Capitulo XVIII
"Infiltración parte 2-El Halcón"
… Sarvar, en el Digimundo
Julio 6 de 2085
En medio del oscuro panorama del cielo, flotando con suavidad, apenas meciéndose en el aire, se mantenía el imponente castillo negro. Las grandes torres que terminaban en punta eran usadas como parada por los Airdramon que rodeaban el castillo como formando una escolta. Igualmente sobre la torre más alta se lograba distinguir un cuerpo antropomórfico recubierto por una armadura plateada. Ginkakumon se alzaba como el gran caballero protector de la fortaleza del Emperador de los digimons.
Dentro de una de las múltiples cámaras de la fortaleza flotante se encontraba Davis, ejercitándose con la ayuda de una barra dispuesta en el techo de la cámara. Llevaba puesto solo un pantalón deportivo, dejando que el sudor de su pecho, espalda y brazos corriera con libertad. Su expresión reflejaba determinación, y cansancio, pese al cual el muchacho continuaba su tarea sin flaquear.
En el otro extremo de la barra, sobre una mesa de trabajo se encontraba el brazalete del chico, conectado a un equipo de cómputo que en ese momento se encontraba realizando algún proceso el cual finalizó con un bip que resonó en toda la cámara.
Davis se detuvo al instante, soltando la barra. Caminó descalzo por el suelo de mármol hasta llegar a la mesa y ya en ella comenzó a trabajar en la computadora, mientras tomaba una toalla dispuesta sobre una mesa para secarse el sudor de la cara y la nuca. Después el muchacho tomó el brazalete ajustándoselo en el brazo derecho y comenzó a manipular el aparato.
-Corre la simulación –dijo en voz alta activando un comando de voz. Una gráfica comenzó a mostrar datos hasta que finalmente marcó un error que hizo que el chico golpeara la mesa con el puño cerrado-. ¿Por qué la digievolucion se corrompe? –Se preguntó en voz alta-, es el poder de los antiguos emblemas, debería funcionar –se repitió con frustración-, el Garurumon de Matt… ¿Cómo es que él…?
Davis comenzó a caminar por toda la cámara reflexionando sobre los sucesos de la última batalla.
-¿Conexión? –se preguntó el chico, por primera vez mirando en una esquina al digimon azul que se había quedado dormido hace algunas horas. Había estado acompañándolo todo el tiempo, aunque el joven poca atención le había prestado-. Una conexión entre humano y digi… -una sensación adormecedora recorrió el cuerpo del muchacho, haciéndolo sentir un ligero mareo que cambió las emociones que el joven sentía en ese momento-…no… no es conexión… es control –bufó con rabia-. Los digimon son herramientas, y yo su amo –dijo apretando los puños, mientras en los globos oculares del chico una mancha verde nadaba hasta disolverse por completo.
Sede principal de industrias Ipkiss en Norman City, en Sarvar, en el Digimundo
Julio 6 de 2085
Henri llegó hasta una gruesa reja al final de la alcantarilla lanzándose sobre esta, empujándola de manera que provocó un sonido metálico que hizo eco por el largo túnel. Detrás de él estaban el resto de sus compañeros cubriéndose la nariz y boca para evitar seguir aspirando el fétido olor del agua.
Terriermon saltó desde el hombro de Eva hasta Henri, mientras este seguía forcejeando con la reja, la cual estaba firmemente cerrada.
-Ni hablar, tendremos que derribarla –dijo el chico retrocediendo con Terriermon en el hombro-, ¿listo? –preguntó el chico y el digimon asintió para luego prepararse para su siguiente disparo.
Eva, quien miraba desde atrás notó una pequeña luz roja parpadeando en una esquina del otro lado de la reja, y entornando los ojos hacia ese punto logro distinguir un pequeño aparato.
-¡Esperen! –exclamó avanzando tan deprisa como pudo hasta Henri y Terriermon, que la voltearon a ver confundidos.
-¿Qué pasa? –preguntó el chico.
-Por favor Eva, ya quiero salir de aquí –rogó Yolei para luego inmediatamente volverse a cubrir la mitad del rostro debajo de la camisa.
-Miren eso –señaló a la luz parpadeante-, es un sensor sísmico, los utilizan en edificios en los niveles inferiores para detectar fuertes vibraciones o acciones bruscas, como un intruso derribando una puerta. Normalmente están programados para filtrar ciertas vibraciones, pero sí que detectará un disparo de Terriermon –explicó la chica.
-Carajo –se quejó Henri.
-¿Entonces llegamos hasta aquí para nada? –se lamentó Suzie, quien llevaba a Lopmon abrazado contra el pecho.
-Joe, ¿escucharon eso? –preguntó Henri a través del radio que llevaban con ellos.
-Sí, esperen, buscaremos otra forma de hacerlos entrar, mientras tanto salgan de ahí, no hay nada que puedan hacer –escucharon decir a Joe.
-Esperen –dijo Ken al momento que comenzaba a buscar en uno de los bolsillos de su pantalón y de él extraía un pequeño cilindro de papel con una mecha corta-, no es necesario que derribemos la puerta.
-¿Qué es esa cosa? –preguntó Henri mientras el chico se aproximaba a la reja poniendo el pequeño paquete sobre la cerradura de la misma.
-Con esto abriremos la reja –aseguró.
-¡Espera! Será el mismo resultado usar un explosivo que un disparo de Terriermon, ¿no escuchaste lo que acabo de decir? –le reclamó Eva. Ken se apartó un poco mientras buscaba en otro de sus bolsillos un encendedor que sacó y antes de accionarlo Eva le sujetó la mano.
La chica lo miraba de forma retadora, pero el joven solo sonrió ligeramente.
-No es un explosivo –le dijo liberándose del agarre de la chica para después encender la mecha del paquete y retroceder un par de pasos. Henri también se hizo hacia atrás y Eva por instinto se cubrió los oídos.
La mecha llegó hasta el paquete el cual en lugar de explotar como la joven latina esperaba se incendió por completo, creando una gran y destellante llamarada, junto con una intensa nube de humo que perduró hasta después de que la llama se apagara. Al extinguirse el fuego Ken caminó hacia la reja empujándola con suavidad, y viendo como esta cedía sin ningún problema.
-¿Qué era eso?-preguntó Eva mirando el gran hueco en la reja, donde antes estaba la cerradura de la misma.
-Una mezcla de aluminio y óxido de hierro, produce una reacción térmica que derrite acero en segundos, derrite, no explota –explicó el chico mientras pasaba por la reja y avanzaba por la alcantarilla.
-Termita –dijo Eva, caminando detrás del chico con una expresión de fascinación en el rostro-, que ingenioso.
-Sí, excelente uso de tus conocimientos –lo elogió Yolei, poniéndolo algo sonrojado.
-Gracias, yo, tu sabes…
-Lo sacó de un capítulo de Breaking Bad –comentó Wormon avergonzando un poco al chico.
-…creí que podía ser útil, así que hice un poco en el barco del tío de Ryo –completó Ken su oración.
-Un momento, ¿hiciste esa cosa en el barco, mientras estabas ebrio? –preguntó Yolei incrédula. Ken se sonrojó al recordar su penoso momento del día mientras asentía sin decir nada más-, impresionante –le reconoció la chica.
-Pues sí que fue útil –admitió Henri mientras seguían avanzando.
Un par de metros más adelante encontraron el final del túnel, sobre el cual había una gruesa rejilla que impedía el paso. Henri comprobó el grosor de esta y la firmeza de la cerradura empujando un poco la reja, notando que apenas la levantaba unos milímetros. Buscó con la mirada encontrando el punto de la cerradura y se giró para ver a Ken.
-¿Tienes más termita? –le preguntó, a lo que el chico sonrió asintiendo.
Un ligero chasquido se escuchó en el desierto pasillo de la planta baja del edificio de industrias Ipkiss, seguido por un pequeño rechinido de la puerta de una de las pequeñas oficinas al abrirse. De la misma asomó una cabeza con una alborotada cabellera castaña. El dueño de la misma revisó ambos lados del pasillo antes de salir, cerrando la puerta con rapidez pero procurando no hacer ruido.
El chico iba descalzo, sin el saco del traje ni la corbata en el cuello, con la camisa blanca desfajada y las mangas levantadas.
Comenzó a caminar deprisa en dirección contraria por la cual había llegado hasta el final del pasillo, el cual se bifurcaba dejando un camino por la derecha y otro por la izquierda.
-Veamos…primero derecha… ¿o primero izquierda?... carajo –se decía el muchacho intentando recordar las palabras de Rika cuando ella le dio indicaciones de cómo llegar al punto de encuentro luego de ser encerrado.
Antes de poder recordar el muchacho escuchó pasos al otro extremo del pasillo, indicándole que alguien estaba por aparecer, por lo que el joven se lanzó hacia uno de los corredores y comenzó a avanzar por él, acercándose un par de sofás fuera de una oficina, detrás de uno de los cuales se ocultó al escuchar muy cerca los pasos en el otro corredor.
Unas voces llegaron hasta sus oídos, y el castaño no resistió la tentación de asomarse por debajo del sofá. El joven vio dos pares de piernas, y la parte baja de una gabardina que creyó reconocer.
-Mataré a mi hijo si vuelve a extraviar así un archivo tan importante –escuchó una voz áspera, seguramente de una persona mayor.
-No creo que lo haya extraviado, más bien no lo llevó a su oficina, seguramente pensaba hacerlo mañana, después de la fiesta, usted sabe.
-Esta fiesta es una pérdida de tiempo –contestó la voz áspera la cual Tai comenzaba a reconocer-, tenemos demasiado trabajo que realizar como para darle prioridad a una celebración que solo sirve para recordar lo poco que hemos logrado en todos estos años.
-No debería ser tan duro con su propio trabajo señor Yokoshima –Tai no resistió las ganas y se asomó por encima del sofá, viendo al anciano hablando con el asistente que lo había acompañado al abandonar la fiesta.
-Si soy duro con mi propio trabajo, es porque aún no encuentro a un buen sucesor que pueda continuar con esto.
-¿Qué me dice de su hijo y su nieto?-el hombre gruño molesto mientras las puertas frente a ellos se abrían mostrando un ascensor.
-No me hagas hablar de mi hijo y mi nieto –pidió mientras entraba al ascensor seguido por su asistente.
Las puertas se cerraron de nuevo y Tai permaneció estático un par de segundos, sintiendo que en la voz de aquel hombre había algo parecido a la frustración, incluso al arrepentimiento.
Desvió esos pensamientos de su cabeza y se giró nuevamente para ver el largo pasillo sabiendo que en ese momento debía concentrarse en reunirse con los demás.
-Espero que sea derecha –se dijo mientras seguía avanzando.
T.K. revisó su reloj mientras que Ángela escuchaba con fascinación a los músicos. Parecía realmente contenta y eso al joven rubio le causaba un gran sentimiento de culpa. No había sido su intención pero debía reconocer que en ese momento la estaba utilizando, y eso no era cualquier cosa. La chica podría ser considerada por la mayoría algo fastidiosa, pero seguía siendo su novia, y él debía hacerse responsable de las cosas que hacía.
-¿En qué piensas? -le preguntó la chica al ver su semblante serio. El joven pareció despertar de un sueño y sonriendo con disimulo le contestó.
-En nada, solo disfruto del momento -le dijo y la chica sonrió conmovida pegándose al cuerpo del muchacho.
-Yo también amor -dijo con voz dulce-, ¿Sabes? Me encantaría escuchar la canción que bailamos en nuestra primera cita, ¿Te acuerdas?
-Claro que lo recuerdo -le respondió el muchacho con alegría, dando un rápido vistazo a la hora en su reloj, cosa que le causo cierto pesar- ¿Por qué no vas con la banda a pedir que la toquen? -le sugirió y la chica sonrió con gran alegría.
-¿De verdad? ¡Es una excelente idea! Espera aquí -le pidió mientras se alejaba rumbo al escenario donde se encontraba la orquesta, atravesando casi todo el vestíbulo donde se realizaba la fiesta.
T.K. se quedó en su lugar, pero con la mirada busco a su hermano y a Sora, que seguían en la barra cerca del pasillo por el que se habían llevado a Tai, y luego a Rika, quien estaba junto a Aizen, recorriendo una mesa llena de bocadillos.
Rika miraba la comida algo impaciente mientras el chico le hablaba sin parar sobre los negocios de su padre y los planes que el tenia para el futuro, en cuanto lo nombraran director general de industrias Ipkiss, cosa que a Rika le parecía que el chico pensaba seria en un par de años, cuando bien consideraba que era incluso poco probable que el joven llegara a siquiera ser candidato. Realmente Rika no le tenía especial aprecio al muchacho, y además de eso tampoco sentía ninguna admiración, consideración o siquiera respeto por su supuesto trabajo, pues ya sabía que solía robar el crédito de otras personas, mientras se sentaba a regodearse de su riqueza y el nombre de su familia.
Su padre era igual, por lo que pudo comprobar un año atrás cuando su madre aceptó la invitación que aquel hombre le hizo y luego de ello se había arrepentido enormemente, al grado incluso de no creer lo que escuchaba cuando Rika le informó que aceptaría la invitación de Aizen, de quien la pelirroja había tenido un concepto muy parecido al de su madre para el padre del chico. Pero bien sabía la joven Nonaka porque lo hacía.
-Estás muy pensativa -le dijo Aizen en un susurro luego de verla parada frente a una bandeja de camarones sin hacer ningún movimiento.
Rika reaccionó mirando al joven y esbozando una sonrisa pequeña.
-Lo siento, me quede algo preocupada por Tai. Él no es así créeme, es todo este asunto de Agumon que lo tiene muy alterado -el chico bufo con fastidio y negó con la cabeza.
-Sí, supongo que debe sentirse mal, pero no entiendo que se ponga así por perder una mascota -Rika le dirigió una mirada llena de rabia al chico al escucharlo, sin embargo el joven no se percató de ello. La joven pelirroja se esforzó por suavizar su expresión mientras sentía la rabia recorrerle todo el cuerpo.
-Los digimons no son mascotas, sino amigos y compañeros -le aclaro con el tono más tranquilo que pudo usar.
-¿En serio lo crees? -dijo el chico sonriendo como si encontrara gracioso lo que la joven acababa de decir.
-¿Tú no? -le dijo alzando una ceja. El chico desvió la mirada con fingida expresión pensativa.
-Pienso que son útiles, buena fuerza de trabajo, buenos guardianes si trabajan con el Tamer apropiado...son interesantes no lo niego, pero siguen siendo Digimons, tú sabes, datos, programación, una creación humana, eso nos hace sus dueños, ¿No? -Rika sentía casi imposible contener más sus ganas de someter a golpes al muchacho, pero como varias veces antes se obligó a responder de la forma más elegante que podía.
-Los digimons son más que programación Aizen, tienen fuerza si, pero también espíritu, sentimientos, inteligencia.
-Los nuevos celulares que sacaremos al mercado a fin de mes también tienen "inteligencia" -el chico dibujo comillas en el aire- pero no por eso dejan de ser un producto, ¿O sí? -Rika frunció el ceño molesto a lo que el joven sacudió una mano como si empujara aquella discusión-, pero no hablemos de eso, habiendo cosas más interesantes esta noche -Rika sonrió como pudo, simulando aceptar la tregua que proponía el chico, quien después se precipitó hacia ella para intentar darle un beso en los labios, a lo que la chica esquivo el gesto romántico inclinándose hacia la mesa de la cual tomó uno de los bocadillos y se lo llevó a la boca rápidamente saboreándolo.
-¡Delicioso! ¿Lo has probado? -le preguntó al chico mientras tomaba otro de los bocadillos-, tienes que probarlo -dijo acercando el alimento a la boca del chico quien sonrió y despegó los labios un poco como para darle una mordida al bocadillo que Rika introdujo por competo en la boca del joven que no pudo evitar que la pelirroja le llenara toda la boca.
-M...muy rico... -dijo con dificultad intentando masticar. Rika le sonrió y luego desvío la mirada.
-¿Y eso? -preguntó entornando los ojos a un punto lejano detrás del muchacho que giró al instante para tratar de ver lo que sea que hubiera llamado la atención de la pelirroja.
Rika mientras tanto aprovechó el momento de distracción del joven para asestarle un fuerte golpe con el dorsal de la mano en la garganta, lo que provoco que el chico comenzara a asfixiarse.
-Ay por Dios, ¡Se ahoga! ¡Ayuda! ¡Se ahoga! -comenzó a gritar Rika con desesperación mientras que el chico respiraba con dificultad.
La multitud comenzó a prestar atención a la situación, acercándose o cuchicheando desde lejos, al grado de que incluso la música calló y varios gritos pidiendo ayuda acompañaron a los de Rika.
-¿Que sucede? -preguntó el padre del joven acercándose al chico que parecía a punto de desmayarse.
-Comenzó a ahogarse señor -dijo uno de los guardias que parecía algo desconcertado.
Mientras todos comenzaban a reunirse junto al muchacho nadie notó que Rika y T.K. caminaban en dirección contraria al mismo, aproximándose a la barra donde Sora y Matt permanecían, vigilando al guardia que poco a poco comenzaba a dejar su puesto como protector del pasillo y se aproximaba más a la multitud, hasta que finalmente se lanzó en carrera hacia la multitud al darse cuenta de que quien se encontraba en dificultades era un miembro de la familia Yokoshima.
Matt y Sora, sin dejar pasar más tiempo se levantaron aprovechando que toda la atención estaba puesta en el joven Aizen Yokoshima, y se apresuraron a pasar por el pasillo ahora vulnerable. Detrás de ellos iban Rika y T.K. apresuradamente. Ambos continuaron hasta dar vuelta a la derecha y encontrarse con Matt y Sora.
-Deprisa –indicó Rika continuando por el pasillo.
-¿Tai estará bien? –preguntó Matt caminando detrás de Rika.
-Si no olvida las indicaciones que le di, estará bien –respondió Rika sin detenerse.
Tras una nube de humo negro Terriermon y Lopmon subieron empujando la pesada reja y llegaron hasta un amplio espacio casi desierto, excepto por algunas máquinas viejas, al parecer inservibles. Detrás de los digimons subieron Suzie y Cody, ayudados por los otros chicos, para luego subir Yolei junto a Hawkmon, Armadillomon, Ken cargando en su espalda a Wormon, Eva y finalmente Henri a quien Eva tendió la mano para ayudarle a subir.
Los chicos miraron a su alrededor tratando de identificar aquel lugar.
-Estamos dentro en… donde sea que hayamos terminado –informó Henri por medio del radio.
-Es una vieja bodega al parecer fuera de uso, creo que antes fue un estacionamiento subterraneo o algo así –escucharon a Takato decirles-, ¿tienen el segundo enlace? –preguntó, y Yolei de inmediato comenzó a buscar en su chaqueta.
-¡Si! Aquí está –informó Yolei con gusto.
-Bien, Rika y los demás se reunirán en una oficina cerca de donde están ahora, ellos tienen las tarjetas de acceso, con ellas podrán entrar al sistema de seguridad del edificio, conecten el enlace y así nosotros podremos abrir la última puerta de acceso al hangar, ahí los esperaremos a ustedes.
-De acuerdo, ¿y que se supone que hacen Ryo y Kouta mientras tanto? –preguntó Eva mientras Ken, quien había comenzado a explorar la zona, les hacía señas para que lo siguieran.
-Ellos conseguirán la última pieza que necesitamos para lograr escapar de aquí con éxito.
-¿Qué pieza? –preguntó Eva mientras subían unas escaleras para llegar hasta una puerta desde donde llegarían a la planta baja del edificio.
-No estoy seguro, a nosotros tampoco nos dio muchos detalles de eso –le contestó Yolei mientras que Henri ponía un pequeño aparato circular en el cerrojo de la puerta, el cual emitió un ligero zumbido y una luz verde. El chico empujó la puerta que cedió sin dificultad, pero antes de asomarse se detuvo a pensar un momento.
-En cuanto terminemos esta misión, Takato debe aclararnos como es que sabe tanto sobre este edificio y sus sistemas de seguridad –dijo el chico con tono un poco lúgubre.
Kouta empujó con lentitud una gran puerta doble de madera, ingresando en una amplia oficina estilo rustico. El suelo estaba recubierto de madera con una amplia alfombra en el centro, contra las paredes adoquinadas había varios libreros repletos de libros y algunas estatuillas decorativas, además de algunos escudos y varios documentos enmarcados colgados. Tenía un gran escritorio de madera y una pequeña sala con una mesita de centro sobre la cual había un simple arreglo floral.
-Carajo –dijeron Ryo, Kotemon y Monodramon al ingresar.
-Muy bonito –dijo Kouta mientras guardaba en uno de sus bolsillos una serie de ganchos y ganzúas que había utilizado para abrir la puerta.
-Es el hombre más importante de toda la ciudad y su puerta no tiene un complejo sistema de seguridad, ¿Por qué? –se preguntó Ryo mientras avanzaba con lentitud, como si desconfiara al dar cada paso.
-Rika dice que es un hombre sencillo, dentro de lo que cabe teniendo en cuenta que posee una obscena cantidad de dinero y guardaespaldas cuidándolo las veinticuatro horas del día.
-Dejemos de cuestionarnos eso y aprovechemos nuestra buena suerte –aclaró Kotemon avanzando con decisión hacia el escritorio de madera.
Monodramon y Ryo por su parte comenzaron a buscar en los libreros, sin encender la luz para no llamar la atención, aprovechando que por el gran ventanal entraba bastante luz.
Kouta tomó asiento en la silla detrás del escritorio mirando desde ahí todo a su alrededor y reclinándose un poco aprovechando la oportunidad para relajarse.
-¿Quieres dejar de perder el tiempo por favor? –le pidió Ryo mientras él y Monodramon seguían revisando los libreros hasta que el chico dio con una pequeña cantina de madera repleta de botellas de licores varios. El joven leyó la etiqueta de una de las botellas, la cual luego tomó de su sitio-. Whisky de setenta años, ¿a qué sabrá un whisky de hace setenta años? –preguntó en voz baja volteando a ver a Kouta, que recién comenzaba a rebuscar en las cosas del escritorio.
-No lo sé, y tal vez no quiera saberlo, nunca tendré dinero como para pagar una botella tan cara –dijo mientras trataba de abrir un cajón sin mucho éxito. El chico tomó nuevamente su equipo de ganchos y comenzó a introducirlo en la cerradura hasta que esta finalmente se abrió.
El joven husmeó un poco en el cajón, hasta que encontró hasta el fondo de este un folder de plástico rojo, el cual extrajo y puso sobre el escritorio. Kotemon encendió una pequeña lámpara que iluminó el folder que el chico abrió y comenzó a leer su contenido.
-¡Lo tengo! –Dijo emocionado volteando a ver a Ryo, quien había servido parte del licor en un par de vasos que sostenían él y Monodramon-. ¿Qué carajo hacen? –les preguntó el joven levantándose de la silla con el folder en la mano.
-Es una oportunidad única, ¿no crees? –contestó el joven con una sonrisa en el rostro.
El chico negó con la cabeza para luego volver a mirar la decoración de la oficina y percatarse que sobre uno de los sofás de la sala había colgado un arco de poleas bastante llamativo. El chico camino hacia este sin quitarle los ojos de encima, admirando la estructura metálica bien pulida y liza, que resplandecía como la plata y tenía algunos recubrimientos de madera. Sin darse cuenta el joven tomó el arco en sus manos admirándolo más de cerca.
-No piensas robarlo, ¿o sí? –le preguntó Ryo
Kouta estaba a punto de responder cuando escuchó ruido fuera de la oficina, el cual también alertó a Ryo, quien dejó la botella destapada en su lugar. Kouta y Kotemon se lanzaron hacia los sofás de la oficina, ocultándose en un pequeño espacio entre ellos, mientras que Ryo y Monodramon vieron una puerta detrás de ellos y la abrieron escondiéndose ahí. El chico castaño se percató de que se trataba de un pequeño baño y pegando el oído a la puerta se sentó en el suelo esperando no ser descubierto.
La puerta de la oficina se abrió nuevamente, y dejo asomar un brazo que mantuvo la puerta abierta hasta que entró un hombre portando una gabardina, quien aminó con pasos ligeros por el espacio amplio y oscuro, notando casi de inmediato la lámpara encendida en el escritorio, detalle que llamó particularmente su atención. La puerta volvió a cerrarse y Kouta se asomó un poco detrás del sofá, intentando ver algo, pero lo único que logro alcanzar su campo visual fue al hombre de traje negro que acababa de cerrar la puerta.
-¿Pasa algo señor? –le preguntó el hombre mientras el anciano de pelo largo se acercaba a la lámpara sobre el escritorio con una expresión de duda en el rostro.
-No recuerdo haber dejado esto encendido –dijo con seriedad, comentario que hizo que Kouta tensara la mandíbula con nerviosismo.
Rika, T.K., Sora y Matt se detuvieron frente a una puerta la cual la chica abrió utilizando la tarjeta de acceso que le había robado a Aizen sin que este se percatara de ello. Los cuatro entraron en la habitación que se iluminó al instante, cosa que puso en alerta a Matt.
-Las luces son automáticas, relájate –le dijo Rika mientras caminaba entre los escritorios repartidos en la habitación.
En todos ellos había una computadora, y al final había un gran equipo de cómputo interconectado, frente al cual la chica pelirroja se plantó y comenzó a encender.
-¿Este es el laboratorio de computo? –preguntó Matt.
-Sí, aquí trabajan la mayoría de los ingenieros en los nuevos diseños de armas, vehículos y artículos comerciales –dijo mientras el resto recorría con la mirada el lugar.
Matt se acercó a un escritorio sobre el cual había un panel que ocupaba todo el espacio. El chico se recargó en la mesa y de inmediato se encendió el aparato el cual dejó ver una imagen holográfica de una especie de tanque que el chico nunca había visto.
-Genial –dijo mirando el vehículo detenidamente.
-Momento –dijo T.K. deteniéndose en seco mientras Rika seguía en la computadora-, estamos en el laboratorio de cómputo de la sede principal de una de las empresas más importantes de todo el mundo, ¡de los dos mundos! –dijo el chico alarmado.
-Sí, ¿Y? –preguntó Rika mientras llegaba al punto donde quería en el aparato y lo dejaba de lado para ver al chico rubio.
-¿Y? –Repitió T.K. como si no comprendiera la calma de Rika-, ¿cámaras de seguridad? ¿Micrófonos? –dijo algo temeroso, despertando el miedo de Matt y Sora.
-No hay nada de eso aquí –aseguró Rika.
-Pero… ¿este lugar…?
-No hay nada de eso porque no quieren arriesgarse a que los secretos de esta compañía se descubran, no hay cámaras de seguridad o micrófonos para mantener todo secreto, los únicos que entran son los trabajadores y dueños de la empresa, en realidad los invitados son, a excepción de nosotros, Mimi, Tai y Ángela, todos miembros importantes de industrias Ipkiss, ninguno de ellos tendría por qué robar algo de aquí o se vería beneficiado si eso pasara, cualquier secreto, un nuevo diseño o producto, sería algo muy valioso para empresas competidoras, una grabación de seguridad puede ser jaqueada o robada, y eso no convendría a nadie aquí.
-Eso implica una gran falla en su sistema de seguridad –dijo Matt-, nosotros estamos aquí ahora.
-Si… eso gracias a que el nieto de Yokoshima es un verdadero idiota –dijo la chica sin reserva alguna.
-No te cae muy bien, ¿verdad? –Le dijo Sora-, ¿entonces por qué mantenías contacto con él? Acaso tú… -Sora calló al creer haber descifrado el misterio-, ¿lo usabas para poner celoso a alguien? –Rika enmudeció al escuchar esas palabras.
-Yo no… -pero antes de contestar la puerta se abrió de golpe alertando a los chicos que miraron a Henri y compañía entrar.
La pelirroja suspiró aliviada al reconocer al resto de sus compañeros.
-¡Llegamos! –suspiró Henri tras cerrar la puerta y caminar hacia el resto. T.K. se acercó a Ken recibiéndolo con un choque de palmas, mientras que Sora y Yolei se abrazaban.
-Lamentamos la demora –dijo la chica de lentes mientras sacaba el enlace de su bolsillo-, pero ya tenemos todo para concluir con esto –dijo con ánimo.
-En realidad aún falta que llegue Mimi y… -Matt se detuvo para después cubrirse la nariz-, ¿Qué es ese olor? –la joven de cabellera violeta se sonrojó.
-Algo de lo que no hablaremos nunca –dijo con tono serio.
-Pero huele como a… -trato de decir el joven militar pero Yolei lo tomó del cuello de la camisa.
-NUNCA –enfatizó provocando el nerviosismo del chico.
-Claro –aceptó el joven.
-Como sea –interrumpió Rika-, tenemos trabajo que hacer, Matt, la tarjeta, Yolei el enlace –Yolei avanzó hasta la chica entregándole el enlace mientras al lado de la computadora parpadeaban dos luces amarillas producidas por un par de ranuras donde debían deslizarse las dos tarjetas. Matt caminó hasta llegar con la chica que sostenía la tarjeta robada a Aizen, mientras el sacaba del bolsillo de su saco la que habían conseguido del chico que había estado coqueteando con Mimi.
-¿Y dónde está Mimi? –preguntó la chica de lentes viendo en la tarjeta que sostenía Rika la fotografía de un apuesto muchacho.
-Debería llegar en cualquier momento –dijo Matt justo antes de que la puerta volviera a abrirse, volviendo a producir un sobresalto en los presentes, mismo que se desvaneció al momento de ver a la joven castaña con vestido rojo, acompañada por Palmon, Renamon, Gabumon, y Patamon, quien voló hasta T.K. quien lo atrapó en el aire.
-Te extrañe amigo –le dijo el chico rubio al pequeño digimon.
-¡Yolei! –Exclamó la chica castaña lanzándose al encuentro de la joven que extendió los brazos para recibirla, pero antes de que llegara la chica se detuvo percibiendo un olor desagradable que la hizo detenerse y mirar detenidamente a la chica-. ¿Qué te…pasó? –preguntó la castaña, Yolei volvió cambio su expresión de dicha por ver a su amiga a una algo avergonzada.
-Es una historia que no quiero contar ahora mismo –dijo con pesar-, ¡pero mírate amiga! Estás bellísima –le dijo al ver el elegante atuendo y peinado de la joven.
-Gracias –contestó la castaña sonrojándose.
-Oigan, por favor, debemos darnos prisa –dijo Rika llamando la atención de Matt quien asintió poniendo la tarjeta en la ranura, preparada para deslizarla, igual como la mantenía Rika-. A las tres dijo la pelirroja y el rubio asintió.
Mimi mientras tanto observaba a su alrededor buscando a cierto joven de cabello castaño.
-Oigan, ¿Y Tai? –Preguntó haciendo que Rika y Matt detuvieran su tarea-, ¿aún no ha llegado? –dijo algo alarmada.
-Ya debería haber llegado, no estaba tan lejos de este lugar, solo debía ir a la izquierda hasta el final del pasillo, luego izquierda otra vez, derecha y esperar frente al ascensor que está afuera.
-¿Es posible que se haya equivocado de vuelta? –dijo Sora compartiendo la preocupación que el resto sentía por el castaño.
-Tai no es de los que olvidan un detalle tan importante –dijo Matt con seguridad-, aunque… lo de Agumon en verdad lo ha tenido algo distraído últimamente.
Mimi miraba a todos comenzando a sentir su respiración agitada.
-Matt –lo llamó Rika de pronto-, debemos continuar, rápido –le dijo y el rubio asintió.
Rika contó hasta tres y ambos deslizaron las tarjetas desbloqueando el acceso a la computadora, mientras que Mimi seguía pensando en el paradero del chico y se giraba hacia la puerta por la que había entrado a la habitación.
-Iré a buscarlo –dijo con decisión.
-¿Qué? ¡Espera Mimi! –la llamó Sora avanzando hasta ella para detenerla del brazo-, él llegara, lo sé.
-¿Pero y si está en problemas? ¿Y si lo atrapan?
-Taichi no es de los que delatan a sus compañeros, si lo atrapan se asegurara de que no den con nosotros –dijo Rika mientras seguía concentrada en la computadora.
-No lo digo por eso –bramó Mimi molesta-, no podemos dejarlo solo.
-Mimi –la llamó Matt con tono tranquilo-, sabíamos que esto podía pasar, que quizá no todos completaríamos la misión, y decidimos correr el riesgo con la esperanza de que la mayoría completara la misión para poder ir tras Davis y recuperar a Agumon. Si Tai está en problemas y se queda atrás sé que él estaría dispuesto a sacrificarse por que nosotros completemos este trabajo –Mimi miró al suelo mientras Matt la tomaba de los hombros-, suena cruel, pero perder a uno no es tan malo –finalizó su discurso Matt.
-Si… tienes razón –reconoció la castaña-, perder a dos tampoco lo es tanto, iré por el –dijo con decisión apartándose del chico y avanzando a la puerta.
-Perder a tres no esta tan mal –dijo Palmon persiguiendo a su compañera-, no te dejaré ir sola –le dijo y Mimi le sonrió agradecida.
-Espera… -la llamó Matt pero antes de ir por ella sintió que alguien lo sujetaba.
-Déjala –pidió Sora con amabilidad-, ve por él chica –la alentó la pelirroja y Mimi sonrió nuevamente antes de salir.
-Pero… -dijo Matt confundido.
-De todas formas no habría forma de detenerla, y si son capturados, al menos estarán juntos, cosa que no creo que pase, se cuidaran uno al otro, eso tenlo por seguro –dijo Sora con confianza y Matt sonrió poco convencido, pero decidiendo no seguir con la discusión.
Mientras, Rika terminaba de conectar el dispositivo, el cual comenzó a funcionar, por lo que se podía ver.
-Perfecto, ahora Takato y los demás tendrán acceso al sistema –dijo dando media vuelta, ¿alguien tiene un radio? –preguntó y Henri se acercó a la chica entregándole el pequeño comunicador con el que habían estado en contacto con Takato y los demás.
-Takato, todo listo de este lado -el joven sonrió al escuchar la voz de Rika a través del comunicador. El solo hecho de escucharla a ella lo animaba más que el hecho de recibir la noticia de aquello que tanto habían estado esperando.
-¿Todo bien? -se animó a preguntar.
-Si...más o menos -dijo causando una pequeña tensión en el grupo del joven con la computadora sobre el regazo-, perdimos a Tai, y Mimi fue a buscarlo, además no estamos seguros de cómo les vaya a Kouta y Ryo.
-Aún no tenemos señales de ellos -dijo Hikari acercándose al joven quien asintió algo preocupado.
-Bien...debemos continuar, ¿Mimi aún tiene su comunicador? -preguntó el chico.
-Sí, aun lo lleva puesto -informó Sora.
-Con eso la ayudaremos más adelante, ahora ustedes diríjanse al elevador que está cerca de su posición, desciendan y nos reuniremos con ustedes.
-Entendido -contestó la pelirroja.
-Aun no me creo que en serio estemos por lograr esto -dijo Kenta con tono de sorpresa mientras que Takato se concentraba en la computadora sobre su regazo.
El chico abrió un programa, para luego introducir varios comandos en el hasta que finalmente una pequeña ventana de fondo verde con la palabra "Acceso" apareció en la pantalla y el chico resopló aliviado por finalmente concluir su labor. Siguió introduciendo comandos en la computadora hasta que la pantalla mostró un candado el cual luego se abrió y la puerta frente a la que estaban produjo un fuerte estruendo y comenzó a abrirse con lentitud.
Takato se levantó del suelo mirando a través de la puerta abierta al igual que sus compañeros, solo percibiendo la oscuridad del gran hangar hasta que las luces comenzaron a encenderse, haciendo visibles varios vehículos repartidos por todo el espacio así como trajes especiales, armas y demás artículos en aparadores y exhibidores varios. Kenta y Hirokazu avanzaron al frente del grupo admirando el gran arsenal frente a ellos.
-Woooow -dijeron ambos al mismo tiempo, y luego Hirokazu sacó de su bolsillo una pequeña cámara digital con la que tomó una fotografía del lugar.
Leomon seguía cargando a Juri, quien miraba maravillada todo a su alrededor. Hikari, Joe e Izzy ayudaron a Takato a guardar y cargar todo su equipo, apoyados por Tentomon, Gatomon, Gomamon y Guilmon, repartiéndose las mochilas después.
-No lo creo -dijo Joe mirando un vehículo terrestre, grande y aparentemente bien blindado-, el nuevo modelo del escarabajo, he leído algo sobre él -dijo con ánimo el chico.
-Bien, subamos todo y esperemos a que lleguen los demás -dijo Izzy mientras avanzaba decididamente hacia el vehículo, seguido por Leomon, Guardromon y Hikari, quien luego noto que Takato estaba revisando una especie de plano digital del área que estaba en una pared del hangar.
-Takato -lo llamó la chica.
-No llevaremos ese -dijo el chico mientras seguía viendo el plano.
-¿Que? -pregunto Joe-, es esto por lo que vinimos, solo tomémoslo y larguémonos de una vez.
-No es tan simple, dime, ¿Cómo piensas sacar ese armatoste de aquí? -le preguntó el chico.
-Por donde entramos -contesto con sencillez el muchacho-, este armatoste fácilmente podrá empujar el tranvía.
-Y fácilmente será encontrado por los hombres de Hyuga o de la familia Yokoshima, además tú viste el castillo de Davis, piénsalo, ¿Cómo esta cosa podría hacerle frente a esa fortaleza?
-Entonces... ¿Que llevaremos? -preguntó Juri confundida.
-Necesitamos alas –expuso el chico con sencillez-. Hay un vehículo que actualmente es un proyecto secreto de industrias Ipkiss, del que muy poca gente tiene información.
-¿Y dónde está dicho vehículo? -pregunto Izzy acercándose al chico.
-Es lo que trato de averiguar -dijo el joven mirando el plano, junto al cual había un listado de armas, artículos y vehículos varios-. Se supone que es un secreto, ¿Cómo pueden estarlo ocultando? -se preguntó el chico mientras seguía revisando el listado.
-¡Takato! -exclamó Guilmon deteniendo la lista que el joven movía con las yemas de los dedos y señalando un nombre en especial.
-Por supuesto -dijo el chico manipulando el plano para que les diera la ruta a un hangar distinto.
-Debemos movernos -dijo mirando a su alrededor-, ¡Eso! -dijo señalando un pequeño vehículo de carga.
-Espera, ¿A dónde vamos? -preguntó Joe confundido-, un hangar distinto, a unos cuantos metros de aquí, ahí debe estar.
-¿Pero cómo lo sabes? -preguntó Izzy revisando el plano mientras que Takato, Guilmon, Guardromon y Hirokazu ya habían empezado a subir las cosas al pequeño vehículo.
-Un presentimiento -contestó mientras Leomon llegaba con ellos.
Hikari decidió confiar en el chico y se apresuró hacia el vehículo, al igual que Kenta que tras pensarlo un poco se echó a correr hacia sus amigos. Joe e Izzy se miraron el uno al otro algo escépticos, pero igualmente decidieron ir con los demás, seguidos por Tentomon que sobrevoló hasta el vehículo. Solo Gomamon reviso el plano para entender el porqué de las reacciones de su compañero y del resto del equipo. El digimon leyó el nombre del hangar que Takato había seleccionado para obtener la información de este, aunque eso no le resolvió más dudas de las que le generó.
-¿Mos Eisley? -leyó en voz alta antes de seguir a sus compañeros.
Tai dio una vuelta más en un pasillo igual a tantos otros como sentía que ya había recorrido, y al mismo tiempo sentía que había estado solo corriendo en círculos sin realmente llegar a ningún lado. Cada tanto se encontraba con ascensores a los cuales intentaba entrar pero sin lograrlo, sabía que debía bajar para encontrarse con el resto de sus compañeros, pero como habían diseñado el plan solo sería posible desde el elevador que estaba afuera de la habitación donde se suponía que se reuniría con sus compañeros.
-Esta cosa parece un maldito laberinto- -se lamentó mientras se detenía a mitad de uno de los pasillos bastante nervioso. Miró un plano poco detallado del lugar fijado a una pared intentando descifrarlo-. Veamos… este es el vestíbulo –dijo mientras ponía el dedo sobre el sitio de la entrada principal al edificio-, de aquí me llevaron para acá, a una oficina pequeña, de ahí me dirigí a la derecha…así que debí girar a la izquierda supongo… -dijo mientras seguía recorriendo el plano hasta llegar a la posicione n que se encontraba actualmente-, no estoy tan lejos del punto de reunión –dijo con mejor ánimo volteando hacia la derecha y asegurándose de recordar bien cada vuelta que debía hacer para encontrarse con sus compañeros-, excelente –dijo antes de echarse a correr, pero justo en ese momento escuchó voces y pasos que se dirigían hacia donde él estaba.
El castaño detuvo su avance, miró por todo el pasillo intentando encontrar algo con lo cual ocultarse, pero no logró ver nada, por lo que como último recurso decidió empujar una puerta doble que para su grata sorpresa cedió sin ningún problema. El chico entró en la amplia sala en la cual se encontraban repartidas varias mesas con bancas dispuestas como asientos. Debía tratarse del comedor del lugar. Los pasos y las voces seguían sonando más cerca y el chico se abrió paso entre las mesas hasta llegar al final del área del comedor, en donde una barra larga la dividía del espacio de la cocina, en donde seguramente se ponía a disposición la comida. El joven saltó sobre la barra ocultándose detrás de ella mientras agudizaba su oído tratando de escuchar las voces y los pasos de las personas que se encontraban cerca.
-Por favor que no entren aquí –dijo en voz baja mientras percibía apenas los pasos que de repente se detuvieron. El chico contuvo la respiración un momento hasta que escuchó el rechinido de la puerta al ser empujada.
-Aquí estará bien –dijo la voz de un hombre joven-, ¡hora de comer! –exclamó con alegría.
-Viejo si descubren que robamos comida y dejamos el trabajo para venir a acá cuando vimos que todos estaban preocupados por el joven Aizen nos despedirán –dijo otra voz de hombre mientras los pasos indicaban que ambos avanzaban por el comedor.
-No se darán cuenta de que dos simples meseros faltan en toda esa fiesta, además comida tienen de sobra –dijo el primer sujeto para calmar a su compañero, mientras que un sonido metálico como de una bandeja siendo dejada sobre una de las mesas se escuchó.
-Quizá, pero creo que si puede ser el caso que se den cuenta de que falta esto –dijo el otro sujeto.
-¡Wow!, que buen vino, ¡esta será una noche larga! –Tai suspiró agachando la cabeza.
-Maldita sea mi suerte –susurró el chico.
Al terminar de informar a Takato el estado de su pequeña tarea a realizar, el grupo de Rika y compañía entraron en el ascensor que los llevaría al nivel inferior donde se encontraba el hangar. El edificio poseía siete niveles subterráneos según lo que explicó Rika, y ellos tenían que descender hasta el sexto. El silencio en el reducido espacio ocupado por Tamers y digimons no se interrumpió ni por el malestar que causaba el aun percibirle aroma del agua de las alcantarillas que permanecía en la ropa de Yolei y otros cuantos de los Tamers que igualmente se sentían incomodos por la situación.
-Rika, Sora, se ven muy bonitas –dijo Suzie tratando de hacer menos tensó el ambiente en esos momentos.
-Gracias –dijeron ambas al unísono, Rika de forma monótona, como una respuesta automática y Sora intentando sonreír lo mejor que podía.
Finalmente el elevador se detuvo y todos salieron deprisa de este, en medio de un pasillo a oscuras excepto por la luz que salía del elevador, que al estar vacío cerró sus puertas dejando a todos en la completa penumbra.
-Aterrador –dijo en un susurro Matt mientras caminaba a tientas por el pasillo, hasta que una luz se encendió sobre ellos y a esta le siguieron varias otras que iluminaron el largo corredor.
-Hay varios almacenes con diferentes usos y contenidos –explicó Rika mientras avanzaba hasta un panel que encendió y el mismo mostró un plano del nivel en el que se encontraban.
-¿Y a donde debemos ir? –preguntó Sora.
-Takato dijo que los encontraríamos en un almacén con el nombre clave Mos Eisley –explicó Rika mientras seguía buscando en el panel.
Henri y Terriermon se miraron el uno al otro, para luego compartir esa mirada con Cody y algunos otros de los presentes.
-El... ¿el puerto espacial de Mos Eisley? –preguntó Henri con escepticismo.
-Solo Mos Eisley –contestó Rika sin pensar mucho en eso.
-No, él…se refiere al lugar en Tatooine –dijo Cody algo extrañado.
-¿Qué cosa? –preguntó Sora.
-El puerto espacial de Mos Eisley en Tatooine, de la película Star Wars episodio IV, una nueva esperanza –explicó Ken, ante lo cual Sora, Yolei y Suzie mostraron su poca comprensión de las palabras del chico.
-No encontraras otro lugar tan lleno de maldad y vileza –dijo Matt con voz teatral, repitiendo uno de los diálogos de dicha película-, ¡Es cierto!
-Chicos, por favor –los interrumpió Rika-, lo encontré, es por aquí no muy lejos, vamos –indicó señalando la derecha del corredor y caminando al frente acompañada por Renamon.
Eva, Yolei, Sora y Suzie con sus compañeros digimon la siguieron de inmediato mientras que los chicos se quedaron algo rezagados, conversando entre ellos.
-Es mi favorita de la trilogía original –se animó a decir T.K. mientras seguían caminando.
-A mí me gusto más El imperio contra ataca –dijo Henri.
-¿Se han dado cuenta de que mayormente hacemos referencias a la cultura pop como del año dos mil dieciocho para atrás? –comentó Ken intrigado.
-Si, como si no supiéramos lo que ha estado pasando los últimos casi setenta años –coincidió Matt.
El anciano señor Akira Yokoshima contempló la lámpara encendida sobre su escritorio unos segundos más, mientras que su acompañante, parado frente a la puerta empezó a llevar su mano derecha a la parte interior de su saco. Según lo que Kouta podía ver era muy probable que sacara un arma en los próximos segundos, y el chico de cabello largo se sintió torpe al no llevar consigo ningún arma que le sirviera para defenderse.
-Ah, maldita vejes –gruñó el hombre mientras pasaba por detrás del escritorio y se acomodaba en su silla-, empieza a hacer estragos con mi memoria, antes me jactaba de lo bueno que era para recordarlo todo, y ahora olvido apagar una maldita lámpara al salir de mi oficina, siempre me pasa –se quejó el anciano mientras dejaba caer una delgada carpeta sobre el escritorio y abría un cajón del cual sacó un estuche largo con un bolígrafo en él.
El hombre frente a la puerta apartó su mano de su saco y arreglándoselo un poco se acercó al escritorio.
-Siendo ese el caso, tal vez sea hora ya de pensar en su retiro, señor –le sugirió el hombre.
-¿De nuevo con eso? –Gruño el anciano-. Tú mismo dímelo, ¿estarías dispuesto a seguir en todo lo que haga a mi hijo Yoh, o a mi nieto Aizen? –preguntó el hombre.
-Son su familia señor, la familia Yokoshima de Norman City y…
-Responde la pregunta Banks –lo interrumpió el anciano, el hombre suspiró quedándose callado unos segundos.
-Son algo…imprudentes… señor –dijo con dificultad.
-Exacto –coincidió el hombre antes de volver a revisar el documento sobre su escritorio-. Le habría dejado el mando de la compañía a mi hijo hace años si hubiera demostrado cerebro, iniciativa, ¡Planes viables para el futuro! Pero el solo piensa en el dinero, la riqueza, y el dominio.
-Eso ha mantenido a la ciudad en prosperidad todos estos años.
-No mi viejo amigo –le dijo el anciano-, el dinero y el dominio solo generan más dinero y más dominio, al final ni ambos te sostienen ante una tormenta. Tarde mucho en entenderlo, repitiendo los errores de mi padre, y haciendo que mi hijo los repitiera, y mi nieto es aún peor, tratando a los digimons como escoria –el hombre llamado Banks rio ligeramente.
-Usted hacia lo mismo –le recordó.
-Sí, igual mi padre, y eso nos ha traído hasta aquí –se lamentó el anciano, dejando salir un suspiró mientras se levantaba de su silla y se giraba para ver desde la ventana la ciudad, sus luces y los fuegos artificiales lanzados al cielo por las celebraciones de esa noche-. Ya estoy viejo, y siento que no he logrado nada –dijo con cierta tristeza.
Ryo trataba de mirar desde debajo de la puerta, aunque solo lograba tener una difusa y oscura imagen de los pies del hombre que acompañaba al anciano, aunque perfectamente lograba escuchar la plática que sostenían.
-Ha logrado mucho señor, y su legado será continuado, téngalo por seguro.
-¿Continuado? ¿Por quién? –El anciano se volteó hacia Banks, mirándolo con una sonrisa cansada-, me sentiría más tranquilo si aceptaras quedarte en mi lugar cuando yo muera –dijo y el hombre bajó la vista.
-Sabe que no puedo hacer eso, no soy un líder, y he cometido tantos errores como usted, incluso más.
-Lastima –dijo dándose la vuelta otra vez-, si confiaras más en ti, serias un excelente sucesor, casi tan bueno como él –dijo el anciano con añoranza. Banks asintió con una sonrisa melancólica en el rostro.
-¿Aun piensa en él?
-Cada día –respondió con franqueza el anciano-, me habría encantado que se quedara en la ciudad, que hubiera aceptado tomar mi lugar como director, el habría logrado un nuevo y mejor rumbo para toda la ciudad, lo sé –dijo para después soltar una risa áspera-. Te lo aseguro, me habría retirado hace al menos una década si Takehiro Matsuda no hubiera renunciado a la empresa.
Kouta volvió a apretar la mandíbula y tensar los músculos en su incómoda posición al escuchar las palabras del anciano, con Kotemon apretujado junto a él, sintiendo la reacción del chico. Por su parte Ryo se contuvo de dejar salir cualquier sonido, producto de la sorpresa, y volvió a sentarse contra la puerta de madera sopesando las cosas.
-¿Matsuda?... ¿Takato? –se repitió de forma mental recordando al chico Tamer, compañero de Guilmon.
-Pero él hubiera no existe, y de todas formas no puedo hacer más que alegrarme por él, que se alejó de todo esto para darle a su familia una vida más tranquila.
-Solo queda desearle lo mejor –coincidió el hombre aproximándose a la puerta, la cual abrió para que el anciano saliera. El hombre apagó la lámpara, dejando la habitación solo iluminada por la luz que entraba del corredor.
-Sí, solo eso… -el señor Yokoshima se detuvo al ver una de las paredes de la oficina y notar que en ella faltaba algo-. Jamás olvido cuando muevo el arco de lugar –dijo con tono serio.
Banks de inmediato hizo retroceder al anciano posicionándolo debajo del umbral de la puerta mientras sacaba su arma de debajo de su saco y apuntaba hacia los sofás.
-Salga de aquí señor –dijo el hombre con voz firme.
-Si hay alguien aquí, quiero verlo, ¡A mí nadie me roba! –sentenció el anciano mientras el hombre intentaba impedirle que volviera a entrar y mantenía el arma levantada.
Banks retiró el seguro del arma produciendo un sonido metálico muy tenue, pero que llegó hasta los oídos de Ryo, quien e un movimiento súbito abrió la puerta del baño, y contando con solo unos segundos ubicó al hombre armado, quien comenzó a desviar el arma hacia Ryo, quien en un rápido lanzamiento arrojó el vaso de vidrio que sostenía en la mano hacia el hombre, para luego agacharse rápidamente. El vaso se estrelló contra la mano y el arma del hombre, partiéndose en pedazos y creando varias cortadas en los dedos del hombre que soltó el arma al instante, la cual cayó al suelo, deslizándose cerca del castaño que se apresuró a tomarla.
-¡¿Qué carajo…?! –exclamó el anciano mientras su guardia lo empujaba hacia afuera de la oficina.
-Señor, manténgase detrás de mí –dijo mientras que Kouta salía de su escondite y se apresuraba a empujar la puerta cerrándola.
En el exterior de la oficina el hombre llevaba casi a empujones al anciano mientras sacaba de su saco su celular.
-Intrusos en el nivel superior, manden a un equipo especial.
-¿Cómo diablos pudieron entrar? –se quejó el anciano mientras el hombre lo guiaba hasta una puerta con un lector de tarjetas, en el cual el hombre pasó la suya y la puerta se abrió de inmediato.
El interior parecía ser el de una habitación de pánico, el anciano tomó asiento en uno de los sofás mientras que el hombre revisó un gabinete del cual sacó una pistola semiautomática.
-Permanezca aquí señor dijo el hombre saliendo por la puerta que cerró con rapidez.
-Espera, ¡Banks! –Exclamó el anciano sin poder detener a su protector-. Maldición –dijo sacando su celular para hacer una llamada-. ¡Julius! Unos intrusos entraron a mi oficina, ¡que no escapen! –exclamó el hombre.
-Señor, ¿pero cómo?
-¡No lo sé idiota! ¡Se supone que como jefe de seguridad deberías evitar que eso pasara!
-¿Sabe que buscaban en su oficina?
-Sé que se llevaron el arco de Soran, pero solo eso. No había nada de valor en mí… -el hombre recordó la lámpara de su escritorio encendida y un presentimiento poco agradable llegó a su mente.
-¿Señor?
-Activa un cierre total de los hangares, y envía a un equipo especial a Mos Eisley, ¡que protejan el halcón! –Exclamó con rabia, jadeando al respirar para luego colgar la llamada-. ¿Pero cómo es que se enteraron? –Se preguntó el hombre-, ¿Quiénes son ellos?
Ryo tomó el arma del suelo y se posicionó a un lado de Kouta, como si entre ambos pretendieran sostener la puerta para evitar que alguien más ingresara.
-Van dos veces que evito que tú patético trasero llegue a la cárcel esta noche –dijo Ryo-, más vale que le salves la vida a alguien o esto habrá sido un total desperdicio –le espetó el castaño. Kouta respondió con una risa algo nerviosa mientras guardaba el folder rojo debajo de su camisa y se aseguraba el arco a la espalda con una correa.
El sonido de una alarma comenzó a llegar desde el exterior de la oficina, al igual que una tenue luz roja de debajo de la puerta.
-Quizá lo sepamos muy pronto –dijo el joven mientras que Monodramon y Kotemon se paraban frente a frente a sus Tamers, y él tomaba el cuchillo en su cintura sujetándolo con fuerza-. Kotemon y yo por la izquierda, tú y Monodramon por la derecha. Hay que llegar hasta el final del corredor y tomar el ascensor, buena suerte.
Ryo asintió sujetando el pomo de la puerta igual que Kouta, para luego girarlos ambos al mismo tiempo y salir de la oficina.
Kouta se agachó al igual que Kotemon, ambos en posición de combate, mientras que Ryo apuntaba con el arma hacia el pasillo vacío, en el cual resonaba la alarma y algunos focos de luz roja parpadeaban. De ninguno de los dos lados había nadie, sin embargo no era razón para dejar de ser precavidos. Ryo miró a Kouta por encima del hombro haciéndole una seña con la cabeza y comenzó a caminar, mientras Kotemon y Kouta abanaban de espaldas.
-¡Espera! –pidió el chico de cabello largo.
Ryo se detuvo mientras escuchaba a Kotemon y Kouta haciendo algo con la puerta hasta que un fuerte estruendo lo hizo girarse para ver como ambos chicos habían arrancado la puerta del marco.
-¿Qué carajo…? –dijo mirando a ambos sujetando la puerta.
-Un escudo –dijo el chico y Ryo negó con la cabeza volviendo la vista al frente.
-Como sea, démonos prisa –ordenó para continuar con su marcha.
Avanzaron un poco más antes de escuchar varios pasos desde el otro lado del corredor. Kouta y Kotemon se giraron para ver llegar a un grupo de guardias, fuertemente armados y con atuendos militares.
-¡Por ahí! –exclamó uno de ellos y luego comenzaron a apuntar con sus armas.
-¡Mierda! –exclamó Kouta.
-¡Hay un cruce cerca, no se detengan! –informó Ryo mientras las ráfagas de las armas de los guardias comenzaron.
Ryo y Monodramon, que iban más adelante se lanzaron hacia el pasillo que cruzaba con el que usaban para huir, alcanzando a cubrirse de las balas. Mientras que Kouta y Kotemon se agacharon utilizando la puerta como escudo, la cual soportaba sin problemas los disparos que recibía.
-Disparos de plasma –dijo Kouta sosteniendo la puerta al igual que Kotemon-. No nos matara pero uno de esos disparos nos dejara inconscientes. Escucha, sujétala de donde puedas y avancemos usándola como escudo, ¡vamos! –el digimon asintió y con dificultad comenzaron a moverse casi a rastras y manteniendo en alto la puerta.
-Alto al fuego –indicó uno de los guardias y los disparos se detuvieron, mientras veían el lento avance de la puerta. El líder del escuadrón trataba de apuntar sobre la puerta pero era complicado-. Tú –señaló a uno de sus hombres indicándole que avanzara solo-, te cubriremos.
-Si señor –dijo el hombre y comenzó a avanzar con su rifle de asalto en alto y tratando de ver por encima de la puerta que apenas se movía.
El militar avanzó deprisa alcanzando la puerta y apuntando desde arriba, sin embargo en lugar de encontrar al chico o al digimon solo vio una espada de madera sosteniendo la puerta.
Antes de poder reaccionar sintió como una mano sujetaba su arma y lo jalaba con fuerza hacia el frente. Sin darse cuenta la puerta se había detenido cerca del corredor que se conectaba con ese y el muchacho y su digimon habían aprovechado esto para tender una trampa.
El guardia giró en el aire cayendo pesadamente en el suelo, donde rodo, para luego levantarse apuntando con su arma, la cual fue apartada por Kouta quien luego lo empujo hasta tenerlo contra la pared, iniciando así un forcejeo, mientras los pasos volvían a escucharse en el corredor y Kotemon recuperaba su espada de Kendo.
Un disparo se escuchó y el guardia miró al otro chico apuntándole con un arma.
-Estas son balas reales –dijo, y eso fue suficiente para que el guardia dejara de forcejear. Kouta le arrebató el arma para luego asestarle un fuerte golpe con la culata, dejándolo inconsciente.
Los guardias estaban a punto de girar en el cruce y Kouta comenzó a disparar para frenarlos, haciéndolos retroceder mientras Ryo avanzaba y el también dando pasos rápidos hacia atrás.
Ryo se lanzó contra una puerta la cual cedió con facilidad y el joven y su compañero entraron de inmediato en la habitación.
-¡Kouta! –lo llamó el castaño y el muchacho volteó para ver a su compañero entrar en la habitación y luego el mismo se lanzó hasta esta, sintiendo que un par de disparos por poco logran darle. El chico asomó desde la habitación disparando a los enemigos logrando atinar a un par de ellos.
-Tiene muchos más disparos que un cartucho normal, pero igual no es un arma infinita –dijo el chico de cabello largo apostado bajo el umbral de la habitación vigilando a los guardias que iban por ellos-, no sé si lograremos salir de esta –dijo mientras extraía el folder de debajo de su camisa y se lo extendía a Ryo.
El muchacho lo tomó jadeando al respirar y dibujando una sonrisa algo cansada.
-Fue una divertida aventura –dijo buscando algo en su chaqueta.
Tai movía la pierna impaciente, llevaba apenas un par de minutos en ese lugar, pero sabía con toda seguridad que no tenía tiempo que perder. El plan contemplaba la posibilidad de que alguno o algunos de sus compañeros tuvieran dificultades para llegar hasta el hangar y marcharse de la ciudad, lo que significaba que sería capturado, encerrado y posiblemente tendría que enfrentar un juicio dirigido por Hyuga y otras autoridades de HEDM, pero aquello no le preocupaba mucho en realidad. El verdadero problema que le afectaba era pensar que no se reuniría con Agumon, que no estaría junto a sus compañeros peleando codo a codo por liberar a su amigo y por regresar al Davis que conocían y estimaban.
-Debo irme de aquí –se dijo de manera decidida para luego comenzar a considerar los hechos.
Ya no le faltaba mucho para llegar al ascensor por el cual podría llegar a los niveles inferiores, y por lo que había escuchado antes, en la habitación solo permanecían dos meseros. No debería ser muy difícil inmovilizar a ambos y salir de ahí, aunque claro, corría el riesgo de que alguno lograra escapar, en ese caso podrían delatarlo, pero seguía siendo su mejor opción…a menos que…
El joven miró desde su posición la cocina de la cafetería y contemplo desde ahí unas cuantas ollas y otros utensilios apilados cerca de un fregadero, posiblemente los trastos lavados ese mismo día antes de que el personal de la cocina se marchara. Pero lo realmente importante era la idea que por su mente cruzo en ese momento. Reviso en busca de algo que pudiera lanzar, aunque no encontró nada más que los ganchos y ganzúas, los cuales no eran suficientemente grandes, y después, sobre su muñeca sintió el fino y elegante reloj. Lo contemplo unos segundos y luego se lo quitó tomándolo con fuerza con la mano derecha.
-Perdón Rika –susurró el chico lanzando con todas sus fuerzas el reloj el cual impactó contra las ollas produciendo un fuerte ruido metálico y luego un estruendo al caer al piso, al cual se le unieron otros ruidos de vidrio al quebrarse cuando la caída de los utensilios de metal alcanzó algunos platos y vasos de vidrio.
-¿Qué fue eso? –preguntó una de las voces.
-Vino de la cocina.
-¡Hay alguien ahí!
-No lo sé, hay que revisar.
-¡¿Qué?! ¿Y si esta armado?
-No seas cobarde y ven –ordenó una de las voces y los pasos comenzaron a escucharse.
Tai se encogió abrazando sus rodillas contra su pecho en la esquina de la barra, esperando a que los dos hombres pasaran a la cocina. No tardó mucho en verlos, temerosos y con la vista fija en los trastes repartidos en el suelo. Apenas ambos pasaron al interior de la cocina el chico se despegó de la barra desplazándose tan rápido como su posición casi a gatas le permitía hasta llegar a la puerta, la cual abrió y cerró procurando no hacer ningún ruido.
El chico suspiró aliviado en el exterior del comedor. Se puso de pie y comenzó a caminar en dirección al punto de encuentro cuando una especie de alarma llegó a sus oídos.
-¿Qué diablos? –se preguntó mientras comenzó a correr para llegar al final del corredor, temeroso de que fuera a él a quien acababan de descubrir y por ello habían activado la alarma.
El chico se lamentó de haber tenido que montar aquel show para escapar del comedor pensando que quizá fue eso lo que lo delato, mientras seguía corriendo hasta llegar al final del corredor, donde al dar la vuelta casi se estrella con un cuerpo envuelto en un atuendo rojo. El chico sintió el golpe de su cuerpo contra otro y luego sujeto a la fémina que iba hacia el suelo para evitar que esta callera, sujetándola por la cintura e inclinándose hacia adelante. El muchacho miró el rostro de la chica que lucía tan sorprendida como calculaba que él debía estar.
-Mimi –dijo al reconocer los ojos color miel de la chica.
-Tai –contestó ella al verlo y luego le sonrió con ternura. El joven levantó la mirada y vio a Palmon en una posición de combate aparentemente a punto de arremeter contra él, pero estática como si también ella acabara de reconocerlo.
-¿Qué hacen aquí? –preguntó el chico ayudando a Mimi a incorporarse nuevamente.
-No estabas en el punto de encuentro y me preocupe, vine a buscarte –le aclaró la chica.
Tai sonrió conmovido por el gesto tierno de la joven que al ver la expresión del muchacho se sonrojó.
-No debiste, no era parte del plan –dijo Tai llevando su mano al terso hombro de la joven.
-Al diablo con el plan, te dije que iríamos por Agumon y Davis y no pienso fallar en esa promesa –le dijo la chica sin poder contener las ganas que tenía de rodear el cuello del chico con sus manos, acariciando la nuca del muchacho.
-Ejem –escucharon a Palmon y voltearon a verla, permanecía con los brazos cruzados y golpeaba el suelo insistentemente con un pie-, ¿les tengo que recordar que no tenemos tiempo para eso? –dijo haciendo que ambos se sonrojaran y se separaran.
-Cierto, démonos prisa, una alarma se activó y no sé por qué.
-Cierto –dijo Mimi para luego comenzar a correr junto con Tai y Palmon-. No estamos muy lejos del elevador, vamos –le indicó mientras corrían por el desierto pasillo.
-De verdad me gustaría que no estuvieras en esta situación –comentó Tai sin dejar de correr.
-Ay por favor, se defenderme sola, ya te lo dije –respondió la castaña estando a punto de girar en otro pasillo.
Al dar la vuelta Tai y Mimi notaron a un par de guardias que caminaban en dirección a ellos y que los vieron de inmediato. El muchacho se alarmó deteniéndose de golpe, mientras que Mimi, al ver a los guardias que se dirigían hacia ellos y al castaño congelado en su lugar, hizo como si tropezara y se arrojó sobre el comenzando a reír escandalosamente.
-Sígueme la corriente –dijo entre risas y haciendo como si intentara sostenerse por sí misma, apoyándose en el castaño, que comenzada reír de la misma forma que Mimi.
Los guardias caminaban hacia la pareja que comenzó a avanzar en dirección a ellos, mientras que Palmon permaneció oculta en el otro corredor.
Mimi seguía riendo y moviéndose de forma errática hasta que los guardias los encararon.
-¡Ay! Perdón, nos extraviamos –dijo la chica arrastrando las palabras como si estuviera ebria.
-Esta área está cerrada por la fiesta –dijo uno de los guardias.
-Lo siento –contestó Tai, usando un tono similar al de Mimi-, solo quería enseñarle a esta hermosa criaturita de Dios el lugar donde trabajo, ¿tú me entiendes? –dijo golpeando ligeramente con la palma el pecho de uno de los guardias. El cual suspiró con cansancio.
-Por favor, se ha presentado una situación, por su seguridad, tengan la amabilidad de acompañarnos al vestíbulo del edificio –dijo con tono monótono.
-Ah claro, no se preocupe –dijo Tai separándose de Mimi y arrojándose sobre el guardia que lo recibió bastante molesto-, no se preocupe, regresaremos de inmediato, ustedes sigan en lo suyo.
-Nos daremos el tiempo de escoltarlos –dijo el otro guardia. A lo que Tai parecía algo frustrado.
-¡claro! –Dijo separándose del guardia al cual se había arrojado-, sin… ningún… ¡problema! –espetó arrojándole un puñetazo al guardia de la izquierda para luego taclear al otro que lo contuvo, recibiendo el golpe en el estómago, pero sujetando de los brazos al chico que intento liberarse, zafando uno de sus brazos del agarre del guardia, que luego se concentró en sostener el otro brazo del chico apoyando su palma sobre el hombro del castaño mientras mantenía enroscado el otro brazo al del muchacho que comenzó a forcejear.
-¡Mimi vete! –exclamó el chico.
Pero Mimi en lugar de correr dio una larga zancada al frente y sujetando la cabeza del guardia que Tai acababa de golpear y arremetió contra el con la otra pierna propinándole un fuerte rodillazo en la cara que lo envió hasta el muro estrellándose, para después, apoyando la misma pierna, dar una contundente patada al guardia que sostenía a Tai en la cara, la cual envió a ambos hasta el muro contrario haciendo que el guardia soltara el brazo del chico. Luego de estrellar su espalda con el muro el guardia recibió un puñetazo en la cara de parte de los dos castaños que envió su cabeza nuevamente contra el muro, para después caer sobre sus rodillas y finalmente hacia el suelo por completo. Palmon, sin perder tiempo envolvió a ambos hombres con sus látigos para después cortarlos y dejar a ambos inmóviles y atados en el suelo.
Mimi se acomodó el pelo ante Tai que la miraba con una expresión de asombro dibujada en el rostro.
-He estado en clases de Muay Thai desde hace tres años, te dije que sé defenderme sola –le explicó la castaña al sorprendido muchacho.
-Que patada –alcanzó a pronunciar el chico pese a su sorpresa. Mimi sonrió de forma coqueta.
-No elegí este vestido abierto solo para que pudieras ver mis hermosas piernas –le dijo con tono seductor antes de comenzar a caminar contoneando su cadera de una forma que hipnotizó al muchacho que sacudió la cabeza para reaccionar y seguirla.
Palmon y el chico siguieron a la castaña que llevó una de sus manos a su oído derecho presionando ligeramente.
-Takato encontré a Tai –dijo la chica en voz alta.
-¡Excelente! Vayan al elevador, debe seguir activo –dijo el chico en la parte trasera del vehículo de carga que se movía deprisa. En el estrecho corredor.
Al frente del vehículo Leomon y Guardromon avanzaban por su cuenta para responder ante cualquier amenaza.
-Hay un problema –escuchó que agregó la castaña-, al parecer una alarma fue activada –le informó, cosa que todos escucharon.
-¿Una alarma? –repitió Hikari.
-Quizá Ryo y Kouta tengan problemas –dijo Juri mirando a la castaña.
Joe conducía el vehículo, manteniendo su vista hacia el frente pero escuchando con atención toda la conversación.
-Revisa –pidió Takato a Izzy, quien estaba a su lado y el chico abrió su laptop para comenzar a buscar algo.
-En efecto, se dio una alerta por unos intrusos en el nivel superior, un equipo especial fue enviado al lugar y todo el edificio está en alerta además… -el chico cayó al ver otro detalle en la pantalla-, un equipo especial fue enviado a los hangares inferiores.
-Mierda –se quejó Takato.
-¿Qué hacemos? –preguntó Hirokazu.
-Ya estamos muy cerca del hangar –informó Gatomon interviniendo en la plática. Takato asintió mientras pensaba las cosas.
-Muy bien, sigamos. Mimi, ¿Dónde están? –preguntó el chico Matsuda.
-Cerca del punto de reunión que habíamos acordado.
-Perfecto, Izzy, inhabilita todos los ascensores y activara el que está frente al laboratorio de cómputo en cuanto ustedes estén ahí.
-Pero… -protestó el chico con nerviosismo-, ¿Cómo voy a hacer eso? –preguntó el chico.
-Puedes hacerlo –le aseguró Takato.
-Contamos contigo –dijo Hikari girándose en su asiento para ver al chico que seguía nervioso. Tentomon se apoyó en el hombro del muchacho tratando de alentarlo y el joven finalmente suspiró.
-Lo intentaré –Takato sonrió agradecido.
-Mimi, vayan al ascensor, lo activaremos para ustedes.
-Entendido –dijo la chica a modo de despedida.
-Chicos, llegamos –informó Joe deteniéndose frente a Guardromon y Leomon que vigilaban el resto del corredor como guardias.
Takato bajó del vehículo y corrió hasta la gran puerta, gruesa y grande como un muro. El chico se acercó hasta un pequeño panel activándolo, para ver como este le pedía dos tarjetas de identificación, además de una clave de acceso.
-Izzy, que no inhabiliten las tarjetas de acceso de Aizen y Reki, asegúrate por favor –pidió el chico.
-Una cosa a la vez –protestó el muchacho mientras tecleaba frenéticamente sobre la laptop, y al mismo tiempo dirigía rápidas miradas a otra que sostenía Tentomon frente a él, con la cual se informaba del grupo que se dirigía hacia ellos-. Esto debe funcionar –dijo mientras introducía un nuevo comando que creó un cierre total en los elevadores-. ¡Funcionó! –exclamó con alegría-, los ascensores están inactivos, y el sistema de la puerta sigue abierto, peor no sé cuánto tiempo pueda mantenerlo así, debemos darnos prisa.
-Aun con las tarjetas, sin Ryo ni Kouta no podemos entrar –se lamentó Takato mientras activaba el comunicador que llevaba en el oído.
Kouta seguía apostado bajo el umbral de la puerta, recargado en el marco y con el rifle en alto apuntando a la esquina del corredor. Kotemon frente a él vigilaba el otro extremo del mismo corredor protegiendo la retaguardia del chico.
La excelente puntería del muchacho había quedado ya evidenciada al haber logrado contener por esos minutos al grupo especial que iba por ellos, pues apenas uno lograba asomarse para ver la ubicación de los Tamers, un disparo del chico lo alcanzaba con una precisión asombrosa.
Un soldado más se lanzó rodando por el suelo, peor antes de poder apuntar Kouta dio un certero disparo que golpeó por encima de la protección del pecho del hombre, dejándolo inconsciente.
-Solo me quedan catorce disparos, y no creo que sean suficientes -informó el muchacho a Ryo, quien estaba recargado sobre una fotocopiadora con el folder rojo abierto.
-El tiempo suficiente nada más –dijo el chico mientras sacaba de su bolsillo un comunicador del cual salió la voz de Takato ene se momento preciso.
-Chicos, ¿Cuál es su situación? –preguntó el joven. Ryo titubeó un segundo por la sorpresa pero de inmediato se recuperó.
-Algo limitado –dijo el muchacho-, antes de escuchar otro disparo de Kouta y que este gritara "trece"-. Escucha, no creo que podamos llegar hasta ustedes, pero tenemos los códigos de activación, escucha con atención, y anota.
-Ryo espera…
-P-A-N-O-P-1-7-2-2-0-3 –interrumpió Ryo a Takato haciendo dictado de cada letra y numero, asegurándose de ser lo más claro posible.
Guilmon, que estaba junto al chico, sin perder tiempo buscó en la mochila que llevaba cargada una libreta que le entregó a Takato quien la tomó y comenzó a escribir.
-Esa es la clave del hangar si no me equivoco, los códigos de activación del halcón son azul 678913, y rojo 953342, sin espacios –Takato anotó todo deprisa.
-Ryo escucha, no vamos a dejarlos –reclamó el muchacho por el comunicador.
-Si no tienen más opción deben hacerlo.
-Pero aún tenemos opción –dijo Takato mirando a Izzy quien levantó la mirada de la pantalla de su laptop mirando al chico que parecía suplicar con la mirada.
-Maldición, veré que opciones tienen –dijo el chico pelirrojo volviendo a buscar en la computadora.
-Dennos algo de tiempo –pidió Takato.
-No creo que tengamos mucho –contestó Ryo.
-Nueve, ese maldito se movía rápido –escuchó la voz de Kouta.
-¡Chicos! –Takato volteó hacia Leomon y Guardromon en cuanto escuchó la voz de Sora, quien recién llegaba acompañada del resto de sus compañeros.
-¡Genial! ¡Llegaron! –exclamó Kenta alegre de ver al resto de sus compañeros.
Sora de inmediato se dirigió a Juri estrechándola con cuidado y sonriendo feliz de verla sana y salva, mientras que el resto comenzaba a conversar animadamente, felices de al fin estar reunidos.
Entre tanto Rika avanzó hasta Takato, mostrándole las dos tarjetas de identificación que habían robado y que les permitiría terminar de una vez con aquella operación.
-Todo listo –dijo Rika sonriéndole al muchacho que se sonrojó al verla con aquel elegante vestido negro y tuvo que desviar la mirada por un momento.
-Takato, estas todo rojo –señaló Guilmon, cosa que solo hizo aumentar la pena que el chico sentía ene se momento.
-Guilmon, ¿te acuerdas cuando hablamos de los comentarios inoportunos? –le dijo el muchacho con tono amenazante.
Rika sonrió con discreción, con un peculiar brillo en los ojos y un ligero rubor en las mejillas.
-Takato –lo llamó Joe y el chico dejo su conflicto con el digimon rojo mirando al joven de pelo azul, que sostenía un comunicador cerca de su oído, con Hikari a un lado de él.
-¿Qué pasa? –preguntó el Takato.
-Otro problema –le respondió Hikari.
Mimi se asomó con discreción por un pasillo, encontrando este repleto de guardias que custodiaban el ascensor por el que supuestamente debían bajar. Tai y Palmon vigilaban el otro extremo algo nerviosos. Mimi volvió a pegar la espalda contra el muro cubriéndose a la perfección, para luego mirar con preocupación a Taichi, y llevar su mano al comunicador en su oído.
-El ascensor está custodiado, no podemos usarlo.
-Diablos, esto es malo –respondió la voz de Takato-, Ryo y Kouta también están en un lio –explicó el chico.
-Escuchen –dijo Ryo haciendo luego una pausa sopesando las cosas-, la mayoría ya está en posición, solo váyanse, no tiene sentido que se retrasen solo por nosotros.
-Ryo… -quiso protestar Takato.
-Escuchen, sabíamos que esto podía pasar y lo aceptamos, estaremos bien, solo nos arrestaran, no es gran cosa.
-Es muy conmovedora su actitud de mártires –escucharon la voz de Joe y Kouta apartó la mirada del corredor para ver hacia el muchacho castaño que sostenía el pequeño aparato-, pero ya tenemos un plan.
-¿Lo tenemos? –preguntó Takato y Joe asintió con una sonrisa triunfal-, revise los planos, y creo tener una buena forma de sacarlos de ahí.
-¿Qué hay de Tai y Mimi? –preguntó Hikari preocupada.
-Descuiden, también tenemos un plan –Escucharon decir a Mimi.
-¿En serio? –preguntó Tai sorprendido. Mimi lo miró con una sonrisa.
-¿Aun tienes las ganzúas no? –le preguntó. El chico asintió aunque no parecía comprender nada.
Akira Yokoshima estaba parado a mitad de la habitación de pánico con un vaso de vidrio en su mano, el cual contenía un poco de licor que el hombre bebió de un solo trago para luego volver a servir en el vaso otro tanto. El celular en el bolsillo de su gabardina comenzó a sonar y el hombre extrajo el objeto para tomar la llamada.
-Señor…
-¿Ya los atraparon? –preguntó sin dar tiempo a la persona de hablar.
-No señor, pero me informan que los tienen acorralados, además de eso, me temo que invadieron el sistema del edificio, no podemos mover los ascensores, dos escuadrones están atrapados en estos momentos.
-¿Y por qué llamas si no tienes algo bueno que decir? Haz tu trabajo en lugar de hacerme perder el tiempo –reclamó el hombre.
-Señor –dijo intentando calmar al anciano-, el general Hyuga pide hablar con usted, dice que es importante.
-Dile a ese arrogante imbécil que tengo mis propios problemas, que ahora no puedo solucionar los suyos –reclamó el anciano dispuesto a colgar.
-Dice que tiene que ver con los miembros del escuadrón niños elegidos, al parecer perdió el rastro de todos.
-¿Y qué diablos tengo que ver yo con…? –el hombre calló mientras comenzaba a atar cabos.
-¿Señor? –lo llamó el hombre del otro lado de la línea.
-Pide a Hyuga una lista con los nombres de todos los miembros de ese grupo especial, y dile a los guardias que busquen y pongan bajo custodia a los invitados de mi nieto.
-En seguida –dijo el hombre y luego el anciano Yokoshima colgó.
El hombre se apoyó sobre un mueble de madera pensando en el grupo especial que Charles Resse había formado hace un par de años, y reunido ante la amenaza del autodenominado Emperador de los digimons, para luego ser inhabilitado por el general Hyuga al considerar que no eran aptos para cumplir con la misión de capturar a un Tamer, que resultaba ser un miembro de aquel equipo.
-Los niños elegidos… ¿niños?
Takato y Rika se posicionaron cada uno con una tarjeta en la mano, dispuestas estas sobre las ranuras del panel de la puerta del hangar.
-A las tres –indicó el chico, una dos…
-Tres –dijeron ambos al unísono introduciendo ambas tarjetas en las ranuras al mismo tiempo, lo que desactivó uno de los seguros de la puerta. El segundo seguro fue retirado en el momento que Takato introdujo la clave que Ryo le había proporcionado.
Un fuerte sonido como de trompeta se escuchó provenir de la puerta, seguido de un ruido metálico, para finalmente ver como la puerta se dividía a la mitad y ambas partes comenzaban a deslizarse abriendo el camino a los Tamers. Takato caminó al frente del grupo, cargando una mochila en su espalda, acompañado por Guilmon de un lado y Rika del otro. Takato respiraba de forma algo agitada, contemplando frente a él una densa oscuridad, al igual que los demás, quienes poco a poco avanzaron tratando de ver algo en la oscuridad.
Poco a poco la luz comenzó a encenderse, iluminando el amplio espacio. El techo era alto, había varios niveles a los cuales se acusaba por medio de escaleras. Al fondo una especie de plataforma seguía a oscuras, y fue lo último en iluminarse. Mostrando sobre esta un par de vehículos aéreos de gran tamaño.
Las dos naves eran amplias, de al menos cuatro metros de altura y más de veinte de largo. Sus alas eran amplias y poseían un par de hélices cada una. El frente era amplio y toda la estructura poseía un recubrimiento que parecía especialmente reforzado para soportar ataques fuertes.
-Wow –dijeron Eva y Matt al unísono al ver las dos naves.
-Chicos, les presentó, el último trabajo de industrias Ipkiss un módulo aéreo de vigilancia y respuesta táctica, nombrado "Halcón" –indicó Takato antes de caminar hasta un estante sobre el cual había varios objetos, trajes tácticos, armas y demás objetos- rápido, tomen todo lo que puedan y súbanlo al halcón –ordenó Takato y de inmediato todos obedecieron repartiéndose por el hangar en busca de cosas útiles
El ascensor a mitad del corredor estaba siendo revisado por un hombre de traje que había desmontado el panel entero, y se encontraba revisando los cables, al igual que el sistema del edificio por medio de una Tablet, buscando la razón por la cual no funcionaba. A su alrededor varios guardias esperaban impacientes el poder subir al ascensor, y entre ellos se encontraba también Yoh Yokoshima, el heredero de Akira Yokoshima, un hombre de carácter duro, el cual se veía reflejado en su rostro, detrás de unas gafas de cristales redondos, remarcado por la furia que se distinguía en sus ojos.
-No lo entiendo, todo parece estar en orden, pero el sistema simplemente no responde –dijo el técnico que revisaba el ascensor.
-Más vale que hagas que funcione, si los intrusos llegan hasta el nivel inferior puedes despedirte de tu empleo…
-¡Ah! ¡Ayuda por favor! –Los guardias y el resto de los presentes giraron ale escuchar aquel grito lleno de desesperación.
En la esquina del corredor un joven castaño, bastante desalineado sostenía los brazos de una joven y hermosa chica castaña que llevaba puesto un vestido rojo. Contra la garganta de la chica, justo sobre la vena yugular el joven mantenía un objeto punzante con el que amenazaba la vida de la chica que respiraba de manera agitada con una expresión de terror en el rostro.
-Por favor, ayúdenme por favor –dijo la joven al borde de las lágrimas, mientras que detrás de ambos aparecía un digimon de apariencia salvaje que parecido a una especie de planta viviente.
-¿Pero qué demonios…?
-Apártense, no estoy jugando –bramó el muchacho. Algunos de los guardias comenzaron a tomar sus armas desenfundándolas y comenzando a levantarlas para apuntarle al castaño-. Bajen las armas o la muñeca se muere –gritó con decisión lanzando una fiera mirada a todos.
El hombre reconoció al joven como el chico que esa misma noche había protagonizado una vergonzosa escena de celos, y a la chica como la joven por la cual había perdido el control. No lograba entender como aquel digimon que estaba detrás de ellos había llegado hasta ahí, pero en ese momento lo que menos necesitaba era perder el tiempo resolviendo una estúpida situación de adolescentes. Sin embargo tampoco podía dejar de mostrarse como el hombre pulcro y respetable, y próximo dirigente de la empresa que era, por lo que decidió mostrarse cooperativo con la situación.
-Bájenlas –ordenó el Yokoshima, a lo cual los guardias obedecieron al instante-. ¿Y? ¿Qué plan tienes? ¿De verdad crees que saldrás de este edificio con esa chica como tú rehén? –le dijo de forma retadora.
-A menos de que quiera que la noticia de que un lunático apuñalo a una jovencita en su majestuosa fiesta anual, en el edificio más importante y supuestamente seguro de Norman City, le sugiero que se aparten –ordenó sin titubeos-. ¡Todos apártense del ascensor! –gritó mientras apretaba con más fuerza el objeto en su mano haciendo que la chica emitiera un gemido asustado y comenzara a sollozar.
Yoh Yokoshima sonrió de manera disimulada mientras se apartaba del ascensor, acercándose al técnico que revisaba el sistema.
-¿Las puertas funcionan? –preguntó de forma disimulada.
-Sí, pero solo eso –dijo el técnico en un susurro.
-Perfecto.
-¡¿Qué tanto cuchichean?! ¡Abran paso o la chica se muere! ¡Ya se los dije!
-Calma chico, no es necesario que aquí ocurra una tragedia –le aseguró el hombre mientras se apartaba junto con el técnico.
-Que los guardias retrocedan –ordenó. Yokoshima asintió y los guardias comenzaron a alejarse mientras el joven avanzaba con pasos cortos, empujando a la chica-. Abran el ascensor –ordenó. Yokoshima avanzó hacia adelante accionando el botón que abría la puerta del ascensor para después retroceder lentamente.
El digimon se apresuró a ingresar al ascensor mientras que el chico amenazando la vida de la castaña avanzaba poco a poco sin dejar de vigilar a los guardias.
-Por favor, deja a la chica, no te ayudara en nada llevarla contigo –pidió de forma amable el hombre.
-Yo doy las órdenes aquí –bramó el muchacho para luego entrar en el ascensor y rápidamente cerrar la puerta de este.
-Idiota –dijo el hombre restándole importancia-, que un guardia se quede vigilando, y no duden en abatir a ese digimon si intenta algo. Saquen a los invitados de la fiesta de la forma más discreta y pongan en marcha un cierre total de todo el edificio…
-Señor… -interrumpió uno de los guardias.
-¿Qué diablos quieres? –le espetó molesto el hombre.
-Un mensaje de su padre –informó-, dice que busquemos y pongamos bajo custodia a los invitados del joven Aizen.
-Pues búsquenlos y enciérrenlos, no me… -el hombre se giró hacia el ascensor, el cual sin razón alguna se activó mostrando que comenzaba a descender-. No es verdad… ¡Detengan esta maldita cosa! –ordenó lanzándose contra la puerta para intentar abrirla el mismo. Un par de guardias se le unieron abriendo entre los tres las puertas, para asomarse al cubo del ascensor por el cual el mismo descendía perdiéndose en la oscuridad.
El hombre tomó el arma de uno de los guardias comenzando a disparar como loco contra el ascensor hasta vaciar el cartucho, para después arrojar el arma con rabia y retroceder, llevándose las manos por el cabello con frustración.
-¡MALDITA SEA! ¡MIERDA! –exclamó lleno de furia.
Dentro del ascensor, Tai soltó a Mimi en cuanto las puertas se cerraron y quedaron a salvo de las miradas de los guardias. La chica paró al instante de gritar y sollozar y se llevó la mano al cuello, frotándose el punto sobre el cual Tai había estado apoyando el objeto metálico (el cual no poseía punta).
-¿Estas bien? –Preguntó el chico y la joven sonrió mientras el ascensor comenzaba a moverse-, lamento si te lastime.
-Descuida, no es nada, me alegra de que esto funcionara –dijo la joven con buen ánimo.
-Fue una actuación espectacular –alabó el muchacho, para luego ver a Palmon-, y tú no te quedas atrás- le reconocía a lo que el digimon sonrió agradecida por el cumplido.
El sonido de varios impactos sobre el techo del ascensor los regresó a la realidad tan delicada en la que en esos momentos se encontraban.
-En verdad es una suerte que hayamos logrado escapar de ellos –dijo Tai guardando el gancho en su bolsillo.
-Eso gracias a que nos subestiman llamándonos niños –dijo Mimi, por primera vez agradecida por aquel hecho.
El ascensor finalmente se detuvo después de unos segundos más, abriendo sus puertas dejando ver al trio un corredor poco iluminado al cual salieron.
-Sigan por la derecha, apresúrense –informó Takato.
Mimi se retiró los tacones de los pies para poder moverse con mayor comodidad. Y comenzaron a correr juntos. Tai miró a Mimi cargando los zapatos en una mano, lo cual le resultó curioso.
-¿Por qué no los dejas? –preguntó divertido.
-¿Estás loco? –Le reclamó la chica-, estos zapatos y este vestido es lo más valioso y bonito que tengo –respondió para luego mirar los pies sin zapatos del muchacho.
-¿Y qué pasó con tus zapatos? –preguntó y el chico bajó la mirada un segundo.
-Esas cosas eran muy incomodas –respondió provocando una pequeña risa en Mimi.
Kouta respiraba procurando moverse lo menos posible. Solo le restaban cuatro tiros más y no podía seguir fallando (puesto que no había tenido mucha suerte en los últimos tiros). Parecía ser que aquellos guardias esperaban a que se fatigaran y se rindieran, posiblemente esa era su maniobra.
-¿Cómo vas con eso? –preguntó a Ryo quien estaba trepado en la fotocopiadora desatornillando una rejilla en el techo.
-Ya casi, solo un poco más, resiste.
-Se dice fácil –se quejó el joven mientras apuntaba con el arma.
Kotemon seguía en la misma posición cuidando la espalda de su Tamer, cuando alcanzó a percibir movimiento del otro lado del corredor y luego vio a un hombre asomándose con un arma en las manos.
-¡Kouta! –exclamó el digimon antes de apartarse entrando por completo en la habitación siendo imitado por Kouta poco antes de que una ráfaga de balas impactara contra el umbral de la puerta.
-¡Carajo! Se cansaron de jugar –dijo el joven al ver los daños de las municiones reales en el marco de la puerta.
El chico empujó la puerta cerrándola, para que después Kotemon y Monodramon empujaran un mueble grande y pesado atrancándola. El arquero se llevó una mano al hombro sintiendo algo húmedo y tibio. Revisó su mano y notó que sangraba por un rosón de bala.
-Se acabó el tiempo –dijo algo preocupado.
Fuera de la habitación los guardias se asomaron apuntando con sus rifles al hombre vestido de traje que sostenía el arma y que levantó una mano como identificándose. Después de eso hizo un par de señas con la mano antes de continuar avanzando al igual que los miembros que quedaban del escuadrón especial (cinco hombres) que habían mandado para capturar a los intrusos. Llegaron hasta la puerta de la habitación que intentaron abrir pero sin éxito.
-Atrancada –dijo uno de los guardias. El hombre de traje asintió.
-Vuélenla –ordenó sin titubeos y el guardia asintió extrayendo un pequeño dispositivo de su chaleco táctico el cual pegó en la puerta.
-¡Retrocedan! –gritó el hombre y pocos segundos después el dispositivo estalló.
El hombre de traje avanzó al frente sosteniendo el arma en alto e ingreso sin temor a la habitación, la cual estaba destrozada. La explosión había empujado el mueble que se estrelló con la fotocopiadora dejando ambos artículos hechos pedazos en medio de una lluvia de papeles y una cortina de humo.
-¿Escaparon? –dijo uno de los guardias retirándose la capucha de la cabeza-, señor Banks, sus órdenes –pidió el hombre mientras que el de traje seguía paseando su mirada por la habitación.
-Pero… ¿Cómo es posible? –Se preguntó mirando a cada rincón, hasta que alzó la vista viendo en el techo un hueco donde debería ir una rejilla, la cual había sido retirada-, la ventilación, ¡Esos malditos! ¡A los ascensores! ¡No permitiremos que escapen! –exclamó para luego comenzar a correr por la dirección en que había legado, mientras el resto de los guardias avanzaron en sentido contrario.
Kouta se arrastraba por el estrecho y conducto metálico sintiendo el aire caliente golpeándolo por todos lados. Detrás de él se encontraba Kotemon y adelante Ryo, quien había comenzado a sudar por el calor. Monodramon encabezaba al grupo y tras unos cuantos metros dio una vuelta, que de inmediato tomaron también los demás. Unos cuantos metros más y el digimon se detuvo ante el final del conducto.
-Rápido Monodramon –pidió el chico castaño al digimon que tensó su puño mientras apoyaba las palmas de sus pies en las paredes del conducto mientras emitía un pequeño gruñido y se arrojaba contra la rejilla que los aprisionaba saliendo del conducto y aterrizando en el corredor.
Ryo salió deprisa seguido por Kouta y finalmente Kotemon, quien notó la sangre que escurría por el brazo del chico.
-Este herido –dijo el digimon.
-No es nada –afirmó Kouta.
-Rápido, por aquí –indicó Ryo señalando un corredor de frente al punto por el que habían salido, al final del cual se podían ver las puertas dobles de un ascensor-, corran –gritó el chico.
A mitad del camino parecía que lograrían sin dificultad su cometido, pero un disparo resonó en el corredor, haciéndoles buscar cubierta, pegándose a los marcos de las puertas de pequeñas oficinas por las que pasaban.
Kouta se asomó viendo al hombre de traje quien avanzaba a paso lento y que disparó nuevamente, sin embargo la bala no paso ni cerca de ellos, pero el chico se percató de que el objetivo del hombre era el panel del ascensor a sus espaldas, donde la bala casi había impactado. El chico de cabello largo volvió su vista hacia el hombre que en ese momento estaba cambiando apresuradamente el cartucho de su arma. Momento que Kouta aprovechó para sacar su cuchillo y arrojarlo con la mayor precisión posible hacia la mano del hombre, quien vio el arma y soltando el cargador alcanzó a atrapar el cuchillo, el cual le produjo una cortada en la mano que pronto comenzó a emanar sangre.
Ryo aprovechó el momento para salir de su escondite con el arma que había conseguido antes apuntando hacia el hombre y comenzando a disparar, aunque sin intención de realmente atinarle. El hombre retrocedió buscando refugio mientras que Ryo y Kouta salían de cubierta y corrían hacia el ascensor.
Kotemon accionó el interruptor del mismo, abriendo las puertas al instante mientras Ryo disparaba su último tiro para después ingresar al ascensor.
-¡Ya estamos dentro, enciéndanlo! –exclamó Kouta sujetando cerca de su boca el comunicador, mientras las puertas comenzaban a cerrarse.
El hombre de traje salió de su escondite para lanzarse a correr hacia el cargador del arma, pero sin tiempo para recargar la pistola, optó por arrojar hacia el ascensor el cuchillo que Kouta le había lanzado previamente, el cual alcanzó a entrar al ascensor antes de que las puertas se cerraran y terminó clavado en la pared detrás de los Tamers, sujetando la manga izquierda de Ryo.
Ambos chicos se miraron respirando de forma agitada. Ryo retiró el cuchillo de la pared, entregándoselo después a su dueño, quien lo recibió y se dejó deslizar por la pared hasta el suelo.
Banks corrió hasta el ascensor, pero ya no tenía posibilidad de detenerlo, por lo que solo golpeó la puerta con el puño lleno de frustración.
-Mierda –dijo y luego escuchó su celular sonando. Lo sacó de su bolsillo y tomó la llamada del señor Akira Yokoshima-. Los perdí –dijo sin rodeos-, están en el ascensor 7C, no me explico como lo hicieron funcionar.
-No están trabajando solos –explicó el hombre.
-Pero… ¿Cómo dice?
-Te explicare después, ven por mí y haz que preparen un vehículo, presiento que algo viene. Date prisa –dijo el anciano para después colgar y hacer otra llamada.
-¿Señor? –se escuchó del otro lado de la línea una voz femenina.
-Están en el ascensor 7C, inhabilítenlo.
-Señor… perdimos por completo el control de los ascensores, no sabemos cómo, pero nos han dejado completamente sin posibilidades y no los encontramos para expulsarlos del sistema.
-Deben estar ocultándose en algún viejo encriptado o… Busquen en la vieja programación del edificio, en los programas deshabilitados o las redes antiguas.
-En seguida señor –contestó la mujer en la otra línea.
-No pueden burlarme, no hay manera en que puedan burlarme –se repetía el anciano.
-El señor Yokoshima dice que revisemos en las redes viejas del sistema –dijo una mujer frente a una computadora, en una habitación donde había otras tres mujeres y dos hombres, todos trabajando en una computadora.
-Viejas redes, viejos sistemas, viejos encriptados –repetía uno de los hombres.
-Lo encontré –dijo una mujer-, hay un programa invasor en una vieja red de seguridad.
-Pues expúlsala, y luego frenen el ascensor 7C –indicó la mujer que había hablado por teléfono antes.
El ascensor en que viajaban los Tamers y sus compañeros se detuvo de forma brusca e incluso la luz interior se apagó. Ryo sacó de inmediato una linterna y avanzó hasta el panel del ascensor tratando de accionar este.
-Lo inhabilitaron –dijo el chico.
-Takato, ¿me escuchas? –Dijo Kouta a través del comunicador-, ¿Takato, o quien sea, logran escucharme? –no hubo respuesta alguna-. ¿Y ahora? –preguntó el arquero.
Ryo pensó un momento para después mirar hacia arriba, y notar la escotilla de emergencias del elevador.
-¿Rapel? –dijo con una sonrisa forzada en el rostro.
Takato revisaba una computadora cerca de la nave que utilizarían para escapar mientras el resto de sus compañeros seguían reuniendo equipo para la misión y amontonándolo cerca del halcón.
-¿Qué haces? –preguntó Izzy mientras dejaba una mochila en el suelo y veía al chico tecleando sobre una computadora.
-Estoy desconectando el sistema de la nave que la sincroniza con el edificio y con HEDM, así no podrán rastrearnos –explicó Takato.
-¡Mierda! –exclamó Joe de repente llamando la atención de todos.
-¿Qué pasa? –cuestionó Henri dejando de lado un casco, similar a otro en que Terriermon había metido su cabeza por completo.
-Nos expulsaron del sistema –dijo con preocupación-, nos encontraron y nos expulsaron del sistema –todos se quedaron estáticos al recibir esa noticia. Eva recargó la cámara de un arma semiautomática que acababa de tomar y la guardó en la cartuchera que ya se había acomodado en la cintura.
-¿Qué significa? –preguntó la chica mirando a todos a su alrededor.
-Que tenemos poco tiempo –dijo Takato volviendo a la computadora e introduciendo un par de comandos más. Un sonido metálico resonó en el hangar y la nave abrió su compuerta trasera formando una rampa de acceso-, rápido, hay que irnos –indicó el chico.
-Pero… ¿y los demás? –preguntó Sora preocupada.
-¡Esperen! –escucharon una voz femenina gritar desde la entrada del hangar, y al girarse vieron a Mimi, Palmon y Tai.
-Justo a tiempo –gritó Matt mientras los tres se apresuraban a llegar al encuentro con el resto de sus compañeros.
-Lamentamos la demora pero…hubo complicaciones –explicó Tai.
-¿Me pregunto cuántas veces se habrá dicho esa misma frase esta noche? –dijo Eva en voz alta. Taichi miró a la joven, quien era una completa desconocida para él.
-Aún faltan Ryo y Kouta, pero ya no podemos seguir esperándolos –dijo Takato mientras cargaba con la ayuda de Guilmon un par de cosas-, apresúrense a subir al halcón –dijo y sin perder más tiempo varios de los presentes comenzaron a abordar cargando todo lo que podían.
-Un minuto, ¿Kouta aún no llega? –dijo Tai con preocupación.
-Al parecer inhabilitaron el ascensor en que venían, deben estar varados –le dijo Joe cerrando la su laptop para luego abordar junto a Gomamon en la nave.
Matt, Gabumon Mimi y Palmon eran los únicos que se mantenían junto al castaño que parecía indeciso.
-Eso no lo detendrá –dijo-, conozco a Kouta, encontrara el modo de llegar hasta aquí.
-Aunque así fuera, no tenemos tiempo para esperarlos –dijo Matt con resignación.
Tai miró hacia la entrada del hangar, centrando su mirada en el vehículo estacionado a mitad del pasillo.
-Joe, ¿hacia qué lado del corredor está el ascensor por el que descendían ellos? –gritó el chico con decisión.
-Izquierda, es el 7C ¿Por qué? –preguntó el chico mirando al joven.
-Por qué les ayudare a llegar más rápido –agregó dándose la vuelta dispuesto a salir.
-¡Tai! –lo llamó Mimi sujetándolo del brazo. El chico se volteó para ver a la joven que tenía una mirada suplicante. Tai sonrió de forma melancólica poniendo su mano sobre la de la chica.
-Kouta me ha salvado más veces de las que estoy dispuesto a admitir, no puedo abandonarlo ahora –dijo liberándose del agarre de la chica castaña-, cinco minutos, solo eso –dijo con voz suplicante. Matt resopló dándose por vencido.
-Solo cinco Tai, date prisa –le dijo y el castaño se apresuró corriendo hasta el vehículo que puso en marcha, rumbo al ascensor por el que descenderían sus compañeros-. Vamos –le indicó el rubio a Mimi quien asintió y lo siguió hacia la nave.
Ambos subieron al espacio donde había repartidas maletas y algunas cajas que Cody y Suzie se encargaban de asegurar a las paredes y el piso de la nave. Al final de aquella especie de bodega había unas escaleras, por las cuales ambos subieron a un nivel superior, encontrándose con el puente de mando, espacioso y con varios asientos y controles, repartidos en mesas de mando. Matt sonrió mirando a su alrededor boquiabierto, mientras que Mimi y Palmon buscaron un lugar donde poder sentarse. Pronto se acercó a ella Hikari, sonriéndole con amabilidad.
-Hay más espacio por acá –dijo señalándole una puerta deslizable automática que separaba el puente del resto de la nave-, hay literas y otras cosas –le informó. Mimi sonrió en forma de agradecimiento poniéndose de pie para ir con la chica a ver el resto del "Halcón".
Matt mientras tanto avanzó hasta el frente del puente donde se encontraban un par de asientos frente a los controles de mando, de frente al parabrisas de la nave, y uno de los cuales ya ocupaba Eva, quien asesorada por Takato e Izzy comenzó a accionar varios controles.
-¿Qué se supone que haces? –preguntó el chico acomodándose en un asiento junto al de la joven.
-¿Qué parece? Piloteare esta nave –dijo tomando una especie de manubrio, el cual poseía en cada lado una ranura para introducir las manos, en el interior del cual la joven pudo sentir un par de botones.
-Claro que no, yo seré el piloto de esta nave –reclamó el rubio.
-¿Crees que eres mejor piloto que yo? –dijo de forma retadora la chica, mientras que en el cristal frente a ellos se encendían un par de monitores.
-Puedo demostrártelo –respondió el rubio de forma arrogante.
-Cálmense ambos, además, necesitaremos de los dos –les aseguró Takato, ante lo cual Eva y el chico se miraron el uno al otro.
Kouta, Ryo, Monodramon y Kotemon descendían por la viga del contrapeso del ascensor de manera lenta.
-¿Cuánto falta? –preguntó Kotemon, quien iba en la parte más alta.
-No sé, unos metros más, no estoy seguro –dijo Kouta sin detenerse y sintiendo el cansancio en los brazos, pero sabiendo que soltarse no era una buena opción, se mantenía aferrado a la viga.
Ryo se detuvo por un momento para apuntar con su linterna hacia la el muro del ascensor, logrando encontrar las marcas interiores que señalaban en que piso se encontraban.
-Estamos solo un nivel arriba, Kouta, desciende un metro más –pidió al chico que cargaba un arco en su espalda, el cual lo hizo aunque refunfuñando de mala manera.
-Listo. ¿Y ahora? –preguntó el joven de cabello negro.
-Tienes que saltar –le dijo Ryo y el muchacho levantó la mirada molesto.
-No bromees Ryo.
-No es broma –contestó el muchacho mientras apuntaba con la linterna al muro frente a Kouta-. Debes llegar hasta las puertas –Kouta gimió con algo de preocupación-. No es tan difícil, solo salta y agárrate del cable del ascensor, de ahí a las puertas es solo un metro, será fácil.
-Sera fácil, claro, como no lo tienes que hacer tú –se quejó Kouta buscando la mejor posición desde la cual saltar. Aquí voy –dijo con algo de duda.
El chico dio un gran salto, aferrándose al cable del elevador que dio una sacudida al quedar colgando el muchacho, lo que hizo que se resbalara un poco hasta que se sujetó firmemente. El cable poco a poco dejo de mecerse y Kouta escaló unos cuantos centímetros más.
-Ya no siento los brazos –dijo con pesar antes de lanzarse hacia la puerta del ascensor.
-Bien… uno…dos… tres –exclamó el chico saltando con tal fuerza hacia el muro que llegó hasta el pero estrellándose un poco. Sus pies quedaron apoyados en un pequeño borde de la pared pero tenía dificultades al agarrarse de algo con los brazos, lo que comenzó a hacerle perder el equilibrio cayendo hacia atrás –no, no, no, no, ¡No! –exclamó cuando ya no pudo mantenerse de pie y cayó de espaldas, pero algo lo detuvo.
Kotemon había saltado al cable del ascensor y se deslizó hasta llegar a la altura del muchacho, sosteniéndolo con un brazo y aferrándose al cable con el otro.
-No resistiré mucho –dijo el digimon sintiendo su mano resbalar en el cable.
-Kotemon, suéltame, no vale la pena que ambos caigamos aquí –dijo el chico de cabello largo.
-Ni hablar, eres mi Tamer, debo protegerte –respondió el digimon con decisión.
-Por favor amigo, no quiero que hagas esto, solo suéltame, está bien, sin rencores –insistió el muchacho.
-No, tú… tienes que…volver…tienes que ir con Mikami…no puedes abandonarla solo…solo así –Kouta respiraba de manera agitada.
Kotemon lo sostenía justo de la correa con la que llevaba sujeto el arco de poleas, y llevando su mano al seguro de la misma, justo sobre su pecho, se dio el tiempo de respirar tranquilamente.
-Tu tendrás que cuidarla amigo –dijo preparándose para lo inevitable-, te lo encargo.
-No, ¡Kouta no! –exclamó el digimon.
-Kouta, ¿Qué haces? ¡No! –gritó Ryo viendo los movimientos del chico.
Segundos antes de que el joven abriera la correa las puertas del ascensor se abrieron de par en par, dejando ver entre ellas la silueta de una persona. Kouta detuvo su movimiento por un instante mientras trataba de distinguir a aquel sujeto frente a él, y que no tardó tanto en identificar: era Taichi.
-¡Kouta! –exclamó el joven inclinándose para tomar al chico de la cintura del pantalón y halarlo con fuerza, al mismo tiempo que Kotemon lo empujaba con su brazo haciendo que el chico llegar hasta el corredor, cayendo sobre Taichi.
El castaño se quejó mientras Kouta intentaba incorporarse y Kotemon daba un salto desde el cable del ascensor hasta el corredor.
-Me alegro de verte Tai –dijo Kouta apartándose del cuerpo del castaño.
-Lo mismo digo –pronunció con dificultad un sofocado Taichi.
Ryo y Monodramon siguieron los pasos de Kouta y Kotemon llegando hasta el corredor siendo ayudados por Tai y el joven de cabellera larga.
-Suban, o nos damos prisa o nos dejan –dijo Taichi apresurándose para llegar al vehículo en que se había desplazado.
Estando ya los cinco en el vehículo escucharon el sonido del ascensor bajando en ese momento.
-¿Esperamos a alguien más? –preguntó Kouta, mirando a Tai.
-No, ustedes eran los últimos –dijo el castaño encendiendo el motor del vehículo.
-Entonces no es nada bueno –dijo Ryo mientras el vehículo comenzaba a acelerar y del ascensor descendían varios hombres armados y con trajes tácticos que abrieron fuego contra los Tamers y digimons, que se agacharon tratando de eludir las ráfagas-. ¡Carajo! ¿No piensan rendirse? –se quejó Ryo girándose sobre el asiento y apuntando con el arma en sus manos.
-A esta distancia y en movimiento es difícil apuntar, podrías herir de gravedad a alguien –dijo Kouta con la vista al frente del camino.
-Lo sé –dijo Ryo volviendo a guardar el arma.
-No desesperen, no falta mucho para llegar –dijo Tai notando la curva del camino. El chico aceleró un poco apretando el volante del vehículo
-Solo un poco más –informó bajando la velocidad del vehículo.
-Veo la entrada del hangar –dijo Kotemon que había trepado sobre el cofre del vehículo para ver mejor-. Rayos –dijo saltando desde el cofre al asiento trasero evitando un par de tiros que golpearon en el metal.
Tai vio frente a ellos a otro grupo de guardias armados que avanzaban hacia ellos. El chico se agachó para cubrirse al tiempo en que volvía a pisar el acelerador a fondo.
-¿Qué haces? –preguntó Ryo, viendo como los guardias comenzaban a apartarse.
-Salten… ¡Ya! –exclamó Tai.
-Kouta y Ryo treparon a los asientos al igual que Tai, quien esperó hasta el último segundo para dar el salto, asegurándose de empujar con el pie el volante del vehículo el cual se volcó.
-Retrocedan –ordenó uno de los guardias al ver el vehículo dar un par de vueltas hasta detenerse justo antes de aplastar a uno de los guardias.
Kouta, Kotemon, Ryo, Monodramon y Tai aterrizaron pesadamente justo delante de la puerta del hangar. Taichi se levantó pese al dolor arrojándose sobre el panel interior del hangar y presionarlo para activar el cierre del mismo. Después dio media vuelta corriendo a toda prisa solo deteniéndose para ayudar a Ryo, quien trataba de levantarse mientras se presionaba el abdomen.
-Rápido –gritó Tai corriendo hacia el final del hangar.
Los guardias se apresuraron a llegar hasta la puerta, por la cual ya les era imposible ingresar, pero si alcanzaron a dar algunos disparos a través de la pequeña abertura que quedaba mientras esta se terminaba de cerrar.
-¡Ábranla! –exclamó el líder del escuadrón. Uno de los hombres introdujo una clave en el panel de acceso del hangar, pero el mismo marcó error en el sistema.
-Señor, cambiaron la clave de acceso –informó el guardia-, además, parece que están abriendo la entrada principal del hangar.
-Tratan de escapar, infórmenlo a las unidades aéreas –ordenó el hombre con voz autoritaria.
Tai llegó al final hasta la nave, ayudando a Ryo a caminar. En cuanto ambos subieron la compuerta comenzó a subir para cerrarse.
-Espera, espera un poco –pidió Ryo deteniéndose y tomando asiento sobre una de las cajas que habían subido.
Tai lo ayudo a sentarse, para luego echar un vistazo en el área de carga del halcón, en el que a pesar de que habían subido varias cosas aun lucia con suficiente espacio como para que todo el equipo especial viajara en esa parte.
Kouta mientras tanto subió al puente de la nave, para después dejar paso a Mimi y Palmon que descendieron deprisa por la escalera. La chica castaña llevaba aun el estilizado peinado y maquillaje en el rostro, pero había cambiado el ceñido vestido rojo por una blusa blanca que le quedaba holgada, de manga larga y un pantalón negro de licra. Tai sonrió al verla, y la chica lo imitó para después cambiar su expresión a una de preocupación.
-¡Tai! Estás herido –dijo haciendo que el chico mirara sobre su camisa una gran mancha roja como de sangre. El joven levantó la prenda sin encontrar ninguna herida.
-No yo no... –Luego volteó a ver a Ryo quien seguía sujetándose el costado-. Te hirieron –dijo con preocupación.
-No en realidad, solo… creo que aún no sano bien del último disparo que me dieron –explicó con una risa en el rostro.
Hikari pronto bajó seguida por Gatomon y llegó hasta donde Ryo, a quien miró con una expresión preocupada para luego inclinarse junto a él.
-Déjame ver –dijo comenzando a quitarle la chaqueta y la camisa al chico que cedió tranquilo-, solo se abrió un poco, estarás bien –dijo mientras se descolgaba una pequeña mochila del hombro de la cual sacó una botella con alcohol, con el que mojó un pedazo de algodón para limpiar la herida.
Tai miraba la escena con un extraño sentimiento en el estómago. Era como un enfado hacia el muchacho herido que recibía las atenciones de la jovencita por el hecho mismo de la preocupación que ella mostraba por su estado de salud. Cosa que bien a bien no comprendía por que sentía. ¿Sería eso lo que él había escuchado nombrar como celos de hermano mayor?
Mimi mientras tanto veía la expresión en el rostro de Tai, que le hacía sentir algo similar a lo que experimentaba el muchacho, aunque diferente también en cierta medida.
En la parte superior, al frente del puente de la nave Matt terminaba de accionar los últimos controles para finalmente tomar el manubrio frente a él, empujándolo ligeramente hacia arriba y al frente, mientras revisaba los niveles en los monitores frente a él y accionaba algunos otros controles dispuestos en los respaldos de su asiento. Repartidos en el resto del puente estaban algunos de los miembros del grupo especial, como Henri y Juri, quienes se paseaban inspeccionando el resto de los asientos disponibles y el equipo frente a estos. Henri había identificado que los controles tenían diferentes funciones, desde revisar el estado de la nave hasta activar ciertas armas y defensas, según podía teorizar al respecto.
-Tranquilo Matt –le indicó Eva, mientras el rubio seguía en su labor de manipular la nave, y ella también sostenía el manubrio que tenía en frente-, hazlo de manera lenta.
-¡Sé pilotear! –se quejó el rubio mientras seguía en su labor. Parecía bastante nervioso.
-Esto no es como lo que has pilotado antes –le espetó la chica-, no te lo tomes a la ligera, no es una nave cualquiera, los controles son… complicados –explicó la chica algo confundida.
-Es una pieza de ingeniería de última generación –dijo Joe, quien se recargó en el asiento de la chica, a modo de justificación.
-Es más que eso es… pareciera que no fue diseñado para tener un solo piloto –explicó la chica mirando por encima del respaldo de su asiento a Takato, Guilmon, Joe, Gomamon, Izzy y Tentomon, que tenían la misma expresión de incertidumbre, presente en el rostro de Eva.
-Por el momento no importa, lo importante es salir de aquí, y asegurarnos de que no nos sigan –explicó Takato mirando a Matt quien asintió, para después aflojarse con una mano la corbata y desabotonarse los últimos dos botones de la camisa.
-¿Lista la puerta del hangar? –preguntó el rubio volviendo a apretar con fuerza el manubrio con ambas manos. Takato asintió indicándole a Izzy, quien había tomado asiento detrás de una barra larga de controles justo detrás del asiento de los pilotos, que accionara los botones para abrir el hangar-. Hora de que el halcón despegue.
El anciano Yokoshima caminaba rumbo al exterior del edificio, acompañado por varios guardias armados y su escolta de confianza, Chris Banks, quien en ese momento hablaba por medio de su celular. En el exterior del edificio, reunidos alrededor de la amplia explanada en el lado norte del edificio principal, varios otros hombres con atuendos militares, fuertemente armados y acompañados también de varios digimons aguardaban. Un par de Tankmons apuntaban sus cañones sobre el patio y detrás de ellos un militar que parecía estar organizando todo se giró para recibir con un saludo formal al anciano.
-No tiene de que preocuparse señor, en cuanto se asomen, los atraparemos, no los dejaremos escapar.
-¿En serio? –Dijo el anciano con escepticismo-, si tan eficientes son no comprendo entonces como es que llegaron hasta el hangar en primer lugar.
-Nos tomaron por sorpresa, pero no volverá a pasar –dijo con seguridad el militar, mientras un par de camiones de gran tamaño s e estacionaban detrás de ellos. De uno sobresalía un cañón que apunto igual que los Tankmons, mientras que en la parte superior del otro había una metralleta Browning M2 manipulada por un soldado.
En aquella quieta y silenciosa explanada de pronto se produjo un fuerte estruendo, seguido del movimiento de las placas de concreto que comenzaron a dejar un espacio del cual comenzó a emerger la imponente nave de combate de color gris oscuro, de amplias alas cuyas turbinas emitían un sonido agudo y producía una corriente de aire que pese a la distancia alcanzaba a golpear los rostros de los soldados que estaban al frente.
Todas las armas se levantaron apuntando al vehículo a punto de despegar, pero antes de dispararle varios potentes reflectores se encendieron cegando a humanos y digimons por igual. El anciano Yokoshima desvió la mirada para luego cubrirse de la luz con una mano, intentando ver como el halcón se lanzaba sobre ellos elevándose apenas lo suficiente para no aplastar a nadie, y al pasar por encima de su posición, la nariz de la nave golpeó los últimos dos vehículos que se habían reunido ahí, arrancando tanto el cañón como la ametralladora (que el soldado soltó antes de saltar del techo del vehículo poniéndose a salvo) al golpearlos a gran velocidad.
El anciano resopló molesto mientras el soldado se ponía de pie (pues al ver venir el halcón se había tirado al suelo buscando refugio) luciendo algo avergonzado.
-¿Decía? –dijo el anciano con tono socarrón y mirada de reclamo.
La imponente nave se elevó de forma brusca para evitar chocar contra el edificio de industrias Ipkiss, y al lograr alzarse sobre él se lanzó al frente. En ese momento un par de helicópteros Hunter se elevaron también quedando de frente a la gran nave y disparándole un par de misiles que la golpearon de frente creando una gran nube de humo y apagando la luz que el halcón producía haciendo que el mismo se hundiera en una gran oscuridad.
Misma oscuridad de la cual luego surgió como si nada dirigiéndose de frente a los helicópteros que intentaron eludir el impacto de la nave, al mismo tiempo que esta se ladeaba para poder pasar entre ellos. Logrando apenas esquivar a ambos, aunque uno de ellos golpeó su hélice contra la parte superior del fuselaje perdiendo ligeramente el control.
-El objetivo sigue en vuelo –informó el copiloto del helicóptero que batallaba para recuperar la estabilidad.
-Síganlo, no permitan que se eleve, guíenlo hacia el lago y disparen a las turbinas debajo de las alas –ordenó una voz por medio del radio del helicóptero.
-Entendido –acató el copiloto antes de volver a lanzarse tras la nave de gran tamaño.
El halcón volvió a descender de forma violenta casi impactando contra puente peatonal a mitad de una gran avenida, y alcanzando apenas a elevarse a tiempo, comenzando a ganar altura, justo antes de recibir los impactos de varios misiles que hicieron que nuevamente se desviara hacia abajo.
Un par de aviones caza pasaron muy cerca de la nave, que de frente se topó con otro par de helicópteros hunter, que arremetieron contra ella con sus ametralladoras, obligándola a cambiar de curso, haciendo que avanzara de frente al gran lago de la ciudad.
-Lo tenemos –dijo uno de los pilotos de los helicópteros, que seguía desde atrás al halcón.
-Cazas, atentos, dejen que intente elevarse, ¿listos? –ordenó otro de los pilotos.
El halcón se levantó con brusquedad, perdiendo velocidad intentando ganar altura, y en ese momento, desde atrás pararon volando a toda velocidad los cazas pasando por ambos flancos de la gran nave para después cambiar nuevamente su dirección, quedando de frente a la nave en ascenso.
-¡Fuego! –ordenó el piloto anterior y los cazas dispararon contra la nave acertando en las turbinas de la misma.
Ambas turbinas estallaron haciendo que la nave comenzar a caer ganando velocidad y dirigiéndose hacia el lago de la ciudad donde finalmente cayó hundiéndose en el agua.
Unos segundos después la nave surgió del agua, flotando.
-Sistema de acuatizaje, es automático. Buen trabajo señores –señaló uno de los pilotos mientras que el grupo entero de helicópteros se dirigía al lago.
Algunas lanchas de inmediato se dirigieron a la nave que flotaba a mitad del lago, al igual que un par de helicópteros de rescate y en la orilla, en el área forestal esperaban paramédicos y un par de ambulancias, junto a varios oficiales militares y tamers, por supuesto.
Una gran camioneta llegó hasta el lago, pasando entre la multitud ahí reunida y estacionándose sobre un pequeño muelle de concreto, desde el cual varios oficiales y algunos curiosos presenciaban la escena.
Una de las puertas traseras de la camioneta se abrió, y de ella bajó Chris Banks, quien después ayudo a Akira Yokoshima a descender. De la parte delantera bajó apresuradamente Yoh Yokoshima, y de la parte trasera, por la otra puerta bajó después Aizen Yokoshima, quien llevaba el cabello alborotado, respiraba de forma un poco alterada y parecía realmente enfadado.
Los tres miembros de la familia Yokoshima y su escolta miraban desde el muelle los helicópteros que iluminaban la escena con reflectores desde el cielo y las lanchas y botes que rodeaban la nave inerte en el agua.
-¿Qué están esperando? ¡Sáquenlos de ahí! –exclamó furioso el joven Aizen.
-Deben hacerlo con cautela, pueden estar armados –dijo Banks con voz tranquila. Aizen golpeó el barandal del muelle con la mano descargando parte de su furia.
-Como sea no tienen a donde ir, y tienen mucho que explicar –dijo Yoh Yokoshima girando para ver a Banks-, que contacten a Hyuga, y a Resse, díganles que encontramos a sus mocosos elegidos –dijo con enfado para voltearse a ver nuevamente el lago.
Sobre uno de los botes el mismo técnico que esa noche había estado junto a Yoh Yokoshima tratando de recuperar el control de los ascensores manejaba una laptop introduciendo códigos y comandos. Llevaba puesto un chaleco anti balas y lo rodeaban varios militares. Luego de unos segundos la expresión en su rostro mostró que había conseguido su cometido.
-Listo, nuevamente tenemos control del halcón –dijo con buen ánimo.
-Bien, pues prepárate para abrir la puerta –le ordenó uno de los militares y el hombre asintió.
El militar organizó a un par de sus hombres. Dos lanchas avanzaron a escasos metros de la parte trasera de la nave.
-Ahora –ordenó el militar y el técnico presionó un par de teclas, que luego hizo que la compuerta trasera comenzara a abrirse con lentitud. Uno de los militares sobre la lancha lanzó en ese momento una granada de humo, a la cual le siguieron otras dos que pronto estallaron liberando el humo que comenzó a salir de la nave mientras la compuerta terminaba de bajar.
-¡Rápido! –ordenó uno de los militares y de ambos botes saltaron los soldados con máscaras anti gas en los rostros, apuntando con sus armas. Les siguieron un par de Sealsdramons y del agua saltaron dos Gawappamons que avanzaron hasta el frente, en medio de aquella nube de humo blanco, la cual comenzó poco a poco a disiparse, permitiendo que los militares y digimons vieran la vacía área de carga de la nave.
-¿Pero qué…? –se cuestionó el líder de los militares, para luego dar una seña para que los soldados avanzaran.
Los mismos siguieron con las armas en alto hasta llegar a las escaleras de acceso a la parte superior de la nave, a la cual entraron poco a poco para después, un grupo de cinco militares avanzar con las armas en alto por todo el puente sin encontrar a nadie.
Uno de los militares avanzó hasta el frente, se recargó en la silla del piloto mirando uno de los monitores que seguía encendido el cual mostraba las palabras "control remoto". El hombre se retiró la máscara anti gas respirando de forma agitada.
-¿Señor? –se escuchó por medio de un comunicador que Yoh Yokoshima sostenía en la mano.
-¿Los tienen? –preguntó con voz firme.
-No señor –contestó el militar el otro lado de la línea-, no hay nadie, el halcón está vacío.
-¡¿Qué?! ¡Es imposible! ¿Cómo pudieron dejarlos escapar? –estalló el hombre provocando que Aizen estallara también, haciendo una rabieta golpeando el barandal con las manos.
Mientras tanto el anciano Akira Yokoshima miró a su asistente Banks como buscando una respuesta lógica a lo que estaba pasando, con la cual pronto se topó volteando a ver a su hijo, quien seguía vociferando en el teléfono.
-Yoh –lo llamó con voz dura-, ¿enviaste un escuadrón a revisar el hangar no?
-Si papá, ¿Qué con eso? –contestó de mala gana el hombre
-¿Entraron al hangar? –dijo aun con su tono endurecido de voz.
-No, no pudieron y además de nada servía si el halcón estaba a punto de despegar.
-¿Y no te aseguraste de que entraran a revisar el hangar? –insistió con más furia en la voz.
-¿De qué habría servido que…? –y en ese momento el hombre recordó un detalle crucial.
-Había dos modelos del halcón en el hangar –le aclaró el anciano apretando sus puños-, y una ruta de emergencias subterránea.
-P…pero… -¿no pensaras que tenían conocimiento de esa ruta? ¿O sí? –titubeó el hombre.
-¿Tú qué crees? –le respondió el anciano y el hombre, cuya expresión de sorpresa había sustituido por completo la de rabia se lanzó a correr hacia uno de los vehículos militares repartidos en la zona.
-¡Al hangar! ¡Están usando la vieja ruta subterránea! –el anciano suspiró con resignación llevándose una mano al rostro para luego, el también recordar algo importante.
Metió una mano en el bolsillo de su gabardina y de este extrajo un celular. Abrió los mensajes recientemente recibidos y hasta arriba encontró justo lo que estaba esperando: la lista de los miembros del equipo especial niños elegidos. Comenzó a revisar la lista, que contenía el nombre de cada chico, una fotografía, el nombre de su compañero digimon y una breve información sobre ellos.
-Katou Juri… Kido Joe… Matsuda… -el hombre se detuvo en aquel nombre, volviendo a leerlo al menos tres veces para asegurarse de que estaba en lo cierto-… Takato… -en ese momento comprendió. Todo tenía sentido ahora.
-¿Señor? –lo llamó Banks al verlo estático y apretando el celular en su mano con tal fuerza que incluso temblaba. Su mirada bajó, y parecía estar a punto de estallar en gritos, cosa que varios otros notaron. Incluyendo a su nieto y a uno de los militares que parecía algo nervioso
De la nada un pequeño ruido salió de su boca, semejante a un gruñido, al cual se le unieron otros para de pronto dejar notar que no se trataba de gruñidos o gritos si no de una fuerte y sonora carcajada que el anciano soltó de pronto, levantando el rostro al cielo y llevándose ambas manos al estómago.
Los presentes se miraban entre ellos sin comprender el gesto del anciano y Banks avanzó hacia el con lentitud.
-Señor… ¿se encuentra bien? –le preguntó mientras veía como el anciano trataba de contener sus carcajadas.
-Esos…esos…esos chicos… burlaron al gran general Hyuga –dijo con tono burlón y entre risas-, se infiltraron en la ejemplar metrópolis que es Norman City… y robaron uno de los más avanzados vehículos militares además de quien sabe cuánto equipo más… y los siguen llamando "niños" –terminó volviendo a soltar una fuerte carcajada que incluso lo había hecho comenzar a derramar algunas lágrimas.
Tras otro rato más de risas el hombre por fin pudo controlarse, jadeando al respirar y habiendo tomado asiento en la camioneta en que había llegado, mientras su asistente le conseguía una botella de agua que le entrego al hombre que seguía jadeando al respirar.
-No me había reído así en años, hasta me duele la espalda –dijo volviendo a reír aunque de forma más controlada.
-Señor… no entiendo –dijo Banks contrariado.
-Siempre he admirado el talento –dijo con simpleza-, y ese grupo en verdad es una colección de talentos sorprendente –dijo mientras daba un gran trago a la botella de agua en su mano. Banks asintió, entendiendo a que se refería el anciano y teniendo una idea aproximada de lo que estaba pensando en ese momento.
-¿Y ahora que procede señor? –preguntó el hombre recargándose en la camioneta, al lado del anciano que miraba el cielo nocturno. El hombre suspiró con una sonrisa melancólica en el rostro.
-Contacta a Charles Resse, hay mucho de lo que tenemos que hablar.
-¿También quiere que llame al general Hyuga? –el anciano negó con la cabeza.
-No, aun no, primero hay que arreglar ciertos detalles con Resse, y luego, prepara todo para salir de la ciudad por unos días, iremos al mundo real –el anciano descendió de la camioneta y caminó hasta el barandal del muelle, contemplando la nave que seguía flotando en el agua del lago.
-Entendido, ¿A dónde iremos señor? –Akira Yokoshima no contestó de inmediato, se quedó callado por unos segundos para luego contestar con tono de voz tranquilo y una discreta sonrisa en los labios.
-Fukushima.
En el próximo capítulo…
-Hace varios años mi padre trabajo para industrias Ipkiss.
-Atacaremos con todo y esta vez no escapara.
-Logramos lo que queríamos, pero cuando todo esto acabe, ¿Qué va a pasar?
-Lo solucionaremos cuando sea el momento, un problema a la vez.
-Hora de la verdad.
-Por fin llegan.
Luego de taaaaanto ajetreo finalmente esta concluida esta odisea, y espero les haya gustado. Ahora, lamentablemente para nuestros heroes la cosa esta por ponerse todavía peor... confiemos en que puedan resolverlo.
Ahora si, ¡Volverán las digievoluciones! y batallas que espero pueda desarrollar a la altura de lo que se exige (puesto que tanto a costado que se salieran con la suya como para que al final no acabe en una épica batalla.
Agradezco a quienes siguen comentando, Mac1826 (si era planeado que fueran escenas cómicas) y Guest (creo que me excedí con eso de hacer a Ángela insoportable), y me siento muy feliz por todo el apoyo que este fanfic ha recibido todo este tiempo.
En fin, comenten y compartan (si les place) esta bonita historia, que aun nos queda más por vivir.
Peace and love y bonito fin de semana mi gente.
