2 años más tarde…
Parecía mentira que dos años hubiesen transcurrido con tanta rapidez, que en ese tiempo Yuuri se hubiese topado con Yuri solo un par de veces y que únicamente hubiesen intercambiado un par de palabras con suerte. Si alguien le hubiera dicho que esto pasaría en un futuro al Yuuri de seis años, estaba seguro de que se habría cubierto los oídos evitando escuchar sobre un futuro tan doloroso, pero la verdad era que ahora que lo atravesaba, no era tan malo. Al principio había sido difícil, pero el ser humano es un animal de costumbres y por ello el pequeño japonés se había hecho el hábito de no ver a Yuri tan seguido.
Como siempre, seguía visitando al abuelo y manteniendo contacto constante con Otabek. El moreno había tenido el privilegio de ver como Yuuri poco a poco se transformaba en todo un adolescente, como la altura del chico había aumentado considerablemente, así como su cuerpo comenzaba a tener una contextura más delgada gracias a la rutina de ejercicios que tenían juntos. A los trece años, el menor le había expresado a Otabek su preocupación por el hecho de estar un poco subido de peso y aunque al moreno no le parecía que se viera mal de esa manera, lo entendía, después de todo era un adolescente y todos vivían de las apariencias, unos más y otros menos, pero todos se preocupaban de cómo los veían los demás. Salían a correr seguido, así como una vez a la semana tenían una pequeña rutina para apretar su musculatura, nada muy extenuante.
Hiroko, la madre de Yuuri, se sentía tranquila al ver que su hijo tenía amigos que no iban por malos caminos, todos parecían disfrutar de actividades sanas y por ello el menor obtenía cada vez más permisos para poder ir a distintos lugares. Yuuri solía salir seguido, llegar más tarde a casa durante la semana y los fines de semana pasar aunque fuera un día completo fuera de casa en el hogar de alguno de sus amigos. También Hiroko se sentía feliz de recibir seguido a Phichit o a Víctor en su hogar, el primer chico era muy alegre y aligeraba el ambiente de la casa cuando llegaba, además sus madres eran demasiado amables y a la japonesa le encantaba conversar con ellas cuando venían por su hijo; Por otro lado, el platinado era muy educado y se notaba que adoraba pasar tiempo con Yuuri, aunque invadía mucho su espacio personal.
Dos años habían pasado en un parpadeo, pero también habían pasado muchas cosas de las que Yuuri no se daba cuenta. Había crecido tanto física como mentalmente, era más maduro que antes y entendía mucho más las razones por las que Yuri decidió que debían tomar distancia, después de todo se llevaban por diez años, él no podría imaginarse con un niño de cuatro años, sería una locura.
Yuri había mantenido la distancia con el menor, se había alejado durante unos mese de su abuelo viéndolo en pocas ocasiones, pero había retomado sus visitas al poco tiempo al darse cuenta de que lo necesitaba. Cuando sus prácticas terminaron lo contrataron definitivamente en aquel lugar, luego de graduase tenía aquel trabajo asegurado por lo que rento un departamento cerca de su trabajo para poder vivir con tranquilidad. Por fin podía decir que era un adulto independiente.
Quiso llevarse con él a Nikolai, pero el mayor ya se había acostumbrado a la casa en la que vivía, por lo cual era casi imposible sacarlo de ahí. Yuri sabía que su abuelo se había encariñado también con los vecinos, eran como su familia y él agradecía aquello ya que no podía estar ahí a diario.
Sus encuentros con Yuuri habían sido pocos y así lo prefería. Ya no se calentaba la cabeza pensando en cómo el menor actuaba, se sonrojaba o en como debía lidiar con los sentimientos de este; como debía lidiar con los propios.
— ¿Vas a ir a la fiesta de Seung? —le preguntó Víctor a Yuuri un sábado que compartían en su casa mientras tocaban una melodía a dúo en el piano— cumplirá dieciocho, así que es un día importante para él. De seguro Phichit ira si o si.
—Tal vez… no estoy seguro si estoy listo para ir a una fiesta —admitió el azabache sin despegar su vista de las teclas, algo avergonzado por sentirse tan niño cuando ya poseía la edad suficiente para ir a una fiesta pequeña.
— ¿Qué es lo que te preocupa, cerdito? —El platinado desvió un momento la vista del piano para fijarla en su compañero— no irá mucha gente, además estaré ahí para cuidarte. Si quieres puedes ir y si te sientes incomodo te llevo a casa —ofreció con toda la intención de que el menor fuera. Nada era tan divertido si Yuuri no estaba ahí, aunque le sonara tonto a la gente, para él una conversación con el menor era mejor que las estupideces que hacían los chicos de su edad.
Víctor ya había cumplido los dieciocho años, sabía que ya era un adulto y por lo tanto sería considerado un pedófilo, pero poco le importaba. Cuatro años no eran tanta diferencia como diez, además no era como si quisiera secuestrar a Yuuri y abusar de él. Cuando pensaba en el menor solo se imaginaba en situaciones demasiado inocentes, porque Yuuri aun era de esa manera y él no sería quien lo corrompiera, entendía bien la diferencia de edad y de madures sentimental entre ambos. Víctor tenía un amigo con beneficios, uno con el que había aprendido bastantes cosas y con el que había adquirido experiencia en cierta forma, aunque por supuesto eso era un secreto del que nadie podía enterarse, si su madre llegaba a saberlo moriría y si Yuuri llegaba a averiguarlo él sería quien muriera.
—Creo que eso estaría bien —respondió terminando de tocar para luego estirarse con los brazos levantados hacia el techo— si Vitya está ahí, me sentiré más tranquilo. De seguro Phichit estará junto a Seung todo el tiempo.
Una fiesta, su primera fiesta. Se sentía un poco nervioso sobre aquello, tenía que hablarle a Otabek para saber cómo sería mejor comportarse ya que de seguro habrían chicos grandes en el lugar y si bien sus amigos tenían también esa edad, Yuuri estaba consciente de que Víctor y Seung intentaban comportarse un poco más infantiles cuando estaban junto a ellos, cosa que los demás del lugar de seguro no harían.
Víctor fue a dejar al japonés a su casa, como siempre que este visitaba su hogar. Se despidieron con un beso en la mejilla y luego cada uno se fue por su lado, Yuuri llegó corriendo ya que quería hablar con Otabek, necesitaba contarle sobre la fiesta y saber qué opinaba sobre eso. Corrió hacia la entrada y cuando estaba a punto de introducir sus llaves en la cerradura, la puerta se abrió dejando ver a un chico rubio de cabello corto y con esos llamativos ojos verdes que aun le gustaban tanto.
—Yuri… ¿Qué haces aquí? —preguntó un poco descolocado por el repentino encuentro.
El rubio pestañeo un par de veces antes de reaccionar a las palabras del menor— ¿Qué clase de modales son esos? ¿Acaso no sabes saludar? —interrogó con una ceja levantada y fingiendo estar ofendido.
Yuuri se puso un poco nervioso, estaban frente a frente y en la entrada de su casa— yo… hola, ¿Qué haces en mi casa? —volvió a preguntar, pero esta vez bajando la mirada.
—Hola, vine a pedirle un favor a tu mamá —explicó para luego observar con detenimiento al menor. En dos años se habían visto pocas veces, casi siempre encuentros en la calle, donde el menor se ponía nervioso y solo gritaba un "¡Hola!" antes de echar a correr como si arrancara de él. Lo entendía, aunque no compartía su modo de reaccionar, esta era la primera vez que se encontraban frente a frente y en la casa del azabache, por lo que este no podía huir.
—Oh, no te apareces por casi dos años y vienes a pedir favores ¿Quién es el de los malos modales ahora? —preguntó en tono molesto mientras pasaba junto a Yuri para irse a su habitación, aquella actitud lo había hecho enojar, no porque de verdad pensara aquello, sino porque por un momento pensó que Yuri había venido a verlo a él. Se sentía estúpido.
Yuri actuó con rapidez, tomando al menor de la muñeca antes de que desapareciera en el interior de la casa— ¿Crees que puedes hablarme así y luego arrancar? Si vas a confrontarme, por lo menos ten el valor de quedarte ¿O solo aumentó tu estatura, pero sigues siendo un llorón?
Las palabras del mayor lo hicieron enojar aun más, su rostro se puso rojo por la ira que comenzaba a crecer en él. Volteó para gritarle un par de verdades a Yuri en la cara, con tal de que dejara de creerse tan importante, pero le fue imposible al encontrarse con el rostro sonriente del rubio. Yuri solo lo estaba fastidiando para ver sus reacciones, lo cual lo hizo sentir avergonzado por caer en ese juego, aquel que tenían cuando era más pequeño.
—Yo no soy un llorón —respondió casi en un susurro mientras se reprendía mentalmente por volver a caer con esa cara bonita.
—Haz crecido mucho, cerdo —el apodo le trajo recuerdos. Yuri soltó su muñeca y el menor tuvo la intención de tomar la mano del rubio para que no se alejara, no sabía cuánto había extrañado a su vecino hasta ese momento.
—Las personas cambian —respondió mirándolo a los ojos con el rostro serio y pudo ver como Yuri sonreía de manera algo triste.
—Tienes razón, lo bueno es que parece que a ti te hizo bien —le revolvió el cabello al azabache, observando que en poco tiempo lo alcanzaría en estatura— estás mucho más guapo, casi eres todo un hombre.
Los ojos del menor se agrandaron considerablemente, quería decir tantas cosas, reprocharle algunas y contarle otras, volver el tiempo atrás y decirle que tenía razón en su manera de actuar. Quería pedirle que fueran a su habitación y se pudieran al día con sus vidas, que durmieran juntos como hacían antes y que dejaran esa distancia de lado, pero fueron interrumpidos por su madre.
—Yuu, ya llegaste —dijo la mujer acercándose a su hijo para besar su frente— veo que se encontraron, Yurio ¿Por qué no te quedas a cenar? Ahora que Yuuri está en casa, creo que sería agradable.
—Lo siento, señora Katsuki. Tengo que ir con mi abuelo —se disculpó el rubio y el menor recordó que las cosas no eran tan fáciles como volver a lo que eran.
— ¡Princesa! —se escuchó una voz desde el jardín de la casa de al lado y Yuri cambio su expresión a una donde parecía querer matar al sujeto que habló— te estamos esperando para comer.
—Lo siento por eso también, mi amigo es un poco idiota —se disculpó nuevamente con la mujer y procedió a retirarse caminando hacia afuera, pero se devolvió tras dar un par de pasos— adiós, cerdo. Estaré aquí dos semanas, así que… —apretó sus labios juntos como si quisiera decir algo, pero no podía dejarlo salir— nada, olvídalo. Nos vemos —volvió a revolverle el cabello y se retiró mientras se escuchaba como maldecía al hombre que se encontraba al lado.
Yuuri no pudo decir nada, sentía nuevamente mariposas en su estomago, así como una mezcla de sentimientos malos y buenos. Estaba confundido, aun estaba enamorado, pero estaba molesto, además que ahora sumaba los celos a ese mar de sentimientos ¿Quien era ese sujeto que lo llamaba "princesa"? Si bien Yuuri nunca había sido violento, quiso partirle la cara a ese idiota.
Continuará…
