Bueno, esta vez me he superado a mi mismo, sin actualizaciones desde abril del 2020, a inicios de esta maldita pandemia y pues bueno, ¿Que más puedo decir?

Estas largas vacaciones que me he tomado han sido útiles para mi salud mental, y si lamento no haber actualizado, pero espero que aún haya gente interesada en esto.

Para aquellos ¡Muchas gracias! De verdad aprecio sus lecturas y sus comentarios, los últimos por cierto me sirvieron de motor para continuar con este capítulo que ya había quedado sumamente olvidado en mi computadora.

Ya sin más dilatación, aquí la segunda parte de este capítulo, que espero disfruten mucho.

Capitulo XXVI

"Corazones de Odaiba parte 2-Linger"

Distrito Kiharu, en Odaiba, Japón, en La Tierra

Julio 20 de 2085

Tai y Mimi cortaron el contacto de sus labrios y se miraron a los ojos, en uno de esos momentos que desdibujan al resto del mundo y los dejan solo a ellos en la existencia blanca que los rodeaba en ese momento. Tai notaba en los ojos de Mimi la forma en que ella lo miraba, una manera en la que jamás pensó que alguien lo vería, una manera en la que el mismo miraba a la chica frente a él; ambos cómplices de un sentimiento que los envergaba que solo ellos podían identificar y darle sentido. Algo tan idílico, y a la vez tan real para explicarlo.

-Por cierto –dijo Mimi, con cierto titubeo en cada silaba, como si temiera romper con la atmosfera dentro de la cual flotaban juntos-, ¿todo esto no nos traerá problemas? –preguntó mirando a su alrededor, refiriéndose a todos los adornos que había colocado en la casa abandonada

-Ah, no, no te preocupes –dijo el chico sonriendo de manera divertida, cosa que no le confirió precisamente calma a la chica, quien miró de manera inquisitiva a Tai.

-Taichi Kamiya, ¿Cómo es que conseguiste montar todo esto y que consecuencias va a traer? Y no me digas que ninguna, no es posible que solo así tomes un lugar abandonado y lo uses a tu antojo, existen reglas, leyes que permiten que vivamos en una sociedad más o menos civilizada.

-¡Ya lo sé! –Dijo el chico con tono divertido-, y hablo en serio. Esta casa pertenece a la madre de un bombero que conocí hace tiempo, sufrió daños hace un par de meses por un pequeño incendio, ¿irónico no? No hubo daño estructural grave, pero aun así las reparaciones costaran una buena cantidad de dinero, así que por el momento la casa está deshabitada, pero la vista es excelente, ¿no crees? –le dijo señalándole la dirección en que antes él estaba concentrado.

-Vaya que sí –admitió la castaña.

-Como el bombero me debía un par de favores, y como ya me había mencionado antes lo de la vista desde la azotea de esta casa, se me ocurrió que podía ser un buen lugar para tener una cita, así que lo llamé y me dijo que no había ningún problema en que la utilizara, siempre que la dejara tal y como estaba, es decir, en ruinas y abandonada –Mimi volteó a ver a Tai con una sonrisa burlona.

-¿Y en qué momento esto paso de ser un secuestro a una cita? –preguntó la chica. El castaño sonrió mientras que Agumon y Palmon se hacían presentes adornando la mesa vacía con un par de platos, varios cubiertos, copas de cristal y una cubeta de metal con hielos y una botella de vino tinto.

-Desde el momento en que viniste a recatarme, ¡este es tu premio! –dijo extendiendo ambos brazos. La joven castaña se rio divertida con toda la situación.

-¿Tu eres mi premio? –preguntó con voz picara.

-No, la cena es tu premio –dijo señalando la mesa donde Agumon depositaba una gran bandeja de metal con un par de cortes de carne y varios vegetales que componían la ensalada. Palmon mientras tanto descorchó la botella de vino y sirvió un poco en ambas copas-. Para ganarme a mí debes hacer más méritos, no soy un hombre fácil –dijo con un fingido tono de seriedad.

-Ah, así que eres todo un reto –respondió la chica imitando el tono de voz de Tai.

-Bueno, si me emborrachas tal vez tengas suerte y puedas quitarme los pantalones –agregó el muchacho con tono sugerente, siendo presa de una mirada molesta de Palmon, quien carraspeó para hacerse notar y el chico sonrió de manera avergonzada-. Lo siento, ¿me excedí?

Mimi dejó salir una risa alegre, divertida con toda la situación, mientras volvía a tomar la mano de Tai para caminar junto a él hacia la mesa.

-Es algo sobreprotectora conmigo, no la hagas enfadar –le dijo mientras tomaban asiento uno frente al otro-. Además, esas cosas, tal vez sea mejor que las hablemos en privado –le dijo en voz baja con tono sugerente, cosa que provocó el sonrojo del muchacho.

-Disfruten de la cena, y si necesitan algo más, no duden en llamarnos –dijo Agumon haciendo una reverencia.

-Estamos para servirles –agregó Palmon, haciendo ella también una reverencia.

-Gracias –dijeron ambos al unísono mientras los dos digimons se alejaban.

-No sé qué opines, pero yo creo que el mini dinosaurio ya se ganó la propina –dijo Tai disfrutando de todo eso.

-¿Y qué hay de la adorable planta viviente? –preguntó la castaña, mientras tomaba su copa de vino.

-Cierto, podemos regarla antes de irnos –sugirió el castaño mientras daba un sorbo a su copa, y acto seguido Mimi tomó uno de los hielos de la cubeta y se lo arrojó a la cabeza al chico, que respondió riendo de manera burlona-. Ya perdón, solo era una idea.

-Me sorprende lo bien que se ve todo esto, porque al parecer, por lo regular tus ideas solo muestran lo idiota que eres –se burló la chica.

-Es que soy un idiota adorable –se defendió el muchacho alzando su copa en señal de victoria.

-Sí, lo eres –le concedió la joven ojimiel, levantando ella también su copa para chocarla con la del muchacho.

Mansión Riuga, en Odaiba, Japón, En la Tierra

Julio 20 de 2085

Charles permanecía quieto, prácticamente congelado, él mismo sentía su piel helada y no tenía nada que ver con la fresca brisa que en ese momento soplaba. Sam mientras tanto permanecía quieta. Sonreía rebosante de confianza y tranquilidad, sus manos seguían en los bolsillos de su gabardina y el viento mecía ligeramente su cabellera rubia. Para el hombre era como volver el tiempo a atrás, simultáneamente al momento de su último encuentro, y al momento en que la vio por primera vez, justo en esa misma entrada, en un día soleado del verano del 2051, cuando tenía ocho años y ella apenas seis. Recordó a la niña pequeña y asustada que era en aquel entonces Sammantha Keaton, una niña completamente diferente a la mujer que en ese momento le sostenía la mirada de forma retadora, aunque claro, esa mujer era muy semejante a la joven en la que poco a poco se fue convirtiendo.

-Y… ¿no me invitarás a pasar? ¿O prefieres que lo hagamos aquí? –le dijo con tono socarrón para después reír como si se burlara de la expresión anonadada que Charles sabía tenía en ese momento.

-¿Hacer? –alcanzó a decir apenas con un suspiro.

-Hablar soquete –le respondió ella negando con la cabeza mientras escurría su cuerpo por el hueco que había entre el cuerpo del hombre y la puerta de la entrada-. Vaya, este lugar no ha cambiado casi nada –dijo mirando el vestíbulo principal de la mansión. Sus ojos pasearon por las escaleras, inspeccionaron el tapiz de las paredes y luego miraron la alfombra en el piso-. La alfombra es diferente, ¡Tal como esperaba! –dijo sonriendo para sí misma.

-¿Cómo que lo esperabas? –preguntó Charles contrariado mientras recuperaba la movilidad de su cuerpo y cerraba la puerta.

-Bueno, desde que éramos apenas unos mocosos aprendiendo a ser Tamers este punto específico de la mansión fue testigo de muchas peleas, siempre había que cambiar la alfombra –le dijo sin cambiar su tono de burla.

-¿Insinúas que mi mansión es un lugar de conflicto? –respondió Charles con cierto tono a la defensiva.

-Algo así –afirmó Sam encogiéndose de hombros.

-No es para tanto.

-¿A no? –dijo ella como si Charles acabara de lanzarle un reto-, dime entonces, ¿Cuándo fue la última vez que aquí hubo una pelea? –Charles estaba a punto de decir que hacía mucho tiempo que nadie había peleado en la mansión, cuando volteó ligeramente a ver la puerta y miró el vitral junto a ella. Su expresión le dio a Sam la respuesta-. No hace mucho por lo que veo –dijo con cierto tono de regocijo que molestó a Charles.

-No fue una pelea –respondió el hombre. Sam se cruzó de brazos mirando con una sonrisa de lado a Charles, como esperando a que este continuara hablando. El hombre suspiró preparándose para hablar-. Uno de mis chicos rompió el vitral arrojándole una silla para salir porque la puerta estaba bloqueada desde afuera –explicó. Sam sonrió de manera burlona-. ¡Fue una ocasión particular!

-¡Pero por supuesto que lo fue! –Exclamó aun con voz burlona la mujer-. Como la ocasión particular en que empujaste a Tommy contra la puerta y la desprendieron del marco, o como esa vez en que forcejeaste con ese chico, ¿Cómo se llamaba? ¿Haruki? Para quitarle una granada aturdidora que te robó y esta terminó cayendo en una de las macetas y al detonar llenó todo el vestíbulo de lodo y fragmentos de cerámica, o esa vez en que hiciste enojar a Sayuri al leer su diario y Salamon te persiguió por toda la mansión disparándote su aullido de cachorra hasta que rompieron no uno, sino ambos vitrales. Recuerdo muy bien que te referiste a todos esos incidentes como "ocasiones particulares" –dijo dibujando unas comillas en el aire.

-Claro, pero si no mal recuerdo, fuiste tú quien más problemas ocasionó aquí, ¿o ya se te olvidaron todas esas veces que mandabas a Gaomon a perseguir con puñetazos a todos tus novios que rompían contigo?

-Yo rompía con ellos, ellos nunca rompieron conmigo –dijo apuntando a Charles con el dedo índice de su mano cubierta por un guante de piel negro. Charles se rio con franqueza ante el gesto y Sam lo acompañó de inmediato. Aunque Charles no se había dado cuenta cuando o como, había ya atravesado por la incomodidad inicial al verla en el umbral de la puerta.- Ya ven aquí y dame un abrazo idiota, ¡hace años que no te veo! –dijo ella extendiendo ambos brazos. Charles dejó de reír, y por un momento se puso serio. Sam notó aquel gesto de desconfianza, y sin mediar más palabras se abalanzó sobre el estrechándolo entre sus brazos. Charles la recibió sin saber cómo reaccionar, y se limitó a solo poner sus brazos en la espalda de la mujer.

-Es un gran placer verla, concejala Keaton –atinó a decir con dificultad el hombre.

-Ay, y pensar que antes tú eras el más sentimental y cursi de todo el equipo –dijo mientras se separaba un poco de él y lo miraba de frente-, y ahora mírate, todo un serio y propio señor, director general de HEDM y miembro del alto consejo. Cuesta creer que eres el mismo pendejo que una vez asaltó un edificio entero ayudado solo por sus compañeros digimon –Charles rio con nostalgia recordando aquellos tiempos lejanos.

-Solo tenía diecisiete años, era imprudente.

-Eras valiente –corrigió ella-. No lo hiciste por el reconocimiento, ni de nosotros ni del general Satsuki. Lo hiciste porque sabías que ese edificio iba a ser bombardeado, y no querías que los digimons y humanos que estaban ahí, ni enemigos ni civiles se convirtieran en bajas, y tampoco querías arriesgar a ninguno de los miembros de tu escuadrón. Estoy segura de que solo llevaste a esos dos porque de ningún modo ellos iban a dejarte solo, después de todo, ¿Qué digimon deja solo a su Tamer? –Charles volvió a sonreír-, aunque claro, a veces pasan las cosas al revés –dijo separándose de Charles para seguir por su cuenta con el recorrido que estaba haciendo en la mansión.

Charles suspiró y desvió su mirada, sintiéndose herido por las palabras de la mujer.

-¿Y a que debo el honor de tu visita? –se animó a preguntar para recuperar la fluidez y el control de la conversación.

-¿Te molesta que haya venido?

-Nunca dije eso, solo que es peculiar. No es algo cotidiano recibir la visita de una de las dirigentes de Huanglongmon city, la ciudad más grande e importante del digimundo, y por consiguiente, recibir la visita de una de las personas más importantes e influyentes del contexto político global actual.

-Claro –reconoció Sam-, pero antes de toda esa parafernalia, sigo siendo Sam, tú amiga de la infancia y excompañera de equipo –puntualizó la mujer, terminando con una amplia sonrisa-. Tenía un par de asuntos que resolver en Odaiba, visité las oficinas de HEDM en la tarde, y decidí venir a hacerle una visita a mi viejo amigo Charles, además de dar un paseo por los senderos de la nostalgia –dijo refiriéndose a la mansión-. Y claro, hay un tema un poco más serio que debo discutir contigo pero antes –dijo haciendo una pausa, alzando la mirada y olfateando con remarcado énfasis el aroma que embriagaba el vestíbulo principal-, ¿es pasta al pesto lo que huelo? Porque no he cenado. Tengo hambre –señaló sonriendo. Charles suspiró y asintió mientras le indicaba con un gesto que lo acompañara a la cocina.

Ambos entraron en ella, Charles terminó de preparar la pasta mientras que Sam tomaba asiento en la mesa de la cocina y miraba a su alrededor como analizándolo todo. Sus ojos y su memoria contrastaban cada detalle. El refrigerador era nuevo, pero la mesa del centro era la misma, aunque visiblemente más desgastada. El pizarrón con la asignación de tareas para la semana era el mismo, pero los nombres eran distintos. Lejos habían quedado los días en que los nombres "Sam, Charlie, Sayuri y Tommy" ocupaban casi todas las labores domésticas de la mansión, producto de las incontables veces en que sus superiores y maestros los reprendían por alguna travesura y los castigaban ya fuera aseando los baños o arreglando el jardín. Los gabinetes eran iguales pero la cerámica del piso había sido cambiada, y así cada rincón.

-Listo –dijo Charles cargando dos platos de la pasta que estaba por poner sobre la mesa cuando la mujer lo detuvo poniéndose de pie.

-¿Te molesta si comemos en la sala? Me gustaría volverla a ver –Charles asintió mientras Sam tomaba uno de los platos y se daba la vuelta-. Ah, y, ¿tienes algo más de tomar además de agua? Tengo antojo de algo más fuerte –dijo señalando con una cabezada la botella de cerveza sobre la encimera detrás de Charles. El hombre la miró y luego volteó a ver a Sam con expresión un tanto apenada. Sam sonrió con tranquilidad a modo de respuesta-. Tranquilo, no le diré a nadie que el director general de HEDM mete alcohol a un espacio mayormente ocupado por niños y personal en horas laborales –le dijo acompañando su frase con un guiño-, después de todo, ¿viejas costumbres no se olvidan o no? –agregó con tono divertido mientras caminaba rumbo a la sala este. Charles resopló debido al bochorno mientras la veía alejarse.

-Yo no metí las cervezas a la mansión –dijo en su defensa.

-Pero tampoco haz hecho grandes esfuerzos por sacarlas –dijo Sam mientras atravesaba el comedor.

Charles sonrió involuntariamente mientras abría el refrigerador para sacar el paquete de cervezas entero.

Oficinas de HEDM, en Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 20 de 2085

Izzy, Tentomon y Lisa Witt trabajaron juntos durante toda la tarde hasta que sin darse cuenta la noche los alcanzó y siguió su curso natural sin que ninguno de ellos lo advirtiera. Habían pasado esas largas horas calibrando el sensor de Izzy y diseñando algoritmos para poder detectar las ondas de energía que esporádicamente aparecían. El trabajo había sido difícil, según Izzy explicaba, por qué no lograba determinar ni la naturaleza, ni la razón, ni la lógica de aquellos picos de energía que por pura casualidad lograban detectar. Tras varios intentos habían logrado recabar una buena cantidad de información. Habían logrado captar varias señales y habían logrado también determinar que las mismas solo se presentaban en el área de la ciudad de Odaiba.

Lisa se encontraba tras la computadora sobre el escritorio y trabajando también con la laptop de Izzy en la cual elaboraba una bitácora de todas las señales que lograban captar, sus características y los lugares donde aparecían. Tentomon por su parte había tratado de seguirles el ritmo, peor había terminado demasiado ataviado por las cosas que decían y solo ellos entendían por lo que llevaba casi una hora intentando no quedarse dormido uno de los sofás. Mientras tanto Izzy había pegado en el pizarrón un mapa de Odaiba donde marcaba los puntos donde se detectaban señales, y al mismo tiempo trataba de calcular (sin mucho éxito) donde aparecería la siguiente señal.

Al cabo de todo ese tiempo había logrado atinar, con un muy amplio margen de error, los sitios donde aquella extraña energía se concentraba, sin una aparente lógica en cuanto a los periodos de tiempo que tardaba en reaparecer.

-Bueno, ya está hecho –dijo separándose un poco del pizarrón y apreciando desde lejos la serie de cálculos y ecuaciones garabateados en él.

-Entonces, ¿Qué es? –dijo Tentomon mirando con toda la atención que podía el pizarrón tratando de descifrar algo de lo que había escrito su compañero.

-No tengo ni la más mínima idea –dijo Izzy con cierto tono de satisfacción que parecía contradecir sus palabras. Tentomon miró a Lisa como buscando una respuesta, pero la chica solo se encogió de hombros.

-¿Entonces no sabes que causa esas señales? –preguntó la joven pelirroja mientras dejaba la laptop sobre la mesa y se levantaba de la silla. No llevaba puesto el saco que había dejado colgado en el respaldo de la silla y las mangas de su blusa estaban remangadas. Su cabello parecía algo alborotado por las continuas veces en que se había pasado las manos por la melena rojiza tratando de alejar el estrés y el cansancio, además de que la blusa estaba medio desfajada. En resumen, su apariencia manifestaba muy bien el desgaste que sentía ceñirse sobre sí misma.

-No –admitió el chico girándose para dedicarle una sonrisa emocionada a la chica y a Tentomon-, pero esto lo confirma, la teoría es correcta, ¿de dónde más sino de la membrana entre los mundos podría provenir esa señal? No tengo idea de como ubicarla en el digimundo, o de cómo logra atravesar hasta aquí, pero con toda la información que hemos reunido, ¡es más que seguro que lograremos dar respuesta a eso! –exclamó con júbilo, emocionando a sus acompañantes.

-¡Fabuloso! –exclamó Lisa dando un salto y un profundo suspiró al sentir que todo su trabajo había servido de algo.

Lisa e Izzy se miraron fijamente mientras ambos sonreían y respiraban algo agitados por la emoción. Hasta ese momento el joven se percató, nuevamente, de la belleza física de la mujer, quien, al sentirse mirada tan fijamente por el pelirrojo comenzó a ruborizarse, razón por la que desvió su mirada hacia el monitor de la computadora.

-Ay carajo –dijo y al momento hizo un gesto de reprimenda hacia sí misma-perdón.

-Descuida –dijeron Tentomon e Izzy al unísono.

-Por alguna razón escuchamos esa palabra muy seguido –explicó Tentomon.

-No me había dado cuenta de cuan tarde es –agregó la chica mientras recogía su saco y se lo colgaba en el brazo-. Debería irme y dejarlos descansar –la joven se abrió paso hasta Tentomon e Izzy que la miraban expectantes. La chica extendió su mano hacia Tentomon quien extendió la suya para que se la estrechara en señal de despedida-. Un gusto conocerlos –dijo y luego se dirigió a Izzy extendiéndole su mano-. Un gusto trabajar con usted, señor… un gusto trabajar contigo Izzy –se corrigió apelando a la petición del chico de ser menos formal.

Izzy levantó su a mano con timidez y la dirigió a la de Lisa, chocando sus dedos con la de ella, provocando risas en ambos, para luego tomarse de las manos y estrecharlas con firmeza. El tacto cálido de la mano de la chica hizo a Izzy estremecerse por dentro, cosa que no hizo más que aumentar cuando Lisa le sonrió de manera amable mirándolo a los ojos. Izzy devolvió la sonrisa, sin dejar de sujetar la mano de la chica quien luego de un rato bajó la mirada y se ruborizó ligeramente.

-Creo, que voy a necesitar esta mano –dijo con timidez.

-Claro –dijo Izzy sin dejar de sujetarla, para poco después sacudir la cabeza como intentando despertar y soltando de inmediato la mano de la chica, riendo de manera nerviosa mientras se alejaba dando un paso a atrás. Lisa también se rio mientras Izzy se disculpaba con timidez y algo de torpeza.

-Hasta luego –dijo mientras caminaba rodeando las mesas y el pizarrón con el que casi se estrella al pasar junto a él.

Izzy trató de responder pero las palabras no acudieron a él. En búsqueda de algún apoyó miró a Tentomon quien con un gesto le indicó que le hablara. El chico se sentía cada vez más nervioso mientras veía como la joven tomaba el pomo de la puerta y en ese instante preciso soltó casi en un grito.

-¡Te invito a cenar!

La chica se congeló en su sitio, se giró lentamente con una expresión de duda en el rostro, y esperó a que el muchacho dijera algo más, diera una señal más, de lo que fuera.

-¿Cómo? –preguntó al ver la dificultad del joven para hablar.

Izzy miró a Tentomon, quien con una señal casi imperceptible trataba de darle ánimos.

-Como agradecimiento digo –atinó a decir el muchacho-, quiero decir, te hicimos perder prácticamente todo el día, y salvo los bocadillos que trajiste en la tarde, ninguno ha comido nada, podríamos pedir que nos traigan algo de la cafetería.

Lisa sonrió con timidez mientras se acomodaba un mechón de pelo detrás de la oreja.

-A estas horas, no creo que quede nadie en la cafetería –respondió ella.

-Cierto –dijo Izzy sintiéndose rechazado y rogando que aquel momento bochornoso no durara demasiado-, ya es tarde y supongo que quieres ir a descansar –agregó con algo de pena y mirando al suelo

-Si, a… aunque podríamos pedir algo a algún restaurante –agregó de manera atropellada la chica sonrojándose al hacerlo.

Izzy levantó la mirada incrédulo, y Lisa desvió la suya mirando hacia la ventana como si fuera lo más interesante del mundo.

-Digo hay restaurantes por la zona, y podríamos llamar a alguno –dijo la chica sin atreverse a mirar a Izzy.

-Sí, bueno, yo… insisto en retribuirte tu ayuda con algo, aunque sea poco –titubeó el muchacho.

-No es necesario… pe…pero si tu quisieras, yo…

-Bueno, si tú quieres yo… -trataba de decir el chico, aunque no sabía exactamente qué decir.

Finalmente ambos se miraron, sonrojados, y se sonrieron al mismo tiempo. De manera torpe e inexperta, y de alguna manera esa torpeza y esa falta de experiencia de uno reverberó en el otro, haciéndolos sentir acompañados en una extraña y peculiar confusión.

-Ya marqué a un negocio de hamburguesas a dos cuadras de aquí, dicen que tienen servicio a domicilio, ¿Qué van a querer? –preguntó Tentomon, que sostenía el teléfono en una de sus tenazas.

Izzy y Lisa sonrieron, divertidos y aliviados. Se miraron nuevamente y asintieron. Ya estaba hecho.

Pallete way, en Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 20 de 2085

T.K. caminaba mirando en el cielo nocturno a Patamon, quien volaba de forma suave y despreocupada, rodeando las luces de las altas farolas y luego descendiendo a la altura de los pequeños niños que lo miraban maravillados y alzaban las manos, incluso daban pequeños saltitos para alcanzar aunque sea a rozar a aquel ser que en la infantil mente de ellos resultaba mágico. T.K. se identificó en la mirada de algunos de ellos, recordando la primera vez que vio a Patamon. Parecía un recuerdo tan lejano en esos momentos, pero aún seguía siendo muy nítido.

El apretón de Ángela, quien lo tenía sujeto con firmeza del brazo lo hizo volver a la realidad, y mirar a la chica que lo acompañaba, la cual tenía una mueca inconforme en el rostro. El chico cerró los ojos, respiró hondo sin mover demasiado su cuerpo y luego, con su mejor sonrisa le habló.

-¿Todo bien?

-No T.K., no todo está bien –aseveró la chica-. Mira, puedo soportar que lo traigas a él –dijo refiriéndose a Patamon-. No me fascina, pero está bien. Pero, ¿Y ellos? –dijo mirando fugazmente por encima del hombro a Kenta y Hirokazu, que caminaban junto a sus compañeros, y junto a un par de chicas (una par de jóvenes de la misma edad que vestían bastante similar, falda corta de color negro y blusa blanca de manga larga) que se habían unido a ellos mientras estaban en el parque Sakura.

-No pensé que fuera algo malo –dijo el chico de manera despreocupada.

-Pues lo es –aseguró Ángela presionando más el brazo de T.K., quien sentía que la sangre ya no le circulaba bien hacia la mano-. Soy tu novia, y pensé que tendríamos una cita.

-¡Tenemos una cita! Que ellos estén aquí no afecta eso, además han estado bastante alejados desde que conocimos a… -el chico estaba a punto de voltear, pero Ángela lo detuvo sin mucha sutileza sujetándole el rostro con una mano.

-No las mires –dijo con enfado.

-De acuerdo –dijo el chico con resignación, evitando a toda costa enfadarse-. Desde que ellos comenzaron a hablarles casi no se han dirigido a nosotros.

-Si claro, después de que te utilizaron como carnada para atraerlas no te han molestado más, ¡que tonta! Debería ir a darles las gracias –gruñó enfadada la chica.

-Pues si te comportas como una tonta –susurró el chico de manera casi inaudible, aunque la joven logro percibir a medias el mensaje y presionó con intenciones de lastimar el brazo del rubio que se quejó al instante.

Por su parte Kenta y Hirokazu sonreían felices, acompañados de las dos lindas chicas. Una de ellas, sostenía en brazos a MarineAngemon mientras le hacía mimos como a un gatito.

-Es tan lindo –decía mientras acariciaba la cabeza del pequeño digimon hecho un ovillo entre los brazos de la joven.

-Sí, muy lindo… como tú –musitó Kenta embelesado.

-¿Cómo?

-No nada –dijo el chico apartando la mirada.

Hirokazu mientras tanto, caminaba a un lado de la otra chica, la cual miraba con asombro a Guardromon, quien comenzaba a sentirse nervioso.

-Dime más acerca de ese grupo especial al que pertenecen, ¿Cómo dijiste que se llaman? ¿Chicos especiales?

-Niños elegidos –aclaró Hirokazu, la joven lo miró con una sonrisa burlona-. Que el nombre no te engañe, se refiere a que nos seleccionaron cuando aún éramos menores de edad, porque ¿sabes? Desde niños hemos sido muy destacados.

-¡¿En serio?! –preguntó la otra joven.

-Sí, mucho –respondió Kenta con el mismo tono mientras miraba embobado a la chica.

-¡Cuéntenos más! –pidió la acompañante de Hirokazu, Mari, a lo que Kenta reaccionó de forma nerviosa.

-Ah… no deberíamos, es… confidencial –aclaró.

-¡Si! Muy confidencial, ¡alto secreto de HEDM! –dijo de manera pomposa el muchacho rubio.

-¡Vaya! –dijeron las dos chicas asombradas.

-¿Y ustedes…son algo así como los lideres? –preguntó la chica que acompañaba a Hirokazu, aproximándose a él y posando su mano sobre el pecho del chico, como si estuviera tocando a una persona famosa.

-En realidad los líderes creo que serían Tai y Matt –dijo Kenta sin pensarlo mucho, causando una pequeña decepción en la chica que cortó el contacto con Hirokazu.

-Claro, ellos son los "lideres" –dijo Hirokazu dibujando unas comillas en el aire- desde un punto de vista oficial, pero me gusta pensar en mi como el líder moral y espiritual del equipo, algo así como su inspiración.

-Así que, ¿tú inspiras a los demás? –dijo la chica con más interés y posando ahora ambas manos sobre los hombros de Hirokazu.

-Si yo los…motivo, los guio, me ven como a una especie de guerrero al cual emular.

-Más bien tú haces eso con Ryo… -trató de decir Guardromon, pero fue interrumpido de inmediato por el joven.

-Sí, con Ryo yo siempre trato de ser una especie de mentor, cuando el chico tiene dudas o miedo, ahí estoy yo para animarlo.

-¿De verdad? –dijo la chica aún más emocionada.

-Claro –respondió con el tono pomposo de antes-, incluso insiste en llamarme "Señor", es como un pequeño hermano menor que siempre me sigue a todas partes.

-¿En verdad hago eso? –escuchó decir detrás de él, y una sensación incomoda le recorrió la espalda al reconocer aquella voz.

Guardromon se aguantó la risa mientras Hirokazu, de forma nerviosa se dio la vuelta para ver a Ryo, acompañado de Hikari y detrás de ellos estaba Ken, apoyándose en el hombro de Yolei al caminar, Takato y Juri. Más atrás los seguían Leomon, con Gatomon sobre su hombro moviendo la cola para entretener a Guilmon quien trataba de alcanzarla evidentemente entretenido.

-No había notado que sigo a Hirokazu y trato de emularlo, ¿lo haré de forma inconsciente? –dijo mirando a Hikari a quien abrazaba por el hombro.

-Tal vez.

-¡Hola chicos! ¿Qué hacen por acá? –dijo Kenta con mejor semblante que Hirokazu, quien seguía pálido.

-Lo mismo que ustedes aparentemente –respondió Ken saludando con la mano. Hikari sonreía divertida por la expresión de Hirokazu, hasta que logró distinguir en el cielo a Patamon. Sonrió y empezó a buscar con la mirada a T.K. hasta que dio con el no muy lejos de ahí.

-¡T.K.! –exclamó con energía la chica apartándose un poco de Ryo.

El joven volteó al escuchar su nombre y sonrió al ver a Hikari agitando la mano en forma de saludo. De inmediato se dirigió hacia ellos y en ese momento Hikari se percató de que el muchacho no estaba solo, pues una chica rubia con cara de enfado estaba fuertemente agarrada del brazo del muchacho.

-¿Y cómo les va? –preguntó Kenta.

-Bastante bien -respondió Yolei-. Ken quiso probar suerte en un juego de tiro con un rifle de balines pero no logro acertar ni un disparo, entonces hizo un berrinche y se disparó en el pie –dijo rememorando la escena y causando la risa de Wormmon, que permanecía en el hombro de Ken.

-No hice un berrinche –aseguró el joven algo sonrojado.

-¿Pero si te disparaste en el pie? –preguntó Kenta.

-No voy a responder a eso –aseveró Ken mientras Wormmon seguía riendo-. Y tú deja de burlarte.

T.K. se unió al grupo y saludó a todos agitando la mano.

-De haber sabido que vendrían por acá mejor hubiéramos salido todos juntos –dijo el chico rubio. Hikari rio divertida.

-Sí, tienes razón –respondió la castaña, para luego mirar a la joven rubia que parecía inconforme con la manera tan relajada en que se hablaban-. Perdón, que malos modales, hola…

-¡Mucho gusto! Soy Ángela, la novia de T.K. –casi le escupió la chica a Hikari extendiendo bruscamente su mano hacia ella para saludarla. Hikari la tomó un poco incomoda.

-Sí, lo sé Ángela, nos conocimos hace como dos meses, nos hemos visto como tres veces –le aclaró la castaña con tono amable.

-¿De verdad? –Dijo la chica con una mueca de confusión, mientras la miraba entornando los ojos de pies a cabeza-, no te recuerdo de nada –dijo negando con la cabeza la chica, generando una incomodidad en todos los presentes.

-Perra –susurró Yolei.

-Tranquila –le dijeron Ken y Hawkmon al unísono.

-T.K., vamos, ¡prometiste que me llevarías al karaoke! –dijo la joven rubia con tono meloso.

-¿En qué momento…? –estaba por preguntar el chico cuando fue jalado por la joven que sin despedirse comenzó a alejarse.

-¡Genial! ¡Nosotros también estábamos por ir al karaoke! –exclamó Yolei imitando el tono de voz agudo (e irritante) de Ángela, quien no se percató de la burla, pero si reaccionó molesta por los planes de aquellos chicos que se cruzaban con los suyos.

-¿Lo estábamos? –preguntó Ken confundido.

-Sí, si estábamos –dijo Yolei pisándole el pie herido al joven que aguantó las ganas de proferir un grito de dolor.

-Sí, estábamos –dijo en un gruñido.

Hikari, Ryo, Takato y Juri miraron confundidos a Yolei.

-¡Pues vamos todos! –dijo la chica que sostenía a MarineAngemon volteando a ver a Kenta con una sonrisa emocionada.

-Sí, vamos –respondió el chico nuevamente embobado.

Takato y Juri se miraron el uno al otro, se encogieron de hombros y asintieron conformes con la decisión.

-¿Y ustedes también son Tamers? –preguntó la chica que estaba con Hirokazu, mirando a Ryo de forma provocativa.

-Ah… si –respondió el muchacho algo nervioso.

-Ok –dijo Hikari aproximándose a Ryo y tomándolo por el brazo-, aquí voy yo, vámonos –dijo avanzando llevándose casi a rastras a Ryo.

Todos comenzaron a caminar siguiendo a T.K. y Ángela, dejando hasta atrás a Ken, quien seguía cojeando, y a Yolei que lo acompañaba.

-¿Qué se supone que haces? –preguntó Ken en un susurró a la chica de lentes.

-Fastidiar a la niña de caramelo –dijo Yolei con cierto regocijo.

Ken sabía muy bien que Yolei podía ser muy sobreprotectora con sus amigos y las personas que le importaban, y T.K. era uno de sus mejores amigos y por extensión, una de las personas que más le importaban.

-Solo no la fastidies demasiado, o podrías generarte un problema con ella –Yolei soltó una risa burlona.

-Si ella busca problemas conmigo trapeare el piso con su cabezota rubia.

-Sí, es precisamente eso lo que me preocupa –confesó el muchacho.

Club nocturno Temptations, en Odaiba, Japón, En la Tierra

Julio 20 de 2085

Un mesero dejó sobre la mesa ocupada por Kouta y compañía varias cervezas que Henri y Matt repartieron entre las chicas que los acompañaban. Por último, el joven mesero dejó sobre la mesa un cartón de leche el cual Henri tomó para servirle otro vaso a Terriermon, ante las miradas enternecida de un par de chicas.

-Gracias –dijo el joven al mesero que se retiró con una sonrisa.

-Entonces, ¿Cómo es la vida de un militar Tamer? –preguntó una de las chicas inclinándose sobre Kouta quien sonrió de forma galante.

-Ah, tu sabes, normal; despiertas, haces algo de ejercicio, prácticas de rigor, te llaman para una misión, salvas vidas de civiles sorteando peligros y explosiones y vuelves a casa con el cuerpo molido a descansar para despertar y hacer lo mismo una y otra vez. Pero en los pequeños intervalos entre un peligro y otro, te sientes satisfecho, porque sabes que ayudas a crear un mundo mejor –las chicas miraron al joven con asombro.

-Sin mencionar las horas que gastas viendo caricaturas –agregó Kotemon en tono de burla y las chicas rieron, al igual que Henri y Matt, quien al mismo tiempo conversaba con otra chica. Una joven de cabello corto y pelirrojo que llevaba puesto un ceñido y corto vestido de color azul celeste.

-Parece que tienen vidas muy ajetreadas –señaló la joven pelirroja llamada Ino.

-Supongo –respondió el rubio con naturalidad-, es difícil de decir, comenzamos con esta vida desde pequeños, a veces pensar en una vida menos ajetreada es lo que suena extraño, hasta estresante a veces –confesó, sin pretensiones ni nada, conmoviendo a Ino.

-Tú eres muy callado ¿no? –le dijo a Henri otra de las chicas, una castaña de largo cabello que desde que los chicos las habían abordado había estado pendiente de él.

-Soy algo aburrido, lo siento –se sinceró Henri dando un trago a su cerveza.

-Henri es más bien un chico de estrategia –dijo Kouta abrazándolo por el hombro-, un hombre silencioso hasta que debe actuar, y cuando actúa lo hace mejor que ninguno.

-Solo hago mi trabajo –aclaró el muchacho con un tono sobrio.

Kouta frunció el ceño mirando fijamente al muchacho que parecía algo incómodo.

La música del club cambió a una conocida melodía de moda y las tres chicas alzaron sus cervezas de manera coordinada sorprendiendo a los chicos.

-¡Tenemos que bailar esa canción! –dijo una de ellas y en el acto se levantó tomando de la mano a su amiga, dejando a Henri y Kouta solos.

-¿Vienes Ino? –preguntó una de las chicas a su compañera que seguía charlando animadamente con Matt. La joven miró al Ishida con una expresión tímida mientras lo tomaba discretamente de la mano.

-¿Bailas? –le preguntó, y el joven rubio titubeó sin saber que responder.

-Ve –escuchó que le decía Gabumon mientras lo empujaba para que se levantara.

El chico lo hizo y se dejó llevar por la pelirroja hasta donde sus amigas bailaban juntas de manera muy animada.

Gabumon lo miró y sonrió antes de dar otro trago a su cerveza (la tercera de esa noche) sintiéndose ya muy mareado y con muchas ganas de orinar.

-Necesito ir al baño –dijo bajando del banquillo en que estaba sentado y tambaleándose ligeramente al tocar el suelo.

-Mejor te acompaño –dijo Kotemon bajando de su asiento y acercándose a Gabumon que no renegó de la ayuda.

-¿Cómo estás tú? –le preguntó Henrio a Terriermon, quien sorbiendo e su vaso hizo una seña con la mano indicando que todo estaba bien.

-Creo que deberíamos pensar en un plan –dijo Kouta mientras, con discreción, sacaba un cigarrillo y se lo ponía entre los labios.

-¿Plan? –dijo Henri confundido, mirando como el chico encendía el cigarrillo.

-Con las chicas, ¿no me dirás que tienes pensado llevarlas a la mansión? Deberíamos preguntar por algún love hotel, seguro que hay uno cerca de aquí.

Henri volteó a ver a las chicas. Mientras bailaban lanzaban fugaces miradas hacia ellos, que, combinadas con sus movimientos sugerentes, daban una muy buena idea de sus intenciones con ellos. Por alguna razón esa confirmación despertó en Henri no una sensación de júbilo, sino un extraño nudo en su estómago, cosa que no pasó desapercibida para Kouta.

-Oye, te entiendo, en la tarde no te imaginabas pasando la noche precisamente con Miharu –dijo refiriéndose a la joven que evidentemente gustaba de Henri-, pero la situación es la situación y hay que aceptarlo.

-¿Entonces tu simplemente aceptas que tal vez hoy Joe se acueste con Rika? –dijo Henri en un tono demasiado agresivo para lo que el acostumbraba. Kouta exhalo una bocanada de humo y apagó el cigarrillo dejándolo caer en la botella de cerveza que aun contenía algo del líquido.

-Si así es yo no puedo hacer nada, será su decisión y ella es libre de tomarla, no me pertenece, no le pertenece a nadie, nadie le pertenece a nadie, afróntalo –le respondió, aunque no de manera confrontativa, sino más bien como si genuinamente tratara de aconsejarle algo-. Te lo dije, tú y yo somos más parecidos de lo que admites –Henri negó con la cabeza.

-No lo somos, y esto es la prueba de ello –le espetó. Kouta, sin dejar su calma, tomó una de las cervezas de las chicas, bebió un trago grande y siguió hablando.

-¿A qué te refieres? ¿A que yo decido aliviar mi pesar bebiendo y teniendo sexo casual con una chica que está buscando exactamente lo mismo, mientras que tú fielmente decides esperar todas las noches a que la chica de tus sueños se dé cuenta de que eres el hombre ideal para ella? ¿Qué pasa si nunca se da cuenta? ¿Qué pasa si ella elige a tu mejor amigo? –Aquellas palabras le dolieron en el alma a Henri-, ¿le estrecharas la mano y ya? ¿Serás su padrino el día de su boda? No, mejor aún, como Juri está peleada con su familia tu podrías ofrecerte para entregarla en el altar, sería un muy lindo gesto de tu parte –Henri se giró hacia Kouta echando llamas por los ojos.

-¿Crees que eso estaría mal?

-No, lo contrario, pienso que eso sería lo mejor –dijo sin chistar, sin tonos sarcásticos ni burlescos, de forma sincera-. En verdad un gran gesto de amigos, algo que tal vez yo no podría hacer, no soy tan buena persona como tú, en eso si nos diferenciamos –dijo para después dar otro trago a la cerveza de su acompañante.

Henri lo miró en silencio, no sabía que decir.

-Mira no digo que no tengas oportunidad con ella, pero quizá serviría que tú te lo plantearas, y que disfrutaras de las oportunidades que tienes en frente, en lugar de renegar de ellas.

Henri sopesó las palabras de Kouta, jugando con la botella vacía entre sus manos.

-Si tienes razón –dijo con tono meditabundo-, y tú y yo nos parecemos, tal vez tu deberías pensar en que quizá tienes oportunidad con Rika –Henri volteó a ver al joven arquero, quien le devolvió la mirada, dejando ver una leve sombra de pesar.

El chico de cabello largo sonrió levemente mientras asentía. Dio el último trago a la cerveza y dejó la botella vacía sobre la mesa.

-Oportunidad. Esperanza. La esperanza duele, a veces más que la resignación –dijo sopesando las palabras-. El alcohol es veneno, tal vez lo bebo porque sé que algo en mi debe morir.

-Tal vez no deba –insistió Henri.

Ambos se miraron, y Henri en ese momento se sintió en verdad reflejado en Kouta, y, ahora con pesar, Kouta se reconoció en Henri. Eran parecidos. A ambos les dolía, pero era verdad.

Distrito Kobuya en Odaiba, Japón, En la Tierra

Julio 20 de 2085

Davis caminaba en silencio, con la mirada perdida en ningún lugar, solo andando como por acto reflejo. Sora caminaba a su lado, mirando curiosa a su alrededor, lanzando miradas insistentes al chico que parecía apenas estar enterado de la presencia de la chica. Ya era tarde, luego de salir del centro médico Sora sugirió que fueran a cenar y Davis aceptó. Entraron en el primer negocio de comida que encontraron y los cuatro (Veemon y Biyomon incluidos) pidieron un tazón sencillo de sopa de miso. Comieron casi sin hablar, Sora había intentado entablar una conversación con Davis durante toda la cena sin muy buenos resultados. Al final, casi resignado, se levantó sin más una vez que Veemon terminó de sorber el caldo de su plato y se marcharon después de pagar.

Davis levantó la mirada melancólica, viendo a unos cuantos metros de distancia a Biyomon conversando de manera animada con Veemon. Quizá eran imaginaciones suyas, pero parecía como que la digimon trataba de mantener alejado a Veemon de él. Volteó ligeramente para ver a Sora, que permanecía a su lado. La chica le sonrió con dulzura, y el muchacho respondió lo mejor que pudo. Se sentía incómodo.

-Y… ¿Cómo va todo? –se animó a preguntar Sora para romper el silencio. Davis la miró y se encogió de hombros.

-No lo sé –respondió con voz apagada. Sora dejó de sonreír. Bajó la mirada imitando al chico. Davis notó el cambio de ánimo tan drástico en Sora y quiso decir algo para animarla aunque no sabía que-. Es extraño, confuso –dijo-. Veo especialistas que me hacen preguntas, anotan cosas en sus bitácoras y terminan siempre diciéndome que esto es una etapa, que debo pasar por un proceso para volver a la normalidad, pero lo cierto es que no hay un manual que hable de como volver a ser tú luego de convertirte en un sociópata dictador que puso en riesgo la vida de sus amigos –explicó el muchacho-. Ni siquiera recuerdo porque hacia lo que hacía, y casi todos los recuerdos que me quedan de cuando usaba esa máscara y me hacía llamar el Emperador son distantes, como imágenes de un sueño que se van desvaneciendo.

-Quizá sea lo mejor –dijo sora contrariada-, que lo olvides -Davis negó con la cabeza alzando la vista.

-No. Se siente como si me despedazaran, como si me arrancaran una parte de mí, y ni siquiera estoy seguro de cuanto es lo que se llevan, si junto al Emperador se va más de lo que soy, si la mayoría de Davis fue arrancado junto con él. ¿Lo entiendes? –dijo el chico con una expresión de pesar.

-Si –escuchó decir a Sora.

Al voltear a verla, pudo notar en el semblante en su rostro que no trataba de ser empática con él, de darle ánimos. La chica lucía triste y afligida. Levantó la mirada y lo miró a los ojos sonriéndole, al momento que levantaba su mano derecha y palpaba su cien con el dedo índice.

-Nunca recupere la memoria, ¿recuerdas? –dijo la chica esbozando una sonrisa triste-. Cuando pasó lo de Myotismon, hablé con varios especialistas, psicólogos, psiquiatras y neurólogos, y todos llegaron a la misma conclusión: no sabemos qué fue lo que te pasó así que no sabemos si tiene remedio. Soy Sora Takenouchi, una chica de 19 años que no recuerda 15 de los mismos. Por suerte no olvidé el idioma, como leer y escribir ni los conocimientos matemáticos. Prácticamente todos los conocimientos, pero no recordaba nada de mi misma, ni mis gustos ni mis disgustos. Dijeron que era posible que fuera recuperando partes de mi memoria esporádicamente conforme volviera a mi rutina, así que lo hice. Al entrenar mi cuerpo reaccionaba como por reflejo así que eso fue sencillo, y algunas cosas, muy generales como la trama de una película o la historia de una novela me resultaban familiares, pero de ahí en más no hubo nada. Siempre me pregunto, ¿Quién era la Sora de antes? Trato de no pensar en eso pero, es inevitable a veces darme cuenta de que hay un gran pedazo de mí que está perdido y que no va a volver –los ojos de la chica dejaron brotar un par de lágrimas mientras ella seguía sonriendo con tristeza-. La relación con mi madre es extraña, a veces hasta incomoda, ella se esfuerza y lo aprecio, pero cada vez que hablamos siento como si la decepcionara, como si lamentara que en mí no ve a su hija, no por completo al menos. Y con mi padre es peor, apenas lo veo, el me mira como a una desconocida, y ni siquiera sé si así fue siempre o si se debe a esto. Es difícil –dijo sinceramente mientras se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano.

Davis permaneció callado. No había nada que pudiera decir para ayudarla.

-Creo que tú y yo ni siquiera nos conocemos –dijo Davis con pesar. Sora lo miró confundida-. En estos cuatro años, tú te has convertido en una Sora diferente, y en esos mismos cuatro años yo me volvía un Davis distinto al que era antes y al que soy ahora. Prácticamente todo lo que conocemos uno del otro son solo mentiras –dijo con un tono de resignación.

Sora se detuvo, y lo tomó por el brazo para frenarlo, e chico la miró confundido.

-Tal vez, o tal vez, tú eres alguien diferente y yo soy alguien diferente. Puede que lo que conozcamos el uno del otro sean mentiras, y que el resto de nuestros compañeros igualmente solo sepan mentiras de ambos, o quizá sepan la verdad, una verdad que es distinta a la que era antes. Tal vez sean ambas cosas al mismo tiempo, sin que una contradiga a la otra, ¿no crees? –sus palabras sonaban firmes, como si no permitiera contradicción alguna.

-Chicos –Ambos escucharon que los llamaban. Veemon y Biyomon los miraban con curiosidad. Sora parecía contrariada. Miró a su alrededor y se percató de que estaban justo en la entrada de una plaza comercial, por lo que volteó a ver a su compañera de manera peculiar.

-Espérennos aquí, volveremos en seguida –dijo la chica dando la vuelta y marchándose jalando a Davis del brazo.

-Espera, ¿Qué? –dijo Davis confundido.

-Necesito mostrarte algo, será rápido, tu confía en mi –le respondió la chica sin detenerse. Davis se giró para ver una vez más a Veemon y sonreírle de modo que le dio a entender que estaba bien y que esperara.

-¿Y se puede saber a dónde vamos? –preguntó el muchacho.

-Cuando estemos ahí, o se arruinará la sorpresa –dijo la chica con tono de no querer agregar nada más.

Distrito Kiharu, en Odaiba, Japón, en La Tierra

Julio 20 de 2085

Entre risas y pequeñas discusiones la velada de Mimi y Tai había seguido su marcha hasta el punto de que ambos platos se encontraban vacíos. Mimi engulló el ultimo trozo de carne de su plato, llenándose la boca por completo. Tai la miraba con una sonrisa embelesada, recargando su cabeza sobre su mano. La chica, al sentirse observada de aquella forma, terminó de masticar y con algo de dificultad trago antes de hablar.

-¿Qué? –preguntó mientras se llevaba grácilmente la copa de vino al contacto con sus labios.

-Es que cuesta un poco creer que una mujer tan menuda como tu sea tremenda devoradora –le dijo sin dejar de sonreír. Mimi se ruborizó ligeramente mientras secaba sus labios con la servilleta.

-Cállate, tenía hambre, no había comido nada desde que salí de la mansión –se defendió ella.

Tai tomó su copa, dio un trago y la dejó sobre la mesa clavando su mirada en ella.

-Pensaba en ti muy seguido –dijo tomando por sorpresa a Mimi-. Cuando me fui, durante todo el tiempo que no estuve. Te pensaba casi a diario. Me preguntaba como estabas, que estarías haciendo, a veces incluso pensaba en si tu pensabas en mí.

-Sí, y eso vaya que se notaba por tus frecuentes mensajes y llamadas –dijo Mimi con cierto reclamo en la voz. Tai mostro una media sonrisa mientras meditaba.

-Era difícil. Siempre pensaba en mandarte un mensaje, pero al principio no sabía que decirte, o como decirte lo que sentía, y conforme el tiempo fue pasando, cada vez más pensaba que no era justo contactarte solo así. Quizá ya estabas con alguien, quizá ya te habías olvidado de mí, supongo que confirmar eso era lo que más me aterraba.

-Esto va a sonar muy cursi, así que le echaré la culpa al vino –dijo mientras levantaba su copa y la vaciaba de un trago grande-. Eres difícil de olvidar Tai –le aseguró-. Claro que hubo otras personas… chicos… Pero, al final terminaba pensando nuevamente en ti. Me hubiera gustado mucho recibir aunque fuera una carta, una llamada, una señal de como estabas –se sinceró mientras jugaba con la copa vacía sobre la mesa.

Tai sonrió alegre.

-Supongo que si tengo algo de encanto –dijo riendo de forma socarrona. Mimi rodó los ojos dejando salir una risa burlona.

-Sí, o quizá sea que es difícil superar una primera impresión tuya, digo, la primera vez que te vi fue en medio de explosiones, gritos y una batalla que salió de quien sabe dónde.

-¡Recuerdo ese día! Fue una locura –dijo asintiendo el muchacho.

-¿Qué hacías ese día? –preguntó Mimi de forma un poco más seria. Tai calló, y comenzó a indagar en su memoria.

-Siempre me perseguían, y buscaban. Un día dieron conmigo y una cosa llevó a la otra hasta que terminé en esas instalaciones. Un día antes acababa de robar un costal de fruta para que comieran los huérfanos a los que cuidaba –rememoró el chico. Mimi lo miró con curiosidad.

-¿Por qué no buscaste ayuda antes? ¿A alguien que los cuidara? –Tai se encogió de hombros.

-No sé. La vida de fugitivo y ladrón te vuelve desconfiado de todas las personas a tu alrededor. Aprendes que solo puedes confiar en las personas con las que creces, los demás casi siempre querían hacernos daño. Llegue a pensar varias veces en dejarlos. Buscar un lugar, un pueblo o una ciudad donde ellos pudieran vivir y crecer de una forma más normal pero… siempre tenía miedo, o pensaba que no era lo correcto, o que no era el momento.

-Y… ¿Por qué entonces confiaste en que estarían bien ese día? –Tai alejó la mirada de su copa, y vio la expresión llena de intriga de Mimi.

-No lo sé –respondió con sinceridad-. Es la verdad, no lo sé. Fue como si… sintiera, o como si supiera sin saber por qué, que era el momento. Llegue hasta ese lugar por pura coincidencia o eso pensaba, y luego, me encontré con el digihuevo de Agumon y acto seguido ya era un Tamer. A pesar del miedo que sentía de esa palabra, de todas formas, algo en mí se sentía bien, sentía que estaba donde debía estar, o que podía encontrar un sentido a partir de ese momento –Tai guardo silencio, mientras pensaba en todo aquello-. ¿Crees que fuera parte del destino? –le preguntó. Mimi guardó silencio, sin saber que decir-. Quizá la vida me empujo de lugar en lugar hasta llegar a ahí, encontrarme con Agumon y con ustedes y comenzar con esta historia, ¿o fue solo suerte? ¿Y fue solo suerte que las cosas resultaran? Después de aquello Kouta también se unió al equipo y con eso garantizó la seguridad de su hermana. Quizá las cosas debían ser así, y de algún modo, lo supe en ese momento.

Mimi meditó las palabras de Tai. A ella le generaban las mismas dudas que a él, y unas grandes ansias por saber la respuesta.

-No lo sé –respondió y acompañó sus palabras con una pequeña risa-. En verdad no lo sé. No sé si exista el destino, o si fue solo suerte, tal vez un poco de ambos. Un día encontramos un digihuevo raro, y días después de la nada aparece un chico todavía más raro. Tal vez tú y Agumon si estaban destinados, y nosotros solo estuvimos ahí en el momento. Luego el chico raro y el digimon raro comenzaron a vivir con todos nosotros y pusiste las cosas de cabeza. ¿Recuerdas lo que dijo Azulongmon? Nosotros somos los que eligieron, no los elegidos, lo que significa que cualquier podría haber tenido que atravesar por todo lo que hemos pasado, pero fuimos nosotros quienes lo hicimos, no por que debiéramos, sino por que quisimos. Tal vez eso y el destino son lo mismo, las decisiones que tomamos y las consecuencias que resultan. Aunque no podamos verlas, quizá cada acción conlleva una inevitable consecuencia.

-Si lo dices así suena algo funesto –dijo Tai removiéndose en su asiento.

-¿Por qué? –preguntó la chica sonriéndole de manera divertida- ¿por la palabra consecuencia? No significa que algo malo resulte, es decir, una consecuencia de aquel día es precisamente este; estamos aquí, juntos –la chica estiró su brazo sobre la mesa para tomar la mano de Tai-, y eso es algo bueno, muy bueno –le aseguró. Tai sonrió mientras entrelazaba sus dedos con los de Mimi.

-¿Muy bueno? –Mimi asintió sin dejar de sonreír.

-Estoy feliz –dijo mientras se ponía de pie y sin dejar de tomar la mano de Tai se aproximó a él bordeando la mesa para luego inclinarse y depositar un beso en los labios del castaño.

-Yo también –afirmó Tai mientras se ponía de pie y estrechaba a Mimi entre sus brazos.

Agumon y Palmon mientras tanto, venían toda la escena desde la distancia. En silencio, y ambos sonriendo, felices de ver a sus compañeros juntos, ¡Al fin juntos! Pensaban ambos sintiendo el deseo de dejar salir un largo suspiro que pusiera fin a una espera que había parecido eterna.

-¡Mesero! –Exclamó Mimi y ambos digimons se pusieron alerta-. ¿Sería tan amable de repetir Linger de The Cranberries por favor? –pidió la chica.

-¡A la orden! –respondió Palmon mientras se disponía a cambiar la melodía.

-¿Tanto te gusta esa canción? –preguntó el joven castaño.

-Sí, y además… –dijo mientras tomaba ambas manos del muchacho y retrocedía un par de pasos para alejarse de la mesa-…, tengo ganas de bailar –le dijo con una gran sonrisa en los labios.

-Ah… es que yo…

-Tú no bailas, ya lo sé –le dijo la chica con amabilidad-, pero en algún momento debemos retomar esas lecciones de baile que empezamos en la fiesta de industrias Ipkiss ¿no crees? Y justo ahora es un perfecto momento.

Tai dejó de oponer resistencia y coloco ambas manos en la cintura de Mimi, mientras ella le envolvía el cuello con sus brazos. Ambos comenzaron a mecerse de manera ligera al compás de la música.

-Excelente, no pisas mis pies –dijo Mimi divertida ruborizando a Tai.

-Y me está costando, créeme –le aseguró el chico provocando la risa de su acompañante.

Ambos guardaron silencio. Mirándose a los ojos, y bailando de manera lenta.

-Te quiero –le dijo Tai, estremeciendo a la castaña quien sonrió con un peculiar brillo en los ojos.

-Te quiero –respondió ella antes de besarlo sin dejar de bailar.

Oficinas de HEDM, en Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 20 de 2085

Lisa e Izzy comían cerca de la ventana, con todas las luces apagadas excepto la de una lámpara en la esquina de la habitación. La fina mesa de café estaba ocupada por paquetes de cartón con papás fritas, hamburguesas y un par de latas de soda abiertas. El chico miraba furtivamente a Lisa mientras esta comía poniendo toda su atención en la comida, por alguna razón, a Izzy le parecía fascinante la forma en que la chica tomaba una papa frita y se la llevaba a la boca, o el ligero movimiento de sus labios al masticar. Lisa no tardó mucho en darse cuenta de las miradas insistentes de Izzy, lo que la hizo ruborizarse y dejar de comer para buscar en sus bolsillos su pequeño espejo.

-¿Tengo algo en la cara? –preguntó mientras miraba su reflejo.

-No, para nada… -dijo Izzy mientras que la chica se cercioraba de que aquello fuera verdad-. Eres muy bonita –dijo en un susurró el chico, aunque debido al silencio en la sala la chica lo escuchó perfectamente

-¿Disculpa? –preguntó bajando el espejo y mirando al chico con atención. Izzy enmudeció por unos segundos.

-Que tú… estudias en la universidad –logró decir con suma dificultad.

-Ah –dijo Lisa algo desanimada-. Sí, estudio física, y matemáticas aplicadas, principalmente –respondió la chica.

-¿Cuánto llevas estudiando?

-Desde los dieciocho, hace dos años –respondió para luego beber un trago de soda.

-Tienes... veinte años –dijo el muchacho, confirmado lo que ya pensaba; la chica era mayor que él.

-Si. ¿Y tú? –le preguntó ella.

-Ah… diecisiete –respondió el chico algo avergonzado

-Increíble –dijo la chica. Izzy la miró confundido-. Eres muy joven, y muy inteligente, creo que ya lo había dicho, pero eso es increíble.

-Gracias, pero no es para tanto.

-¿No has pensado en asistir a la universidad? Tu edad no sería un problema seguro.

-Bueno a decir verdad –dijo el chico mientras se rascaba la mejilla-, ya he acreditado varias materias en varias universidades. No tengo un título universitario solo porque no lo he solicitado ni iniciado los trámites –admitió con una sonrisa apenada-. He estado algo ocupado.

-Me imagino –dijo la chica asintiendo con la cabeza-. Como Tamer seguro que siempre estás muy ocupado, ¿no? –Izzy la miró y se encogió de hombros, no estaba muy seguro de que responder. Claro que bien podría decirse que vivía una vida agitada y que apenas un mes atrás había estado envuelto en una verdadera odisea cuya conclusión fue algo menos que épica, aunque estrictamente eso debía ser un secreto, una información que debía ser manejada con discreción-. Honestamente no puedo ni imaginarme todo eso –dijo mientras se miraba las manos-. Yo siempre he sido una chica común, nada especial, algo inteligente supongo, pero nada fuera del promedio. Pero tú –dijo y lo miró a los ojos-, tu si eres alguien especial Izzy.

El chico se sonrojó y desvió la mirada apenado.

-No es para tanto, créeme, comparado con los demás, yo paso bastante desapercibido.

-No creo eso, y lo digo en serio –afirmó la chica-. No cualquiera podría hacer todo lo que tú –dijo con voz suave. Izzy sentía su corazón acelerarse solo con el hecho de mirarla, y eso, junto a las palabras que le dedicaba, lo hacían sentir una calidez inusual en todo el cuerpo- ¿está algo silencioso no? –Preguntó lisa.

-Ah, si –respondió Izzy como si despertara de un sueño.

-¿Te molestaría escuchar algo de música?

-Para nada, Tentomon, ¿puedes…?

Pero al voltear a ver a su compañero el joven se percató de que este dormía apaciblemente en uno de los sofás. Lisa y el sonrieron divertidos y la chica se levantó de su asiento para caminar a la computadora.

-Si no te molesta, hay una estación de radio donde pasan música vieja, quizá te parezca algo anticuada, pero muchas de las canciones son clásicos que nunca mueren –aseguró la chica.

Izzy sonrió y asintió.

-Adelante -dijo haciendo un ademan con la mano. La chica tecleó algo en la computadora y luego con un simple clic una melodía suave comenzó a inundar la habitación.

-Está en especial es buena –dijo la chica meciéndose al caminar para volver a sentarse frente a Izzy. El chico escuchó la música y sonrió al reconocer la melodía.

-Linger de The Cranberries –Lisa sonrió al escucharlo.

-¿La conocer? –preguntó con un tono de voz emocionado, mientras la letra de la canción comenzaba e Izzy movía los labios siguiendo la letra de la canción.

Mansión Riuga, en Odaiba, Japón, En la Tierra

Julio 20 de 2085

La letra de Linger de The Cranberries volvió a sonar en la mansión a petición de Sam mientras ella y Charles cenaban en la sala este.

Toda la noche Charles había esperado que la mujer rubia tocara los temas de importancia, sin embargo, ella parecía más empeñada en remarcar las diferencias entre la mansión de la que ella se marchó años atrás y la que ahora dirigía el hombre. "la sala es diferente, antes había un televisor y videojuegos", "las armaduras se ven algo opacas", "las cortinas son feas y no dejan entrar mucha luz", "el tapiz sigue siendo el mismo, y sigue sin gustarme", "los cuartos ya no huelen a madera como antes". Parecía una niña enumerando las cosas que no le gustaban de la nueva casa luego de mudarse, y aunque a Charles aquello al principio comenzaba a fastidiarlo, luego de un rato comenzó a causarle gracia y limitaba sus respuestas a hacer comentarios con el afán de molestarla. "el olor a madera es el mismo, tu nariz es vieja y ya no capta bien el aroma" le respondió, por ejemplo, y así comenzaron un momento en que se insultaron de diferentes maneras recordando los momentos que pasaban cuando niños y adolescentes.

-Jamás olvidaré tu cara cuando Sayuri salió con aquel chico, ¿Cómo se llamaba? ¿Jason? ¿Jamie?

-No se dé que hablas –dijo Charles ahogando repentinamente su risa y poniendo cara seria mientras bebía una cerveza.

-¡Claro que lo recuerdas! Ese chico del escuadrón francés con quienes hicimos entrenamientos tácticos. Morías de celos y aun así no te atreviste a decirle a Sayuri que te gustaba –le recordó la mujer y Charles la miró enfadado.

-Jaques, así se llamaba –le contestó.

-¡Ves como aun no lo olvidas! En verdad te puso celoso esa vez.

-Recuerdo su nombre porque ahora es capitán de una división especial de Tamers en Europa, reclutan y entrenan jóvenes prometedores, estoy en continuo contacto con él.

-Que afortunado –dijo Sam con sarcasmo mientras tomaba otra cerveza y la abría quitando la corcholata solo con el dedo pulgar.

Charles le miró la mano metálica. Se había quitado los guantes hacia un rato debido al calor. El hombre supuso que quitarse el guante de la mano izquierda (la protética) había sido un mero gesto hecho por costumbre. Sam notó su mirada y a donde esta se dirigía, y dejando la botella de cerveza sobre la mesita frente a ella levantó el brazo izquierdo con los dedos de la mano bien extendidos y comenzó a moverlos uno por uno.

-No hay fallo en su diseño –dijo con una sonrisa de satisfacción. Charles sonrió también, aunque con algo de pesar en su mirada. Se quedó callado por un momento, hasta que finalmente se decidió a hablar.

-¿Sabes? Ha habido notables avances en cuanto a la fabricación de piel sintética para esas prótesis. Tuve la oportunidad de ver algunas hace poco y la diferencia con la piel real es casi indistinguible. Como miembro del alto consejo de HEDM podría solicitar una prótesis avanzada como prototipo y..

-¿Y para que querría eso? –preguntó Sam con una expresión de sincero desconcierto al cual Charles no sabía cómo responder-. ¿Por qué querría ocultarla? –Dijo extendiendo su mano frente a Charles-. ¿Por qué negar algo de mí? –la chica se levantó la manga descubriendo el resto de la prótesis hasta el codo.

-No quise decir que debas avergonzarte de ello –se disculpó Charles.

-Lo sé, y no me avergüenzo –aseguró Sam-, el que se avergüenza eres tú, por no haber estado para ayudarme –le dijo y el hombre asintió sin decir nada y clavó la mirada en el suelo-, y no deberías hacerlo, no fue tu culpa –aclaró la mujer, mientras se miraba el brazo mecánico con nostalgia-. Quisiera decir que no fue culpa de nadie, pero en realidad si fui bastante descuidada, por no decir idiota. A veces pienso en ese día, esa misión en el continente Directory. Recuerdo a veces, de manera muy fugaz al digimon que me atacó y me causo esto –explicó mientras pasaba las yemas de su mano derecha sobre el frio metal de la prótesis-, ¿y sabes? No le guardo rencor, ni ahora ni antes. Quizá antes me sentía enfadada, pero eso duró poco, prácticamente solo el tiempo que me llevó recuperarme en el hospital.

-¿En serio? –preguntó Charles con parsimonia. Sam asintió enérgicamente.

-A veces incluso agradezco esto, porque me permitió ver las cosas desde otra perspectiva. Hasta ese momento nunca me pregunté, ¿Qué hacíamos nosotros, peleando contra los digimons? ¿Por qué razón? HEDM debía ser un puente que conectara un mundo y otro, y en cambio, se convirtió en un muro que dividió los mundos y que se plantó para imponer su orden sobre los digimons.

-Las cosas no han sido fáciles –dijo Charles inclinándose un poco hacia adelante-, es cierto que de nuestra parte no siempre hemos sido los más cooperativos, pero tampoco todos los digimons nos han recibido con los brazos abiertos.

-Bueno, ¿Quién lo haría si llegas a su casa empuñando un arma? –rebatió Sam. Charles la miró serio. No estaba enfadado, pero aquel era un tema sumamente difícil y agotador-. No te estoy reclamando nada Charles, en realidad lo que haces es muy bueno. HEDM era una especie de armada. Gracias a ti ahora se puede vislumbrar que es algo más. Siempre fue tu objetivo, y estoy feliz de que lo estés logrando.

-Hago lo mejor que puedo, pero aún falta mucho.

-Sí, así es, y no lo puede hacer todo un solo hombre, o una sola agencia mejor dicho, no es que no puedan, es que no deben hacerlo –dijo con voz seria. Charles sintió la gravedad de las palabras de Sam.

-¿A qué te refieres? –preguntó. La mujer estiró el brazo para alcanzar su gabardina y rebuscar en uno de los bolsillos. De este sacó su celular y tras un par de movimientos en la pantalla se lo extendió a Charles. El hombre miró en la pantalla lo que parecían ser diseños de un nuevo tipo de digivice-. Se ve bien.

-Y funcionaran a las mil maravillas una vez que comencemos a fabricarlos –aseguró Sam. Charles levantó la mirada contrariado.

-¿Fabricarlos? ¿Ustedes? –Sam se sentó erguida, con una seriedad y portes distintivos de una persona de su rango; una miembro del consejo de Huanglongmon city.

-Crearemos un taller, en realidad será todo un complejo de instalaciones donde fabricaremos los digivices y otras tecnologías. También estamos ya diseñando protocolos para el registro de Tamers que nazcan en la ciudad y centros de capacitación.

-Sam, HEDM regula la fabricación de los digivices y toda la base de datos de los Tamers nacidos en el mundo real y el digimundo, no pueden solo decidirse a hacer esas cosas por su cuenta, deben solicitar el permiso.

-Y solicitando el permiso, HEDM regularía todos los movimientos que hiciéramos, tendría un registro completo de nuestros Tamers, e incluso decidirían ellos el destino de nuestros niños.

-No es eso lo que hace HEDM.

-Es exactamente eso lo que hace –sentenció Sam. Charles se mantuvo callado, igual ella. Después de unos segundos Sam respiró hondo para tranquilizarse-. Cuando un niño es descubierto como Tamer solo tiene dos opciones; una, entrar a HEDM, y prácticamente dedicarle su vida por entero a lo que la agencia diga y a lo que sus intereses se aboquen. O dos; no tener nada que ver con ella, y renunciar a la posibilidad de establecer lo que debe ser una de las más maravillosas relaciones existentes en este mundo, ser el compañero de un digimon. HEDM se encarga de regular todo lo referente a los humanos y los digimons, quizá en un principio estaba bien, pero ahora ellos controlan cada mínimo aspecto que tiene que ver con el digimundo. Invaden su territorio, construyen ciudades, vigilan pueblos e imponen normas como les place y se justifican diciendo que son medidas que garantizan la seguridad y la convivencia, pero a veces no es así –Sam se acomodó la manga de la polera.

» Mientras la agencia no deje de intervenir y de pretender dominar y controlar todo sobre los digimons y su mundo, como si fueran sus dueños, no lograremos avanzar. Los digimons son nuestros iguales, no nuestros sirvientes o herramientas. La gente de Huanglongmon lo sabe, y notan la manera en que HEDM hace las cosas, y ya no está dispuesta a aceptarlo.

-Lo entiendo –afirmó Charles-. Sé que lo que dices es verdad, y realmente admiro la manera en que ustedes trabajan. El consejo de Huanglongmon city es un ejemplo para todo el mundo, pero no por ello solo así HEDM les permitirá hacer su voluntad.

-Ese es el punto –recalcó Sam-, no seguiremos pidiéndole permiso a HEDM, ni rindiéndoles lealtad. Nos debemos a nuestra gente, humanos, digimons y Tamers por igual. HEDM no duda en sacrificar digimons si lo cree necesario, ellos están del lado de los humanos, así que nosotros nos promulgamos a favor de los digimons y del digimundo, nuestro hogar –habló con firmeza.

-Suena a que están dispuestos a declararle la guerra a HEDM –señaló Charles. Sam negó con la cabeza.

-Nosotros no declararemos guerra alguna, pero te estaría mintiendo si te dijera que no estamos preparados para responder a una, si se da el caso, y espero que no sea así.

Charles asintió y guardo silencio. Se miró las manos entrelazadas mientras meditaba las palabras que Sam acababa de decirle. Ella mientras tanto se acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja. Levantó la botella de cerveza, dio un trago, y suspiró largamente.

-Fui a las oficinas centrales hoy para dar el aviso formal sobre nuestra nueva postura, queremos renegociar los términos de la asociación de Huanglongmon city y la agencia de HEDM, esperamos que acepten nuestros nuevos términos, o de lo contrario cortaremos toda alianza con HEDM.

-HEDM no aceptará que sean un organismo autónomo que no le rinda cuentas sobre sus actividades.

-Lo sé, por eso estamos haciendo esto. HEDM sigue siendo la conexión entre el digimundo y las naciones unidas, la política global, etcétera, así que en cierto modo, si cortamos nexos con HEDM, los estaríamos cortando con el mundo. Será como volvernos desterrados. No podríamos volver al mundo real –dijo con algo de nostalgia.

-No creo que sea necesario llegar a eso.

-Yo tampoco, y espero que no nos obliguen a llegar a eso–dijo tratando de sonar más esperanzada.

-Entonces viniste hasta aquí solo para contarme esto, quizá solo para despedirte –concluyó Charles, pero Sam negó con la cabeza.

-No solo eso, como te dije, fui a las oficinas centrales para hablar con el general Hyuga y que el diera el mensaje al alto consejo. Se negó a recibirme pero le dejé la carta explicándole todo a su secretaria. Vine a aquí porque quería verte, además de hablar otra cosa contigo –Charles entornó los ojos curioso-. Como quizá sepas, Hank Burton, otro miembro del consejo de la ciudad, cumplió ochenta años la semana pasada.

-Estaba al tanto de eso, si –dijo Charles más desconcertado que antes.

-Bueno, debido al casi infarto que le provocamos el año pasado con su fiesta sorpresa decidimos no sorprenderlo este año, pero a cambio él nos dio a nosotros una sorpresa durante su festejo, anunció que está pensando en retirarse.

-Oh, vaya –dijo el hombre realmente sorprendido-, en realidad llegué a pensar que moriría en el cargo.

-Sí, igual yo, y creo que todos, pero bueno, así es esto. Después de que lo dijo no pudimos evitar pensar en su remplazo, y como quizá ya lo imaginas, tu nombre se mencionó –Charles no pudo evitar que la sorpresa se apoderara de su rostro. Permaneció mudo por un momento, y con dificultad articulo unas pocas palabras.

-¿Por qué me sugeriste a mí? –dijo como si no comprendiera aquello.

-¿Yo? Para nada, en realidad la primera en mencionarte fue Babamon. Ya no forma parte del consejo pero su opinión sigue siendo muy respetada. A ella se unió Olivia Loredo y Gazimon, su compañero, ambos te reconocen no solo por tus habilidades diplomáticas sino también por tu habilidad como combatiente. No queremos conflictos, pero aun así es bueno saber que podemos defendernos…

-Sam –la interrumpió el hombre al sentir que la mujer se estaba desviando del tema-. Aprecio la oferta, pero no puedo aceptarla –Sam sonrió con tristeza.

-Tommy dijo que dirías eso, pero quería comprobarlo yo misma –Sam se terminó la cerveza de un trago y secándose los labios con el dorso de la mano continuó-. Sé que quieres hacer grandes cosas con HEDM, ese siempre fue tu sueño, tu ideal, y no quiero romper esa ilusión, pero creo que debes dejarte ver que como están las cosas muy difícilmente lograras realizar el cambio que quieres. Quizá lo que estamos haciendo nosotros ayude, y nos gustaría mucho tenerte con nosotros –dijo extendiendo su mano derecha hacia Charles. El hombre sonrió y extendió su mano tomando la de su compañera.

-Gracias, pero de todas formas me quedaré con HEDM. Tal vez sea una ilusión, o un sueño imposible de cumplir, pero aún sigo formando parte del alto consejo y por tanto puedo seguir intentando. Tal vez tengas razón, y la decisión que están tomando sirva para abrir el camino a un futuro diferente, pero yo lo veré desde aquí, este es mi lugar.

-Lo entiendo –aseguró Sam mientras seguían estrechándose las manos.

-Espero no interrumpir –la voz masculina rompió con la calma que envolvía a los dos viejos amigos, quienes se levantaron y dirigieron la mirada al umbral de la entrada donde permanecía una figura alta y robusta cubierta por una gabardina negra: era el general Hyuga-. Buenas noches.

Club nocturno Temptations, en Odaiba, Japón, En la Tierra

Julio 20 de 2085

Matt y la chica pelirroja llamada Ino seguían bailando. El joven rubio se sentía muy mareado, borrachera era una mejor forma de nombrar lo que estaba experimentando en ese momento, lo cual no hizo más que aumentar al momento en que se levantó de la mesa para bailar con Ino, y los movimientos vertiginosos a los que su experta pareja lo sometía y el titilar de las múltiples sirvieron solo para aturdirlo más.

En súbito la música se detuvo al final de otra canción de moda y la chica aprovechó para en el paso final apretarse al cuerpo de Matt, rodeándole el cuello con ambos brazos y subiendo una pierna para abrazarlo con esta por la cintura. El chico sujetó a la joven que se sostenía en pie solo con una pierna, más para ayudarla a mantener el equilibrio (y ayudarse el mismo) que para perpetuar el contacto tan cercano que se acababa de generar.

La respiración de ambos era jadeante, y con movimientos lentos la chica deslizó sus manos de la espalda del joven a sus mejillas tomándole la cara con suavidad mientras acercaba su rostro al de él.

-Me gustas en serio –le susurró de forma seductora, acompañando sus palabras con una sonrisa sugerente.

-Gracias –masculló Matt confundido. Esforzándose por enfocar su mirada en el rostro de la chica, el cual en ese momento le parecía difuso.

Ino por su parte parecía decepcionada por la respuesta del muchacho. Nunca antes un chico o chica le había respondido de esa manera cuando ella se sinceraba en cuanto a sus intenciones. Antes de poder decir algo más hasta ellos llegaron las otras dos chicas, saltando eufóricas y abrazando a ambos jóvenes. Matt quedó entre las dos amigas de Ino, de frente a ella, mientras ellas hacían una rueda y se carcajeaban y gritaban.

-¡Una noche para recordar toda la vida! –Exclamó Rui, la chica que había estado hablando con Kouta, mientras en el centro del circulo ponía su teléfono y para tomar una foto. Matt miró al suelo justo en el momento que el flash se disparó y este o hizo retroceder aún más aturdido.

-Veo que se la están pasando en grande esta noche –comenzó a decir por los altoparlantes el DJ, haciendo referencia a las tres chicas que seguían en el centro de la pista de baile gritando y riendo-, así que por favor, no se desanimen por que a continuación haremos una pausa de la música habitual, para complacer una petición muy especial de uno de nuestros clientes más querido –y dicho esto una canción menos estruendosa, más suave y melódica empezó a sonar.

-¿Qué canción es esa? –preguntó Miharu –mientras su curiosa mirada notaba a una pareja en una de las mesas de la zona VIP levantarse para bailar casi abrazados.

-Suena como una banda que le gusta a mi abuela, ¿The strawberry? –comentó Rui.

-The Cranberries, la canción se llama Linger –comentó Matt mientras seguía frotándose los ojos.

Ino vio como varias parejas se quedaban en la pista para seguir bailando con sus parejas, por lo que se animó a hacer un segundo intento.

- ¿Bailas? –le preguntó a Matt, tomándolo de la mano. El chico dejó de frotarse los ojos y miró a la chica. La imagen era difusa, pero logro distinguir la cabellera rojiza gracias a un reflector que la iluminaba por la espalda, y la imagen de una bella sonrisa le llegó como un destello lejano de su memoria.

-Claro que si –dijo sujetando con fuerza la mano de la chica, atrayéndola a sí mismo y con el otro brazo rodeando la cintura de la chica. Ino se sorprendió por la primera muestra de iniciativa que el chico le demostraba en toda la noche, y se dejó guiar en el baile.

Las otras dos chicas se marcharon, abriéndose paso entre las parejas bailando y las mesas ocupadas por clientes y regresaron a la mesa donde Kouta y Henri habían dejado de hablar y ni siquiera se dirigían la mirada.

-Uff, eso fue intenso –dijo Rui tomando asiento junto a Kouta.

- ¿Agotada? –preguntó el arquero con voz sugerente. La chica le sonrió de siguiéndole el juego.

- No del todo –aseguró-, aún tengo energía para gastar esta noche.

-Excelente, ¿y cómo podríamos aprovechar esa energía?

–No lo sé, ¿cómo que te gustaría


Mientras ellos hablaban, en otra mesa un hombre no les quitaba la mirada de encima, en su mesa otros cinco hombres reían de manera estruendosa, visiblemente muy ebrios.

-Aquí tienen –dijo Mei, la mesera y amiga de Kouta, dejando una bandeja con varios vasos pequeños y una cubeta con hielos y una botella de licor sobre la mesa de cristal. Al agacharse los hombres miraron sin ninguna discreción el escote de la joven, compartiendo risitas y cuchicheos que hicieron sentir muy incomoda a la chica - ¿algo más que deseen?

-Solo tu número cariño –dijo uno de los chicos y los otros rieron. Mei solo miró al suelo.

-Relájate muñeca, solo es un chiste –intervino otro de los chicos.

-Además yo ya sé cuál es tu número, ¿32 c verdad? –nuevamente el grupo estalló en risas mientras Mei se sentía avergonzada.

-Si no necesitan nada más…

- ¡Ey, tranquila, solo estamos jugando, ven, tomate un trago con nosotros!

-Estoy trabajando –dijo para después darse media vuelta, pero uno de los chicos se levantó sujetándola por la muñeca.

-Oye, te estamos invitando amablemente a quedarte, lo menos que puedes hacer es dar las gracias y tomarte un trago con nosotros –le ordenó uno de los hombres visiblemente alterado.

-¿Todo bien por acá? –cuestionó una voz grave, y en el momento el hombre que sujetaba a Mei levantó la mirada para ver a un corpulento y alto guardia. Al instante soltó a Mei quien se frotó la muñeca- ¿Y bien? –preguntó nuevamente al ver al grupo de amigos en silencio.

-Si…claro grandote, todo bien, la señorita solo nos malinterpreto, no pasa nada, ¿Verdad? –dijo cuestionando a Mei, quien volteó a ver a Granz, y luego miró nuevamente al cliente.

-Estúpido –le espetó y se marchó sin mirar a atrás. Antes de poder decir nada, Granz puso su palma sobre el pecho del hombre y lo señaló con el índice de la otra mano.

-Otro malentendido como ese, y tú y yo vamos a tener nuestro propio "malentendido" en el callejón de atrás. ¿Está claro?

El hombre levantó las manos como en señal de rendición y se encogió de hombros, un gesto que dejaba ver un tono de burla por parte del hombre.

-Como dije, todo bien –Granz se dio la vuelta y el hombre se desplomó sobre el asiento-. Imbécil hijo de puta, ¿Y ustedes porque no me apoyaron? -Les espetó a los otros hombres en la mesa- ¿Puedes creerlo? Ese miserable guardia se cree mucho y es solo otro estúpido pobretón –Le dijo a su amigo quien en ningún momento le prestó atención, sino que seguía expectante ante cada movimiento de Kouta y sus acompañantes, especialmente de las dos chicas.

» Te estoy hablando, ¿me escuchas? –le reclamó su compañero y en ese momento el hombre dejó de vigilar a Kouta y lo volteó a ver a él.

- ¿Qué? –preguntó sin tapujos mientras buscaba en el bolsillo de su camisa una pequeña bolsita de plástico que en su interior tenía un polvo blanco, y miraba a su alrededor para cerciorarse que nadie les pusiera atención en ese momento.

- ¿Qué tanto miras? –le dijo con brusquedad mientras el hombre sacaba una navaja pequeña de su chaqueta y con ella extraía una pequeña cantidad del polvo blanco.

-Esos sujetos, son los mismos imbéciles de la entrada –dijo refiriéndose a Ryo y Henri.

-A si, ya los reconocí –dijo el otro hombre recordando la escena al entrar en el club.

-Y como si nada están ahí, y se quedan con ese par de buenos culos los hijos de perra –se quejó mientras esnifaba el polvo sobre la navaja.

-Esos hijos de puta, se creen mucho solo por que traen a sus pinches mascotitas –agregó su compañero mientras él también tomaba el paquete de polvo blanco para sacar y esnifar un poco.

-Nosotros también traemos las nuestras, ¿no? –Ambos hombres se sonrieron-. Creo que hay que enseñarles un poquito de humildad, ¿no crees?


Matt e Ino bailaban con sus cuerpos muy juntos. La chica se había dejado guiar por los movimientos suaves del rubio y había terminado por recargar su cabeza sobre el hombro del chico, embargada por una calma desconocida para ella pero que la sola presencia de ese muchacho generaba en su entorno. Matt por su parte aspiraba cada tanto el perfume impregnado en el cabello rojizo de su pareja de baile, sintiendo que todo lo que en ese momento estaba experimentando era una maravillosa fantasía idílica.

-Nunca antes había bailado esta canción –se sinceró la chica, rompiendo el pacto consigo misma de no decir palabra alguna por el miedo de que las ondas de su voz rompieran con aquella fantasía en la que se encontraba en ese momento.

-Tampoco yo –le respondió Matt con sinceridad, y la chica se separó un poco de él para mirarlo a los ojos.

-No me mientas –le dijo mientras sonreía divertida. El chico quitó una de sus manos de la cintura de la chica para ponerla sobre el pelo de la misma y acariciarlo con ternura.

-Nunca podría –le dijo con voz suave.

Ino sintió un escalofrío al sentirse presa de la mirada de los ojos azules del muchacho, y receptora del suave tono de su voz. Sonrió con timidez para luego bajar la mirada, pero ante esto Matt tomó con suavidad su mentón y levantó su rostro para mirarlo de frente.

-Nunca te dije, que, bajo la luz del sol del desierto, descubrí a la mujer más bella del mundo, y esa mujer eres tú –enunció como quien repite el verso aprendido de una canción, o algo así le pareció a la chica.

- ¿Eso es de algún poema? –le preguntó la chica.

-No –dijo Matt, con una expresión de extrañeza en el rostro-, no. Es un recuerdo –dijo mientras su mano dejaba de sujetar el mentón de Ino y se posaba sobre su sonrojada mejilla. La chica sintió un vuelco en el corazón al tiempo que cerraba los ojos y levantaba un poco más el rostro para recibir los labios de Matt.

Matt por su parte, con lágrimas que comenzaban a brotar de sus ojos y una ligera sonrisa en el rostro se inclinó para besar a la chica, poniendo en ese beso años de sentimientos, miedos y deseos frustrados.

Al separarse Ino sentía que su cuerpo había perdido todo peso, y Matt, antes de abrir los ojos le susurró de forma dulce:

-Sora.

Aquel nombre (pronunciado justo en el intervalo de silencio tras la canción que un joven había pedido para proponerle matrimonio a su novia sin que casi nadie se percatara de ello), rompió con todo el encanto y fantasía en que por escasos segundos Ino se había sumergido.

- ¿Qué? –preguntó desconcertada.

Matt abrió los ojos, y vio que frente a él no estaba la chica pelirroja en la que había estado pensando, la que falsamente se había hecho creer que era su acompañante al grado de depositar en ella los sentimientos que el sabía muy bien, eran para otra persona.

-Tu… ¿tienes novia? –le dijo en tono de reclamo la chica.

-Yo… no… -Matt se separó de la chica, desconcertado, sintiendo la mirada dolida de la misma, y sintiéndose desconcertado y perdido en aquel lugar lleno de destellos y cuchicheos inaudibles-. Perdón, debo irme –dijo y sin más salió corriendo de la pista de baile, abriéndose paso entre la gente para salir de aquel club.


-Debo ir al baño, ¿me acompañas Miharu? –le preguntó Rui a su amiga y la chica asintió, bajando a Terriermon de su regazo ylevantándose de la mesa para ir con la chica.

Henri las vio marcharse, no sin antes ver como Miharu le dirigía una última mirada y una sonrisa coqueta.

-Bueno, con todo y tu escepticismo, esto parece ser una misión cumplida, y para los tres –dijo Ryo señalando a Matt a quien desde ahí podían ver bailando con Ino.

Henri levantó su cerveza de la mesa y de un solo trago terminó con el contenido de la botella.

-No soy escéptico, desde un principio te dije que no me interesaba nada con esas chicas.

-Otra vez esa actitud, amigo, solo trato de ayudarte…

-Pues nadie te pidió que me ayudaras –le espetó con brusquedad-, no necesito que me ayudes, no quiero que me ayudes.

Kouta dejó salir una risa seca, llena de fastidio, e imitando a Henri tomó de la mesa su cerveza y la bebió por completo.

-Tienes razón, nunca me pediste ayuda, no sé por qué me molesto –dijo, y antes de poder agregar algo más vio como de pronto Gabumon se levantaba de su asiento y salía corriendo.

- ¡Matt! –exclamó el digimon luego de perderse entre la gente.

-Ay, ¿y ahora qué? –dijo Kouta desconcertado mientras se ponía de pie.

En ese momento un hombre se estrelló contra el derramándole una cerveza entera encima al arquero. Kouta se miró empapado y sacudió algo del líquido de su camisa con sus manos

-Ay, mierda, carajo –dijo Kouta levantando la mirada para ver de frente un puño que se estrelló contra su rostro haciéndolo retroceder y tropezar con la silla de la que se había levantado y caer al suelo.

-¿Qué carajo? ¡Kouta! –exclamó Henri levantándose de su asiento para ser tomado por el hombro y girado hacia un puño que sostenía una manopla y que se estampó contra su mejilla derribándolo.

Algunos gritos alertaron a todos en el club, y el imponente guardia Granz se apresuró a llegar a donde la pelea estaba dando inicio, pero fue frenado por el golpe de uno de los banquillos de la barra que dio contra sus piernas y lo hizo caer al suelo. Derribado se giró para estar boca arriba y recibió el impacto del frio metal de la empuñadura de un arma semiautomática que envió su cabeza devuelta al suelo. Al abrir los ojos vio el cañón del arma apuntándole directo a la cara y una sonrisa torcida del portador de la misma.

Kotemon y Terriermon estaban a punto de saltar de sus asientos cuando otro sujeto llegó para apuntarles con un arma.

-Quietos –Terriermon permaneció impasible, mientras que Kotemon bufó frustrado.

Detrás de ellos Ryo trató de levantarse del suelo cuando fue pateado en el estómago por el mismo hombre que lo había derribado.

- ¡Vamos! ¡Levántate! ¡Te veías más valiente ahí afuera! ¡Levántate! –le espetaba mientras seguía pateándolo repetidas veces sin dejarlo levantar.

Mientras tanto Henri era levantado por el cuello de la ropa por el hombre que lo había golpeado y arrastrado hasta una barra donde lo impactó sin dejar de sujetarlo. En ese momento el joven pudo enfocar a su agresor quien con una mirada turbia preparaba su puño para asestarle otro golpe.

Kouta recibió otra patada en el abdomen del hombre que se reía frenéticamente mientras lo seguía insultando. El arquero notó que el hombre retrocedió un poco para recuperar el aliento y preparar una nueva patada, a lo que reaccionó haciendo acopio de su fuerza para resistir el dolor y levantarse lo suficiente para sujetar la pierna de su agresor en cuanto este le lanzó la patada, y sin soltarlo barrerse por el suelo para derribarlo. Luego giró sobre sí mismo hacia atrás para ponerse de pie mientras seguía sujetándose el estómago.

Henri mientras tanto bloqueo el golpe de su agresor y aprisionó su brazo con el suyo para después aprovechar la guarda baja del hombre y asestarle un gancho al mentón que lo hizo soltarlo y retroceder. El hombre se sostenía la barbilla visiblemente enfadado para luego lanzarse sobre Henri quien lo recibió con una serie de patadas. Una dirigida a la pierna del hombre frenándolo, otra dirigida a la boca del estómago con lo que lo dejó sofocado e hizo que se encorvara y finalmente una en pleno rostro con la cual lo derribó.

Henri se volvió a tocar la mejilla adolorida mientras veía que detrás de aquel hombre otro más alto y corpulento (sin duda compañero de los otros atacantes) lo miraba enfurecido y se abalanzaba sobre él.

-Ay no –alcanzó a decir antes de ser embestido por el corpulento hombre y llevado hasta el otro lado de la barra donde lo habían estrellado antes.

Kouta se enderezó como pudo mientras su atacante se levantaba más enfurecido que antes. El hombre adoptó una postura de combate que de inmediato Kouta reconoció como carente de toda técnica, y mientras él adoptó igualmente una postura defensiva.

Kouta miró a su alrededor. A Granz un hombre le apuntaba a la cabeza y otro sujeto le apuntaba a Kotemon y Terriermon quienes permanecían quietos. Henri acababa de derribar a otro sujeto que en ese momento se estaba poniendo nuevamente de pie y seguía peleando con otro, y por último él tenía enfrente a aquel hombre al que trataba de identificar.

- ¿Se puede saber por qué viene todo esto? –Preguntó el chico con voz jadeante.

-Solo quiero enseñarte modales hijo de puta –respondió el hombre.

-Ah, bueno, eso casi nunca termina bien.

El hombre se apresuró contra Kouta lanzando un puñetazo que sin problemas el chico detuvo al mismo tiempo que asestaba uno directo a la nariz del hombre quien retrocedió aturdido. Nuevamente intentó un movimiento similar y esta vez Kouta bloqueo el golpe, asestó otro contra la nariz amedrentada de su atacante y con un movimiento rápido de pies lo hizo tropezar y caer al suelo. Derribado el hombre se percató de que su nariz sangraba y miró a Kouta con los ojos enrojecidos.

-Ya no te levantes –le dijo aunque con un tono de voz enérgico y manteniendo su postura de combate como si buscara provocarlo. El hombre cayó en la trampa y se levantó sacando de su bolsillo la pequeña navaja que había utilizado antes para drogarse.

Kouta soltó una risa divertida bajando los brazos al ver lo que el denominaría "un intento de arma".

-¿Es en serio? –dijo con tono divertido.

-Ahora si te mato –le espetó el hombre lanzándose con el cuchillo por delante.

Kouta solo esperó a que el hombre llegara hasta él. Sujetó el puño de su atacante, se apartó de la trayectoria del cuchillo y dejó que el propio impulso del hombre facilitara la tarea de torcerle el brazo, sujetarlo del hombro y hacer presión hasta que soltó el cuchillo, el cual de atrapó antes de que callera al suelo y lo lanzó apresurado hacia el hombre que había derribado a Granz, en el momento justo en que este dejó de apuntarle al guardia y le apuntaba a él, pretendiendo dispararle.

El cuchillo voló sobre las mesas abandonadas por los clientes del club y dio justo en la mano que sostenía la pistola, encajándose entre los nudillos del hombre que al instante soltó la pistola y gritó de dolor. Granz aprovechó la oportunidad para golpear con su enorme puño la rodilla del hombre que cayó al suelo para luego golpearlo con un contundente puñetazo en el rostro que lo dejó en el suelo noqueado con un corte en la ceja.

Kotemon notó que el otro sujeto armado se distrajo mirando a su compañero derribado y con gran velocidad saltó sobre la meza y se lanzó hacia el sujeto armado, golpeando primero el brazo con que sostenía el arma, luego el otro brazo con que el hombre intento protegerse al perder la pistola y finalmente sujetando al hombre por los hombros lanzó una doble patada contra su rostro enviándolo al suelo.

Mientras tanto Henri forcejeaba con el corpulento hombre detrás de la barra. El chico sujetaba a su atacante del cuello y el brazo derecho con una llave, al mismo tiempo que le lanzaba rodillazos al costado derecho, pero aquel imponente hombre no cesaba se rendía y con su mano libre lanzaba manotazos que algunas veces llegaban al rostro de Henri, quien cansado de aquello comenzó a lanzar dificultosos puñetazos a la cabeza del hombre sin éxito. Finalmente notó una botella de licor cerca de él y la tomó para luego estrellarla contra la cabeza del hombre que gimió de dolor y se aturdió un poco, lo cual Henri aprovechó para alcanzar otra botella y romperla contra la cabeza de su atacante quien quedó completamente noqueado.

Henri se escabulló de debajo del pesado cuerpo del hombre, se arrastró hasta salir de detrás de la barra y se levantó, solo para recibir otro ataque del mismo hombre que al principio lo había golpeado y quien ahora lo envistió enviándolo contra un ventanal que se cuarteó al recibir el golpe. El atacante retrocedió un par de pasos y volvió a envestir a Henri quien sintió el cristal reforzado partirse más. Antes de poder recuperar el aliento el hombre le asestó repetidos golpes en los costados con la mano en que llevaba la manopla, y un último golpe directo a su mandíbula que le abrió el labio y lo hizo caer sobre su rodilla aturdido. El hombre retrocedió, mirando al chico en el suelo y sonriendo con malicia.

Kouta soltó el brazo del hombre que había intentado apuñalarlo con la navaja y este se alejó dando tumbos hasta caer sobre su rodilla, de espaldas al chico. Se levantó con dificultad y encaro nuevamente al arquero mientras de la nariz le seguía escurriendo sangre a borbotones. Kouta sonrió mientras seguía respirando con jadeos y volvió a adoptar una postura de combate. El hombre, enfurecido se lanzó sin más sobre el chico quien terminó aquel combate con una patada giratoria directo al mentón del hombre quien cayó al suelo bocabajo noqueado.

Henri miró las gotas de sangre que brotaban de su boca y caían al suelo creando un pequeño charco de la misma. En ese momento el enfado se apoderó de él. Trató de incorporarse mirando a su agresor quien sonreía, burlándose de él.

-Estúpido hijo de perra, a ver si con esto aprendes que no eres especial –le dijo para luego lanzarse sobre él.

Henri apretó fuerte los puños y se levantó a toda prisa para interceptar al hombre que estaba a punto de golpearlo. El chico detuvo el golpe del hombre y le asestó un puñetazo en la cara con todas sus fuerzas haciendo que el sujeto retrocediera un par de pasos, el hombre trató de defenderse con otro golpe mandado con el brazo izquierdo, pero Henri se agachó para esquivar y asestó dos golpes sobre el estómago del hombre, este retrocedió encorvándose ligeramente y Henri dio un paso a atrás solo para tomar espacio y hacerle una barrida de pierna al hombre que cayó sobre una de sus rodillas sin dejar de sujetarse el estómago. El chico se incorporó, estando detrás del hombre a quien tomó por el cabello, echando su cabeza hacia atrás para que lo mirara, para que presenciara la mirada llena de furia de aquel joven normalmente calmado y para el ver los ojos de pánico del hombre solo un segundo antes de impactar su rodilla contra el rostro del hombre que cayó al suelo.

Henri jadeaba sintiendo que le ardían las manos y el rostro y miró al hombre inconsciente. El club estaba casi vacío. Granz y otros miembros de la seguridad del establecimiento estaban esposando a los agresores y haciéndose con las armas de los mismos, mientras que los pocos que aún quedaban en el club estaban aglomerados en el primer nivel del mismo y muchos buscaban salir cuanto antes. Henri dirigió su mirada hacia Kouta, quien lo miraba sonriendo, sosteniéndose el abdomen y respirando con jadeos igual que él.

-Nada mal Henri –dijo mientras caminaba hacia él.

Antes de que el chico dijera algo escucharon el sonido de una sirena que no debía estar muy lejos.

-Policía –afirmo Kouta.

-Esto no va a ser bueno considerando nuestra particular situación –dijo Henri refiriéndose al regaño y sanciones que habían recibido de Charles por sus actos pasados.

-Salgan por la salida de emergencia –les dijo Granz que entendía la situación-, le diremos a la policía que no vimos que fue de ustedes.

-Pero las cámaras de seguridad… –intervino Henri mientras Mei se apresuraba hacia él y le palpaba suavemente el rostro con una toalla húmeda para limpiarle la sangre.

-Ninguna funciona, el dueño solo las puso porque así la gente se siente vigilada

-Dense prisa, escóndanse en el callejón y tengan cuidado –decía Granz mientras ayudaba a caminar a Kouta hasta una puerta con una señalización de "salida de emergencia" que se encontraba en un rincón poco visible del segundo piso.

El primero en cruzar la puerta fue Kouta, seguido de Kotemon, y al final Henri ayudado por Mei mientras el chico sostenía la toalla contra su rostro. Terriermon sobrevoló sobre las cabezas de ambos jóvenes mientras que Mei se separaba del muchacho.

-Muchas gracias –dijo Henri quien se sentía adormilado ahora que la adrenalina por la pelea comenzaba a desvanecerse. Mei apartó la toalla del rostro de Henri y le deposito un beso en la mejilla.

-Al contrario, gracias a ti –La chica empujó a Henri para que saliera y luego cerró la puerta.

Los Tamers y sus digimons avanzaron por un corredor oscuro hasta toparse con otra puerta, la cual daba a una escalera de emergencia. Recorrieron esta hasta encontrarse con una reja cerrada con un candado que les impedía seguir avanzando.

-Mierda, Kotemon, ¿puedes romperla? –preguntó a su compañero quien asintió sin titubeos.

-No creo que haga falta –dijo Henri y señaló en el callejón, pegados al otro edificio, un par de contenedores de basura casi a tope.

-Ay carajo, ¿es necesario? –preguntó Kouta, conociendo a la perfección la respuesta.

Los dos chicos y Kotemon saltaron aterrizando justo sobre las bolsas de basura que amortiguaron un poco sus caídas, aunque de todas formas les profirió un gran dolor. El primero en asomarse fue Henri, quien al hacerlo notó los destellos azules y rojos de las luces de las patrullas y se apresuró a sumirse nuevamente en la basura al mismo tiempo que tomaba a Kouta quien estaba por asomarse y le hundía la cabeza.

Los vehículos pasaron deprisa y luego de esto Terriermon aterrizó con suavidad en el borde del contenedor de basura.

-Ya no hay peligro, salgan rápido –les indicó y sin perder tiempo os chicos y Kotemon salieron del contenedor de basura y comenzaron a correr por el callejón.

El grupo llegó hasta una reja la cual tuvieron que escalar y siguieron corriendo por entre los callejones hasta que se convencieron de que ya estaban muy lejos. Los cuatro se detuvieron recargándose en el muro de ladrillo de un edificio respirando de forma entrecortada.

-Creo que voy a vomitar –dijo Kouta mientras trataba de recobrar el aliento.

-Yo vomité un poquito mientras corríamos y me lo volví a tragar… sabía a sangre –dijo Henri mientras se palpaba con los dedos el labio hinchado verificando si aún sangraba.

Kouta se percató de que el chico parecía divertido a pesar de todo, quizá era producto de la borrachera o quizá de algo más, lo cierto era que verlo así lo hizo sonreír a él.

- ¿Qué? –preguntó Henri al notar la expresión de Kouta.

-Lo disfrutaste –le dijo sin dudas. Henri dejó de sonreír y su con su expresión seria trataba de hacerle ver al chico que rechazaba aquel comentario.

-Por supuesto que no.

-Ah, vamos -Kouta soltó una risa tanto como pudo considerando que seguía bastante agitado. Hizo varias respiraciones profundas y luego se separó del muro donde estaba recargado para estirar un poco la espalda-. Admite que fue algo divertido, un poco de combate para hacer fluir la adrenalina. ¿En que es diferente a cuando peleamos en una misión?

-¿En serio quieres que te diga en que se diferencia una pelea de borrachos a una misión? –preguntó Henri.

-Me refiero a que sigue habiendo un punto en común: el espíritu de lucha, las ganas de perseverar, de ganar. Vi tu expresión cuando le diste ese último rodillazo al imbécil ese, sé que lo disfrutaste, hasta yo lo disfrute.

Henri dejó salir una pequeña risa, y de inmediato trato de reprimir la expresión de satisfacción que se apoderaba de su rostro. Se miró la mano con los nudillos enrojecidos, y apretó el puño sintiendo un leve dolor en él.

-Se supone que debemos ser mejores que esto –dijo mirando a Kouta, quien asintió con una expresión de resignación.

-Soy lo único que tiene mi hermana, debo ser un buen ejemplo para ella, y si, se supone que debemos ser mejores que esto, pero la realidad es que solo somos esto, y a veces cometemos errores, y a veces cometemos aciertos. Y a veces tal vez solo debamos dejas de insistir en que debemos ser mejores que esto.

Henri asintió. Después de todo comenzaba a creer que en realidad no era tan distinto a Kouta. El chico era capaz de mostrar inteligencia e interés en quienes lo rodeaban y sobre todo en los digimons, y debía admitir, que él también era capaz de ser impulsivo y dejarse llevar por los instintos, y lo que era peor, disfrutarlo.

-Bueno, andando, tengo hambre, vayamos a buscar algo de comer –dijo Kouta mientras continuaba la caminata por el callejón.

-Espera, ¿A dónde iras? –cuestionó Henri.

-Bueno, no estoy muy seguro donde estamos, pero seguro que por aquí encontraremos algo de comer. Tengo antojo de tacos, ¿y tú?

- ¿Y qué hay de Matt?

- ¿Qué pasa con él? –preguntó Kouta desconcertado.

-Lo perdimos en el club, no sabemos dónde está, puede estar en problemas.

-Estoy bastante seguro de que Matt sabrá resolver cualquier lio en que se meta, ya es un adulto, y es además un muy bien adiestrado Tamer y militar, sin mencionar que Gabumon está con él –dijo como terminando con aquel asunto.

Henri titubeo un poco, pero al final terminó por seguir al arquero.

Pallete way, en Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 20 de 2085

-I'm still standing, yeah, yeah, yeah…. I'm still standing, yeah, yeah, yeah…

Yolei cantaba con gran entusiasmo, aunque sin mucha entonación, ante los gritos, aplausos y las risas de sus compañeros. Hawkmon trataba de seguirle el ritmo, aunque con mucha menos energía de la que la chica derrochaba. Ella era plenamente consciente de su no muy afinada habilidad para cantar, sin embargo, disfrutaba hacerlo y la confianza en sí misma embargaba a todos en aquella amplia sala de Karaoke que habían rentado por un par de horas. Todos excepto Ángela, quien, apretada al cuerpo de T.K. y sujetando tan fuerte el brazo de este que el chico comenzaba a sentir que se le adormecía, lanzaba miradas de enfado a la chica quien, en el centro de la sala, sosteniendo el micrófono y de frente a la gran pantalla explotaba en cada coro.

Hikari por su parte disfrutaba de la puesta en escena de su amiga, mientras que Ryo y Monodramon buscaban juntos una canción que cantar a dueto.

-Esto recuerda un poco el juego que estuvimos jugando en las celdas ¿no? –le dijo Ryo a Monodramon quien asintió.

- ¿Qué juego? –cuestiono Hikari

- Ah, un juego que Tai propuso mientras estábamos encerrados –explicó Ryo de manera sencilla.

- ¿Encerrados? –cuestionó la chica que acompañaba a Hirokazu, junto a quien se encontraba y con quien había quedado de acuerdo en cantar juntos una canción (dado que Guardromon había dejado en claro que no quería cantar).

-Sí, cuando estuvimos detenidos en…

-Hirokazu –lo llamó Juri con tono de reclamo para después hacer una seña de que guardara silencio-. Si, perdón, es…un secreto –dijo y la chica lo miró con una sonrisa coqueta.

-Eres un chico tan misterioso –le dijo y se recogió el pelo acomodándolo detrás de su oreja, gesto que al chico le resultaba sumamente encantador.

- ¿Entonces mientras estaban encerrados jugaron un juego? –preguntó Hikari a Ryo en voz baja.

-Sí, Tai pensó que sería una buena forma de mantenernos entretenidos y con la moral no tan baja –explicó el chico. Hikari sonrió mientras asentía repetidas veces.

-Tai es muy atento con esas cosas –dijo con cierta ternura en la voz, ternura que recurrentemente utilizaba al mencionar algo sobre el chico castaño, y que no pasaba desapercibido para su pareja.

-Sí, el…es algo creativo supongo –dijo el muchacho, sintiéndose un poco incómodo, pero sin saber cómo externar aquello.

- ¡Ey! ¡Chicos! –los llamó Yolei, quien ya había concluido su interpretación junto con Hawkmon.

- ¡Eso fue genial Yolei! –exclamó Wormmon al mismo tiempo que él y Ken aplaudían enérgicamente.

-Al menos tengo un fan, gracias Wormmon –dijo con tono dulce mientras hacia una reverencia dirigida al digimon.

-Más vale que trates de ser un poco más activo –le susurró Wormmon a Ken antes de que Yolei tomara asiento junto al chico-, eso si quieres lograr algo –agregó con voz sugerente.

-Bueno, ¡Ya nos toca! –exclamó Ángela poniéndose de pie y tomando del brazo a T.K. para levantarlo del sofá sin importarle que este estaba conversando con Takato en ese momento.

-Ah, de hecho, es turno de Kenta y su amiga… ¿Miwako cierto? –preguntó Hikari con tono amable y la chica asintió sonriéndole de forma amistosa. La joven castaña casi siempre lograba agradarle a las personas muy rápido, a casi cualquier persona, pero no a Ángela.

- ¡Ah! ¿Entonces debemos esperar a que terminen todos o qué? –se quejó la chica.

-Si cariño, es lo que pasa cuando tomas el primer turno, tú y T.K. empezaron, ahora tu y T.K. esperan a que todos los demás terminen una ronda –dijo Yolei mientras revisaba en una pantalla táctil las opciones de canciones que había y Ken le daba un codazo en el brazo con intención de reprenderla, aunque solo logro hacerla sonreír satisfecha.

Ángela apretó los labios haciendo un puchero que T.K. estaba seguro de que terminaría en una rabieta infantil de parte de la chica y que muy posiblemente vendría acompañada de varios comentarios agresivos dirigidos a Yolei.

-Ah, ¿te parece si salimos un momento? Solo nosotros dos –dijo T.K. y sin darle tiempo a responder tomo el brazo de la chica y se apresuró a salir de la sala de Karaoke.

-Bueno, eso fue incomodo –dijo Miwako mientras tomaba el micrófono junto con Kenta. El chico le sonrió y asintió con un gesto que denotaba cansancio -. Es tan adorable como eres tan callado –le dijo la chica tomando la mejilla del chico, con lo cual hizo que él volviera a poner una mirada embelesada y su rostro se ruborizara ligeramente.

La música comenzó a sonar y el nuevo dueto comenzó a cantar mientras que el resto de los chicos se miraban unos a otros.

-Yo no sé por qué T.K. sigue perdiendo el tiempo con esa niña mimada y hueca –se quejó Yolei tomando su vaso de soda de la una mesita que separaba el sofá en que estaba sentada con Ken de aquel en el que se encontraban Hikari y Ryo.

-T.K. es un chico muy dulce y sensible, tal vez no sabe cómo terminar con ella sin lastimarla –comentó Hikari. Ryo soltó una pequeña risa y negó con la cabeza.

-Yo creo que es demasiado blando, un poco pusilánime incluso –dijo sin reparo. Yolei lo miró frunciendo el ceño, pero antes de poder decir algo Hikari se le adelantó y tomó la palabra.

- ¿Disculpa? –Ryo volteó a ver a Hikari, quien lo miraba de forma acusadora.

-Yo…solo digo que, creo que se deja manipular por esa chica –dijo tratando de buscar las palabras adecuadas-. Me refiero a que…bueno, eso de lo que no podemos hablar –dijo refiriéndose a lo sucedido con Davis-, el simplemente dejó que ella se metiera, las cosas salieron bien, pero pudieron resultar mal.

-No resultaron tan bien para él, tal vez por eso Ángela está tan molesta –señaló Hikari.

- ¿Y de quien es la culpa? –señaló el muchacho-. Además, ¿ahora estas del lado de ella? Pensé que todos estábamos de acuerdo en que era insoportable.

-Eso no se discute –afirmó Yolei.

-No es que me ponga del lado de ella, es que creo que hablas sin ponerte a pensar en T.K. y lo que piensa o siente –le reclamó la chica.

- ¿Y tú si sabes que es lo que piensa o siente?

-Trato de darme una idea por lo menos –aseguró la chica.

-Yo también lo intento –dijo con un tono de voz frustrado.

-Pues no lo parece –insistió Hikari.

- ¿Qué se supone que debo hacer? ¿darle palmaditas en la espalda en lo que encuentra el valor de tomar una decisión?, tal vez el punto sea que él debería encontrar el par de testículos que le faltan y dejas de mangonearse por esa niña, somos Tamers maldita sea, no adolecentes buscando pareja para el baile –dijo con un tono sumamente duro, cosa que no pasó desapercibida para nadie.

Yolei parecía a punto de reclamarle pero Ken le señaló que no lo hiciera.

-Esto es un asunto de ellos –le susurró.

Hikari miraba a Ryo fijamente mientras apretaba los puños y el chico se percató del peso de sus palabras y de inmediato se arrepintió de haberse expresado de esa manera.

-Ok, yo, creo que no debí…

- ¿Sabes? Que T.K. sea una persona amable que se interesa por los sentimientos de los demás no es un problema, y el que tú seas un insensible machote sin más empatía que una piedra no te hace tener razón cuando hablas de las relaciones de los demás, solo te hace un idiota –dijo y de inmediato se puso de pie y salió de la sala.

- ¡Kari! –la llamó el chico poniéndose de pie, para luego suspirar y dejarse caer nuevamente.

El joven miraba al suelo mientras que Yolei estiraba el brazo para darle un sonoro zape. El chico se sobó la cabeza mirando a la chica que negaba con la cabeza mientras se cruzaba de brazos.

-Sabía que eras estúpido, pero no pensé que fueras tan estúpido.

El chico estaba a punto de replicar, pero se percató de que en realidad no poseía argumento alguno para defenderse. Solo suspiró nuevamente y volvió a mirar al suelo.

- ¿Debería seguirla o darle su espacio? –preguntó el chico.

-Es tu novia, ¿tú que crees? –le respondió Yolei.

El chico levantó la mirada pensativo, y después de unos segundos salió para buscar a Hikari.

- ¡Wow! ¡Genial! –exclamó Miwako cuando la canción terminó- ¿Qué les pareció? –cuestionó la chica, sin darse cuenta de todo lo que había sucedido.

- ¿Me acompañas a dar una vuelta? –pidió Juri de manera súbita a Takato, quien sonrió y asintió con la cabeza.


T.K. y Ángela buscaron un lugar apartado del bullicio de Pallete way, y finalmente lograron encontrar una banca lejos del ruido de los establecimientos y las personas que asistían a ese lugar para divertirse. El chico le indicó a Ángela que tomara asiento y esta lo hizo sin dirigirle la palabra, cruzándose de brazos y sin siquiera voltear a ver al joven rubio. Este por su parte sabía que tendría que ser el quien iniciara la charla o nada podía lograrse con ella, sin embargo, no tenía idea de que decir, solo la miró en silencio y luego volteó a ver el cielo nocturno, preguntándose por que se encontraba en esa situación.

- ¿No dirás nada? –lo cuestiono la chica. T.K. suspiró intentando aclarar sus ideas (y sentimientos).

- ¿Por qué estás tan molesta? –la cuestionó. Ella lo miró entornando los ojos molesta.

- ¿No es obvio? Nada el día de hoy ha resultado como yo quería. Se suponía que saldríamos juntos en una cita, una cita ROMANTICA, solos tu y yo, y tuviste que involucrar a toda esa gente.

-Mis amigos –la corrigió el muchacho-. Son mis amigos, gente importante para mí.

-Bueno, pues yo soy tu novia y debo ser más importante para ti, digo, ¿Qué acaso crees que ya se me olvido como me dejaste abandonada en el digimundo?

- ¡No! por dios, me he disculpado desde entonces muchas veces, y ya te dije, fue por algo importante.

- ¿Qué cosa? –lo cuestionó. El chico guardó silencio.

-No puedo decirte.

- ¿Por qué no? ¿Por qué tienes que ocultarme cosas?

-Es… es difícil de explicar –dijo el chico mirando al suelo.

-Todo contigo es difícil T.K., todo tienes que hacerlo difícil, con eso de los digimons, y las misiones, y el tiempo que tienes que dedicarle a todo eso, y sin mencionar que vives en esa estúpida mansión.

- ¿Cuál es el problema con la mansión?

- ¡Qué en esa mansión viven todas esas estúpidas chicas! –estalló la joven llamando la atención de varias personas que pasaban cerca de ahí-. Empezando por esa tonta cuatro ojos, que ni siquiera sé por qué se siente tan importante si no es tan bonita –T.K. reaccionó de forma confundida ante esa declaración.

- ¿Qué?

-Y Hikari –agregó después, gruñendo de enfado tras pronunciar el nombre de la castaña.

- ¿Qué hay con ella? –le preguntó el chico.

-Siempre parece tan interesada en lo que haces, en lo que dices, en lo que te pasa, ¡y tu pareces muy interesado en ella! –le espetó, y el joven retrocedió un poco nervioso.

- ¿Yo? –dijo tratando (sin éxito) de ocultar su nerviosismo. Ángela le clavó una mirada llena de enfado.

-Deberías ver como la miras, como te ríes con sus chistes y nunca de los míos, como la escuchas de manera tan atenta como si ella fuera la persona más interesante del mundo y ni una vez me has mirado de esa forma a mí.

-Ella es… solo mi amiga –dijo el chico desviando la mirada.

-Dime la verdad –le pidió la chica y T.K. volvió a mirarla de frente-. ¿Tu sientes algo por ella?

T.K. quiso responder con un rotundo no en cuanto escuchó la pregunta, pero algo lo frenó. De su boca no salían las palabras aunque él se esforzaba por hablar.

-Bueno yo… -trato de decir, pero las palabras seguían sin acudir a él. Los ojos de Ángela rápidamente se llenaron de lágrimas y su rostro mostraba un gran enojo e impotencia.

- ¡Bien! ¡ya entendí! –exclamó y se levantó deprisa y se echó a correr. El chico quiso seguirla, pero en lugar de eso se quedó ahí, de pie, mirándola correr y perderse entre las personas que transitaban por el lugar.

Resignado se desplomó sobre la banca y ahí se quedó, mirando al suelo.

Observatorio de Odaiba, en las afueras de la ciudad, Japón, En la Tierra

Julio 20 de 2085

Rika observaba la copa vacía entre sus dedos, y a través del cristal de la misma veía a los invitados a aquel exclusivo evento al que Joe la había llevado. No había dicho nada a su acompañante para evitar ofenderlo de alguna manera, pero todo aquello le resultaba insípido y aburrido. Detestaba las fiestas y reuniones con esa atmosfera; la elegancia, el decoro, el recato y al mismo tiempo la exagerada meticulosidad de cada detalle. La música orquestal tocada en vivo, los tintineos de las copas y los cubiertos, las risas mesuradas y las palabras medidas de cada interlocutor que para ella solo dificultaban la posibilidad de entenderse; Nada remplazará nunca la sencillez de un "vete al carajo", es simple brusco y explícito. Escribió en alguna ocasión que su madre la llevó a un evento como ese en la puerta del baño usando un delineador de ojos.

Sin embargo ahí se encontraba, usando un vestido que le resultaba incómodo y tratando de mantener la compostura que se esperaría de una dama de sociedad, pues parecía que eso era en ese momento.

- ¿Tu qué opinas Rika? –escuchó que la cuestionaban y se dejó de mirar la copa para ver al chico sentado a un lado suyo.

Joe había estado hablando con un profesor de astrofísica de la universidad de Odaiba con quien tenía una buena relación y hablaba constantemente, y quien precisamente le había hecho la invitación a aquella velada. Hablaban sobre los avances en la investigación del espacio, el desarrollo de nuevas tecnologías y la cada vez más cercana posibilidad de la colonización de planetas y satélites. En especial, el profesor consideraba muy importante discutir acerca de las posibles colonias en marte que estarían siendo establecidas en los próximos años, y el tan crucial papel que los digimons desempeñarían en las mismas.

- ¿Disculpa? –dijo la chica desconcertada por la pregunta de Joe. El joven dejó de sonreír y se sintió un tanto ignorado por la joven mientras que el anciano profesor solo sonrió con amabilidad.

-Una jovencita realmente encantadora la que esta noche lo acompaña joven Kido –dijo el hombre y Rika respondió al halago con una sonrisa falsa que ya era experta en usar.

Ella sabía que en ese momento el profesor debía estar pensando en ella como una especie de "acompañante trofeo", una chica bonita, pero sin alguna otra virtud, que estaba ahí solo para cautivar los ojos de quienes la miraran, y para que su acompañante pudiera regodearse de tenerla a su lado.

-Bueno, si me disculpan, debo ir al baño –anunció el profesor y se levantó sin dejar de sonreírle a todo el mundo.

Rika lo miró alejarse y luego dejó la copa vacía sobre la mesa.

-Lo siento –escuchó que se disculpaba Joe. La joven pelirroja alzó su mirada para ver al chico ligeramente apenado-. En toda la noche el profesor no ha reparado en pedir tu opinión ni una sola vez.

-Descuida, para el soy una desconocida que se ha colado en esta bonita fiesta solo porque tiene un rostro bonito –dijo ella, con total desinhibición gracias al alcohol.

-Con más razón comprendo que estés incomoda y aburrida –dijo el muchacho de manera apesadumbrada.

Rika lo miró enternecida, y trató de pensar en una forma de animarlo. En ese momento la orquesta comenzó a tocar una canción para ella muy conocida: Linger.

-Ven –dijo la joven tomando la mano de Joe y llevándolo a la pista de baile.

El chico parecía nervioso, mientras la joven se habría paso con toda seguridad hasta encontrar un buen espacio donde detenerse junto a su pareja a quien sin reparo alguno rodeo del cuello con ambos brazos. El chico poso ambas manos en la cintura de la chica más por reflejo que por decisión y comenzó a moverse de forma torpe.

-Relájate –le pidió con un susurro. Joe la miró a los ojos y sonrió con timidez.

Sus movimientos poco a poco fueron acompasándose mejor al tempo de la música hasta que finalmente podía decirse que en efecto aquellos jóvenes se encontraban bailando.

-No soy muy bueno en esto –dijo el chico aun ruborizado.

-Lo haces bien –le dijo la pelirroja tratando de hacer que se relajara.

Joe sonrió y de forma discreta buscó acercarse un poco más a su pareja, quien no rehuyó de ese contacto y lo estrechó más con sus brazos.

-No deberías desconfiar de ti tanto, ni pedir tantas disculpas –le dijo la joven pelirroja. El chico sonrió sintiéndose alagado y no pudo sostenerle la mirada a la chica pelirroja.

-Lo sé, es solo… solo que a veces siento que no tengo nada para dar –Rika sonrió divertida por las palabras de Joe.

-Mi mamá es una top model desde su adolescencia, siempre ha sido llamada "mujer hermosa". Créeme, se lo que se siente creer que eres inferior a alguien, y creerlo solo porque vives comparándote con alguien más, pero no debes hacerlo –Joe la miró con curiosidad-. Lo digo porque noto que siempre que Kouta hace algún comentario sobre ti tú luces afectado, no deberías.

-Bueno, es que en ocasiones él tiene razón, yo no soy…

- ¿Qué? –lo interrumpió-, ¿No eres qué? ¿Cómo él? –la chica bufó negando con la cabeza-, pues no, no eres como él, ni tendrías por qué serlo. No eres un mal chico Joe, y tienes mucho que ofrecer –le aseguró con una sonrisa tierna en el rostro.

- ¿De verdad? –preguntó Joe. Rika asintió con movimientos ligeros.

-Es muy agradable estar contigo.

Joe sintió su corazón acelerarse con esas palabras, y sintiendo un arrebato de valor, se inclinó hacia Rika para poner sus labios sobre los de la chica. Ella al principio reaccionó desconcertada, pero correspondió el beso de forma sencilla, más que nada aceptando el gesto del joven que participando en él. Al separarse Joe la miró y sonrió. Ella devolvió la sonrisa y acto seguido apoyó su rostro en el pecho del chico, quien se abrazó aún más al cuerpo de la pelirroja sonriendo y sintiéndose dichoso, mientras que Rika trataba de ocultar su rostro y resistir las ganas de derramar algunas lágrimas que sentía en ese momento.

Pallete way, en Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 20 de 2085

Takato y Juri caminaban en silencio, mirando las luces de las farolas, las personas pasar de un lado a otro, escuchando las risas, los gritos y la música, y sintiendo el ambiente lleno de energía que parecía existir sempiterno en ese lugar. De cuando en cuando compartían algunas palabras, y reían divertidos. A Juri le encantaban esos momentos, le encantaba estar tan cerca de Takato, y a Takato a veces aquellos momentos sencillos, sin presiones de ningún tipo, ya fueran cosas que tuviera que ver con el digimundo o las preguntas de sus padres sobre qué es lo que haría en su futuro, le hacían sentir que su vida si podía tener orden y sentido, cosa que muchas veces dudaba de forma seria.

-Y ahora mi mamá no deja de mandarme cientos de mensajes cada día para saber cómo estoy, que estoy haciendo y si no me han vuelto a arrestar –dijo mientras terminaba de escribir justamente un mensaje para contestarle a su madre y después guardaba el celular en el bolsillo de su chaqueta.

-Bueno, tiene un punto, realmente debemos estar locos para hacer todo lo que hicimos.

-Eso no te lo voy a discutir –dijo el chico asintiendo con la cabeza y riendo alegre.

El silencio se volvió a formar entre ellos mientras se detenían para recargarse en un barandal que bordeaba un pequeño jardín al cual estaba prohibido entrar. Ambos miraron las flores del pequeño jardín, y el panorama de la ciudad nocturna, esa ciudad que para ninguno de los dos fue su hogar de nacimiento, pero que actualmente era muy importante para ambos; Odaiba.

- ¿Te imaginaste cuando pequeña que nuestra vida sería esto? –le preguntó Takato a su compañera. Ella meditó en la pregunta y luego contestó negando con la cabeza.

-Cuando era niña no, ni siquiera cuando adolecente. Antes de que nos reunieran la primera vez apenas habíamos hecho algunas misiones Leomon y yo, y parecía que no llegaría a ningún lado, quiero decir, que nunca me sentí o me pensé a mí misma como una persona especial sobresaliente, y ahora estamos aquí.

-Parece una locura, ¿no? –dijo el chico con cierto tono nostálgico.

-Sí, pero a veces las locuras pueden ser buenas, ¿no? –Takato hizo un gesto de confusión tratando de pedir a la chica que explicara ese último comentario, pero al voltear a verla se dio cuenta de que Juri parecía muy nerviosa y pensativa-. ¿Pasa algo? –le preguntó preocupado.

Juri lo miró a los ojos, sus manos temblaban ligeramente y su corazón latía muy rápido. No sabía bien si lo que estaba haciendo estaba bien, pero si estaba segura de que era lo que quería hacer.

- ¿Juri…?

-Takato me gustas –soltó de pronto, deprisa. Casi como si temiera que al tardarse unos segundos más el joven desaparecería de la faz de la tierra y ya nunca pudiera tener la posibilidad de confesarse ante él.

- ¿Ah? –apenas logró vocalizar el muchacho.

-Me gustas Takato, me gustas mucho, me gustas desde hace tiempo –dijo y sonrió-, no había tenido el valor para decírtelo, pero ya no quiero seguir callándolo. Tú lo acabas de decir, nuestras vida parecen una locura y no sabemos que pasara el día de mañana, así que prefiero que el día de hoy lo sepas, sepas lo que siento, sepas que te quiero.

Takato enmudeció, no sabía que decir, no sabía que palabras utilizar. Juri por su parte sonreía, se sentía feliz consigo misma al haber finalmente confesado lo que sentía, pero aquella confesión significaba que algo se había puesto en marcha, y ese era el momento en el cual ella debía recibir algo a cambio, algo como respuesta, lo sabía y Takato también lo sabía, y el primer golpe de realidad que Juri sintió esa noche fue cuando Takato miró al suelo con tristeza, y después la volteo a ver a ella con un rostro preocupado y una sonrisa que parecía buscar consolarla.

-Gracias… pero no te puedo corresponder.

Juri sintió el peso de su cuerpo desaparecer y su piel reaccionar con mucha sensibilidad a la brisa fría de esa noche. Su cuerpo sintió un escalofrío y sus labios se curvearon eliminando la sonrisa que apenas segundos atrás se había manifestado en ella.

-Entiendo –dijo con la voz entrecortada. Takato se sintió aun peor y trato de acercarse a la chica que retrocedió un paso, huyendo del contacto con aquel joven al que acababa de confesar sus sentimientos, y que la había rechazado.

-Lo siento –se disculpó el chico sintiéndose realmente culpable. Juri negó con la cabeza mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos.

- ¿Hay alguien verdad? –le preguntó. El chico enmudeció, pero la mirada insistente de Juri le indicaba que no iba a retroceder en eso-. ¿Es Eri? –Lo cuestionó, nombrando a una chica con la que el joven había estado saliendo desde hacía un par de semanas. Takato no dijo nada, y en ese momento Juri sintió el deseo de lastimarlo de alguna forma- ¿O es por Rika?- Takato agachó la mirada con tristeza-. Ella parece que quiere estar con Joe –le dijo con un tono más a la defensiva de lo que tenía intención de utilizar, pero al sentirse herida la reacción por instinto que la dominaba era la de atacar, pues ella ya no era del tipo de personas que huían.

Takato se encogió de hombros, restando importancia a aquel ataque de parte de la chica pues consideraba que estaba en todo su derecho a reaccionar de esa manera y solo se limitó a contestar.

-Eso no cambia lo que siento, perdón –dijo, para después quedarse en silencio, igual que la chica que endureció su mirada para no sentir que sus sentimientos le ganaban.


T.K. seguía sentado en la banca solo, meditando las cosas. Ángela había tocado una fibra sensible en él, había tocado un tema que para él era difícil: Hikari.

Conocía a la chica desde hacía algunos años, y desde el principio se convirtió en una de sus mejores amigas, pero quizá sus sentimientos no eran solo de amistad hacia ella. Debía admitir que pensaba en la castaña quizá más de lo que debería, que adoraba hablar con ella, y que si, aunque jamás lo fuera a admitir con nadie más aparte de sí mismo, cuando se enteraron de la relación que tenía con Ryo para él fue un golpe importante.

El chico suspiró recordando aquellas cosas.

¿Qué hacía estando con Ángela? Todo mundo se lo preguntaba, el mismo se lo preguntaba, y no sabía que respuesta dar. Lo más lógico sería decir que era porque estaba enamorado de ella, pero en los últimos días ya dudaba de esa respuesta. Estaba claro que la chica era muy bonita, y esa fue la razón por la que el chico comenzó a salir con ella, pero ahora era evidente que solo eso no era suficiente para sostener una verdadera relación. Y por otro lado estaba Hikari, una chica que como Ángela había mencionado, para él podría ser que si fuera la persona más interesante del mundo.

Sintió a alguien tomar asiento junto a él, por un segundo pensó que se trataba de Ángela que había regresado después de una rabieta (como hacia seguido), pero al voltear no se encontró con la chica rubia, sino con una castaña de pelo corto, piel pálida y mirada penetrante.

-Kari –dijo en un susurro. La chica ni siquiera lo volteó a ver, se quedó en silencio mientras que el chico trataba de descifrar lo que estaba pensando.

-¿Podrá sobrevivir este mundo? –preguntó la chica de repente.

-¿Cómo dices? –la cuestiono el muchacho.

-Cuando era niña, una vez los miembros de una congregación religiosa tocaron a la puerta de mi casa. Mi mamá abrió y los hombres le entregaron un folleto con esa pregunta escrita en letras grandes en la primera página. ¿Podrá sobrevivir este mundo? Mi mamá los rechazó con amabilidad y cerró la puerta, dejó el folleto sobre una canastilla donde dejábamos el correo y yo lo tomé de ahí, no recuerdo realmente que decía, pero recuerdo esa pregunta. ¿Podrá sobrevivir este mundo?

-Algo bastante apocalíptico para alguien pequeño –dijo el chico tratando de bromear un poco. Hikari sonrió y asintió.

-No había pensado en esa pregunta en años, pero por alguna razón la recordé en estos días… en realidad, en estos últimos meses.

T.K. asintió, recordando todo lo que habían vivido desde que El Emperador apareció, hasta el momento en que habían logrado regresar con Davis. En ese momento una duda asaltó al rubio que miró a Hikari con intriga.

-¿Cuándo dices este mundo, a cual te refieres? –le preguntó y la chica por fin volteó a verlo-,¿Al mundo real o al digimundo?

-¿Por qué lo seguimos llamando mundo real? –preguntó Hikari, haciendo titubear a T.K.-, sé que es por costumbre, pero no deja de ser tonto, ¿Qué acaso lo que ha pasado en el digimundo no es real? ¿Qué acaso la vida ahí no es vida? –lo interrogó, pero T.K. sabía que esas preguntas no iban dirigidas a él, tanto como la chica se las dirigía a sí misma, externándolas para poder verlas frente a ella y de esa manera poder hacerles frente-. ¿Y por qué creemos que nuestro mundo y el digimundo están separados? ¿No crees tú que son un solo mundo? Y no lo digo como una metáfora, lo digo en serio. Ese lugar nos hace diferentes, la sola existencia de los digimons afecta la existencia de los humanos, nos hace crecer, o nos hace tropezar. Creo que ya no podemos hablar de un mundo de digimons y un mundo de humanos, sino de un solo mundo donde habitan digimons y humanos.

-Y Tamers –agregó T.K., y Hikari asintió con una sonrisa.

-Cierto, y Tamers –reconoció y tomó la mano del chico rubio de manera sorpresiva para él. El chico se sonrojó, pero no escapó del contacto, y solo miró a la chica con curiosidad.

-¿A qué viene todo esto? –le preguntó. Hikari se encogió de hombros.

-No sé, pensé que sería mejor romper el hielo antes de preguntarte que pasó con Ángela.

-Ah… ella y yo… no lo sé –se sinceró el chico, soltando la mano de la castaño y encorvándose un poco.

-¿Puedo hacerte una pregunta? –le dijo la chica. El muchacho la miró intrigado y asintió-. ¿Por qué estás con ella? ¿Qué miras en ella que nadie más tiene? –El chico titubeo un poco, para luego responder.

-No lo sé… nada… en realidad, creo que nunca vi en ella algo que no viera en cualquier otra persona.

-¿Y no crees que esa es razón suficiente para terminar una relación? –lo interrogó, con voz suave y comprensiva-. Yo pienso, que estar con alguien de manera intima implica que vez en esa persona algo especial, algo diferente que te lleva a querer que esa persona forme parte de tu vida.

T.K. asintió, y sonrió. Hikari le devolvió la sonrisa y el chico pudo percibir el brillo de su mirada que siempre levantaba el ánimo de quienes la veían. Lentamente comenzó a deslizar su mano hacia la de ella para tomarla, cuando la chica volteó sobre su hombro y luego giró su cuerpo dándole la espalda al muchacho. T.K. miró por encima de ella y pudo ver que Ryo estaba parado a unos cuantos metros, quizá dándoles espacio para hablar. El chico llevaba las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta y miraba hacia donde estaba Hikari con algo de vergüenza y luego desviaba la vista hacia las luces de la ciudad.

-Espera –le dijo al chico y se levantó para ir junto al otro muchacho.

T.K. la miró caminar hacia Ryo y al estar juntos vio como el chico se movía con cierta incomodidad y timidez. Haciendo ademanes con los que parecía tratar de disculparse con la chica y rascándose la nuca apenado, para después terminar juntando ambas manos como si rezara e inclinando ligeramente la cabeza ante Hikari, quien sonrió divertida con las acciones del muchacho y sin agregar nada más lo abrazó. Ambos caminaron hacia donde estaba el chico tomados de la mano y T.K. solo atinó a suspirar y bajar la mirada.

-T.K. –lo llamó Ryo y el muchacho levantó la mirada-, también a ti te debo una disculpa, lo siento, no se medir mis palabras a veces y soy algo tosco al expresarme, no quise decir que eras un pusilánime sin testículos.

-¿Qué soy qué? –dijo el chico desconcertado.

-Y ahora recuerdo que cuando dije eso tu no estabas en la sala de Karaoke –dijo el chico apenado y Hikari solo se llevó la mano a la frente con cara molesta-. El punto es que, no sé qué pase entre tú y tu novia, pero son asuntos que solo les conciernen a ustedes dos, las relaciones son difíciles, y si tú quieres estar con ella, o no la quieres lastimar bueno, solo procura que tampoco tu salgas lastimado amigo, tienes a un montón de gente que se preocupa por ti, y que te apoyamos y estamos para ti –concluyó el muchacho y T.K. sonrió contrariado.

-Gracias Ryo.

-Y lo digo en verdad, es más, si quieres vamos de pesca en el bote de mi tío. No sé qué tenga que ver con las relaciones, pero mi tío siempre dice que nada te ayuda más en los dilemas con mujeres que un fin de semana de pesca entre hombres, y no quiero sonar sexista, mi tío decía eso, pero él es de otra generación, podemos ir chicos, chicas, quienes quieran, pescar beber cerveza y…

-Ryo –lo interrumpió Hikari dándole a entender que estaba comenzando a divagar demasiado.

-Si… Lo siento –T.K. sonrió divertido y se puso de pie.

-Lo aprecio mucho Ryo –el chico asintió y extendió su puño hacia T.K. quien lo chocó con el suyo.

-Bueno, volvamos con los demás, aún faltamos por cantar nosotros –le dijo a Hikari-, ah y si quieres puedes unírtenos –le dijo a T.K. quien asintió con una sonrisa de agradecimiento.

-Creo que mejor paso –dijo y el chico castaño se encogió de hombros mientras caminaba con Hikari del brazo. Detrás de ellos los seguía T.K., quien metió las manos en los bolsillos de su chaqueta y ahí ocultos apretó los puños con todas sus fuerzas.

Plaza Akira, en Odaiba, Japón, En la Tierra

Junio 20 de 2085

Davis y Sora caminaban en silencio por una calle concurrida. Habrían avanzado un par de cuadras y la chica seguía sin decirle a su acompañante a donde se dirigía. El chico ya había desistido de insistir en ello, y solo se dejó guiar, hasta que finalmente la joven pelirroja se detuvo, frente a una especie de fuente en medio de aquella plaza. Se trataba de un muro de piedra del cual escurría agua como si fuera una castada, a su alrededor una bien cuidaba vegetación se esparcía y adornaba la construcción bañada de luz.

-Listo, llegamos –dijo la chica y el joven parecía desconcertado.

-No entiendo –dijo mirando a la chica pelirroja-, ¿Por qué vinimos a aquí? –Sora sonrió divertida.

- ¿No lo reconoces? –le preguntó divertida, a lo que el joven se encogió de hombros mientras revisaba detenidamente la fuente.

-Bueno…no, ¿alguna vez estuvimos aquí o la fuente simboliza algo o…?

-No aquí tonto –le dijo entre risas, tomándolo por el brazo para jalarlo hasta un punto en que la fuente no tapara su vista-, ahí –dijo señalando el edificio que estaba del otro lado de la acera frente a aquella pequeña plaza.

-Es… ¿El edificio de la televisora Fuji? –preguntó intrigado. La chica asintió y lo miró con una gran sonrisa.

- ¿No lo recuerdas? –le preguntó y el chico parecía estar haciendo memoria hasta que dio con la respuesta, y en ese momento le pareció increíble no percatarse de un detalle tan significativo como ese.

-La pelea contra Myotismon –dijo con una media sonrisa en el rostro. Sora asintió.

-Aquí fue donde aquella pelea termino, donde logramos vencer a nuestro enemigo, y de alguna forma, creo que aquí es el lugar donde inició mi nueva vida –le explicó la joven-. Vengo a aquí cuando me siento confundida, miro el edificio a la distancia, recuerdo aquella pelea, recuerdo que si bien todos decían que no era mi pelea, y que podía quedarme al margen, yo escogí pelear, escogí levantarme, y creo que escogí hacer eso porque es quien soy; una luchadora, una Tamer.

Davis sonrió y asintió, aunque con cierta tristeza.

-Sí, bueno, solo quiero recordarte, y no es reclamo, que aquí fue donde me atacaron y mi vida empezó a irse al carajo –dijo recordando el final de la batalla y el ataque del Snimon que lo comenzó todo.

-Sí, es una forma de verlo –reconoció Sora-, otra seria decir que aquí fue donde tu vida dio una pausa, aquí te perdiste a ti mismo, pero lograste regresar, y ahora estas de vuelta, y estas aquí, donde todo comenzó.

Davis escuchó las palabras de Sora y asintió entendiendo a lo que la chica se refería.

-No sé quién fui, ni lo que quería hacer y lograr, eso es algo que quizá ya está perdido para siempre y que a veces siento que daría casi lo que fuera por recuperar, pero cuando estoy aquí, y recuerdo lo que sentía, y como mi cuerpo parecía reaccionar por sí mismo, y como mi corazón latía lleno de emoción y mi alma gritaba que esto era lo correcto, siento que todo eso era de la antigua Sora, siento que ella habría hecho justo lo que yo, y de alguna manera, me hace sentir que esa Sora estaría orgullosa de mi –Sora miró a Davis, tomó su mano y le sonrió con ternura-, esta etapa de tu vida, este tiempo que pasaste siendo alguien que no eres, no va a desaparecer, pero ahora eres capaz de seguir a quien realmente eres, de ser quien realmente quieres ser, desde aquí, desde el lugar donde Davis dio su último paso antes de ser tomado por El Emperador, haz que continúe su caminata –le dijo y el chico sonrió conmovido por las palabras de su amiga.

El chico respiró hondo, y soltando la mano de Sora dio una gran zancada hacia el frente.

-Se siente bien –dijo el chico sonriendo alegre.

-Lo del paso solo era una metáfora pero, si esto te sirve –señaló sora soltando una risa que el joven Motomiya acompañó con la suya.

-Gracias Sora, en verdad… gracias. No creo merecer todo lo que haces por mí –le dijo el chico mirándola a los ojos, de pie frente a ella, mientras que la chica aspiraba hondo sintiendo un intenso cosquilleo en el estómago.

-Y mientras yo pensando que mereces esto y más –dijo mirando con gran intensidad a Davis.

-¿Qué quieres…? –trató de preguntar el chico, pero Sora lo cayó depositando en sus labios un beso al mismo tiempo que le rodeaba el cuello con ambos brazos. El chico parecía desconcertado, pero no tardó en corresponder a aquel gesto abrazando a la chica por la cintura.

Recargado en un poste varios metros detrás de ellos los observaba Matt, quien había llegado hasta ahí por mera casualidad, solo vagando por las calles ebrio intentando despejar su mente y librarse del recuerdo de la chica pelirroja a la cual reconoció un par de calles atrás, y que siguió solo para verla besar a otro de sus compañeros de la mansión, al chico que con tanto esfuerzo habían logrado vencer y regresar con bien a la mansión y a su vida de antes, y que ahora besaba a la chica de la cual el estaba enamorado.

Gabumon finalmente pudo alcanzar al chico cuando este se detuvo en aquella plaza, lo había estado rastreando con su olfato desde que había abandonado el club. El digimon miró a su compañero que permanecía impávido, con los ojos fijos al frente, y cuando finalmente volteó para ver qué era lo que el chico observaba se percató de la escena que había terminado por partirle el corazón a su compañero. El digimon suspiró triste, levantó un brazo para dar un par de palmadas en la espada baja del muchacho y luego lo tomó de la manga de la camisa.

-Vámonos –le indicó y el chico, sin oponer resistencia, pero sin dejar de mirar a la pelirroja, se dejó arrastrar.

-Sí, vámonos.

Oficinas de HEDM, en Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 20 de 2085

Izzy y Lisa salieron del edificio riendo. Las horas se habían pasado sin que se dieran cuenta y ya era bastante tarde, por lo que la chica debía marcharse. Los dos jóvenes salieron de la oficina dejando a Tentomon dormido y conversaron todo el camino hasta la entrada del edificio donde la chica esperaría el taxi que había solicitado por medio de una aplicación.

Mientras hablaban sobre películas y libros el automóvil llegó hasta la acera frente al edificio y la chica y el joven se levantaron de la banca de concreto en la que esperaban para que la chica abordara el vehículo.

-Bueno, muchas gracias por la cena, y ha sido en verdad un gusto verte trabajar.

-Trabajamos juntos, no lo olvides.

-No, por favor –dijo la chica con cierta expresión avergonzada-, yo solo seguí tus instrucciones, no podría decir que aporte nada al trabajo, solo mano de obra –Izzy negó con la cabeza sin dejar de sonreírle a la chica.

-Tienes una mente perspicaz, y una visión propia de los problemas que te permite proponer soluciones originales, creo que es apropiado decirte que tu aportaste algo esta tarde.

Lisa sonrió con las mejillas ruborizadas.

-Gracias Izzy.

El claxon del automóvil los distrajo y la chica suspiró con una mueca un tanto disgustada.

-Bueno, tengo que irme ya –dijo sin mucho afán.

-Sí, claro –dijo Izzy.

-Bueno… -la chica parecía titubeante, mientras que el joven se mantenía callado, sin saber que más decir-, hasta luego, supongo –dijo la chica dando media vuelta para marcharse.

-Sí, hasta luego… ¿vendrás mañana a trabajar? –le gritó con un tono ligeramente exagerado y la chica sobresaltada lo volteó a ver mientras sostenía la manija de la puerta del automóvil.

-Ah…no, no, tengo libre este fin de semana, aprovecharé el tiempo para lavar ropa, hacer mis tareas… ¡tal vez vea la película que me recomendaste! –le dijo al chico con tono alegre.

-Sí, hazlo es…una buena película –dijo el chico inseguro de que debería decir en ese momento.

Lisa sonrió divertida por los titubeos del chico y abrió la puerta del automóvil, sin embargo, antes de subir volteó nuevamente a ver al joven pelirrojo, se giró para decirle algo al conductor y regresó caminando a donde estaba Izzy mientras rebuscaba en su bolso y sacaba de él una pequeña libreta y un bolígrafo. Escribió algo y luego arrancó la hoja para entregarla a Izzy. El chico la recibió y vio que tenía escrito el nombre de ella, un número telefónico y un pequeño corazón dibujado en tinta roja.

-Es mi número de celular –le dijo, lo besó rápidamente en la mejilla y volvió a marcharse.

El chico se llevó los dedos a la mejilla mientras la veía irse, subir al automóvil y despedirse con la mano una última vez antes de cerrar la puerta.

Izzy sonrió embelesado, feliz como no recordaba haberlo estado en mucho tiempo, y sintiendo en el corazón una emoción que no recordaba de ningún otro momento de su vida. Guardó el pedazo de papel en su bolsillo y regresó al edificio tarareando una melodía romántica.

Distrito Kiharu, en Odaiba, Japón, en La Tierra

Julio 20 de 2085

Palmon y Agumon se habían quedado dormidos espalda con espalda junto a los aparatos de sonido mientras que sus compañeros bailaban y reían. Ellos por su parte estuvieron disfrutando de la música hasta que a ambos les empezaron a doler los pies. Juntos dejaron de bailar, pausaron la música, tomaron una manta que el chico había llevado por si durante la velada sentían frio y la usaron para cubrir a los digimons.

Los dos castaños reían mientras el chico terminaba de contarle una anécdota sobre como terminó colgando de un árbol al atorarse su paracaídas y tuvo que permanecer ahí desde que salió el sol hasta que cayó la tarde hasta que finalmente Agumon lo encontró. Se encontraban recostados en un par de camastros plegables mirando el cielo tomados de las manos. Mimi se cubría con el saco del chico quien ya se había quitado además la corbata y estaba descalzo.

-Cuéntame algo más –le pidió la chica, el joven suspiró mientras trataba de hacer memoria sobre los viajes que había realizado con Agumon.

-Ah… ya he hablado demasiado, y creo que ya te conté todas las historias interesantes que tenía, mejor tu cuéntame algo a mí.

- ¿Qué cosa? –le preguntó la chica.

-Lo que sea, algo sobre tu infancia, sobre tu familia, sobre el tiempo que pasó antes de que volviera a la mansión –dijo el chico y se giró sobre el camastro para verla de frente. Mimi lo imitó y quedaron uno frente al otro mirándose a los ojos.

-Bueno… como ya te había contado mi familia tiene una buena posición económica, soy hija única, y mis padres pueden ser un poco… sobreprotectores, a veces, creo que por eso he estado practicando artes marciales.

- ¿Para mantenerte segura? –le preguntó el chico.

-Para dejar de escuchar en mi cabeza la voz de mi madre diciéndome "no hagas eso", "no te subas a ahí", "eso no es propio de una señorita, te vas a lastimar" …. Fui criada de esa manera, y ahora aquí estoy, arriesgando el pellejo cada vez de formas más extremas –dijo con tono alegre como si contara una broma, el chico sonrió divertido.

-Te has convertido en una combatiente –le dijo. La chica sonrió y le acarició la mejilla.

- ¡Oh! Viví un tiempo en Estados Unidos, el año pasado, creo que fue desde febrero hasta mediados de noviembre.

-Casi un año completo -dijo el chico-, ¿Qué tal estuvo? –Mimi sonrió.

-Fue divertido, fue por parte de HEDM, para llevar a cabo algunos adiestramientos como enfermera de campo.

-Así que ahí fue donde aprendiste todo eso –dijo el chico recordando las habilidades y destrezas médicas que poseía la chica-. ¿Y extrañas vivir allá? –la chica pensó en su respuesta unos segundos.

-A veces si la verdad, es más algo como que extraño ciertos lugares ciertas actividades –Tai asintió.

-Entiendo, debió ser difícil marcharte y volver a Japón.

-No tanto, hacia el final del adiestramiento termine con mi novio y necesitaba alejarme, y volver a Odaiba fue lo mejor… -la chica calló de golpe al percatarse de las palabras que acababa de pronunciar. Sonrió apenada y el chico la miró extrañado-. Perdona, supongo que no quieres escuchar sobre mis ex y viejas relaciones, tu nunca hablas de eso.

-En realidad escuchare cualquier cosa que quieras decirme –le aclaró el muchacho, sonriendo con ternura tal que era evidente que no mentía-, y si no hablo sobre mis ex o relaciones pasadas, es porque simplemente creo que ningún contacto que haya tenido con ninguna persona podría contar como eso, como una relación.

Mimi sonrió y volvió a acariciar la mejilla del muchacho.

- ¿Y yo? –preguntó con timidez.

- ¿Tú? –dijo el muchacho confundido.

- ¿Yo como cuento? –le preguntó al tiempo que abandonaba su camastro y se pasaba al del chico acomodando su cuerpo sobre el de él- ¿Yo que soy?

- ¿Nosotros que somos? –dijo el chico en tono de juego mientras tomaba a la castaña por la cintura. Mimi lo miró a los ojos y asintió, con lo que el chico supo que debía tomar esa pregunta en serio-. Bueno… tu dijiste que habría algo oficial entre nosotros el día que tuviéramos nuestra primera cita oficial.

-Cierto, dije eso –dijo la chica mientras acercaba sus labios a los del muchacho.

- ¿Entonces hay algo oficial entre nosotros?

- ¿Tú quieres? –lo cuestionó Mimi rozando sus labios con los del muchacho.

-Si tú quieres, y lo que tú quieras –le aseguró. La chica sonrió-. Podemos ser novios, si tú estás de acuerdo con eso –ofreció el castaño y la chica se separó ligeramente de el para verlo a los ojos. Sonrió con emoción y pegó su frente contra la de él.

-Sí, me parece bien.

Sin más permanecieron en silencio, estrechándose el uno al otro, y besándose cada tanto, en una especie de intima celebración por su recién iniciada relación.

- ¿Deberíamos regresar ya? –preguntó Taichi.

-En un rato más –le contestó Mimi.

Mansión Riuga, en Odaiba, Japón, En la Tierra

Julio 20 de 2085

Charles y Sam miraban a Hyuga mientras este se quitaba la gabardina negra y la colgaba en un perchero cerca de la pared, con movimientos tranquilos y lentos que denotaban la confianza que sentía en sí mismo. Su sonrisa satisfecha era otra muerta de su arrogante sentimiento de siempre tenerlo todo bajo control, y el hecho de que pasara tanto tiempo sin agregar nada más solo era otra muerta de esto.

-Oh, concejala Keaton, un gusto y una sorpresa verla por acá.

- ¿Por qué? –respondió la mujer sin ningún decoro.

-Bueno, no es algo de todos los días encontrarse a un miembro del consejo de Huanglongmon city en la mansión Riuga.

-Este fue mi hogar por varios años general, y Charles un amigo de mi infancia.

-Claro, ese detalle –dijo el general paseándose por la sala-. Supongo que debí considerar ese detalle para sospechar que cualquier noche podría encontrase usted aquí.

-Exacto, otra buena pista la habría obtenido usted si se hubiera dignado a recibirme en su oficina esta tarde.

-¿Cómo? –dijo el general mostrando confusió , de modo que era usted quien me visitó y pidió hablar conmigo sin hacer una cita antes, oh, ruego me disculpe, de haber sabido que se trataba de usted habría dejado todo de lado para escucharla, pero nadie me informo que se trataba de Sammantha Keaton.

-Seguramente no –dijo Sam fingiendo creerle.

-Alguien será despedido el día de mañana, se lo aseguro –agregó el general siguiendo en su papel de hombre confundido.

-¿Puedo preguntar general –intervino Charles-, a que se debe su visita?, y más importante aún, ¿Cómo es que entró a la mansión sin que los sistemas de seguridad me lo avisaran?

-Código de anulación maestro –dijo el general levantando su celular-, consideré más educado, dadas las horas de mi visita, el ingresar de la forma más discreta posible.

-General, usted siempre tan considerado –dijo Sam con una sonrisa falsa en el rostro, a la que el general respondió del mismo modo.

-En fin, solo quería venir a ver como esta todo, como están los "niños elegidos", como sigue Davis, nuestro tan querido Tamer, y como están Tai y…Agumon, ¿todo bien Charles?

-Todo lo que necesitas saber está en los informes que te envió cada semana.

-Sí, esa es la cosa… a veces un informe es demasiado impersonal, nada como una buena charla entre hombres, sin ofender –dijo mirando a Sam-, sirve para conocer mejor las caras de las situaciones, los detalles que a veces se nos pueden pasar por alto, y que pudieran crear la sensación de que alguien nos oculta algo.

-General, ¿Tiene usted algo en específico que reclamar por mi trabajo? –cuestionó Charles que comenzaba a sentirse impaciente.

-Nada en especial, solo divago, y bueno… usted sabe que ha estado envuelto en ciertas situaciones particulares últimamente, y también en los últimos meses se ha comenzado a mencionar en los altos círculos que quizá ya no esté en condiciones de desempeñar correctamente los altos cargos que se le han confiado y bueno… odiaría que, por un pequeño errorcito, un tecnicismo, o una pequeña falta administrativa, usted pudiera perder su puesto como director general, así como su silla en el alto consejo de HEDM.

-General Hyuga –lo llamó Sam-, ¿está usted tratando de intimar al director Resse? –Hyuga volteó a ver a Sam, sonriendo de forma burlona como lo había estado haciendo casi desde que llegó y luego volvió a mirar a Charles.

-Para nada, solo quiero asegurarme de que nuestro querido Charles Resse cumpla cabalmente con su trabajo, para que así las cosas para todos estén bien –dijo y se dio la vuelta para volver por donde había venido.

El general tomo su gabardina, se la colocó y en el umbral de la puerta de la sala se dio media vuelta.

-Ah, y casi se me olvida –dijo mirando a Charles quien para ese momento parecía bastante molesto. Hyuga sonrió, y de un bolsillo interior de su gabardina sacó un folder grueso con el logo de HEDM que entregó a Charles. El hombre lo tomó y lo abrió de inmediato con una expresión de sorpresa-. Te alegrará saber que la fase de potenciación del proyecto Sigel llegó a término esta semana –explicó mientras Charles revisaba las hojas del folder y Sam trataba de asomarse para entender lo que estaba pasando.

-Se supone que no estaría listo hasta el próximo año.

-Lo sé, todos estamos sorprendidos y muy agradecidos por el esfuerzo del equipo en Estados Unidos para lograr esto –dijo riendo con satisfacción-. Iniciaremos con la fase final del proyecto la última semana de septiembre. Avísale quieres –agregó antes de marcharse.

Charles permaneció quieto, con el folder entre sus manos, hasta que finalmente lo cerró y arrojó sobre la mesa en la cual estaban los platos sucios de la cena.

Sam lo miró mientras el hombre se llevaba ambas manos a la cabeza y caminaba hacia la ventana abierta como buscando respirar aire fresco.

-Ah, Charlie, ¿Qué estupidez hiciste ahora? –le preguntó y el hombre se giró para mirarla con una expresión contrariada.

-Cometí un error –le dijo y el silencio los golpeo súbitamente a ambos.


Un par horas después de que Sam se retiró de la mansión, sus puertas se abrieron para recibir a sus ocupantes. Los primeros en llegar fueron Gabumon y Matt, quienes subieron deprisa las escaleras a oscuras. Minutos después entraron Sora y Davis, con una bolsa de comida que se repartieron entre ellos y sus compañeros al llegar a la sala oeste de la mansión, la que aquella generación de Tamers ocupaba. Los cuatro comían y reían, y aquellas risas llegaban hasta el pasillo del segundo piso donde Matt se quedó sentado hasta escuchar llegar a la joven pelirroja. Se marchó en silencio a su habitación y ahí se encerró.

Al poco tiempo el automóvil de Mimi se estacionó enfrente de la mansión y de este descendieron Tai y Mimi, cada uno cargando a su respectivo compañero en brazos para llevarlos a la cama. Tai abrió la puerta con algo de dificultad y al entrar vieron la luz de la sala encendida. El chico se asomó y vio ahí Sora y a Davis conversando en el sofá frente a la televisión.

-Hola chicos –saludo el castaño.

-Hola Tai –respondió Sora mirándolo fugazmente y luego volviendo su vista con gran asombro hacia él-. Wow, que elegantes –dijo mirándolo a él y luego a Mimi quien entró detrás del castaño-, ¿A dónde fueron tortolitos? –preguntó la chica y Mimi se sonrojó al mismo tiempo que volteaba a ver a Tai.

-A una cita oficial –dijo sonriéndole al chico.

La puerta volvió a abrirse y a la mansión entraron Hikari y Ryo de la mano con Gatomon y Monodramon detrás de ellos. A Hirokazu y Kenta los cargaba Guardromon quien los había acunado en sus brazos mecánicos y junto a él sobrevolaba MarineAngemon. El digimon subió las escaleras luego de un escueto saludo para llevar al par de chicos a sus habitaciones.

-La pasaron muy bien –dijo Hikari como explicación y Tai solo sonrió divertido.

- ¿Y ustedes? –preguntó el castaño y antes de que Hikari contestara Ryo tomo la palabra.

-Fenomenal –aseguró.

-Ken entró ayudado por T.K. quien se ofreció a subirlo hasta su habitación mientras Yolei corría directo al baño debajo de las escaleras.

Por ultimo entraron Juri, Takato, Guilmon y Leomon. Los dos digimons se dirigieron a la sala mientras que Juri subía deprisa las escaleras.

-Juri –la llamó Takato desde el pie de las escaleras.

-Buenas noches Takato –le gritó sin detenerse y sin siquiera voltearlo a ver.

El muchacho suspiró y se apartó de las escaleras retrocediendo para entrar a la sala.

- ¿Todo bien? –preguntó Mimi, quien notó como la chica había prácticamente salido corriendo. Takato asintió con un gesto desanimado en el rostro.

-Sí, ella… solo está cansada –respondió el chico.

-Sí, yo igual –dijo Hikari.

-Bueno, creo que ya es hora de irse a dormir –dijo Ryo y ambos junto a sus digimons subieron las escaleras.

Tai y Mimi hicieron lo mismo, topándose con Yolei al salir del baño, la cual también los elogió por sus atuendos y le advirtió a Mimi que la interrogaría al día siguiente sobre todo lo que habían hecho esa noche. Mimi sonrió contenta, asegurándole que había una gran conversación que tener al día siguiente, con lo cual solo aumentó la emoción de Yolei.

La chica entró a la sala y saludo a Davis, Sora y a sus compañeros, y luego fue donde T.K. y Ken, quien se encontraba revisando el pie donde se dio el disparo con el rifle de valines.

-Creo que está muy hinchado –dijo T.K. mirando el pie del chico.

- ¿Todo bien? –preguntó Davis al ver que Ken estaba lastimado.

-Sí, solo que a John Wick le falló un poco la puntería –se burló Yolei-. Ok, T.K., llévalo a la enfermería, le pediré a Mimi que te revise –le dijo, y aunque el muchacho protestó un poco terminó aceptando y T.K. lo llevó a la enfermería.

Takato mientras tanto tomó asiento en un sofá individual un poco apartado de los demás. Miraba al techo de la sala sintiéndose confundido y mal consigo mismo. Leomon llegó hasta donde él estaba y se le quedó mirando de forma que hizo sentir al chico que posiblemente recibiría un golpe por parte de él, y no pudo evitar preguntarse cuando podría doler un golpe propinado por aquellos enormes puños.

-Hiciste bien –le aseguró el digimon.

- ¿Cómo? –preguntó Takato sin entender.

-No me gusta ver a Juri llorando, pero si tu no podías corresponder sus sentimientos entonces hiciste bien en ser honesto con ella. Takato asintió, entendiendo las palabras del digimon.

-Es solo que igual me siento mal conmigo mismo.

-Sobre eso yo no puedo hacer nada, pero respecto a Juri quiero que sepas que ella es fuerte, estará bien, solo hay que darle tiempo. Encontrará a alguien que la valore y la ame como ella merece. Mientras tanto, me hace feliz saber que tiene amigos sinceros a su alrededor, aunque ella no lo aprecie de esa forma hoy, sé que en el futuro comprenderá que tus acciones fueron correctas –le aseguró, y tras esto dio media vuelta para retirarse.

Guilmon llegó hasta Takato y se acurrucó junto a él, mientras el chico sonreía un poco menos contrariado.

-Bueno, ya es tarde, tal vez deberíamos irnos a dormir –le sugirió Sora a Davis.

-Sí, creo que tienes razón –dijo el chico notando que Veemon y Biyomon ya estaban dormidos en el sofá.

El estruendo de la puerta los alertó y ambos chicos al igual que Takato salieron disparados hacia la puerta del vestíbulo, en donde encontraron tirados en el suelo a Henri y Kouta, ambos sosteniendo una lata grande de cerveza y al parecer riendo en el suelo. Kotemon y Terriermon entraron detrás de ellos mirándolos con resignación mientras los chicos se apoyaban sobre sus manos se miraban el uno al otro y comenzaban a cantar a gritos.

- He says: son can you play me a memory, I'm not really sure how it goes, but it's sad and it's sweet and I knew it complete, when I wore a younger man's clothes

Ambos chicos siguieron tarareando mientras Davis y Takato los levantaban del suelo y los llevaban hasta la escalera para que se sentaran. Sora cerró la puerta de la mansión mientras que ambos chicos seguían tarareando y confundiendo la letra de la canción para luego estallar en risas.

-Nunca había visto a Henri ebrio –dijo Takato divertido por la escena.

-Ni lo volverás a ver ebrio, Henri tiene que ser un buen chico, Henri es un buen chico –decía el muchacho arrastrando las palabras mientras que Kouta se reía de él.

-Amigo, no sabes manejar el alcohol –le dijo mientras se ponía de pie, era evidente que él también estaba ebrio, pero en mejor estado que su compañero.

-Al carajo, me iré a dormir –dijo Kotemon que comenzó a subir las escaleras mientras Kouta se tambaleaba hacia la cocina.

-Ven amigo, tú también debes ir a dormir –le dijo Takato a Henri mientras le ayudaba a levantarse.

-Gracias Takatito, eres buen amigo Takatito, ya sé porque ella te quiere a ti y a mí no –comenzó a balbucear el chico mientras que Takato lo ayudaba con dificultad a subir cada escalón.

-Al parecer todo mundo tuvo una noche interesante hoy –dijo Sora que parecía muy divertida con todo aquello.

-Y que lo digas –dijo Davis antes de escuchar un golpe seco en la parte de arriba-. Creo que se cayeron, iré a ayudar –dijo y Sora asintió.

Davis subió las escaleras y acto seguido junto a las mismas aparecieron Biyomon y Veemon.

-Nosotros ya nos vamos a dormir –dijo Biyomon.

-Claro, subiré en un momento –le dijo y ambos digimons subieron las escaleras.

- ¡Quién carajo se sigue robando mis cervezas! -Exclamó Kouta desde la cocina-, ya no me dejaron ninguna –se lamentó y sora se rio del muchacho que después vio regresar con una botella de lo que parecía ser vodka en una mano y cuatro vasos de vidrio que sostenía con la otra-. Por suerte no han encontrado esto –dijo con tono triunfal.

-No, Kouta, creo que ya debes ir a dormir –le dijo mientras el chico tomaba asiento en la escalera.

-Sí, es una buena idea, yo te diré la mía –dijo mientras dejaba los vasos en la escalera y vertía Vodka en uno de ellos-. Nos tomamos esta botella, y después vemos quien tiene mejor puntería lanzando cuchillos –explicó.

-Sí, suena divertido, pero yo paso –le dijo la chica divertida con él.

-Ay por favor, tendrás buena ventaja, yo ya estoy ebrio.

La chica se rio mientras veía al joven beber el vodka de su vaso mientras se abrazaba al barandal de la escalera.

-Por cierto, creí que Matt estaba con ustedes, eso dijo T.K.

-A sí, estuvo con nosotros, luego nos separamos, y después nos mandó un mensaje de que ya había vuelto a la mansión –le aclaró el muchacho.

-Ah, entonces debió llegar antes que nosotros, que bueno –dijo la chica con una sonrisa amistosa en el rostro.

-Sí, que bueno, él es un buen chico, que lindo que te preocupes por él –balbuceó el muchacho mientras daba otro trago a su bebida.

-Sí, es un gran amigo –dijo Sora.

-Sí, aunque él te quiere no solo como amiga –agregó el chico antes de terminarse el contenido de su vaso y servirse un poco más.

- ¿Qué? –interrogó Sora al comprender el significado de las palabras del muchacho ebrio en la escalera. El chico solo levantó la mirada confundido para mirarla.

- ¿Cómo? –dijo y Sora parecía no saber que decir.

-Matt no me quiere… ¿Él quiere algo con…? –la chica se interrumpió al escuchar los pasos de Takato y Davis en la escalera. Los chicos bajaron y Takato casi patea los vasos de vidrio sobre el escalón, los cuales recogió junto con la botella de vodka.

-¡Ey! ¡Más gente! ¡Ahora podemos beber todos juntos! –dijo el chico mientras se ponía de pie y tomaba la botella de manos de Takato.

-Am, no creo que sea buena idea –dijo Davis, refiriéndose más a sí mismo y lo que como se sentía en ese momento-, creo que yo mejor ya me voy a dormir –dijo a modo de despedida.

-Si… yo también, ya es algo tarde –agregó Sora.

Ambos chicos comenzaron a subir las escaleras mientras que Kouta refunfuñaba molesto.

-Aburridos –canturreo mientras Davis y Sora se alejaban, y la chica lanzaba una última mirada llena de duda hacia Kouta, pero decidió mejor ignorar las palabras del muchacho que, a fin de cuentas, ya estaba muy ebrio.

- ¿Tu qué me dices Takato? ¿Me acompañas con un trago?

-Yo creo que mejor otro día –le dijo el chico con una sonrisa de disculpa.

La puerta de la mansión se volvió a abrir para dejar entrar a Rika, quien casi tropieza con la alfombra y se sostuvo de la puerta para no perder el equilibrio. La chica avanzó hasta quedar a mitad de camino entre la puerta y las escaleras, para hasta ese momento notar la presencia de los dos chicos. Detrás de ella entro Joe, quien cerró la puerta y se quedó de pie detrás de Rika. La chica miró a Takato a los ojos, y el chico solo alcanzó a hacer una mueca que intentaba ser una sonrisa. Ella solo suspiró y se apresuró a llegar a las escaleras para apoyarse del barandal de las mismas y subir los escalones. Los tres chicos siguieron a Rika con la mirada mientras esta subía las escaleras hasta perderse la oscuridad, y luego Kouta y Takato miraron a Joe como interrogándolo.

El chico se encogió de hombros con una sonrisa ligeramente apenada y luego con pasos lentos se aproximó a las escaleras.

-Creo que tomo demasiado vino –atino a decir, y antes de marcharse, le dirigió una mirada a Kouta, sonriendo triunfalmente. El muchacho de pelo negro no dijo nada, solo desvió la mirada en silencio y sirvió otro tanto del vodka en su vaso.

-Imbécil –susurró para después llevarse el vaso a los labios.

Takato tampoco parecía estar muy contento, y en cuanto Joe desapareció le arrebató la botella de vodka al chico para servirse un vaso.

- ¿Sabes? Siempre si nos tomamos ese trago –Kouta le sonrió y chocaron sus vasos para dar un trago grande a sus bebidas.

Centro de la ciudad de Odaiba, Japón, en la Tierra

Julio 21 del 2085

Hyuga se encontraba en el asiento trasero de una gran camioneta blindada revisando en una pantalla táctil los correos e informes que a diario le enviaban. El trafico aquella mañana era ligero, y pronto llegaría a su destino, lo cual casi lo tenía sin cuidado, pues la menor de sus preocupaciones en ese momento, era llegar a tiempo a una estúpida reunión con miembros el alto mando de la milicia japonesa para discutir temas de seguridad nacional y relaciones internacionales. Sin embargo, un mensaje enviado por uno de sus subordinados le alegró el día, pues al abrirlo, se encontró con un archivo adjunto el cual era un video tomado por una cámara de teléfono celular donde se podía apreciar claramente una pelea en algún club nocturno la cual involucraba a dos miembros del grupo especial de Charles; Kouta y Henri.

Hyuga sonrió mientras veía al chico Hanagata propinar una última patada a un hombre de mediana edad, y al joven Wong terminar a su rival con un rodillazo en la cabeza que solo podía ser catalogado como violento.

-Justo lo que necesitaba ver –dijo en voz alta el general, recargándose en el asiento del vehículo y mirando por la ventana la ciudad donde comenzaba a amanecer.


Y ahora si, ya con este capitulo concluido, me dispongo a beber un vaso de whisky, y desearles buena noche.

Nos vemos pronto. Gracias por leer.