Los Personajes de "Ranma ½ son propiedad de Rumiko Takahashi
SUREI
Capítulo (3)
Despertar
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RANMA
Un dolor quemante en mi brazo me despertó, sentía un ardor que jamás había experimentado, no solo era mi brazo esa sensación se extendía hasta mi pecho y vientre, todo el lado izquierdo de mi cuerpo estaba sin poder moverse, totalmente inerte, solo un incesante dolor caminaba a través de mis venas.
-Hmmmm, creí que no despertarías- escucho hablar a alguien, rápidamente mis ojos buscan entre la oscuridad de mi habitación a la persona que emitió esas palabras, a unos cuantos metros de distancia se encuentra de espaldas a mí, una mujer de edad avanzada, su cabello es largo en tonos plateados, por un momento creí que era la abuela de Xiampu, pero su vestimenta era distinta y su tono de voz también –si fueras alguien ordinario tú ya estarías muerto…-
Las palabras de la anciana me preocuparon, si yo fuera alguien ordinario… entonces.
-¡Ryu! ¿Dónde está Ryu? ¿Como esta? Él también fue herido –y de súbito llegan a mi mente las imágenes de su cuerpo siendo atravesado por la espada del tal Ziomaru.
-Oh si… el muchacho… desgraciadamente no pude hacer nada por el… -estaba sorprendido por las palabras de la anciana, no creía lo que mis oídos escuchaban, Ryu había muerto y todo por culpa de ese maldito... y Akane estaba con él, tenía que ir por ella, salvarla de él – Mi señor hizo mal al tomar su vida, pero el muchacho no debió enfrentarlo de esa manera… mi señor es muy poderoso.
-Tengo que ir por Akane… tengo que rescatarla – apreté los dientes para menguar el dolor, pero era insoportable, mi frente se cubría rápidamente de sudor.
-Niño, eso no será posible, la espada de mi señor dejó gran daño en ti, será muy difícil restaurarlo-habló dejándome ver su rostro por primera vez, tenía rasgos gentiles a pesar que este estaba bañado en arrugas, tenía marcas doradas en una de sus mejillas, bestia de gris, blanco y dorado, muy parecido a los bordados de la capa del sujeto que se llevó a Akane – el dolor que sientes es producto del veneno de la espada Hasishi, tuviste suerte que no atravesara tu corazón como lo hizo con el otro chico… te daré esto para que disminuya el dolor –
Había tantas preguntas en mi mente que quería hacerle, pero el dolor era tanto que agobiaba mi cabeza y nublaba mis sentidos, no formulaba palabras completas, la anciana puso en mi boca un cuenco de porcelana con un extraño liquido rosado y brillante, el cual resplandecía en la oscuridad.
Tuve temor de tomarlo, pues era algo desconocido, por mi mente pasaron miles de ideas en donde ella probablemente no me ayudaría, si no que me daría el golpe final, pero si la anciana hubiera querido de la manera más sencilla habría tomado mi vida, pues me tuvo en un cuarto totalmente inconsciente. Deje mis dudas a un lado y decidí tomar aquel brebaje que por momentos parecía mágico, la sensación en mi boca era simple, como si bebiera algún tipo de té o infusión de hierbas, nada fuera de lo normal, al entrar en mi cuerpo poco a poco aquel esplendor del líquido se fue difuminando en mi ser, podía sentir como recorría mis venas y músculos aliviando de inmediato la sensación de dolor.
-El dolor… está desapareciendo –mi asombro es por la efectividad de aquella pócima –ahora si… ya nada me impedirá que salga en busca de Akane.
-No tan rápido niño –la voz de la anciana llamó mi atención –el dolor desapareció, pero la mitad de tu cuerpo sigue muerto, tomara algo de tiempo en que vuelva a la normalidad, deberás tener paciencia.
-¿Cómo que la mitad de mi cuerpo está muerto? – En ese instante el temor se apodero de mí, el pánico a no poder moverme, me invadió, con desesperación comencé a intentar moverme fracasando de inmediato, mi cuerpo no obedecía las ordenes que mi cerebro demandaba - ¿Qué demonios está pasando?
-¡Tranquilo muchacho! ¡Tranquilo! No lo tomes tan literal… me refiero que lo sentirás como muerto, pero no lo estará, tardara tiempo en que se recupere pero lo lograremos. -
-¡Es que usted no entiende! ¡Tengo que ir por Akane! ¡Ese maldito la puede lastimar y no lo permitiré! –al terminar de decir eso, escuche la risa pausada de la anciana, suspiró y habló dirigiendo toda su atención en mí.
-Estas muy equivocado muchacho… mi señor sería incapaz de dañar a mi señora… él la ama por sobre todas las cosas, la ama más que a su propia vida-
No me gusto para nada como se refería a Akane, ella no era nada de ese tipo, lo más seguro es que la estuvieran confundiendo con alguien.
-La equivocada es usted, Akane es mi prometida y no es nada de ese tipo, o Dios o Rey o lo que sea… él no la puede amar porque ella es mi prometida, entiende MI.. PRO..ME..TI..DA...- La anciana me miró de una manera tierna, como si mis palabras le hicieran algo de gracia, me veía como cuando un niño dice una tontería y los adultos se ríen ante su ingenuidad, se acercó un poco colocando sus manos sobre mí.
-Te ayudare a que recuperes un poco de fuerza, para que puedas salir de esta habitación, hay mucho que deben saber tú y tu familia…- dejé que hiciera aquel breve ritual, yo solo la observaba incrédulo mientras una energía entraba por mi piel, esa luz era cálida, agradable pero solo la sentía en mi lado sano.
-Creo que ya ella listo… ahora ponte en pie, afuera nos esperan…- con muchísima dificultad pude hacerlo, mi brazo colgaba totalmente laxo, sin vida, mi pierna no me sostenía del todo, necesite apoyarme de las paredes.
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En el comedor solo se encontraba la familia, Ukyo y Ryoga todos estaban algo consternados e incrédulos, lo sucedido fue algo tan demencial que era difícil de creer, era como sacado de una película de ficción. Estaban preocupados, asustados, creo que pocas veces en nuestras vidas presenciamos o fuimos testigos del cómo le arrebatan la vida a alguien, es algo difícil de ver.
-¡Hijo! –grito mi madre y corrió a mí para abrazarme fuertemente – ¡Hijo que alegría verte de pie! ¡Temí lo peor!...Ranma… Ryu está muerto y es mi culpa – me abrazo sin para de llorar, está muy afligida por lo ocurrido, se sentía culpable, era más que obvio que ella no tenía la culpa de lo acontecido en el Dojo Tendo, aquí el único culpable y era ese tal Ziomaru.
-¡Ranma!..-
-¡Ran-chan!–
Los gritos de Ukyo y Ryoga fueron de total alegría al verme, rápidamente Ukyo se abalanzo hacia mí para abrazarme, pero rápidamente la aparte de mi lado, no tenía humor para lidiar con ella. Lo único que rondaba mi mente era saber que había pasado, porque después de ser atacado ya no supe más.
Cuando yo desperté el cuerpo de Ryu ya había sido retirado y gracias a las facilidades económicas y conexiones del novio de Nabiki el proceso fue rápido, y sin contratiempos, él había sido testigo de todo por lo cual prefería no dar muchas explicaciones a las autoridades, era mejor dar un soborno antes de responder a tantas preguntas ¿Quién creería que mientras estábamos en la celebración, un ser apareció de la nada y con una espada "Mágica" mató a uno, e hirió a otro?,Ni el mismo lo creía y eso que había presenciado todo aquel circo, el tío Soun estaba en un estado deplorable, imaginándose miles de cosas al igual que yo, sus ojos estaban acuosos mirando a un punto fijo, tratando de ordenar sus pensamientos, mientras yo estaba más que furico, quería salir corriendo, ¿pero a dónde? , no tenía ni la menor idea de dónde buscar o que hacer, lo único que sabía era que se habían llevado a mi Akane, y eso me ponía totalmente fuera de sí, y si a eso le sumaba el hecho de la imagen de él besándola y tocándola me ponía mucho peor.
-Muy bien anciana es hora que nos diga que es lo que pasa aquí y díganos ¿quién es usted?-
Todos me miraron extrañados por la manera en la que me referí a la anciana, al parecer nadie se había dado cuenta de su presencia en la estancia.
-¿Usted sabe cómo o dónde está mi Akane? – exclamó desesperado Soun.
-Lo se… pero primero dejen que me presente, mi nombre es Sia, soy la guardiana del reino de los Ziellos, cuando mi Señor no está. Mi señor me mando aquí para poder ayudar a los heridos que dejó atrás, por el altercado de hace unos momentos.
-¡¿Así que él te envió?!-
-Así es muchacho… pero fue demasiado tarde para el otro joven, pido en nombre mi señor una disculpa por no haber podido salvarlo…-
-¡Su señor es un asesino! –gritó mi madre, totalmente ofuscada.
–Mi señor no es un asesino… él tiene todo el derecho de tomar las vidas de este mundo… si él así lo desea, ya que la humanidad está en sus manos y si Ziomaru quiere, puede terminar con ella, claro que no será bien visto por los otros Dioses...- dijo seria ahora, al parecer no le gustaba para nada que hablaran mal de su señor.
-Pues explique por qué se ha llevado a Akane, ¿Qué tiene que ver ella en todo esto?- me estaba mareando con tanta explicación de su señor, cuando lo único que me importaba era saber de Akane.
-Lo hare y entenderán el porqué de su visita a este lugar – la anciana se dejó caer sobre una nube con resplandecientes brillos dorados, no me había percatado de que flotaba sobre el tatami, en ningún momento tocaba el suelo –tratare de resumir lo más que pueda la historia, para que ustedes entiendan.
Con unos suaves movimientos de sus manos, formó una especie de energía entre nubes y luces la acumulación de aquella densidad se volvió lo suficientemente grande para que todos los presentes en la sala viéramos lo que ella proyectaba en esta, era una especie de holograma donde nos facilitaría el entender su historia.
-Ustedes viven tranquilos y pacíficos aquí en la Tera, así se le conoce a la Tierra entre los Dioses – hablaba mientras mostraba el globo terrestre en aquellas imágenes –pero toda esa tranquilidad es gracias a mi Señor, como lo dijo… él, es Rey y Dios de este mundo y así como este mundo hay muchos otros… y cada uno tiene su Dios o Diosa, son eternos guardianes que cuidan el equilibrio, todas las galaxias, dimensiones, constelaciones y mundos se rigen de manera diferente –
Todos estábamos en silencio mirando como la energía proyectaba nueve diferentes mundos, cada uno lo regía un ser místico, mostraba seres fuera de esta realidad a lado de esos planetas.
-El universo como ustedes lo ven solo es la parte superficial, es la punta del iceberg, es lo que mis Dioses les permiten ver a ustedes, en realidad es mucho más inmenso y sublime de lo que ustedes conocen, el Zollariim es esa parte de la galaxia donde habitan los mundos donde mi señor es guardián, el Zollariim está dividido por nueve mundos al igual que su sistema solar, solo que en nuestro universo estos mundos son habitados por seres parecidos a los humanos, en muchos de estos existen seres mágicos, demonios, deidades y seres fuera de serie, en algunos de ellos viven seres que han reencarnado, o seres tan oscuros que han continuado su vida para seguir sufriendo, y la Tera o tierra como ustedes la conocen es parte de este Zollariim, ya que aquí existe la fusión de seres mágicos, demonios y deidades cohabitando en un solo planeta.
Cada mundo es regido por un Dios el cual fue elegido por sus habilidades y dotes, según Zoll quien es la deidad mayor pues es él, quien rige al astro rey del Zollariim, él es el encargado de crear vida y quien eligió a cada uno de los Dioses para ser los eternos guardianes de los mundos.
Zoll necesitaba un Dios que rigiera al astro que iluminaria las tinieblas, por eso creo a Lumna quien es liderada por la Diosa Surei, ella daría luz para guiar en la oscuridad, Surei es la encargada de los astros que brillan durante la negrura.
Los mundos no solo tienen un Dios, sino que también tienen deidades que mantienen el equilibrio, las catástrofes, guerras, cataclismos, muertes, también son enviadas por las deidades, pues a veces son necesarias para mantener la estabilidad. Ziomaru mi señor es quien permite que las otras deidades entren en acción. Pero si él se niega ellas no pueden hacer nada porque nuestro Dios es muy poderoso, no existe ser que le haya vencido.
Es por eso que los humanos tienen gran cantidades de Dioses, pero ellos solo son subordinados de Ziomaru.
Todos obedecemos y nos regimos bajo normas y reglas… vivimos con una tarea y propósito. Proteger la vida de nuestro mundo, mi señor Ziomaru, debe cuidar de este. Para que entiendan iremos más atrás….
Mi gran señor Inuno Rei tenía dos Hijos Iamaru y Ziomaru, tan distintos entre ellos, tan diferentes como el día y la noche, no solo en el contenido de su corazón sino también en lo físico, como pudieron ver mi señor tiene sus cabellos plateados y un color de ojos igual que el ámbar, mientras su hermano menor, lucía una cabellera larga oscura como la noche y unos ojos color escarlata, fríos y calculadores. Iamaru tenía cierta envidia de su hermano mayor, ya que Ziomaru había sido elegido por Zoll para gobernar este mundo. Zoll al ver que el rostro de Iamaru se ensombreció por la noticia le propuso que el subiría al trono al fallecer o renunciar su hermano mayor, lo cual casi sería imposible porque al ser Dioses son seres eternos e inmortales y la renuncia jamás pasaría. En ese momento Iamaru dejó que en su corazón creciera la envidia pues las palabras de Zoll habían sido una burla para su persona.
Mi señor y Rey Inuno al ver la disconformidad de su hijo menor le dio la tarea de ser el guardián del inframundo, por un tiempo estuvo de acuerdo, pero al estar rodeado de tanta maldad humana, su corazón fue cambiando. Él prácticamente vivía en la oscuridad poniendo orden en aquellos seres mezquinos que merecían ser castigados, el recibía las almas que habían sido rechazadas del paraíso, toda aquella humanidad que no merecía volver a renacer, humanidad que no tenía una segunda oportunidad estaba a su cargo, el continuo trato, los duros escarmientos que él ordenaba, el ver toda aquella maldad reunida corrompió el débil corazón de Iamaru se contagió por la oscura humanidad.
Cuando el gran Zoll, dio vida a Ziorum todos los Dioses se reunieron para darle la bienvenida al más joven de los mundos.
El señor Inuno consciente y apenado de la situación de su hijo menor, alentó a que saliera de sus confines para que acompañara a Ziomaru a la gran celebración del nacimiento.
Iamaru se sentía incómodo de la convivencia con los Dioses, ese ya no era su mundo, eran seres puros, llenos de luz, estaba fastidiado y harto de ver tanta perfección, solo deambulaba de un lugar a otro buscando un momento de tranquilidad.
Estuvo a punto de salir de aquel hermoso palacio para regresar al inframundo, pero algo le impidió hacerlo, entre la multitud encontró la más hermosa criatura que sus ojos hubiesen visto antes , en ese momento su corazón se llenó de luz y calidez solo con observar de lejos a tan preciosa fémina, Iamaru se había enamorado como un chiquillo de la Diosa de Lumna, no quería perder de vista a tan hermoso ser, durante toda la velada la admiro de lejos, sus ojos eran hermosos, su sonrisa era hipnotizante, su piel, su cuerpo todo en ella era perfecto, en ese instante supo que él estaba dispuesto a dar todo por ella, esa Diosa le pertenecería a él.
Lo que jamás imagino fue que aquella hermosa Diosa, ya había sido cautivada por otro ser, Surei era el nombre de esa amorosa Diosa, representaba la belleza de su astro, limpio, virgen y puro como su esencia, un astro que representaría la luz en la oscuridad de Tera.
Ziomaru y Surei, se amaron desde el primer instante que se conocieron, el destino no pudo ser más condescendiente para ambos, pronto unieron sus vidas y reinaron juntos los Ziellos, es el nombre del reino de dónde vengo, lamentablemente Iamaru no lo tomó nada bien, una vez más su hermano estaba sobre él, ahora lo odia más que nunca, ya que le había arrebatado a la única criatura bella que sus ojos habían contemplado. Si él hubiera sido nombrado Rey en vez de su hermano, tendría la oportunidad de ser pareja de esa bella Diosa, pero no, en cambio fue delegado al inframundo donde jamás tendrían la oportunidad de estar con ella.
Mi rey y mi Reyna se amaban con locura, era tan evidente para todos, en el palacio de los Ziellos estábamos conscientes de ese amor arrebatado, todos fuimos testigos de esa devoción, mi señor la amaba demasiado, la idolatraba, no había nada más importante en los nueve mundo más que ella.
Al comienzo de un nuevo día, mis Dioses dieron la noticia a los nueve mundos, había engendrado a un ser producto de su amor, todos los Dioses y deidades estallaron en júbilo por la noticia, ambos eran amados y respetados por sus colegas, todo era amor y estabilidad dentro del Zollariim, esperaban con ansias la llegada de ese nuevo ser.
El tiempo paso rápido y por fin nació el primer ser de su sangre, un hermoso niño, hijo de mis Dioses, ambos lo amaban con locura y devoción, el fruto de su amor se había materializado, había nacido en carne y hueso, respiraba para alegrarles la existencia, todo el palacio iba de aquí para allá, con alegría, pues nuestros señores no paraban de reír y demostrarse amor.
Desafortunadamente la oscuridad llego a sus vidas, al enterarse Iamaru del nacimiento de su sobrino, la ira y la envidia crecieron más, ella era de él, ese pensamiento lo consumió por completo, un terrible mar de odio, rencor y maldad rebaso la poca cordura o estabilidad que le quedaba. Mi señor Ziomaru sabía de lo que su hermano sentía por su mujer pero jamás se imaginó lo que vendría; Iamaru espero el momento perfecto para infiltrar a sus arpías en el palacio, estas criaturas se encargaban de devorar los cuerpos podridos de los pecadores en el inframundo. Iamaru les dio la misión de secuestrar al pequeño, una vez en sus manos el frágil cuerpo del bebe lo dio como alimento a las arpías pues esa era su recompensa por haber realizado un buen trabajo.
El dolor embargo los Nueve mundos, el Zollariim se había ensombrecido al enterarse de semejante atrocidad, en que momento la oscuridad de la humanidad había corrompido el corazón de un Dios como Iamaru, ese Dios había cometido el peor de los sacrilegios del Zollariim, acabar con la vida de una criatura perfecta que apenas comenzaba, era la peor de las deshonras para el Reino de los Ziellos y para todas las galaxias existentes.
Para mis señores fue el peor golpe que pudieran recibir, Mi Reyna Surei quiso morir cuando descubrió lo que había pasado con su hijo, trató de acabar con su vida mucha veces pero mi rey siempre llegaba a impedirlo, Mi señor dolido, iracundo totalmente poseído por la rabia bajó al inframundo buscando venganza, necesitaba ver correr la sangre de quienes mancillaron su felicidad, peleo por días contra las arpías del inframundo que resguardaban a su traicionero hermano, los Dioses de los nueve mundos no pudieron intervenir, ya que la muerte se pagaba con muerte, mis grandes señores por la triste y la desolación de ver como sus hijos peleaban hasta que alguno cayera muerto, dieron sus vidas a Zoll, no pudieron con el deshonor de tener un hijo traidor y con un hijo Rey buscando la más encarnizada venganza.
La batalla, fue sangrienta y horrible, eran dos hermanos, dos Dioses odiándose y queriendo arrebatar la vida del otro, sus espadas chocaban y rasgaban su piel sin piedad, cuentan los guerreros que presenciaron aquella batalla, que los suelos del inframundo se tiñeron del rojo de la sangre, el piso estaba empapado de aquel líquido vital, las arpías resbalaban en su propia sangre al tratar de escapar, pero a final de cuentas mi señor Ziomaru era más fuerte, esa noche Iamaru murió a manos de su propio hermano, pero las desgracias seguirían a mi señor hasta los Ziellos.
Presa de la depresión y la paranoia Surei, veía como los niños humanos vivían en abandono, como las madres de la Tera mataban a sus hijos o los despreciaban, ella había perdido el suyo y las mujeres inhumanas acababan con la vida de sus hijos –el relato de Sia era triste, mi madre derramaba lágrimas en silencio, conmovida por el dolor de esos seres, las chicas tenían los ojos llorosos, se resistían a llorar y Kasumi miraba a punto distante al igual que Nabiki, escuchaban atentas la historia, era verdad, la historia fue horrible llena de injusticia y sufrimiento, pero yo aún no entendía que tenía que ver Akane con todo esto.
-Mi señor fue testigo de cómo mi señora se lanzó hacia la humanidad…- las imágenes de una chica cayendo desde lo alto causo gran incomodidad, que más de uno cerro los ojos al saber cómo terminaría –los Dioses no pueden mezclarse con los seres que protegen, en este caso los humanos … es una regla sumamente importante, pero mi reina no hizo caso, no le importo y bajó a la tierra, nunca había pasado esto antes, esta fue la primera vez y… en cuanto mi señora puso su alma aquí en tierra, ella murió para nacer de nuevo… - Sia miró a Soun con sus ojos llenos de Nostalgia
– Mi señora nació como su hija… señor Tendo. Surei renació como Akane por eso mi Señor vino por ella…– el asombro en todos era palpable… todos abrieron sus ojos de manera dramática –por favor entiendan a mi señor él solo vino por su esposa.
Mi mente daba vueltas en ese preciso momento ¿cómo era posible eso?.
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Miré mi reflejo en el pequeño espejo del baño, pude ver como mis facciones habían cambiado, recordé aquel día que llegue a la casa de los Tendo era un chiquillo, ya mi rostro lucía diferente habían desaparecido las facciones aniñadas para darle paso a un rostro mucho más masculino y osco, nunca me había percatado de tan clara imagen como ahora. Fui un necio en querer negarme a madurar y ver mis responsabilidades, mis reacciones eran las de un niño aferrado a una libertad inexistente, por mis malas decisiones la había perdido una vez en manos de un semi Dios y por asares del destino o por benevolencia de las deidades regreso a mí, si ella venció a la muerte para estar conmigo, para que yo la protegiera, para que yo la amara, porque eso era un hecho, yo la amaba incluso más que mi propia vida. No podía dejar qué volviera a pasar, "ya no" tengo que luchar por ella, mi marimacho tiene que estar conmigo.
Y ahora todo lo notaba tan claro, Akane era lo único que me hacía ser quien soy, era la esencia de mi vida, porque sin ella no podría imaginar ningún futuro, era como si yo tampoco existiera.
Con todas aquellas afirmaciones en mi cabeza, todo me quedaba más claro, tome agua entre mis manos y lave mi rostro qué de inmediato se transformó en el de la linda pelirroja, bufé molesto al ver el femenino rostro de Ranko, su mirada era la misma, el tono de ojos era igual, mis sentimientos eran los mismos.
Ver mi transformación era como observar un ancla en cada paso que doy, tenía que acabar con mi maldición, abrí la llave del agua caliente colocando mis manos bajo el flujo directo del agua, no me importaba qué esta alcanzara una alta temperatura, sentía el escozor en mi piel, me quemaba. De forma instantánea visualice en aquel espejo mi rostro de hombre contemple cada cambio, este era el verdadero yo, este era el Ranma Saotome que siempre existió el que tenía que ser.
Salí del cuarto de baño caminando con dificultad tomándome de todo cuanto podía, al llegar a la estancia escuche los alaridos del tío Soun al hablar con algo de desesperación con Sia.
-¿Cómo es posible que mi hija sea una Diosa? ¡Usted tiene que darme más información! ¡Tiene que decirme donde esta! –los gritos de el tío Soun eran acompañados por caudales de agua que fluían por sus ojos.
-Lo siento…. Es imposible que usted pueda ir a los reinos de mi señor, yo no hago y mucho menos escribo el destino… así es como ya está trazado –la pequeña anciana hablaba con algo de congoja al ver el sufrimiento de mi inestable tío.
Como ya era su costumbre el llanto del padre de mi prometida inundaba el lugar, sus sollozos eran sonoros y sus hipidos eran incesantes cada que intentaba hablar, Kasumi lo consolaba con su mano sobre la espalda mientras le observaba de manera tierna y hasta compasiva, Nabiki por su parte estaba algo alejada de ellos siendo abrazada por su novio.
En cuanto a mi madre, ella se encontraba encendiendo un incienso frente a un improvisado altar dentro de la casa Tendo, estaba de rodillas elevando plegarias, muy posiblemente serian por el descanso del alma de Ryu. Me sentí mal por ella, mi madre tenía cierto cariño por Ryu, sabía que mantenían contacto pero nunca imagine que pudiera afectarle así, se veía bastante afligida.
Me acerque despacio a ella colocando mis manos sobres sus hombros, haciendo notar mi presencia, aunque estaba de espaldas a mí, giró su rostro mostrándome una triste sonrisa, sus ojos estaban nublados por el dolor e hinchados por el llanto, sentí lo cálido de sus labios sobre mis manos dándome un beso cargado de amor.
-Siento ser un poco llorona… -habló secando sus ojos con el dorso de su mano –pero me siento tan triste… Se supone que este día estaría lleno de alegría… en lo que cabe, ahora Akane fue secuestrada, Ryu está muerto y por poco te pierdo a ti… -de nuevo sus ojos se inundan de tristeza.
Ahora soy yo el que besa sus pequeñas manos, pegándolas a mi pecho, acunando el cuerpo de mi madre, dejé que llorara, necesitaba desahogarse, dejé que sacara todo el dolor posible, me dolía tanto verla así, me dolía tanto que se sintiera culpable.
-Tranquila mamá, veras que todo saldrá bien, iré por Akane y haremos qué Ryu tenga un lugar decenté donde depositar sus restos –yo hablaba tratando de consolarla aunque no sirvieran de mucho mis torpes palabras.
-Gracias hijo… - me contesto afligida con uan leve sonrisa.
-Cuando mi nieta me contó lo que había pasado no pude creerle… -de súbito la voz de la vieja Cologne nos interrumpió, haciendo acto de presencia.
–Por lo que puedo ver todo es verdad… yerno quiero conocer a esa tal Sia… -yo aún no caí en cuenta de la presencia de la anciana, aunque siempre se presentaban sin ser llamadas, de vez en cuando me sorprendía su osadía.
No supe en que momento Xiampu había corrido con su abuela para contarle todo lo ocurrido, pero por alguna razón estaba ahí parada detrás de Cologne, al parecer había cambiado sus ropas por algo mas cómodo, tal vez ambas esperaban un combate ya que siendo guerreras amazonas esa era su esencia.
-Alguien pregunta por mí… - dijo Sia alejándose de mi tío Soun qué seguía histérico, Sia se posiciono frente a la abuela Cologne flotando en su pequeña nube personal de lo más despreocupada.
Cologne no pareció inmutarse ante el detalle del ser celestial frente a ella, no se había alarmado simplemente le observo fríamente evaluando la situación.
-Por lo que veo, si eres un ser celestial… -afirmaba la abuela tratando de minimizar la situación.
-Lo soy… Pero ¿qué puedo hacer por ti? – contesto Sia con una leve sonrisa y con actitud confiada.
-Mi nieta me informó que había hecho acto de presencia un ser celestial, el cual se llevó a la menor de las Tendo, también qué la vida del joven Kumon había sido arrebatada… entre otras cosas –las palabras de Cologne eran tranquilas como si de una plática común se tratara, parecía que la importancia de los hechos no le interesaba.
El ser celestial frente a ella miró a Xiampu que se encontraba a la espalda de Cologne, al parecer le disgusto que aquella información privilegiada se corriera por todo Nerima.
Unos minutos después Mousse apareció con una vestimenta diferente a sus típicas túnicas, llevaba un enorme libro en las manos –perdona mi descortesía, mi nombre es Cologne…una de las matriarcas del clan de las Amazonas, mi nieta tomará pronto el lugar como líder de la tribu, y en todos mis años jamás tuve conocimientos de sus existencias… ni siquiera en los libros sagrados... - hizo ademan señalando el viejo libro de cuero y seda qué Mouse poseía.
Caminé con paso lento hacia ellos tratando de descifrar la mirada de Sia pero no había nada en ella, su rostro seguía inexpresivo pero con una sonrisa que no demostraba nada.
-Conozco su tribu… -esas palabras descolocaron a todos por igual –la gran tribu amazonas de las tierras altas del valle de Ballangara, donde las mujeres guerreras asumen el control sobre el hombre y hacen de sus costumbres un vil acuerdo matrimonial… -aunque su cara parecía no mostrar ninguna emoción el tono en cada palabra era de total sarcasmo.
A Cologne no le gustó para nada como se refería a su dichoso clan, claramente todos estábamos con sientes del tono qué Sia utilizaba pero nadie decía nada, nos limitábamos a solo observar las reacciones de las dos amazonas dentro de la estancia.
-Más respeto para mi clan… - escupía cada palabra con un serio semblante Cologne - nosotras somos poderosas, únicas y cuidamos una de la otra… qué los hombre no tengan el mismo poder y valor no significa que sean menos importantes… -trataba de explicar. Levantando la barbilla, vanagloriándose de lo que para ella era honor.
-Ustedes se basan sus creencias en ideas tiranas y algo fuera de lógica… Ideas qué fueron arraigadas de una simple subordinada de mi señor, ella jamás acató ordenes… ¿si? - afirmó a las mudas preguntas que se formulaban en la mente de Cologne –a quien tú y tu tribu idolatran, basando sus ideales, y costumbres. No era más que una lacaya de mi señor Ziomaru –sus palabras herían la firme creencia de la anciana amazona –ese ser tenía ideas algo fuera de la realidad, era una vil ladrona qué bajó a la tierra huyendo de mi señor –parecía burlase a cada palabra –Amazonia siempre llegaba al límite con la avaricia y eso no le gustó nada a Ziomaru mi señor, fue por eso que decidió huir, pero en su camino se encontró a un pequeño grupo de viajeros los cuales morían de hambre, las esposas de esos viajeros hicieron un pacto con Amazonia, dando la vida de sus esposos a cambio de fuerza, y como acto de despedida a sus compañeros de vida, dieron el último gesto de amor hacia ellos, besando su mejilla para después, cortar su cuello de lado a lado… - ante aquella confección mis ojos y los de las amazonas presentes se abrieron con asombro, Sia se refería al famoso beso de la muerte
–Aun no entiendo como mi señor no acabo con sus vidas, por llevar a cabo actos tan bajos y banales en nombre de su"Honor"…-
Hacía hincapié en la última palabra –Él podría acabar con todas ustedes tan fácilmente, pero mi señor es tan benevolente, que prefiere darles vida, aunque estén engañadas haciendo atrocidades, tal vez mi señor piense que su ignorancia es el pecado que ustedes tienen-
En ese momento al terminar de hablar hubo un silencio incomodo, en los años que yo conocí a las amazonas nunca las había visto tan humilladas, especialmente la abuela de Xiampu.
-Creo que no es hora de sacar viejas rencillas por el momento –comentó Nabiki interrumpiendo la desagradable burbuja que se había formado.
-Nabiki tiene razón ahora la prioridad, mi prioridad es Akane -dije restando importancia al asunto entre Sia y las amazonas.
Sia giró levemente su rostro para verme con un gesto de incomodo fastidio –No entiendo por qué mi señora sea tu prioridad –avanzó hacia mí con una velocidad sobrenatural dejando una estela brillante dorada a su paso –mi señora está en muy buenas manos, está en su hogar… Con quien tiene que estar… - no deje que terminará de hablar, la interrumpí ya qué sus palabras solo hicieron qué un odio creciera dentro de mí, no podía tolerar qué siguiera hablando como si Akane fuera en verdad propiedad de ese tal Ziomaru.
-¡Deja de referirte a Akane como tu señora! ¡Ella no está en su hogar, ella no pertenece ahí, esta es su casa, aquí está su familia! –yo ya estaba muy alterado ante sus palabras me exasperaba que no entendiera el lugar de Akane, que parte de "mi prometida" no entendía.
-Ranma cariño.. Tenemos que serenarnos, pensar con mente clara y ver qué podemos hacer nosotros desde aquí –mi madre tocó mi brazo tratando de calmarme –tiene que haber alguna forma de llegar a ella…. ¿Verdad? –ahora su atención se fijaba en la pequeña anciana que parecía levitar en su nube.
Todas las miradas de fijaron en Sia, queriendo encontrar respuestas, anhelando una esperanza que saliera de su boca.
-Aunque existiera, no podría ayudarlos de verdad… Solo estoy aquí para curar los heridos qué dejó atrás mi señor, mucho ya eh fallado con hablar acerca de nuestro mundo y estoy segura que mis Dioses no estarán contento con mi indiscreción.-
-Por favor señora… -suplicó Kasumi. - Akane es mi hermana, la quiero de vuelta, por favor se lo imploro… -la voz de Kasumi se había quebrado, posándose de rodillas ante la petición, estaba suplicando por volver a ver a su hermana menor.
-Lo siento niña –habló Sia con cierta compresión en su voz, Kasumi se veía afligida y sus ojos estaban inundados en lágrimas –pero yo no puedo hacer algo así… yo no tengo el poder, ni la autorización de revelar el camino a los Ziellos…-
-Entonces si existe una manera –hable esperanzado por la frase dicha por la mujer.
-Lo siento muchacho, mis labios están sellados, solo puedo decirles que mi señora esta donde pertenece, y donde nadie la puede lastimar jamás… -esas fueron sus palabras antes de desaparecer poco a poco, su cuerpo se disipo despacio dejando un aura dorada donde antes estaba su presencia.
-¡Espere! ¡No se vaya! ¡Maldición! –grite al ver su partida, tomé mi brazo lastimado con fuerza para tratar de caminar hacia ella y poder detenerla pero fue inútil, cuando quise reaccionar Sia ya se había evaporado ante nuestros ojos –esto no puede estar pasando ¡Maldición! Era la única conexión que teníamos con ese loco –mis ánimos habían caído hasta el suelo -¿ahora como podre ir por Akane?-
-Por lo menos sabemos que hay una forma de ir por Akane –la voz de Ryoga me regreso a la realidad.
-¿Pero cómo saber si es verdad? Esa anciana pudo mentir… - habló Nabiki caminando despacio hacia el jardín para contemplar el cielo, tratando se serenar sus emociones -... Aun no proceso todo esto… ¿Akane una Diosa? Es mucho para mí –su semblante se veía confuso y triste, mientras sus ojos se posaban en el cielo.
-Ella no es una Diosa, ese tal Ziomaru esta confundiéndola… Eso es todo, y voy a encontrar la manera de traerla de regreso –no podía creerlo, no quería creerlo, ella era mi marimacho, la chica ruda y dulce a la que yo amaban.
-Cuenta conmigo Ranma.. - sentí en mi hombro la mano de Ryoga tratando de brindarme apoyo y solidaridad agradecí ese gesto, pues sabía que era sincero, yo conocía sus sentimientos hacia mi prometida, por lo cual su determinación se reflejaba en sus ojos.
-Abuela aquí está el libro que me pidió buscar… -escuché a Mousse hablar, la vieja Cologne y Xiampu seguían sin moverse y estaban profundamente indignadas por las revelaciones de aquel ser celestial.
-¡Oiga abuela! ¿Es cierto lo que Sia dijo de su tribu? –pregunte con asombro.
Cologne tomó el libro de manera brusca de las manos de Mousse, observándolo con detenimiento los escritos en la portada, hojeo un poco el interior de este para después posar su fría vista en mí.
-No creo, lo que ella a dicho… - esa fue su escueta respuesta –me niego a creer que mi clan diera sus comienzo de esa manera y aquí están las pruebas que lo avalan –con su arrugado dedo mostraba un pequeño párrafo de los manuscritos del enorme libro.
-La verdad yo sí creo en lo que Sia mencionó… -hable despreocupado, ante su dichoso escrito.
-¿Cómo puedes creer en ella y en nosotros no? –reclamo Xiampu con el rostro rojo a causa del enojo.
-El beso de la muerte…-dije –me lo diste a mí cuando fui a entrenar a china, y me buscaste hasta casi matarme, se lo diste a Akane y al poco tiempo apareció sin memoria… -mi voz sonaba irónica, recordándoles sus fechorías –ustedes son nefastas –
-¡Pero no somos capaces de asesinar a nadie! –decía Xiampu tratando de limpiar su mullida integridad de guerrera amazona.
-No lo sabemos… Aun –pude ver como ambas se ofuscaban ante mis palabras.
-Estas ofendiendo a mi tribu, a mi Nieta y a mi… Cuida tus palabras yerno, hemos venido aquí para ayudar, nos conoces y estas creyendo las palabras de alguien que no sabemos que intenciones tenga… bien, dijo que su señor la había mandado… ¿quién manda a su súbdito para curar a los heridos qué el mismo causó? No veo nada de sentido en esto… -
-La abuela tiene razón… - comentó Ryoga –todo esto es muy raro… Y no debemos confiar en ella, en esa tal Sia...-
-Algo me dice, aquí adentro –toque mi pecho –qué Sia habla con la verdad… Pero está bien, también creeré en Xiampu y su abuela –esas últimas palabras me costaba decirlas, no quería confiar en ellas pero no tenia opción.
-Haces lo correcto yerno… ahora díganme lo que saben –habló mientras se ponía cómoda en la estancia, tomando un lugar en la pequeña mesa junto a los otros integrantes de la familia.
-Esto será largo… -después de eso Nabiki comenzó a relatar toda la información que Sia nos había brindado hace unas horas, me aleje de ahí con mucho trabajo pues mi cuerpo aun no me respondía del todo, necesita ver el cielo estrellado, algunos relámpagos iluminaban ciertas zonas de aquel manto oscuro, quería que el cielo me hablara dándome algo que yo pudiera descifrar para correr tras ella.
-Akane, donde quiera que estés… iré por ti… -esa frase me llenaba de dolor y nostalgia.
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Ziomaru
Mis pensamientos estaban en lo ocurrido hace unos momentos, cuando la encontré mi mundo volvía a tener sentido, como hacía años no sentía, cuando mis ojos la ubicaron entre aquellas personas mis entrañas ardían en fuego vivo, recordando los momentos inolvidable qué pasamos juntos. Cuando la tuve entre mis brazos el aliento volvió a mi cuerpo, sentí esa calidez inundar mi corazón, la añoraba tanto, yo podría hacer cualquier cosa por ella… incluso baje a la Tera aunque esto me llevara a condenar mi vida.
Pero algo salió mal, se suponía que a sus veinte años la esencia de Surei debió de haber despertado por completo, ella no recordaba nada… o tal vez no quería hacerlo y eso me dolía, me frustraba en gran manera, en mi mente ese reencuentro lo había visualizado muy diferente, por momentos ella pareció aceptarlo, y sé que me recordó por unos instantes, su beso fue tan cálido, nuestros labios aun mantenían la memoria de los encuentros carnales que tuvimos.
Al escuchar de sus labios el nombre de ese humano perdí los estribos, sentí ira recorrer mi cuerpo, los celos me invadieron, el tono en su voz de preocupación, de amor hacia él me enfureció. Utilice mi espada en contra de él por intentar tocarla, por pensar que podía arrebatarla de mis brazos, herí a dos hombre, eso era algo imperdonable, se supone que la humanidad está bajo mi protección y yo mismo fui el que uso su poder en contra de ellos, yo fui su enemigo, mi gestión había sido cuestionable, mi tarea como Dios fallo rotundamente.
Necesitaba que Sia regresará pronto, prefería tener noticias de su propio boca, qué mirar por el balcón hacia la humanidad, no podía enfrentar mis propios actos y consecuencias. Me sentía avergonzado de utilizar mi espada sobre los mortales que debía de proteger.
Estaba tan impaciente, caminaba de un lugar a otro tomando mi rostro, despeinando mi cabello sabía que mis acciones me traerían consecuencias, pero lo peor era la actitud de ella. Mis ojos se paseaban por todo lo largo de esa habitación, contemplando las grandes ventanas y todos aquellos muebles tan ornamentados que adornaban el ambiente de esa estancia. Los grandes tronos lucían impecables en tonos dorados, los tapetes estaban relucientes pues todos en el palacio conocían la noticia de la llegada de la Reina de los Ziellos.
-Mi señor… -la voz de un sirviente llama mi atención, haciendo una reverencia a pocos metros de mi –mi señora sigue descansando, ya se encuentra instalada en sus aposentos, mi señor –
-Está bien… Retírate –este rápidamente asintió obedeciendo al instante regresando a sus actividades.
Ahora solo me restaba esperar, y sinceramente lo detestaba, ya había esperado por mucho tiempo, mi paciencia estaba al tope, mientras hacía uso de mi poco control mental, recordé las grandes travesías que tuve que pasar para poder llegar a ella, para poder encontrarla, Sia me había apoyado en todo aquello, exponiéndola al propio exilio e incluso a la muerte por Zoll, pero aun así me acompaño por lealtad, por ese amor maternal a su Reina y a mí.
Al final después de ver mi desesperación, e incluso mi poca estabilidad mental Zoll me guio a donde encontraría todas mis respuestas. Él era el Dios de todos los universos, el astro mayor, él lo sabía desde un principio pero no podía decírmelo ya que quebrantaría la estabilidad entre los mundos al brindarme información privilegiada.
Sus palabras aun retumbaban en mi mente.
"solo te lo diré una vez así que presta atención, Surei como Diosa murió al instante que su cuerpo tocó el plano terrestre, esa es una falta que no se perdona, por lo cual ella no reencarnara en un ser mítico, ni mágico, ella vivirá bajo las sombras de un ser ordinario, su esencia estará dormida en un humano, ella no despertara hasta cumplir veinte "
En ese momento en que mis pensamientos volaban el destello característico de Sia apareció frente a mí, haciendo por fin su esperada aparición.
-Por un momento creí que los humanos te habían retenido… Sia -
-Para nada mi señor, los humanos a pesar de estar preocupados y bastante enojados no fueron hostiles –la actitud de Sia era siempre tan pacifica, que se podía sentir paz al escucharla hablar.
-¿Hiciste lo que te pedí? –pregunté
-Por supuesto mi señor, solo que… hubo un pequeño problema –desvíe la mirada y arquee una de mis cejas esperando su respuesta –uno de los humanos qué usted hirió en su combate… murió, mi señor no pude hacer nada por él, fue demasiado tarde.
-¿Y el otro? –
-El otro joven…pude evitar que el veneno de Hasishi siguiera avanzando, solo que la recuperación será tardía, tal vez en un mes pueda usar la mitad de su cuerpo dañado –
-Está bien Sia… Te Llamaré después para que sigas informándome de todo lo ocurrido en la Tera… Tendré que infórmale a Zoll qué he quitado una vida humana, en lo que regreso estas a cargo del cuidado de Surei… no me defraudes -
-Jamás mi señor… -sin más explicación, ni recomendaciones salí de aquel lugar, conocía los alcances y la responsabilidad de Sia.
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Akane
Veo como la espada se adentra sin compasión en el cuerpo de Ranma, no miro brotar sangre pero la vida en sus ojos se extingue, el brillo en sus iris se pierde, al mismo tiempo el miedo se apodera de mí, el terror de no verlo jamás me lleva a pensar que; todo es por mi culpa.
-Ranma… ¿Ranma? ¡Despierta! ¡Ranmaaa! -
Y sin más despierto agitada, nerviosa, mi frente está cubierta por una tenue capa de sudor, es tanto el sobresalto que mi cuerpo se incorporó de la superficie acolchada, mi respiración es irregular, trato de serenarme y poner mis pensamientos en orden. En medio de una leve penumbra, visualizo el lugar en el que me encuentro, estoy sobre una cama, entre frescas y perfumadas sábanas, el delicado olor inunda mis fosas nasales, son cítricos y flores, estoy consciente que no es mi habitación, no es mi hogar, no es mi lugar.
-¿Dónde estoy?... –salgo de la cama desorientada, coloco mis pies en el frio piso, al sentir la temperatura en mi piel mis ojos ubican de inmediato la textura de este, me sorprendo al ver un hermoso y elegante suelo marmoleado en tonos blancos y marfiles, mi vista sigue delineando mis pies y veo detenidamente lo que llevo puesto, es una hermosa túnica en seda con ligeros detalles de encaje blanco, esta pulcramente anudada al frente.
-Oh no… no puede ser –musito para mí misma, mi mente comienza a atar la historia con mis visiones, el sueño qué creí tener realmente ocurrió, Ranma estaba herido, posiblemente muerto y yo me encontraba muy lejos de todos, no sabía con exactitud dónde me encontraba. Enfoque mi atención en lo que me rodeaba en ese momento, en los detalles y obviamente pude reconocer el lugar, lo había visto en muchas ocasiones en mis sueños, esta habitación, esta cama, cada mueble era exactamente el mismo, era la habitación de ellos dos… -Surei… -ese nombre vino a mi mente, todo era real, tan real como qué Ranma fue herido con la espada de un Dios y… Ryu… Ryu también había sido perjudicado por las acciones de un Dios.
Camine deprisa hasta los amplios ventanales y abrí los cristales de golpe, el paisaje era sublime, los matices quitaban el aliento, la combinación de colores era hermoso, la gama natural lucia exquisita para cualquier ojo humano que tuviera el privilegio de ver aquello, camine uno cuantos pasos saliendo a la enorme plataforma, el aire puro lleno mis pulmones, seguí caminando despacio hasta alcanzar el borde de aquel lugar, al estar parada sobre el nivel los recuerdos aparecieron de nuevo en mi mente agolpándose en mi mullida integridad, este era el lugar donde "Ella" acabo con su vida. De mis orbes brotaron lágrimas qué me esforzaba al máximo para no dejar salir, los malditos recuerdos llegaron a mi cabeza como agujas, sangrantes y dolorosas.
Las palabras desesperadas de Ziomaru al momento de la tragedia daban vueltas en mi cabeza, podía experimentar el calvario que expresaba en su tono de voz, los llantos incesantes de los bebes qué habían arrastrado a Surei a lanzarse al vacío me martirizaba, coloque las manos sobre mis oídos para ya no escucharlo pero los lamentos traspasaban mi piel y carne, los sonidos eran tan nítidos que mi estabilidad flaqueo.
-¡Ya para! ¡Por favor! ¡Ya no más! –mis peticiones eran hacia alguien imaginario que solo existía dentro de mí, mis lamentos eran agonizantes, me desplome en el piso sollozando, cubriendo mis oídos, tomándolos con desesperación, sentía como mi boca jadeaba ante la desesperación de la traición de mi mente. Estaba recostada en la plataforma echa un ovillo, cuando inesperadamente el cálido tacto sobre mis hombros llamó mi atención.
-Mi señora… tranquila, no reprima el dolor de su corazón, deje qué salga… créame eso la hará sentir mejor -mire a la mujer mayor que me observaba apenada, pero que con aquellas palabras trataba de ayudarme, no sé por qué, pero seguí su consejo, despacio despegue las manos de mi cabeza, dejándolas reposar a mis costados, rosando ligeramente el suelo, cerré mis parpados con fuerza, dándole rienda suelta a mis emociones… afloraron de manera espontánea, fluyendo cual hoja, siendo llevada de manera armoniosa en la corriente de un riachuelo.
Me abrazó maternalmente, rodeo con sus brazos mi cuerpo, sintiéndome acompañada en aquella habitación tan grande, necesitaba que alguien me alentara y me dijera una y otra vez que todo estaría bien.
-Shhhh… ya, ya… todo mejorará, ya está en casa… -la escuchaba sin parar de llorar por bastante tiempo, tenía que desahogar un poco mi atribulado pecho, el líquido salino se secó en mis mejillas, ni siquiera me tomé la molestia de limpiarlo, solo resbalaban por mi rostro. No me percate del momento en el que deje de sollozar, estaba tan agotada de la catarsis que tuve, que mis ojos estaban fijos en un punto distante, recordando la felicidad que experimente en estas cuatro paredes, comparando de inmediato lo feliz que era en el Dojo, a pesar de todos los malos entendidos que ocurrían en Nerima, y a mi mente llegaban imágenes a manera de flashazos de los rostros de Ranma, Ziomaru, el olor característico de la madera del Dojo, los verdes prados de los diferentes paraísos que inundaban los Ziellos… mi compromiso con Ranma y mi… futuro e inexistente matrimonio con él. Unas cuantas lágrimas más salieron de mis ojos, no podría manejar estas dos situaciones, no era tan fuerte y jamás lo sería.
-¿Mucho mejor? –asentí ante su pregunta, mientras disfrutaba de sus caricias sobre mis cabellos –me alegra… será mejor que entremos, yo le sugiero qué no salga por el momento, no hasta que esté lista –me puse en pie alisando la ligera túnica que llevaba puesta, camine despacio dejándome guiar por la gentil anciana.
-Gracias… -mire el rostro de la mujer frente a mí, dándole una sonrisa sincera. Me senté al borde de la cama, palpando la suavidad de las diferentes texturas sobre esta, mis ojos se paseaban por los decorados pilares que sostenían las telas traslucidas que enmarcaban el lecho matrimonial, una característica escena de mis sueños llego de súbito a mi cerebro haciéndome sonrojar de forma furiosa, preferí bajar la cabeza y mirar el suelo por unos minutos –yo… yo… no sé cómo agradecerle sus atenciones, me siento apenada.
-Mi señora... no tiene por qué decirlo y usted no se imagina lo feliz que me siento al tenerla de vuelta… -no dije nada, solo la mire a los ojos y una que otra lágrima broto sin permiso.
Nos observamos una a la otra cuando el sonido de la puerta al abrirse nos sorprendió ligeramente, dándole paso a un cuerpo masculino, que por mis sueños me era bastante familiar.
-Sia… déjame a solas con Surei –me tense con el solo hecho d escuchar su varonil voz, tan ronca y gutural que me hacía estremecer, erguí mi cuerpo rápido levantándolo de mi cómoda posición, giré mi cuerpo en su totalidad hacia la puerta, para verle mejor, su semblante era tan serio, sus ojos tenían esa profundidad, en la que te perderías por horas descifrando cada una de las astillas doradas de sus ojos, su porte gallardo tan único.
-Si, mi señor… Con permiso, mi señora –observe como el pequeño cuerpo de Sia se marchaba despacio de la alcoba, los nervios se apoderaron de mí instantáneamente, trague en seco y solo rogaba a todas las deidades existentes qué sé mantuviera lo más distante de mí.
Una vez fuera la anciana, Ziomaru cerró la puerta, mi cuerpo no se movía estaba paralizado ante las sensaciones que experimentaba, las ordenes que mi cerebro emitía eran ignoradas abismalmente.
-Tenemos mucho que hablar, mucho qué explicar y comenzaré por una pregunta ¿Quién es el humano…? –su semblante era serio, frio y hasta calculador. No había nada de expresión en su rostro, solo una extraña mueca con la que trataba de disimular sus celos.
¿Qué podía decir? ¿Cómo manejar esta situación, lo mejor posible? estaba asustada, confundida… solo pedía qué las cosas no se complicaran más.
-Espero tu respuesta… -esa voz dirigiéndose a mí, mis manos eran un atentico manojo de nervios, me tomaba de ellas, jugando con mis dedos, contemplándolas como si fueran lo más interesante del mundo, no podía sostener la mirada en sus ojos, estaba avergonzada, con la cabeza inclinada descuidando los movimientos del ser frente a mí, apenas y soy consciente de lo sigiloso de sus pasos.
-Yo… yo…- estoy tan distraída por su presencia que ni siquiera puedo articular una contestación coherente.
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Espero que este capítulo sea de su agrado y no los confunda, hay sierto terminos qué serán estraños pero por eso les pondré un pequeño glosario aquí abajo. ⬇️
Zoll - sol
Zollariim - sería como el sistema solar.
Tera - Tierra
Lumna - luna
Ziorum - pluton
Zielo - cielo
Con forme la historia avanse más nombre saldrán y yo les pondré el glosario.
Quiero agrádeser a todas esas personitas qué sé toman su tiempo en leerme, no saben lo mucho que lo agradezco, en estos tiempos difíciles para muchos escribir y leer estas locas historias son un respiro, una pequeña distrasaion para dejar la imaginación volar….
También quiero agradecer a mi super y mega amiga/Beta , sip! Ya la considero mi amiga, por ayudarme estos capitulos, ella también tiene mucho que ver que esta historia tenga su sabor y todo, Jaly eres suuuper!
I love you tu yoyo hahahaha!
También quiero hacerles una recomendación, pasen a leer el fic llamado Dioses guardianes, va en su primer capítulo, pero promete ponerse cada vez mejor, pásenle qué aquí hay para llevar!
Mil besos a: A. Redfox, GabyCo, Benani0125, felicius,Guest 1,LlekBM, Guest2,Clarissaleggs, Ranma84, Andy-Saotome-Tendo, Lu-chan87, Saritanimelove, Guest 3,flinchan, Mariconchita, cameronB., Azul princess y a Guest 4.
Gracias de corazón!
Una vez más mil disculpas por los errores que pueden llegar ver, esas malditas se esconden y hacen aparición cuando menos lo piensen.
Pronto estará el siguiente capítulo de
Después de ti, después de todo.
Prometo muchas cosas super buenas, desde una cita al ginecólogo hasta la llegada de siertas amazonas queriendo hacer justicia…
Chaooo!
