse contra Terriermon.

Kouta retrocedió un par de pasos mientras hacía girar la barra entre sus manos terminando en una pose de combate sosteniendo la barra con una mano y manteniendo la otra al frente y en alto.

Sealsdramon volteó hacia abajo buscando a Henri quien ya se encontraba lejos ayudado por Eva y Ken, que lo mantenían en pie, mientras que frente a él Kotemon y Kouta parecían listos para seguir con el combate. Ryo se unió a los chicos junto con Monodramon y finalmente Wormon y Hawkmon lo flanquearon. El digimon ciborg tomó uno de sus cuchillos y adoptó una pose de combate volteando intermitentemente hacia los enemigos frente a él.

-Solo entréguense y nadie resultara lastimado –pidió el digimon con voz fuerte y clara.

-Casi le aplastas la cabeza a nuestro amigo, perdona si desconfiamos de tus palabras –le dijo Ryo, quien tenía una pose de combate estilo boxeo.

El digimon jugo con el cuchillo en su mano mientras seguía mirando a sus oponentes.

-No estoy usando fuerza letal, mi interés no es dañarlos, solo ponerlos bajo custodia.

-Si bueno, ese s tu error no el nuestro –dijo Kouta volviendo al ataque acompañado por Kotemon.

Sealsdramon se mantuvo quieto mientras Kotemon se lanzaba nuevamente contra él, pero antes de lograr tocarlo con su espada de Kendo el digimon se movió con gran velocidad esquivando el golpe y asestándole un codazo al digimon la espalda enviándolo al suelo. Kouta lanzó un golpe con la barra metálica la cual el digimon ciborg sostuvo con una mano enviándola con fuerza hacia el chico golpeándole la cara con ella para después soltarla. Terriermon se lanzó sobre el digimon girando a toda velocidad, pero Sealsdramon esquivo el ataque deslizando sus pies sobre la tierra posicionándose a un lado del digimon al cual empujó al momento justo para que se estrellara contra Hawkmon quien se había lanzado sobre el intentando embestirlo y en cambio embistió el feroz tornado de Terriermon lastimando a ambos. Monodramon se lanzó sobre el oponente tratando de morderlo pero el digimon sostuvo su hocico con una mano mientras que en la otra se adhirió la telaraña de Wormon, con la cual el digimon pretendía jalar al ciborg. Sealsdramon forcejeó un momento con el digimon insecto para luego jalarlo con todas sus fuerzas atrayéndolo hacia él y recibiéndolo con el impacto de la cabeza de Monodramon contra la del digimon verde dejando caer luego a ambos en el suelo, justo a tiempo para esquivar un puñetazo de Ryo a toda velocidad y con todas sus fuerzas, lo que le hizo tropezar y caer al no impactar contra su objetivo, quien después puso un pie sobre el chico para detenerlo. Armadillomon también saltó sobre él de frente pero el digimon lo recibió con un contundente cabezazo que lo dejo en el suelo noqueado. Mientras Ryo trataba de librarse del peso del digimon Eva saltó por la espalda del digimon quien la esquivó agachándose y la chica cayó al suelo pesadamente, para luego ser sujetada por la pierna por el digimon ciborg.

-¡Bájame! ¡Carajo, bájame! –exclamaba con suma agresividad la chica.

-Por favor, no se levanten hasta que lleguen las autoridades competentes –pidió el digimon, mientras Ken, Henri, Cody y Yolei lo observaban sorprendidos.

-Mierda, no vamos a perder solo así, Hawkmon –llamó la chica a su compañero mientras llevaba su mano a su cintura-, digievolu… -sin embargo su mano no encontró el digivice en el lugar donde siempre lo cargaba-, ¡maldición! –se lamentó la chica percatándose de que no podían hacer mucho.

-Es un digimon con entrenamiento de elite, nuestros compañeros no serán rival para él si no logran hacer la digievolucion –se lamentó Henri.

-No podemos solo rendirnos, ¿Qué hacemos? –preguntó Cody apretando los puños con fuerza.

-En cuanto las autoridades pertinentes lleguen esto podrá resolverse de manera… -el ciborg calló al ser golpeado por una especie de cristal que se destruyó al impactar contra su nuca.

Sealsdramon giró para ver de dónde había salido aquel cristal, momento en el cual otro se impactó contra su pecho. El digimon volteó nuevamente al frente buscando la fuente de aquel ataque, mientras retrocedía dejando libre a Ryo y soltaba a Eva quien cayó al suelo de forma dolorosa. Otro par de cristales lo golpearon en la espalda, lo que lo hizo darse la vuelta para que nuevamente uno de los cristales le golpeara la nuca.

-Quien sea quien esté ahí identifíquese –exigió el digimon sin obtener respuesta-, bien, pero esto será tomado como desacato a la ley –amenazó el digimon mientras sus ojos se iluminaban mostrando que acababa de activar una función especial de su vista para rastrear al enemigo.

En el edificio frente a él, podía ver que se ocultaba alguien pequeño, aparentemente en cubierta esperando para lanzar otro ataque, y justo en ese momento vio como aquella presencia se levantaba seguramente para volver a atacar.

-Ya te tengo –dijo el digimon preparándose para arremeter contra el enemigo a toda velocidad, pero apenas comenzó la carrera algo lo golpeó en una pierna haciéndolo caer pesadamente al suelo, para después ser golpeado en la cara por otro de los cristales.

-¿Qué carajo…? –dijo Ken presenciando aquel extraño combate.

Henri prestó toda su atención al campo de batalla notando a Lopmon cerca del digimon que intentaba ponerse de pie apoyándose sobre sus manos, al momento en que por la puerta de madera por la que habían llegado salía Suzie apuntando con una resortera y disparando un cristal de hielo al digimon golpeándolo en uno de sus brazos haciéndolo caer de nuevo al suelo.

-¡Suzie! –exclamó con alegría Yolei viendo a la niña y a Lopmon combatiendo juntos. Ken veía como entre los dos hacían lo posible por contener al digimon, para luego reaccionar para intentar ayudar.

-¡Wormon! ¡La telaraña! –exclamó el chico. El digimon insecto se incorporó con algo de dificultad y comenzó a lanzar una telaraña sobre Sealsdramon envolviendo todo su cuerpo, mientras que el digimon seguía intentando levantarse, pero se lo impedían los golpes de los cristales que Suzie le disparaba y los saltos que Lopmon daba sobre su espalda.

Al combate se unieron nuevamente Kotemon quien golpeó los brazos del digimon cuando Suzie se quedó sin proyectiles que lanzar, y Terriermon, que desde el aire lanzó un par de disparos sobre la espalda del digimon ciborg para hacerlo caer al suelo definitivamente. Wormon concluyó su tarea de envolver al digimon que quedo completamente inmóvil dentro de un grueso capullo sacudiéndose para intentar liberarse sin ningún éxito, y solo logrando quedar boca arriba para ver que Kotemon, Monodramon y Hawkmon lo rodeaban con sonrisas maliciosas en sus rostros. El digimon trato de hablar pero su hocico estaba envuelto en la telaraña y solo presencio como los tres digimons alzaban sus puños sobre él y los tres le asestaban un puñetazo en el rostro al mismo tiempo, dejándolo inconsciente.

-Suzie –dijo Henri con alivio abrazando a la chica que parecía algo incomoda con el fuerte abrazo en el que su hermano la había aprisionado.

-No me dejas respirar, Henri –se quejaba la chica, a lo que el joven la separó un poco.

-¿Por qué te alejaste? Nos tenías muy preocupados.

-Lo tenías muy preocupado –aclaró Eva guiñándole el ojo-, que gran trabajo de equipo, se nota que son una pareja muy coordinada –la elogio la chica.

-Gracias -dijo la chica algo apenada-, hemos estado trabajando en ataques combinados desde diferentes ángulos.

-Para confundir al oponente y mermar su concentración, buena idea –reconoció Kouta-, ¿no crees Henri? –dijo el chico mirando al hermano de Suzie que parecía algo contrariado.

-Sí, muy buena, pero igual debes evitar alejarte de nosotros, ¿de acuerdo? –reiteró el chico.

-De acuerdo –aceptó Suzie.

-Bueno –intervino Ryo aplaudiendo para llamar la atención de todos-, lamento que no podamos invertir más tiempo en elogiar el trabajo de Lopmon y Suzie pero debemos continuar. Hay que llegar hasta la sede de industrias Ipkiss, encontrar a Tai y los demás y esperar que con algo más que suerte podamos llegar por nosotros mismos hasta los hangares subterráneos.

-Esto va a ser difícil por no decir imposible sin Takato guiándonos –se quejó Yolei con preocupación.

-¿Y por qué no nos guiara? –preguntó Suzie con una inocente expresión en el rostro.

-Lo más seguro es que hayan encontrado el enlace en el vagón del tranvía y ahora no tenemos forma de comunicarnos con los demás –aclaró Cody.

-Mientras no lo utilicen para rastrearlos todo estará bien –dijo Eva tratando de mejorar el ánimo-, andando, tenemos que planear el modo de entrar a esa fiesta.

-Pero no será necesario –dijo Suzie con tranquilidad.

-¿De qué hablas? –preguntó Ryo intrigado. Lopmon y Suzie se miraron para luego sonreír con satisfacción ante las miradas desconcertadas del resto de sus compañeros.

-Ya nos hicimos cargo del enlace –el pequeño ser de color marrón.

-¡¿Qué?! –exclamaron todos juntos al unísono.

-Si, por eso nos separamos –comenzó a explicar Suzie-. En el vagón antes de salir Lopmon tomó el dispositivo, luego cuando llegamos hasta la calle donde besaron a Henri –el muchacho se sonrojó nuevamente-, Lopmon vio un teléfono público, nos dirigimos a él, conectamos el enlace y luego comenzamos a buscarlos a ustedes.

-Entonces… ¿quieres decir que el enlace ya está funcionando? –preguntó Ken.

-Supongo que hay que averiguarlo –respondió la joven con tono inocente.

Reponiéndose de la sorpresa Ryo comenzó a buscar en el bolsillo interior de su chaqueta hasta que encontró un pequeño aparato el cual encendió para luego girar una pequeña perilla.

-Ajusta la frecuencia –dijo Kouta tratando de quitarle el aparato.

-¡Es lo que hago! –Se quejó Ryo-. Ya está, ahora de probarlo.

Ruta subterránea de evacuación de Norman City, en Sarvar, en el Digimundo

Julio 6 de 2085

En aquel oscuro túnel subterraneo se desplazaba un solitario vagón sobre los rieles oxidados, a poca velocidad y dando la impresión de que se detendría y desplomaría en cualquier momento. A bordo del mismo, Hikari miraba el reloj en su muñeca sin dejar de mover el pie como lo había estado haciendo por los últimos quince minutos según lograba contar Gatomon. Takato seguía al frente del vagón en los controles del mismo con Guilmon a su lado haciendo varias preguntas. Por su parte Kenta, Hirokazu, Guardromon y MarineAngemon ocupaban todo un lado del vagón mientras miraban de pie el oscuro túnel en el cual de repente aparecían algunas pequeñas luces o letreros ligeramente visibles los cuales veían pasar y movían la cabeza al verlos.

-Se provocaran una torcedura –les dijo Izzy sin recibir ni un gramo de la atención de los chicos, lo que lo hizo suspirar con desánimo y volver a su tarea.

El chico tenía en el suelo del vagón una manta sobre la cual había colocado varios utensilios, herramientas, tornillos, cables y otros cachivaches con los cuales estaba armando aparatos muy parecidos al radio que Tai poseía. Tentomon lo ayudaba proporcionándole diferentes herramientas y piezas que el chico le pedía cada tanto.

-¿Qué haces Izzy? –preguntó Juri intrigada por la labor del chico. El pelirrojo alzó la vista sonriendo ligeramente.

-Bueno, tuvimos un par de complicaciones en el edificio de HEDM antes de fugarnos y no pude terminar de ensamblar los…

Un sonido agudo interrumpió al chico y las miradas de todos se dirigieron al frente del vagón, en donde la laptop guardada en la mochila que Guilmon cargaba había comenzado a emitir aquel distintivo sonido. Takato se apresuró a tomar el objeto de la mochila y la acomodó sobre los controles, mientras que detrás de él se reunía el resto de sus compañeros. La pantalla de la computadora mostraba las palabras "LÍNEA SEGURA", lo que dibujó una sonrisa en el rostro de Takato, quien presionó una tecla mientras se ajustaba un par de auriculares sobre su cuello.

-¿Takato? ¿Nos escuchas? –le casi gritó Ryo provocando un gesto en el muchacho.

-Fuerte y claro Ryo. Tardaron más de lo que esperábamos.

-Tuvimos algunas complicaciones, ¿Cómo les fue a ustedes? –preguntó el chico.

-También tuvimos un par de retrasos, pero estamos a punto de llegar a nuestro destino, eso creo, ¿ustedes que tan lejos están de la sede de industrias Ipkiss?

-Es difícil de decir, veamos… –Takato aprovechó el titubeo del muchacho para conectar la computadora a unos altavoces que poseía el vagón para que todos pudieran saber lo que decía el muchacho-… a ver, si allá está el norte, para allá está el sur, entonces estoy en… ¡Mierda! ¿Dónde carajo estamos? –Hikari rio divertida al escuchar el berrinche del desorientado chico.

-Aguarden, en un momento los ubico –dijo Izzy tomando la computadora de Takato y comenzando a teclear en ella con gran rapidez como era su costumbre-. ¡Ya está! Están en el distrito B2, a cinco kilómetros del edificio de industrias Ipkiss.

-Bien –dijo Takato volviendo a tomar la computadora-, si toman la línea 12 del tranvía en la estación que está a cien metros de su posición actual deberían llegar a ahí enseguida.

-Sí, sobre eso, hay un pequeño problema –intervino Kouta-, como que nos volvimos fugitivos buscados, quizá no podamos acercarnos a ninguna estación sin llamar la atención.

-Estúpido Kouta –susurró Joe con enfado.

-Esperen –dijo Takato mientras buscaba en la computadora abriendo varias ventanas y programas-, debe estar por… ¡aja!, aquí -exclamó con satisfacción al encontrar lo que necesitaba-, fugitivo de veintidós años, uno ochenta de estatura, cabello negro largo y cicatriz en el rostro, posibles cómplices… -leyó el chico la información para después eliminarla del sistema-, ya no deberían tener problemas, ahora vayan, rápido, una vez en la sede, Ryo y Kouta saben que hacer, a los demás les daremos indicaciones de cómo proceder cuando estén en posición.

-¿Qué carajo fue lo que hiciste? –preguntó Eva, aparentemente desconcertada.

-Solo unas pequeñas modificaciones, ya estamos dentro del sistema de la ciudad.

-Takato –lo llamó Hikari señalando al frente del vagón. El chico levantó la vista y vio frente a ellos una especie de estación tenuemente iluminada a la que estaban a punto de arribar. El chico miró la hora en su reloj de pulso mientras se levantaba de su asiento y comenzaba a descender la velocidad del vehículo.

-Estamos algo retrasados, hay que darnos prisa, y es hora de que Rika y los demás completen su misión.

Sede principal de industrias Ipkiss en Norman city, en Sarvar, en el Digimundo

Julio 6 de 2085

Mimi y Tai continuaban bailando luego de cuatro canciones. El castaño sentía un poco más de confianza en sus pasos de baile, pero las ansias y el nerviosismo comenzaban devorarlo por dentro, pues según lo que el reloj en su muñeca le mostraba, hacía ya quince minutos que debían haber recibido noticias por parte de Takato y los demás, cosa que no había ocurrido aun.

Matt y Sora se sentían del mismo modo, aunque ambos hacían un gran esfuerzo por disimular, como también lo hacía T.K. quien había comenzado a revisar con mucha frecuencia la hora en su reloj mientras apenas conversaba y respondía las preguntas que su acompañante le hacía.

Entre tanto Tai logro distinguir pese a la multitud al anciano dirigente de la ciudad retirándose en compañía de un hombre robusto de edad avanzada y un par de escoltas detrás de ellos, e ingresar a uno de los elevadores, lo cual le hizo sentir un mal presentimiento.

Aunque la más tranquila en ese momento parecía ser la castaña ojimiel, ella también comenzaba a desesperar, y la respiración agitada de la que solo Taichi era testigo lo comprobaba. Mimi desvió la mirada de los ojos de Tai encontrándose con el mismo sujeto que la había observado en la barra cuando se acercó para charlar con el castaño y que la había estado vigilando todo ese tiempo sin perderla de vista ni un segundo. El hombre le sonrió levantando su copa de forma elegante, a lo que la chica sonrió fugazmente para luego ocultar su cara con el cuerpo de Tai.

-¿Qué demonios pasa con Takato y los demás? –preguntó Tai en un susurro.

-Solo espera –le pidió ella.

-Es lo mismo que me has dicho las últimas cinco veces –le reclamó el.

-Y te lo diré las próximas cinco, ahora contrólate –lo reprendió la castaña tratando de mantener la compostura.

-Tai suspiró fastidiado y Mimi no agregó nada más, segura de que no podía decir nada que alentara o relajara al chico.

Siguieron bailando un momento más, ya sin conversar, y casi sin mirarse el uno al otro.

-Mimi, ¿me escuchas?-aquellas palabras en el oído derecho de la chica fueron como una anhelada melodía. Era como si un peso enorme fuera retirado de su espalda, respirar era menos difícil y el ambiente se volvió más fresco y agradable.

-Hikari –susurró la castaña llamando la atención de Tai, a quien la chica le guiño rápidamente el ojo. Para luego pasarse la mano derecha un par de veces sobre el pelo el cual le cubría perfectamente el audífono que llevaba escondido.

-Matt –le susurró Sora al chico-, es la señal –le indicó señalando a la castaña que seguía acariciándose el pelo.

-Al fin –dijo aliviado el rubio levantándose de la mesa al instante, tomando la mano de Sora para llevarla a la pista de baile.

Rika y T.K. notaron aquel suceso y contuvieron lo mejor posible sus reacciones de alivio.

-Perdón por la demora. Estamos listos para proceder con la siguiente fase de la misión, ¿y ustedes? –Mimi miró a Tai quien sonrió de manera algo forzada, no parecía muy conforme.

-Eso creo –dijo algo con la siguiente fase –aseguró la chica apartando su mano de su pelo y colocándola de nuevo sobre el hombro de Tai.

-Entendido, buena suerte –terminó la conversación Takato.

-No me gusta este plan –se quejó Tai.

-Es el único que tenemos –le recordó Mimi, al momento que giraban y la chica quedaba nuevamente frente al hombre que le sonrió con de forma coqueta, lo que la chica respondió con una risa divertida.

-No me siento cómodo poniéndote en esta posición –dijo Tai mientras veía a la chica manteniendo contacto visual con el otro sujeto.

-Se defenderme sola Taichi Kamiya y además –dijo mirándolo de frente-, tu no me estas poniendo en ninguna posición, soy yo la que está haciendo todo el trabajo.

Tai sonrió burlón mientras detenía los suaves movimientos en que habían estado concentrados ambos todo ese tiempo. Para después voltear en la dirección que Mimi había estado mirando largo rato y ver al chico de la barra, cambiando su sonrisa por una expresión seria y molesta.

-Ah, ¿supongo que entonces no me necesitas para nada? –dijo elevando la voz siendo escuchado por algunas personas a su alrededor.

-Tai por favor, no empieces –suplicó Mimi.

¿Qué yo no empiece? ¿Y tú qué? Siempre haces tú maldita voluntad y yo me tengo que someter a ella.

-No exageres Taichi, además nadie te ha pedido nunca nada de eso –le reclamó la castaña.

Su discusión comenzó a llamar la atención de varios presentes, entre ellos algunos miembros del cuerpo de seguridad y la del sujeto con quien Mimi había compartido un juego de miradas.

-Al carajo, yo ni siquiera quería venir aquí.

-¿Entonces por qué viniste?

-¿Todo bien? –preguntó el sujeto que había estado mirando a la castaña.

-Todo bien gracias –dijo el castaño con voz dura.

-Señorita –dijo dirigiéndose ahora directamente a Mimi-, ¿me permitiría esta pieza?

-Oye imbécil ¿Qué te pasa? Ella está conmigo –le reclamó Tai tomando con brusquedad el brazo de Mimi quien buscó refugio extendiendo su brazo libre hacia el hombre que de inmediato la sujeto y empujó al castaño tratando de liberar a la chica, iniciando un forcejeó que incluso causo que la música se detuviera.

-¡Tai ya cálmate! –le espetó Matt que había llegado hasta ahí antes que los elementos de seguridad y empujó al chico apartándolo de Mimi y el otro sujeto. Tai tomó al rubio de la camisa con una mano acercándolo a él, mientras deslizaba la otra mano con discreción introduciéndola en el bolsillo del saco del muchacho y sacándola rápidamente. Para luego empujar al chico derribándolo.

Antes de que la contienda del rubio y el castaño continuara los elementos de seguridad llegaron sujetando a Tai por los hombros.

-Fue suficiente, acompáñanos –le dijeron tomándolo por la fuerza y sometiéndolo para comenzar a arrastrarlo.

-¡Suéltenme! ¡Suéltenme! –gritaba el chico mientras lo llevaban por el pasillo a un lado de la barra donde había estado sentado poco tiempo atrás.

Matt se levantó del suelo en medio de un incómodo silencio y las miradas indiscretas de los presentes. Hasta el lugar llegaron T.K., Ángela, Sora y Rika, acompañada de Aizen, quien se apresuró a hacer señas a la orquesta para que volviera a tocar como esperando que la música cubriera aquel vergonzoso suceso.

-¿Qué pasó? –preguntó Rika a Matt.

-Taichi, creo que se le pasaron las copas.

-No ha estado muy bien últimamente –aclaró T.K.

Mimi respiraba agitadamente, aferrada aun al brazo del sujeto que parecía muy desconcertado por aquel episodio.

-Yo… necesito aire, ¿hay algún lugar con menos gente? –preguntó la castaña. Rika miró a Aizen quien asintió.

-Detrás del escenario, al final del pasillo, hay un jardín al que casi nadie va –explicó el muchacho-, Reki, ¿Por qué no la acompañas? –pidió el joven y el hombre sonrió complacido.

-Con gusto –dijo ofreciendo su brazo a Mimi quien lo tomó y comenzaron a caminar juntos.

-¿Qué pasara con Tai? –preguntó Sora con voz preocupada.

-Lo encerraran en una oficina para que se calme, al final de la fiesta podrán hablar con él –dijo Aizen sin darle mucha importancia.

-Pobre, tal vez no fue tan buena idea traerlo después de todo –se lamentó Sora, mientras se apartaba de los demás, seguida de inmediato por Matt, quien la tomo de los hombros como intentando calmarla.

-¿La tienes? –preguntó Sora con discreción mientras tomaban asiento en la barra, en los lugares justos donde antes habían estado Tai y Mimi.

El rubio buscó en el bolsillo de su saco y de este extrajo una tarjeta de identificación que le mostro a Sora de forma discreta.

-Tai es bueno robando cosas –dijo el rubio de forma divertida para luego cambiar su expresión-, no sé si eso sea bueno o malo –agrego mientras veía la hora en su reloj-, diez minutos.


Tai cayó al suelo de una pequeña oficina sin ventanas y con estantes atiborrados de cajas repletas de documentos, tras ser empujado por los elementos de seguridad con los que había forcejeado.

-Imbéciles –les espetó mientras cerraban la puerta y el chico escuchó como pusieron el seguro de la misma-, me quitaron mi billetera, ¡espero que mi dinero siga ahí! –exclamó molesto mientras escuchaba los pasos de los dos hombres alejándose.

El castaño se apresuró a llegar a la puerta desde la cual, con dificultad, se asomó para intentar ver el pasillo que desde ese ángulo parecía desierto. Tai se apresuró para quitarse los zapatos dejando salir un largo suspiro de alivio al hacerlo. Se relajó por unos segundos antes de sentarse en el suelo y buscar en el interior de ambos zapatos, de donde extrajo un par de ganchos y ganzúas.

-Espero no haber olvidado como hacer esto –dijo mientras se aproximaba a la puerta, la cual poseía un cerrojo simple, nada que ver con los cerrojos electrónicos de las otra puertas-, los ricos siempre acentuando las diferencias entre clases –susurró el chico mientras introducía el primer gancho en el cerrojo.


Mimi tomó asiento sobre una jardinera liza de concreto, dentro de la cual se encontraban varias rosas rojas. Llevaba puesto el saco de aquel hombre llamado Reki, quien se lo había colocado sobre los hombros sin siquiera preguntarle en cuanto salieron al jardín. A pesar de la expresión triste que en ese momento utilizaba, por dentro se sentía realmente complacida al ver que la treta había surtido justo el efecto que estaban buscando, después de todo ese era el plan que habían trazado.

Para concretar con su labor debían conseguir dos tarjetas de identificación que les daría acceso a los niveles inferiores, una de ellas la conseguiría Rika, mientras que la otra podían obtenerla de un sujeto cuyos hábitos eran llevados de forma tan obsesiva que, según lo que Rika consideraba, era seguro que llevaría su tarjeta de identificación en el bolsillo derecho del saco, y ya contemplado eso, era una suerte que Mimi encajara perfectamente en los gustos de aquel mujeriego (una suerte que no mucha gracia le causo a Tai al saber cuál era el plan).

-¿Vino? –ofreció el sujeto sacando a Mimi de sus pensamientos. La chica medio sonrió tomando la copa, mientras que el hombre llamado Reki daba un gran trago de la que había llevado para el-, debes sentirte asustada –aseguró el hombre.

-Bueno…en realidad no –dijo la chica con sinceridad.

-Vamos, no tienes que fingir, no frente a mí, puedes desahogarte –le aseguró el hombre sonriendo con galantería –Mimi sonrió fingiendo estar apenada y bajando la mirada, para de inmediato sentir en su barbilla los dedos de aquel sujeto que le hicieron levantar la cara nuevamente-, una mujer hermosa y delicada como tú no debería tener que pasar por estas cosas.

Mimi apartó la mano del hombre de su rostro manteniendo su forzada sonrisa.

-Agradezco tus atenciones, de verdad, pero en estos momentos me gustaría más estar sola –pidió ella. El sujeto sonrió de forma socarrona.

-Estoy seguro de que te sentirás mejor si te acompaño –insistió el hombre acercándose más a la chica que lo empujo con ambas manos.

-Y yo estoy segura de que estaré mejor sola –afirmo la castaña levantándose de la jardinera.

-Oye, tú estuviste coqueteando conmigo toda la noche –le reclamó el hombre.

-¿Y eso significa que te debo algo? –le contestó Mimi con voz retadora.

-Quizá, solo un poco –dijo el hombre mientras se abalanzaba sobre ella, quien lo detuvo con ambas manos empujándolo para después asestarle un fuerte puñetazo en la cara que lo hizo retroceder sujetándose la nariz, la cual comenzaba a emanar sangre.

Mimi respiraba de forma agitada mirando a su alrededor sin poder ver a nadie, ya Rika le había advertido que ese lugar carecía de vigilancia y por eso mismo era que el hombre frente a ella gustaba de llevar ahí a sus nuevas conquistas.

El hombre alzó la cara sujetándose la nariz y mirando a la castaña de forma agresiva.

-Esto no va aquedarse así –le aseguró con voz sombría.

Pero antes de que hiciera cualquier cosa Renamon apareció detrás del sujeto asestándole un fuerte golpe en la nuca que lo noqueo haciéndolo caer al suelo. Mimi miró a la compañera de Rika y sonrió con gratitud. Palmon apareció detrás de la digimon de pelaje amarillo mientras que con dificultad Patamon llegó aleteando cargando a Gabumon a quien dejó caer antes de aterrizar pesadamente sobre el césped.

-Gracias –dijo la castaña.

-No hay de que, ya he tenido que hacer esto para Rika –le aseguró cruzándose de brazos, mientras que Palmon corrió hasta abrazar a la castaña, quien le acaricio la cabeza con ternura.

-¿Tuvieron problemas para llegar hasta aquí? –les preguntó la chica.

-En realidad no, la gente está más concentrada en celebrar el aniversario de la ciudad que en observar a cuatro digimons caminando por ahí –le informó Gabumon.

-La celebración es divertida, mucha gente sale a las calles a bailar con atuendos raros –agregó Patamon.

-Mimi, ¿Cuál es tu situación? –escuchó la castaña la voz de Takato por medio del auricular oculto bajo su pelo.

-Estoy libre, y Palmon y los demás están conmigo.

-¡Perfecto! Escucha, da media vuelta y caminen hasta el final del jardín, hay una pequeña escotilla oculta en el césped, no creo que les cueste romper el cerrojo. Bajen por ahí, llegaran a una pequeña bodega desde la cual podrán llegar hasta los pasillos de la planta baja.

-Entendido –contestó la chica-, hay que seguir, rápido –informó mientras se daba la vuelta seguida por el grupo de digimons recién llegados.

-Mimi, ¿Sabías que la gente enciende antorchas y las pone frente a sus casas para celebrar el aniversario de la ciudad? Aunque no lo hacen todos–le comentó el digimon.

-¿De verdad? Que interesante.


Apartado de ahí se encontraba Henri, observando con la ayuda de un par de binoculares el muro sur del edificio que se encontraba después de un amplio estacionamiento, en ese momento repleto de lujosos automóviles. La luz era intensa en la planta baja del edificio, mientras que las otras cuatro plantas del mismo permanecían a oscuras en su mayoría. El chico observó con atención cada centímetro del muro percatándose de que había varios guardias custodiando toda esa área.

-Maldición, imposible pasar –sentenció el chico bajando los binoculares y ocultándose detrás de una gran camioneta blanca a la cual pego su espalda y se deslizó hasta el suelo.

Frente al chico estaban Yolei, Hawkmon, Ken, Wormon, Suzie, Lopmon, Cody, Armadillomon y Terriermon, quien había vuelto a sucumbir ante las atenciones de Eva, quien parecía muy dispuesta a acariciar al pequeño digimon.

-La seguridad es mucha, no podremos pasar fácilmente –afirmó el muchacho suspirando. Yolei extendió un brazo pidiéndole a Henri los binoculares para luego levantarse y mirar por ella misma el edificio.

En medio del círculo que habían formado en la acera estaba el radio con el cual habían contactado a Takato y los demás apenas unos minutos atrás.

-Aguarden, estamos buscando otra posible ruta –escucharon la voz de Joe.

Ruta subterránea de evacuación de Norman City, en Sarvar, en el Digimundo

Julio 6 de 2085

Takato se encontraba parado frente a un panel con su computadora conectada a este al igual que un par de aparatos más que llevaban en las mochilas que cargaban consigo. Kenta y Hirokazu se encontraban junto a él ayudándolo en todo lo que necesitaba al igual que Guilmon.

-Introduce el disco nueve –ordenó el chico y de inmediato Kenta sacó de un estuche el disco y lo introdujo en un lector de CD´s conectado al panel. Un programa se inició y después de un rato la pantalla de la laptop que Takato sostenía mostro la palabra "ERROR"-. Imposible, no podemos acceder si no entran al sistema primero –se lamentó Takato-, si no logran entrar Guardromon y Leomon tendrán que derribar la puerta.

-Si hacen eso nos detectaran al instante –protestó Juri.

-Si no lo hacen no habremos logrado nada –replicó Takato-, solo esperemos que la mayoría logren llegar hasta el hangar a tiempo para irnos –agregó el chico.

-No será necesario –aseguró Joe, quien veía la pantalla de otra de las laptops que llevaban consigo-. Chicos, encontramos otra ruta.

Avenida Gump, distrito A, en Norman city, en Sarvar, en el Digimundo

Julio 6 de 2085

-¿En verdad? –preguntó Yolei con ánimo dejando de ver hacia el edificio con los binoculares.

-En la avenida frente a ustedes, a unos diez metros de su posición actual –comenzó a explicar Joe, y Yolei comenzó a buscar con los binoculares por toda la avenida-, ¿logran ver la alcantarilla? –preguntó el chico ante lo cual Yolei se detuvo en seco, justamente teniendo en su campo visual la alcantarilla a mitad de la venida.

-Mierda, si –se lamentó la chica de lentes.


El grupo entero caminaba en fila por la estrecha alcantarilla, con el olor inundando sus fosas nasales y el agua llegándoles casi a las rodillas.

-Qué asco, que asco, que asco –repetía sin pausa Yolei mientras caminaba conteniendo las ganas de vomitar.

-Solo unos cuantos metros más –informó Henri, quien iba al frente del grupo con una linterna en el rostro.

-¿Cuántos metros? –preguntó Eva, quien iba hasta el final de la fila.

-Unos cien –dijo ante lo cual varios ruidos de protesta se escucharon.

-Imbéciles Kouta y Ryo que no tienen que pasar por esto –se quejó Yolei que seguía haciendo grandes esfuerzos por no vomitar.


En la azotea de un edificio que estaba de frente a la parte posterior del edificio de industrias Ipkiss, Kotemon y Kouta se encontraban ensamblando un arco con viejas y oxidadas partes, las cuales unían con tornillos y tuercas. El arco era más amplio que los que el chico acostumbraba a usar, y mientras ellos terminaban de tensar la cuerda, Ryo enroscaba la punta de la única flecha que llevaban consigo a una larga vara de un metal ligero y duro, ante la mirada curiosa de Monodramon, quien sostenía un largo y fino cable de rapel enrollado.

Kouta terminó de apretar el último tornillo y levantó el arco mirándolo detenidamente, en varios ángulos, buscando algún posible error en el ensamblado.

-Y dime, ¿Cómo ese fierro viejo nos va a ayudar a entrar al edificio más importante de la segunda ciudad más grande del digimundo? –preguntó con escepticismo Ryo.

-No es un fierro viejo idiota –le dijo el chico mientras caminaba hasta el borde del edificio y recargaba el arco en una base previamente atornillada a la gruesa baranda de mármol-. Según Rika, la planta baja del edificio no posee más sistemas de seguridad que los vigilantes que están repartidos por los alrededores del edificio, pero los niveles superiores cuentan con sensores que detectan la presencia de algún intruso –aclaró mientras se aseguraba de que estuviera bien fijo el arco.

-Entonces, ¿Cómo entraremos? –preguntó de nuevo jugando con la flecha en sus manos, la cual le arrebató el chico de cabello negro.

-Esta es una flecha hecha del mismo polímero indetectable que Ken utilizó para pasar a Wormon a través de los filtros de seguridad de los puntos de acceso al digimundo. No podrán detectarnos, y a esta altura no podrán vernos –mientras explicaba todo eso Kotemon ató un extremo del cable al soporte del arco y el otro se lo dio a Kouta, quien aseguró bien el cable antes de preparar la flecha.

Ryo se asomó desde la azotea viendo la gran altura a la que se encontraban.

-Ahora desearía estar con Henri y los demás –dijo algo preocupado.

-Muy tarde –le recordó Kouta mientras preparaba la flecha y comenzaba a tensarla sobre el arco-. Muy bien –dijo mientras sujetaba una de las palas del arco y se apoyaba en ella para, con la otra mano, comenzar a jalar la flecha con todas sus fuerzas.

El arco emitió un rechinido que a Ryo no le agrado en lo más mínimo y que cambio ligeramente la trayectoria de la flecha.

-Carajo –se quejó Kouta mientras corregía el pequeño desvió-, quinto piso… la ventana del centro… YA –exclamó soltando la flecha la cual sufrió otro ligero desvió al salir disparada, clavándose debajo de la ventana del quinto piso en lugar de arriba como era el plan-. Bueno, pudo ser peor –se consoló el arquero mientras sacaba de su bolsillo trasero un par de guantes gruesos y se los colocaba en las manos-, vamos, rápido, no tenemos toda la noche.

Ryo vio la distancia que tenían que recorrer mientras Kotemon se apresuraba a tensar bien el cable, y luego la altura a la que se encontraba.

-Tú primero –le dijo a Kouta quien bufo negando con la cabeza mientras se amarraba el largo pelo negro y trepaba a la baranda del edificio sujetándose del cable.

El chico se lanzó hacia adelante sin miedo abrazando el cable con las piernas y sujetándose con las manos. Levantó la cara para ver a sus compañeros, colgando con la espalda hacia el suelo y luego comenzó a moverse por el cable poco a poco.

-El truco está en no pensar en la caída –les dijo mientras seguía moviéndose.

-¿Cómo carajo quieres que no pensemos en la caída? –se quejó Ryo mientras Kotemon se posicionaba sobre la baranda para seguir a su Tamer.

-Piénsalo así, desde esta altura, posiblemente mueras al instante –le dijo el digimon antes de colgarse y comenzar a moverse.

Ryo suspiró derrotado, mientras él también se colocaba un par de guantes similares a los de Kouta, preparándose para desplazarse por el cable.

Los cuatro colgaban del cable desplazándose tan rápido como podían, lo cual no era poco en realidad. Un par de minutos de iniciado su traslado ya estaban a la mitad del camino, y de alguna forma Ryo sentía que lo peor ya había pasado, ya se había acostumbrado a la altura, a la oscuridad y a la sensación de mareo que le generaba el voltear a ver hacia abajo.

-Ya falta poco, sigan –informó Kouta mientras veía casi palpable el edificio.

Ryo suspiró con alivio sintiendo ardor en sus hombros y brazos, pero una fuerte convicción por continuar.

Siguieron un par de metros más cuando una sacudida fuerte se sintió en todo el cable y los hizo detenerse por un segundo.

-¿Que fue eso? –preguntó Ryo con preocupación. Kouta se quedó inmóvil tratando de sopesar lo que acababa de pasar.

-El arco –dijo en voz casi inaudible.

-¿Qué? –preguntó Ryo.

-Escuchen, no hagan movimientos bruscos, creo que el arco esta por reventarse –Ryo volteó a ver a Kouta con una expresión asustada.

-No empieces Kouta, no es gracioso.

-No, no lo es, debemos darnos prisa –aseguro volviendo a moverse con más lentitud que antes. Ryo respiró hondo y continuo su camino siguiendo muy de cerca de Kotemon y teniendo muy cerca a Monodramon, quien se aferraba con fuerza al cable.

Kouta miró hacia el edificio encontrándose muy cerca de él, y comenzó a rebuscar en uno de sus bolsillos deteniendo su marcha. Kotemon se detuvo también al ver que su compañero ya no avanzaba y Ryo hizo lo mismo al casi chocar con Kotemon. Pero Monodramon, quien avanzaba con los ojos cerrados haciendo un esfuerzo por no mirar hacia abajo, no se percató de que Ryo había dejado de avanzar y extendió su brazo aferrándose con fuerza a la pierna de rio, en la que clavo ligeramente sus garras.

-¡Ah! –se quejó el chico liberando las piernas de la cuerda, dejando caer todo su peso sobre esta y provocando otra fuerte sacudida del cable que casi hace a Kouta perder el equilibrio cuando estaba a punto de pegar un pequeño aparato a la ventana.

-¿Qué carajo…? –se quejó el muchacho antes de que otra sacudida se sintiera y luego de esta el arco en el otro edificio finalmente se rompió llevando a los Tamers a estrellarse contra el edificio. Kouta frenó el impacto con una mano aferrándose con la otra al edificio y Ryo hizo lo mismo sintiendo como daba un fuerte manotazo a una de las ventanas, lo que supuso activaría los sensores del edificio, pero nada paso, o parecía que nada había pasado.

-Que… ¿Qué demonios…? –se preguntaba el chico sin entender lo que pasaba.

-Los guantes también están hechos del polímero especial –aclaró Kotemon, quien respiraba algo agitado. Ryo suspiró aliviado, mientras que más arriba Kouta seguía trepando hasta llegar a lo más alto de la cuerda, desde donde lanzó el pequeño aparato que se adhirió a la ventana, para después emitir un ligero zumbido y encender una pequeña luz verde.

El muchacho arquero trepó tanto como pudo para asestar un fuerte golpe a la ventana cuarteando el vidrio, repitió la maniobra un par de veces más hasta que logró derribar el vidrio que cayó casi completo al interior del edificio, dejando una entrada para el grupo

Uno a uno subieron ingresaron al edificio exhaustos, jadeando al respirar y sentándose en el oscuro pasillo. Kouta se levantó deprisa luego de que Monodramon se dejara caer en el suelo y desató el cable deprisa arrojándolo lo más lejos posible, asegurándose de que ningún guardia estuviera pasando en ese momento, para después recargarse en la pared respirando con dificultad.

Ryo miró a su compañero quien aún seguía temblando.

-¿Aun no superas tu miedo a las alturas? –le preguntó en tono bromista y el digimon lo miró con enfado-, si ya se, a mí tampoco me gustan más –dijo dejando salir una pequeña risa.

-Andando, esto aún no acaba –dijo el arquero encaminándose en el oscuro pasillo.

Esta historia continuara…


En esta ocasión no los aburriré con una disculpa por mi tardanza porque, bueno, no tarde tanto como sabemos que soy capaz de tardar. En lugar de eso me dedicaré a agradecer por el tiempo que le han dedicado a esta historia, y gracias a Mac1826, anaiza18 y maxtime por sus comentarios del pasado capitulo (por los de los pasados tres en caso de maxtime).

Aunque los últimos han sido bastante largos, decidí cortar este capítulo a la mitad, considero que de ese modo la lectura es más fluida, menos pesada, y además gracias a eso me dedique a agregar unos cuantos detalles más en este capítulo y en su continuación, que llegará en una semana.

Realmente espero que hayan disfrutado este capítulo (en serio, espero que lo hayan hecho por que el siguiente será más de lo mismo), como siempre para mí fue un gusto escribirlo, y en realidad siento que esta parte de la historia es donde más me he permitido explorar mi capacidad creativa, en lugar de tomar la serie original y hacer una reinterpretación, como fue el origen de este fanfic. De cualquier modo hay cosas que hacen bien en esperar para el futuro de la historia, e ideas que me muero por desarrollar, pero entre tanto también pienso seguir incluyendo esta construcción de personajes originales (Kouta, Charles) y situaciones propias de este universo mío, como el origen de Tai y Hikari.

También busco la manera de que la participación de otros personajes sea más notoria, aunque claro, igual hay cosas que no funcionan o salen sobrando, con esto trato de decir que habrá personajes cuya participación más adelante se irá reduciendo, y esto porque realmente el protagonista es Tai, personajes como Agumon, Hikari, Matt y Mimi son importantes, y así podemos ir haciendo una larga clasificación de que tan relevante es cada personaje aquí utilizado, y por tanto que futuro les aguarda.

No diré más o empezaré a hacer spoiler (al final de infinity war se revela que los policías sabían que asuntos internos les tendía una trampa), y solo me despido exhortándolos a dejar sus comentarios, y deseándoles un buen inicio de semana.

Paz y amor.