Otabek llevó a Víctor a su casa, lo dejó en la entrada y le prometió que iría enseguida por su auto y se lo traería para que no tuviera problemas— ¿Sabes? Si ibas a conducir el auto de todos modos… podrías haberme traído en él en vez de venir en tu moto —mencionó Víctor ahora que lo analizaba detenidamente, había sido tonto.
El moreno se sintió estúpido, el platinado tenía toda la razón y ni siquiera se había puesto a analizarlo, solo se apresuró a tomar decisiones con la intensión de que el menor no condujera con alcohol en el cuerpo— tienes razón, creo que no lo pensé bien —respondió sincero, después de todo había sido su equivocación.
—Está bien —respondió Víctor con una sonrisa burlona en los labios— ¿Quieres pasar? Mi madre salió, así que no está —preguntó insinuante, como si el mayor no fuera a darse cuenta de lo que él quería.
—Creo que bebiste de mas. Ve a dormir que mañana tendrás un dolor de cabeza horrible —El moreno a pesar de sentirse un poco halagado de que un chico tan lindo como Víctor se le insinuara repentinamente, sabía que aquello solo era el efecto del alcohol, además de que aun no le caía muy bien al saber que andaba tras Yuuri y que además le había robado un beso. Si, era un hipócrita porque en su momento él también le robo un beso a Yuri, pero al verlo desde afuera, si que estaba bastante mal, increíblemente ahora entendía al pequeño Yuuri de años atrás, aquel que le decía que era un irrespetuoso por robar besos— traeré tu auto, descansa —se despidió rápidamente y emprendió su marcha.
Víctor solo se quejó en voz baja, Otabek no estaba nada mal como para pasar el rato, pero si no quería, él se lo perdía. Entró a su casa y llamó a su rubio amigo, Chris era el único que podría hacerlo sentir mejor en ese momento y estaba seguro que este vendría enseguida si lo llamaba. Lamentablemente se equivocó, el chico estaba ya "ocupado", así que el platinado tendría que pasar la noche solo, era una verdadera molestia. Se fue a dormir cuando sintió el sonido del motor de su auto y vio por la ventana que Otabek había llegado con él. Fue corriendo a recibir las llaves, dio las gracias de mala gana y entro de nuevo en su casa, cerrando la puerta tras él.
Yuuri despertó al día siguiente sin saber donde estaba, sentía como si la música aun retumbara en sus oídos a pesar de que la fiesta había pasado hace bastantes horas atrás. Se levanto a beber un poco de agua, agradecía el haberse resistido a beber puesto que había escuchado que las resacas eran lo peor del mundo, aunque tal vez en su siguiente fiesta si se atrevería a probar aunque sea un poco de alcohol, total ¿Qué mal podría hacerle? Estaba seguro que si bebía de más sería igual de tranquilo que hasta ahora, después de todo Víctor no había cambiado tanto.
Desayunó con su familia, pensando en todo lo ocurrido y en como miraría a la cara al platinado, ya que, aunque él no hubiese iniciado el beso, si lo continuó para luego empujarlo. Tal vez Víctor pensaba que estaba loco y dejaba de hablarle.
El día transcurrió con normalidad, recibió una llamada de Phichit donde este le contaba que ahora él y Seung eran novios, aunque aquello no era una sorpresa para Yuuri, puesto que Chulanont era el claro ejemplo del dicho "el que la sigue, la consigue", era perseverante y era obvio que terminaría haciendo aceptar al pobre Seung al final. Aunque claramente no se lo dijo a su amigo, solo se limitó a felicitarlo por su relación y a sentirse mal por ser tan inseguro, ya que si él quería, podría tener a Víctor como pareja.
Yuri se encontró con el menor un par de veces en el día, pero ninguno mencionó nada de la noche anterior. Era lo mejor para ambos, al parecer estaban de acuerdo en que nuevamente debían mantener la distancia, solo que esta vez Yuuri estaba más grande y comprendía mejor la situación, por lo que ya no dolía tanto como en el pasado. Así era como debían ser las cosas, si en un futuro próximo llegaban a tener algo, era porque realmente el destino así lo querría.
Víctor no llamó a Yuuri en todo el fin de semana, aquello había preocupado al menor, pero el miedo le impidió afrontar la situación y ser él quien llamara al platinado, además ¿Qué le diría? Aun estaba confundido y no sabía cómo debería darle la cara a aquella situación.
El lunes llegó más rápido de lo que el azabache hubiese querido, dejándolo sin poder arrancar de lo que se aproximaba. Aquel día vería a Víctor aun si no quería, porque iban en la misma escuela y sería inevitable. Llego a su lugar de estudio, rápidamente se escabullo a su salón esperando no encontrarse con el platinado, lográndolo felizmente y dejándolo ya más tranquilo, por lo menos la primera hora de clase podría pensar cómo abordar el tema con el platinado.
Cuando el receso inició, buscó a Víctor con la mirada, pero no lo encontró así que decidió preguntarle a Seung. Se enteró que el platinado no había asistido a clases, al parecer estaba un poco enfermo del estómago o al menos esa había sido la excusa que había dado. Phichit aseguró que eso solo debía ser una mentira para faltar a clases.
La semana completa transcurrió sin tener ni un vistazo del platinado, Yuuri comenzaba a preocuparse por lo que decidió llamarlo, pero este no le contestó. Aquello solo provocó miedo en el japonés, quien se creó mil pensamientos que explicaran el por qué Víctor no asistía a la escuela, pensando en que era su culpa y que tal vez el platinado no quería verlo más. Eso lo ponía triste.
— ¿Qué sucede cariño? —preguntó Hiroko el jueves en la tarde, al ver a Yuuri llegar tan desanimado de la escuela.
El menor no aguanto más y lloró en los brazos de su madre, contándole superficialmente su problema, omitiendo el beso y el hecho de que Víctor gustaba de él. Hiroko le dijo que si tenía algún problema que arreglar con alguien, lo mejor era ir y hablarlo de frente, le explicó que tal vez no se arreglaría el problema, pero al menos sabría cómo iban las cosas.
Yuuri secó sus lagrimas y asintió a las palabras de su madre, ella siempre sabía que decir en el momento adecuado y ahora él sabía que debía hacer. Al día siguiente iría a la casa de Víctor para hablar con él directamente, no importaba si dejaban de ser amigos, pero no quería estar con la incertidumbre de no saber qué era lo que ocurría entre ambos.
El día viernes, estuvo todo el día nervioso, fue al sanitario varias veces porque se le revolvía el estómago del solo pensar en cuantas cosas le diría Víctor. Aun así, no desistió de su decisión de ir a verlo, necesitaba saber que sucedía y si podían arreglarlo, también necesitaba decirle algunas cosas que había descubierto aquellos días que no habían hablado. Solo esperaba que no fuera demasiado tarde.
Luego de la escuela, se dirigió a la casa de Víctor, toco el timbre y la madre de este salió a recibirlo— ¡Yuuri! ¿Cómo estás? —preguntó mientras lo dejaba pasar a su casa— Vitya ha estado un poco deprimido, pero seguro que tu visita lo alegra —comenzó a hablar sin dejar que Yuuri respondiera a la primera pregunta, guiándolo a la habitación de su hijo y abriendo la puerta sin tocar siquiera— Vitya, tienes visita —anunció y el bulto que se encontraba entre las mantas de la cama comenzó a moverse, para luego dejar ver una cabellera platinada, aunque no como Yuuri la recordaba. Víctor tenía ahora el cabello corto.
—Mamá, te dije que no quería ver a nad… —las palabras quedaron estancadas en su boca al ver a Yuuri ahí de pie, en la entrada de su habitación.
—Entonces, los dejo solos —comentó la mujer al darse cuenta del silencio incomodo y se retiró del lugar.
—Vitya, yo… lo siento por lo que paso el otro día, estaba confundido y…
—No es así —se apresuró a hablar el platinado— no debes disculparte, fui yo quien actuó mal. Te robe un beso y quise acercarme aunque me dijiste que no —habló arrepentido— todos estos días he tenido miedo de verte a la cara y que me odiaras por lo que paso —explicó mientras cubría su rostro con las manos— pero ahora vienes tú y te disculpas cuando no has hecho nada malo… soy de lo peor.
Yuuri entendió que no solo él había tenido miedo, que no solo él se sentía confundido a veces y no solo él había sufrido de amor no correspondido. Se acercó a Víctor y lo abrazó, en esta ocasión en vez de sentirse protegido, se sintió protector, porque el platinado se veía frágil y él se sentía fuerte— no pasa nada, olvidemos ese día y comencemos de nuevo ¿Sí? —ofreció el menor logrando que Víctor destapara su rostro para mirar el de Yuuri.
—Yo no quiero olvidar ese beso, Yuuri —expresó el platinado— tampoco lo que siento, de verdad me gustas —susurró abrazando al chico por la cintura y descansando su cabeza en el pecho de este.
—También me gustas, Vitya —admitió el azabache— aunque aún mi corazón ama a alguien más —la última frase fue dolorosa para Víctor, pero había un rayo de luz en todo esto. A Yuuri le gustaba él y no dejaría pasar esa oportunidad.
—Entonces dame una oportunidad y veras que con el tiempo, tus sentimientos por mi pueden crecer —dijo con seguridad en su voz, mirando a Yuuri a los ojos, esperando que este aceptara su propuesta.
Yuuri se quedó callado un momento, aquello era un poco repentino, aunque lo había pensado en algún momento. Se sentó en la cama junto a Víctor, lo miró un momento para luego acercarse y dejar un beso rápido en los labios de este— creo… creo que podemos intentarlo —aceptó, dejando al mayor sorprendido con su respuesta y a la vez feliz por haber sido aceptado.
Víctor abrazó a Yuuri con fuerza, prometiéndole que lo haría el chico más feliz sobre la tierra, que no lo haría sufrir nunca y que siempre estaría para él.
Yuuri pensaba que lo mejor era continuar, debía tener sus propias vivencias así como Yuri también las había tenido. Sonaba mal, como si estuviera utilizando a Víctor, pero no era así ya que sus sentimientos por el platinado eran verdaderos, solo que no eran tan fuertes como los que tenía por Yuri.
Continuará…
