Yuuri ¿Qué ocurre? —la voz de Phichit lo trajo al presente, los últimos días habían sido como si su mente se hubiese quedado pegada en el momento en que la realidad lo golpeó de repente. Cuando supo que Yuri era lo suficientemente adulto como para irse por días y vivir una vida lejos de él. "estúpido Beka", fue lo que pensó y se sintió mal por ello, porque adoraba a Otabek y sabía que este solo estaba intentando ayudar a Yuri.

Lo siento, Phi. Estaba distraído —respondió sin tener ganas de hablar realmente. Estaban en el primer receso, sentados en una de las bancas del patio mientras miraban a los otros chicos jugar o pelearse.

Sabes que puedes hablar conmigo de lo que sea ¿Verdad? —Yuuri asintió con la cabeza, pero sin mirar a su amigo— entonces hazlo cuando te sientas listo.

Phichit sabía que su mejor amigo era algo retraído en ocasiones, que callaba cosas para no molestar y que constantemente tenía que recordarle que siempre estaría ahí para él. Esta no era la excepción, intuía que el problema tendría algo que ver con ese chico rubio, porque con Víctor todo parecía normal. No le quedaba de otra que esperar y seguir reiterando sus palabras, que siempre estaría ahí para él.

¡Yuuri! —el japonés se sorprendió al escuchar la voz de Víctor tan cerca, no alcanzó a reaccionar antes de tener los brazos del joven envolviendo su cuerpo desde atrás— ¿Qué ocurre? Te ves hermosamente deprimido.

Solo está cansado —respondió Phichit salvando a su amigo, recibiendo una pequeña sonrisa de agradecimiento.

¿No dormiste bien? ¿Estás enfermo? ¿Es por mí? —preguntó el platinado logrado que el japonés riera por lo último. La verdad es que no sabía qué haría si no tuviese amigos.

Dormí bien, no estoy enfermo y no me cansas, Vitya —respondió aclarando todos los puntos. Aún lo ponía nervioso la cercanía con el de ojos azules, pero en cierto modo había aprendido a controlarlo para que no se notara tanto.

Víctor no sabía porque Yuuri no hablaba con él, el fin de semana había cancelado su junta para tocar el piano y eso lo puso triste. Algo le pasaba y quería saber que era, dudaba que tuviera problemas con sus padres y suponía que solo había una persona capaz de cambiar el estado de ánimo del azabache. El vecino molesto de Yuuri.

Olvídate de él —le susurro al oído sintiendo como el menor se tensaba entre sus brazos— solo quédate conmigo, Yuuri.

El japonés se sintió expuesto, al parecer era evidente para todos el hecho de que estaba distraído por Yuri, peor aún era que en ese momento lo último que quería era que Víctor se le apegara más. Quería a Yuri, necesitaba aprovechar de pasar tiempo con él ¿Qué hacía en la escuela? Debería haber fingido estar enfermo e ir junto a su vecino, junto a su primer amor.

Yuuri se deshizo con cuidado de los brazos del palatinado y se levantó—lo siento, necesito ir a la enfermería. No me siento bien —se disculpó con todos y apuró su paso, no quería que sus amigos lo siguieran porque no quería hacerlos parte de su mentira.

Phichit detuvo a Víctor antes de que fuera tras Yuuri, si el japonés estaba fingiendo debía ser por algo y era mejor dejarlo hacer las cosas a su manera. Si necesitaba ayuda se las pediría o lo obligaría a pedirla, podía ser muy persuasivo si la situación lo ameritaba.

Ir a otro estado no era una decisión fácil, volvería para los fines de semana, pero eso significaba dejar a su abuelo solo durante toda la semana. Dejar a Yuuri solo durante toda la semana, dejar de verlo cada tarde ¿Qué haría Yuuri sin él? ¿Qué haría él sin Yuuri?

Que estupidez —murmuró mientras terminaba de enviar un correo donde Otabek le había indicado, con su información personal para que pudiera hacer sus prácticas. Se había detenido justo antes de apretar "enviar", solo para pensar nuevamente y por décima vez en los pros y contras de la situación, decidiendo finalmente hacerlo. No podía limitarse por otros, el hacer las cosas como se debía significaba que podría obtener un trabajo con buen sueldo pronto y con ello llevarse a su abuelo a vivir con él, donde su padre no estuviera presente o por lo menos donde no tuviera voz ni voto en su vida.

Releyó el correo y se reprendió mentalmente por no haberlo hecho antes, tenía un par de faltas ortográficas, pero ya estaba enviado y nada podía hacerse. Ahora solo quedaba esperar que le avisaran cuando podía comenzar para arreglar sus cosas, ya lo había conversado con Nikolai y este se había alegrado de que tuviera una oportunidad tan pronto.

Yuri se tiró en su cama, tenía tiempo antes de que el cerdo llegara a fastidiar, tal vez podría dormir un rato. Cerró los ojos, se acomodo de la manera que más le gustaba y se dejó ir por el sueño. No supo cuánto durmió, solo que su celular sonó y lo contestó entre dormido y despierto, aunque se desperezó enseguida al escuchar lo que decía la mujer al otro lado del teléfono.

Disculpe ¿Es usted el niñero de Yuuri Katsuki? —preguntó la persona y el rubio frunció el ceño, de seguro Yuuri pidió que lo llamaran a él.

Sí —respondió solo para no dejar al niño de mentiroso. Tal vez había roto algún vidrio o algo y no quería que sus padres se enteraran.

El joven Katsuki se encuentra un poco enfermo ¿Habría la posibilidad de que viniera a retirarlo?

Yuri rio dentro de sí, entonces el chico astuto quería que lo fuera a sacar antes de clases. Jamás se imaginó a Yuuri mintiendo tan descaradamente y no era que le gustara, pero le hacía gracia ya que era algo muy infantil. Era obvio que no era para ir a otro lugar, porque estaba claro de que si Yuri iba por él, no lo dejaría escaparse a ningún otro sitio.

Voy enseguida —respondió y corto y para luego ir a lavarse el rostro, cambiarse de ropa e ir por su cerdo.

No tardó en llegar, el chico realmente se veía pálido, tal vez estaba realmente enfermo. Firmó unos papeles y retiró al chico, luego de eso caminaron un rato en silencio. Yuuri realmente parecía metido en sus propios pensamientos.

¡Hey! ¿Qué te ocurre? ¿Dormiste bien? ¿Estás enfermo? —le preguntó al menor mientras se tomaba la libertad de poner una mano sobre la frente ajena para corroborar que no tuviese fiebre.

"¿Es por mi?", fueron las palabras que se le vinieron a la mente, pero esa pregunta no fue formulada por Yuri, sino por Víctor cuando estaban en el receso. Si hubiese sido Yuri, podría responder que sí, que era por él, que era su culpa que se sintiera de esa manera, tan triste.

No pasa nada —murmuro molesto y sin saber por qué. Aparto la mano de su frente y comenzó a caminar.

¡Oye, tú! Cerdo —se exaltó por la actitud del menor, lo tomó del brazo para que este no siguiera caminando— haces que venga por ti, lo hago y te pones así ¿Es en serio? —Yuuri no volteó a verlo, no quería mirar a Yuri a los ojos— mírame cuando te hablo, eres un mocoso malagradecido —le dijo enojado.

¡Es tu culpa! —respondió enojado. Estaba molesto con el mundo porque Yuri se iría y no podía hacer nada para impedirlo; estaba molesto con Otabek por aquella propuesta y con Yuri por aceptarla— vas a dejarme solo. Eres una mala persona, Yura —de la nada rompió en llanto, sacando todo lo que tenía adentro desde hace un par de días, aquello que se había guardado para él.

El rubio se quedo sorprendido por la escena, además de que Yuuri le gritaba, la gente comenzaba a observarlos y eso no era bueno.

Tsk, vamos por allá —arrastró al japonés del brazo a un lugar un poco más apartado, ya no podía levantarlo en sus brazos como cuando era un niño. Ahora Yuuri era mucho más alto que en ese entonces, aunque aún le faltaba por crecer.

Ninguno sabía que más decir, Yuuri comenzaba a avergonzarse por su arrebato, así que dejaba que sus lágrimas salieran silenciosas mientras pensaba en una manera de disculparse por la escena. Yuri quería abrazarlo, decirle que se verían los fines de semana y que no sufriera por algo que podía solucionarse con llamadas. Que lo que él veía tan grave a su edad, en realidad no lo era, pero no hizo nada de eso. El rubio no quería ser apartado de nuevo, estaba enojado y dolido en cierto modo, tan infantil como siempre.

Lo siento, yo… no sé qué pasó —se atrevió a decir el azabache mientras usaba una mano para agarrar la camiseta del rubio, sabía que debía estar enojado por su actitud de niño pequeño.

Yuuri, creo que debemos hablar… hablar bien —comenzó a decir Yuri mientras tomaba entre sus manos la que se aferraba a su camiseta— esto no está bien —tenía que ser un adulto, tenía que dejar las cosas en claras y tomar distancia porque esto le estaba afectando demasiado al menor— tienes que comenzar a salir con tus amigos.

Lo hago…

No es de esa manera a lo que me refiero. Creo que debes reemplazar el tiempo que pasabas conmigo, por tiempo con ellos —aclaró y vio como el rostro del japonés quedaba asombrado— no es que no te quiera, es que no está bien. Esto no está bien… a ti no te hace bien —ordenó sus ideas en voz alta, lo mejor sería esto y él como adulto, era quien debía hacerlo— Yuuri, no puedes ir más a mi casa.

¿Qué?

Es por tu bien.

¿Por mi bien? ¡¿Tú que sabes de mí bien?! —preguntó exaltándose, quitando su mano de entre las de Yuri. No se entendía a sí mismo, en ese día había estado triste y enojado, ahora arrepentido y luego molesto. Era demasiado para él— me enamoras, me das esperanza y luego me la arrebatas —escupió las palabras mientras se alejaba de Yuri.

¿Enamorarte? ¿Darte esperanza? —Preguntó incrédulo el rubio— ¿En qué momento hice eso, enano? Lo que tú sientes, no es mi asunto —soltó también enojado el "adulto".

Yuuri se sintió aún más enojado por las palabras de Yuri— en el momento en que me prometiste un beso, en ese momento me diste esperanza. Ahora te vas a ir sin cumplir con nada.

Un beso a los dieciséis. Tienes doce, Yuuri —sintió el peso de sus palabras años atrás, palabras de las que nunca esperó tener que hacerse cargo, porque creyó que un niño como lo era Yuuri en ese entonces, cambiaría de opinión en algún momento, le gustaría alguien más— además… las cosas cambian.

¿Quiere decir que te volviste un mentiroso? —preguntó Yuuri y se acercó de manera repentina al rubio, tomándolo con fuerza de la camiseta y acercándolo hacia él, poniéndose de puntillas y quedando muy cerca de sus labios sorprendiéndolo. Yuri jamás se esperó aquel movimiento, mucho menos en plena calle, tenía más fuerza que el azabache, pero la sorpresa no lo dejaba reaccionar— porque yo no he cambiado, Yura. Estoy enamorado de ti, además… aún te respeto —apenas dijo las últimas palabras, soltó al rubio y se seco las lágrimas que aún tenía en los ojos.

Yuri recordó aquella conversación sobre besos robados, relaciones con personas mayores y la promesa de su primer beso a los dieciséis. Soltó un suspiro, no entendía por qué no se movió, si Yuuri lo hubiese besado ¿Qué habría hecho? Era un niño, no estaba bien y no lo haría. Esto no podía volver a repetirse.

Yuuri dio media vuelta y comenzó a caminar sin esperar al rubio, Yuri no sabía si era mejor dejarlo irse, que se desilusionara más y así lograr que se olvidara de él o ir tras él, abrazarlo y decirle que cumpliría cuando fuera el momento, que en realidad no quería que dejara de ir a su casa, pero era lo mejor. Se decidió por una opción intermedia.

Fue rápidamente tras Yuuri, lo abrazó por la espalda y se agacho levemente ara apoyar el mentón en el hombro ajeno— cumpliré, pero tú también debes hacer tu vida. Es mejor que no nos veamos por un tiempo.

Continuará…