Yuri estaba molesto, lo cual no era una novedad. Tampoco era nada nuevo el hecho de que aquello lo provocara Yuuri, ese chico y su manía por meterse en la mente del rubio, comenzaba a volverlo loco y eso que no llevaba mucho tiempo de haber tomado la decisión de regresar a vivir ahí. Vivir junto a ese chico que se colaba entre sus pensamientos insistentemente, aquel que era aún un menor de edad.
—Está en esa edad —le había dicho Otabek cuando le comentó sobre el asunto— todos ocultamos cosas a los adultos cuando somos jóvenes, no hagas un gran problema por ello.
—El asunto es que estoy seguro que la idea es de ese mocoso Nikiforov —contestó enojado.
El moreno solo suspiró al otro lado de la línea telefónica, para él no era un conflicto importante, como sus amigos y personas que conocían bien a Yuuri, solo debían estar al pendiente de él y nada más. Podían aconsejarlo y guiarlo, pero las decisiones siempre serían tomadas por el menor, porque era su vida y sus propias experiencias, ellos no podían interceder mucho en ello, porque ellos ya habían vivido su propia adolescencia, cometiendo errores y aprendiendo de ellos.
—Te guste o no, así son las cosas. Creo que sería mejor si le das la confianza de hablarte en vez de ahuyentarlo —sentía que aquí aplicaba la misma regla, solo podía aconsejar al rubio y este tomaría sus propias decisiones.
—Ya es tarde, ya lo ahuyente —respondió intentando sonar indiferente, entonces Otabek entendió para que lo había llamado. No era solo para contarle lo que había sucedido, lo utilizaría como nexo para saber de Yuuri porque él ya había arruinado las cosas.
—Está bien, Yura. Hablaré con él.
—Yo no te he pedido nada.
—Te aviso lo que suceda, me tengo que ir —fue lo último que le dijo antes de cortarle sin siquiera despedirse. Otabek se quedó un momento pensando en Yuuri, en lo mucho que había crecido con el tiempo y lo lindo que se había vuelto, era normal que tuviera una pareja a esta edad ¿Quién podría resistirse a esa inocencia que irradiaba el menor?
Por su lado, Yuri miró su teléfono indignado porque el moreno le había cortado de forma repentina— tsk, estúpido Beka —se quejó a pesar de que el otro no podía escucharlo. Solo quería que el cerdo estuviera bien, que no sufriera y que no hiciera alguna idiotez.
Se sentó en el sofá, la casa estaba silenciosa al ser tan tarde y eso solo lograba que su cabeza siguiera dándole vueltas al asunto. No era tan grave, era lo que se repetía mientras pensaba en aquel beso que había presenciado hace bastante ya. No era su asunto, se decía a sí mismo para autoconvencerse de que debía dejar de analizar que hacía el pequeño e inocente Yuuri con el idiota de Víctor ¿Solo compartían besos? Tal vez tomarse de las manos ¿Qué tal si el platinado ya había intentado algo más? Sacudió su cabeza y se levantó para dirigirse a su cuarto y dormir. No era su problema.
Yuuri se sacó la pulsera al llegar a casa, estaba molesto y triste por lo que había acontecido con Yuri. Todos los días desde que había comenzado aquella relación con Víctor, se sentía mal, se sentía un traidor hacia su propio corazón y no por mentirle a su madre, sino porque aún tenia sentimientos intensos por el rubio. También sentía amor por Víctor, eso no podía negarlo, pero todo lo que tenía que ver con sus sentimientos era tan confuso que no sabía que era correcto y que no. Saludó a sus padres al entrar y se dirigió a su habitación, necesitaba paz mental.
Tomó su celular y le escribió a su novio, este le respondió enseguida, casi como si estuviera esperando su mensaje. Hablaron por un momento para luego despedirse con la intención de ir a dormir, ya que era tarde y el azabache necesitaba tirarse en la cama, cerrar los ojos y dejarse llevar por el sueño. El último mensaje de Víctor fue "sueña conmigo", Yuuri se puso nervioso ya que no podía responder que si, sabía que era una estupidez, pero no podía, así que solo contestó "y tu conmigo" para luego apagar su teléfono, dejarlo sobre el velador y dormirse sin siquiera cambiarse al pijama.
Por supuesto que esa noche soñó con Víctor, aunque no de buena manera puesto que su guapo vecino se encontraba ahí también, ambos tomando una de sus manos. Yuri la izquierda y Víctor la derecha, mientras lo observaban atentos como si esperaran por una respuesta de parte del azabache quien no sabía qué era lo que debía decir, ni siquiera sabía cual era la pregunta— ¿Quién te gusta más? —preguntaron al mismo tiempo y Yuuri no sabía qué hacer, sintiendo los nervios crecer en su interior. Abrió la boca, pero ninguna palabra salió de ella, solo podía pensar en que alguien viniera y lo salvara.
En el sueño, Yuuri cerró los ojos con fuerza y cuando los abrió, estaba siendo llevado lejos de aquellos dos príncipes de ojos claros. Quien lo había rescatado era Otabek, alguien muy distinto a esas dos personas que atestaban su corazón de sentimientos, fue entonces cuando se sintió tranquilo y a gusto. Con el moreno podía hablar de cualquier cosa, le tenía confianza y lo ayudaba a estar menos confundido.
El azabache despertó justo en el momento en que Otabek iba a hablar para darle todas las respuestas que necesitaba, observó el techo de su habitación y luego la ventana, por la cual comenzaban a colarse los rayos del sol. Necesitaba conversar con alguien y esa persona era justamente la última que vio en su sueño.
Otabek accedió de inmediato a juntarse con el menor cuando escucho que este necesitaba un consejo, se sintió aliviado de no tener que ser él quien abordara el tema por su cuenta ya que no quería alejar a Yuuri siendo insistente con algo que tal vez el chico no quería hablar aún. Conversaron por un largo tiempo, más bien, Yuuri habló por casi una hora, exponiendo todo lo que le preocupaba referente a su nueva relación e incluyendo el hecho de que aún tenía sentimientos por el rubio.
—Si quieres mi opinión sincera, creo que deberías basar tus decisiones en lo que a ti te haga sentir mejor y no en lo que Víctor crea que es mejor —respondió con sinceridad— ¿Confías en tu madre? —El menor asintió— entonces cuéntale, quítate ese peso innecesario —le revolvió el cabello al chico y prosiguió con el siguiente problema que este le había presentado— creo que lo de Yura deberías guardártelo, dejar de pensar en eso e intentar centrarte en lo que tienes ahora. Sabes que Yura suele enojarse con facilidad, solo habla con él y lo resolverán, tu eres el más maduro de entre ustedes dos —Yuuri soltó una pequeña risa tras esa afirmación de parte del moreno. Seguiría el consejo de su amigo quien sabía más que él de la vida y se centraría en todo lo que tenía a su alcance por ahora y eso era: un noviazgo con Víctor y una amistad con Yuri, el tiempo diría lo que pasaría en el futuro, así que no valía la pena preocuparse por ello ahora.
Siguió el consejo de Otabek, decidió que lo mejor era contarle a su madre ya que sus decisiones no tenía por qué tomarlas en base a lo que Víctor estaba pasando en su hogar. Porque su familia era muy distinta, porque su madre era diferente a la de él y porque a él le gustaba ser sincero al menos siempre que podía.
— ¿Un novio? ¿Y cuando lo traerás a casa? —preguntó Hiroko cuando escucho lo que su hijo tenía que decir. No la sorprendía el hecho de que a su Yuuri le gustara un hombre, ella sabía sobre las preferencias de su hijo incluso antes de que este mismo llegara a analizar la situación.
—No puedes estar con alguien que no conocemos bien, Yuuri —explicó Toshiya. Esta última reacción fue la que más sorprendió al menor, sabía que tendría el apoyo de su madre, pero jamás imaginó que su padre lo tomaría con tanta normalidad— eres nuestro preciado hijo, así que tráelo mañana a cenar.
Silenciosas lágrimas cayeron por las mejillas del menor, estaba feliz de tener padres tan comprensivos. Hiroko lo envolvió en un cálido abrazo maternal, el cual hizo que Yuuri se sintiera en completa confianza. Sus padres sabían que él estaba creciendo y solo querían cuidarlo. Era normal.
Al día siguiente tuvo su primera discusión con Víctor y lo peor de todo es que había sido por teléfono. El platinado sentía que su pareja debería haberle consultado antes de tomar una decisión como aquella, después de todo aquella relación era de ambos, por supuesto que Víctor no alzó la voz, pero dejó en claro sus puntos y Yuuri se exaltó llegando a cortarle al platinado. Cuando el azabache se calmó, volvió a llamar, disculpándose por su arrebato y explicándole a su pareja que no porque él había hablado con sus padres, lo harían con la madre de él. Víctor se sintió un poco más tranquilo con eso.
Puntual a la hora que fue citado, Víctor estaba en la puerta de la casa de Yuuri, llevando un presente para sus "suegros". Antes de tocar a la puerta, pudo sentir un aura amenazante por lo cual volteo hacia su derecha, encontrándose con unos ojos verdes que parecían querer asesinarlo. El rubio estaba al otro lado de la cerca, el platinado lo observó y le sonrió con suficiencia, porque era él quien estaba ahí, a punto de entrar a la casa de su novio. Ninguno dijo nada, Víctor entró en la casa apenas la puerta se abrió, saludó cortésmente a todos y cenó con la familia de su pareja.
El platinado debía admitir que Yuuri tenía razón, que se sentía bien estar entre personas que lo aceptaban como era y donde no debía esconder el hecho de que estaba saliendo con Yuuri. Los padres del menor hablaron con ambos, exponiendo los puntos que les preocupaban para que el platinado supiera que ellos estaban al pendiente, después de todo su hijo solo tenía catorce, casi quince y Víctor era mayor de edad.
—Fuera de la responsabilidad que tienes al estar con nuestro Yuuri, queremos que sepas que eres bienvenido en nuestro hogar —explicó Hiroko con la calidez que la caracterizaba— si quieres conversar o algo, siempre puedes venir aquí.
Víctor estaba realmente feliz de escuchar aquello, le llenaba por completo la parte del corazón que su madre dejaba vacía por el hecho de tener tantos prejuicios. Agradeció el gesto de la madre de su novio con un fuerte abrazo que sorprendió a la mujer, pero que aceptó con cariño, por su parte Yuuri se sentía contento de saber que ambos tenían el apoyo de sus padres y que Víctor también lo sabía ahora.
Mientras Víctor y sus padres se enfrascaban en una conversación sobre diversas cosas, Yuuri aprovechó de levantarse fingiendo ir al sanitario para escabullirse por la puerta del jardín trasero y ver si encontraba al rubio por algún lado. Quería arreglar todo ese mismo día, quería que su cabeza se quedara tranquila de una vez por todas.
— ¿Buscas a alguien? —preguntó la conocida voz que agitaba su corazón.
—A un gato arisco y gruñón —respondió intentando calmar sus ansias— Yuri, tenias razón. No está bien ocultarle cosas a mi mamá, así que ahora ya lo sabe… y tú también sabes que estoy con Vitya ¿Aún podemos ser amigos?
Yuri observo al azabache y saltó la cerca con facilidad ya que esta no era tan alta, se acercó al menor y suspiro para luego pellizcarle la mejilla izquierda— ¿Te gusta él? —preguntó sin soltar la cara del otro.
—Si —respondió sincero.
El rubio quiso preguntar si más que él, pero no era correcto. Con su mano libre pellizco la otra mejilla del más bajo y rio por el sonido de queja que este hizo— es tu castigo por ser un malcriado —lo soltó luego de eso. Yuuri sobó sus mejillas con sus manos— siempre puedes contar conmigo, si te hace algo no dudes en contarme ¿Entendido? —El chico asintió— promételo —ordenó acortando más la distancia entre ambos. Podía ver como Yuuri había crecido nuevamente, aunque aún le faltaba para ser de su estatura.
—Lo prometo —respondió sonrojado y desviando la vista.
—Bien —tomó del mentón al menor para que este lo mirara a los ojos y se acercó para besar su frente— volví a vivir aquí al lado, así que cumple tu promesa.
Sin más que decir y así como llegó, Yuri se fue para su lado de la cerca. Dejando atrás los sentimientos de celos que lo invadían solo porque de esa manera debían ser las cosas, Yuuri tenía que estar con alguien cercano a su edad aún si era un chico como Víctor Nikiforov.
Continuará…
