Cuatro años después…
Cuatro años era mucho y bastantes cosas podían cambiar en esa cantidad de tiempo, como la estatura, la madurez y el nivel educacional. Al parecer los años lograban acrecentar unas cosas y disminuir otras, como la inocencia y la imaginación a la hora de jugar. Yuuri Katsuki de doce años ya era un preadolescente, uno que ya no creia en santa Claus, que ya no jugaba tanto a correr en los recesos, que tenía sus propios secretos bajo el colchón, que ahora pensaba con más claridad sobre lo que era una relación amorosa y que mantenía sus sentimientos por el vecino intactos. Aún después de cuatro años y de que su cuerpo hubiese cambiado, su rutina diaria seguía siendo la misma.
— ¿Otra vez aquí? ¿Es que acaso tus amigos no te soportan? —preguntaba un cansado rubio que había tenido un molesto periodo de exámenes en la universidad, solo quería llegar a casa y dormir. Todo el camino fue pensando en cómo sería el tirarse a su cama y descansar, cosa que no podría hacer si no encontraba a Yuuri como siempre ahí, aunque fingiría que no tenía ganas de verlo porque sabía que el chico se privaba de juntarse con otros después de la escuela solo por venir junto a él.
—Mis amigos me aman, Yura —respondió el menor— y tú también —le dijo mientras intentaba mantener su rostro serio. Phichit le había dicho que debía comenzar a mostrarse más seguro de sí mismo si quería atraer a un adulto y eso es lo que haría.
— ¿Yo también? —preguntó el de ojos verdes mientras alzaba una ceja. Podía ver como el azabache intentaba parecer algo que lejos estaba de ser, quería reírse, pero prefería aparentar estar molesto. Este juego donde Yuuri intentaba usar distintas tácticas para conseguir "quien sabe que", se le hacía gracioso y tierno— déjame decirte, pequeño cerdo… —se acercó lentamente a Yuuri quien estaba de pie junto a su escritorio, lo tomó del mentón para alzar su rostro y mirarlo fijamente a los ojos. El chico mantenía su expresión segura aunque por dentro estaba muy nervioso ¿Habría funcionado?— yo te adoro, pero esto no funcionara —rio levemente y lo soltó para después alejarse y comenzar a quitarse los zapatos para poder descansar— ya puedes respirar, Yuuri —comentó y el chico soltó todo el aire de sus pulmones mientras permanecía serio, pero con el rostro completamente rojo.
— ¡Yura! Eres muy cruel —reclamó para luego tirarse de cara a la cama para ocultar su fuerte sonrojo, algo que no lograba ya que sus orejas estaban del mismo color.
— ¡Hey! Es mi cama y quiero dormir —le dijo mientras con el pie corría al azabache y lo hacía rodar hacia un costado del colchón— dame espacio, cerdo. Ocupas toda la cama —cuando su lado estuvo libre, se acostó de lado para que ambos quedaran bien. Yuuri había crecido mucho y ya casi no cabían en la cama, tal vez debería comprar una más grande… ¿Qué rayos estaba pensando? El chico debía irse a su casa, esa era una mejor opción.
— ¿Co- como te fue hoy? —le preguntó el japonés y Yuri cerró sus ojos por el cansancio.
—Bien, creo que por lo menos aprobaré con la nota mínima —respondió mientras intentaba no quedarse dormido para darle un poco más de atención al menor.
—Eso no está bien, Yura. Deberías pasar con la calificación más alta —lo regañó, él sabía que el rubio era muy inteligente, además de guapo. Yuri era perfecto y él tenía un grave problema de amor no correspondido.
—Sí, si. ¿Cómo estuvo la escuela? ese… Víctor —al nombrarlo hizo una mueca de asco que provocó que Yuuri riera levemente— ¿Te estuvo acosando de nuevo? —no era que el platinado realmente acosara a Yuuri, solamente se le acercaba constantemente a abrazarlo y darle la mano como si tuviera algún derecho. Para ese entonces, Yuuri ya iba solo a la casa de Víctor así como a la casa de Phichit. También un par de veces aquellos chicos habían venido a la casa de Yuuri al igual que otros nuevos amigos como un chico chino, unos hermanos que parecían ser muy unidos y un rubio que se veía bastante depravado y le daba poca confianza a Yuri.
—Él no me acosa. Vitya es muy bueno conmigo, ya lo sabes —respondió algo molesto, no entendía porque Yuri y Víctor no se llevaban bien, el platinado era muy educado y el rubio era un adulto, pero parecía que ninguno soportaba al otro.
—Bien —fue lo último que dijo y se dio vuelta dándole la espalda a Yuuri. Este se acercó y lo abrazó por la espalda— hace calor, me sofocas.
—Pero si no lo hago, no te duermes —en los últimos días Yuri había tenido la costumbre de dormir junto al japonés, era como si la presencia de este lo relajara luego de los exámenes. Un día Yuuri llegó más tarde de lo usual y el rubio había dado vueltas por la cama intentando encontrar comodidad, pero cuando el azabache llegó y se acostó junto a él, el sueño llegó de inmediato.
Yuri no le respondió, se había quedado dormido al instante en que los brazos del menor se afianzaron a su cintura. Yuuri le daba tranquilidad, debía ser por su personalidad calma.
— ¿Vienes a mi casa hoy? —preguntó Víctor a Yuuri cuando habían terminado las clases de ese día. El platinado ya tenía dieciséis, era todo un adolescente y por supuesto que se notaba la diferencia de edad con el japonés. El chico seguía pareciéndole lindo, las ganas de mantenerlo cerca seguían ahí y el tocarlo seguía siendo su mayor afición.
—No puedo, Yura tenía examen. Hoy era el último —respondió el menor mientras le daba una sonrisa un poco triste a Víctor, le gustaba pasar tiempo con él, pero si tenía que elegir entre él y Yuri, escogería al rubio. Siempre sería Yura.
—Un adulto que depende de un niño… creo que no da mucha confianza —le dijo Víctor con el rostro serio, Yuuri ya le había comentado que el de ojos verdes no podía dormir si no estaba a su lado. Eso no le agradaba para nada.
—Bueno, será su novio algún día —habló Phichit tras ellos y pasando un brazo por sobre los hombros de Yuuri— lo siento por ti, Nikiforov —molestó al platinado.
—Phi- Phichit —se avergonzó Yuuri al instante por aquellas palabras. Decirlas cuando era más pequeño no le parecía tan malo, pero ahora que había crecido, sentía que tenían mucho peso y no para él, sino para Yuri. Todos pensarían mal de Yuri si alguien escuchaba aquello.
—Pero si es la verdad —comentó encogiéndose de hombros.
— ¿Qué es "la verdad"? —preguntó un Seung aún más serio que cuando tenía doce. Ahora con dieciséis parecía más adulto, la diferencia era que se juntaba seguido con Víctor, Yuuri y Phichit.
—"La verdad" es que a Chulanont le gustas y mucho —se apresuró a decir Víctor con malicia, solo para fastidiar al moreno, pero vio con molestia como el chico ni siquiera se inmutaba.
—Él ya lo sabe. Se lo digo todo el tiempo, pero no quiere darme una oportunidad —aclaró Phichit mientras tomaba su teléfono y se colgaba del brazo de Seung, quien era más alto, para tomarse una selfie junto a él— sonríe —aquello era algo habitual y el chico ya se había acostumbrado, si accedía a eso, el moreno lo dejaba en paz un rato.
Yuuri siguió caminando sin mirar a sus amigos, Phichit era el más cercano así que era obvio que él ya sabía sobre los sentimientos que el moreno estaba teniendo por Seung. Por su parte, Víctor no sabía que más decir, quería fastidiar al amigo de Yuuri, pero no le resultó como esperaba. Se despidieron todos en la entrada, como siempre Víctor beso la mejilla de Yuuri causándole un leve rubor en sus mejillas. Doce no era una edad donde alguien no pudiera dar su primer beso ¿O sí? Era lo que el platinado se preguntaba mientras veía al japonés alejarse por su propio camino, tal vez podría robarle uno algún día y ver su reacción.
Phichit se fue a su casa junto a Seung, ambos iban en la misma dirección así que les servía la misma locomoción. Al ruso lo seguía yendo a buscar su madre, fin de semana por medio Yuuri venía a su casa para practicar piano, se había vuelto bastante bueno en ello y ahora incluso podían tocar juntos.
Yuuri se fue todo el camino de regreso pensando en lo que había dicho Phichit, el moreno siempre le decía que Víctor sentía algo por él, pero el japonés no podía creerle aquello. Había visto al platinado coquetear con una u otra chica por ahí, aunque el moreno solo le decía que el platinado debía ser educado y eso no era que en verdad quisiera ser amable con ellas. Yuuri simplemente no quería creer aquello, si llegaba a hacerlo significaría tener que confrontar la atracción que sentía por Víctor y no quería eso. El azabache no quería abrir los ojos y darse cuenta que era una mejor opción estar con Víctor que esperar a ser grande e intentar tener algo con Yuri, ahora sabía que lo segundo sonaba demasiado utópico y que de seguro para cuando él fuera adulto, el rubio ya tendría una pareja estable.
Dio un suspiro unos pasos antes de llegar a casa— ¿Pareces cansado? —Habló Otabek tras él mientras le quitaba la mochila para cargarla— ¿Está todo bien? —le preguntó algo preocupado.
Yuuri sonrió al ver quien era— todo bien, Beka —respondió mientras avanzaban juntos. Últimamente se veían poco con Otabek, ya que este tenía sus propios amigos y sus quehaceres— ¿Cómo te ha ido a ti?
—Bien, ya terminamos los exámenes y quise pasar a verlos.
—Ah… te acordaste que existíamos —respondió haciendo un leve puchero que a Otabek le hizo gracia.
—Siempre me acuerdo de ustedes, pero no siempre puedo venir —respondió mientras le revolvía el cabello a Yuuri.
—Existe el teléfono ¿Sabías? —Yuri apareció frente a ellos, había llegado antes a casa y salió para ver si Yuuri llegaba pronto. Quería dormir.
Otabek rodó los ojos, cada vez que venía a visitarlos pasaba esto. Era como tener dos novios celosos y controladores, los Yuris juntos eran un dolor de cabeza muy lindo, uno que adoraba tener una vez al mes y por eso los seguía visitando.
Entraron todos en la casa, Yuuri corrió a saludar a Nikolai con un abrazo que el anciano recibió gustoso. Otabek le estrechó la mano y el gesto fue inmediatamente correspondido— parece que tendré que hacer más piroshkis —le dijo a su nieto cuando lo vio entrar.
—No es necesario, porque no les daré nada —respondió el rubio y Nikolai rio por la actitud egoísta de aquel a quien aún veía como un niño.
—Tal vez a ti no te de nada, Yuratchka. Por ser egoísta —respondió el mayor y pudo escuchar al rubio quejarse mientras hablaba de traición al ir a su habitación tras los dos azabaches.
Yuri quería dormir, pero Otabek estaba aquí y no podría porque no cabían los tres en la cama… negó con la cabeza para sacar sus pensamientos. Aunque la cama fuera más grande, no dormirían los tres, no quería a Otabek cerca de Yuuri y de seguro Yuuri no querría a Otabek cerca del rubio. El moreno se sentó en la silla junto al escritorio mientras los Yuris tomaban lugar en la cama. Conversaron por un rato para ponerse al día entre los tres, había mucho de qué hablar, muchas cosas sobre las que descargarse y quejarse. Nikolai les trajo refrescos y botanas para pasar el rato, a lo que los jóvenes estuvieron muy agradecidos aunque para Otabek y Yuri hubiese sido ideal beber una cerveza, lo malo es que estaba Yuuri y no querían beber frente a él.
—Yura, en unos meses más tendrás que hacer prácticas ¿Cierto? —pregunto al rubio y este asintió con la cabeza— si no tienes donde, un tío necesita personas en práctica para lo que estas estudiando. El problema es que está en otro estado.
—Pero eso quedaría muy lejos —respondió el rubio.
—Lo sé, pero tendrías donde quedarte y sería solo por el periodo de práctica. Podrías volver los fines de semana.
Yuuri escuchó la conversación con atención, si había entendido bien, Yuri se iría a vivir a otro lugar en unos meses más. En pocas palabras se alejaría de él por un tiempo. Por alguna razón se le quitaron las ganas de comer, incluso de decir algo.
Continuará…
