Como siempre, agradecimientos especiales a: maxtime, anaiza18 y Mac1826, y a todos aquellos cuyos nombres desconozco pero siguen leyendo esta historia que tan esporádicamente sigue avanzando.

Capitulo XXV

Torre de Huanglongmon en Huanglongmon city, en el Digimundo

Julio 20 de 2085

En una habitación iluminada a medias, una mujer de larga cabellera rubia hasta la cintura trabajaba sobre una mesa metálica rodeada de piezas varias de distintos tamaños, algunos cables de cobre y herramientas dispersas por todos lados. Una lámpara iluminaba justo aquello sobre lo cual se encontraba trabajando y era la única fuente de luz en toda la habitación la cual era un taller. Sus orbes verdes esmeralda se veían a través de los cristales de unos lentes especiales que servían tanto para proteger los ojos de la mujer de los destellos luminosos del equipo de soldadura, como también para ayudar a enfocar mejor la vista sobre los pequeños componentes sobre los cuales trabajaba.

La mujer se enderezó recargando la espalda contra el respaldo de la silla, dejó la pinza del electrodo sobre un respaldo en la mesa y resopló mientras se masajeaba el cuello algo adolorido. Estiró el brazo para tomar del extremo derecho de la mesa un termo metálico el cual contenía café y dio un gran trago a la bebida antes de volver a mirar la pieza sobre la cual estaba trabajando.

-Guarda la imagen –dijo en voz alta activando el comando de voz de los lentes que en automático tomaron una foto de los circuitos del aparato abierto y sostenido por un par de pedestales sobre la mesa. Luego de esto la mujer procedió a cerrarlo mientras que detrás de ella, un joven uniformado, parado justo en la entrada de aquel taller tocaba la puerta para llamar su atención.

La mujer se giró para mirar al joven que se aclaró la garganta antes de hablar.

-Todo está listo para su partida, señora –dijo con formalidad y la mujer sonrió retirándose los lentes y sacudiendo su melena dorada.

-Excelente –dijo mientras se ponía de pie y con la mano derecha tomaba de la mesa el aparato en el cual había estado trabajando. Levantó entonces el brazo izquierdo, el cual terminaba en un muñón cubierto por una pieza metálica cinco centímetros después del codo, y a esta unió uno de los extremos del aparato, el cual era un brazo mecánico. Segundos después de conectarlo comenzó a mover uno por uno los dedos de la mano hechos de un metal opaco y con algunas ligeras marcas de desgaste, pero por la sonrisa que se dibujó en el rostro de la mujer, funcionando de manera eficiente-. Hora de hacerle una visita, a Charles Resse.

"Corazones de Odaiba parte 1-Kirby"

Mansión Riuga, en Odaiba, Japón, En la Tierra

Julio 20 de 2085

El timbre de la secadora sonó, sacando de la profunda lectura de El retrato de Dorian Grey a Juri, quien dejó de lado el libro y comenzó a sacar la ropa y colocarla en una cesta hasta llenarla. La joven colocó sobre la ropa limpia y seca el libro y cargó con la cesta para salir del cuarto de lavado de la mansión. Apenas abrir la puerta la joven recibió de golpe las voces y el ruido de la mansión que le hicieron recordar porque en el cuarto de lavado había encontrado tal calma para dedicarse a la lectura a pesar del ruido de las lavadoras y secadoras trabajando. Como justo enfrente de la entrada al cuarto de lavado se encontraba la entrada de la cocina la joven se topó bruscamente con Armadillomon quien casi la derriba al salir de la cocina corriendo a toda velocidad mientras que detrás de él iban Cody, Suzie y Lopmon riendo mientras lo perseguían.

-¡Vuelve aquí! –gritó Cody mientras los cuatro salían al jardín trasero por la puerta corrediza.

Juri sonrió mientras volvía la mirada al frente y al pasar por la cocina volteó con rapidez para mirar a Izzy, Ken, Tentomon y Wormmon en la mesa con un par de Laptops frente a ellos y discutiendo sobre cosas inteligibles para la chica, solo desviando su atención de todo eso por un segundo para responder el saludo de la joven Tamer. La chica siguió caminando y desde el pasillo echó también una rápida mirada al comedor donde T.K., Patamon, Kenta, Hirokazu y Guardromon terminaban de limpiar la mesa, barrer el piso y pulir las armaduras que flanqueaban el ventanal. Al pasar junto a la entrada de la mansión se despidió de un par de técnicos que trabajaban en los laboratorios de los niveles inferiores de la mansión y subiendo las escaleras se topó con Yolei y Hawkmon, quienes la saludaron y siguieron su camino hasta la sala del lado derecho de las escaleras (la sala oeste), donde se encontraban trabajando en una mesa Taichi y Mimi, mientras que Palmon y Agumon veían la televisión discutiendo sobre los personajes de una serie de reciente emisión.

Tai mientras tanto leía un grueso volumen titulado "Filosofía del siglo XX y XXI" mientras Mimi revisaba un ensayo que el chico estaba elaborando en esos momentos. El joven castaño resopló dejando el libro sobre la mesa mientras se pasaba ambas manos por la cabeza.

-Creo que necesito descansar –dijo el muchacho recargándose en el respaldo de la silla.

-Paramos hace apenas quince minutos –le respondió la chica dejando de lado la laptop donde había estado trabajando el castaño-, y no vas tan mal –dijo mientras se quitaba las gafas de lectura y las dejaba sobre la mesa-, solo debes mejorar la gramática y la forma en que articulas una idea y otra.

-Es complicado –respondió el chico.

-Tiene que serlo –admitió la castaña-. Para no generar controversia en cuanto al desarrollo académico de los Tamers los tutores que nos dan clases nos exigen tener un nivel universitario –explicó la chica-, y tú, te retrasaste muchísimo en estos años.

-Bueno, es difícil escribir ensayos sobre las rupturas paradigmáticas en el pensamiento filosófico postmoderno con la aparición del digimundo y sus consecuencias en relación con el sujeto, la virtualidad y la imagen –dijo el joven recitando de memoria el complicado título de su trabajo final para la materia de filosofía. Mimi rio con la cara de pesar del castaño.

-De acuerdo, hagamos una pausa, pero será la última, aun tienes que hacer un ensayo de literatura y prepararte para el examen de cálculo que tendrás el lunes.

-Dios, ¿Por qué no morí en el desierto? –Se quejó el muchacho, aunque al mirar nuevamente el rostro sonriente de Mimi las esperanzas le regresaron al cuerpo-. ¿Podemos terminar con esto hoy, hacer otra cosa, y continuar con lo demás mañana? –sugirió el chico inclinándose sobre la mesa.

-¿Hacer qué? –preguntó la castaña colocándose nuevamente los lentes. El castaño se encogió de hombros.

-No lo sé, tal vez salir, tú y yo –dijo con cierto nerviosismo. Mimi pareció sorprendida por un segundo para luego sonreír de forma pícara.

-Taichi Kamiya, ¿Estas invitándome a salir?

-No lo sé, ¿aceptarías? –dijo desviando la mirada y con la cara ruborizada-. La última vez que te invité dijiste que no era apropiado que saliéramos en medio de una crisis, pero esa crisis ya se resolvió.

-Sí, y ahora estamos en medio de otra –dijo señalando la montaña de libros frente al castaño-, de índole académico esta vez, pero una crisis a final de cuentas.

Tai le dedicó una media sonrisa a la chica mientras volvía a enfocarse en la lectura. Mimi por su parte comenzó a revisar el otro trabajo que Tai se encontraba haciendo, aunque sin dejar de pensar en lo que el castaño acababa de decirle.

-Mimi –escuchó la chica que Sora la llamaba desde el umbral de la entrada.

-¿Si? –contestó la chica mirando a la joven pelirroja que llevaba puesta su ropa de gimnasio y por el rubor en su rostro y el sudor resbalando por sus brazos y piernas descubiertos debía haber estado haciendo ejercicio.

-Charles te busca, dice que subas a su oficina.

-Gracias –contestó la castaña y en el acto Sora desapareció.

La castaña se levantó de la silla mirando una vez más a Tai quien parecía muy concentrado en la lectura que estaba realizando.

-Te propongo algo –dijo llamando la atención del chico que la miró con expresión curiosa -, termina ambos trabajos, el de filosofía y el de literatura, y hablaremos sobre tal vez salir hoy –dicho eso la joven castaña le sonrió y se dio la vuelta para marcharse. Tai sonrió satisfecho, incapaz de volver de inmediato a la lectura por la agitación repentina que sintió.

-Pareces muy contento aunque no te ha dicho que sí –le dijo Agumon, quien, junto a Palmon, lo miraban desde el sofá frente al televisor.

-Tampoco dijo que no.

-¿Y ya tienes un plan? –Le preguntó Palmon-, necesitas un plan.

-Ah, tengo un plan –aseguró el chico-, aunque no sé cómo ejecutarlo… -admitió el chico con cierto pesar, para luego sonreír nuevamente-, pero quizá ustedes puedan ayudarme –dijo el joven con una sonrisa peculiar en el rostro. Palmon y Agumon se miraron entre ellos sin comprender lo que pensaba el muchacho.


En el patio trasero de la mansión, Matt recibía clases de Kouta sobre cómo utilizar el arco, mientras que Gabumon y Kotemon los observaban. Matt realizaba movimientos rígidos y precisos, tensando los brazos y aplicando muy bien la fuerza, sin embargo, su técnica seguía teniendo resultados no tan satisfactorios pues cada uno de sus tiros terminaba lejos de la diana.

-Maldición –se quejó el rubio al fallar su sexto tiro consecutivo.

-Te tensas mucho, debes estar más suelto –le dijo Kouta mientras que el mismo tomaba la postura para disparar, y al hacerlo acertó de manera precisa en el centro del objetivo-. ¿Lo ves?

-Decídete –dijo Matt mientras tomaba otra flecha-, hace un rato decías que mis brazos estaban demasiado sueltos, ahora dices que me tenso demasiado, ¿Qué demonios debo hacer?

-Ambas cosas –contestó el muchacho con toda naturalidad-, debes mantener firme el brazo al sostener el arco y la flecha, y también tu postura debe ser estoica, pero tu respiración es el problema, y tu mente. Aligérate, debes dejar de pensar en disparar y disparar, solo despeja tu mente, piensa en el vacío, concéntrate, pero sin hacerlo

-Eso no tiene sentido.

-¿Qué acaso nunca leíste El zen y el tiro con arco?

-No –contestó Matt mientras tomaba la postura para disparar.

-Kouta, Matt –los llamó Hikari y ambos chicos se giraron, aunque al hacerlo Matt disparó la flecha la cual fue a dar justo en donde se encontraba sentado Gabumon quien apenas alcanzó a moverse.

-Perdón –se disculpó el rubio mientras Kouta le quitaba el arco.

-Mejor paramos por hoy –dijo el chico con un tono entre burlón y preocupado.

-¿Alguno de ustedes ha visto a Juri? –preguntó la castaña mientras acariciaba el lomo de Gabumon.

-Creo que estaba en el cuarto de lavandería –respondió Kouta mientras guardaba las flechas en el carcaj y Matt se marchó a recoger las que estaban cerca de las dianas.

-No la vi ahí, tal vez subió a su habitación –se dijo la chica-, ¿y tienen planes para hoy? –preguntó cambiando de tema. El chico la miró con extrañeza mientras se cargaba el carcaj en el hombro.

-Ah…, no, ninguno –aclaró el muchacho.

-Genial, Ryo, Ken, Yolei y yo saldremos al rato, si quieren unirse.

-Suena bien, tal vez vayamos–dijo refiriéndose a él y Kotemon, aunque sin mirar a la chica, que interpretó aquello como una simple cordialidad.

-Bueno, nos vemos después si deciden ir –dijo aun sonriendo mientras acariciaba a Gabumon una última vez y se daba la vuelta para marcharse. En ese momento Kouta se animó a hablar antes de perder la oportunidad.

-¿Alguien más ira? No lo sé, ¿Rika tal vez? –Hikari se dio la vuelta con una expresión que denotaba que no esperaba escuchar otra cosa de Kouta, pero de inmediato despejó aquello para dar respuesta a la pregunta del arquero.

-No, creo que ella saldrá con Joe, al menos él me dijo que pensaba invitarla –le aclaró la chica antes de continuar con su camino.

Kouta permaneció de pie, con la mirada clavada en el suelo mientras se pasaba una mano por la frente, la cabeza y la larga coleta de pelo negro. Sintió a Matt a su lado, y el joven rubio comenzó a guardar las flechas que había recogido para colocarlas en el carcaj que cargaba el joven de cabello negro.

-¿Qué quería? –le preguntó.

Kouta siguió mirando al suelo por un instante, antes de contestar la pregunta.


En su habitación, Juri terminó de guardar la ropa limpia y doblada en su ropero y los cajones del mismo. Se acercó a la ventana para correr las cortinas y dejar que la luz natural del medio día entrara. En el exterior pudo ver a Leomon, quien se encontraba junto a Renamon y Gatomon en una especie de sesión de entrenamiento donde el enorme felino digimon dominaba por completo. La chica sonrió divertida mientras tomaba El retrato de Dorian Grey y lo colocaba en el librero, dispuesta a descansar un poco de la lectura y preparándose para bajar a comer algo. Pero al estar frente a los estantes entre su cama y la de Leomon se percató de que además de sus libros se hallaban acomodadas ya las fotografías familiares que tenía en su habitación en casa de sus padres. Las mismas habían permanecido guardadas en una caja debajo de su cama. Seguramente Leomon las había acomodado, pensó la chica mientras paseaba su mirada entre los retratos, donde lucia ella de niña, sonriente y acompañada de su madre, y en algunas otras de su madrastra y su medio hermano, hasta que al final dio con una en la cual se encontraban ella, su madre y su padre. La foto había sido tomada el día de su nacimiento, en el hospital, con ella en brazos de su madre quien lucía fatigada y su padre sonreía con orgullo y felicidad. La chica tomó la foto entre sus manos, mirándola con detenimiento, hasta que pequeñas gotas comenzaron a caer sobre el vidrio del portarretratos.

-Juri, ¿podrías prestarme…? ¿Todo bien? –la chica se giró al escuchar la voz de Hikari, quien al verla llorar se quedó estática en el umbral de la puerta, mirando a la joven que se secaba las lágrimas con el dorso de la mano.

-Estoy bien –dijo la chica mientras trataba de colocar la fotografía en el estante sin lograrlo y provocando así que esta callera al suelo, sobre la alfombra que lo cubría todo y evitó que se rompiera el cristal.

La chica suspiró y sin dejar de sollozar se agacho para recoger la foto del suelo, topándose ahí con la mano de Hikari quien de inmediato se acercó para ayudarla. Ambas tomaron la foto y se levantaron juntas del suelo, mientras Juri miraba fijamente la foto y Hikari la miraba a ella. Hikari soltó la foto la cual Juri colocó en su lugar con cuidado mientras volvía a secarse las lágrimas.

-Lamento mucho todo esto –dijo la joven con mirada preocupada.

-No es tu culpa –musitó la chica mientras que Hikari la envolvía en un abrazo fraterno y Juri recargaba su cabeza sobre el hombro de su amiga.

-Animo, todo estará bien –le dijo sin despegarse de ella-. Necesitas despejarte, Ryo y yo iremos a pasear en la tarde, ¿Por qué no vienes? –Juri rio por lo bajo mientras se separaba de Hikari.

-Gracias, pero no quiero ser mal tercio –dijo la chica.

-Nada de eso, Gatomon, Monodramon y también Yolei y Ken junto a sus compañeros irán con nosotros –le explicó la chica-. No sé, quizá también podrías invitar a alguien –le sugirió la joven mientras ambas salían de la habitación de la chica.

-Tal vez Leomon este feliz de salir un rato –dijo la chica con una media sonrisa en el rostro.

-No me refería a él exactamente –aclaró la castaña, sin decir nada más, mientras seguían caminando por el pasillo.


Charles terminó de firmar un par de documentos que luego guardo de manera ordenada en un folder con el emblema de HEDM en el frente, el cual luego selló presionando los lados del mismo que quedaron adheridos, para luego entregar el folder a Mimi, que estaba parada frente a él, del otro lado del escritorio.

-Llévalos por favor al centro médico de HEDM, y sé que no debo recordarte que no debes leerlos –dijo al ver que la chica trataba de ver a contra luz (sin éxito) el contenido del folder.

-Lo siento –se disculpó la chica-. ¿Algo más?

-Sí, mientras estas allá, pide por favor hablar con la doctora Naoko Hayashi, ella es la encargada de supervisar el caso de Davis, recuérdale que toda la información del caso debe ser discutida directamente conmigo y los familiares del chico, con nadie más.

-Claro –dijo dando media vuelta, pero deteniéndose antes de partir-. ¿Cómo está él?

-Bastante bien –respondió el hombre sin levantar la vista de los documentos que revisaba y las anotaciones que tecleaba en su laptop-, hoy estará fuera todo el día, le realizaran exámenes médicos y pruebas psicológicas, y quiero estar al tanto de todo –dijo sin despegar en ningún momento la mirada de sus asuntos, hasta que percibió que Mimi seguía mirándolo fijamente-. Tachikawa, para hoy –señaló el hombre y la chica sacudió la cabeza antes de asentir y marcharse de la oficina del hombre.


Rika leía un libro de Foucault, Las palabras y las cosas, en la biblioteca vacía mientras escuchaba música con los audífonos puestos. Llevaba ya un buen rato así y su cuerpo estaba algo tenso por la posición con la espalda recta contra el respaldo de la silla, una muestra más de su meticulosidad al hacer las cosas, y una razón para sentir el cansancio y la tensión, por lo que al terminar de leer una página más se puso de pie para estirarse un poco. Con el libro bajo el brazo salió de la biblioteca y al hacerlo chocó con Takato, quien junto a Guilmon estaba a punto de entrar.

-Lo siento -se disculpó el castaño sujetando a la joven por el brazo y la cintura para evitar que callera. Los audífonos de la pelirroja salieron de sus oídos con el brusco movimiento permitiéndole oír con nitidez la suave voz del muchacho.

-No es nada -dijo ella agachando la mirada para evitar que el joven viera sus mejillas ruborizadas, sin romper con el contacto físico del chico hacia ella y aferrándose con fuerza, sin percatarse de ello, del hombro del muchacho.

Takato la miró en silencio, esperando que la chica levantara la mirada, cosa que finalmente comenzó a pasar. Poco a poco Rika dirigió sus ojos hacia los de Takato, mientras que Guilmon los miraba en silencio, como tratando de predecir su siguiente reacción.

Lentamente, tan lento que apenas se lograba percibir, Rika y Takato comenzaron a acercarse el uno al otro. Los labios de la chica se separaron levemente dejando salir una exhalación tímida, mientras que sus ojos miraban los labios de Takato, que se aproximaban cada vez más, hasta estar a punto de rozarse.

-¿Porque seguimos con esto? -le preguntó Takato, y el aire que escapó de su boca acaricio los labios carmesí de la pelirroja, quien al escuchar la voz del chico volteó la cara negándole así el contacto con sus labios mientras se apartaba de él.

-No sé de qué hablas -dijo con voz fría.

Takato exhalo con frustración y Guilmon bajó la cabeza como si estuviera decepcionado y entró solo a la biblioteca.

-Lo sabes, lo sabes bien -aseguró el chico sin levantar la voz pero usando un tono más fuerte del habitual en él-. Hablo de lo que siento cada vez que sales con Joe, de lo que tu sientes cada vez que estoy con Eri.

-No insistas con eso, las cosas las dejamos muy claras.

-¡Claro que no! -dijo Takato con una sonrisa fingida-, yo siempre he sido claro contigo, aunque tu conmigo no.

-No sé qué es lo que esperas de mí, pero yo no puedo dártelo, ya lo sabes.

-¿Y a Joe si? -le espetó. Rika no dijo nada, solo desvió la mirada como si no quisiera darle más relevancia al tema-. ¿Qué es lo que te asusta tanto? -Rika lo volteó a ver con una mirada desafiante.

-A mi nada me asusta.

-¿Y entonces por qué prefieres dejar correr una mentira que ser sincera? -la interrogó el chico provocando nuevamente el silencio de ella-. Me dijiste que no estabas interesada en un romance, que no querías una relación seria, y que no eras una mujer débil que necesita que alguien este a su lado, ¿porque con Joe es diferente? -Rika retrocedió un paso apretando los puños.

-Eso no es de tu incumbencia -dijo mirándolo a los ojos de manera intimidante.

Takato le sostuvo la mirada, aunque de manera suplicante.

-Yo no puedo continuar de esta manera -dijo con tristeza-, viéndonos a escondidas y negando todo. Estando con otras personas...con quien quiero estar es contigo, voy a terminar con Eri.

Rika se mantuvo callada, sin cambiar su mirada.

-Eso no es asunto mío -dijo con marcado enfado.

-¡Rika! -la voz de Joe causo reacción en ambos chicos.

En Rika fue una exhalación de alivio mientras se separaba de Takato y caminaba al encuentro del chico.

En Takato, un chico que todos consideraban paciente, educado y amable, el fuerte impulso de gritar "¡Vete a la mierda Joe!" que apenas pudo reprimir.

-Hola Joe -dijo con tono de voz apagado la joven pelirroja, mientras que el chico le sonreía con gran ánimo.

-Foucault -dijo señalando el libro bajo el brazo de la chica. Rika miró el libro y luego volvió la vista al joven de cabello azul.

-Ah sí, me dio curiosidad leerlo.

-Genial...ah...yo, quería saber, si no tienes planes para hoy en la noche...

-Si -se adelantó a decir la pelirroja.

-¿Si tienes planes? -dijo el muchacho con decepción.

-No -dijo la chica, que sintió sobre ella la mirada de Takato-, si preguntas para invitarme a salir, me gustaría.

Joe sonrió satisfecho.

Takato se dispuso a entrar a la biblioteca cuando Hikari y Juri se asomaron por el extremo del corredor y vieron al muchacho.

-¡Takato! -lo llamó Juri mientras caminaba hacia él y Hikari permanecía de pie con Gatomon en sus brazos.

-Hola Juri -saludo el joven con cordialidad como siempre.

-Oye, Hikari, yo y algunos otros saldremos hoy a pasear por la ciudad, por si te interesa -Takato volteó con discreción hacia Rika y Joe, topándose con una fugaz mirada de la chica que conversaba animadamente con el joven de pelo azul.

-Suena bien, vamos -dijo sonriendo.

Rika, controlando tan bien como podían sus reacciones, se limitó a solo proferir en su mente un muy remarcado "¡vete a la mierda Juri!".

Kouta, sentado al pie de las escaleras, escuchaba parte de la conversación de Rika y Joe, aunque sin prestarle atención, pues ya había escuchado lo que más le importaba.

En ese momento escuchó pasos en la escalera y se pegó al barandal de la misma para que pasaran a su lado Cody, Armadillomon, Suzie, Lopmon y Henri, con Terriermon sobre su cabeza como si de un sombrero se tratase.

Los dos menores llevaban en la espalda una mochila, Cody y Armadillomon salieron de inmediato mientras que Suzie y Henri se abrazaban.

-Saluda a mamá de mi parte -pidió el chico mientras se separaban.

-Lo haré, ¿seguro que no quieres venir?

-Me gustaría, pero por todo lo sucedido no me sentiría cómodo al irme por ahora.

-Tal vez tengas razón, igual yo debería quedarme.

-No -dijo Henri negando con la cabeza y sonriendo-, esto es algo mío, no debe influir en ti, anda, ve con mis padres y relájate unos días, tal vez te alcance después -dijo el joven.

La chica sonrió a medias y se despidió de su hermano.

Kouta se rio levemente una vez que Suzie había salido, llamando la atención de Henri.

-Casi te descubre -le dijo.

-¿De qué hablas? -dijo Henri con aparente confusión. Kouta se asomó por el respaldo de las escaleras para asegurarse de que el pasillo estaba vacío antes de hablar.

-No te quedas porque te sientas culpable por lo que ha pasado, te quedas para estar aquí por alguien -dijo con tono cómplice.

-¿A sí? Fascinante que seas tan bueno leyendo a las personas -dijo Henri con sarcasmo.

-Soy mejor de lo que piensas, y déjame decirte algo, Juri ya tiene planes para hoy, así que si esperabas ser su paño de lágrimas para cuando se lamentara por estar sola en una mansión tan grande, vas a tener que posponer tu plan para otro día.

La mirada ensombrecida de Henri le confirmó a Kouta su sospecha y este se limitó a sonreír con tristeza.

-Te descubrió –dijo Terriermon con tono divertido y riendo levemente. Henri solo hizo el gesto que siempre hacia para reprender a su compañero, mientras que Kouta se una a él, en una discreta y divertida risa.

-¿Por qué no vamos por un trago? -le sugirió el joven de cabello negro. Henri lo miró arqueando las cejas.

-¿Un trago? -dijo con incredulidad

-¿Un trago de qué? –preguntó con tono inocente Terriermon.

-¿No piensas en serio que tenemos ese tipo de cercanía o sí? –lo interrogó Henri cruzándose de brazos.

-Podríamos tenerla, somos más parecidos de lo que crees -afirmó el chico.

Henri estaba a punto de replicar cuando vio a Sora y Biyomon saliendo del comedor y guardó silencio, del mismo modo Kouta se limitó a solo saludar con la mano a las recién llegadas que se dirigían directo a la puerta.

-Hola chicos -saludo ella mientras tomaba el pomo de la puerta y la abría.

-¿Vas a salir? -preguntó Matt al llegar hasta la pelirroja, quien se volteó sonriéndole al rubio.

-Sí, ¿necesitas algo?

-No, nada, solo... estaba revisando la cartelera del cine y... ¿recuerdas la película que me dijiste que querías ver? Estará en exhibición todavía esta semana y pensé que te gustaría ir.

-Suena excelente, ¿lo dejamos para mañana? Hoy ya tengo la tarde saturada.

-Podríamos ir en la noche -sugirió el rubio-, si tú quieres -Sora sonrió a manera de disculpa.

-Matt, si las cosas salen como espero, tal vez también este ocupada toda la noche -dijo guiñándole un ojo y abriendo la puerta para que ella y Biyomon salieran.

-Nos vemos chicos.

-Adiós Sora -dijeron Kouta y Henri al unísono, mientras que Matt se quedaba de pie frente a la puerta.

-Rayos -dijo Kouta aún desde la escalera-, creo que a ti también te vendría bien una cerveza -le dijo a Matt, quien se giró hacia él.

-¿De qué hablas? -dijo con expresión neutral.

-Ay no finjan, sé muy bien por lo que están pasando los dos.

-Como sea -dijo Henri al momento de marcharse, mientras que Matt solo se fue sin decir nada.

-Sí, Sí. A los tres nos duele lo mismo -dijo para sí mismo mientras se levantaba y subía las escaleras con las manos en los bolsillos.

Junto a él pasó Mimi que bajaba las escaleras deprisa con el folder que Charles le había entregado. Al estar en el pie de las escaleras se topó con Agumon, Palmon y Tai, quien cargaba todas sus cosas, saliendo de la sala.

-¿Terminaste? -le preguntó Mimi al castaño.

-No, aún no -aclaró el chico-, pero debo revisar algunos libros en la biblioteca y creo que será más fácil seguir trabajando ahí.

-Claro -dijo Mimi-. Palmon, debo ir a la ciudad por un encargo de Charles, ¿vienes?

La digimon estaba a punto de asentir, al momento que se petrificó para meditar su respuesta.

-En realidad... -dijo mirando de soslayo a Tai y Agumon-, tengo un par de cosas que hacer, así que mejor me quedo esta vez.

-Ah... claro, está bien -dijo Mimi extrañada de que su compañera no quisiera acompañarla, aunque consideraba que estaba en su derecho de negarse-. Bueno... nos vemos más tarde -dijo antes de salir de la mansión.

-Gracias -dijo Tai-, que esté fuera lo hace más sencillo.

-No me agradezcas, y demonios prisa -dijo empujando al castaño hacia la biblioteca-. Agumon y yo arreglaremos las cosas mientras tú terminas el trabajo.

-Ok, ok, tranquila -dijo Tai entrando en la biblioteca mientras que Palmon tomaba de la mano a Agumon para correr junto a él y subir las escaleras.

Oficinas de HEDM, en Odaiba, Japón en la Tierra

Julio 20 de 2085

Izzy cruzó la puerta de entrada al gran edificio de HEDM, le temblaban las manos y caminaba de manera poco natural, cosa que notaban las personas a su alrededor, quienes comenzaron a verlo como alguien sospechoso. Tentomon, que se desplazaba volando a su lado le dio una palmada en la espalda para intentar calmarlo.

-Si buscas verte sospechoso lo estas logrando, si no es así ya relájate –le indicó. El joven asintió apretando la correa de la mochila que llevaba al hombro y dejando salir una risa nerviosa, hasta que llegó con la recepcionista del edificio, quien lo miró frunciendo el entrecejo.

-¿Puedo ayudarlos en algo? –preguntó con tranquilidad.

El chico, con manos temblorosas se descolgó la mochila que dejó sobre el mostrador de la recepción para rebuscar en ella. Dejaba salir risas nerviosas y al tratar de sacar una carpeta terminó tirando al suelo el cargador de una laptop, una libreta y una lapicera, que rápidamente Tentomon se dispuso a levantar. Algunos de los guardias se acercaron para estar al tanto de la peculiar escena y a oídos del joven Izumi llegaron algunos de los comentarios que los presentes compartían.

-Es Izzy Izumi, el joven que engañó a los hombres de Hyuga hace algunas semanas –escuchó que decían un par de secretarias detrás de la recepcionista.

-¿Hay algún problema? –escuchó detrás de él y al voltearse vio al agente Moto, el hombre que habían asignado a vigilarlo a él y a Joe la última vez que había visitado ese mismo edificio.

Izzy tragó saliva algo nervioso mientras se percataba de que el hombre tenía uno de sus brazos metido en el interior de su saco. Aquella postura le bastó al pelirrojo para saber que el hombre estaba sosteniendo su arma debajo de la prenda, a la espera de cualquier movimiento indebido que él hiciera, cosa que desvaneció parte de su nerviosismo al hacerlo sentir una poco conocida sensación de que él dominaba la situación. El chico sonrió con más confianza y sacó de la mochila justo lo que buscaba.

-Tengo un permiso firmado por el director Resse para utilizar una de las oficinas de las instalaciones con acceso a la red de HEDM para ayudarme en un proyecto que estoy realizando–dijo extendiéndole un folder con el emblema de la agencia. El agente lo tomó y abrió para ver la hoja con la firma y el sello de Charles.

-Eso parece –dijo cerrando el folder y devolviéndolo al muchacho-. Que poca prudencia del director al permitirte volver a este lugar siendo que la última vez hiciste uso indebido del permiso que se te dio, un permiso muy similar a este –señaló con un tono acusador.

Izzy sonrió de manera burlona mientras extendía el folder a la recepcionista sin dejar de mirar al agente Moto.

-Esa situación ya se aclaró, un informe detallado se envió a…

-Ya leí el informe –se adelantó a decir el hombre.

-Ah, entonces ya sabe que eso no fue en realidad un uso indebido del permiso que se me dio –apuntó el joven recibiendo de nuevo el folder y guardándolo en su mochila. El agente suspiró con frustración retirando la mano del interior de su saco pasando la mano por el mismo como alisándolo.

-Avísanos si necesitas algo –dijo mientras el chico se daba la vuelta para caminar hacia el ascensor-, tal vez una copia de la nueva versión de Smash bros –alcanzó a decir antes de que el muchacho y Tentomon se retiraran. Izzy se detuvo sin dar la vuelta y esbozó una sonrisa de satisfacción.

-Ya tengo una copia, gracias, pero ahora que lo menciona, necesitaré los informes de las actualizaciones y cambios en el sistema de lo que va del año, por favor envíelas a…, perdón, ¿En qué lugar nos dejaran trabajar? –preguntó dirigiéndose a la recepcionista, quien atenta a la tensión entre el agente y el muchacho tecleó con rapidez en la computadora para revisar la información.

-En el piso 13, la sala de reuniones D está disponible –dijo mirando al agente con el mismo nerviosismo con el que Izzy había llegado.

-Gracias –dijo para luego mirar a Moto como si estuviera indicándole que se diera prisa. El agente dejó salir un sutil gruñido de enfado mientras se disponía a marcharse-. Y dos cafés –agregó el muchacho ganándose una mirada incrédula por parte del agente-, si no es molestia.

Izzy y Tentomon siguieron caminando mientras el joven sonreía complacido.

-Izzy, yo no tomo café –dijo el digimon mientras ambos subían al ascensor.

-Lo sé, pero esto es divertido –dijo el chico mientras las puertas del ascensor se cerraban.

Parque Sakura, en Odaiba

Julio 20 de 2085

T.K. terminó de beber su soda recargado en la baranda que bordeaba el jardín de la plaza. Miraba desde ahí a los niños correteando en el pasto, personas paseando a sus perros, algunas parejas de enamorados y otros Tamers caminando por el parque junto a sus compañeros. Recordaba las caras de algunos de ellos a quienes había conocido en misiones, en visitas a alguna instalación de HEDM o las visitas que ellos hacían a la mansión Riuga y por qué alguna vez había compartido alguna clase con alguno de ellos. Su mente divagaba por la sensación de simplicidad que le transmitían aquellas personas, Tamers como él a fin de cuentas, pero distintos, muy distintos también, después de todo, ¿Cuántos de ellos habrían tenido que enfrentar retos imposibles, se habrán convertido en fugitivos y ladrones, habrían invadido un edificio con altos estándares de seguridad, habrían peleado en un castillo flotante, o cuántos habrían tenido que presenciar la muerte y resurrección de sus compañeros? Eso último, una particularidad muy propia de él.

Cerró los ojos y suspiró mientras en su mente una oración se formaba: a pesar de todo, ellos si tienen una vida normal.

El chico arrojó la lata vacía a un bote de basura cercano y revisó su reloj, casi eran las cuatro de la tarde, no debía tardar en llegar. A su lado pasaron un par de chicas que lo voltearon a ver con poca discreción mientras se susurraban y reían al ver que el chico les prestaba atención. Bien sabía T.K. de su atractivo físico, y estaba acostumbrado a reacciones como esa, incluso debía admitir que le agradaban en su mayoría.

-¡T.K.! –escuchó que gritaban su nombre y al voltear vio a Ángela, vestida con una falda blanca y un suéter de tono pastel, delgado y con cuello en V, caminando hacia él con su acostumbrada sonrisa infantil.

-Hola Ángela… -dijo el chico y enseguida fue interrumpido por un beso de su novia, quien le rodeó el cuello con sus brazos para estrecharlo fuertemente. Al separarse la chica lo miró directamente a los ojos de manera inquisitiva.

-No creas que no noté como miraste a esas dos chicas –dijo refiriéndose a las chicas que en efecto acababan de pasar.

-Ángela, ya te he dicho que…

-Sí, lo sé, solo tienes amor para dármelo a mí –dijo, aunque esas no eran las palabras que T.K. estaba a punto de decir, ni palabras que alguna vez el chico le hubiera dicho antes-. Bueno, y ahora, ¿Qué haremos?

T.K. estaba a punto de contestar cuando de un árbol bajó Patamon aterrizando sobre la cabeza rubia del muchacho. En el rostro de Ángela una expresión de decepción apareció mientras veía al pequeño digimon que por un instante se robó toda la atención de T.K.

-Hola Patamon –saludó la chica sin ánimos, y con un poco disimulado tono de fastidio que tanto T.K. como Patamon reconocieron. El digimon hizo un sutil gesto de enfado al reconocer la molestia de la chica mientras que T.K. se disponía a calmar la situación.

-Patamon, adelántate y aparta una mesa frente a la nevería por favor –pidió el chico y Patamon se alejó sin perder tiempo (mientras más pudiera apartarse de la chica para él mejor)-. ¿Pasa algo? –preguntó T.K. sabiendo muy bien la respuesta.

-Creí que estaríamos solos –dijo la chica cruzándose de brazos. T.K. estuvo a punto de rodar los ojos al ver que nuevamente la chica haría un berrinche, y se esforzó en mantener un tono calmado.

-Hemos salido solos toda la semana –comenzó el muchacho-, creí que sería bueno, para variar…

-Y yo creí que disfrutabas de nuestra intimidad –se quejó la chica haciendo un puchero.

-Así es pero… Patamon es mi amigo, y mi compañero, no puedes pretender que solo así lo aparte.

-Yo creo que es justo, después de todo, tú me apartaste cuando fuimos a la casa de esos señores ricos, y te recuerdo que me arrestaron.

-Ya te expliqué eso, y prometiste que no lo mencionarías más –dijo el joven con tono suplicante.

La chica seguía cruzada de brazos y haciendo un puchero que comenzaba por terminar con la paciencia de T.K.

-Está bien –dijo serenándose la chica, y volviendo a sonreír como siempre hacia-, podemos ser solo nosotros tres.

-Con respecto a eso –dijo T.K. rascándose la nuca mientras Ángela sentía una desagradable sensación.

-¡T.K.! –exclamó un chico detrás de la joven, quien se volteó para ver a dos muchachos, uno con corte de hongo y gafas y el otro de cabellera rubia y usando una gorra, ambos acompañados de un pequeño ser rosado con alas y algo que parecía una vieja estufa con patas, cosa que solo hacia lucir a los dos chicos aún más desaliñados.

-Dime que es una broma, por favor –dijo con desesperación la chica mientras sujetaba al joven por la camisa. T.K. se limitó a sonreírle mientras con la mano saludaba a los recién llegados-. ¿Por qué a mí? –se quejó la chica.

Oficinas de HEDM, en Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 20 de 2085

Izzy sacó de su mochila su laptop, además de un extraño aparato constituido por una tarjeta electrónica de la cual salían varios cables conectados de manera que formaban una madeja imposible de desenredar. El joven pelirrojo conecto el aparato a su laptop y abrió un programa para que comenzara a cargar la información necesaria. Tentomon lo vigilaba, dándose cuenta de que hacia todo ello con una gran sonrisa en el rostro, lo que llamaba su atención, bien sabía que el chico disfrutaba su trabajo, pero aquella sonrisa parecía manifestar algo más que el simple placer de hacer algo que le gustaba.

-Te ves de muy buen humor –se animó a decirle luego de un rato de silencio. El chico se limitó a dedicarle una sonrisa sin dejar de concentrarse en la computadora sobre el escritorio.

La sala de reuniones consistía en un escritorio grande, una silla de cuero detrás de esta, una computadora con varios monitores, y frente a todo eso, otras dos mesas largas creaban una herradura con un buen espacio en el centro. Al fondo de la oficina, una pequeña mesita de cristal rodeada por un par de sillones (uno largo y uno individual) y algunas plantas ornamentales completaban la imagen de un lugar sencillo y apacible, una mezcla de un espacio de trabajo y un espacio para relajarse después de este que combinaban a la perfección.

-¿Tanto gusto te dio esa plática con el agente Moto? –preguntó el digimon al ver que Izzy no diría nada más.

-Bueno si –dijo con algo de timidez, volteando a ver al digimon que lo miraba expectante-. Bueno, es que… no sé –trataba de decir mientras ordenaba sus pensamientos-, quiero decir… tu sabes, yo, no soy el tipo de chico…rudo o… eso.

-¿Eso? –preguntó confundido.

-Quiero decir –dijo mientras se apartaba de la computadora y miraba hacia la ventana-. Tai y Matt son los líderes, los tipos directos en los que todos confían, a los que todos hacen caso y que saben hacerse escuchar. Kouta y Ryo son los hombres de acción, soldados, del tipo de gente para la batalla, y Henri y Ken son los serios, callados e inteligentes chicos misteriosos… y bueno, luego estoy yo y Joe, que somos más bien los tipos simples, inteligentes pero no precisamente el mejor respaldo para la batalla, somos… quienes están detrás de una computadora a la hora de resolver problemas.

-Pero a ti te gusta hacer eso –dijo Tentomon para animarlo.

-Sí, y en verdad lo disfruto, es solo que… es… difícil encontrar a alguien que se impresione con esto, y aún más difícil a una chica que le interesen estas cosas, la mayoría de las chicas a las que conozco prefieren a sujetos como Tai o Matt, además ellos son guapos.

-¡Tú también eres guapo, y tienes lo tuyo! –dijo Tentomon.

-¡Claro! Y el mundo está lleno de chicas que se derriten por escuchar a un flacucho de un metro sesenta y siete recitar de memoria los postulados de Kirby –dijo con sarcasmo el muchacho.

-Bueno, tal vez no existan miles, pero de seguro hay al menos una chica lista, de baja estatura y sin habilidades sociales que lee la teoría de Richard Kirby todos los días antes de dormir –dijo Tentomon con un tono bastante serio para tratarse de una broma, cosa que animo al pelirrojo.

-Gracias amigo –dijo sonriendo nuevamente-. Bueno, dediquémonos a lo que nos trajo a aquí en primer lugar –dijo el pelirrojo mientras tomaba un pizarrón con un atril doblado que había en una de las esquinas de la sala.

-De acuerdo… ¿y exactamente que nos trajo a aquí? –preguntó Tentomon. Izzy le sonrió y con una seña le indicó que mirara el aparato electrónico que había dejado sobre una de las mesas.

-El futuro amigo –le respondió.

Centro médico de HEDM, en Odaiba, Japón, En la Tierra

Julio 20 de 2085

El sonido monótono de las manecillas del reloj de pared inundaba la habitación. Davis miraba sobre la cabeza de la doctora Hayashi un cuadro en el cual aparecía un hombre sosteniendo a otro más joven quien tenía una herida en la cabeza de la cual emanaba sangre. La expresión en el rostro del hombre mayor era desencajada; sus ojos muy abiertos reflejaban un terrible dolor y conmoción, mientras que la expresión del joven con la herida, derribado y apenas protegido de tocar el suelo por completo por el otro hombre, creaban una escena incomoda de ver, y aun así, el muchacho la contemplaba atento.

La doctora lo miraba a él en un silencio paciente, llevaba callado casi diez minutos, cosa que la mujer podía comprobar al mirar de reojo el reloj sobre la cabeza del muchacho sentado en el amplio sofá. Con los brazos sobre el regazo y las manos entrelazadas.

-Ivan el terrible y su hijo -dijo la doctora al considerar pertinente interrumpir las cavilaciones del muchacho.

-¿Eh? -dijo desconcertado Davis.

-La pintura, así se llama, representa la escena en que Ivan el terrible sostiene a su hijo mientras este muere.

-¿Es su padre?

-Sí, y su asesino también.

Davis volvió a mirar la pintura.

-Se ve asustado -dijo el muchacho.

-¿Quien? -preguntó la doctora. Davis meditó su respuesta.

-Ambos -el sonido del bolígrafo de la doctora acompañó al de las manecillas del reloj.

-¿Qué más? -Davis no contestó. Volvió a guardar silencio y desvió la mirada de la pintura.

-¿Cómo puede estar asustado el padre?

-Tal vez se arrepiente, ¿no crees?

Davis no dijo nada de inmediato, solo se limitó a seguir mirando la pintura.

-¿Cómo puede ser que se arrepienta solo así después de algo tan violento?

-Me parece lo más natural -declaro la doctora-, después de todo, el ser humano muchas veces no ve la magnitud de sus acciones sino hasta que ya es muy tarde. ¿No crees?

Davis miró a la doctora con el ceño fruncido.

-¿Lo dice por mi caso? -preguntó sin rodeos.

-No, lo digo por hacer conversación, pero el que tú menciones eso es interesante, ¿quieres hablar un poco más de eso?

Davis desvió la mirada, esta vez miraba hacia la ventana.

-No -contestó con sencillez. La doctora escribió en su cuadernillo y miró de nuevo al chico.

-Sabe que no progresaremos mucho si no te autorizas a hablar.

-Lo sé -dijo poniéndose de pie y caminando por la habitación, la iluminación, el color, los muebles e incluso el todo de voz de la doctora le parecían tener la función de mantenerlo tranquilo, y eso comenzaba a fastidiarlo-. No es que no quiera hablar...es que no puedo.

Otro silencio se formó. Davis permaneció de pie frente a la ventana y la doctora Hayashi sentada en su lugar.

-¿Alguna vez ha sentido que es arrancada de sí misma? ¿Qué su cuerpo se mueve por sí mismo, o peor, que es movido por una voluntad que no es la suya, y que parece empeñada en destruir todo aquello que le importa? –Dijo el chico mientras recargaba la frente en el frio cristal de la ventana-. Como si disfrutara especialmente acabando con todo lo que ha amado –concluyó el muchacho.

-Tu caso es algo muy particular, pasaste por algo que nadie ha enfrentado antes, al menos, nadie actualmente vivo –admitió la doctora haciendo un par de anotaciones más en su cuadernillo antes de dejarlo a un lado-. Cuéntame del Emperador, ¿Quién era? ¿Qué quería? ¿Qué lo motivaba?

Davis resopló mientras se daba la vuelta para mirar a la doctora.

-No lo sé, la verdad es que…creo que lo olvidé –dijo con desconcierto. La doctora asintió y Davis sonrió avergonzado-. Debe pensar que estoy loco.

-Por lo regular el loco es incapaz de decir que está loco –respondió la doctora. Davis asintió repetidas veces, sin comprender muy bien lo que ella quería decir.

-Me dijeron que la semilla del mal afectó las redes neuronales de mi cerebro, específicamente lo relacionado a los neurotransmisores, y una inhibición del área frontal que se encarga de regular las reacciones agresivas o defensivas, que por eso actuaba como un imbécil.

-Correcto –dijo la doctora, que estaba al tanto de todo lo relacionado al caso.

-Lo que no entiendo es… ¿de dónde venían las voces? –dijo finalmente, y al hacerlo, tomó asiento frente a la doctora, que por primera vez no controló del todo su reacción, aunque de eso el chico no se dio cuenta.

-¿Qué voces? –preguntó con mirada inquisitiva.

-Esas voces que me decían que era lo que debía hacer… no sé, en esos momentos en especial no diría que estaba despierto, sino más bien…aletargado, todo a mi alrededor era más confuso, y es una parte que siento que no puedo recordar… y es lo que más me tortura –se sinceró al fin el chico, levantando la mirada para ver a la doctora-. ¿Eso es un progreso no?

La doctora Hayashi esbozó una leve sonrisa y asintió, mientras que en su cuadernillo hacia una anotación más, quizá la última que haría respecto a ese caso, pensó.

"¿Alucinaciones?"

Pallete way, en Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 20 de 2085

Muchos sonidos llegaban a oídos del joven. Risas, gritos, objetos golpeando otros objetos produciendo sonidos huecos. Cristales, canciones, celulares, y crujidos que provenían del suelo de madera de algún establecimiento atiborrado de gente. Ryo percibía con increíble nitidez la mayoría de estos sonidos, y sus pupilas se desplazaban de un lugar a otro, tratando de identificar el sitio de donde cada ruido provenía. Un alarido repentino lo desconcertó y giró la cabeza para ver a un niño sobre el suelo adoquinado, que había tropezado y tirado un cono de helado que ahora era comido por el perro de una pareja que sede tuvo al ver al pequeño en el suelo. Sin más tiempo que dedicarle a aquella escena el sonido reducido de un disparó lo hizo entrar en alerta y de manera instintiva dio un cuarto de vuelta y se llevó la mano al bolsillo derecho de los pantalones vaqueros, donde no encontró nada. Ese segundo de desconcierto le sirvió para percatarse de que el sonido provenía de un rifle de aire que los visitantes de la plaza utilizaban para derribar figuritas de metal en un juego del tiro al blanco. Ryo suspiró agachando la mirada mientras se esforzaba por bloquear sus sentidos cuando un brazo se entrelazó al suyo de manera repentina.

-¿Quieres? –preguntó una voz dulce. Ryo se giró para ver a su lado a Hikari, quien levantaba con la mano libre un pequeño cuenco que contenía tres bolas de helado de diferente color. La chica lo miró con una sonrisa en los labios y un resto de helado de vainilla en la comisura del lado izquierdo.

Ryo sonrió acercándose a ella para besar la comisura de los labios de la castaña, saboreando el helado en el proceso.

-Rico –dijo al apartarse de la chica.

-Luces algo incómodo, ¿Qué te pasa? –le preguntó la chica. El joven levantó la mirada mientras suspiraba.

-Es raro estar en medio de tanto ruido, y hacerse a la idea de que es normal, de que nadie corre peligro, de que no hay amenazas que encontrar en los alrededores –dijo sin reparo en ser sincero con la chica, que lo contempló por unos segundos.

-Sí, te entiendo –dijo pegándose más al cuerpo del muchacho. Ryo volvió a mirar el rostro de la chica que miraba hacia el frente con expresión meditabunda-. Hacerte a la idea de que los gritos no significan que alguien peligra, y que las personas a tu alrededor no son tu responsabilidad, y comprender que nada malo va a pasar de un momento a otro –Ryo la miró perplejo hasta que la chica levantó la vista para mirarlo a la cara -¿Qué? Tal vez yo no soy un soldado pero entiendo a la perfección que significa encontrarse en medio de un campo de batalla.

Ryo comenzó a reírse al escuchar esas palabras de la chica, que pronto lo acompañó en las risas sin despegarse del muchacho.

-Un día no tendremos que sentirnos raros en momentos como este –dijo el chico con seguridad-. Un día lograremos el entendimiento, la amistad y la paz entre digimons y humanos, y cualquier otra especie que encontremos en el proceso y se sume a la lucha que representamos –concluyó robando la cucharilla de metal que había en el helado de Hikari para comer una gran porción del helado de chocolate. Hikari sonrió apoyando su cabeza en el hombro del chico.

-¿Y cuándo eso pase a que te dedicaras, soldado? –le preguntó con la sonrisa devuelta en su rostro.

-No lo sé, podría convertirme en stripper –dijo el muchacho y Hikari dejó salir su risa al escucharlo.

-Tal vez no sea tan mala idea, siempre que mantengas un tiempo disponible para mí en tu apretada agenda –le dijo con tono pícaro. Las miradas de ambos se cruzaron dejándose ver el deseo que se despertaban, y justo entonces llegaron hasta ellos Ken y Yolei, junto a Wormmon y Hawkmon riendo y mirando las fotos que habían tomado en una caseta de instantáneas.

-Te ves gracioso en esta –le dijo Yolei a Ken mientras le mostraba una con la que no podía dejar de reír.

-Dámela, la voy a destruir, es humillante –dijo el chico entre risas mientras trataba de arrebatarle la foto a Yolei, quien lo esquivó y se alejó con grandes zancadas del muchacho.

-¡No! Esta la voy a conservar –aseguró la joven sin dejar de reír.

Takato y Juri caminaban detrás de ellos, con Leomon a sus espaldas y Guilmon deslizándose junto a ellos observando maravillado todo a su alrededor.

-Creo que esos dos algo se traen –le dijo Juri en voz baja al muchacho-. ¿Crees que hoy se decidan a dar el paso? –preguntó y el chico frunció el entrecejo.

-¿El paso?

-Ya sabes, que se decidan a confesar lo que sienten –explicó la chica, cuidando no ser escuchada por nadie aparte del castaño que la acompañaba a ella.

-Bueno…si ambos se gustan, y todos nos damos cuenta, creo que solo sucederá y ya –dijo encogiéndose de hombros.

-No estés tan seguro, a veces no es tan simple -dijo la chica cambiando su semblante divertido a uno más serio, y algo abochornado-, a veces a uno le cuesta dar el paso, ser sincero.

-¿Tú crees? –dijo el chico, con una especie de esperanza en la mirada.

-Claro, por ejemplo Joe y Rika, llevan meses saliendo pero aún no han formalizado nada, creo que es claro que alguno de los dos, o quizá ambos, tienen miedo a dar el siguiente paso –dijo y el chico desvió la mirada para ocultar su incomodidad.

-Si…creo que tienes razón –susurró de forma casi inaudible.

-Y bueno –dijo Yolei recuperándose de la risa y escondiéndose detrás de Hikari y Ryo para que Ken no le arrebatara las fotos que tenía en la mano- ¿Qué quieren hacer?

-No sé –dijo Ryo mirando a su alrededor y luego sonriendo con malicia-, tal vez Ken quiera ir a un lugar donde podamos tomar una cerveza, ¿no? -El peli azul miró a Ryo con una expresión molesta al recordar su penoso episodio del pasado.

-Jodete Ryo –le dijo y las risas estallaron al momento.

-Hay un local de alitas y papas fritas aquí cerca –dijo Hikari-, y sirven más bebidas aparte de cerveza, no te preocupes Ken –bromeó la chica despertando nuevamente las risas del grupo y la expresión incomoda de Ken.

Todos juntos se dispusieron a moverse mientras seguían riendo y bromeando.

Oficinas de HEDM, en Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 20 de 2085

Izzy escribía fórmulas matemáticas y complicadas ecuaciones con plumones de varios colores en el pizarrón, siguiendo lo escrito en un grueso libro que sostenía con una mano. A su vez Tentomon, detrás de la computadora tecleaba con cuidado esforzándose por no cometer ningún error. El chico había colocado el pizarrón con su atril en el centro de la habitación y junto a Tentomon habían movido una de las mesas dejándola pegada a una pared para tener más espacio en el cual moverse con facilidad para trabajar.

-¿Eso es todo? –preguntó luego de completar una serie numérica que el muchacho pelirrojo le había encargado que transcribiera en la computadora.

-Por el momento, ahora debemos ver cómo responde el programa –dijo mientras dejaba el libro sobre la mesa al lado del pizarrón-. Empezaremos con un mapeo simple de la zona de Odaiba para que el programa reconozca el área, los sensores del edificio ya están calibrados según la frecuencia de onda que necesitamos, así que debería funcionar sin fallos y luego…

El sonido de la puerta al abrirse interrumpió al muchacho. Él y Tentomon miraron con atención hacia la entrada donde poco a poco se hizo visible una figura femenina de largo cabello rojizo, alta, vestida con un traje de dos piezas (falda y saco) azul marino, quien leía una nota de papel a la vez que con la otra mano cargaba una bandeja con un par de tazas de café.

-Buenas tardes, traje su café señor… -dijo antes de que el pie metido en un zapato negro de tacón se le doblara provocando que la joven tropezara soltando la bandeja con los cafés y bocadillos que llevaba en ella.

Un grito agudo proveniente de la joven alertó a Izzy quien se lanzó para atraparla mientras que Tentomon atrapaba ambas tazas de café sin derramar ni una gota de estos y el plato de los bocadillos caía sobre su cara donde el digimon se esforzó por mantenerla en equilibrio, dejando caer solo la bandeja de metal que hizo un estridente ruido al tocar el suelo. Izzy sujetó a la recién llegada deslizando uno de sus brazos por la espalda de la misma, quien rodeó por instinto el cuello del pelirrojo para sujetarse de él.

-¿Estas…bien? –preguntó con timidez el muchacho mientras la joven alejaba sus brazos del muchacho y se acomodaba el pelo.

-Si…perdón –se disculpó la chica con tono avergonzado mientras apartaba la cortina de pelo rojizo que cubría su rostro-, soy muy torpe, esto siempre me pasa –dijo mientras terminaba de descubrir su rostro, el cual sorprendió al muchacho.

Era una joven realmente bella, algo mayor que Izzy, de labios finos y ojos de un azul muy intenso que captaron la total atención del muchacho apenas los miró.

-Ah… ¿pasa algo? –Preguntó temerosa la chica-. Ay no –dijo mientras se enderezaba e Izzy reaccionaba soltando su cuerpo al cual seguía hasta ese momento aferrado. La chica comenzó a rebuscar en los bolsillos de su saco –no me diga que se me volvió a correr el maquillaje, ay por dios, es lo único que me faltaba para el día de hoy –dijo mientras sacaba del bolsillo interior del saco un pequeño espejo y comenzaba a revisar meticulosamente su reflejo.

-Ah… no, no, nada de eso solo… -trataba de decir el chico para calmar a la joven que lo volteó a ver aun con una expresión tímida, aparentemente preocupada por el juicio que en ese momento Izzy pudiera estar haciendo sobre ella mientras la miraba atentamente. Finalmente la chica bajó la mirada con la cara completamente roja.

-En verdad lo lamento, siempre me pasan estas cosas a mí –se disculpó la joven-, no soy torpe, es solo que a veces me pongo nerviosa, y cuando me pongo nerviosa tiendo a temblar, a sudar, y a veces por eso el maquillaje se me corre, y siempre tengo que estar revisando que eso no haya pasado por que podría pasar por un momento bochornoso si eso llegara a pasar, y además cuando estoy nerviosa tiendo a hablar mucho, y por eso a veces alargo las situaciones incomodas y entre más se alarga una situación incómoda más nerviosa me siento y sigo hablando y temblando y sudo y…ay… -la chica hablaba de manera muy rápida y jugaba con un mechón de su cabello enredándolo en los dedos de sus manos, mientras que el color de su rostro se intensificaba cada vez más al grado de asemejarse al de su cabello.

Izzy dejó salir una risa relajada mientras con un gesto con las manos le pedía que parara.

-Tranquila, no ha pasado nada –le aseguró el muchacho. La chica al ver la sonrisa sincera de Izzy dejó de hablar y soltó el mechón de su pelo y bajó las manos.

-A todos nos pasan esta clase de accidentes, no es tan grave –aseguró Tentomon. La chica hasta ese momento reparó en la presencia del digimon y lo miró anonadada.

-Eres… ¿eres un Tamer? –dijo mirando al pelirrojo quien sonrió asintiendo con la cabeza. La chica esbozó una pequeña sonrisa la cual se obligó a reprimir de inmediato-. Perdón, quiero decir, ¿Usted es un Tamer?, ay no, no, ¿Qué estoy diciendo?, ¿a mí que me importa eso verdad?- volvió a hablar de manera tropellada y nerviosa mientras el rubor se volvía a apoderar de sus mejillas. Izzy sonrió divertido.

-Descuida, no pasa nada porque preguntes eso. Y sí, soy un Tamer, y él es mi compañero Tentomon.

-Fascinante –dijo la chica mirando al digimon que voló hacia ella extendiendo su brazo para saludarla.

-Mucho gusto –dijo Tentomon mientras la chica, con un leve temblor levantaba la mano y tomaba la tenaza de Tentomon respondiendo el saldo.

-Encantada Tentomon, mi nombre es Lisa, Lisa Witt –dijo la chica.

-¿Witt? –repitió Izzy desconcertado por el apellido de la chica.

-Sí, la familia de mi padre es inglesa, de ascendencia alemana, yo nací en Londres, pero desde pequeña he vivido en Japón, primero en Tokio y desde hace unos diez años en Odaiba, se hablar inglés de manera perfecta, pero como casi no lo practico mi acento es terrible, pero… -la chica se interrumpió y agachó ligeramente la cabeza-, lo lamento, creo que…siempre hablo demasiado –se disculpó nuevamente la chica.

-No pasa nada, me llamo Izzy por cierto, Izzy Izumi –dijo extendiendo su mano. Lisa tomó la mano del chico para responder el saludo mientras parecía pensar en el nombre del muchacho.

-Izumi… ¡Espera! –Exclamó sorprendida-, ¡¿Izzy Izumi?! ¡El Tamer! ¿Eres el Izzy Izumi que reconfiguró toda la red informática de los sistemas de HEDM cierto?

-Ah, ¿me conoces?

-Bueno… no, solo tu trabajo…su trabajo señor…perdón…

-Oye, no es necesario que me hables de usted, por favor…es raro –dijo el chico considerando el hecho de que aquella joven debía ser un par de años mayor que él.

-Cierto –dijo la chica mirando detenidamente al joven-, jamás pensé que tu fueras Izzy Izumi, quiero decir, eres tan pequeño –dijo para luego palidecer por sus propias palabras. La diferencia de estaturas entre ella y el joven era poca, pero notoria, y más considerando que ella estaba usando tacones-. No quise…perdón –Izzy sonrió, aunque también él se veía ligeramente apenado-, quiero decir, que siendo tan joven, sorprende más aun el gran genio que posees.

-¿Genio? –repitió el chico. La joven, caminó por la oficina para recoger la bandeja del suelo, la cual abrazó a su pecho mientras miraba al suelo con las mejillas sonrojadas.

-Yo…he seguido tu trabajo, tanto como es posible tomando en cuenta la información que no está abierta a todo público, pero es bien sabido por todos, al menos todos a quienes les interesa el tema, que eres una persona importante para HEDM.

Izzy se sonrojó, al tiempo que se llevaba una mano a la parte posterior de la cabeza para rascarse, avergonzado por la situación, pero también satisfecho con las palabras que la joven le acababa de dedicar.

-Entonces… ¿estás trabajando en algo nuevo para HEDM? –preguntó la chica mientras miraba el pizarrón lleno de fórmulas de Izzy.

-No… en realidad, estoy trabajando con los campos de energía entre el digimundo y el mundo real.

-¿Los campos cuánticos de concentración de energía y la teoría de la tela de la realidad propuesta por el doctor Kirby?

Izzy contempló a la joven boquiabierto. Tentomon también miraba la escena con curiosidad y asombro.

-Tú… ¿conoces el trabajo del doctor Kirby? –preguntó intrigado. Lisa sonrió ligeramente sonrojada.

-Es mi tema de interés en la universidad –contestó con timidez-, claro que no soy una gran experta, apenas logro entenderla bien, eso creo –dijo mientras tomaba de la mesa el libro que Izzy llevaba consigo, justamente el libro del doctor Richard Kirby.

-Por favor –dijo el muchacho animándola a seguir hablando. Lisa titubeó, sin embargo, controló su nerviosismo y comenzó a hablar.

-Bu…bueno, según Kirby, entre el mundo digital y el mundo real existe un espacio que el describe como "la tela de la realidad", una especie de energía que mantiene los mundos separados y al mismo tiempo, los delimita y los bordea, los sostiene, como una membrana, como una burbuja de jabón, mientras la membrana exista, podemos decir que existe un mundo o realidad, pero, como con una burbuja, si la membrana se rompe entonces, ese espacio, es decir la burbuja, deja de existir.

-Bien –dijo Izzy sonriendo ante la explicación de la chica-. Ahora, desde el descubrimiento del digimundo la física cuántica ha podido hacer postulados muy interesantes –dijo mientras buscaba sobre la mesa uno de sus pulmones y le daba vuelta al pizarrón para utilizar el lado vació de éste. El joven dibujó un círculo que ocupaba casi todo el espacio y al lado escribió las palabras "mundo real"-. Solemos pensar nuestro mundo de esta forma, como el espacio que ocupamos, donde vivimos, y donde toda nuestra civilización se ha desarrollado –mientras hablaba el chico dibujó un par de árboles, una casita y un par de edificios alrededor del círculo, en la parte exterior de este-, por consecuencia de esto se piensa el digimundo como un espacio creado dentro de nuestro propio mundo –esta vez, el chico dibujó un circulo dentro del primer círculo, y dentro de este dibujó la cara de Tentomon-, los portales al digimundo son herramientas que generan tal carga de energía sobre la materia al grado de causar en ella una excitación tal que permite transportarla a otro lugar, es decir, transportarnos de este mundo –dijo tocando con los dedos el dibujo de la casa- a este otro –dijo tocando el dibujo de Tentomon.

-La materia, incluso la conciencia es convertida en información, en energía –dijo Lisa.

-Es como convencionalmente se ve, pero, en un inicio, el mismo Raye Higuchi pensaba que no se trataba de una simple simulación virtual, sino de un mundo, de un universo alternativo –dijo mientras borraba el circulo en el interior del otro circulo-, si en lugar de pensar que el digimundo existe dentro de nuestro mundo, pensamos que el digimundo existe ocupando el mismo espacio que nuestro mundo, pero en otro plano dimensional, resultaría que del mismo modo que nuestro mundo contiene al digimundo…

-El digimundo contiene al mundo real –completó Lisa mientras veía como dentro del circulo Izzy dibujaba árboles, montañas y criaturas que debían ser digimons.

-En ese caso, la tela de la realidad, esa membrana o esa energía, que sirve como sostén de ambas realidades, que las separa y las contiene, también sería la energía que nos permite hacer puente entre un mundo y otro. Los portales generan una carga de energía sobre esa membrana que nos permite pincharla y atravesar de este punto –toco el interior del circulo- a este –el dedo de Izzy se posó nuevamente sobre la casa.

-Vaya –atinó a decir Lisa, quien sin darse cuenta había tomado una de las tazas de café la cual se llevó a los labios, dándose cuenta en ese momento de su error y casi escupiendo de vuelta el líquido, aunque reconsideró eso y dejó la taza sobre la mesa tragando el café de manera apresurada-. Lo siento –dijo por costumbre sin realmente ser escuchada por Izzy, quien se había sumergido en sus cavilaciones.

-Claro que, como sabes, hay muchos miembros de la comunidad científica que no aceptan este postulado, les es más fácil pensar el digimundo como una creación artificial contenida en las redes de telecomunicaciones del mundo, hay quienes incluso apuestan a que apagando todas las telecomunicaciones a nivel global el digimundo colapsaría.

-Entiendo –dijo Lisa tomando uno de los bocadillos del plato sobre la mesa que se llevó a la boca.

-Como sea, y admito que esto es quizá muy aventurado de mi parte, pero lo que estoy trabajando ahora quizá ponga solución a ese debate de una vez por todas –dijo mientras se acercaba a la chica y le mostraba la pantalla de su laptop-, con los portales se puede atravesar de un mundo a otro, lo cual genera picos de energía, los cuales no es un secreto que se pueden registrar, ahora, considero que bien calibrados unos cuantos receptores de energía, y haciendo un mapeo completo de la zona…

-Podrías identificar en el mundo real el directo correspondiente que tiene en el digimundo –Izzy sonrió mientras que los ojos de Lisa miraban maravillados la pantalla frente a ella-. Para eso se necesitarían muchos sensores que detecten las fluctuaciones de energía, y si lo que quieres es identificar las zonas por medio de la membrana de energía que divide las dimensiones, tendrías que crear una especie de estimulación, ¿no?

-Y es justo lo que esa máquina se encarga de hacer –dijo señalando el aparato en el cual había estado trabajando, el cual estaba en la mesa en la cual la chica se había recargado sin darse cuenta-. Esta máquina de aquí –dijo mientras accionaba un par de controles que encendieron un par de pequeñas luces led-, está conectada a los sensores de HEDM que se utilizan para detectar y monitorear el uso de los portales, además de estar programada con un algoritmo que en teoría le permitiría identificar el flujo natural de la tela de la realidad, con esto podríamos crear concentraciones de energía las cuales tendrían, en teoría, una repercusión de este lado y del otro en el digimundo.

-Impresionante, por ahora supongo apenas te encuentras en la fase de mapeo de las zonas, ¿no es así?

-Correcto, primero mapearemos zonas en el mundo real, y buscaremos su espejo en el digimundo, por medio de estimulaciones sencillas. Ahora no está en funcionamiento, pero cuando estemos listos para iniciar con las primeras pruebas, una maquina como esta emitirá señales desde el digimundo, y cuando sean detectadas por los sensores, una alarma se activará en la computadora… -un sonido agudo surgió de la computadora sobre el escritorio interrumpiendo al muchacho. Tentomon y Lisa lo miraron intrigados al notar su expresión de sorpresa y desconcierto-,… justo como esa –dijo mientras se aproximaba a la computadora sobre el escritorio. Lisa lo miró confundida mientras dejaba la laptop del chico sobre el escritorio.

-¿Pasa algo malo? –preguntó curiosa.

-Bueno…si y no –dijo mientras revisaba la información registrada por la computadora-, los sensores están encendidos y funcionando, la maquina esta binen calibrada y los programas corren con normalidad pero…se supone que no deberíamos estar detectando nada…a menos de que… -el chico retrocedió contemplando la pantalla.

-¿Qué sucede? –preguntó Tentomon.

-Algo está produciendo concentraciones de energía fuera de lo normal.

-¿Eso es posible? –preguntó Lisa.

-Bueno…medir el flujo de energía que hay entre el mundo digital y el mundo real es algo que solo se ha hecho en estimados teóricos, descartando que se trate de un error de calibración de los sensores…quizá algo haya causado ese pico de energía –explicó el chico. Lisa caminó hasta estar a su lado para mirar la pantalla con la misma atención que el pelirrojo.

-¿Y dónde fue eso? –preguntó.

-El pico desapareció, solo estuvo presente en el área que cubren los sensores por menos de un segundo, al parecer lo captamos por accidente.

Lisa miró la pantalla y el aparato que había conectado a ella.

-Pero quedo un registro –dijo la chica. Izzy la miró con curiosidad-. Si podemos calibrar el aparato para que reaccione a estas especificas condiciones, y luego ampliamos el área de alcance utilizando más sensores que solo los de este edificio, quizá lo registren nuevamente, y serviría para no trabajar completamente a ciegas –explicó para luego percatarse de la mirada expectante de Izzy-. Bueno yo…

-Esa es una brillante idea, ¡Sí! Podemos hacer eso –dijo mientras tomaba asiento en la silla frente a la computadora-. Tentomon, necesito que recalibres el sensor considerando la carga y frecuencia de onda que acabamos de detectar.

-Claro, solo hay un problema, yo no sé hacer eso –respondió el digimon volador.

-Yo podría –se aventuró a decir la chica pelirroja-, quiero decir… creo que entiendo cómo funciona este aparato y… si no les molesta…

-En realidad me estarías haciendo un gran favor –dijo Izzy son riéndole a la chica con amabilidad. Lisa sonrió con un leve rubor en las mejillas.

Izzy volvió su vista a la pantalla mientras que Tentomon se paraba a su lado mirándolo con atención.

-Casanova –le susurró de manera apenas audible, a lo que Izzy no respondió nada, pero volteó de reojo a ver a la chica que miraba atentamente el aparato frente a ella.

Mansión Riuga, en Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 20 de 2085

Mimi entró a la mansión, con su teléfono en una mano y jugando con las llaves de su automóvil con la otra. Escribía un mensaje de texto, y al terminar y enviarlo despegó la mirada del aparato y sintió de golpe el silencio en que se hallaba sumida por completo la mansión.

-¿Chicos? -dijo sin obtener respuesta alguna.

Siguió caminando por el pasillo junto a las escaleras, pasando por la cocina donde no encontró a nadie. Se asomó al patio trasero donde tampoco se veía actividad y luego siguió por el otro lado del pasillo de las escaleras asomándose a la piscina, la biblioteca y finalmente a la sala oeste donde por lo regular se reunían todos.

-¿Palmon? -dijo con tono alto la chica sin recibir respuesta.

Aunque no esperaba obtener mejor resultado se dispuso a cruzar el comedor hasta la sala este. Aquella sala distaba en buena forma de la sala que normalmente ocupaban. Rara vez, alguno de ellos estaba ahí, y aquella falta de presencia de los más jóvenes era lo que creaba una atmosfera distinta. Los muebles eran de un estilo más formal por el diseño y los tonos marrones que combinaban a la perfección con las paredes recubiertas con madera y las cortinas de un tono guinda oscuro. Los libreros estaban abarrotados con volúmenes gruesos forrados con cuero negro y marrón oscuro, y principalmente la mesita de té entre un par de sillones largos y el piano de cola que ocupaba todo el centro de la sala, daban una impresión particular.

Al ver que nada ahí estaba fuera de lugar se marchó.

Subió al segundo piso donde el silencio reinaba del mismo modo. Trató de llamar a su compañera, a Tai y a cualquier otro de los residentes de la mansión sin obtener respuesta.

-¿Dónde está todo el mundo? -se preguntó en voz alta mientras abría la puerta de su habitación y entraba.

Inmediatamente al entrar se percató de que había algo pegado a su espejo. Se acercó y tomó las hojas engrapadas. Se trataba del trabajo final de literatura de Tai, terminado y aparentemente bien hecho. La chica sonrió mientras llegaba a la página final, de la cual cayó una hoja que no estaba adherida al resto. La chica dejó el trabajo final sobre su mueble y tomo la hoja para revisar su contenido.

"Terminé mi trabajo, y además debo decirte que acabo de secuestrarme a mí mismo. Si quieres volver a verme deberás seguir mis instrucciones al pie de la letra. Empezaras por recoger el paquete sobre tu cama e ir a la ubicación señalada en la cara superior de la caja, no intentes llamar a la policía."

Mimi volteó a ver su cama y en efecto, sobre esta había una caja larga de color oscuro sellada con cinta adhesiva transparente. La levantó y comprobó que no pesaba mucho y no producía ruido al agitarla. Sobre la tapa estaba escrito con cifras blancas una serie de coordenadas. La chica negó con la cabeza mientras sonreía.

-Maldito tonto -dijo mientras dejaba la caja en la cama para ir a su armario, tomó una chaqueta de mezclilla, se la puso y salió de su habitación con la caja dispuesta a cumplir con el peculiar reto de aquel muchacho, y descubrir así que es lo que tramaba.

Centro médico de HEDM, en Odaiba, Japón, En la Tierra

Julio 20 de 2085

Davis salió del consultorio de la doctora. Al cerrar la puerta se recargó en ella mirando el pasillo desierto. Solo había puertas de madera similares a la del consultorio de la doctora Hayashi y un par de plantas artificiales que agregaban algo de color además del blanco de las paredes. El piso estaba pulcro, y las luces en el techo resplandecían también con un tono blanquecido que resultaba irritante demasiado rápido. El chico comenzó a caminar por el pasillo sintiéndose exhausto por todas las pruebas físicas, los exámenes médicos y la charla con la doctora Hayashi con la cual debía cumplir para conservar su libertad.

Al final del pasillo esperaba encontrarse con Veemon, su único consuelo en medio de todo el cas que ahora componía su vida. Al girar al final del pasillo, se encontró con el digimon esperándolo en una silla pegada la pared, sin embargo, para su sorpresa el digimon no estaba solo, junto a él estaba Biyomon, con quien jugaba un juego de cartas, y al lado de ambos se encontraba Sora, sumida en la lectura de un libro que sostenía con ambas manos.

-Sora, Biyomon, ¿Qué hacen aquí? –Sora bajó el libro y miró al chico con una gran sonrisa mientras se ponía de pie.

-Hola Davis –lo saludo sin dejar de sonreírle-, teníamos un par de cosas que hacer aquí, y cuando terminamos nos encontramos con Veemon y decidimos esperarte para regresar todos juntos a la mansión –explicó la chica.

-Ah… gracias –respondió el chico mientras los cuatro se ponían a caminar juntos-. Son muy amables –dijo el chico, mientras que Veemon pensaba que no se trataba para nada de simple amabilidad, y se sorprendía de lo despistado que resultaba ser su amigo.

Observatorio de Odaiba, en las afueras de la ciudad, Japón, En la Tierra

Julio 20 de 2085

Rika recargó sus brazos en el barandal de cantera blanco, se inclinó un poco hacia adelante para sentir la brisa de la tarde mientras veía como el sol comenzaba a ocultarse. Le encantaba el naranja del cielo durante la puesta de sol, y debía admitir que la vista de la ciudad desde ese punto era hermosa. Una de las cosas que más le gustaban en el mundo era justamente mirar las puestas de sol, y pese a que consideraba que la mejor de todas se lograba apreciar desde la azotea de la mansión Riuga, mirando hacia el bosque que se abría paso detrás de la misma en dirección contraria a la ciudad, el panorama de la gran metrópoli que había sido su hogar durante los últimos años no era desagradable en lo absoluto.

-Hermosa imagen –escuchó detrás de ella y al girarse ligeramente notó a Joe, vestido con un elegante smoking negro, camisa blanca y corbata de moño en el cuello, el cabello azulado algo largo peinado hacia atrás y un ligero sonrojó en sus mejillas. El muchacho sostenía dos copas con vino tinto y le ofreció uno a la chica, quien la tomó y sonrió con amabilidad.

-Sí, la vista es hermosa desde aquí –dijo mientras se giraba para ver de frente la ciudad. Joe se paró a su derecha, recargando sus manos y su copa en el barandal, y mirándola con discreción.

-Sí, es bonita, pero yo no hablaba de la ciudad –dijo sintiendo como el calor en sus mejillas aumentaba. Rika sonrió ante el alago, y se llevó la copa de vino a los labios para dar un pequeño sorbo.

Ella llevaba puesta un vestido verde esmeralda con encajes, el cabello recogido y adornado con un par de broches dorados que al joven le recordaban las espigas de trigo, además de la siempre sutil y perfecta capa de maquillaje de la cual resaltaba el rojo de sus labios. Detrás de la pareja una pequeña multitud de personas ocupaban todo el mirador del observatorio donde se habían repartido mesas largas cubiertas con manteles blancos sobre las que había gran variedad de entremeses, altas antorchas encendidas que mantenían llamas pequeñas, series de luces en ese momento apagadas y meseros cargando copas y vasos con diferentes bebidas que ofrecían a todo mundo.

-Gracias otra vez por invitarme –dijo Rika sin voltear a ver a Joe. Este sonrió mirando a la chica de perfil, quedando embelesado por la belleza que el rostro de la joven pelirroja mostraba.

-No es nada –dijo el chico casi sin darse cuenta, por lo cual de inmediato se corrigió-. Quiero decir… desde que me hicieron la invitación para venir hace un mes, solo pensaba en pedirte a ti que me acompañaras –se sinceró el muchacho. Rika apretó el talló de la copa que sostenía con el dedo índice y el dedo pulgar, y se la volvió a pegar a los labios para dar un trago, esta vez, significativamente más grande que los anteriores, dejando en la copa apenas un pequeño rastro del vino.

-Eres muy considerado conmigo…quizá demasiado considerado –dijo la chica, mientras sus ojos se paseaban por el cielo y las nubes que en este se desplazaban.

Joe por su parte desvió su mirada para concentrarse en sus propias manos. Con la izquierda sostenía la copa, mientras que la derecha buscaba acercarla poco a poco a Rika, para rosar la piel de su mano.

-Uno suele ser considerado con las personas que más le importan, y tú me importas mucho Rika.

En su mano, Joe comenzó a percibir el calor que manaba de la piel de Rika, mientras que esta, al sentir tan cerca el contacto de Joe, se alejó ligeramente al tiempo que se giraba para darle la espalda a la ciudad.

-Quiero otra –dijo levantando su copa vacía-, y algo de comer –agregó.

-Iré a traerte algo –dijo Joe de inmediato.

-No, vamos –corrigió la chica, y sin esperar ninguna otra palabra simplemente dio un paso hacia adelante. Joe se acercó a ella de inmediato y la pelirroja sujetó su brazo para que caminaran juntos.

Joe se sintió feliz por aquel contacto, mientras que Rika pensaba solo en evitar tener otro momento a solas con el chico. No era que él le desagradara, claro que no… no era Joe quien le desagradaba en esos momentos… era ella misma.

Club nocturno Temptations, en Odaiba, Japón, En la Tierra

Julio 20 de 2085

El automóvil se detuvo del lado contrario de la acera donde se encontraba el club nocturno cuya entrada se encontraba atiborrada de gente a pesar de que la noche apenas acababa de empezar. Las puertas se abrieron y del interior bajaron Kouta, Kotemon, Henri, Terriermon, Matt y Gabumon.

-Gracias, que tenga buena noche –dijo Kouta al chofer del auto mientras cerraba la puerta delantera y el hombre arrancaba. El chico se acomodó el cuello de la camisa debajo de su chaqueta de cuero antes de alcanzar al resto de su grupo.

Las miradas, cuchicheos, risas y sonrisas de la gente a su alrededor se encendieron apenas los tres jóvenes comenzaron a cruzar la acera. Los tres vestían de forma casual. Matt y Henri despedían una especie de sensualidad natural sin la necesidad de esforzarse para ello, mientras que Kouta sonreía de forma galante y disfrutaba de la atención que le prestaban. En especial gozaba de las miradas indiscretas que varias de las chicas le destinaban. Henri por su parte se alisó el suéter negro con cuello de tortuga para luego levantar la mirada y hacer contacto visual con una joven rubia que le sonrió de forma coqueta. Matt, el que más trataba de parecer desapercibido (y que menos lo lograba), se ruborizó al pasar junto a un grupo de chicas y escuchar a una de ellas decir: "no me molestaría pasar la noche en la cama del rubio de la camisa azul".

-Temptations –leyó Terriermon el nombre del establecimiento-. ¿Qué significa eso Henri? –preguntó con su típico tono inocente.

-Significa que no entraremos –respondió con sencillez el muchacho-. Kouta dijiste que solo saldríamos por un trago, no a un club nocturno.

-Dije que saldríamos por un trago –intervino el muchacho girándose para ver de frente a Henri-, nunca dije que no lo tomaríamos en un club nocturno.

-Ni siquiera creo que logremos entrar –rebatió Matt mientras veía la larga fila de personas intentando ingresar al lugar.

-Relájate hombre, no los traje hasta aquí al azar –dijo dándose la vuelta y abriéndose paso entre la gente, hasta llegar casi al frente de la fila-. Permiso galán –dijo adelantándose en la fila a un par de muchachos que discutían con el guardia de la entrada.

-Oye imbécil, espera tu turno como todos –le espetó uno de los muchachos sujetándolo con brusquedad del hombro.

Antes de que Kouta se librara del agarre un golpe secó se produjo al chocar la espada de madera de Kotemon contra la mano del muchacho que soltó el hombro de Kouta de inmediato y retrocedió un par de pasos.

-Imbécil, ¿te crees mucho por venir con tu mascota? –gruñó el otro sujeto, más alto y fornido que el primero mientras se preparaba para alanzar un puñetazo.

-Wow –masculló Matt al momento que sujetaba el brazo del sujeto impidiéndole moverlo-, mejor cálmate –le sugirió sin dejar de sujetarlo por la muñeca con todas sus fuerzas pero sin cambiar ni el tono de su voz ni la expresión tranquila de su rostro.

-¿Qué está pasando aquí? –gruñó otro guardia que se acercó para ver lo que ocurría. Matt al momento soltó al sujeto quien retrocedió un paso mientras se frotaba la muñeca.

-Pasa que estos idiotas se creen muy importantes para respetar una fila, diles que tienen que esperar como todos los demás –exigió el primero de los sujetos mirando con enfado a Matt. Kouta y Henri y a sus compañeros digimon.

-Primero que nada –comenzó el guardia-, tu no vas a decirme como hacer mi trabajo –dijo para luego hacerle una seña a su compañero para que abriera espacio para dejar pasar a Kouta quien se acercó y le estrechó la mano como a un viejo amigo-, y segundo te he dicho que me avisen cuando vayan a venir para evitar este tipo de situaciones –le dijo con un tono un poco más amable a Kouta.

-Lo haré la próxima, si no se me olvida –dijo el muchacho mientras pasaba al interior del club-. ¿Y ustedes que esperan? Granz no va a traerlos de la manita hasta acá –dijo refiriéndose al guardia que con un simple gesto con la cabeza les indicó que podían pasar.

Matt y Henri se miraron antes de seguir a Kouta quien caminaba entre la gente hasta llegar a la barra y saludaba a un par de camareras.

-Chicas, ya conocen a Kotemon, ellos son un par de amigos, Matt y Henri, y sus compañeros, Gabumon y Terriermon, muchachos, ellas son Yuki y Mei –dijo el chico señalando a cada cual.

-¿Ustedes también son Tamers? –preguntó una de las camareras, una chica guapa de esbelta figura y prominente busto que se notaba bastante gracias al generoso escote de la blusa que formaba parte de su uniforme. Su compañera era igualmente atractiva, y aquellos rasgos de ambas dejaron por un segundo mudos a ambos muchachos.

-Si lo son –dijeron Gabumon y Terriermon al unísono mientras se sentaban cada uno en un banco.

La cabeza de Terriermon apenas asomaba sobre la barra, por lo que las dos chicas se inclinaron para verlo mejor.

-¡Ay por dios! Mira que cosita tan tierna –dijo una de las chicas.

-¡Es tan lindo! –agregó la otra, mientras que Terriermon miraba a una y la otra de manera intermitente con una tierna sonrisa en el rostro.

-Ey, ustedes dos, no les pago para que se vean lindas, a trabajar –les gritó un hombre desde el otro lado de la barra.

-Ese cerdo, ¿Cómo dice eso cuando nos hace usar estas cosas? –dijo Mei refiriéndose a la blusa e inflando el pecho para hacerlo aún más notorio, cosa que enmudeció aún más a Henri y a Matt.

-En fin, trabajo es trabajo y necesitamos el dinero –dijo Yuki mientras dejaba cuatro cervezas destapadas sobre la barra-. Sé que a Kotemon le gusta la cerveza oscura, pero a ustedes dos, ¿Qué les gustaría tomar? –preguntó la joven mirando directamente a Gabumon y Terriermon, cosa que llamo la atención de sus Tamers.

-Yo quiero leche –dijo Terriermon sin ningún tapujo, provocando la risa divertida de la camarera.

-Bueno, esa es una petición peculiar. En realidad no servimos leche, pero creo que hay un poco en el refrigerador de la sala de descansos, iré a revisar.

-No es necesario… -trató de intervenir Henri.

-No te preocupes, no es ninguna molestia –dijo mientras salía por una puerta detrás de la barra.

-¿Y tú guapo? ¿Qué deseas tomar? –le preguntó Mei a Gabumon.

-Ah –el digimon titubeó un segundo antes de voltear a ver a Matt, quien le sonrió mientras levantaba su cerveza y le daba un trago-. Una cerveza por favor –pidió con más confianza en la voz y la chica sonrió mientras se daba vuelta para tomar una del refrigerador y dejarla frente a él-. Ahora si me disculpan, debo ir a atender algunas mesas. Nos vemos –dijo para luego tomar un par de cartas y atravesar toda la barra desapareciendo de la vista de los Tamers y digimons.

-Simpáticas –dijo Henri mientras él también le daba un trago a su cerveza.

-Peculiares –dijo Matt mientras veía a Mei acercarse a una mesa y saludar alegre a los clientes. Henri lo miró con expresión de duda, pero antes de preguntar Kouta le dio la respuesta.

-Tratan a los digimons como personas, no como una extensión de su Tamer –dijo el muchacho-. Seguro lo han notado, todo lugar al que vamos con nuestros digimons los tratan como si fueran meros accesorios de moda, ¡dios! Hay lugares en que incluso les prohíben la entrada, y no saben cuántas veces he tenido que aguantarme las ganas de golpear a alguien después de que mira con desagrado a Kotemon y luego señala uno de esos letreros de; prohibida la entrada de mascotas.

Henri y Matt asintieron sin darse cuenta, consientes ellos tan bien como el joven arquero de ese tipo de situaciones. Gabumon y Kotemon por su parte se limitaron solo a beber, mientras Terriermon miraba maravillado los diferentes colores de las botellas sobre las repisas de la pared frente a él.

-Conocimos a Yuki y Mei un día en una tienda –dijo Kotemon-. Ambas fueron muy amables, y ninguna en ningún momento se refirió a mí como a una mascota, o como si fuera alguien con falta de entendimiento del mundo que me rodea.

-Nos invitaron a venir a conocer el lugar el año pasado, y desde entonces somos clientes habituales, un par de veces he ayudado a sacar borrachos y a calmar problemas, y por eso el jefe de la seguridad, Granz, siempre nos deja entrar. El mundo de los digimons y los humanos sigue estando muy dividido, a veces lo olvidas cuando convives tan de cerca con ellos, pero las personas más ajenas a todo esto los sigue percibiendo como algo extraño, a veces como algo que desearían que no existiera, o prefieren pensar en ellos como algo que está ahí solo para servirles –el recuerdo de su visita a Norman City llegó de golpe a la mente de Matt al escuchar esas palabras-. Por eso encontrar este tipo de lugares y compañía es algo especial, un lugar donde esas distancias entre humanos y digimons parecen desdibujarse. ¿No creen? –concluyó levantando su cerveza y acercándola a Kotemon, quien tomó la suya para brindar con su compañero.

-Ya veo –dijo Henri sonriendo de manera genuina desde que llegaron a ahí-. Era en serio lo de solo salir a tomar un trago.

-Pues claro, no acostumbro a decir mentiras –dijo el muchacho mientras se giraba sobre el banco para mirar hacia las mesas y la pista de baile donde la gente comenzaba a animarse.

Su vista llegó hasta la entrada del club justo cuando un grupo de chicas recién llegaban.

-Aunque, eso no quiere decir que no podamos hacer algo más, ¿verdad? –dijo con tono sugerente. Ambos chicos miraron por encima del hombro y se percataron del grupo de chicas al que Kouta en ese momento sonreía de manera galante.

-Claro –dijo Henri, tomando de sorpresa a Matt quien lo miró llevar su cerveza a sus labios y beber un buen trago mientras sonreía de manera más animada-. ¿Por qué no? –dijo encogiéndose de hombros.

-¿Por qué no? –repitió Matt sonriendo del mismo modo que Henri y Kouta.

Mansión Riuga, en Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 20 de 2085

Charles plasmaba su firma en un par de documentos mientras una música a bajo volumen llenaba la habitación poco iluminada. El hombre no se había percatado de la hora ni notado que la luz solar que entraba por la ventana a su espalda se había extinguido hacía varios minutos, gracias a que sobre el escritorio una lámpara estaba encendida, quizá también sin que el hombre se percatara de ello.

Al terminar de leer otro gran altero de hojas guardó estas en un folder adornado con el emblema de HEDM en el frente y selló el folder con una cintilla especial que decía en resaltadas letras escarlata "CONFIDENCIAL". Dejó el folder sobre el escritorio y hasta ese momento, al poner el dedo sobre el pad de su computadora para poner pausa a la música y revisar sus correos electrónicos se percató de la hora.

-El horario de oficina acabo hace casi una hora –se dijo mientras se reclinaba en la silla de cuero y estiraba los brazos y piernas.

El sonido secó de alguien llamando a su puerta lo alertó, por lo que de inmediato volvió a su postura rígida y seria mientras se acomodaba las gafas y se pasaba los dedos por el cabello perfectamente arreglado.

-Adelante –dijo el hombre y de inmediato una joven de cabello negro corto vestida con una bata de laboratorio se asomó cargando un folder similar a los que el hombre utilizaba y de los cuales había varios sobre el escritorio.

-Buenas noches director Resse –saludo la joven con una sonrisa en los labios.

-Buenas noches Shizune –contestó el director sin dejar de lado su seriedad. La joven se abrió paso hasta llegar al escritorio y dejó sobre este el folder abierto que llevaba.

-Ya hemos concluido con el informe de actividades –señaló.

-Gracias, lo revisaré de inmediato –dijo el hombre tomando el documento.

-No debería extralimitarse con el trabajo director –dijo la mujer con tono amable.

-Alguien tiene que hacerlo –respondió con sencillez-, además no es como que tenga muchas cosas que hacer –agregó con cierto pesar en la voz que la joven identificó de inmediato.

-Director… ¿está usted…?

-Por otro lado, supongo que tú ya tienes que retirarte, que descanses –la interrumpió el hombre dejando de lado la revisión del documento por un instante. Shizune sonrió y asintió levemente.

-Que descanse director.

-Hasta la próxima semana, ah, y hazme un favor antes de irte –pidió-. Necesito los informes médicos de los chicos y sus compañeros, pídele por favor a Joe que los transcriba y me los envié cuando estén listos.

-Ah, señor, Joe Kido salió hace un par de horas y aun no regresa –dijo al mujer parada junto a la puerta.

-Entiendo, en ese caso, pídele a Izzy o a Ken que lo haga por favor.

-Señor –dijo la joven con algo de timidez. Charles levantó la vista en ese momento y resopló con pesar.

-No me digas, ellos también –dijo y Shizune asintió levemente.

-¿Mimi?, ¿Hikari?, ¿Sora?, ¿Yolei?... ¿Henri?

-Me parece que él junto con Ishida y Hanagata fueron los últimos en irse.

-¿Todos en los Tamers de la mansión salieron?

-Si –respondió con timidez-. Si gusta, yo puedo encargarme de los informes médicos.

-No hace falta –respondió el hombre mientras negaba con la cabeza y una pequeña sonrisa se hacía presente en sus labios-. Deberías hacer como ellos, y no desperdiciar tu noche de viernes con trabajo –le sugirió con un tono más relajado y amable del que la joven mujer estaba acostumbrado a escucharlo. Shizune sonrió y asintió mientras abría la puerta para retirarse.

-Usted también debería hacer eso –dijo antes de marcharse.

Charles permaneció en su escritorio con la mirada fija en el documento en sus manos hasta escuchar el sonido de la puerta al cerrarse, momento en el cual volvió a resoplar con fuerza. Dejó sobre el escritorio las hojas y se quitó las gafas mientras se levantaba de su silla y caminó hacia la puerta de su oficina para ponerle el seguro. Después caminó hacia la puerta entre el ventanal y uno de los libreros, giró el pomo y se adentró en una habitación oscura, la cual, al encender la luz, reveló una habitación sencilla. Una cama grande, un ropero en el cual colgaban varios trajes, y apenas algunos efectos personales. El hombre caminó hacia la cómoda junto a su cama mientras se quitaba el saco del traje y lo dejaba sobre la cama. Se sentó en esta y se masajeó el cuello sintiendo la tensión acumulada en él. Miró sobre la cómoda una fotografía en la cual aparecía él, al menos diez años más joven, con el cabello desordenado, las mejillas cubiertas por barba de unos cuantos días, y acompañado de una joven y hermosa mujer de pelo castaño, quien sostenía en brazos a un pequeño bebé aparentemente dormido. Ambos sonreían felices, mientras él la abrazaba por la espalda a la sombra de un árbol frondoso.

-No es como que tenga a alguien con quien pasar la noche de viernes –dijo en voz alta mientras se levantaba de la cama y comenzaba a desabotonarse la camisa y a sacarse los zapatos.

Distrito Kiharu, en Odaiba, Japón, en La Tierra

Julio 20 de 2085

Para exasperación de Mimi, las indicaciones escritas en la nota que le habían dejado la llevaron a dar varias vueltas por la ciudad hasta que cayó la noche. La chica suspiró con fastidio mientras tamborileaba con los dedos sobre el volante de su automóvil esperando la luz verde de un semáforo que repentinamente cambió dejándole continuar con su camino.

Mimi conducía con lentitud por las calles iluminadas por las farolas. No había mucho tráfico, y toda la zona parecía ser principalmente residencial. Casas de gran tamaño, algunos edificios de departamentos y un par de comercios era todo lo que se veía por las calles. Finalmente dio vuelta y se adentró en lo que parecía ser un viejo terreno baldío.

-Carajo –mientras avanzaba un par de metros hasta que las condiciones del terreno se lo impidieron.

Notó entonces que se trataba de una vieja casa en ruinas, en medio de dos grandes edificios, y frente a la cual habían crecido dos frondosos árboles sakura, de cuyas ramas colgaban series de luces. Las ruinas de la vieja casa de tres plantas también estaban adornadas con luces y lámparas de papel que fueron prendiendo poco a poco ante la mirada sorprendida de la castaña. Al pie de las ruinas la joven pudo ver a Agumon y Palmon, quienes llevaban las cabezas cubiertas por pasamontañas, escena que extrañamente le causó gracia a la joven, quien apagó el motor de su auto y bajó del mismo.

Al verla Agumon se apresuró a entrar en la derruida casa mientras que Palmon caminó hacia ella. Mimi, sin dejar de maravillarse por la imagen frente a ella sacó del asiento trasero de su automóvil el paquete que le habían dejado y luego se encaminó al encuentro con Palmon.

-¿Dónde estamos y que es todo esto? –preguntó. La digimon solo se limitó a levantar un a mano y extender su dedo índice indicándole que guardara silencio.

-Ya lo verás, primero debes alistarte –le dijo al tiempo que la tomaba de la mano para juntas adentrarse en la casa.

-Espera… -la trató de detener la castaña sin éxito.

Dentro, la casa estaba adornada del mismo modo que por fuera, aunque solo algunos pasillos. El pis estaba sucio, las paredes manchadas y las superficies cubiertas de polvo y telarañas, pero aun así, las luces le conferían un aspecto no tan tétrico y más bien agradable y cierta belleza peculiar. Palmon condujo a la joven castaña hasta una habitación de la segunda planta, la cual era notorio a simple vista que habían limpiado y ordenado lo mejor que se podía. La ventana estaba rota, pero al lado, pegado a la pared sobre una cómoda medio quemada había un espejo donde su reflejo se veía con total claridad. El piso estaba barrido, incluso trapeado, y frente al espejó una pequeña y afelpada alfombra parecía estar esperándola.

Palmon se quitó el pasamontañas para luego abrir el paquete que había puesto sobre una mesa cubierta con un mantel y con dos sillas a un lado. Después la digimon sacó de debajo de la mesa un estuche de maquillaje que la castaña reconoció de inmediato.

-Eso es mío –dijo señalando el estuche.

-Claro que es el tuyo –admitió sin reparos Palmon, sosteniendo un cepillo en una mano y un labial en la otra. Mimi en ese momento levantó la tapa del paquete sobre la mesa y por primera vez comprobó su contenido.

-¿Qué carajo…? –dijo en un susurró.

-Una de las ideas de Tai –contestó Palmon.


Taichi esperaba en la azotea de la casa, mirando la urbe que se alzaba detrás de la casa. El distrito Kiharu estaba ubicado sobre una colina, lo que les permitía ver el centro lleno de luz de la ciudad, el cual ocupaba el espacio de una especie de valle. El joven respiraba hondo con frecuencia, como tratando de calmar sus nervios. Vestía de manera elegante, zapatos negros, saco de tres botones, camisa blanca y una corbata que le apretaba el cuello y le hacía sentir con demasiada claridad sus propias palpitaciones. Su cabello estaba peinado hacia atrás, del mismo modo que acostumbraba llevarlo Charles, y en sus manos sostenía un ramo de rosas rojas. El castaño suspiró de manera sonora una vez más antes de escuchar la voz de Mimi detrás de él.

-Así que este era tu plan –Tai sintió un nudo en su estómago y su garganta, mientras se giraba con lentitud hacia la chica que acababa de subir las escaleras.

Frente a él estaba ella, con el vestido sin mangas y escote en V color salmón que Palmon había elegido para ella, los labios pintados, las mejillas un poco ruborizadas, los ojos resaltados por el maquillaje y la castaña melena peinada de forma que dejaba caer un par de rulos en cada lado de su rostro.

El castaño sonrió embelesado al verla, mientras que ella caminaba hacia el en medio de aquella oscura Azotea.

-Te ves preciosa –le dijo sonriéndole con cariño. Mimi le devolvió la sonrisa mientras extendía una de sus manos hacia él.

-Tu igual, eso creo, no tengo tan buena visión de noche como tú –dijo mientras daba un par de pasos con timidez para acercarse más a él.

-Ah claro, eso, lo olvidaba –dijo al tiempo que silbaba y un par de llamas delgadas surcaron el cielo encendiendo dos pares de antorchas, una en cada esquina de la azotea, y una justo en medio de la misma, a un lado de una mesa circular cubierta por un fino mantel blanco y con dos sillas preparadas.

Mimi miró a su alrededor conmovida, deleitada por la belleza de la escena. Incluso, gracias a la iluminación pudo notar el ramo de rosas que Tai sostenía en la mano que tenía libre (pues con la otra sujetaba la mano de ella sin soltarla).

-Dios, hace un minuto pensé que te veías preciosa –dijo Tai llamando la atención de la castaña.

-¿Ahora ya no? –preguntó con tono divertido.

-Ahora no tengo palabras para describir lo bella que eres –dijo el chico mientras la miraba a los ojos, ruborizándose con sus propias palabras y haciendo sentir a Mimi un cosquilleo que le recorrió la espalda y le erizó la piel de todo el cuerpo.

Palmon y Agumon miraban la escena sonriendo, mientras estaban recargados a un lado de una gran bocina, que sin que ninguno de los dos Tamers se diera cuenta, había comenzado a emitir una ligera y suave música.

Mimi fue la primera en percibirlo, volteando hacia donde estaban los dos digimons que de inmediato saltaron a atrás de la bocina para ocultarse.

-Es… ¿Linger de The Cramberries? –preguntó la chica refiriéndose a la música. Tai asintió.

-Tu favorita –le dijo. Mimi sonrió conmovida por aquel gesto, y sin pensarlo más se acercó al chico para besarlo en los labios, como llevaba tiempo deseándolo, como él llevaba tiempo también deseando que lo hiciera.

Mansión Riuga, en Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 20 de 2085

Charles abrió la puerta de su baño y salió del mismo con una toalla alrededor de la cintura y otra con la cual se frotaba el pelo para secarlo. Su pecho y espalda estaban cubiertos de cicatrices. Una en especial a la altura de su hombro era bastante grande y parecía haber sido causada por algo que le atravesó todo el cuerpo, quizá una bala o un objeto punzocortante.

El hombre dejó la toalla con que se había secado la cabeza sobre la silla frente al pequeño escritorio de su habitación y se acercó a su ropero, en el que empezó a buscar una camisa y un pantalón de vestir para ponerse, hasta que recordó que se encontraba solo en la mansión, y que además era ya tarde como para vestirse de manera formal. Por tal motivo el hombre tomó un simple pantalón de mezclilla y una polera blanca de manga larga. Mientras se vestía, el rugido de su estómago le recordó que debía comer, por lo que se calzó unas zapatillas deportivas blancas, y tras asomarse para cerciorarse de que no había nadie en el pasillo salió y bajó las escaleras para ir a la planta baja y prepararse algo de cenar. Llevaba consigo una Tablet en la cual buscó una receta de spaghetti al pesto y puso algo de música para escuchar mientras cocinaba.

La mansión estaba en completo silencio, y la mayor parte de la misma estaba a oscuras, cosa que al hombre le confería una tranquilidad que no había sentido en mucho tiempo. Charles puso la pasta a cocer en una cacerola mientras molía e un mortero el ajo, el queso y la albaca, absorto en su tarea y en las letras de las canciones que eran su única compañía. Al terminar de preparar el pesto para la pasta, revisó los fideos comprobando que aún le faltaba un poco y se dirigió al refrigerador en donde rebuscó para encontrar una bebida, topándose con un paquete de cervezas oculto detrás de una bolsa de zanahorias.

-Kouta –suspiró el hombre con pesar mientras devolvía las cervezas a su lugar, aunque, luego de pensarlo un poco, tomo una y metió el resto al refrigerador.

La destapó y dio un sorbo al tiempo que una nueva canción comenzaba: Linger de The Cramberries.

-Buena canción –dijo mientras daba otro sorbo a la cerveza recargado en la encimera de la cocina.

La Tablet emitió una pequeña alarma, la cual Charles identificó con facilidad, y luego del aparato salió una voz masculina pregrabada.

-INTRUCIÓN EN EL PERIMETRO –Charles dejó la cerveza sobre la encimera y tomó la Tablet para comprobar la imagen de las cámaras de seguridad. Pensó que seguramente se trataba de alguno de los chicos que había olvidado su código de acceso, o quizá de algún reportero o algún ingenuo que pensaba que por el hecho de visitar la mansión entrada la noche mágicamente le permitirían entrar para saciar su curiosidad respecto a HEDM y los digimons (nada que no hubiera ocurrido antes)-. CODIGO DE ACCESO NIVEL 10 VALIDADO –emitió el aparato antes de que Charles siquiera viera la imagen y solo pudo ver un automóvil lujoso de color negro atravesar a toda velocidad el sendero de la entrada al terreno.

-¿Qué diablos? –dijo mientras revisaba las entradas recientes para comprobar el cogido utilizado. Al verlo, el hombre sintió su interior estremecerse-. No es cierto –se dijo, quedándose petrificado sin percatarse del paso del tiempo, absorto en sus pensamientos y recuerdos, hasta que escuchó unos golpes en la puerta de entrada.

Charles sintió su cuerpo más ligero, sus movimientos parecían ser automáticos, y de pronto sintió que estaba en una época distante, lejana, de hace poco más de veinte años. Sin darse cuenta llegó hasta la puerta, tomó el pomo con mano temblorosa, y tras suspirar abrió la puerta.

Frente a él, una mujer esbelta, vestida con una gabardina marrón que le llegaba hasta las pantorrillas, las manos metidas en los bolsillos de esta, un pantalón y una polera negros, larga cabellera rubia y ojos de un verde esmeralda cristalino, lo miraba con una sonrisa burlona.

-Hola Charlie –lo saludó con voz afable.

-Sam –la nombró el hombre, aun presa de la sorpresa de verla ahí.

Continuará...


Siendo honesto esperaba que la primera publicación del año llegara antes, lamento que no fuera así.

Hacerse del tiempo para escribir, y hacerlo con gusto y no como si fuera una exigencia es complicado entre más uno va acumulando años, responsabilidades y kilos. En fin, aquí un capítulo más, primero de este loco, muy loco 2020, y, aunque este capítulo pudiera a simple vista parecer el típico relleno de Naruto shippuden, en realidad dos o tres cosas realmente importantes acaban de suceder ;), recomiendo estar atento a esto y lo que sigue. Gracias por su atenta espera y su incondicional apoyo, yo intento retribuirlo con una historia entretenida de leer, para mi es entretenida de contar.

Cuidase mucho, quédense en casa (quizá en unos años esto suene extraño, gente del futuro, revisen como fue la situación en marzo y abril del 2020), y hasta la próxima actualización.