Capitulo XXII

Base Militar No. 6, en Sarvar, en el digimundo.

Julio 7 del 2085

Los asentamientos militares de HEDM manteniendo la numeración que originalmente se les había otorgado conforme a su edificación, por lo que el número que las distinguía era también el número que daba cuenta de la antigüedad que tenían.

Cada base militar poseía una historia particular, como las bases militares del número 1 al 3 (y que de las cuales la tercera se encontraba abandonada actualmente), que fueron construidas cerca de la selva center, punto clave durante el conflicto humado y digimon. La base número quince pertenecía a Huanglongmon city, ciudad que tenía una peculiar y complicada relación con HEDM, por lo que aunque su nombre oficial era Base militar No. 15, los habitantes de la ciudad, así como los miembros Tamer, humanos y Digimons de la unidad la denominan como "Palacio de los caballeros", y a su vez, los miembros eran nombrados como "Caballeros de Huanglongmon". Pero sin duda, por mucho, la Base Militar No. 16 era la que más se distinguía del resto.

Base construida en la costa Este del continente Sarvar, era el complejo militar más grande en el digimundo desde su creación en el año 2003, tras la erradicación completa de la población digimon en esa Zona, hasta la fecha actual. Aquella polémica victoria fue lograda por el entonces general estadounidense Hank Foreman, quien luego ordeno que se construyera el complejo militar como muestra de su gran logro. En todos los años que duró la guerra, este asentamiento militar nunca logro ser invadido por digimons. Se dice que dentro de él había áreas destinadas a la experimentación e investigación de las especies digimons que lograban ser capturadas, incluso que en dicho lugar se comenzó el desarrollo de un arma definitiva que por fortuna, nunca se utilizó. La creación de esta base militar marcó el dominio total de los humanos en el este del continente Sarvar, el inicio de la parte más oscura de la guerra y lo que aún seguía considerándose el territorio propio de los tamers, o de una forma que a veces era catalogada como más exacta, de los humanos.

Debido justamente al gran tamaño de la base militar y a la estructura de ciudadela se consideraba como el punto madre de la milicia Tamer, por lo que en ella se daba respuesta a los grandes asuntos del digimundo. Por lo tanto, y comprendiendo todo lo anterior, que la base militar se encontrara en gran actividad caída la noche solo podía significar que algo muy grave estaba sucediendo.

Grandes reflectores ubicados en los techos de los imponentes edificios alumbraban las amplias áreas de carga donde vehículos terrestres y aéreos se reunían. Marchando hacia estos mismos, grandes grupos de militares en compañía de digimons de diversos tipos comenzaban a ubicarse cerca de los vehículos. Varios "Escarabajos" se detenían al lado de los escuadrones de militares, mientras que varias naves tipo "Raven" descendían para de inmediato comenzar a ser abordadas por grupos de militares quienes subían en ellas ametralladora de gran calibre y lo que parecían ser cañones.

-¡De prisa soldados! ¡Quiero dos de esos cañones en cada Raven! –exclamó un hombre dirigiendo al resto de los militares.

Sobre una plataforma ubicada al frente del edificio principal, que mostraba una perfecta vista de toda la parte frontal de la base militar donde se estaban reuniendo vehículos y oficiales, se encontraba un hombre alto, de espalda ancha y avanzada calvicie que se asomaba debajo de una gorra militar, la cual hacía juego con el resto del uniforme lleno de condecoraciones. El hombre se asomó por el borde de la plataforma viendo todo el movimiento de los soldados, mientras que detrás de él, un grupo selecto de capitanes permanecían firmes, a la espera de recibir órdenes.

Un hombre de apariencia menos estoica que el resto de los ahí reunidos, y que por eso mismo se distinguía particularmente se acercó al militar con suma timidez.

-Señor, ¿no cree que todo esto es un poco exagerado? –preguntó mientras él también veía las naves, vehículos, digimons y soldados preparándose para partir.

-Subestime a esos mocosos una vez –dijo de manera sumamente seria-, no pienso volver a cometer ese error –sentenció con gravedad mientras se daba la vuelta para encarar a los militares-. Están autorizados para usar toda la fuerza, contra los digimons bajo el control del Emperador y contra los así llamados niños elegidos.

-Señor –alzó la voz una capitana-, solo son niños, ¿de verdad espera que los ataquemos?

-Capitana –contestó el general Hyuga mirándola directamente-, esos "niños" burlaron la vigilancia de mis mejores hombres, entraron sin ser detectados a una importante ciudad, llegaron hasta las bien vigiladas instalaciones de la más importante empresa y robaron de ahí tecnología muy valiosa, la cual bien podrían usar para causar grandes daños –explicó-. Por supuesto, si ellos acceden a entregarse no será necesario aplicar la fuerza, pero no se confíen, considérenlos peligrosos en extremo.

El general volvió a mirar hacia atrás, viendo desde lo alto los vehículos casi listos para partir.

-Si se muestran hostiles, eliminen a los digimons, contengan a los Tamers como sea necesario, si se ven obligados, tiren a matar –explicó con frialdad, como si no importara nada aquello que estaba diciendo-, pero al Agumon lo quiero vivo… igual al chico Kamiya –el general apretó los puños al recordar al castaño-, quiero tener el placer de entablar una buena charla con él –terminó por decir.

Un joven soldado atravesó la plataforma entera para llegar al frente del grupo de los capitanes, donde saludó al general como dictaba el protocolo y luego habló con voz fuerte y clara.

-Señor, todo está listo.

-¡Excelente! –dijo con energía el general-, Capitanes, diríjanse a la región bajo el control del Emperador, recorran toda la zona, encuentren al Emperador y a los miembros del grupo especial "niños elegidos" y deténganlos de la forma que sea necesaria, es una orden.

-¡Si señor! –exclamaron los capitanes al unísono. Hyuga sonrió complacido.

-¡Cancelen esa orden! –exclamó otra voz, perteneciente a un hombre que acababa de llegar, atravesando la gran puerta que daba acceso a la plataforma y abriéndose paso entre los militares que al verlo se apartaban dejándolo avanzar.

-Resse –dijo el general al ver a Charles frente a él.

El hombre encaró al militar unos segundos para luego darse la vuelta para ver a los oficiales.

-Por la autoridad que me confiere el cargo de director general de HEDM en Japón, así como el ser uno de los doce miembros del alto consejo de HEDM, les ordeno que se retiren, desmonten todo el grupo de avanzada y regresen a estado inactivo hasta que se les den nuevas indicaciones –dijo el hombre sin titubeos.

La mano del general se posó sobre el hombro de Charles haciéndolo girar con brusquedad.

-No tiene ningún derecho a ordenar eso, después de todo fueron tus muchachos quienes invadieron Norman City y se robaron un prototipo de una muy avanzada y peligrosa nave, agradece el no estar arrestado aun por considerarte un posible cómplice –dijo Hyuga en tono acusador y de amenaza. Charles sonrió de forma socarrona.

-¿Solo posible? –dijo con voz burlona, cosa que aumentó el enfado de Hyuga, pero antes de que este pudiera agregar algo más una tercera voz se hizo presente.

-Por favor, señores –dijo un hombre de avanzada edad con voz áspera, quien caminaba a paso lento, seguido por un hombre alto quien parecía ser su guardaespaldas.

-Señor Yokoshima –dijo Hyuga, disimulando lo mejor que podía la sorpresa por ver ahí al anciano dirigente de empresas Ipkkis-, le complacerá saber que estamos a punto de desplegar una gran avanzada para recuperar su propiedad y encargarnos de los traidores que irrumpieron en su empresa.

-No, no me complace en realidad –dijo el anciano como si aquello le resultara muy aburrido.

-Ah… ¿Cómo dice? –preguntó el general desconcertado. El anciano miró a Charles como ignorando al militar.

-Basta de rodeos, Charles, a lo que vinimos, muéstrasela –dijo y el hombre de traje metió la mano en el bolsillo interior de su saco, del cual sacó un sobre el cual entregó al general. El hombre le arrebató el sobre a Charles, sacó de este una hoja doblada que desplegó para revisar, reaccionando con desconcierto al ver el contenido.

-¿Qué significa esto? –preguntó el hombre mientras dirigía la mirada hasta el final de la hoja, el cual se encontraba marcado con un símbolo para el inconfundible: la insignia del alto consejo de HEDM.

-Significa que nos reuniremos, mañana temprano, ahí lo dice –dijo Charles palpando con un dedo la hoja en manos del general, mostrando justo una línea que detallaba eso que el hombre acababa de simplificar-, y claro, como sabes, por ese motivo no se pueden movilizar grandes grupos como este hasta concluida la reunión.

-Pero esto… esos Tamers están sueltos, quien sabe cuáles sean sus intenciones, además de que robaron…

-Sus preocupaciones general, aunque comprensibles, son innecesarias –lo interrumpió el anciano-, todo quedará más claro luego de nuestra reunión –agregó mientras se giraba para darle la espalda-. Ah, y si lo que le preocupa es lo referente al robo, como dueño de la propiedad hurtada, me niego a presentar cargos contra los implicados. Ahora, Banks –dijo llamando a su guardián-, creo que vi una máquina expendedora abajo, ¿tienes algo de cambio?

-Por supuesto señor –dijo el hombre mientras caminaba junto al anciano alejándose del lugar.

-¡Estupendo! Tengo deseos de una golosina…

El hombre siguió alejándose mientras que Hyuga parecía lleno de rabia. Charles igualmente comenzó a caminar para marcharse, mostrando en su andar la confianza y seguridad de siempre.

El general no dijo nada, aunque deseaba detener al hombre de traje, sabía que no podía justificar dicha acción de ninguna manera.

-¡Maldita sea! –Exclamó golpeando el barandal con la mano cerrada-, cancelen todo –dijo finalmente para luego comenzar a marchar lleno de rabia. ¿Qué estarían planeando Charles Resse y el anciano Yokoshima? Se preguntó el hombre con frustración.

"El ataque parte 4-Kimeramon"

Desierto Arkam en Sarvar, en el digimundo.

Julio 12 del 2085

La parte más profunda de aquel desierto, de noche era un frio paramo inerte donde grandes colinas de arena eran el único paisaje que se extendía por varios kilómetros, bajo la luz resplandeciente y plateada de la luna en el cielo salpicado de estrellas, y acompañado de suaves brisas que intermitentemente recorrían el extenso mar de arena sobre el que Garurumon trotaba a poca velocidad con Matt sobre su lomo. El joven llevaba puesto un traje táctico negro, sobre él traía una capa de color café oscuro. Su rostro estaba medio cubierto por una máscara de tela azul marino, y sobre sus ojos (y la otra mitad de su rostro) llevaba un par de gafas para proteger sus ojos de la arena, mismas de cuyos cristales surgía una ligera luz verde, señal del mecanismo de visión nocturna que poseían.

Garurumon poco a poco bajó la velocidad hasta quedar completamente quieto. Matt llevó una de sus manos de la rienda con que se sujetaba al lomo de su compañero, a la sien de su cabeza, donde reposaba la correa de las gafas, en la cual manipulo un par de pequeñas perillas que le permitían mejorar la imagen y el enfoque.

-Nada –dijo en voz baja mientras de un bolsillo de su capa sacaba un objeto de metal, largo y delgado que terminaba en una afilada punta mientras que en el otro extremo parpadeaba una pequeña luz roja. El muchacho lanzó la aguja al suelo, clavándola en la arena casi por completo-. ¿Percibes algo compañero?

-Nada aparte del olor de la arena, hace tiempo que ningún ser viviente se para por este lugar.

-Si, se nota -afirmó el chico pensativo-. Avanzaremos un poco más –dijo con convicción listo para continuar.

-Negativo Matt, regresen de inmediato –escuchó que le dijo Sora a través del comunicador.

-Solo serán unos kilómetros más –dijo el chico.

-Matt, Garurumon, regresen de inmediato –dijo esta vez Eva-, Davis podría llegar en cualquier momento y necesitamos que todos estén listos y en condiciones de combatir. Además, de cualquier manera ya esparcimos las espigas de detección en un radio de diez kilómetros a partir de las coordenadas que nos dio Armadillomon, cuando llegue lo tendremos.

El rubio parecía aún bastante inconforme con las órdenes que le estaban dando, más sin embargo decidió acceder, haciéndole una seña con la cabeza al lobo digimon.

-Vamos compañero –dijo en voz alta, haciendo que Garurumon diera media vuelta para comenzar a correr en la dirección contraria, justo hacia donde se alzaba una torre negra a mitad del desierto.


En la cabina del halcón Eva y Sora, con Biyomon dormida en su regazo permanecían en los controles de la nave, viendo en un par de grandes pantallas la imagen del desierto y un detallado mapa de la región. El desierto Arkam era un sitio que albergaba poca vida. La extensa área con prácticamente nada de agua y por lo mismo nada de vegetación no era el mejor lugar para establecerse, por lo que solo pocas comunidades se encontraban esparcidas dejando grandes extensiones del territorio completamente inhabitadas, tal era el caso del punto justo donde se encontraban, cosa que a varios de los muchachos y digimons (Henri, Izzy, Renamon, Leomon y Kotemon) no les parecía muy buena señal, pero de cualquier forma ya se había acordado esperar ahí la supuesta llegada de Davis.

-Debería llegar por esta dirección –dijo Eva, examinando los mapas topográficos de la región y los cálculos que la computadora había trazado del punto donde se encontraban al sitio donde había caído la fortaleza flotante, mientras tomaba una taza de café sobre el respaldo y daba un sorbo grande.

Por detrás de las dos chicas se acercó Juri, quien puso su mano sobre el hombro de Sora. La pelirroja se giró, mirando a Juri, dejándole ver a ella la hinchazón de su labio y nariz que aún no descendía por completo, además de su cara de fatiga.

-Ve a dormir, yo seguiré aquí –dijo la joven, a lo que Sora no se negó y de inmediato se puso de pie cargando a Biyomon para encaminarse hacia las barracas de la nave. Juri tomó asiento dirigiéndole una mirada a Eva, quien seguía mirando los monitores.

-¿Qué hay de Yolei? –dijo la joven sin siquiera mirar a su acompañante.

-Sigue durmiendo, ella y Hawkmon estuvieron ayudando a Cody y Kenta con los preparativos todo el día, se me ocurrió que lo mejor era que descansara un poco más.

-Tienes razón –reconoció la chica.

-Tú también deberías ir a dormir –dijo Juri, quien parecía algo incomoda.

-Estaré bien, estoy acostumbrada a cumplir turnos largos, créeme, esto no es nada.

Juri guardó silencio un momento, no muy segura de como continuar la charla.

-Hemos estado aquí por cinco días, y no te he visto dormir casi nada, insisto en que deberías…

-Y yo insisto en que estoy bien –dijo con un tono ligeramente brusco, volteando a ver por primera vez a Juri. La joven se sintió intimidada, pero ya había decidido que quería proseguir.

-Desde hace tiempo he querido preguntarte –dijo con voz baja, tanto que a Eva le fue difícil entenderla-, ¿Cómo estas…como estas por…con…? –la chica suspiró tratando de encontrar valor para hablar.

-¿Con qué? –preguntó Eva impaciente.

-Tu compañero –dijo al fin. Eva abrió la boca para intentar decir algo, pero las palabras no salieron de ella, se quedó callada, y Juri decidió aprovechar eso-. Fue Leomon…fue mi compañero quien…quien lo… -la joven no pudo seguir mirando a los ojos a la chica latina, cuya expresión seria seguía intimidándola-… y tú fuiste quien lo libero, y las cosas han estado algo complicadas desde entonces y yo solo…solo quería saber si tú…como es que tú… como te sien… -Juri se interrumpió al ver a Eva ponerse de pie, tomar su chaqueta del respaldo del asiento y caminar con su taza de café dándole la espalda.

-Estoy bien… iré abajo a hacer el inventario –dijo continuando su camino hasta la escotilla para bajar. Mientras que Juri suspiraba, pensando en el hecho de que ella misma acababa de hacer el inventario en la tarde de ese día.


El resto de los Tamers se habían repartido por el área, para cubrir así una buena parte del terreno y estar listos para la llegada del enemigo. Cinco días atrás cuando habían aterrizado en pleno desierto bajo el sol de la media tarde no habían conseguido ver más de lo que ahora en plena noche sus ojos alcanzaban a distinguir. Durante todo ese tiempo el desierto había permanecido apacible y tranquilo. La pregunta de ¿Qué era lo que el autonombrado Emperador pretendía hacer ahí, o si es que cuando menos llegaría a ese lugar?, había rondado por la cabeza de todos sin obtener una respuesta satisfactoria.

Mientras tanto los Tamers y sus compañeros no habían dejado de alistarse, sabiendo que si el muchacho se presentaba podía aparecer en cualquier momento.

Alrededor del punto justo de las coordenadas que Armadillomon les había proporcionado una vez que se encontraban ya en el desierto Arkam y que quedaba no muy lejos de la ubicación de una de las torres negras que daba la apariencia de una construcción abandonada en medio de la nada, los Tamers habían montado cuatro pequeños puestos de vigilancia conformados por tiendas cuyo color se confundía con el de la arena. Los chicos y sus digimons se habían repartido entre estos, con la fuerte convicción de no ser sorprendidos por su adversario.

Taichi, fuera de las tiendas de uno de los pequeños campamentos miraba el desierto en toda su extensión. Las dunas de arena formaban un paisaje completamente igual en todas las direcciones en que el chico miraba, diferenciándose apenas por pequeñísimos detalles, uno de ellos, el digimon que a toda velocidad se desplazaba para finalmente llegar a otro par de tiendas. Unos ligeros pasos detrás de él le advirtieron de la presencia de alguien más, y al darse l vuelta pudo ver a Agumon, quien recién había salido de la tienda de cuyo interior brotaba luz y se podía percibir el movimiento de otros ocupantes. El castaño sonrió al digimon que le devolvió la sonrisa mientras seguía caminando. Tai notó que su brazo seguía vendado, cosa que le hizo cambiar su expresión a una afligida.

-No está tan mal, casi no duele -dijo el digimon al notar la preocupación de su compañero, cosa que había logrado sin tener que escuchar nada de su parte, o tener que ver ni la más mínima expresión en su rostro, a ese grado llegaba su conexión, pensó el chico castaño.

Antes de que entre ellos pudiera iniciar una plática, de la tienda con iluminación salió un chico pelirrojo, de estatura más baja que la del chico castaño, quien sostenía un digivice de tamaño estorboso y que lo levantó mostrándolo con un gesto lleno de orgullo y autosatisfacción.

-Esta listo, funcionará a la perfección -dijo al momento de dejar el digivice sobre la mano de Tai.

El chico lo miró por unos segundos, al igual que Agumon, aunque sus expresiones eran bastante distintas. En el rostro de Agumon se había dibujado una sonrisa ansiosa manifestando su deseo de entrar en acción, mientras que la mirada de Tai reflejaba más bien miedo y duda.

-¿Por qué no lo prueban? -preguntó Tentomon.

Tai miró al digimon con cierto recelo y luego volteó a ver a su compañero.

-Tal vez no sea el momento más oportuno -apunto a decir el muchacho.

-La verdad creo que lo sería -dijo Izzy sin titubeos-, si hay alguna falla tendremos tiempo de repararla, lo más prudente sería probarlo -dijo alentando al chico.

Antes de decir algo más Agumon se apartó unos cuantos metros del campamento, adaptando una posición de guardia.

-Estoy listo -aseguro el digimon. Tai miró el digivice aún pareciendo algo indeciso.

-Bueno, siendo así… -dijo mientras trataba de concentrarse para que Agumon pudiera digievolucionar, pero sintiendo que estaba a punto de lograrlo una sensación fría le recorrió la espalda y se contuvo ahogando el grito de "digievoluciona" en su garganta.

Agumon, Izzy y Tentomon lo miraron desconcertados.

-Tal vez mañana, creo que aún deberías descansar un poco más -sentencio el chico.

Tentomon y Agumon parecían sorprendidos por la respuesta del castaño, pero Izzy eliminó la posibilidad de que dijeran algo al adelantarse para decir:

-Si, tienes razón, hay que tomarlo con calma -dijo el pelirrojo para regresar al interior de la tienda. Tentomon lo siguió, dejando fuera solos a Agumon y Taichi.

-¿Qué sucede? -preguntó el digimon algo contrariado.

-Nada, solo quiero que descanses.

-Llevo cinco días descansando, estoy bien para luchar, ¿Por qué no quieres que digievolucione? -la pregunta de Agumon no obtuvo respuesta por unos segundos, en los cuales Tai solo se giró dándole la espalda para volver a mirar el desierto bajo el velo de la noche.

-Solo descansa Agumon, mañana lo intentaremos, lo prometo -dijo con ese tono de voz que Agumon sabía que era el definitivo para cerrar una discusión incómoda, por lo que sabiendo que no lograría nada más se giró para entrar en la tienda do de antes habían ingresado Tentomon e Izzy.

Tai por su parte seguía mirando el desierto, aunque su mente estaba ocupada por todo menos el desierto. El chico trataba de poner en orden sus pensamientos, pero no lo estaba logrando. Aquella desconocida sensación de miedo lo acosaba desde el momento en que había recuperado q su compañero, y no lograba explicarse el por qué, después de todo, siempre había pensado que una vez que estuviera nuevamente con el todopoderoso marcharía con mayor tranquilidad, y nada más alejado de la realidad estaba viviendo.

La brisa fría del desierto volvió a soplar, y el la sintió en la piel de su rostro y de sus manos, en una de las cuales después sintió una calidez reconfortante que lo hizo girarse, y al hacerlo comprobó que era Mimi quien sostenía su mano.

-Deberías irte a dormir -sentenció el castaño, con voz sería pero sin rehuir del contacto con la piel de la mano que sostenía la suya.

-Tú igual y aquí sigues -dijo ella a modo de contraataque. El muchacho se dio la vuelta completamente para quedar de frente a la chica. Su cabello castaño ondulado caía sobre su pecho, y su rostro era perfectamente claro gracias a la luz nocturna de la luna.

-No puedo dormir.

-¿Preocupado? -preguntó la chica sin rodeos, intuyendo que aquello era lo que ponía en el rostro del chico una expresión de aflicción.

Tai no respondió, solo desvío su mirada volviendo a ver las dunas de arena del desierto.

-Escuche lo que le dijiste a Agumon, ¿Era verdad?

-¿Verdad? -repitió Tai la palabra como si no comprendiera su significado.

-Que solo quieres que descanse -dijo buscando la mirada del chico, parándose frente a él. Tai desvío sus ojos del inmenso desierto a la mirada de Mimi dispuesto a repetir lo que le había dicho a su compañero apenas un momento atrás, pero al ver la claridad del iris de la castaña y percibir en el la puerta de su nombredueña titubeó hasta que volvió a desviar sus ojos.

-¿Qué más podría ser? -preguntó el chico tratando de huir del asunto.

-No lo sé, pero sé que hay algo más -afirmó la chica con tono definitivo, dando un paso hacia atrás, alejándose del castaño que la miró confundido por su acción.

Ella, sin decir nada más se comenzó a alejar con pasos lentos sobre la arena suave, dejando que el viento meciera su cabello ondulado.

-Fue por mí -dijo sincerándose. Su voz fue un susurro que el viento arrastró hasta Mimi, quien se giró para ver al muchacho. Sus ojos manifestaban su incertidumbre, razón por la cual Tai siguió hablando-. Fue mi culpa que secuestrar a Agumon, que lo volviera su marioneta y lo usará para combatir la, que lo tuviera prisionero y prácticamente lo tortura.

-Tai, ¿Cómo puedes pensar que tú…?

-Yo lo enfrenté, la primera vez en la aldea pingüino y luego en el Valle de Iroh peleé con él, lo rete directamente, lo confronte y eso fue lo que lo motivo s utilizar a Agumon, el se asegura de golpear de la forma más personal que encuentra, y por eso… por eso Davis jugaba a ser el líder, una especie de sucesor mío, y por eso se interesó en Agumon -se explicó el chico seguro de palabras, sintiendo que por todas esas razones él era el único culpable de los daños que Agumon había tenido que resistir, y sintiéndose también culpable por el deseo fuerte que el Digimon aún manifestaba para seguir peleando por defenderlo, aunque al mismo tiempo resistiéndose a agregar unas cuanta cosas más, haciendo alusión a todo el asunto de los seres oscuros que estaban detrás de los descendientes de Tyson Amakawa: o sea él y Hikari.

Mimi no dijo nada por un momento. Guardó silencio solo mirando al contrariado chico frente a ella. Después de un corto silencio ella solo se aproximó al chico para rodearme el cuello con sus brazos y atraerlo hacia su cuerpo, estrechando lo con cariño.

-Tai eso no es verdad, para bien o para mal sabes que Davis eligió a Agumon por qué es el Digimon más poderoso que se conoce actualmente, al menos eso es lo que todos piensan, y como es lógico, lo quiso entre sus filas -dijo tratando de animar al muchacho que sin cambiar su expresión de culpa y pesar volvió a girar para ver de frente el desierto y no a la chica.

Mimi suspiró sintiendo que nada más podía a hacer.

-Si no te convences tú no puedo hacerlo yo -dijo con voz serena-. No te desvelos mucho -pidió antes de volverse y caminar hacia la tienda que compartían ella y Palmon con Rika y Renamon.

Tai se pasó una mano por el pelo, levantando la vista hacia el cielo y dejando salir un profundo y largo suspiro.


Matt bajó del lomo de Garurumon dando un salto y sintiendo que sus pies se hundían un poco en la arena. El gran lobo digimon se sacudió un poco antes de que su cuerpo se iluminara de forma cegadora y volviera a su forma como Gabumon.

T.K. salió de una de las tiendas de acampar y luego se acercó a su hermano mientras que este se retiraba las gafas y la máscara con que se había protegido el rostro para salir a recorrer el desierto, y arrojó esto al interior de la tienda de acampar de la cual habían salido T.K. y Patamon, al tiempo que extraía una mochila para tomar de esta una botella con agua. Takato, Joe, Gomamon y Guilmon se encontraban a unos cuantos pasos de ellos, alrededor de una fogata medio apagada en ese momento. Ambos chicos, y también el hermano menor del rubio, notaron de inmediato la expresión algo impaciente que había impresa en el rostro del Ishida. Matt tomó asiento junto a Guilmon y Gabumon lo siguió, tomando luego la botella de agua de las manos de Matt.

Mientras las llamas consumían los últimos trozos de madera e la fogata Joe se encontraba meditando sobre la situación frente a la que se encontraban.

-¿Cuánto tiempo más podremos esperar? –preguntó el chico de cabellera azul.

-Tenemos suficientes recursos para sobrevivir por otros tres días, quizá un poco más –dijo Takato intuyendo a lo que Joe se refería.

El muchacho asintió de manera apesadumbrada encogiéndose en el lugar donde estaba sentado.

-¿Creen que lo sepa? –preguntó T.K. después de un prolongado silencio. Los chicos y los digimons lo miraron con curiosidad-, que lo esperamos, ¿creen que lo sepa? ¿Qué lo intuya?

-No lo creo –dijo Joe con bastante confianza-, por lo que Veemon le dijo a Armadillomon, este debe ser el lugar a donde Davis vendrá solo en caso de emergencia, y solo si se siente amenazado, y en ese caso, debe ser un lugar donde se sienta enteramente seguro.

-Pero igual debe saber que vamos por el –dijo Takato-, y no cuesta pensar que se preparará para eso. No será una pelea sencilla –aseguró el muchacho mientras Guilmon apoyaba la cabeza sobre su regazo.

-No, no lo será –coincidió Matt poniéndose de pie-, por eso hay que estar preparados –dijo mientras se marchaba a su tienda seguido por Gabumon.

T.K. miró a su hermano sintiéndose algo preocupado. Matt parecía cada día más impaciente por volver a pelear contra Davis, y el joven sentía que aquel interés cada vez mayor no podía resultar en nada bueno.

-Pues tiene razón –dijo Joe poniéndose de pie el también-, hay que estar preparados. Gomamon, sigamos entrenando –pidió el chico mientras se colocaba la chaqueta sobre la cual había estado sentado y subía la cremallera de esta.

-¿Y a ti que bicho te pico? No es común de ti ser tan enérgico –señaló Gomamon.

-No me pasa nada, solo quiero poner de mi parte –dijo Joe mientras ambos comenzaban a caminar apartándose un poco de sus compañeros.

-¿Seguro que no tiene que ver con Rika?

-¡Gomamon! –exclamó el chico sonrojándose al escuchar el nombre de la Tamer.

T.K. se relajó un poco al escuchar aquella discusión, e incluso una sonrisa se dibujó en su rostro, aunque rápidamente su semblante volvió a ser el de antes.

-Es bueno poder reír aun –escuchó que le dijo Takato, y al voltearlo a ver notó que en su rostro también se percibía la preocupación.

-Creo que no es el mejor momento para reír.

-Yo pienso lo contrario –le aseguró el muchacho-, es justo ahora cuando más necesitamos reír –T.K. se sintió intrigado por las palabras de Takato.

-¿Por qué lo dices? –le preguntó mientras sentía como Patamon se removía entre sus brazos, como si estuviera prestando más atención a lo que el chico decía.

-Porque si podemos seguir riendo significa que aún tenemos presente que hacemos esto por algo, que luchamos por algo, ¿te imaginas si lo único que nos motivara a seguir luchando fuera el mero y vacío placer de pelear? Si peleamos debe ser para proteger algo que queremos, y si hay algo que en verdad queremos, es obvio que sonreiremos al pensar en ello, ¿no crees? –dijo finalizando su pequeña explicación con una sonrisa cálida y casi infantil como era su costumbre. T.K. sonrió también acariciando la cabeza de Patamon.

-Tienes razón –dijo el muchacho viendo como las ultimas llamas de la fogata se extinguían.


Los ronquidos de Kenta y Hirokazu eran sumamente fáciles de percibir en medio de aquel silencioso desierto, por lo que a Ryo no le costó nada saber el momento preciso en que ambos se habían quedado dormidos, a pesar de que se encontraban en la otra tienda de acampar. El muchacho castaño suspiró negando con la cabeza mientras vaciaba el contenido de una pequeña cafetera eléctrica conectada a una batería en un termo que luego cerro y se levantó del suelo de la amplia tienda y salió de esta. Afuera Gatomon y Monodramon parecían montar guardia sentados sobre la arena, ambos digimons lo miraron fijamente.

-No se les ocurra alejarse –dijo Gatomon con tono serio.

-Eres muy sobreprotectora… -la expresión de Gatomon se tornó ligeramente agresiva haciendo al chico sentirse bastante nervioso-. No nos alejaremos –dijo finalmente mientras Monodramon trataba de aguantarse la risa.

El chico caminó hasta la parte de atrás de la tienda que él ocupaba, encontrándose ahí a una chica sentada sobre una manta que cubría la arena amoldada para hacerle de respaldo y cubierta por una manta. Hikari miró a Ryo, le sonrió y apartando un poco la manta le señaló que se acercara. El castaño se acomodó junto a la chica, quien se recargó en su hombro mientras tomaba el termo que el joven acababa de llenar.

-Gracias –dijo la chica mientras destapaba el termo y le daba un sorbo. Ryo miró la luna frente a ellos; lo único que salvaba al desierto de quedar completamente sumido en una profunda oscuridad, y sintió luego que debajo de la manta una mano pequeña y fría sujetaba la suya, lo que de alguna extraña manera lo hizo sentirse el desierto ennegrecido casi por completo.

-¿Crees que aparezca? –se sorprendió preguntando después de un rato.

-¿Cómo dices? –dijo Hikari pareciendo confundida-. No tengo dudas al respecto –respondió una vez que comprendió la pregunta de su acompañante.

-Te vez muy tranquila ante la inminente amenaza de una batalla, ¿Qué pasó con la chiquilla pacifista? –dijo en afán de broma el muchacho.

-Está frente a ti –aseguró ella, y Ryo pudo sentir la tensión en su voz mientras ella se apartaba incorporándose para mirarlo de frente-, pero esto no se trata de una pelea, se trata de salvar a un amigo, a mi amigo Davis, ¿recuerdas?

-Lo sé, lo sé –dijo el muchacho-. Estamos aquí para salvarlo a él –dijo el muchacho más para sí mismo, recordándose lo importante de toda esa misión. Sin embargo de todos modos Hikari parecía algo tensa.

-Solo piensas en esto como otra misión, ¿no es así? Otro objetivo, otra pelea –dijo con algo de enfado en su voz.

-Sabes que en parte es eso.

-Pero también se trata de ayudar a alguien, a una persona metida en un problema, a un compañero en apuros, ¿no entiendes eso?

-Oye perdona, no es sencillo sentir preocupación por la persona que me disparó hace poco, ¿lo recuerdas? –Hikari enmudeció al recordar ese detalle.

-Lo sé, lo siento.

-No tienes por qué disculparte, es difícil pero igual trato de entender tu situación –Ryo hablaba de forma sincera-, es tu amigo, sé que estas preocupada por él, y descuida, sé que vamos a salvarlo, cuando menos haremos todo lo posible por hacerlo.

Hikari se relajó, volviendo a recargarse en el hombro del castaño

-¿Sabes? –Dijo ella con voz apacible-, si ignoras el peligro de muerte por la inminente batalla que podría y va a estallar en cualquier momento, estar varada en pleno desierto de noche contigo, resulta hasta un poquito romántico –Ryo dejó salir una risa abrazándose más al cuerpo de Hikari.

-Sí, creo que tienes razón.

Desierto Arkam en Sarvar, en el digimundo.

Julio 13 del 2085

Davis se encontraba solo en una gran cámara, alumbrada por una lámpara en el techo que se mecía ligeramente, dando la impresión de que fuera lo que fuera donde el muchacho se encontrara, eso estaba en movimiento. El joven se encontraba de pie frente a una mesa mirando un gran mapa del continente Sarvar en su totalidad. El despliegue de sus torres había logrado abarcar buena parte del territorio en cuestión, pero la disposición de las áreas bajo su dominio y las áreas de dominio de los Tamers y por tanto, de la raza humana, hacían parecer su avanzada como algo amenazado por el gran dominio de los Tamers.

Davis sabía que todo aquel avance se había logrado gracias a la primer conquista que se realizó en la parte este del continente, y que al igual que las grandes ciudades, la parte que más presentaría resistencia seria la base militar que se encontraba en ese extremo del continente, aunque en ese preciso momento, su mente se encontraba más bien concentrada en una duda que involucraba justamente a los militares Tamer.

-¿Por qué no han atacado? –se preguntó en voz alta.

-No importa, así es mejor, avanzare sin impedimentos.

Escuchó decir a una voz en su cabeza, y sacudió la cabeza, aparentemente incómodo. El muchacho se alejó de la mesa, respirando de manera agitada y luego cayendo de rodillas al suelo. Se apoyó sobre ambas manos y sintió como el sudor le recorría la cara dejando caer pequeñas gotas al piso.

-No es momento para ser débil, levántate, tienes trabajo que hacer –volvió a decir la voz en la cabeza del muchacho.

-No recibo ordenes de nadie, yo haré lo que quiera –respondió el chico, esforzándose por no desplomarse contra el suelo.

-Sí, es tu plan, complétalo.

-¡Ya cállate! –exclamó el muchacho levantándose de forma violenta. Con la respiración entrecortada miro a su alrededor como buscando a alguien, pero la cámara seguía vacía, segundos después un ruido metálico se escuchó y por la única entrada de la cámara se asomó Veemon.

-¿Davis? –lo llamó con algo de temor. El chico se dio la vuelta, aun con la respiración alterada, pero haciendo un esfuerzo por normalizarla y secándose el sudor del rostro.

-¿Qué pasa? –preguntó moderando su voz.

-Estamos llegando –avisó el digimon. Davis asintió y ambos salieron de la cámara topándose con unas escaleras que subieron juntos, llegando al exterior donde recibieron los rayos del sol que caían sobre toda la cubierta de un viejo barco rompehielos, el cual reposaba sobre una estructura metálica que le agregaba resistencia y le adhería tres pares de enormes neumáticos que ayudaban a poder desplazar el armatoste que era jalado por un grupo grande de Monochromons encadenados a la parte delantera del inusual vehículo, mientras que en medio del barco, como si de un grueso mástil se tratara, se alzaba una torre negra.

Sobre el barco cuatro Devidramons permanecían expectantes a los alrededores del desierto, y debajo de él, seis Golemon a cada costado y otros tres atrás fungían como una especie de guardia.

En el barco varios digimons se repartían en cubierta como conformando la tripulación de un barco. Davis avanzó entre ellos, quienes lo miraban con interés dejando sus labores un poco de lado. Vegiemons, Ninjamons y Bakemons siguieron con la mirada a Davis hasta que este llegó a la proa, donde se recargó preparándose para el momento en que llegaran a su destino.

Las pisadas de los Monochromons se dibujaban sobre la blanda arena, una de las cuales cayó cerca de una de las espigas que Matt había dejado la noche anterior activándola, y activando también las que la rodeaban.


Eva dormía aparentemente algo incomoda en el asiento de la nave mientras Juri y Leomon se paseaban por el puente revisando las varias lecturas de la nave. La joven se limpió el sudor del rostro, para después abanicarse un poco con la mano; el calor comenzaba a ser algo asfixiante.

-Deberíamos bajar la temperatura del aire acondicionado –sugirió el compañero de la chica.

-No, tranquilo, todas acordamos que estaba bien esta temperatura, así no se gastará energía de más.

Leomon hizo un gesto de inconformidad que recibió como respuesta una sonrisa sincera de Juri.

Una alarma se activó de pronto interrumpiendo la conversación de Juri y Leomon y despertando a Eva quien dio un fuerte respingo incorporándose en la silla para de inmediato revisar los monitores de la nave.

-Ya era hora –dijo espabilando al instante y ajustando el comunicador que llevaba en el oído y abriendo todos los canales de comunicación-. Chicos, el Emperador acaba de arribar.


Rika por poco escupe la comida en su boca mientras se levantaba de golpe acercándose a la radio que tenían en medio de la tienda donde los cuatro tamers y cuatro digimons se encontraban reunidos.

-¿Dónde? –interrogó la pelirroja al ajustarse el comunicador al oído y apresurándose a cerrar la cremallera de su chaqueta.

Taichi, volteó a ver a Agumon y luego a Mimi y Palmon que estaban dirigiéndose una mirada cómplice entre ellas mientras que Izzy salió apresuradamente.


-Noroeste, justo de frente al campamento uno y dos como esperábamos –escuchó Takato que decía Eva mientras que avanzaba casi a gatas hasta el extremo del montículo donde se encontraban para mirar desde ahí con un par de binoculares.

Detrás de él Matt se colocaba el casco, al mismo tiempo que Joe tomaba su digivice mirando a Gomamon algo nervioso.

-Entonces tenemos la ventaja –dijo T.K.

-Oh, carajo, tienen que ver esto –dijo Takato luego de ver por medio de los binoculares mientras que con estos comenzaba a enviar la imagen al resto de sus compañeros.


-Mira nada más, que cosa –dijo Ryo, mirando en una Tablet la imagen del armatoste sobre el que Davis se desplazaba, acompañado del grupo de poderosos digimons que le hacían de escolta. Hikari se acercó al muchacho para ver la imagen.

-¿Es una torre? –dijo mientras se ajustaba el visor protector sobre los ojos, y señalaba después el objeto en el barco y enfocanba la imagen mostrada por la Tablet en esta.

-Eso parece –respondió Eva-, según los sensores no está activa, debe estar confiado en que la torre en esta área funcionara, pero igual la trae como una especie de respaldo.


-Nada con lo que no contáramos ya –dijo Henri con convicción mientras que Suzie, Cody, Kouta y Ken junto a sus compañeros se preparaban para dar comienzo a la contienda.

-Excepto claro porque se está desplazando sobre un barco en pleno desierto –dijo Sora con cierto humor que se distinguía en su voz-, ¿creen que el maldito planeara eso por la mera ironía o solo será una coincidencia?

-Da igual –dijo Henri con tono serio-. Recuerden, hay que apegarse al plan.


-Exacto –intervino Tai quien también se encontraba pecho tierra sobre la caliente arena vigilando con un par de binoculares-. Parece que aún no se percata de nada, Rika, Matt, a sus posiciones, el resto prepárense para entrar en acción.

-Entendido –escuchó que le respondían varias voces a coro.

Agumon se situó junto a Tai, en cuclillas viendo en la dirección en la que el gran armatoste, el cual ya se hacía visible a simple vista se aproximaba. Taichi dejó de mirar por los binoculares para dar un vistazo a atrás.

Mimi permanecía con una rodilla apoyada en el suelo ajustándose las botas, con las manos cubiertas por guantes de cuero, vestida con una gabardina que se confundía con el color de la arena, el cabello amarrado en una coleta, un pañuelo en el cuello y un visor protector sobre la frente. La chica alzó la mirada encontrándose con los ojos de Tai (quien llevaba una vestimenta similar a la de la chica), y sonrió esperando que ese gesto alentara al chico.

El castaño le devolvió la sonrisa mientras se ponía de pie y volvía a enfocar la imagen con los binoculares.


Davis seguía en la proa del barco mirando casi sin prestar atención hacía el punto donde se encontraba la torre, hasta que se percató de algo que se movía en un montículo de arena a la distancia.

Hizo una seña con la mano y uno de los Vegiemons se acercó a él entregándole unos binoculares. El muchacho miró a través de estos encontrándose con la imagen de alguien vestido con una gabardina que parecía estarlo observando.

-Si no me equivoco es Tai –dijo con voz serena mientras bajaba los binoculares y una sonrisa maliciosa se dibujaba en su rostro-. No sé cómo llegaron hasta aquí, aunque siendo sincero, creo que si no lo hubieran hecho me sentiría un tanto decepcionado –dijo para sí mismo- ¡Atentos! Tal parece que tendremos algo de resistencia –dijo con voz enérgica.


Joe, quien vigilaba el avance de Davis se percató de que el vehículo en el que se movía comenzaba a acelerar. El muchacho se incorporó arrodillándose sobre la arena.

-Parece que ya se dio cuenta –dijo mientras dejaba de ver a través de los binoculares, pues la imagen del grupo de digimons ya era completamente visible.


-Correcto –dijo Tai mientras dejaba también los binoculares-. Fase uno, a mi señal- dijo levantando una mano.

El armatoste siguió avanzando dejando tras de sí una estela de arena sobre el viento que advertía que pronto llegaría el momento del combate. Taichi apretó el digivice en su mano sintiendo una desagradable sensación en su estómago, sabía que era miedo, y saberlo no le agradaba para nada.

Vio que Agumon estaba junto a él, y al voltear a verlo y recibir de él una mirada supo que su compañero estaba al tanto de su sentir, cosa que tampoco ayudaba en nada, pues solo lo hacía sentir que estaba fallándole., sin embargo el digimon lanzó una ligera palmada hacia la mano de su compañero, sonriendo después para animarlo. El muchacho volví loa vista al frente, aun presa del miedo y la preocupación, pero de cualquier forma, ya era tarde para detenerse por eso.

-Eva –dijo a través del comunicador-, apaga las luces.


Davis sentía el viento seco del desierto en el rostro mientras seguían avanzando, cuando de pronto un destello titiló justo en el punto de la torre.

-¿Qué demonios…? –se preguntó desconcertado mientras que el armatoste comenzaba a reducir su velocidad, casi deteniéndose por completo.

El muchacho miró al frente al grupo de Monochromons, quienes lucían desconcertados y en ese instante lo comprendió.

-¡Bastardos! –exclamó mientras se apresuraba a tomar un pequeño aparato de uno de los bolsillos de su pantalón.


-La torre está desactivada –avisó la voz de Eva.

-Bien, ¡Digievoluciona! –exclamó Ken, al igual que Kouta y Suzie.

A aquellos tres destellos se les unieron varios otros en los cuatro puntos en que se habían dispersado los Tamers.


-¡Digievoluciona! –gritó Mimi y Palmon se llenó de luz al tiempo que se convertía en Toguemon.

Agumon miró a Tai quien parecía inseguro. El digimon se apresuró a sacudir a su compañero tratando de hacerlo reaccionar.

-¡Tai! –exclamó el digimon haciendo que Tai volviera a la realidad. El muchacho miró a su compañero y levantó el digivice sintiendo que no había hecho eso en un tiempo muy largo, más del que en realidad había transcurrido, y gritó aquella palabra tan común para él, pero que al mismo tiempo tenían un sabor tan olvidado.

-¡Digievoluciona!

El cuerpo de Agumon se iluminó al igual que el de Palmon segundos atrás y en la arena se alzó el imponente Greymon, quien lanzó un sonoro rugido que llegó a los oídos de todos los Tamers y digimon s llenándolos, en esta ocasión, de satisfacción y no de miedo.

Tai jadeaba algo agitado mirando la imagen de su compañero de piel naranja y franjas azules esparcidas por su cuerpo, lo que provocó en él una sonrisa de satisfacción.

Nuevamente un destello se produjo, esta vez proveniente del barco, lo que indicaba que Davis acababa de activar la torre de control sobre este, y pronto notaron que los digimons volvían a avanzar.

-Matt, Rika –dijo Tai nuevamente por el comunicador-, a mi señal…


Davis no pudo evitar suspirar con alivio mientras veía como todos los digimons sobre la cubierta del barco (quienes se habían dispuesto a ir sobre él) volvían a mostrarse dóciles a sus órdenes y presencia, y los Monochromons y Golemons volvían a marchar. Uno de los Devidramons sobrevolaba, había estado a punto de marcharse cuando volvió a estar bajo el control del muchacho.

-Muy listos, eso estuvo cerca –dijo el muchacho mientras se volvía a girar y se recargaba en el barandal que bordaba la cubierta-. ¡Rápido! –Exclamó y los Monochromons volvieron a acelerar.

Unos metros más adelante la arena se levantó formando dos nubes de polvo que se extendieron hacia los digimons que arrastraban el armatoste, como si se acabaran de producir dos explosiones al frente. Davis enfiló la mirada analizando aquel peculiar acontecimiento alcanzando a distinguir dos cuerpos que se movían entre la nube de polvo y que comenzaron embestir a los digimons.

Garurumon y Kyubimon embistieron a los Monocromons al frente de la formación derribándolos. El lobo digimon saltó pasando por encima de los digimons con dirección al barco, hasta que una lluvia de rocas que se dirigían hacia él lo obligó a disparar un aullido explosivo para evitar ser golpeado. Matt, sobre el lomo del digimon, vio como los Golemons comenzaban a atacar, mientras que Garurumon aterrizaba en la arena muy cerca de uno de los gigantescos neumáticos que casi pasa por encima de ellos.

Kyubimon se abrió paso por entre los otros Monocromons haciendo gala de una asombrosa agilidad y velocidad, lanzando zarpazos a las patas de los Monocromons derribando a estos, provocando una carambola contra la cual la estructura metálica chocó provocando que se detuviera.

Davis sintió una sacudida que por poco lo derribaba.

-Infelices –se quejó el muchacho-. ¡Vayan por ellos! –ordenó a los digimons sobre el barco, varios de los cuales exclamaron un enérgico "¡Sí!" Antes de lanzarse al ataque.

Garurumon dio un saltó sobre la arena, escalando uno de los grandes neumáticos para llegar hasta la cubierta del barco. El lobo digimon alcanzó con las patas delanteras el barandal de la cubierta apoyándose en este para impulsarse. Al levantarse por sobre el barandal Garurumon recibió varios golpes de los Vegiemons que lo enviaron hacia atrás, el digimon maniobró en el aire, controlando la caída sobre la arena, aterrizando a pocos metros de uno de los Golemons que de inmediato se lanzó al ataque sobre el lobo digimon que esquivó los ataques alejándose del armatoste bajo una lluvia de rocas.

-Matt, ¿estás bien? –preguntó el digimon al chico que llevaba sobre el lomo.

-Sí, no te preocupes, rodea y volvamos –indicó el Ishida, a lo que Garurumon siguió galopando cambiando la trayectoria de su trote para volver al ataque.

Kyubimon comenzó a atacar a los Golemons del otro lado del vehículo de la misma manera en que había confrontado a los Monochromons, esquivando los grandes puños de roca de los digimons que impactaban sobre la arena cerca del digimon y la chica, quien sobre el lomo del digimon se aferraba con una mano a la correa de la montura y en la otra sostenía un arma larga y de gran tamaño con la que disparaba proyectiles que se adherían a la piel de los digimons. Kyubimon pasó por entre las piernas de uno de los Golemons que golpeó el suelo con ambas palmas sin lograr aplastar a la pareja. Rika disparó el último proyectil del cargador, atrayendo después el arma hacía ella para manipular una perilla dispuesta en un costado del arma que al ser girada activo las descargas eléctricas de los proyectiles en los cuerpos de los Golemons, inmovilizándolos.

-Bien Kyubimon, hora de subir –declaró la chica, pero antes de poder hacerlo un grupo de digimons con extravagantes vestimentas similares a la de un pirata, con un cañón como brazo izquierdo y un gran garfio en el derecho comenzaron a saltar desde cubierta disparando con sus cañones.

-Hookmons –espetó Rika.

Kyubimon esquivó los disparos retrocediendo al tiempo que frente a ellas se formaba una línea de Hookmons que avanzaban dando a coro un grito de guerra.

Las colas de Kyubimon se encendieron y de estas salieron disparadas varias bolas de fuego que golpearon contra los enemigos, frenando ligeramente el avance de estos, sin embargo, detrás de aquella línea de digimons, otros más se reunían detrás de ellos al tiempo que algunos de los Golemons se liberaban de los proyectiles chocando entre ellos para averiarlos.

-Maldición –se lamentó Rika recargando el arma con un nuevo cartucho.

-¡Arriba! ¡Sigamos! –exclamó Davis gritándole a los Monochromons que se levantaron con gran dificultad para volver a jalar el armatoste.

Los Golemons que finalizaban la escolta comenzaron a empujar también la estructura metálica para poder avanzar a mayor velocidad.

Garurumon volvió a enfilarse hacia el barco, encarando a dos de los Golemons que se habían rezagado con la intención de confrontar al lobo digimon.


A la distancia el resto de los Tamers miraba la contienda.

-Avanza de nuevo –aviso Joe que estaba sobre el lomo de Ikkakumon por medio del comunicador, mientras que junto a él, Growlmon con Takato y Angemon junto a T.K. permanecían expectantes.

-Hay que ir con ellos –dijo Takato que parecía preocupado.

-No, tenemos un plan, apeguémonos a él –ordenó la voz de Henri.

-Es cierto, -sonó la voz de Tai en apoyó a la de su compañero. Preparados para la segunda fase.

-De cualquier modo necesitan ayuda –habló esta vez Eva-, T.K., Izzy, Hirokazu y Henri, ya saben qué hacer.

-Bien, llegó la hora –dijo T.K. mientras, ayudado por Angemon, trepaba a la espalda de este y como podía se acomodaba entre las alas del ángel digimon mientras acomodaba las gafas protectoras sobre sus ojos-, ¡A la carga! –exclamó al tiempo que Angemon se elevaba dando un gran salto y emprendiendo el vuelo.

Joe lo vio elevarse y pudo notar también a Kabuterimon despegando desde el otro extremo de la formación.

-Contamos con ustedes chicos –dijo el joven peli azul.


Garurumon saltó sobre uno de los Golemon golpeándolo con las patas delanteras derribándolo y pasando por encima de él, pero de inmediato el segundo frenó su carrera sosteniéndolo en cuanto intentó volver a saltar y embestir, provocando que ambos comenzaran a forcejear.

-Manténganlo en fila –dijo la voz de Tai por medio del comunicador.

-Eso intentamos pero no es tan sencillo –dijo Matt mientras desenfundaba un arma que comenzó a vaciar en el rostro enfurecido del Golemon.

Las balas impactaban desprendiendo parte de la roca que constituía el cuerpo del digimon, quien sin embargo parecía inmune al dolor y no retrocedía ni un ápice. Matt vació un cargador entero antes de sentir que detrás de ellos el otro Golemon volvía a incorporarse preparándose para aplastarlos en conjunto con su compañero. El Golemon detrás de Garurumon y Matt rugió mientras se disponía a golpearlos cuando un destello de luz blanca lo golpeó desde el cielo haciéndolo retroceder.

Matt volteó hacia arriba alcanzando a ver fugazmente a Angemon mientras que este descendía para golpear con su bastón al Golemon, descargando su fuerza sobre la cabeza del oponente que cayó noqueado al instante.

-No están solos hermano –dijo T.K. asomándose por detrás de su compañero mientras Matt respiraba aliviado y sonreía antes de que Garurumon volviera a correr para alcanzar al barco y Angemon volviera a elevarse.

Kyubimon mientras tanto sostenía combate con varios enemigos que la tenían rodeada. A los Hookmons se habían unido un grupo de Bakemons y otro de Vegiemons, quienes lanzaban constantes ataques haciendo que Kyubimon tuviera que moverse en zigzag sobre la arena para para evitar los impactos mientras que también intentaba centrar los ataques de bolas de fuego que disparaba en respuesta.

La gran sombra de Kabuterimon se movió con rapidez sobre la arena, pasando fugazmente sobre el barco alertando a Davis de la presencia del digimon volador, quien en ese preciso instante notó también que Angemon volaba cerca de él.

-Así que ya se decidieron a atacar, muy bien –dijo Davis mientras buscaba con la mirada a sus Devidramons-, ustedes, ¡Vaya por ellos! –Ordenó y los dos digimons despegaron al instante-, y ustedes –dijo señalando a un par de Vegiemons que seguían en cubierta-, preparen la pequeña sorpresa –Veemon se sobresaltó al escuchar aquellas palabras de su Tamer.

-Davis… eso…

-Es la opción menos aconsejable, pero si llega a ser necesaria, la usaremos –dijo el muchacho sin prestarle mayor interés al tema.

Kabuterimon se posiciono sobre el lugar donde Kyubimon se encontraba rodeada de enemigos y se preparó para disparar uno de sus ataques, en el momento justo en que un Devidramon lo atacó por la espalda embistiéndolo en el aire y haciendo que el disparó saliera en otra dirección, estallando contra la arena y levantando una gran nube de polvo.

El digimon insecto se giró de inmediato para encarar al oponente que sin perder tiempo se lanzó sobre Kabuterimon lanzando zarpazos, obligando al insecto a volar en reversa para alejarse de los embates.

Al mismo tiempo Angemon se vio presa de las embestidas de Devidramon que pasaba volando a toda velocidad con la intención de colisionar con el ángel digimon, quien al esquivar uno de sus ataques alcanzó a ser golpeado por la onda de choque que provocaba la alta velocidad a la que el digimon se desplazaba.

-Angemon, ¿estás bien? –preguntó T.K. alarmado al notar una herida que comenzó de inmediato a emanar sangre en el hombro de su compañero.

-No te preocupes T.K., fue solo un rasguño –dijo digimon mientras adoptaba una postura de combate con el báculo sostenido con ambas manos.

Garurumon aceleró persiguiendo el barco hasta alcanzar a los Golemons que empujaban este ganando cada vez más velocidad. El digimon saltó sobre estos, aterrizando en el que se encontraba en medio y saltando sobre el lomo de este llegando hasta la popa del barco sin gran dificultad.

-No fue tan difícil –dijo Matt mientras Garurumon comenzaba a trotar por la cubierta del barco-. Davis está del otro lado así que…

Pero antes de seguir el rubio alcanzó a ver a otro de los Devidramons aproximándose a ellos y Garurumon se movió de forma brusca para apartarse del ataque del digimon, quien golpeó la cubierta del barco causando un significativo daño en ella. El digimon volvió a elevarse, encarando a Garurumon mientras que el Devidramon restante se posicionaba detrás del lobo digimon.


A la distancia Taichi seguía mirando como la contienda se repartía en puntos varios, y al mismo tiempo el barco seguía avanzando arrastrado por los Monochromons.

-Está ganando velocidad –dijo Mimi, parándose junto al castaño.

-Lo sé –dijo el chico sin apartar la vista del vehículo, mientras que Greymon y Toguemon se preparaban para unirse a la lucha.

-Hora de unirnos a la contienda –escuchó decir a Hikari.

-Aún no, esperen –dijo el muchacho con tono insistente.


Joe miraba también la batalla, notando como Kabuterimon sostenía combate con Devidramon en el cielo, mientras que en tierra Kyubimon seguía disparando bolas de fuego para dispersar a sus atacantes al mismo tiempo que esquivaba con gráciles movimientos los embates de estos.

-Sobre el barco, en la popa, mira –dijo Takato llamando su atención-, creo que Matt y Garurumon están peleando.


Sora miraba tensa las imágenes en las pantallas del halcón, enviadas desde los binoculares de Taichi y Joe, y también ella había reparado en los vuelos en picada de los Devidramons y en los saltos con los que lograba asonarse Garurumon al esquivar los ataques.

-Matt –susurró preocupada la chica, sintiendo como Biyomon apoyaba el ala sobre su mano.

-Tai, hora de atacar –insistió Eva mientras veía como también en la proa del barco se reunían más digimons bajó el control de Davis.

-Solo esperen –volvió a decir Tai.


Angemon lanzó un golpe de fe que Devidramon logro esquivar elevándose en el cielo. T.K. lo siguió con la mirada hasta sentir como era segado por el sol, por lo que bajó la vista, y al hacerlo alcanzó a ver el rápido avance del barco sobre la arena y a su hermano contendiendo sobre este contra dos de aquellos diabólicos digimons alados.

-Matt –dijo con preocupación.


Davis, que había subido a un nivel superior en cubierta miraba desde la altura a aquella peculiar tripulación reunida en el frente del barco (constituida por un buen grupo de Hookmons, Meramons y Centarumons) preparada para desplegarse y atacar con fuerza a sus antiguos compañeros, a quienes pudo ver que comenzaban a reunirse frente a él. Los más fáciles de distinguir eran Taichi y Mimi, acompañados de Toguemon y Greymon (su antigua mascota, pensaba el chico), en un extremo, mientras que del otro Joe y Takato, con Ikkakumon y Guilmon, parecían centinelas vigilando una entrada. En medio de aquellas dos parejas, a la altura de la Torre negra a mitad del desierto se habían reunidos ya los niños elegidos restantes, formando lo que el muchacho suponía era la última línea de ataque que conformarían, y al mismo tiempo se preguntaba; ¿por qué no se habían unido todos ya a la contienda?

En ese instante, y por aquella forma de organizarse el muchacho comenzó a comprender.

-No… -susurró al tiempo que aquella estrategia de combate comenzaba a cobrar sentido.

Pero ya era tarde.


Tai sonrió con discreción.

-¡Matt, sal del barco! –Exclamó el muchacho-, ¡Eva, detónalo!


Matt escuchó la voz de Taichi y sin perder tiempo le indicó a Garurumon que se alejaran. El lobo digimon obedeció esquivando un ataque más de los Devidramons y corriendo hasta la borda del barco para saltar desde esta hacia el desierto.

Davis quiso detener el avance del barco, pero no fue lo suficientemente rápido.

De un segundo a otro un gran estruendo resonó por toda la extensión del ardiente desierto al tiempo que una inmensa nube de arena se levantaba frente al barco, en el punto justo al cual los Monochromons galopaban a toda velocidad. Los digimon entraron a la nube de arena, solo para perderse en ella y luego caer dentro de una gran trampa que los chicos habían dispuesto desde antes de que todo comenzara.

Los Monochromons comenzaron a caer dentro de aquella gran excavación, hundiéndose todos en ella, para luego dar pasó a que el barco se enfilar hacia esta. Davis corrió buscando ponerse a salvo en cuanto el barco alcanzó la nube de arena, pero antes de poder ingresar al viejo puente de la nave esta comenzó a caer, haciéndolo perder el equilibrio hasta que logro sujetarse del barandal, sintiendo que su armatoste se hundía.

El barco se sumergió en la excavación hecha por los Tamers hasta que con toda la fuerza de la inercia golpeó con el borde del otro extremo, clavándose en él y evitando así sumergirse más en la arena.

De la cubierta del barco salieron disparados casi todos los digimons que constituían el pequeño ejército del Emperador, mientras que los que quedaron en el barco sufrieron graves golpes por el choque.

Davis sintió una fuerte sacudida al chocar el barco, la cual lo hizo soltar el barandal y arrastrarse por la cubierta hasta chocar con el parapeto junto con Veemon.

El choque provocó un segundo estruendo que resonó en el vacío desierto, llamando la atención de los Tamers y sus digimons, y acentuando así aún más el silencio sepulcral del desierto que reinó en seguida después del choque.


-¡Ya! ¡Ahora! –exclamó Taichi mientras trepaba al lomo de Greymon, quien volvió a rugir mientras se lanzaba al combate.

Toguemon y Mimi lo siguieron de inmediato, al igual que el resto de los digimons que sin perder más tiempo estaban listos para unirse a la batalla.

Davis se incorporó con dificultad ayudado por Veemon. Al levantar la mirada vio frente a él un muro de arena, entre la cual se alcanzaban a ver restos de madera y tela, destrozadas y con quemaduras por la reciente explosión. Miró a ambos lados apreciando la extensión de la excavación que los Tamers habían cavado y en la que no había faltado tanto para dejar el barco (que ahora se sostenía apenas) completamente hundido en la excavación.

-Vaya plan, debo admitirlo –dijo el chico mientras palpaba su rostro donde sentía algo húmedo y tibio.

Miró sus dedos, en los cuales había rastros de sangre que emanaba de su nariz, aunque en esta no sentía dolor alguno, pues todo el impacto lo había recibido en el hombro y la parte derecha de la espalda, sin embargo la hemorragia era fuerte y en la boca comenzaba a sentir un sabor metálico.

-Davis –dijo Veemon alarmado tratando de jalar al chico-, vamos, debemos atenderte –Davis se resistió al agarre de Veemon y lo empujó para alejarlo.

-Déjame, hay que continuar –dijo mientras extraía nuevamente el aparato en su bolsillo y accionaba este, produciendo una onda sonora en una frecuencia casi inaudible.


Kabuterimon disparó su ataque especial contra el Devidramon quien lanzó un zarpazo hacia este, provocando una explosión que levantó una nube de humo la cual el mismo digimon atravesó casi intacto para arremeter contra el insecto. El digimon se cubrió con sus cuatro extremidades superiores, pero el avance de Devidramon se detuvo en seco, y el digimon se alejó con rumbo al barco varado en la arena.

-¿Qué pasa? –se preguntó Kabuterimon al ver el comportamiento del oponente, y al notar que el Devidramon contra el que Angemon también combatía se alejaba igualmente.

El digimon insecto bajó la mirada y vio a Kyubimon disparando otra ráfaga de bolas de fuego mientras que en su apoyo llegaba Garurumon disparando su aullido explosivo. Kabuterimon disparó entonces desde el cielo su electro shocker sobre un par de Hookmons que se preparaban para disparar sobre los dos digimon y sus jinetes.

Los pocos oponentes que quedaban (un par de Vegiemons, uno de Bakemons y un Hookmon) fueron vencidos por una ráfaga combinada de ataques por parte de Kyubimon, Garurumon, Kabuterimon y Angemon, levantando una gran nube de arena y reuniéndose los cuatro digimons y sus tamers en ese punto exacto.

-Está atrapado, lo tenemos –dijo Rika señalando el punto donde se encontraba el barco de Davis.

-Funciono, vamos –agregó Matt mientras Garurumon y Kyubimon volvían al galope.

Kabuterimon y Angemon volvieron a elevarse. Izzy miró el barco notando que algunos de los Golemons habían logrado evitar la caída y ahora sostenían la estructura metálica como evitando que esta callera en la excavación. Más allá el resto de sus compañeros de equipo se abrían paso a toda velocidad para rodear a Davis, quitándole así toda posibilidad de escape. El joven pelirrojo sintió entonces que estaban a punto de lograrlo, y por alguna razón, ese pensamiento lo hizo desconfiar.


Davis aguardó en cubierta hasta ver que los Devidramons se aproximaron a él.

-Ya saben que hacer –dijo y en seguida los digimons se dispersaron, mientras que él se abría paso para llegar hasta el interior del puente de la nave donde un par de Hookmons se habían reunido para esperarlo-. Atáquenlos, que no se acerquen.

-Davis –lo llamó Veemon mientras que el chico se aproximaba a un tablero de mando.

-Perdimos a todos los Monochromons, la verdad no pensé que tendría que hacer esto, esperaba poder guardarlo para después –dijo mientras accionaba varios de los controles.

Los cuatro Devidramons se repartieron dos al frente del barco y dos en la parte posterior para aferrarse a este con las garras y comenzar a levantarlo. Algunos de los Golemons empezaron también a alar de la estructura metálica para levantar el armatoste mientras que otros cuantos se preparaban para recibir a Garurumon y Kyubimon.


-Lo van a sacar –dijo Joe mientras Ikkakumon seguía trotando junto a Growlmon, y ambos fueron rebasados por Strikedramon y Turuiemon quienes rápidamente se pusieron a la cabeza del grupo mientras que el barco comenzaba a elevarse hasta hacerse completamente visible y comenzar a avanzar sobre la excavación, levantada por los Devidramons.

-Que no escape –dijo Ryo por medio del comunicador sin dejar de correr, acompañado de un pequeño grupo de sus compañeros quienes se habían quedado atrás (y entre quienes se encontraba Hikari y Gatomon).

En ese momento más digimons comenzaron a saltar desde la proa del barco, formando una línea defensiva que avanzó hacia el grupo de los Tamers.

-No creo que planee escapar –dijo Henri analizando la situación-. Es un grupo de digimons fuertes, no son parte de una distracción sino su defensa principal.


-Lo que sea, hay que encargarnos –gruño Matt mientras que él y Garurumon llegaban hasta los Golemons dispuestos a frenarlos y así evitar que llegaran hasta el barco.

Garurumon exhaló una gran bocanada de fuego azul sin dejar de correr que alcanzó a envolver a los cuatro gigantes de piedra sobre los cuales el lobo digimon simplemente saltó. Las llamas rápidamente se extinguieron dejando libres a los digimons, que sin embargo en ese momento fueron alcanzados por los ataques combinados de Angemon, Kabuterimon y Kyubimon, dejándolos derribados sobre la arena.


Del otro lado de la excavación el combate también daba comienzo.

Los digimons bajo el control del Emperador avanzaban en fila, siendo recibidos primero por Strikedramon y Turuiemon, que sin mediar palabras asestaron cada uno un golpe sobre un par de Meramons a quienes derribaron, para luego comenzar a pelear con el resto de los congéneres de esos dos enemigos.

Los Centarumons comenzaron a disparar contra los Tamers y sus digimons, obteniendo como respuesta las grandes bolas de fuego de Greymon y Growlmon, las cuales se desplazaban con un efecto parabólico alzándose sobre la arena y sus compañeros que en ese momento combatían y cayendo sobre los Centarumons como una lluvia de fuego.

El grupo de Hookmons se posicionó detrás de los digimons cuadrúpedos alzando sus cañones para disparar desde ahí.

-Preparados –dijo uno de ellos que parecía dirigir al resto-, apunte, fue…

Una explosión a los pies de los digimons seguida de varias otras interrumpió al digimon y repartió a los otros por el suelo. Ikkakumon había comenzado a atacar haciéndolos a ellos su blanco principal.

En el centro del conflicto Strikedramon y Turuiemon, espalda con espalda lanzaban golpes y patadas contra los Meramons manteniéndolos controlados, al mismo tiempo que estos comenzaban a rodearlos. Uno de ellos saltó por encima de los otros para atacar desde arriba a los dos digimons que lograron advertirlo, y también lograron ver como el digimon era alcanzado por el puño de Toguemon quien también saltó por encima de los otros digimons para llegar hasta su blanco el cual voló en el aire hasta colisionar con uno de los Centarumons.

-¡Excelente! –exclamó Mimi muy cerca del oído de Tai (a quien se aferraba rodeando su cintura con un brazo mientras que el otro lo extendía hacia arriba animando a su compañera.


Matt alentaba a Garurumon a avanzar más rápido, dispuesto a volver a la cubierta del barco y abrirse camino hasta llegar a donde Davis.

Ante él pudo ver al barco ser empujado por los Golemons y levantado por los Devidramons que lo guiaban sobre la excavación hasta que este se alzó justo sobre la excavación. La mitad de los digimons de piedra restantes saltó hasta el otro lado de la excavación para unirse a la batalla mientras que la otra mitad se giró hacía el lobo digimon y su rubio jinete.

-Vamos Garurumon –exclamó con excesivo ánimo el chico.

El digimon apretó el pasó hasta que de un momento a otro los digimons escupieron una ráfaga de energía dirigida hacia el la cual tuvo que esquivar frenando de golpe y saltando hacia atrás para alejarse del alcance de los ataques combinados.

Apenas aterrizar el digimon tuvo que volver a correr, esta vez huyendo de los disparos de rocas que salían de las manos de los digimons y que los mantenían a raya.

Junto a él llegó Kyubimon, mientras que sobre ellos volaban Angemon y Kabuterimon.

Ambos digimons voladores dispararon sus ataques contra los Devidramons en la parte posterior del barco, quienes recibieron los impactos sin dejar de llevar a cabo su tarea correspondiente.

-¿Pero qué diablos les sucede? –se preguntó Izzy al notar que seguían desplazando el armatoste a pesar del daño recibido.

-No importa –dijo Eva por medio del comunicador-, apunten a la torre, destrúyanla y todo se acabará.

-Correcto –respondió T.K. volteando a ver a Izzy quien asintió

Ambos se enfilaron hacia la torre para poder asestar un solo y definitivo golpe en el momento justo en que del barco apareció un grupo de pequeños digimons alados de color gris y una escarpada cabellera naranja que arremetieron contra ambos digimons voladores lanzando rasguños y mordidas.

Izzy se protegió la cara mientras que Kabuterimon se sacudía para librarse de los enemigos, al igual que Angemon que lanzaba patadas y puñetazos apartándolos, hasta que uno de estos se aferró al brazo del digimon con intenciones de morderlo, en el momento justo en que T.K. le lanzó un puñetazo, haciéndolo enfadar pero antes de que lo atacara el chico utilizó un taser electrocutando al digimon quien quedó paralizado.

-¿Gremlins? –dijo T.K. mientras veía al pequeño digimon caer al suelo.

-Evilmons –escuchó decir a Eva-, dispuestos para proteger la torre, que listo.

-Como sea… -escucharon hablar ahora a Tai.


-…Sigan intentando –dijo el muchacho mientras asomaba la cabeza por encima del hombro de Greymon mientras este forcejeaba con un Golemon que trataba de derribarlo.

El castaño levantó la cabeza, asomando un arma tratando de apuntarla hacia el digimon, cuando fue jalado por Mimi al tiempo que una flama disparada por uno de los Meramons golpeaba a Greymon y casi alcanzaba a la pareja de Tamers.

El Meramon en cuestión se preparó para un nuevo ataque cuando fue alcanzado por el puño de Toguemon que lo golpeó en el abdomen enviándolo varios metros hacia atrás por la fuerza del golpe.

-No me agradas –dijo en un gruñido mientras seguía asestando puñetazos contra los otros enemigos.

Ikkakumon seguía disparando su arpón sobre el grupo de Hookmons que buscaba la oportunidad de alcanzar a los Tamers con sus cañones, mientras que aquellos que lograban separarse del grupo eran alcanzados por los proyectiles de Guardromon, quien junto al coloso de pelaje blanco protegían a Joe, Kenta, Hirokazu y MarineAngemon de los ataques.

Otro de los Golemons se lanzó contra Growlmon quien se arrojó contra él asestándole un poderoso zarpazo que lo hiso trastabillas hacia atrás hasta ser alcanzado por el aguijón de Stingmon quien lo llevó hasta el suelo pesadamente, quedando el digimon volador a pocos metros de distancia de un Centarumon que apuntó su cañón contra el digimon, pero su cañón fue desviado apenas milésimas antes de disparar por un golpe de Dinohyumon que después asestó un poderoso gancho sobre la quijada del digimon quien se levantó sobre sus patas traseras cayendo después de espaldas sobre la arena.


El armatoste logró avanzar hasta llegar del otro lado de la excavación, momento en el cual los Devidramons dejaron de levantarla y de golpe esta aterrizó en la arena levantando una gran nube a su alrededor y esparciéndola hasta el campo de batalla.

Los Devidramons lucían agotados, pero penas segundos después de haber aterrizado se apartaron del armatoste levantando el vuelo y dirigiéndose al campo de batalla emitiendo gruñidos agudos.

-¡Vayan! –exclamó Davis mirando a los digimons a través de los cristales del puente del viejo barco.

Dos proyectiles se impactaron contra los digimons derribándolos en el acto, los cuales habían provenido de debajo de la arena o al menos eso era lo que Davis creía estar viendo.

-Así que…que listos –dijo mientras con la ayuda de un par de binoculares enfocaba la imagen detrás de los Tamers que lo enfrentaban y alcanzó a distinguir que apenas cubierto por algo de arena se encontraba el frente de la nave de sus antiguos compañeros.


-Ahora si estás acabado corazón –dijo Eva con tono burlón mientras uno de los monitores de la nave mostraba la imagen del barco sobre el armatoste de metal.

La luz comenzaba a filtrarse a través del cristal por el que resbalaba la arena que había estado cubriendo la nave por varios días.

-Sin esos digimons, no tiene forma de escapar –dijo Juri con una sonrisa en el rostro.

-Casi hace que valga la pena estar cerca de morir de deshidratación –dijo con tono cómico Yolei mientras secaba el sudor de su rostro


Al frente del halcón, a varios metros de distancia, Ryo, Hikari, Henri, Cody y Suzie avanzaban sobre el lomo de Ankylomon, frente a ellos Gargomon marchaba con las armas preparadas, al igual que Ken, quien llevaba en manos una escopeta larga y Kouta, quien estaba preparado con su acostumbrado arco.

Henri sonrió de forma discreta viendo el armatoste varado en el desierto. Lo que acababa de decir Juri era cierto, por lo que el chico alcanzaba a apreciar Davis no contaba con más digimons voladores aparte de los cuatro Devidramons que yacían derrotados sobre la arena. Frente a ellos el combate continuaba pero empezaba a notarse la ventaja de sus compañeros, además de que el chico sabía que Matt y Rika se encontraban del otro lado, cerrando así las opciones para escapar del muchacho. Estaba atrapado.

-Extraño –escuchó decir a Eva por el comunicador.

-¿A qué te refieres? –preguntó Hikari.

-En serio parece muy empeñado en llegar hasta este punto exacto pero… ¿Por qué? –Respondió Eva.


-En el tiempo que hemos estado aquí no hemos encontrado nada más aparte de la torre, ¿Por qué la construyó aquí? –preguntó la chica, mientras que sin darse cuenta sujetaba con fuerza los controles de la nave.

-Quizá solo venía aquí a refugiarse, tal vez pensó que este era un lugar suficientemente desolado como para que nadie lo encontrara hasta planear su siguiente movimiento, y vino aquí a esconderse luego de sentirse derrotado antes cuando derribamos su fortaleza –explicó Ryo.

-No, si se sintiera derrotado o expuesto no nos estaría enfrentando, habría escapado, pero sigue avanzando.

-Es un ególatra con delirio de grandeza, actúa sin pensar.

-Nada de lo que ha hecho hasta ahora lo ha hecho sin pensar –dijo Sora razonando las cosas-, hay algo aquí, pero… ¿Qué?

-La pregunta tal vez es; ¿Dónde? –dijo Eva.

-¿Dónde? –Repitió Juri con escepticismo-. Es un desierto, no hay muchos lugares donde esconder algo –Eva sintió un escalofrío recorriéndole la espalda.

-Ese infeliz bastardo –espetó la chica.


En el rostro del muchacho se dibujó una macabra sonrisa al tiempo que dejaba de mirar a través de los binoculares

-Ahora –dijo Davis con voz ronca mientras permanecía de pie con los brazos cruzados sin dejar de ver atravesó del cristal de los ventanales frente a él.


Ankylomon, al igual que sus acompañantes sintieron una extraña sacudida de la arena, como si una ola se moviera debajo de ellos. Ken y Kouta trastabillaron al sentir el inusual movimiento.

-¿Y eso? –preguntó el peli azul. Kouta miró detrás de Ankylomon palideciendo al instante.

-No lo sé pero todavía no se acaba –dijo al momento en que señalaba con el dedo el lugar donde se encontraban el halcón y la torre.

A la distancia la arena comenzó a moverse de forma extraña, como si comenzara a hundirse, llevándose consigo todo lo que se encontraba sobre ella. La torre negra se hundió al instante, los cuatro pequeños campamentos de los chicos fueron arrastrados rápidamente por la marea de arena, mientras que el halcón quedó medio descubierto mostrando como era devorado por el desierto.

-¡Chicas! –exclamó Hikari sobre el lomo de Ankylomon, quien corría a toda velocidad luego de permitir que Kouta y Ken subieran en él.

Gargomon también corría a toda velocidad alejándose del sitio que seguía hundiéndose.


-¡¿Qué diablos pasa?! –exclamó Yolei mientras se sujetaba de Sora quien a su vez se aferraba a la silla donde Juri estaba sentada para no resbalar por el puente.

Hawkmon y Biyomon aleteaban para mantenerse al nivel de sus compañeras y Leomon se aferraba con las garras al suelo para no terminar en el fondo del puente de la nave.

-Actividad sísmica irregular –respondió Eva manteniendo la calma.

-¡¿En serio?! ¡Qué alivio saberlo! –dijo con sarcasmo Yolei.

Eva ignoró los comentarios de la chica y los gritos de las otras dos y sus compañeros digimon mientras accionaba los sistemas de la nave para evitar que esta se hundiera en la arena.

-¡Listo! –dijo mientras volvía a sujetar los controles de la nave y empujaba estos haciendo que los propulsores escupieran fuego al instante y la nave comenzar a contrarrestar la caída. En el puente las chicas y digimons sintieron una fuerte sacudida seguida de un tirón que indicaba que la nave comenzaba a ganar altura.

Eva lucía tensa hasta que logró levantar la nave lo suficiente para poder estabilizarla, momento en el cual suspiró aliviada.

-Estuvo cerca –dijo Sora con la respiración agitada.

-No sabes cuánto –dijo Eva mientras volvía a revisar los controles y monitores de la nave.

-¿Qué sucedió? –preguntó Juri una vez recuperada del susto.

-Míralo tú misma –dijo Eva señalando uno de los monitores. La chica desvió la mirada para encontrar en la pantalla algo que la impacto.


Gargomon frenó en seco al encontrarse muy cerca del lugar de la batalla, para luego abrir fuego contra un Golemon que se disponía a atacarlos. Ankylomon también frenó y en ese momento los chicos sobre su lomo pudieron poner toda su atención a lo que acababa de suceder detrás de ellos.

-Que… ¿Qué cosa es eso? –preguntó Henri casi sin aliento por la sorpresa.

En el área que habían estado ocupando por cinco días y sobre el cual habían montado su pequeño desierto y base de operaciones ya no estaba el imperturbable y vacío desierto. Sobre la arena reposaba una enorme estructura metálica en forma de cubo, de color negro y con marcas de óxido regadas por todas partes.

-Estaba enterrado, al momento de emerger provocó el movimiento en la arena que todos vimos y sentimos –explicó Eva con voz tranquila.

-¿Cómo es que no lo detectamos? Creí que los radares de la nave podían detectar lo que se encontraba debajo del desierto.

-Así es –dijo Eva con tono firme- debió estar enterrada muy debajo de nosotros.

-O muy protegido para no ser detectado –escucharon decir a Tai con voz jadeante-, ya sabemos en parte porque tenía intenciones de llegar hasta aquí, ahora debemos evitar que Davis se acerque a ese cubo.

-Eso no será problema -hablo esta vez Matt-, seguimos teniéndolo rodeado.


En el puente de la nave comenzó a sonar una alarma. Eva tocó una de las pantallas desplegando la información que las espigas que seguían sobre el desierto comenzaron a registrar.

-Puta madre –dijo la chica con tono preocupado.


-¡Oigan! ¡Apártense de ahí! –escuchó Mimi al igual que los demás mientras que Greymon se sacudía para frenar de un golpe a un Hookmon que se había arrojado sobre él.

-¿Qué sucede? –inquirió la castaña aferrándose con más fuerza al cuerpo de Tai para no caer por los bruscos movimientos del compañero del castaño.

-En el interior del barco se está acumulando una gran cantidad de energía, parece a punto de estallar, algo se va a disparar.

-¿Cómo que algo se va a disparar? –preguntó Tai desconcertado mientras que un poderoso crujido metálico se escuchaba desde el barco.

La estructura de este comenzó a abrirse poco a poco, como si algo estuviera emergiendo de él. El castaño al igual que todos los demás (amigos y enemigos) se detuvieron para apreciar aquel suceso. El muchacho pronuncio un pequeño quejido con una expresión de alarma en el rostro.

-¡Todos apártense! –exclamó y acto seguido la batalla quedó en segundo plano mientras que todos se apartaban ante la inminente amenaza.

Un poderoso estruendo resonó, el barco parecía haber estallado y un proyectil salió disparado de él directo al cubo sobre la arena, despidiendo un intenso calor que todos alcanzaron a sentir les golpeaba el cuerpo de forma fugas.

El proyectil se impactó contra el cubo atravesando este y quedando incrustado en él.

-¿Qué fue eso? –preguntó con voz titubeante Mimi sin dejar de mirar el cubo atravesado por el proyectil que lucía pequeño a comparación de la gran estructura metálica.

-Tal parece que no era un arma, sino una especie de capsula de escape –Tai apretó los puños al escuchar las palabras de Eva.

-Lo logró –dijo el castaño con rabia en la voz.

Ken bajó del lomo de Ankylomon, mirando fijamente el cubo y la capsula en él. Sabia, al igual que todos los demás, que en ella se encontraba Davis, y que pronto haría algo que complicaría aún más las cosas.

-¡Stingmon! –exclamó con fuerza el muchacho, aguardando a que su compañero llegara hasta él.

El digimon acudió con prontitud hasta su Tamer, quien sujetó la escopeta que llevaba en brazos a una correa que la dejó colgando en su espalda mientras se disponía a subir sobre la espalda de su compañero.

Kouta se apresuró a alcanzarlo antes de que el chico lograra subir, sujetándolo por la muñeca.

-¿Qué estás haciendo? –preguntó de la forma más tranquila que pudo.

-Yo iré por él –dijo sin rodeos.

-Todos iremos.

-No, debo ser yo –dijo el chico sin dejar de mostrar firmeza en su voz.

-No tienes que hacerlo solo, esto nos concierne a todos.

-Es mi mejor amigo, yo debo ser quien lo enfrente –respondió. Kouta parecía a punto de replicar, pero se quedó callado, soltando la muñeca del chico. Ken levantó la mirada para ver a Ryo y Henri, que parecían desconcertados y a Hikari que le dirigía una mirada suplicante.

-Encárguense de lo demás, derriben la torre y alcáncenme cuando no haya más enemigos –ordenó mientras subía a Stingmon.

-No es momento de hacerse el héroe, Ken… -le reclamó Ryo que avanzaba hacia el con grandes zancadas, pero Kouta lo detuvo poniendo su mano sobre el pecho del muchacho, para luego voltear a ver a Ken quien aún no se alejaba.

-¿Estás seguro de esto? –le preguntó con tranquilidad. El muchacho asintió. Kouta sonrió sacudiendo la cabeza.-. Ni hablar, solo asegúrate de darle un buen golpe de mi parte –pidió el chico. Ken le devolvió la sonrisa mientras que Stingmon despegaba.

Toguemon, Greymon y Growlmon llegaron con los demás, acompañados de Strikedramon y Dinohyumon, en medio de ese pequeño cese al fuego.

-¿Qué fue todo eso? –preguntó Ryo con genuina intriga.

-Solo algo para dejar las cosas claras –respondió el chico sin complicaciones-. Ken se encargara de Davis y nosotros del resto –dijo señalando al grupo de enemigos que volvían a reunirse para confrontarlos.

-Más vale, y démonos prisa, odio no saber qué es lo que nos está preparando –agregó Ryo volteando hacia el cubo.

-Andando –dijo Tai-, ¡La batalla aún no termina! ¡Hay que destruir la torre sobre el barco! Izzy, T.K., ¿pueden derribarla?


Angemon lanzó un ataque más que varios de los Evilmon esquivaron pero que dio de lleno en uno de ellos. Los otros se apresuraron a atacar al ángel digimon, pero fueron frenados por Kabuterimon, quien llegó con una fuerte embestida, atrapando luego a cuatro de ellos en sus cuatro palmas.

-Creo que sí –respondió T.K. mirando desde la altura el lugar donde se encontraba la torre.

Su mirada se desvió al percibir un movimiento un poco adelante del barco, y se percató de que dos de los Devidramons habían logrado levantarse y avanzaban en ese momento hacia Ken y Stingmon.

-Maldición, los Devidramons van tras Ken.

-Encárguense de ellos –dijo Matt y T.K. giró para ver desde arriba a Garurumon y Kyubimon esquivando los disparos del último Golemon en pie, para luego terminarlo con un ataque simultáneo de parte de los dos digimons-, Rika y yo iremos por la torre.

-De acuerdo –respondió Izzy, para luego voltear a ver a T.K., y con un movimiento de cabeza le indicó al chico que siguieran.


Stingmon volaba a toda velocidad hacia el cubo y la capsula de escape que en este se encontraba. Ken no despegaba la mirada de su objetivo, mientras en su mente se agolpaban las preocupaciones y miedos que por mucho tiempo habían permanecido dormidos. Siempre, de alguna manera, había tenido en mente que aquella larga y tortuosa crisis terminaría de ese modo: el enfrentándose directamente a Davis, pero de todas formas, un extraño miedo que le hacía vibrar por dentro lo invadió estando ya tan cerca del final.

Stingmon desvió la mirada hacia atrás cuando escuchó un par de gruñidos poco alentadores, encontrándose con los Devidramons quienes volaban hacia él y su compañero.

-Son bastante tercos –dijo Stingmon mientras reducía la velocidad y los encaraba para enfrentarlos.

-Nada que no esperáramos ya –dijo Ken mientras trataba de sujetar la escopeta en su espalda.

Los Devidramons siguieron avanzando hasta que uno de ellos fue alcanzado por Angemon, quien estampó la planta de su pie en el lomo del digimon, haciéndolo descender y para luego sujetarlo por el cuello arrastrándolo hasta enviarlo de bruces contra la arena. El otro Devidramon no acudió en ayuda de su compañero, sino que siguió de frente para enfrentar a Stingmon, sin embargo, Kabuterimon se interpuso entre ambos digimon lanzando un ataque que hizo que el enemigo frenara y esquivara la esfera de energía que había disparado el digimon insecto.

Izzy, sobre el lomo de Kabuterimon, se giró para ver a Stingmon y Ken.

-Nosotros nos hacemos cargo, tú ve por Davis –le dijo el muchacho con una sonrisa fiera, poco común en él.

Ken asintió mientras Stingmon se daba la vuelta para seguir hacia el cubo. El Devidramon en aire gruño mientras volaba tratando de esquivar a Kabuterimon quien volvió a cerrarse el paso, esta vez embistiéndolo provocando que retrocediera.

-O no, tú pelearas conmigo –aclaró el digimon, haciendo que Devidramon volviera a gruñir, esta vez de forma más agresiva que las anteriores.


Stingmon aterrizó sobre el cubo, del lado donde se encontraba incrustada la capsula que había disparado el barco. Ken bajó presuroso del lomo de su compañero y se asomó para ver la capsula. Parecía que más de la mitad de la capsula había logrado atravesar sin mucho problema el muro de metal de la capsula.

-Quizá podamos entrar por ahí, aunque será difícil –dijo el chico mirando a detalle la capsula. No parecía tener aberturas por las cuales poder entrar en ella desde ahí, pero no debía ser muy difícil para Stingmon atravesarla o retirarla para poder entrar.

-No será necesario –escuchó decir a su compañero. El chico volteó y vio a Stingmon arrodillado sobre la superficie del cubo. El digimon señalaba un rectángulo superpuesto y fijado con pernos que poseía una manija.

-Una escotilla –dijo Davis, tomando la manija y jalando de ella-. No puedo moverla –dijo después de unos cuantos intentos. Stingmon tomó entonces la escotilla por los lados y la arrancó, dejando al descubierto un estrecho túnel vertical el cual contaba con una escalera. Ken miró a su compañero sonriendo con desgano-. Con ese tamaño no vas a entrar –dijo y sin permitir a su compañero queja alguna tomó el digivice entre sus manos y lo apuntó hacia el digimon que de inmediato se iluminó reduciendo considerablemente su tamaño.

-De esta forma no puedo protegerte como es debido –se quejó Wormon.

-Tampoco podrías si te quedas afuera –se justificó el muchacho mientras Wormon subía a su espalda y el comenzaba a bajar por el túnel. La luz que entraba del exterior lograba hacer visible que el túnel no se extendía por más de tres metros, por lo que el chico bajó con plena confianza.

-Ken –lo llamó el digimon con timidez.

-¿Qué pasa?

-Vamos a enfrentar a Davis y Veemon, no van a ponerlo sencillo, ¿Cómo te sientes con eso? –preguntó tratando de no resultar molesto con aquella duda.

El muchacho guardó silencio, aclarando su mente, y viajando en su memoria a un par de días atrás.

Desierto Arkam en Sarvar, en el digimundo.

Julio 9 del 2085

El halcón había aterrizado junto a la torre negra y los chicos se habían dispersado por el área circundante para llevar a cabo una pequeña exploración. Un par de horas después del descenso volvieron a reunirse. No habían logrado encontrar nada relevante en los alrededores, por lo que, a pesar de las quejas de algunos, habían decidido basar toda su estrategia para enfrentar a Davis en el supuesto de que el mismo llegaría hasta el punto justo donde se encontraba la torre negra.

-Si por alguna razón no aparece aquí, de nada servirá todo lo planeado –recordó Henri con poca paciencia.

-Y es por eso que más vale que si aparezca –insistió Tai tratando de ignorar el tono del muchacho-. Bien, según los mapas de la región y las posibles rutas que Davis tomara para llegar hasta aquí –comenzó el castaño mientras frente a él, sobre una mesa plegable alrededor de la cual todos los digimons y Tamers estaban reunidos, se encontraba un gran plano en el centro del cual había un muy mal dibujado avión y cuatro círculos enumerados lo rodeaban- debería aproximarse por el noroeste. Dispondremos los campamentos en cada punto cardinal, el uno en el norte, el dos al este, el tres al sur y el cuatro en el oeste. Davis llegará por el noroeste, así que Rika en el campamento uno y Matt en el campamento dos se aseguraran de que se mantenga en fila y caiga en nuestra trampa.

-¿Y si no llega por ese punto? –preguntó Eva mirando los burdos diagramas de Tai.

-De cualquier forma prepararemos una trampa en cada costado, Ryo en el campamento tres y Ken en el campamento cuatro estarán preparados también para atacar según sea el caso y guiarlo hasta las excavaciones que haremos y ocultaremos entre nuestros cuatro puntos de avanzada, rodeando por completo la torre.

-No estamos seguros de que cual será su forma de desplazarse, podría no hacerlo por tierra –señaló Matt.

-Estaré lista para hacer despegar el halcón en el momento que sea necesario, no te preocupes por eso –aclaró Eva.

-Lo que si podríamos esperar es que este viajando con una torre como lo hacía con la fortaleza flotante –dijo Kouta-, así que no importará que desactivemos esta torre, de todas formas tendrá control sobre los digimons con los que llegue, así que esta pelea no acabará pronto.

-¿No deberíamos derribarla de una vez? –preguntó Suzie mirando con desconfianza la torre negra.

-Si hacemos eso lo más probable es que Davis se percate, interferiremos con ella para que nuestros digimons puedan digievolucionar, pero no la desactivaremos por completo sino hasta que él llegue y se sienta confiado para que no escape –explicó Joe.

-Correcto –dijo Tai apoyando las manos sobre la mesa y lanzando un suspiro.

-Bueno, pues manos a la obra, esta misión suicida no se llevará a cabo sola –agregó Henri para dar final a aquella reunión, para que todos se dispusieran a realizar las tareas que les correspondían para enfrentar a Davis.

Ken se cargó en la espalda una pesada mochila y avanzó con ella por el desierto siguiendo a Henri y Suzie, mientras que Cody se alejó junto Digmon para comenzar a hacer las excavaciones de las que Tai había hablado.

La noche cayó luego de varias actividades que todo el grupo realizó en conjunto (una de las más complicadas fue el enterrar el halcón y dividir las provisiones para los cuatro campamentos, además de explorar más allá del desierto para hacerse de más cosas útiles). Ken se alejó un poco de sus compañeros, mirando el desierto, sintiendo el frio de la noche y esperando con impaciencia la llegada de Davis.

-Mirar fijamente el horizonte no hará que llegue antes –el muchacho escuchó la voz de Kouta detrás de él, y al voltear se encontró con el muchacho cuyo pelo largo estaba suelto y se enmarañaba con el ligero soplido del viento.

Ken volteó nuevamente hacia el desierto sin decir nada. Los pasos de Kouta volvieron a escucharse y el muchacho se paró a un lado de él, sacando un cigarrillo de su bolsillo para luego encenderlo.

-Animo, sé que estas preocupado por Davis, pero todo saldrá bien –dijo con tono amable. Ken lo miró extrañado, sin poder evitar más el confrontar al muchacho.

-¿Qué es lo que te sucede? –preguntó, causando ahora la intriga de Kouta.

-¿De qué hablas?

-Hace no mucho me tratabas con bastante hostilidad, y ahora te me acercas como si fuéramos buenos amigos –le dijo sin rodeos. Kouta exhaló una bocanada de humo-. No creas que no lo noto, ¿Por qué lo haces? –Kouta miró a la nada al igual que el otro joven.

-Supongo que por culpa, me siento mal por cómo te trate al sospechar de ti, y solo trato de enmendarlo.

-No es necesario no importa –dijo Ken restándole importancia.

-Si…bueno… el problema es que a mí me importa –dijo finalmente y Ken lo miró nuevamente con intriga-. Me convertí en un desertor después de que mis padres murieron. Cuando eso pasó, y como yo era un buen elemento y la división militar parecía estar interesada en mí dijeron que no debía preocuparme de nada, ellos velarían por mis intereses, el problema es que mi hermana no era una Tamer y mucho menos una prioridad para el ejército, ella sería puesta en adopción. Yo era menor de edad y por supuesto aunque pretendía cuidarla y criarla ninguna autoridad competente consideraba que fuera la mejor opción…supongo que tenían razón. En fin, en ese momento pedí ayuda a HEDM, pero me dieron la espalda diciendo que necesitaban que fuera un soldado, no niñera de una niña pequeña. Por supuesto enfurecí, y como no estaba dispuesto a apartarme de mi hermanita deserte, abandone lo que muchos llamaban "una prometedora carrera militar" para cuidar de la única familia que me quedaba, ese fue mi crimen, por así decirlo.

-¿Por qué me dices eso? -preguntó Ken. Kouta lo miró.

-Me buscaban como a un criminal, querían capturarme, yo era el enemigo, y lo único que hice fue tratar de proteger a alguien, ¿te suena? –Ken comprendió las palabras del chico en ese momento-. Como sea, el tiempo pasó, conocí a un muchacho algo atrabancado que luego se convirtió en un Tamer y gracias a él me volvieron a aceptar en HEDM, esta vez, con la promesa de que me ayudarían a estar cerca de mi hermana, y desde entonces he trabajado duro por ella… pero creo que en el proceso olvide una que otra cosa importante.

-Kouta…

-Déjame terminar –pidió el chico-, el día que supimos toda la verdad, y lo que habías estado haciendo para proteger a un amigo, mi primer reacción fue pensar en Davis como un enemigo, hasta que Tai habló conmigo, y me hizo darme cuenta de que estaba haciendo justo lo que me habían hecho a mí, y que por poco me hace perder lo más importante para mí, a mi hermana. Estaba viendo un enemigo en donde en realidad hay una persona de quien desconocía todo motivo para comportarse como se comporta. Davis necesita ayuda, fuiste el primero en darse cuenta, y me avergüenzo de no haber pensado en eso antes, por eso ahora quiero poner todo de mi parte para ayudar.

-Gracias –dijo Ken con una sonrisa en el rostro. Kouta asintió, tirando lo que restaba de su cigarrillo sobre la arena y pisándolo después.

-Correcto, ¿ya sabes qué harás? –preguntó con un tono de voz más enérgico-. Cuando llegue hasta nosotros y se disponga a venir por nosotros entonces habrá que pelear.

-Lo sé…pero no es tan simple –dijo con pesar-, es mi amigo, debo y hacerlo…pero no sé si pueda.

-Oye –dijo poniendo su mano sobre el hombro del chico-, no hay opción, es tu responsabilidad como su amigo, se lo debes, ya no hay oportunidad de acobardarse –Ken asintió.

-Tienes razón.

-Pues claro, yo siempre la tengo –esta vez Ken dejó salir una risa sincera al igual que el chico de pelo largo-. Vas a necesitar estar preparado, yo ya pelee contra él, y créeme, es una experiencia peculiar, su fuerza, su resistencia, vas a tener que ser rápido, ser preciso, y saber muy bien cómo moverte –Kouta adoptó una postura de combate, a lo que Ken hizo lo mismo-. Bien, muéstrame lo que tienes –lo incitó el muchacho para dar inicio a una pelea.

Desierto Arkam en Sarvar, en el digimundo.

Julio 13 del 2085

-¡Ken! –insistió el digimon sobre el hombro del muchacho, quien ya había terminado de bajar la escalera, pero al hacerlo se había quedado congelado, recordando.

El chico miró a su compañero, regalándole una sonrisa de ánimo.

-Estaremos bien, debemos estarlo –le dijo antes de emprender la marcha por el corredor al que habían ingresado.


-¡¿Lista?! –preguntó Matt con tono golpeado mientras galopaba sobre el lomo de Garurumon. Rika, sobre Kyubimon que igualaba sin dificultad la velocidad de Garurumon asintió volteando a ver al chico.

Amos digimons saltaron desde la arena aterrizando sobre la popa del barco, siendo recibidos por un par de Hookmons y otro de Meramons. Los Hookmons levantaron sus brazos como cañones apuntando a ambos digimons, pero antes de disparar Garurumon saltó sobre ellos y Kyubimon disparó desde sus colas bolas de fuego que golpearon a los dos digimons. El lobo digimon aterrizó sobre uno de los meramos, derribándolo y saltando encima de el para escapar de las llamas que el otro digimon de fuego disparó y que golpearon a su compañero esparciéndose sobre él y sobre la cubierta de metal. El Meramon siguió con la mirada el salto de Garurumon tratando de apuntarle, pero sin lograr arremeter contra él pues en un instante Kyubimon lo derribó aplastándolo contra la cubierta y arremetiendo contra el cuello del digimon hasta que un fuerte crujido se produjo.

La digimon se apartó de inmediato, dejando al Meramon sobre la cubierta sin el aro negro que lo controlaba.

-Vamos –ordenó Matt haciendo que Garurumon volviera al trote, y detrás de él Kyubimon.

Ambos jinetes con sus digimons siguieron su camino, escalando la estructura del barco en medio de la cual, y como punta de esta se encontraba la torre negra.

-Se mueven bien, casi tanto como las unidades especiales –dijo Matt mientras Garurumon y Kyubimon escalaban en vertical la estructura del barco.

-No somos parte de la división militar no por falta de habilidad, sino porque no queremos –respondió la pelirroja mientras que de un salto llegaban Garurumon y Kyubimon a la sima.

-Supongo que fue empate –dijo el rubio con tono conciliador.

-¿Bromeas? La pata de Kyubimon piso antes –dijo Rika con voz jactanciosa. Matt suspiro negando con la cabeza y una expresión divertida en el rostro.

Los dos digimons avanzaron con suaves pisadas acercándose poco a poco a la torre mientras que Rika recargaba una larga y gruesa escopeta.

-Lista para disparar el dispositivo –informó la chica mientras levantaba el arma apuntando a la torre , hasta que una rápida sombra paso por un lado de ella y a esta se le unieron varias otras que salieron de detrás de la torre y que escalaban por las paredes de la estructura hasta legar a ellos y rodearlos.

Los dos jinetes y sus digimons se encontraban rodeados por una jauría de digimons cuadrúpedos de pelaje rojo y cuerpos alargados igual que sus hocicos, los cuales mostraban afilados colmillos mientras gruñían moviéndose con lentitud alrededor de ellos.

-Fangmons –dijo Rika bajando la escopeta y aferrándose con más fuerza a la rienda con que se sujetaba al lomo de Kyubimon.

Matt sonrió con arrogancia mientras también él se agarraba con fuerza a la rienda.

-Bueno, si esto es todo, la verdad es que resulta un poco decepcionante.

Los Fangmons comenzaron a correr más rápido alrededor de los Tamers para luego comenzar a saltar sobre ellos. Garurumon alzó la mirada para comenzar a lanzar grandes llamaradas azules que daban en el blanco en su mayoría. Los digimons que lograban esquivar los ataques se lanzaban hacia el lobo digimon solo para ser dispersados por los disparos de la escopeta del rubio y las llamaradas que volaban desde Kyubimon hasta ellos.

Matt y Rika se vieron pronto envueltos en el flujo de ataques de los digimons, a los cuales ellos también se unían con el uso de sus armas, pero la velocidad de los movimientos de los enemigos aunado al número de estos y a su agilidad para mantenerse al margen de los ataques de los Tamers hacían que a duras penas lograran mantenerlos a raya y evitar ser alcanzados por las alargadas fauces y las afiladas garras en las patas de los digimons.


Ikkakumon respondía con dificultad a los golpes de un Golemon que con fuertes manotazos comenzaba a hacerlo retroceder. El digimon de pelaje blanco sin mucha dificultad podría haber respondido a los embates de Golemon haciendo uso de sus arpones, de no ser porque estos los disparaba dirigidos a los Meramon y Hookmons que asediaban con sus disparos a Ankylomon, Gargomon y Turuiemon quienes se resguardaban de los disparos ocultándose detrás de las dunas de arena que dificultaban la tarea de atinarles un buen disparo por parte de los enemigos. Golemon aprovechaba esta desventaja para seguir arremetiendo contra Ikkakumon a quien comenzó a castigar con demoledores puñetazos en el pecho que hacían meya en la resistencia del digimon. Que gruñía por el dolor y había dejado ya de disparar.

El digimon se preparó para un golpe contundente al ver a Ikkakumon doblar las patas traseras cayendo sobre estas mientras jadeaba visiblemente cansado por el combate. Parecía una victoria segura para el digimon de roca, pero justo en ese momento, desde el lomo de Ikkakumon se levantaron Joe, Kenta y Hirokazu con escopetas en mano, disparando los tres proyectiles que dieron en la cara del digimon esparciendo una espuma blanca que cubrió por completo el rostro del enemigo quien detuvo su ataque llevándose ambas manos al rostro para retirar la espuma que parecía aumentar de volumen bañando las manos de roca del digimon.

-¡Ahora Ikkakumon, embístelo! –ordenó Joe y el digimon, haciendo acopio de su imponente fuerza física se lanzó contra el coloso golpeándolo de tal manera que lo envió varios metros atrás haciéndolo caer sobre su espalda, levantando una nube de polvo.

Los tres Tamers sobre el lomo de Ikkakumon celebraron la victoria justo en el momento en que la nube de polvo se disipaba y dejaba ver detrás de esta a un Centarumon que preparaba su cañón para disparar contra ellos.

-Maldita sea –dijo Kenta mientras los tres chicos recargaban sus armas intentando disparar antes de que lo hiciera Centarumon.

El digimon estaba listo para atacar, en el momento justo que fue alcanzado por una explosión que lo levantó del suelo junto con una gran cantidad de arena, que se alzó por el aire.

Joe y compañía levantaron la mirada viendo al halcón que pasó por encima de ellos y de donde había salido el proyectil que acababa de salvarles la vida.

-Excelente tiro –reconoció Hirokazu.

-No fue nada chicos –escucharon decir a Eva por medio del comunicador.

-Dios esa mujer es tan genial y tan sexy, ¿crees que acepte salir conmigo si se lo pido? –preguntó Kenta sujetando el brazo de Joe.

-Ah, chicos, podemos escucharlos –escucharon decir a Sora provocando sonrisas en Joe y Hirokazu y un muy fuerte sonrojo en el chico de gafas redondas.


Davis, en una habitación a oscuras revisaba un monitor mientras tecleaba claves y comandos. Detrás de él Veemon lo miraba nervioso. El digimon paseo la mirada por la habitación a oscuras, se trataba de una gran cámara por la cual se esparcían pilares metálicos que sostenían un andamio que se extendía por los cuatro muros de la cámara. La única luz provenía de una lámpara que se mecía colgando del alto techo, además de algunas grietas en las paredes por las que se filtraba algo de luz.

Veemon temblaba ligeramente; el trabajo de Davis estaba concluido casi del todo, y no había logrado hacerlo desistir de su tarea.

Una alarma alertó a ambos. El digimon revisó en otro monitor sobre la mesa de trabajo del muchacho, el cual mostraba la imagen de uno de los corredores por el cual en ese momento se movían Ken y Wormon.

Una media sonrisa se dibujó en el rostro pálido del muchacho, quien luego se volteó nuevamente para mirar la pantalla del monitor en que estaba trabajando.

-Activaré un cierre total –dijo Veemon apresuradamente.

-No, haz lo contrario –dijo sin prestar mucha atención al digimon, quien se quedó quieto un instante hasta que el muchacho le dirigió una gélida mirada-. Que entren, ya va siendo hora de ponerle cierre a esta locura, ¿no?


Ken y Wormon llegaron hasta el final del corredor, encontrándose con una gruesa puerta de metal que les cerraba el paso. El muchacho tomó la manija de la puerta tratando de accionarla pero esta se mantuvo firme.

-Cerrado, ¿Buscamos otro camino? –preguntó Wormon.

-No, si está cerrado, debe ser porque esta es la dirección correcta, ¿no crees? –dijo Ken mientras retrocedía y buscaba en los bolsillos de su chaqueta hasta encontrar un pequeño dispositivo.

-Eso no es muy sutil –dijo Wormon al ver el pequeño explosivo.

-No, pero de nada sirve ser sutiles, de todas formas ya debe saber que estamos aquí –aseguró el muchacho mientras buscaba con la mirada el mejor punto para poner el explosivo, justo antes de que la puerta emitiera un chasquido metálico. El muchacho y su compañero se miraron el uno al otro antes de que el joven accionara nuevamente la manija, la cual cedió al instante dejándole abrir la puerta-. Lo dicho, ya sabe que estamos aquí –dijo el joven mirando a su compañero mientras se guardaba el explosivo nuevamente en un bolsillo.

-No sé si eso sea tan bueno como tu cara delata que crees que lo es –se quejó el digimon saltando sobre el hombro de Ken mientras este abría la puerta y se adentraba a la cámara oscura. El joven dio unos cuantos pasos al frente topándose con una escalera a pocos metros de la entrada. Ken se apoyó en el barandal mirando desde ahí la mesa de trabajo repleta de monitores debajo del único foco encendido en la cámara. Un fuerte golpe metálico lo alertó de que la puerta acababa de cerrarse. Wormon, que no había parado de mantenerse alerta encendió una pequeña lámpara que saco de uno de los bolsillos de su Tamer mientras este seguía plantado al pie de las escaleras, el digimon encendió esta para alumbrar las escaleras por las que el joven comenzó a bajar.

-Chicos, creo que ya lo tenemos –dijo por el comunicador pero sin obtener respuesta alguna. El joven suspiró cansinamente-. Perfecto, estamos incomunicados.

Al llegar hasta abajo los dos intrusos observaron los pilares metálicos repartidos por la cámara. Era un espacio amplio, alto y vacío, como una bodega. Excepto por dos grandes contenedores que se encontraban unidos a la pared frente al chico, debajo del andamio que en esa misma pared formaba una amplia plataforma, y la mesa de trabajo en el centro de la cámara, no parecía haber nada más en ella. Ken caminó hasta los monitores sobre la mesa. Apoyó las palmas sobre esta y miró la pantalla encendida que mostraba una ventana llena de comandos. Comenzó a revisar los archivos y ventanas que mostraba la computadora, logrando entender apenas la información que se desplegaba frente a él.

-Por dios –dijo en un susurro.

-¿Qué pasa? –le preguntó preocupado Wormon.

-No estoy seguro pero…si es lo que creo que es…no puede ser nada bueno –dijo mientras se lamentaba por no poder contactar al resto de sus compañeros-. Maldición, ya no podemos detenerlo, debemos salir y advertirles.

-¿Hermoso verdad? –una voz resonó por la cámara inundando cada rincón de esta. Wormon y Ken se apartaron del monitor para mirar a su alrededor. El digimon saltó del hombro de su compañero parándose frente a él, mientras que el joven Tamer se llevó las manos a la cintura, desenfundando una pistola con una mano y sujetando su digivice con la otra.

-¿Esto es enserio Davis? ¿A tanto a llegado tu locura? –preguntó con voz fuerte Ken mientras seguía buscando con la mirada a Davis.

-Es divertido pensar en cuantas veces los visionarios fueron nombrados locos, ¿no crees? Viéndolo desde ese lado, ¿Qué sería del mundo sin los locos?

-Ah, ¿y en serio crees que esta es una buena idea? ¿Sabes? En otro tiempo te hubiera preguntado en qué diablos pensabas, pero me doy cuenta de que si eres tan imbécil como para hacer esto significa que en realidad no estás pensando bien las cosas.

-¿Yo? –una risotada rebotó por las paredes de la cámara vacía haciendo aún más complicada la tarea de encontrar el punto del cual provenía la voz-. Deberías abrir bien los ojos Ichijouji, aunque duele reconocerlo, esta no fue una idea mía –dijo con voz burlona.

Ken parecía desconcertado. Volvió la mirada hacia la mesa y el monitor inspeccionando estos hasta que se encontró con un inconfundible escudo grabado en la mesa, justo en frente del teclado. El escudo estaba compuesto por una figura octagonal semejante a un ovalo, con barras que dibujaban algo similar a unas alas en ambos lados.

-No es verdad –susurró Ken dejando caer sus manos mientras miraba desconcertado el grabado en la mesa.

-¿Ken? –lo llamó Wormon sin obtener respuesta.

El chico pasó sus dedos sobre el grabado. No había ninguna duda, conocía a la perfección ese escudo, lo conocía desde antes de haber conocido a Wormon, y a esas alturas de la vida le era imposible no reconocerlo, aunque así lo quisiera.

-Ken –insistió el digimon antes de ser golpeado por algo.

El chico reaccionó en ese momento.

-¡Wormon!

-No debes bajar la guardia amigo –le susurró por la espalda Davis.

Ken se giró a toda velocidad lanzando un puñetazo contra Davis quien sostuvo el puño del joven con una mano, para luego llevar la otra al cuello del chico para apretarlo dificultando la respiración del joven.

-Patético –se burló el muchacho para luego empujar a Ken quien voló un par de metros para luego estrellarse de espaldas con Wormon cayendo ambos al suelo.

La luz sobre la mesa de trabajo se apagó acrecentando la oscuridad de la cámara.

-Hasta aquí –dijo Davis con voz tranquila-, esto es todo.

-Tal vez… -reconoció Ken mientras se ponía de pie-, pero ni creas que vas a ganar -¡Wormon! –el digimon se puso también en pie listo para la batalla-. ¡Digievoluciona!

El cuerpo de Wormon se llenó de luz desvaneciéndose después para mostrar a un gran digimon con apariencia de toro.

La luz se apagó apenas segundos después de aparecer, dejando paso nuevamente a la oscuridad que invadió la cámara de inmediato, hasta que Ken sacó de entre su chaqueta un cilindro metálico el cual accionó para luego arrojar a unos cuantos metros de él.

El cilindro estalló comenzando a consumirse a sí mismo como una bengala, irradiando una fuerte luz verde que permitió al chico y a su digimon ver a sus oponentes.

-¡Excelente! Se nota que viniste preparado –dijo Davis quien permanecía sentado con toda tranquilidad sobre la mesa de trabajo mirando fijamente a Ken y Bullmon, la digievolucion de Wormon. Del otro lado Flamedramon comenzó a formar una gran bola de fuego que junto a la bengala de Ken iluminó la cámara haciendo visible casi todos sus detalles.

Flamedramon disparó las llamaradas, a lo que Bullmon se lanzó a embestir el fuego atravesando este sin dificultad, dispersándolo por el choque y llegando hasta Flamedramon quien sujetó al enorme cuadrúpedo por los cuernos sin lograr frenarlo. Mientras el fuego se extinguía Bullmon siguió arrastrando a Flamedramon hasta que este impactó contra un pilar metálico donde quedó atrapado por la fuerza del digimon.

-¡Wow! Se nota que tiene la ventaja en fuerza bruta –dijo Davis disfrutando del combate-, que bueno que yo también vine preparado –dijo mostrando su digivice. Ken miró el objeto adoptando una expresión de fastidio-. ¡Digievoluciona! –exclamó el joven.

Flamedramon, aun atrapado entre el pilar y la fuerza aplastante de Bullmon se iluminó. Su cuerpo seguía irradiando luz al momento en que los brazos (más largos que los de Flamedramon y provistos de armas largas semejantes a espadas) pasaron por debajo del cuerpo de Bullmon empujándolo hacia arriba. El cuerpo del digimon, más atlético y alargado se deslizó por un lado mientras Bullmon se mantenía sobre sus patas traseras, y al momento de bajar el digimon lo recibió con un rodillazo en el pecho al cual se unieron otros dos que lo hicieron retroceder. Bullmon, aturdido, levantó la mirada para ver las espadas de madera de Yaksamon dirigiéndose juntas hacia su rostro golpeándolo con fuerza.

-¡Bullmon! –exclamó Ken.

-¡Eso sí que fue contundente! ¡Dudo que pueda levantarse después de ese golpe! –exclamó Davis con tono burlón!

Bullmon se puso de pie en ese momento, aunque se le notaba aun aturdido.

-Más vale que cambies de estrategia o esta pelea no durara mucho –dijo Davis a lo que Ken volvió a tomar su digivice.

Bullmon se abalanzó contra Yaksamon quien saltó sobre el dando una pirueta y aterrizando detrás del digimon contra quien arremetió con un par de golpes de sus espadas de madera. El digimon mugió sin detenerse corriendo por la cámara para luego volver a lanzarse sobre Yaksamon, quien se preparó para recibirlo. El digimon siguió corriendo mientras su cuerpo se volvía a iluminar y aquel cuerpo luminoso se levantó del suelo saltando sobre Yaksamon a quien embistió con fuerza haciéndolo retroceder.

Frente al digimon de espadas de madera había un digimon insecto de cuerpo plateado con seis patas.

-Searchmon –dijo Davis con voz suave-, creo que esto no será tan interesante como esperaba –dijo en afán de burla encogiéndose de hombros y cruzándose de brazos.

-Déjame arreglar eso –escuchó decir a Ken para luego recibir de parte de este un uñetazo que logro llegar hasta el rostro del chico tumbándolo de la mesa de trabajo.

Davis cayó al suelo mirando como Ken saltaba sobre la mesa para aplastarlo. El joven pelirrojo rodo por el suelo evitando a Ken, quien detuvo su caída con las manos y se levantó presuroso para lanzar una serie de golpes a Davis los cuales él esquivaba mientras retrocedía.

Searchmon por su parte se mantenía lejos del alcance de Yaksamon que lanzaba ataques los cuales daban sobre los pilares metálicos y el suelo de la cámara.

Davis bloqueó uno de los golpes de Ken con el antebrazo, enroscándolo luego con el suyo propio para inmovilizarlo mientras que tomaba nuevamente su digivice.

-Mi turno –dijo mientras la pantalla del aparato se iluminaba.

Yaksamon volvió a cubrirse de luz y mientras la metamorfosis se realizaba del cuerpo luminoso comenzaron a salir disparados varios rayos de color azul que se esparcieron por la cámara, casi golpeando a Searchmon quien se movía con rapidez para evitar que los centelleantes ataques lo alcanzaran.

-A ver cómo le va al insecto contra Raidramon –se burló Davis. Ken gruño molesto mientras para luego lanzar un rodillazo contra el abdomen de Davis quien aflojó el agarre con que sujetaba el brazo del peli azul quien libero su brazo para luego asestar otro puñetazo al chico que trastabillo llevándose la mano al rostro, soltando después una risa socarrona.

-Ah, esto en serio es divertido –dijo antes de reanudar la pelea.


Los Fangmons se movían cada vez más rápido lanzando zarpazos que alcanzaban la piel de Garurumon y Kyubimon, que se esforzaban por mantener seguros a Rika y Matt. Estos dos trataban de apoyar a sus compañeros disparando sus armas contra la jauría de enemigos que les impedía terminar con la torre de una vez.

-Apártense…malditos…estorbos… -gruñía Rika con visible enfado mientras con una mano se aferraba a la rienda que la mantenía sobre el lomo de Kyubimon y con la otra jalaba el gatillo de su arma sin lograr atinarle a nada.

Uno de los Fangmons se lanzó de frente a Kyubimon dando un salto a pocos metros de ella con intención de arremeter contra su jinete. Kyubimon al instante se levantó frenando el avance del digimon con sus patas delanteras y apresando a este sujetándolo con sus fauces por el cuello llevándolo al suelo, pero al hacerlo alcanzó a notar que un segundo Fangmon había seguido la misma estrategia que el primero y mientras ella volvía a poyar las patas sobre la cubierta del barco el digimon saltó arrojándose contra Rika. La joven pelirroja dirigió su arma hacia el digimon al mismo tiempo que Kyubimon trataba de moverse para evitar que la joven fuera alcanzada por el enemigo, quien a pesar de todo alcanzó a llegar hasta Rika, quien por instinto soltó la rienda para cubrirse con ese brazo, el cual fue mordido por las fauces de Fangmon, quien empujó a la chica derribándola del lomo de Kyubimon.

-¡Rika! –exclamó la digimon girando sobre sí misma para ver como el Fangmon aprisionaba a la chica en el suelo sin soltar su brazo.

En ese momento el Fangmon a quien Kyubimon había derribado se puso en pie saltando sobre ella y comenzado a lanzar mordidas sobre su espalda, impidiéndole acudir en auxilio de su Tamer.

Rika forcejeaba tratando de librarse del agarre de Fangmon. Al momento de la caída su arma se le había caído, por lo que se defendía lanzando puñetazos al digimon sobre ella. El digimon al sentir los golpes de Rika mordió con más fuerza el brazo de la chica arrancándole un fuerte y agudo grito de dolor.

La chica sintió que le arrancaban el brazo cuando Garurumon se abrió paso embistiendo a los digimons que los rodeaban, hasta que un par de ellos se enfrentaron juntos al digimon frenándolo de golpe. Matt, sobre el lomo del lobo digimon, uso este momento para saltar con toda su fuerza y ayudado por la inercia llegó hasta el Fangmon que aprisionaba a Rika, aterrizando en su lomo y rodeando el cuello del digimon con la rienda que usaba con Garurumon, para aplicar toda su fuerza física sobre el cuello del digimon que al ser tomado por sorpresa no tardó en soltar el brazo de la pelirroja y apartarse de ella mientras realizaba turbios movimientos tratando de derribar a Matt.

El rubio se aferró con todas sus fuerzas, meciéndose de un lado a otro sobre el digimon para evitar ser alcanzado por las fauces de este. Por las fuertes sacudidas del digimon la escopeta de Matt salió volando en el momento en que este trato de tomarla para disparar contra el digimon, quien luego logró arrojar al chico que salió volando sobre la cabeza del digimon cayendo al suelo y girando en el hasta llegar al borde de la edificación sobre la que se encontraban y donde quedó colgando aferrado al borde.

Matt miró casi sin aliento la caída de diez metros para luego comenzar a impulsarse para subir, y al asomar la mirada por el borde de la construcción lo primero que logro ver fue al Fangmon acercándose a él con paso lento y emitiendo un ligero gruñido.

El digimon gruño de manera violenta estando frente al chico quien estaba a punto de dejarse caer para librarse de la mordida del enemigo, cuando un disparo lo hizo ceder, y vio como el digimon se retorcía al recibir el impacto de una carga eléctrica, para luego desplomarse en el suelo. Rika se encontraba detrás del digimon, sosteniendo la escopeta Matt con una mano, mientras que del otro brazo le brotaba sangre que comenzaba a gotearle por la mano. La chica se apresuró a llegar a Matt para ayudarle a subir, y el joven aceptó la ayuda sin protestar, tratando de hacer que la chica no se esforzara demasiado para subirlo.

Los dos jóvenes respiraban de manera agitada, mientras se ponían nuevamente de pie, y antes de que cualquiera de los dos pudiera decir algo unos gruñidos los alertaron de la presencia de los enemigos. Otros tres Fangmons les cerraban el paso y se aproximaban a ellos de manera lenta. Detrás de los digimons Garurumon y Kyubimon peleaban sin darse cuenta del peligro en que se encontraban sus Tamers. Matt tomó la escopeta de las manos de Rika mientras al mismo tiempo intentaba cubrirla.

-Si le disparas a uno los otros dos nos atacaran –le susurró la pelirroja.

-Supongo que la única opción es saltar –dijo igualmente en un susurro.

-Es un suicidio.

-Sí, eso parece, pero es lo único que nos queda, a las tres –dijo sujetando con la mano libre el brazo sano de la chica-. Uno… dos… tre…

El chico se interrumpió al escuchar un fuerte zumbido detrás de él, acompañado de una fuerte corriente de aire. Los Fangmons dejaron de mirar a los Tamers alzando la vista, mirando algo detrás de ellos que el muchacho rubio no tuvo que voltear a ver para saber de qué se trataba.

El halcón se alzó sobre el barco y en su cabina Eva sonreía de manera triunfal mientras los Fangmons dejaban de lado su pelea y comenzaban a gruñir y ladrar mirando con rabia a la nave sobre ellos.

-Caput –dijo la chica antes de accionar el gatillo en los controles que disparó un proyectil que viajó a toda velocidad desde la nave con dirección a la torre.

El misil viajó produciendo un intenso silbido que terminó en un fuerte estruendo al colisionar con la torre estallando al instante y convirtiendo aquella gran estructura de color negro en una lluvia de astillas que se esparcieron por todo el barco, desvaneciéndose en el aire y convirtiéndose en un polvo negro que el viento disipó borrando por completo.

Los Fangmons de inmediato se dejaron caer reaccionando de inmediato para levantar la mirada paseando esta de un lado a otro mirando a los dos digimons y a los Tamers.

-¿No pudiste hacer eso desde antes? –preguntó Matt bastante agitado.

-Hombres, siempre dan quejas pero nunca las gracias –contestó la voz de la piloto.


Debajo del barco los pocos digimons que seguían en combate también dejaron de pelear al instante y comenzaron a mirar a su alrededor visiblemente desconcertados.

En el cielo Angemon y Kabuterimon dejaron de lanzar ataques contra los Devidramons al ver la explosión sobre el barco y comprender que aquello significaba que la torre había sido destruida.


Matt y Rika permanecieron quietos por unos segundos mientras los Fangmons seguían mirando a todos lados desconcertados. Finalmente volvieron a mirar a los chicos, y el que estaba a la cabeza del grupo (posiblemente el líder del mismo) les gruño de manera poco amigable antes de levantar la cabeza lanzando un aullido que llegó a los oídos de toda la jauría que de inmediato emprendió la retirada sin prestar más atención a los demás.

-Eso estuvo cerca –dijo Rika mientras se desplomaba dejándose caer sobre sus rodillas.

Matt se arrodilló junto a ella mirándola con preocupación.

-¿Cómo te sientes? –preguntó mientras le ayudaba a quitarse la chaqueta procurando que no moviera mucho el brazo.

-Muy adolorida –respondió la chica tratando de esbozar una sonrisa que más bien parecía una mueca por el dolor.

-Y con razón, debemos llevarte al halcón para que descanses –dijo mientras se levantaba volteando a ver hacia el halcón-, chicas, necesitamos que…

-Ni lo sueñes Ishida –dijo Rika con voz firme tomando al chico por la chaqueta y arrastrándolo devuelta al suelo-, estamos a punto de terminar con esto y no me lo voy a perder –aseguró la pelirroja. Matt sonrió algo nervioso.

-Y pensé que Tai era terco –se burló el chico aunque la expresión seria de Rika le indicaba que no debía hacerlo-, está bien, pero de cualquier modo necesitas atención –dijo mientras accionaba el comunicador en su oído-. Mimi, ¿puedes venir a la cubierta del barco por favor?


La joven castaña escuchó la voz de Matt y puso atención a la petición del chico.

-De acuerdo, voy para allá, dile a Rika que no se mueva –pidió la joven.

-Lo intentare –le contestó el muchacho mientras que la joven era levantada del suelo por Toguemon y ambos se apresuraban a llegar al barco.

Tai mientras tanto miró a su alrededor como los contrariados digimons se miraban entre ellos y miraban a los Tamers. Algunos al igual que los Fangmons se alejaron apenas dejaron de estar bajo el control de los aros negros, pero otros tantos seguían ahí, fuera por el daño que habían recibido en la batalla o por alguna otra razón.

Hikari puso atención a un Golemon, quien levantó del suelo a un par de Meramons y después comenzó a correr internándose en el desierto.

-¿Creen que estén bien? –preguntó la joven castaña.

-Este desierto no es tan grande, además saben cuidarse solos –le aseguró Ryo, la chica lo miró contrariada-. Por como golpeaban yo supongo que saben cuidarse solos –agregó para intentar calmar las preocupaciones de la chica.

Tai dejó de ver a los digimons que seguían recuperándose después de haber estado por quien sabe cuánto tiempo bajo el control del Emperador para dirigir toda su atención al cubo sobre la arena. Kouta caminó hasta llegar a un lado del chico que lo miro de reojo por solo un instante.

-Bueno, ya no quedan más enemigos –dijo el chico de cabello negro con tranquilidad.

-Sí, pero tengo el presentimiento de que la parte difícil apenas viene –le respondió Tai.

-Bueno, no podía ser fácil por siempre, ¿o sí? –Tai sonrió para luego voltear a ver al resto de sus compañeros, todos listos para continuar con la batalla. Del cielo descendieron Angemon y Kabuterimon con T.K. e Izzy sobre sus espaldas, quienes lo miraron, al igual que el resto con expresiones decididas.

-Aún nos falta un poco más, y no sé qué nos espera en ese cubo, pero es hora de averiguarlo –dijo para luego trepar por la espalda de Greymon, sujetándose con fuerza a él-. ¡Con todo! –exclamó y a su grito se unieron varios otros iniciando lo que esperaban fuer ala ultima marcha en contra de Davis


Raidramon seguía disparando descargas que Searchmon esquivaba saltando entre los andamios y moviéndose a toda velocidad por el suelo de la cámara dificultando bastante la tarea de su adversario de neutralizarlo de una vez. Mientras tanto Davis y Ken también sostenían una pelea que se intensificaba a cada segundo. El joven peli azul llevaba en el rostro ya las marcas del conflicto (un labio partido, un hilo de sangre escurriendo de la fosa nasal izquierda y un corte en la ceja derecha), mientras que su oponente, pese a la palidez insana de su rostro, las ojeras y el sudor desmedido que le escurría por la cara no parecía estar en las mismas condiciones que el otro muchacho.

-¿Qué pasa Ken? ¿Ya te cansaste? –se mofo el muchacho.

Ken lanzó un gritó al tiempo que se abalanzaba contra Davis dándole un golpe en el abdomen con todas sus fuerzas, hundiendo su puño en el abdomen del chico que incluso sintió un intenso dolor al hacerlo. El pelirrojo se dobló al sentir el golpe, pero no retrocedió ni un centímetro, y luego solo levantó la mirada con una sonrisa siniestra en el rostro. Ken trató de conectar otro golpe en la cara del chico con su puño izquierdo, pero fue frenado por Davis, quien luego le asestó un puñetazo en la boca del estómago que lo dejó sin aire haciendo que se doblara sobre Davis, quien lo sujeto por la cintura cargándolo con una fuerza bestial para comenzar a correr con él con la intención de estrellarlo contra el muro.

En ese momento Ken recordó las palabras de Kouta.

-No puedes parar una fuerza como esta, pero si puedes cambiar su dirección –se dijo el muchacho para luego rodear el cuello de Davis con un brazo halando de el para sacarlo de balance.

Davis siguió corriendo pero al estrellar a Ken contra el muro él también se llevó parte del golpe.

Ken sintió como la mitad de su espalda colisionaba contra uno de los contenedores que había visto al llegar a la cámara, mientras que Davis por su parte también sintió un fuerte golpe en la cabeza producto de su propia fuerza. Davis y Ken cayeron al suelo, y mientras el joven pelirrojo se sentaba con la espalda contra el contenedor, a un lado de una escalera e mano (contra la cual se había golpeado), Ken no perdió tiempo y se alejó rodando por el suelo hasta quedar contra uno de los pilares en el cual se recargo, aun tirado en el suelo. Desde ahí el chico vio como Davis se llevaba una mano a la cara y él trataba de recuperar el aliento luego del último par de golpes.

Davis jadeaba al respirar mientras apartaba la mano de su rostro en la cual había un rastro de sangre que manaba desde su frente en la cual tenía un gran corte.

Ken lo miró sin poder evitar sentirse un poco preocupado, pero de inmediato la preocupación desapareció de el al ver como el chico se reía de forma extraña.

-En verdad eres molesto –dijo levantando el rostro el cual comenzaba a cubrírsele de sangre.

Ken intentó ponerse de pie, pero el dolor se lo impedía. Mientras tanto Davis se apartó la sangre del rostro y desvió la cabeza para escupir al suelo. Al hacerlo vio que se encontraba cerca de la palanca de uno de los contenedores, lo cual provocó que sonriera con sorna.

-A ver como lidias con esto –dijo accionando la palanca y lanzándose hacia la escalera para comenzar a subirla a toda prisa.

Los contenedores contra el muro emitieron un ruido estruendoso como de alarma, y al instante una compuerta se abrió en la parte baja de ambos liberando dos grandes corrientes de agua que comenzó a correr inundando la cámara.

Ken volvió a tratar de ponerse de pie antes de ser alcanzado por la corriente de agua que lo cubrió por completo en cuestión de segundos. Se sintió aplastado contra el pilar por la fuerza del agua hasta que pudo apartarse de este y se dejó arrastrar entonces por la corriente.

El agua invadió toda la cámara y siguió subiendo sin detenerse, llevándose consigo a Searchmon y a Raidramon también, quienes pronto quedaron cubiertos por el agua.

Davis, que casi terminaba de subir las escaleras llegando así al andamio sacó su digivice para provocar nuevamente una digievolucion de su compañero.

El cuerpo de Raidramon volvió a emanar una intensa luz cambiando su forma a un ser humanoide sin piernas y con una larga cola, brazos con manos que terminaban en garras y una especie de casco con visor que cubría su cabeza.

Mientras seguía siendo arrastrado por el agua Ken tomó también su digivice tratando de provocar otra digievolucion de su compañero.

Davis terminó de subir la escalera, para caminar por el andamio hasta llegar al barandal y desde ahí ver como su compañero nadaba hasta asomarse por la superficie del agua que seguía en movimiento (aunque su nivel ya no subía más) y que lo miró como esperando órdenes.

-Depthmon hazte cargo de Ken –ordenó el muchacho y el digimon volvió a sumergirse.

Entre el agua Ken luchaba por subir a la superficie siendo golpeado por las corrientes de agua que se habían producido al golpear esta las diferentes paredes de la cámara y que dificultaban la tardea de nadar. En ese momento el muchacho logró ver a Depthmon que se aproximaba a donde él se encontraba y que a pocos metros de distancia disparó una serie de burbujas que avanzaban hacia el indefenso Tamer.

El chico trato de nadar con más fuerza para evitar ser golpeado por el ataque del digimon, cuando un cuerpo largo que se desplazaba por el agua legó hasta el empujándolo para llevarlo fuera del agua.

Davis miró desde el andamio como un digimon de cuerpo blanco, semejante a una serpiente con alas a los costados de la cabeza y una mata de pelo verde sobre su nuca y sobre el cual se encontraba Ken emergía del agua de donde comenzaron a producirse explosiones, producto del ataque de Depthmon.

El digimon acuático surgió también del agua lanzándose contra la serpiente voladora, quien hizo girar su cuerpo a toda velocidad y golpeó con la punta de su cola a Depthmon enviándolo contra uno de los muros de la cámara donde s estrelló con fuerza y se deslizó hasta caer abatido sobre el andamio. El digimon se aproximó a la plataforma donde Ken cayó jadeando y tosiendo intentando levantarse.

Davis bufó mirando al digimon que lo encaraba de forma retadora, agitando sutilmente sus alas para mantenerse al vuelo, mientras que Ken se ponía de pie poco a poco.

-¿Qué te pareció nuestra forma de lidiar con eso? –le dijo con voz débil ya totalmente de pie.

Davis desvió la mirada con una sonrisa que denotaba su fastidio mientras llevaba una de sus manos a su espalda.

-Ya me aburrí de ti –dijo sacando un arma y apuntando directamente a Ken. El digimon de cuerpo blanco de inmediato se preparó para atacar, pero Davis levantó una mano señalándole que se detuviera-. ¿De verdad crees que puedes ser más rápido que una bala Quetzalmon? Yo lo pensaría dos veces en tu lugar –le dijo y el digimon permaneció quieto.

Un sonido agudo surgió del brazalete en la mano derecha de Davis (la misma que había extendido para detener a Quetzalmon) y el chico miró este por un instante.

-Adivino, la torre fue destruida –dijo Ken permaneciendo estático en su sitio. Davis no contestó, pero la expresión molesta en su rostro que volvía a cubrirse de sangre le confirmó a Ken su sospecha-. Ya no te queda nada, esto se acabó.

-¿En serio? –Dijo Davis riendo con tranquilidad-. Por favor, se lo románticos que pueden ser todos ustedes, dispuestos a dar la vida por defender sus causas. La única razón por la que no le pides a tu compañero que me ataque, o por la que tú mismo no te lanzas contra mí, es porque aun crees que puedo detenerlo, que puedo impedir que salga Pero lo siento, mis manos están atadas, ya no puedo hacer nada para evitarlo.

-Davis… –dijo Ken con tono suplicante.

-Y el estará aquí justo… -dijo mirando el aparato en su brazo-… ahora.


Los tamers y digimons seguían su marcha hacia el cubo. Hikari junto con Ryo, Cody, Suzie y Kouta viajaban sobre el lomo de Ankylomon, quien iba al final del grupo. La chica parecía algo distraída, muy sumido en sus pensamientos, cuando de un súbito momento reaccionó levantándose sobre el lomo del digimon.

-¡Alto! –exclamó a todo pulmón, aturdiendo a todos por el intenso grito escuchado por medio de los comunicadores.

-¿Qué pasa? –preguntó Tai, quien junto a Takato, Joe y sus compañeros lideraban el grupo.

La chica no respondió, pero su mirada se encontraba fija sobre el cubo que en ese momento emitió un fuerte ruido.

De la parte baja comenzaron a abrirse unas grandes compuertas que arrastraban la arena frente a ellas. Las compuerta se abrieron de par en par, pero el interior del cubo seguía a oscuras.

-Kari, ¿Qué tienes? –preguntó Gatomon alarmada mirando a la chica, que parecía aturdida, mirando fijamente el cubo incapaz de decir una sola palabra.

-¿Como…? ¿Por qué…? ¿Qué han hecho? –susurró la joven que parecía al borde del colapso.

Tai y Takato volvieron la vista al punto del cubo recién abierto, tratando de entender que estaba pasando, o a punto de pasar.

Un gruñido grave se escuchó de pronto surgir del cubo, seguido de unos pasos retumbantes que llegaban a oídos de todos los presentes.

-Carajo –dijo Taichi mientras saltaba del lomo de Greymon tomando su arma con ambas manos y avanzando con pisadas lentas sobre la arena.

-Tai –lo llamó Greymon, pero el chico se giró levantando la mano pidiéndole que esperara.

El castaño siguió avanzando, sin acercarse realmente mucho al cubo, esperando que de este surgiera el enemigo por su solo, y por el ruido que se escuchaba dentro de la estructura, eso no estaba muy lejos de pasar.

Un par de manos negras de delgados y afilados dedos se agarraron de los lados de la compuerta, pertenecientes a brazos largos y cubiertos con vendas y correas de cuero. Al verlos, el grupo entero de Tamers apuntó con sus armas al hueco del cubo. Otro par de manos, una de hueso por un lado y una roja conformada por una especie de exoesqueleto se asomaron debajo de los dos primeros brazos apoyándose igualmente en el marco de la compuerta.

-Hay más de uno –dijo Ryo contrariado, apuntando con un rifle y enfocando con la mirilla de este la imagen. Sintió entonces que le tocaban el hombro y al voltear vio a Hikari, de pie (debajo del lomo de Ankylomon) junto a él.

-Mira bien –pidió la chica.

Un cuerno gris asomó poco a poco, perteneciente a una enorme cabeza semejante a un casco que terminaba en unas fauces de afilados dientes. La parte inferior de la mandíbula se unía a un cuerpo grande y grueso de piel naranja del cual nacían los brazos, y que terminaba en un par de patas de pelaje blanco. El cuerpo entero de aquel monstruo asomo por fin, y los Tamers y digimons lograron apreciar que de su espalda surgían cuatro alas; las dos superiores, majestuosas y cubiertas de plumas blancas, mientras que las dos inferiores eran zarrapastrosas y de piel roja. Aquel ser en su conjunto daba la impresión de ser una colección de piezas unidas de forma arbitraria, lo cual aumentaba el terror que su expreso sedienta de sangre provocaba.

-Eso… ¿eso es un digimon? –preguntó Joe mirando a la bestia que permanecía inmóvil.

El digimon recién aparecido miró a su alrededor, paseando sus grandes ojos amarillos por cada uno de los presentes que permanecían expectantes, preparándose para cualquier movimiento del enemigo, aunque también conmocionados visiblemente por la apariencia de este.

El ser salido del cubo lanzó repentinamente un rugido que llenó los oídos de todos provocando un fuerte estremecimiento y escalofrió, para después saltar con una poderosa fuerza y comenzar a aletear con las cuatro alas elevándose por encima de los Greymon, Growlmon y el resto de los digimons y Tamers. Desde arriba el extraño ser disparó un rayo verde desde su boca el cual pasó por entre el grupo obligándolos a dispersarse huyendo del fulminante calor que la energía producía.

-¡Detente! –exclamó Angemon lanzándose contra el digimon y arrojando sobre el su ataque el cual dibujo una estela de luz desde el puño del ángel hasta el cuerpo del monstruo estallando contra este pero sin causar ningún daño. Kabuterimon también se unió al ataque disparando sus esferas de energía las cuales surtieron el mismo efecto que el ataque de Angemon, incapaces de detener al ser que siguió abanando hasta alcanzar a ambos digimons voladores con sus largas manos negras con las cuales golpeó a ambos digimons enviándolos al suelo.

Angemon y Kabuterimon comenzaron a caer en picada con sus respectivos compañeríos en la espalda, por lo que comenzaron a maniobrar en el aire para evitar que estos se lastimaran, aterrizando en la arena con fuerza pero de la mejor manera posible.

-T.K., ¿estás bien? –preguntó Angemon de rodillas sobre la arena.

-Sí, no te preocupes.

-Será mejor que desde ahora esperen en tierra –dijo Kabuterimon, y sin protestar Izzy y T.K. bajaron de las espaldas de sus compañeros.

El digimon siguió su vuelo describiendo un círculo en el aire para luego lanzarse a toda velocidad contra la nave que permanecía suspendida en el aire.


-¡Eva! –exclamó Juri mientras se aseguraba a su asiento.

-¡Lo sé! –exclamó la chica que se encontraba aferrada a los controles de la nave y veía como a toda velocidad se dirigía hacia ellas el monstruoso ser.

La chica hizo apartó con brusquedad la nave al tiempo que la hacía girar para apuntar el frente hacia el digimon que acababa de pasarles por un lado. La nave se movió en el aire con suma rapidez, pero aun así al terminar el movimiento la piloto y su acompañante se percataron de que el ser ya estaba nuevamente de frente a la nave.

-Maldición, se mueve rápido –dijo mientras veía como el monstruo abría las fauces preparándose para disparar su ataque.

Eva empujó las palancas de la nave al frente, haciendo que esta acelerara y comenzara a descender en picada evitando el golpe del rayo del digimon. La nave comenzó a descender a toda velocidad mientras que el monstruo volador se enfilo para perseguirla agitando con fuerza sus cuatro alas.

-Nos alcanza –dijo Juri aferrándose a su asiento y viendo como la colisión con la arena estaba cada vez más cerca.

Eva no respondió, siguió descendiendo acelerando cada vez más hasta que el choque era prácticamente inminente, y en ese momento levantó con brusquedad la nave la cual emitió un crujido alarmante al tiempo que vibraba con intensidad. La nave comenzó a ganar altura nuevamente cuando otro golpe brusco se escuchó acompañado de un temblor inusual.

-¿Qué fue eso? –preguntó Juri.

Eva revisó los monitores notando una señal de alarma que provenía de una de las alas de la nave.

-Ese maldito alcanzó a golpearnos –dijo mirando las luces rojas parpadeando-, debemos ganar altura, apartarnos de él o nos derribara, es muy…

-¡Eva! –la llamó Juri y la chica volteó al frente percatándose de que el monstruoso digimon se encontraba cerrándoles el paso.

Sus alas se movían con ligereza mientras el digimon se mantenía quieto, esperando la colisión con la nave.

-¡Carajo! –exclamó la chica mientras accionaba los gatillos de la nave disparando sobre el enemigo una ráfaga que lo golpeó de lleno. Al mismo tiempo cambió la dirección del vuelo evitando el choque y al elevarse sobre el digimon volvió a girar la nave para poder apuntarle desde arriba.

La nube de humo se disipó con rapidez mostrando al digimon que se volvía a preparar para disparar contra la nave.

Cuando el disparo estaba por salir un Birdramon y Anquilamon embistieron al monstruo evitando que su disparo diera contra el halcón. Ambas aves digimon se separaron después, Birdramon elevándose por detrás del monstruoso ser para desde ahí disparar sus meteoros fugaces, mientras que Anquilamon ganaba distancia para luego volver a arremeter con una embestida en contra del cuerpo del ser, quien recibió ambos ataques de lleno sin retroceder.

-No está funcionando –dijo con preocupación Juri.

-Es pronto para decir eso –aseguró Eva mientras ambas chicas escuchaban golpes en la parte superior de la nave, para luego ver que por el frente de la cabina se deslizaba Leomon con espada en mano y saltaba desde la punta de la nariz del halcón lanzándose sobre el enemigo.

El gran felino aterrizó sobre la cabeza del digimon, aferrándose con una mano al cuerno de este y comenzando a arremeter contra su cabeza con la espada, la cual al chocar contra el casco del ser producía un sonido metálico.

Leomon gruño al ver que sus ataques no surtían efecto y manipulando la espada con una mano se dispuso a clavarla contra el ojo del digimon, quien para impedirlo levantó el brazo esquelético y lanco con él un puñetazo que Leomon alcanzó a esquivar. El ser estaba por repetir la maniobra cuando una serie de disparos comenzaron a golpear la parte inferior de su cuerpo. Sobre la arena, debajo de él, Growlmon, Greymon, Ikkakumon y Guardromon disparaban sus ataques contra el digimon. Leomon intentó nuevamente atacar el ojo del monstruo, pero nuevamente un puño se lanzó sobre él y esta vez digimon no alcanzó a esquivar el golpe y lo recibió de lleno soltando el cuerno del casco y comenzando a caer.

Leomon se recuperó del golpe mucho antes de tocar el suelo, pero incapaz de evitar el mismo su impacto contra la arena, siendo rescatado por Angemon quien lo sujeto por los brazos llevándolo consigo unos cuantos metros hasta soltarlo y dejarlo caer con ligereza sobre la arena, cerca del resto de digimons que seguían disparando contra el monstruo en el aire.

-Pero qué diablos es esa cosa –preguntó Kouta desconcertado.

-No se parece a nada que haya visto antes –agregó Ryo.

-Eso es falso –dijo Hikari, quien seguía mirando al digimon en un estado como de letargo.

Tai, al igual que varios otros de los presentes, la miró confundido.


Ken seguía mirando fijamente a Davis, mientras que este se quitaba usando la boca para no dejar de apuntarle con el arma al muchacho el aparato en su mano libre, al lograrlo le arrojó este a Ken quien lo atrapó sin dificultad y en una pequeña pantalla pudo ver al digimon que sus compañeros combatían en ese momento y que Davis había liberado.

-¿Qué es esto? –preguntó Ken.

-Un paso más allá de la evolución, la creación misma –dijo con tranquilidad.

-Pero que haz… ¿qué fue lo que hiciste?

-Ya te lo dije, yo no fui, aunque me hubiera gustado ser yo quien tuviera tan brillante idea, pero yo solo la concluí, veras, cuando lo encontré la mayor parte del trabajo estaba hecha, pero aun había problemas, amalgamar la información genética de cada componente y que estos se aceptaran entre si era complicado, por suerte, tuve acceso a cierto ADN en particular valioso y resistente, y la combinación fue perfecta.

-¿De qué hablas? –preguntó Ken.

-¿No te das cuenta? Míralo bien –dijo el chico sin dejar de sonreír de forma maliciosa. Ken miró detenidamente la imagen del digimon.

-Agumon –dijo al final.

-Exacto. Al agregar el material genético de Agumon, el cuerpo de Greymon prácticamente sirvió de base, sobre él se pudieron anexar las patas de Garurumon, los brazos de Devimon y Kuwagamon, las alas de Angemon y de Airdramon, la cabeza de Kabuterimon y la cola de Monochromon. Pero la fuerza de ese componente orgánico fue tal que incluso uno de los brazos de SkullGreymon se apareció, al igual que el pelo de MetalGreymon, algo bastante curioso, ¿no crees?

-Esto, es llegar muy lejos Davis.

-Estoy de acuerdo –dijo con tono frívolo-, pero en la guerra, a veces las personas hacemos cosas muy crueles, ¿no crees? Yo solo quiero concluir lo que empezaron, yo solo quiero devolverle el equilibrio al mundo.

-¿Equilibrio? ¿Crees que esta locura…? ¡¿Qué este monstruo le dará equilibrio a algo?! ¡Lo único que traerá es muerte y destrucción! –exclamó con furia el chico peli azul.

-Ken, no entiendes –dijo Davis negando con la cabeza-, el único equilibrio que existe, es la muerte-. Pero ya basta de pláticas –dijo y en ese momento un digimon surgió del agua atrapando a Quetzalmon y hundiéndolo con él. Ken alcanzó a ver que se trataba de un Shellmon que llevaba en un brazo una espiral negra-, Kimeramon se encargara de ellos, y yo, ahora mismo me encargaré de ti –el arma en manos del muchacho produjo un sonido metálico al ser amartillada-. Hasta aquí…


Sobre el barco Matt permanecía junto a Garurumon, ambos observando la batalla en el cielo. El monstruoso digimon se arrojaba sobre Anquilamon, Birdramon, Angemon o Kabuterimon tratando de alcanzarlos con sus largos brazos mientras que el resto intentaba amedrentarlo atacándolo todos juntos. A pesar del gran tamaño del digimon que superaba visiblemente a los otros, su velocidad era impresionante, por lo que a pesar de tratarse de varios ponentes al mismo tiempo, no parecía estar en desventaja, sino al contrario.

Rika también vigilaba la pelea, mientras que Mimi terminaba de cubrir las heridas en el brazo de la chica e improvisaba un cabestrillo con una correa y un pedazo de tela.

-Servirá por ahora, pero necesitas que alguien más calificado revise eso cuanto antes –le indicó a la chica mientras la ayudaba a ponerse de pie.

-Esa cosa tiene la ventaja en aire, Yolei, Sora, tienen que acercarlo a tierra para que podamos ayudarles –dijo el Ishida mientras trepaba al lomo de Garurumon.


Birdramon y Anquilamon se elevaron por encima del monstruo mientras a este lo atacaban Kabuterimon y Angemon juntos.

-Apunta a las alas –indicó Sora una vez que ambos digimons se encontraban suspendidos en el aire sobre el enemigo.

-Eva dispárale tú también –señaló Yolei

-Correcto –respondió la chica.

Angemon y Kabuterimon dispararon juntos sus ataques, los cuales colisionaron contra los brazos del monstruo, quien los utilizó para cubrirse de las explosiones. Mientras Tanto Birdramon volvió a arremeter contra el enemigo con sus meteoros fugaces al tiempo que Anquilamon se disparaba contra este golpeándolo en la nuca. El digimon comenzó a descender ganando velocidad al hacerlo, mientras que sus alas, (envueltas en las llamas del ataque de Birdramon) se mecían con menos intensidad incapaces de reducir del todo la fuerza de la caída.


Matt cabalgaba sobre el lomo de Garurumon quien se lanzó hacia la proa del barco, desde donde veían al digimon cayendo a tierra.

-Ahora Garurumon, ¡atácalo! –exclamó el chico y el lobo disparó un intenso chorro de fuego azul que llegó hasta el cuerpo del enemigo quien recibió el impacto en un costado.

Su mirada gélida se dirigió entonces al barco y sus fauces se despegaron nuevamente para dejar salir un disparo que se arrastró por la arena hasta llegar al barco el cual golpeo por un costado haciendo volar gran parte de la estructura y sacudiéndolo por completo. Las grandes ruedas que sostenían el inusual vehículo se desprendieron, provocando que el barco se inclinara haciendo que sus ocupantes resbalaran sobre él.

Rika rodo por el suelo sintiendo los golpes en su brazo hasta que Mimi logró sujetarla y sujetarse ella misma a los vestigios de la cubierta del barco, de donde luego resbaló cayendo hasta lograr alcanzar parte del barandal del barco el cual se había separado de la cubierta, quedando colgando ambas de la destrozada borda. Toguemon y Kyubimon cayeron justas por el hueco que había quedado en el barco desde el momento en que la capsula de Davis se había disparado, mientras que Garurumon había logrado escapar del impacto saltando del barco y aterrizando sobre la arena.

-Carajo –dijo el chico al percatarse de la posición del barco que parecía a punto de hundirse en la excavación de la arena que por el ataque del digimon se había acrecentado-. Mimi, Rika, ¿están bien?

-Si –respondió la castaña.


-Solo un poco ocupadas –agregó la chica mientras se sujetaba con ambas manos a la destrozada baranda, y a su vez, Rika se aferraba a ella sujetando la espalda de su chaqueta con la mano sana.

-No creo aguantar mucho.

-No se te ocurra soltarte –le dijo Mimi mientras intentaba escalar la baranda que se mecía ligeramente.

-Si no lo hago ambas estamos acabadas –dijo la pelirroja mirando hacia abajo, encontrándose con la larga caída hasta el fondo, donde yacían ya grandes pedazos del barco.


-Aguarden, iré por… -dijo Matt mientras que por un costado de él y Garurumon pasó el colosal cuerpo de Greymon, sobre quien iba Taichi.

Greymon para luego saltar sobre el barco y comenzar a escalar este clavando sus garras blancas en el metal de la estructura la cual atravesaba sin dificultad. El gran digimon escaló hasta llegar a la sima desde donde Taichi saltó sin mediar sus acciones, aterrizando sobre la cubierta de metal, resbalando por ella por la posición inclinada del barco, hasta que logro recuperar el equilibrio mientras que Greymon terminaba de subir.

-Mimi, ¿Dónde están? –preguntó con voz jadeante. La chica tardo unos segundos en contestar pero finalmente el muchacho escuchó la voz de la castaña.

-A estribor, no muy lejos de la proa.

-¿Estribor es derecha o izquierda? –preguntó el chico congelándose por la indecisión.

-¡Derecha!

-Claro, perdón –dijo el chico mientras volvía a marchar-. Greymon –dijo el muchacho llamando a su compañero y volteando hacia atrás para verlo, percatándose de que este se encontraba plantado firmemente en lo que quedaba de la proa del barco, vigilando los movimientos del monstruoso digimon sobre quien llovían los ataques del resto de los digimons.

-Yo vigilare, ve por ellas –dijo con voz sonora el digimon, a lo que Tai dudo por unos instantes antes de volver a correr, abriéndose paso por la destrozada cubierta.


Un crujido metálico y una ligera sacudida parecían advertir que la baranda estaba por ceder y llevar consigo a ambas chicas. Mimi, que había estado intentando escalar pro esta se detuvo.

-Sube tu –dijo Rika en voz baja-, soportara tu peso pero no el de ambas.

-Ya te dije que no voy a dejarte –dijo Mimi con voz decidida.

-Eres necia –dijo la pelirroja apartando la mirada por lo apenada que le hacía sentir el ser una carga para los demás.

-Estaremos bien, solo…hay que aguantar –dijo antes de que otra sacudida se produjera-, maldición Tai, ¿Dónde estás?

-¡Chicas! –exclamó el muchacho y ambas levantaron la vista para ver como Tai aparecía de detrás de los escombros de la cubierta del barco y entre estos se movía con lentitud y dificultad.

-¡Tai! –exclamó Mimi y una vez más una sacudida se produjo haciéndolas descender poco menos de un metro-. ¡Esto no va a aguantar mucho más!

-Lo sé, solo esperen –dijo el muchacho mientras se apresuraba por entre los escombros hasta llegar al final de lo que quedaba de la cubierta.

Rika levantó la mirada para ver que Tai se encontraba aferrado a los vestigios de la cubierta a una distancia de cuatro o cinco metros de ellas.

-¿Y ahora qué? –preguntó la chica con voz malhumorada.

Tai miró a su alrededor hasta encontrar un soporte de metal que había quedado expuesto luego del ataque del digimon enemigo y se arrojó sobre este. Sacó de entre su chaqueta una cuerda negra la cual aseguró con rapidez y de forma tal que pudiera utilizarla como polea, para luego lanzarla a Rika y Mimi. La castaña atrapó la cuerda la cual rápidamente trenzó a su brazo, mientras que el otro extremo estaba asegurado a la estructura metálica y también era sujetado por Tai.

-Suéltate, las ayudaré a subir.

-Está loco –dijo Rika visiblemente nerviosa.

-Sí, pero hasta ahora todas sus locuras han funcionado más o menos bien –respondió Mimi mientras se preparaba para saltar, aferrándose con fuerza a la cuerda-. ¿Lista? –pregunto y sintió como Rika se aferraba con más fuerza a su cuerpo.

-No –contestó finalmente la pelirroja antes de que Mimi soltara el barandal y ambas chicas quedaran meciéndose con la cuerda.

Rika esperaba caer en el momento que Mimi soltara el barandal, pero para fortuna de ambas la cuerda resistía y Tai había comenzado a alar de esta para subirlas, mientras que a su vez la castaña trataba de escalar poco a poco.

La mano de Tai finalmente alcanzó a sujetar el brazo de Mimi ayudándose a subir, poniendo a salvo a ambas chicas y al castaño, que se recargaron mientras normalizaban su respiración. El barco emitió un crujido y notaron como se inclinaba un poco más, acercándose a la inminente caída.

-Vámonos de aquí –dijo el castaño a lo que ambas chicas asintieron para comenzar a escalar.


El monstruo digimon aterrizó sobre la arena al seguir recibiendo de lleno los ataques de Angemon y Kabuterimon. El digimon fue rodeado de inmediato por Ikkakumon, Gargomon, Growlmon y Guardromon, que disparaban de forma incesante contra él.

A su alrededor Anquilamon y Birdramon describían círculos evitando ser alcanzadas por los brazos del digimon que se agitaban buscando a los enemigos.

-No se acerquen demasiado o podría alcanzar a alguno –avisó Eva desde el halcón, el cual sobrevolaba el área de explosiones en medio de la cual se encontraba la creatura.

Birdramon descargó otra lluvia de fuego sobre el digimon. Las llamas se alzaron por todo su cuerpo sumiéndolo en ellas, pero de entre estas broto el brazo del mismo alargándose con dirección al ave digimon que retrocedió con fuertes aleteadas. El monstruoso digimon asomó su rostro y el resto de su cuerpo avanzando entre el fuego sin inmutarse por los ataques de los demás, dispuesto a llegar hasta Birdramon, de quien la distancia que los separaba se reducía rápidamente.

Fue el ataque de Garurumon lo que desvió la atención del monstruo evitando que lograra alcanzar a Birdramon, que aprovechó ese momento para elevarse por encima del digimon enemigo.

El chorro de fuego azul de Garurumon golpeaba con insistencia el torso del monstruo, pero no frenaban su avance, decidido a llegar ahora hasta el lobo digimon que lo encaraba de forma retadora.

-¡Matt! ¡Apártense! –gritaba T.K. invadiendo el oído de Matt quien no parecía tener intenciones de acatar la indicación de su hermano.

-¡Sigue Garurumon! ¡No te detengas! –el brazo largo y negro del monstruo se alargó bloqueando el ataque del lobo aplastando la arena del lugar donde se encontraba y que Garurumon alcanzó a abandonar a tiempo con un salto.

La mirada del digimon ubico rápidamente a Garurumon, pero el golpe de una bola de fuego contra su rostro lo hizo desviar la mirada.

Sobre la derruida proa del barco se encontraba Greymon, con las fauces entreabiertas liberando una sutil estela de fuego junto con un gruñido tenue. El monstruo y Greymon se miraron por un instante que parecía eterno, como compartiéndose el uno al otro su furia y una amenaza silenciosa.


Tai, Rika y Mimi llegaron a la proa del barco en ese momento. Tai miró la espalda de Greymon y de frente a él notó la intensa mirada del monstruoso digimon.

-Greymon –una fría sensación le recorrió la nuca y la espalda al escuchar el ligero gruñido de su compañero.

El monstruo digimon rugió con fuerza a lo que Greymon respondió comenzando a disparar sus mega flamas contra el cuerpo del digimon que las recibía por completo.

Tai sentía que los pies le pesaban, tenía el deseo de correr hacia su compañero pero era incapaz de moverse. Tenía deseos de gritarle para darle ánimos pero incapaz de hablar. Una sensación de vacío acababa de instalarse en su estómago y le nublaba el pensamiento. En lugar del valor que siempre había mostrado en situaciones como esa, al ver a su compañero en plena batalla y notar como el monstruo se preparaba para atacar nuevamente, lo único que pudo distinguir en la maraña de sensaciones que le recorrían el cuerpo, fue un profundo miedo.

-¡Agumon! –exclamó el chico mientras que el monstruo disparaba nuevamente aquel peculiar rayo verde que impacto en el frente del barco causando que este explotara levantando a Greymon en el aire y enviándolo hacia atrás-. ¡Agumon! –repitió Tai de forma alarmada mientras corría hacia la explosión y veía a Greymon caer mientras su cuerpo se encogía con velocidad.

El muchacho se lanzó para atrapar a Agumon quien al caer sobre Tai lo derribó.

-Tai…. ¿Qué paso? –preguntó el digimon mirándose a sí mismo desconcertado y mirando a Tai después.

-No quiero que te lastimen otra vez –dijo el chico con voz débil.

El barco volvió a sacudirse, esta vez con más intensidad, inclinándose poco a poco, señal de que comenzaba a volcarse.

-¡Tai! –exclamó Mimi mientras ayudaba a sostenerse a Rika y ella también se esforzaba por mantenerse de pie.

Un fuerte ruido se escuchó detrás de las chicas y ambas vieron como la cubierta era atravesada por un enorme puño de color rojo. Toguemon y Kyubimon surgieron del interior del barco y sin decir nada se lanzaron hacia sus compañeras. Kyubimon, con agilidad y rapidez llegó hasta Rika ayudándole a subir en su lomo para luego correr hasta la borda de babor del barco y saltar desde ella, mientras que Toguemon sujetó a Mimi rodeándola con un brazo y se apresuró a llegar hasta Taichi y Agumon a quienes también tomó antes de saltar del barco mientras este caí, hundiéndose entre la arena.

Kyubimon aterrizó con suavidad mientras que Toguemon rodó en ella abriendo los brazos y dejando a Mimi, Tai y Agumon rodar por la arena unos cuantos metros.

Angemon y Kabuterimon volvieron disparar contra el monstruo digimon llamando la atención de este, quien se levantó de la arena aleteando con fuerza y provocando una intensa tormenta de arena al hacerlo, la cual envolvió a todos los Tamers y digimons.

Tai cubrió a Agumon con su cuerpo pese a los movimientos con que este trataba de liberarse del agarre.

-¿Qué diablos te pasa? –le espetó el digimon con tono molesto.

-Yo… -dijo el chico liberando de su agarre a Agumon mientras que la arena dejaba de golpearlos-,…no lo sé –dijo el chico mirando al digimon que parecía molesto y confundido-. Esto es mi culpa… y no quiero que sigas pagando por eso –dijo entre jadeos el castaño.


-…esto es todo –dijo Davis mientras sonreía con satisfacción.

Ken escuchaba detrás de él el agua inquieta en la cual su compañero luchaba por librarse del digimon que había surgido de repente y que lo había dejado en completa desventaja, aunque, por una buena razón, el chico no se sentía en desventaja.

Davis notó que la tensión de Ken desaparecía rápidamente. Sus puños se abrieron, y en su boca se dibujó una pequeña sonrisa mientras que sus ojos dejaban de mostrar furia, y mostraban algo más parecido a la piedad o la lastima.

-¿Tú crees? –dijo con voz tranquila. Davis rio con fastidio sin dejar de apuntarle fijamente con el arma.

-Se ve que no comprendes la gravedad de la situación en que te encuentras, no importa que intenten, no podrán vencer al Kimeramon, y en cuanto a ti, no saldrás de aquí con vida. Esta arma está cargada con municiones reales, dime, ¿Cómo piensas escapar de esto?

Ken siguió mostrándose tranquilo, relajado, y aquella actitud comenzaba a perturbar a Davis.

-Se ve que eres tu quien no comprende la situación –dijo con voz suave, acompañando sus palabras de dos ligeros pasos-. No tengo ni que escapar, porque sé que no vas a disparar.

-¡Estoy apuntándote con un arma!, ¿sabes cuánto tiempo estuve esperando una oportunidad como esta? ¿Crees que la dejaría pasar?

-Ya lo has hecho antes –dijo con tono burlón aumentando la furia de Davis.

-Durante los últimos meses no he hecho más que intentar asesinarlos, ¿y aun así lo dudas?

-No lo dices en serio –aseguró el chico-. ¿Qué has intentado asesinarnos? Por favor, desde la primera vez que "atacaste" –dijo dibujando unas comillas en el aire- jamás te has esforzado realmente por causarnos daño –dijo mientras daba otro paso al frente, a lo que Davis retrocedió con nerviosismo-. Has estado cerca, si, y nos has causado daño, lo admito, pero nunca has tenido la intención de matar a ninguno de nosotros.

-No sabes de lo que hablas –la voz del chico comenzaba a titubear.

-Lo sé, claro que lo sé, y aunque trates de negarlo es la verdad, sino, dime, ¿Por qué no acabaste con los chicos la primera vez que atacaste en la Aldea pingüino? Tenías toda la ventaja.

-Yo… -trataba de decir el muchacho.

-En cada batalla, parecía que nos dabas la suficiente oportunidad de sobrevivir, de ganar. Al principio pensé que lo hacías porque disfrutabas jugar con nosotros, todos creíamos que te gustaba burlarte y extender el suplicio lo más posible, pero luego lo comprendí, nunca tuviste la intención de dañarnos en realidad, a nosotros no…

-Cállate –dijo con voz firme el muchacho.

-… lo sé, porque vi tu expresión cuando Juri cayó en Cempoal Town –Davis desvió la mirada para evitar el contacto con los ojos insistentes de Ken-. Todos estábamos preocupados por ella, todos estábamos enfadados, pero tú, tu rostro mostraba algo más que preocupación o enfado.

-¡Cállate! –exclamó con fuerza el chico que no pudo seguir retrocediendo al sentir la pared en su espalda.

-¡Te sentiste culpable, en tu rostro podía verse! ¡Al volver a la mansión te encerraste sin decir una sola palabra, y lo hiciste por que no esperabas lastimar a nadie de esa manera ¿verdad?!

-¿Olvidas que le dispare a Ryo? –le espetó con violencia. Ken sonrió de forma burlona.

-Si… pero explícame, ¿teniendo la oportunidad de matarlo en ese momento, porque solo lo heriste? –Davis no pudo decir nada más, las palabras no lograban salir de su boca-. Jamás quisiste lastimar a ninguno de nosotros, aunque así insistes en hacérnoslo creer, y en hacértelo creer –Ken miró la duda en la mirada de Davis-. Por eso sé que aun eres tú, sé que esto no eres tú, toda esta parafernalia del emperador de los digimons, ¡Esto no eres tú! ¡Y tú más que nadie estaría en contra de esta mierda! –Le espetó al chico que en ningún momento había dejado de apuntarle-, y aun puedes. Ayúdanos a detener esa cosa, y te ayudaremos a volver a ser tú, a ser el de antes.

Davis volvió a mirar a Ken, clavando sus ojos llenos de furia en los ojos del muchacho.

-¿Y por qué querría volver a ser el de antes? Ahora soy mejor.

-No es verdad, y en el fondo tú tampoco crees que sea verdad.

-¿En verdad estas convencido de toda esa mierda? –preguntó el chico pelirrojo con expresión de burla e incredulidad.

-Estoy seguro, y por eso sé que no dispararas –dijo dando otro paso al frente.

-¡Deja de avanzar o haré picadillo tu cerebro! –lo amenazó levantando el arma a la altura del rostro del chico, quien volvió a sonreír mientras acortaba la distancia entre ellos, quedando a escasos centímetros del cañón del arma.

-Adelante, Emperador –dijo con voz desafiante.

La mano de Davis temblaba ligeramente, y en su rostro se había instaurado una expresión de aflicción que aunado al color pálido de su rostro, las ojeras y la herida que seguía emanando sangre lo hacía ver en un estado lamentable.

-Davis, baja el arma –pidió Ken con voz suave.

El chico trago salida con dificultad, tensando el dedo sobre el gatillo.

-No –dijo casi en un susurro, para después accionar el arma llenando la cámara del sonido de la detonación y del olor de la pólvora.

Continuara...


Y llegamos al final de otro capitulo. les agradezco su titanica paciencia para esperar y luego leer estos grandes capítulos.

Pensaba que este capitulo sería mucho más corto, pero al final termino extendiéndose bastante y bueno, no quise cortarlo sobre todo por que aun falta una parte más de esta ya muy alargada batalla, y lo que sigue, pues también sera importante, e interesante tengo pensado y espero así les paresca.

Agradecimientos: como siempre a anaiza 18 por sus alentadores comentarios, marth andromeda por su interesante información compartida y a Oni por unirse a esta nave de los locos (no tenia ni idea de que el Takato y Juri era oficial 0.0).

Quiero agradecerle también a la cerveza por mantenerme vivo y al cigarrillo por matarme lentamente, al creador de Digimon por alegrarme la infancia y a Emma Watson por ser cada día más bella.

Nos vemos en la próxima actualización, que por la cantidad de cosas que debo hacer, quizá sea hasta el próximo mes. Por desgracia estaré bastante ocupado estos días (este año y quizá más) pero intentaré subir un capítulo al menos cada mes, ya no me seguiré engañando a mi mismo y a ustedes diciendo que es posible actualizar cada semana.

Sin más por el momento, feliz navidad, año nuevo y día de reyes atrasado, y anticipadamente feliz día de la candelaria y 14 de febrero.

Paz y amor... y alcohol