Los personajes no me pertenecen son de J.K Rowling y Kishimoto
Summary: Harry se entera que cuando cumpla quince su parte criatura despertara dándole nuevos poderes y una pareja destinada para él, si eso no fuera poco descubre que tiene un primo en un mundo completamente diferente al suyo: El mundo Ninja, ahora luchara junto a su pareja para proteger todo lo que ama.
Parsel -"Hola"
Hechizos- Accio o Jutsus
Voz sobrenatural- Hola
Otro idioma "Hola"
Recuerdos [Hola]
Capítulo 8 Comprobación de varitas
Pov Harry
Permanecí sentado, sin saber que estaba pasando, esto debe ser una maldita broma, miré hacia la mesa de Slytherin, Draco me miraba preocupado. Me sentía aturdido, Nadie aplaudía. Un zumbido como de abejas enfurecidas comenzaba a llenar el salón. Algunos alumnos se levantaban para verme mejor, yo seguía inmóvil, sentado en mi sitio.
En la mesa de los profesores, la profesora McGonagall se levantó y se acercó a Dumbledore, con el que cuchicheó impetuosamente. El profesor Dumbledore inclinaba hacia ella la cabeza, frunciendo un poco el entrecejo.
Voltee hacia Ron y Hermione. Más allá de ellos, vi que todos los demás ocupantes de la larga mesa de Gryffindor me miraban con la boca abierta.
—Yo no puse mi nombre, ustedes lo saben, les dije que no me interesa participar —dije totalmente confuso. Uno y otro me devolvieron la misma mirada de aturdimiento.
En la mesa de los profesores, Dumbledore se irguió e hizo un gesto afirmativo a la profesora McGonagall.
—¡Harry Potter! ¡Harry! ¡Levántate y ven aquí, por favor! —llamo, aun aturdido me levante.
—Vamos —me susurró Hermione, dándome un leve empujón. Avance por el hueco que había entre las mesas de Gryffindor y Hufflepuff. Me pareció un camino larguísimo. La mesa de los profesores no parecía hallarse más cerca, aunque caminara hacia ella, y notaba la mirada de cientos y cientos de ojos, como si cada uno de ellos fuera un reflector. El zumbido se hacía cada vez más fuerte. Después de lo que le pareció una hora, me halle delante de Dumbledore y note las miradas de todos los profesores.
—Bueno... cruza la puerta, Harry —dijo Dumbledore, sin sonreír. Eso me saco de mi aturdimiento, en verdad piensa que metí mi nombre. Trate de no enojarme, aunque me está costando.
Cuando entre, las caras de los retratados se volvieron hacia mí. Vi que una bruja con el rostro lleno de arrugas salía precipitadamente de los límites de su marco y se iba al cuadro vecino, que era el retrato de un mago con bigotes de foca. La bruja del rostro arrugado empezó a susurrarle algo al oído.
Viktor Krum, Cedric Diggory y Fleur Delacour estaban junto a la chimenea. Con sus siluetas recortadas contra las llamas, tenían un aspecto curiosamente imponente. Krum, cabizbajo y siniestro, se apoyaba en la repisa de la chimenea, ligeramente separado de los otros dos. Cedric, de pie con las manos a la espalda, observaba el fuego. Fleur Delacour me miró cuando entre y volvió a echarse para atrás su largo pelo plateado.
—¿Qué pasa? ¿Quiegen que volvamos al comedog? —preguntó, creyendo que había entrado para transmitirles algún mensaje. Yo no sabía cómo explicar lo que acababa de suceder. Me quede quieto, mirando a los tres campeones. Oí detrás un ruido de pasos apresurados. Era Ludo, que entraba en la sala. Me cogió del brazo y me llevó hacia delante.
—¡Extraordinario! ¡Absolutamente extraordinario! Caballeros... señorita ¿Puedo presentarles, por increíble que parezca, al cuarto campeón del Torneo de los tres magos? —susurró, apretándome el brazo, acercándose al fuego y dirigiéndose a los otros tres.
Viktor Krum se enderezó. Su hosca cara se ensombreció al examinarme. Cedric parecía desconcertado: pasó la vista de Bagman a mí, como si estuviera convencido de que había oído mal.
—¡Oh, un chiste muy divegtido, señog Bagman! —dijo Fleur Delacour, sacudiéndose el pelo y con una sonrisa
—¿Un chiste? ¡No, no, en absoluto! ¡El nombre de Harry acaba de salir del cáliz de fuego! —repitió Bagman, desconcertado, Krum contrajo levemente sus espesas cejas negras. Cedric seguía teniendo el mismo aspecto de cortés desconcierto. Fleur frunció el entrecejo.
—Pego es evidente que ha habido un egog. Él no puede competig. Es demasiado joven—le dijo a Bagman con desdén.
—No es como si quisiera competir y no lo hare, no me pueden obligar—dije mirándola como ella lo hizo conmigo.
—Bueno... esto ha sido muy extraño —reconoció Bagman, frotándose la barbilla impecablemente afeitada y mirándome sonriente e ignorando lo que dije.
—Pero, como saben, la restricción es una novedad de este año, impuesta sólo como medida extra de seguridad. Y como su nombre ha salido del cáliz de fuego... Quiero decir que no creo que ahora haya ninguna posibilidad de hacer algo para impedirlo. Son las reglas, Harry, y no tienes más remedio que concursar. Tendrás que hacerlo lo mejor que puedas... —Lo mire con irritación, acaso no tengo voz y voto. Detrás de nosotros, la puerta volvió a abrirse para dar paso a un grupo numeroso de gente: el profesor Dumbledore, seguido de cerca por el señor Crouch, el profesor Karkarov, Madame Maxime, la profesora McGonagall y el profesor Snape. Antes de que la profesora McGonagall cerrara la puerta, oí el rumor de los cientos de estudiantes que estaban al otro lado del muro.
—¡Madame Maxime! ¡Dicen que este niño también va a competig! —dijo Fleur de inmediato, caminando con decisión hacia la directora de su academia. Pensé que nos podíamos llevar bien por tener parte criatura, pero al parecer me equivoqué. En medio de mi aturdimiento e incredulidad, sentí una punzada de ira: ¿Niño?
Madame Maxime se había erguido completamente hasta alcanzar toda su considerable altura. La parte superior de la cabeza rozó en la araña llena de velas, y el pecho gigantesco, cubierto de satén negro, pareció inflarse.
—¿Qué significa todo esto, Dumbledog? —preguntó imperiosamente.
—Es lo mismo que quisiera saber yo, Dumbledore ¿Dos campeones de Hogwarts? No recuerdo que nadie me explicara que el colegio anfitrión tuviera derecho a dos campeones. ¿O es que no he leído las normas con el suficiente cuidado? —dijo el profesor Karkarov. Mostraba una tensa sonrisa, y sus azules ojos parecían pedazos de hielo. Soltando una risa breve y desagradable.
—C'est impossible!Hogwag no puede teneg dos campeones. Es absolutamente injusto—exclamó Madame Maxime, apoyando su enorme mano llena de soberbias cuentas de ópalo sobre el hombro de Fleur.
—Creíamos que tu raya de edad rechazaría a los aspirantes más jóvenes, Dumbledore. De no ser así, habríamos traído una más amplia selección de candidatos de nuestros colegios —añadió Karkarov, sin perder su sonrisa, aunque tenía los ojos más fríos que nunca.
—No es culpa de nadie más que de Potter, Karkarov. No hay que culpar a Dumbledore del empeño de Potter en quebrantar las normas. Desde que llegó aquí no ha hecho otra cosa que traspasar límites... —intervino Snape con voz melosa. La malicia daba un brillo especial a sus negros ojos.
—Gracias, Severus —dijo con firmeza Dumbledore, y Snape se calló, aunque sus ojos siguieron lanzando destellos malévolos entre la cortina de grasiento pelo negro.
El profesor Dumbledore me miró, le devolví la mirada, intentando descifrar la expresión de los ojos tras las gafas de media luna. Estoy molesto, furioso, quienes se creen, mi parte criatura a pesar de que no estar al cien por ciento despierta, provoca que mis emociones se salgan de control.
—¿Echaste tu nombre en el cáliz de fuego, Harry? —me preguntó Dumbledore con tono calmado.
—No y no participare —conteste molesto, consciente de que todos me observaban con gran atención. Semioculto en la sombra, Snape profirió una suave exclamación de incredulidad.
—¿Le pediste a algún alumno mayor que echara tu nombre en el cáliz de fuego? —inquirió el director, sin hacer caso a Snape.
—No —respondí con vehemencia, y molesto de que no me tomaran en serio.
—¡Ah, pog supuesto está mintiendo! —gritó Madame Maxime. Snape agitaba la cabeza de un lado a otro, con un rictus en los labios.
—Él no pudo cruzar la raya de edad. Supongo que todos estamos de acuerdo en ese punto...—dijo severamente la profesora McGonagall.
—Dumbledog pudo habeg cometido algún egog—replicó Madame Maxime, encogiéndose de hombros.
—Por supuesto, eso es posible —admitió Dumbledore por cortesía.
—¡Sabes perfectamente que no has cometido error alguno, Dumbledore! ¡Por Dios, qué absurdo! ¡Harry no pudo traspasar por sí mismo la raya! Y, puesto que el profesor Dumbledore está seguro de que Harry no convenció a ningún alumno mayor para que lo hiciera por él, mi parecer es que eso debería bastarnos a los demás. —repuso airada la profesora McGonagall. Y le dirigió al profesor Snape una mirada encolerizada.
—Señor Crouch... señor Bagman, ustedes son nuestros jueces imparciales. Supongo que estarán de acuerdo en que esto es completamente irregular—dijo Karkarov, de nuevo con voz afectada. Bagman se pasó un pañuelo por la cara, redonda e infantil, y miró al señor Crouch, que estaba fuera del círculo iluminado por el fuego de la chimenea y tenía el rostro medio oculto en la sombra. Su aspecto era vagamente misterioso, y la semioscuridad lo hacía parecer mucho más viejo, dándole una apariencia casi de calavera.
—Hay que seguir las reglas, y las reglas establecen claramente que aquellas personas cuyos nombres salgan del cáliz de fuego estarán obligadas a competir en el Torneo—Pero, al hablar, su voz fue tan cortante como siempre.
—Simplemente elimínenme, de igual forma no pienso hacer nada, si me obligan Hogwarts e Inglaterra quedarán muy mal parados—dije con frialdad, pienso cumplirlo, no me importa que piensen todos, no me harán hacer algo que no quiero.
—Si el muchacho no quiere participar, hagan lo que él dice—me apoyo Karkarov.
—Lo siento, señor Potter, pero usted participara y esperamos que lo haga bien porque las pruebas no son ningún juego, podría morir si no hace las cosas bien y ya dije que el reglamento obliga al mago o bruja a participar—dijo el señor Crouch.
—Bien, Barty conoce el reglamento de cabo a rabo —dijo Bagman, sonriendo y volviéndose hacia Karkarov y Madame Maxime, como si el asunto estuviera cerrado.
—Insisto en que se vuelva a proponer a consideración el nombre del resto de mis alumnos. Vuelve a sacar el cáliz de fuego, y continuaremos añadiendo nombres hasta que cada colegio cuente con dos campeones. No pido más que lo justo, Dumbledore—dijo Karkarov. La sonrisa y el tono afectado habían desaparecido. De hecho, la expresión de su rostro no era nada agradable.
—Pero, Karkarov, no es así como funciona el cáliz de fuego. El cáliz acaba de apagarse y no volverá a arder hasta el comienzo del próximo Torneo—objetó Bagman.
—¡En el que, desde luego, Durmstrang no participará! ¡Después de todos nuestros encuentros, negociaciones y compromisos, no esperaba que ocurriera algo de esta naturaleza! ¡Estoy tentado de irme ahora mismo! —estalló Karkarov.
—Ésa es una falsa amenaza, Karkarov. Ahora no puedes retirar a tu campeón. Está obligado a competir. Como dijo Dumbledore, ha firmado un contrato mágico vinculante. Te conviene, ¿eh? —gruñó una voz, junto a la puerta. Moody acababa de entrar en la sala. Se acercó al fuego cojeando, y, a cada paso que daba, retumbaba la pata de palo.
—¿Que si me conviene? Me temo que no te comprendo, Moody —repitió Karkarov me pareció que Karkarov intentaba adoptar un tono de desdén, como si ni siquiera mereciera la pena escuchar lo que Moody decía, pero las manos traicionaban sus sentimientos. Estaban apretadas en sendos puños.
—¿No me entiendes? Pues es muy sencillo, Karkarov. Tan sencillo como que alguien eche el nombre de Potter en ese cáliz sabiendo que si sale se verá forzado a participar—dijo Moody en voz baja.
—¡Evidentemente, alguien tenía mucho empeño en que Hogwag tuviega el doble de opogiunidades! —declaró Madame Maxime.
—Estoy completamente de acuerdo, Madame Máxime. Voy a presentar mi queja ante el Ministerio de Magia y la Confederación Internacional de Magos... —asintió Karkarov, haciendo ante ella una leve reverencia.
—Si alguien tiene motivos para quejarse es Potter, y, sin embargo, es curioso... No le oigo decir ni medio...—gruñó Moody
—Que usted no haya estado desde el comienzo de la conversación, no quiere decir que no me haya quejado, pero al parecer mi opinión sobre este asunto, es nula—dije molesto.
—¿Y pog qué tendgías que quejagte? Vas a podeg pagticipag, ¿no? ¡Todos hemos soñado dugante semanas y semanas con seg elegidos! Mil galeones en metálico... ¡es una opogtunidad pog la que muchos moguiguían! La fama que tendgas—estalló Fleur Delacour, dando una patada en el suelo, es estúpida y sorda, acaso no escucho que no quiero participar.
—El premio no es la gran cosa, en mi bóveda tengo más que eso, porque moriría por algo tan estúpido. Fama para que, con la que me impusieron tengo suficiente—sisee molesto, sin importarme lo pretencioso que me pude haber escuchado.
—Tal vez alguien espera que Potter muera por ella —replicó Moody, con un levísimo matiz de exasperación en la voz. A estas palabras les siguió un silencio extremadamente tenso.
Ludo Bagman, que parecía muy nervioso, se alzaba sobre las puntas de los pies y volvía apoyarse sobre las plantas.
—Pero hombre, Moody... ¡vaya cosas dices! —protestó.
—Como todo el mundo sabe, el profesor Moody da la mañana por perdida si no ha descubierto antes de la comida media docena de intentos de asesinato Por lo que parece, ahora les está enseñando a sus alumnos a hacer lo mismo. Una rara cualidad en un profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, Dumbledore, pero no dudo que tenías tus motivos para contratarlo—dijo en voz alta Karkarov.
—Conque imagino cosas, ¿eh? Conque veo cosas, ¿eh? Fue una bruja o un mago competente el que echó el nombre del muchacho en el cáliz—gruñó Moody.
—¡Ah!, ¿qué pgueba hay de eso? —preguntó Madame Maxime, alzando sus enormes manos.
—¡Que consiguió engañar a un objeto mágico extraordinario! Para hacerle olvidar al cáliz de fuego que sólo compiten tres colegios tuvo que usarse un encantamiento confundidor excepcionalmente fuerte... Porque creo estar en lo cierto al suponer que propuso el nombre de Potter como representante de un cuarto colegio, para asegurarse de que era el único en su grupo...—replicó Moody.
—Parece que has pensado mucho en ello, Moody y la verdad es que te ha quedado una teoría muy ingeniosa... aunque he oído que recientemente se te metió en la cabeza que uno de tus regalos de cumpleaños contenía un huevo de basilisco astutamente disimulado, y lo hiciste trizas antes de darte cuenta de que era un reloj de mesa. Así que nos disculparás si no te tomamos demasiado en serio...—apuntó Karkarov con frialdad.
—Hay gente que puede aprovecharse de las situaciones más inocentes, mi trabajo consiste en pensar cómo obran los magos tenebrosos, Karkarov, como deberías recordar—contestó Moody con voz amenazante.
—¡Alastor! —dijo Dumbledore en tono de advertencia. Por un momento, me pregunté a quién se estaba dirigiendo, pero luego comprendí que Ojoloco no podía ser el verdadero nombre de Moody. Éste se calló, aunque siguió mirando con satisfacción a Karkarov, que tenía el rostro encendido de cólera.
—No sabemos cómo se ha originado esta situación. Pero me parece que no nos queda más remedio que aceptar las cosas tal como están. Tanto Cedric como Harry han sido seleccionados para competir en el Torneo. Y eso es lo que tendrán que hacer—continuó Dumbledore dirigiéndose a todos los reunidos en la sala.
—Ah, pego, Dumbledog ... —se quejó Madame Maxime.
—Mi querida Madame Maxime, si se le ha ocurrido a usted una alternativa, estaré encantado de escucharla—Dumbledore aguardó, pero Madame Maxime no dijo nada; se limitó a mirarlo duramente. Y no era la única: Snape parecía furioso, Karkarov estaba lívido. Bagman, en cambio, parecía bastante entusiasmado.
—Bueno, ¿nos ponemos a ello, entonces? Tenemos que darles las instrucciones a nuestros campeones, ¿no? Barty, ¿quieres hacer el honor? —dijo frotándose las manos y sonriendo a todo el mundo. El señor Crouch pareció salir de un profundo ensueño.
—Sí, las instrucciones. Sí... la primera prueba... —respondió. Fue hacia la zona iluminada por el fuego. De cerca, me pareció que se encontraba enfermo. Se lo veía ojeroso, y la piel, arrugada y reseca, mostraba un aspecto que no era el que tenía durante los Mundiales de quidditch.
—La primera prueba está pensada para medir su coraje —Nos explicó a Cedric, Fleur y Krum y a mí.
—Así que no les vamos a decir en qué consiste. El coraje para afrontar lo desconocido es una cualidad muy importante en un mago, muy importante... La primera prueba se llevará a cabo el veinticuatro de noviembre, ante los demás estudiantes y el tribunal.
A los campeones no les está permitido solicitar ni aceptar ayuda de ningún tipo por parte de sus profesores para llevar a cabo las pruebas del Torneo. Harán frente al primero de los retos armados sólo con su varita. Cuando la primera prueba haya dado fin, recibirán información sobre la segunda. Debido a que el Torneo exige una gran dedicación a los campeones, éstos quedarán exentos de los exámenes de fin de año. Eso es todo, ¿no, Albus? —El señor Crouch se volvió hacia Dumbledore.
—Creo que sí —respondió Dumbledore, que observaba al señor Crouch con algo de preocupación.
—¿Estás seguro de que no quieres pasar la noche en Hogwarts, Barty? —es compresible, parece que no ha dormido en semanas.
—No, Dumbledore, tengo que volver al Ministerio. Es un momento muy difícil, tenemos mucho trabajo. He dejado a cargo al joven Weatherby... Es muy entusiasta; a decir verdad, quizá sea demasiado entusiasta... —contestó el señor Crouch.
—Al menos tomarás algo de beber antes de irte... —insistió Dumbledore.
—Vamos, Barty. ¡Yo me voy a quedar! Ahora es en Hogwarts donde ocurren las cosas, ya lo sabes. ¡Es mucho más emocionante que la oficina! —dijo Bagman muy animado.
—Creo que no, Ludo —contestó Crouch, con algo de su impaciencia.
—Profesor Karkarov, Madame Maxime, ¿una bebida antes de que nos retiremos a descansar? —ofreció Dumbledore. Pero Madame Maxime ya le había pasado a Fleur un brazo por los hombros y la sacaba rápidamente de la sala. Harry las oyó hablar muy rápido en francés al salir al Gran Comedor. Karkarov le hizo a Krum una seña, y ellos también salieron, aunque en silencio.
—Harry, Cedric, les recomiendo que suban a los dormitorios —nos dijo Dumbledore, sonriéndonos.
—Estoy seguro de que las casas de Hufflepuff y Gryffindor les aguardan para celebrarlo con ustedes, y no estaría bien privarlas de esta excelente excusa para armar jaleo. Mire a Cedric, que asintió con la cabeza, y salimos juntos.
El Gran Comedor se hallaba desierto. Las velas, casi consumidas ya, conferían a las dentadas sonrisas de las calabazas un aspecto misterioso y titilante.
—O sea ¡que volvemos a jugar el uno contra el otro! —comentó Cedric con una sutil sonrisa.
—Eso parece —repuse sin entusiasmo, Draco debe de estar preocupado, cuando todos se duerman iré a verlo. No se me ocurrió nada que decir, no tengo ánimos de nada.
—Bueno, cuéntame ¿Cómo hiciste para dejar tu nombre? —me dijo Cedric cuando entraban en el vestíbulo, pálidamente iluminado por las antorchas.
—No lo hice —le conteste con irritación, levantando la mirada hacia él, acaso ninguno presto atención a lo que dije.
—Ah... vale Bueno... hasta mañana, pues —respondió Cedric. Era evidente que no me creía. En vez de continuar por la escalinata de mármol, Cedric se metió por una puerta que quedaba a su derecha. lo oí bajar por la escalera de piedra y luego, despacio, comencé a subir por la de mármol.
¿Iba a creerme alguien aparte de Ron y Hermione, o pensarían todos que él mismo se había apuntado para el Torneo? Pero ¿cómo podía creer eso nadie, cuando iba a enfrentarse a tres competidores que habían recibido tres años más de educación mágica que yo, cuando tendría que enfrentarse a unas pruebas que no sólo serían muy peligrosas, sino que debían ser realizadas ante cientos de personas?
Pero había alguien que sí lo había considerado, alguien que quería que participara en el Torneo, y se había asegurado de que entraba. ¿Por qué? No sabía por qué, pero me parecía que no. ¿Para verme hacer el ridículo? Bueno, seguramente quedaría complacido. ¿O lo había hecho para que muriera? ¿Moody había estado simplemente dando sus habituales muestras de paranoia? ¿No podía haber puesto alguien mi nombre en el cáliz de fuego para hacerle una gracia, como parte de un juego? ¿De verdad había alguien que deseaba que muriera?
No me costó responderme esa última pregunta. Sí, había alguien que deseaba que muriera, había alguien que quería matarme desde antes de que cumpliera un año: lord Voldemort. Pero ¿cómo podía Voldemort haber echado mi nombre en el cáliz de fuego? Se suponía que estaba muy lejos, en algún país distante, solo, oculto, débil e impotente...
Pero, en aquel sueño que había tenido justo antes de despertarme con el dolor en la cicatriz, Voldemort no se hallaba solo: hablaba con Colagusano, tramaba con él mi asesinato... me lleve una sorpresa al encontrarme de pronto delante de la Señora Gorda, porque apenas me había percatado de adónde me llevaban los pies. Fue también sorprendente ver que la Señora Gorda no estaba sola dentro de su marco: la bruja del rostro arrugado, la que se había metido en el cuadro de su vecino cuando él había entrado en la sala donde aguardaban los campeones, se hallaba en aquel momento sentada, muy orgullosa, al lado de la Señora Gorda. Tenía que haber pasado a toda prisa de cuadro en cuadro a través de siete tramos de escalera para llegar allí antes que yo. Tanto ella como la Señora Gorda me miraban con el más vivo interés.
—Bien, bien Violeta acaba de contármelo todo. ¿A quién han escogido al final como campeón? —dijo la Señora Gorda.
—Tonterías —repuse desanimado.
—¡Cómo que son tonterías! —exclamó indignada la bruja del rostro arrugado.
—No, no, Violeta, ésa es la contraseña —dijo en tono apaciguador la Señora Gorda, girando sobre sus goznes para dejarlo pasar a la sala común. El jaleo que estalló ante mí, al abrirse el retrato casi me hace retroceder. Al segundo siguiente me vi arrastrado dentro de la sala común por doce pares de manos y rodeado por todos los integrantes de la casa de Gryffindor, que gritaban, aplaudían y silbaban.
—¡Tendrías que habernos dicho que ibas a participar! —gritó Fred. Parecía en parte enfadado y en parte impresionado.
—¿Cómo te las arreglaste para que no te saliera barba? ¡Increíble! —gritó George.
—No lo hice, ya les había dicho que no quería participar—respondí hastiado, justo cuando deseo que todos duerman.
—¡Ah, ya que no soy yo, me alegro de que por lo menos sea alguien de Gryffindor...! —dijo Angelina emocionada, trate de no enojarme, ellos no tienen la culpa de que esto me esté pasando.
—¡Ahora podrás tomarte la revancha contra Diggory por lo del último partido de quidditch, Harry! —me dijo chillando Katie Bell, otra de las cazadoras del equipo de Gryffindor.
—Tenemos algo de comida, Harry. Ven a tomar algo... —dijo Dean emocionado.
—No tengo hambre. Ya comí bastante en el banquete —murmuré cansado. Pero nadie quería escuchar que no tenía hambre, nadie quería escuchar que no había puesto mi nombre en el cáliz de fuego, nadie en absoluto se daba cuenta de que no estaba de humor para celebraciones... Lee Jordan había sacado de algún lado un estandarte de Gryffindor y se empeñó en ponérmelo a modo de capa. Me zafe y escabullí por la escalera hacia los dormitorios, ignorando los gritos de los chicos de que regresara.
Para mi alivio, vi a Ron tendido en su cama, completamente vestido; no había nadie más en el dormitorio. Me miro cuando cerré la puerta.
—¿Dónde has estado? —le pregunte tranquilamente.
—Ah, hola —contestó Ron. Me sonreía, pero era una sonrisa muy rara, muy tensa. De pronto me di cuenta de que todavía llevaba el estandarte de Gryffindor que me había puesto Lee Jordan. Me apresure a quitármelo, pero lo tenía muy bien atado. Ron permaneció quieto en la cama, observando mis forcejeos para aflojar los nudos.
—Bueno, enhorabuena —dijo, cuando por fin me desprendí el estandarte y lo tiré a un rincón.
—¿Qué quieres decir con eso de enhorabuena? —pregunte mirando a Ron. Decididamente había algo raro en la manera en que sonreía mi amigo. Era más bien una mueca.
—Bueno... eres el único que logró cruzar la raya de edad, ni siquiera lo lograron Fred y George. ¿Qué usaste, la capa invisible? —repuso Ron.
—La capa invisible no me hubiera permitido cruzar la línea —respondí incrédulo por lo que está pasando frente a mis ojos.
—Ah, bien. Pensé que, si había sido con la capa, podrías habérmelo dicho... porque podría habernos tapado a los dos, ¿no? Pero encontraste otra manera, ¿verdad? —murmuro molesto.
—Escucha, yo no eché mi nombre en el cáliz de fuego. Ha tenido que hacerlo alguien, no sé quién —dije sinceramente. Ron alzó las cejas.
—¿Y por qué se supone que lo ha hecho? —pregunto escéptico.
—No lo sé —dije me pareció que sonaría demasiado melodramático contestar para verme muerto. Ron levantó las cejas tanto que casi quedan ocultas bajo el flequillo.
—Vale, bien. A mí puedes decirme la verdad, si no quieres que lo sepa nadie más, estupendo, pero no entiendo por qué te molestas en mentirme a mí. No te vas a ver envuelto en ningún lío por decirme la verdad. Esa amiga de la Señora Gorda, esa tal Violeta, nos ha contado a todos que Dumbledore te ha permitido entrar. Un premio de mil galeones, ¿eh? Y te vas a librar de los exámenes finales...—repuso envidioso, me harte, no pienso seguir tratando de hacerle entender, pensé que era mi amigo, espere de cualquiera este tipo de dudas, pero no de él. Lo mire molesto, me acosté y cerré las cortinas, colocando un hechizo para que nadie me molestara.
Cuando comprobé que todos dormían, salí y me dirigí a la sala común de Slytherin, al entrar al cuarto de Draco. Sentí el ilógico temor de que el al igual que Ron pensara que puse mi nombre en el caliz, me acerque y lo bese.
—¿Por qué tardaste tanto? —murmuro adormilado.
—Disculpa, tuve que esperar que todos se durmieran—dije mientras me acostaba a su lado.
—Me preocupa, quien sea que haya puesto tu nombre, no lo hizo por tu bien, es sospechoso Harry y con lo que me contaste en las mundiales, sobre tus sueños, tengo un mal presentimiento—desde que empezó hablar, apoyo su mano en mi mejilla y la acariciaba, logrando que todo el estrés que sentí desde que esta locura comenzó pasara.
—Lo se dragón, pero por más que me negué, no quisieron sacarme, tengo que participar, aunque no quiera—murmure respirando profundamente su esencia, siempre me relaja, le conté todo lo ocurrido con Dumbledore y Ron. Draco dijo que no supe elegir bien a mis amigos, a veces pienso que tiene razón. Me acomodé mejor y me dormí, aun sintiendo sus caricias.
El domingo amanecí mejor de lo que esperaba, tener a Draco a mi lado logra ese efecto en mí. En este momento no quiero ver a nadie, me quedare todo el día aquí, acaricie sus cabellos con delicadeza, para no despertarlo. Pensaba ser sutil con respeto a nuestra relación, acostumbrar a los chicos a verme junto a él, pero ya me cansé, no tengo porque esconderlo. Hoy se lo pienso contar a Hermione, claro que primero le preguntare a Draco.
—Buenos días—murmuro mientras me besaba.
—Buenos días, dragón sé que dijimos que lo haríamos sutil, pero sinceramente ya me estoy cansado ¿Te molestaría si se lo cuento a Hermione? Con Ron ni siquiera sé si vale la pena intentarlo, si se puso así por una estupidez como el torneo, no quiero saber cómo se tomará nuestra relación. Pero sinceramente no me importa, con su comportamiento acaba de demostrarme que no es un verdadero amigo—dije con irritación lo último.
—Sabes que por mí no hay problema, padre ya tomo las medidas necesarias, si ya estas decidido decirles, le puedo contar a mis amigos, aunque no lo creas, Blaise, Theo, Pansy, Daphne, Vin y Greg, son grandes chicos, que al igual que yo utilizan máscaras, si los conocieras de verdad, te caerían bien. No me gustaría que nada malo les pasara—lo mire con ternura al comprender lo que quería, muy a su manera está pidiéndome protección para sus amigos, claro la cosa está en que ellos quieran eso.
—No te preocupes por eso, estoy seguro que ellos estarán bien—dije sonriendo, dándole a entender que los protegería, si él quiere que lo haga. El resto del día nos la pasamos platicando, me conto sobre cómo eran en realidad los chicos, me cuesta ver la personalidad que Draco describe en alguno, supongo que lo comprobare, cuando oficialmente me los presente. No fui en ningún momento a la sala común, había planeado quedarme hasta mañana, pero quiero contarle lo que paso a Hermione, además de mi relación con Draco. Cuando entre a la sala común, ella se levantó rápido y se acercó.
—Te he estado buscando, ¿Quieres dar un paseo? —asentí, bajamos la escalera, cruzamos rápido el vestíbulo sin desviar la mirada hacia el Gran Comedor y pronto recorríamos a zancadas la explanada en dirección al lago, donde estaba anclado el barco de Durmstrang, que se reflejaba en la superficie como una mancha oscura. Era un día fresco, y no dejamos de movernos mientras masticábamos unas tostadas que Hermione traía consigo. Le conté lo ocurrido después de abandonar el gran comedor y gracias a Merlín me creyó.
—Bueno, estaba segura de que tú no te habías propuesto ¡Si hubieras visto la cara que pusiste cuando Dumbledore leyó tu nombre! Pero la pregunta es: ¿quién lo hizo? Porque Moody tiene razón, Harry: no creo que ningún estudiante pudiera hacerlo... Ninguno sería capaz de burlar el cáliz de fuego, ni de traspasar la raya de...—declaró cuando termine de relatar lo sucedido en la sala.
—¿Has visto a Ron? —la interrumpí. Hermione dudó.
—Eh... sí... está con Dean y Seamus—dijo tranquilamente.
—¿Sigue pensando que yo eché mi nombre en el cáliz? —pregunté con sequedad.
—Bueno, no… no creo... no en realidad —contestó Hermione con embarazo.
—¿Qué quiere decir no en realidad? —pregunte serio.
—¡Ay, Harry!, ¿es que no te das cuenta? ¡Está celoso! —dijo Hermione, eso me molesto aún más, con gusto le daría mi lugar si pudiera.
—¿Celoso? ¿Celoso de qué? ¿Es que le gustaría hacer el ridículo delante de todo el colegio? Oh morir por no tener el suficiente conocimiento—repetí sin dar crédito a lo que escuchaba.
—Mira, siempre eres tú el que acapara la atención, lo sabes bien. Sé que no es culpa tuya —me explicó Hermione armándose de paciencia, se apresuró a añadir lo último al ver la mirada que le lance.
—Sé que no lo vas buscando... pero el caso es que Ron tiene en casa todos esos hermanos con los que competir, tú eres su mejor amigo, y eres famoso. Cuando te ven a ti, nadie se fija en él, y lo aguanta, nunca se queja. Pero supongo que esto ha sido la gota que colma el vaso... —si piensa que con eso me va ablandar, está muy equivocada, es cierto que soy famoso, pero eso de que me sirve, desde que entre al mundo mágico, solo me ha ocasionado problemas, prefiero mil veces tener una familia que ser famoso.
—Genial, realmente genial. Dile de mi parte que me cambio con él cuando quiera. Por mi encantado... Verá lo que es que todo el mundo se quede mirando su cicatriz de la frente con la boca abierta a donde quiera que vaya... —dije con amargura.
—No pienso decirle nada. Díselo tú: es la única manera de arreglarlo—replicó Hermione, la mire con incredulidad.
—¡No voy a ir detrás de él para ver si madura! A lo mejor se da cuenta de que no lo estoy pasando bomba cuando me rompan el cuello o…—estalle sin creer lo que me dijo. Había hablado tan alto que, alarmadas, algunas lechuzas que había en un árbol cercano echaron a volar
—Eso no tiene gracia, no tiene ninguna gracia. —dijo Hermione en voz baja, parecía muy nerviosa.
— He estado pensando, Harry. Sabes qué es lo que tenemos que hacer, ¿no? Hay que hacerlo en cuanto volvamos al castillo—la mire sin comprender, bueno si es ir a golpear a Ron, estoy de acuerdo con ella.
—Sí, claro, darle a Ron una buena patada en el... —murmure maliciosamente.
—Escribir a Sirius. Tienes que contarle lo que ha pasado. Te pidió que lo mantuvieras informado de todo lo que ocurría en Hogwarts. Da la impresión de que esperaba que sucediera algo así. Llevo conmigo una pluma y un pedazo de pergamino... —me interrumpió Hermione.
—Antes de eso, quiero contarte otra cosa y te lo advierto Hermione, no estoy pidiendo tu opinión al respecto, solo quiero que lo sepas porque eres mi amiga, al parecer la única que tengo—dije con seriedad. Lance un hechizo que Draco me enseño para evitar que ella se lo dijera a alguien más.
—¿Qué pasa? —pregunto preocupada.
—Tengo novio, lo amo con todo mi corazón, nuestra relación recién empezó, pero hemos sido amigos desde el primer año, si te soy realmente sincero, en ese tiempo lo considere mi mejor amigo y aún lo es a pesar de que ahora es mi novio, ya que me comprende y acepta mi forma de ser—murmure, ella solo me miro con la boca abierta.
—Me alegro por ti Harry, pero porque no nos dijiste nada, sabes que no te juzgaríamos—dijo después de asimilarlo.
—Es sencillo Hermione, a ustedes esta persona no les agrada, la odian, no los culpo, ya que, debido a las circunstancias, él tiene que comportarse de cierta manera—pude ver perfectamente que ella se dio cuenta, su mirada es de negación e incredulidad.
—Draco Malfoy—susurro impactada y molesta, sé que al igual que Ron se alejara, pero si me da la espalda como lo hizo el, no pienso buscarlos, Draco es mucho más importante para mí.
—Sí, es mi novio, no espero que se lleven bien desde un comienzo, pero espero que le des una oportunidad, conócelo—le dije esperanzado.
—Olvídalo, no pienso acercarme a esa serpiente rastrera, es un idiota que se cree el mejor por ser sangre pura. Harry seguro está jugando contigo, el no vale la pena, porque mejor no sales con Ginny, sabes que ella está enamorada de ti, ustedes harían una hermosa pareja, si solo te gustan los chicos, me entere que Colin al igual que Ginny siente algo sincero y fuerte por ti, hazme caso, ese idiota solo te hará sufrir—la mire furioso cada palabra que dijo me hería, sé que no puedo culparla, después de todo nunca se ha llevado con mi dragón, pero lo que me provoca un sabor amargo en la boca y un vacío en el estómago, es su rotunda negativa, al punto que menciono a esos dos, como si a mí me interesada salir con alguien que no sea mi Draco.
—Cállate, simplemente me hubieras dicho que no querías, te dije desde un comienzo que no quiero saber tu opinión, mejor me voy, solo te digo una cosa, no dejare a Draco, nunca, si pierdo tu amistad por esto, lo aceptare—la mire serio e irritado, al ver su mirada indignada y molesta. Sin decir nada más, me regrese a la sala común de Slytherin. Tengo pensado escribirle una carta a Sirius informándole todo, incluyendo lo de Draco.
Pov Draco
Después de que Harry se fue, reuní a los chicos, ya que decidió contarle a Granger lo nuestro no veo nada malo, hacer lo mismo con mis amigos.
—Y bien Draco ¿Para qué nos reuniste? —pregunto Blaise curioso.
—No me andaré con rodeos, desde el primer año soy amigo de Harry Potter, claro que nos encontrábamos a escondidas y sin que nadie se diera cuenta, pero nuestra relación avanzo a otro nivel, en pocas palabras ahora es mi novio—dije con frialdad y sonreí con burla al ver sus miradas.
—Pero, ¿tu padre lo acepta? sabes que es el enemigo número uno del señor oscuro—dijo Pansy preocupada.
—Lo sabe, se lo dije antes de venir a Hogwarts y lo acepta—dije feliz, ya que hubiera sido molesto que padre, estuviera en contra. Antes de contarle, lance un hechizo de privacidad, por lo que todo lo hablado aquí, nunca salga de esta habitación, así que no me tengo que preocupar si alguno intenta contarlo a sus padres, ya que no podrán.
—Tienes mi apoyo, tener a Potter de nuestro lado, puede ayudarnos en un futuro—dijo Theo serio.
—Cuanta con nosotras también, será interesante ser amigas de Potter—dijo Daphne con una sonrisa. Pansy asintió apoyando lo dicho.
—De igual forma, aunque no lo aceptáramos, no es como si te importara nuestra opinión y a pesar de que nunca nos hemos llevado bien con los Gryffindor, por ti, haremos una excepción después de todo los amigos están para apoyarse—dijo Blaise divertido.
—Nosotros también—Dijo Vincent tranquilo y Gregory asintió apoyando lo dicho.
—Es bueno saberlo, algo me dice que Harry no tendrá tanto apoyo de sus amigos, si Weasley se alejó de él, por lo del torneo, imagínense ahora que se entere que es mi novio—dije con burla, pero también estoy preocupado, mi hermoso León, se sentirá decepcionado.
—Son Gryffindor que esperabas, los Slytherin podemos ser unos bastardos la mayor parte del tiempo, pero somos leales con nuestros amigos y nos apoyamos—dijo Theo con una sonrisa de superioridad.
—¿Cuándo nos lo presentaras oficialmente? —preguntó Daphne emocionada.
—Dijo que vendría después de hablar con Granger, por lo que solo tendremos que esperarlo aquí—es algo de lo que me siento afortunado, todos nos pueden catalogar como quieran, pero al menos no apuñalábamos por la espalda a nuestros amigos.
—¿Le diste la contraseña? —pregunto Blaise sorprendido.
—No, saben que habla Parsel, solo les pide a las serpientes que le abran y estas lo hacen encantadas—dije con superioridad y orgullo.
—Increíble—susurro Pansy, aunque todos la escuchamos y asentimos estando de acuerdo con ella. La puerta se abrió sola, los chicos levantaron sus varitas apuntando para ver quien había entrado, pero no había nadie.
—Tardaste, los chicos ya saben—dije con una sonrisa, todo me vieron como si me hubiera vuelto loco, para luego exclamar con sorpresa cuando Harry apareció delante de ellos.
—Bien ya que eres novio de nuestro amigo, me puedes decir Blaise—dijo con una sonrisa, rompiendo el silencio incomodo que se había hecho.
—Igual con el resto, puedes llamarnos por nuestros nombres, si quieres—dijo Daphne contenta.
—Lo mismo digo—dijo Harry con una pequeña sonrisa. Nos la pasamos platicando, poco a poco los chicos dejaron salir, sus verdaderas personalidades, al punto que trataron a Harry como si hubieran sido amigos desde el primer año. Harry nos contó cómo le fue con Granger, me puse furioso cuando escuché que lo quizo emparejar con la chica Weasley o el fotógrafo de cuarta. Al anochecer los chicos se fueron a sus habitaciones, nosotros nos quedamos juntos, al igual que ayer Harry se quedó a dormir conmigo.
Pov Harry
Si había tenido esperanzas de que las cosas mejoraran cuando todo el mundo se hubiera hecho a la idea de que era campeón, al día siguiente comprobé lo equivocado que estaba. Una vez reanudadas las clases, no pude seguir evitando al resto del colegio, y resultaba evidente que exactamente igual que mis compañeros de Gryffindor, pensaban que me había presentado al Torneo. Pero, a diferencia de mis compañeros, no parecían favorablemente impresionados.
Los de Hufflepuff, que generalmente se llevaban muy bien con los de Gryffindor, se mostraban ahora muy antipáticos con nosotros. Bastó una clase de Herbología para que esto quedara patente. No había duda de que los de Hufflepuff pensaban que le quería robar la gloria a su campeón. Un sentimiento que, tal vez, se veía incrementado por el hecho de que la casa de Hufflepuff no estaba acostumbrada a la gloria, y de que Cedric era uno de los pocos que alguna vez le habían conferido alguna, cuando ganó a Gryffindor al quidditch.
Ernie McMillan y Justin Finch-Fletchley, con quienes solía llevarme muy bien, no me dirigieron la palabra ni siquiera cuando estuvieron trasplantando bulbos botadores a la misma bandeja, pero se rieron de manera bastante desagradable al ver que uno de los bulbos botadores se me escapaba de las manos y se me estrellaba en la cara. Ron también me había retirado la palabra. Hermione se sentó entre nosotros, forzando la conversación; pero, aunque le respondíamos con normalidad, evitábamos el contacto visual entre nosotros. Me pareció que hasta la profesora Sprout me trataba de manera distante. Y es que ella era la jefa de la casa Hufflepuff.
En estas circunstancias me muero de ganas de ver a Hagrid, ya que la asignatura de Cuidado de Criaturas Mágicas implicaba ver también a los de Slytherin. Era la primera vez que se vería con ellos desde nuestra conversación en la habitación de Draco y tengo que admitir que todos me agradaron, quien diría que Blaise es un chico bromista y no el bastardo desagradable que le gusta burlarse de las personas, Pansy y Daphne son chicas realmente encantadoras, Theo me recuerda mucho a Hermione, le encanta leer, pero a diferencia de ella, es más relajado y tranquilo, Vincent y Gregory no son los chicos sin sesos que pensaba, en realidad son agradables.
Para sorpresa de todos los Gryffindor, los Slytherin no se burlaron de mí, en realidad Draco se acercó sonriendo y se paró junto a mí, tengo ganas de besarlo, pero no quiero traumar a nadie, decidimos mostrar primero nuestra amistad, después poco a poco iríamos avanzando hasta el punto que nuestro noviazgo no será un secreto para nadie.
—Hola Harry—dijeron Daphne y Pansy a la vez.
—Hola chicas—respondí con una sonrisa. Me puse a platicar con los chicos, Hermione se miraba molesta, Ron estaba rojo, evidencia de que está furioso. Pero ninguno dijo nada. Tuvimos que dejar de platicar cuando Hagrid apareció de atrás de la cabaña con una torre de bamboleante de cajas, cada una de ellas de las cuales contenía un escreguto bastante grande. Para nuestro espanto, Hagrid nos explicó que el motivo por el cual los escregutos se mataban entre ellos es por un exceso de energía contenida, y la solución sería que cada alumno le pusiéramos una correa a un escreguto y lo sacara a dar una vuelta. Hagrid me pidió ayuda, pero lo único que quería es hablar del torneo.
—Así que te toca participar, Harry. En el Torneo. Campeón del colegio —dijo serio.
—Uno de los campeones —lo corregí sin animo. Debajo de las cejas enmarañadas, los ojos de color negro azabache de Hagrid me observaron con nerviosismo.
—¿No tienes ni idea de quién pudo hacerlo, Harry? —respire profundo para no contestarle mal.
—Entonces, ¿tú sí me crees cuando digo que yo no fui? —le pregunte, haciendo un esfuerzo para disimular el sentimiento de gratitud que me habían inspirado.
—Por supuesto, has dicho que no fuiste tú, y yo te creo. Y también te cree Dumbledore—gruñó Hagrid.
—Me gustaría saber quién lo hizo —dije amargamente.
Los días siguientes se contaron entre los peores que pase en Hogwarts. Lo más parecido que había experimentado habían sido aquellos meses, cuando estaba en segundo, en que una gran parte del colegio sospechaba que atacaba a mis compañeros, pero en aquella ocasión Ron había estado de mi parte. Agradezco contar con el apoyo de mis nuevos amigos, no tanto como Hermione y Ron, pero me alegran el día, sabíamos que sería mala publicidad para mí, que los Slytherin me apoyaran y fueran amigables conmigo en público, pero les dije que no me importaba, después de todo no pienso tratarlos mal, me canse de fingir, estoy feliz de poder estar con Draco en público sin importar las miradas que recibimos.
Soy capaz de entender la actitud de los de Hufflepuff, aunque no me hiciera ninguna gracia, porque ellos tenían un campeón propio al que apoyar. Pero había esperado que los de Ravenclaw encontraran tantos motivos para apoyarlo a él como a mí. Y me había equivocado: la mayor parte de los de Ravenclaw parecía pensar que me desesperaba por conseguir un poco más de fama y que por eso había engañado al cáliz de fuego para que aceptara mi nombre.
Además, estaba el hecho de que Cedric quedaba mucho mejor que yo como campeón. Era extraordinariamente guapo, con la nariz recta, el pelo moreno y los ojos grises, y aquellos días no se sabía quién era más admirado, si él o Viktor Krum. Aunque según Draco y las chicas, soy igual de atractivo que ellos.
En la clase de pociones, todo fue peor, Snape no se cansa de atacarme. Colin Creevey. Entró en el aula, me sonrió y fue hacia la mesa de Snape. Draco lo miro con odio, desde que le conté que Hermione me quizo emparejar con él, lo detesta.
—¿Sí? —preguntó éste escuetamente.
—Disculpe, señor. Tengo que llevar a Harry Potter arriba—Snape apuntó su ganchuda nariz hacia Colin y clavó los ojos en mí. La sonrisa de Colin desapareció.
—A Potter le queda otra hora de Pociones. Subirá cuando la clase haya acabado—contestó Snape con frialdad. Colin se ruborizó.
—Señor..., el señor Bagman quiere que vaya, tienen que ir todos los campeones. Creo que les quieren hacer unas fotos...—dijo muy nervioso, hubiera dado cualquier cosa por que Colin no hubiera dicho las últimas palabras. Me arriesgue a echar una ojeada a Ron, pero éste no quitaba la vista del techo.
—Muy bien, muy bien. Potter, deje aquí sus cosas. Quiero que vuelva luego para probar el antídoto—replicó Snape con brusquedad.
—Disculpe, señor. Tiene que llevarse sus cosas, todos los campeones... —dijo Colin con nerviosismo.
—¡Muy bien! ¡Potter, coja su mochila y salga de mi vista! —lo cortó Snape me eche la bolsa al hombro, me levante y me dirigí a la puerta. Al pasar por entre los pupitres de los de Slytherin, Draco me entrego una nota sin que nadie se diera cuenta.
—Es alucinante, ¿no, Harry? ¿No te parece? ¿Tú, campeón? —comentó Colin en cuanto cerré la puerta de la mazmorra.
—Sí, realmente alucinante ¿Para qué quieren las fotos, Colin? —repuse con pesadumbre, encaminándome hacia la escalinata del vestíbulo.
—¡Creo que para El Profeta! —exclamo emocionado.
—Genial, justo lo que necesito. Más publicidad—dije hastiado.
—¡Buena suerte! —me deseó Colin cuando llegamos, antes de entrar vi la nota de Draco, me advertía que no hablara con la periodista, una tal Rita, que inventara cualquier excusa ya que probablemente todo lo que dijera lo escribiera dejándome mal parado. Llame a la puerta y entre.
Era un aula bastante pequeña. Habían retirado hacia el fondo la mayoría de los pupitres para dejar un amplio espacio en el medio, pero habían juntado tres de ellos delante de la pizarra, y los habían cubierto con terciopelo. Detrás de los pupitres habían colocado cinco sillas, y Ludo Bagman se hallaba sentado en una de ellas hablando con una bruja a quien no conocía, que llevaba una túnica de color fucsia.
Como de costumbre, Viktor Krum estaba de pie en un rincón, sin hablar con nadie. Cedric y Fleur conversaban. Fleur parecía mucho más contenta de lo que la había visto hasta el momento, y repetía su habitual gesto de sacudir la cabeza para que la luz arrancara reflejos a su largo pelo plateado. Un hombre barrigudo con una enorme cámara de fotos negra que echaba un poco de humo observaba a Fleur por el rabillo del ojo. Bagman me vio de pronto, se levantó rápidamente y avanzó como a saltos.
—¡Ah, aquí está! ¡El campeón número cuatro! Entra, Harry, entra... No hay de qué preocuparse: no es más que la ceremonia de comprobación de la varita. Los demás miembros del tribunal llegarán enseguida... —dijo emocionado.
—¿Comprobación de la varita? —repetí nervioso.
—Tenemos que comprobar que sus varitas se hallan en perfectas condiciones, que no dan ningún problema. Como sabes, son las herramientas más importantes con que van a contar en las pruebas que tienen por delante. El experto está arriba en estos momentos, con Dumbledore. Luego habrá una pequeña sesión fotográfica. Esta es Rita Skeeter, va a escribir para El Profetaun pequeño artículo sobre el Torneo —explicó Bagman, señalando con un gesto a la bruja de la túnica de color fucsia.
—A lo mejor no tan pequeño, Ludo —apuntó Rita Skeeter mirándome, pues que ni piense que dejare que me entreviste, confió en mi dragón y si me advirtió sobre ella es por algo.
Tenía peinado el cabello en unos rizos muy elaborados y curiosamente rígidos que ofrecían un extraño contraste con su rostro de fuertes mandíbulas; llevaba unas gafas adornadas con piedras preciosas, y los gruesos dedos que agarraban un bolso de piel de cocodrilo terminaban en unas uñas de varios centímetros de longitud, pintadas de carmesí.
—Me pregunto si podría hablar un ratito con Harry antes de que empiece la ceremonia —le dijo a Bagman sin apartar los ojos de mí.
—El más joven de los campeones, ya sabes... Por darle un poco de gracia a la cosa —me miro hambrienta por sacar una exclusiva.
—¡Por supuesto! Es decir, si Harry no tiene inconveniente... —aceptó Bagman, sin siquiera consultarme, una cosa es que tenga que participar y otra muy diferente es que dar entrevista.
—No pienso dar una entrevista, ni hablar con usted—dije apartándome justo antes de que me tomara del brazo.
—Vamos será rápido—dijo con una sonrisa forzada.
—No, entreviste a cualquiera de los otros campeones, estoy seguro que alguno tendrá algo que decir—dije mientras me alejaba de ella, justo en ese momento entro Dumbledore, quien venía con el señor Ollivander.
—Permítanme que les presente al señor Ollivander. Se encargará de comprobar sus varitas para asegurarse de que se hallan en buenas condiciones antes del Torneo—dijo Dumbledore, ocupando su sitio en la mesa del tribunal y dirigiéndose a nosotros.
—Madeimoselle Delacour, ¿le importaría a usted venir en primer lugar? —dijo el señor Ollivander, avanzando hacia el espacio vacío que había en medio del aula. Fleur Delacour fue a su encuentro y le entregó su varita.
Como si fuera una batuta, el anciano mago la hizo girar entre sus largos dedos, y de ella brotaron unas chispas de color oro y rosa. Luego se la acercó a los ojos y la examinó detenidamente.
—Sí, veinticinco centímetros... rígida... palisandro... y contiene... ¡Dios mío!... —murmuró impresionado.
—Un pelo de la cabeza de una veela una de mis abuelas—dijo Fleur tranquilamente.
—Sí, sí. Nunca he usado pelo de veela. Me parece que da como resultado unas varitas muy temperamentales. Pero a cada uno la suya, y si ésta le viene bien a usted...—confirmó el señor Ollivander.
Pasó los dedos por la varita, según parecía en busca de golpes o arañazos. Luego murmuró:
—¡Orchideous! —Y de la punta de la varita brotó un ramo de flores. Bien, muy bien, está en perfectas condiciones de uso —declaró, recogiendo las flores y ofreciéndoselas a Fleur junto con la varita.
—Señor Diggory, ahora usted—Fleur se volvió a su asiento, sonriendo a Cedric cuando se cruzaron.
—¡Ah!, veamos, ésta la hice yo, ¿verdad? Sí, la recuerdo bien. Contiene un solo pelo de la cola de un excelente ejemplar de unicornio macho. Debía de medir diecisiete palmos. Casi me clava el cuerno cuando le corté la cola. Treinta centímetros y medio... madera de fresno... agradablemente flexible. Está en muy buenas condiciones... ¿La trata usted con regularidad? —dijo el señor Ollivander con mucho más entusiasmo, cuando Cedric le entregó la suya.
—Le di brillo anoche —repuso Cedric con una sonrisa. El señor Ollivander hizo salir de la varita de Cedric una serie de anillos de humo plateado, se declaró satisfecho.
—Señor Krum, si tiene usted la bondad... — Viktor Krum se levantó y avanzó hasta el señor Ollivander desgarbadamente, con la cabeza gacha y un andar torpe. Sacó la varita y se quedó allí con el entrecejo fruncido y las manos en los bolsillos de la túnica.
—Mmm…ésta es una manufactura Gregorovitch, si no me equivoco. Un excelente fabricante, aunque su estilo no acaba de ser lo que yo... Sin embargo... —dijo el señor Ollivander. Levantó la varita para examinarla minuciosamente, sin parar de darle vueltas ante los ojos.
—Sí... ¿Madera de carpe y fibra sensible de dragón? Bastante más gruesa de lo usual... bastante rígida... veintiséis centímetros... ¡Avis!—Krum, asintió con la cabeza. La varita de carpe produjo un estallido semejante a un disparo, y un montón de pajarillos salieron piando de la punta y se fueron por la ventana abierta hacia la pálida luz del sol.
—Bien. Ahora queda... el señor Potter—dijo el viejo mago, devolviéndole la varita a Krum me levanté y fui hasta el señor Ollivander cruzándome con Krum. Le entregue mi varita.
—¡Aaaah, sí! Sí, sí, sí. La recuerdo perfectamente—exclamó el señor Ollivander con ojos brillantes de entusiasmo, yo también me acordaba, como si hubiera sido el día anterior.
El anciano mago se pasó mucho más rato examinando mi varita que la de ningún otro. Pero al final hizo manar de ella un chorro de vino y me la devolvió, declarando que estaba en perfectas condiciones. Nos tomaron fotos y evite con éxito quedarme a solas con Skeeter, el torneo apenas está comenzando y ya estoy cansado.
Bueno como verán chicas, ya empezó el torneo el próximo capítulo es la primera prueba y el encuentro con los Malfoy, los planes de boda se acercan. Agradezco a todas sus reviews. Por cierto repito este fic se basa en los libros.
Nos seguimos leyendo
Bella.
