Yuri había recuperado más o menos la relación de amistad con su joven vecino, hablaban cada vez que podían y a veces Otabek se incluía a sus pequeñas reuniones por las tardes. Si bien no compartían todos los días, los viernes era sagrado que se juntaran hasta la madrugada en la casa de los Plisetsky a conversar, reírse un poco y desahogarse de lo larga y cansada que había sido la semana. Los adultos bebían algo de alcohol y Yuuri refresco, además de comer alguna cosa que pedían a domicilio ya que ninguno tenía ganas de cocinar. El más feliz de ver semanalmente a los tres chicos reunidos en su hogar, era Nikolai, adoraba escucharlos reír y meterse de vez en cuando en sus conversaciones, aconsejándolos gracias a sus experiencias de vida al tener ya tantos años en este mundo.

Los mayores problemas de Yuri eran con sus superiores, al ser alguien tan rebelde no dejaba que lo mandaran sin cuestionar y eso a veces le provocaba problemas en su nuevo empleo. Para Otabek no era tan complicada la vida, era serio en lo laboral y no discutía con nadie, incluso le habían ofrecido un ascenso que prontamente se haría efectivo. En el caso de Yuuri, sus problemas escolares no eran muchos, era un buen estudiante por lo que sus calificaciones no descendían, pero su relación con Víctor era complicada ahora que no iban en la misma escuela, en pocas palabras, sus problemas eran más amorosos que estudiantiles.

Solo déjalo y ya —era la respuesta recurrente por parte del celoso rubio, que a pesar de ya llevar poco más de un año escuchando sobre aquella relación, aun no le gustaba nada.

Yura —Otabek solo lo nombraba a modo de advertencia, para que no fuera tan duro con su manera de responder— Yuuri, sabemos que es difícil ese tipo de relación —comentó con conocimiento, ya que él y el rubio mantuvieron su relación solo poco tiempo después de entrar a la universidad— lo importante es la confianza. Si no hay confianza, entonces no hay nada ¿Confías en Víctor?

Yuuri pensó un momento, llevaban un año de relación con el platinado y hasta hace un par de meses atrás algo rondaba en su cabeza. Víctor lo engañaba o al menos eso pensaba, tampoco lo culpaba y es que él no podía darle aún algo que debía ser normal en una relación de adultos, el problema era que él no era un adulto y el sexo era un asunto que le complicaba un poco. No podía decirle eso a sus amigos, así que solo les comentaba que se sentía celoso de la cercanía que tenía su novio y el mejor amigo de este. No sabía cómo abordar el tema de las relaciones intimas, además de que seguramente Yuri querría ir a matar al platinado solo porque este ya le había propuesto tener su primera vez.

Confío en él, pero no confío en Chris —expresó lo mejor que pudo mientras bebía de su vaso.

Yuri se sintió mal por el menor, sabía sobre esa sensación de no saber que hacía la otra persona, de si te estaba siendo fiel o había encontrado a alguien más, era lo peor. Se sentó junto a Yuuri quien estaba en el suelo y se recostó para dejar su cabeza en las piernas del menor, al azabache le gustaba tocar los rubios cabellos de Yuri y comenzar a trenzarlo, era su manera de relajarse y el mayor lo sabía.

Solo debes ir un día a buscarlo sin avisarle, así sabrás lo que hace cuando piensa que no te va a ver —le ofreció Yuri a modo de solución.

Otabek apretó su tabique nasal con el índice y pulgar de su mano derecha, no sabía cómo su mejor amigo aún era tan inmaduro con sus respuestas, aún así le agrado escuchar la leve risa de Yuuri por aquella "solución"— Yura, no creo que…

Si lo hago ¿Me acompañarían? —preguntó Yuuri con voz inocente. Tenía casi dieciséis, pero aun así su rostro tenía rasgos infantiles, a pesar de que su altura había aumentado considerablemente.

Por supuesto —respondió el moreno al instante, tragándose las palabras de regaño que iba a decir antes.

¿Crees que te dejaría ir solo? —preguntó el rubio fingiendo indignación.

Yuuri se sintió más confiado con eso, iría de improviso, esperando no ver nada extraño y que su sorpresa no hiciera enojar a su novio. Víctor era una pareja amorosa y atenta, siempre lo estaba llamando y se preocupaba por él, aunque aún la madre de este no sabía sobre la relación de ambos, pero ese era otro detalle.

Víctor llevaba un año con Yuuri, había sido una relación larga con altos y bajos. No iba a negar que lo más difícil de la relación había sido el tener que reprimirse muchas veces al querer llegar más allá cuando estaban compartiendo besos y caricias, después de todo, él pasó de ser alguien sexualmente activo a no tener nada de nada. Era frustrante, pero el estar con la persona que amaba lo valía, al menos eso pensaba hasta que las cosas se le salieron de las manos hacía un par de meses.

Yuuri había estado con él en su casa un poco antes de una fiesta a la que el platinado asistiría. Como no podrían verse mucho la siguiente semana, habían acordado que ese día almorzarían y cenarían juntos, luego Víctor dejaría a su novio a salvo en su casa y se iría a la fiesta. Todo iba bien, su casa estaba vacía ya que su madre no llegaría hasta el día siguiente por lo que podían estar tranquilos. Almorzaron y se fueron a la habitación a ver una película acostados en la cama, por supuesto que poca atención fue la que le tomaron al filme ya que se preocuparon más de conversar y darse uno que otro beso, los cuales fueron aumentando gradualmente por el calor del momento. No supo cómo, pero termino sobre un Yuuri jadeante y completamente sonrojado, cosa que no ayudaba mucho a su resistencia, su mente le decía que hasta ahí debía llegar, pero las hormonas parecían ser más fuertes por lo que se atrevió a meter sus manos bajo la camiseta del menor, haciéndolo estremecer.

De… detente, Vitya —pidió el azabache, aunque no parecía oponerse mucho por lo que él se atrevió a seguir.

Solo un poco más —le dijo al oído mientras comenzaba a besar su cuello, buscando que cediera.

¡Dije que no, Víctor! —se exaltó el chico y entonces el platinado entro en razón, de verdad estaba incomodando a su pareja con su actuar. Que el cuerpo del azabache reaccionara a su toque, no significaba que él realmente quisiera esto o se sintiera listo.

Bien —fue lo único que dijo e infantilmente se levantó de la cama y salió de la habitación dejando a Yuuri solo. Sabía que había estado mal, pero se sentía ofuscado. Estaba enojado con él mismo por no haber podido reprimir sus acciones y con Yuuri por no entender lo difícil que era para él.

Luego de ese suceso no hablaron más, Yuuri salió de la habitación y pidió ser llevado a casa, cosa que Víctor hizo de inmediato. El platinado ni siquiera intentó arreglar las cosas de camino a casa, necesitaba enfriar su cabeza, de seguro después de la fiesta todo estaría mejor, se relajaría y al día siguiente hablaría con Yuuri, se disculparía adecuadamente y volverían a estar bien. Al menos esa era su intención, pero no siempre las cosas salen como queremos.

La fiesta era una locura, por supuesto que había mucho alcohol al todos ser mayores de edad, además de la música que estaba a todo volumen y las personas que estaban completamente locas al tener un poco de libertad luego de una ajetreada semana universitaria llena de trabajos, presentaciones y exámenes sorpresa. Para quitarse el malestar que lo acongojaba, decidió comenzar a beber, no había cenado por lo que su estómago se encontraba relativamente vacío y el licor hizo efecto más rápido. Un poco mareado entre tantas personas a las cuales ya no les reconocía los rostros, se encontró con Chris y por supuesto se pegó a él tanto como pudo al ser el único que lo conocía desde siempre, alguien en quien podía confiar.

Poco recuerda Víctor de esa noche, bailes con movimientos sensuales, ganas de vomitar, besos y toqueteos en el pasillo de una casa desconocida, estar sin ropa sobre el colchón de alguien con quien sin duda era su mejor amigo. La sensación de estar con Chris nuevamente había sido demasiado buena, como si su cuerpo hubiese necesitado ese contacto desde hacía mucho, se sentía aliviado y por eso pudo dormir plácidamente. Al despertar su cabeza dolía, abrió los ojos notando que esa no era su habitación, lo segundo que supo fue que no traía ropa puesta— mierda —fue lo único que salió de su boca mientras se ponía el antebrazo sobre los ojos para evitar que la luz le molestara.

No estuvo tan mal —respondió a su lado Chris. En cierto modo el platinado se sintió aliviado de que hubiese sido el rubio y no otro con quien se acostó la noche anterior, pero la tranquilidad se fue enseguida al escuchar su celular sonar y el rington personalizado especialmente para cuando Yuuri llamara fuera el que pudo reconocer.

Contestó la llamada lo mejor que pudo, mintiendo sobre su paradero y disculpándose por lo que había pasado la tarde del día anterior. Para Yuuri su novio sonaba realmente arrepentido, no pudo notar que detrás de esos "lo siento", había mucho por lo que Víctor se estaba arrepintiendo y no solo por aquel momento.

De aquella situación con Chris ya habían pasado dos meses, dos meses en los cuales el rubio se le había acercado nuevamente. Se habían distanciado un poco cuando comenzó su relación con Yuuri, ya que no era adecuado tener a su amigo con beneficios cerca mientras su novio debía ser su prioridad, pero ahora no tenía como decirle a Chris que se mantuviera lejos, No cuando este lo atacaba repentinamente en los pasillos del establecimiento y a él le costaba resistirse a aquella tentación. Si tan solo lograra que Yuuri accediera a que llegaran más allá, tal vez no necesitaría de su mejor amigo para sentirse mejor.

Yuuri estaba listo para ir al lugar donde su novio estudiaba, era sábado por lo que sus amigos mayores de edad, pero igual de infantiles que él, no tenían nada que hacer. Sabía que su novio salía a la una de la tarde ese día, lo había visto en el horario que tenía en su habitación, así que estaba seguro.

El azabache se sentía nervioso por aparecer repentinamente a buscar a su pareja que era mayor, después de todo el aún era un estudiante de secundaria y se notaba la diferencia. Yuuri se adelantó y los adultos se quedaron a la vuela de una esquina cercana, donde podían ver al menor y así suponer que era lo que sucedía en la distancia.

Deberíamos estar allá con él —habló molesto el rubio que solo podía observar como Yuuri comenzaba a refregar sus manos entre sí por los nervios, mientras miraba a todos lados como si estuviese perdido.

Ni siquiera deberíamos estar aquí, Yura —respondió Otabek apoyando su espalda en la pared y cruzándose de brazos, evitando mirar en dirección al menor o sabía que iría para intentar calmarlo.

Lo dice el que cayó de inmediato cuando se lo pidieron —se burló mirando por un segundo a su mejor amigo— no puedes evitar querer cuidarlo —Otabek rodó los ojos, no podía negar aquello después de todo.

Se quedaron en silencio un momento hasta que el moreno vio como Yuri se tensaba y salía de su lugar en dirección a donde se suponía estaba Yuuri— es mejor que nos vayamos —le dijo el menor al rubio, tenía los ojos llorosos— no quiero que me vea aquí, por favor.

Otabek se acercó y alcanzó a escuchar lo último que Yuuri había dicho, le hizo una seña a Yuri y este tomó de la mano al azabache para que los tres salieran de ahí. Ninguno entendía que había sucedido, no se veía a Víctor por ningún lado así que era imposible que hubiesen discutido o algo.

Continuará…