El beso fue demasiado repentino y Yuuri no supo qué hacer, sus sentimientos estaban completamente revueltos, sentía sus mejillas arder, las ansias por sentir más aquellos labios comenzaban a acentuarse, así como las ganas de empujarlo y salir corriendo. Aquello estaba mal en muchos sentidos, Víctor había robado su primer beso, aquel que le pertenecía a una sola persona en el mundo, sus labios comenzaron a temblar y lágrimas cayeron de sus ojos los cuales cerró con fuerza. No quería ver, no quería saberse ahí, dejando que otro tomara lo que le pertenecía a Yuri, pero tampoco podía alejarse. La mitad de su ser quería aquello, necesitaba aquella sensación cálida que el platinado le estaba otorgando en un momento de su vida donde todo era tan complicado.

Víctor al ver las lágrimas del azabache se sintió triste, entonces se separó un poco para poder disculparse al haber actuado por su cuenta, pero se sorprendió cuando Yuuri enredó los brazos alrededor de su cuello volviendo a besarlo una vez más, aunque esta vez duró menos que la anterior— Víctor idiota —le dijo cuando se separó para luego empujarlo y alejarse un poco, retrocediendo dos pasos. Ambos estaban muy confundidos, Víctor porque no sabía cómo actuar, no sabía si lo que hizo estaba bien o mal, si a Yuuri le había gustado o no y esto se debía a que el azabache tampoco entendía lo que él mismo sentía, estaba confundido y su cabeza era un caos al igual que su traicionero corazón que latía con fuerza.

Yuuri… déjame...

¡No! —se exaltó el de ojos marrones, mirando a Víctor con lágrimas acumuladas que amenazaban con seguir saliendo— no te acerques… por favor —susurró lo último, aunque no se movió de su lugar.

De verdad el platinado no entendía nada, pero sentía que si presionaba un poco más a Yuuri tal vez podría conseguir lo que quería. Se acercó a pesar de la negativa del japonés, asumió que si este no retrocedía significaba que si quería que se acercara aunque su boca dijera "no". Dio dos pazo y entonces una mano lo detuvo empujándolo hacia atrás. Víctor rápidamente buscó al que lo había agredido y se encontró con unos furiosos ojos verdes.

Él dijo "no" ¿Tan estúpido eres que no entiendes? —lo confrontó, con su ceño fruncido y la voz cargada en enojo por lo que había visto. Si bien el beso lo había puesto un poco celoso, el hecho de que aquel idiota no respetara la petición del japonés lo enfurecía demasiado. El rubio se acercó a Yuuri y tomó el rostro de este en sus manos, limpiando las lágrimas con sus pulgares, pudiendo ver como el menor evadía su mirada como si estuviera avergonzado.

Víctor por su parte no sabía que decir o como actuar, tenía ganas de ir y plantarle un golpe en la cara al rubio por entrometerse, pero sabía que si hacía eso perdería puntos con Yuuri. Empuño sus manos, pero no hizo nada, solo pudo ver como el azabache ahora se sonrojaba por Yuri. No sacaba nada con quedarse ahí, no rogaría por atención, así que se iría donde Chris, su amigo con beneficios. Dio media vuelta para dirigirse a su auto, pero nuevamente fue detenido por otra personas, rodó los ojos y observó al sujeto que no lo dejó avanzar.

Bebiste y aún así te atreviste a conducir. Dame tus llaves —la voz de Otabek era seria, no sonaba molesta pero su rostro daba un poco de miedo.

¿Por qué te las daría? Es mi auto, déjame pasar —respondió sintiendo como el enojo acumulado en su interior, empezaba a aflorar.

Te llevaré a casa y luego vendré por tu auto, pero no conducirás en ese estado. Dame las llaves, no volveré a repetirlo —dijo con voz demandante para luego estirar su mano hacía el platinado, mirándolo directamente a los ojos azules que se veían desafiantes.

Víctor soltó un suspiro cansado, al parecer nada saldría como querría ese día— está bien —habló en un tono más suave y sacó las llaves de su bolsillo para entregárselas al moreno— ¿Feliz?

No, tengo más trabajo ya que debo llevarte a tu casa ¿Quién estaría feliz con eso? —respondió con la misma seriedad de siempre y le hizo un gesto al platinado para que lo siguiera. Lo guió hasta su moto y le paso un casco— eres muy descuidado, pudiste haber tenido un accidente y no solo hubieras sufrido tu, sino Yuuri también.

Víctor se sintió apenado por lo último, no era su intención dañar al japonés, el lo quería demasiado, pero aún era joven y actuaba por impulso en algunas ocasiones. Era todo un problema el ser recientemente un adulto, el tener más responsabilidades de la noche a la mañana. Se puso el casco y subió a la moto tras Otabek, abrazándose a su cintura para no caer— lo siento… de verdad, lo siento mucho —se disculpó bajito y esperó a que emprendieran la marcha, al llegar a casa tendría que explicarle a su madre lo del auto y su estado, pero aquello no importaba. Si tenía que rescatar algo de aquella noche, era que había logrado probar aquellos labios que tanto ansiaba saborear, además de la hermosa vista nocturna que tenía ahora gracias al viaje en motocicleta.

Yuuri se sentía aliviado en cierto modo de que Yuri hubiese aparecido, ahora solo debía lidiar con el sentimiento de culpa en su interior y no con toda la confusión que Víctor le generaba con su sola presencia momentos atrás. No quería mirar al rubio a los ojos, aunque si quería estar en sus brazos y sentirse seguro, protegido por aquel que le mostró aquella sensación cálida hacía años atrás— lo siento —se disculpó ante aquellos atentos ojos verdes que no dejaban de interrogarlo con la mirada, aunque no entendía que era lo que Yuri quería saber— Víctor… él… él se llevó mi primer beso… lo siento — volvió a disculparse, sintiendo como sus ojos otra vez se llenaban de lágrimas.

¿Por qué te disculpas? —Le preguntó el rubio con su voz más calmada, no quería hacer sentir mal al menor por experimentar cosas normales a su edad— no hiciste nada malo, Yuuri. Es normal.

¡Pero! —se exaltó fijando su mirada en los ojos del contrario— pero… —susurró un poco avergonzado por haber gritado antes— ese beso era para ti, dijiste que… —sintió un nudo en la garganta, se sentía tonto por volver a recordar una promesa tan antigua y más cuando ahora estaban distanciados— dijiste que me darías mi primer beso a los dieciséis.

Yuri le sonrió de una manera extraña, una sonrisa cálida que solían dar los adultos cuando encontraban tierna alguna acción de un niño y eso no le agrado a Yuuri quien frunció el ceño de inmediato— tonto cerdo. Te dije que te daría un beso a los dieciséis y que si aún no habías dado el primero, ese lo sería —respondió— cumpliré mi promesa, no te preocupes por eso —acercó su rostro al del contrario y dejó un beso en la comisura de los labios del azabache, con ganas de dejar otro directamente en su boca, pero se abstuvo. Aquello no estaba bien.

El corazón del japonés se aceleró nuevamente, sentía que ese día le daría un ataque cardiaco por tantas emociones. Acortó la distancia y abrazó al rubio, escondiendo su rostro en el cuello de este, aún había una notoria diferencia de altura, así que tuvo que elevarse de puntitas para poder llegar hasta ahí. Habían sentimientos que no cambiaban, a pesar de las confusiones internas que tenía, a pesar de que pudiera sentirse atraído a alguien más, no era como si dejara de amar a aquel rubio que le robo el corazón desde que era un niño. Tal vez Yuri no era su primer beso, pero si era su primer amor y eso no cambiaría.

Yuri correspondió el abrazo, se sentía bien tener al azabache entres sus brazos, sentirlo seguro y saber que al menos en ese momento lo tenía protegido del mundo que los rodeaba. Aquello no estaba bien para nada, ya que estaba dejando que sus sentimientos por el menor afloraran poco a poco, pero que podía hacer, ya había estado reprimiéndose bastante a través del tiempo, un abrazo de esa forma no le haría mal a nadie.

¡Hey! ¿Qué están haciendo? —apareció Jean interrumpiendo el momento y provocando que ambos Yuris se separaran repentinamente, los dos completamente rojos por haber sido descubiertos— vamos, cuénteme —los fastidió pasando un brazo por los hombros de Yuuri y el otro por los del rubio, con la intención de acercarlos como si quisiera que hablaran de algún secreto.

¡No pasa nada, tarado! —le gritó Yuri mientras se quitaba de un manotazo el brazo de JJ. Le hubiese encantado seguir en aquella burbuja que habían formado con el menor, pero tal vez esto había sido lo mejor.

Está bien. No te alteres, princesa —respondió divertido el otro, soltando a Yuuri al ver que su amigo lo miraba como si quisiera matarlo.

Yo… creo que es mejor que vaya a casa —se apresuró a decir el japonés, lo que había sucedido recién, debía tomarlo como una señal. No estaba bien la cercanía que estaban retomando, no le haría bien a ninguno de los dos puesto que la diferencia de edad les impedía tener algo más. Se despidió de los otros dos agitando su mano a modo de despedida, puesto que no soportaría tener a Yuri cerca nuevamente, las ganas de besarlo se acrecentaban aún más luego de haber sentido lo que era aquella unión de labios, después de todo solo era un adolescente.

Yuri entendió y dejó que el menor se retirara, ya podrían conversar en otra ocasión, además Jean no sabía nada de lo que pasaba realmente entre su vecino y él… más bien, de lo que querían que pasara y no pasaba, al parecer era un error quedarse tantos días ahí, tal vez debería nuevamente aumentar la distancia o sería arrastrado por Yuuri. Era más fácil echarle la culpa al menor, que culparse a su mismo.

Hiroko se había dormido en el sofá esperando a que Yuuri llegara, era la primera fiesta de su hijo y estaba preocupada por saber que este llegaría bien, pero el sueño le había ganado. Despertó de inmediato al escuchar la puerta de la entrada, fue rápidamente a recibir a su pequeño quien parecía no querer hablar mucho, ella respeto aquello y solo le preguntó si estaba todo bien y si no había tenido problemas en la fiesta, sintiéndose tranquila al recibir como respuesta que todo estaba en orden y que se había divertido. La sonrisa sincera de Yuuri fue la que le trajo paz a su mente y a su corazón de madre, sabía que su hijo debió haber tenido una buena experiencia.

Yuuri fue directo a su cuarto, se quitó toda la ropa menos los bóxers y la camiseta para luego tirarse sobre la cama con la cara contra la almohada. No podía creer todo lo que había pasado esa noche, Víctor lo había besado, reafirmo su promesa con Yuri e incluso sintió que se acercaron más, aunque aquello último le preocupaba un poco. No quería sufrir y sabía que con catorce años aún no podía tener el tipo de relación que quería con el rubio, así que si lo pensaba de forma madura, lo mejor era mantener la distancia que tenían antes, pero el solo era un adolescente y no sabía cuánto podría soportar sin explotar de diferentes maneras. Ya no importaba, tenía sueño y podía pensar en aquello al día siguiente, por ahora solo quería quedarse con el buen recuerdo de los labios de Víctor y la calidez de los brazos de Yuri.

Continuará…