— ¡Hey! —saludó el rubio quien estaba de pie frente a su casa y con la espalda apoyada en la pared. Víctor no sabía a qué se debía el motivo de semejante visita, pero debía suponer que debía haber hecho algo malo… corrección, debía haber sido descubierto. Lo malo ya estaba hecho.
— ¿A qué debo este honor? —preguntó con una sonrisa amable, no se dejaría amedrentar por el hombre frente a él. Ya no era un niño y físicamente eran muy parecidos.
—Aléjate de él, esta es una advertencia. La siguiente vez no vendré en buenos términos —advirtió sin moverse de su lugar y con sus verdes fijos en los azules del menor. El rostro de Yuri estaba completamente serio, no mostraba enojo, de hecho, no mostraba expresión lo cual daba más miedo sabiendo lo explosivo que era el rubio.
—Es mi novio ¿Por qué debería? —no admitiría algo si no le decían que era lo que había hecho primero, no era estúpido como para lanzarse solo a un precipicio— si tienes problemas con nuestra relación, no es mi asunto. Amo a Yuuri…
Fue interrumpido por una risa fingida que emergió de los labios del contrario, lo observó un par de segundos esperando que esté hablara— ¿Amar? ¿Siquiera sabes lo que es eso? No es amor si lo haces llorar.
—Entonces tú tienes menos derecho que nadie para darme sermones ¿No? —Contraataco sin perder su característica sonrisa que lo hacía ver tan inocente— si recuerdo bien, eres tú quien ha hecho llorar a Yuuri antes.
El rubio se quedó en silencio, después de todo no podía negar aquello que le había sido restregando en la cara, ni tampoco podía aceptarlo de buenas a primeras, porque eso significaría aceptar los sentimientos que había estado intentando enterrar antes de siquiera darse cuenta que existían. Su amor por Yuuri Katsuki, su amor por un menor de edad.
—Si no hay algo de lo que quieras hablar, te agradecería que te fueras —añadió mientras abría la puerta para entrar y dar por zanjada esa conversación— estoy cansado y quiero dormir.
—Mentir te mantiene ocupado ¿No? —Víctor se tensó un momento, pero luego se obligó a relajar los hombros y voltear— Yuuri fue a buscarte hoy, te vio a la salida de la universidad… —dejó las palabras en el aire, esperando que el otro se percatara de lo que intentaba decir, porque la verdad ni el mismo sabía que ocurría. El azabache no había querido abrir la boca y pensó que la mejor manera de obtener respuestas sería esta.
El platinado abrió sus ojos a más no poder por la sorpresa, de todas las cosas jamás pensó ser descubierto de esa manera— ¿Cómo que fue? —Preguntó aún procesando las palabras— ¿Él me vio?
"Bingo", pensó el rubio en ese instante— por supuesto que te vio, por eso estoy aquí —se acercó un paso hacia el joven de manera intimidante— por eso vine a alejarte, solo le haces daño.
—Solo es para aparentar, lo juro —se excusó mientras sus ojos azules mostraban desesperación— si le dije que sí a ella, fue solo para no levantar sospechas. Tú sabes que mi madre… ella no sabe que soy gay —no sabía cómo arreglar esto, pensaba contarle a Yuuri mas adelante, pero todo había sucedido demasiado rápido y tenía tantas cosas en su cabeza en ese momento. La presión de los estudios, la frustración de no poder tocar a su pareja, el meterse con otro y ocultarlo, además de esto que sucedía ahora. No podía con todo y lo peor era que él mismo estaba cavando más y más hondo su propio agujero.
Aquella tarde a la salida de sus clases se le presentó una oportunidad que no había buscado, pero que le venía como anillo al dedo. Su madre había estado fastidiándolo con respecto a tener novia, a salir con alguna chica y presentársela de manera formal, después de todo ya era un adulto; aquel día una chica con la que conversaba a menudo y con quien realizaba varios trabajos de la clase que tenían en común, se le acercó para pedirle que fueran novios ya que se llevaban tan bien. Víctor aceptó al verse arrinconado por las palabras de su madre y al estar en un lugar concurrido, no quería negarse en frente de tantas personas. Pudo ver como Chris negaba con la cabeza a modo de desaprobación, pero no le importó, ahora solo le quedaba hablar con Yuuri para explicarle, pero al parecer no había tenido tiempo.
Yuri entendió en parte, deduciendo por las palabras del platinado que hablaba sobre una chica y decirle que "si", suponía que había sido una confesión. Dio un suspiro, con razón Yuuri se sentía tan contrariado y no quería hablar, de seguro supuso que aquello sería por la madre de Nikiforov y no dijo nada para no dejarlo mal frente a él. Aún así no avalaba esa clase de comportamiento, el platinado era lo suficientemente grande como para afrontar las cosas, no entendía a que le tenía tanto miedo ¿Al desprecio de su madre? Si ella no lo amaba como era, entonces era mejor apartarla ¿No? Entonces pensó en su abuelo, en si él hubiese sido así y que hubiera hecho él.
—Con mentir lo único que haces es aplazar lo inevitable —le dijo mirándolo a los ojos— ella lo sabrá tarde o temprano y ahora solo haces sufrir a Yuuri. Si quieres ocultarlo no incluyas a alguien más en tu problema, no es justo.
Víctor pasó saliva por su garganta, era egoísta queriendo acaparar todo de su novio cuando él no estaba dándose por completo. Plisetsky tenía razón y no podía contradecirlo, después de todo Víctor no era una mala persona, solo estaba tomando malas decisiones aunque su intención no era hacer daño. Aun era inmaduro a pesar de ser un adulto ¿A qué edad uno sabía exactamente que decir y qué hacer? Siempre pensó que al cumplir la mayoría de edad, mágicamente todo sería más fácil, sabría cómo hacer las cosas de la manera correcta y tendría todas las respuestas, pero así no era la vida, todo era un proceso de aprendizaje por medio de experiencias, de prueba y error. Agachó la cabeza, mirando al suelo sin saber que responder, no quería admitir que lo mejor era dejar ir a Yuuri hasta ordenar su vida.
Yuri se sintió mal por el chico frente a él, después de todo sabía lo que era sentirse confundido y tener la presión de ser un adulto sobre tus hombros cuando aún no te sentías listo para lidiar con ello. Palmeo un par de veces la cabeza del platinado, como una manera de reconfortarlo, aunque no se retractaría de sus palabras. Lo quería lejos de su Yuuri, no quería que el menor se viera envuelto en problemas que no le concernían.
—Hablaré con Yuuri… le diré todo —fue lo único que respondió mientras daba un pequeño manotazo para apartar la mano de su cabeza. No era un niño pequeño y no dejaría que lo tratara como tal.
Víctor entró en su casa con rapidez mientras Yuri se quedaba observando el lugar por donde este había desaparecido. La vida era complicada y él no podía lidiar con las realidades de todos, así que solo se centraría en la suya y la de sus cercanos como lo eran su abuelo, Yuuri y Otabek.
Yuuri había visto algo que le revolvió el estómago y que lo confundía totalmente. Sabía que a Víctor no le gustaban las mujeres, bajo ningún motivo le parecían atractivas como para tener una relación con una y por ello estaba seguro de que lo que había visto era una farsa. No debía ser muy inteligente para darse cuenta que todo ello era por la madre del platinado, para mantenerla contenta y ese no era el problema, lo que le generaba un sentimiento confuso era el hecho de que no sabía si podría apoyarlo con aquella decisión. Quería hacerlo, sentía que era su deber como novio permanecer ahí para él siempre que lo necesitara, pero esto era demasiado… compartirlo era demasiado.
El azabache le daba vueltas en su cabeza una y otra vez al recuerdo de una linda chica de cabello largo y castaño pidiéndole a Víctor, su Víctor, ser el novio de ella. La sangre le hirvió al principio y tuvo ganas de apartarla de un empujón, aunque no fuera correcto, pero al escuchar la respuesta de su pareja quedó en blanco y solo pudo volver sobre sus pasos hacia donde estaban sus amigos. Quería abrazarse a Yuri y desahogarse con él, pero sabía que si hacía aquello este sentiría odio por su novio y eso no era algo que le gustaría, porque sentía amor por Víctor y no le deseaba mal a pesar de lo que había visto.
Se quedó acostado en su cama, boca abajo mientras pensaba y se calentaba la cabeza buscando una solución a esto, pero no la encontraba. No podía pedirle a Víctor que hablara con su mamá, pero tampoco quería compartirlo y mucho menos quería hacerle daño a un tercero. La chica que se había declarado al platinado no tenía porque ser engañada, no estaba bien que ella creyera que su amor era correspondido cuando no era así. No tenía porque estar en una relación falsa.
Cerró los ojos un momento intentando no pensar, al día siguiente se ocuparía de eso, por ahora solo quería dormir. Cuando el sueño estuvo a punto de llegar a él, su teléfono sonó quitándole todo indicio de somnolencia, más al ver el nombre en la pantalla de su celular.
—Vitya —habló rápidamente al contestar, estaba nervioso ya que no sabía si decirle o no lo que había visto ese día. Llegaba a sentirse culpable por haber ido de improviso, como si por su causa hubiese pasado aquello, tenía miedo de que su novio le recriminara que lo estaba vigilando y solo por ello sus manos comenzaron a transpirar y su voz tembló levemente— ¿Co- como estás?
—Bien —respondió secamente, Víctor sentía que las palabras quedaban atrapadas en su garganta y no querían salir— ¿Cómo estás tú? —sabía que la pregunta era estúpida, debía estar triste y enojado obviamente.
— ¿Yo? Bien… bien —sentía como si la conversación no avanzara, como si ambos quisieran decir algo, pero ninguno se atreviera a tocar el tema; pero era imposible que fuera eso, porque Víctor no sabía que él sabía.
—Yuuri, tenemos que hablar de algo importante —se hizo un silencio incomodo entre ambos— aunque tal vez sea mejor hablarlo en persona…
— ¡No! —se exaltó el menor, si estaba nervioso sin verlo a la cara, no quería imaginarse si estuvieran frente a frente— no. Por favor, lo que tengas que decir… dímelo ahora.
—Está bien —Víctor caminaba de un lado a otro en su habitación, con el celular pegado a su oreja. No sabía por dónde comenzar, así que decidió ir al grano— creo que debemos terminar. Yo no puedo seguir haciéndote esto.
Yuuri se quedó mudo, sintió como si un balde de agua fría le hubiese caído encima ¿Terminar? ¿Por qué? ¿Había hecho algo malo? Su cerebro no lo procesaba del todo a pesar de ser tan inteligente. Su inseguridad comenzaba a jugarle en contra a pesar de saber que con aquellas palabras se refería a que lo hacía por su bien, comenzaba a pensar que lo hacía porque algo le faltaba para ser lo suficientemente bueno para Víctor.
— ¿Es por esa mujer? —preguntó mientras en su pecho se arremolinaba el enojo, los celos, la inseguridad y la tristeza. No sabía cómo manejar todo eso a sus quince años— ¿Es mejor ella que yo? ¿Es eso?
Víctor se sorprendió un poco por el tono de voz de su pareja, Yuuri rara vez hablaba de manera tan brusca— no. El problema soy yo —respondió mientras ordenaba sus ideas para poder explicarle— tú eres un buen chico, Yuuri y…
— ¿"No eres tú, soy yo"? ¡¿Es eso?! —Se exaltó el azabache— ¡Tonto Víctor! No quiero volver a saber de ti ¿Escuchaste? No vuelvas a hablarme —tras decir lo último cortó la llamada y apagó el teléfono.
Continuará…
