La música se detuvo y todos fijaron su atención en el numerito que comenzaba a formarse entre el cumpleañero y otros tres sujetos— suéltalo, ahora —ordenó Yuri con el enfado subiéndosele a la cabeza mientras miraba al platinado, se acercó un par de pasos al ver que el otro no le hacía caso siquiera, pero no alcanzó a interceder ya que fue Yuuri quien se separó de Víctor, zafándose de su agarre.
Yuuri no entendía mucho, la cabeza había comenzado a darle vueltas y el estómago a revolvérsele. No quería ver a Víctor en ese momento, no tenía ganas de lidiar con eso en ese instante, lo único que había buscado toda la noche era besar a Yuri, sentirlo cerca, pero lo que simplemente recibió, fue una mirada desaprobatoria. Su labio inferior tembló y todos los malestares fueron reemplazados por unas inexplicables ganas de llorar ¿Qué estaba mal con él? no lo sabía, pero al parecer las decisiones tomadas no habían sido las mejores.
—Quiero irme a casa —murmuró bajito, sabiendo que alguno de esos chicos lo escucharía al estar tan atentos de él.
—Yo te llevo —dijeron al unísono Otabek y Víctor. Confrontándose con las miradas, pero la discusión no dio a mas ya que Yuri tomó la mano del azabache y se encaminó a la salida del lugar sin decir nada, puesto que si no suprimía inmediatamente su enojo, terminaría peleando con los otros dos y no con palabras; estaba realmente seguro que golpearía a alguien esa noche si se quedaba.
Otabek soltó un suspiro mientras Víctor se giraba para seguir a la pareja, el moreno alcanzó a agarrarlo antes de que lograra salir, no era buena idea que fuera en esa dirección. Conocía bien a Yuri como para saber que si cualquiera se acercaba en ese momento, correría con mala suerte— te acompañaré a casa —le dijo con la intención de cuidarlo, aún recordaba al Víctor de hacía un par de años, al que tuvo que llevar a su casa también como en esta ocasión— pediré un taxi.
—Olvídalo —respondió el otro, tirando bruscamente de su mano para soltarse— me voy solo, soy un adulto —dijo enojado mientras fruncía el ceño— y no vuelvas a agarrarme —concluyó para luego irse de ahí. Otabek solo esperaba que realmente no fuera a meterse donde no debía.
Mientras tanto, Yuuri era llevado por el rubio hasta la calle, para que luego este sacara su celular seguramente contactando con algún vehículo que pudiera trasladarlos a casa— lo sien… —intentó disculparse, pero se vio interrumpido por la voz del otro.
— ¡Cállate! —no quería gritarle, pero así había salido su voz por estar reteniendo su enojo— por favor, haz silencio —volvió a hablarle en un tono calmado, pero forzado.
— ¡Hey! No lo hagas callar de esa manera —la queja llegó desde atrás, el platinado caminaba rápidamente hasta donde estaban, había llegado en el momento justo que el rubio gritaba— esto ni siquiera es su culpa —defendió a Yuuri— si quieres gritarle a alguien, ve con tu amiguito.
—No te metas en esto —respondió entre dientes el de ojos verdes, empuñando su mano libre, mientras con la otra apretaba levemente la del azabache.
Yuuri sintió nauseas nuevamente, no sabía si por el alcohol o por el nerviosismo de que los otros dos se pusieran a pelear ahí mismo. Realmente no le tenía mucha fe a Víctor, en cambio sabía de buena fuente que Yuri podía pelear, aunque tampoco esperaba que el platinado se quedara de brazos cruzados esperando el primer golpe.
—Quiero vomitar —mencionó mientras cubría su boca con la mano y los dos mayores le prestaron su total atención. El bienestar de Yuuri era más importante que cualquier disputa del momento o al menos eso pensaron al principio.
—Déjame ayudarte —ofreció Víctor, mientras intentaba tomar la mano con la que Yuuri cubría su boca.
—No lo toques —dijo en tono de advertencia el rubio mientras golpeaba la mano del platinado para que la alejara.
—No eres su dueño.
—Y tú no eres nada para él, solo vete.
Víctor sintió como la impulsividad se apoderaba de él, como el enojo comenzaba a subírsele a la cabeza y lo que había querido hacer hace tanto tiempo se veía como algo posible. Empuñó su mano y le plantó un golpe directo a la mandíbula al rubio quien lo recibió de mala forma, casi perdiendo el equilibrio al no esperarse esa reacción del otro. El alcohol en el cuerpo del platinado lograba que sacara a la luz lo que sea que sintiera en ese instante, lograba hacerlo más transparente y por ello, si estaba enojado, afrontaría la situación de mala manera.
—Ups, perdón ¿Te hice daño? —dijo en tono burlón y Yuuri sintió que el alma se le salía del cuerpo, esto de ninguna manera podía terminar bien, él estaba a punto de vomitar y Otabek no estaba por ningún lado para detener la situación.
Yuri se puso derecho e intentó irse sobre el platinado, lo único en su mente era responder al golpe y masacrarlo contra el suelo como tantas otras veces había pensado. Ya tenía acumulando bastante, ese chico había herido a Yuuri y ahora creía que podía aparecerse como si nada. Sin más, empuñó su mano preparándola para devolver la acción, pero fue detenido.
El azabache en un intento de calmar la situación y sin saber que mas hacer, agarró fuertemente la mano de Yuri y con la que tenía libre, lo tomó de la camisa para acercarlo a él. Ni siquiera supo de donde había sacado la fuerza, pero lo hizo, logrando plantarle un beso brusco en los labios al rubio, dejando sorprendidos a ambos adultos.
No era como lo había imaginado, para comenzar le sabía a vomito y no había nada de romántico en aquella situación, pero era lo único que se le venía a la mente para distraer a los presentes y evitar una masacre; porque si de algo estaba seguro, era que Yuri no dejaría vivo a Víctor si lograba agarrarlo.
El pecho del platinado dolió, aquella imagen había sido peor que un golpe, peor que verlo besando al moreno. Era bien sabido para él que Yuuri sentía amor por Plisetsky, que su Yuuri tenía sentimientos por alguien más, pero una cosa era saberlo y otra muy distinta era verlo de frente. No pudo con eso, simplemente se fue del lugar caminando y esperando poder despejar de una vez por todas su cabeza.
Yuri había quedado completamente sorprendido por el accionar del menor, todo en él se sintió tranquilo luego de sentir los labios ajenos. No iba a mentir, aquel había sido el peor beso que había recibido en su vida; brusco, sin nada de pasión y en un momento donde no venía al caso, pero había sido con Yuuri y eso lo cambiaba todo.
Chasqueó la lengua cuando se separaron, su labio roto dolía y eso le recordaba a quien se había marchado— deberías dejar de ir besando a medio mundo —se quejó, aunque por dentro sentía su corazón acelerado— además, los besos son así.
El rubio se acercó lentamente a Yuuri, mirándolo directamente a los ojos mientras con su mano derecha lo tomaba del mentón. Fueron los segundos más largos de la vida del azabache. El tiempo pasó en cámara lenta, hasta que sus bocas se encontraron, Yuuri entrecerró los ojos ya que se encontraba en un dilema al no saber si cerrarlos para sentir mejor o mantenerlos abiertos para poder ver aquellos ojos verdes que lo observaban intensamente. Sintió una lengua invasora a la que intentó seguirle el ritmo, dejándose llevar por la calidez ajena.
El azabache fue tomado por la cintura ya que poco a poco comenzaba retroceder y Yuri no dejaría que escapara, no ahora que por fin lograba probarlo y sentirlo de alguna manera. Quería más, ansiaba poder devorarlo, pero no era el momento y tal vez nunca lo sería, después de todo el trato solo era un beso y ya llevaban dos. Yuuri aún era menor de edad y su conciencia aún estaba demasiado presente en esta situación. Cerró los ojos, era la primera vez que recordaba hacerlo en medio de un beso, quería sentir y recordar aquello vívidamente; la sensación de Yuuri temblando entre sus brazos, esos labios que parecían por fin agarrar el ritmo, esa lengua que comenzaba a tomar el control de aquel beso.
Se separaron un poco, dejando que sus alientos chocaran y juntaron sus narices en una suave caricia. Yuuri sentía su estómago revuelto, pero esta vez sabía que no eran nauseas, las mariposas en su vientre revoloteaban rápidamente debido al beso— debemos irnos —le dijo Yuri en un susurro y el menor solo pudo asentir, las palabras estaban atrapadas en su garganta, todos los sentimientos queriendo salir por su boca, pero quedando estancados a medio camino.
El trayecto a casa fue silencioso, ninguno dijo nada, ni siquiera sobre la situación vivida en la fiesta. Yuuri estaba nervioso por la amistad entre el rubio y Otabek, en el momento no lo había pensado mucho, pero ahora se daba cuenta que tal vez esa amistad se rompería por su culpa. Lastimosamente la cabeza no le daba para abordar el tema en ese instante, había comenzado a dolerle y unas ganas de dormir se estaban apoderando de él rápidamente— lo siento, Yuri —se disculpó momentos antes de caer completamente dormido, solo pudiendo escuchar un suspiro por parte del rubio.
Yuuri despertó al día siguiente en su cama, con solo una camiseta y su ropa interior. Por un momento pensó que podría haber estado en la casa de Yuri como cuando era pequeño y dormía con él, pero eso hace bastante que ya no era posible y menos ahora que habían cruzado la línea. Lo primero que hizo fue ir al baño, al volver a su habitación se encontró con su madre quien le ofreció un vaso de agua y un par de aspirinas para pasar el dolor.
—Creo que es mejor que duermas un poco más —comentó Hiroko y Yuuri hizo caso sin reclamar. La mujer no estaba enojada en absoluto, de hecho, se encontraba agradecida de que la primera vez que su hijo bebía demasiado había sido con alguien de confianza, quien lo había traído a salvo e incluso había ayudado a llevarlo a su cama.
—Yo no lo forcé, Yura —respondió Otabek ya comenzando a molestarse por como su mejor amigo abordaba el tema. Estaban en la habitación del rubio, Yuri lo había invitado para poder conversar sobre el día anterior.
—Pero correspondiste, aún sabiendo que es un niño —puntualizó con calma fingida, no quería discutir, solo dejar en claro las cosas.
—¿No es lo que tú ibas a hacer también? —preguntó mientras levantaba una ceja y pudo ver como el rostro del rubio enrojecía al instante— lo hiciste —corrigió sus palabras— ¿Y tienes el descaro de decirme eso? ¿Por qué no solo asumes que estabas celoso y listo?
—¡Bien! Me puse celoso ¿Si? Lo besé y ya. No volverá a ocurrir —aclaró enojado consigo mismo, no sabía por qué le era tan difícil simplemente admitir todo lo que sentía, afrontarlo y tener una relación con Yuuri. Ya no podía culpar a la edad, a los dieciséis años el menor era completamente capaz de consentir, entonces ¿Qué estaba mal? ¿A que le tenía miedo?
—"Las personas cambian" ¿Es eso? —preguntó Otabek como si adivinara lo que el rubio pensaba. Eran mejores amigos de hace años, con solo ver el rostro de este podía saber que era lo que tenía en la cabeza en ese momento— no quieres que vuelva a ocurrir porque estás asustado de que sus sentimientos cambien y los tuyos no.
Yuri solo pudo asentir con la cabeza, realmente se sentía como un cobarde, como un niño a pesar de ser por mucho, más grande que Yuuri— es mejor que todo se quede como está.
—Creo que es mejor que lo intentes, aunque lo pierdas después —el moreno miró fijamente a Yuri mientras hablaba seriamente— sé lo que se siente y si te soy sincero, nunca me he arrepentido de haber dicho lo que sentía alguna vez, de empezar alguna relación o de haber roto con alguien. No quiero quedarme pensando en el "qué hubiera pasado si…".
—Pero yo no soy tu, Beka —palmeo el hombro de su amigo esperando comprensión y no consejos, eso era lo único que necesitaba— así que tomaré distancia.
Yuuri se había quedado muy quieto tras la puerta, en su necesidad de hablar con Yuri había ido a su casa y por supuesto que el abuelo Nikolai lo dejó entrar. Sabía que no estaba bien husmear, pero realmente quería saber que diría Yuri respecto a lo sucedido, terminando por decepcionarse ya que con aquel beso se había ilusionado creyendo que por fin irían a algún lado, pero si Yuri no quería, nada podía hacerse. Estaba cansado de ser quien se acercara, si el rubio no era valiente ¿Qué quedaba para él?
Continuará…
