Primera navidad con Yuri, antes de que este conociera a Otabek
La navidad llegó pronto, después de todo su cumpleaños era en noviembre y la navidad en diciembre, había estado compartiendo con el vecino nuevo cada vez que podía y ahora pensaba en que podría regalarle. Tenía solo seis años, no tenía dinero propio y mucho menos la edad para salir a comprar solo.
Yuuri pensaba y pensaba en que podría darle al ruso que lo pudiera hacer feliz, fue entonces cuando recordó algo. A Yuri le gustaban los gatos, pero ¿Qué podría hacer con esa información? Aún no lo sabía ¿Un dibujo tal vez? Pero no era bueno dibujando, aunque si coloreando, pero sentía que si imprimía un dibujo y lo pintaba sería trampa.
Volvió a pensar, aún faltaban un par de días para que la navidad llegara, así que tenía un poco de tiempo. Hiroko observaba como su pequeño fruncía el ceño mientras intentaba escribir en un cuaderno, con una letra exageradamente grande, algo que parecía una lista. No le preguntaría que era, sabía que no le diría, además de que a Yuuri le gustaba resolver las cosas por él mismo o sentía que daba problemas.
—Yuu-chan —le habló con cariño, mientras le daba una taza de chocolate caliente— si necesitas algo, solo dime ¿Si, cariño? —le acarició la mejilla luego de que este asintiera y recibiera la taza.
—Gracias, mamá —respondió para luego soplar un par de veces aquel liquido caliente, logrando que cayera un poco en el cuaderno que había dejado sobre sus piernas. No le importo, después de todo no había nada ahí que pudiera servirle, bebió un sorbo de su bebida y procedió a seguir pensando. Hiroko prendió la televisión y se sentó junto a Yuuri en el sofá, entonces algo que apareció en la pantalla llamó la atención del menor, dándole una grandiosa idea. Se notaba en sus ojos brillantes de emoción que era algo que de verdad parecía ser bueno, además de que dejó su taza sobre la mesita de la sala para ir corriendo a su habitación. Esperaba que su idea le agradara a ese ruso gruñón.
A Yuri no le agradaba la navidad, después de todo su padre nunca estaba en casa así que no podían pasarla en familia como en otras casas. Sentía un poco de envidia por el pequeño vecino de al lado, el tenía a su familia y la pasaría con ellos, aquella envidia se esfumaba en el momento que veía como su abuelo se esforzaba por armar el árbol y ahí iba él como buen nieto a ayudarle.
— ¿Qué le pediste a santa, Yuratchka? —era la tradicional pregunta que Nikolai le hacia todos los años al poner los adornos y que desde hacía ocho años recibía la misma respuesta.
—Santa no existe, abuelo —le respondió— le dije a papá que me comprara un par de patines, pero creo que los traerá un poco antes de año nuevo, cuando vuelva de su viaje.
A Nikolai le entristecía un poco el hecho de que su hijo no fuera un padre presente, se notaba que Yuratchka lo había necesitado, pero al menos él podía ser parte de ese papel tan importante en la vida de su nieto, aunque no pudiera reemplazar del todo a su hijo.
Yuri había dejado de creer en santa en la navidad de sus ocho años. Vladimir, el padre de Yuri había quedado de traer el regalo de Santa y ponerlo bajo el árbol mientras Nikolai llevaba al menor a dar una vuelta, pero al volver a casa se encontraron con que, bajo el árbol, no había nada. Cuando Nikolai llamó a su hijo este le dijo que se retraso porque lo había llamado un cliente importante y que no lo podía hacer esperar. cuando habló con Yuri le dijo que más tarde le traería su regalo, rompiendo así su ilusión de que Santa era quien entregaba esas cosas.
Nikolai podía recordar que Yuri se aguanto las lagrimas y reemplazaba la tristeza por enojo, gritándole a su padre y a él que le habían mentido todo el tiempo.
El veinticinco de diciembre llegó, Yuri no quería levantarse pero su abuelo lo llamaba a desayunar, así que no podía negarse. Seguramente estaba emocionado de darle su regalo.
—Yuratchka, antes de desayunar, abramos los regalos —le dijo el abuelo mientras se sentaba junto al árbol siendo imitado por el rubio, quien no tenía ánimos de nada— llegó hoy un regalo especial para ti.
— ¿Especial? —preguntó el adolescente viendo hacia donde Nikolai apuntaba. Había una caja un tanto grande y no podía saber que era— ¿Quién lo envió?
—Fue el vecino, el pequeño que tiene tu nombre —Yuri puso mala cara a la mención de aquel detalle, pero su rostro volvió a suavizarse al entender que un niño le había hecho un regalo tan grande.
—El cerdito de al lado ¿Eh? —murmuró y Nikolai rio.
Yuri se acercó a la caja, poniéndose de rodillas. No estaba cerrada, sino que las solapas estaban sobrepuestas dejando un espacio pequeño donde se podía ver la oscuridad en el interior de esta. La curiosidad le ganó al rubio, por lo que abrió la caja rápidamente dándose una gran sorpresa.
— ¡Feliz miauvidad, Yurio! —exclamó el menor saliendo de la caja con un disfraz de gato negro.
Nikolai volvió a reír másfuerte al ver el rostro confundido de su nieto— Yuuri pensó que como te gustaban los gatos y no te dejaban tener uno, él podía ser el tuyo por un día ¿Qué te parece?
Esa mañana el anciano había sentido que tocaban la puerta, al abrir vio una caja afuera de esta que decía con una letra bastante deforme "para Yurio". El mayor la abrió encontrándose con Yuuri al cual miró con ternura. El menor se explicó y Nikolai le ayudó a entrar y a instalarse bajo el árbol.
—Tú… se supone que eres un cerdo, no un gato ¿Qué pasa contigo? —le dijo en tono molesto, pero con una sonrisa en los labios, de esas que no se pueden evitar hacer. Se levantó y levantó a Yuuri por debajo de sus brazos para mirarlo con detenimiento— eres un gato gordo… me gusta —le dijo con más amabilidad y Yuuri se aferro al cuerpo del rubio para que este lo alzara bien.
—Miau —le dijo el menor logrando que el adolescente se derritiera de ternura, llegando a sonrojarse levemente.
—Mejor así a que me digas "Yurio" —le dijo mientras lo llevaba a la cocina— ¡Abuelo, necesitamos pescado para este gato! —gritó desde el lugar. Había sido una verdadera sorpresa, de verdad valoraba que el niño se hubiese esforzado por regalarle algo que le gustara.
Pasaron juntos el día de navidad, Yuri dejo que el menor se llevara una manta con estampado de tigre como obsequio de navidad y Yuuri le dijo que se acordaría de él cada vez que se fuera a dormir. El rubio debía admitir, que esta había sido una hermosa navidad.
