Apretó con fuerza los ojos, escondiendo por pura inercia el rostro en el brazo, como si este mero gesto pudiese salvarlo de su terrible destino, como cuando estiras la mano para intentar para una bala. Y esperó lo inevitable...sólo que nada pasó.
Confundido abrió los ojos y por un momento se sintió desorientado y mareado. Todo a su alrededor era de un blanco que hacía daño a la vista, como si en vez de color le rodease únicamente luz. Pestañeó repetidas veces, intentando adaptar su visión, pero no fue hasta que notó el suave toque de dos manos acariciándole y alzándole el rostro que no pudo centrar su mirada. Cinco ojos de un profundo azul le devolvían la mirada. Era un azul sobrenatural, de un brillo excesivo, pero aún así hacia años que podría describir dos de ellos a la perfección. Dos ojos azules que se convertían en verde y color miel según se acercaban al iris. Sabía que uno de ellos tenía una minúscula muesca color gris en forma de lágrima y cómo se oscurecían en días lluviosos o se iluminaban ante un libro, una copa de vino o un delicioso postre.
-Azirafel! -gimió, apenas un susurro. Y comprendió que lo que le rodeaba, lo que le protegía del exterior no era una barrera de luz, eran las dos enormes e inmaculadas alas del ángel.
-No puede ser, se supone que los ángeles no existen -oyó gritar a Samuel.
-Mátalo, inútil! -chilló con voz aguda Hastur aún arañando la puerta. -Está en forma corpórea, se le puede herir...
Azirafel plegó sus alas, volviéndose hacia las dos aterrorizadas figuras.
-Utiliza tus poderes...-gritó el cazador.
-Te crees que no lo he intentado? Algo me lo impide...Pero la daga, tienes la daga con las inscripciones...
Tambaleándose, Azirafel dio un paso hacia ellos, alzó su mano y cayó exhausto de rodillas con un golpe seco al suelo.
Hastur dejó de golpear la puerta, y poco a poco empezó a reír.
-No sois tan inútiles como creía -le dijo a Samuel arrancándole la daga de la mano. -Le habéis tenido bajo control y herido lo suficiente como para que no tenga fuerzas.
Se acercó lentamente al ángel, echando un vistazo en su camino al cuerpo de su amigo, desplomado en extraños ángulos junto a la escalera. Azirafel, se había sentado, jadeando, sujetándose el hombro y cerró los ojos cuando el demonio se puso de cuclillas ante él.
-Has intentado hacerme lo mismo que a mi amigo Ligur? -preguntó con ira jugando con la daga entre sus dedos. -Pues vas a pagar por ello, ángel patético...
Una voz hueca le interrumpió.
-Qué te dije antes Hastur?
Hastur cayó al suelo asustado. Dos alas de enormes y brillantes plumas negras se abrieron en la espalda del ángel, cuya envergadura ocupó casi toda la sala.
-Pero qué coño está pasando? -gimió alejándose a rastras de Azirafel. -Qué coño eres?
Tardó un tiempo valiosísimo en darse cuenta de que se trataba de un efecto óptico. Las alas pertenecían a Crowley, que en ese momento se incorporaba desde detrás del ángel, desde donde había caído tras soltarle éste de sus ataduras.
-Te dije que eras un idiota y que no te fijabas en los detalles. El último milagro de Azirafel no era para acabar contigo. Con él me ha liberado a mí.
Tanto Hastur como Samuel contemplaron con horror cómo el símbolo de su pecho que le ataba y contenía se había convertido en una quemadura sin forma.
-Pero estás débil -dijo Hastur dando contra la pared y poniéndose de pie, -y dudo que en tu estado puedas realizar algún milagro.Aún puedo contigo...Soy un puto Duque del Infierno por algo!
Crowley se crujió el cuello con los ojos cerrados.
-En eso tienes razón -dijo sonriendo. Entonces les miró y se les acercó dando un paso. Sus ojos eran enormes y amenazadores. -Pero te olvidas de una cosa -gritó entonces con ira, mostrando unos afilados colmillos, -que aún sin poderes puedo recuperar mi verdadera forma.
Se lanzó hacia ellos. Sus alas desaparecieron y en una rápida transformación donde antes había un delgado hombre ahora reptaba una gigantesca serpiente negra.
Primero se abalanzó contra Hastur, que le esquivó en el último momento y se escondió bajo el escritorio. Samuel aprovechó el momento de distracción para correr hacia la bolsa de deporte y sacar una pistola, pero para cuando se volvió la serpiente había desaparecido. Nervioso, buscó en torno suyo, con el arma en alto, atento a cualquier movimiento o sonido. Paso a paso se acercó a las escaleras, esquivando el cuerpo del demonio y, sin apartar la mirada en torno suyo gritó.
-David! -Al no recibir contestación buscó a Azirafel. -Qué has hecho con él? - le preguntó apuntándole con la pistola.
-Está...indispuesto -contestó Azirafel cansado. -Y creo que tú le acompañarás pronto...
Samuel notó un movimiento por el rabillo del ojo. Se giró veloz y disparó...a nadie. Se secó el sudor de la frente con el brazo, y empezó a retroceder hacia la salida. Otro movimiento en un pasillo a la izquierda, un sonido de arrastre desapareciendo tras una librería. Ahora ya no iba despacio, asegurándose paso a paso, ahora corría aterrorizado. Iba a alcanzar la puerta cuando algo cayó a sus pies, dándole un susto de muerte. Era un libro. Lo miró un instante, antes de buscar de dónde había caído, por encima de su cabeza. Sobre él se precipitó una enorme sombra que se cerró con fuerza sobre su hombro, desgarrándole piel y músculos, y se vio lanzado contra una librería. No le dio tiempo a gritar antes de caer inconsciente entre astillas y libros.
-Ahhhhhhhh -gritó Hastur corriendo hacia Crowley con la daga en la mano. En un sinuoso movimiento consiguió esquivarlo, pero no evitó que le hiciese un profundo corte en el lateral. La serpiente emitió un chillido agudo y se volvió de nuevo hacia el demonio, persiguiéndolo. Le golpeó con su cuerpo escamoso, lanzándolo al suelo y lo volvió a derribar cuando se levantó. Al tercer golpe Hastur pegó con fuerza en la herida de la daga y huyó.
Zigzagueó entre las librerías, ralentizando a Crowley por su tamaño y por la pérdida de sangre, y cuando sintió que había ganado suficiente espacio se volvió y volcó una de ellas sobre él. Crowley se vio atrapado bajo un montón de baldas y libros, aturdido. Hastur aprovechó para lanzarse sobre la serpiente, confiado, con la daga en alto, pero un fuerte golpe en un costado interrumpió su ataque, lanzándolo contra una pared. Sin respiración alzó la mirada.
Jadeante, Azirafel se interponía de nuevo entre Crowley y él, con las alas estiradas.
-No le vas a volver a tocar -exclamó el ángel.
Un fuerte ruido indicó que la serpiente intentaba liberarse.
Hastur pasó la mirada del ángel al demonio, sopesando sus posibilidades. Se lanzó hacia Azirafel, que le esquivó por muy poco, arañándole el rostro con la daga. Sonrió al verse ahora cerca de Crowley y con todas sus fuerzas se abalanzó sobre él, solo para verse golpeado por una de las alas del ángel.
-Maldito Principado...
Con rabia, agarró el extremo del ala y tiró con fuerza, derribándolo al suelo. Se acercó, maltrecho, y poniéndole un pie en el pecho le retuvo contra el parqué.
-No era lo que esperaba, pero me vale -jadeó alzando la daga con las dos manos y descargando el golpe fatal. Azirafel cerró los ojos, pero notó una nueva presión sobre él. Abrió los ojos para encontrarse con el rostro de Crowley muy cerca del suyo, contraído por el dolor, enmarcado con el largo pelo húmedo. En el último momento el demonio se había interpuesto entre la daga, que ahora tenía atravesándole el hombro, y él.
-Crowley! -exclamó Azirafel asustado viendo la sangre caer. Pero pudo ver en los ojos de su amigo que quedaba poco de un Crowley consciente. En esos momentos todo su cuerpo estaba poseído por pura esencia demoníaca, por la adrenalina y sus instintos primarios. Gruñendo se incorporó, arrancándose el cuchillo y lanzándolo lejos. Hastur debió de notar también el aura que desprendía puesto que intentó huir gritando. Pero ya era tarde, Crowley volvía a ser la amenazante serpiente y en un veloz movimiento había cerrado sus fauces en torno a su pantorrilla. Como si fuese una enorme pinza de hierro, tiró de él y le desestabilizó, haciéndole caer bruscamente. Hastur chilló al verse arrastrado y en un visto y no visto la serpiente le rodeó con su cuerpo, apretando hasta asfixiarlo y cuando perdió la consciencia lanzó el cuerpo lejos.
Y todo quedó por fin en calma, con el único sonido de las voces de la gente al pasar ante la librería o el motor de los coches.
El primero en moverse fue Azirafel. Ayudándose de la librería a su espalda se puso en pie. Miró en torno suyo, en la semioscuridad de la librería, buscando algo. Encontró la daga junto a un montón de libros, la tomó con cuidado y acercándose a la trastienda, la guardó bajo llave en un cajón del escritorio.
-Por todos los Santos! -exclamó dejándose caer en la mullida alfombra, exhausto. Hizo acopio de todas sus fuerzas para incorporarse. -Crowley -susurró.
La enorme serpiente se había replegado sobre sí misma, escondiendo la cabeza entre los anillos de su cuerpo.
-Crowley, querido...-volvió a repetir Azirafel, suavemente.
Tras un instante de incertidumbre, la serpiente se desenroscó y se arrastró lentamente hacia el ángel, rodeándolo. -Muy bien querido, eso es -animó Azirafel con dulzura, acariciándole las escamas según le rodeaban.
Entonces, en un rápido movimiento, eran dos brazos humanos los que le sujetaban con fuerza.
Crowley le derribó, abrazándolo, escondiendo el rostro en su pecho.
-Crowley -Azirafel le devolvió el abrazo, apoyando la mejilla en su pelo. El cuerpo de Crowley estaba frío y temblaba en fuertes convulsiones. -Estás helado! -exclamó Azirafel intentando no parecer asustado. Sabía que el demonio había perdido mucha sangre que, unido al contacto prolongado con el agua bendita, hacia que el peligro aún estuviese presente. Sin perder contacto físico con su amigo, alcanzó algunos cojines y las dos mantas que descansaban sobre el cercano sofá y montó una improvisada cama sobre la alfombra. Se metió debajo de las mantas, arrastrando a Crowley cerca de su cuerpo y rodeándolo finalmente con sus alas.
El demonio, al borde de la inconsciencia, se pegó a él, apretando su agarre en torno a sus brazos y enredando una pierna entre las suyas. Apoyó la cabeza en su pecho y con el sonido de los latidos del cuerpo humano de su amigo, pareció relajarse. Azirafel respiró aliviado cuando los temblores cesaron y su respiración se relajó hasta ser la propia de un sueño calmado. Tras un último vistazo al rostro dormido de Crowley él también cerró los ojos y se dejó llevar.
