—Organizar un cumpleaños es molesto —habló con enojo fingido mientras seguía metiéndose en cada tienda donde veía algo que llamaba su atención para organizar la fiesta de Yuuri.
Otabek seguía a su rubio amigo mientras lo escuchaba quejarse una y otra vez, contradiciendo con sus palabras su rostro emocionado y su andar ansioso que lo obligaba a caminar rápido con la intención de buscar todo lo necesario. El moreno solo sonreía levemente y negaba con la cabeza, este sería el primer cumpleaños en el que Yuuri tendría una fiesta con varios invitados y por ello habían rentado un salón para que todos pudiesen estar ahí. Yuri quería que todo fuera muy especial por varias razones, entre ellas estaba el hecho de que quería animar al menor por su rompimiento y por otro lado Yuuri cumpliría dieciséis, cada vez le quedaba menos para ser adulto y el rubio no había olvidado su promesa para con el joven azabache.
"Soy un pedófilo" era lo que pensaba mientras imaginaba que besaría los labios de Yuuri por primera vez. No sería el primer beso de ninguno de los dos, pero eso no significaba que no fuera a ser especial ¿Verdad? Tal vez en estos momentos él era el único pensándolo y el menor ya lo había olvidado o simplemente ya no le importaba. Todos esos pensamientos le provocaban un estado de ánimo cambiante, parecía un adolescente que no sabía que sentir o que hacer, poniéndose un poco nervioso, algo irritado, muy ansioso y casi nada tranquilo.
—Si es tan molesto no deberías haberte ofrecido con la señora Katsuki —comentó el moreno solo por molestar. Le había agradado que su mejor amigo tomara esa iniciativa, Yuuri había estado muy inquieto por todo lo que tenía en su joven cabeza y esta era una buena oportunidad para que se distrajera y lo pasara bien sin pensar en el platinado, porque obviamente Víctor no estaba invitado.
Yuri murmuró quejas ininteligibles como respuesta a lo dicho por su amigo mientras le pasaba las bolsas para poder entrar a otra tienda a comprar. Llevaba de todo hasta el momento, adornos azules y algunos con motivos de caniches ya que era bien sabido que a Yuuri le encantaban, incluso la carcasa de su celular tenía perritos estampados; Aprovechó de escoger un regalo para el menor, velas para el pastel de esas que no se apagaban cuando las soplabas sin saber que Otabek las cambio por unas normales cuando el rubio no veía, ya que no podía dejar que Katsuki pasara una vergüenza delante de tantas personas. La idea era animarlo no deprimirlo.
Una vez terminadas las compras de los adornos, se dirigieron al departamento del moreno para dejar todo. No podían guardar las cosas en casa de Nikolai ya que Yuuri a veces iba a visitar al abuelo o al rubio como le era habitual y como la fiesta sería sorpresa no debían dejar cabida a la posibilidad de que el menor descubriera el secreto. Al terminar de ordenar todas las compras en el hogar de Otabek, salieron nuevamente para abastecerse de comestibles y cosas para beber, uno que otro licor que pudieran combinar con algún refresco para hacerlo más suave y que los menores no se emborracharan tan rápido, después de todo si eso sucedía los adultos tendrían que hacerse cargo y eso sería una molestia según Yuri, ya que Otabek y él serían los responsables en la fiesta.
Yuuri estaba un poco desanimado, nadie lo había felicitado ese día por su cumpleaños, nadie más que su madre quien le había llevado un cupcake con una velita sobre él a la hora de despertarlo. Hiroko le deseó un muy feliz cumpleaños y le dio un beso en la frente, Yuuri apago la vela con una sonrisa y le agradeció el gesto a su madre. Había pensado que ella le organizaría algo con sus amigos cercanos como los años anteriores, pero parecía que a los dieciséis ya era demasiado grande para celebraciones.
Se levantó y se vistió para bajar a desayunar con su familia, su padre también lo felicitó resaltando que ya era un año más grande y que ya casi era todo un hombre. El menor agradeció el gesto para luego sentarse a la mesa y observar su celular notando que no tenía ninguna felicitación por aquel día que se suponía debía ser especial y es que Phichit se había encargado de correr la voz para que nadie lo felicitara ni siquiera en redes sociales, que actuaran como si a nadie le importara. Suspiró con cansancio y dejó el teléfono sobre la mesa para comenzar a desayunar, la tristeza no lo hacía comer menos sino todo lo contrario; repentinamente el aparato comenzó a sonar anunciando una llamada de su mejor amigo, dándole a Yuuri esperanzas de un saludo y tal vez una salida juntos por lo que contestó rápidamente sin importarle que estaba en la mesa junto a su familia.
— ¿Hola?
—Yuuri, que bueno que contestas. Necesito pedirte un gran favor —habló el moreno al otro lado de la línea, intentando no reír y que su voz sonara convincente. Casi podía ver el rostro decepcionado de su mejor amigo y aunque le dolía un poco, sabía que lo que se venía sería mucho mejor y lo alegraría bastante.
—Ah ¿Un favor? Claro… dime que es lo que necesitas, amigo —respondió con voz desganada y recalcando la última palabra.
—Vine a ver a Seung y me quede sin dinero para volver a casa ¿Podrías venir por mi y prestarme un poco? —escuchó como Yuuri soltaba un suspiro cansado al otro lado del auricular.
—Bien, iré enseguida —el cumpleañero pensaba que seguramente su mejor amigo se había ido a dormir donde su novio y por eso había olvidado su cumpleaños. Se despidió del moreno y le avisó a su madre que saldría, esta le dijo que por lo menos terminara su desayuno y Yuuri mintió respondiéndole que no tenía apetito.
Tardó un poco en llegar a la casa de Seung ya que estaba algo lejos y los autobuses demoraban en pasar, la tristeza estaba pasando a ser enojo ya que él siempre se preocupaba de los cumpleaños de sus amigos, de saludarlos y llevarles aunque sea un pequeño presente, pero este día nadie más que su familia lo había saludado… ni siquiera Yuri le había escrito o llamado.
Vio a Phichit afuera de la casa con Seung tomados de la mano. Los saludó con una sonrisa falsa y le dijo a su mejor amigo que ya era hora de irse— ah, es que Seung quiere que lo acompañe a buscar una cosa —le comentó el moreno y Yuuri puso cara de pocos amigos— me lo dijo recién y por eso no alcance a avisarte ¿Por qué no nos acompañas y luego nos vamos a casa?
Yuuri quería gritar, explotar y decirle que era su maldito cumpleaños y no quería estar haciéndole favores a nadie, mucho menos acompañarlos a algo. Sabía que Phichit no le pedía dinero a Seung porque le daba vergüenza, pero si iba a acompañar a su novio a un lado creía que era cruel invitarlo solo porque le facilitaría dinero mientras hacía mal tercio entre ellos.
—Está bien —fue lo único que respondió de mala gana, después de todo tampoco era como si tuviera otra cosa que hacer ese día. Ya cuando estuviera a solas con Phichit le diría sus verdades o tal vez no, tal vez callaría como hacía a veces cuando algo le molestaba, pero estaba seguro que el moreno se daría cuenta de ello como siempre.
Subieron a un autobús y al bajarse Seung se disculpó diciendo que se había equivocado de dirección por lo que tuvieron que tomar otro, devolviéndose todo el camino que habían hecho para luego subirse a otro con la intención de llegar donde se suponía debían ir. Yuuri no entendía nada ya que se sentía desorientado por ir de allá para acá, además que no se concentraba en el camino por estar molesto y tener que pagar el pasaje de Phichit ¿Acaso era él su novio en vez de Seung?
Se bajaron del transporte y caminaron por diferentes calles, parecían pérdidos ya que nunca llegaban al destino y Phichit observaba el GPS de su teléfono a cada rato e indicaba una dirección distinta. Luego de casi una hora de dar vueltas llegaron al destino, Seung golpeó la puerta y esta se abrió dejándolos pasar. Parecía una película de terror ya que no se veía nadie tras la entrada.
Yuuri se mantuvo tras su mejor amigo ya que no tenía ganas de hablar con extraños o tener que ver sus caras. Cuando ingresaron el lugar se encontraba oscuro y el cumpleañero se tensó un poco al no entender que sucedía— que extraño, me da una mala sensación este lugar —comentó el moreno y Yuuri se aferró a la espalda de este. Phichit quería reír, tenía suerte que estuviera oscuro y que su mejor amigo estuviera a su espalda para que no viera su rostro.
— ¿Por qué no mejor esperamos afuera? —preguntó el japonés cuando entonces las luces se encendieron y varias personas gritaron "¡Sorpresa!" casi matando a Yuuri de un susto.
El moreno se dio vuelta y abrazó a su mejor amigo— ¡Feliz cumpleaños, Yuuri! —lo felicitó con alegría en su voz y entonces el otro entendió todo, era una fiesta sorpresa. Los ojos del cumpleañero se humedecieron por la emoción del momento, logro ver a Yuri y Otabek por encima del hombro de su mejor amigo y supo que todo había sido un complot en su contra.
—Chicos… ¡Gracias! —dijo mientras soltaba a Phichit y se dirigía donde los mayores para que estos le dieran su abrazo de cumpleaños.
Yuuri observó el lugar completamente adornado, se notaba que habían pensado en él al hacerlo. Un gran pastel en una mesa y en otra todos los regalos apilados, mientras frente a él había un grupo de personas que podía reconocer ya que pertenecían a su escuela; con algunos hablaba de vez en cuando y con otros nada, pero aun así se sentía contento de que todos estuvieran ahí.
— ¿Te gustó la sorpresa? —preguntó Otabek luego de felicitar al menor.
— ¿Qué si le gusto? Quería asesinarme de camino aquí —comentó Phichit mientras se reía— hubieran visto su cara.
Yuuri rio porque era cierto, su mejor amigo lo conocía mejor que nadie y sabía que estaba enojado y triste, pero ahora se encontraba feliz al saber que no lo habían olvidado, al contrario, lo tenían más presente que nunca. Su celular sonó anunciando un mensaje el cual leyó enseguida, era de su madre preguntándole si le había gustado la sorpresa, entonces se dio cuenta que hasta sus padres estaban confabulados con esto. Se sintió agradecido por tener tan buenos amigos y una familia que lo amaba.
—Bueno ¿Qué esperas? Ve a socializar —habló el rubio empujando al menor para que se dignara a saludar correctamente a los invitados y comenzara a mezclarse con la gente. Al parecer habían cumplido su objetivo ya que Yuuri entre su tristeza, enojo y felicidad no había pensado en Víctor ni un segundo.
El japonés se encaminó hacia los invitados, pero antes de llegar a ellos se devolvió rápidamente sobre sus pasos y abrazó a Yuri con fuerza por el cuello para poder hablarle al oído— no te olvides de tu promesa —le dijo para luego besar su mejilla y caminar nuevamente hacia donde estaban los demás.
Yuri se quedo de pie, sonrojado y sin saber que hacer exactamente ya que no se había esperado aquello tan pronto. Pensaba preguntarle más tarde al menor o abordarlo en medio de la fiesta de manera repentina, pero ahora sabía que Yuuri lo estaría esperando y eso lo ponía ansioso.
Víctor había despertado ese día consciente de que era el cumpleaños de su ex novio, quería saludarlo con un mensaje o una llamada, pero se había enterado sobre la fiesta sorpresa que le estaban preparando y no quería arruinar el momento. Para abstenerse de hacer algo se fue temprano a la casa de su amigo Chris para pasar el rato, últimamente esa era su rutina: ir, beber algo, conversar y satisfacer sus deseos. En esa ocasión no sería distinto, lo único diferente era que su mente estaba llena de Yuuri más que otros días, pensando en que quería verlo, estar con él ahora que estaba un año más grande.
Llegó a la casa del rubio y su rutina comenzó igual que siempre, solo que para finalizar, su deseo no era ir a la cama con este, sino salir en busca de alguien más y no de cualquiera— Chris, creo que podríamos ir a una fiesta hoy —habló mientras ya tenía un par de copas encima. Al de ojos verdes le pareció una propuesta interesante.
— ¿Tienes una en mente?
—Sí, tengo el lugar perfecto al que quiero ir —comentó mientras abría la aplicación de Uber para que los llevaran al lugar indicado. Tenía suerte de que Phichit fuera tan bocón y que aún conocía personas en la escuela de Yuuri que le brindaban información cuando la solicitaba.
Continuará…
