-No...no entiendo...qué haces aquí? -preguntó Crowley intentando mantener los ojos abiertos.
Hastur se paseaba divertido por la librería, mirando con curiosidad y desprecio todo a su alrededor.
-Lo mismo puedo preguntar yo, Crawley. -Se detuvo un poco alejado del escritorio y alzando el cuello miró el interior del barreño. Un gesto de preocupación cruzó su rostro un instante, pero se alejó sin hacer comentario alguno. Se apoyó junto a Ligur en una librería y sacó un cigarro arrugado del bolsillo. -He de reconocer que estoy gratamente sorprendido -dijo estirando el cigarro entre sus sucias manos. -Cuando estos pateti...humanos se pusieron en contacto conmigo a través de un viejo conjuro para pedirme ayuda pensé en negarme. Ya sabes lo que odio subir! Pero Ligur me dijo que no perdíamos nada por escucharles y a las malas podríamos llevarnos sus almas. Imagínate mi sorpresa al descubrir que conocían los antiguos hechizos y los contratos vinculantes de los Cazadores!
Crowley empezó a toser, escupiendo sangre al suelo. Ligur sonrió mientras se acercaba a él. Le agarró de la barbilla y le alzó el rostro, observándole detenidamente.
-No le queda mucho, Hastur.
-Iré al grano entonces -exclamó Hastur encendiendo por fin el cigarro. -Yo les ayudo y a cambio obtengo todas las almas que hayan cosechado lo demonios que atrapan. Todos salimos ganando!
Crowley se revolvió bajo el fuerte agarre de Ligur.
-Sois todos una panda de cabrones hipócritas! -escupió con ira. -Unos cazadores de demonios que necesitan la ayuda de ellos para cazar! Y vosotros, ayudando a unos humanos a capturar a algunos de los vuestros...
Ligur le dio un puñetazo en esternón que le dejó sin aliento y tosiendo más sangre.
-Tú opinión nos importa una mierda, Crawley! Sabes que abajo lo que importa son las almas y da igual lo que se haga para conseguirlas. Y contigo, -dijo acercando su cara a la de Crowley -contigo nos ha tocado el gordo...
Hastur dio otra calada, pensativo. Y lanzando el cigarro al suelo se volvió hacia Samuel.
-Puedes acabar con él cuando quieras. En cuanto su esencia desaparezca el contrato quedará sellado. Y luego quemad este lugar...En cuanto a ti Crawley, he de decir que estoy encantado con la situación. Nunca nos gustaste lo más mínimo! Vayámonos Ligur, salgamos de este apestoso lugar...
-Y qué hacemos con el otro? -preguntó David desde el fondo de la estancia, desde donde había presenciado todo.
Crowley abrió los ojos aterrorizado, gimiendo inconscientemente. No había pensado en Azirafel hasta ese momento...
Su gemido no paso inadvertido a Hastur, que le miró con curiosidad.
-Qué otro? -preguntó sin apartar la mirada de Crowley.
-Su compañero, lo tenemos en la planta de arriba.
-Crowley no tiene compañero... -entonces los vidriosos ojos de Hastur se abrieron y brillaron más de lo normal. Olfateó el aire un instante. Miró en torno suyo, buscando algo con la mirada. Se dirigió hasta el escritorio, y manteniendo las distancias del agua bendita, rebuscó entre los papeles. -Por la Puta de Babilonia! -exclamó riendo como loco. -Eso explica este olor -y con un papel en la mano se volvió triunfante hacia Ligur. Era un sobre con membrete de la tienda. -A.Z. Fell!
-No entiendo...
-Azirafel, idiota! Es el puto Principado.
Ligur se quedó pensativo y asimilando la información lo que pareció una eternidad. Entonces le devolvió la sonrisa. -Tenemos...tenemos a un ángel?
-Y no a un ángel cualquiera.
-Esperad! -interrumpió Samuel. -Estáis diciendo que el hombre que tenemos encadenado arriba es un ángel? Pero si los ángeles no existen!
Hastur se volvió con ira a él, agarrándole del cuello y alzándolo en el aire. Samuel se llevó las manos a las garganta, luchando.
-Tienes suerte de que esté de humor -le susurró con asco Hastur, dejándole caer. Entonces miró a Ligur y con un gesto le mandó a la planta de arriba, siguiendo a David.
Cuando desaparecieron escaleras arriba volvió su atención a Crowley, que forcejeaba entre sollozos con las ataduras.
-Vaya, vaya, y tú llamándonos hipócritas. Desde cuándo, Crawley? Desde cuándo llevas siendo la puta de un ángel? Porque no creo que esto haya pasado hace dos días...
-No...por favor...-rogaba Crowley entre lágrimas. La desesperación haciendo mella en él. -Joder Hastur, haré lo que quieras, pero déjale en paz...
-Encima me ruegas? Por un puto ángel? -le pegó un puñetazo en el estómago, y le agarró del pelo de nuevo, levantándole la cabeza, hasta estar seguro de que le prestaba toda su atención. -Sabes lo que voy a hacer, Crawley? Le voy a arrancar todas las plumas una a una, lentamente, y luego le arrancaré las alas de cuajo. Y las colgaré, aún sangrientas, ante él para que las vea en todo momento, encerrado eternamente en la más profunda y oscura celda...La pena es que no estés tú para verlo.
Soltó a Crowley con brusquedad, dejando caer su cuerpo casi inerte. Rendido, el demonio se dejó colgar, ocultando el rostro húmedo en su brazo. -Azirafel, lo siento -susurraba para sí, ahogándose con las lágrimas. -Ángel...
Un pulso bajo empezó a recorrer su cuerpo, como una nota musical tan aguda que sólo se podía sentir, y no oír. -Bien ,-pensó. -Esto debe de ser morir. El agua bendita por fin ha llegado a todo mi ser...
-Oh, Crawley, se un buen demonio y deja de llorar, vale? Me pones enfermo!
Pero Crowley no se detuvo, al contrario, gimió más alto. Sólo que no eran sollozos. Ahora era una risa, una sonora carcajada que puso a Samuel y a Hastur los pelos de punta.
-Oh Hastur, para ser un Duque del Infierno siempre has sido un puto zoquete!
-Qué?
-Siempre quejándote, anclado en el pasado, encerrado en tu oficina para no enfrentarte al mundo exterior. Tenías un ángel delante de tus narices y no lo has sabido hasta que te lo han dicho!
-Eso da igual! -gritó con Hastur apretando los puños. -El caso es que es mío.
-No. Era tuyo -le corrigió Crowley llorando de la risa. -Primero lo tenías y no lo sabías, y ahora no lo tienes y tampoco lo sabes...
-Qué quieres decir...?
Crowley se tiró a por él hasta que las cadenas le detuvieron, mostrándole con ira los colmillos y los ojos de serpiente enormes y brillantes.
-Qué eres un imbécil, Hastur! -le dijo con voz ronca llena de odio. Hastur no pudo evitar encogerse un instante. -No has notado el pulso que recorre el edificio, el ligero temblor que crece por momentos haciendo temblar las lágrimas de las lámparas y las copas, el aumento del ozono en el ambiente... -Hastur miró en torno suyo, al igual que Samuel, y Crowley pudo ver con deleite como sus rostros pasaban de la duda al horror. -Sabes lo que eso significa? Que estáis acabados! -y con una sonrisa entre afectuosa y maníaca les giró el rostro. -Mi ángel es libre!
Como para enfatizar esta afirmación el cuerpo inerte de Ligur cayó al pie de la escalera.
-Mátalo! -gritó Hastur corriendo a la puerta. Golpeó con todo su peso contra ella, girando el tirador, pero no cedió lo más mínimo. Intentó usar sus poderes, sin resultado. Presa del terror se puso a golpearla y arañarla, volviéndose loco por momentos. Mientras tanto Samuel tomó el barreño y lanzó todo su contenido a Crowley.
Éste cerró los ojos fuertemente, esperando el final. Por lo menos se iría sabiendo que Azirafel quedaba a salvo.
