La irritación de ver a Yuri con un sujeto que le era desconocido no se asemejaba para nada a los pequeños celos que sintió cuando el rubio comenzó a salir con Otabek y se volvieron novios. Aquel extraño se reía fuerte, trataba a su vecino como a una chica y fastidiaba todo el tiempo, Yuuri no podía entender de donde el hombre de llamativos ojos verdes había sacado tal espécimen.
Otabek rio cuando escuchó al menor hablando sobre el nuevo "amigo" de Yuri, fue como si volviera a los viejos tiempos, solo que en ese entonces él era quien estaba bajo la mirada del joven japonés— Yuuri, no puedes insultar a las personas solo porque estas celoso —evitó soltar la risa que tenía atrapada en su garganta, debía enseñarle a su amigo a ser educado, aunque no iba a negar que realmente ese sujeto parecía un poco tonto.
Yuuri le había pedido al moreno juntarse para poder conversar, quería consultarle sobre la fiesta a la que asistiría y no supo como terminó hablando sobre su vecino— sé que no debo insultarlo, pero es un idiota. Todos los días le dice "princesa" o "dama" como si Yura fuera una chica —se quejó mientras bebía el batido de chocolate que se había comprado poco antes de llegar al parque donde estaban.
Así que había vuelto a ser "Yura" para el menor, había cosas que eran inevitables al parecer de Otabek. Por su parte no se sentía celoso, si Yuri estaba con alguien mas era algo bueno para su amigo y se sentía feliz por él, aunque no podía decirle eso a Yuuri o este se sentiría traicionado— tal vez a Yura le gusta que le digan así —comentó con voz dudosa para luego mirar al menor, conectando sus miradas y largándose a reír al mismo tiempo porque sabían que eso era imposible. Ambos podían imaginar al rubio pateando al pobre sujeto.
—Es un tonto, sobre todo su cabello ¿Quién se corta el pelo de esa manera? —dijo sin pensar para luego darse cuenta que aquel extraño se parecía un poco a Otabek, aunque a su amigo le quedaba mejor aquel look, fue lo que pensó sonrojándose levemente y desviando la mirada— pero está bien, no diré nada más.
—Entonces… me llamaste para hablar de Yura.
— ¡No! Por supuesto que no… yo, te llame por otra cosa —el moreno asintió y luego le quitó el batido a Yuuri para beber un poco y el menor solo lo dejó— pronto habrá una fiesta, será el cumpleaños de Seung y estoy invitado aunque soy menor que la mayoría de los que irán.
Otabek escuchó con atención, no pensaba que el asunto fuera un gran problema, pero dentro de él si sentía un poco de incomodidad ya que no estaría ahí para cuidar de Yuuri y él era un poco sobreprotector con el menor a veces… siempre.
—Si te sientes incomodo, tal vez no deberías ir.
—Pero Vitya quiere que vaya, además dijo que si me aburría él podía traerme a casa —comentó mientras entrelazaba sus propios dedos entre si y comenzaba a jugar con sus pulgares, un poco nervioso por el silencio que se había hecho tras nombrar a Víctor. Yuuri sabía que el platinado y el moreno no se llevaban demasiado bien, a Otabek le parecía que Víctor podía ser una mala influencia por hacer las cosas siempre a su manera y para el de ojos azules, el adulto le parecía demasiado grande como para estar cerca de Yuuri.
—Creo que es normal que vayas a fiestas, tienes catorce después de todo —pensó en voz alta Otabek, no quería ser una persona demasiado estricta, después de todo y a pesar de la diferencia de edad, eran amigos— creo que es buena idea que vayas, pero si algo pasa es mejor que me llames y así iré a buscarte ¿Te parece bien o no? —se ofreció intentando que no pareciera una orden.
Yuuri dudó, no sabía si estaría bien aceptar aquello, después de todo Otabek también tenía su vida y sus propias cosas que hacer. De un momento a otro comenzó a divagar en sus pensamientos, recordando que dos de sus amigos también comenzarían una vida de adultos pronto y lo dejarían atrás, era demasiado difícil ser el más joven de su grupo y ver como todos avanzaban hacia lugares donde él no podía llegar por ser menor.
—Si no tienes nada más que hacer… yo no tendría problema —respondió titubeante.
—Entonces tienes que decirme cuando y donde es, para estar atento.
El menor asintió para luego darle los datos a Otabek, faltaban solo un par de días para la dichosa fiesta y el menor tenía una mezcla de ansiedad y nervios por dicha celebración. Siguió conversando con el moreno sobre fiestas y lo que los chicos de su edad o más grandes solían hacer en ellas, conversaron sobre el alcohol y las drogas. Falto poco para que Otabek le diera a Yuuri la charla sobre las flores y las abejas, pero este lo detuvo con el rostro muy sonrojado y explicándole que internet ya se había encargado de darle la información necesaria.
Caminaron hasta casa y se despidieron ahí, Yuuri como siempre en ese último tiempo, se acercó a Otabek y dejo un beso en su mejilla a modo de despedida, se sentía bien el haberse vuelto más alto y alcanzarlo sin la necesidad de que el otro tuviera que agacharse un poco— adiós, Beka. Te llamo entonces —le dijo sonriendo como siempre para luego borrar ese gesto al ver a Yuri y a ese idiota saliendo de la casa de al lado.
— ¡Beka! Hola ¿Cómo están? —preguntó Yuri adelantándose a su acompañante. Otabek no pudo evitar notar que tenían el mismo corte de cabello con el extraño, lo observo seriamente mientras el otro sonreía como si lo conociera de toda la vida.
—Hola, Yura. Estamos bien ¿Cómo va todo? —respondió acercándose al rubio y dándole un abrazo, hace bastante que no se veían, además que de alguna manera quería fastidiar al sujeto que acompañaba a su amigo.
—Todo bien —respondió con una sonrisa— tengo unos días para quedarme, así que me alegro de verte —le revolvió el cabello a Yuuri aprovechando que estaban cerca— ¡Ah, cierto! Este idiota de aquí es Jean. Mi compañero de trabajo —presentó a su acompañante para que los otros dos lo conocieran.
—Que cruel, princesa —se quejó el aludido— buenas tardes, soy Jean Jacques Leroy, pero pueden decirme JJ —aclaró poniendo sus manos de tal manera que parecieran dos "J" y guiñándoles un ojo.
Yuuri y Otabek se miraron entre ellos para luego reír por lo divertido que era aquel sujeto— soy Yuuri Katsuki —se presentó y estiró su mano para estrechar la de Jean, el otro inmediatamente correspondió el gesto.
—Mi nombre es Otabek Altin —habló para luego imitar el gesto del japonés y estirar su mano, la cual fue estrechada al instante por JJ.
Se quedaron ahí por un rato, los cuatro entablando una conversación sobre el trabajo de Yuri, como era el rubio allá y que era lo que hacía. Los amigos del rubio se sintieron aliviados de saber que el ruso seguía siendo como siempre, su esencia arisca no había cambiado, lo único diferente era que había hecho un amigo y ese era Jean. Yuri les explico que JJ a pesar de parecer idiota, era simpático en ocasiones y también era bueno dando consejos. Yuuri se sintió contento y a la vez avergonzado por haber odiado al nuevo amigo del rubio solo porque estaba celoso, aunque los celos seguían en su interior, entendía que el rubio se relacionaba con más gente y esto seguiría ocurriendo.
El japonés sacó su celular del bolsillo para ver la hora y se dio cuenta de que ya era tarde, suponía que al estar en frente de su casa su madre ya sabría que se encontraba ahí, pero aun así era momento de ir a su hogar, mas cuando escucho a los adultos ponerse de acuerdo para ir a algún bar a beber algo. Él lamentablemente no podría participar más de aquella conversación que poco a poco lo hacía sentirse nuevamente cómodo al lado de Yuri.
—Me tengo que ir —anunció, llamando la atención de los otros tres, haciéndolos recordar que el chico era menor de edad. Para la gente era fácil olvidar la diferencia que había entre ellos, porque Yuuri siempre estaba a la par con los adultos a la hora de conversar, era demasiado maduro para su edad y le salía fácil hablar de distintos temas, los problemas ocurrían con los chicos de su misma edad, aquello si era un problema para el japonés.
—Cierto, mañana tienes escuela —mencionó el rubio— ve a dormir, cerdo.
Los otros dos también se despidieron y Yuuri se dirigió a su hogar a paso lento, preguntándose cómo había pasado de querer mantener la distancia con Yuri, a nuevamente querer acercarse, estar con él y platicar como en el pasado. Se fue a dormir con aquello en mente, con la cabeza un poco revuelta y repitiéndose una y otra vez que lo mejor era seguir manteniendo la distancia.
El día de la fiesta llegó pronto, Yuuri no sabía cómo debía ir vestido así que volvió a pedir la ayuda de Otabek. Hiroko le había dado dinero para comprarse ropa, su madre pensó que si era su primera fiesta su hijo querría lucir bien frente a los demás, después de todo así eran la mayoría de los adolescentes y al parecer no se había equivocado. El moreno llevó a Yuuri a comprar ropa, lo ayudo a escoger algo que le quedara bien, aunque no muy llamativo puesto que no quería provocar a otras personas para que se le acercaran. Tardaron más de la cuenta en escoger, puesto que Yuuri se avergonzaba de ir al probador y mostrarle al mayor como le quedaba la ropa, siempre salía del lugar con un claro sonrojo en las mejillas y no podía mirar a la cara a Otabek quien se sentía un poco enternecido por la situación. Cuando por fin encontraron algo, lo pagaron y se apresuraron a ir a la casa del menor, donde este se cambió de ropa y Otabek lo peino dejando el cabello del japonés hacia atrás para que dejara su rostro completamente descubierto, uso un gel que compraron para que el pelo no volviera a su forma original por un rato y Yuuri se sintió complacido con su apariencia cuando terminaron. Se sentía como otra persona.
Todo aquel cambio había tomado demasiado tiempo, por lo que iba atrasado al lugar y aquello era lo que menos quería, ya que llegaría cuando todos los invitados ya estuvieran ahí, no quería ser el último ya que todos fijarían su atención en él, así que rogó porque alguno de sus amigos estuviese cerca de la puerta cuando ingresara al lugar. Otabek lo llevó en su motocicleta, aceleró para ir lo más rápido que podía ya que sabía que iban atrasados y aquello no le gustaba a ninguno de los dos, puesto que ambos eran muy puntuales.
Llegaron al lugar con un par de horas de retraso, Yuuri se despidió del mayor con un beso rápido en la mejilla, tan veloz que casi roza sus labios aunque el menor no se dio cuenta de ello— nos vemos, Beka —le dijo y se retiró corriendo en dirección a la puerta de la casa para luego tocar el timbre y que le abriera uno de los invitados.
Otabek soltó un suspiro, el chico se veía demasiado lindo y eso le preocupaba un poco, pero no había nada que pudiera hacer al respecto, Yuuri estaba creciendo y esto era parte de las experiencias de la vida. Arrancó en la moto nuevamente y se fue directo a la casa de Yuri, esperaría ahí por el llamado del menor para ir a buscarlo.
Continuará…
