Capítulo 4: Bocetos de futuro
Al día siguiente:
El repaso de la noche de Tsunami fue el siguiente:
-Le tomó cerca de una hora llegar hasta Shibuya desde Yokohama, entre que llegaba a la estación y esperaba el tren, debido a un retraso de este.
-Desde la estación, tardó otra hora y media en llegar al estadio de la DDD, habiendo perdido el tiempo avanzando con cuidado de no ser pillada y distrayéndose con Kasuke y los demás.
-En la arena, estuvo cerca de una hora esperando su combate, que apenas duró tres minutos y poco más.
-Después, salió de la arena, se reunió brevemente con Kasuke y compañía, y se marchó a la estación. Hora y media.
-Desde allí, tomó el tren de regreso, volvió a su casa, y se fue a la cama antes de que regresara su madre. Una hora en total.
En resumidas cuentas, su aventura duró cerca de seis horas, y considerando que su madre no salió de casa hasta las 23:00 PM, Tsunami llegó a su casa a eso de las 5:00 AM del día siguiente. Sabiendo que las clases empezaban a las 9:00, y que ella vivía a 45 minutos de su instituto, entre que se vestía, desayunaba y demás, Tsunami debía levantarse a las 8:00 para poder llegar a todo.
Resultado de horas dormidas esa noche por Tsunami: 3 horas (redondeadas).
Esa mañana, la mente de Tsunami estaba más pendiente de mantenerse despierta que no de tomar apuntes. La pereza le había podido, y su cuerpo se negó a abandonar la cama hasta que no hubo exprimido 10 minutos más al despertador, lo cual luego la obligó a ir a clase a todo correr, sin peinarse y con un rápido almuerzo en la boca. Ahora que ya estaba en el instituto, la apatía de la clase y el calor de la primavera que daba paso al verano se unían para crear el ambiente perfecto para una siesta, la cual parecía cada vez más tentadora a cada segundo que pasaba. La joven alternaba su atención entre mantener su cabeza levantada, sus ojos abiertos, y la baba en el interior de su boca, poco o nada preocupada por sus cabellos de punta o su uniforme a medio abotonar. A nadie le pasó por alto el singular aspecto de Tsunami, quien si bien parecía más muerta que viva en esos instantes (algunos pensaron que si no se habría vuelto una zombi de la noche a la mañana), no suscitó reacción alguna en sus compañeros. Después de todo, no era la primera vez que la veían así.
-Nami-chan… ¿te encuentras bien?-le preguntó una preocupada Toru, abotonando la camisa de su amiga al ver que esta no reaccionaba, después de la clase. Los alumnos aprovechaban el descanso para charlar brevemente entre ellos y comparar notas, mientras que Tsunami lo aprovechó para descansar la mirada unos segundos, y Toru para tratar de adecentar un poco a su somnolienta compañera.
-¿Hmmm?-murmuró Tsunami, con los ojos cerrados. Si era consciente de que Toru le estaba abotonando la ropa (o si de que la clase había acabado siquiera), eso nadie más que ella podía saberlo. Sin embargo, Tsunami se forzó a sonreír como si nada-. Ah, sí… Tranquila, Kö-chan…
-Soy Toru, Nami-chan –dijo Toru, suspirando. Ya no recordaba la de veces que había tenido conversaciones parecidas con su amiga, aunque el que ya no la sorprendiera era indicativo de lo rutinaria que era ya esa situación-. En serio… ¿a qué hora te fuiste a dormir anoche? Tienes unas ojeras espantosas.
-Hmmm… Mm-hm…-murmuró Tsunami. Toru no tenía del todo claro si la había oído. El que empezara a respirar más profundamente le indicó que se había quedado dormida, por lo que seguramente no, no la había oído. Decidió ponerle remedio.
-No te duermas ahora, Nami-chan –le recriminó Toru, zarandeándola con ambas manos-. Sé que es difícil, pero intenta llegar hasta el receso. Ya recuperarás algo de sueño entonces-. La joven comenzó a agitar la cabeza adelante y hacia atrás sin que pareciera que los esfuerzos de Toru fueran a obtener resultado alguno, aunque finalmente Tsunami acabó por abrir los ojos de nuevo.
-¿Hmm? Ah, Ru-chan… Buenos…-empezó a decir Tsunami, solo para ser interrumpida por un bostezo suyo-…buenos días.
-El día ya hace rato que ha empezado–le recordó Toru, sacando un pañuelo de su bolsillo y limpiándole a su amiga los restos de baba de su barbilla. Parecía mentira que una chica tan mayor como ella siguiera babeando cuando se dormía (aunque cosas más raras le había visto hacer).
-Oh… Ah, cierto. La escuela. Tengo que…ir a la escuela-dijo Tsunami, haciendo el gesto de ponerse en pie. Toru, pero, la paró poniéndole la mano en el hombro.
-Ya estás en la escuela, Nami-chan. De hecho, vamos por la tercera clase-le recordó Hagakure. A modo de respuesta, Tsunami solo se dejó sentar, ladeando la cabeza.
Toru suspiró. Sí, definitivamente eso ya lo había vivido antes. Y para variar, no sabía que pensar al respecto.
Mejor hacer como siempre, y no cuestionárselo mucho.
...
Más tarde, después de comer:
-Muy bien, atención todo el mundo-dijo el profesor Yamakachi, dando un par de palmadas para atraer la atención de sus alumnos-. Como ya sabéis, dentro de unos meses muchos de vosotros tendréis vuestros exámenes de ingreso para la preparatoria que hayáis escogido. No creo que necesite recalcar la importancia de este período para vosotros, pero tampoco está de más que os recuerde que las decisiones que toméis y el esfuerzo que realicéis este año repercutirán completamente en vuestro futuro académico y laboral. Los perezosos se encontrarán lamentando su falta de resultados, y los que de verdad se esfuercen verán cómo las puertas se abren para ellos… ¡PERO!-exclamó, de repente, repentinamente apasionado-. ¡No penséis que solo por entrar en la preparatoria que habíais elegido ya está todo hecho! ¡Es precisamente ahora donde vais a tener que partiros el culo si queréis alcanzar cuales sean vuestros objetivos! ¿Queréis ser políticos? ¿Empresarios? ¿Héroes? ¡PUES PREPARAOS PARA LUCHAR POR ELLO, MALDITA SEA!
Si Yamakachi había esperado algún tipo de reacción por parte de su alumnado, se debió de sentir frustrado al ver que estos apenas parecían conmovidos tras sus emotivas palabras. Muchos lo miraban con el ceño fruncido, seguramente preguntándose qué mosca le había picado, y otros comentaban en voz baja entre ellos su breve discurso, sus preguntas no demasiado alejadas de las de los primeros. En las últimas filas, Tsunami escuchaba a su profesor sin reaccionar de ninguna manera, ni sorpresa ni curiosidad. Simplemente escuchaba.
Llorando de frustración por dentro, Yamakachi carraspeó, regresando a la normalidad.
-…por todo eso, el primer paso a seguir es decidir a dónde queréis aspirar. Por ello, quiero que rellenéis estas hojas con vuestras preferencias y elecciones de carrera y preparatoria. A medida que vayáis acabando, organizaremos charlas individuales con consejeros que os ayudarán a terminar de escoger qué camino queréis seguir. Si alguno cree que necesita más tiempo para pensárselo, no pasa nada. Podéis hablar directamente con el consejero para que os ayude a rellenar la hoja.
Desde el frente de la fila hasta el final, las hojas fueron pasando de mano en mano hasta llegar a los últimos, quienes aguardaban pacientemente a que les llegaran los esperados papeles. Tomando el pequeño montón de hojas, Tsunami apartó una antes de tenderle las pocas que quedaban a Toru, y procedió a examinar el papel que supuestamente condicionaría como sería su vida de ahí en adelante.
Sinceramente, para ser tan importante, era una hoja de papel bastante sosa. Una línea para escribir su nombre, otra para la carrera que quería estudiar, y luego varios espacios donde escribir los centros donde tuviera pensado cursarla. Al final, tenía algo de sitio para escribir comentarios que, supuestamente, debían asistir al consejero a la hora de realizar su trabajo, aunque Tsunami no tenía muy claro qué podría escribir allí. Después de todo, tampoco era como si tuviera que pensárselo demasiado, teniendo ya una recomendación para Shiketsu.
-Estaremos con esto el resto de la tarde. Sentiros libres de hablar entre vosotros si queréis-les informó Yamakachi, dirigiéndose a la salida-. Los que estéis, dirigiros a la sala de profesores para hablar con los consejeros. No hagáis el tonto, ni perdáis el tiempo. ¡Tomároslo en serio, lo digo de verdad!
-Sí, sí, lo que usted diga, profesor Snake-comentó no muy preocupado un alumno, provocando que Hebimaru abriera la puerta con gran ímpetu.
-¡Y ME LLAMO YAMAKACHI! ¡YAMAKACHI-SENSEI!-exclamó, antes de salir por la puerta. Algunas risas todavía sonaban desde la clase a medida que el malhumorado profesor avanzaba por el pasillo. ¡Ellos mismos! Había intentado ayudarlos, recalcando lo importante de aquel momento para ellos… Pero estaba claro que no pensaban lo mismo. ¡Ya se lo encontrarían! Mascullando y murmurando sobre alumnos irrespetuosos y comentarios que empezaban con "en mis tiempos no…", Yamakachi se alejó cada vez más del lugar.
Una vez las risas callaron, muchos alumnos se apresuraron a hacer círculos con sus mesas, planeando y comentando su situación con sus compañeros, al tiempo que el sonido de los muchos lápices presentes se encontraban inmersos en la tarea de plasmar en una simple hoja los deseos para el futuro de la veintena de alumnos de aquella aula comenzaba a ocupar el ambiente cargado de planes y visiones de un posible porvenir para ellos. Algunos, todavía indecisos, hacían girar sus lápices en sus manos ociosas mientras observaban detenidamente la hoja, como si esperaran ver en su monocromática superficie la respuesta a la pregunta que no dejaba de rondar sus mentes. ¿Qué escribir? ¿Qué quería hacer? ¿A dónde ir? ¿Podría hacerlo? ¿Debería hacerlo? ¿Valía la pena arriesgarse, o iba por lo seguro? Sin tener muy claro cómo responder tan trascendental pregunta, a pesar de las horas invertidas en tratar de hallar una respuesta a tan complejo rompecabezas, muchos recurrían a salir en busca de los consejeros o a preguntar a sus compañeros más decididos que qué pensaban hacer ellos, tal vez en un intento de hallar la inspiración que tanto requerían. Estos últimos, con su futuro más claro, rápidamente escribieron sus pensamientos en la hoja de papel, moviendo el lápiz con seguridad y con sentimientos dispares en su interior. Temor, emoción, nervios, indecisión, arrepentimiento, dudas, esperanza… Todos sentían en su interior algo diferente, a medida que sus lápices de grafito convertían sus simples aspiraciones y sueños infantiles en algo más palpable, un testimonio de su decisión que marcaba a fuego el camino que pretendían seguir. Sabían que solo por escribir un par de palabras en un papel no llegarían a donde deseaban llegar, pero por lo menos sería era el primer paso del largo viaje que apenas habían empezado. Tendrían que esforzarse, trabajar duro, y así tal vez alcanzaran la meta.
Sería un viaje complicado, pero era un viaje que todos deseaban emprender cuanto antes.
O casi todos.
-Ah, ah…-suspiro Sakura, balanceando su lápiz en uno de sus dedos con expresión cansada-. ¿Qué hacer, qué hacer…?
-¿Qué tal si empiezas por tocar el papel con el lápiz, Saku-chan?-preguntó burlesca Köra, admirando su hoja recién rellenada-. Tal vez así te inspires.
-Anda y vete a que te poden, condenada puercoespín-respondió mordaz la joven de piel azulada, si bien su compañera se limitó a sacarle la lengua sin ofenderse lo más mínimo-. Ahora en serio… ¿por qué tenemos que hacer esto ahora, así tan de improviso? Yo esperaba que nos fueran a dar algo más de tiempo.
-Y lo han hecho. ¿No te acuerdas?-preguntó Hikari, ocupada en escribir-. Nos avisaron la semana pasada, para que fuéramos revisando nuestras opciones.
-¿Eh? -exclamó molesta Sakura, poniéndose en pie de la impresión-. ¿Y por qué yo no estaba enterada?
-Hmm, no sé… Tal vez tenga que ver con que te estabas durmiendo en clase cuando lo dijeron-respondió Hikari, sonriendo divertida sin alzar la mirada. Al ver la expresión molesta y frustrada de su amiga, las demás jóvenes no pudieron evitar reír un poco a expensas de Sakura, quien se apresuró a sentarse en su silla.
-Ha, ha, muy graciosa…-comentó, sardónica-… A ver, ¿qué habéis escrito vosotras, que vais taaaan sobradas?
-Huhuhu… Mirad y llorad, perdedoras-comentó altiva Hikari, antes de darle la vuelta a su hoja y mostrársela a sus amigas. Estas, inclinándose sobre sus escritorios, se acercaron a la hoja para poder leer qué era lo que su amiga quería hacer con su futuro.
Sus reacciones, si bien dispares, tenían en común la sorpresa que la respuesta provocó a todas.
-Ciencias políticas… ¡¿en Inglaterra?!-exclamo Sakura, quien no daba crédito a sus ojos.
-Hikari-chan… ¿te marchas de Japón? -preguntó Toru, entre incrédula y apenada.
-Esa es la idea. Es algo que llevo queriendo hacer desde hace algún tiempo, y finalmente me he decidido-explicó Hikari, cruzada de brazos-. No solo quiero llegar a ser alguien en la vida. También quiero ver mundo, y este…-recalcó, señalando su hoja-… es mi primer paso en esa dirección.
-Wow…-murmuró Köra, francamente impresionada. Las caras anonadadas de sus amigas divirtieron bastante a Hikari, quien parecía henchida de orgullo.
-¿Qué me decís~? ¿Impresionadas~?-preguntó, arrastrando sus palabras, y provocando que sus amigas cambiaran de la sorpresa a la rabia en un segundo-. Anda, podéis decirlo si queréis: "¡Wow, Ri-chan! ¡Eres impresionante!". ¡Sabéis que es cierto, muahahahaha!
Si antes se habían mostrado impresionadas de verdad, ahora las altivas palabras de Hikari habían conseguido molestar seriamente a sus compañeras, quienes casi podían ver cómo le crecía la nariz a su arrogante amiga.
-¡Agh! ¡Ri-chan, eres molesta!
-¡Así que no apruebes y te tengas que quedar aquí, so lista!
-¡Mala persona!
-Ah, los aullidos de las perras lastimeras, que intentan llegar sin éxito a la brillante luna…-se burló Hikari, abanicándose con su papel. Su actitud consiguió, si cabía, que el enfado de sus compañeras aumentara más, para mayor divertimiento de la joven-. ¡Qué solitaria, os digo, es la vida de quienes estamos en la cima!
-¡Menos humos, que todavía estas en la escuela!-le recordó Sakura, tirándole de una mejilla en un intento de arrastrarla de su mundo imaginario. A pesar del dolor, Hikari siguió sonriendo con la misma altivez.
-Ladra, ladra… Tu rabia no hace más que alimentar mi éxito.
-¡ESO NI SIQUIERA TIENE SENTIDO!-exclamó Sakura, tirando ahora de ambas mejillas de Hikari con sus manos.
Finalmente, tras un rato más de burlescos comentarios por parte de Hikari, y divertidas respuestas por parte de sus amigas, la tensión del ambiente se deshizo cuando las cinco amigas comenzaron a reírse de su absurda situación. Olvidadas quedaban las pullas y burlas, sustituidas por más amables palmadas en la espalda y el ocasional comentario jovial, la rabia convertida en poco más que genuina alegría y deseos de éxito para su soñadora compañera.
-Vale, bien… ¿Y el resto qué, qué pensáis hacer?-preguntó Sakura, regresando a su objetivo principal.
-Bueno… Mi familia tiene un restaurante del que no me molestaría encargarme después de acabar mis estudios-comentó Köra, releyendo su hoja-. Había pensado en aplicar para una escuela de cocina. Ya sabéis, para ver si saco algo nuevo que aplicar en nuestro negocio.
-Oh, que sensata, Kö-chan –comentó Toru. Parecía que su comentario satisfacía a la joven, pero pronto alguien saltó para arruinar el ambiente.
-¿Hmm?-murmuró Tsunami, eligiendo aquel momento para hablar-. Pero Kö-chan… ¿No era a ti que los platillos de economía doméstica siempre se te quemaban?
-¿Eh? Bueno, sí, pero…
-¿Y no sueles comprarte la comida en la cafetería porque los bentos que haces suelen ser incomibles?-inquirió Hikari, alzando una ceja. El rubor comenzó a ocupar las mejillas de Köra.
-¿Q-qué? ¡Eso no…!
-¿No fuiste tú la que, en primaria, confundió la sal con el azúcar, y terminó haciendo vomitar a todos en su fiesta de cumpleaños con un pastel casero?-preguntó Toru.
-¡Eso fue solo una vez! ¡No significa que…!
-Admítelo, Kö-chan: vas a tener que aprender algo más que simplemente "algo que aplicar al negocio" si quieres trabajar en la industria alimenticia-sentenció Hikari, ganándose el asentimiento de sus compañeras. Köra, completamente roja, parecía que quería decir algo desesperadamente, pero al final optó por no hacerlo. Hundiéndose en su silla, se apresuró a borrar con ahínco lo que había escrito en su hoja, y empezó a reescribirla de nuevo. Sus compañeras trataron de disimular sus risas de diversión al verla escribir tan malhumorada, murmurando esta por lo bajini maldiciones e insultos hacia sus "amigas".
-En fin, mucha suerte en ese sentido, Kö-chan –le deseó Sakura, lo cual le valió el grosero alzamiento del dedo medio de su molesta amiga. Desdeñando su enfado, Sakura miró a la invisible Toru-. A ti imagino que no tiene sentido que te pregunte, ¿no, Ru-chan?
-Ya lo sabes-declaro esta, mostrando orgullosa su hoja. No había error alguno en cuál era el futuro que la joven Hagakure tenía pensado para ella misma-. La mejor preparatoria de héroes de todo el país: la Academia U.A.
-Tu primer paso para convertirte en heroína, ¿no?
-¡Así es!-exclamó Toru, emocionada-. Sé que será difícil, y sé que será duro, pero… ¡Voy a hacerlo! ¡Por mis narices que voy a convertirme en una increíble heroína!
-Imagino que exigirán algo más que simplemente tener un Quirk poderoso-comento Hikari, examinando distraídamente su propia hoja-. Por lo que sé, los exámenes de entrada son especialmente difíciles. Y, aunque apruebes la parte escrita, hay una parte práctica que cambia cada año. ¿Seguro que te ves capaz de conseguir entrar?
-¡No me subestimes, Ri-chan! –dijo Toru, poniéndose de pie y alzando un puño para enfatizar sus palabras (bueno, o eso creían que estaba haciendo. Era difícil de decir, sin poder verle el puño)-. Si es por entrar en la U.A., estudiare hasta que se me caigan los párpados y me sangren los codos. ¡Nada es demasiado complicado para Hagakure Toru!
-Oh, valientes palabras~.
-Sí. Valientes palabras… de alguien que necesitó que la ayudáramos a estudiar para pasar los parciales-añadió con una sonrisa Köra, ganándose las risas de complicidad de sus amigas, y el rubor que ocupó las mejillas de Toru.
-Ehm, esto… Sí, bueno,… ¡Aquello era aquello, y esto es esto!-se apresuró a decir, agitando ambos brazos en señal de protesta-. ¡Si digo que puedo, es que puedo! ¡PUEDO HACERLO!
-Vaaale, vale… Haya paz, Ru-chan –le pidió entre risas Sakura, defendiéndose como podía de los aspavientos y gestos de la molesta chica invisible. Si uno no iba con cuidado, podía llevarse un fuerte manotazo de parte de las invisibles manos de Toru, quien seguía agitándose como un abejorro en respuesta a las risas y burlas de sus amigas-. Te creemos, te creemos, así que deja ya de agitar así los brazos, que todavía saldrás volando.
-¡Hmpf! Menudas amigas, que ni confiar en mí pueden…-comentó Toru, cruzada de brazos, mientras (supuestamente) les giraba la cara a sus compañeras.
-Ma, ma…
-Bueno, pues ya solo queda una persona-comentó Hikari, girándose hacia Tsunami. Esta, algo abstraída, no parecía haberse percatado de que las miradas de sus amigas se encontraban fijas en ella hasta que pasaron unos segundos de insólito silencio en su pequeño grupo. Alzando su mirada, detuvo su lápiz, que hasta el momento se paseaba por su hoja como si más que escribiendo, anduviera dibujando algo.
-Ah… Perdona, Ri-chan. ¿Decías?
-¿Otra vez dibujando, Nami-chan?-preguntó Toru, más tranquila.
-No, esto…
-Comentábamos que qué queríamos estudiar en la preparatoria.
-A Nami-chan se le da bien el dibujo, ¿no? Podría estudiar bellas artes-propuso Köra.
-Bueno, cierto es que no se le da mal, pero…
-Yo creo que le pega algo más "físico", no sé si me explico-comentó Sakura-. Con su fuerza, podría trabajar en la construcción, por ejemplo.
-¡Hala, no digas tonterías!-le increpó Hikari-. Eso sería un desperdicio de talento. Además, siempre habría el riesgo de que tirara algún edifico abajo, en vez de construirlo.
-¿Y ahora quién es la que dice tonterías?-respondió Sakura, aunque pronto las risas comenzaron a sustituir los argumentos y propuestas en el pequeño grupo. Tsunami, por su parte, no comentó nada. Siguió trabajando en sus dibujos como si nada.
Fue entonces, pero, que Toru se percató de una cosa.
-Espera… ¡Nami-chan! -exclamó de repente.
-¿Hmm? ¿Qué ocurre?
-¡Tu hoja de preferencias! ¡No dibujes en ella! -clamó, quitándosela sin darle tiempo a levantar el lápiz.
-Ehm…ops.
-En serio… ¿Pero cómo se te ocurre? -comentó Toru, suspirando-. ¿Es que no ves que…?
Lo que fuera que hubiera querido decirle por mancillar el importantísimo documento con sus dibujos se esfumó de su mente en cuanto sus ojos se posaron en estos. Además de sus preferencias para el futuro (que Toru no leyó al distraerse con los dibujos), Tsunami había ocupado los espacios vacíos con pequeños bocetos de los planes que le había oído comentar a sus amigas. En una esquina, una pequeña Hikari vestida como una noble victoriana tomaba el té con lo que parecía ser la torre del Big Ben de fondo. A su lado, una algo menos detallada Köra parecía trabajar en un desconocido platillo, ya que sus manos todavía se encontraban en blanco todavía. Quien ocupaba el mayor espacio, justo al lado de las observaciones, era Toru, vestida con lo que parecía ser un flamante traje de superhéroe mientras la joven posaba como los héroes de antaño. Eran dibujos simples, apenas bocetos hechos con sencillas pasadas de su lápiz, pero la idea quedaba bastante clara: sus amigas, cumpliendo sus sueños y alcanzando sus aspiraciones con éxito.
-¡Ey, somos nosotras!-comentó Köra, mirando por encima del hombro a Toru. Hikari, curiosa, no tardó en unírsele, mirando por encima del otro hombro de la invisible estudiante.
-Hee… Nada mal.
-¡Ey, un momento!-exclamó entonces Sakura, haciendo a un lado a Köra y examinando el dibujo-. ¿Y yo dónde estoy?
-No lo sé. Seguramente sigas fuera de encuadre, pensando en qué poner en tu propia hoja-comentó burlesca Hikari, lo cual le valió una mirada fulminante de su azulada amiga-. Mejor te das prisa. Mira, incluso Nami-chan ya ha rellenado la su…-empezó a decir, pero sus palabras se acallaron en cuanto sus ojos y los de las demás estudiantes se fijaron en qué era lo que Tsunami había escrito en la hoja.
Durante unos segundos, nadie fue capaz de decir nada. Luego, todas a una, alzaron sus miradas, y miraron con expresión incrédula a la tranquila Tsunami, quien las miraba con cara de no entender qué ocurría. Sus miradas volvieron a centrarse en la hoja, y pronto regresaron a Tsunami. A la hoja, a Tsunami, a la hoja, a Tsunami…
Y, finalmente, todo se descontroló de repente.
-…¡¿SHIKETSU?!-exclamaron todas a una, tan alto que llamaron la atención del resto de sus compañeros.
-Nami-chan… ¿Tú… ¡vas a ir a Shiketsu!?-preguntó Hikari, incrédula. A su lado, sus compañeras miraban a Tsunami con la misma cara de impresión, los ojos abiertos de par en par y las bocas ligeramente colgando.
-Pues… sí, esa es la idea-respondió Tsunami, encogiéndose de hombros. Realmente no parecía entender dónde estaba el problema.
-Pero ese sitio… ¡es una academia para héroes!
-¡A nivel de prestigio, es tan importante como la U.A.!
-¡Dicen que entrar allí es complicadísimo!
-Nami-chan… ¿Tú también quieres ser una heroína?-preguntó Toru, un tanto sorprendida.
Antes de que pudiera responder, la atención de toda la clase pareció centrarse en ese último comentario, que inicio una serie de murmullos y miradas de sorpresa que unificó los pensamientos de cuantos alumnos se encontraban en el aula.
-No me lo creo… ¿Toyochikara…heroína?
-Solo de pensarlo, me hecho a temblar…
-¿Te imaginas que tu vida dependiera de…ella?
-¡Pero si causará más desastres que los propios villanos!
-Y en Shiketsu, nada menos…
-¿Pero en qué demonios está pensando?
A pesar de los mal disimulados comentarios, Tsunami seguía con su atención puesta en su grupo de amigas, quienes seguían un tanto alucinadas con la singular noticia. Nunca antes Tsunami había demostrado interés alguno en querer dedicarse al mundo del heroísmo, y nadie había pensado siquiera en querer hacerla cambiar de opinión. Con su fuerza descontrolada y su falta de atención generalizada, más de uno pensaba que sería más peligroso para la ciudad poner a una licenciada Tsunami en las calles que no permitir que los villanos camparan a sus anchas. Al menos, con los villanos sabían cómo frenarles. A Tsunami, pero… Esa ya era otra historia. Además, había otra cuestión que no dejaba de reconcomer la mente de cuantos se imaginaban a Tsunami deseando convertirse en heroína, más incluso que el que esta pareciera querer convertirse en una…
-¿…pero por qué Shiketsu?-quiso saber Hikari-. Quiero decir… la U.A. está a la vuelta de la esquina, como aquel que dice. ¿Por qué quieres ir a estudiar a un lugar que está casi en la otra punta del país?
-Oh… Mi madre quiere que asista a Shiketsu-explicó Tsunami, bastante tranquila pese a ser el centro de atención-. Dice que me ha conseguido una recomendación para entrar, aunque no sé si…
-¿¡UNA RECOMENDACIÓN!?-exclamó toda la clase al unísono, acallando a Tsunami. Esta, frunciendo el ceño con expresión confusa, se preguntó a qué venía tanta sorpresa.
No era para menos. Entrar en una buena preparatoria era complicado: uno debía de tener una nota francamente impresionante para así competir con los cientos o miles de alumnos que también deseaban una plaza en el centro, dándolo todo en cada examen y cruzando los dedos para que el trabajo duro rindiera sus frutos. Con una recomendación, pero, Tsunami ya tenía un pie dentro, casi sin tener que hacer nada. Si demostraba poseer un mínimo de nivel en las pruebas de acceso, ni siquiera tendría que esperar por los resultados para ver si había conseguido entrar o no. ¡Y en Shiketsu, nada menos! Situada en el lado oeste del país, no tenía nada que envidiarle a la U.A. en cuanto a la calidad de su enseñanza o prestigio. La competencia entre ambas instituciones a la hora de producir excelentes héroes y heroínas era bien conocida, casi como dos empresas lanzando cada año novedosos productos en un intento de acaparar el mercado con algo superior al de los demás. Entrar en Shiketsu era el sueño de muchos jóvenes que aspiraban a ser héroes, viendo en la rigidez de las enseñanzas del centro y su estilo implacable el camino para convertirse en el siguiente miembro del futuro top 10 de los héroes de su generación.
Y Tsunami, quien tenía la suerte de contar con una recomendación para entrar allí, parecía darle poca o ninguna importancia.
Ya nadie sabía que los dejaba más boquiabiertos: que Tsunami quisiera ser una heroína, que quisiera estudiar en Shiketsu…, o que todo pareciera darle lo mismo.
-Sí, eso he dicho. Una recomendación-repitió Tsunami, limpiándose un oído con el meñique-. Jo, que parece que no me hayáis oído…
-Nami-chan… ¿Te das cuenta de lo que eso significa? -quiso aclarar Köra, preocupada porque su amiga no entendiera del todo la suerte que tenía.
-Hmmm… ¿Qué deberíais limpiaros más los oídos? -preguntó Tsunami. Trastabillando de la impresión, sus amigas no tardaron en recuperarse.
-¡NO HABLAMOS DE ESO, IDIOTA!-exclamaron todas a una, molestas por lo densa que podía ser su compañera. Sus voces furiosas se unieron para agitar como un vendaval la melena de Tsunami, quien tuvo el acierto de mostrarse un tanto sorprendida ante el griterío de sus amigas.
-¡Decimos lo de la recomendación, Nami-chan!-aclaró Toru, quien todavía sostenía el papel de Tsunami. Ahora, pero, lo trataba como si más que una hoja llena de garabatos, fuera un preciado boleto de lotería que le diera miedo que fuera a salir volando de un momento a otro-. ¿Eres consciente de lo que implica tener una recomendación para una preparatoria como Shiketsu?
-Ehm… ¿sí?-se aventuró Tsunami-. Es algo… bueno, ¿no?
Llegados a este punto, las reacciones de sus amigas fueron un tanto más dispares. Hikari, dándose con la mano en al frente, pareció rendirse y se sentó con aire resignado en su silla, dándose por vencido con Tsunami. Köra, por otra parte, parecía que quisiera chillar a los cuatro vientos algo que le quería decir a Tsunami, solo para descubrir que sus palabras se le habían atravesado en la garganta. Por mucho que se esforzara, ningún sonido coherente parecía manar de su boca, tan solo monosílabos entrecortados que revelaban la lucha interna que la joven estaba teniendo en esos momentos. Sakura, más extraña que las demás, parecía encontrar bastante divertida la situación, ya que empezó a reírse con una extraña risa un tanto perturbadora al tiempo que miraba al techo, casi como si la mismísima incredulidad de la idea de que Tsunami pudiera ser tan densa la divirtiera enormemente.
Toru, por su parte, no dijo nada. No se movió, no habló… Tan solo miraba a Tsunami, absorta en sus propios pensamientos con la hoja de Tsunami en sus manos. Había muchas cosas que hubiera querido decir, muchas cosas que pudiera haber comentado al respecto, muchos pensamientos que pudo haber expresado. Tal debería haberse mostrado incrédula, sorprendida al igual que sus amigas, incluso llegando al extremo de reaccionar como si de alguna especie de show humorístico de la televisión se tratara. Podría haberse dado por vencido, y aceptar que su amiga simplemente era así, una persona que no mostraba especial interés o ilusión por cosas que normalmente habrían provocado gran exaltación y emoción en cualquier otra persona. Podría incluso haberse alarmado, creyendo que tal vez el problema era que Tsunami no acababa de entender la increíble oportunidad que tenía enfrente, llegando incluso a poder enfadarse al pensar que su amiga tal vez no fuera merecedora de tamaña ventaja. En su lugar, con la voz más baja que logró emitir, dijo tres simples palabras que más que dichas por su propia voluntad, parecía que se habían escapado de lo más recóndito de su mente sin ella ser del todo consciente.
-…no es justo-dijo Toru, casi abstraída.
-¿Hmm?-murmuró Tsunami, confundida. Su murmullo pareció despertar a Toru, que fue consciente en ese instante de que no solo había hablado sin pensar, sino que encima lo había hecho con la suficiente claridad como para que todas sus amigas la oyeran. Algo azorada, se apresuró a devolver el papel a Tsunami.
-¡Ah! ¡No, quiero decir…! ¡Es decir…yo…!
-Ru-chan…-empezó a decir Tsunami, sin apartar la mirada de su amiga. Durante unos instantes, Toru se debatió sobre qué decir para salir del paso, tal vez barajando una disculpa o alguna torpe explicación. Sin embargo, al ver tan serena a Tsunami, Toru optó por la vía más sencilla.
Dijo lo que pensaba.
-…Nami-chan… Lo cierto es… que ahora mismo te tengo mucha envidia.
La revelación pareció sorprender a Tsunami, casi como si no la hubiera oído decir eso mismo la primera vez.
-¿Tú…envidia de mí?-preguntó, incrédula. Toru optó por seguir hablando.
-¡Sí! Quiero decir… realmente parece un poco injusto. Tú tienes un poder tan increíble, y apruebas aunque no parece que te esfuerces en estudiar, y eres linda… ¿y ahora encima tienes una recomendación para Shiketsu?-dijo Toru, agachando la cabeza. Le daba algo de vergüenza que pudiera sonar quejica y mezquina, pero siguió diciendo lo que pensaba-. Lo tienes todo a favor, Nami-chan, y yo… yo solo tengo mi invisibilidad y…y ya está-suspiró-. No lo sé… Me hace pensar… que si hay más gente que es así queriendo ir a sitios como la U.A., más gente tan genial como tú… ¿qué oportunidad tengo yo contra todo eso?
-¡Ey, no digas eso!-exclamó entonces Tsunami, frunciendo el ceño-. ¡Nada de eso es verdad! Mi poder no es increíble, mis notas no son nada del otro mundo, y si hablamos de lindura, tú…tú… ¡tú eres mucho más linda que yo!
-Sí, ya… Como si pudieras juzgar lo "linda" que soy sin ni siquiera poder verme…
-¡Hablo en serio! Tú eres diez veces más linda que yo-dijo Tsunami, poniéndose en pie.
-¿Ah, sí? Pues tú… tú…-empezó a decir Toru, alzando la mirada-… ¡TÚ LO ERES CIEN VECES MÁS!
-¡PUES TÚ MIL!
-¡UN MILLÓN!
-¡DOS MILLONES!
-¡TRES!
-¡CUATRO!
-¡DIEZ MIL BILLONES DE VECES MÁS!
-¡DIEZ MIL BILLONES…MÁS UNO!
-¡INFINITO!
-¡INFINITO MÁS UNO!
-¡ESO NO FUNCIONA ASÍ!
-¡FUNCIONA, PORQUE TÚ ERES ASÍ DE LINDA!
-¡MENTIRA!
-¡VERDAD!
-¡MENTIRA, MENTIRA, MENTIRA!
-¡VERDAD, VERDAD, VERDAD…MÁS UNO!
Para entonces, la atención de la clase entera estaba puesta en las dos jóvenes que se gritaban la una a la otra, mirándose molestas (o al menos eso creían en el caso de Toru), con sus frentes pegadas como si batallaran por empujar a la otra con sus cuerpos y palabras. Los dientes de ambas jóvenes se apretaban con el esfuerzo de intentar no perder ante la otra, gruñéndose y batallando con sus voluntades para imponer su propia verdad sobre la otra. A su lado, Sakura y las demás observaban el singular enfrentamiento entre sus amigas sin demasiado interés.
Después de todo, no era la primera vez que Toru y Tsunami "discutían".
Finalmente, el enfrentamiento acabó como solían acabar todos: tras separar sus cabezas, ambas se miraron malhumoradas con sus miradas fijas y sus puños apretados. Tras unos tensos segundos de fulminarse con la mirada, ambas se lanzaron sobre la otra con un grito de guerra en la garganta, el fuego de su mirada ardiendo con la intensidad de una hoguera y listas para…
…abrazar estrechamente a la otra.
-¡Ay, si es que no me puedo enfadar contigo!-exclamó Toru, quien parecía haber vuelto a su animado estado habitual-. ¡Te quiero, Nami-chan!
-¡Yo también te quiero, Ru-chan!-respondió Tsunami, sonriendo de oreja a oreja-. ¡Por eso eres mi muy linda y más querida mejor amiga!
-Oi, oi, ¿y nosotras qué somos? ¿Personajes de relleno?-preguntó Hikari arqueando una ceja, algo molesta al verse dada de lado. Ni Toru ni Tsunami parecían haberla escuchado, perdidas en su pequeño mundo de alegría, amistad y demás cosas bonitas.
De esta manera, los ánimos volvieron a relajarse en la animada clase. Los demás alumnos que eran ajenos al pequeño grupo de amigas regresaron a sus propios asuntos, retomando sus conversaciones y sus intentos de rellenar los papeles que debieran plasmar su tan ansiado futuro. A pesar de todo, Toru y Tsunami siguieron abrazadas, aparentemente sin mucha intención de separarse pronto. Sus risas y el ambiente rosado que parecía envolverlas fueron sustituidos paulatinamente por un cómodo silencio y la simple presencia de la otra en los brazos propias, abrazadas más como si pretendieran tener cerca a la otra por más razones que la simple declaración de su amistad. Era como si, con aquel abrazo, quisieran crear un espacio para las dos, donde poder hablar la una con la otra sin tapujos.
Pero de momento, ninguna de las dos habló. Sakura y las demás, entendiendo el ambiente, las dejaron hacer sin comentar nada. Volviendo su atención a sus respectivas hojas, parecieron olvidarse momentáneamente de sus amigas, las cuales seguían unidas en su privado abrazo mientras sus mentes trabajaban por hallar las palabras adecuadas. ¿Qué se dice cuando le recriminas a una amiga que su vida es mejor que la tuya? ¿Qué se dice cuando tu mejor amiga te dice que tiene envidia de ti? El silencio se extendió mientras alrededor de Tsunami y Toru, la normalidad volvía a la animada clase.
-…tú…eres increíble, Ru-chan –dijo Tsunami, rompiendo el silencio-. No me convencerás de lo contrario. Eres mucho más que solo "invisible". Eres lista, amable, divertida… Sé que serás una gran heroína.
Durante unos instantes, pareció que Toru no iba a responder, su expresión oculta gracias a su poder, mientras sus brazos la mantenían unida a su amiga.
-…lo siento, Nami-chan –dijo Toru, más comedida-. Soy una boba… No debería haberte dicho eso.
-No digas eso, Ru-chan –dijo Tsunami, cuidándose de no chafar a Toru-. Tienes mucha razón: no es justo. Tú has trabajado mucho más duro que nadie. Te mereces esta oportunidad más que yo.
-No, Nami-chan… La injusta soy yo. No…debería decir cosas así. Parece que insinúe que no quiera que te pasen cosas buenas, ¡y no es eso! Eres amiga mía, y quiero que te pasen cosas buenas. Esta recomendación… ¡podría ser una gran oportunidad para ti!
-¡Pero es tu sueño, Ru-chan! ¡Tú siempre has querido ser una heroína, desde que éramos pequeñas!
-Una vez fue también tu sueño, Nami-chan. Aún puede serlo…
-Yo… -empezó a decir Tsunami, pero lo que fuera que hubiera querido decir no salió de sus labios. Desviando la mirada, se hundió un poco más en el cuerpo de su amiga, buscando el confort de su presencia- …no lo tengo tan claro. Mi fuerza… no sirve para eso. Yo solo rompo cosas, o hago daño a la gente. Me cuesta controlarme. Y no quiero… no quiero que…
Algo susurró, algo tan bajo que solo Toru alcanzó a oírlo. Y la reacción que provocó la llevó a alzar la voz como si el mero concepto que Tsunami acababa de compartir con ella la horrorizara.
-¡No digas eso! Tu fuerza podría servir para salvar a mucha gente, si te lo propusieras-argumentó Toru, quien no parecía dispuesta a ceder al respecto-. Tan solo… tan solo necesitas aprender cómo enfocarlo, eso es todo.
-Hmmm…-Tsunami no parecía muy convencida.
-Nami-chan, hagamos una cosa-propuso entonces Toru, rompiendo el abrazo. Ambas amigas se miraron a los ojos (nadie tenía ni idea de cómo se las arreglaba Tsunami para saber siempre dónde puñetas tenía Toru los ojos, pero parecía que siempre lo averiguaba de algún modo), más tranquilas y serenas que antes. A juzgar por el tono de Toru, una nueva resolución movía su voluntad en esos momentos-. Una promesa, como cuando nos conocimos.
-¿Una promesa?
-Sí. Yo prometo que entraré en la U.A. cueste lo que cueste, y me convertiré en una heroína-declaró Toru, dándose con el puño en el pecho-. Y tú, Nami-chan, tienes que prometer que entrarás en Shiketsu, y que te esforzarás por convertirte en una heroína también.
-¿He…heroína?
-¡Sí!-exclamo Toru, con una sonrisa radiante (o algo así)-. Y así, cuando ambas nos licenciemos, podremos combatir el crimen juntas, codo con codo, como cuando solíamos jugar a ser héroes.
-…juntas…-repitió Tsunami, como si le costara creerse el concepto, pero se lo estuviera imaginando. No sabía por qué, pero la idea no acababa de desagradarle del todo.
-¿Qué me dices, Nami-chan?-preguntó Toru, estirando su brazo. Nadie lo podía ver, pero su meñique se encontraba estirado, esperando al de su amiga-. ¿Promesa de meñique?
Tsunami no sabía cómo reaccionar. Hacía ya mucho que se había olvidado de su sueño de ser heroína, entre los desastres causados por sus poderes y su creciente apatía, que amenazaba con robarle la ilusión de hacer nada con su futuro. Y ahora, Toru la animaba a que lo intentara, que fuera a Shiketsu para hallar una razón para utilizar sus poderes que no fuera romper cosas y dar palizas en la DDD.
Pero… ¿sería buena idea?
Después de todo, ser héroe era muy complicado. Había que trabajar muy duro y darlo todo para alcanzar el sueño de, algún día, lucir un vistoso traje en público y poner los poderes de uno al servicio de los demás. Solo los mejores y más preparados tenían ese honor, y si bien el Quirk de Tsunami era poderoso, no podía evitar pensar… ¿era eso lo que ella quería? ¿Trabajar tan duro para semejante meta? ¿Realmente quería ser una heroína? ¿O tal vez tan solo se estaba dejando llevar? Ella no había escogido Shiketsu: lo había hecho su madre. Ella no había escogido la carrera de heroína: Toru sí. ¿Acaso todo era porque, en el fondo, le daba lo mismo decir que sí o que no, y por tanto no le sabía mal hacer lo que otros esperaban que hiciera?
…pues, visto de ese modo, tal vez así fuera. De todas formas… ¿por qué estaba pensándoselo tanto? Todo era más sencillo si se dejaba de pensamientos complicados. ¿Ella tenía algún plan para el futuro? No. Así pues, la elección parecía bastante obvia.
-…claro, Ru-chan –dijo entonces Tsunami, estirando su propio meñique-. Es una promesa.
Entrelazando sus dedos, ambas jóvenes cerraron el pacto entre las dos con sendas sonrisas en sus rostros. Quisiera o no ser heroína, ya no había vuelta de hoja. Ya le había dado su palabra. Ahora, sin importar qué, tendría que convertirse en heroína. En su mente, lejos de la decidida y alegre sonrisa que mostraba al mundo, trataba de aparcar las dudas y preguntas que su decisión suscitaba en su mente, repitiéndose un y otra vez que aquello era lo mejor para todo el mundo. Su madre estaría feliz, Toru estaría feliz, y a Tsunami le hacía feliz que sus seres queridos fueran felices. ¡Todos salían ganando!
"Tal vez no sea tan malo", pensó Tsunami, intentando convencerse a sí misma. "Quiero decir… esta es la mejor respuesta. Mamá estará contenta, Toru estará contenta…, y no es como si a mí me desagradara la idea de ser una heroína. ¡Sí, tal vez esto pueda funcionar! O si no… ya encontraré la forma de hacer que funcione. Ya se me ocurrirá algo".
Además, era como sus amigas habían dicho: a Shiketsu no asistía cualquiera. Personas de todo el país, con poderosos Quirks y habilidades sorprendentes, irían también para estudiar juntos y entrenarse para ser, algún día, portentosos defensores del bien y del orden. Tal vez, pensó Tsunami, algo más emocionada con la idea, allí encontrara a alguien que por fin cumpliera su más anhelado deseo.
Tal vez, en Shiketsu, encontrara a alguien que por fin le diera una razón para esforzarse.
Los meses pasaron como un borrón para los cientos de miles de estudiantes de secundaria que, con sus mentes puestas en los cada vez más cercanos exámenes de entrada, daban todo lo que tenían por prepararse para el que tal vez fuera el momento más importante de sus vidas hasta el momento. Los apuntes se repasaban una y mil veces, cada ejercicio se repetía hasta dominarlo a la perfección, cada nota y cada ayuda que sirviera para mejorar ni que fuera un poco sus posibilidades de éxito utilizada hasta la saciedad. Durante ese medio año, como cada año, una parte del país parecía contener la respiración mientras sus ojos inyectados en sangre releían las mismas frases hasta que quedaban grabadas a fuego en sus mentes, cada concepto y cada idea absorbida y estudiada hasta que la persona llegaba incluso a soñar con las lecciones repasadas. Las academias de repaso abrían sus puertas a quienes precisaban de sus servicios para aprobar, y los alumnos hacían tejemanejes entre ellos para apoyarse los unos a los otros y buscar en la experiencia y conocimientos de alguien de su nivel el camino de salida del bloqueo mental que les impedía continuar.
Uno de estos grupos de estudio, conformado por el pequeño grupo de amigas de Tsunami, se había visto reunido más de una vez en la casa de alguna de sus miembros, todas con los codos clavados en la mesa y sus miradas puestas en los libros, decididas a pasar sus exámenes sin problemas y a llegar hasta donde querían llegar. Al final, Sakura se había decidido por seguir los pasos de Toru y tratar de entrar en la U.A., si bien ella aseguraba que se conformaba con un puesto en la clase de apoyo, arguyendo que tanto su interés por la mecánica y su Quirk nada apropiado para el combate hacían que esa fuera la elección más acertada. Esta decisión le había valido su tan esperado boceto de Tsunami, quien la dibujó con un mono de trabajo y el rostro lleno de aceite.
Nadie se había mostrado nunca tan feliz con un dibujo como Sakura aquel día.
Con sus mentes fijas en el objetivo final, las cinco jóvenes lo habían dado todo por prepararse para superar los exámenes de entrada que las separaban del inicio de su futuro académico, cada una con sus propias materias a trabajar y sus puntos fuertes que aprovechar. Por ejemplo, Tsunami destacaba, sorprendentemente, en inglés, por lo que su ayuda resultó de gran interés a la hora de estudiar esa materia (si bien sus explicaciones bien podrían haber sido un poco más claras que "esto es así porque es así. ¿Acaso no lo veis?"). Por otro lado, sus notas generales no eran especialmente altas, por lo que tuvo que hincar los codos y ser ayudada en el resto de asignaturas. Toru y Hikari, con sus promedios bastante altos, parecían no tener muchos problemas en sus asignaturas salvo en algunos aspectos más puntuales, como ciencias sociales en el caso de la primera y ciencias naturales en el caso de la segunda. Por suerte, Köra consiguió solventar las dudas que Toru tenía respecto a su temario, y Sakura se ofreció amablemente a ayudar a Hikari con lo suyo. A su vez, Köra recibió la ayuda de todas para aprender todo lo que hacía falta saber sobre economía doméstica (irónicamente, su peor asignatura), y Sakura consiguió desenvolverse finalmente con su caligrafía, que si bien no distaba mucho de ser tan terrible como la de Tsunami, todavía era más ilegible si cabía.
Entre quedadas, charlas, clases y alguna que otra risa, el tiempo fue avanzando inexorable hasta que finalmente llegó el tan temido y esperado día.
Reunidas todas en la estación de trenes a las seis de la mañana, las cinco amigas trataban de aplacar los nervios charlando de esto y aquello como si de un día cualquiera se tratara, intentando no pensar en la clase de pruebas que se verían obligadas a superar dentro de no mucho, especialmente duras en el caso de las dos que deseaban entrar en los departamentos de heroicidades de sus respectivas academias para héroes. Resguardadas en sus abrigos, trataban de aplacar el frío de aquella mañana centrando sus mentes en el reto que estaban por enfrentar. Las últimas dudas que los nervios generaban fueron rápidamente solventadas por el resto del grupo, asegurándose entre ellas una y otra vez de estar lo más preparadas posibles para el desafío que las esperaba, todas con un nudo en el estómago y los nervios a flor de piel. Una de ellas, pero, repasaba sus notas con algo más de tranquilidad, sintiendo algo en su interior que distaba un poco del nerviosismo y el desasosiego de sus amigas.
Por raro que pareciera, Tsunami esperaba con ganas a que empezara su examen.
No la parte escrita, desde luego. Esa parte aterraba a todos los estudiantes por igual, aunque confiaba en que las largas horas invertidas con sus amigas en su grupo de estudio rindieran sus frutos y le permitieran aprobar. No, la parte que esperaba con emoción era la parte práctica, más propia de las academias de héroes, en las que someterían a los jóvenes aspirantes a estudiante a algún tipo de examen más físico donde podrían demostrar lo que valían. Y ese momento en concreto, ese instante de acción, era el que Tsunami esperaba ya con ganas. ¿Qué clase de reto les pondrían para superar? ¿Contra qué se enfrentaría? ¿Cómo de fuertes serían los otros aspirantes? Sabía que no sería la misma prueba que para los demás, teniendo ella una recomendación y todo eso, pero tal vez precisamente por eso la prueba fuera a ser más dura o exigente. Solo de imaginarse en una tensa situación en la que debiera apretar los dientes y dar todo lo que tenía, de tensar sus músculos y luchar como nunca lo había hecho por alcanzar la victoria…
La dulce, dulce victoria… Acompañada de su sudor, aderezada con el esfuerzo, con un ligero toque de satisfacción que realzaba su aroma y ayudaba a que sus sentidos se elevaran hasta cotas nunca antes alcanzadas… Tan sabrosa, tan anhelada… Casi podía…saborearla…
-¿…mi-chan?- dijo una voz, que sonaba hueca en los oídos de Tsunami. Insistente, comenzó a ganar fuerza hasta que finalmente llegó alta y clara a Tsunami-. ¡Nami-chan!
-¿E-eh, qué…?-preguntó Tsunami, como despertando de un sueño. A su lado, Hikari la miraba algo frustrada con las manos en su cadera.
-Estás babeando. Límpiate, anda, que estamos en público. - Para mayor sorpresa de Tsunami, Hikari tenía razón. Abstraída como estaba pensando en la "dulce" victoria, había comenzado a babear de verdad y todo-. Si es que… ¿cómo puedes irte a tu mundo en un momento como este? No me creo que puedas estar tan relajada.
Tsunami, con la manga, se limpió los restos de su barbilla y miró a sus compañeras. Estas parecían mirarla con expresiones que variaban entre la confusión hasta la resignación, algunas más acostumbradas que otras a las singulares acciones de su distraída amiga. A modo de respuesta, Tsunami optó por encogerse de hombros.
-Ah, lo que daría por poder relajarme yo también así…-suspiró Sakura, con sus notas y apuntes en la mano-. Siento como mis piernas se vuelven de gelatina por momentos…
-Oh, interesante Quirk-comentó Köra, burlona-. Entre eso y tu color de piel, a ver si no serás una ameba en realidad…
-¡Pues con esa lengua tan afilada tuya, me sorprende que no tengas espinas en la boca también!-respondió Sakura, malhumorada. El rebote de su amiga consiguió divertir bastante al resto de presentes, que pronto redoblaron sus carcajadas al ver la expresión molesta de Sakura, sus dos carrillos hinchados y su mirada fulminante como poco.
-Chicas, chicas, calmémonos un poco-pidió Toru, tratando de hablar claro a pesar de las risas-. Recordad que no podemos relajarnos todavía. Aún tenemos un examen que afrontar.
-Cierto, aunque yo que tú me preocuparía más de mí misma-comentó Hikari, estirando su brazo para impedir que una molesta Sakura se tirara encima de Köra, quien seguía riéndose a costa del mal humor de su amiga-. No soy yo la que tendrá un examen físico, después de todo.
-Pff, por favor… Lo dices como si tuviera que estar preocupada-comentó Toru, con un deje de su mano (o esa era la idea)-. Sea lo que sea, estoy preparada. Me he estado entrenando a fondo con Nami-chan solo para este momento. ¡No hay nada que me asuste!
Rememorando esos largos días de entrenamiento, Tsunami no podía sino coincidir con su amiga: más preparada no podía estar.
En vista del examen físico que irremediablemente se verían obligadas a afrontar, Toru le había pedido a Tsunami que la ayudara a entrenarse entre sesiones de estudio para acostumbrarse a pelear con otros, escenario que si bien apenas había afrontado en sus días de primaria, cada vez se le antojaba más común si realmente iniciaba sus estudios en la U.A. Deseosa de ayudar a su amiga, Tsunami se había mostrado especialmente ilusionada de poder asistir a Toru en su entrenamiento, si bien ella no se mostró tan preocupada en ese mismo aspecto por su parte. Confiada en poder superar la prueba de Shiketsu con su fuerza actual, no tuvo problema alguno en pasar largas horas y los días libres con Toru, corriendo junto a ella y animándola cuando salían a trotar, o apoyándola en los diferentes ejercicios que planearon para aumentar la resistencia y capacidad ofensiva de la invisible estudiante. Haciendo uso de su Quirk, Toru se acostumbró a acercarse sigilosamente a sus oponentes y a golpear a otros utilizando a Tsunami como compañera de entrenamiento, en parte por la confianza que le tenía (no es que ir desnuda le diera especial vergüenza, pero el hecho de estar tan cerca de alguien como para que pudieran tocarse la ponía algo nerviosa todavía), y en parte porque dado el Quirk de Tsunami, no le haría daño por muy fuerte que le pegara. Por muy fuerte que le dieran los puños de Toru, o las patadas que recibiera, Tsunami seguía de pie como si nada, animando a su compañera y dándole consejos sobre cómo golpear y donde, información que había sacado de sus peleas en la DDD (pero que tampoco hacía falta que Toru conociera, al menos el origen de dichos consejos).
Tras varios meses de entrenamiento, el rendimiento de Toru había mejorado considerablemente. Su fuerza física superaba ya la de una adolescente ordinaria, y tanto su resistencia como su técnica habían mejorado bastante. A pesar de no contar con habilidades ofensivas, su invisibilidad natural hacía más difícil el prever los ataques de la joven y conocer su dirección, por lo que Toru se entrenó para aprovechar esa ventaja. Su habilidad para moverse sigilosamente también se había incrementado, llegando a un punto en el que Tsunami no podía encontrarla salvo que se pusiera a rebuscar por toda la zona con su Quirk. Por otro lado, Tsunami apenas experimentó cambios sustanciales en sus capacidades, consistentes principalmente en la mejora de su capacidad de observación tras muchas sesiones de intentar encontrar y/o combatir a una joven invisible. En vista del tiempo que tenían, y de los medios que tenían a su alcance, aquello era lo mejor que ninguna de las dos iba a poder hacer por asistir a la otra. Tendría que servir.
-Bueno, supongo que en eso tienes razón…-comentó Hikari, con una pequeña sonrisa-. En comparación a enfrentarse a Nami-chan, imagino que cualquier cosa que te echen encima te parecerá de chiste.
-Yo…no lo diría así, pero…-reconoció Toru, mirando un tanto avergonzada a su amiga, mientras presionaba las puntas de sus índices entre sí-… supongo que sí.
Sin tener muy claro qué decir en esa situación, Tsunami optó por mostrar su apoyo de un modo más directo. Posando su mano en el hombro de su amiga, atrajo la atención de esta y levantó su otro pulgar con confianza, acompañándolo de su amplia sonrisa. No tuvo que esperar mucho para ver los resultados, ya que si bien realmente no podía verlo, sintió cómo el cuerpo de Toru se relajaba un tanto bajo su mano, por lo que entendió que su mensaje le había llegado alto y claro.
El pitido de un tren que llegaba a la estación reclamó la atención del pequeño grupo de amigas. Aproximándose por el horizonte, el tren avanzaba a cada vez menos velocidad a medida que se adentraba en la estación y ocupaba la antes vacía andana, deteniéndose finalmente enfrente de Tsunami y el resto.
-Bueno, llegó el momento…-comentó Hikari con animada resignación, colgándose su mochila del hombro. Dado que los centros a los que deseaban asistir quedaban en otra prefectura, ella y Tsunami debían abordar el tren con algo más de antelación que sus compañeras, quienes tan solo tendrían que viajar a la ciudad de al lado para realizar sus respectivos exámenes. Mientras que Hikari se bajaría la primera en Gifu, Tsunami debería seguir su trayecto hasta Hiroshima, donde se encontraba localizada la academia de estudios heroicos Shinketsu. En vista de su situación, Toru y el resto habían decidido levantarse un poco antes para acompañar a Tsunami y Hikari a la estación y despedirlas-. Nami-chan, ¿nos vamos?
-Oi, oi… ¿No estarás pensando en irte sin decirnos nada, no?-la recriminó Köra, si bien la sonrisa de su rostro indicaba que realmente ella tampoco lo creía. Al devolverle la sonrisa, Hikari declaró que esa tampoco era su intención-. Después de haber hecho el esfuerzo de venir a despediros… ¿no nos vas a decir algo como "os prometo que me esforzare", o "juro que aprobaré cueste lo que cueste", o "deseadme suerte"?
-¡Pff! ¿Para qué? ¡Ni que me hiciera falta!-comentó burlesca Hikari-. Sé que voy a aprobar. No necesito pedir que me deseéis suerte, ni tengo que prometeros que me esforzaré. Pensaba hacerlo desde un primer momento.
-Ah, ah… Bocona como siempre-comentó Sakura, con exagerada resignación-. Solo espero que luego no nos vengas llorando cuando la nota no te dé para entrar en el curso que querías.
-Hmmm… Está bien-dijo Hikari-. ¿Queréis que os prometa algo? Muy bien, de acuerdo…-Carraspeó, antes de hablar con grandilocuencia-. Yo, Kagayaku Hikari, prometo que aprobaré todos mis exámenes, y…-Miró divertida a sus amigas-… que voy a sacar unas notas que os dejarán con la boca abierta. Prometo que voy a entrar con tanta facilidad en mi preparatoria, que me voy a pasar una semana restregándooslo por la cara. Eso y más… yo os lo prometo.
Durante unos segundos, parecía que sus tres amigas iban a recriminarle su orgullosa proclama, mirándola malhumoradas y con el fuego del averno en sus miradas. Luego, las tres a una, estallaron en risas mientras la antes altiva Hikari se relajaba y sonreía con más amabilidad.
-Mucha suerte a las dos, chicas-dijo Sakura, dando un rápido abrazo a Hikari y Tsunami-. No os pongáis nerviosas, demostrad lo que valéis… ¡y demostrad lo que valéis!
-Eso lo has dicho dos veces-señaló Toru, mientras abrazaba a Tsunami.
-¡Es que ellas valen mucho! ¡Demostrádselo a todos!
-Sí, sí…-respondió Hikari, separándose de Köra. Una vez hechas las despedidas, Hikari y Tsunami desearon mucha suerte a sus compañeras, acordando reencontrarse a la noche para salir por ahí a cenar y comentar cómo les habían ido las cosas. No hacía falta decirlo, pero todas esperaban que esa fuera una velada en la que poder celebrar su segura entrada en las preparatorias que habían escogido. Y para cumplirlo, debían darlo todo en el desafío que se abría ante ellas-. En fin, de cabeza al tren. Ya hablaremos más tarde por teléfono.
-¡Mucha suerte, chicas!
-¡Rompeos una pierna!
-¡Como se os ocurra suspender, os rapo al cero!
Entre exclamaciones y ánimos de idéntica índole, Tsunami y Hikari abordaron su tren, dirigiéndose sin perder un segundo a sus asientos antes de que el resto de pasajeros obstaculizara el pasillo. No tuvieron que caminar mucho, ya que se encontraban relativamente cerca de las salidas, y pronto se encontraron acomodando sus mochilas.
-En fin, ahora a esperar-comentó Hikari, suspirando, mientras se quitaba la chaqueta-. Buf… Dos horas hasta Nagoya, y luego el transbordo… No quiero ni pensar en lo que pasaría si el tren se parara.
-No te preocupes, Ri-chan –le comentó Tsunami, guardando su mochila y la bolsa de deportes, donde tenía el chándal con el que realizaría la parte física del examen. Antes de sentarse, sacó de su mochila una pequeña almohada de viaje-. Si eso ocurriera, te cargaría a la espalda y correría directa a Gifu antes de que empezara tu examen.
Tras una breve mirada de pura incredulidad, Hikari acompañó su reacción con varias y sonoras carcajadas.
-¡Ah, menos mal! Me dejas más tranquila-respondió entre risas Hikari, dejándose caer en su asiento-. Me relaja saber que correrías 350 km solo por evitar que me saltara un examen. ¿Y luego qué, irías directa hasta Hiroshima o te desviarías para desayunar en Kyoto, que te queda de paso? Tal vez incluso quisieras tirar hacia Osaka y ver el mar antes del examen.
-Hmmm…nah, seguramente no-comentó Tsunami, como si realmente se lo hubiera planteado. Tras acomodarse la almohada en el cuello, se posicionó lo más cómodamente posible en su asiento-. Creo que iría directamente a Hiroshima. Si me desvío tanto, corro el riesgo de perderme por el camino.
Hikari, que hasta el momento había estado bromeando y riéndose, no detectó sarcasmo alguno en la respuesta de su amiga. Algo perpleja y confusa, se acomodó en su asiento y miró por la ventana mientras procuraba distraerse con otra cosa. No tenía del todo claro si su amiga había estado bromeando del mismo modo que ella, pero considerando que era de Tsunami de quien hablaban, tampoco quiso indagar demasiado. Por lo que ella sabía, Tsunami era perfectamente capaz de intentar atravesar corriendo el país si era por hacerle un favor a una amiga. Con un poco de suerte, no tendrían que averiguar si realmente era capaz.
Mientras tanto, Tsunami terminó de asentarse y cerró los ojos. Madrugar era algo que se le daba francamente mal, y agradecía enormemente las casi cuatro horas que tenía de viaje. Tiempo más que suficiente para echarse una señora siesta y recuperar algo de sueño perdido. Cerrando los ojos, dejó volar su mente mientras disfrutaba del cálido vagón y el murmullo de la máquina cobrando vida, curiosamente relajante y ayudándola a abandonarse pronto a un tranquilo sueño del que deseaba aprovechar cada instante hasta llegar a su destino. Una siesta, el examen escrito, y la parte práctica.
Tsunami sonrió. Aquel iba a ser un buen día.
Omake:
Alguien dijo una vez que "cada día es una oportunidad única para aprender algo nuevo".
Cuando se es estudiante, pero, cada día es una oportunidad para intentar aprender algo que supuestamente ya deberías de saber. También es, curiosamente, una oportunidad para ver de primera mano lo difícil que era.
-¡Agh!-exclamó Sakura, agitando las manos-. ¡¿Pero por qué tiene que ser tan complicado?!
-Deja de quejarte y repasa las sumas-la recriminó Köra, quien a pesar de su tono más calmado parecía igual de frustrada que su amiga. Con evidente expresión de concentración, reescribía con firmeza varias líneas de ecuaciones en la hoja que tenía delante de ella.
Habiendo quedado como cada día para repasar sus apuntes y ayudarse para prepararse para los exámenes de entrada, las cinco amigas habían decidido que lo más práctico era decidir que asignaturas estudiarían en cada sesión, y dejar que la que las llevara mejor o entendiera mejor la lección se encargara de ayudar a las demás en aquellas preguntas que no entendieran o para resolver cualquier duda que pudiera surgir. Aquel día, por ejemplo, el grupo de estudio se encontraba repasando varios ejercicios de matemáticas que estaban seguras que caerían en sus respectivos exámenes.
Llevaban por lo menos media hora repasando ecuaciones, y Köra y Sakura estaban al borde de tirarse de los pelos. Repasaban el problema una y otra vez, pero sencillamente las cuentas no les cuadraban. A su lado, Hikari y Toru se encontraban enfrascadas en sus propios ejercicios, trabajando diligentemente y en silencio mientras escribían metódicamente las ecuaciones y los cálculos que las llevarían a la respuesta. En el otro lado de la mesa, más centrada en hacer equilibrios con su lápiz que no en utilizarlo para escribir, Tsunami permanecía abstraída frente a su vacía hoja de problemas.
Suspirando, Sakura optó por pedir ayuda a sus amigas una vez más.
-Ne, Ri-chan…-dijo Sakura, tirando de la manga de su compañera-. Ayúdame, anda…
El lastimero tono de la joven azulada llamó la atención de Hikari, quien deteniendo su lápiz miró un tanto extrañada a su amiga.
-¿Qué? ¡Pero si te he explicado hace nada cómo resolver el problema!
-¡Sí, pero no me sale todavía! Porfi…
Suspirando, Hikari dejó lo que estaba haciendo y miró los cálculos de su amiga, repasándolos para ver dónde podía estar el problema.
-Vamos a ver… Sí, aquí está el fallo-señaló Hikari-. Después de aislar la variable A, tienes que sustituirla por la de esta otra ecuación, y así sacas B. Después, extrapolas la variable C a partir de las otras dos, y luego sumas esto de aquí para encontrar el resultado.
-¡Ah, entiendo!-exclamó Sakura-. Así, luego puedo ir a la tabla de valores, y sabré qué números tengo que multiplicar para hallar los valores de la respuesta.
-Exactamente, Saku-chan. Parece mentira que haya tenido que explicártelo otra vez-comentó burlesca Hikari, retornando a su ejercicio una vez parecía que Sakura lo había entendido. Esta, algo molesta, le sacó la lengua a modo de agradecimiento, procediendo a reescribir el problema de su hoja. A pesar de haberlo entendido, tenía que realizar varios cálculos con la calculadora, y si no se centraba, tal vez acabara teniendo que pedir ayuda una vez más.
Mientras se encontraba sacando la respuesta, se fijó en la vacía hoja de Tsunami. Por no haber hecho, ni siquiera había planteado las incógnitas de su problema, distraída mirando a las musarañas como si se hubiera rendido con el ejercicio. No era extraño, considerando que a Tsunami no le gustaba estudiar, y sus amigas sabían que sus notas tan solo eran lo bastante altas como para ir aprobando por los pelos. Sonriendo para sí, Sakura vio la oportunidad de sacar a lucir sus recién adquiridas habilidades, y recuperar algo de orgullo perdido.
-¿Qué pasa, Nami-chan? ¿Tienes problemas con el ejercicio?-preguntó Sakura, reclamando la atención de esta-. Bueno, no te preocupes. Ahora mismo te ayudo a…
-¿Eh? Ah, no te preocupes, Saku-chan –le aseguró Tsunami-. Lo tengo dominado.
-¿Hmm?-murmuró Sakura, confusa-. ¿Qué quieres decir con…?
A modo de respuesta, Tsunami dirigió su atención brevemente a su hoja de problemas, y tras unos segundos de contar algo con los dedos, anotó un par de números en las casillas de respuesta, sin escribir ninguna ecuación ni tocar su calculadora en ningún momento. Una vez terminado, giró la hoja y se la mostró a Sakura.
-Sí. ¿Ves?-dijo Tsunami, como si tal cosa-. Es fácil.
Aún un poco confundida, Sakura repasó los números que Tsunami había anotado, y sus ojos no dieron crédito una vez comprobó que las respuestas estaban bien. Pero… ¿cómo demonios lo había hecho? No había escrito ni una sola ecuación, ni había usado la calculadora… ¿Cómo había sacado la respuesta tan rápido? ¿Acaso se había copiado de algún sitio?
-Hmmm…-murmuró Toru, ajena a la confusión de su azulada compañera, mientras trabajaba en su propio ejercicio-. Ey, Nami-chan… ¿Cuánto son 831 por 13?
-¿Eh? Ah…-murmuró Tsunami durante unos segundos-. 10803.
-¿Y dividido por 5?
-2160,3
Con un murmullo, Toru escribió el número en la casilla de respuestas.
-Bien… Gracias, Nami-chan.
-De nada.
Volviendo a su abstraído estado anterior, Tsunami ignoró aparentemente a la boquiabierta Sakura, quien no acababa de entender qué había presenciado en primera fila. La facilidad con la que Tsunami había respondido a Toru la había dejado sin hablas, incapaz de comprender cómo había hecho los cálculos mentalmente y tan rápido.
-…Nami…chan.
-¿Hmm?-preguntó Tsunami, mirando a Sakura-. ¿Qué ocurre?
-…¿Cuánto es…7085 por 963?-preguntó, tentativa, anotando los números en su calculadora. Con un murmullo, Tsunami desvió la mirada como si se encontrara pensando la respuesta, y pronto volvió a centrarse en Sakura, más rápido de lo que esta había imaginado que sería.
-Pues…6822855…me parece.
Sakura miró el resultado en su calculadora. Correcto, hasta el último dígito.
Cada día es una oportunidad para aprender algo nuevo, y aquel día en concreto, Sakura aprendió algo completamente nuevo sobre su despistada y algo boba compañera.
Decidida a no perder, Sakura redobló sus esfuerzos por repasar la materia. Ajena al sentimiento de rivalidad que acababa de despertar, Tsunami siguió intentando hacer equilibrios con su lápiz. Que difícil…
No sé por qué, pero me hacía gracia que Tsunami fuera buena en hacer cálculos mentales.
Espero que todos estéis aguantando bien la cuarentena. Yo me desvivo intentando encontrar información sobre cuando son los exámenes de ingreso en Japón.
Cada uno con lo suyo.
Chao, chao.
