Capítulo 3: Derby de Demolición
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Miles de rumores eran los que circulaban sobre el barrio de Shibuya, pequeñas historias y leyendas transmitidas oralmente que rondaban por los oídos de los ciudadanos desde hacía más tiempo del que nadie podía recordar. Los entusiastas de lo oculto, de lo desconocido, de lo que rompía los cánones de lo habitual y cotidiano, veían en estas historias una manera de reflejar en su mundo aburrido y diario un cierto toque de misterio y clandestinidad que muchos deseaban que fuera mínimamente real. Con mórbido interés, escuchaban las palabras de quienes les susurraban historias sobre criminales ocultos entre la población, edificios cuyos negocios no eran lo que parecía, pequeños recovecos entre las callejuelas que daban paso a lugares de los que tan solo habían oído hablar, ocultando la otra cara de una ciudad que hasta el momento habían creído conocer completamente. Asesinatos y robos, contrabando y falsificación, tráfico de órganos o de personas, esclavos, peleas, apuestas y vicio… En una era dominada por el heroísmo, con la llama del bien ardiendo orgullosa y respaldada por los incansables esfuerzos de la comunidad heroica que hacía de la seguridad del país su negocio y pasión, la idea de una sociedad oculta basada en la avaricia y la supervivencia del más duro despertaba el romanticismo de muchos, imaginándose por un segundo cómo sería vivir sin la tediosa brújula que era su moralidad guiando sus pasos inflexible como una línea recta, desviándose del camino establecido y liberando sus deseos y ambiciones. Dejar de soñar con ser héroes y convertirse en villanos que luchaban por hacerse un nombre en aquella jungla de cristal, tomando el auténtico poder y respeto en sus manos a base de miedo y crueldad. Nadie lo admitiría nunca, ya que todos habían sido educados bajo el precepto de que el bien era mejor que el mal, pero todos habían pensado alguna vez cómo sería vivir en el "otro lado" de la justicia.
Si bien muchas de estas historias no eran más que exageraciones e interpretaciones vagas de una realidad que carecía del encanto que muchos creían que tenía en realidad, de vez en cuando uno terminaba por escuchar este o aquel rumor sobre un lugar que tal vez sí era más real de lo que cabría imaginar.
Por ejemplo, la historia sobre cierto lugar oculto bajo las calles del Dogenzaka, un lugar difícil de encontrar, y mucho menos de entrar.
Según se contaba, se trataba de un viejo parking subterráneo cuya construcción fue interrumpida por falta de presupuesto hacía ya mucho tiempo. Abandonada y sellada, había sido reencontrada años después por un grupo de sórdidos individuos que vieron en aquellas ruinas una oportunidad de negocio. Habilitándolo para un propósito muy diferente del que en un principio se tenía pensado para aquel lugar, el antaño polvoriento parking había terminado convirtiéndose en un monstruo que vivía oculto bajo Shibuya, origen de cientos de historias y miles de leyendas que llevaban años circulando por la superficie. Muchos aseguraban haberlo visitado, pero pocos eran los que realmente lo habían hecho. Uno de los mayores secretos de Shibuya, un lugar que reunía a todo tipo de personas, ya fuera del bando de la luz o del bando sombrío. Un lugar salvaje, donde la ley que se respetaba era la ley de quien siguiera en pie cuando se asentara el polvo.
La DDD. La "Demolition Derby Dome", la mayor arena de combates clandestinos de la prefectura, y tal vez una de las más grandes de todo el país.
No cualquier podía entrar en este lugar, reverenciado tanto por los fanáticos de las peleas de Quirks como de aquellos que disfrutaban de dar rienda suelta a su salvajismo sin las molestias leyes y normas limitando sus acciones. Si no eras invitado a ir, ni tan solo llegabas a encontrar la puerta. La única manera de entrar era que alguien de dentro te metiera allí, y no era tarea fácil precisamente. Una vez dentro, era imposible saber a quién te encontrarías en las gradas de la descomunal arena, ya que allí se reunían y encontraban tanto entusiastas de la sangre que tan solo querían ver a dos personas destrozándose la una a la otra, como criminales y sórdidos personajes de la comunidad villanesca, viendo en aquel lugar una oportunidad para reclutar carne fresca para sus oscuros planes.
En esos momentos, el ensordecedor clamor de cientos de espectadores resonaba bajo los pies de los ciudadanos de Shibuya, ignorantes de lo que sucedía muy por debajo de sus casas y negocios. El antes olvidado parking había sido alterado para dar cabida a la sangría que allí se celebraba, creando un singular templo donde se reverenciaba el salvajismo y la crueldad. Los tres pisos que conformaban el parking habían sido parcialmente derribados para crear un profundo y amplio hueco que conectaba las tres plantas, dejando intacto el espacio justo en cada piso para que el público pudiera contemplar las peleas que se celebraban en ese lugar. Gruesas verjas de metal separaban la amplia arena de combate de las gradas donde el público se aglomeraba y chillaba como poseídos por un frenesí salvaje, vitoreando a sus campeones o reclamando que rompieran ese hueso o aplastaran aquel cráneo. Enormes focos colgaban del techo, iluminando por completo el último piso del parking, donde la arena propiamente dicha se encontraba.
Sin las plantas bloqueando la visión, la arena se extendía a casi tres pisos de altura, libre de columnas y demás obstáculos, dejando tras de sí un amplio cuadrilátero de casi 100 metros por otros 100 metros de puro hormigón plagado de grietas, cráteres y manchas de sangre. Los restos de batallas pasadas parecían marcar la dura superficie de hormigón como las cicatrices que recorrían el cuerpo de quienes en ella se enfrentaban a sus contrincantes, marcando a fuego el paso de los atrevidos que acudían a aquel lugar con deseos de gloria o simple liberación. Las letras que una vez fueron pintadas en el suelo, tres gigantescas "des" que representaban la nueva identidad del antes inofensivo almacén de coches, habían sido casi borradas por el continuo pisar de los luchadores, la destrucción de su superficie, o la sangre que brotaba de las heridas sufridas a medida que la pelea transcurría. Aquel lugar había presenciado de todo, desde gente que escupía ácido y provocaba terremotos, hasta descomunales gigantes y guerreros que se transformaban de manera espectacular. Cada nuevo contendiente, cada nuevo Quirk, quedaba grabado en la superficie de aquel lugar, dejando una muesca que a veces terminaba por simbolizar al luchador o luchadora en cuestión, como si de una firma se tratara, y para siempre quedaba marcada aun cuando esa persona hiciera tiempo que se hubiera ido.
En esos instantes, una de las peleas que estaban teniendo lugar esa noche parecía tocar a su fin. Los dos luchadores llevaban relativamente poco tiempo peleando, pero la clara dominancia de uno de ellos había hecho que el combate se inclinara pronto a favor del héroe del momento. Cargando al son de sus pesadas pisadas, un singular luchador de extraña apariencia se empotró contra una de las paredes libres de espectadores, aplastando contra ella a su aturdido contrincante. Estaba resistiendo más de lo esperado, pero parecía que por fin se le habían acabado las fuerzas. El luchador, semejante a un forzudo rinoceronte que vestía un traje de lucha libre y portaba tatuado en su vientre el kanji para "romper", tomó por el cuello a su oponente y lo alzó en el aire para que todo el mundo lo viera.
-¿¡Está claro ya!? -exclamó fuerte y claro, para mayor ovación de su entregado público-. ¡Yo soy el más fuerte! ¡YO! ¡Rhino Wrestler!- Enfatizando sus palabras, el grueso guerrero emanó una densa bocanada de vapor de sus amplias fosas nasales, tan grandes como todo lo era él. La visión de su ensangrentada víctima, con su traje hecho jirones y colgando inerte en su gruesa mano, emocionó y exaltó más si cabía a los espectadores que gozaban en esos momentos de la carnicería que sus ojos presenciaban.
Sin el menor respeto por su oponente, Rhino Wrestler lo lanzó al centro de la arena, donde cayó dando tumbos sin mucha pinta de ir a levantarse de nuevo. A pesar de ello, el grotesco luchador se dispuso a cuatro patas como si fuera un animal de verdad. Al verlo adoptar aquella postura, los gritos y exclamaciones del público aumentaron más, si cabía.
-¡Es el Horn Lariat!
-Ese tipo está acabado.
-¡Vamos, Rhino! ¡Destrózalo!
Ignorante de su situación, el oponente de Rhino trató de ponerse en pie una vez más, temblando de pies a cabeza mientras trataba de poner en marcha su machacado cuerpo. Con evidente dificultad, consiguió impulsarse con sus brazos y clavar una rodilla en el suelo, escupiendo algo de sangre en el proceso. Rhino, mientras, apuntaba a su víctima con su férreo cuerno, esperando la oportunidad perfecta para sentenciar el combate. Aún no…todavía no…
Con expresión de dolor, y claramente aturdido, su oponente consiguió ponerse de pie por fin. Su cuerpo estaba cubierto de magulladuras, y sangraba profusamente por su nariz y boca. A juzgar por su borrosa mirada, no parecía que fuera a ser capaz de hacer mucho más que mantenerse de pie. Por desgracia para él, ese no era el problema de Rhino Wrestler.
Dándose tanto impulso que el cemento se resquebrajo bajo sus pies, Rhino Wrestler comenzó a correr a cuatro patas contra su enemigo, haciendo temblar el suelo con tanta fuerza que muchos espectadores de la primera planta creyeron sentirlo desde donde se encontraban. A pesar del creciente temblor y el estruendo de su carrera, no parecía que el otro luchador fuera muy consciente de la que se le venía encima. Finalmente, pareció que su mirada se posó en el hombre rinoceronte que se encontraba allí abajo con él, si bien lo hizo cuando este se encontraba a un paso de topar con él, desplazando su pesado cuerpo a la velocidad de un camión.
-¡Horn…!-gruñó Rhino, en el momento en que su duro cuerno golpeó el cuerpo de su desprevenida víctima. Luego, siguiendo el impulso de su cuerpo con un fuerte tirón de su cuello, redirigió el impacto hacia el techo, mandando a volar a su oponente mientras escupía sangre profusamente.
-¡LARIAAAT!-exclamó todo el público, observando emocionados cómo el otro guerrero se elevaba dos pisos en el aire, acompañado de su sangre, antes de caer pesadamente al suelo, inmóvil por fin. Nadie podía saber si seguía vivo o no tras semejante golpe, pero a nadie le importaba realmente. El ataque de Rhino había sido espectacular.
Alzando sus brazos en el aire, Rhino exhaló una nueva bocanada de vapor por la nariz y se bañó en los aplausos y las ovaciones de su público, disfrutando de la gloria que tan fácilmente había conseguido. Tal vez, demasiado fácil.
-¡No es suficiente!-exclamó, moviéndose por el centro de la arena como un entregado orador, haciéndose oír por encima del estruendo del público presente-. ¡Más! ¡Quiero luchar más! ¡ME PROMETISTEIS UNA PELEA DE VERDAD!
A pesar de gozar de los aplausos y el dulce sabor de la victoria, Rhino estaba decepcionado. Habiendo conquistado otras arenas clandestinas a lo largo y ancho del país, le habían dicho que la DDD era donde se encontraban los luchadores más duros de Japón, donde por fin podría disfrutar de un reto de verdad. Sin embargo, a pesar de haber accedido al desafío que representaba la arena, todavía tenía que encontrar a un oponente que no fuera aplastado por su poderoso cuerno, o que pudiera atravesar su resistente cuerpo. Contrincante tras contrincante, todos habían acabado siendo aplastados por su fuerza, del mismo modo que lo hicieron todos a los que se enfrentó en el pasado, en su largo viaje por Japón en busca de un desafío. ¿Qué tenía de diferente esa arena? ¿No se suponía que la DDD era la "Arena definitiva"? ¿Por qué todos eran tan débiles?
-¡Muy bien, muy bien, amigo!-exclamó entonces la voz de la presentadora de los combates, haciendo su aparición por una puerta lateral. Se trataba de una mujer bastante joven, tal vez en sus 20 y pocos, con su corta pelambrera blanca resaltando contra su morena piel. Vestida con la camisa blanca y los pantalones negros de un árbitro de wrestling, caminaba hacia él con un micrófono en la mano, aplaudiendo su reciente hazaña-. ¡Para ser un novato, no lo haces nada mal! ¡Disfruta de tu merecido aplauso!
Un golpe de Rhino contra el suelo acalló parte de los aplausos y detuvo el avance de la presentadora. A pesar de la facilidad con la que aquel puño había destrozado el suelo, no parecía especialmente asustada o intimidada, más bien algo sorprendida.
-¡No quiero vuestros aplausos! ¡Me prometisteis que aquí encontraría un oponente digno, alguien digno de mi fuerza y destreza! Sin embargo, todo lo que me habéis ofrecido no son más que simples sacos de arena, indignos y frágiles. ¡¿ES ESTO LO MEJOR QUE PODÉIS OFRECERME?!
Sus bravas palabras exaltaron al público, quienes claramente deseaban ver más caras destrozadas y más huesos rotos. A pesar de su intimidante aspecto y sus estridentes gritos, la presentadora simplemente rio algo incómoda, frotándose la nuca. Luego, como si no le tuviera el más mínimo miedo, caminó hacia Rhino al tiempo que saludaba con la mano a los entusiasmados espectadores.
-Mira, amigo…-le dijo, apartando el micrófono de su boca para así hablarle de manera más confidencial. Lejos quedaba su tono anterior, amigable y animado, para revelar una seriedad que parecía nacer del hastío y que nada pegaba con la sonrisa que lucía en esos momentos-. Te voy a dar esta advertencia de gratis porque veo que aún eres nuevo en este sitio: no subestimes la DDD. Tal vez te lo hayamos puesto fácil haciéndote enfrentar a un par de novatos como tú, pero no creas ni por un momento que conquistar esta arena será tan fácil. -Dándole la espalda al público, la mirada de la sonriente presentadora se posó en los ojos de Rhino, revelando un extraño brillo frío que parecía indicar el peso y veracidad de sus palabras. Podía parecer amable y sonriente, pero esos no eran los ojos de alguien que llevara poco tiempo en aquella clase de mundillo. Esos eran los ojos de alguien que había visto y seguramente hubiera participado en muchas peleas, los ojos de alguien que sin piedad alguna habría destrozado a sus oponentes hasta que ya no pudieran levantarse de nuevo. Por un instante, tan solo un breve momento, Rhino estuvo muy tentado de hacer caso de lo que la mujer le advertía-. Hazte un favor… Levanta las manos, acepta la ovación, y retírate ahora que aún estás a tiempo. Disfruta del momento, y no muerdas más de lo que puedes tragar. Será lo mejor para ti.
Tras su advertencia, la mujer se giró y siguió saludando al público, hablando con tono animado por el micrófono mientras relataba con ahínco y entusiasmo lo portentosa de la fuerza de Rhino, o lo increíble que habían sido sus ataques con el cuerno. Rhino, pero, ya no parecía tan motivado o satisfecho como antes. Más bien, su mirada se había vuelto sombría, y todo su cuerpo parecía temblar de rabia mal contenida, gruesas venas marcándose en sus músculos mientras sus puños crujían de lo tensos que estaban.
-No…no… ¡NO ME JODAS!-exclamó de repente, sorprendiendo a todos ante su repentino exabrupto, y levantando una fuerte ventolera que revolvió el pelo de la presentadora. Una nueva bocanada de vapor brotó de su nariz, más semejante en esos instantes a una tetera en ebullición-. ¿Crees que he venido hasta aquí solo para lucirme un poco? ¿Crees que he venido solo para ganar algo de popularidad? ¡DADME UNA PELEA DE VERDAD! ¡DADME LO MEJOR QUE TENGAIS!
Tras un instante de silencio, en el que los impactados espectadores asumían lo que el increíble grito de Rhino demandaba, los vítores y aplausos volvieron a oírse, si bien algo disminuido en comparación a los que sonaban hacía solo un instante. Una pequeña parte del público, fans de las hazañas del animalesco luchador que habían ido allí por primera vez a ver a su ídolo, animaban y reconocían el desafío de su favorito mientras miraban confundidos a la otra parte de los espectadores, más asiduos a aquella arena y curiosamente calmados a pesar de la proclama de Rhino. Incluso este se mostró extrañado por la aparente falta de respuesta.
La presentadora, alisándose el revuelto cabello, se dio la vuelta y miró a Rhino con la ceja arqueada. Ya no parecía que pretendiera seguir disimulando mucho más.
-…lo mejor que tenemos…-quiso clarificar, hablándole al micro, pero dirigiéndose a Rhino-… ¿estás seguro?
La forma condescendiente en que le hablaba molestó al gigantesco guerrero. ¿Qué pasaba? ¿Por qué no parecía que esa mujer creyera que podía ganar, conquistar la arena en su primer día? ¿Y por qué parecía que todos allí, tanto ese incordio de mujer como parte de los espectadores, sabían algo que él ignoraba? ¿Qué…? No, no tenía sentido calentarse la cabeza. ¡Él era el Rhino Wrestler! Fuera quien fuera su oponente… ¡lo haría trizas!
Exhalando una nube de vapor por sus amplios orificios nasales, Rhino miró todo lo amenazador que pudo a la poco impresionada presentadora.
-Dadme…lo…mejor-repitió, recalcando cada palabra para que quedara claro no solo a la mujer, sino a toda la arena a través del micrófono de esta. Curiosamente, el silencio se hizo en la gigantesca arena, como si todos hubieran contenido a la vez el aliento ante la proclama de Rhino.
La mujer y este se sostuvieron las miradas durante unos segundos, tensos y silenciosos con solo el cuchicheo de quienes se preguntaban qué estaba a punto de suceder sonando de fondo. La escéptica presentadora, lejos de verse intimidada por la imponente figura de casi tres metros de delante suya, simplemente suspiró y se encogió de hombros, como dándose por vencida.
-…muy bien, como tú veas…-dijo a Rhino, antes de girarse y hablar más directamente a su micrófono-. Damas y caballeros, tengo algo que anunciar. Ahora mismo, Rhino Wrestler, acaba de… ¡DESAFIAR A NUESTRA CAMPEONA!
Como una explosión, los gritos y exclamaciones de todo el estadio resonaron a la vez, ensordeciendo a Rhino y provocando que sonriera desafiante. No sabía bien que esperar de todo aquello, pero en vista de la reacción del público y de la mujer, alguien bastante fuerte estaba a punto de aparecer. Según parecía, la campeona de la arena iba a enfrentarse con él. Perfecto. Si tumbaba a quien fuera esta supuesta "campeona", entonces la arena sería suya y nadie podría decir lo contrario al respecto. Al menos esperaba que supusiera un desafío mayor que esos peleles con los que apenas había calentado, que ni hacerle sudar habían podido.
-Bueno, pues ya tienes el desafío que querías…-comentó la presentadora, haciéndose oír por encima del jaleo reinante. El estadio entero parecía temblar y vibrar, como si un gigantesco motor se hubiera puesto en marcha en lo más recóndito de sus entrañas. Luego, dándole una palmada en el brazo, se dio media vuelta y volvió por donde había venido-. ¡Mucha suerte! Te va a hacer falta…
La condescendencia y falta de confianza en sus posibilidades de esa mujer enervó a Rhino como pocas cosas lo habían hecho hasta el momento. ¿Realmente creía que no podía ganar? Lo trataba como si creyera que no tenía posibilidad alguna. ¿Es que acaso no había visto la facilidad con la que había estado ganando hasta el momento? Muy bien, pues pronto vería cuan equivocada estaba. Disfrutaría enormemente de ver su expresión conmocionada cuando tirara el cuerpo retorcido y aplastado de su "campeona" a sus pies, gozando de la visión de sus ojos desorbitados y su boca colgante. Solo de imaginársela teniendo que tragarse sus palabras, reconociendo que se equivocaba, reverenciando su fuerza como debió haber hecho en un principio…
Rhino chocó sus puños, exhalando más vapor por la nariz. Que saliera ya esa "campeona". ¡No podía esperar más!
El estadio vibraba de emoción, como si las paredes mismas del recinto esperaran impacientes a que la campeona hiciera acto de presencia. Incluso los espectadores que habían ido allí solo para ver al Rhino se encontraron esperando expectantes a que la misteriosa contrincante de su ídolo apareciera, contagiados por el febril entusiasmo que parecía poseer a todos en aquel lugar, casi como fanáticos esperando a que su diosa se apareciera ante ellos y los bendijera con su presencia. Rhino, arqueando una de sus casi inexistentes cejas, contempló cómo la arena al completo parecía levantarse mientras reclamaban entre gritos y pisadas fuertes que diera comienzo el espectáculo.
-¡Damaaaas, y caballeeeerooooos!-exclamó la presentadora, reclamando la atención de Rhino. Si bien los gritos cesaron un tanto, el redoble de los miles de pares de pies golpeando el suelo y las manos ansiosas sacudiendo las rejas de protección creaban un murmullo que amenazaba con hacer temblar la tierra, transmitiendo a través del hormigón la emoción que todos allí sentían en esos instantes. Incluso Rhino, quien no tenía razones para estar nervioso, sintió cómo su corazón latía con más fuerza ante el pronóstico de una buena pelea-. ¡Todos la conocéis, todos la amáis, y aquí la tenéis! ¡La única, la inigualable, la reina indiscutible del DDD! ¡Con un total de 104 combates en su carrera, y 104 victorias por KO, es la imbatible campeona que debutó en esta arena hace apenas dos años! ¡Ha aplastado con facilidad a todos los aspirantes que han intentado arrebatarle el título! ¡Y esta noche, ahora mismo, vamos a presenciar cómo un nuevo retador intenta sobrevivir y vencer a nuestra querida Maestra del Dolor! -dijo, señalando con una sonrisa a Rhino Wrestler. Si bien parecía que tan solo intentaba darle algo de bombo al combate, la forma en que le miró daba a entender que no creía que pudiera lograrlo. En seguida la demostraría lo equivocada que estaba-. ¡Sé que todos estáis ansiosos de presenciar el sangriento espectáculo que está a punto de acontecer, así pues, sin más preámbulos…!
La tensión aumentó en el estadio. El redoble de las pisadas de los frenéticos espectadores parecía ir en aumento, mientras las voces de todos se unían para dar la bienvenida a su favorita, chillando y gritando cuan fuerte podían a medida que se acercaba el momento de la verdad. Un foco se centró en la misma puerta lateral por la que había salido la presentadora, dando a entender por dónde iba a aparecer la campeona, y reclamando la atención de cuantos pares de ojos se encontraban en la arena en esos instantes. Rhino, crujiendo sus nudillos, aguardaba el momento en que por fin podría conocer a su próxima víctima.
-¡Aquí la tenéis! ¡Es para mí un placer dar la bienvenida a nuestra queridísima Campeona! ¡La Idol Sangrienta! ¡La Apisonadora Adorable! ¡El Puño de Destrucción que no conoce rival! ¡La Rompehuesos y Aplastacaras! ¡La Hecatombe Humanoide! ¡El Terror de Shinyuku! Ella eeees…
La tensión reinante alcanzó su clímax. Los nervios a flor de piel, y la atención de todos, puesta en aquella puerta. Rhino, con toda su fuerza y experiencia, sintió correr una gota de sudor por su espalda. Sonrió. Por fin… Algo interesante a lo que aporrear.
-¡SUPEEEER…QUEEEEEEEEEEEEEEEN!
Con una ovación multitudinaria que dejó en ridículo a todas las anteriores, la puerta se abrió de par en par y una joven apareció por ella. Debía de ser la susodicha campeona, pero… Si Rhino decía que no era lo que se había esperado, se hubiera quedado corto.
-¡Súuuuupeeeeer!-exclamó la "campeona", nada más aparecer.
Para empezar…ni siquiera parecía fuerte. De hecho, no parecía ni que supiera para qué había ido allí en realidad. De aspecto juvenil, tenía pinta de ilusionada adolescente, suposición que se veía respaldada por el curioso comportamiento inicial de esa chica. En vez de sacar músculo o mostrarse amenazadora para intentar intimidar a su oponente (como cabría esperar en una sórdida arena de combates clandestinos), nada más aparecer, la chica lo había ignorado y había empezado a saludar con ambas manos al público y a reír complacida como si realmente fuera una idol, posando y lanzando rugiditos que lejos de hacerla parecer aterradora, le daban un aspecto francamente adorable. Vestía un traje bastante colorido, consistente en una malla de wrestling como la suya, salvo que la de ella era azul y parecía brillar como si estuviera cubierta de brillantina. La malla llegaba hasta sus rodillas y codos, donde revelaba su piel hasta llegar a unos gruesos guantes y botas verdosos que destacaban contra el brillante tono de su ropa. Un sencillo cinturón oscuro rodeaba su cadera, quedándole algo holgado, por lo que le colgaba más de un lado que del otro. Su rostro, sonriente e inocente como solo el de una niña podía ser, parecía haber sido pintado de azul y verde, con una franja en negro a la altura de sus ojos, a juego con los colores de su vestimenta. Su largo cabello oscuro le colgaba tras la espalda en una tirante coleta que se agitaba con cada movimiento de la joven. A modo de complemento, sobre la cabeza portaba una pequeña corona de plástico que, supuso, debía de formar parte de su identidad como "reina".
-¡Minna-san!-exclamó, tratando de hacerse oír por encima del ensordecedor barullo que provenía de las gradas. Saludaba a las hordas de enardecidos fanáticos de la violencia como si de simples fans se trataran-. ¡Gracias por venir! ¡Animadme mucho, ¿vale?!
La ilusión y alegría con la que aquella joven se comportaban descolocó un poco a Rhino. Aquel se suponía debía ser un lugar de combates serios y sangrientos, donde solo los más fuertes podían entrar mientras pasaban por encima de los cuerpos destrozados de sus oponentes, alcanzando la cima del poder absoluto y desde donde mirar con desdén a cuantos se postraban a sus pies con reverencia. En un instante, pero, esa mocosa había convertido la imponente arena en poco más que un show mediático, tornando a los ansiosos espectadores que reclamaban sangre y dolor en meros fans que aplaudían y chillaban ilusionados de ver aparecer sobre el escenario a una idol. ¿Quién… qué…?
-¡Buenas!-exclamó la joven, plantificándose enfrente de él. A diferencia de su último oponente, aquella chiquilla debía de llegarle más o menos por la barriga, obligándola a tener que alzar la mirada para poder mirarle a la cara. Con una sonrisa diligente en el rostro, se había plantado delante de él y lo había saludado como si tal cosa, sorprendiéndolo un poco ante el atrevimiento de su acción. No parecía que le tuviera ningún miedo, lo cual lo enervó más aún de lo que ya estaba.
Ignorando el saludo de la supuesta "campeona", Rhino se giró hacia la presentadora.
-… ¿va en serio?-preguntó, para nada impresionado. La mujer, sonriendo como si encontrara divertida su confusión, se limitó a asentir-… ¿no es broma?-volvió a preguntar, y ella negó con la cabeza.
Volvió a girarse a la sonriente joven. Todavía le costaba creer que una idiota como aquella, que parecía más preparada para ponerse a cantar y bailar que no para pelear por su vida, pudiera ser siquiera una luchadora, mucho menos la campeona de la DDD. No, tenía que ser una broma… No podía ser que realmente pensaran que él, precisamente él, no podría derrotar a una chiquilla como esa.
-¡Wow, eres enorme!-dijo entonces la joven, ignorando la mirada que le dedicó Rhino-. ¡Y qué cuerno! ¡Tienes una pinta muy graciosa, como un kabutomushi!-comentó, sonriendo inocentemente. Luego, más decidida, lo señaló con el dedo-. ¿Sabes una cosa? ¡Tú…eres lindo!-declaró, como si esperara que le fuera a dar las gracias por ese cumplido.
Lejos de agradecerle nada, Rhino tomó a la joven por la cabeza, aplastando la corona de juguete y alzando su cuerpo como quien recogía una piedra del suelo.
-…no puede ser… ¿Tú…se supone que eres la campeona? ¿La que, supuestamente, yo no podría derrotar?-preguntó Rhino, sintiendo crecer la ira en su interior por momentos-. ¿¡Me estáis tomando el pelo!?
-Ehm… No lo sé-se limitó a decir la joven, quien no parecía muy preocupada a pesar de no llegar ya con los pies al suelo-. Es decir… Sí que soy la campeona, aunque lo de que me puedas derrotar aún está por verse, ¿no? Quiero decir…
-¡CÁLLATE!-exclamó Rhino, furioso. Luego, con su cuerpo plagado de venas marcadas, se giró hacia el resto del estadio-. ¡Y vosotros! ¿Os pensáis que esto me hace gracia? ¿Traerme a esta…esta…mocosa, para que juegue con ella? ¡¿OS PENSÁIS QUE ESTO ME DIVIERTE?! ¡HE DICHO QUE ME TRAIGAIS A LA MEJOR!
-Ya tienes a la mejor-dijo la presentadora, visiblemente molesta por la actitud de Rhino-. Mira, te seré sincera… Me trae sin cuidado que te lo creas o no, pero lo que está claro es que no encontrarás aquí a nadie más fuerte que esa chica. Si no quieres pelear, dilo ahora y ahórranos tu berrinche, pero decídete pronto.
El último hilo de paciencia que mantenía a raya la furia de Rhino se partió con un chasquido casi audible. "Muy bien… ¿tantas ganas tienen de que mate a esta mocosa?" pensó, completamente furioso, mientras exhalaba aire por sus narices casi como un motor de vapor. "Que así sea. ¡Regaré todo el maldito cuadrilátero con su sangre!".
-Esto…señor escarabajo-dijo entonces la joven, tratando de reclamar su atención-. ¿Podrías bajarme ya? Es que, si no, no podemos…
-Cállate-la cortó de nuevo Rhino, fulminando con la mirada a la joven que colgaba de su mano. Sería muy fácil para él cerrar el puño y estrujar su cráneo como una mandarina, pero sería un final demasiado rápido que no le aportaría ninguna satisfacción. En su lugar, se tomaría su tiempo aplastándola para que todos aprendieran a no burlarse más de él. Si pedía a la mejor… ¡quería a la mejor!-. No quiero ni oírte. Me voy a encargar de que no puedas volver a abrir esa bocaza tuya nunca más…-dijo, todo lo amenazador que pudo. En respuesta, la joven simplemente frunció el ceño (cosa que no se pudo apreciar, ya que la mano de Rhino cubría su cara) y se llevó las manos a la cintura.
-¡Ey, tampoco hace falta ser desagradable! Vale que seamos contrincantes, pero…
Un repentino temblor acalló lo que fuera que la "campeona" fuera a decir, retumbando por toda la arena, y reclamando la atención tanto de Rhino como de los demás espectadores. La presentadora, saliendo de la arena, siguió hablando como si tal cosa.
-¡Ahora, antes de dar comienzo al combate, explicaré las reglas que se van a seguir en este enfrentamiento!-dijo con profesionalidad, mientras alrededor de los dos contrincantes la arena comenzaba a cambiar. Profundas rendijas aparecieron en la base de las cuatro paredes de la arena, de las cuales salieron unas losas de metal de aspecto bastante resistente que comenzaron a deslizarse por las paredes y a cubrirlas. Los lugares donde solo la verja separaba a los espectadores de la acción presentaban una especie de ventanas que permitían seguir viendo la acción a través de los nuevos muros, para mayor asombro de los que era la primera vez que contemplaban el suceso-. ¡Este será un "Combate de Jaula" con tiempo límite! ¡El aspirante tiene tres minutos para intentar derrotar a nuestra campeona, en los cuales esta no intentará defenderse ni atacará! ¡Pasado este tiempo, si el aspirante no ha logrado la victoria, la campeona tendrá permitido responder a sus ataques e intentar derrotar a su oponente! ¡Para esta modalidad de combate, las apuestas se realizarán en base a cuánto tiempo creen que el aspirante aguantará pasados esos tres minutos, de manera que piensen bien cómo van a…!
-¡Un momento!-exclamó Rhino, soltando a la campeona, que cayó de culo al suelo. Luego, pisando pesadamente, se dirigió a donde la zona desde la que la presentadora observaba la pelea, al otro lado del grueso cristal.
-¿Algún problema?-preguntó con aire profesional, si bien en sus ojos podía verse un ligero deje de irritación.
-¿Qué si hay algún problema? ¿¡Qué coño has querido decir con "cuánto tiempo aguantaré"!? ¿¡Es que no creéis que pueda vencer a esa cría!?
A juzgar por los abucheos de sus incondicionales, ellos también compartían su malestar por las extrañas normas del combate. Él era fuerte, muy fuerte, y el que las apuestas estuvieran fijadas en base a que él no sería capaz de vencer a ese colorido fideo con pelo en menos de tres minutos… los irritaban de mala manera. ¡Él era el Rhino Wrestler! ¡Nadie era más fuerte que él, ni más resistente, ni más hábil! ¿Creían que esa mocosa conseguiría aguantar tres minutos encerrada con él, sin defenderse ni atacar? Era insultante que se lo plantearan siquiera.
-Bueno, si tan confiado estás…-comenzó a decir la mujer, quien ya lo tenía más que cabreado con sus insinuaciones y burlas-… ¿por qué no haces una apuesta a tu favor? Después de todo, ¿no sería para ti una apuesta segura?
Estaba claro que se estaba burlando de él. Desde su mirada y sonrisa, hasta sus palabras condescendientes, todo parecía indicar que la mera idea de que Rhino pudiera salir de allí con el título de campeón no era más que un mal chiste que apenas la divertía, como si ya lo hubiera oído antes. Golpeando con ambos puños el reforzado cristal, que consiguió resistir su frustrado ataque sin resquebrajarse, Rhino miró fijamente a la mujer que hubiera destrozado allí mismo con sus manos de haberle sido posible.
-Mira bien, y escucha mis palabras…-dijo, tratando en vano de contener su indómita furia. De tan próximo que hablaba al cristal, su pesada respiración rápidamente empañó el cristal que los separaba-. Esta pelea NO va a durar tres minutos. Antes de que le llegue el turno de atacar, la habré aplastado tanto que sus huesos quedarán convertidos en polvo. Apuesto en ello todas mis ganancias de la noche.
La declaración de Rhino fue recibida de dos maneras diferentes. Sus incondicionales, emocionados, aplaudieron su valor y se animaron a apostar de modo semejante a su ídolo, creyendo de veras que la pelea iba a decidirse en un instante. Los demás espectadores, pero, no aplaudieron la bravuconada de Rhino, limitándose a cuchichear o a reír entre dientes en respuesta a las palabras del atrevido aspirante, provocando varias discusiones y breves enfrentamientos entre ambos bandos del estadio.
"Hmpf… Disfrutad de vuestra idol mientras podáis" pensó maliciosa Rhino, regresando junto a su oponente al centro del ring. Esta, sin perder detalle de lo ocurrido, había permanecido de pie en su sitio con las manos en la espalda, sonriéndole sin comentar nada a pesar de su proclama de acabar con ella en diez segundos. "Veamos si os sigue pareciendo encantadora y bonita cuando le hunda el rostro de un puñetazo".
-Bien… ¿ya estás preparado?-le preguntó alegremente la mocosa, esa tal "Super Queen". No parecía que comprendiera la gravedad de su situación-. De acuerdo. ¡Que gane el mejor!-dijo, tendiendo su mano para que Rhino se la estrechara.
Mirándola como si no fuera más que una molestia, Rhino ignoró su amable sonrisa y alzó su mano, como si pretendiera estrechar la de su contrincante. Sin embargo, en vez de tomar la mano de la joven, siguió alzándose y volvió a agarrarla por la cara, sorprendiéndola y alzándola en el aire una vez más.
-Por supuesto que ganará el mejor, idiota. Y ese…-dijo, soltando a la joven y provocando que cayera de nuevo. Esta vez, pero, en vez de esperar a que tocara el suelo, la interceptó en el aire con un poderoso derechazo que le dio en toda la cara-. ¡SOY YO!
Semejante al sonido de un cañonazo, un estallido siguió al tremendo impacto de aquel golpe, mandando a volar el cuerpo de la joven luchadora por los aires hacia la pared del fondo. Su cuerpo recorrió los 50 metros que separaban la pared del centro del cuadrilátero en un tiempo récord, pillando desprevenidos a cuantos espectadores presenciaban la pelea. Con un tremebundo retumbar, la joven impactó de espaldas contra la pared de metal con un tañido que pareció reverberar por toda su superficie, que sin embargo no presentó desperfecto alguno a pesar del brutal choque. Deslizándose hasta llegar al suelo, la joven cayó boca abajo en el cuadrilátero, inmóvil.
Durante un segundo, que precedió al impacto de la joven contra la ilesa pared, el estadio al completo pareció contener el aliento, con el eco del tañido semejante a un campanazo que la joven había provocado resonando por cada confín del sórdido lugar. Luego, todos a una, estallaron en vítores y gritos de exclamación, reaccionando finalmente a lo que acababan de presenciar.
Rhino Wrestler miró poco impresionado el caído cuerpo de su contrincante. ¿Cómo, ya estaba? Había supuesto que sería fácil, pero aquello parecía casi de risa. Había esperado que la joven poseyera algún Quirk mínimamente útil, o que todo hubiera sido un intento suyo por engañarlo y hacer que bajara la guardia. En cambio, parecía que todo había sido tal y como lo parecía: una mocosa que no sabía bien dónde se metía, enfrentándose al hombre más poderoso que aquella arena hubiera visto nunca antes.
-Hmpf, que pérdida de tiempo…-murmuró, girándose hacia la presentadora. Esta, cruzada de brazos, seguía mirándolo con desinterés. Seguramente, le fastidiara el haberse equivocado con él-. ¿Lo entiendes por fin? ¡Yo sí que soy un campeón, no esa niñata que languidece por ahí tirada! ¡YO!
Suspirando, la presentadora cogió el micrófono y habló con aparente apatía.
-Pegar a tu oponente antes de que dé la señal de inicio… Un golpe bajo, ¿no te parece?-comentó, sin compartir aparentemente el entusiasmo del resto de espectadores de la arena. Luego, mirando más allá de Rhino, siguió hablando-. Queen-chan, cuando gustes…
Extrañado, Rhino se dio la vuelta, confundido por qué razón esa mujer le hablaría así a la inconsciente joven. ¿Qué esperaba, que fuera a levantarse como si tal cosa y…?
-Ains… Ya va, ya va…-musitó entonces la joven, poniéndose en pie como si tal cosa. Muchos de los espectadores, novatos que habían ido a presenciar el intento de Rhino por conquistar la DDD, observaron atónitos cómo aquella mocosa se levantaba como si nada, aparentemente ilesa tras recibir un puñetazo de Rhino y haber chocado contra la pared de metal. Rhino, por otra parte, se mostró más extrañado que confundido, habiendo esperado un resultado completamente diferente de aquel, si bien no del todo desagradable. Tal vez incluso pudiera divertirse un rato, destrozando a aquella resistente mocosa.
-Heee… Nada mal-comentó, viendo como la tal "Super Queen" avanzaba hacia él-. No muchos hubieran resistido tan fácilmente mi directo. Tal vez incluso seas…
-¡Ey, tú! -le increpó de repente la joven, cortando lo que Rhino le decía. Parecía visiblemente molesta, más ofendida que no enfadada por el ataque que acababa de recibir-. ¿A qué ha venido eso? Yo solo quería darte la mano, ¿y tú vas y me pegas? ¿Te parece bonito?
Las quejas de la joven descolocaron de nuevo a Rhino, quien no se esperó un rapapolvo por parte de su contrincante. Había supuesto que su contrincante se lo tomaría más en serio tras comprobar su fuerza, pero parecía que se lo estaba tomando más como si en vez de un puñetazo, le hubiera dado un pellizco en las nalgas. Al parecer, la joven no había terminado de decir lo que pensaba, ya que siguió hablando.
-¡Eso no ha sido nada lindo, ¿sabes?! ¿Tienes idea de lo que cuesta maquillarse cuando vas con prisa? ¡Y tú casi consigues que se me salte! ¡Qué falta de consideración! ¡Debería darte vergüenza! -exclamó la joven, con un carrillo hinchado. Luego, molesta, apuntó con su dedo a Rhino-. ¡Estoy súper cabreada! ¡Pídeme perdón, kabutomushi!
Si antes había pensado que aquella mocosa tal vez lo hubiera estado engañando para hacerle creer que en realidad era una niña idiota con pájaros en la cabeza, ahora tenía claro que se había imaginado más de lo que allí había en realidad. Esa niña no actuaba, no tenía motivos ocultos, y ni siquiera parecía que tuviera un plan. No era más que una idiota a la que su maquillaje le importaba más que el puñetazo que acababa de recibir. ¿Tal vez se regeneraba? No, entonces habría habido sangre. ¿Qué clase de Quirk permitía resistir un golpe así como si nada? ¿Endurecimiento? ¿Absorción de impacto? Bah, no importaba. La destrozaría de todos modos, y reclamaría su premio antes de irse a casa. Fuera cual fuera su estado de ánimo cuando entró en la arena, el desengaño que se había llevado con esa falsa campeona se lo había acabado de arruinar. Qué pérdida de tiempo…
-¿Podemos empezar ya?-preguntó malhumorado a la presentadora, ignorando por completo a Super Queen. Esta, al verse despreciada, hinchó el otro carrillo y comenzó a agitar los brazos en señal de enfado, sin que su contrincante le dedicara la más mínima mirada durante su berrinche.
-¡EY! ¡No…me…ignores! -exclamó molesta, echando humo por las orejas. Rhino, sin embargo, simplemente suspiró y miró con desdén a su "contrincante".
-Bueno, si insistes…-dijo despreocupada la presentadora, tomando su micrófono-. ¡Contendientes, preparados! ¿Super Queen, estás lista? -preguntó, retomando su rol con ánimo. La supuesta campeona, aparentemente motivada, asintió con ahínco sin quitar ojo de encima a Rhino, casi como si todavía esperara molesta a que le pidiera disculpas-. ¿Aspirante, listo? - Rhino asintió. Cuanto antes acabaran con esa farsa, mejor para él-. En ese caso…sin más preámbulo…¡QUE COMIENCEEEE…!
-¡LA PELEAAAA!-rugió todo el estadio, como movidos por un mismo deseo: ver desatarse la sangría y la barbarie para regocijo suyo. Y sangre y barbarie iban a tener.
Apretando los puños, Rhino ignoró el clamor del público y sus gritos. Sus pequeñas orejas se agitaron con el estallido de cientos de voces que reclamaban sangre y destrucción, que aplastara y rompiera para su divertimento como si fuera alguna especie de cocinero en pleno proceso de creación. Sin embargo, Rhino no tenía ninguna intención de pelear para divertirlos a ellos. A él solo le importaba una cosa, y esa era enfrentarse a alguien poderoso y derrotarlo con su gran fuerza. Para eso había luchado hasta ese día. Para eso había entrenado. Para eso había viajado a Tokio. La fama, la gloria, el honor de ser el número 1… meros premios secundarios, que empalidecían frente a su verdadero objetivo. Única y exclusivamente, lo que le movía era la emoción del combate, la sensación de sus músculos estirándose y protestando al ser llevados al límite, el crujir de huesos y el desgarro de músculos, el dolor de los golpes y el goteo de la sangre que manaba como prueba del encontronazo con un oponente capaz al suelo de la arena, donde su espalda o la de su enemigo pronto terminarían tendidas con el vencedor erguido orgullosamente a un lado.
Miró a su oponente. Tal y como había dicho la descarada presentadora, no parecía que fuera a luchar inmediatamente. De pie en el centro de la arena, parecía esperar algo impaciente a que fuera él el que se acercara a ella. ¿Tal vez fuera todo un farol? Después de todo, era extraño que el campeón de la arena permitiera que se le golpeara durante tres minutos sin oponer resistencia. ¿Tal vez tuviera algo que ver con su Quirk? Era la explicación más plausible. Había visto a gente con Quirks que se aprovechaban de la fuerza de su oponente para luego darle la vuelta a la situación, como por ejemplo acumulando la energía cinética de los golpes recibidos para luego devolverla toda de una vez. A juzgar por la aparente falta de resultados con su puñetazo anterior, Rhino creyó que la respuesta debía de ser algo parecido. Así pues, lo del desafío no era más que una estratagema en la que los organizadores y esa mocosa actuaban confabulados para engañar a quienes participaban del desafío, timándolos al hacerles creer que les iban a poner la pelea fácil, solo para descubrir que habían caído en una trampa, cargando a esa cría de energía y perdiendo de un solo golpe pasados los tres minutos. Después de todo, tan solo habían dicho que no se defendería ni respondería a los ataques. Nunca dijeron nada de no usar su Quirk. Ahí debía de residir el truco…
Por suerte, había dos cosas con las que no habían contado. La primera, que la piel de Rhino era mucho más resistente que el pelaje de un rinoceronte de verdad, y estaba seguro de poder resistir cual fuera el ataque que esa cría pudiera utilizar contra él, incluso tratándose de una trampa. Y la segunda, que Rhino tenía experiencia tratando con gente así.
-¿Con que…crees que no puedo tumbarte en tres minutos, eh?-preguntó, caminando sin prisa hacia la joven. Sus pesados pasos parecían hacer temblar todo el estadio, y acallaban durante un segundo el rugir de la muchedumbre, como si esa cacofonía de desgañitados espectadores no pudiera igualarse al poderoso andar de Rhino-. No sé qué clase de Quirk tienes, pero a mí no me vais a engañar. Si te tengo calada correctamente, y estoy seguro de que es así, tu poder debe de ser del tipo defensivo. Tal vez incluso cuentes con un poderoso contraataque con el que vences a tus enemigos-dijo Rhino, esperando ver en el rostro de su enemiga la incertidumbre que demostraría que había acertado en su hipótesis. La joven, pero, ni siquiera parpadeó mientras alzaba la mirada a medida que Rhino se aproximaba a donde estaba ella. Ya fuera que su cara de póker fuera buena, o que confiaba en que nada pasaba porque la hubiera descubierto, eso él no lo sabía. Tampoco importaba-. Es igual. De todos modos, hagas lo que hagas, mi defensa impenetrable detendrá lo que me lances. Mis músculos son tres veces más densos que los de un rinoceronte, y mi piel es el doble de gruesa. Ni siquiera el disparo directo de un tanque podría…
-Esto…disculpa-dijo entonces la joven, cortándolo de nuevo-. Verás, no quiero ser grosera, pero… ¿no deberías darte prisa y atacarme? Quiero decir… ya casi deben de haber pasado treinta segundos. No te queda mucho tiempo para intentar ganar, ¿sabes?
No detectó tono alguno de arrogancia en sus palabras. No detectó sarcasmo, ni intento de burla. Tan solo genuina preocupación, como si realmente temiera que se quedara sin tiempo antes de atacarla. En el fondo, pensó Rhino, fue casi más insultante aún que si la mocosa esa hubiera intentado reírse de él a propósito. Conteniendo a duras penas la ira que en su interior hervía, Rhino se plantificó delante de la supuesta campeona.
-…sí, tienes razón. No es momento para hablar. Es momento de luchar-dijo Rhino, sonando más calmado de lo que en realidad lucía-. Entonces, solo para aclarar… Tú no te vas a defender, te haga lo que te haga, ¿no?
-¡Exacto!-respondió la joven, con las manos en la cadera. Luego, pareció caer en algo que la hizo querer reflexionar al respecto, ya que se llevó un dedo al mentón con aire pensativo-. Bueno… Agradecería que no me hicieras nada pervertido. Ya sé que en teoría no me puedo defender, ¡pero tampoco quisiera que te aprovecharas para tocarme donde no se debe tocar a una chica sin su permiso! No solo es de mala educación, sino que, si lo haces, a lo peor te pego sin querer antes de tiempo. No estaría bien que me saltara las reglas, ¿sabe?
-Entiendo… Entonces, si tan solo lucho, no hay ningún problema, ¿no? -preguntó Rhino, abriendo sus brazos en cruz. Sus gigantescas palmas, tan grandes o más incluso que la cara de la joven, se mostraban extendidas de par en par-. Entonces, si hago… ¡esto! -exclamó de repente, golpeando velozmente con ambas palmas en la cabeza de Super Queen-… ¡no hay ningún problema, ¿verdad?!
El ensordecedor estallido que su palmada provocó superó incluso las voces de los espectadores, quienes habían aguardado impacientes a que alguien diera el primer golpe. La intensidad de aquel ataque, aparentemente simple, consiguió que incluso aquellos situados a tres pisos de altura dieran un involuntario paso hacia atrás, como si la onda expansiva los hubiera obligado a retroceder de algún modo. En la arena, Rhino creyó haber asestado un buen golpe a su oponente, aturdiéndolo antes de que pudiera activar su habilidad. No conocía los detalles del Quirk de la joven, pero tampoco iba a correr riesgos innecesarios por si acaso su predicción no era acertada. Bien podía ser que los poderes de la joven fueran más ofensivos que no defensivos, en cuyo caso trataría de vencerla sin darle la opción de protegerse con sus poderes. Sin soltar su cabeza, Rhino saltó hacia la joven y clavó su enorme rodilla en el rostro de la campeona, elevando su cuerpo con un tremendo impacto. Al liberar sus manos, pudo tirar hacia atrás uno de sus puños, y golpear en el tronco a Super Queen antes de que cayera al suelo.
La veloz combinación de Rhino mandó a volar a la joven, que impactó una vez más contra la férrea pared del fondo. Esta vez, antes de que pudiera caer, Rhino corrió hacia ella y la agarró de la cara con una de sus manos. Moviéndola como si de un simple trapo se tratara, Rhino la volvió a estampar con fuerza contra el muro de acero, tratando de aplastar sus huesos y machacar aquella losa con su poderío y su mazo improvisado. Con un tañido semejante al de un gigantesco gong, la cabeza de Super Queen golpeó con tanta fuerza la pared que muchos espectadores exclamaron conmocionados la brutalidad de aquel ataque, creyendo que la cabeza de aquella joven debía de haber estallado como un globo sangriento y destrozado por lo menos. Sin embargo, no se veía el menor rastro de sangre en la superficie de la pared, ni tampoco marca alguna o abolladura. Más extrañado por este hecho que no porque la cabeza de la joven no hubiera reventado como un huevo, Rhino volvió a repetir el ataque, martilleando la pared con el cráneo de su oponente. A pesar de usar toda su fuerza y de los explosivos tañidos que generaban contra el metal, este se negaba a ceder.
-¿Qué demonios le pasa a esta pared?-preguntó extrañado Rhino, posando una de sus manos en la fría superficie. Casi podía sentir su dureza contra su palma, lo cual lo dejó un tanto sorprendido. No había ni una abolladura en la superficie de la plancha, casi como si no la hubiera llegado a tocar.
-Ah, es la pared súper especial para las "Peleas en Jaula", ¿sabes? - explicó diligente la joven, su voz amortecida en la mano de Rhino, y aparentemente ilesa de la golpiza que acababa de recibir. Si algo había que sorprendió más a Rhino que la dureza de la pared, era lo tranquila que parecía la campeona-. La ponen cuando me toca pelear a mí. Dicen que, si no estuviera, hundiría el techo…otra vez. ¿Quieres que juguemos a ver quién consigue abollarla antes?
La jovialidad con la que le hablaba la joven molestó profundamente a Rhino. No parecía que su ataque le hubiera causado ningún daño, y dada su apariencia cotidiana (dejando a un lado su carácter), entonces esa resistencia no podía ser natural. De alguna forma, esa mocosa había resistido su palmada aturdidora y estaba usando su Quirk.
-Hmpf… Tanta historia con que no te ibas a defender, y usas tu Quirk para protegerte… Ya sabía yo que todo eso de los tres minutos tenía que ser un timo…
-¡Ey! Bueno, sí, he usado mi Quirk, pero… ¿qué quieres que le haga? ¡No es como si pudiera apagarlo, ¿sabes?!
Las palabras de la joven llamaron la atención de Rhino.
-¿No lo puedes apagar? ¿Eres del tipo Mutación como yo?-preguntó con ligero interés, alzando a la joven en lo alto mientras apretaba su puño. Sentía sus dedos clavándose en la cara de la joven, pero esta ni protestó ni emitió exclamación alguna de dolor, por lo que no tenía del todo claro si estaba funcionando o no. ¿Resistencia al dolor, tal vez?
Era extraño que esa mocosa pudiera ser del mismo tipo que él. Por norma general, a los del tipo Mutación se les notaba más la clase de Quirk que poseían, ya fuera por poseer formas extras en sus cuerpos o una coloración diferente. Ella, pero, parecía normal y corriente, por lo que lo que decía no tenía demasiado sentido. Seguramente fuera mentira.
"Esto está empezando a molestarme… Terminaré con esto ya mismo" pensó Rhino, apretando su puño libre.
Sin soltar a Super Queen, tensó su puño libre y lo lanzó contra su estómago. Tres golpes más cayeron contra el torso de la joven, y tras lanzar un directo especialmente potente, la soltó y comenzó a descargar una verdadera avalancha de puñetazos contra ella, que la mantenían pegada a la pared al tiempo que el incesante repiqueteo de su cuerpo contra el metal resonaba por la arena. A pesar de su aspecto pesado y lento, los puños de Rhino se movían a una velocidad de vértigo, tanto que muchos fueron incapaces de seguir sus movimientos y tan solo alcanzaban a ver las imágenes residuales. Para muchos, a Rhino le habían crecido brazos extra, y en esos momentos se encontraba masacrando a Super Queen con una lluvia de golpes que no parecía ralentizarse o disminuir de intensidad.
Finalmente, con un codazo final contra la cara de la campeona que iba cargado con el enorme peso de Rhino detrás, este tomó a Super Queen de una pierna y la agitó contra el suelo, generando un pequeño cráter al impactar la joven de cara contra el hormigón. No contento con ello, la agitó de nuevo sin cuidado y la estrelló contra la pared, para luego volver a golpearla contra el suelo, y así empezar a llenar toda la arena de cráteres con el cuerpo de Super Queen a medida que se desplazaba hacia el centro del lugar. La brutalidad de aquel ataque, despiadado y desproporcionado a ojos de alguien que hubiera ido simplemente a presenciar un combate, siguió mientras el estadio entero seguía de cerca la acción, observando con deleite cómo Rhino golpeaba una y otra vez a la campeona de la DDD. Fiel a las reglas, esta no hizo el menor intento de protegerse o huir, limitándose a moverse como una muñeca de trapo en manos del destructivo luchador que la zarandeaba de aquí para allá violentamente. La arena entera parecía temblar a cada sacudida del cuerpo de Super Queen contra el suelo, reverberando por doquier y sacudiendo no solo su superficie, sino también a quienes presenciaban la pelea, quienes encontraban sumamente interesante el brutal despliegue de fuerza y velocidad del aspirante Rhino.
Deteniéndose finalmente, Rhino levantó a Super Queen por su pierna, comprobando su estado tras la violenta racha de ataques. En vista del derruido sendero de cráteres que quedaba a su espalda, y del pequeño mar de socavones de su alrededor inmediato, esperaba por lo menos toparse con la visión del rostro de aquella mocosa todo abollado y anegada en su propia sangre, sus huesos rotos y sus ojos apagados. Sin embargo, lo que vio en su lugar fue algo que lo dejó bastante sorprendido.
-¡Súper! -exclamó Super Queen, colgando boca abajo, sin un solo rasguño en su cuerpo. Su ropa parecía algo más gastada y presentaba pequeños rotos aquí y allí, pero por lo demás no parecía especialmente herida. Si un caso, parecía más divertida que no dañada, con sus vivaces ojos brillando de pura emoción-. Eso ha sido… ¡una pasada! ¡Creo que nunca me habían sacudido tanto! Ha sido como… ¡PAM, PUM, PATAM! ¡Hazlo otra vez, otra vez! -pidió, agitando sus puños con expresión ilusionada.
Rhino, pero, no estaba precisamente contento. De los tres minutos que le habían dado, había gastado dos en machacar a la joven, creyendo poder terminar la pelea. Sin embargo, parecía que cual fuera la habilidad de aquella chiquilla era más molesta de lo que se había imaginado en un principio, ya que no obtuvo resultado alguno. Aun no sabía de qué se trataba, pero algo extraño había notado cuando estaba golpeándola antes contra la pared. Por alguna razón, la sensación de su cuerpo contra sus puños no era la habitual, casi como si no fuera un cuerpo humano lo que estuviera golpeando. Se sentía extrañamente duro, mucho más que simple carne, si bien no observó cambio alguno en su aspecto que pudiera justificar ese hecho, como por ejemplo un Quirk de endurecimiento. ¿Cómo funcionaba ese poder?
-Maldita… ¡incordio! -exclamo, azotando a Super Queen contra el suelo y destrozando nuevamente el hormigón. Soltándola, la emprendió a patadas y pisotones contra la joven, hundiendo cada vez más el cráter en el que se encontraba y haciendo retumbar la arena al completo-. ¿¡Por qué…no…te…MUERES!?
-Bueno…-trato de decir la joven, solo para ser interrumpida por un pisotón de su oponente. Su cabeza se clavó en el suelo como si fuera un clavo, agrietando el hormigón con su cuerpo como si fuera frágil cristal. Sin embargo, cuando Rhino alzó la pata, Super Queen siguió hablando como si tal cosa-…yo creo…-Pisotón-…que la razón…-Otro pisotón-…es porque aún...-Otro pisotón-…es que…
-¡CALLATE!-exclamo Rhino, exhalando más vapor por la nariz, y habiendo perdido finalmente la paciencia. Resultaba harto insultante que sus ataques no solo no estuvieran teniendo efecto alguno sobre ella, sino que ni siquiera parecía que se lo estuviera tomando en serio. ¡Maldita fueran ella, y su molesto Quirk! No dudaba de que debía de ser esa condenada habilidad suya la que hacía que la victoria se le resistiera tanto. ¡Si tan solo…pudiera asestarle un buen golpe…!-. ¡No quiero oírte, mocosa del demonio! ¡Ya me tienes harto!
Rhino, frustrado, desenterró violentamente a la joven del suelo, que salvo por un par de manchas aquí y allí, parecía tan ilesa como al principio. El aspirante ya no sabía qué más probar. El tiempo se le echaba encima, y si bien lo de la apuesta le traía sin cuidado, le parecía humillante el que pudiera tardar más de tres minutos en acabar con una mocosa como aquella. Solo de pensarlo… No, no quería ni imaginárselo.
-¿Ah?-preguntó extrañada Super Queen, ajena al enojo de Rhino-. No…entiendo por qué, si no he hecho nada-se defendió, con una pequeña sonrisa de amabilidad-. Tan solo iba a decir que tal vez no ganas porque me estás pegando flojito.
Y, con aquella sencilla frase, Rhino sintió que su ira alcanzaba el límite. Era imposible que más furia cupiera en su mente, embotada por la rabia y la frustración. Ni oía ya los gritos de los espectadores, ni el calor de los focos, ni el sudor sobre su piel. Ya no sentía nada más, que la visión de aquella muchacha en su mano, diminuta y débil en comparación con su robusto brazo, pero que por alguna razón se mostraba indiferente le hiciera lo que le hiciera. Llevaba ya un buen rato preocupándose sobre cómo acabar con aquella pelea rápidamente, pero ya no. Ahora ya le daba igual…
Para extrañeza de Super Queen, Rhino la dejó en el suelo y se dio la vuelta. Echó a andar por la arena como si se hubiera rendido, como si la pelea ya hubiera terminado en su mente. Super Queen, confundida, miraba desde su sitio cómo el aspirante se alejaba con paso decidido, sin acabar de entender qué había pasado.
-Esto… ¡Eh, kabutomushi!-gritó Super Queen, haciéndose oír por encima del alboroto que reinaba en la arena-. ¿A dónde vas? ¡La pelea es aquí! - A pesar de llamarlo por (lo que creía que era) su nombre, Rhino siguió andando como si no la hubiera oído, lo cual extrañó todavía más a la perpleja campeona-. ¿Pero… qué haces? ¿Qué…?-Sin entender qué pasaba, Super Queen miró hacia las gradas, directamente a la presentadora, mientras señalaba a Rhino con un gesto y se encogía de hombros, como diciendo que no entendía qué pasaba. A juzgar por el idéntico gesto con el que le respondió su compañera, ella tampoco tenía muy claro qué estaba pasando.
Rhino alcanzó la pared del fondo, y apoyándose un instante en ella, se permitió un instante para tomar aire. Largo rato llevaba afrontando aquel problema de la manera incorrecta, tomándoselo como si de una simple pelea callejera se tratara. Había creído que sus tácticas habituales bastarían para vencer a esa niña de cuerpo indestructible, pero estaba claro que se había equivocado. Ahora lo tenía claro: todo allí…no era más que una estratagema entre los de la arena y esa mocosa para ganar peleas y dinero con las apuestas. Un Quirk que permitía resistir cualquier golpe… era curioso con lo que uno podía toparse en la vida. Ahora que lo veía con más calma, Rhino vio que tenía sentido: la mocosa usaba su Quirk para incordiar al aspirante, que se agotaba inútilmente tratando de terminar la pelea en tan solo tres minutos. Después, era cuestión de tiempo que el tonto de turno cayera rendido, momento en que sería vulnerable incluso para una niña como esa. De este modo debía de ser cómo una imbécil como aquella (si es que en el fondo no era todo un ardid por su parte) había llegado a campeona, por enchufe y conveniencia de la dirección.
Y él, como un tonto, había estado a punto de caer en su trampa.
No ganaría enfadándose. No ganaría atacando a lo loco. Si quería vencer, salir de tan peliaguda situación, tan solo había una cosa que pudiera hacer: acabar con aquel combate con su mejor golpe, derrotar a esa niña con algo tan fuerte que ni su Quirk de defensa lo superara. Tenía que olvidarse de eso de los tres minutos, de su apuesta, de la presión del público… Nada de eso tenía importancia.
Solo ganar importaba.
Para entonces, los gritos y abucheos del público habían sustituido las exclamaciones y vítores anteriores, evidentemente insatisfechos con la extraña pausa que parecían haber hecho los dos luchadores en su pelea. Habían disfrutado bastante al ver cómo Rhino zarandeaba de aquí para allá a la campeona, pero parecía que, por alguna razón, su antes aguerrido favorito parecía haberse rendido, retirado a un lado del campo de batalla como si pretendiera tomarse un respiro. Los más nerviosos miraban preocupados sus relojes, observando alarmados cómo la cuenta atrás hasta el fin de esos tres minutos iba reduciéndose con el paso de los segundos, animando a Rhino y rogándole que se apresurara en terminar con aquello. Otros, tal vez más pragmáticos, tan solo reclamaban que la carnicería y la destrucción no cesaran, exigiendo al hombre que antes habían tratado como a un dios que los divirtiera con su barbárico proceder. Nadie parecía entender qué se le estaba pasando por la cabeza al taciturno luchador, quien se limitó a permanecer en su sitio mientras a su alrededor el mundo entero parecía chillar y enloquecer.
-¡…5…4…3…2…1…¡TIEMPO!-exclamó la presentadora, haciendo sonar una estridente bocina-. ¡Tres minutos, damas y caballeros! ¡A partir de este momento, las apuestas quedan cerradas! ¡Si no os habéis acordado de apostar… ¡MALA SUERTE! ¡Veamos si el aspirante tiene lo que hay que tener para sobrevivir a…!
Un poderoso campanazo, más poderoso que la algarabía de gritos y el micrófono de la presentadora, resonó entonces por la arena y acalló el estruendo que en el aire reinó hasta el momento. Su origen, localizado en la propia arena, parecía ser el callado Rhino, quien de improviso había golpeado la irrompible pared de metal con su puño. El impacto había sido tan poderoso, que su puño había conseguido dejar grabada su forma en la antes lisa superficie, muy para asombro y desconcierto de todos los asistentes. Los más asiduos a las peleas de la arena no daban crédito a lo que veían.
Rhino se giró. La ira, la tensión, las prisas… Todo parecía haber desaparecido de su ser, sustituidas por una inquietante calma que parecía fija en la joven Super Queen. Sus ojos, fríos e inflexibles como una viga, se fijaron en los brillantes orbes de la joven, quien lo observaba desde su puesto en el centro de la arena, aparentemente sorprendida por la proeza y despliegue de fuerza del rinocerontico aspirante.
-…por fin-dijo, su voz clara ahora que el jaleo de las gradas había disminuido hasta desaparecer-. Ahora sí…, empieza la pelea.
-Wow… ¡Como mola!-exclamó Super Queen, animada tras observar la fuerza de su oponente-. ¡Súper guay! ¡Eres fuerte de verdad!
-Lo sé… Y pronto, todos lo verán. Verán lo que es la verdadera fuerza…, cuando te derrote con mi mejor ataque-declaró Rhino, posicionándose a cuatro patas como cuando lanzó su "Horn Lariat". Esta vez, pero, el aura que rodeaba al guerrero parecía ser otra, como si la misma fuerza contenida en su musculoso cuerpo fuera visible hacia el exterior. Su mirada, de seriedad total, parecía fija en Super Queen como la mirilla de un arma, apuntando a su objetivo para así poder atacarlo sin desviarse ni un milímetro. Sus manos y patas agrietaron el suelo cuando aumentó su agarre, afianzando todavía más su posición mientras tensaba todo su cuerpo. En las gradas, todos los espectadores contenían el aliento mientras veían al guerrero de férreo cuerno prepararse para atacar, aguardando expectantes a que comenzara lo que creían que iba a ser un espectáculo digno de verse.
-¿Hmm?-preguntó entonces Super Queen, ladeando la cabeza. Si la forma que había adoptado su rival la preocupaba, no se le notaba mucho-. ¿Qué haces? ¿Te encuentras bien? Estás temblando un poco… ¿Necesitas ir al lavabo?
-Ríe cuanto puedas, mocosa…-murmuro Rhino, sintiendo en su interior cómo sus fuerzas se aglomeraban y fortalecían sus músculos, preparados para lo que se avecinaba-. Pronto… ¡SERÁS INCAPAZ DE HACERLO!
Con un estallido que hizo añicos el hormigón bajo sus pies, e incluso consiguió doblar aún más el metal de la losa tras de sí, Rhino se lanzó a la carrera hacia Super Queen a una velocidad que dejaba en evidencia a la que demostró con su Horn Lariat. Si antes su carrera había hecho parecer que la arena temblaba a cada paso que daba, ahora a nadie le quedaba la menor duda de que el monstruoso competidor estaba sacudiendo el estadio al completo, provocando temblores que reverberaban por todo el cuerpo de los asombrados espectadores, que incapaces de articular sonido alguno seguían su veloz avance con ojos abiertos de puro asombro. La facilidad con la que Rhino se desplazaba a cuatro patas lo hacía parecer un rinoceronte de verdad, salvo que ninguna bestia que hubiera portado ese nombre había parecido tan imparable como lo parecía Rhino en esos instantes, avanzando cual misil balístico en pos de su objetivo, quien permanecía en su camino como único obstáculo hacia la grandeza. Tan solo esa joven, esa chica de rostro pintado y traje brillante, se inmiscuía en su deseo de ser reconocido como el más fuerte, tan solo una cría con un Quirk defensivo harto molesto. Rhino no comprendía del todo en qué consistía, pero le era indiferente. Había enfrentado innumerables poseedores de Quirks en el pasado, y sin excepción, todos habían acabado por caer más tarde o más temprano ante su portentosa fuerza. Reconocía que la habilidad de esa chiquilla era algo que pocas veces había visto en su vida, pero precisamente eso sería el causante de su desgracia.
Ya que, de no ser por su poderosa habilidad, Rhino nunca se hubiera decidido a utilizar aquel ataque contra otro ser humano.
-¡Rhino…!-exclamó, acortando la distancia entre él y su oponente. Este, con expresión curiosa, seguía inmóvil en su camino mientras lo veía acercarse a toda velocidad. Seguramente esperaba que su poder la protegiera, pero… subestimaba el poder que aquel ataque poseía-¡…RAM!
Un rinoceronte adulto de Sumatra, el más grande conocido hasta la fecha, podía llegar a pesar 3600 kg, lo cual unido a su gruesa piel lo convertía en un tanque natural que pocos seres de la naturaleza osaban enfrentar. Rhino, si bien era menos pesado que un rinoceronte de verdad, pesaba no menos que la mitad de uno auténtico, de lo cual gran parte provenía de sus férreos músculos y sus densos huesos. Su cuerno, su arma principal, era lo bastante fuerte como para atravesar una pared de un cabezazo, dejando en evidencia al cuerno de cualquier rinoceróntido de la naturaleza. Todo ello comportaba que su "Horn Lariat", el movimiento con el que sus fans a menudo disfrutaban de verlo terminar sus peleas, fuera un ataque contra el que nadie pudiera defenderse dado que nadie podía contrarrestar la inmensa fuerza que iba cargada detrás, tanto la de sus músculos como su propio peso. El "Rhino Ram", pero, no era un movimiento pensado para peleas como las que había librado hasta el momento. Semejante en su ejecución, el objetivo de esta técnica era acabar con su oponente al concentrar toda esa energía y peso en la punta de su cuerno, volviéndolo una poderosa lanza que podía atravesar paredes, planchas de metal, y el estómago de cualquiera lo bastante desafortunado para encontrarse en su camino. De no contar esa chiquilla con tan molesto poder de defensa, ni se hubiera planteado usar ese ataque contra ella. Sin embargo, medidas desesperadas requerían soluciones desesperadas. Si esa joven no quería morir, más le valía defenderse todo lo que pudiera, aunque dudaba de que le fuera a servir. Aunque no la matara, su "Rhino Ram" bastaría para atravesar sus defensas, asestándole un poderoso golpe con el que esperaba terminar la pelea de una vez por todas.
Literalmente, iba a atravesar el muro que lo separaba de la victoria. Nadie iba a pararle, no después de haber tan lejos.
La joven, inmóvil, parecía ajena al descomunal tanque que en esos momentos apuntaba a su vulnerable pecho con su filoso cuerno. Observaba con asombro el proceder de Rhino, como si simplemente estuviera viendo correr a un animal en el zoo, asombrada por cómo se movía y actuaba. No parecía percatarse de que, en escasos segundos, iba a poder ver ese cuerno muy de cerca.
Al menos, no hasta que alguien llamó su atención de un silbido.
-¿Eh?-preguntó Super Queen, mirando a un lado, mientras a su alrededor todo temblaba ante la llegada del rinocerontico luchador. Allí, a un lado, la presentadora parecía tan tranquila como ella, si bien algo menos asombrada, mientras los espectadores de su lado observaban con creciente emoción el acercamiento de Rhino. En vez de hablarle, la presentadora se limitó a darse unos golpecitos con el dedo en la muñeca, y a señalar con la cabeza a Rhino. Eso pareció despertar a la joven, que de golpe pareció recordar qué se suponía que tenía que hacer-. ¡Ah, cierto! La pelea… ¡Que despiste!
Riéndose algo avergonzada, Super Queen se centró en Rhino, quien parecía próximo a colisionar con ella. En vez de apartarse o prepararse para la defensa, la joven se limitó a separar las piernas y a sonreír, aparentemente emocionada, mientras cruzaba sus brazos enfrente de su pecho.
-¡Super mode!-exclamó, abriendo sus brazos de repente. Parecía como si hubiera intentado transformarse, pero no se veía cambio alguno en su aspecto. Entonces, semejante a un actor kabuki, retiró una de sus manos mientras apuntaba con la otra a su oponente, aguardó calmada a que Rhino terminara su abrupta carrera. Diez metros…siete metros…cuatro metros…uno…
-¡Supeeeer…!-exclamo la joven, dispuesta como si pretendiera responder al ataque de Rhino. Este, un segundo antes de chocar, se preguntó qué se proponía hacer esa loca. No se había apartado, no se había defendido… ¿Acaso pretendía responder a su ataque? Debía de pensar que su poder bastaría para contrarrestar el suyo. Bien, pues pronto aprendería sobre el terrible error que había cometido cuando se encontrara con un nuevo agujero en el estómago. Impulsándose con sus manos y patas, Rhino salvó el último metro de un salto, lanzándose cual flecha contra su oponente-¡…slap!
Antes de que el cuerno de Rhino golpeara a su objetivo, la mano abierta de la joven le salió al encuentro, chocando contra su cara como si de un genuino ataque de sumo se tratara. Durante una fracción de segundo, Rhino esperó sentir cómo la mano de aquella pequeña idiota se resquebrajaba, antes de contemplar cómo su brazo se doblaba cual ramita, y finalmente la sensación de su cuerno hundiéndose en el torso de esa molestia que tanto rato estuvo riéndose de él. Sin embargo, pronto, el crujido que sintió fue otro mucho menos conocido para él. Esa mano que topó contra su cara en su momento previo a la gloria se tornó repentinamente dura e inamovible, como si más que una mano se hubiera topado con la viga más fuerte del mundo. Su carrera, de casi dos toneladas de peso y 60 kilómetros por hora, fue detenida de golpe antes incluso de que Rhino comprendiera que estaba pasando. En un instante, sintió cómo su cara se hundía en aquella mano de férreos dedos, y cómo todo su cuerpo le iba detrás, aplastándolo entre la indómita fuerza que había estado generando, y la inamovible joven que la había parado de un manotazo. Sintió todo su cuerpo crujir casi a la vez, como si no solo sus huesos, sino todo lo que era él se rompiera en un segundo al topar con la mano de aquella joven. Su propio cuerpo y la mano de la joven aplastaron su esqueleto y machacaron sus músculos como si de un acordeón se tratara, semejante a la colisión de un veloz vehículo contra una barrera invencible. Su cuerno, el símbolo de su fuerza y orgullo, se partió en dos ante sus ojos, dejándolo tan conmocionado ante la visión de su afilada punta saliendo por los aires, que apenas llegó a experimentar dolor alguno cuando sus huesos se hicieron polvo. Desde luego, el estallido que sacudió todo el estadio cuando chocó contra la joven no llegó ni a oírlo, el pitido en sus oídos impidiéndole oír gran cosa de todos modos.
Cayó al suelo, roto y desorientado, sin avanzar más lejos que aquello. Sentía un intenso ardor en su rostro, como si todavía notara en su cara la mano de aquella joven. Le dolía el cuerpo como pocas veces lo había hecho, aplastado por su propia fuerza e incapaz de tenerse en pie. ¿Sus fuertes músculos, entrenados tras largos años de adiestramiento? Aplastados. ¿Sus huesos, resistentes cual barra de hierro? Aplastados también. Toda su fuerza, todo su impulso… contrarrestados por un solo manotazo de aquella mocosa. De su pecho a su cabeza, sentía como si sus huesos se hubieran convertido en poco más que polvo, destrozados al detenerse tan abruptamente después de haber cargado con todas sus fuerzas contra su oponente. La mente de Rhino, abrumada por el dolor y la confusión, trataba en vano de rememorar los últimos segundos para así esclarecer qué había pasado. Recordaba haber cargado contra la joven, recordaba haberla visto disponerse como si pretendiera atacarle, y luego… solo dolor. Y el suelo. Y la borrosa visión de unas piernas situadas a su lado, unas piernas que siguió con la mirada hasta contemplar la visión de aquella que se encontraba a su lado.
Esa niña. Esa…monstruosa niña de poder desconocido, que había reducido su orgullo a mero polvo (literalmente), con su roto cuerno en las manos. Lo miraba desde las alturas como un humano miraría a una hormiga, la luz de los focos de fondo oscureciendo sus facciones y dándole una apariencia casi divina que asustó al antes orgulloso luchador. ¿Contra…que se enfrentaba, en realidad? ¿Quién…era esa niña? ¿Qué…?
Sintió algo en el muñón donde antes se encontró su cuerno. Dirigiendo su borrosa mirada a él, se encontró con que la joven parecía estar intentando pegarle de nuevo el cuerno con expresión alarmada, casi como si estuviera preocupada por haber hecho mal. Acababa de pulverizar un cuerno que hubiera podido ensartar a un elefante de parte a parte, y lo trataba como si hubiera roto por accidente una frágil figurita de cristal. De no sentir tanto dolor como estaba sintiendo en esos instantes, Rhino tal vez hubiera protestado ante semejante insulto a su dañado orgullo.
Alguien le habló a la joven, ya que esta apartó la mirada y dejó de intentar pegar el cuerno como si creyera que con dejarlo donde estaba ya valía. Luego, esta lo miró con unos ojos que dañaron a Rhino más que cualquier golpe recibido.
Decepción. Lastima. Frustración. Esa joven…parecía desilusionada con el resultado, como si… como si hubiera esperado que Rhino hubiera presentado más batalla. Como si…hubiera esperado que él fuera más fuerte que aquello.
"No…me mires con…esos ojos…", pensó Rhino, suplicando con la mirada. Podía aguantar el ser aplastado, el ser derrotado… ¿pero que sintieran lástima por él? ¿Qué pensaran que era débil? Eso era algo que dolía más que cualquier hueso roto. Él, que había entrenado hasta la extenuación. Él, que había enfrentado a cuantos oponentes se pusieron en su camino. Él, que había luchado y luchado durante más años de los que esa niña seguramente hubiera vivido…
No era lo suficiente fuerte. Nunca fue una amenaza. Nada de aquello era un timo. Esa mocosa… realmente…
Se puso en pie, y alzó una de sus manos. Con expresión resignada, la joven le dedicó una última mirada antes de bajar la mano a toda velocidad, en dirección a su cabeza. Sus oídos oyeron el eco del nombre de su ataque, enturbiado, pero más claro como si nada más en el mundo existiera para él.
-Super…smash.
Lo último que pensó Rhino antes de sentir la mano de aquella joven impactando contra su cabeza, enterrando su cabeza en el suelo al son de una ensordecedora palmada mientras una descomunal fuerza como nunca antes había sentido lo hundía en un profundo cráter, antes de sentir el breve estallido de dolor que casi eclipsaba el daño causado cuando su cara atravesó el hormigón, antes de que las sombras de la inconsciencia lo reclamaran, fue…
¿Qué clase de poder tenía esa niña, al final?
"Power".
Ese era el nombre de su Quirk, el mismo que compartían todas las mujeres de la familia Toyochikara.
En el caso de su madre y su tía Tatsumaki, "Power" se manifestaba en forma de una poderosa mente, una tan fuerte que no solo era capaz de resistir la manipulación mental y otras formas de control, sino que además era capaz de exteriorizarse en forma de poderes telepáticos que ambas mujeres Toyochikara manejaban con gran habilidad y potencia. Mientras que su madre era capaz de invocar poderosas ventiscas a su alrededor (ataque que le había valido su nombre de heroína), su tía era incluso capaz de levantar rascacielos o atraer meteoritos desde el espacio, habilidad que su madre muchas veces había descrito con clara envidia, si bien Tsunami tenía claro cuál de las dos heroínas era su preferida. En su caso, pero, "Power" se había manifestado de una manera un tanto…diferente…
Debido a la base genética de los Quirks, estos a menudo eran traspasados de padres a hijos en el momento de la concepción, permitiendo que más de un miembro de la familia poseyera el mismo Quirk (como era el caso de Tatsumaki y Fubuki), o que los Quirks del padre y la madre se fusionaran, creando una nueva habilidad con características de los dos. Sin embargo, debido a la variación genética, a veces ocurrían inesperadas mutaciones que o bien alteraban los poderes observados del Quirk, o bien daban paso a algo totalmente diferente y tal vez nunca visto en el mundo. En el caso de Tsunami, había sido un poco las dos cosas.
Una pequeña mutación en su genoma había alterado la manifestación de su Quirk, heredado de su madre, por lo que "Power" no funcionaba del mismo modo en ella que en el resto de su familia. Mientras que para ellas "Power" fortalecía su mente, en el caso de Tsunami "Power" fortalecía su cuerpo, dotándola de una terrible y devastadora fuerza física. Lo que su madre y tía podían hacer con su mente, levantar enormes pesos o resistir ataques mentales, ella lo podía hacer con sus manos, ya fuera demoler cualquier cosa de un puñetazo o resistir golpeas e impactos que destrozarían a cualquier otra persona. Con un poder así, cabría pensar que el futuro de la joven estaría plagado de puertas abiertas, disponiendo de tan poderosa y útil habilidad. Y así sería…, si no fuera por un pequeño detalle.
De todos era sabido que existían tres tipos de Quirks: los de Transformación (que permitían cambiar el aspecto físico de su poseedor para dotarlo de habilidades temporales), los de Emisión (más comunes, consistentes en la liberación de sustancias o energías e incluso la alteración de las propiedades de la materia), y las de Mutación (más variadas, en las que el usuario presentaba cambios físicos permanentes desde el momento de su nacimiento). En el caso de Fubuki y Tatsumaki, su "Power" entraba en el rango de Quirk de Emisión, ya que les permitía liberar una considerable cantidad de energía psiónica con la que protegían sus mentes al tiempo que manipulaban el mundo a su alrededor. Tsunami, sin embargo, era del tipo Mutación, lo que significaba que su poder no consistía en "tener fuerza", sino que más bien era "tener un cuerpo poderoso capaz de emitir fuerza". Esto comportaba que, salvo que lo controlara voluntariamente, su cuerpo constantemente emitía mucha fuerza en cada acción que realizaba, ya fuera una que precisara de un gran poder o no. Para poder interactuar con el mundo que la rodeaba, debía reducir conscientemente la cantidad de fuerza que usaba, bajo riesgo de romper algo o causar algún desastre, y dada la inmensa capacidad que disponía debido a la sangre de las Toyochikara, esta tarea se volvía bastante complicada según la situación.
Y ese, básicamente, era su problema: tenía demasiada fuerza, más de la que podía contener. Aunque, aparentemente, había algunos que no lo veían así.
-¡Muy bien, muy bien!-exclamó alguien, sacando de sus ensoñaciones a Tsunami. Se había quitado el maquillaje y cambiado de ropa, y en esos momentos aguardaba sentada en una cómoda butaca a que la persona de delante de ella terminara de contar las ganancias del día-. ¡Hoy has estado cool como siempre, Queen-chan!
-Ah… Gracias, Iru-san…-dijo Tsunami, no del todo animada.
Su acompañante arqueó una ceja al oír el entristecido tono de la joven, quien parecía más absorta en sus pensamientos de lo normal. Dejando los billetes sobre la mesa, centró su mirada en el semblante pensativo de Tsunami.
-¿Qué te pasa, peque? Te noto alicaída-comentó Iru-san, posando sus pies sobre el amplio escritorio de su oficina-. ¡Venga, cuéntaselo todo a tu viejo amigo, Mr. Smile!
Como siempre tras cada pelea, Tsunami había ido a ver a Mr. Smile a su oficina, desde donde controlaba y dirigía todos los asuntos concernientes a la DDD, de su propiedad. Lo que una vez fue la sala de seguridad del parking ahora era la oficina del sórdido rey de la arena subterránea, con las pantallas conectadas a las antiguas cámaras del parking más otra media docena instaladas a posteriori por él mismo adornando las paredes del lugar. Al fondo de la estancia, justo en frente de la férrea compuerta que separaba la arena de la oficina de Smile, se encontraba el escritorio donde a menudo podía encontrarse al mismísimo jefe ocupado en sus propios quehaceres. Si alguien lo hubiera conocido por primera vez, habría coincidido en que su apodo le pegaba claramente. De unos cuarenta o cincuenta años, Smile parecía un adulto que se hubiera negado a salir de la época disco que tan popular se hizo en los Estados Unidos a principios de los 70. Vestido con un anticuado traje de baile dorado, lucía un aparente sin fin de sonrisas grabadas en el mismo que relucían como el platino, acrecentando si cabía la amplia sonrisa que Smile siempre portaba en su rostro. No mucho de este podía verse debido a las gruesas gafas de sol que ocultaban sus ojos, y a las frondosas patillas que acompañaban el estrambótico sombrero de ala ancha que siempre portaba, que contribuían a oscurecer sus facciones. Lo único que podía verse con claridad era su sonrisa, casi luminosa incluso en la más sombría de las estancias, abriéndose solo cuando su dueño necesitaba decir algo.
Smile y ella se conocían ya desde hacía casi dos años, cuando ella apareció por aquel mundillo por primera vez. Si bien no muchos se hubieran mostrados convencidos de darle una oportunidad a una desconocida como Tsunami (y mucho menos a una que había encontrado su oculta arena del modo en que lo hizo ella), Smile le había permitido pelear en su arena movido por el simple impulso y curiosidad (entre otros motivos ocultos que seguramente no compartiría fácilmente con la joven), encontrando pronto en ella a una nueva campeona que fácilmente destronó a la anterior. Desde entonces, Smile se había convertido en algo así como su manager no oficial, preparando peleas para ella y permitiéndole usar la DDD como centro de ocio cada vez que le apetecía descargar algo de energía. Aquel día, pero, parecía que Tsunami no estaba muy por la labor.
-No, no me pasa nada…-dijo Tsunami-. Es solo que…
-¿Hmmm?
-…Iru-san… ¿crees…?-empezó a decir Tsunami, mirando un tanto preocupada a Smile-. ¿Crees…que soy demasiado…fuerte?
-¿Hmm? "Demasiado fuerte"… ¿en qué sentido?-quiso aclarar, charlando jovialmente como siempre solía hacerlo-. ¿"Demasiado fuerte" para el nivel en el que luchas? ¿"Demasiado fuerte" para esta arena? Necesito que me des algo más concreto, pequeña.
-Hmmm…-gruñó Tsunami, aparentemente molesta. Luego, suspiró, y volvió a preguntar-… ¿crees que soy…demasiado fuerte…para ser de utilidad?
La pregunta pareció sorprender a Smile, quien se quedó mirando en silencio a Tsunami durante unos segundos. La joven parecía insegura, reconcomida por las dudas y las preocupaciones de su pobre mente, que parecía aguardar desesperada que la figura adulta con la cual había compartido su secreto la ayudara con suaves palabras y serenos consejos que le permitieran hallar la respuesta que tanto anhelaba. En ese momento, en que sus miradas se encontraron, Smile supo casi al instante que hacer en esa situación.
Se rio a carcajadas.
Sus risas resonaron por la pequeña sala mientras su mandíbula se movía arriba y abajo, su luminosa sonrisa de deslumbrantes dientes agitándose con cada carcajada, que parecía contener a duras penas la gracia que la pregunta de Tsunami le había causado. Lejos de molestarse, Tsunami le dejó reír a gusto mientras observaba en silencio desde la butaca.
Alguien, pero, sí que pareció molestarse.
-No seas malo, Smile-san –dijo la presentadora, separándose de la esquina desde la que había estado escuchando la conversación, y dándole un pequeño coscorrón al hombre que se reía cual hiena. Su pequeño golpe consiguió acallar las risas de Mr. Smile, quien con su sonrisa nuevamente plasmada en su rostro dedicó una pequeña mirada de rencor a su agresora-. Queen-chan te ha hecho una pregunta seria. Sé un adulto responsable por una vez y respóndele.
-Auch, auch… Eres muy mala conmigo, Saber Tooth-chan –se quejó el jefe, con su voz lastimera y su fulminante mirada para nada parejas-. Tenme más respeto, ¿quieres? ¿Qué pensará la gente si mis empleados comienzan a pegarme impunemente? Tengo una reputación que mantener, después de todo…
-¿Y qué pensaría la gente si supiera que mi "jefe" esconde chucherías en su sombrero aunque el médico le haya dicho que tiene que dejar de comer tanto azúcar?-respondió la presentadora, cruzada de brazos y alzando una ceja. Mirando con altivez a su jefe, recibió con satisfacción la risita de Tsunami, quien contemplaba francamente entretenida el aparentemente amenazador intercambio de preguntas entre ellos dos.
-Ah, hehehe… Me pillaste, Saber Tooth-chan –confesó Smile, frotándose la nuca con expresión avergonzada-. Parece que voy a tener que asegurarme de que no lo cuentas por ahí…
-¿Oh~? ¿Me estás amenazando?-preguntó Saber, aparentemente interesada y apoyando una mano sobre el escritorio. Acompaño su velada amenaza sonriendo desafiante a Smile-. Porque creo recordar que la última vez que mandaste a alguien a por mí, acabé haciendo que se tragara todos sus dientes a patadas.
-Sí, admito que por aquel entonces no estaba muy por la labor. No pensé demasiado las cosas-comentó Smile, quitándole importancia al asunto con un ademán de su mano-. Mira que pedírselo a Carnicero… ¡Como si alguien de su nivel pudiera contigo!
-¿Y quién, según tú, sí puede? ¿A quién enviarías a meterme en vereda, si se puede saber?-quiso saber Saber. Smile, tras fingir que se lo pensaba unos instantes, fijó su mirada en Tsunami.
-¡Ey, Queen-chan! ¿Cuánto quieres por matar a Saber Tooth, aquí y ahora?-preguntó con tono casual e interesado, señalando con el pulgar a la mujer de su lado-. Di tu precio, baby. -La respuesta de Tsunami no tardó en llegar.
-¡Ni hablar! Saber-san me cae bien, y ella y yo somos amigas. ¡Nunca le haría daño por dinero!-respondió con vehemencia, levantándose de su butaca y abrazando con aire protector a la mujer. Esta, sonriendo, abrazó de vuelta a Tsunami, enterrando la cabeza de esta en su pecho. Luego, con altivez, sonrió victoriosa a su jefe, que se limitó a suspirar.
-Ah, ah… Una pena. Esperaba poder librarme de ella de una vez por todas-comentó, bajando sus pies de la mesa-. ¿Qué le voy a hacer? Otra vez será…
-Ya quisieras…-dijo burlesca Saber, acariciando la cabeza de Tsunami, más animada gracias a sus caricias.
-En fin… Respecto a tu pregunta, Queen-chan…-empezó a decir Smile, entrelazando sus dedos y apoyando en ellos su cabeza-. Tú…eres fuerte. De eso no hay la menor duda. No cualquier hubiera conquistado la DDD el mismo día de su debut como tú lo hiciste, y mucho menos habría destronado a su orgullosa reina tan fácilmente.- A pesar de sus oscuras gafas, el guiño que Smile dedicó a Saber era fácilmente apreciable. Esta, lejos de molestarse, solo interrumpió sus caricias brevemente y pellizcó sin mucha maldad la mejilla de Tsunami, encorvando una ceja. Sonriendo, esta la dejó hacer-. Sin embargo, y para según qué cosas, sí que se podría decir que tal vez seas "demasiado" fuerte. Mucha gente se me queja de que tus peleas ya no tienen emoción, que el resultado siempre es el mismo… ¡y no es culpa tuya, ni mucho menos! Aunque si me hicieras caso alguna vez y te dejaras ganar…-siguió diciendo, murmurando para sí esa última parte. Solo parecía que le había oído Saber, ya que esta le chistó con severidad, y Tsunami la miró con cara de no entender por qué había hecho aquello-. Tienes que entender que este negocio se basa en mucho más que simple sangre y violencia. La emoción de no saber qué pasará, la tensión de ver a dos personas destrozándose e intentando alcanzar una victoria más o menos igual para ambos… La gente quiere no saber qué pasará, que les sorprendamos, que los divirtamos… Y me temo que tus peleas no cumplen todo eso.
-Pero… ¡pero si por eso mismo pusimos la regla de los tres minutos…! -se defendió Tsunami.
-Sí, lo sé, y ha ayudado en cierta manera a paliar la situación. ¡A la gente le encanta apostar para ver cuánto tardarás en cargarte a tu oponente! Sin embargo…, no quita el hecho de que sigues ganando a tus oponentes de un solo golpe, y eso no acaba de satisfacer a todo el mundo-aclaró Smile-. Mira, Queen-chan… La DDD atrae principalmente a dos tipos de espectadores: los que solo quieren ver sangre y puños machacando caras, y los que quieren ver un emocionante combate sin reglas. Tú, con tu fuerza y jovial alegría, contentas sin problemas a los del primer grupo. Los del segundo, en cambio, no disfrutan del todo con lo rápido que se acaban tus peleas. No te defiendes, no te esfuerzas… Tan solo das un golpe y se acabó todo para tu rival. Eso no tiene mucha gracia…
A pesar de su burlesca sonrisa, la mirada de Smile era seria y centrada. Su escrutinio no pasó por alto el cambio en la expresión de Tsunami, que en cualquier otra ocasión estaría mucho más animada que aquello.
-…y me parece que tú piensas lo mismo-comentó Smile. Al ver que Tsunami no le negaba nada, asumió que había dado en el clavo-. ¿Qué es lo que te reconcome realmente? ¿Es que acaso ya no te gusta pelear como campeona de la DDD?
-No, no es eso…-respondió Tsunami, atrayendo las miradas de Saber y Smile-. Me gusta estar aquí. Me gusta disfrazarme, atraer los gritos de la gente, que me animen… Me gusta trabajar con vosotros… Es solo que…
-…te aburres, ¿verdad?-continuó Saber, acariciando algo más amorosamente la cabeza de la joven, como si de una madre consolando a su pequeña se tratara-. Tú también quisieras sentir la emoción del combate. Se te nota bastante. Debe de ser muy frustrante que tus oponentes sean tan débiles.
Un carraspeo por parte de Smile atrajo la atención de Saber, quien interrumpió sus caricias y le miró de refilón. Si bien su sonrisa hubiera podido parecer idéntica a las demás para alguien que no lo conociera, Saber pudo ver con facilidad la naturaleza burlesca de esa, lo cual la hizo gruñir por lo bajini con un pequeño rubor en sus mejillas.
-Ya, claro… Esto… Te pido disculpas por la parte que me toca del asunto, Queen-chan –dijo Saber, desviando la mirada. Tsunami, pero, negó energéticamente con la cabeza.
-¡No digas eso, Saber-san! Nuestra pelea fue muy entretenida, aunque no durara mucho. ¡Nunca antes me había enfrentado a nadie tan ágil y rápida como tú!-arguyó Tsunami, con convicción. Sus palabras se vieron recompensadas con una sonrisa de agradecimiento de Saber, y la continuación de las caricias que esta la dispensaba, casi como si de una mascota se tratara la joven.
-En fin, volviendo a lo que íbamos…-dijo Smile, atrayendo de nuevo la atención sobre sí-. Sobre si esa fuerza puede ser o no útil para algo más que repartir estopa, eso depende más de ti que de mí. ¡No puedo decirte qué hacer con ese poder (aunque me gustaría), y nadie más que tú misma puede decidir cómo usarlo! Tú lo conoces mucho mejor que yo, después de todo. Lo único que la DDD puede hacer por ti es prometerte un lugar donde poder pelear. El como… eso ya es cosa tuya-dijo, para luego añadir entre murmullos-…por desgracia…
-Ya… Gracias, Iru-san –dijo Tsunami, suspirando resignada. Había confiado en que su parlanchín "manager" la ayudara a decidirse mejor sobre cómo afrontar su situación respecto a ir o no a Shiketsu, pero parecía que la decisión dependía únicamente de ella una vez más-. Con tu permiso, me iré a casa ya. Mañana tengo madrugar.
-¡Por supuesto, qué cabeza la mía!-respondió Smile, retornando a su jovialidad anterior en un instante-. ¿Cómo se me ocurre retener a las tantas de la mañana a una estudiante en una noche escolar? Ve a casa y descansa, que tienes que estudiar mucho-le ordenó entre risas, contando rápidamente un pequeño fajo de billetes que luego le tendió-. Toma, tú parte de hoy: 50000 yenes, como siempre.
-Sé que te lo pregunto siempre, ¿pero estás segura de querer cobrar tan poco?-le preguntó Saber, mientras Tsunami se guardaba su salario en el bolsillo y se cargaba su bolsa deportiva del hombro-. Entre apuestas y demás, te pertoca casi diez veces esa cantidad.
-Sí, pero no sabría qué hacer con tanto dinero-explicó Tsunami, ajustándose la correa-. Además, así ya me va bien. Suficiente para el tren y otros pequeños gastos.
-¿Ves? ¡Así es como me gusta que sean mis empleados! Leales, eficientes, y lo más importante de todo… ¡baratos!-Saber no le rio la gracia, limitándose a hacer rodar sus ojos como si ya estuviera acostumbrada a las ocurrencias de su jefe, aunque no le gustaran demasiado-. Aunque, si algún día realmente quieres ganar dinero de verdad…, tal vez yo tenga algunas ideas de…
-Jo, Iru-san… ¡Ya hemos hablado de ello!-dijo Tsunami, suspirando cansada ya del tema-. No. Me. Interesa... ¿Cuántas veces tengo que decirlo?
-¡Pero sólo piénsalo por un instante, peque!-exclamó, poniéndose en pie y tratando desesperadamente de convencerla para que cambiara de opinión-. ¡Con tu fuerza, cualquier trabajo sería fácil, y cualquier botín estaría más que asegurado! Y no es solo por el dinero, ni por la reputación… ¡Imagina poder enfrentarte a los mayores héroes de nuestra sociedad! Beast Jeanist, Endeavor, Hawk… ¡Y esos solo por nombrarte a unos cuantos! ¿No querías un oponente a tu altura? ¡De esta forma, tendrías tantos como quisieras! Piénsatelo, anda…
-Hmmmm…-gruñó Tsunami. No porque se lo estuviera repensando (si bien la idea de un oponente que le durara más de un puñetazo le llamaba la atención), sino porque ya no sabía cómo hacérselo entender a Mr. Smile sin revelarle la verdadera razón por la que le decía que no-. Lo siento, Iru-san. Mi respuesta es la misma.
A pesar de su evidente decepción, reflejada en su mirada más que en su sonrisa, Smile suspiró resignado y se dejó caer en su butaca. No parecía que fuera a insistirle más… por el momento.
-Sea pues… Aunque sigo pensando que cometes un error-recalcó, señalando con el dedo a la joven-. En fin, no te molesto más. Puedes irte.
-De acuerdo. ¡Adiós, Iru-san, Saber-san! ¡Llamadme si aparece otro aspirante!-se despidió Tsunami, agitando alegremente su mano mientras abría la puerta de salida. Saber, despidiéndola más tranquilamente con la mano, le sonrió con amabilidad.
-¿A la misma hora el viernes?
-¡Aquí estaré!-exclamó la joven, saliendo por la puerta. Pronto, el eco de sus pasos empezó a resonar por fuera, a medida que Tsunami se alejaba a la carrera de vuelta a la superficie. Solo cuando ya no la pudieron oír más, Saber se relajó y se dejó caer en la butaca donde Tsunami había estado sentada hasta el momento, mientras Smile la seguía a través de los monitores de la pared.
-Ah, que encanto de chiquilla… Tan alegre, tan jovial…-comentó, sus manos entrelazadas sobre su vientre y su cuerpo recostado sobre la mullida butaca-…la de pasta que me sacaría si la pusiera en la calle…
-Eso ni se te ocurra-respondió con calma Saber, apoyando sus pies sobre la mesa de Smile-. Queen-chan será muchas cosas, pero no es tonta. No podrías convencerla de que hiciera algo así.
-¿Oh? ¿Y eso por qué? Puedo ser muy persuasivo si me lo propongo…
-Sí, ya… A mí no me convenciste.
-Tu uso era otro, mi querida gatita. Además, a ti nunca intenté convencerte de nada. Tú viniste a mí, un poco como lo hizo nuestra pequeña Queenie.
-Hmpf… Sea como sea, no lograrás obligarla a hacer nada que ella no quiera hacer. No la puedes amenazar por la fuerza, ni controlarla con drogas, ni sobornarla… Admite de una vez que, si alguien está usando a alguien aquí, esa es ella a nosotros.
-Oh, de eso nunca me cupo la menor duda, Saber Tooth –respondió Smile, dándose la vuelta y acercándose a los monitores. Su mirada siguió con detalle cómo Tsunami saludaba a un par de guardias de seguridad con la familiaridad de quien llevaba haciendo lo mismo desde hacía dos años, y pronto atravesó las puertas hacia el exterior-. No somos más que un patio de recreo para ella, un baúl de juguetes con los que juega cuando se aburre hasta que se rompen. Sin embargo, nadie dice que no podamos sacar provecho nosotros también, ¿verdad? -le preguntó a Saber, alzando una de sus cejas. Cruzada de brazos, Saber se limitó a sostenerle la mirada sin decir nada, su expresión inmutable y sus pensamientos ocultos para su sonriente jefe. Si le agradaba toda aquella situación o no, eso nadie podía saberlo. Despreocupado e indiferente, Smile hurgó en el interior de su sombrero y sacó un pequeño caramelo envuelto-. ¿Tofe? -preguntó, ofreciéndoselo a su trabajadora.
Esta, alzándose de su sitio, fue a tomar el caramelo que Smile le ofreció, pero en el último momento cambió de opinión y le quitó el sombrero en su lugar, revelando su pelambrera de lisos cabellos oscuros que le cayeron por los hombros al verse libres de su prisión de cuero.
-Nada de azúcar, Smile-san. Órdenes del médico-se limitó a decir Saber, alzando su brazo para así mantener el sombrero cargado de dulces lejos del alcance de su dueño, quien trataba lastimosamente de cogérselo mientras sonreía con expresión alarmada y trataba de convencerla (claramente en vano) de que se lo devolviera. A pesar de sus quejas y suplicas, Saber no cedió.
Una vez más, Mr. Smile se preguntó por qué diantres las féminas de su negocio tenían que ser tan cabezotas. ¡Que él era el jefe, caray!
Más tarde:
-¡Minna!-exclamó Tsunami, apareciendo por donde había desaparecido tras separarse de Kasuke y los demás. Estos, a un lado de su improvisado campamento, se habían distraído cocinando su cena en un pequeño hornillo de camping cuando de repente Tsunami hizo acto de presencia-. ¡Ya he vuelto!
-¡Toyo-chan!-exclamó Masuku, el primero en verla. Los demás, de espaldas a la esquina, se giraron y sonrieron al ver aparecer a su amiga-. ¡Bienvenida de vuelta! ¿Qué tal ha ido?
-¿Te han pegado muy fuerte? ¿Habrás ganado, no?-preguntó Shita, corriendo junto a la joven y comprobando una vez mas (como ya era costumbre) que no tuviera ni un rasguño (como pasaba siempre).
-¡Sí! ¡Victoria aplastante para Super Queen!-respondió Tsunami, alzando dos dedos en señal de victoria. Las sonrisas y la alegría de sus amigos no parecían menores a la que Tsunami poseía.
-¿Veis qué os dije? Sabía que Toyo-chan ganaría como si tal cosa-declaro orgullosa Kasuke, palmeando el hombro de Tsunami con ganas-. ¿Qué os había dicho? ¿No lo dije acaso? Si es que… Y vosotros preocupándoos por nada. ¡Menudo par de mamás gallina!
-Dice la que no dejaba de moverse inquieta y de preguntar: "¿Estará bien? ¿Estará peleando todavía? Espero que su oponente no sea muy duro con ella…"-comentó con falsete Shita, imitando la voz de Kasuke, mientras a su lado Masuku le reía la gracia y creaba una burda máscara de su amiga sobre su cara, caminando nervioso de un lado para el otro y pretendiendo estar inquieto y alterado. Las risas de los dos amigos no tardaron en resonar por el campamento, y Tsunami estuvo muy tentada de unírseles.
Claro está, hasta que Kasuke decidió intervenir.
-¿Hmm?-murmuró esta, todavía palmeando el hombro de Tsunami, con su sonrisa petrificada en el rostro. Ahora, pero, en vez de rezumar orgullo y alegría, parecía prometer dolor y tormento sin fin a sus amigos como siguieran por ese camino-. ¿Decíais algo?
-…nop-se apresuraron a decir, acallando sus risas y descartando la máscara de Masuku. Tsunami, que no se percató del cambio en la sonrisa de su amiga, simplemente ladeó la cabeza confundida.
-En fin, volvamos a lo importante… ¿Qué tal ha ido el traje?-preguntó Kasuke, tomando la bolsa de Tsunami. Tras abrirla, empezó a hurgar en ella y sacó el traje que Tsunami había vestido durante el combate.
-¡Muy bien, la verdad! Era mucho más cómodo que el último, y las botas y los guantes han resistido muy bien-comentó Tsunami, mientras Kasuke y los demás revisaban el estado del traje. Parecía haber resistido bastante bien la paliza a la que lo sometió Rhino Wrestler, si bien estaba bastante gastado y presentaba algunos rotos aquí y allí.
-¿Cómo ha ido que recortáramos las perneras? ¿Te ha dejado moverte bien?-preguntó Shita, con los guantes de Tsunami en su poder.
-¡Sin problema! Si el próximo traje pudiera ser tal cual así, me iría súper bien.
-Me alegra oírlo. Hmmm…-murmuró Masuku, tomando la aplastada corona en sus manos-. Veo que no todo el traje ha salido indemne.
-Sí, es que el otro era muy fuerte y grande-explicó Tsunami-. Imagina si era grande, que me cogió de la cabeza con una sola mano. ¡Era enorme! ¡Súper enorme! Ni siquiera me di cuenta de que la corona se había aplastado hasta que no me quité el traje.
-¿Lo veis? Ya os dije que deberíamos haber prescindido de ella-comentó Shita, tomando la pieza de manos de Masuku y tirándola a un lado despreocupadamente-. Por muy bonita que pueda parecer, no sirve de nada si no usamos algo realmente duro para fabricarla.
-Pero eso podría poner en riesgo a Toyo-chan –comentó Kasuke-. ¿Y si su rival la apreta con tanta fuerza que se le clava en la cabeza?
-Por eso decía que deberíamos eliminarla de futuros diseños. ¿Tú cómo lo ves, Toyo-chan?
-Hmmm…-murmuró Tsunami, con expresión pensativa-. Me gusta la corona, pero… Realmente es un poco extra, la verdad. Si creéis que lo mejor es quitarla, entonces por mí de acuerdo.
-Vale, entonces decidido: no más coronas.
-¿Algo más que te llamara la atención?-preguntó Kasuke-. ¿Te tiraba de algún sitio? ¿Las medidas iban bien? ¿El color te gusta?
-¡Todo bien, gracias!-respondió alegremente Tsunami-. No me tiraba o me apretaba. De hecho, era bastante cómodo. Lo que más me ha sorprendido era que no se rompiera. Hoy me han estado sacudiendo de lo lindo, pero está casi intacto. ¿Cómo es eso?
-Huhuhu… Quieres saberlo, ¿verdad?-preguntó Masuku, haciéndose el intrigante. Tsunami asintió con vehemencia, lo cual pareció agradar bastante al teatral miembro del trio de vagabundos-. No puedes esperar a saberlo, ¿verdad? Apuesto a que te mueres de ganas de saberlo… Muy bien, pues te lo diré. La verdad es… que hemos estado trabajando en un nuevo tipo de tejido, más resistente y flexible.
-¡Ooooh!
-Ni caso, Toyo-chan. Intenta darle más bombo al asunto del que en realidad se merece-comentó Kasuke, bajando a Masuku de su nube-. Pero sí que es cierto que el tejido es nuevo. Hemos estado haciendo pruebas con algunas fibras de las máscaras que crea Masuku, y hemos descubierto que ayuda a reforzar la tela sin quitarle flexibilidad.
-¡Y todo gracias a mi poder!-exclamó Masuku, con una máscara que mostraba un rostro altivo y orgulloso sobre su cara-. ¡Alabadme, pobres mortales, pues solo alguien como yo sería capaz de un milagro semejante!
-Sí, sí…-se limitó a decir Shita, palmeando el hombro de su amigo. Esto no pareció hacer que sus ánimos decayeran, ya que siguió posando como si de alguna especie de bíblica deidad se tratara-. Lo que tú digas…
-En fin… Tomaremos nota, y seguiremos trabajando para perfeccionar en tu traje-finalizó Kasuke, tomando la prenda y doblándola-. Intentaremos que el próximo modelo resista más los impactos y no ceda ante tus golpes. ¿Los guantes te han molestado?
-Hemos intentado hacerlos algo más gruesos, a ver si así no explotan con tus puñetazos-puntualizó Shita.
-La verdad… es que me daban algo de calor-comentó Tsunami-. Además, me molestaban bastante a la hora de cerrar la mano. Tal vez sean un "pelín" demasiado gruesos, ¿sabéis lo que quiero decir?
-Sí, te entiendo. Lo tendremos en cuenta.
-Vale, pues ya está. Ahora, antes de que se me olvide…-murmuró Tsunami, echando mano a su bolsillo. Tras sacar su pequeño fajo de billetes, ganados en la DDD, retiró uno de 1000 y les dio el resto a Kasuke y compañía.
-Ah, ah… Esta parte siempre me hace sentir raro-comentó Shita, frotándose incómodo la nuca. Kasuke, más tranquila, se guardó el dinero.
-Ey, ya sabéis que a mi tanto dinero no me hace falta-dijo Tsunami, no por primera vez-. Vosotros lo necesitáis más. Además, ¿no planeabais comprar no sé qué estudio de costura?
-Sí, en efecto-comentó Kasuke-. Coserte el traje aquí no es problema, pero creemos que podríamos mejorarlo más si dispusiéramos de un verdadero estudio de trabajo.
-Además, estaría bien tener un sitio desde donde darnos a conocer al público-añadió Masuku-. No muchos aceptarían venir a este apartado callejón para que les tomemos medidas, ¿no te parece?
Como si lo viera por primera vez, Tsunami miró a su alrededor y se vio obligada a reconocer que su amigo tenía razón. Ella porque ya estaba acostumbrada, pero imaginaba que cualquier otro se hubiera sentido un tanto incómodo en un lugar tan lúgubre como aquel, que parecía anunciar a los cuatro vientos que por la zona rondaban personas con las que uno tal vez no quisiera toparse (y los amigos de Tsunami, mención aparte). Por ello, entre otras cosas, Kasuke y los demás se habían decidido a abrir un estudio de costura en Shibuya, desde el que poder trabajar haciendo trajes para civiles y héroes por igual, y con el que ganarse la vida y salir de su precaria situación de una vez por todas. Ya que ninguno de los tres iba a convertirse en héroes profesionales, opinaban que asistir a los que sí pudieran en la creación de sus trajes contaba tanto como si se encontraran patrullando las calles, además de ser un oficio que los tres se veían capaces de hacer (Shita incluso había asistido a clases extracurriculares en el instituto sobre creación de equipo para héroes). Al principio, hasta que conocieron a Tsunami, la idea de montar su propio negocio les parecía lejana e inalcanzable, ya que requería mucho más dinero del que hubieran podido conseguir por su cuenta, faltos de trabajo y de conocidos que pudieran prestárselo. Sin embargo, en parte a la generosidad de la joven y al entusiasmo con el que esta probaba los diseños que tan diligentemente preparaban con lo poco que sacaban apañando cuanto caía en sus manos, habían ido adquiriendo no solo experiencia y bocetos, sino también la motivación de seguir innovando y tirar adelante su alocado proyecto de crear algo de la nada.
-Sí, me parece que sí… ¿Tenéis fichado ya algún sitio?
-Mm-hm, un viejo ático no muy lejos de aquí, cerca del centro-respondió Kasuke-. Lleva algún tiempo vacío y necesita una remodelación a fondo, pero el alquiler es relativamente barato y está en una zona bastante concurrida. En cuanto tengamos suficiente para la entrada y los primeros pedidos, nos pondremos manos a la obra.
-En ese sentido, contamos contigo, Toyo-chan –dijo Masuku, revolviéndole el pelo a Tsunami. Entre risas, esta hizo el gesto de apartarlo, sin demasiada intención de conseguirlo-. Como nuestra principal benefactora y cliente número 1, esperamos tu ayuda como hasta ahora.
-Si no es mucha molestia…-añadió Shita, más comedido. Si bien era cierto que Tsunami les había ayudado mucho, y ella parecía completamente de acuerdo con ello, la idea de aceptar dinero de la adolescente le seguía dejando un mal sabor de boca.
-¡Hmmm! ¡Contad conmigo! -exclamó ilusionada la joven, dándose con el puño en el pecho. La motivación y ánimos que parecían poseer a Tsunami hicieron reír al trío de vagabundos, que olvidaron momentáneamente sus dudas y simplemente se relajaron. Solo Tsunami conseguía hacerles reír de aquella forma, haciéndoles olvidar su situación y permitiéndoles sentirse como un sencillo grupo de amigos, en vez de tres adultos y una chiquilla en un oscuro callejón (lo cual dicho en voz alta sonaba bastante mal).
No mucho después, Tsunami se despidió de sus amigos y reemprendió el camino de vuelta a su casa, agitando la mano mientras se alejaba del pequeño y apartado campamento al tiempo que aseguraba su presencia el próximo día que visitara Shibuya. Masuku y los demás, devolviéndole el gesto, pronto se perdieron de vista al abandonar Tsunami la pequeña plaza, adentrándose nuevamente en los oscuros callejones de la zona en dirección a la estación de trenes.
Por suerte, a esa hora la afluencia de peatones era mucho menor, por lo que Tsunami podía caminar algo más relajada por la calle. Seguía vistiendo las gafas y la máscara que ocultaban sus ojos y boca, ya que una nunca podía estar del todo segura de que alguien pudiera reconocerla por un casual, aunque ya no intentaba mezclarse con el resto de transeúntes, muchos de los cuales eran grupos de borrachos que se tambaleaban hacia la siguiente parada en sus festividades o callados peatones que como ella procuraban seguir su camino en paz.
Mientras compraba el billete de vuelta con el dinero que le quedaba de sus ganancias, Tsunami no dejaba de repasar su combate contra Rhino Wrestler, recordando cómo este la había estado pegando unilateralmente hasta que llegó la fatídica marca de los tres minutos, momento en que respondió con su propio ataque y puso fin a la pelea. Recordó la sensación de los golpes de Rhino golpeando su piel, el impacto de su cuerpo cada vez que la estrelló contra el suelo, su áspera mano agarrándola y zarandeándola como un trapo al viento, golpeando cada parte de su cuerpo…
Tanto esfuerzo, y no había sentido nada. Ni emoción, ni desafío… nada.
Una vez en el tren, Tsunami se dejó caer en el asiento y suspiró abatida. Por divertido que fuera el ambiente en la DDD, y lo mucho que le gustara el traje que Kasuke y los demás le habían hecho, no podía evitar pensar que todo su esfuerzo de la noche había sido en vano. Había ido porque le habían dicho que el tipo aquel prometía, pero al final su pelea había terminado del mismo modo que las anteriores: victoria aplastante para ella (y poniendo énfasis en lo de "aplastante"), en el primero golpe que esta le devolvía. Vale que técnicamente hubiera utilizado dos contra Rhino, pero no consideraba el manotazo con el que lo puso a dormir como uno a tener en cuenta. Rhino no parecía que fuera a poder levantarse tras recibir en la cara una palmada directa suya, y solo las indicaciones de Saber Tooth para que lo rematara la habían llevado a descargar un segundo golpe (aunque, si lo hubiera visto sufriendo, tal vez lo hubiera rematado de todos modos). Un par de manotazos, y el hombre rinoceronte había acabado en una camilla. Francamente, Tsunami había esperado mucho más.
No por primera vez, se planteó por qué seguía peleando en la DDD. Disfrutaba de la promesa de poder pelear, de poder soltar ni que fuera una pequeña parte de su fuerza, de sentirse libre de la constante presión de tener que contenerse a todas horas…, pero siempre eran momentos muy, muy, muy breves. En el momento en que respondía a un ataque, ya fuera con un puñetazo o un empujón, su rival acababa volando por los aires o enterrado en algún cráter, sin que tuviera que usar siquiera una quinta parte de su fuerza. Su gozo entero parecía concentrarse en el instante en que lanzaba el golpe, momento cumbre de tensión en el que aguardaba inquieta a ver si su oponente se levantaría o respondería a su ataque, aunque siempre terminaban estrellados contra alguna pared o perdidos en la lejanía. Fin de la pelea, aplausos, aplausos, y para casa. No era lo que Tsunami esperaba conseguir viajando de noche a Shibuya, precisamente.
Realmente, pensaba, la única razón por la que iba ya a la DDD era para poder tener una excusa para visitar a sus amigos de la capital, los tres camaradas del callejón y los trabajadores de la arena, todos mucho más mayores que ella, pero igual de amistosos que si fueran compañeros de instituto. No, incluso más, ya que ellos nunca le habían recriminado que rompiera cosas (Iru-san incluso la había animado, si bien siempre recalcándole que debía evitar destrozar demasiado la arena) o le habían impedido hacer algo porque pensaran que tal vez la fuera a fastidiar. En cierto modo, confiaban en ella algo más que sus compañeros de clase, permitiéndole vestir experimentales trajes de superhéroe o batallando contra guerreros clandestinos por unos cuantos billetes. Había límites, como cabía esperar, pero menos era nada. Aun así, Tsunami esperaba que algún día una de sus visitas se tornara provechosa no por el hecho de poder ver a la pandilla, sino por el haber encontrado a un oponente que la obligara a ponerse seria, y la llevara a desatar todo su potencial.
Suspiró. ¿A quién quería engañar? No creía realmente que pudiera haber alguien taaaan fuerte. Ni siquiera ella misma sabía cómo de fuerte era, ya que nunca se había topado con algo que la obligara a esforzarse realmente. Y siendo así…, no podía evitar pensar que su sueño de enfrentarse a alguien digno no sería nunca otra cosa que un sueño. Después de dos años sin encontrar nada más que bravucones en la DDD que le duraban una o dos tortas, Tsunami comenzaba a perder la esperanza.
Y luego, encima, estaba lo de las ofertas de trabajo de Iru-san. Ya no sabía cómo hacerle entender que lo que no podía ser no sería.
Además de su trabajo como organizador y propietario de la DDD, Iru-san se encargaba de organizar encuentros entre personas que buscaban trabajos de cualquier tipo, y otras que anduvieran buscando mano de obra o simple musculo para cuales fueran sus propios fines. Asaltos, vigilancia, palizas… Lo que fuera. Siempre había alguien que precisara de ayuda, y siempre había alguien dispuesto a ofrecerla a cambio de dinero.
Tsunami, pero, no quería ni saber nada del asunto.
No ya porque fuera ilegal (que esa era una razón de peso), sino que además había otras dos buenas razones por las que Tsunami ni siquiera se planteaba el aceptar las propuestas de Mr. Smile:
- Porque nada le garantizaba que fuera a toparse con alguien fuerte, lo cual en si ya era su principal razón para hacer cualquier cosa, y única razón por la que accedería a algo así.
- Y porque su madre la mataría cómo se le ocurriera involucrarse con villanos (es decir, más de lo que ya lo hacía luchando en una arena clandestina de combates).
No. Por mucho que Iru-san le insistiera, por mucho dinero que le ofreciera, por mucho que le asegurara que pelear contra héroes era mucho mejor que hacerlo con la chusma que acudía a su arena (tal cual los había llamado), Tsunami no estaba dispuesta a dar su brazo a torcer en ese asunto. Había cosas que no merecían la pena, incluso aunque le valieran una buena pelea.
Bostezando, Tsunami apoyó su cabeza contra el cristal que la separaba del exterior del tren. Las luces del túnel por el que circulaban se difuminaban y alargaban a medida que pasaban raudos por su lado, tornándose en una visión casi hipnótica que amenazaba con dejarla dormida allí mismo. Por mucho que intentara dormir en clase, no suplía del todo las horas que permanecía despierta en sus visitas a Shibuya, lo cual la solía dejar algo somnolienta las primeras horas de clase (o, dependiendo del día, hasta que se acababan).
Fuera como fuera, no había nada que ella pudiera hacer al respecto por el momento. Después de dos años siguiendo la misma rutina, no había encontrado nada que terminara de motivarla, aunque precisamente la falta de alternativas la disuadía de salirse de lo acostumbrado, y la instaba a seguir intentando encontrar lo que tanto deseaba aún si no creía que fuera a encontrarlo realmente. Después de todo, se decía que "quien la sigue, la consigue", ¿no? ¿Y si en su próxima visita a la DDD, finalmente encontraba un oponente digno? ¿Y si la próxima vez que se ofrecía a ayudar a sus amigos, estos accedían a darle otra oportunidad? ¡Rendirse era el último recurso a seguir, y Tsunami no estaba dispuesta a rendirse tan pronto!
…bueno, ni tan pronto, ni porque tampoco tenía otra cosa que intentar.
Por el momento, seguiría como hasta el momento: tratando de mejorar su imagen en el instituto, procurando que nadie se enterara de su doble vida como Super Queen, y esperando a ver si la cosa cambiaba para ella.
¿Quién sabe? La vida está llena de sorpresas.
Omake:
Hace ya algún tiempo:
-Por cierto, Iru-san…–le preguntó Tsunami a su jefe, un día cualquiera después de una de sus luchas-… tu siempre estás sonriendo, ¿no?
-Efectivamente, peque. Es un poco mi estilo, ¿sabes?-respondió fardón Mr. Smile, sentado a su aire en su mullida butaca-. Muy cool, ¿verdad?
-¿Y no es difícil estar todo el tiempo sonriendo? ¿Cómo lo haces para estar siempre de buen humor?
-Oh, es muy sencillo, Queen-chan. El secreto para estar siempre sonriendo, es tener siempre en mente cosas que te hagan sonreír.
-¿En serio? Parece muy simple.
-Y, sin embargo, funciona.
-Ah…-murmuro Tsunami, reflexionando al respecto. Luego, recobrando su curiosidad, volvió a centrarse en Mr. Smile-. ¿Y en qué piensas tú para sonreír?
-Ah, ya sabes… Lo típico-respondió con tono casual-. En los amigos, en los buenos momentos, en la buena comida, en el tacto de un buen sillón o el sabor de un buen puro, en la satisfacción de ver aplastados a mis enemigos, convertir sus aspiraciones y deseos en las armas que con sumo placer hundiría en sus pechos a la mínima señal de debilidad, llevando a sus bocas el característico sabor de la sangre mientras se ahogan delante de mis narices, retorcidos a mis pies mientras mis carcajadas son el último sonido que oyen en esta vida, y la visión de mi semblante en las alturas como un dios entre insectos grabada en sus ojos a medida que las sombras les envuelven…
El silencio se hizo en la sala, mientras Tsunami miraba expectante a Mr. Smile. Este, recuperándose el primero, levantó un dedo para puntualizar su siguiente aportación.
-…y, por último y no menos importante, en cachorritos.
-¡Ey, a mí también me gustan mucho!-exclamó Tsunami, claramente emocionada.
A un lado del despacho, Saber Tooth contemplaba la escena con expresión impertérrita, mirando cómo Mr. Smile sonreía tranquilamente en su butaca y cómo Tsunami le hablaba animadamente de todas las clases de cachorros que le gustaban.
"…sé que debería decir algo…", pensó.
"…, sé que, como adulto responsable, es mi deber decir algo. Peeeero…".
Al final, optó por encogerse de hombros.
"Nah, creo que paso".
Y ese día, no hubo discusiones, y todo fueron risas y quedos suspiros en el tranquilo despacho.
Chao, chao.
