Yuri comenzó una relación con Otabek, aunque casi nada cambió entre ellos ya que la regla del rubio que protegía a su pequeño vecino les impedía besarse o tocarse más de la cuenta cuando Otabek visitaba la casa del ruso. Era una situación un tanto frustrante para el moreno, después de todo eran pareja, no había nada de malo en demostrarse afecto, pero él había accedido a lo que Yuri quisiera y por alguna razón, su novio creía más importante que Yuuri no se enterara de eso.
Nikolai por su parte estaba informado, si bien Otabek le parecía un buen muchacho, no creía que su nieto estuviera enamorado, aunque sí sentía atracción por él, aquello tampoco era impedimento para ser novios. Después de todo estaban en la edad de experimentar, cometer errores y aprender de ellos, solo esperaba que las caídas de su nieto no fueran demasiado fuertes ahora que comenzaba a darse con más personas o se cerraría como antes.
Yuuri por su parte estaba en una burbuja, una que Yuri armaba para él con la intención de no dañar las ilusiones de un niño pequeño. Aún si creía que los sentimientos del japonés eran debido a su inocencia e inexperiencia, no quería que el menor pensara que los estaba pisoteando de alguna manera. Los besos, abrazos y caricias tuvieron que limitarse a la escuela y a los pocos momentos que compartían en la casa de Otabek.
—Esto es molesto, Yura —le había dicho un día el moreno, mientras caminaban hacia la casa del rubio y poco antes de llegar el chico soltó su mano— no podemos seguir así, él va a enterarse alguna vez y es mejor que sea de tu boca.
—Si no te gusta puedes irte, Beka. Nadie te retiene —le habló mientras lo miraba desafiante, lo quería mucho y sentía que no podía estar lejos de él, pero no aguantaría que nadie le dijera que hacer con su vida y Yuuri era parte de ella, no de la vida de Otabek. El moreno soltó un bufido, sabía que Yuri era llevado de sus ideas y no le molestaba, pero también sabía que el menor tenía un inocente enamoramiento por el rubio y que en algún momento se daría cuenta de todo. Yuuri no era tonto, de hecho era perceptivo con muchas cosas y él con el tiempo le había agarrado aprecio a ese niño.
Entraron en la casa y esta vez fue Otabek que subió primero las escaleras, luego de saludar a Nikolai. Estaba molesto y por el momento no quería estar cerca de Yuri.
—Hola, Yuuri —saludo al menor que ya se encontraba en la habitación y parecía concentrado leyendo un libro.
—Hola, Beka —respondió con una sonrisa y dejando su lectura a un lado.
— ¿Qué lees? —Le preguntó viendo que era un libro de "Las crónicas de Narnia"— ¿No eres muy pequeño para esto? —le pregunto alzando una ceja.
—Pronto cumpliré siete, ya no soy tan pequeño —dijo inflando infantilmente sus mejillas y Otabek rio. La relación de ambos era más cercana y de alguna manera eso se sentía agradable, conversaban más a veces dejando a Yuri de lado quien se ponía celoso e interrumpía la conversación en busca de atención.
—Beka, ¿Aún te gusta Yura? —le preguntó sin mirarlo a la cara porque le daba vergüenza hablar de asuntos amorosos. Hace poco, desde la ventana de la habitación, los había visto tomados de las manos al llegar y eso le causo curiosidad. Yuri le había dicho que las personas cambiaban, tal vez eso quería decir que los sentimientos también.
—Sí, mucho —respondió con sinceridad, no había necesidad de mentirle a aquel que consideraba su amigo.
—Ustedes ¿Son novios? —cuestionó con la voz apagada y entrelazando sus dedos para distraerse jugando con ellos.
—Lo somos —le respondió, rompiendo la promesa que le había hecho a su novio. No podía mentirle a Yuuri cuando este intentaba comportarse lo más maduro que podía.
—Entiendo —respondió bajando la mirada y con el rostro triste— Beka… ¿Respetas a Yura? —preguntó nuevamente y eso enterneció el corazón del adolescente.
—Lo hago, no haré nada que Yuri no quiera —respondió con firmeza en sus palabras para que Yuuri entendiera que eran ciertas. El menor lo miro con los ojos llorosos un segundo y luego le sonrió, Otabek admiraba ese tipo de valentía, aun siendo pequeño y afrontando las cosas de esa manera. A su edad, el habría corrido del lugar como un cobarde.
Yuri entró en la habitación, rompiendo el ambiente que se había formado entre Otabek y el menor. Enseguida se dio cuenta de los ojos llorosos y frunció el ceño— ¿Qué le hiciste? —preguntó a su novio mientras se acercaba al japonés y le revolvía el cabello.
—No he hecho nada —respondió con más seriedad de la normal, aún seguía molesto con Yuri por la pequeña discusión. Aunque más que molesto, estaba dolido ya que lo había tratado como si fuera algo desechable.
—Beka no hizo nada —le respondió el menor dejando que el rubio siguiera revolviéndole el cabello— solo hablábamos de que el te respeta y que ahora son novios —habló con inocencia, no sabía que era algo que debía estar oculto para él.
Yuri detuvo la caricia para mirar fijamente al moreno, se suponía que tenían un trato y Otabek había incumplido haciendo llorar a Yuuri. Eso no estaba bien— ¿Por qué le dijiste? —estaba molesto.
—Él preguntó —respondió sin inmutarse por la forma en que su novio le hablaba.
Yuuri se sintió como en un campo de batalla, al igual que las pocas veces que sus padres discutían y el estaba escuchando. Solo que esta vez, él parecía ser el causante de la discusión.
—Aun así, lo hiciste llorar.
—No, tu eres el causante por no ser sincero —respondió poniéndose frente al rubio.
Las voces no llegaban a los gritos, pero si eran altas por lo que Nikolai subió a ver qué era lo que sucedía, encontrándose a los dos adolescentes en una discusión y a un tímido Yuuri sentado en la cama, cubriéndose los oídos y con los ojos cerrados.
—Yuuri ¿Quieres chocolate caliente? —ofreció con voz amable y estirando su mano hacia el menor quien levantó levemente su cabeza para mirar al mayor. Solo entonces los otros dos se dieron cuenta de que se habían enfrascado en una pelea por no dañar a Yuuri y al final le estaba haciendo peor.
El japonés se levantó de la cama y tomó la mano de Nikolai quien le regalo una reconfortante sonrisa, para luego mirar con desaprobación a su nieto. Amaba a Yuratchka, pero aún le quedaban cosas por aprender y él debía ser quien se las enseñara.
—Lo siento —se disculpó el infante mientras bajaban la escalera— fue mi culpa, por preguntar mucho.
—Está bien preguntar lo que no sabes —le dijo el mayor mientras lo guiaba a la cocina y hacía que se sentara en una de las sillas junto a la mesa, mientras él preparaba el chocolate— ellos son los que deben medir sus palabras.
—No puedes protegerlo del mundo, pero puedes explicarle como funciona —le dijo Otabek a su novio— él quería saber y la ventaja de Yuuri, es que no es egoísta. Él solo quiere que seas feliz, Yura.
El rubio estaba de brazos cruzados sentado sobre la cama, sabía que era su error por querer ocultar información, pero no o admitiría en voz alta— podrías haberle respondido que no.
—No iba a mentirle.
—Tsk
Llevaban apenas un mes de novios y ya tenían una discusión que tal vez acabaría con todo, Otabek no quería que las cosas quedaran así por lo que tal vez sería mejor darle su espacio al rubio para que pudiera pensar adecuadamente. Camino hacia la puerta sin decir nada, sin despedirse siquiera.
—Si sales por esa puerta, olvídate que somos novios —le dijo Yuri sin mirarlo.
—Si no vas a seguirme, no hay razón para seguirlo siendo —respondió mientras salía, él también tenía su orgullo y no dejaría que Yuri lo tratara de esa manera cuando ni siquiera estaba intentando arreglar la situación. Otabek bajó la escalera con su mochila al hombro, encontrándose con Yuuri en la sala bebiendo chocolate y Nikolai junto a él— ¿Quieres chocolate, muchacho? —preguntó con amabilidad el mayor.
—No, muchas gracias. Debo irme —respondió respetuosamente.
— ¿Ya te vas? ¿Es por mi culpa? —se preocupó Yuuri casi derramando su bebida al levantarse bruscamente.
—No es tu culpa, es culpa del otro Yuri —respondió y de inmediato se arrepintió de lo que dijo.
El japonés frunció el ceño haciendo reír a Nikolai. Otabek y Yuuri podrían ser amigos ahora, pero el menor jamás dejaría que hablaran mal de su Yuri, aunque tuvieran razón.
—Dijiste que lo querías y ahora lo dejas solo —le dijo volviendo a sentarse— entonces me preocupe por nada —habló sin mirar a Otabek— si vas a irte siempre, entonces yo estaré aquí para él.
El moreno quiso responder, pero la mirada que le dio Nikolai le dio a entender que aunque él tuviera sus razones para irse, no las tenía para discutir con un niño y eso marcaba la diferencia de ambos— ¿Aún puedo aceptar esa taza de chocolate? —preguntó derrotado. No se iría, pero tampoco volvería a la habitación.
—Por supuesto —respondió el mayor y Otabek se sentó junto a Yuuri.
Tal vez la situación era menos grave de lo que él la veía, tal vez solo debía tener más paciencia o tal vez…
— ¡Beka! —gritó mientras bajaba a toda velocidad las escaleras el chico de rubios cabellos, encontrándose a su novio tranquilamente sentado junto al menor quien le dio un sorbo a su taza cuando Yuri bajó— yo… no estuvo bien lo que dije —habló avergonzado.
El asunto entre la pareja se arregló tras una conversación calmada entre ambos, Otabek había hecho bien al ser paciente y esperar, Yuuri había tenido razón. No iban a separarse todavía, pero Yuuri se sentía tranquilo de alguna manera. "las personas cambian" le había dicho Yuri, así que como los sentimientos de su rubio vecino habían cambiado ahora, podrían hacerlo en un futuro. Aun le debía un beso, así que solo esperaría a crecer lo suficiente.
Continuará…
