Los personajes no me pertenecen son de J.K Rowling y Kishimoto

Summary: Harry se entera que cuando cumpla quince su parte criatura despertara dándole nuevos poderes y una pareja destinada para él, si eso no fuera poco descubre que tiene un primo en un mundo completamente diferente al suyo: El mundo Ninja, ahora luchara junto a su pareja para proteger todo lo que ama.

Parsel -"Hola"

Hechizos- Accio o Jutsus

Voz sobrenatural- Hola

Otro idioma "Hola"

Recuerdos [Hola]


Capítulo 6 Beauxbatons y Durmstrang

Pov Harry

A la Mañana siguiente, me sentía más relajado ahora que Draco me perdono, lo bese y deje una nota diciendo que lo vería mas tarde. Cuando entre a la habitación, Hedwig estaba esperándome con una nota, es de Sirius.

Harry:

Salgo ahora mismo hacia el norte. Esta noticia de que tu cicatriz te ha dolido se suma a una serie de extraños rumores que me han llegado hasta aquí. Si vuelve a dolerte, ve directamente a Dumbledore. Me han dicho que ha sacado a Ojoloco de su retiro, lo que significa que al menos él está al tanto de los indicios, aunque sea el único. Estaremos pronto en contacto. Un fuerte abrazo a Ron y Hermione. Abre los ojos, Harry.

Sirius

Me mordí el labio, no quería preocuparlo, pero si lo que dice es cierto, quiero estar al tanto de todos esos sucesos, Draco puede estar en peligro sino tomo la señales en serio. Por lo que pienso escribirle para que me informe de todo lo que sabe y también para advertirle que tenga cuidado, no quiero que nada malo le pase, ahora que regresa, me molesta que Dumbledore sepa información que me concierne y no me diga nada, pero no hay nada que pueda hacer al respecto.

Querido Sirius:

Me gustaría saber de los indicios que mencionaste, la cicatriz no me ha vuelto a doler, te pido por favor que tengas cuidado, no quiero que nada malo te pase.

Harry

Salí por el hueco del retrato, subí por la escalera del castillo, que estaba sumido en el silencio y finalmente llegué a la lechucería, que estaba situada en la parte superior de la torre oeste.

La lechucería era un habitáculo circular con muros de piedra, bastante frío y con muchas corrientes de aire, puesto que ninguna de las ventanas tenía cristales. El suelo estaba completamente cubierto de paja, excrementos de lechuza y huesos regurgitados de ratones y campañoles. Sobre las perchas, fijadas a largos palos que llegaban hasta el techo de la torre, descansaban cientos y cientos de lechuzas de todas las razas imaginables, casi todas dormidas, aunque puedo distinguir aquí y allá algún ojo ambarino fijo en mí.

Vi a Hedwig acurrucada entre una lechuza común y un cárabo, caminé rapido hacia ella, resbalando un poco en los excrementos esparcidos por el suelo. Me costó bastante rato persuadirla de que abriera los ojos y, luego, de que los dirigiera hacia mí en vez de caminar de un lado a otro de la percha arrastrando las garras y dándole la espalda.

Evidentemente, seguía dolida por la falta de gratitud que a veces muestro cuando tomaba las notas que Draco me mandaba sin agradecerle. Al final, sugerí en voz alta que tal vez estuviera demasiado cansada y que sería mejor pedirle a Ron que me prestara a Pigwidgeon, y fue entonces cuando Hedwig levantó la pata para que le atara la carta.

—Tienes que encontrarlo, ¿vale? Antes que los dementores—le dije acariciándole la espalda mientras la llevaba posada en su brazo hasta uno de los agujeros del muro. Ella me pellizcó el dedo, quizá más fuerte de lo habitual, pero ululó como siempre, suavemente, como diciéndome que me quedara tranquilo. Luego extendió las alas y salió al mismo tiempo que lo hacía el sol. La contemple mientras se perdía de vista, sintiendo la ya habitual molestia en el estómago. Había estado demasiado seguro de que la respuesta de Sirius me aliviaría de las preocupaciones en vez de incrementármelas.

Las clases avanzaron sin percance, Draco odia la Moody, no lo culpo. Lamentablemente no hay nada que podamos hacer al respecto, en su clase está usando Imperio para ver si podemos resistirlo. Yo logro resistirlo, con mucho esfuerzo, Draco lo resiste, pero al final siempre termina haciendo lo que le piden, lo que lo deja con malhumor el resto del día.

En todas las clases nos dejaban mucho trabajo, incluyendo Hagrid nos cargaba con un montón de trabajo. Los escregutos de cola explosiva crecían a un ritmo sorprendente, aunque no hemos descubierto todavía qué comen. Hagrid estaba encantado y, como parte del proyecto, nos sugirió ir a la cabaña una tarde de cada dos para observar los escregutos y tomar notas sobre su extraordinario comportamiento. Yo estaba encantado de pasar más tiempo con Draco.

Cuando llegamos al vestíbulo, no pudimos pasar debido a la multitud de estudiantes que estaban arremolinados al pie de la escalinata de mármol, alrededor de un gran letrero. Ron, al ser el más alto de los tres, se puso de puntillas para echar un vistazo por encima de las cabezas de la multitud, y leyó en voz alta el cartel:

TORNEO DE LOS TRES MAGOS

Los representantes de Beauxbatons y Durmstrang llegarán a las seis en punto del viernes 30 de octubre. Las clases se interrumpirán media hora antes.

Los estudiantes deberán llevar sus libros y mochilas a los dormitorios y reunirse a la salida del castillo para recibir a nuestros huéspedes antes del banquete de bienvenida.

—¡Sólo falta una semana! —dijo emocionado Ernie McMillan, un alumno de Hufflepuff, saliendo de la aglomeración.

—Me pregunto si Cedric estará enterado. Me parece que voy a decírselo... —dijo Ernie quien se fue a toda prisa.

—¿Cedric? —dijo Ron sin comprender.

—Diggory querrá participar en el Torneo. —explique tranquilamente.

—¿Ese idiota, campeón de Hogwarts? —gruñó Ron mientras buscábamos un camino hacia la escalera por entre la bulliciosa multitud.

—No es idiota. Lo que pasa es que no te gusta porque venció al equipo de Gryffindor en el partido de quidditch. He oído que es un estudiante realmente bueno. Y es prefecto—repuso Hermione, lo dijo como si eso zanjara la cuestión.

—Sólo te gusta porque es guapo —dijo Ron mordazmente.

—Perdona, a mí no me gusta la gente sólo porque sea guapa —repuso Hermione indignada. Ron fingió que tosía, y su tos sonó algo así como: «¡Lockhart!» El cartel del vestíbulo causó un gran revuelo entre los habitantes del castillo. Durante la semana siguiente, y fuera donde fuera no había más que un tema de conversación: el Torneo de los tres magos. Los rumores pasaban de un alumno a otro como gérmenes altamente contagiosos: quién se iba a proponer para campeón de Hogwarts, en qué consistiría el Torneo, en qué se diferenciaban de ellos los alumnos de Beauxbatons y Durmstrang... note, además, que el castillo parecía estar sometido a una limpieza especialmente concienzuda. Habían restregado algunos retratos mugrientos, para irritación de los retratados, que se acurrucaban dentro del marco murmurando cosas y muriéndose de vergüenza por el color sonrosado de su cara. Las armaduras aparecían de repente brillantes y se movían sin chirriar, y Argus Filch, el conserje, se mostraba tan feroz con cualquier estudiante que olvidara limpiarse los zapatos que aterrorizó a dos alumnas de primero hasta la histeria. Los profesores también parecían algo nerviosos.

—¡Longbottom, ten la amabilidad de no decir delante de nadie de Durmstrang que no eres capaz de llevar a cabo un sencillo encantamiento permutador! —gritó la profesora McGonagall al final de una clase especialmente difícil en la que Neville se había equivocado y le había injertado a un cactus sus propias orejas.

Cuando bajamos a desayunar la mañana del 30 de octubre, descubrimos que durante la noche habían engalanado el Gran Comedor. De los muros colgaban unos enormes estandartes de seda que representaban las diferentes casas de Hogwarts: rojos con un león dorado los de Gryffindor, azules con un águila de color bronce los de Ravenclaw, amarillos con un tejón negro los de Hufflepuff, y verdes con una serpiente plateada los de Slytherin. Detrás de la mesa de los profesores, un estandarte más grande que los demás mostraba el escudo de Hogwarts: el león, el águila, el tejón y la serpiente se unían en torno a una enorme hache.

En estos días me la he pasado con Draco, últimamente Ron solo habla de cómo quiere entrar al torneo, estoy aburrido de eso, prefiero estar con mi dragón que aguantar sus divagaciones.

Aquel día había en el ambiente una agradable impaciencia. Nadie estuvo muy atento a las clases, porque estaban mucho más interesados en la llegada aquella noche de la gente de Beauxbatons y Durmstrang. Hasta la clase de Pociones fue más llevadera de lo usual, porque duró media hora menos. Cuando, antes de lo acostumbrado, sonó la campana, Hermione, Ron y yo salimos a toda prisa hacia la torre de Gryffindor, dejamos allí las mochilas y los libros tal como nos habían indicado, nos pusimos las capas y volvimos al vestíbulo. Los jefes de las casas colocaban a sus alumnos en filas.

—Weasley, ponte bien el sombrero —le ordenó la profesora McGonagall a Ron.

—Patil, quítate esa cosa ridícula del pelo—Parvati frunció el entrecejo y se quitó una enorme mariposa de adorno del extremo de la trenza.

—Síganme, por favor, los de primero delante. Sin empujar... —dijo la profesora McGonagall. Bajamos en fila por la escalinata de la entrada y nos alinearon delante del castillo. Era una noche fría y clara. Oscurecía, y una luna pálida brillaba ya sobre el bosque prohibido, vi a Dennis Creevey temblando de emoción entre otros alumnos de primer curso.

—Son casi las seis —anunció Ron, consultando el reloj y mirando el camino que iba a la verja de entrada

—¿Cómo piensan que llegarán? ¿En el tren? — pregunte curioso.

—No creo —contestó Hermione.

—¿Entonces cómo? ¿En escoba? —dijo Seamus, levantando la vista al cielo estrellado.

—No creo tampoco... no desde tan lejos... ¿En traslador? ¿Pueden aparecerse? A lo mejor en sus países está permitido aparecerse antes de los diecisiete años—sugirió Ron realmente intrigado.

—Nadie puede aparecerse dentro de los terrenos de Hogwarts. ¿Cuántas veces lo tengo que decir? —exclamó Hermione perdiendo la paciencia. Escudriñaron nerviosos los terrenos del colegio, que se oscurecían cada vez más. No se movía nada por allí. Todo estaba en calma, silencioso y exactamente igual que siempre. Empezaba a tener un poco de frío, y confió en que se dieran prisa.

Y entonces, desde la última fila, en la que estaban todos los profesores, Dumbledore gritó.

—¡Ajá! ¡Si no me equivoco, se acercan los representantes de Beauxbatons! — mire por todos lados.

—¿Por dónde? —preguntaron muchos con impaciencia, mirando en diferentes direcciones.

—¡Por allí! —gritó uno de sexto, señalando hacia el bosque. Una cosa larga, mucho más larga que una escoba y, de hecho, que cien escobas, se acercaba al castillo por el cielo azul oscuro, haciéndose cada vez más grande.

—¡Es un dragón! —gritó uno de los de primero, perdiendo los estribos por completo.

—No seas idiota... ¡es una casa volante! —le dijo Dennis Creevey. La suposición de Dennis estaba más cerca de la realidad. Cuando la gigantesca forma negra pasó por encima de las copas de los árboles del bosque prohibido casi rozándolas, y la luz que provenía del castillo la iluminó, vimos que se trataba de un carruaje colosal, de color azul pálido y del tamaño de una casa grande, que volaba hacia ellos tirado por una docena de caballos alados de color tostado, pero con la crin y la cola blancas, cada uno del tamaño de un elefante. Las tres filas delanteras de alumnos se echaron para atrás cuando el carruaje descendió precipitadamente y aterrizó a tremenda velocidad. Con que así son los caballos que tiene Draco me pregunto si algún día podremos montar juntos.

Antes de que la puerta del carruaje se abriera, vi que llevaba un escudo: dos varitas mágicas doradas cruzadas, con tres estrellas que surgían de cada una. Un muchacho vestido con túnica de color azul pálido saltó del carruaje al suelo, hizo una inclinación, buscó con las manos durante un momento algo en el suelo del carruaje y desplegó una escalerilla dorada. Respetuosamente, retrocedió un paso. Entonces vi un zapato negro brillante, con tacón alto, que salía del interior del carruaje. Era un zapato del mismo tamaño que un trineo infantil. Al zapato le siguió, casi inmediatamente, la mujer más grande que había visto nunca. Las dimensiones del carruaje y de los caballos quedaron inmediatamente explicadas. Algunos ahogaron un grito. Sólo había visto una persona tan gigantesca como aquella mujer, y ése era Hagrid. Me parecía que eran exactamente igual de altos, pero aun así y tal vez porque estaba habituado a Hagrid aquella mujer que ahora observaba desde el pie de la escalerilla a la multitud, que a su vez la miraba atónita a ella parecía aún más grande.

Al dar unos pasos entró de lleno en la zona iluminada por la luz del vestíbulo, y ésta reveló un hermoso rostro de piel morena, unos ojos cristalinos grandes y negros, y una nariz afilada. Llevaba el pelo recogido por detrás, en la base del cuello, en un moño reluciente. Sus ropas eran de satén negro, y una multitud de cuentas de ópalo brillaban alrededor de la garganta y en sus gruesos dedos. Dumbledore comenzó a aplaudir. Imitando al director, aplaudimos también. Sonriendo graciosamente, ella avanzó hacia Dumbledore y extendió una mano reluciente. Aunque Dumbledore era alto, apenas tuvo que inclinarse para besársela.

—Mi querida Madame Maxime. Bienvenida a Hogwarts. —dijo el director con una sonrisa.

—Dumbledog—repuso Madame Maxime, con una voz profunda

—Espego que esté bien —dijo ella con un fuerte acento francés.

—En excelente forma, gracias —respondió Dumbledore.

—Mis alumnos —dijo Madame Maxime, señalando tras ella con gesto lánguido. No me había fijado en otra cosa que en Madame Maxime, note que unos doce alumnos, chicos y chicas, todos los cuales parecían hallarse cerca de los veinte años, habían salido del carruaje y se encontraban detrás de ella. Estaban tiritando, lo que no era nada extraño dado que las túnicas que llevaban parecían de seda fina, y ninguno de ellos tenía capa. Algunos se habían puesto bufandas o chales por la cabeza. Por lo que alcance a distinguir, todos miraban el castillo de Hogwarts con aprensión.

—¿Ha llegado ya Kagkagov? —preguntó Madame Maxime.

—Se presentará de un momento a otro ¿Prefieren esperar aquí para saludarlo o pasar a calentarse un poco? —aseguró Dumbledore.

—Lo segundo, me paguece, pego los caballos... —respondió Madame Maxime.

—Nuestro profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas se encargará de ellos encantado, en cuanto vuelva de solucionar una pequeña dificultad que le ha surgido con alguna de sus otras... obligaciones —declaró Dumbledore.

—Con los escregutos —me susurró Ron. Después de eso todos los franceses entraron, nosotros nos quedamos esperando a los alumnos de la otra escuela.

Desde mi posición en lo alto de la ladera, se divisaban los terrenos del colegio, tenía una buena perspectiva de la lisa superficie negra del agua. Y en aquellos momentos esta superficie no era lisa en absoluto. Algo se agitaba bajo el centro del lago. Aparecieron grandes burbujas, y luego se formaron unas olas que iban a morir a las embarradas orillas. Por último, surgió en medio del lago un remolino, como si al fondo le hubieran quitado un tapón gigante... Del centro del remolino comenzó a salir muy despacio lo que parecía una asta negra.

—¡Es un mástil! —exclame. Lenta, majestuosamente, el barco fue surgiendo del agua, brillando a la luz de la luna. Producía una extraña impresión de cadáver, como si fuera un barco hundido y resucitado, y las pálidas luces que relucían en las portillas daban la impresión de ojos fantasmales. Finalmente, con un sonoro chapoteo, el barco emergió en su totalidad, balanceándose en las aguas turbulentas, y comenzó a surcar el lago hacia tierra. Un momento después oímos la caída de un ancla y el sordo ruido de una tabla tendida hasta la orilla. A la luz de las portillas del barco, vimos las siluetas de la gente que desembarcaba. Todos ellos, según me pareció, tenían la constitución de Crabbe y Goyle... pero luego, cuando se aproximaron más, subiendo por la explanada hacia la luz que provenía del vestíbulo, vi que su corpulencia se debía en realidad a que todos llevaban puestas unas capas de algún tipo de piel muy tupida. El que iba delante llevaba una piel de distinto tipo: lisa y plateada como su cabello.

—¡Dumbledore! —gritó efusivamente mientras subía la ladera.

—Mi viejo compañero, ¿cómo estás? —pregunto al parecer el director de esa escuela.

—¡Estupendamente, gracias, profesor Karkarov! —respondió Dumbledore. Karkarov tenía una voz pastosa y afectada. Cuando llegó a una zona bien iluminada, vimos que era alto y delgado como Dumbledore, pero llevaba corto el blanco cabello, y la perilla que terminaba en un pequeño rizo no ocultaba del todo el mentón poco pronunciado. Al llegar ante Dumbledore, le estrechó la mano.

—El viejo Hogwarts —dijo, levantando la vista hacia el castillo y sonriendo. Tenía los dientes bastante amarillos, y observe que la sonrisa no incluía los ojos, que mantenían su expresión de astucia y frialdad.

— Es estupendo estar aquí, es estupendo... Viktor, ve para allá, al calor... ¿No te importa, Dumbledore? Es que Viktor tiene un leve resfriado... —Karkarov indicó por señas a uno de sus estudiantes que se adelantara. Cuando el muchacho pasó, vi su nariz, prominente y curva, y las espesas cejas negras. Para reconocer aquel perfil no necesitaba el golpe que Ron me dio en el brazo, ni tampoco que me murmurara al oído de forma tan brusca.

—¡Harry...! ¡Es Krum! —estaba exaltado y emocionado, suspire porque sabía que Ron estará tan excitado que no dejara de hablar de lo mismo.


En algún lugar de Konoha

Pov Sarutobi

Ha pasado casi dos meses desde la reunión, lo único que podíamos hacer es esperar que el líder de los Uzumaki aparezca. Aun no le he dicho a Naruto, pero lo pienso hacer hoy.

—Usagi-san, necesito que busques y me traigas a Naruto—delante de mi apareció una mujer cabello purpura largo, confiaba en ella.

—Hai, Sarutobi-sama—dijo desapareciendo en un remolino de hojas. A los diez minutos regreso con el pequeño niño rubio en sus brazos, suspire con tristeza al ver su estado, estaba todo sucio, la ropa rota y llena de sangre, su cabello al igual que la ropa se encontraba sucio y con sangre.

Han pasado veinte días desde que se celebró el día que el Yondaime venció a Kyubi no Yoko y aún siguen lastimándolo, lo que más me duele es que Minato no hace nada por proteger a su hijo, para él, los únicos hijos que tiene son los gemelos Menma y Momo. Quienes son de la misma edad que Naruto, ya que nacieron un mes después que él.

—Ojiisan—grito el pequeño corriendo a mis brazos, lo recibí gustoso.

—¿Cómo has estado Naru? —pregunte con ternura, al ver su enorme sonrisa que a pesar de todo lo que pasa, el odio, los golpes y desprecio de las personas siempre me sonríe con mucha alegría, pero su mirada oculta la soledad, tristeza y dolor que siente, me duele no poder hacer nada para borrarla, lo único que puedo hacer es disminuirlo.

—Estoy bien, ya no me duele nada—dijo como si lo que le pasaba fuera algo normal, lo que me rompió el corazón. Un niño no debe sufrir todo lo que este pequeño inocente pasa, me alegra es saber que pronto una persona vera por él, si no es porque Minato ordeno que nadie lo acogiera, ya lo tendría en mi casa, lo único que puedo hacer es enviar a mis Anbus personales para que cuiden de él, lamentablemente no están las veinticuatro horas del día.

—Te mande a llamar, porque tengo que contarte algo muy importante y que cambiara por completo su vida—me miro ilusionado.

—Hace poco recibimos la carta de un primo tuyo, que dentro de unos meses vendrá a verte. Se llama Harry—una enorme sonrisa se formó en su angelical rostro.

—Hary—no pronuncio bien el nombre, pero eso no le importo, ya que empezó a reír y correr por toda la casa.

—¿Cuándo vendrá Ojiisan? —pregunto muy despacio para no equivocarse, a pesar de tener solo tres años es un niño muy inteligente.

—Pronto, muy pronto—nos pusimos hablar de todo lo que haría con su primo cuando viniera, solo espero que para cuando llegue, Naruto siga siendo el niño inocente y feliz que es en este momento, porque a pesar de todo es algo que no ha perdido: la inocencia.


Pov Harry

—¡No me lo puedo creer! —exclamó Ron asombrado cuando los alumnos de Hogwarts, formamos fila y volvíamos a subir la escalinata tras la comitiva de Durmstrang

— ¡Krum, Harry! ¡Es Viktor Krum! —solo rodé los ojos, en serio no es para tanto.

—¡Ron, por Dios, no es más que un jugador de quidditch! —dijo Hermione ya harta de lo mismo.

—¿Nada más que un jugador de quidditch? ¡Es uno de los mejores buscadores del mundo, Hermione! ¡Nunca me hubiera imaginado que aún fuera al colegio! —repitió Ron, mirándola como si no pudiera dar crédito a sus oídos.

Cuando volvíamos a cruzar el vestíbulo con el resto de los estudiantes de Hogwarts, de camino al Gran Comedor, vi a Lee Jordan dando saltos en vertical para poder distinguir la nuca de Krum. Unas chicas de sexto revolvían en sus bolsillos mientras caminaban.

—¡Ah, es increíble, no llevo ni una simple pluma! ¿Crees que accedería a firmarme un autógrafo en el sombrero con mi lápiz de labios? — exclamaron agobiadas.

—¡Pero bueno! —bufó Hermione muy altanera al adelantar a las chicas, que habían empezado a pelearse por el lápiz de labios.

—Voy a intentar conseguir su autógrafo, no llevarás una pluma, ¿verdad, Harry? —dijo Ron, en serio, evite suspirar con molestia.

—Las dejé todas en la mochila —conteste. Nos dirigimos a la mesa de Gryffindor. Ron puso mucho interés en sentarse orientado hacia la puerta de entrada, porque Krum y sus compañeros de Durmstrang seguían amontonados junto a ella sin saber dónde sentarse. Los alumnos de Beauxbatons se habían puesto en la mesa de Ravenclaw y observaban el Gran Comedor con expresión crítica. Tres de ellos se sujetaban aún bufandas o chales en torno a la cabeza.

—No hace tanto frío ¿Por qué no han traído capa? —dijo Hermione, molesta.

—¡Aquí! ¡Ven a sentarte aquí! ¡Aquí! Hermione, hazte a un lado para hacerle sitio... —decía Ron entre dientes.

—Demasiado tarde —se lamentó Ron con amargura. Viktor Krum y sus compañeros de Durmstrang se habían colocado en la mesa de Slytherin. Vi que Draco, Crabbe y Goyle quedaron junto a Krum. En ese instante mire que Krum se inclinaba un poco para dirigirse a Draco.

—Sí, muy bien, hazle la pelota, Malfoy apuesto algo a que Krum no tarda en despreciarte... seguro que tiene montones de gente alabándolo todo el día... ¿Dónde creen que dormirán? Podríamos hacerle sitio en nuestro dormitorio, Harry... No me importaría dejarle mi cama, yo puedo dormir en una plegable—dijo Ron de forma mordaz y ansiosa, yo no despegaba la mirada de con Krum y Draco, no me gusta la forma en que ese idiota lo mira. Hermione exhaló un sonoro resoplido.

—Parece que están mucho más contentos que los de Beauxbatons —comente celoso. Los alumnos de Durmstrang se quitaban las pesadas pieles y miraban con expresión de interés el negro techo lleno de estrellas. Dos de ellos cogían los platos y las copas de oro y los examinaban, aparentemente muy impresionados. En el fondo, en la mesa de los profesores, Filch, el conserje, estaba añadiendo sillas. Como la ocasión lo merecía, llevaba puesto su frac viejo y enmohecido. Me sorprendió verlo añadir cuatro sillas, dos a cada lado de Dumbledore.

—Pero sólo hay dos profesores más ¿Por qué Filch pone cuatro sillas? ¿Quién más va a venir? —me extrañe.

—¿Eh? —dijo Ron un poco ido. Seguía observando a Krum con avidez, yo hacía lo mismo, pero por otro motivo.

Habiendo entrado todos los alumnos en el Gran Comedor y una vez sentados a las mesas de sus respectivas casas, empezaron a entrar en fila los profesores, que se encaminaron a la mesa del fondo y ocuparon sus asientos. Los últimos en la fila eran el profesor Dumbledore, el profesor Karkarov y Madame Maxime.

Al ver aparecer a su directora, los alumnos de Beauxbatons se pusieron inmediatamente en pie. Algunos de los de Hogwarts se rieron. El grupo de Beauxbatons no pareció avergonzarse en absoluto, y no volvió a ocupar sus asientos hasta que Madame Maxime se hubo sentado a la izquierda de Dumbledore. Éste, sin embargo, permaneció en pie, y el silencio cayó sobre el Gran Comedor.

—Buenas noches, damas, caballeros, fantasmas y, muy especialmente, buenas noches a nuestros huéspedes —dijo Dumbledore, dirigiendo una sonrisa a los estudiantes extranjeros.

— Es para mí un placer darles la bienvenida a Hogwarts. Deseo que su estancia aquí les resulte al mismo tiempo confortable y placentera, y confío en que así sea— Una de las chicas de Beauxbatons, que seguía aferrando la bufanda con que se envolvía la cabeza, profirió lo que inconfundiblemente era una risa despectiva.

—¡Nadie te obliga a quedarte! —susurró Hermione, irritada con ella.

—El Torneo quedará oficialmente abierto al final del banquete ¡Ahora los invito a todos a comer, a beber y a disfrutar como si estuvieran en su casa! —explicó Dumbledore se sentó, y vi que Karkarov se inclinaba inmediatamente hacia él y trababan conversación. Como de costumbre, las fuentes que teníamos delante se llenaron de comida. Los elfos domésticos de las cocinas parecían haber tocado todos los registros. Ante nosotros teníamos la mayor variedad de platos que hubiera visto nunca, incluidos algunos que eran evidentemente extranjeros.

—¿Qué es esto? —dijo Ron, señalando una larga sopera llena de una especie de guiso de marisco que había al lado de un familiar pastel de carne y riñones.

—Bullabesa —repuso Hermione.

—Por si acaso, tuya —replicó Ron.

—Es un plato francés, lo probé en vacaciones, este verano no, el anterior, y es muy rica. —explicó Hermione.

—Te creo sin necesidad de probarla —dijo Ron sirviéndose pastel.

El Gran Comedor parecía mucho más lleno de lo usual, aunque había tan sólo unos veinte estudiantes más que de costumbre. Quizá fuera porque sus uniformes, que eran de colores diferentes, destacaban muy claramente contra el negro de las túnicas de Hogwarts.

Una vez desprendidos de sus pieles, los alumnos de Durmstrang mostraban túnicas de color rojo sangre. A los veinte minutos de banquete, Hagrid entró furtivamente en el Gran Comedor a través de la puerta que estaba situada detrás de la mesa de los profesores. Ocupó su silla en un extremo de la mesa y nos saludó con la mano vendada.

—¿Están bien los escregutos, Hagrid? —le pregunte tranquilamente.

—Prosperando —respondió Hagrid, muy contento.

—Sí, estoy seguro de que prosperan, parece que por fin han encontrado algo de comer que les gusta, ¿verdad? ¡Los dedos de Hagrid! —dijo Ron en voz baja, en aquel momento escuche un fuerte acento francés justo detrás de mí.

—Pegdon, ¿no quiegen bouillabaise? — Se trataba de la misma chica de Beauxbatons que se había reído durante el discurso de Dumbledore. Al fin se había quitado la bufanda. Una larga cortina de pelo rubio plateado le caía casi hasta la cintura. Tenía los ojos muy azules y los dientes muy blancos y regulares. Ron se puso colorado. La miró, abrió la boca para contestar, pero de ella no salió nada más que un débil gorjeo.

—Puedes llevártela —le dije acercándole a la chica la sopera.

—¿Han tegminado con ella? — pregunto de nuevo, al parecer sus encantos le afectan a Ron, yo no siento nada. Sé que es una veela mi instinto me lo dice y por la forma que ella me miro, se dio cuenta que soy parecido a ella, ya que me sonrió contenta.

—Sí, es deliciosa —repuso Ron sin aliento la chica cogió la sopera y se la llevó con cuidado a la mesa de Ravenclaw. Ron seguía mirándola con ojos desorbitados, como si nunca hubiera visto una chica. Me reí, y el sonido de mi risa pareció sacar a Ron de su ensimismamiento.

—¡Es una veela! —me dijo con voz ronca. Asentí dándole la razón, volví a ver a Draco se veía molesto, Krum trataba de atraer su atención y hablaba sin parar, pero él no quitaba su mirada de la mía.

—¡Por supuesto que no lo es! No veo que nadie más se haya quedado mirándola con la boca abierta como un idiota —repuso Hermione ásperamente pero no estaba totalmente en lo cierto. Cuando la chica cruzó el Gran Comedor muchos chicos volvieron la cabeza, y algunos se quedaban sin habla, igual que Ron.

—¡Te digo que no es una chica normal! ¡Las de Hogwarts no están tan bien! —exclamó Ron, haciéndose a un lado para verla mejor.

—En Hogwarts hay personas que están muy bien —conteste sin pensar. Aun mirando a Draco.

—Cuando puedan apartar la vista de ahí, verán quién acaba de llegar—dijo Hermione señalando la mesa de los profesores, donde ya se habían ocupado los dos asientos vacíos. Ella me miro con suspicacia, maldición olvide que Hermione era muy perspicaz, se habrá dado cuenta que miraba a Draco. Mire lo que ella señalaba.

Ludo Bagman estaba sentado al otro lado del profesor Karkarov, en tanto que el señor Crouch, el jefe de Percy, ocupaba el asiento que había al lado de Madame Maxime.

—¿Qué hacen aquí? —pregunte sorprendido.

—Son los que han organizado el Torneo de los tres magos, ¿no? —repuso Hermione.

—Supongo que querían estar presentes en la inauguración—dijo Ron. Cuando llegaron los postres, vimos también algunos dulces extraños. Este año será realmente interesante, ahora lo único que quiero es saber porque Draco está enojado conmigo.


Hola chicas, espero que les haya gustado el capi, lamento haber tardado tanto, gracias a todas por sus reviews.

Nos seguimos leyendo

Bella.