Después de dejarle en claro a la madre de Víctor sus gustos, la mujer no volvió a preguntar sobre ello y solo se centró en hablar sobre los estudios del chico y preguntarle sobre su familia. La señora Nikiforov no era homofóbica, pero tampoco era del tipo de persona que congraciara con los homosexuales, podía tolerarlos si estaban fuera de su círculo familiar, pero moriría si su hijo o algún pariente cercano terminaba siguiendo esos pasos. Para su suerte, Víctor era un chico que atraía la atención de muchas niñas en la escuela y eso se notaba cuando iba a recogerlo, las miradas de esas chicas siempre estaban puestas sobre su hermoso hijo.
Yuri vio la hora luego de seguir con su charla, dándose cuenta de que lo mejor era irse pronto puesto que no disponían de vehículo propio para trasladarse. Se disculpó con la "amable" señora y fue en búsqueda de su cerdo, ya era hora de devolverlo al corral, fue lo que pensó divertido. Al caminar por un pasillo pudo escuchar el sonido de un piano, alguien tocaba bastante bien y ese alguien debía ser el platinado, así que sin pensarlo mucho se acercó a una habitación, guiado por la armoniosa melodía y notando como Yuuri parecía disfrutar de la música mientras Víctor movía sus dedos hábilmente por las teclas.
El rubio se dijo a si mismo que dejaría que la melodía terminara para avisarle a Yuuri que debían retirarse, pero grande fue su sorpresa al ver como Víctor tenía otras intenciones al parecer. "Mocoso aprovechado" fue lo que Yuri pensó al instante y a pasó rápido, pero silencioso; acercándose al par de chicos, tomado rápidamente a Yuuri del rostro para que volteara a verlo y así evitar lo que seguramente el platinado quería hacer. Las intenciones del adolescente eran claras para el rubio, después de todo acercaba su rostro lentamente al del azabache quien permanecía con los ojos cerrados.
—Nos vamos —habló con tranquilidad aunque por dentro quería tomar a su vecino y llevárselo casi corriendo— ya se hizo tarde, Yuuri —volvió a hablarle mientras veía de reojo como el azabache abría los ojos algo sorprendido por verlo ahí. Los ojos verdes de Yuri desafiaron a los azules del platinado, no le importaba si era menor, no dejaría que hiciera algo que a Yuuri no le gustara. "Yura, yo te respeto" fue la frase que se le vino a la mente mientras se paraba y Yuuri hacía lo mismo para que se marcharan, entendió mejor aquellas palabras y la preocupación de un Yuuri dos años menor cuando vio que Otabek lo besaba sin permiso.
— ¿Se van tan pronto? —preguntó Víctor también levantándose del banquillo.
— ¿Para qué quieres más tiempo? —le dijo Yuri al adolescente y este lo ignoro. A Víctor no le importaba el rubio, él no era padre de Yuuri, ni siquiera un familiar, así que para él no era alguien que impusiera autoridad.
—Yuuri, pregúntale a tu mamá para que pueda enseñarte a tocar —le dijo al azabache y este asintió entusiasmado, cosa que al rubio no le gusto mucho— si no tienes quien te traiga, puedo hablar con mi mamá y te vamos a buscar en el auto —le propuso con la intención de sacar de la ecuación a Yuri.
—No, está bien —respondió el azabache— Yura dijo que podía traerme cuando quisiera —habló animado y miró al rubio con una sonrisa alegre, este le devolvió el gesto, aliviado de que no aceptara aquella oferta. Ni siquiera sabía porque se sentía más tranquilo así.
Los menores se despidieron, como siempre Víctor besó la mejilla de Yuuri y la madre de este hizo lo mismo con el menor y el rubio. Para la señora Nikiforov, la actitud de su hijo para con el japonés era normal, después de todo Víctor siempre quiso un hermano menor y de seguro por ello quería tanto a ese niño. Ella no quería tener más hijos, así que se sentía aliviada de que Víctor hubiese encontrado a un niño en el cual reflejar ese anhelo.
Los Yuris se retiraron del lugar y en el camino a casa el azabache no pudo evitar hablar todo el tiempo, contándole a Yuri todo lo que había hecho con Víctor, a todo lo que habían jugado y lo mucho que le había gustado el sonido del piano. También expresó sus ganas por aprender a tocar aquel instrumento y también su entusiasmo porque Yuri lo escuchara tocar.
El rubio llevó de la mano todo el tiempo a su vecino, necesitaba ese tipo de contacto con el menor, sentirlo seguro y aferrado a él de alguna manera. Por su mente solo pasaba la idea de que ese Víctor quería algo con Yuuri y eso no le agradaba, el japonés aún era muy pequeño para besos, tal vez más adelante— no, tampoco —murmuró.
— ¿No qué? —preguntó Yuuri intrigado y ahí el rubio se dio cuenta de que había hablado en voz alta.
—Nada —respondió al instante y algo sonrojado por sus ganas de privar a Yuuri del contacto con otras personas. Algún día aquello que no quería aceptar pasaría, él lo sabía, pero prefería negarlo por ahora, aquel niño era su Yuuri, el niño que estaba enamorado de él, el vecino molesto y el único por el cual se preocupaba constantemente aparte de su abuelo. Hablaría con Víctor a solas, buscaría el momento y le dejaría las cosas claras, después de todo él era un adulto y si le hablaba, este tendría que escucharlo.
Los días pasaron y Yuuri no paraba de hablar de Víctor, hasta su madre estaba sorprendida de escuchar a su hijo hablar tanto de alguien que no fueran Yuri u Otabek. Hiroko estaba feliz de que su pequeño encontrara a alguien más cercano a su edad para compartir, si bien no le molestaba la relación que mantenía con el vecino, pensaba que su hijo necesitaba de niños de su edad como ese chico llamado Phichit y ahora Víctor.
—Por supuesto que puedes ir a aprender, Yuu —respondió la mujer cuando su hijo le preguntó entusiasmado.
Yuuri estaba feliz, todos los días en la escuela se habían vuelto mucho más agradables al tener ahora dos amigos. Phichit constantemente le decía a Yuuri que parecía enamorado de Víctor, pero el azabache lo negaba de inmediato, convenciendo al moreno de que en realidad solo tenía ojos para Yura. Convenciéndose de que el sentimiento ya conocido era mejor que el que estaba naciendo en él ahora.
Víctor compartía con los dos menores a veces y otras compartía con sus propios compañeros, Yuuri a veces notaba como las chicas de la edad del platinado se acercaban a él para que les enseñara algo que no entendían y por supuesto que el de ojos azules las ayudaba, era un buen chico después de todo. También se había topado con el chico serio, aquel del cual Yuuri olvidaba su nombre constantemente porque no le interesaba realmente.
—Su nombre es Seung —le repetía Phichit cada vez que Yuuri lo nombraba como "el chico serio" o "el chico malhumorado".
—Bueno, es igual —le respondía el japonés.
Los días pasaban y se acercaba la fecha en que Yuuri comenzaría a ir a la casa de Víctor para tomar clases de piano con él. Estaba muy emocionado, Yuri lo había llevado como la vez anterior, pero en esta ocasión la madre del platinado no se encontraba ya que tuvo una junta con sus amigas. Víctor les abrió la puerta, se encontraba solo en casa, pero ya era un chico grande, con doce años podía ser un buen anfitrión así que les ofreció a sus invitados algo de beber y puso bocadillos en recipientes para que compartieran.
El momento que Yuri estaba esperando llegó más rápido de lo que pensaba, Yuuri tuvo que ir al baño dejándolo a solas con Víctor. La instancia perfecta para hablarle claro a ese mocoso y que entendiera bien que no podía hacer lo que quería cuando quería.
—Oye, mocoso —le habló de manera hostil, no estaba el japonés por lo que no había necesidad de fingir amabilidad cuando estaba seguro de que el adolescente sabía que no le caía bien y viceversa.
—Mi nombre es Víctor, señor —recalcó la última palabra, indicándole al rubio que era mayor.
—Tsk, como sea. Escucha bien esto, porque solo lo diré una vez —los ojos azules del chico lo miraron fijamente a la espera de sus palabras, Yuri estaba seguro que el menor intentaba intimidarlo de alguna manera, pero él no dejaría que eso sucediera—Yuuri aún es un niño, más te vale no intentar nada como lo del otro día.
— ¿Qué cosa del otro día? —preguntó el platinado fingiendo inocencia y sonriendo.
—Tú sabes a que me refiero ¿O es que quieres que tu madre lo sepa también? —Yuri sabía que eso era jugar sucio, pero no le importaba, había decidido que si era Yuuri quien daba el primer paso lo dejaría pasar, pero no admitiría que alguien le robara un beso.
Víctor abrió mucho sus ojos, sorprendido por la clara amenaza de Yuri. El platinado tenía claro los pensamientos de su madre ante esa clase de comportamientos, si bien antes no le importaba porque nunca sintió interés por nadie en especifico, ahora aquello era un problema, más cuando él mismo notaba que dentro suyo crecían las ganas por mantener cerca a Yuuri.
—Eso no volverá a suceder, Yuuri es un chico y yo también —respondió consciente de que estaba mintiéndose a sí mismo, pero prefería eso a ser expuesto ante su progenitora. Amaba a su madre y no toleraría que esta lo mirara con desprecio.
—Bien —respondió Yuri. Por un momento el rubio se sintió mal al ver la expresión de Víctor, un chico que no podía hablar con su familia claramente sobre sus preferencias era algo que no le deseaba a nadie. Él mismo siempre tuvo apoyo de su abuelo y su padre jamás estaba enterado de nada, tampoco era como si le importara su opinión— mira, solo espera a que sepa lo que hace y no me entrometeré más —decidió aclarar, sintiendo la boca amarga luego de decir aquello.
—Como si pudieras —dijo el platinado con sarcasmo justo antes de que Yuuri apareciera en la sala.
—¿Ya me vas a enseñar? —preguntó entusiasmado el azabache y Víctor asintió con la cabeza para luego llevarse a Yuuri de la mano hacia la habitación que tenía el piano. Yuri se quedó en la sala, no quería ser una distracción para el japonés, sabía que este se pondría nervioso.
Yuuri parecía un aprendiz rápido, Víctor logró enseñarle un par de cosas antes que la hora de que este se fuera llegara. Por supuesto que el tocar aquel instrumento dependía mucho de la práctica, lo cual para Yuuri sería complicado al no disponer de un piano en casa, pero Víctor esperaba que aunque fueran pocas las veces que asistiera a su casa, este pudiera aprender algo.
Cuando llegó la hora de irse, Víctor se despidió con un beso en la mejilla de Yuuri y luego estiró su mano para estrechar la del rubio. Era su manera de decirle que por el momento había una tregua entre ambos, Víctor estaba de acuerdo en que Yuuri debía crecer aún y quien sabía, tal vez y los sentimientos del platinado cambiaban con la espera.
Continuará…
