"Es mejor que no nos veamos por un tiempo"
Yuuri aun podía escuchar aquella frase resonando en su cabeza. Una semana exacta había pasado desde aquel evento y aún no podía creerlo, parecía un mal sueño, como si en algún momento fuera a despertar y darse cuenta de que todo seguía igual que antes, que continuaba yendo todas las tardes donde Yuri, que compartían como siempre y que hablaban con normalidad, pero la realidad era otra totalmente distinta. No sabía cómo había logrado continuar con su día a día de manera habitual, parecía estar en modo automático, donde hacía todo por inercia, porque así era todos los días y no porque pensara sus acciones antes de ejecutarlas.
Phichit lo había estado apoyando bastante, porque sí, tuvo que contarle sobre lo que estaba pasando. Yuuri se había desahogado contándole todo a su mejor amigo, llorando en su hombro y dejando que este lo abrazara y le brindara apoyo emocional. Si bien estaba claro que por la adolescencia los problemas se veían más grandes de lo que realmente eran, Yuuri sabía que esto era realmente malo. Tenía el corazón roto de alguna manera, no podía ver a Yuri porque este se lo había pedido y él no iría en contra de aquello. El moreno solo pudo escuchar, sin poder decir mucho al no saber cómo actuar puesto que jamás había estado en una situación similar, solo podía odiar a ese rubio en silencio, no porque hubiese hecho mal, sino porque había hecho llorar a Yuuri y en su cabeza eso merecía la pena de muerte sin importar quien fuera el causante.
Víctor se dio cuenta de que el japonés actuaba extraño, distante, pero en vez de entrometerse, optó por intentar subirle el ánimo. Lo invitó a distintos lados después de la escuela, escuchando mil excusas para negarse, por lo que el último día de la semana, prácticamente arrastró a Yuuri a una heladería y lo obligó a pedir un helado.
—Lo siento —se disculpó el menor, sabía que estaba preocupando a Víctor, pero no podía decirle a él sus problemas. Eran cercanos, pero no hasta ese punto.
—No sé de qué te disculpas, yo te rapte hasta aquí —respondió el platinado sonriéndole y limpiando con su pulgar la comisura de los labios del azabache, tenía un poco de chocolate ahí.
Yuuri agradeció internamente que el ruso no le preguntara más, que se hiciera el desentendido y que le diera su espacio a su manera. Porque Víctor no podía mantenerse alejado físicamente de Yuuri, pero sí le daba espacios para pensar y sumirse en sus problemas personales.
—Entonces… gracias por traerme —le dijo mientras se sonrojaba por el gesto de Víctor.
El momento fue agradable, aunque no extenso. Yuuri quería volver pronto a casa y Víctor no pudo retenerlo más tiempo. Le preocupaba Yuuri, pero no podía obligarlo a permanecer con él para siempre y aunque pudiera no lo haría, él quería que Yuuri lo eligiera por sobre otros, sin sentirse obligado, sino por el gusto de permanecer con él.
El azabache se fue a su casa pensando en que no podía ver al rubio, quien en un par de días mas ya no viviría a su lado. De un día para otro Yuri ya no era su amigo, ya no podía visitarlo y pronto ya no sería ni su vecino, entonces ¿Qué les quedaba? ¿Acaso ya no eran nada? "Por un tiempo" había dicho él, pero… ¿Cuánto era un tiempo? ¿Cuánto duraba? No lo sabía y no podía preguntar tampoco. Esto era su culpa, se comportó infantilmente luego de intentar siempre estar a la altura del rubio, de aparentar una madurez que no correspondía a su edad con tal de equiparar un poco sus edades, pero había sido imposible, al parecer siempre lo había sido, pero él no lo había visto hasta ahora.
Llegó a la entrada de su casa y observó la de al lado. Tenía tantas ganas de ir ahí, de lanzarse a los brazos de Yuri y decirle que no quería un tiempo, que no quería que estuvieran lejos y mucho menos quería "hacer su vida" sí no era cerca de él. Quiso llorar por ser tan cobarde, por hacerle caso cuando podía fácilmente ir de todos modos a su casa, por no poder ser un adulto y por no poder conversar con alguien que lo entendiera.
— ¿Qué haces ahí parado? —Otabek apareció de la nada, asustándolo al estar tan cerca sin que él lo hubiese sentido.
—Ah… yo… iba a mi casa —murmuró nervioso al verse descubierto observando la casa del rubio que se robaba sus pensamientos.
— ¿A tu casa? ¿No irás donde Yura? —preguntó extrañado por aquello, Yuuri se caracterizaba por ser la sombra del rubio, siempre cerca aunque este no quisiera.
—Yo… tengo muchas cosas que hacer —mintió sin mirar al moreno a los ojos, no quería que supiera que habían discutido y que estaban tomando distancia. No quería que Otabek hablara con Yuri y lo hiciera cambiar de opinión, porque sí el rubio quería verlo debía ser por su cuenta, no porque alguien más se lo dijera.
—Entiendo ¿Necesitas ayuda con algo? —se atrevió a preguntar. Iba de visita a ver a los Yuris, pero no tenía mucho sentido si no estaban juntos, además parecía que algo le pasaba al preadolescente, algo que le impedía dejarlo solo. Otabek tenía un instinto protector muy marcado para con Yuuri, después de todo eran cercanos.
— ¡Ah! Sí, tengo tarea que no entiendo bien —recordó el japonés al escuchar la pregunta del moreno. Había estado muy distraído en la semana y había olvidado preguntar al maestro algo que no entendía, de seguro Otabek podía ayudarle— ven, pasa —invitó al mayor a su casa y este entró sin siquiera pensarlo.
Otabek saludo a Hiroko, ya la conocía puesto que había sido el novio de Yuri durante dos años. Para la madre de Yuuri era normal ver a aquel chico, le daba confianza al igual que Yuri, siempre los sintió como hermanos mayores para su hijo, aunque tenía claro que para su pequeño bebé, el rubio era más que un hermano, tenía sentimientos por él desde que lo conoció. Para Hiroko aquello había sido amor a primera vista, ese tipo de amor que era demasiado puro e inocente por venir de un niño que apenas entendía lo que sentía.
Desde la casa vecina, Yuri había salido para ir a comprar algo que le había encargado su abuelo y logró ver como Otabek entraba a la casa de Yuuri— traidor —murmuró, puesto que Otabek sabía un poco lo que había sucedido, era su mejor amigo después de todo, así que le había contado gran parte de lo sucedido, siendo regañado por el moreno quien le dijo insensible.
Yuuri y Otabek estuvieron toda la tarde con los deberes del menor, el moreno no pensó que la relación entre los Yuris se hubiera vuelto así. El rubio le había contado algo, pero pensó que sería pasajero, al ver al menor afuera de su casa, con ese rostro tan triste, entendió que al parecer el rubio había tomado una decisión y no se retractaría. Si él estuviera en el lugar de Yuri, no hubiese podido dejar al japonés solo.
— ¡Listo! —exclamó contento Yuuri al haber terminado con los deberes atrasados. Jamás le había pasado aquello de acumular las tareas por tanto tiempo y es que había estado con su mente en otro lado— gracias, Beka. Siempre me ayudas mucho —le dijo contento mientras le daba un rápido abrazo.
—Somos amigos y los amigos se ayudan —respondió con una pequeña sonrisa— ahora ¿Vas a decirme que sucede?
—No sé de que hablas, Beka —se desentendió el menor, aunque sabía que no podía engañar a Otabek por mucho tiempo. Se conocían bien, así como conocían a Yuri.
—Yura ya me lo dijo, ahora quiero saber cómo estas tú —confesó el mayor, no le daría más vueltas al asunto.
—Yo… —Yuuri mordió su labio inferior que había comenzado a temblarle. No quería externalizar todo lo que sentía en ese momento, le avergonzaba llorar en frente de Otabek. El moreno se acerco y lo abrazó, sabía que debía ser difícil para él, un preadolescente, lidiar con todo lo que traía dentro, pero la vida continuaba. Si algo compartía Otabek con Yuri, era el pensamiento de que Yuuri debía hacer mas amigos, desligarse un poco de ellos que tenían vidas de adultos y disfrutar de su adolescencia como ellos habían hecho en su momento, pero no le había gustado nada la forma en que el rubio alejó al japonés. Se supone que ellos como amigos debían guiarlo y apoyarlo, no alejarlo.
—Está bien, solo dale tiempo a Yuri. Sabes cómo es —intentó suavizar la situación, logrando sacarle una pequeña risa a Yuuri al escuchar o último. Sí sabía como era, se molestaba por cualquier cosa y siempre hacía todo a su manera— el domingo, el señor Plisetsky hará un almuerzo para despedir a Yura. Estoy seguro de que estas invitado —le comentó— demuéstrale que no dependes de él, creo que solo así podrán volver a hablar como antes.
Yuuri escuchó el consejo y asintió con la cabeza para luego ocultar su rostro en el pecho del mayor, había comenzado a llorar y no quería que este lo viera. Otabek tenía razón, Yuri quería que él siguiera su propia vida y aunque él no quería, aparentaría que sí con tal de que el rubio lo dejara mantenerse a su lado. Aun era demasiado joven para comprender que todo aquello era por su bien, para él era más un castigo que una oportunidad de tener experiencias de vida.
Para Yuri la semana había sido horrible, no había logrado dormir adecuadamente debido a que le daba muchas vueltas en su cabeza al asunto con Yuuri. Pensaba en como estaría, sí estaría triste o pensando en él. Descartó esas ideas al ver que no había venido a verlo, si bien él mismo había dicho que tomaran distancia, no pensó que el chico haría caso a sus palabras y no sabía si eso le alegraba o le molestaba. Otabek lo había llamado "bipolar" por su actitud, además de regañarlo por ser tan cruel con Yuuri y decirle que invitaría al menor a su almuerzo de despedida. Yuri no pudo negarse a aquello, porque el también quería ver a Yuuri.
Aquel día sintió el enojo crecer dentro de él al ver a Otabek entrar en la casa del menor, se suponía que lo venía a ver a él, pero en lugar de eso se fue con Yuuri. Por otro lado el japonés había invitado a Otabek a pasar ¿Por qué lo invitaba a su casa? De seguro también lo dejaría entrar en su habitación, lugar que ellos habían compartido tantas veces al conocerse desde hacía tiempo. No entendía por qué tenía tantos celos, porque si de algo estaba seguro, era que el sentimiento era ese y por fin podía admitirlo. Le daba celos saber que Yuuri se divirtiera con alguien más que no fuera él, lo ponía celoso el pensar que no lo necesitaría nunca más y encontraría a alguien más que ocupara su lugar, pero era un adulto y Yuuri necesitaba chicos de su edad. Podría soportar a personas como Víctor y eso hasta cierto punto, pero que Otabek fuera quien ocupara su lugar… eso estaba fuera del límite. Hablaría con su mejor amigo, le diría que no lo quería ver rondando a Yuuri cuando él no estuviera presente y esperaba que este le hiciera caso.
Continuará…
