Capitulo XXI
Centro de Odaiba, Japón, en la Tierra
Julio 7 del 2085
-Entonces -dijo el señor Akira Yokoshima, removiéndose un poco incómodo en el asiento de la limosina. El tráfico en la ciudad era algo pesado en las mañanas, pero, pese a todas las quejas y propuestas de su asistente y hombre de confianza, Chris Banks, el anciano tenia deseos de estar en la mansión Riuga lo antes posible-, Akiyama Ryo y Hanagata Kouta, ¿seguro que fueron los dos chicos que irrumpieron en mi oficina? –Banks asintió, mostrándose tan estoico y propio como siempre era.
-Sin duda alguna, ambos de la división militar, y ambos miembros del grupo "el martillo". Ese chico, Hanagata, es un tirador experto, y según palabras de sus oficiales a cargo, el mejor arquero que se haya conocido.
-Ahora sé dónde quedó mi arco –dijo el anciano mientras seguía revisando la información contenida en las hojas que sostenía-, Monodramon y Kotemon son sus compañeros… se nota que fueron hechos para ser perros de guerra –dijo sin sonar ofensivo, sino más bien, como si reconociera aquello que ambos tamers poseían: un espíritu de combatientes-, según tengo entendido también tienen de su lado a Ishida, ¿no?
Banks revisó las copias que tenía en las manos de los expedientes de los miembros del escuadrón especial, "niños elegidos", hasta que dio con la hoja del muchacho, la cual mostraba una fotografía del rubio.
-Ishida Yamato, diecinueve años, militar que ha despertado el interés de Hyuga por sus varios talentos, manejo de armas de fuego, artillería pesada y ha recibido adiestramiento como piloto.
-¿Debemos suponer que es el quien está pilotando nuestra nave? –preguntó el señor Yokoshima. El gesto de Banks parecía darle la razón al anciano-, diablos, un grupo conformado solo con esos tres y el muchacho que alguna vez fue conocido como el guerrero del sol ya es algo que me tomaría con bastante seriedad.
-Al parecer Hyuga no pensó de esa manera –dijo el hombre revisando el expediente de Taichi, de todos, el menos detallado, pero bastaba con unas cuantas líneas para decir mucho sobre él.
-Y por eso ahora estamos aquí –agregó el Yokoshima en tono de burla-. ¿Qué más hay?, veamos… oh, esto es interesante, Hida, Cody, campeón juvenil de kendo hace dos años. En los últimos dos torneos ha tenido un gran desempeño, pero en ambas ocasiones se retiró antes de concluir el torneo.
-Cuestiones que tenían que ver con HEDM, al parecer –dijo el asistente.
-Izumi Izzy es un experto en computación, Katou Juri tiene un impresionante record de misiones cumplidas con eficacia, Kido Joe graduado con honores de la universidad a los veinte años, ¿es correcto? –preguntó el anciano sorprendido. Banks asintió mientras revisaba la información.
-Él, junto con Izumi fueron los principales responsables en toda la reestructuración de los sistemas de seguridad de HEDM, así como los implementados en la mansión Riuga –informó Banks.
-Siendo así no me extraña que esos dos chicos hallan burlado los sistemas de seguridad de las oficinas de HEDM y activado un portal por el cual se trasladaron al digimundo junto al resto de sus compañeros, sin siquiera ser detectados –concluyó el anciano recordando la información proporcionada por el equipo de investigación del general Hyuga.
-Vea esto –pidió Banks-, esas chicas que venían con la invitada de su nieto, Tachikawa y Takenouchi –indicó el hombre a lo que el anciano comenzó a rebuscar los expedientes.
-Tachikawa… experta en Muay Tai, cursos de primeros auxilios y enfermería concluidos con honores, ¿habla cuatro idiomas? –el anciano parecía no poder creer lo que estaba leyendo.
-Ah… Sí, Japonés, inglés, alemán, y francés –dijo al revisar la información-, y la otra chica, Takenouchi, ha sido suspendida en cuatro ocasiones.
-Eso no parece tan impresionante –dijo el anciano, que por su expresión parecía que esperaba escuchar algo muy diferente.
-En las cuatro fue suspendida por desafiar a sus superiores directos, en una ocasión le rompió el brazo a una oficial cuatro años mayor que ella, diez centímetros más alta y once kilos más pesada –el anciano cambio su expresión a una de sorpresa-, es valiente, se preocupa por sus compañeros, y no duda en desafiar a quien se le ponga en frente, son algunos comentarios que sus superiores han hecho sobre ella.
-Eso si me impresiona –aseguro el anciano
-No sé cómo lo haya logrado Charles Resse, pero es innegable que consiguió formar un excelente grupo de talentos varios –se aventuró a decir Banks, mientras que ambos seguían revisando los expedientes, leyendo sobre las destrezas en combate de Rika, las altas calificaciones de Henri, e incluso de los sorprendentes resultados en las pruebas de rendimiento de Suzie y Lopmon, donde lo más señalado era su capacidad para formar estrategias en pareja para combatir con los adversarios.
Al cabo de un rato revisaron las declaraciones de Resse sobre el asunto de Ken Ichijouji, sus movimientos y el cómo había logrado montar una pequeña pero funcional base de operaciones en un almacén en el muelle de Odaiba , y luego un par de videos, uno de los cuales mostraba como mientras Anquilamon irrumpía en un pequeño edificio embistiendo a un par de Ogremons, Yolei saltaba del lomo del ave, montando a un tercero, vaciándole una lata de gas pimienta en la cara para luego saltar de sus hombros, aterrizar en el suelo y alejarse caminando como si nada.
-Hay algo en la calma de esa chica…que debo admitir que me causa algo de miedo –declaró Yokoshima, ante su guardián, quien asintió concordando con él.
-Ya estamos llegando –dijo el chofer de la limosina, y el anciano se asomó por la ventanilla viendo como esta daba vuelta, saliendo de la autopista de asfalto para andar sobre un camino de tierra que se internaba entre los arboles de la región, que lo rodeaban por completo.
Algunos metros después cruzaron por la puerta de una valla que delimitaba el territorio de la mansión, y siguieron su camino, logrando ver luego de unos cuantos metros como la mansión parecía dibujarse de la nada, producto de los sistemas de camuflaje que eran la principal defensa y protección de la construcción.
El anciano volvió a revisar las hojas, realmente sorprendido por las habilidades y características de cada miembro del equipo, aunque uno en especial le parecía no tan sobresaliente.
-Y este chico, Kitagawa Kenta –dijo el anciano volviendo a ver el expediente del muchacho.
-¿Qué hay con él? –preguntó el guardián del anciano, mientras este veía la expresión tímida del chico de gafas redondas.
-Es lo que yo pregunto, no parece tan sobresaliente, ¿Por qué lo incluyeron en el grupo especial? ¿Acaso por caridad? –Preguntó con burla-, ¿apoyo moral? ¿Es la mascota del equipo? –la limosina se detuvo, y de inmediato el anciano abrió la puerta para comenzar a salir. Banks de inmediato se apresuró para ayudarle, y al estar de pie, fuera del vehículo el hombre volvió a revisar el expediente del muchacho en cuestión.
-No me parece que sea un acto de caridad –dijo, haciendo que el anciano lo volteara a ver-, es en realidad, una movida estratégica e inteligente –dijo mientras le pasaba las copias que tenía en su poder al anciano, señalando unas líneas que detallaban algunos aspectos del joven, con un lenguaje bastante técnico, que quizá el anciano no había logrado comprender.
-¿Y esto…que significa?
Pero antes de recibir una respuesta, la puerta doble de la mansión se abrió, dejando ver en el umbral a un hombre pulcramente vestido, con un traje azul oscuro, que miraba paciente a sus visitantes.
-El pequeño Charlie –dijo el anciano esbozando una sonrisa.
-Señor Yokoshima –respondió Charles con propiedad-, que grato es tenerlo aquí.
"El ataque parte 3-Nunca dejes de correr…"
Espacio aéreo sobre las montañas Maelstrom, en Sarvar, en el Digimundo.
Julio 7 de 2085
Sobre la fortaleza el combate seguía viviéndose con intensidad. Birdramon y Aquilamon se lanzaban a toda velocidad en contra del Devidramon que montaba el ser de armadura plateada, mismo que surcaba entre ambas aves gigantes, posicionándose detrás de ellas para que Ginkakumon atacara con su aliento de fuego el cual apenas era esquivado por ambos digimons, que lograban percibir el intenso calor de las llamas. Ginkakumon aprovechaba cada pequeño momento en que sus atacantes retrocedían buscando una mejor posición para lanzarse nuevamente al ataque, para proferir una sonora carcajada, que no lograban escuchar las chicas montadas en sus compañeros, pero poco parecía importarle al digimon, quien de todas formas sentía eso como una pequeña victoria o celebración personal.
-¿Qué sucede? ¿No son ustedes los defensores de este patético mundo? ¿No vinieron hasta aquí solo para dar eso o sí? Vamos, ¡quiero ver su verdadero poder! –exclamó con arrogancia.
-¡Concedido! –escuchó un grito a sus espaldas y al girar la cabeza vio a Nefertimon, quien a toda velocidad se lanzó sobre el para embestirlo.
El digimon eludió el ataque con facilidad, pero esto le impidió ver que Pegasusmon se elevaba desde debajo de la imponente bestia que montaba y que desde esa posición disparó un ataque de agujas las cuales golpearon a Devidramon quien dejó salir un gruñido de dolor, al tiempo que comenzaba a moverse con brusquedad.
-¡Mierda! –exclamó el digimon mientras comenzaba a controlar a la bestia, y mientras tanto, Birdramon se elevó por encima de él para disparar sus meteoros fugaces, los cuales esta vez el digimon no fue capaz de repeler o esquivar.
Ginkakumon fue golpeado por una de las bolas de fuego, mientras que las otras colisionaron contra Devidramon, por lo que el digimon se preparó para saltar del lomo de este hacia la fortaleza. El digimon se elevó por el aire comprobando que a su alrededor ya no quedaban más Waspmons ni ningún otro refuerzo, pero permanecían los tres digimons que acababan de atacarlo, cosa que le hizo caer en cuenta de un cuarto enemigo, con quien se encontró al levantar la vista, y ver como Aquilamon se precipitaba hacia él para embestirlo con sus cuernos envueltos en una energía que producía una luz cegadora.
El digimon se cubrió con sus brazos justo antes de recibir la embestida que lo envió a toda velocidad contra la fortaleza, impactando en uno de los muros de la muralla que la delimitaban, del cual se sujetó para evitar caer desde esa altura.
La respiración de Ginkakumon era jadeante, pero se mantuvo consiente del combate, mientras veía caer a Devidramon, que gracias a que mantenía las alas extendidas parecía una hoja, cayendo con lentitud, frenándose con la ayuda del viento, mientras a su alrededor se posicionaban Nefertimon, Aquilamon, Pegasusmon y Birdramon, cada uno con su jinete en el lomo.
-Y solo para que lo sepas –comenzó a decir Hikari con un tono autoritario y ligeramente burlón-, no sé si somos los defensores de este mundo, pero sí que somos los encargados de patearle el trasero a cretinos como tú –el digimon gruño con enfado, pero se mantuvo quieto, midiendo sus posibilidades ante esa precaria situación.
A punto estaba el ser de armadura plateada de lanzarse en un último intento para no vencer, sino dañar a los chicos. Pensó en arrojarse sobre Nefertimon, quizá no lograría derrotar a aquella poderosa digimon, ni a ninguno de los otros, pero si podía lograr llegar hasta la chica que acababa de burlarse de él, y arrastrarla con él a una caída que terminaría con ambos. Ese pensamiento dibujo una sonrisa siniestra en su rostro, pero mientras apretaba las manos en la muralla cuarteada, preparándose para un último salto, una nube de humo negro se alzó en el otro extremo de la fortaleza, desviando la atención de los chicos.
Luego de aquella nube un rugido amenazador, lleno de rabia se desplazó por toda la fortaleza, llegando hasta ellos, y causando una extraña e intensa sensación de miedo.
-¡¿Qué sucede?! –preguntó Yolei mientras Aquilamon se elevaba para poder ver lo que sucedía y que su Tamer igualmente tuviera esa oportunidad.
Ginkakumon notó como la atención no estaba puesta en el en ese momento, y aunque la oportunidad era no menos que perfecta para llevar a cabo su plan, no estaba dispuesto a morir en una batalla tan simple como esa.
-Lastima, habría sido interesante –se lamentó el digimon mientras de un rápido movimiento escalaba la muralla para saltar desde esta al otro lado de la fortaleza y comenzar a correr para ocultarse.
-¡Carajo! –Exclamó T.K. al notar la retirada del enemigo y Pegasusmon disparó sus agujas, las cuales se incrustaron en la muralla pero no alcanzaron a tocar a Ginkakumon-. ¡Mierda!
-Olvida eso T.K., tenemos problemas más grandes –escuchó la voz de Hikari, y de inmediato Pegasusmon se elevó para reunirse con las chicas.
Al poder ver sobre la fortaleza el chico primero distinguió la torre en el centro de la fortaleza, pero antes de siquiera pensar en ir hasta ella y atacar notó en el extremó a un digimon de imponente tamaño y aspecto terrorífico.
-Mierda, ¿Es…es MetalGreymon? –preguntó el rubio.
-Eso parece –dijo Hikari algo nerviosa.
-No quiero ser pesimista –escucharon a Birdramon-, pero creo que este es el momento de la retirada –admitió el ave. Sora comprendía que ante ese enemigo muy difícilmente tendrían oportunidad sus compañeros, y ante todo se preocupaba por la seguridad de su compañera.
-Chicos, ¿logran ver sobre la fortaleza? –dijo por medio del comunicador, tratando de contactar al halcón.
-Te contesto en un segundo –escucharon la voz de Eva. Quien pilotaba la nave, la cual se desplazaba con lentitud y sin mantener al cien por ciento la estabilidad como antes-. Mierda. Las turbinas no están bien calibradas, y creo que el agua logró causar cierto daño en los propulsores, al parecer no habían probado bien el sistema de inmersión de esta cosa –se lamentó la chica mientras distinguían a la distancia la fortaleza flotante.
-¿Es grave? –preguntó algo temerosa Juri.
-No necesariamente, pero la idea de vuelo continuo ha pasado de ser una de las funciones principales del halcón a un sueño casi imposible, y debemos aterrizar pronto para darle la atención debida a todos los sistemas –explicó la piloto.
En ese momento la puerta de acceso a las barracas se abrió y Joe, sosteniéndose de todo para evitar tropezar, y con el casco en la cabeza caminaba con dificultad hasta llegar (mejor dicho irse de bruces) a su lugar en la mesa de controles. El chico tomó asiento y se ajustó las protecciones antes de quitarse el casco.
-No puedo hacer nada por los propulsores desde aquí, y sin apagarlos antes, dime que los chicos ya terminaron con todo ahí arriba –dijo el muchacho señalando la fortaleza y tomando los lentes que Gomamon le ofrecía.
La nave finalmente se elevó por encima de la fortaleza, justo por el extremo en el cual se encontraba el digimon de alas rasgadas y piel de un tono azul, por lo que los chicos pudieron ver a la perfección a aquel ser extraño.
-¡¿Qué carajo es esa cosa?! –exclamó Eva con cierto temor mientras su mano se posicionaba sobre los gatillos de las armas de la nave.
-¡No! ¡Espera! –Exclamó Izzy antes de que la chica atacara-, es Agumon –dijo con preocupación.
-¿Agumon? –repitió la chica como si lo que acababa de decir Izzy fuera algo incomprensible.
-Si…MetalGreymon quiero decir –se explicó el chico, aunque Eva seguía algo desconcertada.
-Es un digimon de nivel ultra, la digievolucion del compañero de Tai –agregó Tentomon.
-Es… ¿es eso?
-Es él –afirmó Juri, que no parecía menos preocupada que el resto.
Eva se mantuvo callada por unos cuantos segundos, mientras trataba de asimilar la situación. Conocía a aquel digimon, había escuchado muchas veces sobre la batalla en Odaiba, especialmente de Kouta, quien se había encargado de hablarle tanto de la batalla y el gran poder que poseía Agumon. Tal poder, ahora en nivel ultra debía ser algo impensable, algo con lo que quizá no podían lidiar.
-Eva, ¿Puedes ver…?
-Lo veo –interrumpió la chica a Sora, cayendo en cuenta en ese momento que la pelirroja y sus compañeros estaban del otro lado de la fortaleza-, escuchen, el halcón esta algo dañado, y no sé cómo se encuentren los demás pero, quizá sea momento de emprender una retirada –afirmó la chica con algo de pesar.
-Justo pensaba lo mismo –coincidió Sora.
-Bien, chicos…
Tai respiraba con lentitud, contemplando frente a él a MetalGreymon, quien luego de su ultimo y primer rugido en ese momento se había quedado estático, a la espera de la siguiente orden de Davis, quien se dedicaba más en ese momento a sonreír con calma, mientras caminaba acompañado por Sethmon hacia el digimon de piel de aquel peculiar color azul. El muchacho de cabellera castaña parecía en cierto modo ajeno a lo que estaba sucediendo, el no veía a la gran creatura amenazante que estaba a punto de aplastarlos, sino a su compañero, a Agumon, debajo de una gruesa capa de odio, pero seguía siendo él, al menos eso esperaba.
Matt observaba también fijamente al digimon, mientras Garurumon se mantenía al asecho, en cierto modo desconcertado sobre lo que pasaría a continuación. Tanto el digimon como el rubio no estaban seguros, por más de una razón, si debían atacar o mantenerse a raya.
Un sonido proveniente del casco que Matt se había quitado y que estaba en el suelo, cerca de los pies del chico lo distrajo de sus pensamientos, el muchacho tomó el objeto y lo acercó a su oído escuchando a través de él la voz de Eva, para luego dejar el casco en el suelo nuevamente.
-Agumon…Agumon… -comenzó a susurrar Tai, aun conmocionado por lo que estaba pasando, justo en el momento que Matt lo tomó por el hombro para tratar de hacerlo reaccionar.
-Tai, debemos irnos –le señaló el rubio. Tai comprendió aquellas palabras al instante y volteó a ver a Matt.
-¿Qué? ¿Irnos? Pero… -Antes de que Tai terminara su protesta Matt logró ver que MetalGreymon se preparaba para atacar.
La garra metálica del digimon salió disparada hacia ellos, y el rubio tuvo que irse sobre el castaño, derribándolo en el proceso, para evitar que fuera golpeado por la garra disparada cual proyectil y que se encajó en la superficie de la fortaleza causando un temblor en esta.
Garurumon tomó eso como la indicación necesaria para lanzarse al ataque, y de un salto logró llegar hasta el hombro de la garra metálica del digimon alado, lanzando desde ahí su aullido explosivo hacia el rostro del digimon, quien respondió apartando al lobo con un manotazo mientras retraía la garra metálica. Garurumon salió volando, colisionando con una de las pocas estructuras que seguían en pie en la fortaleza, quedándose derribado entre las láminas, pilares y vigas de la modesta construcción.
-Garurumon –pronunció con preocupación Matt mientras notaba como MetalGreymon se dirigía sin prisa hacia él.
Davis sonreía de forma burlona mientras los pasos del gigante retumbaban en la superficie de la fortaleza, hasta que antes de llegar a donde Garurumon permanecía derribado, una serie de disparos frenaron el avance de MetalGreymon, quien se giró hacia el cielo para ver en él una nave que se mecía ligeramente en el aire mientras seguía disparando, sin realmente atacarlo a él.
-De acuerdo, ya llamamos su atención, ahora, ¿Qué carajo se supone que hacemos con ella? –dijo Eva tratando de sonar tranquila, pero sin lograr ser muy convincente.
Los pasajeros del halcón presenciaban como MetalGreymon se giraba hacia ellos, dirigiendo una mirada intimidadora, preparándose para lanzar un fulminante ataque.
-¡Eva! –exclamó Joe y al instante la chica volvió a arremeter contra el digimon, esta vez apuntándole directamente, lo que parecía solo aumentar más su enfado. El digimon levantó su garra mecánica apuntándola hacia la nave en vuelo, listo para dispararla, mientras que Eva y Juri sujetaban los controles de la nave para quitarse del camino del disparó del gigante ciborg.
MetalGreymon estaba a punto de disparar la garra mecánica cuando junto a él pasaron a toda velocidad Nefertimon y Pegasusmon, desplegando un luminoso lazo que envolvió el brazo del digimon jalándolo haciendo que la garra saliera disparada hacia uno de los muros de la fortaleza. MetalGreymon gruño molesto, al tiempo que retraía el brazo mecánico, comenzando a forcejear con Pegasusmon y Nefertimon que trataban de contener la fuerza bestial del digimon. El halcón se posiciono nuevamente para disparar sobre el ciborg una ráfaga, la cual fue precedida por el disparo de dos misiles que salieron de detrás de las compuertas en el pecho de MetalGreymon. La nave dirigió los disparos a ambos misiles. Estos surcaron el aire persiguiendo al halcón que en ese momento iba en retroceso hasta que un par de explosiones la cubrieron por completo.
-¡Chicos! –exclamó T.K. preocupado, mientras veía como de la nube de humo negro surgía nuevamente la nave, cosa que provoco que el chico suspirara aliviado.
-¿Cómo puede ser tan fuerte? –se quejó Pegasusmon.
-Es un digimon perfeccionado, tiene que ser así de poderoso –explicó Nefertimon, tratando de concentrarse en la tarea de mantener sujeto al gigante digimon.
MetalGreymon comenzó a jalar con tal fuerza que Pegasusmon y Nefertimon comenzaban a ceder sin poder evitarlo, cuando un ligero silbido llegó a sus oídos, y al girar la mirada, viendo sobre el halcón logró distinguir a dos grandes aves digimon que se alzaron hacía donde él estaba. Una de ellas se dirigió en picada justo hacia él, colisionando con tal fuerza en su abdomen, que lo hizo retroceder algunos metros y doblarse un poco, presa del dolor tanto como de la sorpresa. La otra ave disparó desde lo alto una lluvia de bolas de fuego que se dirigieron directo hacia él, al momento que Nefertimon y Pegasusmon liberaban el brazo que regresó a MetalGreymon con tal fuerza que lo hizo trastabillar un poco.
Matt mientras tanto tomó del brazo a Tai y lo apartó de lo que ahora se había convertido en una completa zona de guerra, corriendo junto a él, rumbo a donde ahora se encontraba Garurumon, que recién se incorporaba para alcanzar a ver la lluvia de fuego que impactó sobre MetalGreymon.
Aquilamon se elevó a pocos segundos de la caída de las llamas sobre la superficie de la fortaleza, visiblemente amedrentada por el último ataque, y el combate tan largo y extenuante que habían tenido que sostener desde el inicio de la misión. El ave se elevó hasta alcanzar la altura de Birdramon, sobre cuyo lomo se encontraba no solo Sora, sino también Yolei, que levantó su mano haciendo una seña de aprobación por la reciente actuación del digimon, que asintió mientras recuperaba el aliento.
El fuego impacto sobre la plataforma, llenando una gran área de llamas que devoraron casi por completo a MetalGreymon, alzándose a su alrededor. Desde la distancia los cuatro digimons voladores observaban, rodeando al halcón, como si se tratara de un grupo de escolta, hasta que las llamas comenzaron a bajar su intensidad, dejando ver entre ellas nuevamente al digimon de piel azul, que lucía sin daños y con la misma furia.
-Debemos darles tiempo para que puedan salir de ahí –señaló T.K. El grupo asintió de acuerdo con la indicación.
-Todos juntos, ¡Atacaremos todos al mismo tiempo! –Exclamó Sora, alertando a todos-, mientras tanto, Eva, que los demás regresen a la nave
Eva revisaba frenéticamente los instrumentos de la nave, algunos de los cuales mostraban el nivel de daño que había sufrido. Varias luces titilaban y algunas alarmas sonaban mientras que la chica accionaba interruptores y Juri se esforzaba por mantener la nave estable, hasta que las alarmas dejaron de sonar en su mayoría.
-Eva, ¿me copian? –insistió Sora. La joven volvió a su asiento mientras que la nave continuaba meciéndose un poco.
-Un segundo –pidió la chica mientras se abrochaba el cinturón de seguridad-. Entendido –dijo para luego abrir los demás canales de comunicación-. Escuchen, Sora y los demás atacaran a MetalGreymon para mantenerlo ocupado -comenzó a explicar-, descenderé con el halcón cerca de donde dejamos al primer grupo de avanzada.
La chica comenzó a mover con lentitud la nave mientras que Birdramon comenzaba un nuevo ataque de meteoros fugaces.
-Cody, Kouta, Ken, ¿me escuchan? –Dijo Joe a través de su comunicador, pero lo único que escuchaba era el sonido de la estática– ¡maldición! –se quejó el muchacho.
-Más vale que contesten pronto, presiento que tendremos que aterrizar pronto –dijo Eva con algo de preocupación.
En la fortaleza, Matt y Tai seguían corriendo alejándose de la zona bajo los constantes ataques de Birdramon, aunque Tai volteaba cada cierto tiempo para ver, sobre las ruinas de lo que antes se asemejaba a un quiosco, a MetalGreymon, profiriendo rugidos de rabia, preparándose para atacar en serio, podía distinguirlo en su mirada.
Sin más el chico se detuvo de golpe, llamando la atención de Matt, quien también frenó y volteó a ver al castaño, mientras a ellos se aproximaba Garurumon.
-Tai, ¿Qué haces? Debemos…
-Váyanse –dijo el chico sin titubeos.
-Tai…
-Es peligroso que permanezcan aquí, lo comprendo, por eso deben irse. Pero yo debo quedarme, y sé que lo entiendes –Mat titubeó por un segundo, tratando de hallar una respuesta, intentando encontrar las palabras que debía decir para convencer al chico de marcharse. Como soldado muchas veces había tenido que hacer eso, convencer a alguien de irse cuando la lucha ya estaba perdida, porque al final, cuando no queda nada más que hacer, la única opción real se vuelve reducir el número de pérdidas. Pero en ese caso era diferente a todos los anteriores, Tai tenía razón, Matt entendía su sentir.
-Tai –lo llamó pero sin obtener respuesta de su parte. Miró a Garurumon, que estaba justo a su lado, buscando en él el apoyo que necesitaba, y este, sin dudar, se lo hizo sentir con solo un intercambio de miradas-. Oye, si crees que nos vamos a marchar y te vamos a dejar aquí estas pero si bien pend…
-¡Si tú crees que me vas a convencer de irme, pierdes tu tiempo Matt, así que…!
-Eso ya lo sé, y no es mi intención –lo interrumpió el rubio, recuperando la palabra-, no nos iremos, si te quedas vas a necesitar apoyo, y si quieres convencernos de irnos, pierdes tu tiempo, así que andando –señaló el rubio montando en el lomo de Garurumon.
Tai asintió mirando al chico, y regresando su mirada hacia MetalGreymon, sintiendo una presión tortuosa en el pecho, que no sabía cómo, pero debía esforzarse por desaparecer.
Kyubimon salió desprendida por un golpe de Kinkakumon, quien la arrojó sobre un ya muy amedrentado muro que rodeaba el terreno donde se encontraba la torre y se desempeñaba la batalla, lejos de MetalGreymon. Guilmon y Terriermon arremetían contra un Mechanorimon al cual Palmon trataba de frenar usando su hiedra venenosa, ayudada por Monodramon, Takato, Henri y Mimi, quienes la sujetaban intentando evitar que fuera levantada del suelo.
-Es muy fuerte –se quejó Palmon sintiendo que casi le arrancaban los brazos.
Mientras tanto Ryo y Rika disparaban sin frenar sus rifles tratando de mantener a raya a los Dokugumons que se alejaban del grupo que recién había llegado, el cual había cargado con Guardromon llevándolo hasta uno de los muros donde lo envolvieron en un capullo de telaraña e intentaban hacer lo mismo con Leomon, quien los repelía utilizando su espada.
-Eva dice que nos retiremos –informó Ryo, quien seguía con el casco puesto, a diferencia de Rika-, debemos regresar al punto por el cual descendí junto a Tai y Matt.
-Eva no es mi jefa –se quejó Rika, dando una rápida mirada a Kyubimon, quien se había levantado para continuaron la contienda en contra de Kinkakumon, y luego una mirada igualmente rápida hacia Takato y compañía, quienes habían conseguido al fin derribar al último de los Mechanorimons que quedaba en pie. Rika sintió en ese momento que era tomada por el cuello de la chaqueta por Ryo quien la miro molesto.
-MetalGreymon está a unas decenas de metros de nosotros, la prioridad de la misión cambio, debemos salir de aquí con vida –le espetó a la pelirroja quien se liberó del agarre con brusquedad y con una mirada llena de enfado.
Volvió a ver a Kyubimon, quien estaba recibiendo fuertes golpes por parte de Kinkakumon, quien se deslizaba a su alrededor arremetiendo con patadas y puñetazos en cada rincón del cuerpo de la digimon, que se notaba apenas podía mantenerse de pie, y luego miró al grupo de Dokugumons, quienes sujetaban a Leomon, que había perdido su espada y estaba a punto de ser atravesado por los colmillos de una de las grandes tarántulas digimon, justo en el momento en que un proyectil disparado por Guardromon, que había logrado liberar uno de sus brazos, la golpeó justo en el rostro provocando una explosión que dispersó a las tarántulas digimon.
-O vivimos para pelear otro día, o lo perdemos todo –informó Ryo, con lamentación en la voz.
-Yo… -trató de decir Rika, sintiéndose abatida, débil como no recordaba haberse sentido antes, y sobre todo sufriendo por una fuerte sensación de culpa que la embargaba por la situación a la que prácticamente había arrojado a Kyubimon.
-Nosotros nos quedamos, ustedes retírense –logró escuchar la pelirroja una voz que salía del comunicador dentro del casco de Ryo, quien frunció el ceño como si no comprendiera lo que acababa de escuchar y se quitó el casco para que tanto el como Rika pudieran escuchar.
-¿Qué acaban de decir? –preguntó el castaño.
-Váyanse, Matt y yo detendremos a MetalGreymon –dijo Tai, quien sostenía un pequeño comunicador que había sacado del casco de Matt, y al mismo tiempo se mantenía aferrado al lomo de Garurumon, quien corría a toda velocidad por los pasillos de un nivel inferior de la fortaleza al cual habían llegado gracias a una gran grieta en la superficie provocada por los combates.
-¿Pero qué idiotez estás diciendo? –Dijo la voz quejumbrosa de Mimi-, ¡Taichi Kamiya no es hora de hacerte el héroe!
-Pienso que en realidad es justo la hora para intentarlo –protestó el castaño, agarrándose con más fuerza al lomo de Garurumon mientras este aceleraba en unas escaleras y salía disparado embistiendo una puertezuela que salió volando haciendo surgir al digimon en la superficie de la fortaleza flotante, justo a unos cuantos metros de Sethmon.
Matt y Tai saltaron del lomo de Garurumon, rodando por el suelo y desenfundando un par de armas que apuntaron hacia Davis quien también rodo por el suelo para cubrirse de los disparos de los dos chicos, mientras que Garurumon embestía a Sethmon arrastrándolo un tramo considerable y sometiéndolo, a unos cuantos metros del imponente MetalGreymon, quien seguía bajo el ataque de los digimons voladores.
Matt y Tai mantenían en alto sus armas, mientras que Davis permanecía oculto detrás de lo que quedaba de una pequeña barda. El castaño aprovechó para tomar de su bolsillo el comunicador y acercarlo a su boca.
-Sabemos que esto es complicado, quizá suicida –comenzó a decir-…
-…por eso no obligaremos a nadie a acompañarnos, váyanse, pónganse a salvo. Si fallamos, contamos con ustedes para acabar con esto.
-Tai, Matt, reaccionen, es MetalGreymon de quien hablamos, un bestial y poderoso digimon. Parece invencible –argumentó Joe, quien veía desde los monitores en el halcón al digimon que recibía los ataques, apenas respondiendo estos, pero aparentemente sin sufrir daño alguno.
-Pero no lo es, no puede serlo, y no lo abandonare aquí –prosiguió el castaño.
Mimi se quitó el casco de la cabeza, jadeando al respirar, y con una expresión de preocupación en el rostro.
-Tai –dijo apenas en un susurro.
-No cambiaremos de parecer –habló esta vez Matt, y cortó la comunicación.
-Son unos suicidad –dijo Ryo, aunque algo había cambiado en su seguridad anterior, con la cual había confrontado a Rika.
-O un par de amigos muy valientes –dijo Rika, quien también había cambiado su expresión.
Kyubimon seguía siendo víctima de los ataques de Kinkakumon, quien se podía ver fácilmente que disfrutaba de la violencia que estaba infringiendo sobre el cuerpo de la digimon, cuyas patas se doblaron por el dolor y cansancio. Su pelaje blanco mostraba algunos manchones de color guinda, muestra de ligeros cortes de los cuales comenzaba a salir un poco de sangre. Kinkakumon detuvo un momento su castigo sobre la digimon, levantando la cabeza de esta, con una mano, mientras que levantaba la otra, preparando su puño para un último golpe.
-Hora de dormir zorrita –dijo de forma maliciosa, antes de lanzar un puñetazo, el cual alcanzó a ser frenado por una mano de la cual surgían afiladas garras de color gris, similares a las que se lanzaron en dirección a su rostro y que Kinkakumon alcanzó a evitar, aunque ganándose un fino corte en la mejilla, mientras veía pasar frente a ella a un digimon de color rojo que aterrizó en el suelo solo para impulsarse con todas sus fuerzas y lanzarse sobre ella con varios zarpazos dirigidos a sus piernas, que debido al tamaño del digimon eran el único punto que el mismo podía atacar.
Kinkakumon comenzó a retroceder riendo de forma burlona por los casi infantiles ataques de Guilmon, hasta que la digimon de armadura dorada dio un salto hacia atrás, e inclinándose, se puso a la altura del digimon rojo para lanzar un puñetazo justo hacia su estómago, el cual lo hizo retroceder, marcando sus garras en el suelo mientras lo hacía, al intentar frenarse con estas.
-Torpe, ¿de verdad crees tener oportunidad contra mí? ¿Un simple digimon novato contra un campeón? –sin embargo Guilmon no retrocedió, y apoyando sus manos en el suelo se preparó para volver al ataque.
-Como quieras, estorbo –se mofó Kinkakumon, adoptando una postura de guardia mientras Guilmon salía disparado hacia ella con una velocidad que bien podía rivalizar con la que había estado mostrando Kyubimon.
Kinkakumon notó esto al instante, y luego comenzó a bloquear los zarpazos frenéticos y veloces de Guilmon. El digimon comenzó con ataques dirigidos a la región inferior del cuerpo de la digimon, hasta que esta intento responder con una patada, momento que Guilmon aprovecho para esquivar dando un salto y combinar este con un zarpazo con el brazo derecho que Kinkakumon bloqueó, luego lanzando uno con la mano izquierda que recibió la misma respuesta, además de que la fémina digimon aplicó gran fuerza en el brazo del digimon para alejarlo, lo que hizo que Guilmon diera un giro en el aire, que le permitió utilizar su cola para arremeter sobre el rostro de Kinkakumon, quien recibió de lleno el ataque. Guilmon apoyó ambos pies en el suelo y lanzo un zarpazo a cada pierna de Kinkakumon, quien no pudo bloquearlos, para luego lanzar un gancho con las afiladas garras dirigidas hacia el cuello de la digimon quien alcanzó retroceder para evitar el ataque, incluso echando la cabeza hacia atrás, razón por la cual no pudo anticipar el giró que Guilmon dio al saltar y con el cual el digimon le asesto un codazo en el pecho, cargado con una descomunal fuerza que la digimon no comprendía como era posible que aquel pequeño digimon poseyera.
Guilmon después de aquel ataque con el que hizo retroceder un par de pasos a Kinkakumon, y aun manteniéndose en el aire a la altura de ella, preparó una bola de fuego dirigida directamente a su rostro, por lo que Kinkakumon sujetó el hocico del digimon tratando de frenar el ataque, pero al verse incapaz de esto desvió la dirección del disparo, presenciando como de las fauces de Guilmon surgía una enorme llamarada que pasaba sobre su hombro llenando este de un intenso calor mientras que sentía como entre sus palmas las fauces de Guilmon se expandían, obligándola a recorrerlas para solo alcanzar a sostener la parte inferior de ellas, evitando ser golpeada por las llamaradas que seguían emanando del hocico del digimon, hasta que un par de grandes manos con garras le sujetaron los brazos y notó como el digimon crecía de tal forma que la superaba en altura, para así, en cuanto la llamarada que surgía de su boca se terminaba, dejar frente a ella a un imponente digimon que la sujetaba de los brazos levantándola del suelo y mirándola con rabia, para después darle un cabezazo tal que la envió hasta el muro detrás de ella, cercana a la torre, donde se estrelló y luego cayó al suelo.
Rika miraba incrédula la escena al igual que Ryo, para luego voltear a ver a Takato, quien sostenía en sus manos el digivice de gran tamaño y permanecía hincado en el suelo en una posición de aparente meditación. Growlmon exhaló dos chorros de fuego que salieron de sus fosas nasales mientras se plantaba frente a Kinkakumon, que intentaba levantarse sin comprender como aquel digimon había aparecido. Sumado a esto vio que Guardromon había sido liberado por Terriermon y Monodramon, y ahora ellos y Leomon estaban peleando contra los Dokugumons.
Una de las tarántulas digimons se lanzó contra Guardromon derribándolo y sometiéndolo, pero antes de dañarlo fue embestido por un costado por Digmon, que había llegado hasta ahí abriéndose paso con sus taladros, que había disparado contra los Dokugumons.
-Sentimos la demora –dijo Kouta saltando del lomo del digimon acompañado por Ken, Cody, Kotemon y Wormon sobre el hombro de Ken-, ahí abajo es un puto laberinto –se explicó el muchacho mientras preparaba una flecha.
-Y además nuestros comunicadores se estropearon –explicó Ken.
Los Dokugumons restantes se reagruparon alrededor de Kinkakumon, formando una barrera alrededor de la torre que la digimon protegía, y encarando la línea de digimons compuesta por Growlmon, Leomon, Guardromon y Digmon. Kinkakumon jadeaba al respirar, y miraba a los digimons con algo de recelo, para luego comenzar a reír de forma burlona ante la incertidumbre de todos.
-¡Impresionante! –exclamó, sin perder ese tono de burla que caracterizaba su risa y cada una de sus palabras-, debo admitir que han demostrado un nivel tal de perseverancia que es digno de admirarse, si tan solo una inteligencia igual de equiparable hubiesen demostrado, quizá tendrían una oportunidad, pero entiéndanlo, decidieron entrar en la boca del lobo, atacar una fortaleza enemiga con un gran recurso de soldados no fue una de sus más brillantes…
Una fuerte explosión surgida detrás de Kinkakumon interrumpió el discurso de la misma, quien se giró para ver una gran nube de humo surgir al pie de la gran torre, la cual comenzó a caer, justo en dirección a ella, quien se apartó de un salto, mientras veía como la torre caía al suelo rompiéndose en grandes pedazos, algunos de los cuales rodaron por el terreno, repartiéndose por el espacio de combate.
Kinkakumon veía incrédula la torre en un silencio recién formado, que dejaba escuchar con toda claridad la respiración fuerte y, quizá algo atemorizada de la digimon de armadura dorada que miraba en todas direcciones como tratando de encontrar una explicación. Hasta que vio surgir, de detrás de una estructura reducida a escombros a uno de los Tamers, uno que había perdido completamente de vista y ni siquiera se había dado cuenta en que momento.
-¡Hay perdón! ¡¿No habías acabado?! –gritó Kenta, quien sostenía un pequeño aparato en la mano.
-¡Olvidamos decirte! –Exclamó ahora Takato, antes de quitarse el casco de la cabeza-, nuestro muy querido amigo Kenta, resulta que es un experto en explosivos, todo lo que tenga que ver con fabricarlos, colocarlos, o detonarlos a distancia él lo conoce a la perfección, y estuvo preparando un explosivo para volar la torre desde el momento en que llegamos a aquí, obvio, sin que te dieras cuenta- Takato tomó del casco el comunicador y lo sacó de este para hablar con el resto.
-Chicos, la torre fue destruida, lo logramos –escuchó Tai la voz de Takato en su bolsillo y rápidamente tomo el comunicador en este.
-¿Qué dices? –exclamó el castaño volteando a ver hacia MetalGreymon, quien seguía de pie, luchando aun contra Birdramon, Aquilamon, Pegasusmon y Nefertimon, quienes volaban a su alrededor tratando de distraerlo, mientras el comenzaba a responder los ataques disparando su gran garra metálica, para luego levantarse impulsándose con tal fuerza que destrozo parte de la estructura de la fortaleza para emprender el vuelo y luego disparar un par de misiles que surgieron de su pecho en direcciona Pegasusmon, quien alcanzó a eludirlos y vio como estos se alejaban para después causar una gran explosión.
-Tiene un poder aterrador –dijo el digimon al ver la gran explosión que surgió en el cielo.
-¿Están seguros? MetalGreymon sigue combatiendo con nosotros.
-¡¿Qué?! –exclamó el chico aturdiendo un poco a Matt y Tai, quienes tenían el oído pegado al comunicador.
Una risa surgió desde donde Davis se ocultaba, aumentando el enfado de Tai.
-¡Idiotas! ¿Ven la espiral en el brazo de MetalGreymon? –Preguntó el chico y el castaño alzó la vista tratando de distinguir a su compañero y el artefacto que le rodeaba el brazo-, mientras tenga la espiral en el brazo no importa si derriban mis torres, el seguirá bajo mi absoluto control.
-Miserable –se quejó Taichi a punto de lanzarse contra Davis. Matt lo miró y luego vio a Davis levantarse sosteniendo un arma y el rubio se arrojó sobre Tai para derribarlo y evitar que los disparos del Motomiya lo alcanzaran. Ambos chicos rodaron por el suelo hasta encontrar cubierta en un pedazo de escombro cercano a ellos-. Carajo, esto aún no termina, debemos destruir la espiral en el brazo de MetalGreymon –informó Tai con enfado.
Mientras tanto, Kinkakumon seguía intentando comprender como había sido engañada por aquel grupo de humanos a los que ella consideraba muy inferiores, los Dokugumons se miraban unos a otros desconcertados por lo que acababa de pasar.
-No les pedimos que luchen con nosotros si no quieren –comenzó a decir Henri-, solo márchense, si pueden llévense a otros con ustedes, y abandonen esta fortaleza.
Los digimons comenzaron a alejarse, varios de ellos cargando a algún abatido digimon en sus espaldas, desplazándose, escalando con facilidad los muros de la fortaleza, y lanzándose al vacío desde estos, no sin antes adherirse a las murallas de la fortaleza con una telaraña que seguían tejiendo mientras descendía de la fortaleza.
Uno de los digimons se aproximó a Kyubimon intentando cargarla, pero esta se negó.
-No me iré de aquí hasta que esto se termine definitivamente –aseguró la digimon.
-Esto lo cambia todo –dijo Rika, que parecía haber recuperado la confianza-. Chicos, se cancela la retirada–dijo Rika a través del comunicador.
-¿Cómo dices? –preguntó Joe con tono de sorpresa.
-Davis ya no tiene más refuerzos y nosotros no tenemos más distracciones, solo quedan MetalGreymon, el compañero de Davis, y esta perra.
-Si, tal vez pero…
-Vinimos hasta aquí para recuperar a uno de los nuestros –enfatizó la pelirroja-, y no pienso irme de aquí dejando atrás ni siquiera a uno más –aseguró la chica.
Joe parecía algo indeciso, al igual que el resto, quienes lucían preocupados, mientras el halcón permanecía quieto justo sobre el punto en que habían descendido momentos atrás Tai y Matt.
-Ok, pero necesitamos un plan –cedió el chico de lentes-, no avanzaremos más sin organizarnos bien, así que, ¿Qué tienen pensado hacer?
-Growlmon y yo podemos encargarnos de ella –dijo Takato señalando a Kinkakumon.
-Te acompañaremos –dijo Henri, mientras sobre su hombro se colocaba Terriermon sonriendo de manera amable, y el chico buscaba en una bolsa en su cintura para luego extraer el estorboso digivice que Izzy había construido.
Kinkakumon observaba al gran grupo de tamers y digimons que la encaraban, sabiendo que le esperaba un reto demasiado grande como para lograrlo ella sola, y fue en ese momento justo que una risa burlona llego a sus oídos y al del resto.
-¿Qué pasa hermanita? ¿Los humanos fueron demasiado reto? –preguntó de forma burlona Ginkakumon, mientras permanecía sentado en la cima de un edificio casi destruido por completo.
-Genial ahora ese imbécil –se quejó Rika mientras veían al digimon saltar y reunirse con Kinkakumon. Un brillo a un costado de ellos llamo la atención de los Tamers, quienes al girarse vieron a Ryo junto a Strikedramon, quien parecía listo para iniciar un combate.
-Escuchen –dijo el muchacho castaño, utilizando también el comunicador-, Takato, Growlmon, Henri, Terriermon, Strikedramon y yo nos encargaremos de estos dos, el resto vayan con los demás para enfrentar a MetalGreymon, ese será el plan –dijo Ryo sin un ápice de duda.
-Suena bien –dijo Mimi, también tomando su rudimentario digivice, lista para emprender retirada y reunirse con los otros chicos.
-Pues adelante –dijo Henri mientas accionaba el digivice en sus manos y Terriermon digievolucionaba a Gargomon.
El digimon comenzó a estirar su cuerpo preparándose para la batalla.
-Ya extrañaba esto –dijo mientras que Mimi, Palmon, Rika y los demás se retiraban ante la mirada de Kinkakumon y Ginkakumon.
-A donde creen que van –dijo el digimon de armadura plateada preparándose para ir tras ellos, pero Leomon le cerró el camino encarándolo.
-Ustedes tienen otras cosas de que ocuparse –le dijo en forma retadora levantando su gran espada el felino digimon.
Ginkakumon sonrió mientras se ponía firme para luego reverenciar al digimon, y echar un largo vistazo a los Tamers y digimons ahí reunidos.
-Debo admitir que no pensé que esta pelea sería tan divertida, pero les reconozco el mérito y les aseguro una cosa; Si sobreviven hoy, las palabras "niños elegidos" jamás volverán a ser tomadas a la ligera.
-Un momento –dijo Cody una vez que habían avanzado un tramo del camino-, si acaso llegamos a fallar, no podemos permitir que Davis siga utilizando esta fortaleza, esto complica mucho las cosas.
-¿Qué sugieres? ¿Derribarla? –preguntó Ken algo confundido. La expresión de Cody parecía darle completamente la razón.
-¿Bromeas? ¿Cómo carajo vamos a hacer eso? –se quejó Kouta, tensando su arco por si algún enemigo aparecía.
-¿Cómo carajo derribaron la torre? –preguntó el chico.
-Ah…bueno fui yo pero –comenzó a decir Kenta algo indeciso-, no me quedan explosivos, y aunque así lo fuera, ¿suficientes para volar toda una fortaleza?
-No necesitamos volarla toda, solo asegurarnos de que no se pueda utilizar por un tiempo –dijo Cody.
-Pero…
-Escuchen –pidió el joven.-, si no logramos detenerlo, con o sin Agumon, Davis intentara atacar las ciudades, creara un gran caos, si al menos le quitamos la fortaleza, por un tiempo, lo detendremos, evitaremos que esta crisis se extienda.
-Si pero –intervino Mimi-, ¿y los digimons que quedan aquí? Son inocentes, y si derribamos esta cosa, quizá no todos se salven –aquel argumento parecía detener todo, por un momento así fue, hasta que Kenta comenzó a pensar más detenidamente en todo.
-Si dañamos los sistemas de estabilización de vuelo, la fortaleza en teoría, descendería lentamente hasta llegar al suelo y luego no podría despegar, quizá –dijo Kenta no muy convencido-, evitaríamos una colisión fuerte y dejaríamos inservible la fortaleza, al menos un tiempo.
-¿Crees poder hacer eso? –preguntó Ken.
-Tal vez –dijo con honestidad Kenta.
-Vale la pena intentar –sugirió Rika.
-Pero aún queda el problema de los explosivos, ¿de dónde los sacamos?
-Hablamos de motores, máquinas que deben utilizar algún tipo de combustible, ¿no puedes hacer algo con eso? –preguntó Ken.
-Ah…tal vez.
-¿Cómo llegaron hasta aquí? –preguntó la pelirroja. Kouta bajó el arco volteando a ver a la chica.
-Fue un verdadero embrollo, ahí abajo parece un laberinto.
-¿Vieron algo que se asemeje a un cuarto de máquinas? –preguntó Kyubimon.
-Es difícil decir lo que vimos y lo que no ahí abajo –afirmó Kotemon.
-Supongo que podemos buscar –propuso Kouta-, pero MetalGreymon…
-Creo que podemos hacernos cargo –dijo Ken-, Cody tiene razón, no podemos permitir que Davis siga usando esta fortaleza, solo miren cuanto se han complicado las cosas ahora. Escuchen, Kenta puede hacer estallar los estabilizadores o lo que sea para que la nave pierda altura, Kouta, ¿puedes llevarlo? –preguntó el muchacho y el chico miró en dirección a donde estaba MetalGreymon pareciendo algo vacilante.
-Ay, ya que –dijo al fin.
-Bien. Derriben la nave –indicó a Kenta y sus acompañantes-, nosotros pelearemos con MetalGreymon, y entre tanto espero que podamos capturar a Davis.
-Ok, vamos –dijo Cody mientras él y Digmon volvían a correr, seguidos por Ken, Wormon, Palmon, Mimi y Rika sobre el lomo de Kyubimon
Kenta, Kouta, Kotemon y MarineAngemon se giraron para ir en dirección contraria, evitando el lugar donde ahora sus compañeros peleaban con Kinkakumon y Ginkakumon. Kouta se puso a la cabeza del grupo, manteniendo el arco tensado, anticipándose a cualquier sorpresa.
-No es posible, ¿a qué carajo subí entonces? –se quejó el chico.
Nefertimon en compañía de Pegasusmon se arrojaron contra MetalGreymon como si buscaran embestirlo. El digimon ni se inmuto y permaneció inerte en el aire esperando el golpe, sin embargo los dos digimons cambiaron su trayectoria pasando por los flancos del digimon y aprisionándolo en su látigo luminoso el cual comenzó a envolver el cuerpo del digimon ciborg. MetalGreymon se movía con torpeza y lentitud mientras que Nefertimon y Pegasusmon seguían girando a su alrededor evitando ser golpeados por el brazo mecánico del digimon que se agitaba intentando alcanzar a alguno de sus atacantes, hasta que finalmente el ser quedo envuelto por el látigo que aprisionó sus brazos haciéndolo proferir un gran rugido.
-¡Ahora! –exclamó Kari dando la señal de ataque para sus compañeras.
Birdramon se elevó para dejar caer sobre MetalGreymon una lluvia de fuego que el digimon recibió como si nada, pero en medio de aquellas centellantes bolas de fuego se encontraba Aquilamon quien volvió a embestir con fuerza a MetalGreymon arrastrándolo un par de metros en el aire y provocando tal furia en el que estalló en un grito y se liberó de los látigos abriendo sus brazos con fuerza y en ese brusco movimiento alcanzando también a golpear a Aquilamon quien salió disparada aterrizando en la fortaleza.
-¡Aquilamon! –exclamó Yolei montada sobre el lomo de Birdramon junto a Sora. El digimon se removió en el suelo apartándose de algunos escombros para luego desplomarse derrotado.
-Aun sin más enemigos por enfrentar, MetalGreymon es demasiado poderoso para nosotros –dijo Nefertimon.
-No podemos rendirnos ahora –intercedió T.K.
-Es cierto –concordó Yolei, aunque su voz sonaba algo preocupada-, tenemos una misión que completar.
Sora miraba a MetalGreymon, aquel imponente digimon que lucía como una pesadilla hecha realidad, un digno monstruo de la ficción con las ansias de destrucción de estos. Sin embargo lo que más llamaba la atención de la chica no era el enemigo con el cual debían enfrentarse en ese momento, sino el enemigo con el que habían tenido que combatir durante ya varios meses, y causaba en ella un gran revuelco en sus sentimientos.
En un segundo de cese al fuego alcanzó a ver a Davis, tumbado en el suelo, a resguardo de los disparos de Tai y Matt quienes también estaban a resguardo de los disparos del muchacho de vestimenta negra, mientras que Garurumon y Sethmon luchaban por someterse el uno al otro, en una contienda que no parecía tener un claro ganador o alguien que llevara una definitiva ventaja sobre el otro.
-Tenemos trabajo que hacer chicos –dijo la joven pelirroja-, y no nos vamos a detener.
Mientras Tanto Taichi y Matt se mantenían a resguardo en tanto que Davis vaciaba otro cargador en contra de ellos. Las balas rebotaban cerca de donde se encontraban, pero por fortuna ninguna había llegado a darles hasta ese momento.
-Cuando esto acabe –comenzó a decir Matt-, lo primero que haré será usar a Davis como blanco en mis prácticas de tiro –dijo soltando después una pequeña risa que Taichi acompañó.
-Apoyo eso –dijo el castaño mientras se giraba en el suelo para intentar ver por una grieta en el pedazo de muro que usaban como protección a los tiros de Davis, quien dejó de disparar para cambiar el cartucho de su arma. En ese momento Tai se levantó apuntando con la Scully E919 en sus manos hacia el muchacho que alcanzó a ver a Taichi y se arrojó al suelo evitando ser golpeado por las balas que impactaron detrás de él, dejando en un pilar que aún quedaba intacto (vestigio de lo que era una marquesina antes del ataque) un peculiar rastro de color morado.
Davis se acomodó nuevamente en su escondite mientras terminaba de recargar su arma.
-¡¿De verdad?! ¡¿Paralizantes?! –exclamó el chico en afán de broma, al notar los rastros de los disparos de Tai.
Tai y Matt se miraron el uno al otro antes de contestar.
-¡Si crees que no sirven, ¿Por qué no detienes uno con la cara?! –reclamó Tai.
-¡Si no se toman esto en serio no tendrán ni una oportunidad, ya compréndanlo! –reclamó Davis.
¡Oh, me lo tomo muy en serio, es en serio que pienso atraparte y ponerle fin a todo esto, de la forma correcta, sin matar a nadie! –respondió esta vez Matt.
Davis soltó una pequeña risa mientras negaba con la cabeza.
-El modo correcto –dijo como si tratara de hallar sentido en esas palabras-, ¡El caos es el modo correcto! ¡Y yo el único que lo comprende!
-Esta demente –dijo Matt en un susurro, mientras Giraba para ver a Garurumon y Sethmon.
El lobo digimon se arrojó sobre el ser cuadrúpedo aferrándose a su lomo con garras y dientes. Sethmon comenzó a sacudirse con violencia intentando derribar a Garurumon quien se mantenía como jinete sobre su oponente, hasta que este arremetió con velocidad y fuerza contra un muro embistiéndolo con el costado de su cuerpo y provocando que por la inercia Garurumon también se estrellara contra el muro. Repitió el mismo acto varias veces más hasta que logro derribar a Garurumon, quien, tendido en el suelo, apenas logró interceptar a Sethmon levantando las patas delanteras ante una embestida directa del digimon, conteniendo a este y evitando así ser apuñalado por los colmillos que surgían de su mandíbula.
-Y mientras tanto nosotros pagamos el precio –dijo Matt con preocupación ante la difícil batalla que su compañero estaba sosteniendo.
-Escucha, distráelo, y cúbreme –dijo Taichi mientras se posicionaba para saltar fuera de cubierta e ir contra Davis.
-¿Qué? –preguntó Matt desconcertado.
-Solo llama su atención, has que siga monologando como villano de comic y que baje la guardia.
-Estas demente –dijo Matt, aunque con una sonrisa en el rostro-, solo ten cuidado –pidió y Tai respondió con una sonrisa llena de confianza-. ¡Escucha imbécil, no sé qué tengas planeado, pero te aseguro que no funcionara –comenzó a gritar Matt-, no te dejaremos vencer, la ley prevalecerá! –Tai miró a Matt con cierto desconcierto mientras que este se encogía de hombros como diciendo que no se le ocurría otra cosa que decir.
-¡¿Ley?! ¡No hay concepto más vacío que ese! –escucharon la voz de Davis y de inmediato Tai cambio su expresión.
-Bueno, al menos funciona –dijo el castaño mientras saltaba para salir de su escondite y comenzaba a andar agachado con el arma en las manos.
-¡La ley es aquello que la mayoría decide que es ley, no hay distinción en lo que la mayoría acuerda que en lo que uno mismo decide, porque la ley no tiene que ver con lo que es justo, sino con la idea imperante! –Tai llegó hasta los restos de un pilar, donde se ocultó dando la espalda a este, mirando a Matt quien se encontraba apuntando en dirección a donde se ocultaba Davis.
-¡Tal vez, pero de cualquier forma, estas demente si piensas que voy a dejar que le hagas daño a alguien!
-¡Si alguien sale lastimado no es mi decisión, es porque ustedes se niegan al cambio, al nuevo orden, a mi orden! –respondió Davis mientras que Tai seguía moviéndose de forma sigilosa en el terreno derruido por los combates.
El castaño llegó gasta la esquina de un pequeño edificio, justo a dos metros de los restos de una barda, detrás de los cuales se ocultaba el muchacho pelirrojo.
-¡Nadie tiene que salir lastimado, pero si se aferran a proteger este mundo impuro y corrompido –escuchaba el muchacho moreno mientras se preparaba para saltar al ataque-, entonces no me queda otra que aplicar la fuerza!
-Igual nosotros –susurró Tai apresurándose a salir de su escondite y de un par de grandes zancadas llegó hasta la pequeña barda subiendo a esta y apuntando con su arma al lugar del cual provenía la voz de Davis, sin embargo, en aquel lugar no estaba el chico, sino un pequeño aparato parecido a una bocina portátil.
Tai Sintió un desconcierto el cual se desvaneció al momento de sentir el cañón de un arma sobre su cien, razón por la cual suspiró con frustración.
-Puto imbécil –se quejó el chico mientras que Davis, quien se había ocultado del otro del muro que Tai había usado como último punto de resguardo sonreía al tiempo que acercaba un pequeño aparato a su boca.
-Mejor no hubieras vuelto de tu viaje, héroe de Odaiba –dijo haciendo que Tai escuchara las palabras venir de la boca del muchacho y del aparato en el suelo.
Growlmon se lanzó sobre Kinkakumon, quien eludió el ataque saltando para pasar por encima del gran digimon rojo. Al hacerlo fue interceptada en el aire por Leomon, quien blandió su espada, la cual se estrelló con el mazo de Kinkakumon, produciendo un fuerte y agudo sonido que se extendió por todo el campo de batalla., mientras que Leomon y Kinkakumon aterrizaban en el suelo para seguir con la contienda.
Detrás de la digimon de armadura dorada Strikedramon se movía a toda velocidad envuelto por llamas que encendían al rojo vivo el metal de su casco y el resto de su armadura. Con su cuerpo completamente cubierto por el fuego buscaba embestir a Ginkakumon, quien retrocedía manteniéndose fuera de su alcance. Detrás del digimon de armadura plateada apareció Gargomon, apuntando con sus dos brazos que terminaban en ametralladoras a Ginkakumon, para iniciar una ráfaga de disparos contra él, quien se vio obligado a frenar los embates de Strikedramon, extendiendo su brazo con la palma abierta y sujetándolo del rostro, para luego saltar llevándolo consigo y arrojarlo contra Gargomon, quien se apartó del lugar del impacto dispuesto a continuar con su ataque, hasta que vio una bola de fuego que el digimon plateado escupió hacia él y que por poco lo alcanzaba, de no ser por el ataque de Leomon, que desvió la incandescente esfera.
Growlmon se enfiló con Leomon, mientras que Terriermon se posicionaba de espaldas a ellos y Strikedramon se les unía recuperándose del reciente ataque. Entre los cuatro digimons que habían formado dos barreras se encontraban Ryo, Henri y Takato, pendientes de todo el conflicto.
-Son más fuertes estando juntos –dijo Ryo algo preocupado mientras volvía a recargar su rifle, pensando que quizá sería necesario apoyar a los digimons con algo más que solo palabras de aliento.
-Ginkakumon y Kinkakumon –comenzó a decir Leomon-, los temidos hermanos ogro de oro y plata. No son cualquier oponente –concluyó mientras volvía a adoptar una postura de combate, sin dejar de vigilar a la digimon que sonreía con arrogancia.
Davis arrojó el comunicador al suelo, tirándolo cerca de donde estaba la bocina de la cual había salido su voz, con lo que había logrado engañar a Taichi, y también a Matt, quien desde que vio a Davis apuntándole a la cabeza a Tai había salido de cubierta y apuntaba al chico de vestimenta negra.
-Tira el arma –ordenó Davis y Taichi accedió sin rechistar, arrojando el arma que igualmente cayó cerca de la bocina y el comunicador, para luego levantar las manos en señal de rendición-. También tu Matt –dijo dirigiéndole una mirada al rubio, quien titubeo por un instante-. ¡Hablo en serio! –exclamó empujando la cabeza de Tai quien respiraba sonoramente por el enfado que sentía.
Matt dejó de dudar y dejó el arma en el suelo, levantando él también las manos.
-De verdad no quería llegar a esto, dios sabe que no –comenzó a decir el muchacho mientras de entre su gabardina sacaba otra arma con la cual apuntó a Matt. El muchacho indicó a Tai que bajara de la barda. El chico lo hizo, con movimientos lentos, y bajo la constante amenaza del arma de Davis, quien luego comenzó a caminar sin dejar de apuntarle a ninguno de los dos-. Matt, acércate, ¿quieres? –pidió el chico y el rubio comenzó a andar con pasos lentos, mientras detrás de él escuchaba a Garurumon combatiendo contra Sethmon (seguramente ni se había percatado del peligro en que el chico estaba) e igualmente la contienda de MetalGreymon, Sora, su hermano y las otras dos chicas, cosa que también lo tenía muy preocupado.
Taichi y Matt se encontraban hombro con hombro, con las manos levantadas y mirando con enfado a Davis, quien había dejado de sonreír y ahora solo los miraba con una seriedad atemorizante.
-¿Y qué debería hacer ahora? –se preguntó el chico en voz alta.
-¿Dejarnos ir antes de que mi intención de tenerte contemplación se desvanezcan? –sugirió Matt con tono cómico. Davis respondió a eso esbozando una ligera sonrisa para luego asestarle un rápido y fuerte golpe en el rostro a Matt con una de las armas, haciéndolo retroceder y llevarse una mano a la frente.
-Imbécil –se quejó el rubio.
-A tu lugar Ishida –ordenó Davis. Matt volvió a pararse a un lado de Tai, apartando la mano de su frente, revelando una ligera cortada sobre su ceja derecha, de la cual comenzaba a resbalar un hilo de sangre que llegó hasta su barbilla y comenzó a gotear-, no te preocupes, aun sigues siendo un galán –le aseguró Davis-, aunque me temo que eso no te servirá de nada ahora.
-¿Qué crees que pasara? –Dijo Tai llamando la atención del chico-, ¿eh Davis? ¿Crees que conquistaras al mundo? Aun si nos vences, todos los agentes de HEDM te darán caza hasta encontrarte y créeme, ellos no te tendrán tanta paciencia como nosotros.
-¿Eso es una amenaza Taichi, o son tus últimas palabras?
-Piénsalo, por más que tengas este castillo volador, un ejército de digimons, incluso a Veemon y a Agumon contigo, ¿Qué tanto lograras? ¿De verdad crees que conseguirás adueñarte del digimundo? Hay fuerzas más grandes que tú y yo en este mundo y terminaran por acabar contigo.
-Ah, ¿eso crees? –dijo Davis como restándole importancia a las palabras de Tai.
-Lo sé –dijo con total seguridad el castaño, mientras que Matt solo presenciaba la charla sintiendo que de algún modo salía sobrando-. Escucha, si tienes algún interés en este mundo, sea para gobernarlo, o para protegerlo, tu pelea no es con nosotros, y solo si peleamos juntos lograremos vencer al verdadero enemigo –sentenció el muchacho, ante la mirada llena de curiosidad de Davis.
-Tal vez tengas razón –admitió el muchacho sin dejar de apuntarles con ambas armas-, ¿pero sabes? Es curioso –dijo paseando su mirada de Tai hacia Matt y luego de regreso, como divagando en sus pensamientos-, ahora que lo pienso bien, no me interesa realmente este mundo, solo quiero destruir todo lo que han construido, prenderle fuego al cielo, ¿me entiendes? –dijo con una voz fría y Taichi y Matt notaron en los ojos del muchacho un peculiar resplandor rojo, al mismo tiempo que en su rostro comenzaban a marcarse algunas venas que se hinchaban y se tornaban de color negro-, cierto, HEDM me dará caza, quizá me maten, a mí y a él –dijo refiriéndose a MetalGreymon-, pero para entonces habré logrado mi cometido, habré desatado el caos, humanos y digimons enemistados, los lazos rotos, la guerra será la única respuesta, y ambas especies, en su afán de vencer a su enemigo, arrasaran con todo ellos mismos. Lo saben, ambos lo saben, ¿verdad Matt? –Dijo mirando al rubio que parecía desconcertado-, sabes cómo es la naturaleza del hombre, su miedo, su ego. Y tu Tai –el castaño miró a Davis percibiendo todo el odio que surgía de él-, sabes del orgullo y el alma guerrera de los digimons, no van a rendirse tan fácil. Hace años una guerra dividió a ambas razas, yo solo quiero que volvamos a eso, que la guerra decida que especie merece vivir, y cual deberá extinguirse. Estoy seguro de que ambos pueden imaginarse algo así, pero por desgracia, no estarán para verlo –dijo aumentando la frialdad de su voz, y con un gesto deformado en su rostro que denotaba completamente la crueldad que en su ser habitaba.
-¡¿Apuestas?! –escucharon los tres una voz detrás de Davis, quien no pudo evitarlo y volteó para ver de quien se trataba.
Matt y Tai reaccionaron deprisa, como ya estaba acostumbrados, ambos se agacharon quedando por debajo de la línea de fuego de las armas de Davis, sujetando desde ese punto los brazos del chico para apartarlos y al levantarse ambos prepararon los puños para sestarle en conjunto dos golpes al chico en la cara que lo enviaron de bruces al suelo.
Detrás de él estaba Ken (quien había proferido el grito que distrajo al muchacho) y junto a el Rika, Cody y Mimi, quien en ese momento sostenía su digivice en la mano que extendió hacia arriba.
-¡Digievoluciona! –exclamó haciendo que Palmon evolucionara a Toguemon y de inmediato, junto a Guardromon y Digmon se lanzaron hacia donde estaban combatiendo el resto de sus compañeros a la versión oscura de MetalGreymon, atacándolo desde el suelo, haciéndolo desviar su mirada mientras que Stingmon volaba a toda velocidad con su aguijón por delante, asestando un golpe en el cuello del digimon que luego volvió su atención a los enemigos en el cielo, sin dejar de recibir los ataques desde tierra.
Garurumon se encontraba debajo de Sethmon, quien fue embestido por Kyubimon lanzándolo lejos mientras que ambos digimons se enfilaban para enfrentar al cuadrúpedo que respiraba con jadeos, viendo a sus dos oponentes.
Davis se incorporó de inmediato, y al levantarse vio a Tai, que había ido de inmediato por su arma y ahora le apuntaba con esta.
-Tal vez no sean municiones reales, pero también debido a eso no te quedara ninguna duda de que disparare si es necesario –se explicó el muchacho haciendo que el joven pelirrojo sonriera con enfado mientras levantaba ambas manos-. Matt regístralo, no quiero más sorpresas –el rubio acató la orden de inmediato y junto con Ken le retiraron la gabardina a Davis y comenzaron a revisar que no portara más armas.
Mimi se acercó al castaño, parándose junto a él y dirigiendo una mirada rápida a MetalGreymon.
-No pudieron llegar en mejor momento –dijo el joven a la ojimiel, quien sonrió negando con la cabeza.
-Hubiera sido mejor que esperaran a que llegáramos para evitar este embrollo, pero conociéndolos supongo que eso era algo imposible –Tai respondió con una sonrisa apenada al comentario de la chica, sin dejar de vigilar a Davis, quien a pesar de la situación no parecía que estuviera por rendirse definitivamente. Aunque el castaño si lograba advertir que el brillo rojizo en sus ojos y las marcadas venas en su rostro que le daban una apariencia casi monstruosa habían desaparecido.
Corriendo por los pasillos que se conectaban como conformando un laberinto poco iluminado, Kenta, MarineAngemon, Kouta y Kotemon se movían buscando en cada cámara por la cual pasaban algún punto débil de la fortaleza. Kouta seguía al frente del grupo, dirigiendo a este y manteniendo el arco preparado fungiendo como un escolta.
Estoy casi seguro de que hay habíamos pasado por aquí –dijo Kenta sonando algo preocupado por el rumbo que Kouta estaba siguiendo.
-No, te puedo asegurar eso -dijo el muchacho del arco deteniéndose en una esquina, levantando el arco y asomándose con discreción, hasta que finalmente avanzó por completo y le dio una señal al resto para que avanzaran junto a él.
-Si supiéramos a donde vamos el camino sería mucho más sencillo –dijo Kotemon a modo de queja.
-Pero no sabemos dónde está lo que sea que queremos encontrar así que tendremos que hacerlo de la manera complicada –respondió Kouta algo molesto.
Kenta resistió las ganas de reír por la discusión que estaban teniendo Tamers y digimon, y al mismo tiempo giró esperando ver sobre su hombro a MarineAngemon, y hasta ese momento notó que había desaparecido. Comenzó a pasear su vista en todas direcciones esperando encontrar a su compañero, mientras que Kouta y Kotemon seguían discutiendo hasta que el joven arquero se percató de los movimientos del muchacho de lentes.
-¿Qué sucede?-preguntó el chico.
-No encuentro a MarineAngemon –dijo el chico preocupado-, ¡Estaba aquí hace solo un momento!
-Calma, no pudo ir muy lejos –dijo para tranquilizar al chico Kotemon, justo antes de que un agudo y casi inaudible sonido llegara hasta ellos desde el otro extremo del corredor, el cual era provocado por MarineAngemon, quien volaba en círculos en aquel extremo-, vez ahí está –dijo el digimon con simpleza mientras Kenta suspiraba aliviado.
-Genial, dile que venga y sigamos –ordenó Kouta sin perder su forma estoica de ser, propia de un hombre de combate.
-Vamos MarineAngemon, ¡no puedes alejarte de esa manera! –Exclamó el chico aproximándose a su compañero, quien en lugar de acercarse al chico se alejó internándose en el pasillo conectado a ese-, ¡No! ¡Ven para acá! –exigió el chico antes de lanzarse tras él.
-¡Kenta! –Lo llamó Kouta con tono de reproche-, maldición –se quejó y fue tras el chico seguido por Kotemon.
Ambos dieron vuelta en la esquina y se internaron en el corredor hasta encontrar a Kenta, quien estaba junto a su compañero, el cual volaba embistiendo una puerta doble.
-¿Podrían evitar alejarse de esa manera? No sabemos si es seguro andar por aquí –informó Kouta mientras que MarineAngemon insistía en empujar la puerta-, ¿Qué le pasa?
-Creo que quiere enseñarnos algo –dijo el muchacho de lentes mientras sujetaba la manija de la puerta, ante lo cual el muchacho de pelo negro levantó su mano sosteniendo la Kenta.
-Espera –pidió. Kenta lo miró y luego a MarineAngemon, que tenía una mirada suplicante. El chico volvió a ver a Kouta con una expresión similar a la del digimon.
-Confió en él –explicó el chico, por lo cual Kouta dejo de sujetarlo y le permitió abrir la puerta.
Kenta jaló la manija para abrir la puerta la cual cedió de inmediato, mostrándoles un cuarto aparentemente amplio y bastante oscuro.
-¿Y esto que es? –preguntó Kouta mientras buscaba entre sus cosas una linterna que le sirviera para iluminar el lugar.
Un chasquido se escuchó por toda la cámara, y luego de eso las luces se encendieron, haciendo visible todo el interior de la cámara, en la cual se repartían varias máquinas de gran tamaño, muchas de ellas conectadas entre sí y conectadas al resto de la estructura de la cámara, por medio de grandes tubos que se perdían atravesando los muros y el techo. Algunas de aquellas maquinas parecían incluso adentrarse en el suelo, como si continuaran en un nivel inferior.
Kouta advirtió hasta ese momento un ligero zumbido que provenía de algunos de aquellos aparatos, lo que le dio el indicio de que quizá MarineAngemon había logrado percibir el ruido y por ello los había llevado hasta ahí.
-El cuarto de máquinas –dijo Kotemon paseando la vista por toda la habitación, mientras que MarineAngemon regresaba desde el otro extremo de la cámara (donde había accionado el interruptor de las luces) al hombro de Kenta quien lucía bastante complacido.
-Eres increíble –dijo el chico acariciando la barbilla del pequeño ser.
-Ok, supongo que ahora si podemos hablar de derribar esta cosa, ¿o no? –Dijo Kouta mientras caminaba por el lugar, pisando cables regados en el suelo y evitando tocar cualquier cosa-
Kenta se aproximó mientras tanto a un monitor dispuesto sobre una mesa y rodeado de otros cuantos aparatos.
-Tal vez, pero aún está de por medio el cómo –dijo Kenta mientras revisaba el monitor y el resto del equipo.
-Ya se, ¿Qué tal si le decimos a Eva que lance un misil o algo a este lugar?
-¿Y cómo esperas que ella pueda atinar a este punto específico tarado? –preguntó Kotemon con escepticismo.
-No sé, poniendo un rastreador o algo en este lugar, no debe ser tan complicado…
-¡Eso no ayudara en nada! –exclamó Kenta llamando la atención de Kouta y Kotemon-, escuchen… es más complicado que solo derribar la fortaleza, miren –señaló el monitor-, algunas de estas máquinas al parecer regulan y alimentan las turbinas y estabilizadores de la fortaleza, y hablamos de propulsores muy poderosos, ¿se imaginan cuán grande debe ser la fuente de poder de unos propulsores que mantienen en vuelo el castillo del conde Motomiyacula?
-¿Eres malo para los juegos de palabras verdad? –musitó Kouta.
-¡Hablamos de una fuente de poder muy grande, que bien podría convertirse en una bomba de alcance muy grande!
-Oh –mascullaron Kouta y Kotemon al unísono.
-¿Estás seguro de eso? –preguntó Kotemon.
-Soy el experto en explosivos y sabotaje ¿recuerdan?, si algo se hacer bien es calcular cuánto puede arder, incinerar o estallar algo.
-¿Entonces qué hacemos? –preguntó el arquero.
-No lo sé… quizá podamos dañar el sistema para que disminuya el suministro de energía en los propulsores…si causamos una fuga de energía debería disminuir la potencia gradualmente, eso hará que la fortaleza caiga poco a poco.
-Pues ya está, haz eso –pidió Kouta.
-El problema es que si hago eso tal vez el campo magnético que mantiene unida la estructura de la fortaleza también se vea comprometido, lo que hará que se desmorone en el aire causando una lluvia de gigantescos escombros sobre un área poblada…debe haber un modo, debe haber una salida, un…un plan B, ¡Claro! –exclamó el chico mientras comenzaba a teclear frenéticamente.
Kouta y Kotemon se miraron el uno al otro algo extrañados.
-¿Y ahora que buscas?
-El sistema de estabilización debe tener un protocolo de emergencia por defecto, en caso de que los sistemas fallen, para lograr un aterrizaje de emergencia.
-¿O sea? –Kenta terminó de revisar el monitor antes de lanzar una mirada a su alrededor.
-Que si dañamos ese equipo –señaló un conjunto de varias máquinas conectadas-, ese de allá, y algunos de esos cables, las turbinas se sobrecalentaran, los estabilizadores perderán potencia y el sistema de respaldo se activara llevando la fortaleza a tierra –dijo para después lanzarse sobre los cables que había señalado en el suelo y comenzar a buscar entre estos.
Kouta lo miró mientras comenzaba a cortar algunos con una navaja pequeña, hasta que le dirigió una mirada.
-¡Rápido! –les gritó al chico y a su compañero, que de inmediato se dirigieron a los equipos que el joven había señalado. Kouta comenzó a revisar la maquina frente a él, sin poder evitar pensar en cierto detalle.
-Oye Kenta –llamó al muchacho que dejó de lado la tarea de cortar cables para prestar atención al arquero-, no te lo tomes a mal pero... –Kouta titubeaba al hablar, como si le resultara algo difícil-, ¿Cómo es que sabes todo esto si tú…bueno por lo regular eres algo…?
-¿Despistado? –completó Kenta.
-Bueno, yo iba a decir estúpido pero… -susurró el chico mientras Kenta sonreía y volvía a su labor.
-Quizá en cualquier cosa, pero no en esto, he pasado varios años estudiando de forma autodidacta ingeniería y mecánica.
-Interesante –dijo el muchacho mientras trataba de averiguar qué era el equipo que estaba por dañar.
-Si bueno, estaba convencido de que podía llegar a construir el traje de Ironman, pero supongo que al final no todo fue tiempo perdido –agregó, causando una reacción de desconcierto en Kouta, al igual que en Kotemon.
Ginkakumon y Kinkakumon mantenían un combate equilibrado a pesar de estar en desventaja numérica. Growlmon disparaba grandes bolas de fuego que Kinkakumon eludía avanzando hacia él y sus compañeros, mientras otras tantas esferas de fuego eran frenados por las llamaradas expulsadas de Ginkakumon. La digimon de armadura dorada cruzó el terreno en medio de los disparos de fuego hasta tener frente a ella a Growlmon, plantándose justo debajo de el para asestarle un golpe con su mazo, el cual fue frenado por la espada de Leomon, quien provocando un intenso sonido metálico que se extendió por todo el campo de batalla. Ambos digimons comenzaron a pelear mientras que a Growlmon se le unía Gargomon para entre los dos arremeter con una serie de disparos en contra de Ginkakumon, quien se movía a toda velocidad hasta llegar a cubierta detrás de un muro grueso, el último vestigio de lo que antes era un pequeño edificio.
Leomon continuaba su contienda contra Kinkakumon en medio del humo y vapor que se alzaban a su alrededor por las constantes expulsiones de fuego, intercambiando golpes de sus armas. El gran felino blandió su espada sobre el cuerpo de Kinkakumon, quien levantó su pesado mazo frenando el ataque, y luego, sosteniendo el mazo con una sola mano utilizó la otra para arremeter contra el expuesto abdomen del digimon en el cual clavó sus garras atravesando la piel del imponente felino, quien gruño por el dolor. Kinkakumon sonrió ante su triunfo con la intención de causarle aún más daño al digimon, justo antes de que Strikedramon apareciera de entre la neblina lanzando un puñetazo a Kinkakumon quien se vio obligada a bloquear el ataque con la mano que había utilizado para atacar a Leomon, dando media vuelta para arremeter de espaldas con una patada que llegó al pecho de Leomon, a quien envió varios metros atrás sacándolo del banco de niebla.
Tanto la espada del rey felino como el mazo de la ogro digimon cayeron a ambos costados del ser de armadura dorada, mientras que frente a ella, trastabillando un poco Strikedramon se recuperó para volver al combate, recibiendo una mirada lasciva por parte de Kinkakumon.
Ryo trataba de distinguir entre la niebla que envolvía a su compañero y a Kinkakumon los movimientos de estos, sin embargo lo único que lograba percibir era el sonido del metal chocando, acompañado de un destello de luz que dibujaba las siluetas de los dos digimon en combate. El sudor resbalaba por el rostro del muchacho, al igual que en los de los otros dos chicos, que prestaban atención al combate entre Growlmon y Gargomon en contra de Ginkakumon.
-El calor está amentando mucho –se quejó Takato, quien parecía respirar con algo de dificultad. Henri notó este hecho, y al igual que el muchacho, jadeaba un poco al respirar.
-Este no es el mejor escenario para un combate –informó el muchacho-, ni nos encontramos en las mejores condiciones.
Leomon intentaba ponerse de pie mientras que los combates continuaban, aunque lucía bastante lastimado y de su abdomen brotaba algo de sangre.
En el interior del halcón Juri veía en uno de los monitores a Leomon derrumbado en el suelo. Eva notaba la preocupación dibujada en el rostro de la chica, mientras que detrás de ellos la misma preocupación se dibujaba en el rostro de Joe, que en otro de los monitores veía como la mayor parte del equipo estaba tratando de hacerle frente a MetalGreymon. Hirokazu se aproximó a los chicos mirando que además del combate, Taichi en compañía del resto de los Tamers tenían rodeado a Davis en ese momento.
-¡Lo tienen! –Exclamó el muchacho-, vamos por él y acabemos con esta locura.
-No vamos a acercarnos a la contienda –dijo con voz dura Eva-
-¡Nos necesitan! –exclamó Juri mirando con dureza a Eva.
-Comprendo que estés preocupada, pero si recibimos un golpe al entrar al fuego cruzado quizá la nave no pueda mantenerse en vuelo más tiempo, y si eso pasa estamos acabados, recuerda que sobrevolamos el epicentro del territorio dominado por el Emperador –Juri bufó molesta, aunque sabiendo que la mujer tenía razón-. En realidad si la contienda no acaba pronto tendremos que abandonar este lugar.
Izzy notó la tensión en la voz de Eva, y la preocupación que Joe y Hirokazu sentían al igual que Juri. El muchacho de lentes apretaba con fuerza los puños sobre los respaldos de su asiento. El joven pelirrojo quiso decir algo, pero antes de hacerlo una voz se hizo presente en los comunicadores.
-Chicos, tenemos un plan, tiraremos la fortaleza –dijo Kouta.
-¿Cómo dices?-preguntó Izzy confundido.
-Es un plan de Kenta….
-Oh, mierda –dijo Suzie en un susurro casi inaudible, siendo presa de una intrigada mirada de Lopmon.
-…, dañaremos las turbinas y estabilizadores para que se active… un defecto de emergencia o algo así.
-El sistema de respaldo de aterrizaje de emergencia, ¡claro! Bien pensado –exclamó Izzy.
-Una razón más para que todos vuelvan a la nave –dijo Joe con seriedad.
-Rika, ¿me escuchas? –la joven pelirroja percibió la voz de Joe saliendo del comunicador en su casco, el cual llevaba sujeto a su cinturón. La pelirroja extrajo el comunicador instalado en el interior del casco colocándoselo en el oído derecho-, tienen que regresar al halcón ahora, Kouta y Kenta están por derribar la fortaleza.
Rika no dio respuesta alguna, y solo escuchó la voz de Joe llamándola repetidas veces como tratando de hacerla reaccionar.
A pocos metros de ella estaban el resto de sus compañeros Tamer, Taichi seguía apuntándole a Davis con su arma y detrás de él estaban Matt, Ken y Mimi. Kyubimon y Sethmon seguían luchando contra Sethmon y MetalGreymon seguía recibiendo la lluvia de agujas de Pegasusmon, las piedras Rosetta de Nefertimon, los meteoros fugaces de Birdramon, mientras que Stingmon volaba a su alrededor asestando varios golpes y Toguemon junto a Guardromon atacaban desde tierra.
Davis sonreía de manera burlona mientras veía al grupo de digimons tratando de lidiar con el colosal MetalGreymon. Tai notó el gesto en el rostro del chico que luego dirigió sus ojos a los marrones del muchacho.
-Tanto poder es realmente atemorizante, ¿verdad? –dijo el muchacho lleno declama.
-Cállate –exigió Tai sin dejar de mantener firmemente levantado el brazo con el arma.
-¿O qué?, ¿vas a dispararme? –Tai gruño molesto.
-No todavía, primero vas a liberar a MetalGreymon, luego Matt y yo planeamos una divertida actividad recreativa que te incluye a ti –el rubio sonrió-. Lo diré una vez más, ordena a Sethmon que se detenga y libera a MetalGreymon del control de la espiral –Davis sonrió dando un paso al frente de forma retadora.
-¿O qué?, ¿vas a dispararme? –repitió remarcando cada palabra.
-No lo dudes –amenazó Tai.
-No lo hago, pero ¿de qué les serviría? –Dijo en tono de burla-, como yo lo veo, si no lo has hecho es porque esperas que los libre de tener que enfrentar a tu querido amigo –el muchacho titubeó ligeramente-, si me disparas y me dejas inconsciente tendrán que enfrentar a un enemigo invencible así que –nuevamente el muchacho avanzó con un paso lleno de confianza, parándose a escasos centímetros de distancia del arma en manos de Tai-, soy intocable.
El muchacho sonrió de manera arrogante. Tai apretaba la mandíbula sintiéndose impotente hasta que Matt asestó un golpe en el rostro del chico que lo hizo retroceder cubriéndose el rostro.
-Pues intocable no eres genio –se mofó Matt.
Davis se incorporó palpándose el labio, el cual tenía un pequeño corte.
-Disfruta esta pequeña victoria, es lo único que tendrás –Matt sentía el fuerte deseo de volver a golpearlo, pero se contuvo, para acercarse a Tai y susurrarle.
-No va a ayudarnos, solo dispárale ahora que tenemos la oportunidad y acabemos con esto.
-No dejare a Agumon y lo sabes –le respondió Tai con enfado.
-No hablo de dejarlo, solo que aseguremos a Davis y combatamos a MetalGreymon –Tai respiraba sonoramente sin poder pensar en una respuesta-, ¿no crees de verdad que sea imposible ganarle o sí? –Tai permaneció callado-, ¿o sí? –insistió Matt aumentando el volumen de su voz.
Davis miró a ambos con intriga, para luego sonreír de manera altanera.
-¿Qué sucede Tai? No eres un cobarde eso lo sé, ¿acaso temes por la seguridad de tu compañero? –Matt insistía en su mirada sobre Taichi, pero este no dejaba de ver directamente a Davis-. De todas formas no importa, entre más tiempo desperdician pensándolo, peor será para ustedes, y mejor para mí.
Mientras el chico hablaba Sethmon embistió a Kyubimon mandándola contra un muro del cual resbaló hasta el suelo quedando inconsciente e involucionando a Renamon.
-¡Renamon! –exclamó Rika alarmada mientras que Garurumon atacaba con un aullido explosivo al digimon evitando que se aproximara más a la desvalida Renamon.
-Oh, uno menos, ¿Qué harán cuando no les quede nadie? –dijo el chico en un claro intento de provocar a Taichi.
El castaño lucia sumamente tenso, más sin embargo su mano temblaba tan ligeramente que solo Davis lo percibía, pero aquello le hacía tener la seguridad de que no le dispararía, no por lo menos en ese momento.
Stingmon esquivaba los ataques de la garra metálica de MetalGreymon buscando la oportunidad de acercarse lo suficiente para un nuevo golpe, en medio de la lluvia de ataques que sobre el cuerpo del ciborg se descargaba. Finalmente el insecto digimon logró un certero golpe descendiendo en picada. Su ataque alcanzó el pecho metálico del coloso, provocando que el digimon rebotara por la fuerza del impacto. La mano orgánica del digimon se lanzó con rapidez contra Stingmon, atrapándolo en esta y manteniéndolo prisionero.
Hikari se percató de ello, indicándole inmediatamente a Nefertimon que acudiera a ayudar al compañero de Davis, embistiendo el brazo de MetalGeymon con sus patas delanteras, clavando las garras en el digimon, quien abrió la palma dejando libre a Stingmon y comenzando a sacudir con fuerza el brazo hasta que el agarre de Nefertimon se soltó, provocando que Kari emitiera un fuerte grito y enviando al digimon junto con su jinete a estrellarse en la superficie de la fortaleza rebotando en esta un par de veces hasta que su cuerpo comenzó a irradiar luz y los cuerpos de Gatomon y Hikari comenzaron a rodar en el suelo.
Tai reaccionó casi al instante, impulsado por una sensación particular que le indicaba que la joven castaña estaba en peligro.
El muchacho se giró para ver a la chica en el suelo, inerte, imagen que lo congeló por completo. Davis aprovechó la oportunidad sujetando la muñeca de Tai para desviar el arma y asestándole una patada en el abdomen al muchacho, la cual lo empujó haciendo que se estrellara con Ken y Matt (quienes estaban justo detrás de él), y derribándolos así junto a él, cayendo a los pies de las chicas.
Davis se giró de inmediato para comenzar a correr, mientras que Rika desenfundaba un arma similar a la del castaño para dispararle, sin lograr atinar ningún tiro hasta verlo desaparecer. Tanto ella como Mimi corrieron para intentar alcanzarlo, solo logrando ver como este se internaba en una pequeña construcción cerrando la puerta de golpe. Rika intento abrir la puerta la cual estaba firmemente cerrada.
-¡Carajo! –exclamó la chica pateando la puerta con raba.
Matt, Tai y Ken se levantaron con dificultad, siendo Taichi el más adolorido.
-¡Maldita sea! –exclamó Ken con frustración.
-Por eso te dije que le dispararas –reclamó Matt. Ayudando a Tai a ponerse de pie-. Maldita sea Tai, tú no dudas así –le espetó.
-Lo sé… lo sé pero… no sé –trató de explicarse el castaño, para luego correr ante la mirada desconcertada de Matt, dirigiéndose a donde yacía Hikari.
Mimi volvió su mirada hacia donde estaba Matt, buscando al joven castaño al que luego vio correr hasta llegar a donde Hikari y Gatomon.
Tai se desplomó en el suelo, mirando a Kari, quien era abrazada por Gatomon que estaba inconsciente al igual que la chica, en un aparente intento por parte del digimon por proteger a su compañera en la caída y posterior arrastre por el suelo. El chico palpo con delicadeza el cuello de la chica sintiendo el pulso fuerte y agitado de ella, quien luego abrió los ojos dejando salir un quejido.
-Estoy bien –aseguró la chica. Gatomon comenzó a removerse sobre el cuerpo de Kari, reaccionando y mirando a la chica con preocupación, la cual también estaba estampada en el rostro de Tai quien respiraba con jadeos mientras de forma inconsciente buscaba la mano de Hikari, la cual tomó apretándola con fuerza, al igual que la chica, quien sentía en todo su ser una calma por tener al chico junto a ella.
Matt lo miró contrariado, desconociendo la expresión llena de duda y miedo en el rostro de Tai. Sus ojos reflejaban una preocupación que en el chico no era extraña, solía preocuparse por sus compañeros y por las situaciones que debían enfrentar, pero el resto de esa mirada, el desconcierto, la impotencia sin rabia y el vacío, no eran algo que el castaño mostrara frecuentemente.
Stingmon, Pegasusmon y Birdramon siguieron atacando al colosal ciborg digimon tratando de mantener la atención centrada en el combate aéreo.
-Manténganlo ocupado –escucharon decir a Matt por medio del comunicador.
-Se dice tan fácil –respondió Sora mientras que Birdramon volaba a toda velocidad hacia MetalGreymon como si buscara colisionar con él, cuando el digimon respondió lanzando un nuevo par de misiles que salieron de su pecho.
Birdramon alcanzó a eludirlos con un brusco viraje, rozando con una de las garras de su pata uno de los misiles y perdiendo ligeramente el control de su vuelo. El ave dio un giro completo en el aire, para luego aletear con fuerza para evitar la colisión ante la cual se encontraba. Birdramon aterrizó con dificultad arrastrándose varios metros hasta colisionar con una de las murallas. Las chicas sobre el lomo de Birdramon se habían aferrado con todas sus fuerzas durante la estrepitosa caída. Sora levantó la mirada, retirándose el agrietado casco de la cabeza, sintiendo el aire frio golpeándole la cara y una peculiar sensación sobre los labios, además de un olor y sabor ferroso. La joven pelirroja se palpó el rostro notando en los guantes que llevaba puestos la sangre que emanaba de su nariz.
-Yolei, Sora, ¿están bien? –escuchó Yolei decir a Mimi, antes de retirarse el casco, mirando a Sora, quien se estaba limpiando la cara del rostro mientras respiraba por la boca. La chica levantó una mano con el pulgar hacia arriba.
-Estamos bien –confirmó Yolei mientras se acomodaba los lentes-.
-Birdramon, ¿tú como estas? –preguntó Sora algo preocupada.
-Bien, solo…necesito… -dijo mientras trataba de levantarse, para terminar derrumbándose sobre sí misma.
-Tranquila, no te esfuerces ya diste todo de ti –dijo Sora, mientras bajaba del lomo de Birdramon deslizándose por un costado del ave. Al tocar el suelo, la chica sintió que sus piernas no podían sostenerla y cayó al suelo. Yolei se aproximó a ella para ayudarle a incorporarse.
-Creo que no es la única –afirmó la chica de lentes.
Sethmon embistió a Toguemon derribándola, y luego eludió el taladro de oro y el aullido explosivo de Digmon y Garurumon respectivamente dando un gran salto. Garurumon se lanzó contra él para embestirlo, a lo que el digimon solo se plantó firme para recibir el golpe sin inmutarse. Garurumon se estrelló con fuerza contra Sethmon, golpeando cabeza con cabeza y terminando en un intenso forcejeo entre ambos digimons.
-¿Por qué sigues ayudándolo? –le reclamó Garurumon al digimon.
-Tú lo sabes –respondió Sethmon, mientras se ayudaba de sus grandes colmillos para levantar a Garurumon, y arrojarlo contra Digmon quien se aproximaba a ellos. Detrás de los dos digimons, Toguemon comenzaba a levantarse para volver al combate-. Pero eso es lo de menos por ahora, tienen algo más que hacer –dijo para luego darse la vuelta y comenzar a correr.
-¡¿A dónde…?!
-Espera Garurumon –lo detuvo Digmon antes de que el lobo se apresurara a ir tras Sethmon-, él tiene razón, hay algo más importante que resolver –dijo refiriéndose a MetalGreymon, quien ahora solo era contenido por Guardromon, Stingmon y Pegasusmon.
Toda la contienda estaba siendo observada por Eva, Juri y el resto de la tripulación del halcón. La situación se tornaba difícil, Davis acababa de escapar, y tanto Leomon, Kyubimon, Nefertimon, Birdramon y Anquilamon ya no estaban en condiciones de continuar con la batalla, además de que los demás no lucían en mejores condiciones. MetalGreymon respondía a los ataques de Pegasusmon y Stingmon sin gran dificultad, casi ignorando a Guardromon que desde tierra seguía disparando contra él. Strikedramon, Gargomon y Growlmon seguían combatiendo a los hermanos ogro, con Leomon casi manteniéndose al margen del conflicto debido a sus heridas.
Juri miraba fijamente a Leomon por medio de una pantalla que mostraba al gran felino acuclillado en el suelo, cerca de él Takato, Ryo y Henri parecían dispuestos a apoyarlo de ser necesario, mientras que Growlmon y Gargomon disparaban a Kinkakumon y Strikedramon y Ginkakumon tenían un frenético y rápido combate.
La chica respiraba de manera agitada y se aferraba con fuerza a los respaldos de su asiento, lucia nerviosa y no comprendía como era que Eva podía observar lo mismo que ella sin inmutarse.
-Chicos, ¿Cómo va todo? –dijo la joven después de un largo silencio.
-Falta poco, ¿Cómo le va a los demás? –preguntó Kouta.
-No tan bien –respondió la chica.
No tan bien para Juri era una forma amable de describir la situación. Uno a uno sus compañeros estaban siendo vencidos por la larga contienda que habían tenido que librar, además que debían enfrentarse ahora a un MetalGreymon, uno de los digimons más fuertes que conocían, posiblemente que existían en todo el digimundo.
La joven no soportaba más esa situación, y su temblorosa mano sobre el seguro de su cinturón, a punto de liberar este mismo lo denotaba, había tomado una decisión.
-Debo ir a ayudar –escuchó la chica antes de hacer cualquier otra cosa.
Todos giraron hacia donde estaba Joe, quien ya se había levantado de su asiento y se dirigía deprisa a la escotilla de la nave seguido por Gomamon.
-¡Joe espera! –exclamó Izzy mientras trataba de liberarse de los seguros que lo mantenían sujeto a su asiento, y mientras tanto Joe descendía por la escotilla al área de carga de la nave.
Juri desabrochó su cinturón y se levantó de su asiento, pero antes de poder avanzar, Eva la sujeto por la muñeca.
-¡Eva…!
-Sé que estas preocupada por Leomon pero no podemos marcharnos de aquí –dijo la chica tratando de calmarla.
-Pero la situación…
-Si empeora tendremos que escapar de aquí de inmediato, y necesitaré a una copiloto para eso.
-Lo sé, pero…
-Juri –la interrumpió nuevamente Eva, mirando fijamente a la chica y sin dejar de sujetarla, aunque sin ejercer presión sobre su muñeca-, en estos momentos eres la única con la que puedo pilotar esta nave, ¿de acuerdo? Perdóname, pero te necesito aquí –Juri suspiró sintiéndose derrotada, y asintiendo con la cabeza.
-Pero a mí no –escucharon decir a Suzie quien como Joe corrió a toda velocidad desde su asiento a la escotilla para salir de la nave acompañada de Lopmon.
-Ah, ¡carajo!, Henri se va a molestar –se lamentó Izzy.
Mientras tanto Joe daba un salto desde la nave, aterrizando a mitad de una placeta, al pie de una escalinata que descendía a un corredor en medio de dos edificios bastante bien conservados, en el extremo contrario al punto donde se estaba llevando a cabo la pelea. Junto a él se encontraba Gomamon. Ambos comenzaron a correr sin perder más tiempo, descendiendo a grandes zancadas la escalinata.
-Te conozco desde hace años, y me doy cuenta de que aun puedes darme una que otra sorpresa –dijo Gomamon en afán de broma, el chico sonrió negando con la cabeza.
-Cállate Gomamon, y démonos prisa, hay que llegar con los demás.
Guardromon encendió sus propulsores saliendo disparado desde la superficie de la fortaleza directamente hacia MetalGreymon al tiempo que disparaba varios de sus proyectiles. Stingmon y Pegasusmon mientras tanto disparaban sus ataques contra el digimon que utilizó su gran garra metálica para cubrirse, hasta el momento en que sintió los impactos en la parte inferior de su cuerpo y al voltear vio a Guardromon dirigiéndose hacia el como un proyectil más. El digimon ciborg blandió su garra metálica contra el digimon golpeándolo en el aire y mandándolo de bruces contra la fortaleza donde se arrastró varios metros hasta quedar inerte.
Los chicos estaban reunidos a una distancia prudente de la contienda, mientras que Mimi revisaba el estado físico de Hikari, así como el de Gatomon, Renamon y Hawkmon.
Renamon intentaba levantarse hasta que Rika llegó con ella.
-Debo…continuar…
-No, no debes -le aseguró la pelirroja sosteniendo la cabeza de su compañera para volver a acomodarla en el suelo.
En ese momento, Yolei y Sora, quien cargaba a Biyomon llegaron con el resto de sus compañeros. Mimi se puso de pie al ver a Sora, de cuya nariz aun surgía un pequeño hilo de sangre. La castaña se apresuró a alcanzar a la joven, mientras que Yolei tomaba en brazos a Biyomon, quien estaba inconsciente.
-Estoy bien, no es nada –aseguró Sora mientras que Mimi utilizaba una gasa de algodón para limpiar la sangre que aún quedaba en el rostro de la chica.
Taichi mientras tanto permanecía alejado del resto, observando la batalla de su compañero y los otros digimons. Las fuertes pisadas de Garurumon alertaron al grupo y Matt de inmediato se aproximó al lobo digimon.
-Sethmon escapó –dijo el digimon sin titubeos.
-Entiendo, por ahora debemos concentrarnos en un solo objetivo –aclaró Matt.
-Derribar a MetalGreymon –afirmó Rika. Tai volteó a ver a la chica con la mirada titubeante que lo había estado acompañando todo el día, mientras que la chica, aun con una sensación de culpa en el interior, le devolvió al joven castaño la mirada de una forma severa y decidida.
-¿Qué hacemos? –preguntó Ken-, Guardromon fue derribado y el resto de nuestros compañeros están ocupados peleando contra Kinkakumon y Ginkakumon.
Matt cerro los ojos un momento para pensar, escuchando las explosiones de la contienda que libraban Pegasusmon y Stingmon en contra de MetalGreymon.
-Chicos, no creo que podamos mantenernos en vuelo mucho tiempo más –escuchó decir a T.K. luego de un rato.
-De acuerdo –dijo mientras volteaba al cielo-, T.K. hagan que MetalGreymon descienda, en tierra lo atacaremos con todo. Que Toguemon, y Digmon se preparen, Garurumon, ¿recuerdas la pelea en Arcenant? –preguntó el muchacho. El digimon asintió-, pues vamos a tener que repetirlo.
Gargomon volvió a iniciar una ráfaga exagerada de disparos que levantó una gran nube de polvo tras la cual se ocultaron Ginkakumon y Kinkakumon. Detrás de él Growlmon y Strikedramon trataban de distinguir a alguno de los dos enemigos.
-¡Gargomon, ya detente! –exclamó Strikedramon, pero el digimon o no logro escucharlo o decidió no hacer caso a la petición de este.
Mientras sus disparos continuaban una figura surgió de entre la nube, desplazándose a gran velocidad y sumamente inclinada, casi arrastrándose por el suelo y con movimientos serpenteantes que la hacían lucir como si fuera una sombra, o mejor descrito, como un destello de luz dorada. La figura se deslizó hasta llegar a los pies de Gargomon, a quien atacó en las piernas con sus afiladas garras haciéndolo proferir un grito de dolor y caer sobre sus rodillas al tiempo que dejaba de disparar. Una segunda figura surgió de la nube lanzándose directamente a Gargomon, cayéndole encima y derribándolo para después exhalar una gran flama. El fuego de Ginkakumon fue frenado por el de Growlmon, creando en combinación una gran llamarada que ganaba espacio con cada segundo que los ataques de ambos digimons continuaban. Strikedramon mientras tanto fue alcanzado por Kinkakumon, que blandió contra él su mazo, ataque que fue frenado por el digimon con el antebrazo, acción que le costó a Strikedramon un gran dolor en esa región del cuerpo y que debido a la fuerza de Kinkakumon lo hizo retroceder ligeramente.
-Agradezco que lo hagan tan interesante, pero su poca disposición a morir comienza a ser algo fastidiosa –se mofó Kinkakumon mientras continuaban forcejeando.
-Lo mismo digo –aseguró Strikedramon. Kinkakumon dejó salir una risa socarrona.
-No me hagas reír, ¿de verdad quieres hacerme creer que matarías de ser necesario?
-Con honestidad, no sabría que responderte, nunca he estado en esa situación, pero tengo un amigo que sí –Kinkakumon no comprendió lo que el digimon trataba de decirle, pero en ese momento sintió la presencia de otro enemigo detrás de ella.
Al voltear hacia atrás vio la enorme figura de Leomon mientras este levantaba su espada dispuesto a aplastar con ella a la digimon de armadura dorada, quien en un rápido movimiento soltó el mazo que salió volando por la fuerza de Strikedramon, se agachó hasta tocar el suelo lanzó una rápida barrida a los pies de Leomon derribando al felino y girando hasta quedar nuevamente de frente a Strikedramon para detener el puñetazo que este le había lanzado. La digimon se incorporó nuevamente sujetando con una mano el puño de Strikedramon, mientras que con el otro lanzó un puñetazo a la cara del digimon, para luego halarlo por el brazo, dejándolo caer sobre Leomon.
Por su parte Growlmon y Ginkakumon seguían lanzando las grandes llamas que colisionaban a mitad del campo de batalla. El digimon de armadura plateada sintió debajo de el a Gargomon que intentaba levantarse y en ese momento se apartó de él, dejando también de lanzar su fuego hacia Growlmon, quien detuvo también el ataque. La gran llamarada que rápidamente se había formado entre ambos digimons, se desvaneció igual de rápido al dejar de ser alimentada por ambos, y Growlmon notó entre los últimos vestigios de esta como el cuerpo de Gargomon era arrojado, colisionando con él y derribando a ambos pesadamente.
Takato, al igual que Henri y Ryo, levantó la mirada al dejar de sentir el asfixiante calor que provenía de las llamaradas de ambos digimons en combate. Miró en el suelo derribado a su compañero junto a Gargomon, mientras que Henri y Ryo veían a Leomon y Strikedramon igualmente en el suelo.
-Parece que solo quedan ustedes –dijo Ginkakumon mientras comenzaba a caminar hacia ellos, que estaban contra la pared. Kinkakumon también comenzó a aproximándose, cercando así a los chicos y dejándolos a merced de ambos enemigos mientras sus digimons trataban de reincorporarse.
-Bueno, al menos tendremos un final espectacular –dijo Ryo mientras recargaba un par de armas. Takato y Henri levantaron un par similares a las del chico castaño y los tres apuntaron hacia el par de digimons.
-Dan pelea hasta el final, respeto eso –dijo Kinkakumon.
Los chicos permanecieron impasibles, mientras los dos enemigos seguían caminando con toda calma hacia ellos, seguros de su victoria, en un despliegue tal de arrogancia que para Ryo significaba el más grande de los insultos.
-¡Hora de acabar con esto! –exclamó antes de jalar el gatillo de sus armas.
Justo ante de la primera detonación una figura desplazándose a tal velocidad que era difícil enfocarlo atacó a Ginkakumon con un arma afilada asestando un golpe en su rostro produciendo un estruendoso ruido metálico, para después asestar una patada en el pecho del digimon. Kinkakumon, presa de la sorpresa no alcanzó a hacer más que cubrirse de la patada que el digimon recién llegado lanzó contra ella, misma con la cual se impulsó para retroceder hasta quedar un metro delante de los Tamers dándoles la espalda.
-¿Pero qué…? –Musitó Henri confundido, mientras distinguía con claridad la identidad del digimon frente a él-, ¿Turuiemon? –cuestionó el chico al distinguir al ser; un conejo antropomórfico de largas orejas, pelaje violeta y vestido con un traje amarillo y que en sus manos llevaba un par de armas metálicas parecidas a garras.
El digimon miró por encima del hombro al chico esbozando una tímida sonrisa.
-Lo siento, sabes que es imposible lograr que se quede quieta.
-¿Quién qué? –preguntó Ryo desconcertado.
-Suzie –dijo Henri con cierto tono de resignación, mientras detrás de ellos escucharon unos pasos apresurados, y al voltear vieron a la hermana menor de Henri llegar con ellos.
-Ahora me deben una –dijo la niña con una enorme sonrisa en el rostro.
Ginkakumon se levantó adolorido, palpándose el rostro donde pudo sentir que sobre su armadura había una fina cortada, producto del arma de Turuiemon.
-Miserable –se quejó el digimon incorporándose por completo para ver frente a él a Strikedramon y Leomon, quien llevaba una de sus manos posada sobre su abdomen y en la otra mano cargaba su espada.
Kinkakumon miró con rabia a Turuiemon, para luego escuchar detrás de ella a Growlmon gruñir ligeramente y los cañones de Gargomon que comenzaban a girar, previo a otra ráfaga del digimon.
-Les juro que han logrado acabar con mi paciencia –dijo la digimon llena de cólera.
T.K. se aferró con fuerza a la correa con que se mantenía en el lomo de Pegasusmon, mientras que este ganaba altitud sin dejar de vigilar al gigante de piel azulada que lo vigilaba esperando el momento de su ataque. El joven respiraba por la boca, sintiéndose algo agitado y nervioso.
MetalGreymon por su parte decidió terminar con la espera y se preparó para disparar sus gigas destructoras cuando frente a él pasó volando Stingmon a toda velocidad llamando su atención. El digimon insecto comenzó a volar alrededor del cuerpo de MetalGreymon asestando aguijonazos en su cuerpo, combinando la fuerza del ataque con la velocidad que estaba ganando para conseguir una mayor eficacia con el ataque. MetalGreymon comenzó a enfurecer por el ataque de parte de su contrincante, pero antes de lograr asestar una respuesta al digimon el ataque de Pegasusmon comenzó a golpearle la parte superior del casco y parte de la nuca y espalda. Una lluvia de agujas caía desde Pegasusmon, castigando con ligeros, pero múltiples picotazos que a esas alturas el digimon ciborg recibía sintiendo un sufrimiento que iba en aumento.
El digimon levantó la mirada para ver a Pegasusmon volando directamente hacia el para estrellar sus cuatro cascos en el frente del hocico de MetalGreymon, para luego repetir el mismo ataque, mientras los aguijonazos de Stingmon continuaban impactando en distintos puntos del cuerpo del digimon ciborg, mientras este comenzaba a descender.
Las garras de MetalGreymon tocaron la superficie de la fortaleza, dando espacio luego al estruendoso golpe de los talones del digimon que retumbó por todo el campo de combate, llegando incluso a los oídos de quienes permanecían más alejados de la contienda.
-¡Ya! –exclamó Matt, quien montaba a Garurumon mientras que este rodeaba a MetalGreymon posicionándose frente a él, al mismo tiempo que Toguemon y Digmon lo flanqueaban, mientras que el colosal oponente seguía siendo atacado por Stingmon y Pegasusmon.
Garurumon disparó su aullido explosivo contra el pecho de MetalGreymon, seguido de los taladros de Digmon que golpearon su brazo mecánico y finalmente las espinas de Toguemon comenzaron a golpear la pierna del digimon, (provocando que callera sobre su rodilla) para luego comenzar a subir por todo el costado del digimon.
Stingmon detuvo su ataque para evitar ser golpeado por los ataques del resto de sus compañeros, mientras que T.K. alentó a Pegasusmon para continuar con los golpes que propinaban a MetalGreymon. El ciborg rugió encolerizado, levantando su brazo orgánico, con el cual alcanzó a sujetar a Pegasusmon por el pecho en su último ataque, pese al asedio del resto de sus contrincantes. Pegasusmon gritó por el dolor al sentir la fuerza con que MetalGreymon comenzó a presionarlo, mientras que T.K. extraía de su cinturón un afilado cuchillo para apuñalar la mano de MetalGreymon, pero al momento en que la hoja del arma golpeó con la piel del digimon, esta se rompió.
-Carajo –dijo el joven rubio mientras notaba la rabia en la mirada de MetalGreymon, que parecía menos interesado en los otros ataques y completamente concentrado en el digimon y el Tamer que tenía frente a él.
-¡T.K.! –exclamó Matt mientras que Garurumon dejaba de atacar y se preparaba para saltar sobre MetalGreymon. Pero antes de hacerlo una serie de proyectiles golpearon el brazo y la cabeza de MetalGreymon, provocando que estirara el brazo lanzando a Pegasusmon, quien fue atrapado por Toguemon, cuyos pies se deslizaron en el suelo un par de metros por la fuerza del impacto.
Mas proyectiles surcaron el suelo en dirección a MetalGreymon, golpeándolo y sumiéndolo en una gran nube de humo. Las miradas de Tai, Mimi, Sora, Ken, Yolei, Cody y Rika giraron en la dirección de la cual provenían los ataques, viendo que de esta venía un digimon de gran tamaño, cubierto de blanco pelaje y con un cuerno negro en su cabeza. El digimon continuó su trote hasta llegar a donde MetalGreymon embistiéndolo por la espalda, permitiendo que los chicos se percataran de que sobre su lomo se encontraba Joe.
MetalGreymon trastabillo llegando hasta el borde de la fortaleza, golpeando con su mano mecánica la muralla frente a él y destruyendo está provocando una lluvia de escombros que caía desde el castillo.
Ikkakumon comenzó a retroceder y llegó hasta donde los Tamers estaban reunidos, para dejar que de su lomo descendió Joe de un salto, del cual al aterrizar se dobló cayendo sobre su rodilla derecha, quejándose mientras se levantaba con algo de dificultad.
-Joe –lo llamó Rika con sorpresa, mientras Cody y Tai acudían a ayudar al muchacho que cojeaba al caminar-. ¿Pero qué demonios…?
-Creí que necesitaban ayuda -dijo estando ya frente a Rika, para después pedir a Tai y Cody que lo dejaran mantenerse en pie solo. Los dos chicos se separaron del muchacho-. La verdad, o bueno para ser más exacto…vine por ti –le dijo a Rika.
-Joe… -dijo ella pero el chico la interrumpió sujetando las manos de la joven.
-Rika me gustas, más que como amiga, sé que ya lo sabes, debes saberlo, me han dicho que soy muy obvio –dijo el chico bastante nervioso-, pero quería confesarlo, y saber…saber qué piensas tú.
Tai de inmediato desvió su atención volviendo a ver al colosal digimon ciborg mientras era atacado por Garurumon y Toguemon, al tiempo que Digmon escalaba por su espalda, tratando de llegar hasta el brazo del digimon, quien al sentir tan cerca a su oponente se giró con violencia apartando a Digmon con un manotazo y golpeando con la cola a Toguemon, a quien envió contra la muralla, la cual se derrumbó provocando que Toguemon callera por el borde de la fortaleza flotante.
-¡TOGUEMON! –exclamó Mimi presa del pánico mientras que MetalGreymon lanzaba su brazo mecánico contra Garurumon, quien eludió el ataque dando un salto cayendo sobre la garra y luego saltando desde esta al pecho del digimon, al cual se aferró con las garras mientras sujetaba carne del cuello del coloso con la mandíbula.
-No creo que sea momento para hablar de eso –dijo Rika apartándose de Joe al ver la contienda de Garurumon y MetalGreymon.
Matt mientras tanto se aferraba a Garurumon y trataba de apuntar con una pistola a la espiral en el brazo del digimon, mientras que MetalGreymon se sacudía intentando apartar al lobo digimon.
-Vamos, ¡MetalGreymon, coopera con nosotros! –exclamó Matt mientras comenzaba a disparar, errando los tiros que daban en la piel del digimon provocando ligeras laceraciones.
Toguemon mientras tanto, se aferraba a lo que pudiera alcanzar para permanecer sobre la fortaleza. Bajo sus pies una larga y mortal caída le esperaba, por lo que haciendo acopio de toda su fuerza seguía escalando, sujetándose de los restos de la dañada fortaleza, varios de los cuales se desprendían o desmoronaban apenas tocarlos.
MetalGreymon rugió enfadado, mientras las compuertas en su pecho se abrían para dejar ver un par de misiles que de inmediato salieron disparados. Garurumon no había conseguido apartarse a tiempo ya l dispararse los proyectiles el lobo digimon salió volando en uno de ellos, del cual saltó segundos después, quedando prácticamente en el otro extremo del campo de batalla, mientras que los misiles se elevaban para luego explotar provocando una leve brisa que llegó hasta él y el rubio que lo montaba.
Frente a MetalGreymon se enfilaron Ikkakumon, Digmon y Stingmon, quienes aún seguían en pie de lucha. El coloso rugió con furia, momento que Toguemon interpretó como el más necesario para que volviera al combate, por lo que reuniendo toda la fuerza que poseía y encontrando un par de buenos puntos de apoyo el digimon dio un salto elevándose hasta la superficie de la fortaleza y más allá, llegando incluso a estar por encima de MetalGreymon, sobre quien comenzó a descargar su ataque de espinas, el cual golpeó de lleno la espalda del gigante.
Al ver resurgir a su compañera, Mimi dejó de forcejear con Taichi, (quien la sostenía desde el momento en que perdieron de vista a Toguemon, para sí evitar que la castaña corriera hasta el campo de batalla poniéndose en peligro.
En ese momento, Ikkakumon y Digmon dispararon también sus proyectiles, mientras que Stingmon volando a toda velocidad asestó un aguijonado en el estómago al digimon, quien cayó sobre sus rodillas, visiblemente amedrentado por los ataques consecutivos.
Matt, sobre el lomo de Garurumon, observó al digimon en el suelo, visiblemente vulnerable.
-Es nuestra oportunidad, ¡todos juntos! –exclamó haciendo uso también del comunicador en su oído, mientras que Garurumon aceleraba en dirección hacia el digimon ciborg.
Taichi, que observaba al digimon en ese momento derribado, débil, y a merced de los cinco oponentes que se preparaban para atacarlo al mismo tiempo sintió un miedo terrible originarse en su estómago y repartirse por todo su cuerpo.
-No… -susurró mientras que aquella sensación, aquel malestar tortuoso aumentaba haciéndolo temer por la vida de aquel gigantesco digimon, que en ese momento Se encontraba en verdaderos problemas-. ¡No! ¡AGUMON! –exclamó el castaño como quien no sabe qué otra cosa hacer.
Al percibir la voz del chico, el digimon levantó la mirada, encontrándose con un decidido Garurumon que aceleraba para llegar hasta él. El digimon, haciendo uso de una renovada fuerza se puso en pie, evitando así que los ataques de Digmon e Ikkakumon acertaran y golpearan su brazo izquierdo, mientras que daba enormes zancadas para interceptar a Garurumon, quien al verlo se arrojó sobre él, pero el coloso digimon lo apartó dándole un fuerte golpe con su garra metálica el cual lo envió hacia atrás, hasta estrellarse contra un muro medio derribado el cual terminó de caer al chocar contra él la pareja.
-¡Carajo! –exclamó Rika, al ver que el digimon se giraba para detener a Ikkakumon y Digmon, quienes se habían lanzado sobre él, y a quienes contenía sin mucho esfuerzo aparente con ambos brazos hasta empujarlos haciéndolos caer y arrastrarse por el suelo un par de metros.
Sora, con una expresión sumamente seria en el rostro camino hasta donde Taichi, a quien sujetó por el cuello de la chaqueta en actitud amenazante.
-¡¿Cuál es tu maldito problema?!¡Ya era nuestro! ¡¿Qué demonios te pasa?! –Le espetó la pelirroja.
-¡Es mi compañero! –exclamó Taichi defendiéndose.
-¡Y ahora es nuestro enemigo! ¡Y si no lo vencemos él nos aplastara a nosotros! –le reclamó la chica.
-Si…pero…pero…
-Pero nada –lo interrumpió la joven, relajando un poco el tono de su voz, aunque aún lucia bastante enfadada-. ¡No más dudas! ¡No puedes seguir dudando! Lamento que estés en esta situación, de verdad, pero esto empeora a cada segundo, debemos terminarlo pronto, como tenga que ser –concluyó la chica soltando al muchacho para dirigir su mirada hacia el lugar donde Matt y Garurumon se habían estrellado.
El lobo digimon se sacudió tratando de reaccionar después de la colisión, mientras se levantaba poco a poco. Matt respiraba con jadeos al igual que el digimon, sacudiendo la cabeza de forma similar a como lo hacía Garurumon.
-Matt, ¿estás bien? –preguntó el digimon.
-Yo… si… lo estoy –dijo el muchacho sin poder evitar un tono de sorpresa al percatarse de que no tenía heridas considerables.
El joven levantó la vista para volver a ver a MetalGreymon, quien seguía luciendo tan integro e invencible como al principio, sin embargo, el temor que había sentido la primera vez al verlo, ahora era sustituido por una emoción que parecía empujarlo a volver al combate.
-Oye amigo, ¿Qué dices si le mostramos a ese fósil azul que somos los mejores? –dijo el rubio mientras empuñaba volvía a empuñar un arma en su mano.
El lobo digimon emitió unos gruñidos semejantes a una risa pedregosa.
-Era justo lo que estaba por decir –le contestó el digimon.
Growlmon y Gargomon dispararon sus ataques sobre Kinkakumon y Ginkakumon, quienes sin mucho esfuerzo saltaron sobre los dos digimons, escapando de los ataques y al mismo tiempo, librándose de aquella posición desventajosa en que se encontraban, rodeados por aquel grupo de enemigos. Growlmon, Gargomon, Strikedramon, Turuiemon e incluso Leomon se enfilaron frente a los hermanos ogro, protegiendo a los Tamers que se encontraban detrás de ellos.
-¡Ni crean que solo porque llegó ese roedor saltarín el resultado de este combate va a cambiar! –les espetó con sorna Kinkakumon.
-¡Los conejos no son roedores, son Lagomorfos! –corrigió Suzie con tono mandón e infantil, aumentando el fastidio de Kinkakumon.
-Ah... por favor, no la molestes –pidió Ryo con tono preocupado.
-No sabes los problemas que nos ha ocasionado –secundó Takato con un tono similar.
-¿Qué diablos haces aquí? –interrogó Henri a la niña, quien lo volteó a ver frunciendo el ceño y haciendo una especie de puchero.
-Vine a ayudarlos tonto malagradecido –le contestó la niña, siguiendo con ese tono infantil
.-No necesitamos tu ayuda.
-No fue eso lo que vi en las pantallas –dijo en un canturreo.
-Oigan –interrumpió Ryo la discusión-, ¿creen que puedan dejar eso para después? –pidió el chico haciéndolos volver a la seriedad de la situación en que se encontraban.
-Cierto –concedió Suzie mientras que se alejaba de su hermano encaminándose hacia el frente, quedando a pocos metros de distancia de la línea conformad por sus aliados-, veamos…creo que puede funcionar… si… ¡Ya lo tengo! –exclamó la niña con seguridad.
-¿Qué cosa…?
-Takato, Henri, que Growlmon y Gargomon avancen al frente y vuelvan a atacar, pero que esta vez sus ataques no vayan directo a esos dos, que ataquen el área unos cinco metros delante de ellos, después de eso, que no se muevan ni un centímetro de sus posiciones –comenzó a decir la niña interrumpiendo a su hermano-, Turuiemon, estrategia de combate b-1, ¿entendido?
-De acuerdo –respondió el digimon mientras que Takato, Henri y Ryo se miraban entre ellos desconcertados.
-¿Que esperan? –preguntó Suzie impaciente.
-Hagan lo que dice –dijo Takato algo titubeante.
Growlmon y Gargomon se miraron entre ellos igualmente desconcertados, antes de avanzar para luego, súbitamente disparar sus ataques al mismo tiempo, levantando ante ellos una nube de humo y polvo proveniente de la superficie que comenzaba a quedar en escombros.
La nube comenzó a cubrir a los digimons frente a ellos, mientras que del lado de Ginkakumon y Kinkakumon las cosas lucían del mismo modo, quedando frente a ellos solo un par de siluetas pertenecientes a los dos digimons que atacaban en ese momento.
-Estúpidos –dijo Ginkakumon con tono de burla.
-Están tan agotados que ni siquiera pueden apuntar bien –se mofo Kinkakumon.
-Creo que ya es tiempo de sacarlos de su miseria –afirmó el digimon de armadura plateada.
-Tu ve por Gargomon, el Growlmon es mío –dijo con malicia la digimon antes de que ambos se lanzaran al ataque, eludiendo los disparos de Growlmon y Gargomon, y atravesando la nube de polvo y humo para llegar ante sus enemigos.
Growlmon se percató de la presencia de Kinkakumon, que estaba a punto de alcanzarlo con sus afiladas garras, y aunque su cuerpo le gritaba que reaccionara, se mantuvo quieto tal y como Suzie les había indicado que permanecieran. La digimon de armadura dorada estaba a punto de alcanzar a golpear a Growlmon, cuando un gancho dirigido a su estómago por parte de Turuiemon la detuvo en seco. Acto seguido el digimon de largas orejas se dirigió con una velocidad vertiginosa hasta Ginkakumon, asestándole una patada en un costado, la cual sirvió para frenar el ataque de este en contra de Gargomon.
Turuiemon se dirigió después sobre Kinkakumon asestando una serie de puñetazos cortos sobre su estómago, para después alejarse de ella con gran rapidez, prácticamente barriéndose sobre el suelo para llegar hasta Ginkakumon a quien asestó una patada sobre el pecho, impulsándose con esta para alejarse del ataque que el digimon le lanzó y volver hasta Kinkakumon, de quien bloqueó otro puñetazo y devolvió uno que dio justo sobre su mandíbula, para iniciar así una serie de golpes intercalados hacia ambos digimons.
Turuiemon se dirigió a Ginkakumon golpeándole el estómago, luego a Kinkakumon asestando un golpe sobre su costado izquierdo, volviendo hacia el otro digimon a quien golpeó en la garganta y luego realizando un perfecto splint doble para golpear a ambos justo sobre los ojos, mientras que la nube de humo era arrastrada por el viento hasta envolverlos casi por completo.
-Miserable –exclamó Ginkakumon lanzando un golpe que dio sobre un cuerpo que luego le devolvió una patada que el digimon respondió con otra igual.
-Infeliz –exclamó Kinkakumon volviendo a lanzar un puñetazo y recibiendo otro como respuesta.
-¡Bastardo! –exclamó el digimon de armadura plateada lanzando otro golpe.
-¡Me las pagaras! –gritó Kinkakumon volviendo a lanzar un puñetazo.
Turuiemon mientras tanto observaba la singular situación a unos cuantos metros de distancia de la nube de humo dentro de la cual Ginkakumon y Kinkakumon, medio cegados se encontraban enfrascados en un combate, ante las miradas desconcertadas de Takato, Ryo y Henri.
La nube fue disipándose, permitiendo a los dos digimons ver la situación en la que se encontraban. Kinkakumon luego de asestar un último golpe a Ginkakumon, y percatarse de que se trataba de él, miró hacia un costado para encontrar a Turuiemon, cruzado de brazos y con una expresión llena de calma.
-Maldito… roedor… -dijo entre jadeos la digimon de armadura dorada.
-¿Qué no te quedó claro? –escuchó una voz detrás de Turuiemon, perteneciente a Strikedramon quien recién se mostraba-, es un lagomorfo –explicó el digimon al tiempo en que sus brazos se iluminaban para después lanzarse y asestar un par de golpes definitivos sobre los hermanos ogro de oro y plata, quienes se arrastraran por el suelo hasta llegar al cráter que había dejado los ataques de Growlmon y Gargomon.
Suzie se giró hacia su hermano y los otros dos chicos, sonriendo complacida mientras que los tres chicos seguían mostrándose bastante sorprendidos.
-Creo que al final si les fui de mucha ayuda –dijo con su tono de voz infantil-. De nada.
-Bueno, esto ya quedó listo –dijo Kenta mientras se apartaba de una gran máquina de la cual había desmontado la tapa trasera, dejando al descubierto los circuitos sobre los cuales había estado trabajando.
-Excelente –dijo Kouta, mientras se ponía de pie, tratando de desenredarse de los cables que había estado sacando del piso, y de los cuales había cortado varios-. ¿Cuánto tiempo nos queda? –preguntó mientras avanzaba hacia el muchacho de lentes, sobre cuyo hombro se había parado MarineAngemon.
-Descuida, el suficiente –aclaró el muchacho-, el circuito de regulación de energía ya está dañado, por lo que el sistema de enfriamiento comenzara a fallar y eso provocara que…
-¿QUÉ DEMONIOS HACEN AQUÍ? –exclamó una voz llena de furia.
Kenta y Kouta giraron para ver a Davis, quien lucía agitado y los miraba a ambos con una mirada dura y llena de rabia. El muchacho los miró hasta percatarse de los cables repartidos en el suelo y la máquina que Kenta tenía detrás de él.
-¿Pero qué demonios han hecho? –espetó molesto el chico.
-¿Qué parece? –preguntó Kouta mientras destensaba su arco para guardar la flecha en el carcaj que llevaba en la espalda. Se deshizo de este al igual que del arco y comenzó a quitarse la chaqueta-, nos aseguramos de que no tengas forma de escapar –le dijo el muchacho de pelo negro en forma retadora. Davis parecía a punto de lanzarse sobre ellos, mientras que el chico dejaba el arco sobre el suelo y comenzaba a estirar los brazos y a arquear la espalda, para después dar pequeños saltos-. Váyanse de aquí, yo lo entretengo –susurró.
-¿Qué? –dijo Kenta desconcertado.
-Solo váyanse, los alcanzaré en cuanto pueda –volvió a susurrar el muchacho.
-Ni creas que te dejaré aquí solo –le dijo Kotemon mientras preparaba su espada de kendo para el combate.
Antes de que Kouta dijera algo más, Davis comenzó a correr hacia ellos. Kouta hizo lo mismo, lanzándose sobre Davis. Los chicos se encontraron y Davis se lanzó sobre el muchacho de pelo negro, embistiéndolo con el hombro sobre el abdomen, deteniendo en seco al joven, quien se sintió sofocado por el golpe y sintió como Davis lo levantaba del suelo para luego enviarlo a estrellarse de espaldas contra él. Antes de poder reaccionar Davis volvió a tomarlo, levantándolo por encima de su cabeza, para dejarlo caer por segunda vez en el suelo.
-¿De dónde saca tanta fuerza? –se lamentó el chico mientras intentaba levantarse.
Kotemon estaba listo para ir en ayuda de su compañero, cuando un gruñido detrás de ellos lo alerto, al igual que a Kenta y MarineAngemon. Los tres giraron para ver detrás de ellos a Sethmon, quien respiraba sonoramente.
-¿No pensaras en atacarnos?... ¿o sí? –preguntó Kenta con nerviosismo.
-Lo siento –dijo el digimon con pesar-, pero no tengo opción.
-¿Listo Garurumon? –dijo Matt mientras que apretaba con fuerza las correas unidas a la silla de montar sobre el lomo de su compañero.
Garurumon emitió un sonoro aullido como respuesta mientras volvía al combate.
MetalGreymon, al percibir el aullido de Garurumon, a quien creía haber derrotado definitivamente tras arrojarlo contra el muro que se derrumbó sobre él, se giró para ver al lobo digimon corriendo a toda velocidad. El coloso dejó de ´prestarle atención a los otros digimons para girarse hacia Garurumon a quien pensaba recibir con otro ataque similar al anterior.
-Es ahora compañero –dijo Matt y Garurumon comenzó a prepararse para dar un salto.
MetalGreymon se preparó para recibirlo con su garra metálica, pero en el último segundo el lobo digimon, en lugar de saltar se agachó pasando por entre las piernas del digimon ciborg. El lobo digimon después, desde detrás de MetalGreymon saltó para comenzar a escalar su espalda, pasando por entre sus algas rasgadas, llegando hasta la parte posterior de su cabeza de donde sobresalía una mata de pelo rojo y luego llegando hasta su casco metálico, desde donde dio un gran salto.
El digimon de piel azul levantó la mirada buscando a Garurumon, quien giró en el aire para luego expulsar una gran ráfaga de fuego azul que baño todo el lado izquierdo de MetalGreymon, dejando sobre el las grandes llamaradas azules que parecían devorarlo. Garurumon aterrizó en el suelo y apenas hacerlo se impulsó para lanzarse en una embestida hacia MetalGreymon a quien golpeó en el estómago haciéndolo retroceder un par de pasos. Digmon e Ikkakumon volvieron al ataque disparando hacia las coyunturas de las piernas del coloso mientras que Stingmon lo golpeó por la espalda, haciendo que el digimon callera sobre ambas rodillas y apoyara sobre el suelo tanto su garra metálica como su brazo orgánico, mientras sobre su cuerpo aún permanecían las llamas azules.
-¡Bien, ahora, sobre la espiral! –exclamó Matt para que Garurumon avanzara un par de metros más, posicionándose exactamente de frente a MetalGreymon y disparara sobre su brazo derecho su aullido explosivo.
El digimon levantó el brazo derecho para alejarlo del fuego de Garurumon, el cual lo siguió hasta que se cubrió dicho brazo con la garra metálica utilizando ambas como escudo, aunque de todas formas se podía notar que el ataque comenzaba amedrentarlo.
-¡Ikkakumon, dispara a la espiral en su brazo! –exclamó Joe, quien junto con los demás contemplaba el combate desde la distancia.
-¡Lo mismo tu Digmon! –secundó Cody.
-¡Toguemon, tu igual! –apoyó Mimi.
Los tres digimon buscaron una mejor posición para atacar, acercándose bastante al digimon que parecía más entretenido en defenderse del ataque de Garurumon, que en prestar atención a sus movimientos.
-¡Ahora! –exclamaron los tres tamers a sus tres compañeros. Pero antes de que los ataques fueran disparados MetalGreymon volvió a rugir. Sus alas se levantaron y descendieron con fuerza elevándolo un par de metros y provocando una gran ventisca de aire, mientras que el digimon abría los brazos con violencia empujando las llamaradas de Garurumon para luego volver a disparar un par de misiles desde su pecho, los cuales impactaron sobre la fortaleza, causando una gran explosión y una gran sacudida en toda la fortaleza flotante.
Los Tamers que presenciaban el combate contra MetalGreymon, junto con sus digimons sintieron la onda expansiva de la explosión. Toguemon, Ikkakumon y Digmon fueron empujados por la misma varios metros, al igual que Garurumon, quien trató de resistir la fuerza de la onda clavando sus garras sobre la superficie de piedra, hasta que sus patas traseras dejaron de sentir la misma y resbalaron en el borde de la fortaleza, donde quedó colgando solo aferrándose con las patas delanteras.
Matt volteó hacia atrás, mejor dicho hacia abajo, viendo la lluvia de escombros que provenía de la fortaleza
-A carajo, esto se ve mal.
-Ok, ya fue suficiente, también iré con los demás –dijo Hirokazu mientras se levantaba de su asiento.
-Hirokazu… -trato de detenerlo Izzy pero en ese momento una fuerte sacudida provocó que el muchacho callera al piso.
-¿Qué fue eso? –preguntó Juri al pasar la sacudida.
-Nada bueno, puedo asegurártelo –dijo Eva mientras revisaba los instrumentos de la nave.
Strikedramon se aproximaba a paso lento seguido por Gargomon y Growlmon, para anticiparse a cualquier sorpresa que pudieran darles los dos digimons que, aun visiblemente fatigados y prácticamente vencidos los miraban con rabia. La sacudida de la fortaleza los hizo detener su andar, al mismo tiempo que los alertó de que algo estaba pasando.
-¿Qué diablos? –dijo Ryo tratando de mantener el equilibrio.
-¿Qué fue eso? –preguntó Ginkakumon por lo bajo.
-¿Qué importa? Vamos de aquí –dijo Kinkakumon quien aprovechó la guardia baja de los digimons para golpear con toda la fuerza que le quedaba el suelo donde se encontraban. El cual se abrió formando una gran grieta por la cual ella y Ginkakumon cayeron desapareciendo en un nivel inferior de la fortaleza.
-¡Escapan! –dijo Strikedramon a punto de saltar por la abertura.
-Déjalos –lo detuvo Ryo-, tenemos cosas más importantes de que hacernos cargo ahora mismo.
Sethmon perseguía por la cámara a Kenta, Kotemon y MarineAngemon, quienes lograban mantenerse lejos del digimon saltando entre las mesas y maquinas repartidas por el lugar y que el digimon evitaba a toda costa tocar, al mismo tiempo que Kotemon aprovechaba pequeñas oportunidades para lanzar ataques sobre Sethmon, quien apenas parecía inmutarse.
Davis tomó a Kouta del cuello y de la pierna, cargándolo para después arrojarlo sobre uno de los muros de la cámara, en el cual el muchacho impactó para luego deslizarse hasta el suelo, emitiendo un quejido al tocar el suelo. El muchacho de pelo rojizo volvió a levantarlo, pero antes de arremeter contra el Kouta lo apartó con un empujón para después asestarle un golpe directo a la cara, el cual Davis recibió apenas girando levemente la cabeza, mientras que Kouta comenzó a frotarse la mano adolorido, percatándose luego de la mirada fría del chico.
-Ya, solo hazlo –dijo con un suspiro, a lo que el muchacho respondió soltando un puñetazo a Kouta el cual lo envió al suelo boca abajo.
Davis respiraba agitado, mientras buscaba con la mirada hasta que se encontró una vieja varilla suelta, la cual levantó, con la clara intención de clavarla en el cuerpo del chico.
-A ver si así dejas de moverte –dijo mientras levantaba la varilla.
-¡Kouta! –exclamó Kotemon al percatarse de la amenaza que estaba sobre su compañero.
Davis estaba a punto de lanzar la varilla sobre Kouta, cuando un fuerte estruendo y una sacudida de la fortaleza lo hizo trastabillar soltando el objeto que quedó a un lado de Kouta lo hizo dejar de prestar su atención al muchacho en el suelo.
-¿Qué diablos? –dijo mientras escuchaba que algunas de las maquinas comenzaban a emitir ruidos de alarma.
Sethmon también se detuvo en seco al sentir el temblor y escuchar las alarmas, mientras que Davis se acercó rápidamente a una de las maquinas, la cual poseía una pequeña pantalla que mostraba un par de graficas acompañadas de luces rojas titilantes.
-Mierda, desgraciados –dijo dándose la vuelta para volver a arremeter contra los Tamers (especialmente contra Kouta) cuando Sethmon se atravesó bloqueándole el paso-. ¿Qué diablos haces? –le espetó el chico.
-No hay tiempo, debemos irnos-, dijo el digimon con voz seria, a lo que el chico refunfuño pero finalmente cedió subiendo al lomo del digimon que emprendió la carrera alejándose.
-Vuelve cobarde –le dijo Kouta mientras se levantaba del suelo haciendo muecas de dolor.
-Kouta basta –dijo Kenta mientras el también revisaba la pantalla que Davis había visto antes-, esto es malo, es muy malo –dijo mientras se acercaba a Kouta a quien Kotemon ya ayudaba a ponerse de pie-. Debemos irnos, ¡pero ya! –Exclamó con desesperación el chico-. Eva, chicos, ¿me escuchan? Hay que salir de aquí rápido…
Sobre la superficie de la fortaleza se había abierto un gran hueco del cual aún emanaba ligeramente un rastro de humo que se arrastraba con el viento hacia la muralla derruida por el combate. Taichi y compañía comenzaron a levantarse luego de que habían pasado las violentas sacudidas. El joven castaño busco con la mirada al coloso digimon sin encontrarlo.
-Agumon –susurro de forma casi inaudible.
-¿Dónde están Matt y Garurumon? –preguntó T.K., con Patamon en sus brazos, al tiempo en que todos lograban distinguir a MetalGreymon, de espaldas a ellos, marchando hacia el borde de la fortaleza.
El cuerpo de Garurumon colgaba en el vacío, mientras que restos de la fortaleza seguían desprendiéndose de la misma y cayendo en el vacío, advirtiendo al joven rubio y al digimon sobre el destino que posiblemente les esperaba. Garurumon seguía intentando escalar, pero sin un punto de apoyo para ayudarse aquello resultaba una tarea prácticamente imposible, y el digimon lo comprendía.
-Matt –dijo el digimon con su voz gruesa-, salta, sálvate tú –pidió el digimon.
-Ni hablar, no te abandonare –protestó el muchacho.
-Matt, no seas necio, no puedo soportar mucho tiempo más.
-Estamos juntos en esto Garurumon, ¡si caemos lo haremos juntos! –sentenció el rubio.
Unos pasos retumbantes regresaron a la pareja al momento de la lucha, para luego percatarse de la llegada de MetalGreymon, quien gruñía mientras observaba a la pareja colgando, y al mismo tiempo levantaba su garra metálica.
-Matt, salta, ¡ya! –exclamó Garurumon, mientras que MetalGreymon descargó un gran golpe sobre la estructura amedrentada, provocando un derrumbe de escombros que se llevó consigo al rubio y al lobo digimon.
-¡MATT! –exclamó sora al ver el movimiento de MetalGreymon, quien después profirió un rugido triunfal.
El digimon rugió observando los restos de la fortaleza que llovían hacia las montañas Maelstrom. Retrocedieron unos cuantos pasos, percatándose de inmediato de una extraña sombra que se alzaba sobre él. El digimon levantó la mirada de inmediato, encontrándose con una figura que velozmente lo golpeó en la punta de sus grandes fauces haciéndolo retroceder hasta caer de espaldas en el hueco formado sobre la fortaleza.
-No puede ser –dijo Rika, quien veía la escena ayudándose de unos binoculares.
Aquella figura que acababa de derribar a MetalGreymon aterrizó justo donde él había estado de pie, y desde ahí se impulsó de un salto aterrizando del otro lado del hueco por el cual el digimon ciborg había caído, mostrándose frente a los Tamers.
-Que mierda… -susurró Joe mirando al ser bípedo de pelaje blanco, apariencia fuerte y una vestimenta que le confería un aspecto bastante rudo.
-Pero…es…es imposible… -dijo Ken, sin poder crees que en ese momento miraba al digimon sobre el cual estaba trepado Matt.
WereGarurumon llevó sus manos a espalda, de donde tomó a Matt con delicadeza, levantándolo para luego ponerlo en el suelo, sano y salvo. El muchacho respiraba de forma agitada, mientras que se giraba para ver al ser de más o menos tres metros de altura, quien se acuclillo frente al rubio, que instintivamente se llevó la mano al voluminoso digivice que llevaba en la cintura, el cual, al palparlo sintió caliente, podría jurar que incluso vibraba, y parecía estar a punto de estallar.
-Pero… ¿Cómo? –dijo Matt sin poder evitar sonreír.
-Una conexión fuerte –dijo Taichi como si la pregunta hubiera sido dirigida a él.
-Pero esto…esto no puede ser… ¿o sí? –decía Joe visiblemente alterado.
-Posible o no acaba de suceder, y creo que deberíamos estar agradecidos por ello –dijo Sora con un tono de voz mucho más tranquilo.
Un estruendo proveniente del agujero sobre la fortaleza volvió a alertar al grupo, haciendo que WereGarurumon se levantara tomando una posición de combate. Del hueco salió disparado MetalGreymon, elevándose un par de metros sobre la fortaleza, mientras rugía de forma amenazante.
-Yo me haré cargo –aseguró WereGarurumon, mientras que Stingmon aterrizaba junto a él.
-Te ayudaremos –dijo el digimon, mientras que a ellos se unían Digmon, Ikkakumon y Toguemon.
-Podemos seguir luchando –agregó Toguemon.
-Chicos, ¿me copian? –escucharon los Tamers decir a Juri por medio de los comunicadores.
-¿Qué sucede? –interrogó Mimi palpando el comunicador en su oído.
-Escuchen, tienen que regresar de inmediato al halcón, la fortaleza colapsara en poco tiempo.
-¡¿Qué?! –exclamaron varios al unísono. Taichi parecía preocupado.
-¿Cuánto tiempo tenemos? –se adelantó a preguntar Matt.
-No lo sé, unos minutos, escuchen, deben volver de inmediato, la fortaleza pierde altitud con cada segundo. No es seguro aterrizar en esta zona así que debemos irnos ya.
Las miradas de todos reflejaban preocupación y frustración.
-No me iré sin Agumon –sentenció Taichi.
-Tai… -trató de intervenir Joe.
-Vayan –se adelantó a decir Matt-. Que Toguemon, Ikkakumon, Stingmon y Digmon, los lleven. WereGarurumon se encargara de MetalGreymon, y cuando esto termine los alcanzaremos –dijo con confianza en su voz, para luego voltear a ver a Tai-, con Agumon con nosotros –aclaró, a lo que el castaño asintió ligeramente.
-¿Pero WereGarurumon podrá solo? –preguntó Joe preocupado. En ese momento MetalGreymon comenzó a descender, lanzándose sobre los chicos. WereGarurumon saltó para interceptar al coloso, quien lanzó su garra metaliza hacia el digimon, que respondió desviando la garra con una patada, abriéndose camino hasta golpear con el puño el pecho del digimon que retrocedió algunos metros mientras WereGarurumon aterrizaba en la superficie de la fortaleza, alejándose a grandes saltos del área donde estaban los Tamers y sus compañeros, tratando de desviar la atención del enemigo.
-Presiento que estaremos bien –dijo el muchacho rubio con tranquilidad.
Varios Tamers, entre ellos Sora, Mimi, Ken, T.K. y Rika parecían indecisos. Rika desvió la mirada hacia Renamon, quien seguía en el suelo, agotada, visiblemente dispuesta a volver al combate de ser necesario, pero demasiado desgastada como para poder hacer realmente algo de provecho.
Joe por su parte parecía debatirse entre la idea de permanecer ahí o montar sobre Ikkakumon, llevándose a Rika con él, ahora que tenía la oportunidad.
-Aunque queramos no podemos hacer mucho –dijo Yolei apretando los puños.
El combate entre WereGarurumon y MetalGreymon estaba comenzando. El coloso aterrizó sobre la fortaleza, disparando su garra metálica, la cual WereGarurumon esquivó, saltando sobre esta para luego usarla como puente para llegar hasta MetalGreymon sobre quien lanzó una patada. El digimon resistió el golpe para luego lanzar su garra organiza contra el digimon, empujándolo hasta el suelo donde trató de aplastarlo. WereGarurumon soportó la fuerza de MetalGreymon sintiendo como el suelo debajo de sus pies comenzaba a ceder.
-¡Ya no hay tiempo, salgan de ahí! –volvieron a escuchar la voz de Juri.
Mimi miró al grupo de digimons fatigados, a Hikari y Sora quienes lucían cansadas al igual que Yolei y T.K., quien aun con todo parecía dispuesto a mostrarse fuerte.
-¡Ah! ¡Maldita sea! –Exclamó la castaña-. Toguemon, ayuda a Guardromon a levantarse, cárgalo de ser necesario, pero debemos irnos ya de aquí –dijo de manera autoritaria, dirigiéndose a todo el grupo, quienes de inmediato dejaron de titubear.
Mientras WereGarurumon y MetalGreymon seguían forcejeando Stingmon dejó que Ken trepara en su espalda, para luego tomar con un brazo a Yolei, quien a su vez cargaba a Hawkmon, y a Hikari, quien llevaba a Gatomon entre sus brazos. Cody subió sobre el la espalda de Digmon, quien cargo a Sora, Biyomon, T.K. y Patamon. El joven rubio parecía algo indeciso, pero finalmente la joven pelirroja lo obligó a continuar.
-Rika –la aludida volteó para ver a Joe, quien le ofrecía la mano para ayudarla a trepar sobre Ikkakumon. Ella se apresuró a ayudar a Renamon a levantarse, para luego entre ella y el muchacho de cabellera azul ayudarla a subir sobre el digimon. Joe parecía listo para subir, hasta que se percató de la indecisión de la chica-. Rika –la volvió a llamar. La joven volvió su mirada hacia el chico.
-Sí, lo sé, vamos –dijo comenzando a escalar por un costado hasta llegar al lomo de Ikkakumon.
Mimi subió en la espalda de Toguemon, quien ya llevaba en brazos a Guardromon. La castaña se giró para ver a Matt, quien paso a paso buscaba acercarse más a los dos digimons en conflicto que aún estaban bastante alejados de él. Su atención luego se posó en Taichi, quien a pesar de permanecer a espaldas de la joven, ella podía interpretar que el chico estaba sufriendo un gran conflicto en ese momento.
-Tai –se animó a llamarlo antes de que Toguemon emprendiera la retirada, misma en la cual ya se encontraban los demás. El chico se giró para ver a la joven.
-Debes irte, ponte a salvo –le dijo sin rodeos el chico.
-Tu no tardes –le respondió la chica-, y trae a Agumon contigo –agregó antes de darse la vuelta.
Taichi volvió la vista al lugar del conflicto, donde finalmente la fuerza de MetalGreymon aplastó a WereGarurumon haciendo que este atravesara la superficie de la fortaleza.
-¡WereGarurumon! –exclamó Matt preocupado, grito que llegó a oídos de MetalGreymon quien se giró de forma atemorizante hacia el chico, emitiendo un ligero gruñido.
El suelo debajo de MetalGreymon comenzó a agrietarse hasta dejar surgir de entre el a WereGarurumon, quien lanzó un gancho a la boca del estómago de MetalGreymon.
-Tu pelea es conmigo –aclaró el digimon apartándose un par de metros del coloso y levantando ambos puños en señal de guardia.
-Takato, regresen ahora mismo a la nave –ordenó la voz de Eva por el comunicador.
-¿Qué pasa con los demás? –preguntó Ryo casi arrebatándole el comunicador a Takato-, Hikari y los otros…
-Ya vienen en camino, Kouta y Kenta también, estarán aquí pronto.
-¿Y qué sucedió con MetalGreymon? ¿Lo derrotaron? –preguntó Takato.
-No, al parecer él y WereGarurumon siguen en combate.
-¿WereGarurumon? –repitió Henri con tono de duda.
Una nueva sacudida de la fortaleza terminó con las cavilaciones del muchacho.
-No hay tiempo, les explicaremos cuando lleguen, dense prisa –los Cuatro Tamers y cinco digimons de inmediato emprendieron retirada. Mientras que Takato continuaba con el dialogo a través del comunicador.
-Espera entonces, ¿Matt sigue en la lucha? –insistió en saber el chico.
-Eso parece, junto a Taichi –respondió Eva.
Takato desvió la mirada por un corredor que daba hacia el punto donde se encontraba MetalGreymon, indeciso por lo que debía hacer
WereGarurumon se arrojó al ataque aproximándose a MetalGreymon en zigzag, el coloso lo seguía con la mirada esperando el ataque. El lobo digimon dio un salto hacia MetalGreymon, dirigiendo su puño hacia la espiral, pero el ciborg respondió arrojándose hacia él, interceptándolo con su garra metálica. WereGarurumon descargó su puño sobre esta, pero la fuerza del coloso comenzó a hacerlo retroceder. WereGarurumon insistió con varios puñetazos mientras el digimon seguía empujándolo hacia atrás, hasta que WereGarurumon se impulsó con ambas patas dando una maroma hacia atrás y aterrizando sobre una torre no muy dañada. Las compuertas en el pecho del digimon se abrieron nuevamente expulsando un par de misiles que se dirigieron a la torre, desde la cual WereGarurumon saltó, evitando ser alcanzado por la explosión que redujo la torre a escombros y disparándose hacia el gigante a quien lanzó un puñetazo que logró asestar sobre su cabeza, deteniendo su avance.
-¡Vamos WereGarurumon! –exclamó Tai, quien se encontraba junto a Matt, el cual le dirigió una mirada, sorprendida al principio para luego tornarse en una sonrisa satisfecha.
-Es bueno volverte a ver expresar esa seguridad en el combate –dijo el rubio. Tai lo miró de reojo, sonriendo también, aunque eso no amedrentaba mucho la sensación de temor que se gestaba en su estómago.
WereGarurumon aterrizó en el suelo, cerca de MetalGreymon, en medio de la lluvia de escombros proveniente de la torre, y desde ahí se impulsó para volver a arremeter contra el gigante asestándole un puñetazo en el estómago, que luego combino con una patada en el mismo sitio. MetalGreymon gruñó por el dolor. WereGarurumon aprovechó ese momento para saltar hacia el brazo derecho de MetalGreymon, donde sujetó la espiral negra con ambas manos para comenzar a hacer presión sobre ella.
-¡Ya lo tiene! –exclamó Matt con júbilo.
WereGarurumon sintió la espiral crujir por la fuerza que aplicaba sobre ella. MetalGreymon notó al intruso sobre él, y con enfado, dirigió su brazo con toda su fuerza hacia el suelo, impactándolo con tal brusquedad que WereGarurumon cayó de él. El lobo digimon trato de incorporarse nuevamente, pero el gigantesco puño de MetalGreymon lo aplastó, aturdiéndolo y dejándolo prácticamente incrustado en la superficie de la fortaleza.
-Oh, carajo –se lamentó Tai mientras veía como el coloso levantaba su garra metálica-, ¡Agumon detente! –exclamó el chico.
WereGarurumon reaccionó para ver el inminente ataque, pero levantarse representaba una gran dificultad. Por unos segundos el digimon distinguió en la sanguinaria mirada del coloso el final de su camino.
-¡Carajo! ¿Dónde diablos están? –se quejó Eva con desesperación. La chica esperaba en el área de carga de la nave, con la compuerta abierta, esperando a que el resto de los Tamers llegaran.
Su desesperación se alivió un poco al ver que a toda prisa llegaban Stingmon, Toguemon, Ikkakumon y Digmon, cargando a los Tamers y al resto de los digimons.
-¡Ya era hora! –exclamó la chica mientras múltiples brillos se hacían presentes y los digimons volvían a su forma Rookie-, dense prisa, hay que despegar cuanto antes.
-¿Ya están todos los demás? –preguntó Rika apenas subir a la nave, cargando a Renamon con ayuda de Joe.
-Aún faltan Kenta y Kouta, y claro, los que siguen en la lucha –escuchó la voz de Henri, lo cual, en cierta forma la alivio.
-¿Dónde podrán estar esos dos? –preguntó Yolei.
-¡Esperen! ¡No nos dejen! –escucharon en ese momento la voz de Kenta, quien corría hacia la nave junto a Kouta, Kotemon y MarineAngemon.
Los cuatro abordaron a la nave respirando de forma agitada.
-Bien, ahora solo quedan esos testarudos –dijo Eva, que volvía a usar un tono de voz lleno de desesperación.
-¿Dónde está Takato? –preguntó Rika mirando a todos lados. Gran parte del grupo se encontraba ahí, en el área de carga, pero la joven pelirroja no lograba ver al muchacho.
-Dijo que iría a apoyar a Matt y a Tai –explicó Ryo.
-¡¿Qué cosa?! –Exclamó Rika con sorpresa y preocupación-. Debo ir con él… ellos –dijo dándose la vuelta para volver a salir.
-¿Que? ¡No! ¿No entienden lo serio de la situación? –reclamó Eva.
-Igual no podemos irnos sin ellos –reclamó la pelirroja.
-Rika, espera –la interceptó Joe-, no puedes volver, es peligroso, además, no puedes llevar a Renamon al combate otra vez, ¿no ves lo agotada que está? –trato de disuadirla el chico. La joven volteó a ver a su compañera, sabía que el chico de pelo azul tenía razón.
-Iré sola entonces –afirmó la chica.
-¿Sola? No puedes ir sola, ¿Qué harías tu sola? –insistió el chico. Rika parecía a punto de estallar.
-¡Mucho más de lo que tu podrías hacer maldito cobarde! –le espetó con violencia. Joe titubeó, incapaz de poder agregar una sola palabra más. Rika lo apartó con un empujón dispuesto a salir de la nave cuando un nuevo temblor la detuvo y la hizo caer hacia atrás.
-¡¿Que mierda…?! –se quejó Eva mientras la nave se sacudía con fuerza. La chica trastabillo hasta llegar a la compuerta de la nave, y desde ahí notó que el suelo sobre la cual esta flotaba comenzaba a hundirse. Por un segundo la nave se hundió con ella, hasta que volvió a estabilizarse-. Juri, ¿Qué diablos pasó? –preguntó la chica por el comunicador.
-La fortaleza, se derrumba, no es seguro permanecer en ella más tiempo –respondió la chica.
-Carajo… -dijo cerrando la compuerta que comenzó a levantarse-, dirígete a donde están los demás, este paseo ya se extendió más de la cuenta –dijo a modo de queja mientras se abría camino hasta las escaleras para acceder al nivel superior.
Rika comenzó a levantarse del suelo, vio que Joe le tendía la mano para ayudarla, pero ni siquiera le dirigió la mirada y se puso de pie por sí sola, pasando por un lado del peli azul que parecía contrariado.
La garra de MetalGreymon se disparó hacia WereGarurumon, quien cerró los ojos con fuerza preparándose para recibir el impacto, mismo que no llegó al ser desviado por un gran cuerpo rojo que tacleó la garra desviando esta y haciendo que se incrustara varios metros a un lado del lobo digimon que al escuchar el estruendo reaccionó y vio a un lado de el a Growlmon, quien profirió un gran rugido justo antes de arremeter sobre MetalGreymon con un ataque de grandes llamaradas.
-¿Growlmon? –dijo Matt algo confundido, justo antes de percibir unos pasos acelerados acercándose a ellos. Tai y Matt se giraron para ver a Takato quien llegó corriendo hasta ellos.
-Justo a tiempo al parecer –dijo el chico con voz jadeante.
-Excelente entrada –afirmó Taichi.
MetalGreymon recibió de lleno el ataque de fuego de Growlmon, lo cual lo obligó a desviar la mirada mientras forcejeaba para sacar su garra de donde se encontraba clavada.
WereGarurumon vio su oportunidad en esa situación y haciendo acopio de toda su fuerza se levantó del suelo, saltando hacia MetalGreymon, dirigiéndose hacia la espiral negra mientras Growlmon seguía disparando su fuego, y golpeando esta con una patada que recorrió casi todo el brazo del digimon.
-¡Patada de luna llena! –exclamó el digimon con voz grave, mientras que sobre la piel de MetalGreymon se dibujaba una gran cortada que de inmediato comenzó a emanar sangre.
Las llamas de Growlmon se detuvieron, mientras que MetalGreymon trastabillaba hacia atrás, con sus retumbantes pasos. Su brazo derecho quedó colgando en el costado del digimon, y mientras gruesas gotas de sangre caían de este, también comenzaron a caer pedazos de la espiral que se desintegraban al rebotar sobre el suelo produciendo un único sonido metálico que llego hasta oídos de los tres Tamers.
-Lo logró –dijo Tai incrédulo.
-Lo lograron –dijo Matt, igualmente incrédulo.
-¡Lo logramos! –exclamó en tono de victoria Takato dando un salto.
Taichi comenzó a correr a toda velocidad hacia MetalGreymon, quien dio un par de pasos más antes de detenerse definitivamente. Una luz cegadora comenzó a llenar todo su cuerpo, misma que poco a poco se fue reduciendo, junto con el tamaño del ser cuya piel fue recuperando el tono naranja propio de la digievolucion de Agumon, y luego aquel amarillo que Tai consideraba único de la piel de su compañero.
-¡Agumon! –exclamó el castaño mientras que el pequeño digimon se desplomaba en el suelo.
WereGarurumon y Growlmon suspiraron aliviados. El combate había terminado.
Tai seguía corriendo hacia Agumon, tan lleno de emoción que las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, y tan concentrado en la tarea de llegar hasta el, que no sintió cuando un nuevo temblor se hizo presente en la fortaleza.
Aquella sacudida fue especialmente brusca, tanto que Matt y Takato tuvieron que sujetarse el uno al otro para no caer. El rubio dirigió la mirada con preocupación hacia Taichi, hacia Agumon y un poco más allá, notando que una gran parte de la fortaleza comenzaba a desprenderse de la misma, y a caer.
-¡Tai! –exclamó el rubio. El joven castaño alcanzó a escucharlo, pero no fue necesario que voltear a verlo, pues él también fue testigo del derrumbe que con prisa se aproximaba a su compañero tendido en el suelo.
-¡AGUMON! –exclamó el castaño acelerando tanto como su cuerpo y el cansancio se lo permitían.
Matt salió a la carrera para intentar alcanzar a Tai.
El castaño siguió corriendo mientras veía como la estructura sobre la cual permanecía inconsciente el pequeño digimon comenzaba a hundirse.
-¡Agumon! –volvió a gritar el chico mientras el suelo sobre el cual el corría también comenzó a hundirse. Sin embargo el chico se arrojó sobre este, tratando de alcanzar a Agumon.
-¡Tai! –gritó Matt empeñado en alcanzar al chico, hasta que WereGarurumon lo alcanzó a él para frenarlo.
-¡Debemos irnos de aquí! –exclamó el digimon, mientras cargaba a Matt y Growlmon hacía lo propio con Takato, para empezar a alejarse.
A los pocos metros vieron sobre ellos al halcón, el cual se giró para mostrarles la parte trasera de la nave, donde la compuerta se abrió.
-¡Servicio de Uber! ¡Aquí me marcó el GPS joven! –exclamó T.K. desde el área de carga.
Tai seguía corriendo intentando alcanzar a Agumon, a quien vio resbalar de los restos de escombros que caían al suelo, el pequeño digimon se encontraba ya en caída libre.
-¡No! –exclamó Tai lanzándose el también, esquivando los restos de escombros que llovían y que pasaban rodándole el cuerpo.
La brisa helada le golpeaba la cara al igual que guijarros que se desprendían de los grandes pedazos de escombro. El chico se dirigió en picada hacia el digimon tratando de llegar hasta él. Cuando ya se encontraba cerca un gran pedazo del escombro se interpuso en su camino. El chico trató de frenar el impacto, cubriéndose con sus brazos, para luego buscar la manera de rodear aquella gigantesca piedra de concreto que lo apartaba de su compañero. El castaño logró moverse en el aire para tener nuevamente frente a él a Agumon. Tai respiró hondo antes de volver a saltar y caer en picada directo sobre Agumon. Los segundos aprecian eternos. La distancia que los separaba era poca y aun así el chico sentía que era interminable. Debajo de ellos las montañas se hacían cada vez más visibles y eso solo lograba aumentar su temor a no lograr llegar hasta el digimon.
Tai estiró ambos brazos intentando alcanzarlo, logrando rozar la piel de una de las patas del pequeño digimon. El chico profirió un gran grito al momento de volver a estirarse tratando de llegar hasta el, logrando finalmente tomarlo de un tobillo. Tai comenzó a jalar al digimon hacia su cuerpo, abrazándolo con fuerza, para después con una mano buscar a tientas en el interior de su chaqueta.
-Carajo vamos –decía mientras seguía buscando hasta que encontró una especie de manija la cual sujetó con la mano y aló con fuerza.
De la parte posterior superior de la chaqueta brotó un paracaídas que no tardó en abrirse, frenando en seco la caída del digimon y su Tamer quien seguía sujetándolo con fuerza.
-Estuvo cerca –dijo mientras miraba desde la altura los bosques donde pudieron haber caído.
El chico se meció con el paracaídas, dirigiéndolo hacia una de las montañas, dibujando círculos en el aire sobre esta, hasta que ya solo pocos metros lo separaban de ella-. Bien, no estuvo tan mal –dijo agradeciendo su buena suerte, pues la distancia hasta la montaña ya era prácticamente inofensiva, al menos no mortal.
En ese momento un gran pedazo de escombro golpeó el paracaídas, arrastrando consigo a Taichi y Agumon. El chico abrazó a su compañero al momento del impacto contra la superficie de la montaña, sintiendo como todo su costado izquierdo recibía el golpe y la fuerza de la inercia lo hacía rodar por el suelo varios metros. El chico soltó a Agumon, quien quedó seguro sobre las rocas de la montaña, mientras que él fue arrastrado hasta el borde de la misma. El joven se sujetó de la orilla evitando caer al vacío, mientras que el paracaídas donde seguía atrapado el pedazo de escombro seguía su curso hasta caer por el borde.
Tai con toda la rapidez que le era posible aplicar rebuscó en el interior de su chaqueta nuevamente para accionar otra manija la cual libero el paracaídas que cayó sin arrastrarlo, pero al solo sujetarse con una mano del borde de la montaña comenzó a resbalar por esta hasta que logró sujetarse de un par de rocas que se sentían flojas.
-Maldita...sea… -se quejó el chico, para luego intentar escalar.
No le quedaban muchas fuerzas y el dolor de la caída era agobiante. Aun con eso se aferraba a las rocas intentando impulsarse hacia arriba, hasta que estas se desprendieron, y por unos segundos el joven sintió que caía al vacío, hasta que sintió que su brazo era sujetado con fuerza por una mano que se sentía fría, pero de ella emanaba una especie de líquido cálido. El muchacho levantó la mirada, encontrándose con los ojos verdes de Agumon. El digimon parecía agotado y confundido, pero aun con eso, lo sujetaba con fuerza, negándose a dejarlo caer.
Tai comenzó a buscar un punto de apoyo para impulsarse hacia arriba mientras que Agumon lo jalaba para ayudarle. El chico logró escalar, jadeaba al respirar y miraba a Agumon, cuyo brazo derecho sangraba y sus ojos seguían reflejando una extraña confusión, la cual, para el castaño, era preferible a volver a ver aquella rabia y deseos de destrucción.
-Tai… -pronunció débilmente el digimon, como si no hubiera hablado en mucho tiempo, en una eternidad casi, y así era como al castaño le parecía, como si una eternidad hubiera pasado sin escuchar la voz de su compañero-… Tai… ¿Dónde estamos? –preguntó el digimon antes de dejarse caer. Tai lo atrapó, abrazándolo con fuerza, derramando un par de lágrimas sobre la cabeza del digimon.
-Juntos…estamos juntos amigo –le respondió el castaño.
-Tai…me lastimas…- dijo el digimon haciendo que el chico riera divertido.
-Perdona –dijo apartándose de él, pero sosteniéndolo por los hombros para evitar que cayera.
El ruido de una turbina y la ventisca que esta producía los regresó a la realidad, haciéndolos voltear para ver al halcón que descendía cerca de ellos. La compuerta se abrió dejando ver al pie de esta a Mimi, quien sonreía conmovida por lo que estaba viendo.
-¿Necesitan transporte chicos? –preguntó sin dejar de sonreír.
Tai se secó las lágrimas con el dorso de su manga y se puso de pie cargando a Agumon, quien se esforzó por levantar la cabeza y mirar la nave.
-¿Qué es esa cosa? –preguntó con voz débil.
-Una historia muy interesante, que sé que te va a encantar.
La fortaleza siguió descendiendo, y al mismo tiempo desmoronándose en el aire, provocando una gran lluvia de escombros mientras lentamente llegaba hasta el suelo. Al tocar tierra, a mitad de uno de los bosques del área, en la cual se encontraba una plataforma suficientemente grande como para recibir la fortaleza en su mejor momento, lo que restaba de la estructura comenzó a derrumbarse. Gran parte de ella quedó aun de pie, pero su gran mayoría era ahora, solo una pila de escombros, misma que Davis miraba, con rabia, apretando los puños y respirando sonoramente.
-Hijos de puta… ¡Hijos de puta! –estalló el chico acompañando aquel grito con varios otros que resonaron por todo el bosque.
Veemon se acercó a él poco a poco, tratando de no aumentar su enfado.
-Davis…aún funcionan las torres de este sector, no todo está perdido.
-¡¿Qué no todo está perdido?! –Exclamó el chico dándose la vuelta para aproximarse al digimon a quien pateó con todas sus fuerzas enviándolo a estrellarse contra un árbol-. ¡Mi fortaleza! ¡Mi amada fortaleza fue derribada! ¡Y además lograron vencer a MetalGreymon! ¡¿Cómo es eso posible?!
-Al parecer…al parecer… Garurumon digievolucionó a WereGarurumon…el venció a MetalGreymon.
-¿WereGarurumon? –Dijo el muchacho relajando un poco su voz-…no… no puede ser…-dijo tratando de analizar las cosas-. Como sea, si piensan que acabaron con lo mejor de mí, están muy equivocados –dijo mientras comenzaba a adentrarse en el bosque-, alista un vehículo, y a las tropas, iremos a Arkam, y luego atacaremos las ciudades.
-Pero…Davis, tú mismo dijiste que no era seguro utilizarlo –trato de interceder el digimon.
-¡¿Y qué opción me queda?! –Exclamó con furia el muchacho a punto de volver a golpear a Veemon, pero se contuvo, reanudando su marcha con paso decidido-. Con suerte destruirá toda la ciudad humana antes de volverse incontrolable, y luego dará igual, mientras desate el caos, no creo que sea tan malo –dijo mientras comenzaba a reír de forma escabrosa.
Veemon caminó detrás de él, con gran preocupación reflejada en su rostro.
-Por favor…que me hagan caso –se dijo mentalmente mientras seguía a Davis por el bosque.
Espacio aéreo de Sarvar, al suroeste, en el Digimundo.
Julio 7 de 2085
La noche caía con tranquilidad, pintando el cielo de anaranjado, y por ese mismo paisaje se desplazaba el halcón, sin un rumbo fijo. En si interior los Tamers se encontraban casi todos en las barracas, repartidos en las camas, recuperándose de los combates, y más de un sumidos en un profundo y reparador sueño.
-¡Auch! ¡Carajo mujer! ¿Quieres arrancarme la piel? –se quejó Kouta, quien estaba tendido en una cama boca abajo, sin camisa, y con la espalda llena de heridas producto de su combate con Davis.
-Solo te aplico antiséptico –dijo Yolei con voz monótona mientras volvía a posar el algodón húmedo sobre las heridas del chico.
Taichi estaba de pie, a un lado de una cama donde Agumon dormía, aparentemente tranquilo, si brazo estaba vendado, y Mimi lo revisaba en ese momento. La chica se levantó, parándose de frente a Tai.
-¿Cómo está? –preguntó Tai.
-Agotado, pero estará bien después de dormir. No tiene desnutrición, increíblemente la versión malvada de Davis se preocupó por que comiera bien –dijo la chica sin disimular su tono de sorpresa.
-Planeaba que el fuera su arma definitiva, es lógico –dijo Matt, quien estaba de brazos cruzados recargado en la barra.
En el otro apartado de la nave, Joe, Izzy, Eva, Ryo y Juri, junto a sus digimons revisaban el estado de la Nave. Joe junto a Gomamon revisaban unos monitores que mostraban el estado de las turbinas, cuyas graficas al joven de cabello azul no le inspiraban mucha confianza. Sin embargo el joven lucía particularmente distraído, revisando varias veces las mismas lecturas. Un largo suspiro y sus manos frotando su rostro fueron para Ryo la señal definitiva de que algo no andaba bien.
-Oye, ¿pasa algo? –preguntó Ryo acercándose al chico.
-No…si…bueno…las turbinas se sobre calentaran si no aterrizamos esta cosa pronto, hay que buscar un buen sitio cualquier sitio, supongo que deberemos aterrizar aunque sea en territorio enemigo y montar guardias por si acaso.
-Aja –dijo el muchacho como ignorando lo que acababa de decir-, ¿y si mejor me dices lo que en verdad te molesta? –pidió el castaño.
-¿De qué hablas? Nada me molesta.
-¿Es por lo que dijo Rika cierto? –se aventuró a decir. Joe paró en seco todos sus movimientos, evitando la mirada inquisitiva de Ryo.
-No quiero hablar de eso.
-Ok, yo respeto la distancia, no te preocupes –dijo dándose la vuelta para marcharse.
-Es que ella es… -comenzó a decir el chico y Ryo sonrió satisfecho mientras se daba la vuelta-…es tan ella, y yo soy…soy…tan yo.
-Oh, vaya dilema, un hombre que es él mismo, ¿sabes? A las chicas les fastidia eso, aman a los farsantes, entre más mientas mejor –dijo con tono sarcástico.
-Hablo en serio –se quejó Joe-, Rika es del tipo, de acción, y yo más bien soy el aburrido…y cobarde.
-Oye, puedes ser muchas cosas, incluyendo aburrido –dijo el muchacho logrando solo aumentar el fastidio de Joe-, pero no eres cobarde. Un cobarde no se enfrasca en una misión como esta, un cobarde no ayuda a robar una nave súper avanzada para ir a enfrentar a un súper villano, y definitivamente un cobarde no abandona la seguridad de dicha nave súper avanzada para ir a respaldar a sus compañeros. Estas siendo muy duro contigo, Rika solo dijo lo que dijo por la presión del momento, no te tortures por eso.
-Pero aun así… tu sabes que yo no soy como tú, o como Tai, o Matt…o Kouta…no soy del tipo fuerte –se lamentó el muchacho-. Ojala fuera igual de fuerte.
Ryo hizo una mueca contrariado, tratando de encontrar la manera de apoyar aunque fuera un poco al muchacho, hasta que finalmente dio con la respuesta y sonrió de forma burlona.
-Bueno…pues lloriqueando no lo vas a conseguir, créeme.
-¿Y que se supone que debo hacer?
-Solo haz lo que sientas, no te compares con los demás para obligarte a ser como ellos, da lo mejor de ti, siendo tú, nadie más.
-Pero Kouta y los demás son…
-La fuerza no se mide en la cantidad de victorias que celebras, sino en lo que estás dispuesto a dar por aquello que valoras –lo interrumpió Ryo-. Kouta es un arrogante, y bastante visceral, créeme, lo conozco, pero no es mal tipo. Tú eres diferente a él, y sé que agallas no te faltan, así que solo demuéstralas, cuando sea necesario, y por lo que sea necesario, ¿comprendes? –Joe sonrió ligeramente mientras asentía.
-Muy bien hora de hablar con los demás –dijo Eva en voz alta, levantándose de la silla de piloto.
La chica se dirigió hasta la puerta la cual se abrió al instante, dejándola entrar a ella y al resto de los Tamers y digimons que faltaban en las barracas.
-Programé el piloto automático para que nos lleve a un área poco poblada, aterrizaremos en 30 minutos –explicó la mujer
-¿Y bien? –Preguntó Matt-, ¿Cuál es la situación? –Eva suspiró, cosa que para nadie parecía presagiar algo bueno.
-La nave sufrió varios daños, nada que no tenga arreglo, pero no quedara como antes eso es seguro, y si debemos volver a combatir como hoy… no creo que la nave lo resista muy bien. Así que díganme, ¿ahora qué?
Esa pregunta retumbo en la cabeza de varios, y había estado presente, aun sin ser pronunciada, desde el momento en que habían escapado de la fortaleza.
-Bueno…creo que no hay, por el momento, respuesta para eso –dijo Tai algo decepcionado.
-En realidad sí –dijo Cody, llamando la atención de todos. El chico se encontraba junto a su compañero, y ambos parecían estar considerando una cosa-. Tenemos algo que decirles –aclaró el muchacho.
-Cuando peleaba contra Sethmon –comenzó a decir Armadillomon-, me dijo a donde iría Davis en caso de perder la batalla y aun así lograr escapar.
-¿Cómo dices? –preguntó Matt con gran interés.
-Sethmon me dijo que si lográbamos recuperar a Agumon, entonces Davis solo tendría una opción, y esa opción lo llevaría al desierto Arkam –completó la información el digimon.
-Arkam –repitió en un susurro Taichi.
-Está en el área que el controla –informó Eva-, pero… ¿Por qué ahí? ¿Y cuál es esa opción de la que hablaba Sethmon?
-Esperen, antes de llevar esto más allá –interrumpió Henri-, fue Sethmon quien lo dijo, fue el compañero de Davis, ¿realmente podemos confiar en él?
-Es cierto –coincidió Izzy-, puede tratarse de una trampa.
-No lo creo –dijo Armadillomon-, Sethmon parecía muy afligido, Veemon no debe estar muy de acuerdo con todo lo que está haciendo Davis.
-¿Y por qué lo sigue entonces? –cuestionó Henri.
-No tiene opción –contestó Kenta-, cuando lo encontramos en el cuarto de máquinas de la fortaleza dijo eso, que no tenía opción, sonaba a que en realidad no quería dañarnos, pero debía hacerlo, por serle leal a su compañero, por protegerlo.
-La fidelidad de un digimon hacia su compañero es algo inquebrantable –dijo Renamon con su acostumbrado tono serio.
-Siendo así, entonces tal vez Sethmon esté actuando por fidelidad y por eso busque engañarnos –postuló Henri.
-O tal vez considere que Davis se encuentra en un riesgo aun mayor, más grande que nosotros, el emperador es un peligro más grande que nosotros y que amenaza directamente a Davis, y Veemon solo busca ayudarlo –dijo Ken bastante convencido de sus palabras.
-Podría ser –coincidió Joe.
-Entonces… ¿confiaremos en las palabras de Veemon? –Preguntó Mimi-, ¿iremos por Davis al desierto Arkam?
-Trampa o no, creo que deberíamos considerar otras cosas primero –se adelantó a decir Eva-. Sé que nadie quiere decir esto, así que lo diré yo: este fue un combate difícil, muy complicado, y me atrevo a decir que si seguimos vivos es en parte una gran suerte. Las cosas salieron, si bien no perfectas, si bastante bien, pero no hay garantía de que vuelva a pasar. Davis ahora estará esperándonos, estará preparado. El factor sorpresa ya no nos respaldará.
-¿A qué quieres llegar con todo eso? –preguntó Sora. Eva suspiró.
-Au no es muy tarde –dijo con tono derrotado.
-¿Tarde? –cuestionó Ryo.
-Aún podrían entregarse –dijo finalmente, como dejando caer un balde de agua fría en cada uno de los presentes-. Escuchen, sé que es su amigo, pero justo ahora enfrentan muchos y muy graves problemas, una larga lista de cargos entre los cuales se menciona deserción, insubordinación, invasión de propiedad privada…y robo de propiedad privada. Pero hay una oportunidad, si volvemos ahora a Norman city, y entregamos esta chatarra…tal vez puedan hacer un trato a cambio de la ubicación actual de Davis, y así salir bien librados…al menos un poco. O si…les dicen donde posiblemente estará en poco tiempo…es información valiosa, y podría servir de mucho. HEDM mandaría a varios grupos de elite para capturar a Davis, que es lo que en verdad les importa.
-¿Y tú sugieres que solo así nos rindamos? –protestó Ken. Eva resopló algo cansada.
-Miren todo lo que ha costado esta pelea –dijo refiriéndose a las varias heridas que prácticamente todos tenían en el cuerpo-, ¿y si la pelea se extiende a más de solo una batalla? ¿Y si esto dura semanas? ¿Meses? El halcón servirá para otro asalto, pero solo eso, y después quizá estaremos varados, a mitad de un campo enemigo, y peor aún, aparentemente en un desierto. Quizá ya pelearon lo que les correspondía, quizá ya es hora de dejar que alguien más se haga cargo, ¿no creen?
El silencio reino después de esas palabras. Quizá había varias quejas que pronunciar, pero nadie lo hizo. Si viene era cierto que muchos tenían un orgullo tan grande que les impedía renunciar, o que sentían la responsabilidad de concluir aquella misión, también era verdad que muchos de los presentes estaban bastante heridos, y nadie quería ser el responsable de que algo igual o peor volviera a suceder.
Kouta permaneció de pie, esperando que alguien dijera algo, pero al ver en el rostro de Tai la indecisión se convenció de que nadie diría nada, así que le correspondía a él.
-Oye Tai –lo llamó el muchacho, y el aludido reaccionó levantando la mirada-, ¿te acuerdas de esa frase que repetíamos, siempre que estábamos a punto de cometer alguna estupidez? –dijo desconcertando al Cataño, al igual que a todos los demás-. La decíamos siempre que estábamos por hacer algo que posiblemente nos iba a costar la vida, siempre que un robo era muy complicado, o escapar de algún lugar representaba una verdadera odisea, había una frase que repetíamos y que perfectamente resumía lo que sentíamos en ese momento, ¿recuerdas?-Tai sonrió ligeramente, comprendiendo lo que el muchacho quería decir-. Nunca dejes de correr…eso decíamos, nunca dejes de correr.
Aquellas palabras parecían la perfecta oración de la retirada. Quizá era verdad, y aquel era el momento de correr, de ponerle fin a aquella misión.
-Si… -dijo Taichi recordando los viejos tiempos-…nunca dejes de correr, pero nunca lo hagas con miedo –completó el chico aquella frase-. Chicos las cosas siguen como al principio, si dejamos que HEDM y sus militares vayan tras Davis, y peor aún, si lo entregamos, sabemos que Davis no se dará por vencido solo así, y los militares no le darán oportunidad, lo mataran, ténganlo por seguro, en este momento nosotros somos la única esperanza que tiene. Es cierto, esta batalla costó, pero estamos a mitad de esta carrera que quizá nos cueste todo, pero no continuaremos con miedo, y definitivamente, no ganaremos con miedo –dijo con intensidad en sus palabras el castaño-, de cualquier modo tampoco pienso obligar a nadie a continuar, y si alguien quiere irse ahora, lo comprendo, y quizá hasta los apoye… de mi parte me temo que no puedo irme mientras un amigo me siga necesitando.
El resto de los Tamers se miraron entre ellos, considerando las cosas.
Matt se acercó a Tai, poniendo su mano sobre el hombro del castaño, y sonriéndole con complicidad, en ese momento las palabras estaban de más.
Eva suspiró, sintiéndose derrotada, incluso decepcionada por las palabras del muchacho.
-Ah con un carajo, ustedes de verdad están locos, ¿Cierto? Ah… pues bueno, de cualquier modo esto es más divertido que la cárcel, y vaya que estoy segura de que me van a encarcelar.
Tai sonrió, volteando a ver luego a Kouta.
-A mí ni me mires, no pienso ir a ningún lado.
-Lo mismo digo –coincidió Ryo.
-Y yo –secundó Ken.
-Y yo –se apuntó Yolei.
-Y yo –dijo Mimi, tomando con discreción la mano de Taichi.
-Bueno, creo que es definitivo –dijo Sora levantándose de la cama donde había permanecido sentada-. En cuanto el halcón este en mejores condiciones nos dirigiremos al desierto de Arkam.
-¡Si! –exclamaron Tamers y digimons por igual, recuperando los ánimos.
Lo siguiente fue el comienzo de varias charlas en que revivían momentos de la batalla con sonrisas en el rostro, mientras que Matt, ayudado por T.K. y Sora comenzaban a preparar algo de comida para todos. Taichi miraba a su alrededor con una sensación cálida en el pecho, misma que desapareció poco a poco al mirar nuevamente a su compañero tendido en la cama. Descubrió en ese momento que el miedo que había estado sintiendo durante el combate en la fortaleza flotante seguía ahí, en su interior, y lo que era peor, parecía estar acrecentándose.
En el próximo capítulo…
-Están autorizados para usar toda la fuerza… considérenlos peligrosos en extremo
-¿Crees que aparezca?
-Yo iré por el
-Odio no saber qué es lo que nos está preparando.
-¡Con todo!
-Hasta aquí….esto es todo.
-No lo dices en serio… lo sé, y aunque trates de negarlo es la verdad.
Bueno, al fin he concluido este capitulo
Hola! me aleje por un tiempo, lo sé, perdón, pero aquí otra parte de esta historia, la cual debo ser sincero, me mate escribiendo. un maldito error al guardar hizo que tuviera que volver a escribir buena parte de este capitulo, y créanme, es bastante desesperante cuando eso pasa. pero en fin, ya paso, ya esta esto aquí, y espero lo hayan disfrutado.
Como siempre, muchas gracias por sus comentarios, por su apoyo, por seguir en esta nave de locos y por ser tan fieles lectores, espero que estén bien, paz y amor, y disfruten de lo que resta del año. Trataré de subir otro capitulo antes de enero, pero si no llega a pasar, me disculpo, no me odien, los quiero.
Gracias Mac1826 y anaiza18 por sus comentarios en el capítulo anterior.
