Yuuri ya casi tenía nueve años y el día de san Valentin se acercaba, estaba decidido a darle chocolates a sus amigos y persona amada por lo que le pidió a su madre que lo llevara a comprar moldes y que le enseñara a hacer chocolate casero. Hiroko por supuesto que accedió, le pareció una buena idea que su hijo hiciera algo así para sus amigos, si así se sentía bien. Además aprovecharía para hacerle también a su esposo.
El pequeño japonés sabía que en Japón era tradición dar chocolates hechos a mano, así que tenía muchas ganas de hacerlo de esa manera este año y así lo haría. Hiroko vio como su hijo elegía cinco moldes distintos para hacer: de corazón, de caniche, de hámster, de oso y de gato. Yuuri estaba seguro de que a todos les gustaría mucho.
El hacerlos fue un poco complicado ya que era la primera vez del menor, pero con ayuda de su madre logró que salieran como quería. Estaba feliz con el resultado y usando materiales que tenía en casa confeccionó cajitas para cada uno. Verde para Phichit, azul para Víctor, negra para Otabek y amarillo para Yuri. En cada cajita puso chocolates distintos: en la verde puso los de hámster puesto que sabía que su amigo tenía muchos en casa, en la azul puso los de caniche, en la negra los osos y en la amarilla los gatos. Sabía de memoria que a Yura le encantaban los felinos, pero además de eso decidió agregar unos cuantos con forma de corazón, con la intención de demostrar su amor hacia él.
Puso todas las cajitas sobre una mesa y sin tapa para ver como habían quedado, observo la azul un rato antes de decidirse. Sonrojado tomo dos corazones de chocolate y los puso en la caja azul, se sentía algo traicionero con Yuri al hacer aquello, pero también su corazón sentía que era adecuado. Volvió a observar las cajas y tomo todos los corazones que quedaban para ponerlos en la caja amarilla, como si eso compensara lo que había hecho. Su madre lo observaba y reía para sí misma, su hijo tenía problemas más grandes que él mismo o por lo menos él los veía más grandes de lo que eran. Negó con la cabeza y observó como el chico cerraba las cajas, costándole un poco la amarilla ya que estaba muy llena.
Yuuri guardo todo en el refrigerador y al día siguiente llevó a la escuela los de Phichit y Víctor, dándoselos en el receso.
—Gracias, Yuuri —dijo alegre Phichit mientras sacaba su celular y le tomaba fotos a la caja, para luego abrirla y fotografiar su interior— ¡Son hámster! Qué lindo —se emocionó el moreno.
—Gracias, Kobuta-chan —le dijo Víctor y beso su mejilla para luego darle una tarjeta con forma de corazón— amazing! —Exclamo el platinado al ver los caniches y corazones en el interior de su caja— ¿Los hiciste tú? —Yuuri asintió y el corazón de Víctor latió con fuerza.
— ¿A ver? —Se asomo Phichit para luego tomar una foto de la caja de Víctor— ¡Ah! Nikiforov también tiene corazones ¿Por qué yo no, Yuuri? ¿Por qué? —se quejó el moreno fingiendo tristeza al hacer un puchero.
Yuuri sintió su rostro enrojecer al sentir la mirada de Víctor sobre él y sentirse tan expuesto— fue sin querer —respondió Yuuri avergonzado y el platinado quedó decepcionado.
La hora de la salida llegó rápido, muchos chicos llevaban tarjeras de san Valentin puesto que eso era lo que se acostumbraba en ese país. Yuuri estaba feliz de tener en su mochila una de parte de Víctor, hecha por él mismo. Con esa felicidad iba saliendo cuando se encontró con Yuri esperando por él afuera de la escuela, sintió su pequeño corazón latir con fuerza y su cara sonrojarse demasiado.
—Al fin sales —le dijo el rubio con rostro molesto— ¿Recibiste muchas tarjetas? —preguntó en tono burlón y Yuuri negó con la cabeza rogando que Yuri no preguntara mas, no quería mostrarle que Víctor le había dado una— bien, ten entonces —le dijo el rubio y se agacho para darle un beso en la mejilla al niño luego de asegurarse que nadie miraba en esa dirección.
Yuri saco la mano que tenía escondida tras su espalda y dejó ver una rosa blanca— ¿Para mí? —preguntó Yuuri confundido, nunca le habían dado flores.
—Sí. Feliz día del amor y la amistad, cerdo —respondió levantándose de su lugar. Yuri había pensado en comprarle algo al menor, pero se había arrepentido de sus pensamientos tontos. Aquel día Hiroko le pidió que fuera a buscar a Yuuri a la escuela y le dijo como secreto que su hijo le había hecho chocolates caseros, fue entonces cuando Yuri retomo la idea de un regalo y fue a una florería por una rosa y le dijeron que llevara una blanca porque denotaba pureza e inocencia. El problema es que se fue antes de escuchar el resto del significado, las rosas blancas son significado de amor eterno y un futuro solido, por eso las novias a veces las llevan en sus ramos.
Yuuri se puso aun más rojo si era posible, abrazó la flor contra su cuerpo y sonrió feliz. Sentía como su corazón se aceleraba demasiado— muchas gracias, Yura —murmuró contento para luego tomar la mano del mayor e irse a casa. Quería llegar pronto y darle aquellos chocolates que con tanto esfuerzo había preparado para su primer amor.
Apenas llegaron le pidió al rubio que lo esperara y corrió dentro de su casa para tomar los chocolates y dárselos a Yuri— aquí, mi regalo —le dijo el azabache— si los aceptas, es porque aceptas mis sentimientos —le dijo con firmeza, puesto que eso era lo que significaba en Japón y quería que el rubio lo supiera.
Yuri iba a tomarlos hasta que escucho lo que dijo el azabache, se sintió contrariado, era un adulto y el otro un niño. No estaba bien, pero tampoco quería rechazar el regalo— Yuuri…
—Solo significa que los aceptas, no quiere decir que los correspondas —le dijo con los ojos cerrados y extendiendo su mano con la caja en ella.
Yuri suspiro y recibió el obsequio— gracias —le dijo y volvió a besar la mejilla del menor— Yuuri, te quiero —le dijo al oído para luego excusarse que tenía cosas que hacer y retirarse. No sabía porque había dicho aquello, estaba mal, estaba confundiendo al menor. Se estaba confundiendo el mismo… aquello era peligroso.
Yuuri durmió feliz esa noche, había recibido una rosa, una tarjeta, dos besos de Yuri y un "te quiero". Atesoraría ese recuerdo por siempre. En unos años más volvería a hacer chocolates y esa vez sí que le diría a Yura que si los aceptaba debía corresponder sus sentimientos, por ahora debía esperar a crecer.
