La primera semana sin Yuri no fue tan difícil como pensó, al saber que ni siquiera estaba en la casa de al lado, le facilitaba el reprimir sus ganas de verlo, porque aunque quisiera, no estaba ahí. De todos modos iba de vez en cuando a visitar a Nikolai, quien debía sentirse algo solo sin el rubio en casa. Ahí conversaban y obtenía noticias de su vecino.

El primer fin de semana que Yuri regresó a su casa, no se vieron, ni se hablaron. Yuuri se marchó por ambos días a la casa de Phichit y se quedó allá con el permiso de su madre. Hiroko pensaba que el compartir con más personas ayudaría a que su hijo dejara de estar triste, porque aunque su pequeño le mostrara una sonrisa, ella lo conocía bien y sabía que su tristeza debía ser porque el chico de al lado ya no estaba ahí. Por su parte Yuri espero en algún momento ver al pequeño japonés, aunque fuera por casualidad, yendo a comprar cada vez que su abuelo necesitaba algo, con la clara intención de toparse con Yuuri por "casualidad"… una casualidad bastante forzada. Al encontrarse con la madre del azabache, se enteró de que este no estaría en su casa durante el fin de semana, así que sería imposible que se vieran, por lo que Yuri se resigno a estar en casa con Nikolai y aprovechar el tiempo.

Las semanas que siguieron fueron parecidas, con la diferencia de que Otabek de vez en cuando iba también a visitar a Nikolai y aprovechaba de invitar a Yuuri para que se juntaran a conversar o salieran a pasear un rato después de la escuela de este. Se hicieron más cercanos que antes, Yuuri le contaba al moreno todo lo que hacía en el día, le pedía consejos e incluso en un par de ocasiones le pidió que lo fuera a buscar a su colegio para que conociera a sus amigos.

Buenas tardes, mi nombre es Otabek Altin —se presentó el moreno ante los menores que estaban frente a él. Al chico moreno y alegre ya lo había visto un par de veces en la casa de Yuuri y el japonés le había comentado que era su mejor amigo, el otro era un chico bastante serio y que no parecía agradarle sociabilizar, por último estaba el platinado que reconoció a pesar de no haber visto nunca. Ese chico de ojos azules era quien había dejado confundido a un pequeño Yuuri hacía ya un tiempo.

Todos lo saludaron, Víctor con una amabilidad fingida ya que había sentido el camino libre al irse el rubio y ahora llegaba otro adulto a ocupar ese lugar. Aquello no le gustaba para nada, podía ver la cercanía entre Otabek y Yuuri como si fuera un obstáculo más para sus intenciones.

Otabek a pesar de ser mayor que esos niños, no se sentía para nada fuera de lugar. Todos caminaron hacia un parque cercano y el mayor pudo recordar sus días de escuela junto a su rubio amigo, el mismo que luego fue su novio durante dos años. Se dedicó a observar como Yuuri se relacionaba con sus amigos, con quien tenía más cercanía y como se desenvolvía, había estado preocupado por él. Al parecer el menor lo estaba haciendo bien, se divertía y sonreía seguido gracias a los desplantes de Phichit y a las bromas que Víctor le lanzaba de vez en cuando. También pudo notar como el platinado estaba bastante interesado en el japonés, como todo lo que hacía era en respuesta a lo que el menor hacía. Le hizo algo de gracia porque al parecer Yuuri no se percataba de nada. Aún era demasiado inocente.

El mayor les compró helado a todos y al darle el suyo a Víctor pudo notar por un segundo como este lo miro fríamente. Podía reconocer aquello, Yuri tenía esa mirada constantemente cuando algo no le gustaba, así que podía suponer que su presencia no era bienvenida para aquel adolescente.

Yuuri, debo irme ¿Te llevo a casa o te vas después? —le preguntó luego de ver la hora en su celular, iba a juntarse con unos amigos en la noche para un proyecto de la universidad.

Me voy contigo, no creo que a mi mamá le guste que me quede solo —respondió al instante mientras tomaba su mochila para luego despedirse de sus amigos e ir con el mayor.

Hoy traje el auto, si quieres puedo llevarte a tu casa más tarde —se apresuró a ofrecer Víctor. Hace unos días había sacado su licencia y con ello adquirió el permiso de su madre para utilizar el auto de vez en cuando. Yuuri lo pensó un momento, si ir con Otabek o quedarse con los demás y regresar a solas con Víctor en su auto. Era algo difícil ya que le gustaba compartir con todos los presentes.

Yo vine en la motocicleta, estoy seguro que es más divertida que el auto —decidió aportar Altin, solo para molestar un poco al platinado y porque no confiaba en dejarlos a solas en un vehículo.

A Yuuri le brillaron los ojos de emoción, quería subir a la motocicleta definitivamente— gracias Vitya, pero creo que mejor me voy con Beka para que no se me haga más tarde —se excusó para luego despedirse de todos con un beso en la mejilla y retirarse con el adulto.

Víctor se quedó con mal sabor de boca, otra vez quedaba en segundo plano y eso no le agradaba, porque aquello solo pasaba con Yuuri. Estaba seguro de que si estuviera tras cualquier otra persona sería mucho más fácil, pero también eso era lo que le gustaba del cerdito. La dificultad que representaba para él.

Phichit tomó varias fotografías de Yuuri sobre la moto, aferrado a la cintura del moreno ya que a pesar de que le parecía interesante subirse, el miedo comenzaba a aflorar en su interior. Otabek quedó feliz de que el menor decidiera ir con él, así estaría más tranquilo dejándolo seguro en su casa y con sus padres.

Yuri estuvo la primera semana con cara de amargado, hizo lo que le mandaban y aprendió muchas cosas que en sus clases jamás le habían enseñado— es mejor aprender haciendo, la teoría no siempre es muy efectiva —le dijo el chico que estaba a cargo de enseñarle lo que debía hacer. Era muy gracioso porque cuando lo conoció, sintió que dejó a un Otabek para encontrarse con otro ahí, pero descarto la idea al escucharlo hablar. Su mejor amigo era inteligente y maduro, este chico era un idiota con todas sus letras.

Si no me lo dices, no me doy cuenta Leroy —respondió de mala gana.

Jean Jacques Leroy, era el hijo del dueño de aquella empresa donde él había ido a hacer su práctica. Si bien sabía perfectamente cómo hacer el trabajo y cómo enseñar, en materia de sociabilizar era un desastre según lo veía Yuri. Lo primero que le dijo al llegar fue que no se esperaba a una señorita sino a un hombre, así fue como se ganó el odio instantáneo del rubio.

Los días ahí se le hicieron largos al principio y con el tiempo se fueron acortando, le faltaban horas del día para lograr terminar el exceso de trabajo que se iba aumentando a diario. Mientras más aprendía, más cosas por hacer le delegaban y aunque era cansador, también era reconfortante saber que lo estaba haciendo bien y que había aprendido con rapidez.

Los fines de semana volvía a su hogar. Se iba el sábado por la mañana y regresaba el domingo por la noche, lo cual también era agotador, pero necesario ya que necesitaba pasar tiempo con su abuelo, aunque lo llamaba todos los días para que este no se sintiera solo. Gracias a Nikolai podía informarse sobre cómo estaba Yuuri, porque los fines de semana no lo veía, a pesar de intentar forzar el destino, Yuuri siempre estaba en otro lugar, como si huyera de él de alguna manera. "Es lo mejor", pensaba en las noches cuando sentía que extrañaba las conversaciones sin sentido antes de dormir, el miedo infantil a los monstruos en la obscuridad y el como poco a poco la cama comenzó a hacérseles pequeña.

Extrañaba a Yuuri, su voz, sus anécdotas del día, su molesta risa y la manera en que se enojaba cuando lo fastidiaba. Echaba de menos el verlo en su habitación al llegar, sus celos por Otabek y sus tareas que para él eran demasiado difíciles a pesar de solo ser de primaria y él ir en la universidad. Nada podía hacer, lo mejor para Yuuri sería esta distancia y que encontrara en alguien más los sentimientos que tenía por él, porque él no podía corresponderle de esa manera. Lo quería, hasta podía decir que lo amaba, pero no de la manera que el menor quería. Yuuri era más que familia, pero jamás podría verlo de manera morbosa como a una pareja, se podría decir que era un amor puro, aunque pureza era lo que menos tenía el rubio a esas alturas de su vida.

Otabek lo llamaba a diario, aún si él no quería hablar este le insistía hasta que contestara. Eran los mejores amigos, era normal que el moreno quisiera saber de él, así que de mala gana le contaba todo lo que hacía en el día. De lo que más hablaba era del odioso de Jean, no porque fuera importante, sino porque estaba todo el día ahí junto a él y no había cosa del día donde aquel sujeto no estuviera presente, a no ser que hablara sobre sus momentos en el baño, pero no había necesidad de contar aquello.

Un día que había llegado demasiado cansado incluso para llamar a su abuelo, un mensaje llegó a su celular luego de veinte llamadas perdidas por parte de Otabek. En aquella imagen se podía apreciar claramente a un Yuuri realmente feliz, junto a Víctor quien le daba de su helado al japonés. Al moreno le pareció importante que Yuri supiera que su vecino estaba bien, que no estaba deprimido y que su distancia estaba funcionando tal y como él quería.

Al despertar el día siguiente y ver el mensaje, sintió como si su corazón se estrujara. Eso era lo que quería, estaba claro, su mente lo sabía y no tenía dudas de que eso era lo correcto, pero muy dentro suyo se sentía dolido. El pensaba en Yuuri, pero Yuuri estaba bien sin él, era una estupidez que un adulto dependiera sentimentalmente de un niño, no estaba bien.

Yuri comenzó a dejar de preguntar por Yuuri, dejó de responderle seguido a Otabek y de ir todos los fines de semana a casa. Decidió centrarse en otras cosas, conoció más personas tal y como le había aconsejado a Yuuri en su momento y con ello comenzó a salir más y a tener una vida social nocturna. Jean no era tan idiota cuando te lo encontrabas fuera del horario de trabajo, de hecho podía llegar a ser agradable cuando bebía y eso lograba distraerlo de todo lo demás.

Los caminos de los Yuris se estaban distanciando, cada uno encontrando sus propias cosas que hacer con la intención de no pensar de más en temas que no les hacían bien.

Continuará…