Yuuri estaba nervioso, había muchos chicos y chicas mayores que él conversando en distintos lugares de la gran casa. Se dividían en grupos de no más de seis personas y parecían entretenidos en sus propios asuntos. El japonés no sabía cómo podría encajar en aquel ambiente que se veía tan mauro, dudaba que estuvieran hablando de tareas, de dibujos animados o de algún videojuego, después de todo la mayoría eran casi adultos. Mucho menos podía pensar en hablar sobre chicas, a los catorce años ya tenía bastante claro que las mujeres no eran lo suyo, al menos no de la manera que tendían a hablar los demás, destacando los atributos femeninos como grandes pechos o trasero, para Yuuri eso era algo asqueroso, no por nombrar aquellas partes del cuerpo, sino el como parecía que los chicos se babearan por ello como si las mujeres fueran algún trozo de carne y no una persona.
Se adentró en la casa buscando con la mirada alguna cara familiar, para poder acercarse y sentirse más seguro, pero no encontró a nadie. Tuvo la intención de retirarse, de salir corriendo de ahí y llamar a Yuri… A Otabek, si, porque no tenía razones para llamar al rubio si ya casi no se hablaban. Soltó el aire de sus pulmones demostrando la molestia que comenzaba a crecer dentro de él, se suponía que Phichit y Víctor estarían ahí, le habían prometido no dejarlo solo, pero ahí estaba sin saber a dónde ir o donde encontrar a sus amigos. Ni siquiera veía al cumpleañero para poder entregarle su obsequio, había demasiada gente, demasiados rostros y comenzaba a sentir que se ahogaba con tantas personas a su alrededor.
Avanzó un par de pasos más, entonces unos brazos lo envolvieron desde atrás logrando que se sobresaltara por la sorpresa— ko-bu-ta-chan —pudo escuchar la voz cantarina de Víctor en su oído y sentir un leve aroma a alcohol, de seguro había estado bebiendo— ¿Qué haces aquí tan solito? —Preguntó para luego soltar una pequeña risa y esconder su rostro en el cuello del azabache— te estaba esperando, pero tardaste en llegar. Eso no está bien, Yuuri. Debes ser puntual —fingió estar enojado con una voz demandante e infantil.
—L-lo siento, Vitya. No volverá a pasar —respondió ahora más nervioso por la cercanía, Víctor siempre era de los que invadía su espacio personal, pero esta vez estaba mucho más cerca que en otras ocasiones, logrando confundirlo. Yuuri no sabía cómo debía actuar ¿Debía alejarlo? ¿Debía quedarse quieto? ¿Debía corresponder a sus muestras de afecto? No lo sabía.
—Mmm… ¡Esta bien! vamos —respondió rápidamente el platinado y despegó sus brazos para luego tomar la mano de su amigo y guiarlo entre la gente, lo llevaría hasta donde se encontraban Seung y Phichit, estaba seguro de que Yuuri se sentiría mejor estando con ellos, además no iba a arriesgarse que alguien se le lanzara encima al japonés y lo abrazara o toqueteara.
Yuuri se dejó guiar, sabía que si estaba con Víctor todo estaría bien. Ya no pensaba en las demás personas, en no saber encajar, ni sobre que debería conversar, porque si estaba con sus amigos podía hablar de lo que quisiera y no habría problema alguno de sonar infantil, porque ellos lo conocían bien.
— ¡Yuuri! Llegaste, por fin —le dijo Phichit al verlo y se lanzó a abrazarlo y darle un beso en la mejilla a modo de saludo. Estuvo bastante rato mirando hacia la puerta por si su amigo aparecía, pero luego se distrajo conversando con Seung.
El japonés se disculpó por llegar un poco tarde, para luego acercarse a Seung, estrechar su mano a modo de saludo y entregarle su regalo, el cual recibió con una sonrisa. También olía a alcohol, por lo que Yuuri suponía que debía estar bajo los efectos de este y por ello se le veía más alegre de lo normal.
Conversaron un rato para luego ir a bailar con Víctor, este le había estado insistiendo mucho con eso, así que Yuuri había terminado por acceder. Fueron al lugar donde había varias parejas moviéndose al ritmo de la música y el japonés comenzó a menearse suavemente mientras tomaba más confianza. No le costó mucho, después de todo bailar era algo agradable y se sentía cómodo con el platinado, por ello fue soltándose cada vez más, sorprendiendo a más de alguna persona que estaba junto a ellos. Bailaron durante bastante rato, hasta que las piernas de ambos ya no dieron más y decidieron ir a sentarse a algún lugar.
— ¿Quieres algo de beber, Yuuri? —preguntó el platinado, quien ya sentía la necesidad de ingerir un poco mas de licor.
—Está bien, pero nada con alcohol —respondió enseguida.
— ¿Estás seguro? No le diré a nadie que bebiste, deberías relajarte y divertirte un poco —lo tentó Víctor, pero el menor se negó nuevamente. No bebería, era su primera fiesta y no quería abusar de la confianza que le había dado su madre al darle permiso para asistir. El platinado entendió y respetó su decisión, se retiró para luego volver con una lata de cerveza y otra de gaseosa para Yuuri, quien le agradeció contento.
Estuvieron en silencio por un largo rato, aunque no uno incomodo, solo se dedicaron a observar a los invitados y a escuchar la música. Repentinamente un tema lento comenzó a sonar, varios salieron del lugar que utilizaban como pista de baile, después de todo aquellas canciones eran para las parejas. Víctor le tendió su mano a Yuuri, invitándolo a bailar y este se sonrojo, pero aceptó enseguida. No sabía por qué, pero no le parecía mal bailar con Víctor de aquella manera, más apegados y en un ambiente más intimo entre los dos.
Bailaron mientras escuchaban comentarios estúpidos sobre lo gays que se veían, no les importo y siguieron con lo suyo.
Yuri estaba tranquilamente con su abuelo y Jean, de algún modo el idiota ese había logrado ganarse el cariño de Nikolai y eso le agradaba. Sintió que tocaron la puerta y el rubio fue a abrir, encontrándose con Otabek afuera de su casa. Como era lógico, lo invito a pasar enseguida.
—Buenas noches —saludó el moreno y Nikolai le devolvió el saludo estrechando su mano.
— ¿Qué haces aquí tan tarde? —preguntó curioso el rubio mientras le traía una taza de café a su amigo y se sentaba en el sofá junto a él. Jean estaba metido en una charla con su abuelo, así que ellos podrían conversar tranquilos sin las interrupciones de JJ por un rato.
—Yuuri fue a una fiesta y estoy esperando por si quiere que vaya a buscarlo —explicó Otabek para luego darle un sorbo a su taza de café.
— ¿Una fiesta? ¿Y quién le dio permiso? —preguntó, comenzando a irritarse. El japonés aun era muy pequeño para ese tipo de ambiente.
—Su mamá ¿Quién más? —respondió el moreno, alzando una ceja ante aquella pregunta— tiene catorce, esto es normal. Tú querías que hiciera amigos y viviera su vida.
—Lo sé, lo sé —respondió, ahora enojándose con él mismo— es solo que… aun lo veo tan inocente —expresó el rubio, realmente le preocupaba su vecino.
El moreno le dijo que lo entendía, que él sentía lo mismo de alguna manera, pero que debían dejarlo tener sus propias experiencias y aprender de ellas, que a los amigos solo les correspondía estar ahí para levantarlo en caso de que algo saliera mal y para apalear a quien le hiciera daño a Yuuri. El rubio estuvo de acuerdo, esperaba ansioso el día en que Víctor hiciera algo mal para poder golpearlo, después de todo, el frentón ya debía ser mayor de edad a estas alturas.
Conversaron un largo rato con Otabek, Yuri le pedía que mirara su celular cada pocos minutos para ver si Yuuri había enviado algún mensaje o si lo había llamado y no habían escuchado. Para cuando dieron la una de la mañana, el rubio estuvo a punto de salir a buscarlo por su cuenta, pero se detuvo al darse cuenta de que no sabía donde era la dichosa fiesta.
—Tienes que tranquilizarte —le había dicho Otabek mientras veía como Jean se había quedado dormido en el sillón. Nikolai había ido a su habitación algunos minutos atrás, ya que se encontraba cansado.
—Tsk. Me tranquilizaré cuando lo vea sano y salvo en casa ¿Qué tal si le paso algo? ¿Si le pusieron algo en la bebida? —preguntó preocupado.
—Está bien, Yuuri no es tonto —fue lo que respondió Otabek, aunque por dentro se sentía igual que el rubio, pero uno de los dos tenía que ser quien mantuviera la calma.
Yuuri la estaba pasando bien. Bailo, comió y compartió con muchas personas que Víctor le iba presentando, aunque en un momento temió por su trasero cuando un chico rubio lo toqueteo en medio de tantas personas.
— ¡Chris! —Víctor llamó la atención del rubio, mirándolo a modo de advertencia y este se disculpó, aunque no paró de sonreír coquetamente— discúlpalo, él es así —explicó el platinado al menor quien se había apegado a su cuerpo en busca de protección.
—Está bien —respondió Yuuri sintiendo como la noche ya le estaba pasando la cuenta, quería volver a casa y dormir, así que llamaría a Otabek para que viniera por él.
— ¿Qué haces? —preguntó Víctor al ver como el azabache sacaba su celular para llamar.
—Llamo a Beka para que venga por mí, ya estoy cansado —explicó y pudo ver como la sonrisa del platinado desaparecía, para luego ser un gesto triste y desanimado.
—No te vayas, Yuuri —le pidió mientras lo abrazaba— o por lo menos, déjame llevarte a casa en mi auto ¿Si?
—Pero… bebiste. No puedes manejar así —respondió preocupado.
—No bebí tanto, así que puedo manejar bien ¿Acaso no confías en mi? —preguntó mirando directamente a los ojos del menor, persuadiéndolo.
— ¡Por supuesto que confío en ti! —Prácticamente grito Yuuri— está bien, llévame a casa —accedió para que Víctor no se sintiera mal por negarse.
Se despidieron de todos para luego dirigirse al auto del platinado, Yuuri subió al asiento del copiloto y se fijo que Víctor no tuviera ningún problema para encender el motor y ponerse el cinturón, por lo que pensó que tenía sus reflejos bastante bien como para manejar. Se auto convenció de que todo estaría bien.
El camino fue corto, el platinado no tuvo ningún problema al manejar. Llegaron al hogar del menor y ambos bajaron del auto, Víctor encamino a Yuuri hasta la entrada de su casa, quería demorar las cosas todo lo que fuera posible para pasar más tiempo con el japonés.
—Yuuri, hay algo que he querido decirte desde hace mucho —comenzó a hablar el platinado hasta que se detuvieron y quedaron frente a frente para conversar— es algo muy importante.
—Dime, Vitya.
El mayor relamió sus labios, por fin le diría al japonés lo que sentía por él— me gustas, Yuuri. Creo que más de lo que debería, hace más tiempo del que imaginas —confesó— sé que tal vez no te has dado cuenta, pero de verdad me gustas y quiero ser más que solo un amigo.
Yuuri se sorprendió por aquella declaración, él era demasiado ingenuo y jamás pensó que Víctor podría sentir algo por él, al menos no de esa manera. Quiso responder que necesitaba tiempo, que esto era muy repentino y lo confundía, pero sus labios fueron sellados instantáneamente por un beso, uno que el platinado le proporcionó al juntar sus labios con los de Yuuri, dejándolo con la mente completamente en blanco.
Continuará…
