…Más yo ya pase la etapa de sufrir por cariño,
y solo toco juego aprendo vivo al ritmo de un niño,
pues solo se de la vida que la mía esta entre renglones
y que dejar de escribir sería arrancarme los pulmones…
Capitulo XXIII
Desierto Arkam en Sarvar, en el digimundo.
Julio 13 del 2085
Angemon disparó su ataque contra Kimeramon, quien sin reducir la velocidad siguió de frente hacia el ángel digimon quien se apresuró a retroceder para alejarse del enemigo, a lo que este comenzó a perseguirlo con insistencia. Kabuterimon se posicionó detrás del monstruo digimon persiguiéndolo a toda velocidad mientras que el monstruo Kimeramon estiraba sus brazos hacia Angemon. A poco de alcanzar a su objetivo, el monstruo se vio golpeado por la lluvia de fuego que desprendía el cuerpo de Birdramon.
Angemon se detuvo de golpe y se giró para ver al digimon que era consumido por el fuego de Birdramon, no obstante continuaba con su avance lanzando sus dos brazos superiores contra el ángel digimon que sostuvo las gigantescas palmas del monstruo para evitar quedar aplastado entre estas, mientras que los otros dos brazos del digimon comenzaban a acercársele lentamente.
Kabuterimon surgió de debajo del digimon sujetando el brazo esquelético del monstruo mientras que Aquilamon embestía el brazo recubierto por el exoesqueleto rojo propio de Kuwagamon. Con un gran esfuerzo Angemon logró liberarse de la presión ejercida sobre su cuerpo y se elevó quedando por encima del Kimeramon disparando desde ahí un muy cargado "Golpe de fe" que impactó contra el cráneo metálico de la cabeza del monstruo, quien rápidamente se recuperó y de una fuerte sacudida de sus alas volvió a dispararse contra el ángel quien volvió a alejarse del enemigo.
-¿Por qué solo busca atacar a Angemon? –preguntó con preocupación T.K. mirando la pelea desde tierra.
-Seguramente se dio cuenta de que pelear contra todos sería muy tardado e innecesariamente complicado y ahora busca eliminar a nuestros compañeros uno por uno –señaló Ryo.
-Tiene sentido –dijo Henri en apoyo de las palabras de Ryo-, después de todo, puede recibir los ataques de los otros tres sin que estos le provoquen gran daño y es solo cuestión de tiempo para que en cambio él logre causarle un daño severo a Angemon, y seguir así hasta derribar a los cuatro.
T.K. desvió la mirada de la frenética persecución a la que el monstruo sometía a Angemon y que daba la impresión de tratarse de cacería en la que el depredador busca conseguir que su presa se canse antes de realizar el efectivo ataque final.
-Y después de que lo logre, ¿buscará hacer lo mismo con el resto de nosotros? –preguntó Cody con un tono que evidenciaba su preocupación.
Matt, parado de forma estoica junto a Garurumon no apartaba la mirada de la batalla en el cielo mientras que Birdramon volvía a bañar con fuego al monstruo que atravesaba las llamas con total facilidad arremetiendo con sus largos brazos contra el ave digimon obligándola a apartarse.
-Pues no podemos darnos el lujo de esa oportunidad –dijo el rubio con decisión, mientras volvía a montar sobre el lomo de Garurumon
-Matt, desde aquí no podemos hacer nada –le recordó Mimi.
-No, desde aquí no-coincidió el rubio mientras se alejaba sobre el lomo del digimon.
-¡Matt! –exclamaron juntos varios de los Tamers reunidos en pleno desierto, mirando la contienda en el cielo.
Tai observaba con indecisión la batalla sobre ellos. No podía hacer nada, esa era la verdad, y a pesar de que lo sabía, de que estaba seguro de que era imposible ofrecerle ayuda a sus compañeros y amigos, de todas formas sentía culpa por no intentarlo al menos.
-¡Carajo! –exclamó el muchacho con frustración pateando la arena frente a él.
-¿Qué te pasa? –le preguntó Agumon desconcertado, mientras que Tai, sin responder, solo lo miró con una peculiar mescla de frustración, enfado y tristeza en el rostro
-No quiero que te lastimen, no por mi culpa –pensó el castaño.
-Eva, ¿me escuchas? –preguntó el chico levantando la mirada, tratando de seguir el vuelo a toda velocidad del ave digimon que en su lomo llevaba a la chica pelirroja, y al mismo tiempo intentando ubicar al halcón que se había quedado al margen del combate desde unos minutos atrás
-Fuerte y claro, ¿Qué pasa? –preguntó la chica.
-No podremos vencer solo con cuatro digimons peleando solos.
-Lo sé, pero es demasiado arriesgado usar el halcón para atacar –dijo la chica a modo de justificación.
-No es eso a lo que me refiero –se apresuró a decir Matt.
-¿Entonces que…? Ah… ¿no estarás pensando en…?-Matt dibujó una media sonrisa en su rostro al escuchar la voz de Eva-. No cabe duda que son unos locos –terminó por decir la chica con algo de resignación.
Sora distinguía que con cada nuevo ataque, cada nueva maniobra evasiva y cada momento en que lograban escapar casi de milagro de los embates de los brazos del monstruo la energía de Birdramon se reducía, cada vez de forma más agresiva.
Del mismo modo la resistencia de Kabuterimon y Angemon menguaba con cada ataque, volviéndolos más lentos ante un enemigo que pese a su tamaño con toda facilidad podía darles alcance e incluso comenzaba a esquivar los disparos por parte de ambos digimons volando a gran velocidad alrededor de ellos.
Yolei había optado por permanecer más al margen de la contienda; las constantes embestidas sobre el duro cuerpo de la monstruosa bestia comenzaban a causar serios daños a Aquilamon, por lo que ahora solo permanecían expectantes, aunque dispuestos a unirse a la contienda cuando fuera necesario.
Justo en ese momento el digimon arremetió contra Angemon y Kabuterimon golpeando a ambos al extender sus brazos alejándolos considerablemente y luego perfilándose frente a Birdramon.
-¡Sora! ¡Apártense! –exclamó Yolei al ver que el digimon comenzaba a abrir sus enormes fauces listo para disparar su ataque.
La chica de lentes de inmediato notó que Birdramon parecía haberse quedado petrificada en el aire.
-Ya casi no le quedan fuerzas –dijo Aquilamon, que notaba también el estado de casi inmovilidad del ave.
Yolei volvió a mirar al Kimeramon y luego a su compañera.
-Maldición, ¡Vamos Aquilamon! –indicó la chica y el digimon se preparó para volver a embestir.
La boca de Kimeramon se abrió lista para disparar en el momento en que Aquilamon lo golpeó por un costado de la cabeza. El digimon distinguió rápidamente al digimon que luego de embestir permaneció a pocos metros de distancia.
-Maldición, a mí tampoco me queda mucha fuera –se quejó Aquilamon con voz agitada. Yolei levantó la vista encontrándose con los enormes ojos amarillos de Kimeramon, que junto a un sonido gutural que inundo sus oídos la llenaron de pavor impidiéndole hacer el más mínimo movimiento.
Parecía el momento justo en que el digimon arremetería contra la chica cuando una serie de proyectiles golpearon su costado haciéndole desviar su atención. Yolei, al no ser más presa de la mirada del monstruoso digimon sintió como si despertara de un repentino y profundo letargo y se apresuró a indicar a Aquilamon que se apartaran para ponerse a salvo, mientras que sobre ellos y sobre el Kimeramon se posaba la sombra del halcón que volaba sobre sus cabezas, y desde donde los miraba Matt sobre el lomo de Garurumon parado al borde de la rampa de carga de la nave.
-Ahora amigo –dijo el chico mientras se aferraba con una mano a la correa de la montura del digimon y en la otra sostenía con fuerza una escopeta de largo y ancho cañón.
Garurumon se lanzó con fuerza disparándose desde la rampa de la nave como si de un proyectil se tratara, al tiempo que comenzaba a exhalar una gran ráfaga de fuego la cual dibujó una estela que se bifurcaba alrededor de su cuerpo, convirtiendo al digimon y su jinete en un cometa azul que colisionó contra el pecho del monstruo digimon esparciendo por todo su torso las flamas del lobo digimon.
Tras el impacto Garurumon de inmediato se apresuró a moverse sobre el cuerpo del gigantesco y monstruoso digimon, recorriendo su pecho mientras esparcía más de las llamas azules. Matt sentía el intenso calor del fuego que los rodeaba, pero se mantenía firme mientras trataba de identificar un punto débil en la criatura.
El Kimeramon comenzó a inclinarse al frente, esperando así deshacerse del muchacho y su compañero digimon, quien se apresuró a moverse de lugar para evitar ser derribado. La carrera de Garurumon lo llevó hasta el hombro del monstruo, sobre el brazo superior de color negro, desde donde el lobo disparó una nueva bocanada de fuego azul y Matt, incapaz de encontrar un mejor punto para dispararle, comenzó a apuntar al ojo del monstruo que se clavó sobre él, haciéndole imposible el no sentirse algo intimidado.
Las llamas de Garurumon golpearon la cabeza del digimon, que trató de girarse para evitar seguir siendo castigado por el ataque, mientras que Matt realizó cinco disparos antes de quedarse sin municiones en la recamara del arma.
El joven rubio se agachó para tomar de uno de los bolsillos laterales de su pantalón más cartuchos, y al hacerlo notó la altura a la que se encontraban sintiendo una fuerte oleada de vértigo que lo estremeció de pies a cabeza.
-¿Matt? ¿Estás bien? –preguntó Garurumon al sentir la tensión de su compañero, dejando de lado el ataque el tiempo suficiente para que Kimeramon se recuperara, volviera la mirada a los dos intrusos y levantara su brazo rojo para dirigirlo a la pareja de Tamer y digimon.
Matt levantó la mirada para evitar seguir sintiendo el temor a caer que lo había embargado de pronto y miró como el puño del monstruo se dirigía hacia ellos. Sin mediar palabras, Garurumon pudo leer la preocupación en el rostro de Matt y se giró esperando algún tipo de amenaza.
Al ver el enorme puño dirigiéndose hacia ellos el digimon simplemente se levantó, frenando el ataque con sus patas delanteras y apoyándose firmemente con la mitad inferior de su cuerpo para soportar el impacto. El cuerpo de Garurumon poco a poco comenzó a ganar fuerza al mismo tiempo que sus piernas se apoyaban con mayor fuerza y comodidad y sus patas delanteras se convertían en brazos que sostenían de mejor manera el puño del enemigo.
Matt por su parte resbaló quedando colgado de la montura que seguía asegurada a la espalda de WereGarurumon, luchando con el temor que le producía la altitud, aunada a que la fuerza que el Kimeramon ejercía sobre ellos comenzaba a hacer que WereGarurumon resbalara del hombro del mismo.
-¡Mierda! –exclamó Matt al ver cómo eran finalmente empujados fuera del hombro del enemigo.
WereGarurumon aferró sus garras a la piel del coloso para no caer, mientras que este giró de forma brusca logrando así que el digimon resbalara, rasgando la piel del enemigo, pero siendo desprendido de él de todos modos.
Ambos, Tamer y digimon comenzaron a caer sintiendo el aire golpearlos. Matt se aferró con todas sus fuerzas a WereGarurumon, quien trataba de maniobrar en el aire esperando poder lograr que el impacto no fuera demasiado fuerte, al menos para su compañero.
Sobre ellos una sombra pasó a toda velocidad. Matt temió que se tratara del monstruo que los perseguía con la intención de acabar con ellos, pero se alegró al ver que se trataba de Birdramon quien volaba junto a ellos, suficientemente cerca para que WereGarurumon se sujetara de las patas del ave y evitar así estrellarse contra la arena.
-Eso estuvo cerca, y debo agregar que fue muy estúpido –dijo Sora con un tono reprobatorio.
-No estoy del todo de acuerdo –se justificó el rubio recuperando el aliento y escalando por la espala de su compañero tratando de ubicarse en un punto más seguro.
El gruñido gutural de Kimeramon los alertó de que el mismo se encontraba detrás de ellos, listo para atacar nuevamente.
-¡Con un carajo! ¡Es muy rápido! –exclamó alarmada Sora girando sobre su hombro para ver al digimon alargando sus cuatro brazos hacia ellos.
Una lluvia de fuego alcanzó los brazos del enemigo frenando su avance, y al mismo tiempo llegando hasta el golpeando distintos puntos de su cuerpo.
-¿Qué carajo…? –se preguntó Matt mientras veía como cuatro sombras negras volaban a toda velocidad y se arrojaban sobre el monstruo; se trataba de los cuatro Devidramons que habían salido huyendo al ser destruida la torre de control.
-¿Qué significa esto? –se preguntó Sora quien también miraba la escena con la expresión de incredulidad de Matt.
-¿Devidramons? –dijo Kouta con escepticismo mirando el cielo con la ayuda de un par de binoculares.
Taichi, que se encontraba detrás del muchacho alzó la vista, alcanzando a ver que el monstruoso digimon era atacado por cuatro digimons, ninguno de los cuales era alguno de sus aliados. El castaño tomó de uno de los bolsillos de su chaqueta unos binoculares para poder apreciar mejor la escena. Vio con toda claridad a los Devidramons rodeando al enemigo, lanzando zarpazos y mordidas, manteniéndolo completamente ocupado, mientras que a la distancia, se acercaba un grupo de Airdramons con dirección a Birdramon y Aquilamon.
-¿Más enemigos? –Se preguntó Mimi al distinguir a los digimons moviéndose a toda velocidad-, ¿estarán bajo el control de Davis?
Los Airdramons (tres en total) volaron a toda velocidad, pasando junto a Aquilamon y Birdramon apenas prestándoles atención, dirigiéndose inequívocamente hacia el Kimeramon asediado por los otros cuatro digimons voladores. Los tres Airdramons comenzaron a describir un círculo por encima del monstruoso digimon, dejando caer sobre él bolas de fuego a las cuales el digimon respondió con un gruñido lleno de furia.
-No lo creo –dijo Ryo mirando con fascinación la ayuda que recién llegaba.
-Chicos –dijo Cody quien, sobre el lomo de Ankylomon miraba el desierto en dirección contraria a la que se encontraban los digimons combatiendo.
Hikari estiró el cuello y se paró sobre las puntas de los pies para mirar por encima de las dunas más cercanas, como sobre el desierto marchaban de regreso un grupo de Golemons y Hookmons, acompañados además por un par de Kuwagamons, quienes volaban bajo, golpeando sus tenazas provocando un ruido agudo que se esparcía por el desierto.
-Todos… ¡Vienen a ayudar! –dijo con emoción y sorpresa Mimi, mirando el desfile de nuevos aliados.
-¿Por qué? –preguntó Tai en un susurro viendo a los recién llegados avanzar por entre el grupo de Tamers y digimons regados sobre la arena, al mismo tiempo que los Kuwagamons se elevaban para apoyar a los digimons en la contienda.
-Ellos saben –escuchó el castaño decir a Hikari, quien con un gesto tierno y amable en el rostro veía a los digimons-, saben que luchamos por lo mismo –agregó llevándose una mano al pecho en un gesto que hacia manifiesta la esperanza de la chica.
Tai miraba con incredulidad a la chica, y luego a los digimons que se sumaban a la batalla. Junto a él seguía Agumon, que no dejaba de interrogarlo con la mirada, como si algo no estuviera bien. El pequeño digimon podía distinguirlo, aunque no era capaz de nombrarlo, lo notaba, pero al mismo tiempo lo desconocía.
-Entonces con más razón hay que hacer esto –dijo Kouta llamando la atención del grupo. Tai meneó la cabeza despejando las dudas y miedos instalados en él-, hay quienes cuentan con nosotros.
El arma en la mano de Davis comenzaba a temblar ligeramente. El cañón humeaba poco, algunos segundos habían transcurrido luego del disparo, tiempo en el cual la mayoría de aquella estela blanca se había ido.
Davis respiraba sonoramente. Comenzó a bajar el arma con lentitud, apuntando su cañón hacia el suelo.
La sangre de Ken comenzó a escurrir, dibujando un camino por su cuello que se perdía entre su ropa. El muchacho respiraba de forma más tranquila que la del otro chico, pero se le notaba en la expresión del rostro y la rigidez de todo su cuerpo, que había experimentado un momento de gran tensión.
Tras el disparo fue como si se desprendiera de su cuerpo, como si dejara de habitarlo por unos segundos en que creyó que no volvería a él, que se había desprendido de forma definitiva, hasta que la sensación en sus extremidades comenzó a volver. Primero de manera lenta, luego más y más rápido, hasta ese momento en que poco a poco lograba sentir el dolor agudo en la oreja derecha que habían sido rozada por la bala, y de la cual ahora brotaba la sangre.
El chico llevó sus dedos al contacto con la herida sintiendo una punzada de dolor que le arranco un ligero gemido, acompañado de una exhalación de alivio al convencerse de que había estado en lo correcto, y aunque su forma de confrontar al muchacho que lo miraba con una expresión que denotaba su propia confusión no había sido posiblemente la más inteligente, al menos si había resultado efectiva.
-Davis –dijo el chico dando un paso hacia el muchacho.
El chico levantó la mirada viendo a Ken acercarse, y en seguida volvió a levantar el arma jalando del gatillo varias veces.
Ken tensó todo el cuerpo, aunque ninguna de las balas dio contra él, sino que pasaron a su alrededor, significativamente más apartadas que la primera, pues ninguna le había producido ni el más mínimo rasguño. Aquello fue para el joven peli azul la mayor de las confirmaciones; su compañero y viejo amigo no atentaría contra su vida.
-Sabía que no lo harías –dijo Ken, mientras que detrás de él surgía un cuerpo del agua, era Quetzalmon, quien con su cuerpo de serpiente había envuelto a Shellmon presionándolo con fuerza, para luego dejarlo caer al agua, agotado y totalmente vencido.
Davis respiraba de forma agitada mientras que el digimon y su compañero lo miraban de frente.
Hasta él llegó a rastras Depthmon, quien después del último ataque de Quetzalmon había permanecido al margen de la batalla todo ese tiempo.
-Ya era hora –dijo Davis alejándose un poco más mientras sacaba su digivice para apuntarlo hacia Depthmon, quien volvió a cambiar de forma, transformándose en el cuadrúpedo Sethmon-. Encárgate de ellos –ordenó con sorna el chico.
Sethmon miró a Ken y Quetzalmon por unos cuantos segundos, mientras caminaba de forma taciturna por el espacio que había entre la pareja y su compañero.
-¿Qué diablos esperas? –preguntó Davis con impaciencia.
El digimon se detuvo entonces y se volteó hacia Davis, dándole la espalda a los otros dos.
-Lo siento compañero, pero si quiero protegerte, ya no puedo seguir obedeciendo tus órdenes –dijo el digimon sin titubeos.
Davis dejó caer ambos brazos a sus costados, abatido… desconcertado. En una mano sostenía el digivice que parecía a punto de resbalársele, y en la otra el arma, la cual soltó sin más, dejándola caer al suelo, produciendo un ruido que hizo eco en toda la cámara.
Los Airdramon y los Devidramon habían sustituido a Angemon y Kabuterimon enfrentándose al monstruo que Davis había liberado. Los ataques de los digimons voladores mantenían concentrado a Kimeramon lo suficiente para que este no notara que con cada nueva oleada de llamas que de los Airdramons llegaba a él, y con cada nuevo embate de los Devidramons quienes al golpear su cuerpo, aferraban sus garras y clavaban los colmillos de sus mandíbulas al cuerpo del ser, desgarrando la piel al mismo tiempo que lo arrastraban haciendo que poco a poco disminuyera su altura. Kimeramon logró atrapar a uno de los Devidramons, a quien arrojó contra un Airdramon que sobrevolaba cerca de él, y ambos salieron despedidos en el aire hasta chocar fuertemente contra la arena. Mientras tanto los Golemons y Hookmons se preparaban para tenerlo lo suficientemente cerca y atacar, al mismo tiempo que los Kuwagamons despegaron desde la arena para unirse a la contienda de sus compañeros.
Birdramon descendió dejando que WereGarurumon saltara y aterrizara sobre la arena, dejando a Matt en el suelo. A ellos se unieron rápidamente los demás Tamers y digimons, al igual que Kabuterimon y Angemon, quienes aterrizaron junto a los demás miembros de los elegidos.
-Lo mantendrán bien ocupado –dijo Ryo observando la contienda que se llevaba a cabo sobre ellos.
-Sí, pero solo eso –se adelantó a explicar Kouta-, no tienen muchas más oportunidades que nosotros, ese monstruo nos lleva mucha ventaja en cuanto al poder se refiere.
-Entonces debemos darnos prisa y detenerlo –dijo Hikari con tono severo.
-¡Es una genial idea!, ahora solo falta saber cómo carajo hacerlo –dijo Kouta con tono sarcástico, a lo que Ryo con un gesto de enfado se aproximó a él hasta que Matt lo detuvo poniendo una mano sobre su pecho.
-Basta –dijo manteniéndose firme-. Escuchen, tenemos algo de tiempo mientras esos digimons detienen a la criatura, podemos encontrar la manera de vencerlo, solo hay que concentrarnos.
Todos guardaron silencio, convencidos de que lo que acababa de decir Matt era verdad.
Takato miraba de manera insistente a Rika, a quien el sudor le perlaba el rostro mientras respiraba con agitación. A través de la tela del vendaje en su brazo se comenzaban a hacer visibles las manchas carmesí que evidenciaban que sus heridas seguían sangrando.
Kouta resopló con enfado, clavando el arco por una pala sobre la arena y llevándose ambas manos a la cara para luego pasarlas sobre su pelo.
-Esa cosa es enorme, necesitamos algo muy fuerte para vencerlo, y el poder combinado de todos nuestros digimons es insuficiente.
-¿Entonces solo nos rendimos? –preguntó Henri, con evidente enfado, haciendo obvio que entre más pasaba el tiempo el humor de todos empeoraba más y más.
-Eso tampoco es opción, a estas alturas ya no –dijo Kouta de forma molesta.
El silencio volvió a instaurarse, solo ligeros susurros se escuchaban, ideas y planes que no representaban una especial posibilidad en esa situación difícil eran lo único que se lograba medio escuchar.
-Si lo que se necesita es poder, creo que hay algo que podemos utilizar –escucharon todos decir a Eva.
-¿De qué hablas? –preguntó Takato ante la curiosidad de todos y la poca disposición de hablar.
-Bueno, hay un proyectil bastante potente a bordo en el halcón, su poder es significativamente mayor a cualquier otra cosa que hayamos disparado desde la nave, y creo que suficiente para causar un daño fatal a una criatura incluso del tamaño de ese monstruo, pero usarlo será algo complicado.
-¿A qué te refieres? –la interrogó Matt.
-Ya vieron lo veloz que es, no será sencillo dar un tiro certero, además como ya dije es peligroso tratar de hacerle frente con el halcón, podría dañarlo y nos quedaríamos aquí varados.
Matt asintió con pesadez escuchando las palabras de la joven. En ese momento sintió una mano posarse sobre su hombro.
-Sería más peligroso dejar que esa cosa siga libre –dijo Hikari con voz tranquila.
-¿Crees que debemos liquidar a ese digimon cueste lo que cueste? –preguntó Kouta con escepticismo. Hikari lo miró sin cambiar el semblante serio de su rostro.
-Esa cosa no es un digimon, y no podemos irnos de aquí sabiendo que sigue siendo un peligro para este mundo y el nuestro –dijo sin rodeos con una severidad que nadie recordaba haberle escuchado emplear antes.
Las miradas de todos, digimons y Tamers, pasaron de la chica castaña a los demás presentes, compartiendo entre ellos la duda, el temor, pero sobre todo la sensación de que aquella joven tenía razón. Finalmente fue el mismo Kouta, quien suspiró encogiendo los hombros, en un signo evidente de que se rendía ante la situación que lo superaba.
-Me lleva el diablo, bien, cumplamos con nuestro puto deber y matemos a esa cosa –sentenció el joven de cabello negro-. Eva, ¿Qué necesitas? –preguntó por el comunicador en su oído.
-Que llamen su atención, que lo distraigan.
Ken miraba con atención a Davis, junto a él se encontraba Quetzalmon, y ahora también parecían estar contando con la ayuda de Sethmon, por lo que aquello podía considerarse como una victoria segura, pero las pasadas experiencias le habían dejado en claro que no debía confiarse.
Por su parte Davis se sentía aturdido. Una gran parte de él deseaba gritar, mostrar el coraje que aquel giro de las circunstancias le estaban mostrando. Hasta hace poco se sentía con toda la ventaja, seguro de que de una forma u otra lograría hacerse con la victoria en ese tan alargado enfrentamiento, pero las circunstancias lo superaban, todas sus ventajas comenzaban a desaparecer, a su favor solo quedaba la criatura digimon que había liberado, y estaba completamente convencido de que eso no podía considerarse del todo como una ventaja, por primera vez desde que había concebido la idea de utilizarlo lo veía como lo que en realidad era; su ultimo y desesperado intento por lograr causar un daño.
-Un daño… un daño, ¿Por qué? ¿Qué estoy haciendo? –se preguntó como si acabara de percatarse de lo que estaba haciendo.
-POR QUE ESTE ES TU DESTINO, ESTO ES PARA LO QUE ESTAS AQUÍ, CUMPLE TU PROPOSITO, DESTRUYE ESTE MUNDO –aquella voz en su interior sonaba nítida, no era un pensamiento suyo, sino algo que lo invadía y que lo dominaba desde dentro.
-Pero este mundo…no quiero destruirlo, ¿Qué estoy haciendo? Ken tiene razón, esto no es lo que quiero, yo…
-¡COBARDE! ¡CUMPLE CON TU PROPOSITO!
-No… no quiero…
-HAZLO.
-No…
-HAZLO.
-No…no…
El chico se llevó ambas manos a la cara, y luego se cubrió con ellas los oídos intentando apartar aquella voz en su interior.
-¿Davis? –lo llamó Ken con preocupación, mientras Quetzalmon lo veía desconcertado y Sethmon, sin dejar de obligarse a permanecer estoico se mostraba también asustado.
-¡No!... ¡Ya basta! –Exclamó el chico lleno de frustración-. ¡Basta!
Su grito resonó por toda la cámara.
-Davis…
-¡Aléjate! –exclamó extendiendo su brazo como si intentara con ese gesto mantener a raya al muchacho que insistía en hablar con él.
-Davis estamos aquí para ayudarte, solo tienes que dejarnos.
-No… ustedes quieren quitármelo todo, no lo voy a permitir, no renunciare a mí poder, ¡No los dejaré! ¡Apártense de mí! ¡Déjenme!
La preocupación de Ken aumentaba conforme el estado de tensión de su amigo seguía creciendo, algo estaba mal y no se trataba solo de la actitud extraña que lo había convertido en el Emperador, o tal vez sí, pero ahora había algo más en ella, algo más se asomaba en él.
-No voy a abandonarte, y aunque tal vez no es lo mejor, hare lo que sea para detenerte –dijo mientras desenfundaba un arma que guardaba en la espalda para con esta apuntarle al muchacho. Davis rio de forma burlona.
-¿Qué harás? ¿Dispararme un tranquilizador? ¿Algo para inmovilizarme? –dijo de forma retadora.
-Créeme, de verdad lo siento amigo –dijo mientras se obligaba a sostener el arma con firmeza.
-No tienes el valor para… -las palabras mordaces del muchacho fueron calladas por el sonido de la detonación del arma, la cual escupió un proyectil de plomo que golpeó el brazo del chico a la altura del hombro, provocando una herida de la cual empezó a brotar la sangre.
Davis se giró llevándose la mano al lugar donde la bala había golpeado, palpando la herida recién abierta, y confirmando que había sido provocada por una bala real.
-¿Qué diablos…? –Trataba de articular mientras levantaba la mirada hacia Ken-, ¿pero qué mierda estas…? –sus palabras fueron calladas por el golpe del arma sobre su cien que Ken le había asestado con todas sus fuerzas, sin preocuparse por el daño que podía provocarle.
El golpe le abrió una nueva herida en la cabeza de la cual comenzó a emanar un hilo de sangre que escurrió por su rostro mientras él se tambaleaba hasta quedar arrodillado en el suelo, aturdido.
Davis, desorientado por el golpe, solo pudo levantar la mirada lo suficiente para ver la consternación en el rostro de Ken, quien luego le dio un golpe con la rodilla en pleno rostro, derribándolo, dejándolo en el suelo, boca arriba e inconsciente.
Ken respiraba de forma agitada, mientras se giraba para ver a Sethmon y Quetzalmon que en todo momento habían permanecido quietos.
-Perdón pero… debía hacerlo –dijo para justificarse.
-Lo sé, yo estaba a punto de hacer algo parecido –dijo Sethmon con pesar-, debí hacerlo antes pero… temía que si lo confrontaba y fallaba, ya no podría permanecer cerca de él y cuidarlo de…del monstruo en el que se convirtió pero… tal vez fui demasiado blando, yo…
-No fue tu culpa –se apresuró a decir Quetzalmon.
-Ni de él –agregó Ken, dirigiéndole la mirada nuevamente a su amigo derribado en el suelo-. Debemos irnos, debemos ayudarlo –dijo sin rodeos para luego tomarlo del suelo para levantarlo. Sethmon se acercó a él para ayudarle, y por fin salir de aquel lugar y terminar de una vez con toda esa pesadilla.
Kimeramon agitó sus inmensas alas provocando una ola de viento que golpeó a los digimons voladores a su alrededor y alcanzó a sentirse incluso en el espacio debajo de él. Algo de arena se levantó y los vientos la arrastraron hasta los chicos y digimons dispersados por la arena.
Los Kuwagamon volaron juntos hacia el digimon enfrentándose a las corrientes de aire, solo para ser atrapados por los brazos del monstruo quien comenzó a estrujarlos, dispuesto a acabar con ambos de una vez.
En ese momento otros dos digimons voladores lo golpearon en la nuca, haciendo que soltara a sus dos presas mientras levantaba la mirada para ver a Angemon y Kabuterimon quienes volaban sobre él, aparentemente intentando llamar su atención. Las fauces del monstruo comenzaron a desprender una peculiar luz verde, la cual se apagó al sentir él una serie de golpes sobre su abdomen y piernas.
Desde el suelo los Golemons y los Hookmons habían comenzado a disparar una serie de ataques sobre el digimon, y junto a ellos se encontraban Toguemon y Growlmon.
-¿Les importa si nos unimos? –dijo Growlmon con voz gutural. El resto de los digimons no contestó, pero continuaron con su labor sin prestarle atención a los recién llegados.
Kimeramon parecía a punto de ir sobre ellos cuando detrás de él comenzó a sentir una serie de ataques similares a los primeros.
Al girarse para ver vio a Guardromon, Ikkakumon, y Gargomon disparándole y llenando su alrededor de una nube de humo que crecía con las llamas de Growlmon.
Nuevamente el digimon plantó la mirada sobre su objetivo dispuesto a lanzarse sobre él, cuando de entre el humo surgió una figura alada llevando consigo a otros dos digimons. Era Birdramon, que sobre su lomo llevaba a Sora, y Kouta, mientras que aferrados a las patas del ave digimon se encontraban Leomon y Dinohyumon, lanzando el digimon felino un golpe del rey bestia mientras que el otro ser lanzaba la gran espada que cargaba en la espalda. Ambos ataques dieron en el blanco enfureciendo aún más al digimon, que en breve fue atacado nuevamente por la espalda, donde Aquilamon dio una embestida para luego comenzar a volar a su alrededor.
-¡Tenemos su atención! –exclamó Sora.
-¡Y no es bonito! –agregó Kouta mirando el enfado reflejado en aquellos dos enormes orbes ambarinos-. ¡Su turno! –exclamó aún más asustado al ver que el digimon estaba por lanzarse sobre ellos.
Justo antes de que el Kimeramon tomara acciones sobre el grupo de digimons que lo atacaban, WereGarurumon y Strikedramon, quienes habían llegado a la espalda del digimon con ayuda de Kabuterimon y Angemon y habían ´permanecido ahí ocultos hasta ese momento se abrieron camino por la espalda del digimon, escalando hasta llegar a la cabeza del mismo, uno por cada lado, y sujetándose del casco del digimon, cada uno golpeó uno de los ojos de la criatura con tanta fuerza como les fue posible.
El digimon gruñó adolorido mientras los dos digimons responsables de aquel ataque saltaban de encima de la cabeza del enemigo y eran atrapados en el aire por Angemon y Kabuterimon, quien sobre la espalda llevaba tanto a Izzy como a Matt y Ryo.
-¡Esta ciego! ¡Ahora Eva! –exclamó Matt.
-Entendido –escuchó Matt responder a la aludida, y acto seguido, de entre la nube de humo que había rodeado al Kimeramon se alzó el halcón, justo frente al monstruo-. ¡Apártense todos!
Escucharon decir ala piloto de la nave.
Eva y Juri, en la cabina de la nave miraban al monstruo de frente, mientras ambas accionaban los instrumentos necesarios para disparar el proyectil y las maquinas fijaban el objetivo.
Juri desvió la atención de lo que estaba haciendo un segundo para mirar de frente al monstruo, quien en ese momento abrió uno de sus ojos, mostrando el orbe amarillo maltrecho y emanando sangre. La chica no sabía si aquella criatura podía mirarla con su órgano en tan mal estado, pero el solo hecho de verse frente a aquel ojo la hizo sentirse como una indefensa presa.
-¡Juri! –exclamó Eva, parecía que llevaba rato haciéndolo, y la chica despertó de su letargo viendo las manos de la criatura alzándose hacia la nave.
La chica accionó el último interruptor que le correspondía mientras sentía como la nave se sacudía al retroceder abruptamente para alejarlos de la criatura y de la explosión que estaba por originarse.
Solo un par de segundos separaron el disparo del proyectil y la explosión del mismo, la cual empujó la nave con una fuerza impresionante. Las alarmas se dispararon anunciando una colisión inminente, mientras que Eva, aferrada con todas sus fuerzas a los controles de la nave intentaba elevar esta o al menos cambiar el ángulo de la trayectoria para no caer en picada, lográndolo apenas a unos segundos de aterrizar sobre la arena en la cual se arrastraron varios metros hasta finalmente detenerse con brusquedad.
Juri respiraba agitada mientras se enderezaba en el asiento de la nave.
-¿Salió bien no? –dijo mirando a la piloto de la nave, quien tenía una mano sobre la frente, y entre sus dedos podía verse algo de sangre-. Ay dios, estas herida –dijo la chica saliendo deprisa de su asiento.
-Estoy bien, solo es una cortada… -dijo mientras que Juri apartaba la mano para ver la herida con claridad.
-Es una cortada grande, iré por el botiquín –dijo luego de dejar sobre la herida un pañuelo que llevaba en uno de sus bolsillos para que la chica siguiera haciendo presión sobre la hemorragia.
-No es necesario, yo misma puedo…
-¡No puedes! –exclamó Juri, callando a Eva quien la miró aturdida. Juri parecía enfadada, y mucho-. Lamento lo que pasó con tu compañero, me siento responsable y sé que Leomon también, y sé que para ti no debe ser fácil toda esta situación, menos conmigo tan cerca, y por eso te doy las gracias, por ayudar a pesar de las condiciones aledañas. No es algo de lo que quieras hablar, lo sé, pero solo guardar silencio de eso es más doloroso. Ahora, puedes odiarme, estoy bien con eso, pero tú necesitas mi ayuda, así que te vas a callar, y me vas a dejar ayudar –sentenció la chica mientras se alejaba para ir por el botiquín.
Eva permaneció callada, bajando la mirada al suelo.
-Gracias –susurró sin esperar ser escuchada.
Aquel estruendo de la explosión llegó hasta el interior del cubo, donde Sethmon, Quetzalmon y Ken seguían recorriendo los pasillos para llegar hasta la salida, guiados por Sethmon, que cargaba sobre su lomo a Davis, inconsciente y esposado. Un improvisado parche detenía la hemorragia del disparo que había entrado y salido del hombro del muchacho, y que Ken aseguraba no representaba gran riesgo mientras lo atendieran pronto.
El estruendo le hizo detenerse por un momento, de manera súbita, provocando que del lomo de Sethmon casi callera Davis, a quien Ken sujeto para evitarlo, percatándose que en su brazo aun llevaba aquel brazalete extraño, el cual le quito de inmediato.
-¿Qué diablos fue eso? –preguntó Sethmon.
-No lo sé –dijo mientras revisaba el aparato, intentando descifrar cómo funcionaba-, pero debe ser algo serio.
Una intensa nube de humo negro cubrió el área en el cielo donde se encontraba el monstruoso digimon, bajo las miradas expectantes de los Tamers y digimons. Tai siguió con la mirada desde tierra la caída del halcón y sin perder tiempo trato de establecer comunicación.
-Eva, Juri, ¿están bien? –preguntó preocupado.
-Sí, solo unos cuantos rasguños, no pasa nada –contestó la voz de Eva.
-¿El halcón aun podrá volar? –preguntó Mimi, luego de suspirar aliviada por la respuesta de la piloto.
-Esperemos que sí, fue una buena sacudida, ¿y al menos valió la pena? –preguntó Eva.
Tai estaba a punto de contestar cuando la voz de Agumon lo interrumpió.
-¡No puede ser! –exclamó el digimon y acto seguido Tai escuchó un rugido infernal que venía desde el cielo.
En el aire seguía estado Kimeramon, visiblemente dañado, pero vivo.
Birdramon sobrevolaba cerca observando al digimon, sobre su lomo Kouta y Sora miraban al fatigado digimon, quien después de su rugido se mantuvo estático en el aire. Su cuerpo estaba lleno de heridas, y solo uno de sus ojos permanecía abierto, el otro estaba cerrado y de entre el parpado emanaba bastante sangre.
-No puede ser que siga vivo –dijo la chica pelirroja incrédula.
A los lados de Birdramon pasaron a toda velocidad un par de Airdramons, quienes se lanzaron sobre el monstruo, el cual, sin haber perdido su gran velocidad y reflejos atrapó a ambos, aprisionando sus cabezas entre sus manos y aplastando estas.
Sora miró aterrorizada la manera en que los digimons luchaban por liberarse, hasta que finalmente un par de crujidos secos brotaron de los puños de la criatura y los cuerpos de ambos digimons se desvanecieron en el aire.
-Hijo de perra, ¡Hijo de puta! –exclamó Kouta lleno de furia.
-Era lo mejor que teníamos, y ni eso fue suficiente –dijo Sora en un susurro mientras Birdramon volaba a toda velocidad lejos de ahí.
Los Devidramons volvieron a alzarse sobre Kimeramon lanzando corrientes de aire cortante, a lo que el digimon comenzó a atacarlos para alejarlos con sus largos brazos sangrantes.
-Su fuerza sigue igual, y su velocidad también, es como si fuera incansable –dijo Henri.
-Tal vez lo sea –dijo Kenta con MarineAngemon sobre su hombro.
-Sí, pero no inmortal –dijo Rika mientras se ponía de pie.
-No estás en condiciones de seguir peleando –le dijo Henri tratando de detenerla, pero la chica avanzó con decisión hasta llegar con Kenta y tomarlo del cuello con su mano sana.
-¿Qué te pasa? –preguntó el chico.
-Dile a MarineAngemon que cure mis heridas, volveremos a atacar.
-Sabes que no funciona así, solo puede reponer las energías que los digimons han perdido durante el combate.
-Entonces haz que Kyubimon se recupere, nosotras…
-No puedes continuar Rika –dijo la digimon sin rechistar-, y no permitiré que te arriesgues de esa manera.
Rika estaba por replicar, pero se detuvo por la voz de Ken llegando a los comunicadores.
-De todas formas no serviría de nada –dijo el chico con voz severa.
-¿Ken? –Preguntó Henri, recordando hasta ese momento al muchacho-. ¡¿Qué pasó?! –preguntó con impaciencia.
Tai, Agumon y el resto de quienes los acompañaban también se dispusieron a escuchar con atención lo que el chico tenía para decirles.
-Descuiden, esta vez no escapó, y lo tenemos bien asegurado –aseguró, provocando varios suspiros.
-Al menos algo bueno de todo esto –dijo Hikari con alivio.
-Sethmon está con nosotros, dejo de ayudar a Davis –informó también el chico peli azul.
-Son buenas noticias, necesitamos todo el apoyo que podamos conseguir –intervino esta vez Matt.
-Si…no creo que sirva de mucho –dijo el chico con un suspiro lleno de fastidio.
Ken se encontraba aun en el interior del cubo, hablando con los chicos por medio del brazalete el cual había logrado sincronizar a los comunicadores que usaban, y se encontraba con Sethmon y Quetzalmon, mientras que Davis seguía inconsciente, recostado en el piso.
-Escuchen, por lo que entiendo, esa cosa ya soportó un disparó de lo mejor que teníamos, y ni toda la fuerza combinada de nuestros digimons podría detenerlo. A menos que otra digievolucion milagrosa y casi imposible suceda en este preciso instante, me temo que no tenemos algo para detener a esa criatura.
-¿Entonces qué hacemos? ¿Rendirnos? –dijo Matt a modo de queja mientras Kabuterimon aterrizaba en la arena cerca de Tai y el resto.
-No podemos dejar libre a ese monstruo –dijo Hikari con decisión.
-Pero tampoco detenerlo –expresó Gatomon con pesar-, ninguno de nosotros puede.
El silencio se formó después de esa declaración que parecía ser irrefutable.
-Tal vez si le disparamos otro de esos misiles… -trato de decir Mimi.
-Imposible –aseguró Eva.
-Era el único que teníamos, además el halcón no soportaría un solo vuelo temerario más –dijo mientras que Juri le cosía la herida que tenía en la frente-, Auch –se quejó la chica al sentir uno de los pinchazos.
-Lo siento –se disculpó Juri, y Eva hizo un gesto con la mano restándole importancia.
-Podríamos idear un plan para distraerlo, y aprovechar para escapar.
-¿Y dejarlo vivo? –se alarmó Hikari.
-No hay algo más que podamos hacer. Escuchen, vinimos hasta aquí por Davis, ya lo capturó Ken. Ya dimos todo lo que teníamos, creo que a estas alturas, está bien que recurramos a HEDM, con su apoyo podríamos detener a esa criatura.
-¿Y mientras tanto qué? -Alzó la voz Hikari-, esa cosa andará libre destruyendo todo y a todos a su paso, ¿vamos a ser tan irresponsables como para dejarlo libre?
-Por desgracia no hay otra cosa que podamos hacer, lo dijo Ken, sin un milagro esta batalla está perdida –suspiró Eva con pesar, sintiendo como la impotencia la embargaba.
-El núcleo de energía –se escuchó decir a una voz débil.
Ken dejó de mirar fijamente el brazalete y volteó a ver a Davis, quien, con los ojos cerrados se movía como tratando de levantarse.
-Davis –lo llamó para después acercarse a él, sosteniendo su cabeza con una mano y dejando el brazalete sobre su regazo.
-El núcleo de energía, el… es lo único que puede detener al Kimeramon.
-¿De qué hablas? –preguntó Ken desconcertado.
-El núcleo de energía del cubo, es…es como una batería, la… la radiación que despide… puede… podría… es lo único que lo matara… es lo que le dio la vida, y puede destruirlo.
-¿Qué? –preguntó Ken sin comprender mucho de lo que escuchaba.
-El núcleo de energía alimenta todo el cubo, y fue la energía que se usó para crear a la criatura –dijo Sethmon-, es la fuente de un poder gigantesco, eso podría destruir al Kimeramon.
Ken parecía asombrado con la explicación de Sethmon, y al mismo tiempo, algo esperanzado.
-¿Y como traemos al Kimeramon hasta aquí?–preguntó Ken.
-No es necesario, no es tan grande ni pesado…, se puede desmontar y llevarlo hasta él. Al momento de desconectarlo comenzará a perder estabilidad y estallará –explicó Davis tomando la mano de Ken súbitamente. El chico lo miró, vio como el joven en el suelo lo miraba, parecía débil, pero su mirada tenía determinación, la determinación que pertenecía a Davis-. Destrúyelo Ken, hazlo, por favor… acaba con esto –rogó el chico antes de perder el conocimiento nuevamente.
Ken respiraba de manera agitada, mirando al joven inconsciente, indeciso sobre lo que tenía que hacer.
-¿Todos escucharon eso? –preguntó el joven de pelo azul.
-Si –contestó Henri luego de un pequeño silencio-,… es posible –dijo con un ligero titubeo.
-Una gran fuente de poder es en teoría una bomba muy poderosa, ¡podríamos intentarlo! ¡Podría funcionar!
-Podemos desmontarla y llevarla –dijo Ken con más convicción que antes-, necesitaremos tiempo, y que logren distraerlo, y así…
-Por supuesto que no –exclamó Kouta.
Sora y el chico bajaron del lomo de Birdramon reuniéndose con Matt y los demás. El joven rubio miró al arquero contrariado.
-¿Pero qué dices? –lo confronto, mientras que Aquilamon también aterrizaba dejando a Yolei bajar de su lomo. Junto a ellos se reunieron Cody y Suzie que seguían montados en el lomo de Ankylomon con Turuiemon como su escolta.
-¿No olvidan algo? –preguntó el chico mirando a todos sus compañeros, quienes parecían estar de acuerdo con el nuevo plan. El chico resopló negando con la cabeza-. No se han detenido a pensar quien es quien está dándonos esta aparente solución, ¿Cómo podemos estar seguros de que ese núcleo no nos matara a todos? ¿O causara un problema todavía más grande?
-Kouta –dijo sora con tono de queja-, es Davis…
-¡No! ¡No es Davis! ¡Es el Emperador! El bastardo que ha intentado matarnos a todos desde el principio, incluyendo a Davis –sus palabras fueron como un balde de agua fría que apagó de golpe la emoción que comenzaba a encenderse entre los chicos.
Todos quedaron en silencio, meditando las palabras del arquero. Nadie quería admitirlo, pero tenía razón, al menos eso pensaban todos, todos menos Ken.
-Yo confió en él –aseguró el muchacho, parado de pie junto al chico que parecía se estaba esforzando por respirar-, creo que quien habla ahora no es el emperador, sino Davis.
-¿Tienes alguna prueba para respaldar eso? –preguntó Kouta.
-No pero… es difícil de explicar, pero lo siento.
-Es irrelevante, no podemos arriesgar todo por una corazonada…
-¡¿No fue ese el problema en un principio?! –exclamó enfadado el chico.
Kouta, junto con todos los demás guardo silencio. El chico de cabello largo no parecía muy convencido, pero al menos parecía que intentaba comprender al otro muchacho.
-Les pido mucho lo sé…pero creo que debemos confiar en él. Emperador o Davis… confió en él.
Kouta se pasó la mano por la frente quitando el sudor sobre esta, y apretando con fuerza el puño después.
-Me lleva la… -dijo con rabia, indeciso sobre qué hacer-. ¿Qué opina el resto? –dijo esperanzado en que alguien diera un argumento más alentador.
Nadie dijo nada, pero Matt volteó a ver a Tai, que permanecía callado, considerando las cosas.
-Tai –lo llamó para sacarlo de sus pensamientos. El castaño lo miró por un segundo y dejó salir un suspiro.
-Ken, ¿de verdad confías en él? –los segundos que tardó la respuesta del chico en llegar parecían eternos.
-Si –dijo al final, sin una pisca de duda en su voz, y para Tai, así como para muchos de los chicos y digimons, eso era suficiente.
-Espero que no nos arrepintamos de esto –dijo Kouta, que había aprovechado el momento para sacar un cigarrillo y encenderlo.
-Si algo malo pasa, asumiré toda la culpa –dijo Ken.
-Si todos morimos, lo de menos será la culpa –se quejó Kouta escupiendo el humo del cigarrillo-. En fin, niños elegidos, vamos por ese hijo de puta –dijo tirando el cigarrillo a medias.
-Bien. Quienes aún puedan, hay que volver a atacar, como antes, démosle todo el tiempo posible a Ken….
-… Ken, el resto te lo dejamos a ti –dijo Matt y el chico asintió para sí mismo mientras se disponía a continuar.
-¿Sabes dónde está ese núcleo? –preguntó a Sethmon.
-Sí, los llevaré –dijo el digimon en un gruñido, mientras que Ken levantaba a Davis del suelo para ponerlo nuevamente sobre el lomo de Sethmon.
Birdramon y Aquilamon volvieron a despegar lanzándose a la batalla a toda velocidad (luego de que MarineAngemon repusiera algo de la energía de ambos digimons). Sobre sus lomos sus jinetes y Matt se aferraban para no caer debido a la fuerza del despegue. Mientras que en las garras llevaban agarrados a Leomon y WereGarurumon.
-Atacaremos sus alas, el plan es derribarlo –dijo Matt que se aferraba a la cintura de Sora.
-Entendido –dijo la chica mientras el ave aleteaba con más fuerza.
Detrás de ellos Angemon y Kabuterimon (con T.K. e Izzy en su espalda) también volaban a toda velocidad.
-Nosotros igual –dijo Izzy mientras su objetivo estaba cada vez más cerca.
Debajo de ellos los ataques de Growlmon, Ikkakumon y el resto habían cesado por el momento.
-En cuanto caiga lo atacaremos con todo, con suerte para ese momento ya estarán aquí Ken y Quetzalmon –dijo Takato que permanecía sobre el lomo de su compañero aferrado a la cabellera blanca de este.
-Cuando esto termine, ¿tomaremos vacaciones de verdad no? –preguntó el coloso rojo, y Takato sonrió divertido.
-Claro que si amigo.
Kimeramon era asediado por los Devidramon y Kuwagamons que seguían en lucha y que volaban a su alrededor manteniéndolo en el epicentro de sus acrobacias y ataques. El digimon sin embargo continuaba defendiéndose con ferocidad, lanzando ataques a sus contrincantes derribando a uno de los Kuwagamons y a un Devidramon que estuvo cerca de estrellarse contra Birdramon. Sora desvió la mirada viendo a los digimons cayendo al suelo, para luego levantarla con más determinación aun.
Los cuatro digimons volaron sobre Kimeramon. Leomon y WereGarurumon saltaron al estar sobre la criatura cayendo sobre su lomo, para luego cada uno tratar de sujetar uno de los brazos del digimon, intentando inmovilizar estos.
El digimon detectó la presencia de ambos al instante, dejando de lado su tarea de derribar a los otros enemigos intentó alcanzar a los intrusos con sus brazos libres. WereGarurumon reaccionó al ver aproximándose el brazo de hueso del digimon esquivando el golpe de este y manteniendo su agarre sobre el brazo superior del monstruo. Leomon por su parte se defendió del brazo de exoesqueleto rojo blandiendo su espada contra este, cortándole una de sus garras.
-Bien, es ahora –dijo Matt mirando como los dos digimons lograban mantener ocupado a Kimeramon.
Birdramon y Aquilamon se lanzaron en picada sobre Kimeramon, pero esta vez fueron sobre las alas emplumadas del digimon rasgándolas con sus garras. El digimon gruñó adolorido mientras las alas emplumadas comenzaban a sangrar y las dos aves continuaban rasgando y arrancando plumas.
-El digimon trató de aletear para apartar a sus atacantes, pero Angemon y Kabuterimon atacaron el par inferior de alas con un golpe de fe y un electro shock que dieron justo sobre ellas.
Las alas del coloso digimon dejaron de moverse, y tanto Leomon como WereGarurumon percibieron al instante que el digimon comenzaba a caer.
-Hora del golpe final –dijo Yolei que también logro ver que el digimon estaba a punto de caer.
Los cuatro digimons voladores se alejaron. Angemon, Birdramon y Kabuterimon lanzaron sus ataques sobre las alas del digimon nuevamente, causando un grave daño que obligaría al digimon a aterrizar. Leomon y WereGarurumon saltaron del lomo del digimon. Leomon aprovechó para lanzar el también un ataque, mientras que WereGarurumon se lanzaba hacia Leomon para sujetarse del brazo de este.
-Dame una mano –gruño el lobo guerrero mientras con la ayuda de Leomon daba un giro en el aire y se lanzaba con fuerza sobre el monstruo digimon que caía en picada, descargando sobre él una serie de puñetazos mientras seguían cayendo.
-¡WereGarurumon! –exclamó Matt al ver a su compañero a cayendo junto a la criatura.
-¡Y el ultimo! –exclamó el lobo asestando un último puñetazo segundos antes de que Kimeramon se estrellara contra el desierto levantando una gran nube de arena.
Ken mientras tanto se encontraba en una cámara grande, similar a en la que había luchado contra Davis, pero con muchas maquinas regadas por todos lados, haciendo que aquello pareciera el interior de una planta eléctrica. Justo en el centro un gran cilindro metálico que se conectaba a todas las maquinas por medio de cables estaba siendo desmontado por Veemon (Sethmon había perdido la digievolucion apenas llegar a la cámara). Ken ayudaba al pequeño digimon azul mientras que Quetzalmon vigilaba (y cuidaba) al desfallecido Davis.
Veemon arrancó un gran manojo de cables sin contemplación alguna y libero un par de pernos para que el cilindro quedara casi libre por completo.
-Explícame una vez más, ¿Qué es exactamente lo que pasara cuando lo desconectemos? –preguntó el chico.
-Este cilindro es un contenedor de la energía de un elemento de gran poder según entiendo. Los cables fraccionan la energía que emana y evitan que se acumule demasiada como para ser contenida. Una vez desconectado, el cilindro comenzara a sobrecargarse y eventualmente explotara.
-Y explotara en, ¿Cuánto? –preguntó Ken algo preocupado.
-Bueno…tal vez unos quince o diez –dijo mientras Veemon liberaba el último seguro y empujaba el cilindro para dejarlo caer.
Ken se alarmó al verlo mientras la pieza de metal de dos metros de alto y un diámetro de medio metro caía al suelo produciendo un fuerte sonido metálico.
Ken suspiró al ver que aparentemente nada pasaba.
-¿Quince o diez minutos entonces? –preguntó el joven, pero antes de recibir respuesta el cilindro comenzó a emitir un zumbido extraño.
-Tal vez cinco –dijo Veemon encogiéndose de hombros.
Ken miró a Quetzalmon.
-Debemos llevarlo ya –dijo mientras se aproximaba al cilindro tratando de levantarlo.
Quetzalmon utilizó su cola para envolver el cilindro y levantarlo.
-Yo lo llevaré –dijo sin dudar, mientras que Ken se apresuraba a saltar sobre él y escalarlo hasta llegar a su cabeza.
-Los dos lo llevaremos –dijo con el mismo tono seguro que el digimon había utilizado-. Y también a él –dijo volteando a ver a Davis.
El viento comenzó a arrastrar la nube levantada en el lugar del impacto. Los chicos y digimons alrededor del punto de colisión trataban de distinguir algo.
Matt, sobre el lomo de Birdramon que sobrevolaba en círculos intentaba distinguir algo, sin lograr ver más que la sombra inmóvil del coloso Digimon.
-¿Alguien puede ver algo? -preguntó por ello comunicador.
Tai se descubrió la cabeza, que se había envuelto con la chaqueta del traje táctico. Tomó de uno de los bolsillos de la misma su telescopio y luego dejó caer la prenda sin más. Enfoco con el objeto el sitio donde yacía boca arriba el monstruo Digimon, y notó como algo sobre este se movía: un cuerpo antropomórfico considerablemente menos grande que el del monstruo.
-Descuida, WereGarurumon está bien -le informó el chico seguro de que aquello calmaría las anchoas del rubio.
WereGarurumon se encontraba sobre el pecho de la bestia, sintiendo la profunda respiración de aquel monstruo malherido, si tiendo en ese momento algo semejante a la lástima, observando su rostro maltrecho. Pronto se dio cuenta de que no era lástima por la criatura malherida, sino un profundo malestar que no estaba seguro por que, pero se lo causaba indudablemente la mera existencia de aquel ser extraño.
El lobo gruñó molesto mientras se preparaba para dar un último golpe al Kimeramon, fijando este sobre el cuello del monstruo, cuando esté abrió el ojo que le quedaba mirando con intensidad al lobo guerrero.
WereGarurumon optó por apartarse en ese momento, saltando hacia atrás mientras sentía como la criatura comenzaba a levantarse y provocaba que el resbalar de su cuerpo. El lobo guerrero dio un salto impulsándose en el muslo del monstruo y aterrizando en la arena luego de una voltereta para empezar a alejarse, pero en ese momento la mano esquelética del monstruo se lanzó sobre el con intenciones de atravesarlo con sus filosos dedos.
WereGarurumon alcanzó a sostener la palma de hueso evitando la colisión directa con las afiladas garras de hueso, que lo empujaron sobre la arena y lo dejaron bajo la monstruosa fuerza del Digimon.
-¡WereGarurumon! -exclamó Matt desde lo alto viendo el percance en que se encontraba su compañero.
Leomon (que volaba aferrado a las garras de Anquilamon) se lanzó para apoyar a WereGarurumon, desenvainando su espada y maniobrando para aterrizar sobre el lomo del monstruo (su punto débil por excelencia). Pero antes de lograrlo, la penetrante mirada del ojo amarillo del monstruo lo encontró, y la mano de exoesqueleto rojo con un dedo faltante lo atrapó llevándolo hasta el suelo, enterrando lo en la arena, y manteniendo su peso sobre el Digimon que aún en esas condiciones trataba de luchar por liberarse.
-¡Mierda, los va a matar! -Exclamó preocupado Joe. Henri volteó a ver a Gargomon.
-Gargomon, ¡Dispara! -ordeno el chico pero el digimon callo sobre sus rodillas fatigado.
-Lo siento Henri… -dijo mientras la luz emanaba de su cuerpo-, ya no puedo -dijo Terriermon antes de desfallecer por el cansancio.
-Lo mismo de mi parte -dijo Ikkakimon, quien también se iluminó y decreció en tamaño-, fue todo -dijo Gomamon.
Growlmon y Kyubimon insistieron con los ataques a distancia mientras que Toguemon también caía sobre sus rodillas agotada.
-Que Angemon, Birdramon, Kabuterimon y todo aquel que pueda atacar a distancia insista, y que los otros reciban energía de MarineAngemon -indicó Tai.
-Tai, ella también se agota -dijo Kenta, que sostenía al fatigado y diminuto digimon.
-Todos -dijo Hikari viendo como Angemon era incapaz de concentrar su energía y disparar, al mismo tiempo que sus aleteos eran cada vez más débiles.
De igual manera los Golemons y Hookmons habían dejado de atacar por el cansancio. Agumon caminó hasta uno de aquellos colosos de roca al cual todo con sus garras llamando la atención del Digimon que lo miró con curiosidad.
-Lánzame -le pidió.
Strikedramon y Turuiemon se lanzaron sin mediar lo mas, flanqueando al Digimon que logró distinguir sus movimientos sobre la arena y usando sus dos brazos superiores los apartó golpeándola con fuerza, provocando que se arrastran por la arena.
-No podemos arriesgarnos a llevar a cabo un ataque directo -dijo Mimi con impotencia mientras veía a los dos digimons en aprietos y la imposibilidad del resto de ayudar.
-No tenemos más opciones -apuntó Ryo.
-Tai, Agumon -dijo Kenta y el castaño de inmediato lo tomó del cuello de la chaqueta con brusquedad.
-¡No enviaré a Agumon a…!
-No Tai, Agumon -dijo señalando detrás del chico.
El joven castaño volteó justo para ver cómo un Golemon levantaba del suelo a Agumon y cuáles si fuera una roca lo lanzó con fuerza hacia el Kimeramon.
-¡Agumon! -exclamó Tai al ver como su compañero volaba por el aire directo a la cabeza del monstruo Digimon.
Agumon fijo sus ojos verdes sobre el Digimon que percibió su presencia a pocos metros de que el diminuto ser en comparación de aquel coloso llegará hasta él.
El orbe ambarino del monstruo se fijó sobre Agumon, quien devolvió la mirada sin sentir el miedo que en todos imponía aquella criatura.
Aquel monstruo lo miro también, con atención, sin rabia, con curiosidad incluso.
Por un segundo, ambos parecían estar conectados. Por un segundo ambos lo sintieron así. Por un instante, compartieron pensamientos, sus respiraciones eran iguales, casi la misma.
Por un instante Agumon sé si tío reflejado en Kimeramon, igual él. Fue entonces que Agumon se llenó de confianza.
De las fauces de Agumon brotó una luz y en un solo segundo surgió de ella una flama que fue directo a chocar sobre el ojo sano de Kimeramon, causando una ligera explosión y cegando por completo al Digimon que gruñó adolorido.
Agumon logro llegar hasta el casco de metálico de la cabeza del monstruo y surcó este a toda velocidad, deslizándose hasta la castigada espalda llena de heridas y pústulas de Kimeramon, sobre la cual comenzó a clavar sus garras sin piedad. El Digimon se arqueo al sentir el malestar, provocando que Agumon saltará de la espalda, para iniciar una serie de disparos rápidos que siguieron produciendo dolor en el Digimon.
Kimeramon levantó su enorme colaboración logrando dar un golpe a Agumon que lo llevó a estrellarse con la espalda sangrante del Digimon, donde encajo sus garras para no volver a caer.
Kimeramon preparo nuevamente su cola para dar otro golpe y aplastar a Agumon definitivamente, cuando tanto Leomon como WereGarurumon lograron liberarse aprovechando la distracción del monstruo Digimon.
Leomon y WereGarurumon lograron hacer retroceder por un segundo las palmas que los aprisionaba, segundo que aprovecharon sin dudarlo.
Una espada se blandió
Una patada se dio.
Y ambas manos fueron desprendidas del resto de los brazos.
Kimeramon rugió nuevamente. Presa del dolor o de la ira al verde superado por aquellos digimons.
-Lamento la demora -escucharon todos decir a Ken por medio del comunicador. Todos levantaron la mirada dirigiéndola hacia la posición del cubo, descubriendo en esa dirección a Ken montado sobre Quetzalmon que sostenía un extraño cilindro en roscado en su cola-. ¡Mejor apártense! -exclamó el muchacho evidentemente preocupado.
-Carajo -dijo Tai volviendo a mirar hacia el monstruo digimon- ¡Agumon!
Al por aquel gritó Matt, sin saber que hacer solo atino a voltear en la dirección que estaba WereGarurumon, quien en ese instante lo volteó a ver también.
-Salvalo -susurró apenas el chico.
-¿Qué? No podemos, es muy arriesgado -contesto Sora sin mucho entusiasmo, mientras que WereGarurumon comenzaba a correr.
Leomon comenzó a correr para alejarse del lugar mientras que Quetzalmon seguía acercándose. Pero antes de alejarse más logró distinguir a WereGarurumon corriendo en la dirección contraria.
-¿Qué diablos haces? -preguntó sin entender lo que pasaba.
El lobo saltó sobre una de las patas del Digimon escalando por ella y luego pasando por uno de sus costados para finalmente llegar hasta su espalda y tomar de ahí a Agumon, que seguís aturdido por el golpe y aferrado a la espalda con sus garras. El Digimon dio un salto desde la espalda del monstruo, y estando ya en el aire fue alcanzado por un colazo del digo que los envío a ambos varios metros lejos de ahí, a estamparse contra la arena.
Quetzalmon siguiente recto, hasta llegar a la distancia idónea, desde la cual soltó la carga que fue directo al monstruo.
El cilindro cayó varios metros mientras que todos seguían alejándose a toda prisa del lugar. Solo Suzie, que iba sobre Ankylomon se interesó en mirar hacia atrás, y ver cómo el cilindro estaba a punto de golpear contra el Digimon.
-¡Ahí viene! -exclamó al ver que el objeto estaba a punto de caer sobre Kimeramon.
Turuiemon salto en ese momento sobre Ankylomon para envolver q Suzie y Cody con su cuerpo.
Toguemon, que cargaba a Mimi, Hikari, Gatomon y a Tai a quien prácticamente llevaban a la fuerza detuvo su trote para proteger del mismo modo a los Tamers y Digimon con ella.
Kabuterimon, Birdramon y Anquilamon se elevaron igual que Quetzalmon, tanto como pudieron.
El cilindro siguió en línea recta hasta golpear contra la cabeza de Kimeramon, rebotar en esta y luego caer hasta llegar a la arena, en la que medio se enterró.
Pasaron algunos segundos de absoluto silencio, hasta que Growlmon levantó parte de su cuerpo dejando salir a Takato, Ryo, Kenta y MarineAngemon.
Kyubimon, con Rika, Joe, Gomamon, Henri y Terriermon en su espalda también detuvo su trote y miró con curiosidad que nada había pasado.
Dinohyumon y Guardromon era quien se encontraba más acerca, y con ellos Hirokazu y Kouta, que se asomó algo contrariado.
-Ah, bueno creo que no funcionó -comenzó a decir el arquero sintiéndose extrañamente avergonzado-, ¿Alguien tiene otra ide…?
De la nada la explosión se originó causando un fuerte estruendo y una onda expansiva que empujó al joven de cabello negro levantando del suelo y enviándolo al menos dos metros hacia atrás.
La gran corriente de aire podía sentirse incluso a kilómetros y por unos segundos golpeó a los Tamers en tierra y aire, sin embargo la explosión se concentró apenas envolviendo en un intenso campo de luz dorada el cuerpo entero del Kimeramon. La luz se intensificaba cada vez más, llegando emanar un calor que superaba con creces el calor natural del desierto e irradiaba a todos los presentes.
Al igual como la explosión inicio pareció extinguirse. Y los presentes voltearon a ver el cuerpo del Kimeramon, que aún estaba sumergido en la luz, pero su silueta era visible.
WereGarurumon y Agumon, medio enterrados en la arena vieron de cerca aquella escena. El viento parecía aminorar, la luz se extinguía, y luego, una nueva explosión, menos estruendosa pero que igual originó una fuerte oleada de viento cálido se originó, y duro un par de segundos más hasta que la luz comenzó a extinguirse del todo, dejando en el sitio donde había estado el gran y monstruoso enemigo, solo un cráter igual de grande.
Luego de aquello reino el silencio. Los Tamers y Digimon se removieron de debajo de la arena que los había enterrado, asomándose, primero temerosos y luego con más confianza. Un gran montículo de arena se sacudió dejando ver a Toguemon, que al instante regreso a su forma como Palmon y quedó en medio del círculo que formaban sus protegidos.
Kouta se librero de la arena que lo aplastaba sacudiéndose y pataleando hasta que logró sacar la mitad de su cuerpo y permaneció sentado sobre la arena caliente.
-¡Oye Kouta! -escuchó que le gritaba Ryo-, ¡Creo que si funcionó! -dijo a modo de broma y el chico levantó la mano con el dedo medio extendido, mientras que Kotemon se acercaba a él para ayudarle a levantarse.
Rika miraba hacia el cráter con Renamon a su lado, que la abrazaba como ayudándole a mantenerse de pie. Su rostro pálido reflejaba el cansancio que compartía con todos los demás luego de aquel exhaustivo combate.
Birdramon, Aquilamon, Angemon y Kabuterimon descendieron reuniéndose con el resto. Mirándose entre todos fatigados y al mismo tiempo felices.
-¿Se terminó? ¿De verdad se terminó? -preguntó incrédulo Hirokazu.
-Depende -dijo Sora mirando a su alrededor-. ¿Dónde está Davis?
-Creo saber la respuesta -dijo Kouta señalando al cielo, donde aún permanecía en vuelo Quetzalmon.
-¡Agumon! -exclamó Tai mientras corría de regreso al sitio de la explosión.
El castaño corría tan rápido como podía. Detrás de él, Mimi y Hikari trataban de alcanzarlo, pero el chico las dejó atrás con facilidad. Ni siquiera Gatomon pudo mantenerle el paso y termino el rindiéndose ante el cansancio.
-Si que tiene energía -dijo entre jadeos Gatomon
-¡Agumon! -volvió a gritar el chico sin dejar de correr. Su voz se dispersaba por el desierto, acompañando un grito del siguiente y continuando del mismo modo.
-¡Tai! -escuchó el muchacho a lo lejos.
Poco a poco pudo distinguir la figura de su compañero, que en brazos cargaba algo, o mejor dicho a alguien.
-Agumon -dijo más relajado el chico. Deteniéndose un poco mientras veía al susodicho cargando en brazos a Tsunomon.
-¡Tai! -el castaño volvió a correr, llegando hasta donde el Digimon y estrechando lo con fuerza (aplastando de ese modo a Tsunomon que quedó en medio de aquel abrazo.
-Imbécil, ¿Cómo se te ocurrió hacer algo tan estúpido como eso? -reclamó el castaño.
-Solo pensé en algo estúpido que harías tú, y la opción llegó rápido.
Tsunomon comenzó a quejarse, aunque ninguno de los dos le hizo caso.
En medio del cráter Quetzalmon aterrizó. Ken bajo él de un salto, mientras que sobre el cuerpo del Digimon seguía estando Vermont, que sujetaba con fuerza el cuerpo de Davis, que seguía respirando con irregularidad.
-Estarás bien amigo -le dijo el Digimon.
-Nada estará bien… perdí -dijo el chico de manera apenas audible.
Ken busco con la mirada hasta que sus ojos se toparon con algo. El único vestigio que de la explosión había quedado. Se trataba de lo que parecía ser un gran pedazo de carbón, del tamaño de un balón de fútbol, inerte sobre la arena.
El chico se arrodilló frente a él, dispuesto a tomarlo.
-No Ken -dijo Quetzalmon. El chico se giró para sonreírle, mientras volvía a su intensión de tomar aquel objeto.
Lo levantó del suelo sin dificultad, y lo examinó con la mirada, palpándolo en su totalidad, percatándose así de que el color negro se desprendía apenas frotar un poco, dejando ver qué en realidad el objeto era de un color dorado intenso, semejante al oro.
-¿Qué diablos es esto?
-¡Ken! -lo llamó una voz familiar. El chico volteó para ver al pie del cráter a Matt, acompañado de Sora, Kouta y Henri, que lo miraban (y al objeto que sostenía) con curiosidad.
-¿Qué es esa cosa? -preguntó Matt.
-No estoy seguro, pero fue lo único que quedó de la criatura, y del núcleo.
-¿Dónde está Davis? -preguntó Sora con preocupación.
Ken desvío la mirada para ver hacia su compañero, con lo que respondió las dudas de la pelirroja que miró al chico con consternación.
-Necesita atención, y pronto.
Los demás chicos asintieron ante la declaración del joven.
-Eva, necesitamos el halcón, de inmediato -habló el Ishida.
-Descuida, ya estamos en camino.
Matt asintió, mientras se permitía en ese momento, relajarse, y contemplar la calma del desierto a su alrededor en el punto justo en que comenzaba la puesta de sol.
-Es oficial… se terminó.
"La cura para el odio"
Desierto Arkam en Sarvar, en el digimundo.
Julio 13 del 2085
El puente del halcón se encontraba repleto. Los Digimons y Tamers ocupaban los asientos, fatigados y adoloridos. Kenta y Hirokazu dormían recargados en los asientos que se sacudían con brusquedad de vez en cuando al igual que toda la nave. Rika también ocupaba uno de los asientos, reacia a mostrar su dolor y cansancio. El brazo vendado reposaba sobre el respaldo de la silla, y su mirada pérdida parecía no percibir nada de lo que sucedía frente a ella. Takato la miraba desde lejos indeciso sobre su acercarse, mientras Henri, con Terriermon sobre su cabeza se acercaba a él para ponerle una mano sobre el hombro, llamando su atención para luego levantar el puño, contra el que Takato choco el suyo en una señal de amistad y victoria.
-Lamento si he estado algo distante amigo -comenzó a decir el muchacho, con voz resignada-. Sabes, es obvio que le gustas a Juri.
-Henri yo…
-Todos bien, no te preocupes -dijo para luego alejarse con rapidez.
-Pero a mí no me gusta ella -susurró el chico con tristeza.
Eva y Juri seguían conduciendo la nave, aunque ahora Juri hacia la mayor parte del trabajo mientras Eva trataba de lidiar con el dolor de la herida en su frente que estaba cubierta por un gran parche blanco.
Tai se encontraba detrás de ellas, recién habían despegado y aún no tenían un destino en mente.
-Bien, ahora que todo al fin terminó, supongo que es hora de volver. Nos entregaremos y a ver qué pasa.
-No -dijo Tai, inclinándose hacia adelante para pasar su brazo entre los asientos de las chicas y alcanzar la pantalla de navegación de la nave-, dirijámonos en esta dirección -dijo mientras escudriñan el mapa con la mirada-, hacia esta área exactamente.
-¿Qué? -dijo Juri volteando para ver al muchacho.
-Aun no terminamos, debemos reponer a Davis de lo que sea que le esté sucediendo.
-Y en ese lugar… ¿Podremos hacerlo? -preguntó Eva confundida.
-Es posible -contestó con mirada pensativa.
-¿Qué hay ahí exactamente? -preguntó Juri mientras dirigía la nave en la dirección que el castaño había indicado.
-Como suerte, un refugio.
En las barracas de la nave se encontraba el resto de los elegidos y sus compañeros
Mimi atendía a Davis, quien se removía en una de las camas donde lo habían colocado, parecía tenso y adolorido.
Por cuestiones de seguridad, todos (más o menos) acordaron esposar al chico a la cama. Estaba sujeto tanto de las muñecas como de los tobillos, sin que eso frenará demasiado los espasmódicos movimientos que tenía.
Kouta, Ryo y Henri permanecían junto al muchacho, vigilándolo. A pesar de lo relatado por Ken, en donde les hizo saber el extraño comportamiento que había estado mostrando antes de ser derrotado, además del importante hecho de que fue gracias a la información que él les dio que lograron vencer al Kimeramon, los Tamers consideraban más seguro no bajar la guardia.
-Su fiebre está aumentando -dijo la castaña revisando el termómetro que acababa de retirar de la boca de Davis, quien sacudió la cabeza de un lado a otro mientras se quejaba.
-¿Por qué diablos le disparaste si ya lo tenías? -preguntó Sora a Ken con enfado en la voz, mientras esté, que había estado en silencio en una cama contigua, dejo de revisar el brazalete de Davis y miró a la pelirroja y al resto.
-Tú no luchaste contra él, no sabes cuánta fuerza tiene el maldito.
-Es cierto -concordó Kouta, ganándose una mirada severa de Sora-. Perdón -pronunció con burla el chico mientras se retiraba.
-La herida está bien -dijo Mimi revisando el vendaje que cubría la misma-, una entrada limpia y no toco nada importante. Lo que hace aún más extraño su estado, no puede deberse solo a sus heridas físicas.
Ken dejo a un lado el brazalete al escuchar eso, y se levantó de la cama.
-Antes de que acabará…él hablaba de un modo extraño, y además daba la impresión de estar enfermo… ¿Creen…que sea posible que…?
-¿Qué lo que lo hizo comportarse así lo esté envenenando? -preguntó Joe, que acababa de llegar junto con Gomamon, Izzy y Tentomon. Ken asintió preocupado.
-Tal vez sea eso -atinó a decir Ken.
-Bueno…no sabemos mucho de eso, es probable.
-Lo que si sabemos con certeza es que él necesita atención, debemos ir cuanto antes a un hospital donde puedan atenderlo -dijo Sora con insistencia.
-Iremos a donde puedan ayudarlo -dijo Tai, que acababa de entrar a las barracas-, pero no a un hospital, no todavía -aclaró-, ya le di indicaciones a Eva de a dónde dirigirnos.
-Tai -dijo Sora con voz suplicante.
-Tai no sabemos qué le pasa, y yo no puedo hacer nada por él -dijo Mimi tratando de convencer al muchacho.
-Lo sé, y será el mismo resultado si lo llevamos a un hospital, más tratándose de uno donde HEDM nos encontrará apenas llegar.
-¿Pero entonces que se supone que hagamos? -preguntó Sora con un hilo de voz.
Tai guardó silencio por un momento, viendo los rostros expectantes de sus compañeros.
-¿Confían en mí? -preguntó. No hubo respuesta a verbal, pero los semblantes de todos apuntaban a que en efecto lo hacían.
-Bien, yo debo confiar en alguien más -sentencio el chico, sin explicar nada más, solo aguardando a que aquel movimiento fuera el mejor, igual como debían hacer todos los demás.
Pradera sur del continente Sarvar, en el Digimundo
Julio 14 del 2085
Debido a los daños recibidos durante la batalla el halcón se movía de manera lenta, por lo que habían transcurrido ya varias horas sin que los Tamers y digimons llegarán al lugar que Tai sugería como el único lugar donde podían realmente ayudar a Davis.
En el puente los Tamers sentían constantes sacudidas de la nave que parecían empeorar con el tiempo. Kouta y Ryo habían dejado de vigilar a Davis, siendo solo Sora y Mimi quienes se quedaron con él para cuidarlo, al igual que Veemon que parecía muy asustado al ver las condiciones en que se encontraba su Tamer.
El chico no había reaccionado, seguía inconsciente y de tanto en tanto balbuceaba cosas inteligibles para después volver a quedarse en silencio, respirando ruidosamente.
-Está teniendo dificultades para respirar -dijo Mimi al escuchar el ruido proveniente de su María y boca-, tiene una inflamación, la tráquea empieza a cerrársele.
-¿Puedes hacer algo? -preguntó Sora alarmada. Mimi solo la miró con un gesto de disculpa.
La pelirroja apretó los puños para luego tomar dirección al puente.
-Sora -la llamó Biyomon tratando de detenerla, pero la chica no hizo casi y continúo de largo.
En el puente Ken se encontraba recargado en una de las mesas de instrumentos, con Wormon dormido sobre su regazo, desmontando las piezas del brazalete de Davis. A un lado de las piezas que retiraba se encontraba la extraña pieza dotará que había sacado del cráter que dejó la explosión del núcleo. El joven peli azul retiro una buena parte del brazalete, inspeccionando minuciosamente este hasta que encontró un diminuto botón junto a una ranura, el cual presionó liberando la ranura que expulsó la mitad de un pequeño y delgado objeto de color negro. Davis retiro la pequeña tarjeta de memoria contemplándola unos segundos.
-No deberíamos traer eso abordo -escuchó que alguien a su lado le dijo. El joven volteó rápidamente al mismo tiempo que con discreción guardaba la memoria en uno de los bolsillos de su pantalón
Junto a él estaba Eva, reclinada en un asiento y con la chaqueta cubriéndole la mitad del cuerpo, mirando con ojos adormilado el objeto dorado sobre la mesa-. Es peligroso.
-Nos salvó -dijo otra voz femenina, la de Hikari, que se detuvo del otro lado de la mesa contemplando el objeto.
-Hablas de eso como si fuera alguien -dijo Eva desperezándose e inclinándose hacia adelante mientras se frotaba los ojos.
Hikari no hizo caso a las palabras de Eva que parecían ser una advertencia, y sin temor alguno aproximó su palma para sentir aquel objeto dorado.
-Es cálido -dijo con tranquilidad.
-Es un núcleo de energía, desprende radiación -se quejó la joven latina.
-En niveles muy bajos, nada de qué preocuparse -dijo Izzy, que parecía interesado en lo que quedó del núcleo-, quizá se pueda aprovechar, no está mal que lo trajéramos -dijo creando así una alianza con Ken y Hikari, que a la chica no le dio muchas ganas de confrontar y solo bufo fastidiada.
-Más vale que bajando de este cacharro volador no me detecten cáncer -dijo volviendo a reclinarse en la silla para seguir durmiendo.
Matt se encontraba en el asiento de la piloto, dirigiendo la nave solo, debido a que Juri también se había retirado para descansar. Detrás de él, sosteniendo una taza de café estaba Tai, mirando la extensa planicie de noche.
Una alarma se encendió haciendo emitiendo un pitido muy leve. Matt la apagó de inmediato abriendo una ventana en la pantalla lateral a su asiento, en la cual se describía el problema.
-Los rotores se están sobrecalentado, tenemos máximo una hora antes de un fallo crítico, hay que aterrizar -informó al castaño.
-Ya estamos llegando, inicia el descenso pero no aterrices aún -pidió el chico.
Unos pasos firmes detrás de ambos chicos les advirtieron de la llegada de alguien. Tai se giró para ver a Sora, con los puños cerrados y la mirada furiosa firmemente plantada sobre él. Parecía que estaba a punto de soltarle un buen golpe. La chica se detuvo frente al castaño mientras que Matt se concentraba en su labor para evadir lo demás.
-Davis está empeorando, necesita ayuda y ya.
-Lo sé -dijo con tranquilidad Tai.
-¡Pues entonces dejemos de perder el tiempo!
-Es justo lo que pretendo hacer -dijo Tai tratando de calmar a Sora. De los ojos de la chica recurrieron un par de lágrimas. Todos los Tamers y digimons prestaron atención a la discusión, intrigados por la respuesta que aún seguía pendiente.
-¿Dónde? -preguntó la pelirroja con voz más tranquila-, ¿Cómo sabes que es el lugar indicado? -Tai notó detrás de Sora las miradas que lo escudriñan. Medio sonrió antes de responder.
-Antes de abandonar la mansión, Charles habló conmigo, fue una plática un tanto extraña, pero al final me dio algo, una nota con cuatro palabras escritas.
-¿Y que decía? -preguntó Ryo intrigado.
-Llegamos -anuncio Matt al ver que el navegador marcaba el área justa que Tai había marcado- ¿Qué carajo?
Frente a la nave, en la extensa planicie solo había una montaña, enorme y muy empinada, pero lo extraño es que justo a la mitad de esta había una especie de abertura, como un camino esculpido con esmero que se adentraba en la formación rocosa.
-Refugio de los desterrados -dijo Tai con una sonrisa risa satisfecha en el rostro.
Refugio de los desterrados en la pradera sur del continente Sarvar, en el Digimundo
Julio 14 del 2085
La nave aterrizó al pie de la montaña a pocos metros de la abertura de la misma. Todos bajaron deprisa, Ryo y Kouta cargaban a Davis, y avanzaban acompañados de Mimi, Ken y Sora.
Tai, junto a Agumon avanzaron al frente del grupo. Se quedaron de pie en el inicio de la abertura pero sin atreverse a avanzar por ella. Al final de esta podían distinguir una simple puerta de madera con una lámpara de aceite colgando frente a ella. Antes de que siguiera dijeran algo la puerta se abrió casi por completo, lo que para el castaño y su compañero era una clara invitación a entrar.
El resto de los Tamers siguieron al castaño. Eva miraba con curiosidad a su alrededor. El corredor tenía curiosos grabados en las paredes. La chica las recorrió con la mirada y palpó algunos de ellos, luego voltea do a atrás para vez como el corredor ahora estaba bloqueado por la firme roca de la montaña, como si nunca hubiera existido una abertura.
-¿Qué carajo? -dijo con sorpresa.
-Descuida, es normal -dijo Hikari con tranquilidad.
-¿Ya antes habían estado aquí? -preguntó la chica intrigada.
-Algunos, una vez hace tiempo, cuando Etemon atacó Sarvar.
-Recuerdo eso… ¿Ustedes fueron quienes lo derrotaron?
-Bueno…técnicamente fueron Tai y Agumon -respondió la castaña.
Tai y Agumon cruzaron el umbral de la puerta, entrando a una sala amplia, más grande de lo que ambos recordaban, pero igual de cálido y reconfortante como había sido hace varios años, manifestando una calma en los presentes que se necesitaba con urgencia luego de todo lo sufrido.
Matt entró detrás del castaño, con Tsunomon en sus brazos. Kouta y Ryo después, cargando al chico inconsciente, y poco a poco se fueron sumando más.
-¿Y ahora qué? -preguntó Kouta. La sala estaba vacía, aunque las lámparas de aceite estaban encendidas, lo que debía ser señal de que había alguien
-No lo sé, pero ayúdame a ponerlo en el sofá -dijo Ryo señalando el mueble que estaba contra la pared.
-No -dijo una voz áspera que sonó al fondo de la sala.
Los chicos voltearon en dirección a dónde provenía la voz encontrándose con un hombre de avanzada edad, cabello y barba blancos, que sonreía con amabilidad.
-Gennai -dijeron varios al unísono. El anciano cambio su sonrisa por un gesto severo al ver a Davis, quien tenía la piel pálida y respiraba con dificultad.
-Como esperábamos, entro en la última etapa -dijo mientras se aproximaba al chico para ponerle la palma sobre la frente-, ¿La fiebre ha ido en aumento?
-Sí, nada de lo que intentamos parece surtir efecto -dijo Mimi con preocupación-, ¿Cómo que la última etapa?
-La semilla lo está matando -dijo otra voz, igualmente áspera, proveniente de un pequeño ser de barba y pelo blancos, que aguardaba al pie de la escalera mirando al grupo-. Debemos atenderlo ya, vengan, rápido -dijo Jijimon dándose la vuelta para subir las escaleras-. ¡Rápido!
Kouta y Ryo se miraron entre ellos y luego voltearon a ver al resto algo contrariados: ver ahí a aquellos dos ancianos era algo extraño.
-Pues vamos -dijo Sora, que igualmente parecía intrigada, pero aún estaba preocupada por Davis.
Kouta y Ryo comenzaron a subir a Davis que había vuelto a balbucear mientras que delante de ellos Gennai y Jijimon subían las escaleras guiando a los chicos.
Detrás Taichi y algunos otros también subían en busca de respuestas.
-¿Qué hacen ustedes aquí? -preguntó Sora, que caminaba junto a Tai.
-Cuando Tai nos mostró la información sobre la semilla del mal comenzamos a investigar, fue necesario venir hasta aquí para revisar viejos archivos y manuscritos, una vez que sabíamos que buscar fue más sencillo encontrarlo, y comenzar a diseñar una cura -relató Gennai
-¡¿Tienen la cura?! -exclamó Tai sorprendido y esperanzado.
-Tal vez -contestó Jijimon-, deben saber que no hay seguridad de nada, pero es todo lo que tenemos.
-Es más de lo que cualquiera tiene -dijo Sora volteando a ver al chico.
Los ancianos se detuvieron ante una puerta, la abrieron y dejaron pasar primero a Kouta y Ryo.
Los chicos entraron viendo una gran cámara, parecida a la sala en cuanto a los muebles repartidos por todos lados, pero con una cama cerca del ventanal del fondo. Al lado de esta había un gran gabinete metálico lleno de frascos con contenidos varios, frente a él una mesa con varios utensilios y aleteando ligeramente a su lado estaba Piximon, mirando a los recién llegados.
-Déjenlo sobre la cama -indicó Gennai. Lo chicos se apresuraron a recostar Davis
Mimi se acercó cautelosa hasta que Gennai la tomó del brazo con suavidad
-Te necesitamos, será mejor que no dudes -le dijo el anciano y la castaña asintió, sujetándose el cabello con una liga que llevaba en la muñeca.
-¿Qué debemos hacer? -preguntó al colocarse al lado de la cama de Davis.
-Primero debes lavarte, luego le colocaras una intravenosa para estabilizarlo, ¿Lo has hecho antes? -preguntó Jijimon mientras revisaba el pulso del muchacho.
-Nunca es tarde para aprender -dijo la chica con un suspiro algo temeroso mientras se lavaba las manos en un cuenco de piedra a un costado del ventanal.
Gennai mientras tanto comenzó a retirar las prendas superiores del muchacho que en ese momento reaccionó abriendo los ojos y apartando al anciano de un empujón.
El chico se incorporó sobre la cama y de inmediato Kouta y Ryo se aproximaron para contenerlo, siendo apartados del mismo modo por el chico, que golpeó en la cara a Ryo derribándolo y luego tomó a Kouta por el cuello de la chaqueta arrojándolo hacia atrás, estrellándolo contra Ken.
El chico emitió un grito lleno de cólera antes de ser sometido por Piximon, quien con la parte sin punta de su lanza presionó el cuello del chico devolviéndolo a la cama.
-Asegúrenlo, pi -dijo señalando unas correas que se encontraban sobre un sofá de la cámara.
Taichi, Sora y Matt tomaron las correas y se acercaron deprisa a la cama para sujetar las piernas y brazos del chico que seguís forcejeando y emitiendo gruñidos.
-Davis, por favor, ¡Cálmate! -rogaba Sora mientras intentaba atar su brazo derecho, recibiendo ayuda de Ryo, a quien le costaba contener la fuerza del muchacho.
Finalmente lograron atarlo lo suficiente para frenar sus movimientos, y Mimi se acercó para pinchar la vena del brazo del chico con una aguja conectada a un suero que colgaba sobre la cabecera de la cama.
-¡Duele! ¡Arde! -exclamó el chico mientras su cuerpo se arqueaba sobre la cama.
-¿Qué es lo que le dieron? -preguntó Sora alarmada.
-Una solución salina y algunos calmantes -contestó Jijimon, pareciendo algo preocupado.
-No creo que lo diga por el suero -dijo Mimi qué observaba algo en el brazo del chico.
Sin mediar palabras tomó de la mesa de instrumentos unas tijeras y comenzó a cortar la camisa del chico para arrancarla después. Debajo de la tela el chico tenía la piel cubierta de llagas amoratadas.
-Debemos actuar rápido, pi -dijo Piximon al observar al maltrecho muchacho.
-¿Qué diablos sucede? -preguntó Sora-, ¡¿Qué pasa?! -exclamó tratando de llegar hasta Davis, pero siendo sujetada por Matt, quien tenía otra reacción iracunda por parte del chico tendido en la cama.
-Todos ustedes, no pueden hacer nada por él, Mimi, tú quédate, puedes ser útil, también tu Joe -dijo Gennai mientras buscaba en el gabinete y extraía de ahí varios frascos y botellas.
El joven aludido avanzó desde el umbral de la puerta desconcertado.
-¿Yo? -preguntó titubeante.
-Los demás, retírense, necesitemos trabajar en paz -agregó Jijimon.
Ken y Matt sujetaron a Sora para llevarla hasta la puerta, donde dejó de oponer resistencia y bajó las escaleras en compañía del rubio. Gomamon y Palmon parecían decididos a no abandonar la cámara, por lo que nadie quiso intentar convencerlos u obligarlos. Ryo y Kouta retrocedieron con recelo, mientras que Hikari, que cargaba a Gatomon entre sus brazos, en lugar de apartarse avanzaba hacia adelante.
-Yo también quisiera ayudar, por favor -pidió la chica acercándose a Gennai.
-Nosotras, mejor dicho –agregó Gatomon liberándose del agarre de su compañera y plantándose de pie junto a ella. El ansiado asintió con lentitud.
-Nadie más -dijo con tono terminante.
Ryo bufó molesto, recibiendo una sonrisa de Hikari con la que lo intentaba calmar.
Tai miró desde la puerta a Mimi, que sostenía un cuenco de porcelana en el que Piximon dejaba caer varios ingredientes que la chica debía moler después.
La castaña desvío su atención un segundo para ver a Tai, a quien sonrió mientras movía los labios como diciendo "calma". No muy convencidos Tai y Ryo bajaron por las escaleras.
Al pie de estas miraron la sala repleta del resto de sus compañeros. Cada uno ocupado en algo, tal vez más para aminorar los nervios o la incertidumbre que sentían, ya no había más misiones u objetivos, al menos por el momento, y eso, luego de todo lo sucedido, era bastante incómodo, se podía leer en sus semblantes.
-Parece que estamos iguales, ¿No Tai? -dijo Ryo para romper la tensión que también a ellos afectaba.
-¿De qué hablas? -preguntó de manera distraída el muchacho.
-Hikari y Mimi, ellas… nosotros… tú sabes -esas palabras lo regresaron a la realidad, lejos de los problemas que implicaban un riesgo de muerte, el chico recordó que también tenía una vida con asuntos sin resolver.
-Hablando de eso… tú y ella… -trataba de articular el chico, pero no sabía cómo. ¿Qué debía decir? ¿Qué debía hacer? ¿Podía reclamarle por estar saliendo con su hermana siendo que ni siquiera sabían que Hikari en efecto era su hermana? ¿O por el contrario no tenía derecho a decir nada?-, tú y ella… -repitió con la esperanza de encontrar las palabras correctas-. ¿Qué carajo? -dijo de la manera menos atinada posible.
Ryo hizo un gesto y se encogió de hombros recargándose en la pared.
-Lo sé, lo sé, créeme, yo mismo me hago esa pregunta -respondió intentando poner claridad en sus ideas-. Sé lo que piensas, lo que todos piensan, es sólo unas niña, y esto es…extraño… incluso inapropiado, pero, ¿Alguna vez sentiste algo por alguien aun a sabiendas que tal vez no deberías sentirlo? Me pasa de esa manera con ella, me desconcierta, y entre tanto creo que solo me he dejado llevar, y lo creas o no, siento que es ella quien dirige todo esto -dijo algo apenado. Luego sonrió negando con la cabeza-. No sé por qué te digo todo esto, siento que estoy hablando con el hermano mayor de mi novia, ¿Extraño no? -Tai desvío la mirada con poco disimulo aunque Ryo estaba muy distraído para percibir su reacción.
-Sí, muy extraño -dijo en un susurro apenas audible-. Oye -lo llamó y el chico lo miró atento-, procura no lastimarla -Ryo puso una expresión seria mientras asentía.
-Es lo que menos quisiera que pasara -le respondió.
Rika y Eva se encontraban en una mesa apartadas del resto, la joven de tesis morena revisaba el brazo de la chica, el cual en ese momento volvía a vender.
-Estarás bien, solo deja que repose unos días -le indicó para después ponerse de pie.
-Gracias -susurró Rika frotándose los ojos.
-Y duerme, te hace falta -le dijo para luego recorrer con la mirada la habitación y ver que Cody, Suzie, Kenta, Hirokazu, Juri, Henri e incluso Kouta tumbado en una esquina abrazando su arco dormían plácidamente-, tal vez a todos -dijo para después bostezar.
Rika se quedó sentada en la silla, con la mirada buscó a Renamon, que había sucumbido al cansancio y se encontraba recostada junto a un viejo y roído sofá, en el que Takato estaba sentado, con Guilmon durmiendo echo un ovillo al lado del muchacho que le acariciaba la cabeza.
Al cruzarse sus miradas el chico se puso de pie para ir hacia ella. Tomó asiento a su lado, mirando el brazo con un vendaje nuevo, y acercó su mano para rosar la de ella. Rika permitió el contacto, sin levantar la mirada.
-Tu semblante de chica dura es encantador, en serio, pero creo que ya es necesario que descanses –le dijo con tono suave, mientras sus dedos acariciaban los de ella.
-Estoy bien, además esto aún no acaba –contestó la chica con firmeza, sin dejar de lado los jugueteos entre sus dedos y los del muchacho.
-Por ahora solo nos queda esperar, nadie te condenara por dormir ahora –le comentó con una sonrisa en el rostro. Rika alzó la mirada para ver la tierna expresión con que el chico la miraba, algo en ella la cautivaba, al mismo tiempo que la hacía sentir incomoda.
-Estoy bien, en serio –dijo ella volviendo a bajar la mirada.
-Sé que lo estas, solo, me preocupo por ti. Sé que eres fuerte, pero hay veces en que al mirarte veo a una bella y frágil mujer a la que siento el deseo de proteger a toda costa –se sinceró el muchacho.
Rika experimento una calidez en las mejillas y un hormigueo en el estómago que le escaló hasta el pecho. Algo poco común y aunque raro, bastante agradable. Pero aquella joven, de carácter fuerte e inquebrantable en lugar de dejarse envolver por aquellos sentimientos con aquel chico dulce y sincero, optó por apartar su mano del contacto con él y endurecer su mirada.
-¿Frágil? –Dijo en tono molesto-, ¿crees que soy frágil? –preguntó, con el tono de voz bajo aun pero aumentando su enfado.
-Ah…no, yo solo digo… que quiero estar contigo para…
-¿Cuidarme? ¿Protegerme? ¿Crees que soy una pobre e inocente chiquilla que necesita de un hombre que vele por ella?
-En ningún momento he dicho eso –protestó el joven castaño confundido.
-Pues para que evites decirlo en algún futuro, déjame decirte que no soy una niña indefensa –le respondió recargando su cuerpo en el respaldo de la silla, apartándose de Takato.
El chico bajo la mirada mientras apretaba el puño sobre la mesa.
-¿Por qué siempre tienes que ser así? –Preguntó Takato con tristeza-, tan distante, tan… lejana –Rika reaccionó ante la mirada triste del chico, sintiendo que su corazón se estremecía, y volviendo a desviar la mirada para no sucumbir ante sus sentimientos.
-No voy a permitir que me lastimen de nuevo –dijo simplemente. Takato la miró contrariado.
-Yo no voy a dejarte como lo hizo…
-Es algo que no sabes, y no lo prometas por que no puedo creerlo –dijo la chica levando un poco el tono de su voz.
-Rika… -Takato trato de acercarse a ella inclinándose hacia adelante pero Rika se levantó de la silla quedando fuera del alcance del muchacho.
-Eso que quieres de mí no te lo puedo dar, ya te lo dije, mejor que lo recibas de otra persona, igual no creo que te cueste mucho conseguirlo –le dijo con tono severo aunque sin elevar la voz por lo que nadie se había percatado de la tensión de aquella platica.
-Rika, ya te dije que Juri…
-No lo digo por ella –lo interrumpió con un dejo de amargura en la voz-, hablo de Eri –soltó finalmente antes de alejarse por un corredor en medio de dos estanterías repletas de libros, de una de las cuales Yolei había extraído un grueso libro que leía abstraída hasta ver pasar con firmes zancadas a la pelirroja que llegó hasta el final del corredor, llegando al exterior de la sala.
Kouta también alcanzó a ver a la chica salir deprisa. Se levantó sin hacer ruido dejando el arco recargado en la pared y con discreción caminó por la sala hasta adentrarse en el corredor por el que Rika había salido.
Takato por su parte permaneció en sentado en la silla, con el brazo sobre la mesa y la tristeza reflejada en su rostro, indeciso sobre lo que debía hacer.
Ken, que ocupaba una mesa aparte de aquella en la que se encontraba Takato, y acompañado por T.K., Izzy y los compañeros de estos dos, se estaba quedando dormido, con los brazos recargados sobre el objeto dorado y la cabeza recostada en estos. Wormon sonrió al ver que el chico finalmente había dejado de luchar contra el cansancio y ahora respiraba con tranquilidad y una expresión de calma en el rostro.
Sin embargo aquello duró poco pues de manera súbita Yolei se aproximó a la mesa, dejando caer el libro sobre esta, sobresaltando a T.K., Patamon, Izzy, Tentomon y Wormon, y luego arrebatándole el objeto dorado a Ken cuya cara fue a dar directo contra la madera de la mesa. El joven emitió un gemido de dolor mientras que Yolei abría el libro para revisar lo que acababa de encontrar.
-¿Qué pasa? –preguntó Tai al notar, como casi todos, las acciones tan bruscas de Yolei.
-¡Esto es! –exclamó la chica mirando a su alrededor, como buscando a alguien con quien compartir su reciente descubrimiento.
-¿Qué cosa? –preguntó Ken mientras se frotaba la nariz. Yolei le mostró el libro, el cual mostraba en una página una imagen de un objeto ovalado, de color dorado y con grabados extraños.
Ken miró la imagen apenas un segundo y con ello reconoció el objeto mostrado; era el mismo que se encontraba a un lado del libro, el objeto ovalado que había quedado luego de la explosión que acabó con el Kimeramon.
-¿Qué carajo? –dijo el chico confundido. Aquello llamó la atención del resto de los presentes. Sora y Matt se levantaron de las escaleras donde se habían sentado y se acercaron a la mesa, al igual que Henri que conversaba un poco apartado con Eva.
Pronto un gran círculo de curiosos se había reunido para mirar el objeto que tanto interés despertaba en Ken (y en Izzy que seguía pensando en posibles usos que se le podían dar a aquella considerable fuente de energía).
-Este libro, habla del objeto que había dentro del núcleo de energía, es el mismo, véanlo ustedes –informó la chica de lentes dejando que los demás vieran el objeto y la imagen de este que aparecía en el libro.
-Sí, creo que es el mismo objeto –admitió Matt mirando de lejos la imagen.
-¿Qué dice el libro? –preguntó Sora. Ken acercó el libro para leer, pero los grabados en tinta sobre las hojas eran para él extraños garabatos.
-¿Qué clase de idioma es este? –dijo Ken confundido.
Izzy tomó el libro tratando de leer su contenido.
-¿Tentomon, tu entiendes lo que dice? –preguntó a su compañero, quien volando a un lado del chico trató de descifrar el mensaje escrito en esas hojas.
-No, no logro entender nada de lo que dice, creo que está escrito en lenguaje antiguo –Tai y Agumon se miraron fugazmente al escuchar las palabras del digimon.
-¿Podemos revisarlo? –pidió el castaño. Izzy le pasó el libro y Tai entregó este a Agumon, que lo recibió y comenzó a pasear sus ojos por los grabados del libro.
-Qué raro –dijo el digimon luego de unos segundos de escudriñar el escrito.
-¿Qué pasa? –preguntó Tai mirando al digimon y al objeto sobre la mesa.
-Es que…no entiendo nada –dijo finalmente el digimon-. Es una especie de lenguaje antiguo pero…no es el que yo conozco.
-¿Hay más de un lenguaje antiguo en el digimundo? –preguntó Izzy, sorprendido por aquella noticia.
-Por supuesto que los hay –dijo la voz de un anciano, y en seguida escucharon el sonido de un bastón apoyándose contra la piedra que tapizaba el suelo. Los chicos se giraron para ver que por otro de los varios corredores conectados a la sala acababa de llegar un hombre envuelto en una túnica vieja y roída, de la cual sobresalía una espesa barba blanca y mechones de largo pelo del mismo color, apoyándose con un bastón de madera al caminar-, ese en especial se conoció mucho tiempo como el lenguaje divino –explico mientras se descubría el rostro revelando su piel azul.
-Maestro –dijeron de manera sorprendida Tai, Agumon, Matt y Tsunomon al reconocer al recién llegado, quien sonrió al escucharlos.
Rika recorrió el corredor hasta el final, llegando al jardín dentro del domo que constituía el refugio de los desterrados. El espacio era amplio, repleto de árboles y arbustos con flores de diferentes tipos y colores. Un rio en total calma serpenteaba por los caminos adoquinados que trazaban sobre la superficie caminos que conectaban con el resto del refugio. Rika se recargó en una de las jardineras, apreciando el suave murmullo del agua, mientras frotaba con las yemas de los dedos las hojas de una planta frente a ella y pensaba, solo pensaba intentando dar orden a sus ideas, y sentimientos.
-Hasta hoy, las mujeres han sido tratadas por los hombres como si fueran pájaros extraviados caídos a su lado desde no sé qué alturas –escuchó la chica una voz detrás de ella. Giró para ver a Kouta, quien caminó hasta estar junto a ella, recargado en la jardinera-, si bien más delicadas, más frágiles, más salvajes, más maravillosas, más dulces y más llenas de alma-continuo mirándola aunque ella no le devolvía la mirada-, pero, al igual que los pájaros, como seres que hay que enjaular para que no se vayan volando.
-Es de Nietzsche –susurró Rika sin mirar al muchacho.
-Sí, de Más allá del bien y del mal –confirmó el muchacho-. Es una frase interesante, resume con mucha precisión el trato injusto que se le ha dado a la mujer…
-Y me imagino que es una cita muy efectiva para conquistar chicas –lo interrumpió la pelirroja. Kouta sonrió algo apenado.
-Mentiría si dijera que nunca la he usado antes –dijo como haciendo remembranza de sus viejas conquistas-. Pero también es verdad que esa frase me hace pensar enteramente en ti –soltó el chico tratando de llamar la atención de la pelirroja, aunque esta se mantuvo en silencio-, comprendo por qué el autor dice "enjaular para que no se vayan volando", habla de su independencia, de su libertad, admite el miedo del hombre de perder aquello que es especial y querido, así como sus ansias de controlarlo todo. Tú eres alguien fuerte e independiente, sin duda puedes volar sola, y alejarte.
-¿Y eso te provoca querer enjaularme? –le dijo con enfado y mirándolo fijamente de manera intimidante.
-No, eso es lo que hace que me gustes –admitió sin recelo, con total naturalidad y sin titubeos, tomando de sorpresa a Rika-. Me considero un guerrero, un…hombre de acción o algo así, y sé que en eso nos parecemos mucho. No eres una pobre e indefensa damisela como hay tantas, esperando ser rescatada, eres totalmente capaz de salvarte a ti misma, independiente e indomable, eso me encanta –agregó ahora teniendo los ojos violeta de la chica-, fuerte, y a la vez femenina, no sé, hay algo en ti que… -los labios de la chica posados sobre los del barón le impidieron seguir.
Kouta cerró los ojos disfrutando del beso simple y sin mucho decoro, mientras que Rika, embargada por un impulso que condensaba enfado, rencor y un extraño deseo, se dejó arrastrar por este cortando el contacto al sentir que las manos de Kouta se posaban sobre su cintura.
Empujó al chico que la miró desconcertado, mientras que ella respiraba de manera agitada y mantenía su brazo estirado apoyando la mano sobre el pecho del muchacho, como para asegurarse de que este no se volviera a acercar.
-Chicos –los llamó Renamon que estaba al pie del pasillo. Kouta y Rika voltearon a verla. La digimon permanecía estoica con los brazos cruzados y la mirada fija sobre su compañera.
-Creo que deben entrar, algo importante está pasando –les informó.
-Si…gracias Renamon –dijo Rika mientras tragaba saliva algo nerviosa.
Renamon se dio la vuelta y se marchó sin agregar nada más.
-¿Te preocupa que pudo haber sido Joe? –preguntó el chico con voz neutra. Rika le dirigió una vez más la mirada, antes de comenzar a andar para volver a adentro-. ¿Por qué te interesa él, no entiendo? -preguntó el chico permaneciendo en su lugar.
Rika se detuvo, y sin voltear a verlo le dijo:
-En tiempos de paz el hombre belicoso se ataca violentamente a sí mismo –Kouta reconoció aquello como otra cita de Nietzsche-, piensa en eso hombre de acción –agregó para después seguir por el corredor.
El anciano dejo el bastón recargado en el muro de la sala y comenzó a caminar para acercarse a la mesa donde se encontraban reunidos los Tamers y digimons observando el objeto dorado. Tai y Matt se apartaron para dejarlo pasar y ver de frente el objeto dorado, contemplándolo con una mirada nostálgica y una sonrisa de satisfacción.
-Pensé que nunca lo volvería a ver –dijo mientras posaba sus dedos sobre el objeto sintiendo los grabados en él.
-Tai –le susurró Ryo con disimulo-, ¿Quién es ese anciano?
-Refiéranse a mí como maestro, por favor –pidió el anciano de piel azul girándose para mirar directamente a Ryo, dibujando una sonrisa en su rostro que intimidó al chico.
-Lo…lo siento –se disculpó algo apenado.
Tai volteó a ver a Matt, quien lo miraba en ese momento también, ambos parecían interrogarse con la mirada, indecisos sobre si hablar o mejor callar.
-Adelante, díganlo –dijo el anciano mirando ahora al castaño y al rubio.
-Ah… -trató de articular Tai, pero no sabía muy bien que decir en ese momento-, bueno…
-Entonces yo lo diré –dijo el anciano echando un vistazo a todo el grupo-. Me presento, soy aquel a quien conocen como el anciano de la montaña del sabio en el continente Boro, quien entreno a esos dos muchachos –el anciano tomó el objeto de la mesa cargándolo en una mano y levantándolo para que todos pudieran verlo-, y el creador de este objeto, además de…
-¿Qué usted es quién? ¿El maestro de Tai y Matt? –lo interrumpió Yolei-. Espere… ¿habla de que fue usted quien les enseñó a hacer digievolucionar a Agumon y Gabumon?
-Y además es el creador de ese objeto –dijo Ken señalando el ovalo en su mano, a lo que el anciano asintió con tranquilidad-. ¿Quién es usted exactamente? –preguntó el chico con desconfianza.
En ese momento Rika y Renamon volvieron a la sala, la pelirroja observó al recién llegado que sostenía el objeto que Ken había recogido en el desierto con algo de recelo.
Por su parte, el anciano sonrió ante las miradas curiosas y algo desconfiadas.
-Pueden llamarme Azulongmon –dijo el anciano dejando nuevamente el ovalo dorado sobre la mesa.
-Azulongmon… -susurró Rika pensando en el nombre-, ¡El Dios digimon! –exclamó con incredulidad.
Azulongmon rio al escuchar esa palabra.
-Sí, también de ese modo me han llegado a llamar, algo ostentoso opino yo.
A excepción de Matt, Tai, Agumon y Gabumon todos miraban al anciano con desconfianza, aparentemente incapaces de creer lo que estaba diciendo, pues aquella no era la apariencia de un digimon a quien pudieran llegar a llamar "un dios", y mucho menos guardaba parecido alguno con las míticas imágenes del gran dragón Azulongmon.
-Maestro –dijo Tai mirándolo con curiosidad. El anciano dejo de reír y miró al chico atento a sus palabras-, ¿Qué hace aquí? ¿Cómo nos encontró?
El anciano se recargó en la mesa, mirando el techo de la sala y algunos detalles de esta.
-Vine porque sentí que era lo que debía hacer, que algo me llamaba a venir hasta aquí, la verdad es que no tenía ni idea de que estaban en este lugar, pensaba solo reunirme con un par de amigos, pero al ver todo esto, creo que las cosas empiezan a cobrar sentido –explicó con su voz áspera y tranquila.
-Demasiada coincidencia –dijo Rika con recelo.
-¿Perdona? –dijo el anciano contrariado.
-Usted disculpara que seamos algo desconfiados, pero en los últimos meses hemos pasado por demasiadas cosas, así que al menos yo no puedo que usted se aparezca solo así cuando nosotros arribamos a este lugar, y en posesión de lo que sea que sea esa cosa.
-Rika –la llamó Matt pero la chica lo calló lanzándole una mirada intimidante.
-No importa que usted sea el maestro de Tai y Matt, como ya dije, demasiada coincidencia, y no me gusta.
Azulongmon miró a la pelirroja fijamente, con un semblante serio que puso nervioso a Matt y a Tai, pero en Rika no tuvo efecto alguno. La chica permaneció fírmeme, con los brazos cruzados y la expresión seria de su rostro que le daba un ligero tono intimidante.
El anciano finalmente sonrió de manera despreocupada.
-Precavida… buen rasgo, me agrada –dijo asintiendo repetidas veces-. Tienes razón, demasiada coincidencia. Pero lo que pasa es que no es coincidencia, si estoy aquí es porque aquí es donde debo estar, en ningún otro sitio.
-¿De qué habla? ¿Algo así como el destino? -cuestionó Yolei intrigada. Azulongmon negó con la cabeza.
-No con exactitud, en realidad, no sé si exista algo como el destino –el anciano miró a Tai en ese momento, haciendo sentir al chico una extraña sensación en el cuerpo-. Pero cual sea la respuesta, lo que me trajo hoy a aquí, fue eso –dijo señalando el ovalo dorado.
-Cierto –dijo Ken recordando el inicio de todo eso-, usted dijo que fue quien lo creo, pero no nos dijo que cosa es.
-Lo que es…, supongo que no les costara comprenderlo, es una fuente de poder, un objeto donde reside un poder excepcionalmente grande, el recipiente de una fuerza absoluta –volvió a mirarlo con la expresión melancólica-, un regalo que no había visto hace mucho tiempo.
-Como los emblemas –sentencio Izzy analizando las palabras del anciano, quien asintió.
-Más antiguo que ellos pero si, su creación obedeció básicamente el mismo proceso y tenía la misma finalidad.
-¿La cual sería? –preguntó Rika con voz recelosa aun.
-Una luz cálida para tiempos oscuros –explicó el digimon-. Cuando los humanos llegaron a nuestro mundo, pensé que era una buena ofrenda de paz y fraternidad.
-¿Solo así? –Preguntó Rika con hostilidad-, ¿solo porque si decidió regalarle al mundo un poco de su divino poder? –Azulongmon volvió a sonreír.
-Antes que nada deben entender que la idea de deidad que su raza tiene y…mi persona, son cosas muy distintas –el anciano levantó su mano, abriendo la palma como si esperara atrapar algo. Una pequeña llama azul se encendió entre sus dedos, y de ahí se esparcieron pequeños destellos de fuego azul que comenzaron a flotar por toda la sala, dejando tras de sí una luminosa estela azul que seguía conectada al fuego en la palma del digimon-. Este mundo está conectado, por la energía que emana de cada ser viviente, y cada pedazo de materia que existe. Si sigues esas líneas repartidas a través del tiempo y el espacio, logras ver las consecuencias, las causas, y si tienes la paciencia suficiente, puedes encontrar las respuestas a cualquier pregunta.
-¿Habla de ver el futuro? –preguntó Juri maravillada por los destellos que flotaban en el aire.
-Algo por el estilo, si, supongo que así se le puede decir –admitió el digimon, mientras cerraba la mano y el fuego se extinguía de golpe-. El milagro –dijo señalando el ovalo dorado-, fue así como lo llame, fue creado y entregado a los humanos para que estos lo usaran si se veían en la necesidad, su función era proteger la vida, aunque claro, supongo que encontraron la manera de darle otros usos.
-El Kimeramon –dijo Ken recordando a la bestia que poco tiempo atrás habían destruido.
Azulongmon asintió.
-Cierto –dijo Tai recordando algo-, cuando peleábamos contra ese monstruo, de repente los digimons que habían estado bajo el control de Dav… del Emperador de los digimons, llegaron para ayudarnos a pelear, ¿tú los enviaste?
El anciano comenzó a rebuscar en su túnica mientras sonreía de forma burlona.
-No, yo no envié a nadie –dijo con tranquilidad mientras sacaba una pipa de madera.
-Entonces… ¿Por qué llegaron? –preguntó Matt contrariado.
-¿No es obvio? Vieron su mundo en peligro y acudieron para salvarlo –explicó con sencillez-, como ya les dije, este mundo está conectado por medio de la energía que gira en todo nuestro entorno, los digimons lo sienten, y los humanos pueden sentirla también, si dejan su arrogancia y su terquedad –su mirada se dirigió a Rika en ese momento. La chica desvió la suya sintiéndose incomodo al ser observada por el anciano-, sentir nuestro alrededor, a nosotros y a los otros nos vuelve fuertes. La criatura fue creada abusando de un poder destinado a proteger, no a destruir. El milagro tendría que haber sido usado para cuidar este mundo, no para crear un peligro, eso volvió a la criatura inestable, por eso su salvajismo, y por eso cualquier digimon lo veía como un enemigo, como una amenaza a su mundo.
-Puedo entenderlo, era un verdadero monstruo –dijo Ryo recordando a la criatura-, dios, no comprendo cómo Davis fue capaz de crear esa cosa.
-No lo hizo –dijo Ken. Todos lo miraron intrigados.
-¿De qué hablas? –preguntó Tai.
-El… el completó el trabajo, uso ADN de Agumon para lograrlo pero…él no fue quien creo al Kimeramon, solo lo encontró.
-¿Cómo sabes eso? –preguntó Henri interesado por la respuesta del chico.
Ken agachó la mirada buscando las palabras para explicar lo que había descubierto, hasta que decidió que la mejor manera, era diciendo las cosas tal cual como eran.
-Estando en el cubo, vi el…
Unos pasos apresurados provenientes de las escaleras interrumpieron las palabras de Ken. Tai se asomó por encima de este mirando a Mimi, quien recién bajaba con una expresión de fatiga en el rostro y algunas gotas de sudor en su frente.
-¿Qué pasó? –preguntó Sora con voz temblorosa apretando la mano de Matt, quien estaba a su lado. El rubio sintió el contacto y vio la expresión de miedo en el rostro de la pelirroja, cosa que le provocó un ligero malestar.
Mimi permaneció callada, pero una sonrisa cancina adornó su rostro con marcadas ojeras, relajando a los presentes y aminorando sus preocupaciones.
-Está bien, cansado e inconsciente, pero al parecer lo peor ha pasado –dijo mientras por su lado bajaban Jijimon y Gennai.
-Pueden subir a acompañarlo si gustan… -dijo y sin tiempo a que terminara de hablar Sora comenzó a subir las escaleras a toda prisa. Detrás de ella fueron Ken, Wormon y Biyomon, para luego dar paso poco a poco al resto de los Tamers (todos se encontraban ya despiertos para ese momento).
-Preparare unas bebidas para todos –dijo Jijimon dando un par de pasos por la sala hasta que vio al anciano de piel azul a mitad de esta-. Azulongmon… ha pasado tanto tiempo, no esperaba verte aquí.
-Tampoco yo pensaba en venir pero –dijo tomando el llamado "milagro" de la mesa-, a veces las cosas disponen sin que podamos evitarlo –explicó para encaminarse hacia las escaleras-. Hay mucho de lo que debemos hablar.
-Y muy poco tiempo para hacerlo –dijo Jijimon sonriendo y asintiendo con la cabeza.
-Ah, ser viejo y no disponer de todo el tiempo del mundo, que injusticia –dijo con lamentación y una risa áspera el digimon mientras comenzaba a subir por las escaleras.
Matt miró con curiosidad al anciano mientras se alejaba por las escaleras, mientras que Tai se reunió con Mimi al pie de estas mirándola con preocupación.
-¿Qué tal estuvo? –preguntó con torpeza. Mimi sonrió sujetando la mano del castaño.
-Fue incomodo, doloroso al parecer, Gennai y Jijimon nos hicieron preparar un brebaje que olía horrible y que Davis se opuso mucho a beber, pero hace un par de minutos que dejó de retorcerse y balbucear, así que creemos que todo está bien, solo hace falta que despierte –explicó la chica suspirando al final, resintiendo el cansancio acumulado en aquellos ajetreados días-. Por cierto, ¿Quién es ese hombre de piel azul?
-Ah…no lo vas a creer cuando te lo diga –afirmó el chico mientras empezaban a subir, dado que solo ellos, Matt, Agumon y Gabumon seguían en la habitación.
El chico subió un par de escalones sujetando la mano de Mimi hasta que Matt lo detuvo tomándolo del hombro. Mimi se detuvo y volteó para ver a los chicos que se miraron de forma cómplice. Comprendiendo que Matt tenía algo que decir al castaño, la chica lo soltó y continuó subiendo acompañada de Gabumon y Agumon.
-¿También lo notaste? –preguntó y Tai asintió haciendo memoria.
-El maestro…luce… diferente –dijo pesando en su comportamiento, mientras que Matt asentía-, menos enojado…hasta parecía feliz.
-Sí, que raro –afirmó Matt y Tai asintió.
Al subir siguieron percibiendo algo extraño en el anciano Azulongmon, sonreía y se presentaba con amabilidad con el resto de los Tamers y digimons. Los rostros confundidos no faltaron, exceptuando a Hikari, quien tomó la noticia con tanta naturalidad que incluso parecía que lo sabía de antes. Piximon también parecía conocerlo de antes, pues lo recibió como a un viejo amigo al que no veía en mucho tiempo y se apartaron un poco para conversar en privado. Los chicos se repartieron en la gran cámara, ocupando sillas, sofás individuales y largos sillones de vieja y polvosa tapicería.
Davis dormía, su cuerpo estaba cubierto por varios parches donde antes había mostrado que tenía extrañas llagas, su respiración era tranquila, y aunque su rostro reflejaba cansancio y enfermedad, parecía dormir en calma, distinto a como había estado durante el traslado hasta el refugio de los desterrados y a su llegada al mismo.
Una mesita metálica sostenía varios utensilios, cuencos de barro y porcelana con extraños y olorosos menjurjes en ellos, agujas y toallas blancas con manchas rojas que seguramente eran de sangre.
Sora había arrastrado una silla para estar al lado del chico, sujetando su mano sin importarle quien pudiera verla y pensar cualquier cosa ante aquel acto.
Jijimon regresó luego de un rato cargando una gran bandeja con cuatro grandes teteras sobre ella. La dejó sobre una pequeña mesa de madera y después Piximon sacó varios tarros de barro de un viejo ropero de madera colocado contra uno de los muros de piedra tallada y los repartió entre todos los presentes que luego se sirvieron algo del té que el digimon había preparado.
Tai sostenía su tarro enfriando el líquido con ligeros soplidos mientras a su lado Mimi charlaba con Yolei sobre música, películas y noticias sobre artistas y cantantes del momento, temas que parecían tan inverosímiles y fuera de lugar que el chico tardó un rato en recordar que en efecto, todos tenían una vida además de las batallas, las misiones de rescate, los misterios sin resolver y las preguntas que constantemente evadían las respuestas. Todos… menos él.
Levantó la mirada para ver al anciano admirando el cielo estrellado a través del gran ventanal de la cámara. Estiró el brazo para dejar su tarro sobre la mesita y caminó esquivando a los presentes, que charlaban o se abstraían como a la espera del siguiente movimiento, el cual al menos el castaño desconocía por completo.
El chico llegó hasta el anciano, a quien miró de reojo, mientras que este observaba con una ligera sonrisa el desierto a oscuras.
-Debe parecerte aburrido, luego de estar acostumbrado a los bellos paisajes disponibles desde la cima de la montaña del sabio –dijo el chico para romper el hielo.
-Al contrario, justo por estar acostumbrado a esos escenarios es que este me parece aún más interesante. La belleza de lo sutil, de lo natural, la belleza del mundo –dijo como recitando aquellas palabras.
-¿Por qué estás aquí? –preguntó el chico.
-Ya lo dije, es el lugar donde debo estar –le contestó sin dejar de ver a través del ventanal.
-¿Y eso que significa?
-Significa que si estoy aquí es por algo, para hacer algo, igual que tú, igual que ellos, este mundo es resultado de las consecuencias, y cada vez que algo se pone en marcha, varias otras cosas se mueven también, tomando impulso, dirección, dando respuesta a una pregunta aun cuando esta no se formula todavía.
Tai lo siguió mirando fijamente hasta que el anciano le devolvió la mirada.
-Ni siquiera voy a fingir que entendí eso –dijo después de un rato de silencio, a lo que Azulongmon rio divertido-. ¡Y eso! Creí que odiabas a los humanos, que no soportabas a HEDM o a los Tamers pero aquí estas, sonriendo a todos como si estuvieras feliz de conocerlos.
-Pues lo estoy –dijo con tono sincero. Tai suspiró confundido. Azulongmon lo tomó del hombro, girándolo para que viera el desierto otra vez-. Este mundo es un gran tesoro. Cada grano de arena, cada roca de esta montaña, cada pedazo de cielo azul y cada forma de vida que lo habita. Los humanos que conocí y odie no supieron apreciar este tesoro por lo que es, sino por lo que querían que fuera, suele ser así, amamos más lo que quisiéramos que fuera, que lo que es, lo que es nos decepciona y nos lleva a la tristeza, o a la necedad de querer cambiarlo –su mirada volvió a posarse sobre Tai mientras seguía hablando-. Conocí a seres así, y los odie, y luego unos salvadores de otro mundo me hicieron pensar que la paz era posible, pero al llegar su raza me di cuenta de que no todos eran tan nobles, incluso pensé que todos los humanos eran iguales… lo pensé hasta que llegaron ustedes –dijo volteando ligeramente para ver a Matt recargado en la pared con los brazos cruzados-, comprendo ahora que no todo está perdido, y que no todo son tan malos. Confiare una vez más, esperando no decepcionarme en el futuro.
-Espero que no te decepcionemos –dijo Tai algo contrariado.
-Tuvieron un buen inicio –dijo el anciano sonriendo. Miró a Tai, que contemplaba el desierto aunque algo le hizo pensar que en realidad no lo estaba mirando-. Algo te preocupa –dijo para romper el silencio e iniciar una plática que intuía era difícil para el chico.
Tai apartó la vista del desierto, y volteó hacia atrás para ver a Agumon, quien jugaba con Wormon una partida de ajedrez en un tablero de madera puesto sobre el suelo.
-Dijiste que los digimons acudieron a pelear para defender su mundo, por que sentían el riesgo que era la criatura, ¿no? –Azulongmon asintió meditando las palabras de Tai.
-Si, en resumen es eso lo que paso.
-¿Por qué Agumon lo enfrentó? Quiero decir, comprendo que el también sentía el riesgo que esa criatura representaba pero… nadie más lo enfrentó como el, nadie se arriesgó tanto, él sabía que no podía hacerle frente y aun así se lanzó sobre él. ¿Por qué lo hizo?
Azulongmon se giró para ver a Agumon, contemplándolo por un momento, para luego hacer lo mismo con Tai. Miró al chico con atención, percibiendo sus detalles, sus expresiones, leyendo sus sentimientos.
-Bueno, se me ocurren dos posibilidades –dijo después de una breve cavilación-. La primera, ese chico, Ken, mencionó que el ADN de Agumon se utilizó para crear al monstruo llamado Kimeramon, ¿correcto?
-Sí, eso dijo –confirmó Tai, recordando el aspecto de la criatura que incluía las alas de MetalGreymon y el brazo de SkullGreymon entre otros detalles.
-Bueno, supongo que Agumon, al sentir que fue utilizado para crear a esa criatura, y no solo eso, sino que fue justamente su sangre la que posibilitó la existencia del Kimeramon, de alguna manera se sintió responsable por este, y eso lo motivo a querer destruirlo –explicó el anciano. Tai asintió sopesando sus palabras.
-¿Y la otra posibilidad?
-Esa tiene que ver contigo –dijo llamando la atención del castaño-. Tienes miedo, lo siento, supongo que tuviste miedo y dudas durante la batalla, Agumon debió sentirlo también, y eso lo hizo reaccionar de esa manera, buscando protegerte.
-Casi muere y fue por mi culpa.
-No, el eligió protegerte, sobre esas elecciones no puedes hacer nada, él es libre de hacerlas. Si Agumon quiso pelear con Kimeramon para protegerte, fue porque él así lo quiso.
-No solo fue eso –dijo con dificultad-, lo secuestraron por mi culpa, por mí él fue torturado todo este tiempo, y más que eso –el castaño volteó a ver al anciano, clavando su mirada turbia en el-, mi vida es complicada y riesgosa, y arrastro a Agumon a ella, no me había dado cuenta hasta ahora pero quizá… -Tai guardó silencio agachando la mirada.
-¿Quizá? –repitió el anciano. Tai lo miró nuevamente, con tristeza en los ojos.
-Quizá él estaría mejor, más seguro… si tuviera un compañero que no fuera yo –dijo al fin haciendo tangible ese malestar que se gestaba en su estómago-. El no merece estar en medio de todo esto, es algo que solo yo debo cargar –sentenció el chico mirando nuevamente el desierto.
Azulongmon guardo silencio, permitiendo al chico pensar en lo que acababa de decir.
-Hay cargas demasiado pesadas para que un hombre solo las cargue –dijo después de un rato-, es justo por eso que el vínculo Tamer existe, para compartir la fuerza, la inteligencia y las habilidades –explicó-, y claro, de vez en cuando, también los miedos.
Tai suspiró, recargando una mano contra el cristal, sintiéndose confundido y cansado.
Davis se removió ligeramente en la cama, antes de empezar a toser alertando a todos. Sora se levantó de su silla inclinándose hacia el chico para paliar su frente mientras esté comenzaba a abrir los ojos con lentitud sin dejar de toser, hasta que los abrió completamente y miró a la pelirroja que sonrió tímidamente. Se percató del agarre con el que la chica sujetaba su mano y luego la mirada de todos, cosa que lo puso incómodo.
-¿Hola? -dijo algo avergonzado.
Ken se encaminó hacia él, un poco receloso y vigilando los movimientos del chico, aunque intentando no ser muy obvio con eso.
-¿Cómo te sientes amigo? -le preguntó teniéndolo ya a su lado.
-Tengo sed -declaró. Sora se levantó para ir por algo de agua mientras que las miradas y el silencio permanecían.
La situación estaba cargadas de una gran tensión. Veemon se acercó con pasos lentos a la cama, mirando a Davis con algo de temor. El chico se percató de la presencia del Digimon, a quien sonrió con amabilidad, como solía hacer.
-Hey, amigo, ¿Qué hay? -dijo, con voz cansada pero con un tono amistoso y relajado, que a Veemon resultó reconfortante.
-No mucho -dijo el Digimon enjugando las lágrimas que comenzaban a brotar de sus ojos.
-Davis -lo llamó Ryo cansado de aquella incómoda situación-, tú… ¿Recuerdas algo…recuerdas… algo de los últimos días? -Davis cerró los ojos, hundiendo su cabeza en la almohada.
Sora permaneció al pie de la cama sosteniendo uno de los tarros de barro con agua en él, contemplando al chico que parecía incómodo.
-Lo recuerdo todo -afirmó con pesar-. Las torres…las peleas…los aros, los Digimons… -enuncio con voz quebradiza. Un nudo en su garganta le dificultaba hablar-. Yo soy el Emperador de los Digimons… soy quien les hizo daño a todos…
-Davis, tú… -trato de decir Mimi pero el chico la interrumpió.
-Sometí s todos esos digimons, los torture, y a ustedes, los puse en riesgo.
-Davis no eras tú, algo en tu cuerpo te hizo comportarte así -le dijo Tai tratando de aminorar la carga que el chico sentía de pronto sobre sus hombros.
-¿Eso importa? Igual fui yo quien los amenazó de muerte a todos, Tai, secuestre a Agumon, Ryo te dispare, Juri, por mi culpa tú… tú casi… -la voz del joven fue cada vez más débil hasta que no pudo decir más. Juri lo miró con tristeza, segura de que en verdad sufría por lo que había sucedido.
-No pasa nada, estoy bien –dijo sonriendo lo mejor que podía para que el chico se sintiera menos culpable.
Davis devolvió la sonrisa aunque algunas lágrimas brotaban de sus ojos.
-Aun así…hice muchas cosas malas –insistió el muchacho.
-Oye, nada demasiado serio –dijo Ryo restándole importancia a esas cosas-, ni fue tan grave la herida, además Ken te disparó a ti, así que consideremos que estamos a mano, ¿te parece? –dijo en tono bromista aliviando un poco la tensión y levantando algunas risas, entre ellas la de Davis, que sonaba débil entre quejidos y toses.
-Sí, aun duele.
-Lo siento –se disculpó Ken. Davis sacudió la cabeza negando.
-No tienes por qué, era necesario, lo comprendo –dijo haciendo presente otra vez el tema de sus actos en contra de ellos.
El silencio volvió a establecerse, menos tenso que antes, pero aun evidenciaba lo difícil que resultaba para todos andar en ese terreno. Tai tomó la iniciativa, carraspeando para aclarar su voz y llamar la atención de todos antes de reanudar la plática.
-¿Dices que lo recuerdas todo? –preguntó el castaño. Davis asintió con lentitud-. Exactamente, ¿Qué recuerdas?
Davis volteó hacia el techo, con una expresión que parecía señalar que estaba haciendo memoria de lo ocurrido.
-Es confuso…extraño quiero decir…, recuerdo las cosas que hacía, aunque no entiendo el por qué las hacía, pero en su momento todo parecía tan claro, tan obvio y sencillo. En su mayoría siento como si yo solo hubiera sido una especie de espectador y mi cuerpo tuviera voluntad propia, mejor dicho otra voluntad que lo movía a su antojo… a veces lograba darme cuenta de que lo que hacía estaba mal pero…de todas formas no podía evitar hacerlo… lo siento mucho chicos –volvió a disculparse. Ken se acercó un poco más, puso su mano sobre el hombro del muchacho y le sonrió con sinceridad.
-No tienes que disculparte, ni que convencernos, sé que lo que dices es verdad, te vi, pude darme cuenta del conflicto en ti, y además, creo que hablo por todos cuando digo que sin tu ayuda al final de la batalla, no habríamos podido vencer, al menos hubiera costado mucho más.
Davis sonrió algo apenado, desviando la mirada y resistiendo el impulso de soltar un llanto amargo, de tristeza y alivio, que parecía necesitar más que nada en ese momento.
-No merezco todo lo que han hecho por mí, todo el riesgo que han corrido, todo lo que han enfrentado… no merezco nada de lo que han hecho.
Dijo incapaz de mirarlos, girando el rostro como si tratara de evadir por completo la existencia de aquellos que lo rodeaban.
Ken se sintió impotente, no sabía que decir en ese momento, al igual que todos los demás.
Una exhalación sonora y prolongada devolvió a todos a la realidad luego de unos instantes de sopor. Gennai, que había permanecido en silencio, cruzo los brazos y alzó la mirada para ver el vitral en medio del techo de la cámara, el cual dejaba ver un cielo que comenzaba a aclararse, señal de que comenzaba a amanecer.
-Sabes muchacho, no cualquiera puede decir que tiene amigos que lo ayuden en momentos tan adversos como los que has atravesado, y me parece que eso dice mucho no solo de ellos, sino de ti –explicó el hombre ante las miradas expectantes de todos. Davis, con timidez volvió la vista hacia Gennai, interesado en sus palabras-. Tus amigos –continuó el anciano- han arriesgado sus vidas por llegar hasta ti, debes ser realmente importante para ellos si están dispuestos a enfrentar tales retos por ayudarte. Decidieron no abandonarte, decidieron enfrentarte a sabiendas de las consecuencias que esto les traería, y lo hicieron por que sabían que era la única manera de ayudarte, y de regresarte a salvo. Eso nos lleva hasta aquí, a este escenario. No tiene razón de ser que digas que no mereces lo que han hecho por ti, porque al parecer, lo mereces –sentencio el anciano.
Davis sonrió, con las lágrimas escurriendo por sus mejillas y asintiendo con lentitud mientras suspiraba larga y pausadamente.
-Me queda claro porque algunos de ustedes son los portadores de los emblemas –habló Azulongmon.
-Cierto –dijo Joe, quien estaba recargado en un estante junto a Rika que se había sentado en una vieja silla de madera-, quería preguntarle acerca de eso, señor, si es posible –Azulongmon miró con curiosidad al chico, asintiendo con la cabeza después.
Joe se aclaró la voz carraspeando un poco antes de hablar.
-¿Por qué nosotros? –preguntó al fin.
-¿Por qué ustedes? –repitió Azulongmon, aparentemente algo confundido.
-¿Por qué los emblemas nos eligieron a nosotros? –aclaró el chico, esperando al fin desvelar aquel misterio, algo que si bien agradecía, de todos modos lo confundía y lo hacía entrar en un interminable ciclo de preguntas y más misterios
Azulongmon no respondió de inmediato, se limitó a sonreír mientras escudriñaba a Joe con los ojos, para después hacer lo mismo con Rika, quien se sintió incomoda y desvió la mirada casi de inmediato. Los ojos del anciano se pasearon por la cámara recorriendo a todos los Tamers y sus compañeros. En algunos se detenía para mirarlos de manera más enfocada, en otros, pasaba casi de inmediato, pero a todos les quedaba claro que el anciano de piel azul los analizaba, los valoraba quizá, tal vez determinando si en efecto eran la mejor opción.
-Elegidos… ¿se hacen llamar así no? ¿Los elegidos? –preguntó.
-Bueno… no es que nos hagamos llamar así, es más bien, que fue el nombre que nos dieron al reunirnos –explicó Tai-
-Entiendo. Qué curiosa situación, llamarlos los elegidos, cuando en realidad fueron ustedes quienes eligieron –dijo riendo después de esas palabras.
Los presentes se miraron unos a otros confundidos, dudando de la manera de interpretar aquellas palabras.
-¿Cómo dice? –preguntó Matt al cabo de un rato.
Azulongmon sonrió de nuevo, esta vez de una manera que parecía estar disfrutando de aquellas miradas confusas.
-Me refiero a que ustedes son quienes han elegido sus destinos, no el destino a ustedes. Sus elecciones los han traído hasta aquí por ejemplo, y fueron también sus elecciones lo que los llevó a los emblemas –explicó con sencillez.
-Pero, el poder de los emblemas eligió a Matt y a Tai –dijo Mimi recordando aquella escena-, y luego los otros emblemas a los demás.
-¿Pero quién tomó la decisión de ir por ellos? –preguntó Azulongmon.
-Es cierto –dijo Yolei-. Digo, todos los que en aquella ocasión tomamos la decisión de buscar los emblemas fuimos elegidos por uno de estos, ¿demasiada coincidencia no?
-Entonces –dijo Rika visiblemente molesta-, ¿está diciendo que cualquier persona en el mundo que hubiera decidido ir por uno de los emblemas lo habría conseguido? ¿Era tan simple?
-Yo no diría que simple –dijo Azulongmon-. Tomar una decisión, y ser firme con ella no es algo sencillo, ¿o me dirán que si? –Preguntó a todos los Tamers-. Díganme ustedes, ¿Por qué? ¿Por qué decidieron ser precisamente ustedes quienes pelearan contra las amenazas de este mundo y del suyo? ¿Por qué decidieron venir hasta aquí a pelear contra uno de sus compañeros? ¿Por qué no dejaron que alguien más se hiciera cargo?
-Por que habrían lastimado a Davis –dijo Kouta-, a ellos no les importaba él, solo…resolver el problema.
-¿Y a ustedes? –preguntó Azulongmon.
-Nosotros queremos paz –contestó la voz ligera y melódica de Hikari.
El anciano la miró, la chica tenía los ojos clavados en el suelo y parecía estar meditando algo.
-Los emblemas fueron creados para otorgar poder a quien lo necesita, y siempre que este poder se utilice para proteger, de lo contrario, el orgullo, la arrogancia, la ambición, pueden convertirse en aquello que destruya a quienes no sepan respetar el poder que artefactos antiguos como esos poseen –Tai asintió, mirando de reojo a Agumon, y recordando la vez en que se convirtió en SkullGreymon-. Y bueno, hablando de poder, creo que ahora entiendo por qué estoy aquí –dijo sacando de entre su túnica el milagro dorado, el cual sostuvo sobre sus manos contemplándolo con una sonrisa triste.
-¿De qué habla? –preguntó Takato, mirando con intriga el objeto dorado.
-Durante todo este tiempo, supuse que al volverlo a ver lo destruiría en el momento o lo llevaría lejos del alcance de toda forma de vida, ahora comprendo, que el tiempo también me tenía una sorpresa deparada a mí –dijo para luego levantar la mirada del milagro que comenzó a emitir una luz cada vez más fuerte.
Ryo miró con desconfianza al anciano y estuvo a punto de tomar su arma, cuando Jijimon le tomó el brazo, el chico lo miró para ver como el anciano digimon negaba con la cabeza mientras sonreía.
Azulongmon giró para ver a Rika.
-Demasiada coincidencia –dijo-, no puede ser coincidencia -el anciano se encaminó hacia la pelirroja, siendo observado por todos, hasta que se detuvo y extendió hacia ella el milagro brillante-. Tócalo –dijo el anciano.
-¿Qué? –se extrañó Rika mientras se ponía de pie con la intención de alejarse.
-Me temo que para ustedes las cosas serán cada vez más complicadas de aquí en adelante, lo siento, pero justamente para momentos como este, es que se creó este objeto.
-¿O sea? –preguntó Joe interponiéndose entre el anciano y la pelirroja. Azulongmon lo miró con una sonrisa y extendió el objeto hacia el chico de lentes que retrocedió chocando con el estante.
-Tai y Matt saben, que el más grande poder que existe es el de la alianza entre un humano y un digimon, pero eso no significa que no pueda darles un pequeño empujoncito, para ayudarles –Joe miró titubeante al anciano, mientras, sin darse cuenta comenzaba a levantar una mano, hasta posar esta sobre el objeto, sintiendo una extraña sensación recorrerle todo el cuerpo, despejando su mente y aliviando el cansancio y el dolor en un segundo.
El chico retrocedió sintiéndose aturdido, mientras que Azulongmon volvió a ofrecer el objeto a Rika.
La chica parecía aun algo desconfiada, pero haciendo acopio de su voluntad posó la mano sobre el milagro experimentando una revitalizante sensación, después de la cual incluso sintió que el dolor en su brazo había desaparecido por completo, y fue capaz de moverlo sin sentir molestia alguna.
Azulongmon siguió pasando con cada uno de los Tamers, Matt y Tai accedieron sin recelo alguno, al igual que Hikari y T.K., Mimi, Sora y Yolei lo hicieron después, sintiéndose menos tensas al ver que los otros las animaban a hacerlo. Henri dudo largo rato y decidió solo mirar mientras que Takato, Kenta, Hirokazu, Cody e incluso Suzie recibían el objeto, para después animarse el a hacerlo. Juri se sintió completamente aliviada luego de recibir la energía que desprendía el milagro, notando que el dolor de sus heridas se desvanecía poco a poco hasta desaparecer. Kouta e Izzy lo hicieron después, pero para Eva, aunque el asunto resultaba curioso, fue incapaz de hacerlo, al sentirse embargada por sus pensamientos que giraban en torno a su compañero caído, y solo se apartó tratando de disimular su tristeza. Ryo fue de los últimos, aun confuso ante la situación, y después Ken, a quien el anciano le dejó cargar el milagro para llevarlo con Davis, que todo el tiempo había estado contemplando la escena con curiosidad.
-No –dijo el chico tratando de evitar que Ken llegara hasta él.
-Davis, todo está bien, en realidad…
-No, no está bien que me den poder…todo lo que hice… gracias por ayudarme pero… no lo merezco no –dijo el chico de manera temerosa.
-Muchacho –dijo el anciano mirándolo directamente-, comprendo, no quieres arriesgarte a causarle algún daño a tus amigos, es un buen gesto, pero créeme, si de verdad te interesa protegerlos, es mejor que lo toques, y uses ese poder para ayudarlos cuando sea necesario.
Davis negó con la cabeza.
-He dicho que no –repitió el chico.
Ken, que sostenía el milagro dio un paso al frente, fingiendo tropezar y soltando el objeto que voló en dirección a Davis. El chico reaccionó y lo atrapó en el aire con ambas manos, sintiendo luego el peso de este en su regazo y la oleada de calor que le recorrió todo el cuerpo.
-Ups, perdón –dijo Ken con voz burlona mientras miraba a Davis que parecía algo molesto.
Azulongmon recuperó el objeto ovalado, el cual había dejado de emitir luz y su color había perdido considerablemente el brillo de su color dorado que ahora lucia opaco.
-Bueno, ya cumplió con su cometido –dijo Azulongmon sonriendo y dejando el objetó sobre un estante, como un adorno más de aquella cámara.
-Señor –dijo con voz tímida Suzie-, dijo que las cosas serán cada vez más complicadas… ¿a qué se refiere? –preguntó. El anciano suspiró de manera cansada, mientras se giraba para ver como el desierto hundido en un aura azul, señal del nuevo amanecer.
-Los secretos tienen ganada una mala fama, producto del daño que con ellos se ha llegado a causar…pero no siempre son dichos para lastimar, a veces, y aunque no lo parezca, están hechos para proteger –Tai miró discretamente a Hikari por una fracción de segundo-. Les suplico que por ahora, solo confíen, sean pacientes, y las respuestas que hoy les hacen falta, las tendrán después.
Aunque a algunos, como Henri, Rika o Kouta les hubiera gustado insistir, decidieron mejor guardar silencio, confiando en lo que aquel extraño ser estaba diciendo en ese momento, y esperando que fuera la mejor opción.
-De acuerdo –susurraron algunos con resignación.
La calma duró hasta que una sombra se alcanzó a ver por el vitral en el techo, y luego el saturado sonido de una turbina comenzó a escucharse.
-¿Qué carajo? –dijo Tai centrando su mirada en el vitral, por el que pudo vislumbrar un vehículo aéreo desplazándose sobre ellos, y por el ruido producido, seguramente aterrizando a un lado de la montaña, justo de frente al punto por el que habían entrado.
-Al parecer ya llegaron –dijo Gennai sin parecer sorprendido.
-¿Quiénes? –preguntó Ryo, quien ya tenía en sus manos un arma cargada, a la espera de ver al enemigo.
-¿Pues quién va a ser? Los oficiales de HEDM obviamente, pi –dijo Piximon con su voz aguda.
-¡Mierda! ¿Cómo nos encontraron? –Se quejó Matt, que hasta ese momento no había pensado realmente en el momento en que tendrían que rendir cuentas.
-Nosotros los llamamos –dijo Jijimon con total tranquilidad.
-¡¿QUÉ?! –exclamaron todos, Tamers y digimon, produciendo tal grito que retumbó en las paredes de la cámara aturdiendo a Piximon, Jijimon, Gennai y al anciano Azulongmon.
-Carajo –se quejó Azulongmon frotándose un oído.
-¡¿Cómo que los llamaron?! –Estalló Tai-, ¡pensé que nos ayudarían…!
-Y debes entender que es lo que estamos haciendo –lo interrumpió Gennai con voz autoritaria-. Confiaste en Charles, viniste a aquí por eso, y esto, es parte de su plan –explicó el anciano, calmando al chico, y aminorando un poco el temor que comenzaba a recorrerlos a todos.
-¿Y qué clase de plan es este? –dijo T.K., nervioso por lo que fuera a suceder.
-El general Hyuga no es un hombre conocido por su benevolencia y buena fe, si se mantienen como fugitivos nada bueno sucederá, créanme, él no se detendrá dos veces a pensar las consecuencias o implicaciones de una medida extrema para lidiar con un problema como ustedes- aseguró Jijimon, sentado sobre una mesa con los brazos cruzados.
-Entonces… ¿lo mejor que podemos hacer es entregarnos y dejar que nos encarcelen? ¿Eso es lo que dicen? –se quejó Tai.
-Sí, y no –dijo Gennai, aumentando la confusión de todos-. Abajo hay un pasadizo secreto, imposible de encontrar. Azulongmon, por favor, sal por ahí para que nadie sepa que estuviste aquí –pidió el anciano.
-¿Y nosotros…? –dijo Joe esperanzado, y callando apenas sentir la mirada de Gennai.
-Ustedes tienen dos opciones, escapar por ese mismo pasadizo secreto, y convertirse en fugitivos, o confiar en nosotros, y hacer exactamente lo que les digamos –habló Jijimon enfatizando cada palabra-, y deben decidir rápido, no tenemos mucho tiempo.
De frente al punto por el que los Tamers y digimons habían ingresado horas atrás se comenzaron a reunir varios vehículos blindados y a descender otros tantos vehículos aéreos, de los cuales descendían y se desplegaban escuadrones de militares armados que comenzaron a formar una barrera. Los vehículos terrestres y aéreos apuntaron sus armas hacia la montaña al igual que los militares, mientras que sobre uno de los grandes vehículos blindados, se asomaba el general Hyuga, con una expresión fría en el rostro.
Uno de los vehículos se dirigió directamente al halcón, y al llegar a este, un grupo de militares armados y acompañados de un grupo de Ninjamons descendieron del vehículo y forzaron la compuerta de la nave para entrar a esta.
-Señor –dijo un joven soldado al general, quien giró para mirarlo-, el escuadrón dice que el halcón está vacío, aunque hay muchas señales de que estuvo ocupado.
-Por supuesto que lo estuvo –dijo el general con voz agria-, solo mira el daño que le causaron.
-Señor –otro soldado se acercó para dirigirse al general, hizo un saludo militar y luego continuo-, todo está listo.
-Bien, adviértales –dijo el general volviendo su mirada a la montaña, detrás de la cual comenzaba a alzarse el sol del nuevo día.
-ATENCIÓN, POR ORDEN DE LOS ALTOS MANDOS DE HEDM, ESTAN BAJO ARRESTO, ENTREGUENSE SIN OPONER RESISTENCIA O SE TOMARAN LAS MEDIDAS PERTINENTES, REPITO, ENTREGUENSE SIN OPONER RESISTENCIA, O SE TOMARAN LAS MEDIDAS PERTINENTES –resonó con el equipo de bocinas de los vehículos repartidos en el lugar.
-Disparen a la menor provocación –le dijo el general al soldado junto a él.
-¿Señor?... pero…solo son unos chicos –el general lo volteó a ver con una mirada dura, a lo que el soldado agachó la mirada-. Sí señor.
-Si en dos minutos no han salido, abran fuego contra la montaña, la reduciremos a polvo si es necesario, pero no escaparan de mi esta vez –sentenció el hombre.
Aquella orden tardo menos de medio minuto en esparcirse a través de los radios integrados en los cascos de los militares, que siguieron apuntando, esperando a que salieran, algunos de ellos incluso, preocupados porque no lo hicieran y se vieran forzador a atacar.
-Listo, disparen los cañones –ordenó Hyuga.
-Pero…señor…
-¡Es una orden soldado! –exclamó con frustración el general. El soldado titubeo indeciso, mientras accionaba el comunicador en su oído.
-Atención artilleros, abran fuego…
Un sonido seco llamó la atención del militar haciendo que callara. Las miradas se dirigieron a la montaña, en la cual un oscuro corredor acababa de abrirse. Los soldados enfocaron su mirada en este, alcanzando a distinguir una silueta moviéndose hacia ellos.
-Atentos –ordenó Hyuga.
La silueta siguió moviéndose, en el silencio de aquel paisaje en donde apenas soplaba el viento arrastrando algo de tierra. Finalmente la luz alcanzó a aquel desconocido, iluminando su tez morena, su cabello castaño alborotado y sus manos las cuales llevaba abiertas y levantadas por encima de la cabeza. Detrás del chico iba Agumon, y detrás de este una larga fila de Tamers y digimons que avanzaban a paso lento, precavido, y todos con las manos levantadas. Tai avanzó hasta el centro de aquella área cercada por los militares, y ahí mismo se arrodillo en el suelo poniendo las manos detrás de su cabeza. Lo mismo Agumon, igualmente Matt y Gabumon, Mimi y Palmon, Sora y Biyomon, Juri y Leomon, Rika y Renamon, Kouta y Kotemon, y así todos los Tamers y sus compañeros. Hasta el final salieron Ken y Henri ayudando a Davis a mantenerse en pie, cubriendo su cuerpo con una sábana. El chico aun parecía bastante débil.
-Se están entregando señor –dijo el soldado que acompañaba a Hyuga. El general apretó los puños y la quijada, molesto, pero incapaz de hacer nada más.
-Arréstenlos a todos –ordenó.
Los soldados, sin bajar sus armas avanzaron hacia los Tamers y digimons arrodillados en el suelo. Tai permaneció quieto, aunque visiblemente molesto mientras lo tomaban de forma brusca para esposarlo con las manos detrás de la espalda, e igual a Agumon. Matt también tuvo que hacer acopio de toda su voluntad para evitar ir sobre el soldado que tomaba a Sora con brusquedad, levantándola del suelo y empujándola de manera brusca.
Un grupo se aproximó a Ken, Henri y Davis, que estaban de pie a diferencia del resto.
-Al suelo –ordenó uno de los soldados.
-No puede sostenerse solo –dijo Ken.
-¡Al suelo! –repitió el soldado.
-Oye tranquilo, solo queremos ayudarlo –dijo Henri, acercándose al soldado con los brazos extendidos hacia el frente, tratando de hacer que este se calmara, pero en lugar de eso el militar le asestó un golpe en la boca del estómago haciendo que callera sobre sus rodillas, mientras los otros le seguían apuntando a él y a Ken y Davis.
-¡Levanta las manos! –dijo otro de los militares a Ken, quien se negó a apartarse de Davis hasta que otros dos soldados los apartaron, derribando a Ken y haciendo que Davis se desplomara en el suelo.
-¡Davis! –exclamó Veemon mientras era esposado y arrastrado.
-¡Veemon cálmate! –exclamó Henri en el suelo mientras era aplastado por dos soldados que le impedían hacer el menor movimiento.
-¡Levántate! ¡Que te levantes! –exclamaba otro de los soldados, apuntando su rifle con pulso tembloroso a la cabeza de Davis, quien era incapaz de levantarse del suelo.
-¡No puede levantarse, está herido! –exclamó Henri preocupado.
-¡Que te levantes he dicho! –exclamó el soldado bastante molesto.
-¡Suficiente! –Dijo una voz femenina detrás del soldado-, es obvio que no se puede levantar, que traigan una camilla, equipo médico, necesita atención –ordenó la chica mientras se arrodillaba junto al joven. Henri se esforzó por mirar en la dirección de la chica mientras que lo levantaban del suelo. La joven volteó para verlo y sonrió, saludándolo con la mano con discreción.
-Tomiko –susurró el chico y sonrió también mientras lo arrastraban para llevárselo de ahí.
La compuerta del vehículo blindado más grande se abrió, mostrando el área donde transportaban prisioneros. Tai caminaba sin oponer resistencia, con un soldado sujetándolo del brazo y otros tantos que le apuntaban directamente a él y a Agumon. Al pie de la entrada al vehículo, se encontraba el general Hyuga, quien lo miraba con evidente enfado, mismo que le era devuelto por el castaño.
El general hizo una seña para que se detuvieran, y miró al chico de pies a cabeza, para luego mirar detrás de el a los otros Tamers y digimons arrestados.
-Espero que estés feliz –dijo sin voltear a verlo-, no solo echaste a perder tu miserable existencia, sino que también arruinaste la vida de todos ellos, que lastima, muchos tenían potencial, ahora pasaran el resto de sus vidas encerrados en calabozos sin contacto con el mundo exterior –le dijo de forma despectiva. Tai contuvo su enfado y las ganas que tenía de lanzarse sobre el hombre. Agachó la mirada ante la sonrisa de satisfacción de Hyuga, para luego levantarla nuevamente, sonriendo de forma retadora.
-No sé de qué me habla señor, yo solo cumplía órdenes –le dijo el castaño sin dejar de sonreír, para luego subir al vehículo sin necesidad de que lo empujaran, al igual que el resto de sus compañeros, quienes sin oponer resistencia alguna, desfilaron al interior del vehículo, que los transportaría a su prisión.
Bueno, pues ya regresé, e igual que nuestros queridos elegidos, me siento hecho polvo, cansado y con ganas de tomar vacaciones. Finalmente, con este capítulo podemos decir que concluye la "saga del Emperador", aunque, aún no concluye el fin en realidad, queda bastante por hacer y decirse, por escribirse y resolverse, pero llegar a este punto es como concluir una laaaaaaaaarga y pesada travesía, en la que espero haber logrado transmitir los complejos sentimientos de nuestros protagonistas, es decir, su desesperación, sus miedos, la angustia y la emoción.
Ha sido difícil en realidad, digo, ha sido muchos capítulos dedicados a esta aventura que implicaba un misterio, una traición, una serie de locas y peligrosas misiones, y finalmente aquí concluye… bueno en parte, ahora hay muchas otras cosas que resolver, pero lo bueno es que me siento animado para escribirlas, así que, al igual y para el siguiente mes hay capitulo nuevo, YEEEEEY! (y perdón Jejeje)
Mil gracias por seguir leyendo, por seguir apoyando, por comentar, cada comentario es una bolita de Ki con la cual puedo ir formando esta Genkidama llamada mi fic de Digimon.
Sin más por el momento, me despido, los quiero, se cuidan, comentan, paz y amor, y libertad.
A y claro, continuara...
