Víctor no sabía qué hacer, Yuuri no le contestaba las llamadas y las pocas veces que había logrado ir a verlo a la escuela, este se le escabullía entre las personas ignorando por completo el cómo gritaba su nombre entre el tumulto de estudiantes que ansiaban alejarse pronto de aquella cárcel que los adultos llamaban "escuela". Uno de aquellos días, Phichit lo había increpado, diciéndole que ya parara de acosar a su mejor amigo, que se fuera por donde había venido o llamaría a la policía ya que no dejaría a su casi hermano con alguien como él. Porque el moreno conocía bien la situación ya que Yuuri le había contado todo.
—Pero necesito que arreglemos las cosas —le dijo Víctor ya enojado por no tener ni siquiera la oportunidad de estar en buenos términos con el que fue su novio.
—Eso es lo que tú necesitas —respondió el moreno mientras presionaba con fuerza su índice en el pecho del platinado— él necesita tranquilidad para aclarar su mente, luego de eso tal vez puedas hablarle.
Phichit no dijo nada más ni dejó que el otro hablara, simplemente dio media vuelta y corrió para alcanzar a Yuuri ya que en el último tiempo lo acompañaba todos los días a su casa para evitar que Víctor se acercara. No sabía si estaba bien o mal que no hablaran, solo sabía que su mejor amigo le había pedido ayuda para no ver más a su ex y él no traicionaría a Yuuri por nada del mundo, después de todo su lealtad estaba con él.
Víctor se quedo ahí, no podía hacer más ya que el moreno tenía razón. Otra vez estaba actuando egoístamente y bajo lo que él quería en vez de pensar en Yuuri. Se fue a su casa desanimado, no quería pensar en nada ni en nadie así que apagó su celular y solo se dedicó a dormir, más tarde vería que hacer para distraer su mente de los problemas para luego enfocarla en algo más.
El moreno alcanzó a su mejor amigo en poco tiempo, siendo cuestionado enseguida por este para saber qué era lo que había sucedido en aquella conversación con Víctor. Aunque Yuuri no lo admitiera en voz alta, estaba preocupado por el platinado y quería hablar con él, pero su orgullo no le permitía dejarse ver amable con este ya que si lo hacía estaba seguro de que caería nuevamente por el de ojos azules y esa no era una opción. Chulanont jamás mentiría a Yuuri, por ello le dijo lo que había pasado sin omitir nada, aunque se arrepintió un poco al ver en su mejor amigo un rostro preocupado; sabía que Yuuri se sentía egoísta al no hablar con el platinado, pero estaba en su derecho de serlo.
El camino a casa fue silencioso después de aquel evento y la conversación producida por este, Katsuki necesitaba sumirse en sus pensamientos un rato y el moreno lo entendía ya que habían sido amigos por muchos años. No necesitaban siempre decirse las cosas para saber lo que el otro necesitaba o quería.
— ¿Por qué esa cara? —preguntó la voz de Otabek, quien pasaba junto a los menores dándose cuenta de que ninguno de los dos se percató de su presencia cuando los saludo con la mano al pasar por su lado.
Yuuri levantó su mirada inmediatamente para encontrarse con los ojos de Otabek, como si necesitara aquello ese día, como si este fuera un salvador que había llegado a arreglar de algún modo desconocido su día. Ni siquiera se había dado cuenta que iba mirando el piso mientras caminaba hasta que Beka lo sacó de sus pensamientos.
— ¿Por qué no estás trabajando? —Yuuri preguntó de vuelta intentando desviar la pregunta del mayor.
Phichit solo saludó con un gesto de su mano y una pequeña sonrisa, no conocía del todo a Otabek como para meterse en la conversación, además de que el adulto se veía muy serio e intimidante en ocasiones.
—Yo pregunte primero, Yuuri —su tono de voz sonaba como un llamado de atención por la falta de educación del menor, lo cual hizo reír levemente a Yuuri.
—Siempre tan serio —respondió— solo iba pensando en… en muchas cosas, es todo —desvió su mirada levemente para darle a entender que no quería hablar de eso por ahora, necesitaba distraerse un poco.
Otabek asintió a modo de entendimiento, conocía a Yuuri desde hacía tiempo y entendía que era algo de lo que no quería hablar ahora, pero que tal vez luego soltaría toda la información si conversaban un rato. Siempre era así, el menor terminaba hablándole cuando tenía algún problema o estaba indeciso, porque sabía que él no le daría la respuesta que quería escuchar, sino a que creía correcta de acuerdo a la situación y que pudiera ayudarle a solucionar lo que fuera que lo inquietara.
—Hoy pedí el día libre —comentó mientras comenzaba a caminar junto a los menores— aproveche de ir a comprar algunas cosas por aquí cerca —mencionó mientras levantaba las bolsas que traía en su mano izquierda— y más tarde iré al centro comercial ¿Quieren venir? —preguntó mirando a ambos chicos a la espera de una respuesta.
—Ah… yo no puedo… debo ir donde Seung hoy —respondió rápidamente el moreno menor. No era del todo cierto porque no era un deber y podía avisarle a su novio que no iría ese día, pero al parecer Yuuri necesitaba distraerse y él no encajaba bien junto a ese par que mantenía largos silencios y compartían pocas palabras. Phichit era más de hablar mucho.
Al final Otabek acordó que pasaría a buscar a Yuuri en un par de horas más a su casa, así podrían ir a dar una vuelta y conversar con tranquilidad, el menor agradecía internamente que Otabek le hiciera compañía, en esos momentos necesitaba conversar con alguien un poco más maduro que Phichit, además de que fuera neutral en la situación y el adulto era perfecto para ello.
Phichit se despidió de su amigo luego de dejarlo en la puerta de su casa y se apresuró a ir donde su novio, últimamente no pasaban mucho tiempo juntos debido a que el moreno estaba priorizando a Yuuri y eso causaba celos en Seung, celos que aunque el otro no lo mencionara, Phichit sabía que estaban ahí. El problema era que Phichit no le mentiría diciéndole a su pareja que era más importante que su mejor amigo, él siempre fue claro en que si Yuuri lo necesitaba estaría ahí para apoyarlo y acompañarlo aún si a Seung le molestaba la situación, aclarándole que si no le gustaba entonces podían terminar. Yuuri era como su hermano y no iba a abandonarlo por un novio. A Seung solo le quedaba aceptar la situación a regañadientes, aunque si lo pensaba detenidamente no era una situación recurrente el hecho de que Yuuri necesitara de Phichit.
Yuuri se dio una ducha rápida, al salir de esta le avisó a su madre que saldría con Otabek en un rato más, a lo que la mujer solo le pidió que se cuidara, que llevara una chaqueta por si más tarde hacia frío y que le avisara a qué hora volvería a casa. Por supuesto que Yuuri solo decía que si a todo sin escuchar nada, porque su mente estaba en otro lado, pensando en Víctor y en como podía sacárselo de la cabeza pronto porque no valía la pena; pensando en Yuri y en como su enamoramiento por él también había salido mal de una manera u otra, tal vez solo le quedaba abrir su corazón a alguien más o cerrarlo para siempre. Eso era lo que quería hablar con Otabek, eso y varias cosas más.
El sonido de la motocicleta le avisó a Yuuri que su "cita" lo esperaba afuera, le dio un beso en la mejilla a su madre y le dijo adiós sin poner atención a lo que ella le respondía, cerró la puerta tras él y corrió hasta donde el moreno lo esperaba con su rostro serio y un casco extra en la mano.
—Llegaste justo a tiempo —le dijo Yuuri ya que adoraba que fuera puntual.
—No me gusta hacer esperar —respondió encogiéndose levemente de hombros y pasándole el casco al menor quien se lo puso enseguida y subió a la parte trasera de la motocicleta. Hacía bastante tiempo que no salía con Otabek a pasear en ella.
La llegada al centro comercial fue rápida, el viento en el rostro de Yuuri se sentía demasiado bien, le enfriaba la cabeza y no lo dejaba pensar en otra cosa más que en la agradable sensación y lo seguro que se sentía aferrado a la ancha espalda del moreno. Desde que se habían vuelto cercanos esa era la sensación que Otabek le regalaba siempre: Protección y seguridad.
Al llegar al lugar pasearon un rato, el mayor quería pasar a ver algunas prendas de vestir y Yuuri lo ayudo dándole su opinión a pesar de que su conocimiento sobre moda era casi nulo. Lo único que hacía era ver cómo le quedaba la ropa al mayor al salir del probador y asentir o negar con la cabeza para dar a entender lo que le gustaba y lo que no. Entre una cosa y otra hablaron de su vida cotidiana, la escuela y el trabajo respectivamente, recordando que pronto Yuuri cumpliría dieciséis.
—Creo que me gustaría buscar un empleo de medio tiempo —mencionó el menor y Otabek lo pensó un momento. Para un adolescente era importante tener su propio dinero y comenzar a pagar por cosas que querían, pero esto iba más allá de eso, después de todo últimamente había sido Víctor quien pagaba por las salidas con Yuuri y le regalaba cosas, en cierto modo para el menor en ese instante debía significar un tipo de independencia más allá que solo soltarse un poco de sus padres.
—Es una buena idea, así podrías conocer otras personas y adquirir nuevas experiencias —respondió mientras caminaban hacia donde vendían helados, habían decidido ir por unos para luego sentarse y charlar un rato. Dejó que Yuuri pidiera primero, un helado de chocolate fue lo que se le antojo en ese momento, mientras que Otabek pidió un batido con sabor a capuchino.
— ¿Crees que si conozco más personas pueda dejar de pensar en él? ¿Superarlo?—preguntó directamente mientras se sentaban en una banca al azar, sabía que el moreno lo había invitado a salir para conversar sobre aquello, porque debía estar preocupado. Por un momento pensó que le hubiese gustado que Yuri estuviese ahí también, con su carácter fuerte, solo para que le dijera que era un tonto por pensar tanto en esas cosas.
—Superar a una persona que te hizo daño no es dejar de pensar en ella —habló con tranquilidad mientras miraba al frente, viendo a las personas pasar— superarla es poder pensarla sin que duela —aclaró el moreno y Yuuri sintió que aquellas palabras eran acertadas. Otabek tuvo su primera desilusión amorosa con Yuri, pero ahí estaba ahora como su mejor amigo y sin pensar en las cosas malas.
—No necesitas superar a una persona que te hizo daño, es mejor matarla y así no te herirá de nuevo —se escuchó la voz del rubio tras ellos logrando que ambos voltearan a verlo— Me ofrezco como sicario para esa noble labor —bromeó con una sonrisa ladina mientras tomaba la muñeca de Yuuri y acercaba hacia él, el helado que este sostenía para comer un poco como si fuera suyo.
— ¡Hey! Eso es mío —reclamó el menor frunciendo el ceño— además no mataras a nadie, no te quiero preso.
—Eso quiere decir que si lo quieres muerto, pero que es más importante mi libertad —Yuri saboreó el chocolate en su boca y luego rodeó la banca donde estaban sentados sus amigos para después hacerse un lugar entre ambos y quitarle el batido a Otabek. El moreno ya estaba acostumbrado así que solo lo dejó pasar.
—Eso quiero decir que no quiero que el abuelo Nikolai se preocupe, Yura —desvió la conversación el menor mientras volteaba hacia el lado donde estaba vacío para que el rubio no pudiera robarle más helado. Se sonrojó al pensar en que si ahora comía un poco seria un beso indirecto, eso lo hizo olvidar momentáneamente a Víctor, por lo que saboreo el helado desde el mismo lugar donde Yuri había puesto su boca antes. Estaba cerca de cumplir dieciséis, estaba cerca de recibir un beso real de parte del rubio, solo esperaba que este recordara la promesa ya que no se sentía con ánimos de refrescarle la memoria.
Yuri había acordado con Otabek que se encontrarían en el centro comercial ya que ambos tenían cosas que comprar, no se espero que llevaría a Yuuri con él, aunque tal vez se debía a que el rubio le había dicho a su mejor amigo que si tenía la oportunidad que conversara con el menor. Yuri sabía que él no era bueno con ese tipo de conversaciones y Otabek si, él se alteraría solo por ver a Yuuri herido y eso no era lo apropiado en ese momento.
—No hay espacio en la moto para los tres —aclaró Otabek luego de que bromearan un poco y se terminaran los postres.
—Bien, el cerdito se irá conmigo en un taxi —asumió el rubio como si él mandara.
—Pero yo quiero ir con Beka —se quejó Yuuri ya que quería sentir nuevamente el viento en su rostro.
—No traes chaqueta y hace frío —mencionó el rubio, entonces Yuuri sintió el eco de las palabras de su madre avisándole sobre la prenda de vestir. El menor frunció el ceño y ya no dijo nada, al parecer su día había vuelto a arruinarse.
Salieron del centro comercial a la calle y Yuuri sintió sobre sus hombros algo abrigador, observó a la persona más cercana y vio a Otabek poniéndole su chaqueta de cuero negra sobre los hombros. El moreno luego de hacer eso le lanzó las llaves de su moto al rubio quien las atrapó en el aire mirándolo confundido.
—Me iré en taxi, ustedes vayan en la moto —explicó mientras apuntaba las bolsas con compras que habían dejado en el piso al salir— tengo muchas cosas que llevar. Mañana me la devuelves.
Yuri asintió y el menor se sintió nervioso, subiría a la motocicleta con el rubio. Su suerte estaba cambiando considerablemente. Los Yuris subieron a la moto mientras se despedían de Otabek con la mano; antes de que el mayor avanzara, Yuuri cerró el cierre de la chaqueta sintiendo enseguida el aroma del perfume de Beka, sonriendo por aquella sensación de seguridad que el moreno le transmitía incluso sin estar ahí. Yuuri se abrazó de la cintura del rubio y apoyó su nariz contra la espalda de este sintiendo el contraste de aromas, no podía decir cual le gustaba más.
Al llegar a casa fue Yuri quien se disculpo con Hiroko por traer tarde a Yuuri y por no avisar de antemano el horario de llegada.
—Todo estará bien —le dijo al menor una vez que estuvieron solos, despidiéndose de este con un beso en su frente. Sin mirar atrás se retiró a su casa, pensando en lo cercano que estaba el cumpleaños del cerdito y lo grande que se había vuelto.
Continuará…
