Cada vez que veía a Yuri venir de visita, se ponía nervioso, pero no solo por sus sentimientos, sino porque no quería que supiera que estaba en una relación, al menos no aún. Sabía que era tonto, él no tenía el deber de contarle al rubio nada de su vida, no era su obligación informarle si tenía una pareja o lo que hacía, pero el solo verlo y no decirle nada sobre aquella situación lo hacía sentirse un traidor, un mentiroso. Porque para Yuuri, ocultar información también era mentir.
Recordó cuando Yuri le había ocultado lo que tenía con Otabek y pensó que él estaba haciendo lo mismo, estaba siendo un cobarde porque no había nada de malo en tener un novio, entonces lo decidió. La próxima vez que lo viera, le diría.
Su noviazgo con Víctor iba bien para solo llevar un mes, se llamaban y enviaban mensajes cuando no se veían en la escuela, pronto el platinado avanzaría a la universidad y Yuuri ya no lo vería tan seguido. Salieron a un par de citas y compartieron un par de besos, cosa que para el azabache era bastante y para el de ojos azules, muy poco.
Víctor sabía que debía ir despacio, que Yuuri aún no había experimentado todo lo que él había hecho y por ello tenía que acomodarse e ir lento, pero en ocasiones se desesperaba. Había dejado de tener encuentros con Chris por respeto a su novio, pero las ganas de llamarlo de vez en cuando abundaban en su interior. El sexo se había convertido en una parte relativamente importante en su vida, un vicio que tenía que dejar de lado por el momento hasta que su novio fuera un poco mayor, ya que tampoco quería pervertirlo. Por otro lado estaba el problema de su madre, ya lo había hablado con el azabache y le había pedido que no le contaran nada sus padres, porque si se enteraban no podrían estar juntos, debido a que su madre no entendería lo que ellos sentían y se pondría en contra. Por supuesto que Yuuri no quiso que eso pasara, no deseaba que Víctor se llevara mal con su mamá o que tuvieran una discusión por su culpa, así que accedió a no decirle nada a su propia progenitora.
— ¿Por qué? —le preguntó Phichit un día que estaban los dos en la casa del moreno— es él quien tiene problemas con su madre, la tuya es un amor. No deberías ocultarle las cosas, Yuuri.
—Porque Víctor dice que tal vez se opondrían también o que querrían hablar con su madre —explicó el azabache. No quería sermones, solo alguien que lo escuchara. Esta era una decisión suya, nadie debía meterse en ello.
—Me parece que está mal, pero es tu decisión. Eres mi mejor amigo, no creo que seas de los que solo hacen lo que otros dicen —comentó sin querer llegar a discutir, no quería que su amigo dejara de tenerle confianza— creo que deberías decirle a tu mamá, pero si no quieres es asunto tuyo.
Yuuri solo asintió mientras pensaba. Hiroko era una buena madre, siempre estaba para él cuando la necesitaba ¿Y si ella también estaba para Víctor? Su madre podría ser alguien en quien Víctor podría confiar, un apoyo para su novio y que así no se sintiera tan mal por como era su propia mamá. Lo pensó, pero llegó a la conclusión de que no sería lo mismo, si de algo estaba seguro era que el platinado amaba a su madre a pesar de todo, no sería lo mismo confiar en alguien más. Se quedaría callado por un tiempo más, al menos hasta que pudiera conversar bien con Víctor acerca de esa situación.
Estaba de visita, su abuelo había enfermado un poco y aunque no era algo grave, el cuerpo del anciano ya no era como el de antes y no resistía tanto, por lo que el doctor le había recomendado permanecer en cama un par de días. Yuri estaba preocupado, Nikolai no se hacía más joven y él estaba siendo un mal nieto al estar lejos, tal vez era momento de volver a casa.
—Abuelo, cuando te recuperes iré por mis cosas y volveré a vivir aquí —le dijo mientras le traía el desayuno en una bandeja de madera y la dejaba sobre la cama luego de que el mayor se acomodara.
—Pensé que ya te había criado. No tengo fuerzas para seguir aguantando niños en la casa —lo fastidió un poco mientras tomaba una de las tostadas con mermelada y se la llevaba a la boca.
—Es mi turno de cuidarte, así que deja que me haga cargo —ignoró el hecho de que lo tratara como un niño aún, lo único que quería era verlo saludable.
Nikolai se sentía feliz de saber que su Yuratchka regresaría a casa, junto a él. Sabía que debía dejarlo ir, que ya estaba grande, que era un adulto medianamente responsable y que debía hacer su vida, pero… pero él lo había educado, enseñado y visto crecer, el tenerlo lejos lograba preocuparlo; no sabía si se alimentaba correctamente, si estaba durmiendo bien o si tenía con quien hablar cuando se sentía triste. Nikolai no sabía si su joven rubio tenía alguien que lo abrazara o le dijera "buenas noches" antes de dormir. Quería a su nieto en casa, cerca y donde él pudiera estar al pendiente, porque el trabajo de un padre nunca acababa y el suyo seguía aún si era solo el abuelo.
— ¿Cuidarme? ¡Ja! Con suerte puedes cuidarte tu —respondió mientras daba un sorbo a su té— estoy seguro que vienes porque ya te aburriste de comer chatarra y de no tener quien te levante en la mañana.
Yuri rio un poco por eso, no eran sus razones principales, pero tampoco iba a negar que extrañaba la comida de su abuelo, lo mimado que lo tenía y el cómo lo despertaba cuando no quería levantarse.
—Me descubriste, abuelo —dijo riendo y se acercó a darle un suave beso en la frente a aquel hombre que admiraba tanto. Siempre fuerte frente a sus ojos, siempre amable, bondadoso y empático cuando se trataba de él, su único nieto. Nikolai era como su padre.
Yuri pasó el día realizando llamadas mientras su abuelo descansaba, necesitaba conseguir un trabajo rápidamente en esta ciudad, por suerte había adquirido varios contactos con el tiempo o más bien, tenía a Jean y este tenía varios contactos. Llamó también a Otabek, avisándole de su decisión y este se comprometió a ayudarlo con lo que necesitara, después de todo eran los mejores amigos. Luego de sentir que ya había hecho todo lo que podía por ese día, se dedicó a limpiar la casa y cocinar, debía hacer todo ya que Nikolai no podía.
Cuando terminó con todo lo del día, se sentó un momento a descansar y ver la televisión, pero fue interrumpido por golpes en la puerta. Gruñó ya que estaba cansado y lo único que quería era quedarse sentado, pero aún así fue a abrir. Se sorprendió al ver a Yuuri en la entrada, llevaba en sus manos un par de recipientes con tapa y en una bolsa algo que parecían naranjas.
—Hola —saludó notoriamente nervioso el menor— no pensé que estabas aquí. Vine a traerle algo al abuelo —mientras decía aquello levantó los recipientes para mostrárselos al rubio, como si este no le entendiera solo con las palabras.
—Hola, pasa —se apartó un poco de la entrada para que el menor pudiese entrar— vine porque se sentía mal, así que estoy aquí para cuidarlo.
—Eso es bueno. Él siempre está alegre cuando vienes —Yuuri siempre intentaba no ir a la casa de Nikolai cuando el rubio estaba ahí, pero esta vez había sido una sorpresa encontrárselo. Su madre siempre le pedía que fuera a ver como estaba el vecino ya que era mayor, además de que no tenía otro familiar cerca que se preocupara por él— traje comida que mi mamá le hizo y unas naranjas para prepararle jugo —comenzó a hablar mientras se dirigía a la cocina como si fuera su casa.
Yuri siguió al menor, atento de lo que este hacía— gracias, creo que esto es mejor de lo que yo puedo preparar —comentó tomando uno de los recipientes y abriéndolo, pudo sentir el aroma de la deliciosa comida de Hiroko. Siempre le gustó comer en su casa.
—Si hubiese sabido que estabas aquí, habría traído un poco más.
—Si hubieses sabido que estaba aquí, no habrías venido —aclaró Yuri mientras sonreía de lado— no soy tonto, Yuuri.
El menor se sonrojó y desvió la mirada, que antes estaba sobre los lindos ojos verdes, hacía el piso, el cual parecía más interesante ahora, mientras en su cabeza repetía la frase "tengo novio".
—T- tal vez —aceptó el azabache— pero vine y eso es lo que importa… ahora me voy, ya que estas aquí, no me necesitan.
Dejó las cosas sobre el mesón de la cocina y se dirigió a la puerta de entrada, era increíble que aún su corazón latiera con fuerza por Yuri, aún si este no hacía nada para acelerarlo. Sintió como el otro lo agarraba de la muñeca, evitando que se fuera, logrando que se pusiera más nervioso.
—El abuelo debe estar despierto, ve y salúdalo —le dijo mientras lo atraía hacia él, notando que en la muñeca del menor había una pulsera con algo escrito— ¿Estas… saliendo con ese mocoso? —preguntó al observar con detenimiento y darse cuenta que el nombre grabado en el objeto dejaba ver claramente la palabra "Vitya" en él.
Yuuri retiró su mano de un solo tirón y la escondió tras su espalda, como si así pudiera borrar el momento que recién había ocurrido— por favor, no le digas a mi mamá —fue lo único que su mente lo llevó a decir, había olvidado que llevaba aquel accesorio que su novio le regalo ese día.
— ¿Me estás diciendo que además tu madre no sabe de esto? Cerdo, eso no está bien —lo regañó un poco molesto. Sabía que el azabache no escondería las cosas por sí mismo, entonces la idea debía ser del otro chico.
— ¡No es tu problema! —se exaltó sin mirarlo a la cara, sorprendiéndose de sí mismo por su actitud.
—Tienes razón, no lo es —respondió enojado— ni siquiera debería preocuparme. Solo ve saluda y vete —prácticamente escupió las últimas palabras, no sabía que le molestaba mas, que Yuuri, su Yuuri estuviera mintiéndole a su madre o que estuviera en una relación con ese chico frentón.
El menor no esperó a que se lo dijeran de nuevo, dio media vuelta y corrió a la habitación del abuelo. Encontró a Nikolai despierto, estaba leyendo sentado en la cama con sus lentes puestos, se acercó a paso lento y este levantó la mirada encontrándose con un chico de aspecto triste. Prefirió no mencionar aquello, de seguro Yuuri no hablaría sobre lo que sea que hubiese pasado.
—Yuuri, que alegría verte por aquí ¿Cómo está tu mamá? —preguntó con amabilidad mientras hacía un espacio en la cama y palmeaba el lugar libre para que el azabache tomara asiento.
El menor se acercó y se sentó, puso una sonrisa que no ocultaba para nada lo que de verdad sentía y se dispuso a hablar con el abuelo. Le contó que su madre estaba bien y a que había venido, hablaron sobre el clima y sobre la salud del mayor, donde este decía que aún era fuerte y no había de que preocuparse. Con aquella conversación Yuuri logro distraerse un poco para luego despedirse, dándole un beso en la mejilla a Nikolai y retirarse de la casa sin dirigirle ni una palabra al rubio.
Tal vez estaba haciendo las cosas mal, tal vez solo era cosa de tiempo para que todo comenzara a tomar su rumbo. No lo sabía, lo único de lo que estaba seguro, era que él debía tener sus propias experiencias y tomar sus propias decisiones para aprender en la vida.
Continuará…
