El almuerzo de despedida para Yuri llegó pronto y con este dos invitados, uno con el cual el rubio estaba molesto y otro que quería ver desde hace días, pero con el que había decidido tomar distancia. Nikolai dejó entrar a ambos chicos, sintiéndose contento de ver a Yuuri nuevamente en su casa, los últimos días solo lo había saludado desde su jardín cuando lo veía irse y volver de la escuela. El mayor había querido hablar con su nieto, pero este, antes de que pudiera interrogarlo, le había respondido que por favor no le preguntara nada. Se veía tan afligido que decidió acceder a su petición.

¡Bienvenidos! Pasen, pasen —les dijo con alegría el abuelo mientras les dejaba el espacio suficiente para que ambos jóvenes entraran en su casa— los estábamos esperando.

Buenas tardes, señor Plisetsky —saludó Otabek de manera educada y estrechando la mano del mayor.

Buenas tardes, abuelo Nikolai —saludó el más joven, inclinándose levemente cómo indicaba su cultura y recibiendo a cambio la mano de Nikolai sobre sus cabellos, revolviéndolos.

Yuri los observó desde la Sala, no dijo nada ya que aquellos dos sabían lo que sucedía, no necesitaba explicarles que Yuuri no debía estar ahí realmente. El moreno llegó hasta donde él primero y empujó al joven japonés para que se animará a saludar a aquel rubio que daba miedo por cómo los miraba. Yuuri sintió cómo su estómago se revolvía al no verse bienvenido en aquella situación, quiso salir de ahí y devolverse a su casa, pero el moreno no lo dejó, lo empujó desde su espalda baja nuevamente para que avanzara hacia Yuri.

Ho- hola, Yura —tartamudeo el preadolescente— yo... Yo vine para despedirme de ti adecuadamente —intentó que su voz sonara segura y madura, Yuri tenía que ver que él podía comportarse.

El de ojos verdes escaneo con su mirada al menor, se veía nervioso y sabía que era su culpa, pero también la era de Otabek por traerlo sabiendo la situación en la que se encontraban. El moreno estaba torturando a su cerdo trayéndolo y ahora él estaba obligado a tranquilizarlo.

Hola, Yuuri —por alguna razón, al japonés no le gusto escuchar su nombre en los labios del rubio. Se escuchaba tan frío, cómo si una distancia se interpusiera entre ellos. Siempre había sido "cerdo" para Yuri, aunque sonara tonto que quisiera su sobrenombre de vuelta— te ves bien.

Yuri intentó ser amable, pero aquello no parecía funcionar, de hecho, podía ver cómo el semblante del menor se hacía más triste si es que eso era posible.

—Gracias, tú también —respondió sin mirarlo y comenzando a jugar con el borde de su camiseta para desviar su atención— Yura... Yuri, de verdad espero que te vaya bien en tus prácticas —le hizo una pequeña reverencia a modo de respeto, cómo debía actuar frente a un adulto y se retiró a la cocina para ayudar a Nikolai con lo que necesitara.

Yuri realmente sintió cómo se le partía el corazón en dos al ser tratado cómo un adulto cualquiera. No quería esa distancia entre ambos, pero era lo adecuado— esto es tu culpa —murmuró para que solo Otabek lo escuchará, estaba realmente enojado, justamente era aquella dolorosa situación la que quería evitarle a Yuuri. La que quería evitarse él.

Hola Yura ¿Cómo has estado? yo muy bien. Gracias por preguntar —respondió el moreno ignorando las palabras del otro. Discutir con Yuri era un caso perdido, así que optó por esquivar.

Hola Beka, estoy muy mal porque un amigo me traicionó —respondió en tono de sarcasmo y se sentó en el sofá enfurruñado.

Altin suspiró cansado y se sentó junto a Yuri, el rubio también era su amigo después de todo y sabía que aquella situación era complicada, pero huir no era la solución de nada. A Yuuri no le ayudaría el verlo marcharse sin decirle una palabra siquiera, porque al ser tan joven y por su personalidad, solo se quedaría dándole vueltas a la situación, tal y cómo estuvo haciendo la última semana y aquello no era sano para un chico de doce años.

El moreno le explicó a Yuri todo lo que pensaba y esperaba que este, a pesar de su enojo, pudiera ver. El rubio estaba siendo egoísta y la verdad era que solo buscaba protegerse a sí mismo y eso no estaba bien. Ellos eran los adultos, ellos debían velar por el menor al ser sus amigos y eso es lo que Otabek estaba haciendo. Yuri lo entendió, pero aún así se sentía traicionado, aunque se le pasaría en un período breve de tiempo, cuando los piroshkis estuvieran listos y pudiera degustarlos junto a sus personas queridas. Porque si de algo en estaba seguro, era que tener a todos ahí lo hacían sentir feliz y triste, no quería estar tantos días lejos de ellos, pero era necesario y a tal vez hasta era lo que necesitaba el cerdo y él para poder aclarar todo este enredo emocional en el que se encontraban envueltos ahora mismo.

Yuuri paso toda la comida compartiendo de manera cercana con Otabek y tratando a Yuri con el mismo respeto que le dedicaba a Nikolai. El anciano quería reír al ver que su nieto estaba a punto de explotar por aquel trato tan distante de parte del pequeño japonés, pero prefirió guardarse sus bromas esta vez y ver cómo acontecía todo. El rubio por su parte, le seguía el juego a regañadientes al preadolescente. No perdería si él mismo había iniciado esto, aunque ganas no le faltaban de acercarse más y molestarlo un poco, revolverle el cabello y hasta abrazarlo antes de despedirse para cuando este tuviera que volver a su hogar.

El momento de separarse llegó más pronto de lo que esperaban, porque el tiempo pasaba rápido cuando te divertías y cuando te quedaba poco de este. Ambos Yuris querían alargar más aquella instancia, pero Hiroko le había dicho a su hijo que debía llegar a una hora específica y el menor debía cumplir, además de que Otabek se había comprometido a llevarlo a esa hora, a pesar de que vivían al lado.

Es momento de irnos —habló el moreno tras ver la hora en su celular.

Está bien —respondió con la decepción marcada en el rostro— muchas gracias por todo, me alegro de haber podido venir —les dijo a los Plisetsky, sin nombrar a nadie en específico.

El corazón del rubio repentinamente se sintió desesperado, palpitando fuerte y rápido en su pecho, cómo si le pidiera a gritos que detuviera el tiempo, que detuviera a Yuuri antes de que se marchara y lo dejara ahí, solo. Solo, cómo estuvo toda esa semana sin él.

No hay de que, sabes que eres bienvenido acá. Aun si mi Yuratchka se comporta mal, tú puedes venir y lo encerramos en su cuarto cuando me visites —le ofreció Nikolai al menor, haciéndolo reír mientras Yuri no sabía que decir o cómo actuar.

Está bien, gracias. Adiós —Yuuri hizo una reverencia y Otabek también se despidió para que luego ambos se dirigieran a la puerta.

¡Espera! Cerdo, espera —le dijo el rubio tomando del brazo al menor, antes de que saliera por la puerta— puedes... Puedes quedarte a dormir, cómo antes. Solo por esta vez, olvida todo lo que dije y quédate.

Para Yuri aquello requirió reunir mucho valor y dejar su instinto de lado, la parte de él que le decía que esto no estaba bien y que debían tener distancia. Ahogo todas esas voces, solo por pasar un poco más de tiempo con Yuuri, con su vecino. Su amigo.

Yuuri se sorprendió por las palabras del ruso, miró a Otabek quien cómo siempre se mantuvo al margen dejando que las decisiones las tomara él solo— lo siento, Yuri. Mi mamá me quiere en casa pronto, mañana tengo escuela y debo ser responsable —le dijo cerrando los ojos fuertemente para no tener que ver aquellos ojos verdes. Tenía que ser fuerte y maduro, tenía que mostrarle al rubio que las palabras y las acciones tenían consecuencias y esta era una de ellas, Otabek le había dicho que si decidía algo debía ser firme y él había decidido seguir lo que Yuri le había pedido. Tomarían distancia, aunque seguirían siendo conocidos.

Aquella respuesta dejó al rubio sorprendido y a Otabek orgulloso, no sabía que responder a eso ¿Quien era el niño en esta situación? Parecía que era él. Quiso reír por eso, quiso reír para no largarse a llorar por el rechazo de un infante, no... De un preadolescente y no cualquiera, sino el que ocupaba sus pensamientos. Se sentía patético.

Tienes razón —respondió regalándole una sonrisa al menor— entonces, nos estamos viendo, Yuuri —tras decir lo último, se acercó y beso al menor muy cerca de la comisura de sus labios, dejándolo sonrojado. Luego de eso se retiró a su habitación, la noche que venía sería demasiado larga y debía intentar dormir un poco.

Otabek dejó al menor en su casa, ninguno dijo nada sobre el asunto de Yuri. El moreno pensaba que aquel último acto había sido demasiado infantil por parte del rubio, cómo si fuera la única manera de ganar en aquella situación en la que él mismo se había puesto, aun así se sentía orgulloso de Yuuri. El menor había tenido la madurez de negarse a Yuri y de no seguirlo después de aquella despedida, si hubiese sido antes, el menor habría ido tras el rubio y hubiese aceptado emocionado el dormir ahí antes de que este se marchara.

Yuuri llegó a su casa y apenas saludó a su madre. El último beso, ese que era de despedida, había sido demasiado para él. Demasiado para un Yuuri preadolescente que lo único que quería esa noche era hacer las cosas bien, demasiado para un joven corazón enamorado que fingía una madurez que no tenia y un desinterés que no era parte de él.

El menor de los Katsuki se fue a dormir, aunque no pudo conciliar el sueño. Intentó pensar en mil cosas que no fueran Yuri, pero le fue imposible así que se dijo a sí mismo que solo por esa noche dejaría que sus pensamientos vagaran por última vez en lo que pudo ser y no sería. Yuuri dejó que su cerebro ideara muchas fantasías que jamás se harían realidad, convenciéndose de que aquella sería la última noche que se permitiría aquello, porque desde el día siguiente, comenzaría a pensar en otras personas, en otras cosas.

Desde el día siguiente muchas cosas comenzarían a cambiar, poco a poco, paso a paso, nunca hacia atrás, siempre avanzando. Los Yuris tendrían muchas cosas por pasar, situaciones que afrontar y momentos importantes donde tal vez no estaría el otro para apoyarlo o aconsejarlo. Desde el día siguiente cada uno seguiría su camino solo hasta que volvieran a cruzarse de alguna manera y pudieran retomar la cercanía que tenían.

Continuará…