Capitulo XXIV
Complejo de investigación Calibur, Londres, Inglaterra, en la Tierra
Julio 8 del 2085
La sala MAGNUM se reservaba únicamente para las reuniones del alto consejo de HEDM, no solo por su elegancia y su buen equipamiento (que incluía una mesa con proyectores holográficos de la más alta calidad y paneles de control en el espacio de cada miembro, y una sofisticada máquina de café, adquirida por orden del señor Yokoshima), sino también porque ésta se ubicaba en la parte más baja del complejo de investigación, el acceso estaba restringido, la red independiente evitaba todo tipo de invasión y además tenía la posibilidad de convertirse en un bunquer anti bombas que podía sellarse y proveer a sus ocupantes un soporte vital extensible hasta por un mes. Todo lo necesario para la comodidad y protección de las doce personas más importantes de la agencia.
Los doce miembros se encontraban ya reunidos en la mesa:
Takuma Hyuga, general japonés, jefe superior de la división militar.
Harry Doson, jefe de operaciones de HEDM en Estados Unidos.
Laura Fornes, Jefa del departamento de investigación y desarrollo tecnológico en Madrid, España.
Alice Graham, jefa de operaciones de HEDM en Inglaterra y gran parte de Europa.
Ricardo Díaz, jefe de operaciones de HEDM en la alianza Latinoamericana.
James Watson, ingeniero y doctor en física teórica empleado por HEDM.
Asuna Hatake, jefa de investigaciones en Japón.
Mia Wilson, jefa del departamento de desarrollo armamentista en América.
Annette Davoine, investigadora de los digimons, principal impulsadora de las investigaciones taxonómicas de las especies digimons.
Akira Yokoshima, director general de industrias Ipkiss.
Charles Resse, actual director general de HEDM.
Y finalmente, Owen Higuchi, descendiente de Raye Higuchi.
Los doce miembros permanecían en silencio, mirándose unos a otros con curiosidad y con desdén, pero sin decir palabra alguna.
-Bueno –tomó la palabra Hyuga manipulando el panel de control frente a él para que varias imágenes comenzaran a proyectarse en el centro de la mesa-. Como ya ustedes saben, desde el pasado mes de abril del presente año hemos estado combatiendo con cierta amenaza; un enemigo que se presentó ante nosotros como el Emperador de los digimons el día 29 de abril en un pequeño poblado en el continente Sarvar. En ese momento se tomó la decisión de que el equipo especial establecido por el director Resse y sus colaboradores, los llamados "niños elegidos", se encargaran del problema.
-Fueron amenazados directamente por el Emperador, ¿o me equivoco? –preguntó Ricardo Díaz, un hombre menudo, moreno, de bigote salpicado de canas y cuya calvicie avanzaba por el frente de su rostro.
-Correcto –informó Hyuga, destacando una de las imágenes; la de un encapuchado que, sin duda, era el Emperador-, en su momento esta acción nos desconcertó, luego comprendimos que la razón de aquella amenaza, era que el entonces desconocido Emperador de los digimons, en realidad pertenecía al grupo especial de los niños elegidos –junto a la imagen del encapuchado apareció la fotografía de un sonriente chico pelirrojo.
-Davis Motomiya –dijo Charles apoyando los codos sobre la mesa.
-Se desenmascaró el 25 de junio, mismo día en que venció al equipo de los niños elegidos, le disparó a uno de sus excompañeros, y secuestró al espécimen Z-73, el digimon catalogado como la más peligrosa arma actualmente conocida. Un verdadero peligro…
-Ulteriores investigaciones llevadas a cabo en persona por el señor Gennai muestran que posiblemente el chico se encuentre bajo una influencia que altera su comportamiento–interrumpió Charles en ese momento.
-¿Influencia que altera su comportamiento? –dijo con tono burlón Harry Doson, un hombre al menos diez años más joven que Charles, de cabello rubio y tez blanca. Charles le dirigió una mirada gélida que hizo temblar al hombre.
-Con el debido respeto director Resse –intervino Laura Fornes, ajustándose los lentes y apartándose un mechón del alborotado cabello castaño y rizado de la cara-, ¿habla usted de alguna especie de control mental?…eso es algo bastante fuera de lugar, ¿no le parece?
-Lo es la expresión "control mental", pero en ningún momento fue lo que dije-aclaró el hombre-, en realidad estamos hablando de un desajuste bioquímico en el funcionamiento neurológico del cerebro del chico. Eso suena más científico, ¿no? –dijo volteando a ver a Annette Duvoa, la mayor experta en la materia de aquellos ahí reunidos. La mujer rubia, delgada y de finas facciones sonrió a medias desviando su mirada que mostraba aburrimiento o desinterés.
-Podrá ser el caso –admitió Hyuga para retomar el control de la conversación-, pero no es el asunto que nos tiene aquí en estos momentos –el general se puso de pie tras destacar un par de imágenes más, las cuales en realidad eran videos de tomas aéreas de lo que parecía ser una brusca contienda-. Tras la derrota de los niños elegidos y el secuestro del Z-73, se volvió a confiar en los niños elegidos para capturar al emperador, pero fracasaron, el pueblo de Arcenant, lugar de la contienda, sigue en labores de restauración –sentenció el hombre, haciendo una pausa y respirando profundamente-. Después de eso, y dadas las implicaciones personales del grupo de los niños elegidos con el objetivo, emití la orden de suspensión contra los miembros del grupo especial, y ordené que se mantuvieran al margen del caso del Emperador.
-Lo sabemos –dijo James Watson, con vos tan tranquila, que casi parecía carecer de toda emoción-, dimos nuestro respaldo a esa decisión, al menos la mayoría-, dijo volteando a ver a Alice Graham, una mujer pelirroja que al sentir la mirada del hombre le dirigió una sonrisa intimidante al tiempo que tronaba sonoramente los nudillos de su mano derecha.
-Bueno, pues luego de esa orden tan clara, el día 6 de julio, el grupo entero se insubordinó, burlaron sus vigilancias, se infiltraron en Norman city y robaron equipo de asalto además de un vehículo prototipo de alta tecnología en el cual la agencia entera había estado invirtiendo mucho trabajo y recursos.
-¿Cómo dice? –preguntó Asuna Hatake, de todo el grupo, la más joven integrante, debía tener por lo mucho 29 años.
-¿Un grupo de niños…robaron el halcón? –preguntó Mia Wilson, perdiendo el aire estoico de militar que había mantenido durante toda la reunión.
-Su ubicación actual es desconocida, pero no cuesta creer que hayan ido en búsqueda del Emperador, quizá para enfrentarlo…o peor aún, tal vez para unirse con él.
-¿Crees acaso que los miembros de mi escuadrón especial tienen esa clase de intenciones? –preguntó Charles con visible enfado.
-Bueno, quizá todos estén bajo el mismo control mental, ¿no? –dijo en forma de burla.
-A todo esto –interrumpió el señor Díaz lo que parecía que se convertiría en una pelea (y no sería la primera entre esos dos miembros del alto consejo)-, no veo por qué la necesidad de una reunión especial del consejo. General Hyuga, cuando se acordó suspender a los niños elegidos del director Resse, se acordó también que usted se encargaría de todas las cuestiones referentes al caso. Creo que habló por todos al decir que agradecemos que nos mantenga informados de los sucesos actuales con respecto a esta grave crisis, pero no entiendo para que reunirnos cuando bien pudo mandar un memorándum con todos los detalles.
-En realidad, pienso lo mismo, y la verdad, es que yo no convoqué a esta reunión, sino que lo hizo el director Resse –dijo Hyuga con satisfacción. A Charles no le costó darse cuenta de que todo aquel relato solo era una forma de ponerlo contra las cuerdas, de hacerlo ver mal, y ahora era el momento de coronar su largo discurso-. Yo estaba a punto de movilizar a mis hombres para encontrar a los fugitivos, cuando el director Resse convocó a esta reunión, en una obvia táctica para ganar tiempo seguramente esperando tener noticias de sus subordinados antes de que se llevara a cabo esta reunión, y me atrevo a decir que no ha recibido noticia alguna, ¿o me equivoco, director Resse? –Charles miraba desde su asiento a Hyuga, quien sonreía socarronamente.
No era el único miembro del alto consejo que deseaba la destitución del hombre, aunque tampoco era que el no tuviera aliados.
Charles miró con discreción al señor Yokoshima, quien asintió con una leve sonrisa en el rostro.
-Ya no le des más rodeos Charlie, solo diles por que los convocamos hoy –dijo con su voz áspera el anciano, aumentando la intriga de los presentes.
Charles asintió, se retiró los lentes y se puso de pie.
-Los miembros del grupo especial niños elegidos no actuaron por su cuenta, recibieron órdenes mías.
"Las ordenes de Charles"
Base Militar No. 6, en Sarvar, en el digimundo.
Julio 15 del 2085
En la lúgubre oficina se encontraba el general Hyuga, sentado frente a un gran escritorio, reclinado en su silla y mirando en el otro extremo de la habitación, pegado a la pared junto a la puerta, a un joven de complexión menuda, encorvado frente a una laptop revisando algunas grabaciones en esta y haciendo anotaciones en unos expedientes sobre la mesa. A su lado, el agente Mori y la agente Noguchi revisaban otros expedientes similares a los que el joven en la computadora leía y sobre los que escribía anotaciones.
El militar extendió su mano, tomó de encima del escritorio una caja de madera, la abrió para sacar de ella un puro que puso en su boca para después tomar el cortapuros y el encendedor del escritorio. Giró su silla mientras cortaba y encendía el puro, y luego clavó su vista en el mapa detrás de él, girando por completo su silla. Se trataba de un mapa del continente Sarvar, el cual se podía notar, por el desgaste del papel en que estaba impreso y la decoloración de la tinta, además del hecho de mostrar lo que se consideraba el continente "en su estado salvaje", era un mapa bastante viejo.
La oficina había pertenecido al general Hank Foreman, quien había colgado el mapa en la pared, y según dicen, todos los días lo contemplaba largos periodos de tiempo, para luego apartar la vista y ordenar un ataque o un desplazamiento de sus fuerzas militares, sometiendo con total uso de la brutalidad a los digimons que estuvieran cerca. Además del mapa, otro objeto personal del fallecido general, y predecesor del estoico militar que fumaba reclinado en la silla, era una vieja fotografía enmarcada que permanecía sobre el escritorio, en la cual se podían ver al general acompañado de otros dos hombres: uno moreno, mexicano, el coronel García, y el otro japonés, el general Yokoshima.
Hyuga exhaló una gran bocanada de humo al momento que se levantaba de su silla, alertando a Noguchi y a Mori, quienes dejaron los expedientes que revisaban sobre la mesa. El general caminó para acercarse al joven que tecleaba sobre la laptop. Al sentirlo detrás de él, el joven se puso nervioso y detuvo su labor para voltearse y mirarlo.
-¿Y bien? –preguntó con voz áspera. El joven tragó saliva algo temeroso, sabiendo que no podía darle las noticias que el general esperaba escuchar.
-El… las…las… -trataba de decir con nerviosismo.
-Nada –dijo la agente Noguchi, con tono de fastidio y mientras se masajeaba el cuello-, las versiones de todos concuerdan, no hay un solo cabo suelto.
-Eso no es posible –dijo el general con fastidio.
-Véalo usted mismo –le respondió con calma y algo de cansancio en la voz el agente Mori, ganándose una mirada de enfado de parte del general Hyuga y una de sorpresa de la agente Noguchi.
Acto seguido el agente le dio un golpecito en el hombro al joven sentado frente a la laptop indicándole que se pusiera de pie. El chico lo hizo dejando el espacio libre para el general quien se sentó en la silla mirando la computadora con fastidio mientras que el agente Mori reproducía una de las grabaciones que habían estado revisando todo el día.
La pantalla mostró una habitación bien iluminada, en la que había una mesa de metal sobre la cual descansaban las manos esposadas de un chico de cabellera castaña alborotada, quien miraba a la cámara de forma retadora. En la esquina superior izquierda de la pantalla, además, aparecía la leyenda "Sujeto-009-Kamiya Taichi"
-Por favor, diga su nombre –pidió una voz que provenía de la computadora, y el chico bufó con fastidio antes de contestar.
-Taichi Kamiya.
Sujeto-009-Kamiya Taichi
-Dígame joven Kamiya, ¿sabe por qué esta aquí? –preguntó el agente que dirigía el interrogatorio, un hombre de unos cuarenta años, vestido con un traje formal y no con el atuendo militar, lo que para Taichi significaba alguna especie de táctica para ganarse la confianza de él y sus compañeros. El chico sonrió ligeramente mientras dejaba de ver al hombre y volvía a ver directo a la lente de la cámara de video que grababa el interrogatorio.
-Por desobedecer la orden directa del general Hyuga de permanecer en estado inactivo hasta solucionar el problema del llamado Emperador de los digimons -respondió sin titubeos.
-No pareces muy arrepentido de tus actos –dijo el interrogador sonriendo con tranquilidad mientras jugaba con el bolígrafo que usaría para escribir las respuestas del chico en las hojas que tenía sobre la mesa.
-¿Debería? –dijo Taichi un tanto a la defensiva. El interrogador dejó salir una pequeña risa mientras miraba de nuevo las hojas en la mesa.
-Dime, ¿Dónde estabas el seis de junio del presente año?
Sujeto-001-Akiyama Ryo
-Como a mediodía, subiendo al bote de pesca de mi tío Tadashi. A las tres nos deshicimos de los guardias que el general Hyuga dispuso para vigilarnos, y más o menos como a las cinco nos encontramos con Juri Katou, su compañero Leomon y Eva Gonzales en un bosque de Sarvar a unos kilómetros de la base militar número 2, desde donde partimos en un viejo pero funcional helicóptero que nos llevó a la planta eléctrica a las afueras de norman city, ahí nos encontramos con el resto de nuestros compañeros –respondió el chico recargado en el respaldo de la silla donde estaba sentado mirando al techo.
-Tienes una muy buena memoria de los sucesos de ese día –dijo el agente con tono de asombro el cual Ryo considero fingido y burlón.
-Repasamos muchas veces la estrategia para evitar errores, claro que lo recuerdo bien –dijo Ryo con arrogancia. El agente sonrió mientras escribía la respuesta de Ryo.
Sujeto-010-Katou Juri
-¿Cómo escapaste del hospital?
-Eva me ayudo, desactivó las cámaras de seguridad el tiempo suficiente para que saliera de mi habitación sin ser vista y robó un uniforme para que pasara desapercibida.
-Entiendo –dijo el agente mientras escribía-. Según el registro, tu alta fue firmada una semana antes, pero dijiste que preferías guardar reposo en el hospital para no tener que ir a casa por un supuesto conflicto personal con tu padre, ¿es correcto suponer que era una mentira para quedarte en el hospital de donde era más sencillo extraerte para unirte a tus compañeros? – Juri miró con seriedad al agente.
-No –dijo con calma.
-¿No? –repitió el agente desconcertado, pero antes de decir algo más Juri prosiguió.
-En efecto, consideramos mucho más sencillo que me uniera a los demás si escapaba del hospital donde la vigilancia sería menor y ayudada por Eva a quien no tomarían en cuenta en ese momento, por eso me quede ahí –explicó con rapidez para luego hacer una pequeña pausa y suspirar cancinamente-, pero no mentía cuando hable sobre los problemas personales con mi padre –explicó.
El agente asintió mientras escribía.
-La orden para liberar a Leomon… -retomó la palabra el hombre.
Sujeto-002-Gonzales Orama Eva
-Falsa –dijo la chica de ascendencia latina-, conozco el protocolo, fue fácil fingir sin levantar sospechas, y la orden en verdad parecía real, podía engañar hasta a un experto.
-Por supuesto, así fue –dijo el agente mientras revisaba sus anotaciones anteriores-, ¿y cómo es que lograron entrar en el sistema?
-Joe Kido e Izzy Izumi –respondió Eva sin titubeos-, son unos genios.
-Ya lo creo.
Sujeto-011-Kido Joe
-¿Cómo violaron la seguridad de HEDM en el edificio? –preguntó el agente.
-Izzy y yo ayudamos a diseñar el sistema de seguridad de las computadoras y de todo el edificio, sabíamos muy bien como burlarlo –respondió Joe.
-Comprendo, y esos chicos que dejaron ahí para suplantarlos… -dijo el guardia dejando la pregunta al aire.
Sujeto-008-Izumi Izzy
-Un par de vagos a los cuales conocimos por casualidad en un torneo de Halo…un videojuego viejito –comenzó a explicar Izzy-. Los contactamos, les explicamos que queríamos que hicieran y accedieron diciendo que su padre podía sacarlos del problema sin dificultad, al parecer el hombre tiene cierta influencia en la política del país.
-Y que lo digas –dijo el agente-, cooperaron con nosotros en todo y no teníamos razones justificables para retenerlos más tiempo, fue una buena jugada no darles más información que la que les convenía a ustedes y que podían cambiar por un trato con las autoridades.
-No improvisamos nada, todo lo teníamos calculado –afirmó Izzy.
Sujeto-021-Wong Suzie
-Después de que escaparon de su escolta en el centro comercial, ¿Cómo hicieron para cruzar al digimundo? –preguntó el agente mirando fijamente a la niña frente a él.
-Nos reunimos con Izzy y Joe en el edificio de HEDM, entramos por el estacionamiento y bajamos al nivel subterraneo donde ellos habían activado un viejo portal.
-Correcto, y ahí se encontrarían también con Cody Hida y su compañero, ¿cierto? –dijo el agente en un tono que solo con la niña había utilizado durante los interrogatorios.
-Cierto, también ahí estaban Takato, Kenta y Hirokazu –agregó la niña.
Sujeto-013-Matsuda Takato
-Supuestamente ustedes debían estar en un autobús rumbo a la residencia de tus padres en Fukushima, ¿no es así?
-Exactamente –dijo Takato con tranquilidad.
-Pero jamás llegaron a la estación en Fukushima.
-No, si lo hicimos –afirmó Takato-. Compramos los boletos, abordamos el autobús y dejamos que avanzara un par de kilómetros, luego pedimos que nos dejaran bajar y regresamos a Odaiba para reunirnos con los demás en el edificio de HEDM –el agente asintió mientras escribía.
-Varados en las afueras de la ciudad ¿Cómo hicieron para regresar? –preguntó al terminar de escribir.
- ¿Alguna vez ha escuchado hablar de Uber? –respondió Takato y el agente sonrió con fastidio.
Sujeto-012-Kitagawa Kenta
-Cruzamos el portal en el edificio de HEDM, llegamos a un pueblo pequeño, ahí tomamos un vehículo para desplazarnos hasta la vieja planta eléctrica a las afueras de norman city –explicó Kenta sin poder evitar tratar de hacer ademanes con las manos que seguían esposadas a la mesa.
-Tomaron un vehículo… querrás decir que lo robaron.
Sujeto-016-Shiota Hirokazu
-Am…si, técnicamente –dijo Hirokazu algo apenado por la acusación.
El agente asintió hojeando sus anotaciones.
-Y mientras ustedes estaban haciendo eso, otros de sus compañeros estaban en norman city fingiendo solo ir de visita, ¿exactamente cuál era el motivo para eso?
Sujeto-07-Ishida Yamato
-Teníamos que robar unas tarjetas de acceso para poder entrar a los hangares subterráneos de industrias Ipkiss, dos para ser exactos, las conseguiríamos y nos pondríamos en marcha luego de recibir la señal que indicaría que Takato y los demás ya habían conseguido acceso a las redes de comunicación de la ciudad –explicó el rubio.
-¿Y esas tarjetas como las consiguieron?
Sujeto-017-Tachikawa Mimi
-Una la conseguiría Rika, de la otra me encargue yo con la ayuda de Tai, la conseguimos de un tipo bastante idiota llamado Reki –explicó Mimi mientras el agente revisaba sus anotaciones encontrando justo ese nombre escrito en el reporte de la infiltración en el complejo de industrias Ipkiss.
-Vaya, en realidad es sorprendente la manera en que se organizaron para que todo coincidiera, me refiero al tiempo. ¿Cómo hicieron para estar tan bien organizados? Me imagino que debió ser complicado con tanta vigilancia en la mansión, ¿Cómo burlaron esa parte?
Sujeto-020-Wong Henri
-Notas –dijo Henri con sencillez-, nadie conoce la mansión como nosotros, aprovechamos esa ventaja, podían estarnos vigilando, pero no podían estar en todo, libros en la biblioteca y en las salas de estar, la cocina, los salones de clases, la lavandería, la enfermería, el comedor, el baño debajo de las escaleras en la planta baja, ¿sabe cuántos lugares hay para esconder una pequeña nota de papel? arreglamos prácticamente todo sin la necesidad de juntar a todo el grupo, así no levantamos sospechas.
-Claro –dijo el hombre escribiendo cada palabra que Henri acababa de decir.
Sujeto-004-Hida Cody
-Robaron después un vehículo prototipo llamado "Halcón", y para cubrir su escape destruyeron el otro vehículo prototipo del mismo nombre.
-Era necesario crear una distracción –se justificó Cody con sencillez, recargado sobre sus brazos en la mesa. El agente sonrió.
-Claro, era necesario –Cody sonrió alegre.
Sujeto-003-Hanagata Kouta
-Ahora que llegamos a esto, hay algo que no entiendo… ¿Cómo sabían de la existencia del halcón?
-Takato –respondió Kouta con sencillez-, él tenía la información.
-Igual como poseía información sobre la ciudad.
Sujeto-019-Takenouchi Sora
-Sí, él tenía toda la información necesaria, para entrar a la ciudad, para llegar a industrias Ipkiss, para entrar en los hangares y para invadir las redes de comunicación –explicó Sora.
-¿Cómo es posible todo eso?
Sujeto-015-Nonaka Rika
-Su padre, antes trabajaba para industrias Ipkiss –respondió la chica.
-¿Él le dio la información?
-No, Takato la robó invadiendo su computadora personal y buscando en sus viejos archivos, dudo que su padre supiera algo de todo esto.
-Comprendo.
Sujeto-005-Ichijouji Ken
-Con el Halcón ya en su poder, ¿Qué fue lo que hicieron?
-Fuimos por Davis, rastreamos su castillo flotante, lo confrontamos y derribamos el castillo.
-¿Lograron derribar el castillo? –preguntó con sorpresa el hombre revisando sus anotaciones-, ¿esto fue antes o después de la pelea en el desierto?
-Antes –respondió Ken con seriedad-, Davis se desplazó al desierto luego de que su intento de usar a MetalGreymon se viera frustrado.
-Bien.
Sujeto-006-Inoune Yolei
-Y entonces decidieron ir tras el emperador…
-Davis –lo interrumpió la chica de lentes. El agente levantó la vista de sus documentos para mirar a la joven-, se llama Davis.
-Correcto –concedió el hombre-, fueron por Davis, al desierto… ¿pero cómo sabían que estaría ahí?
Sujeto-018-Takaishi Takeru
-Su compañero, Veemon, nos dijo que si perdía el castillo, su siguiente movimiento sería sin duda ir al desierto Arkam, así que nos movimos ahí para esperarlo, emboscarlo y vencerlo.
-¿Y confiaron en las palabras de un aliado de su enemigo por qué…? –preguntó con tono escéptico y burlón para el gusto de T.K.
-No teníamos nada que perder.
Sujeto-022-Yagami Hikari
La joven castaña miraba hacia el vidrio de doble vista que ocupaba una pared completa de la habitación. Sabía que la vigilaban, sabía que a todos sus compañeros los habían estado vigilando, y sin importar la fastidiosa introducción del agente en la que le explicaba como varios de sus compañeros la habían entregado a ella para salvarse ellos, Hikari sabía exactamente lo que debía hacer, y así lo había hecho.
-Muy bien –dijo el agente mientras terminaba de escribir las últimas respuestas de la joven castaña-, combatieron con el Empera…perdón, con Davis, en el desierto, y lo vencieron, ¿algún detalle específico sobre la pelea que quiera agregar? –preguntó y Hikari lo miró fijamente. Por un segundo se sitió nerviosa, pero debía guardar la compostura. No solo ella, sino todos, dependían de eso.
-¿Además de un barco surcando el desierto? –Dijo con cierto tono de broma, pero el agente permaneció serio-, no ninguno.
-¿Segura? –Insistió el hombre.
-Por completo –sentenció la castaña. El agente miró sus notas, leyendo algunas de estas y mirando de reojo a la chica hasta que finalmente las dejó de lado.
-Correcto –dijo con un tono que comenzaba a fastidiar a la castaña-. Lo vencieron, y luego lo llevaron a este refugio de los desterrados –Hikari asintió.
-Sí, ahí lo ayudaron, el…estaba bajo el efecto de una espora, como ya le dije.
-La semilla del mal, si, si –intervino el hombre.
-¿No me cree verdad? –dijo Hikari sonriendo con desgano.
-Al contrario, una espora que causa desajustes neuroquímicos, una especie de intoxicación que altera la conducta y personalidad de la persona expuesta, en realidad es bastante factible –dijo revisando un breve artículo escrito por la doctora Davoine que tenía entre sus papeles, para después guardar silencio.
-¿Cómo está? –preguntó Hikari presa de la curiosidad.
-¿Davis? Esta bastante bien. Su cuerpo si muestra señales de intoxicación, por lo que su historia sobre la espora está… está bien respaldada. Además, Gennai y Jijimon los apoyan, dicen que ellos fueron quienes elaboraron el antídoto.
-Así fue, ya se lo dije.
-Sí, ya lo hiciste –asintió el hombre-. Lo hiciste, junto con el resto de tu confesión, y aun así luces muy tranquila.
Hikari frunció el entrecejo, miró nuevamente por el vidrio de doble vista y luego, inclinándose hacia adelante miró al agente con cara confundida.
-¿Confesión?
Sujeto-009-Kamiya Taichi
-Nosotros hicimos un trabajo –dijo Tai con expresión de incredulidad.
-¿Un trabajo? ¿Para quién?
-Para industrias Yokoshima, para HEDM –dijo como si estuviera diciendo algo obvio.
Sujeto-07-Ishida Yamato
-Se nos ordenó, en estricta confidencialidad, entrar a Industrias Ipkiss, burlar sus sistemas de seguridad y robar justamente el halcón.
Sujeto-001-Akiyama Ryo
-¿Cómo lo haríamos?, nosotros resolveríamos eso, ¿a quién recurriríamos por ayuda?, nosotros tomaríamos la decisión. Pero no podíamos pedir ayuda a nuestros superiores de HEDM, o reclutar grandes grupos de agentes o militares.
Sujeto-015-Nonaka Rika
-Todos en la mansión sabían sobre mi relación con Aizen y que él me había invitado a la celebración de la ciudad, de inmediato pensamos que podíamos usar eso para empezar a trazar el plan.
Sujeto-013-Matsuda Takato
-Nadie sabía que mi padre había trabajado para industrias Ipkiss, cuando salió de ahí pidió en persona al señor Yokoshima que se ocultara esa información para que tuviéramos una vida enteramente normal, pero cuando nos hablaron sobre la misión especial y sus condiciones, de inmediato pensé que eso podía ayudar.
Sujeto-005-Ichijouji Ken
-Nos dieron una orden, con carácter de oficial y máximo secreto, no nos dieron limites, y dijeron que toda dificultad la viéramos como un reto a resolver.
Sujeto-003-Hanagata Kouta
-Claro, en mis años de desertor me hice de varios conocidos y por supuesto que sigo en contacto con varios de ellos, se le llama tener informantes. Las reglas de la misión decían que no podíamos recurrir a HEDM, pero que si podíamos recurrir a conocidos y amistades, así fue como pensé, Eva también podría ayudarnos.
Sujeto-002-Gonzales Orama Eva
-Kouta me contacto, me dijo que tenían una misión, que debía ayudarles a sacar a Juri del hospital y a Leomon de custodia, burlando la seguridad de HEDM.
-¿Y por qué debían hacer eso? –preguntó el agente.
-Para llevar a cabo un golpe más grande.
Sujeto-022-Yagami Hikari
-El señor Yokoshima quería probar que tan eficiente era su sistema de seguridad, y nosotros, un equipo de elite altamente entrenado, estábamos en ese momento en estado inactivo. La situación era perfecta, se nos dio la orden de actuar en estricto secreto y completar el robo del vehículo especial, y si teníamos éxito, utilizarlo como haciendo una prueba de campo, y que mejor que capturando a Davis y acabando con el problema del Emperador de los digimons.
El agente escuchó con expresión seria las palabras de la castaña. No requirió de revisar sus anotaciones anteriores para estar seguro de que era la misma respuesta que todos los miembros del equipo de "los niños elegidos" le habían dado.
-Y esta orden… ¿Quién la dio? –preguntó el agente.
-El director Resse.
Sujeto-017-Tachikawa Mimi
-Charles Resse.
Sujeto-018-Takaishi Takeru
-El señor Resse.
Sujeto-015-Nonaka Rika
-Charles Resse.
Sujeto-004-Hida Cody
-El director Resse.
Sujeto-07-Ishida Yamato
-Resse.
Sujeto-016-Shiota Hirokazu
-El director Charles.
Sujeto-012-Kitagawa Kenta
-El señor Charles.
Sujeto-001-Akiyama Ryo
-Charles Resse.
Sujeto-020-Wong Henri
-El director Resse.
Sujeto-003-Hanagata Kouta
-Charles.
Sujeto-002-Gonzales Orama Eva
-Kouta… bueno, el me contacto a mí, la orden venía de Charles Resse.
Sujeto-009-Kamiya Taichi
Tai guardó silencio por un momento, con la mirada al frente y las manos esposadas sobre la mesa.
-El director Charles Resse –dijo con voz segura-, él es nuestro superior directo, y el general Hyuga podrá ser todo lo que quiera, pero las ordenes que nosotros acatamos vienen del director, además teníamos la oportunidad de salvar a un amigo, y eso no lo íbamos a desperdiciar.
-Entonces –dijo el hombre volviendo a revisar de reojo la declaración que el muchacho acababa de darle-, todo lo que hicieron, ¿lo hicieron siguiendo órdenes de Charles Resse?
Sujeto-022-Yagami Hikari
-Como ya dije, y como seguramente todos mis compañeros ya le explicaron o le explicaran, si, así fue.
-De acuerdo, si es todo lo que dirás, supongo que ya no es necesario seguir este interrogatorio contigo, retírenla –dijo el agente y acto seguido un par de guardias con uniformes militares que habían permanecido detrás del interrogador flanquearon a Hikari, liberando el seguro que mantenía sujetas sus esposas a la mesa y levantando después a la joven castaña para llevarla fuera de la sala.
La grabación terminó en ese momento, y al ser esa la última el general Hyuga se levantó de la silla con una expresión de enfado en el rostro.
-Las versiones de todos concuerdan, ninguna se contradice, si acaso difieren en uno que otro detalle insignificante, pero en general todos declaran lo mismo –dijo la agente Noguchi, cruzada de brazos y recargada en la pared.
-Puede ser una treta –dijo Hyuga-, pudieron haberse puesto de acuerdo en decir que fue Charles quien los envió.
-No hay manera de comprobarlo, y de todos modos, el mismo director Resse y el señor Akira Yokoshima dijeron que en efecto ellos les ordenaron actuar. No hay nada en su contra señor –dijo el agente Mori, con toda franqueza y sin parecer interesado en sonar o no irreverente.
El general Hyuga lo volteó a ver, encarándolo de forma intimidante, pero el agente permaneció impávido, con las manos en los bolsillos del pantalón de vestir y una expresión neutra en el rostro. Noguchi también lo miró, desconcertada por aquella actitud ligeramente desafiante que el hombre estaba tomando.
- ¿Sugiere entonces dejar las cosas así y nada más? –preguntó el general. Mori torció la boca en un gesto que indicaba estaba pensando las cosas.
-Podría interrogar también a los digimons, pero no creo que logre mucho más –sugirió al fin después de una corta meditación.
-¡Pero por supuesto que no se logrará mucho más! –Sentenció con voz irritada el general-, dirán solo lo que sus compañeros les hayan ordenado decir, no habrá gran diferencia.
-Entonces lo siento general, pero parece que perdió la partida –dijo encogiéndose de hombros el agente.
-Retírense –ordenó con enfado el general, y acto seguido el agente Mori y la agente Noguchi, acompañados del joven que trabajaba en la computadora salieron de la oficina del general.
La pareja de agentes caminó junta por el corredor alejándose de la oficina de su superior.
-¿Qué diablos intentabas lograr haciéndolo enfadar? –dijo la agente Noguchi con tono exasperado. El hombre siguió caminando en silencio, con las manos en los bolsillos y una mirada que indicaba que algo estaba rumiando en su mente-. Tendrás suerte si no te suspende –continuó Noguchi sin importarle que su acompañante le respondiera o siquiera la escuchara.
-Lo hicieron para salvar a su amigo –dijo el agente sin dejar de andar a paso lento. Noguchi lo miró, desconcertada.
-¿Qué?
-Esos chicos, hicieron todo esto por su amigo –dijo deteniéndose a mitad del corredor, y dirigiendo su mirada a la agente que igual lo miró confundida-, culpables o no, todo lo hicieron para ayudar a su amigo, eso se llama lealtad.
-¿Por qué lo mencionas? –dijo Noguchi cruzándose de brazos.
-¿Crees en verdad que esos chicos sean un problema, o representen una amenaza como la que el general insiste en señalar? –preguntó con tal seriedad que la agente Noguchi no había visto antes en su compañero-, porque yo no, y me pecare hipócrita fingir que estoy de acuerdo con el general, no importa si me suspende, o incluso si me despide –dijo para luego volver a andar por el corredor, dejando detrás a Noguchi, que instintivamente miró por el corredor en dirección a la oficina del general, y luego al otro lado, por donde Mori se alejaba más y más.
Complejo de investigación Calibur, Londres, Inglaterra, en la Tierra
Julio 8 del 2085
-Los miembros del grupo especial niños elegidos, no actuaron por su cuenta, recibieron órdenes mías.
-¿Cómo dice? –exclamó el señor Días levantándose de su asiento bruscamente al escuchar aquellas palabras de Charles.
-Imbécil –susurró el doctor Watson apenas mirando a Charles
-Director Resse, ¿Esta consiente de lo que está diciendo, y de lo que implica? –lo cuestiono la coronel Mia Wilson, mirando con incredulidad al hombre.
-Por supuesto, me coloca a mi como el responsable de todo lo sucedido, como el culpable si así lo quieren ver.
-Suficiente, encierren a este lunático –exigió el señor Doson. Hyuga dio un paso hacia él, sin embargo, el hombre levantó una mano pidiéndole que se detuviera.
-Solo que, técnicamente, no soy culpable, puesto que no se cometió crimen alguno.
-¿Qué está diciendo? –preguntó desconcertada la doctora Fornes.
-La verdad –aseguró el señor Yokoshima-, yo le pedí que lo hiciera.
El silencio se formó en la sala tras aquella declaración, mismo que se rompió hasta que la doctora Davoine dejó escapar una pequeña risa nerviosa.
-Señor Yokoshima, ¿podría aclararnos de que carajo está hablando? –pidió la doctora mientras se frotaba los ojos.
-Con gusto. Técnicamente hablando, esos chicos llevaron a cabo una infiltración ilegal y un robo, sí, pero en realidad, lo hicieron por que lo les pedí que lo hicieran, bueno le pedí a charles que les pidiera que lo hicieran.
-¿Qué? –preguntó Días sin comprender nada.
-Eso no explica las cosas, señor Yokoshima, por favor sea claro –le exigió Watson.
-Lo haré, si deja de interrumpirme –contestó con severidad el anciano mientras se ponía de pie-. Como el señor Banks –dijo volviéndose para mirar a su guardián recargado contra la pared- aquí presente podrá corroborar, con los años me he vuelto algo, desconfiado.
-Rayando en la paranoia –dijo el hombre a lo que el anciano se volvió para mirarlo enfadado.
-Como decía, mi empresa guarda muchos secretos muy valiosos, y siempre existe la amenaza de una infiltración, de un robo, y por desgracia, las mejores medidas contra robos siempre son tomadas hasta después de que los mismos han sucedido ya, tratando de prevenir los problemas que ya se suscitaron. Pensé en ello, y se me ocurrió, la mejor forma de estar prevenido contra futuras amenazas, es probando las medidas de seguridad para encontrar sus fallos.
-¿Quiere decir que todo el asunto de la infiltración y robo, fue un plan para probar la eficacia de sus medidas de seguridad? –preguntó Alice Graham.
-Correcto.
-Pero, ¿Por qué utilizarlos a ellos específicamente? –preguntó Hyuga con entero escepticismo.
-Mi primer idea era, claro, utilizar a un equipo de asalto de la propia ciudad, pero pensé: entrenamos a estos hombres, sabemos cómo piensan y actúan, si lograban ser detenidos no sería por otra cosa que el hecho de que al enfrentarse a una amenaza conocida es mucho más sencillo combatirla, así que se me ocurrió: utilizar a un grupo ajeno a la ciudad.
-Pudo reclutar a cualquier escuadrón de cualquier división o subdivisión de HEDM, ¿Por qué específicamente esos niños? –pregunto Fornes.
-Admito que eso de "elegidos" llamo mucho mi atención, además, he seguido de cerca la historia de su líder, Taichi Kamiya. Pero el punto decisivo fue mi nieto, resulta que él tiene un especial interés por otra de las integrantes del grupo, Rika Nonaka, y planeaba invitarla a la celebración por el aniversario de la ciudad.
-¿Quiere decir que todo fue idea de su nieto? –preguntó Doson.
-¡Claro que no! ¿Ese cabeza hueca? No tendría una sola buena idea ni aunque su atractivo físico dependiera de ello. No, pero vi en esa invitación una oportunidad, y de inmediato me puse en contacto con Resse. Recordé que el grupo especial de los elegidos estaba en suspensión, por lo que supuse que no habría inconveniente en que me los prestara por unos días. Le plantee mi idea a Charles, y estuvo de acuerdo.
-¿Por qué clase de idiotas nos toman? ¿Qué pretenden con toda esta ridiculez? –se quejó Watson con cara de incredulidad.
-El grupo especial de los niños elegidos está conformado por elementos, cada uno valioso por sus talentos especiales y las aportaciones individuales que pueden dar, cada uno en individual ha recibido entrenamientos y ha tenido experiencias que los vuelven elementos altamente capacitados, no es una ridiculez, sino sentido común –declaró Charles con orgullo.
-Una misión imposible, requería de un equipo habituado a llevar a cabo trabajos de esa naturaleza. Ademas, Charles, también estaba interesado en saber que tan buenos eran sus muchachos, así que ambos nos podíamos beneficiar de este pequeño juego –agregó Yokoshima.
-De acuerdo, suponiendo que todo eso sea verdad, ¿Por qué hasta ahora nos informan de todo esto?
-Era necesario –dijo Yokoshima-, me interesaba que ese ejercicio pudiera llevarse a cabo con el mayor realismo posible, no se informó a los guardias de que seriamos asaltados, es más, ni siquiera yo mismo estaba seguro de cuando sucedería.
-¿Y por qué no avisó de nada de esto al consejo, o cuando menos, al general Hyuga? –preguntó Doson.
-Queríamos evitar lo más posible que alguna variante falseara el resultado. Se les dio a los chicos total libertad de utilizar todos los medios a su disposición; toda información, todo contacto, todo lo que ellos consideraran una ventaja y pudieran utilizarlo a su favor –explicó Charles.
-Incluido mi nieto –agregó el anciano.
-Su única limitación; que se alejaran lo más posible de HEDM. Consideramos que era un buen extra, además, probar sus habilidades para salirse del radar del general Hyuga, la razón era simple; si no podían escapar de su vigilancia, no tenían oportunidad alguna infiltrándose en una de las más vigiladas ciudades, y luego en una de las más fortificadas empresas. Era por eso que tampoco sus vigilantes debían estar al tanto del plan, para que actuaran de manera totalmente natural.
-Así fue, y lo lograron, escaparon de los agentes de Hyuga, llegaron hasta un portal para entrar al digimundo, de ahí se movieron hasta la ciudad, luego a mi empresa, y entraron en ella burlando los sistemas de seguridad más sofisticados y supuestamente infalibles.
-Todo por ellos mismos, sin ayuda de nadie.
-¿Cómo es posible? –preguntó Díaz, incrédulo, pero a la vez emocionado. Banks se inclinó hacia la mesa, pasando por un costado del anciano Yokoshima, para manipular los controles de la mesa, haciendo que la misma proyectara la imagen de un hombre que rondaba los cuarenta años.
-Takehiro Matsuda, el padre de Takato Matsuda, fue un importante ingeniero de la ciudad hace casi veinte años, tenía conocimientos muy detallados de los sistemas, la estructura, cosas que existen en la ciudad desde su fundación y que muchos habían olvidado con el paso del tiempo.
-¿Él les proporciono esa información? –preguntó Wilson.
-No, creemos que más bien se la robaron, los agentes de Hyuga hablaron con él, ¿verdad? Y quedó evidenciado que él no sabía nada.
-Ni yo sabía que él había trabajado para usted, señor Yokoshima –intervino el general.
-Ese fue un trato entre Matsuda y yo, muy anterior a todo esto –explicó el anciano.
-Así que… entre ustedes dos decidieron llevar a cabo un operativo secreto sin informarle al alto consejo y arriesgando la vida de todos esos Tamers y sus digimons, solo para probar que tan buenos son –recapituló Graham. Charles asintió con lentitud.
-Informamos a los chicos sobre las condiciones en que desempeñarían la misión, sobre sus limitaciones, sus posibilidades, y los riesgos.
-Además tomamos ciertas medidas, los guardias no utilizaron municiones reales esa noche –aclaró Yokoshima.
-Por último, como incentivo, se ofreció a los chicos la posibilidad de ir tras el Emperador de los digimons ellos mismos si lograban burlar la seguridad de la empresa y salir de la ciudad con la nave prototipo "El halcón", para que también pudieran realizar un vuelo de prueba.
-¿Y por qué les permitieron eso? –preguntó Hyuga con enfado.
-¿Honestamente? Porque pensamos que no lo lograrían –dijo Charles con toda sinceridad.
-Desde el principio pensé que no lograrían burlar a los agentes de Hyuga, mucho menos adentrarse en la ciudad sin ser vistos, y jamás se me ocurrió que lograrían entrar a los hangares debajo de mi edificio, no fue sino hasta que vi el otro halcón estrellado y vacío, que me convencí de que, en verdad, esos chicos son especiales.
-Ya era tarde para detenerlos, y todos coincidirán en que, un equipo con esas capacidades, era nuestra mejor opción contra una amenaza como la actual.
Los miembros del consejo se miraron unos a otros contrariados, no estaban seguros de que pensar.
-Bien –dijo Davoine con tranquilidad-. Explique ahora, ¿Por qué el resto del consejo no fue informado de esta decisión? Comprendo que omitieran las implicaciones de su operativo al general Hyuga, ¿pero por que al resto de nosotros?
-No es un secreto para nadie que tanto Hyuga como yo recibimos ciertas simpatías por algunos de nuestros compañeros del consejo, como también cierta desconfianza –dijo con tranquilidad Charles, sin voltear a ver a nadie, pero pensando en ciertas personas en especial-, nos pareció necesario guardarnos esa información para nosotros por esa razón.
-Si el robo del halcón fue hace dos días, ¿Por qué hasta ahora aclaran todo? –preguntó Watson, con evidente enfado, pero también con impotencia.
-Falta de coordinación, como ya expliqué, no sabíamos cuando sucedería todo el asunto.
Un nuevo silencio se formó en la sala. Parecía que los presentes, o no tenían otra duda que expresar, o no tenían un claro argumento para desacreditar todo lo que los dos miembros del consejo acababan de explicarles.
-Señor Higuchi –llamó Mia Wilson al único miembro del consejo que había estado en silencio todo el tiempo. El tátara nieto del descubridor del digimundo, y fundador de HEDM, Raye Higuchi. Owen era un hombre delgado, y que al lado del resto de los miembros del consejo lucia pequeño, torpe, incluso asustado. Su ropa era de civil, no llevaba un traje caro de diseño como Díaz, Doson, Watson o Resse, ni vestimentas militares como el general Hyuga o la coronel Wilson, parecía un hombre ordinario, y su titubeo no hacía más que aumentar la sensación de que el salía sobrando en aquel lugar-, ¿Qué opina usted?
-Bueno… yo… -trató de decir el hombre, hasta que sintió sobre él la furiosa mirada de Hyuga, lo que enmudeció incluso su tartamudeo.
-El consejo tiene normas muy claras para este tipo de situaciones –intervino Davoine-, si por alguna razón, dos o más miembros del consejo consideran que es necesario ocultar información, incluso al resto de los miembros del alto consejo, se les dará el beneficio de la duda, se les dejara explicar las cuestiones que los llevaron a la toma de dicha decisión, y se considerará si en efecto, causaron un daño que no compense los beneficios obtenidos.
-¿Y qué beneficios ha traído el robo de material tan valioso como el halcón, además de la destrucción del otro prototipo y la insubordinación hacia mi autoridad? –preguntó Hyuga con voz severa.
-Creo que aún está por verse –intervino esta vez Owen, con voz débil, que apenas logro escucharse, pero que logró un impacto-. Si estos chicos capturan al Emperador, creo que se habrá demostrado que valió la pena.
Hyuga miró con enfado a Owen, mientras que Charles sonrió agradecido por el apoyo del hombre.
-¿Y cómo sabremos si lo capturan, o cuándo? –preguntó Díaz.
-Tengo ya a un equipo de apoyo esperándolos en una locación segura, en cuanto estén ahí, ellos me informaran, y yo le informaré con mucho gusto al general Hyuga –afirmó Charles.
-¿Y cuál es esa locación segura? –preguntó Hyuga con enfado, pero antes de que Charles respondiera, Díaz se adelantó.
-Creo que el director Resse se ha ganado el beneficio de guardarse esa información, al menos por ahora.
-Correcto –concedió Hyuga-. Pero en cuanto esos chicos aparezcan, corroboraremos si lo que acabas de decir es verdad.
-¿Y por qué sería diferente? –preguntó Charles con la misma voz retadora que Hyuga estaba utilizando.
Base Militar No. 6, en Sarvar, en el digimundo.
Julio 15 del 2085
Hyuga miró fijamente al mapa en la pared nuevamente. Su respiración era ruidosa, fuerte, evidencia de su enfado. Sus manos detrás de la espalda en la sobria posición de un militare condecorado como lo era él se tensaban por el enfado acumulado.
Finalmente, exhaló con fuerza, mientras se inclinaba hacia adelante para tomar otro puro, cortarlo y encenderlo.
-Supongo que ya terminamos con esto –dijo una voz detrás del general mientras este acercaba la llama de su encendedor al puro. Hyuga se dio la vuelta, mirando bajo el umbral de la puerta de su oficina a Charles, recargado en el marco y con los brazos cruzados.
-Si…por ahora –dijo con tono inconforme.
Charles permaneció impávido, descruzó los brazos y sacó un delgado celular del cual observó la pantalla.
-Los miembros del alto consejo han emitido su voto, ocho de sus miembros incluyéndome a mí y al señor Yokoshima coincidimos en que los beneficios compensan las perdidas –dicho esto guardó el celular en el bolsillo interior de su saco y se alisó este con las palmas-. Los chicos han sido exonerados.
Hyuga asintió sin decir nada y sin levantarse de su asiento, mientras que Charles se disponía a darse la vuelta para marcharse.
-Pero sobre Motomiya…
-La decisión se tomó en la reunión del consejo –lo interrumpió Charles, mirándolo por encima del hombro-. De él me hare cargo yo –Hyuga asintió dibujando una sonrisa burlona en el rostro.
Sin más, Charles se retiró de la oficina mientras el general Hyuga se volteaba nuevamente hacia el mapa.
Refugio de los desterrados, en la pradera sur del continente Sarvar, en el Digimundo
Julio 14 del 2085
-¡¿QUE QUIERES QUE HAGAMOS QUE?! –exclamó Tai aturdiendo nuevamente a Piximon, Jijimon y Gennai, mientras que Azulongmon bajaba por las escaleras con toda tranquilidad.
-Ay, me dejaras sordo muchacho –se quejó Jijimon frotándose el oído.
-¿Qué diablos nos estas pidiendo? –preguntó Rika incrédula.
-Que confiesen todo, obviamente –dijo Gennai sin inmutarse.
-¿Ese es su gran plan? ¿Qué nos entreguemos y confesemos? –se quejó esta vez Ryo.
-Así es –dijo Jijimon como si nada-. Escuchen, se entregarán, los interrogaran, y darán todos los detalles de lo que seguramente es un muy complicado y bien establecido plan. Serán sinceros, dirán todo, absolutamente todo, sin omitir ni cambiar ninguno de los detalles, excepto por uno.
-¿Cual? –preguntó Matt impaciente, sabiendo que los soldados de Hyuga estaban afuera y entrarían en cualquier momento.
-Dirán que lo hicieron por orden directa de Resse.
-¿De Charles? –dijo Tai-, ¡pero él…!
-Ya todo está arreglado, escuchen, recibieron una misión, Charles les dijo que debían infiltrarse en Norman city y robar un vehículo llamado "el halcón", ustedes decidirían sobre todos los detalles de cómo hacerlo, y para lograrlo obviamente debían escapar primero de sus escoltas. Esta misión además fue acordada con el director de industrias Ipkiss, el señor Yokoshima, quien deseaba poner a prueba sus sistemas de seguridad y el funcionamiento de la nueva nave en desarrollo. Además de eso, les dijeron que, como compensación, si lograban hacerlo tenían luz verde para ir tras el Emperador, ¿entendido?
-Pero… -dijo Kouta tratando de imaginarse a sí mismo confesando todo lo que acababan de hacer para luego terminar su historia con un "él me dijo que lo hiciera"-, ¿funcionara?
-Tiene que funcionar –fue la respuesta de Jijimon.
Todos se miraron unos a otros, indecisos. Matt extendió su mano y la posó sobre el hombro de Tai, quien lo miró, y luego miró a todos sus compañeros. El castaño asintió, extendiendo su mano hacia Matt, quien se la estrechó sellando así un pacto entre compañeros, y amigos.
-Funcionara –dijo Tai con toda la seguridad que era capaz de poner en esa palabra.
Base Militar No. 6, en Sarvar, en el digimundo.
Julio 15 del 2085
En los niveles inferiores de la imponente base militar, condicionados como una especie de prisión dotada de suficientes celdas para tener a una población de reclusos considerable, se encontraban los Tamers y digimons del grupo especial "niños elegidos".
Luego de los interrogatorios a los cuales habían sometido a todos y cada uno, exceptuando solo a sus compañeros digimon, habían sido escoltados y encerrados en las celdas. Los habían dividido por sexo, por lo que ninguna de las chicas se encontraba con ellos, y además, le habían colocado a cada uno un extraño y estorboso collar y un aparato que hacia la función de esposas, que sujetaba y envolvía sus manos por completo.
Las celdas se repartían en tres niveles, en una especie de cámara que repartía el espacio entre las celdas que se encontraban en un extremo, una especie de área común donde varias mesas con bancas metálicas soldadas al suelo se repartían además de un par de estantes con libros, un modesto equipo de gimnasio en una esquina, y en la esquina contraria a esa, lo que parecía ser el área de cocina, dividida del resto de la cámara por muros y una puerta de maya metálica que permitía ver un poco de los utensilios en el interior. En el extremo contrario de las celdas, la única entrada a aquel lugar se encontraba en un nivel superior accesible solo por medio de unas escaleras protegidas por rejas metálicas fuertemente cerradas. Se trataba de una gruesa puerta de metal, imposible de derribar ya fuera para un humano o para un digimon, dando así toda la impresión de que se encontraban en una especie de prisión incomunicada con el resto del mundo.
No había ninguna ventana, y los muros parecían ser muy gruesos. El ambiente en si era deprimente, y el estado de los prisioneros repartidos en las celdas, deplorable.
Todos guardaban un silencio sepulcral, en aquel lugar que producía un eco que amplificaba considerablemente cualquier ruido, como pasaba con los ligeros golpes que Hirokazu daba a uno de los barrotes con las esposas que cubrían sus manos como tratando de producir un sonido de percusión rítmico. Casi todos estaban sentados o recostados en el suelo de sus celdas, los habían dividido por parejas, Tamer y digimon. Algunos, como Matt, permanecían de pie, con la cabeza recargada contra los barrotes y una marcada expresión de cansancio.
Davis era quien daba la peor impresión. Sentado en la esquina de su celda, con la espalda recargada contra el muro de concreto, y una expresión de fatiga y malestar en el rostro. Estaba descalzo, desprovisto de su camina y envuelto aun en la manta con que lo habían sacado del refugio de los desterrados. Junto a la suya estaba la celda en que habían encerrado a Ken, y ya que estas se dividían por otra línea de barrotes, el chico de pelo azul aprovechaba esto para estar al cuidado de su amedrentado amigo, quien de tanto en tanto se frotaba el hombro herido por la bala que le había disparado.
Taichi se había recargado contra los barrotes de su celda. Permanecía ahí con los ojos cerrados. Agumon estaba recostado en el suelo de la celda, con sus brazos y piernas estirados, y los ojos abiertos clavados en el techo.
-¡Ya sé! –exclamó Tai levantándose repentinamente del suelo y alertando a todo el mundo, dado que su voz se esparció por toda la cámara gracias al eco.
-¿Ya? –dijo Matt levantando la vista (la celda de Tai y Agumon estaba justo sobre la de él y Gabumon)
-¡Por fin! –dijo Kouta levantándose de la cama y recargándose contra los barrotes de su celda
Tai mientras tanto se acercó a Agumon para susurrarle algo al oído. El digimon hizo un gesto como si tratara de recordar algo y luego asintió enérgicamente.
-¿Listo? –Dijo dirigiéndose a Agumon-, muy bien.
Ambos carraspearon para aclararse la voz mientras parecían concentrarse y coordinarse.
-Can you picture my prophecy? –Comenzaron ambos al unison-, Stress in the city, the cops is hot for me, the projects is full of bullets, the bodies is droppin', here ain't no stoppin' me, constantly movin' while makin' millions, witnessin' killings, leavin' dead bodies in abandoned buildings
Ambos siguieron con aquel rapeo mientras el resto de los chicos prestaban atención a las voces al unísono del chico y el digimon.
Cody movía la cabeza al compás que marcaban las palmas de Agumon y Tai, hasta que comenzó a seguir la letra de la canción moviendo los labios.
-¡Es Me against the world de Tupac! –exclamó el chico, provocando que la canción de Agumon y Tai parara y algunas voces en forma de protesta (como la de Kouta) se alzaran.
-¿Cómo lo hace? –se quejó Kouta.
-¡Estaba a punto de adivinar! –se lamentó Matt pateando sus barrotes.
-Calma, ya –dijo Izzy tratando de poner orden en aquel juego que los chicos habían ideado para matar el tiempo (el cual consistía en que cada pareja por turo cantara una canción y el resto tratarían de adivinar cuál era)-. De acuerdo, eso deja el marcador con 16 puntos para Cody y Armadillomon, le siguen Matt y Gabumon con 13…
-¡Me lleva! –se quejó el rubio, mientras que T.K. se reía por lo bajo.
-Hirokazu y MarineAngemon llevan 11, Kenta y Guardromon 10, Ryo y Monodramon llevan 9, Takato y Guilmon, Agumon y Tai, Joe y Gomamon y T.K. y Patamon siguen empatados con 7 puntos, Ken y Wormmon llevan 5, Tentomon y yo 4, Davis y Veemon llevan 2…
-El pobre batalla por respirar y aun así es mejor que tú Kouta –se burló Ryo.
-Cállate Akiyama –se quejó Kouta levantando nuevamente las risas.
-Y Henri con Terriermon, además de Kouta y Kotemon siguen estancados en el último lugar con un punto –Henri, con Terriermon sobre su regazo levantó la mirada sonriendo.
-Aun podemos recuperarnos –exclamó para que todos lo escucharan, con lo que consiguió varias respuestas burlonas de parte de sus compañeros.
-Bueno ya, nos toca –dijo Matt parando las burlas-, como acordamos Gabumon –dijo y el digimon asintió.
-When I heard that sound, when the walls came down…
-Skin de Rag'n'Bone Man –dijo Armadillomon con voz confiada.
-¡ME LLEVA LA CHIN…! –exclamó Matt iniciando una rabieta desesperada mientras el resto se reían.
Tai sonreía divertido, aquello era quizá lo más extraño de todo, el hecho de estar encerrados sin saber cuál sería su futuro, pero aun así poder jugar y bromear como personas normales, porque a pesar de todo, eso parecían en ese momento, un grupo de amigos normales riendo de cualquier cosa. Se preguntó en ese momento, si aquello era posible, para él, para sus compañeros, para Agumon…para Hikari.
-Tal vez no –se dijo mentalmente, cambiando su sonrisa por un semblante serio y reflexivo. Agumon se percató de ello, y mientras el resto seguían riendo él se concentró en su compañero.
-¿Qué pasa? –preguntó. Tai volteó a ver al digimon, con una venda envolviendo su brazo y varias otras heridas leves en el cuerpo.
-Ah… yo… -comenzó el chico, interrumpiéndose al escuchar el sonido metálico de la puerta detrás de él.
Todos los Tamers y digimons callaron en ese momento, y dirigieron su atención al grupo de militares que recién ingresaban a la cámara. Un par de ellos bajó por las escaleras, llegando al final de estas y abriendo la reja que evitaba que subirán por ella utilizando un par de tarjetas de acceso. Detrás de los soldados, otro militar, de mayor rango que los dos primeros abrió la reja y caminó adentrándose en la cámara, llegando al centro del área común, rodeado por mesas y con las miradas atentas de todos los chicos sobre él.
-Y ahora que, ¿nos trasladaran a otro calabozo? –dijo Kouta con voz burlona.
El militar no dijo nada, solo levantó una mano, en la cual llevaba un dispositivo delgado, semejante a una Tablet, en la cual comenzó a ingresar un par de comandos.
Tai contenía la respiración, desconcertado por lo que pasaría a continuación, hasta que escuchó una especie de clic, producido por el collar que llevaba el al igual que Agumon, y luego otro, proveniente del aparato que inmovilizaba sus manos, el cual resbaló por las mismas y calló al suelo.
Lo mismo sucedió con los de todos. Matt llevó sus manos recién liberadas a su cuello, y apartó sin dificultad el collar, el cual luego arrojó al suelo al igual que el resto de los Tamers y digimons.
Sin dar espacio a preguntas o a alguna indicación de parte de los militares las rejas de las celdas comenzaron a moverse, abriéndose para dejar el paso libre a sus ocupantes.
Tai caminó con timidez, asomando la cabeza hacia el exterior de la celda y luego todo su cuerpo, igual como hicieron casi todos los chicos. Al saberse fuera de peligro, Ken se apresuró a salir de su celda y llegar a donde estaba Davis, a quien ayudó a levantarse y caminar al exterior de la celda.
Los Tamers y digimons, ordenadamente avanzaron hasta estar frente al militar que los acababa deliberar, quien los miraba con seriedad, y a quien ellos miraban confundidos.
-Fuera –dijo simplemente y dio media vuelta para caminar hacia las escaleras. Al pie de estas se giró nuevamente hacia los digimons y Tamers, quienes no habían movido un solo pie-. ¿O es acaso que les gustó mucho el encierro? –les dijo para luego comenzar a subir por las escaleras.
Los chicos y sus compañeros se miraron unos a otros, confundidos, indecisos.
-Vamos –dijo finalmente Takato, caminando hacia las escaleras, seguido por Guilmon. Rápido se les unieron los demás, y pronto todos se encontraban en la parte superior, frente a la gran e inamovible puerta de metal, la cual se abrió para dejarlos pasar.
Los chicos y sus compañeros caminaron por el amplio y largo corredor, guiados por los militares que habían ido por ellos. Todos recordaban haber pasado por ese pasillo, luego de un interrogatorio de más o menos media hora y guiados por algún oficial que los llevó a punta de pistola hasta sus respectivas celdas, lo que acentuaba aún más el hecho de que aquellos militares ahora solo se dedicarán a caminar junto a ellos, sin apuntarles, sin amenazarlos, y sin apurarlos.
Ken seguía ayudando a Davis a caminar, mirando furtivamente a su alrededor, desconfiado aún de lo que estaba pasando, pero poco a poco más relajado.
-¿No crees que si quisieran ejecutarnos hubiera sido mejor hacerlo cuando estábamos encerrados? -dijo Davis en tono de broma aunque con voz débil. Ken se rio con discreción.
-Tú y yo hemos visto las mismas películas bélicas y de conspiraciones, sabes que tratarán de hacerlo ver como un accidente -dijo para seguirle la broma al muchacho que soltó una risa ligera acompañada de toses.
Los militares se detuvieron frente a otra puerta al final del corredor. Deslizaron sus tarjetas en las ranuras a los lados de la misma y luego un fuerte clic se escuchó, señal de que la puerta estaba abierta. Tomaron ambas manijas de esta y la jalaron para abrirla, dejando pasar a Tai y los demás.
El muchacho recibió de lleno la luz de la habitación a la que daba la puerta, y cubriéndose con una mano avanzó hacia adelante mientras sus ojos se acostumbraban a la luz. Era un lugar tan amplio como la prisión en que habían estado, pero mucho más agradable a la vista. Parecía la sala de recepción de un bonito edificio, con varias mesas en el centro y sillas acolchadas pegadas a la pared. Ventanas que dejaban entrar la luz natural, un piso adoquinado y paredes blancas que pese a la falta de color eran más confortantes que los muros grises de concreto que el chico y sus compañeros habían estado forzados a ver todo el tiempo de su cautiverio. El lugar se dividía por una pared de cristal con una puerta doble igualmente de cristal la cual se encontraba abierta de par en par, y daba a un corredor en ese momento vacío.
-¿Qué onda con este lugar? -dijo Kouta mirando a su alrededor desconcertado.
Tai igualmente miró a su alrededor como buscando algo, hasta que se convenció de que ese algo no estaba ahí y encaró al hombre que había acudido para liberarlos, el cual seguía haciéndoles compañía. Tai caminó con grandes zancadas hasta él, con una mirada amenazante. El hombre lo percibió y retrocedió un par de pasos algo temeroso.
-¿Dónde está el resto de nuestro equipo? –preguntó con tono hostil, provocando que los demás militares lo observaran y algunos pretendieran levantar sus armas.
-Wow, wow, cálmense todos –dijo Ryo levantando las manos.
-Relájate chico –dijo el hombre y luego el sonido de otra puerta se escuchó detrás de él.
Similar a la llegada de los tamers y digimons, estos vieron entrar a las chicas y sus compañeros, con miradas curiosas y confundidas que recorrieron todo el lugar hasta dar con ellos.
Tai miró a Mimi, quien al encontrarlo con la mirada sonrió y se apresuró a caminar hacia él acompañada de Palmon. Henri como siempre con Terriermon sobre el hombro, se abrió camino para llegar hasta Suzie, arrodillándose frente a ella y revisándola con la mirada.
-¿Estas bien? –preguntó algo preocupado.
-Todo bien hermano, tranquilo –respondió la chica.
Matt le sonrió a Sora desde lejos, y esta le devolvió la sonrisa, para luego comenzar a correr. El rubio se detuvo y extendió sus brazos hacia adelante esperando recibir a la pelirroja quien pasó a su lado sin prestarle atención, acudiendo a ayudar a Davis. Matt bajó con disimulo los brazos y siguió caminando mientras T.K. posaba su mano sobre el hombro del rubio.
-Una cosa a la vez hermano, ya salvamos al mundo –le dijo para reconfortarlo.
-Si, como sea –le respondió restándole importancia al asunto.
Los saludos, abrazos y muestras de afecto entre los miembros del equipo siguieron mientras los militares se apartaban para darles su espacio. Tai abrazaba a Mimi quien apoyó sobre el hombro de este su cabeza, mientras el castaño miraba a Hikari reunirse con Ryo a quien abrazo y comenzó a besar. Un malestar se le formó en el estómago, pero decidió solo desviar la mirada y no decir nada.
Eva miraba la escena un poco incomoda, sintiéndose fuera de lugar, hasta que Kouta llegó a su lado para darle un leve codazo en el brazo que llamara su atención. La chica lo miró y sonrió con algo de timidez.
-No lo habríamos logrado sin ti, quiero que lo sepas –dijo el chico con voz suave.
Eva sonrió agachando la mirada, y mirando a Kotemon posó la mano sobre el digimon acariciando con ternura la cabeza de este.
-No fue nada, en serio –respondió sin siquiera mirar al chico.
-Fue mucho, y no sé si algún día podremos pagártelo, de verdad, gracias –insistió el muchacho.
Eva sonrió, y en aquel gesto Kouta pudo percibir una profunda tristeza, la cual despertaba en ella el hecho de ver aquella reunión de amigos, no era para menos, después de todo hacía muy poco que ella había perdido a uno de sus más importantes amigos. Kouta no dijo nada y solo la abrazo, comprendiendo su tristeza.
-¿Y ahora qué? –dijo Kenta frotándose el cuello-, ¿todo terminó? –preguntó en voz alta.
-Correcto –dijo una voz inconfundible.
Tai se separó de Mimi (aunque sujetando la mano de la castaña) y se giró para ver a Charles, acompañado de Gennai, Jijimon, y junto a ellos también estaban el anciano señor Yokoshima y su guardaespaldas Chris Banks.
Los Tamers y digimons se miraron entre ellos mientras que Tai, sujetando a Mimi, avanzó hasta ponerse al frente de todo el grupo. Charles también dio un paso al frente, adelantándose al resto de los presentes con quienes conformaba un grupo.
-Su misión oficialmente acaba de terminar, debo agregar –dijo mirando a Davis quien agachó la mirada-, con un resultado impresionante. Ya el alto consejo fue informado de todo, y ustedes no son más fugitivos de HEDM.
Ante aquellas palabras algunos suspiros de alivio se hicieron presentes, pero solo eso, para todos era complicado concluir que era lo que debían pensar o sentir en ese momento. Tai volteó a ver a Agumon, a Mimi, a Matt y varios otros de sus compañeros antes de dirigirse exclusivamente a Charles.
-Gracias –dijo con una voz que denotaba todo su alivio y gratitud.
-Por el contrario muchacho –dijo el señor Yokoshima, recordándole a Tai el hecho de que estaba ahí presente-, gracias a ti y a tu equipo. Debo decir que en verdad nos han impresionado a todos, y estoy seguro de que lo seguirán haciendo –agregó inclinando ligeramente la cabeza en muestra de reconocimiento para el castaño y sus amigos.
Tai miro ahora al anciano, con el mismo desconcierto en su rostro, que dio paso después a una sonrisa en la que expresaba su gratitud, al igual que todos los demás.
-¿Entonces ya todo está bien? ¿Ya no estamos en problemas? –dijo Takato sin poder contener la emoción que sintió en ese momento.
-Bueno…no estoy seguro sobre eso –dijo Charles metiendo las manos en sus bolsillos.
-¿A qué se refiere? –preguntó Joe con voz alterada-. Hicimos exactamente lo que nos ordenó, se supone que de esa manera no tendríamos problemas.
-En parte es cierto Joe –dijo Charles con su voz dominante intimidando un poco a Joe, quien parecía disculparse con la mirada por hablarle de esa forma-, pero como ustedes ya sabían desde un principio, al iniciar con esto serian vistos como fugitivos y criminales, y aunque solo fuera por unos días, así fue como se les catalogó.
-¿Qué…quiere decir con eso? –preguntó Tai confundido.
-Bueno, que en cuanto desaparecieron para convertirse en desertores y fugitivos, y desde que se emitió la orden de arresto contra ustedes, sus familias fueron informadas del hecho –explicó el hombre con voz tranquila.
-Ay carajo –dijo T.K. pasándose ambas manos por el pelo.
-Takeru Takaishi –escuchó el joven rubio decir a una voz femenina y de inmediato palideció por la impresión.
Detrás de Charles y su grupo una mujer madura, de cabellera rubia y ojos azules, atractiva y con un parecido innegable al joven Takaishi y a su hermano, respiraba sonoramente y en su rostro enfurecido se podían notar las lágrimas que había estado derramando. La mujer sostenía con fuerza la correa del bolso que llevaba al hombro. Junto a ella, un hombre castaño vestido con una camisa azul y una corbata oscura aflojada, se mantenía estoico sosteniendo un saco marrón en su brazo.
-Mamá, papá –susurró T.K. algo apenado mientras la mujer se soltaba a correr hacia él.
Matt miró al hombre solo un instante y luego toda su atención se centró en la mujer que abrazaba a su hermano y lloraba sobre el hombro de este, quien intentaba consolarla.
-Te cayeron en la movida –se burló de el Kenta.
-¿Y tú de que te ríes muchacho? –lo reprendió desde lejos otra mujer, de cara redonda como la de su hijo y cabello corto, vestida con un suéter blanco sobre una blusa violeta.
-Mamá –dijo el chico sonriendo con nerviosismo mientras caminaba hacia la enfurecida mujer cargando en brazos a MarineAngemon.
-Poco a poco al lugar fueron llegando más y más personas, todas relacionadas con los chicos y chicas, por lo que conforme entraban ellos se alejaban del centro para hablar con sus respectivos familiares.
Juri permaneció quieta, paseando su mirada por los rostros enfurecidos o aliviados de las personas que llegaban para reunirse con ellos, hasta que por la puerta de cristal vio entrar a un hombre alto, y de mirada dura que al verla se cruzó de brazos y la esperó firmemente plantado al lado de la entrada.
-Bueno, supongo que es hora de enfrentarlo –dijo Juri tras un suspiro corto.
Mimi soltó la mano de Tai al ver a sus padres llegar y tras darle una sonrisa de disculpa se alejó del muchacho que la vio llegar hasta donde los dos adultos la recibieron abrazándola con mucho cariño. Se trataba de un hombre de pelo negro pulcramente peinado, alto y delgado y de una mujer castaña, casi tan alta como su esposo y con un porte altivo, ambos muy bien vestidos y arreglados. No parecían molestos, solo aliviados, aunque en un instante la mirada de la mujer se posó sobre Tai, y en ella pudo percibir un gélido y profundo enfado.
Yolei y Cody caminaron juntos hasta donde se encontraban los padres de la chica y el abuelo del joven. El chico parecía sorprendido de verlo ahí, pero el anciano le sonrió al percatarse de eso.
-Le pedí a tus padres que me dejaran venir por ti, pensé que conmigo podrías sentirte un poco más cómodo.
-Abuelo perdón yo… no quiero decepcionarte, y siento que siempre termino haciéndolo y yo… -el hombre levantó la mano pidiéndole que guardara silencio.
-Primero que nada, cuéntame lo que pasó, quisiera entender tus razones –dijo con voz comprensiva y Cody sonrió un poco más relajado.
-¿En que estabas pensando? –Le reclamó un hombre alto, de lentes y con los brazos cruzados a Hirokazu-, ¿sabes cuánto nos preocupaste? Tu padre y yo no sabíamos cómo reaccionar cuando un hombre nos habló diciendo que eras un criminal que había robado no sé cuánto dinero en propiedad de una empresa multimillonaria, se supone que estarías con tu amigo en Fukushima.
-Perdón papá –se disculpó el chico-, teníamos que hacerlo, teníamos que intentar salvar a Davis –explicó el chico y el hombre exhaló acomodándose los lentes con un dedo.
-Lo sé hijo, sé que nunca harías nada para lastimar a otros, y que por el contrario siempre has sido un niño bondadoso y amable, y te estas convirtiendo en un hombre del que tu papá y yo estamos muy orgullosos… solo… solo entiéndeme, de verdad nos asustaste.
-Lo sé, lo siento –dijo el chico agachando la mirada nuevamente-. ¿Le dirás a papá que lo siento? –preguntó el chico.
-No, tú tienes que hablarle, hazte responsable –le reclamó-. Y tú –dijo señalando a Guardromon quien retrocedió nervioso-. Nos prometiste a mí y a mi esposo que siempre cuidarías de nuestro pequeño y lo mantendrías lejos del peligro, ¿Qué pasó con eso? –dijo el hombre comenzando ahora a reprender al digimon.
Henri y Suzie se reunieron con su padre, quien se había sentado en una de las sillas pegadas a la pared para evitar el bullicio que producía la multitud. Al ver a sus hijos caminando hacia él, el hombre se puso de pie sonriendo con resignación.
-¿Decepcionado? –preguntó Henri mientras Suzie solo agachaba la mirada conteniendo las lágrimas y abrazando con fuerza a Lopmon.
-Perdón –musitó la chica sin atreverse a ver a su padre. El hombre suspiró acariciando la cabeza de su hija y mirando a Henri.
-Mentiría si dijera que no me molesté, pero…no lo sé, supongo que después de lo de Odaiba, siempre pensé que algo así pasaría. Solo me alegra que estén bien, ¿cuidaste de tu hermana? –preguntó el hombre mientras recibía el tímido abrazo de parte de la niña. Henri sonrió asintiendo con la cabeza.
-Sí, y ella cuido de mí –le confesó levantando un poco el ánimo de Suzie.
Ken ayudó a Davis a llegar a una de las mesas donde tomo asiento junto con sus padres. A Ellos se acercaron también Jijimon y Gennai, quienes le dijeron a Ken que ellos se encargarían de explicarles la historia completa a la familia, después de todo, era algo bastante delicado y sería mejor que lo hicieran ellos como responsables de la seguridad de los Tamers que trabajaban para HEDM. Ken asintió y se apartó percatándose de la presencia de su madre, que lo miraba fijamente a una distancia de unos cinco metros, sin decir nada, sollozando sonoramente y con la cara empapada por las lágrimas. El chico suspiró y camino hacia ella. Sin decir nada solo la abrazó, y dejó que la mujer llorara para desahogarse, que lo estrujara con fuerza hasta casi sofocarlo y que pareciera que nunca lo dejaría ir otra vez.
Las palabras salían sobrando, no era necesario que ninguno de los dos dijera algo, no tenían por qué hablar sobre su hermano mayor, quien también fue un Tamer y que murió por un descuido antes de que él encontrara a Wormmon. Que su padre pero sobre todo su madre se habían negado con obstinación a permitirle unirse a HEDM por temor a que corriera el mismo destino que su hermano, y que aquella situación, a pesar de haber concluido ya y de buena manera, había sido para ella demasiada carga. No tenían por qué hablar de nada de eso, solo necesitaban acompañarse para hacerse sentir que ya todo estaba bien.
El padre de Takato lo miró a él y a Guilmon con los brazos cruzados mientras que el chico sonreía apenado, incapaz de decir nada.
-Lo siento –dijo al fin.
-Y deberías, tu madre está en verdad enfadada, ¿sabías que trató de golpear a los agentes que fueron a la casa y nos dijeron que te fugaste para ir a quien sabe dónde? En realidad si golpeó a uno, quisiera disculparme, ¿sabes de casualidad donde está el agente Mori? –Preguntó y el chico negó con la cabeza-, bueno da igual. Lo que hiciste fue muy arriesgado, y en verdad nos asustaste –dijo mientras miraba su alrededor, hasta cerciorarse de que nadie los estaba mirando, momento en el cual se inclinó hacia el chico para hablarle en voz baja-. ¿Y lograron llegar hasta el halcón? –preguntó en un susurro casi inaudible.
-Si –contestó Takato del mismo modo.
-Genial –dijo el hombre con voz emocionada, pero conteniendo su volumen-, ¿Cómo vuela? ¿Qué tan rápido es? ¿Qué tal el sistema de estabilización? –comenzó a bombardear al chico de preguntas.
-Tal vez eso sea mejor preguntárselo a la chica Gonzales –dijo una voz detrás del padre de Takato que le erizó la piel a este-, según tengo entendido ella fue la piloto –dijo Banks sonriéndole al hombre y extendiendo su mano hacia este-, un gusto volver a verlo señor Matsuda.
-Chris –dijo el padre de Takato tomando la mano del guardaespaldas-, me alegra ver que estas bien –lo saludó con más calidez.
Izzy se separó de Joe para ir con sus padres mientras que el chico peli azul se sintió sujetado por la espalda soltando a Gomamon quien se preparó para atacar hasta identificar al sujeto que había aprisionado a Joe por el cuello.
-Vamos hermanito, debes aprender a defenderte –le dijo un chico mayor y muy parecido a él.
-Ya déjame Jim, no es justo que me tomes por sorpresa –se quejó el muchacho mientras Gomamon solo se reía de la situación.
Finalmente el chico soltó a Joe quien al fin pudo respirar con normalidad.
-¿Dónde están nuestros padres? –preguntó el chico a su hermano.
-Ocupados, les dije que yo podía venir y darles su mensaje. Nadie en la familia podía creer cuando nos dijeron que eras un fugitivo perseguido por HEDM, pensamos que era una broma.
-Bueno, pues no fue así –dijo Joe que aún se frotaba el cuello.
-No, no fue así –coincidió el chico sonriendo aparentemente muy divertido con todo-. Creo que estas creciendo, madurando –dijo mientras lo miraba de pies a cabeza-. Se nota, algo en ti es diferente.
-¿De qué hablas? –preguntó Joe confundido.
-No lo sé, solo lo sé –dijo mientras seguía mirándolo con insistencia. Joe le dio la espalda, pero sonrió, también él se sentía, aunque fuera un poco, diferente. Quizá más maduro, quizá, solo un poco más fuerte
Rika y Renamon caminaron hasta donde la madre de la chica, quien destacaba particularmente del resto. Se trataba de una mujer esbelta y sumamente atractiva, con un encanto peculiar que en cada uno de sus movimientos se denotaba. Vestía una falta larga blanca, zapatos de tacón y una blusa a juego, además de llevar lentes oscuros que se quitó al tener a su hija frente a ella. Rika suspiró mirándola a los ojos.
-¿Y qué ha pasado? –dijo con su acostumbrado tono de voz neutro y controlado.
La mujer suspiró mientras guardaba los lentes en su bolso.
-Bueno, Yoh me llamó en persona para decirme que mi hija era una vulgar ladrona que utilizó a Aizen para entrar en su ciudad y robar un vehículo de un valor absurdamente elevado.
-Está enfadado –dedujo la chica.
-Bastante, está más que claro que jamás volverá a invitarme a ningún tipo de fiesta o evento social –dijo la mujer cruzándose de brazos para después suspirar con una expresión de alivio y mover los labios como diciendo "gracias". Rika sonrió y asintió sin agregar nada más-. De todos modos no es como que me agrade la idea de que andes por ahí exponiéndote…
-Mamá, no soy una niña débil –le dijo la chica. Su madre suspiró asintiendo.
-Lo sé, eres mucho más fuerte que yo, pero aun así no puedo dejar de preocuparme –le confesó para después abrazarla, y mientras lo hacía mirar a Renamon a quien con una mirada le hizo saber lo agradecida que estaba por que cuidara a su hija. Renamon se limitó a solo asentir.
Mientras ambas seguían abrazándose Ryo pasó junto a ellas, deteniéndose al ver que hacia el caminaba un hombre alto de cabellera castaña muy parecido a él.
-Tío Tadashi –dijo al ver al hombre, quien con las manos en los bolsillos de su cazadora de piel lo miró guardando silencio.
-Vaya que sabes dar un buen espectáculo, debo admitirlo, y supongo que también debo agradecer que no destruyeran mi bote –dijo el hombre con voz seria.
-Lo siento, era necesario.
-Sí, sí, ese hombre –dijo refiriéndose a Charles-, ya me explicó todo. Entiendo, tu amigo estaba en problemas, querían ayudar, eres un hombre de acción –dijo deteniéndose para frotarse el cuello donde la tensión se le acumulaba.
-En eso me parezco a ti –dijo Ryo tratando de aliviar un poco la tensión.
-Sí, es lo que más me preocupa –dijo el hombre lanzando un largo suspiro-. Cuando tus padres murieron, me prometí que trataría de cuidarte y guiarte como ellos lo hubieran querido, y que nunca te faltaría, que estaría para ti siempre, pero no creo que a ellos les hubiera gustado saber que estas en tantos problemas y peligros constantemente.
-Ya no soy un niño tío –se defendió Ryo.
-No, no lo eres, lo sé, y pienso en mi hermano.
-¿Crees que estaría decepcionado? –preguntó con tristeza el muchacho.
-No, creo que estaría orgulloso, feliz de saber que eres un hombre de bien, contrariado por tener ese sentimiento de orgullo en una situación como esta, me refiero a que te arrestaron, y asustado también por que cuidarte y quererte significa eso, vivir asustado de que un día te pase algo y no poder evitarlo y… sé que sentiría eso, porque es lo que yo siento –le explicó el hombre con algo de dificultad que se notaba en su voz.
Ryo sonrió, adoptando una pose muy parecida a la de su tío (manos en los bolsillos de la chaqueta) que los hacia ver aún más semejantes.
-Qué lindo –escucharon ambos decir a la madre de Rika quien seguía abrazando a la pelirroja. Las miradas de ambos se dirigieron a la mujer quien reaccionó apenada-. Ah, lo siento, no quería… perdón es que –trataba de decir la mujer-. No quise entrometerme en su plática, es solo que, lo que dijo, sobre estar asustado y orgulloso… es lo mismo que siento con Rika todos los días –dijo mirando a la chica que desvió la mirada para que su madre no viera su rubor.
-No se preocupe, supongo que es algo que compartimos todos aquí –dijo sonriendo con amabilidad-. No nos hemos presentado, perdón, soy Tadashi Akiyama, el tío de Ryo -. Dijo extendiendo su mano hacia la mujer.
-Rumiko Nonaka, madre de Rika –dijo tomando la mano áspera del hombre.
-¿Su madre? Pero usted más bien parece su hermana, es, muy joven –dijo con una sonrisa galante y un tono de voz juguetón. Rumiko rio jugando con un mechón de su pelo.
-Bueno, yo me embarace siendo joven, así que supongo es la ventaja -respondió la mujer con el mismo tono juguetón.
-Claro ¿Y viene con el padre de Rika? –se aventuró a preguntar el hombre.
-No él…él y yo estamos separados desde hace mucho.
-Oh, lamento escuchar eso –dijo y luego agregó por lo bajo-, aunque no tanto.
- ¿Perdone? –pregunto Rumiko que parecía haber escuchado bien lo que Tadashi acababa de decir.
-Ah, yo… no nada, perdone –dijo con nerviosismo. Rumiko sonrió divertida mientras jugueteaba con un mechón de su cabello.
-No pasa nada, suelen decirme cosas así todo el tiempo.
-Debe estar cansada de eso –agregó el hombre con voz comprensiva.
-Hay momentos en que no tanto –respondió la mujer con voz suave.
Mientras tanto Ryo y Rika miraban intermitentemente a hombre y mujer descifrando lo que entre ellos estaba sucediendo hasta que dieron con la respuesta y se miraron el uno al otro con sorpresa y pavor.
-No –dijeron ambos al unísono mientras Rumiko y Tadashi seguían hablando de forma coqueta.
Sora buscó con la mirada a su madre, y solo dejó de hacerlo una vez que vio a un hombre caminando hacia ella. La pelirroja palideció ligeramente y se mantuvo firme, con Biyomon solo observándola y observando al hombre que al estar cerca de ambas saludó con la mano a Biyomon en un gesto amigable y sencillo, y luego miró a la chica pelirroja.
-Hola Sora –dijo tratando de no sonar tan fuera de lugar como se sentía.
-Papá –respondió la chica con seriedad-. ¿Y mi mamá?
-Le pedí que me dejara venir a mí, yo… quería tener la oportunidad de hablar, aunque fuera solo un momento contigo, saber cómo estas.
-Estoy bien, creo que estoy bien, me siento bien –contestó la chica. Entre ambos se formó una atmosfera marcadamente incomoda, la cual ninguno de los dos sabía cómo surcar.
Matt llegó hasta donde su madre y su hermano se abrazaban, al mismo tiempo en que su padre llegó. El rubio y el hombre mayor se miraron, incapaces los dos de hacer el primer acercamiento.
-Hola papá –saludo el rubio de forma casual, alertando a la mujer de su presencia, y de inmediato ella se apartó de T.K. para abrazar al mayor de sus hijos.
El chico recibió a la mujer, sintiéndose lleno de emoción al compartir un abrazo con ella, luego de una muy marcada distancia que con los años había crecido entre ellos. La mujer se separó ligeramente de Matt, para luego tomarlo por la oreja al igual que a T.K. y jalárselas a ambos.
-Son un par de inconscientes, ¿Cómo me hacen esto? ¿Saben cuan preocupada estaba? –los regañó la mujer, hasta que el hombre se posicionó detrás de ella colocando sus manos sobre los hombros de la mujer.
-Nat, cálmate, no hicieron nada malo, ya lo sabes –aclaró el hombre.
-¿Los defiendes? ¿Solo así? –le reclamó la mujer al padre de sus hijos.
-No los defiendo, yo también estoy molesto por el susto que nos hicieron pasar, pero al menos trata de entenderlos –pidió el hombre. La mujer aun miraba al hombre con enfado, cosa que tanto T.K. como Matt miraban y les incomodaba.
El mayor de los hermanos decidió acercarse, tomó la mano de su madre y esta dirigió su atención a él.
-Perdón mamá –dijo el chico con toda la sinceridad que podía usar. La mujer suspiró rindiéndose ante la mirada suplicante de su hijo.
-Bien, supongo que era de esperarse, son hijos de su padre, era obvio que también ustedes terminarían molestándome tanto como él –dijo a modo de broma y los tres hombres rieron. La mujer volvió a abrazar a Matt, y este disfrutó de aquel momento con su madre, uno de los pocos que podía vivir actualmente.
Hikari se acercó a una pareja que la esperaba en una esquina, recargados a la pared. La mujer recibió a la chica con un abrazo cargado de cariño mientras el hombre las envolvía a ambas con sus brazos. Tai observaba la escena desde lejos, escuchando a medias la plática, en la que la mujer y el hombre le preguntaban a la chica cosas triviales que en nada tenían que ver con su escape, el robo, la misión casi suicida y todas esas cosas. Simplemente daban gracias de que su hija estuviera de nuevo con ellos, y lo demás les daba igual.
-¿Adoptivos no? –dijo una voz áspera a un lado del chico castaño, quien reaccionó y vio al anciano Yokoshima. Agumon adoptó una postura anticipándose a un posible conflicto pero Tai le indicó que se calmara palpándole el hombro.
-¿Cómo dice? –preguntó el chico confundido.
-Los padres de la chica, tengo entendido que la adoptaron –respondió el hombre. No parecía molesto por todos los daños y el alboroto que habían causado, lo cual le resultaba extraño.
-Sí, eso creo –respondió el castaño. El anciano asintió repetidas veces.
-Maravilloso, una familia amorosa que llega hasta una niña necesitada para brindarle todo lo que le hace falta. Y del otro lado estas tú –dijo mirándolo. El castaño le devolvió la mirada, desconcertado, incluso nervioso.
-¿Yo?
-Huérfano también, pero sin la oportunidad que la niña tuvo –explicó el hombre haciendo que el chico se relajara un poco-, da curiosidad saber, ¿Qué sería de ti si hubieras tenido la misma oportunidad? O tal vez fue precisamente carecer de ellos lo que te ha convertido en quien eres.
-Señor, creo que no lo comprendo.
-Como ya te dije antes –le dijo el anciano dándole un par de palmadas en la espalda-, siempre he admirado el talento, la habilidad, y de ambas posees mucho, por eso de inmediato pensé en ayudarlos un poco –dijo guiñándole el ojo. El castaño sonrió asintiendo con la cabeza.
-Gracias –dijo con tono suave, mientras el anciano los observaba a él y a Agumon.
-Como ya dije, es al contrario, yo te agradezco a ti y a tu compañero muchacho –Tai miró al anciano con curiosidad mientras este hacia una pausa para luego continuar-. Sabes, mi padre fue uno de los primeros hombres en trabajar en el digimundo, el junto a varias otras personas que poseían recursos, influencias y grandes ambiciones. Formaron los cimientos de lo que después se convertiría en HEDM, su trabajo fue importante, pero también despiadado. Solo pensaron en lo que podían ganar, no en lo que podían aprender. Cuando aparecieron los Tamers, pensé que sería una segunda oportunidad, la oportunidad de darnos cuenta de que los humanos y los digimons podían trabajar juntos, pero al final no resulto, nuevamente la ambición pudo más, y el resultado es este mundo en que vivimos. Yo he pasado prácticamente toda mi vida adulta en el digimundo, y tanto mi hijo Yoh, como mi nieto Aizen nacieron en el digimundo, aun así ninguno de los dos se convirtió en Tamer, no fueron merecedores de esa conexión, he llegado a pensar que ese es nuestro castigo, la maldición de la familia, por la arrogancia y necedad de mi padre. En realidad estaba a punto de rendirme hasta que los conocí a ustedes.
-¿De qué habla? –preguntó Tai, inmerso en la plática del anciano.
-Supe desde el principio que todo lo que habían hecho y lo que estaban por hacer, lo hacían por sus amigos, por ese chico Davis, y por tu compañero, Agumon –el digimon miró a Tai, quien lo volteó a ver también y le sonrió.
-Es algo que cualquier Tamer haría –dijo el chico con modestia.
-No, es algo que no cualquiera estaría dispuesto a hacer, pero ustedes, todos ustedes, son diferentes. El destino o quizá, el mero azar ha reunido a un grupo de jóvenes realmente excepcionales, tanto en sus habilidades como en sus vínculos con sus compañeros digimon, lo sé, tuve tiempo de investigarlos –dijo riendo un poco-. Los veo y encuentro en ustedes la esperanza, el camino hacia el futuro. Estoy seguro de que ustedes se convertirán en eso que a nuestros mundos les hace tanta falta. Confío en que ustedes serán la prueba de que es posible que humanos y digimons trabajen y vivan juntos, en completa armonía e igualdad. Puedo verlo en tus ojos Taichi, en los tuyos Agumon, y en el resto de ustedes, los elegidos –concluyó su discursó sonriendo y haciendo una pequeña reverencia al chico y su compañero para luego comenzar a alejarse.
Tai lo miró mientras caminaba ayudándose con el bastón hasta que se detuvo detrás de Kouta quien hablaba con Eva y una mujer mayor quien debía ser la hermana de la chica.
-¡Tú! ¡Tú fuiste el tarado que robo mi arco! –le gritó el anciano sobresaltando al joven y llamando la atención de casi todos los presentes-. Espero que no lo hayas arruinado.
-¿Disculpe? –Dijo el chico indignado-, enderece las palas, ajuste la mira y el cable y engrase las poleas, ese arco se moría en el abandono que usted lo tenía –afirmó el chico sin titubeos.
El anciano lo miró severamente para luego dejar escapar una risa divertida.
-Tal vez tienes razón muchacho –dijo entre risas el hombre.
Aquella risa impregnó el ambiente de una sensación de alivio y comodidad que mucha falta hacía. El resto de los presentes también comenzaron a reír, a abrazarse y a dejar de lado las preocupaciones, los miedos y los enfados. Pero aquel ambiente relajado se rompió abruptamente por el sonido seco de una fuerte bofetada.
El golpe recibido por la mano de su padre hizo que incluso el rostro de Juri girara ligeramente. La chica parecía desconcertada por el golpe que le enrojeció la mejilla a la cual llevó su mano temblorosa para palparse con los dedos.
Aquel ruido interrumpió todas las pláticas y provocó que las miradas se dirigieran a donde la chica se tocaba la mejilla y su padre la miraba con enfado. Leomon tensó los músculos de sus brazos al ver aquel súbito golpe, pero se contuvo de hacer cualquier movimiento.
-Me has puesto en vergüenza, y a nuestra familia, pero toda esta tontería se termina ahora –dijo el hombre con voz dura-. Nos vamos de aquí, y te olvidaras de todo esto para siempre. Vámonos –dijo tomando a la chica con violencia por la muñeca para salir de aquel lugar. Henri parecía estar a punto de ir en su ayuda, pero su padre lo sujetó por el hombro, consciente de que aquello era algo que solo al padre de la chica y a esta les concernía.
Juri se dejó arrastrar un par de pasos, aun desconcertada por lo que acababa de pasar. Hasta que se detuvo de golpe y con brusquedad se liberó del agarre de su padre.
-No –dijo con voz firme. El hombre se giró hacia ella mirándola con enfado.
-¿Qué acabas de…?
-¡Dije que no! –Exclamó la chica y de sus ojos comenzaron a brotar algunas lágrimas-, ¡Ya basta papá! Basta de que siempre critiques y desapruebes lo que hago, basta de que desprecies a Leomon con tus palabras y tus acciones, basta de que jamás reconozcas mis logros. Soy una Tamer, y quizá a ti te avergüence, pero a mí me llena de orgullo.
-¿Crees que esto es razón para sentir orgullo Juri?
-¡Si! –Declaró con voz en cuello la chica dejando salir todas sus emociones-. Soy una de las mejores Tamers del mundo, Leomon y yo tenemos un record de misiones que pondría en ridículo a un veterano, me nombraron capitana, y por si no te enteraste cometimos un robo imposible y completamos una misión realmente complicada con éxito. Así que si papá, estoy orgullosa de lo que soy.
-Pues sigues siendo mi hija, y harás lo que te ordeno.
-Pues si esa es tu opinión, entonces creo que ya no quiero obedecer órdenes tuyas –la chica hizo una pausa para respirar, intentando controlar su llanto-. Director Resse, ¿No existe problema en que la mansión Riuga se convierta en mi residencia por completo o sí? –preguntó sin siquiera voltear a ver al hombre que miraba atentamente la situación desde lejos.
-No, ninguno –dijo estrictamente cumpliendo con las funciones de su trabajo.
-Si no te vas ahora mismo conmigo a casa, olvídate de volver al menos lo que me quede de vida –la amenazó el hombre. Juri lo miró a los ojos, tan enfadada como él la veía a ella.
-Mamá siempre me apoyo, y estoy segura de que lo haría en este momento, y desde que ella murió esa casa para mi dejo de ser un hogar, y todo es por tu culpa –dijo con voz acusadora.
La expresión del hombre se enfureció aún más, y parecía a punto de soltarle una nueva bofetada a la chica, pero se contuvo. Apretando los puños dio media vuelta y se marchó con grandes zancadas sin voltear a ver a su hija ni una vez. Juri temblaba por el enfado y la conmoción, mientras veía con la respiración alterada como su padre se alejaba sin más.
El padre de Henri dejó de sujetarlo y este de inmediato se aproximó a la chica, apoyando su mano sobre el hombro de ella, quien al sentirlo se giró de inmediato para abrazarlo y comenzar a llorar sobre su pecho.
Un silencio incomodo se formó después de aquella escena, momento en el cual Charles volvió a ejercer su rol como superior de los Tamers y uno de los más altos mandos de la agencia para la que trabajaban.
-Bien –dijo luego de aclararse la garganta sonoramente para llamar la atención de todos-. Entenderán que aclarado todo este asunto deben volver a la mansión para continuar con sus labores normales. Pueden pasar un rato con sus familiares, repórtense en la mansión a las seis para que puedan descansar apropiadamente, y mañana reanudaran sus actividades.
-¿Volveremos a servicio activo? –preguntó Matt.
-El general Hyuga fue muy específico, su suspensión solo duraría hasta que el tema del Emperador se resolviera –respondió Charles-. Mañana en la mansión recibirán nuevas indicaciones de lo que procederá para ustedes. Rika, y el resto de los que asistieron a la residencia Yokoshima, las pertenencias que dejaron ahí serán llevadas a la mansión, espero que a más tardar mañana. Es todo, pueden retirarse –finalizó su discursó el hombre para luego comenzar a caminar con paso decidido.
-Nuestras cosas –dijo T.K. que hasta ese momento no había pensado en ello y al hacerlo cayó en cuenta de algo importante-. ¡Ángela! –Exclamó al recordar a su novia-. ¿Saben algo de ella?
-Creo que también a ella vas a tener que darle muchas explicaciones jovencito, por tu culpa la arrestaron –le informó su madre.
-Ay no –se lamentó el muchacho, a lo que Patamon le dio unas palmaditas en la frente a modo de consuelo y su padre puso sus manos sobre sus hombros.
-La dejaron ir de inmediato, pero de todas formas le hiciste pasar un muy mal rato y debes disculparte con ella en persona.
-Si lo sé, carajo –dijo el chico.
-¿Qué acabas de decir? –dijo su madre en forma de reprimenda mientras los dos hermanos y sus padres comenzaban a caminar juntos.
Juri se separó con timidez de Henri aunque sin dejar de abrazar al muchacho.
-Puedo acompañarte a la mansión, si quieres –se ofreció el chico mientras su padre y su hermana se acercaban a ellos.
-No –dijo la chica secándose las lágrimas con el dorso de la mano-, deberías ir con tu padre y tu hermana, además, supongo que Kouta y Tai también volverán a la mansión, si no les molesta… -dijo mirando a ambos chicos.
Kouta y Kotemon se encaminaron hacia ellos. El chico le sonrió a la joven y al muchacho mientras le daba una palmada en la espalda a él.
-Claro, vamos –dijo haciendo una seña para que lo siguiera y se fueron acompañados por Leomon.
-Bueno, pues yo –dijo Eva algo indecisa-, no estoy segura de mi situación y…
-Descuida, tu participación también se aclaró ya –le dijo Gennai acercándose a la chica y a su hermana que parecía igualmente confundida-. Tus superiores fueron informados de todo y puedes volver a tu escuadrón si ya te sientes lista.
Eva sonrió, aunque su sonrisa pronto comenzó a desvanecerse.
-Bueno aun, queda un detalle con respecto a eso –dijo con voz apagada.
-En realidad –dijo el señor Yokoshima acercándose a la chica-, me gustaría poder platicar contigo –dijo con tono amable-. Según los informes tú fuiste la piloto principal del Halcón durante toda su misión, ¿correcto?
-Ah, sí, lamento el estado en que lo dejamos –se disculpó.
-No te preocupes, después de todo era una prueba de campo, y si no te molesta, me gustaría que pudieras darme un informe detallado sobre todo lo sucedido, para tomarlo en cuenta cuando se hagan las reparaciones, y futuros nuevos modelos –Eva quedó boquiabierta ante tal propuesta al igual que su hermana, con quien compartió una mirada y una sonrisa.
-Ah… cla… claro, encantada.
-Muy bien, permítanme invitarlas a ambas a comer entonces. Señor Banks, ¿nos vamos? –dijo el anciano y el guardaespaldas se despidió con rapidez del padre de Takato, del muchacho y de Guilmon para reunirse con el señor Yokoshima y sus dos acompañantes.
Tai y Agumon permanecieron junto a la salida, despidiéndose de todos, hasta el momento en que llegó Mimi, acompañada de sus padres. La castaña les sonrió al igual que Palmon y el chico devolvió la sonrisa algo avergonzado al estar frente a los padres de la chica.
-Ah…bueno, yo…, nosotros… -trataba de decir mientras la señora Tachikawa lo mirada aun tensa y el señor Tachikawa permanecía sumamente serio.
-Creo que deberías ir a asearte y descansar muchacho –le sugirió el señor Tachikawa.
-Claro, si –asintió el chico sonrojándose. Luego miró a Mimi que parecía igualmente algo apenada y sus mejillas comenzaban a adquirir un rubor que encantaba al chico-. Bueno, yo…supongo que… después hablamos –dijo atropelladamente. Mimi rio un poco mientras volvía a caminar junto a sus padres.
-Te veo en la mansión Tai –le confirmó la ojimiel a modo de despedida.
El chico sonrió para luego salir, siendo él y Agumon los últimos en hacerlo.
Mansión Riuga, Odaiba, en Japón, en la Tierra
Julio 15 del 2085
Charles atravesó el portal primero. Detrás de él, Kouta y Kotemon, Juri secándose las lágrimas con discreción, tratando a toda costa de que nadie notara su estado de ánimo, aunque sin lograrlo del todo en realidad, junto a ella Leomon, y al final de la fila Taichi y Agumon.
La agitación de cruzar el portal atacó nuevamente los sentidos de Tai, quien apenas comenzaba a volver a acostumbrarse al uso del mismo, y parecía que estaba destinado a sufrir de largos periodos de pausa que volvían a cada traslado algo vertiginoso. Juri por otro lado, parecía más sumida en pensamientos y sentimientos que la hacían estar algo ajena a su alrededor. Se marchó seguida por Leomon sin decir nada y sin que nadie la detuviera, aun algo incomodos por los sucesos anteriores.
-Bueno, si no disponen lo contrario, nos retiramos a descansar –dijo Kouta volteando a ver a Charles, quien asintió mientras volvía a mirar el monitor del equipo utilizado por uno de los técnicos que acostumbraban a estar en los niveles inferiores de la mansión.
Kouta hizo una seña a Tai con la mano a modo de despedida y este le devolvió el gesto. Poco después el castaño percibió el movimiento de Charles, quien aprecia estar por retirarse.
-Charles yo… -trató de hablarle el muchacho, a lo que el hombre de traje se giró para mirarlo con semblante serio.
-Supongo que tienes muchas cosas que decir y preguntar, pero creo que esa charla puede y debe esperar a que todos estén aquí, y a que estén en mejores condiciones –le dijo sin rodeos-. Vayan a descansar. Dúchense, coman algo, hablaremos mañana temprano –dijo y sin agregar nada más se dio la vuelta para marcharse.
-Gracias –dijo Tai antes de que el hombre tomara la manija de la puerta y saliera de la habitación. Charles se detuvo unos segundos, pero finalmente no dijo nada y solo salió con su habitual andar apresurado.
El castaño sonrió entendiendo que no debía esperar nada más de aquel hombre distante y profesional. Él y Agumon salieron de la sala del portal despidiéndose del técnico y subieron a la planta baja de la mansión. Caminaron en silencio por los pasillos, llegaron hasta el pie de la escalera, subieron sintiendo cada vez más el dolor y el cansancio. Sin compartir ni una pequeña charla llegaron hasta la habitación que compartían.
La cama de Agumon estaba ordenada, la de Tai no tanto, justo como el chico la había dejado al salir, inseguro de si volvería a verla. El castaño tomo asiento sobre ella y miró desde ahí el cuarto que le pertenecía, sintiendo que acababa de regresar a donde debía estar. En ese momento quiso hablar con Agumon, de cualquier cosa, de nada en especial, solo para cerciorarse de que las cosas habían vuelto a ser como antes, como debían ser, pero al mirar a su compañero se dio cuenta de que este había caído rendido sobre su cama. Yacía acostado respirando pausadamente y disfrutando de un merecido y cómodo sueño que los había eludido por mucho tiempo.
Tai se levantó de la cama, caminó hacia el baño y una vez ahí se desnudó. Entró en la regadera y abrió la llave para dejar correr el agua sobre su cuerpo. El contacto con el agua tibia retirando la arena atrapada en su cabello y el polvo pegado en su piel por el sudor lo corroboró: lo referente al Emperador de los digimons había concluido, él y Agumon estaban en la mansión Riuga, donde también estaba Hikari. Dentro de lo que cabía esperar, todo estaba bien.
Instituto Akasaki, Odaiba, Japón, En la Tierra
Julio 15 del 2085
El instituto Akasaki era una de las escuelas privadas más prestigiosas de Odaiba, y una de las más reconocidas en todo el país. De larga tradición y elitista sistema de admisión, el instituto se regocijaba de las grandes personalidades reconocidas muchas de ellas a nivel global, y que habían estudiado en sus aulas y pasillos. Se estableció desde sus inicios como un internado, con la idea siempre defendida que, gracias a la estancia de los alumnos en el instituto, las distracciones del mundo exterior eran mínimas, lo que les permitía explotar al máximo sus capacidades y desarrollar de manera eficiente sus talentos. Claro que aquel modelo, aunque muy atractivo para los padres, no era bien recibido por el total del corpus académico de la institución, y menos aun cuando a las clases normales le sumaban los cursos de verano a los cuales se podía inscribir a los alumnos.
Tal era el caso de una joven niña que recién, a media tarde de aquel domingo, salía de uno de los salones de clases a donde había ido para entregar una fastidiosa redacción de cinco cuartillas a espacio sencillo acerca de la fotosíntesis y su relevancia en el equilibrio de la biosfera. Dado que era fin de semana, y además periodo de vacaciones, los estudiantes no estaban forzados a llevar el uniforme, por lo que la niña llevaba un vestido amarillo moteado con flores y unos tenis blancos en los pies. Entre sus manos cargaba una carpeta y su mirada denotaba fastidio.
Junto a ella pasaron corriendo dos chicos que se detuvieron uno a cada lado de la niña, quien los miró apenas de reojo. Lucían un par de años mayores que ella.
-Hola Mikami –saludó uno de los chicos.
-Hola Josh –respondió la niña sin mucha emoción en la voz.
-Oye, no estés tan triste, no es tan malo –dijo el otro chico tratando de animar a la niña-, te acostumbras rápido a pasar las vacaciones aquí en la escuela.
-Ah, que consuelo –dijo la niña con sarcasmo.
Los chicos se miraron uno al otro con un gesto desanimado.
-Anímate, podemos hacer cosas divertidas, hoy nos juntaremos varios de los abandonados a jugar videojuegos en la sala del edificio B, y el próximo fin de semana el hermano de Yukito vendrá por él y nos llevará a varios al Palet town, solo necesitas el consentimiento de tu hermano y podremos ir.
Mikami apretó la carpeta entre sus manos recordando con enfado a su hermano y se detuvo de golpe. Se giró para recargarse en el barandal de mármol con columnas adoquinadas que sostenían el volado del techo y miró desde ahí la escuela. No era desagradable, los edificios poseían una arquitectura que hacía que todo el lugar se asemejara a un castillo, había varios jardines, un lago artificial y una piscina en el complejo deportivo. Los dormitorios eran espaciosos, la comida buena y en sus ratos libres había varias cosas divertidas con que ocuparse. Sin embargo, aun con todas aquellas ventajas, algo no estaba bien, algo para aquella niña se sentía raro, incomodo, y los ratos que podía pasar fuera de la escuela con su hermano eran para ella la liberación de aquella incomodidad que la hacía sentir pesada, y eso era lo que la tenía tan molesta en ese momento.
-Josh, Yukito, les agradezco que traten de animarme, pero en verdad, no es necesario.
-Es que no nos gusta verte así –dijo el chico llamado Yukito. Mikami estaba a punto de decir algo cuando notó un ligero movimiento detrás de una de las columnas.
Por un instante dudo de sí misma, de sus propios instintos, pero pronto, aquella parte de sí misma que había estado guardada los últimos cuatro años, despertó.
-En estos momentos quisiera estar sola, por favor –dijo la chica sin girarse a ver a sus compañeros, quienes, resignados, se despidieron y continuaron por el corredor.
Mikami miraba disimuladamente hacia el edificio frente a ella, con las manos sobre el barandal que le llegaba un poco debajo de la barbilla. Escuchaba atenta los pasos de sus compañeros por las escaleras, y esperó hasta que estos le demostraron que los dos chicos habían terminado de bajar y se alejaban sin prisa. Sus latidos eran fuertes, o quizá era el silencio en el que ella misma se había sumergido lo que le permitía percibirlos con tal nitidez.
-Ya sal de tu escondite, rata cobarde –dijo con tono serio mirando hacia una de las columnas del edificio.
Casi de inmediato, de detrás de esa columna se escuchó una risa, y luego se hizo visible la figura de un hombre joven y alto, quien se desplazó por el costado de la columna hasta poner los pies en el barandal y caminar sobre él, dando un salto para caer frente a la niña.
-Tranquila, soy yo –dijo el chico de cabello negro amarrado en una coleta y una cicatriz que surcaba su rostro de lado a lado, quien le sonrió de forma divertida.
-Eso ya lo sé rata cobarde –dijo la niña. Kouta suspiró, borrando la sonrisa de su rostro y guardando sus manos en los bolsillos de su chaqueta - ¿y qué? ¿Ahora eres un criminal? ¿debería llamar a la policía? ¡Auxilio, el fugitivo de HEDM me ataca! –dijo elevando ligeramente la voz, a lo que Kouta reaccionó callando a la niña.
-No, tranquila, ya no soy un fugitivo, me exoneraron esta mañana, todo está bien, normal, como antes.
- ¿Te exoneraron? –dijo la niña con escepticismo-. ¿Entonces por qué vienes a aquí y te escondes como un fugitivo?
-Bueno, no estaba seguro de que quisieras verme –dijo el joven rascándose la nuca.
-Ah, al parecer aun te funciona un poco el cerebro, porque en efecto, no tengo grandes ganas de verte –le espetó con frialdad. Kouta bajó ambos brazos y miró al suelo, incapaz de sostener la mirada acusadora de su hermana.
-No quería hacer que te molestaras, lo siento –se disculpó el chico.
-No estoy molesta –dijo Mikami, a lo que Kouta sonrió ligeramente-, en realidad, creo que acostumbrada es una mejor palabra para describir como me siento, después de todo, ya me habías abandonado una vez cuando desertaste de HEDM.
-Estabas más segura quedándote con Tai que viajando conmigo –explicó el muchacho.
-Luego Tai me abandono para unirse a HEDM.
-Hizo un trato para protegerte a ti y a los otros niños.
-Luego tú me vuelves a abandonar para volver a desertar de HEDM…
-Eso no es exactamente lo que paso –interrumpió Kouta a la niña-, solo deja explicarte.
-¿Sabes? No me importa, a decir verdad, tuve tiempo de hacerme a la idea. Cuando la directora me llamó para decirme que habías pagado los ocho años que me restaban de estudios aquí, supe que nada bueno podía significar, así que revise en internet y descubrí que habías abierto un fideicomiso que recibiré cuando cumpla dieciocho, más una cuenta bancaria de la que recibiré una modesta mensualidad por los próximos seis años. Mi única duda es, ¿de dónde sacaste tanto dinero?
-El fideicomiso existe desde hace años, desde que fallecieron nuestros padres, casi todo lo que ganó de mis misiones lo ahorró para tu educación, y para la mensualidad…vendí algunas cosas, liquidé mis cuentas bancarias y pedí algo de dinero prestado –se explicó el muchacho.
Mikami, cruzada de brazos seguía mirando a Kouta con enfado.
-Pues gracias, al menos esta vez me dejas algo antes de largarte –reclamó la niña.
-Lo siento, en verdad, tenía que hacerlo, entiende. Fue para ayudar a Tai, y a otro chico –dijo recordando a Davis, y a Ken-, me equivoqué con él, cometí un error y debía enmendarlo.
-Siempre tienes que hacer algo por los demás, a veces incluso tienes que irte para protegerme a mí, en lugar de quedarte –Mikami desvió la mirada, mirando hacia, en ella ya no estaba el enfado de antes, sino solo una mueca vacía, triste-. Nunca estas aquí.
Kouta bajó la mirada y apretó los puños. Mikami se volvió hacia el muchacho quien alcanzó a ver como la niña se limpiaba una lagrima del rostro.
-Como sea, supongo que así tienen que ser las cosas –dijo con resignación.
Kouta camino, con lentitud, hacia la niña, extendió con timidez sus bazos hacia ella, mientras que la niña se acercó para quedar finalmente abrazados.
-Estoy aquí ahora, y siempre estaré aquí, te lo prometo –Mikami se quedó en silencio, mientras sentía como su hermano le acariciaba la cabeza-. Podemos irnos si quieres, no tienes que pasar las vacaciones aquí –sugirió el chico.
-Acabo de inscribirme en un curso avanzado de biología de dos semanas, no puedo dejarlo de lado solo así –respondió la niña.
-Claro.
-Pero podemos salir hoy –agregó sin dejar de abrazar a su hermano-, siempre que me devuelvas antes de las diez. Podemos ir a comer pizza en Pallette Town.
-Claro…o algo más barato, recuerda que acabo de quedarme sin dinero –Mikami rio con discreción.
-No te preocupes, yo invito, mi estúpido hermano acaba de darme todo el dinero que tenía.
Ambos siguieron abrazados por un rato más, sin decir nada, solo acompañándose el uno al otro.
-Apestas horrible –dijo la niña sin despegarse de su hermano.
Mansión Riuga, Odaiba, en Japón, en la Tierra
Julio 17 del 2085
La tarde del día en que oficialmente todo había concluido los Tamers y digimons, poco a poco fueron llegando a la mansión, e inmediatamente se fueron recluyendo en sus habitaciones para descansar. La mansión quedo totalmente a oscuras y en silencio antes de las ocho de la noche, y permaneció así hasta el amanecer. Al día siguiente hubo poco movimiento. Varios no salieron de sus habitaciones salvo para comer o para asistir a la enfermería por algún malestar, el cambio de un vendaje o la aplicación de algún analgésico para el dolor.
Tai, Matt, Ryo y Kouta eran los más activos, aunque eso era solo un decir, pues los cuatro, acompañados por sus compañeros, solo tuvieron energías para arrastrar unas cuantas sillas al patio trasero, disponerlas de modo que vieran el bosque que rodeaba el terreno de la mansión, y bebieron unas cervezas de las que Kouta seguía metiendo de contrabando (ante la mirada de enfado de Charles, quien decidió perdonarles aquella falta de compostura, solo por esa ocasión) hasta que se quedaron dormidos y luego entraron a la mansión para cubrirse de los mosquitos.
Ese mismo día llegaron las cosas que habían dejado olvidadas en la casa de la familia Yokoshima, junto con una nota dirigida a Rika escrita por Aizen, en la cual el chico le reclamaba a la joven por haberlo utilizado y le aseguraba que nunca más volvería a buscarla. Rika apenas leyó de manera rápida la carta y luego la tiró a la basura, subió sus cosas a su habitación y luego subió a la azotea sola. T.K. recibió una llamada a medio día, de parte de Ángela, su novia, quien por los berridos que se escuchaban salir por el auricular no debía estar muy contenta. El joven rubio estuvo pegado al aparato por varias horas hasta que al final la chica pareció haberse calmado y T.K. le prometió ir a verla al día siguiente para compensarla y disculparse en persona.
-Compensarla y disculparte, buena esa chico –dijo Kenta con tono sugerente al pasar junto a él y escuchar la conversación, pero T.K. estaba tan agotado que lo dejó pasar y tras colgar el teléfono se quedó dormido en el sofá.
Davis y Veemon eran los únicos que aún no regresaban a la mansión.
-Anoche se quedó en casa de sus padres, les dijimos que ya todo está bien, pero supongo que aun así están algo preocupados, seguramente mañana ya estará devuelta –le informó Charles a Sora cuando esta preguntó por el joven.
Cerca del anochecer una camioneta grande llegó hasta la mansión. El conductor pidió hablar con Juri, y tras una breve charla, de la camioneta comenzaron a bajar varias cajas llenas de objetos personales de la chica. Se enteraron así de la definitiva decisión de la misma de no volver a pisar la casa de sus padres, y en un acto de solidaridad, Hikari, Yolei y Mimi le ayudaron a subir sus cosas.
Charles podía ver con claridad que el ánimo no era el mejor para tratar los temas que aún seguían pendientes, por lo que simplemente dejó que el día pasara, sin mayor novedad.
La mañana siguiente llegó prácticamente sin que nadie lo notara, aunque lo que si se notaba era la carga de una energía distinta. Sin planearlo, todos se reunieron para desayunar esa mañana en el comedor. Matt, Kouta, Takato, Henri y Cody cocinaron comida suficiente para un batallón entero, misma que desaparecía tan rápido como iba saliendo. Que todos estuvieran reunidos en el comedor no era algo que sucediera todos los días, y, aun así, nadie lo sintió como algo extraño. Seguramente eso era el resultado de haber pasado los días anteriores en tan estrecha convivencia y en tan peculiares circunstancias.
Ya casi todos habían terminado de comer cuando Charles se asomó por el umbral de la entrada al comedor.
-Los quiero a todos en mi oficina, en diez minutos –dijo con voz seria y luego se marchó. Los Tamers y digimons escucharon sus pasos en la escalera y se miraron unos a otros.
-Bueno, vamos –dijo Tai antes de engullir su ultimo bocado.
El amplio pasillo parecía estrecho por la cantidad de ocupantes en él. Tai se encontraba, junto con Agumon, al frente del grupo, flanqueado por Matt y Gabumon, y del otro lado Sora y Biyomon. El castaño levantó la mano un poco nervioso y dio tres golpes a la puerta de madera.
-Adelante –se escuchó desde el interior, y Tai, luego de una exhalación profunda, empujó la puerta para entrar.
Charles estaba detrás de su escritorio como siempre, revisando cosas en su computadora y leyendo informes sobre su escritorio, y del otro lado del mismo, se encontraba Davis, acompañado por Veemon.
-¡Davis! –exclamó Sora al ver al chico y se abrió paso para llegar hasta él. Al escuchar el nombre del joven los demás comenzaron a empujarse para entrar a la oficina y ver al chico, quien pronto se vio rodeado por todo un tumulto de personas que le preguntaban cómo estaba y si se sentía bien.
El carraspeó de Charles alertó a todos sobre el lugar en que se encontraban, y de inmediato recuperaron la compostura. Fue hasta entonces que muchos se percataron que, del otro lado de la oficina, sentados en los sillones alrededor de una mesita de madera, se encontraban Gennai y Jijimon, quienes se pusieron de pie y caminaron hasta quedar del lado de Charles, flanqueando al mismo.
Los Tamers y digimons se acomodaron, distribuyéndose frente al escritorio de modo que todos alcanzaran a ver y saber que exactamente pasaba.
-Como ya se han percatado, Davis está de vuelta con nosotros –dijo extendiendo su mano hacia el chico quien sonrió y saludo con la mano.
-Un gusto volver con ustedes –dijo el joven, con voz algo fatigada.
-¿Y ya no tienes deseos de dominar al mundo? –le preguntó Kouta y luego recibió un codazo por parte de Yolei en un costado.
-No, ya no –dijo con una sonrisa en el rostro.
-Se te harán exámenes médicos con regularidad al menos por los próximos dos meses para estar seguros de que la espora desapareció por completo –aclaró Gennai.
-Y estarás en evaluaciones psicológicas por el mismo periodo o quizá más, órdenes del alto consejo –agregó Jijimon.
-Por lo mismo, aunque vivirás en la mansión y volverás a la mayoría de tus actividades de rutina, por el momento estarás en estado inactivo, no portaras un digivice, ni se te incluirá en ninguna misión hasta que se determine que eres completamente apto para ello, ¿comprendes? –Davis asintió apretando los labios y los puños, parecía molesto, pero no con la decisión de Charles y el alto consejo, sino consigo mismo.
-Sí, entiendo, no es como que esperara menos –dijo el chico esforzándose por no derramar lagrima alguna.
Ken caminó hasta el, y puso su mano sobre el hombro del muchacho.
-Animo, todo estará bien –le aseguró, y Davis respondió con una sonrisa que mostraba confianza en las palabras de su amigo.
-En cuanto al resto –dijo Charles llamando la atención de todos los presentes nuevamente-. Desobedecieron órdenes directas, se convirtieron en fugitivos, atravesaron al digimundo sin autorización, robaron, mintieron, utilizando información privilegiada se infiltraron en una ciudad altamente vigilada, en una empresa de alta tecnología y robaron un prototipo de nave de combate avanzada para ir a hacer algo que específicamente se les ordeno que no hicieran –descargó el hombre de golpe sobre los chicos, quienes se sumieron en el silencio luego de eso.
-Tu nos dijiste que lo hiciéramos –dijo Kouta como justificación. Charles lo miró con tal seriedad que el joven sintió una gélida sensación recorriéndole todo el cuerpo.
-Oficialmente así es, el señor Yokoshima y yo fuimos los responsables de sus actos, y por ende ustedes no tienen culpa alguna. Volverán a servicio activo dentro de cinco semanas.
-¿Qué? ¿Por qué en cinco semanas? –preguntó Ryo indignado.
-Por que oficialmente están de vacaciones, pero extraoficialmente están castigados por desobedecer, ya cállate –le espetó Charles que había perdido la poca paciencia que le quedaba-. Escuchen –dijo luego de respirar y calmarse-, todos estamos muy agradecidos por lo que hicieron, pero lo que hicieron requirió de que muchas personas hiciéramos cosas muy complicadas de hacer, y que nos meten en predicamentos muy grandes. La próxima vez que hagan algo como esto, ni yo, ni Gennai, ni el señor Yokoshima ni nadie podrá respaldarlos, ¿comprenden?
-Si –dijeron todos al unísono.
-Bien, sus digivices ya fueron devueltos, pero yo no se los entregaré a ustedes, y ustedes, permanecerán aquí las próximas cinco semanas de su periodo vacacional, o podrán irse a visitar a sus familias, ir a pescar, ser invitados a otro evento social importante y arruinarlo –dijo mirando específicamente a Rika-, o iniciar un levantamiento armado por razones que solo ustedes conozcan, me da igual. Pero ya no volveré a ayudarlos, así que piensen las cosas, midan sus actos, y ya no se metan en problemas. Retírense.
Concluyó la charla el hombre volviendo a los asuntos de su trabajo. Gennai y Jijimon salieron primero, acompañados de Joe e Izzy, y detrás de ellos Ken, ayudando a Davis a caminar, junto con Sora, quien parecía muy al pendiente del chico.
Tamers y digimons siguieron saliendo hasta que solo quedaron en la oficina Tai y Charles, quien por un segundo no se percató de la presencia del muchacho, y luego solo levantó la mirada algo enfadado.
-¿Qué? –preguntó con brusquedad.
Tai sonrió, con amabilidad le sonrío a aquel hombre a quien alguna vez vio como a un enemigo, y ahora veía en el un aliado. Le sonrió como no recordaba haberle sonreído antes.
-Gracias –dijo con voz tranquila para luego girarse y salir de ahí.
Charles no dijo nada y solo regresó a sus labores, aunque luego de unos segundos se detuvo, y sonrió, de la misma manera que Tai había sonreído.
-Niños –susurró sin distraerse de su trabajo.
La sala de la planta baja de la mansión se llenó como de costumbre por los Tamers y digimons, quienes de a poco volvían al ritmo cotidiano de sus vidas. Poco se hablaba ya sobre el tema, en parte porque lo más relevante ya se había discutido, y en parte por querer descansar de todo lo sucedido.
Era así como en su mayoría los habitantes de la mansión habían vuelto a actividades más cotidianas. Rika y Renamon jugaban una partida de ajedrez, observadas por Joe y Gomamon, y Takato y Guilmon, mientras que el chico conversaba con Kenta y Hirokazu que poco entendían del juego. Ryo, Matt y Kouta fumaban en la ventana mientras que Yolei hacia comentarios que hacían enfadar al chico de cabello largo cuando identificaba que los mismos eran dirigidos a él. Izzy y trabajaba en la computadora acompañado por T.K. y Cody, mientras que Patamon, Terriermon y Armadillomon jugaban cartas en el piso.
Henri leía en silencio, con Terriermon sobre su cabeza aparentemente dormido, y Suzie cabeceaba con Lopmon en su regazo mientras que Juri conversaba con Hikari, quien a su vez volteaba a ver a Ryo cada tanto y sonreía de forma tierna.
Taichi seguía al pendiente de aquellos gestos de parte de la joven hacia él muchacho, incomodo de verla tan atenta a un muchacho algunos años mayor que ella, y en especial tratándose de Ryo, un chico rudo y temerario.
-Creo que se parece a mí –susurró para sí mismo.
-¿Quién? –preguntó Mimi tomando asiento junto a Tai y, para sorpresa del joven castaño, tomando su mano sin previo aviso y entrelazando sus finos dedos con los de él. El chico la miró ligeramente ruborizado, mientras que ella le sonrió con sencillez.
El joven notó casi de inmediato el digivice que descansaba sobre el pecho de la choca, colgando de la fina cadena.
-Me gusta cómo se te ve –dijo para luego volver su atención a los ojos de la castaña. Ella le sonrió nuevamente sin dejar de sujetar fuertemente su mano.
Davis permanecía mayormente callado, Sora lo veía desde la distancia, notando como el chico parecía incomodo, más por el mismo que por los demás. Todos comprendían que lo sucedido afectaba de manera distinta al chico que seguía demasiado débil como para hacer movimientos rápidos o bruscos, y prefería solo quedarse sentado en uno de los sofás del fondo. Ken por su lado también parecía vigilar al chico, pendiente de su estado de ánimo, mientras al mismo tiempo una pregunta lo rondaba de manera insistente, algo que no había logrado resolver aún.
Refugio de los desterrados, en la pradera sur del continente Sarvar, en el Digimundo
Julio 14 del 2085
-Otra cosa –dijo Ken de manera imprevista cuando todos se disponían ya a salir.
-¿Qué pasa? –preguntó Tai mirando al joven con curiosidad.
-Nadie diga nada acerca del Kimeramon –dijo sin rodeos.
-¿Qué? –se sobresaltaron varios de los presentes.
-¿Es uno de los detalles más importantes a mencionar no crees? –señaló Matt.
-Es algo importante, sí, pero delicado, no hay tiempo para explicar, y no quiero correr riesgos sin asegurarme primero de lo que creo saber –dijo el joven con tono lúgubre.
Nadie dijo nada, aunque no todos parecían conformes con esa última indicación.
-Creo que deben hacerle caso –dijo Gennai parado detrás del chico-, él sabe por qué lo dice –aseguró el anciano.
Aunque no todos parecían convencidos, aceptaron, al menos eso era lo que el muchacho esperaba.
Mansión Riuga, Odaiba, en Japón, en la Tierra
Julio 17 del 2085
Ken dejó de mirar a Davis para evitar que este se percatara de su vigilancia, pero su mente siguió pensando en las mismas cosas, mientras que a su lado se sentó Yolei quien seguía discutiendo con Kouta haciendo reír a la mayoría de los presentes, y Wormmon se acomodó sobre su regazo, mirándolo por un instante y obteniendo una sonrisa que parecía decir "todo está bien" de parte del joven Tamer, quien luego levantó la mirada, viendo sobre el umbral de la entrada de la sala una insignia que pocas veces había mirado con atención, se trataba de la insignia de HEDM.
-Dios, espero estar equivocado –se dijo mentalmente, percatándose en ese momento de que Veemon lo miraba con atención, como si buscara hacerle saber algo.
Quizá… confirmarle algo…
Continuara…
Wooooow, al fin.
Antes de terminar el año quería cerrar este arco, y bueno, esta sería la "conclusión" por así decirlo, dado que, aunque la misión y el asunto del Emperador de los digimons se ha terminado, las consecuencias de estas situaciones están por verse.
Espero hayan disfrutado con todo lo anterior, y con este capítulo, que me temo será el último de este año, más que nada por que dudo tener en una semana el siguiente, aunque si fuera ese el caso, tendrán noticias pronto.
En fin, sin más que agregar, solo decir que siempre agradezco su paciencia, y sus comentarios para la historia. Estén pendientes de la siguiente actualización, y como regalo dado que hoy es 24 de diciembre y mañana es navidad, les adelanto: no habrá misiones, ni explosiones ni digievoluciones, pero si situaciones personales de los personajes… especialmente Tai y Mimi.
Ahora sí, nos vemos, feliz navidad y próspero año nuevo.
