La mañana siguiente, luego de quedarse a dormir en la casa de Yuri, el japonés despertó al sentirse un poco aplastado por algo; al abrir los ojos se dio cuenta que tenía un pie muy cerca de su rostro. Con un poco de fuerza movió lo que lo aplastaba para luego sentarse y observar la habitación a su alrededor, se dio cuenta de que el rubio estaba al revés, con la cabeza hacia los pies y doblado de una forma que no creía lograr imitar.

Yura —le habló con voz bajita, como si tuviera miedo a despertarlo— Yura —volvió a decir, pero esta vez moviéndolo un poco— ¡Yura! —exclamó al ver que no se despertaba para nada, empujándolo y botándolo de la cama.

Lo único que escuchó fue un "¡Ouch!" antes de correr fuera de la habitación y encerrarse en el baño, seguramente al adolescente no le había hecho mucha gracia el despertar de aquella manera y querría venganza. Yuri simplemente se levantó aún medio dormido y observando que el azabache ya no se encontraba ahí, pensó que tal vez estaba apurado por ir al sanitario así que no le tomó importancia, asumiendo que si estaba en el suelo era porque se había caído por su cuenta ya que no era la primera vez que pasaba.

Oye cerdo, apresúrate que también necesito entrar —le habló con voz adormilada, apoyando su espalda en la pared junto a la puerta del baño y cerrando los ojos por unos segundos.

Para Yuuri fue un alivio no escucharlo enojado, dio un suspiro y procedió a hacer sus necesidades para luego lavarse las manos y arreglar un poco su cabello ya que no quería que el rubio lo viera así. Salió del lugar encontrándose a un lindo Yuri despeinado. El japonés pensaba que incluso así era perfecto.

Bu- buenos días —saludó, ya que era de mala educación no hacerlo.

Buen día —respondió, pasando por el lado del infante y revolviéndole el cabello, arruinando el peinado improvisado.

Yuuri fue a la habitación a cambiarse de ropa y ordenar su mochila. No sabía a qué hora debía volver a casa, pero esperaba que no fuera pronto porque pasar el tiempo con el ruso le gustaba, aún si habían veces que solo permanecían en silencio escuchando la música que Yuri ponía en su habitación.

Nikolai avisó que el desayuno se encontraba listo y los Yuris bajaron, sintiendo un aroma dulce que lograba hacer gruñir sus estómagos. Grata fue su sorpresa al encontrarse con hotcakes sobre la mesa, se veían realmente apetitosos y seguramente así era, ya que el abuelo cocinaba demasiado bien.

Gracias por la comida —dijo Yuuri, agradeciendo como le habían enseñado en casa. Nikolai le sonrió, gustoso de tener un niño tan educado en su mesa mientras Yuri solo se dedicaba a devorar lo que había en su plato.

Puedes venir cuando gustes Yuuri, eres bienvenido a quedarte a dormir —el menor se sintió feliz tras aquellas palabras que salieron de la nada mientras comían y es que, además de sentir que quería demasiado al rubio, tenía un gran aprecio por el abuelo de este.

Muchas gracias —respondió sonriendo y con la boca manchada gracias al jarabe que le había puesto a su desayuno.

Ven aquí —le dijo el rubio con voz fastidiada mientras tomaba una servilleta y limpiaba la boca del menor— estas sucio, quédate quieto —Yuuri simplemente se dejo, le hacía feliz recibir la atención de Yuri, aunque lo tratara como un niño pequeño.

Aquel sábado transcurrió normal, solo que las cosas que hacía en su casa ahora las estaba haciendo ahí. Ayudo a Yuri con los quehaceres que le correspondían, lavaron los platos y limpiaron la casa mientras el abuelo ponía a lavar la ropa y limpiaba la cocina y el baño. Lo último fue ordenar la habitación de Yuri, donde el azabache fue regañado al intentar sacar algo que se sentía como un libro que estaba debajo del colchón mientras ayudaba a ordenar la cama.

¡No metas las manos ahí! —Se exalto el rubio un poco sonrojado— puede… puede salirte una araña o algo. Mejor lo hago yo —bajo su tono de voz al ver que había asustado al menor y puso una excusa con tal de que no encontrara la revista que escondía bajo su cama. No sabría como explicarle aquello a un niño de seis años.

Yuuri entendió que el rubio solo se preocupaba por su bienestar, aunque el hecho de encontrar algo ahí le daba curiosidad a su mente, por otro lado si Yuri había dicho que no debía meterse ahí, no lo haría. No había razón para desobedecerle ya que lo que menos quería era ser odiado por él.

Para amenizar el momento, Yuri decidió que compensaría al japonés por su actitud. Por supuesto que no se disculparía, pero podía alegrarlo de otra manera, así que se metió a su closet buscando una caja que no había abierto desde que se habían mudado ahí hacía casi un año. El objeto estaba lleno de polvo, pero lo que había en su interior estaba intacto. Se sentó en la cama y abrió la caja bajo la atenta mirada de Yuuri, dejando ver una consola antigua de videojuego.

Esta, me la dio mi padre hace mucho tiempo —le explicó— aún funciona ya que es tan antigua que es inmortal —la saco de la caja y la conecto al televisor en su habitación, aun recordaba cómo ponerla.

Al estar listo conecto los controles y puso un juego de pelea ya que así podrían jugar de a dos, le dio uno al menor y le enseño como se utilizaba. Yuuri aprendía rápido, nunca había tenido un videojuego en sus manos y eso lo emocionaba bastante. Pasaron toda la tarde jugando y haciendo trampas para ganar, cuando el rubio sentía que iba a perder le hacía cosquillas al azabache para que este se desconcentrara. Rieron bastante y siguieron con lo mismo luego del almuerzo, hasta que llegó la hora en que Yuuri debía ir a su casa.

La despedida fue simple, después de toda vivían al lado y podían verse cuando quisieran. Yuri le había dicho al menor que cuando fuera a visitarlo y llegara antes que él a su habitación, estaría el videojuego conectado para que se entretuviera mientras él no estaba. Aquella consola había estado guardada puesto que le traía recuerdos al rubio, recuerdos de los tiempos en que su padre pasaba más tiempo en casa y le prestaba atención, recuerdos donde ambos jugaban tranquilamente mientras Nikolai los observaba riéndose por cuando su hijo y su nieto se enojaban por perder y pedían la revancha. No eran recuerdos malos o tristes, pero no había querido tener en su mente algo que no volvería a repetirse. Ahora que había decidido usarla de nuevo, se daba cuenta que podría crear nuevas memorias, unas que intentaría no se quedaran en el olvido.

Durante el siguiente mes, Yuuri se había hecho una nueva rutina la cual consistía en ir a jugar a la casa del rubio mientras esperaba a que este llegara de la escuela, pasando etapas de un videojuego que lo tenía muy intrigado ya que quería llegar al final para saber qué sucedería. También se iba a dormir a la casa del ruso todos los viernes y se quedaba hasta el sábado, a pesar de que su madre pensaba que podría ser una molestia para los Plisetsky, Nikolai le insistía en que Yuuri era una agradable visita en su hogar y que en vez de darle problemas, ayudaba en todo lo que podía.

El japonés pensaba constantemente que quería que su vida fuera así por siempre, jugar con Yuri hacía que su día a día fuera muy agradable a diferencia de cuando no lo conocía. Eran amigos y eso nadie iba a cambiarlo o al menos eso era lo que creía.

Un día que esperaba a Yuri en su habitación, la realidad lo choco de frente, dejándole ver que había mucho más que solo los momentos que ellos dos pasaban juntos. Habían mas personas en la vida del rubio, habían más cosas que solo pasar el tiempo juntos.

Cerdo. Lo siento, pero hoy no podremos jugar —le dijo Yuri al llegar a su habitación— hoy tengo un invitado —explicó mientras dejaba su mochila sobre la silla junto al escritorio.

El japonés no entendía a que se refería su amigo hasta que vio entrar por la puerta a un chico moreno, un poco más alto que Yuri y con rostro serio— buenas tardes —lo saludó el extraño, sin cambiar su expresión.

Buenas tardes —saludo Yuuri levantándose del suelo y estirando su mano para estrechar la de aquel chico desconocido. El mayor correspondió el gesto, aún si no sonreía le parecía algo tierno que el niño quisiera actuar como adulto.

Cerdo, este es Otabek. Otabek, este es el cerdo —los presentó rápidamente— es el niño de al lado, del que te hable.

¿Desde cuándo solo era "el niño de al lado"? él pensaba que eran amigos, no cualquier persona.

Yuri, no deberías insultarlo —lo regañó el moreno mientras también dejaba su mochila sobre la del rubio— debes darle un ejemplo, es menor que tú y aprende de lo que haces.

El rubio puso mala cara, pero no dijo nada, era la primera vez que Yuuri lo veía tragarse sus palabras ¿Quién era ese que lograba dejar callado al fiero rubio? No lo sabía, solo entendía que su nombre era Otabek y que al parecer venía a robar su lugar.

Está bien —dijo fastidiado— Yuuri, hoy tenemos una tarea importante que hacer y no podré estar contigo —habló con normalidad— es mejor si vas a tu casa por hoy.

Yuuri solo asintió con la cabeza, entendió que estaba sobrando en ese lugar ya que tenían deberes escolares, además de que no tenía nada que hacer ahí si Yuri ya estaba acompañado— adiós —se despidió bajito y salió de la habitación sin escuchar respuesta. Quería a su mamá, algo dentro de él hacía que le dieran ganas de llorar, aunque se contuvo pensando que aquella situación era cosa de una sola vez. Solo tenían un trabajo escolar, cuando lo terminaran seguramente aquel chico no volvería a esa casa o al menos eso esperaba.

Al llegar a su casa, abrazo a su madre sin decirle nada. Esta le preguntó la razón por la que había vuelto tan temprano ya que se le hacía extraño, pero Yuuri no respondió, simplemente se fue a su habitación y se encerró en ella luego de sentirse mejor al haber estado en los brazos de mamá.

Yuuri tenía miedo, no quería ser reemplazado, pero ¿Qué podía hacer él si solo era "el niño de al lado"?

Continuara…