Los personajes no me pertenecen son de J.K Rowling y Kishimoto
Summary: Harry se entera que cuando cumpla quince su parte criatura despertara dándole nuevos poderes y una pareja destinada para él, si eso no fuera poco descubre que tiene un primo en un mundo completamente diferente al suyo: El mundo Ninja, ahora luchara junto a su pareja para proteger todo lo que ama.
Parsel -"Hola"
Hechizos- Accio o Jutsus
Voz sobrenatural- Hola
Otro idioma "Hola"
Recuerdos [Hola]
Capítulo 10 Baile de Navidad y Segunda prueba
Pov Harry
El comienzo del mes de diciembre llevó a Hogwarts vientos y tormentas de aguanieve. Aunque el castillo siempre resultaba frío en invierno por las abundantes corrientes de aire, me alegraba encontrar las chimeneas encendidas y los gruesos muros cada vez que volvía del lago, donde el viento hacía cabecear el barco de Durmstrang e inflaba las velas negras contra la oscuridad del cielo. Imagine que el carruaje de Beauxbatons también debía de resultar bastante frío. Notó que Hagrid mantenía los caballos de Madame Maxime bien provistos de su bebida preferida: whisky de malta sin rebajar. Los efluvios que emanaban del bebedero, situado en un rincón del potrero, bastaban para que la clase entera de Cuidado de Criaturas Mágicas se mareara. Esto resultaba inconveniente, dado que seguían cuidando de los horribles escregutos y necesitaban tener la cabeza despejada.
—No estoy seguro de si hibernan o no —nos dijo Hagrid mientras temblábamos de frío, en la siguiente clase, en la huerta de las calabazas.
—Lo que vamos a hacer es probar si les apetece echarse un sueñecito... Los pondremos en estas cajas—Sólo quedaban diez escregutos. Aparentemente, sus deseos de matarse se habían limitado a los de su especie.
Para entonces tenían casi dos metros de largo. El grueso caparazón gris, las patas poderosas y rápidas, las colas explosivas, los aguijones y los aparatos succionadores se combinaban para hacer de los escregutos las criaturas más repulsivas que hubiera visto nunca.
—Los meteremos dentro, les pondremos las tapas, y a ver qué sucede—explicó Hagrid emocionado. Pero de nada sirvió a estas criaturas no les gusta invernar y se empezaron alborotar, las cosas no han cambiado nada con respecto a Ron y Hermione, ninguno acepta mi relación con Draco, por mi parte me he vuelto muy cercano con los Slytherin al punto que es como si lo conociera toda la vida. Muy a mi pesar debo decir que ni siquiera me hacen falta mis amigos.
En clases de transformaciones, tenemos gallinas de guinea las cuales estamos transformando en conejillos de india, es un poco complicado.
—Muy bien, presten todos atencion se acerca el baile de Navidad: constituye una parte tradicional del Torneo de los tres magos y es al mismo tiempo una buena oportunidad para relacionarnos con nuestros invitados extranjeros. Al baile sólo irán los alumnos de cuarto en adelante, aunque si lo deseáis podéis invitar a un estudiante más joven... —Lavender Brown dejó escapar una risita estridente. Parvati Patil le dio un codazo en las costillas, haciendo un duro esfuerzo por no reírse también, y las dos me miraron. La profesora McGonagall no les hizo caso.
—Será obligatoria la túnica de gala. El baile tendrá lugar en el Gran Comedor, comenzará a las ocho en punto del día de Navidad y terminará a medianoche. Ahora bien... —La profesora McGonagall recorrió la clase muy despacio con la mirada.
—El baile de Navidad es por supuesto una oportunidad para que todos echemos una cana al aire —dijo, en tono de desaprobación.
Lavender se rió más fuerte, poniéndose la mano en la boca para ahogar el sonido. Comprendí dónde estaba aquella vez lo divertido: la profesora McGonagall, que llevaba el pelo recogido en un moño muy apretado, no parecía haber echado nunca una cana al aire, en ningún sentido.
—Pero eso no quiere decir que vayamos a exigir menos del comportamiento que esperamos de los alumnos de Hogwarts. Me disgustaré muy seriamente si algún alumno de Gryffindor deja en mal lugar al colegio —prosiguió la profesora McGonagall.
Sonó la campana, y se formó el habitual revuelo mientras recogíamos las cosas y nos echaban las mochilas al hombro. La profesora McGonagall me llamó por encima del alboroto.
—Potter, por favor, quiero hablar contigo—suspire dando por hecho que lo que me diría no iba a ser de mi agrado. La profesora McGonagall esperó a que se hubiera ido el resto de la clase, talvez el día del baile, Draco y yo podemos escaparnos y pasar la navidad juntos.
—Potter, los campeones y sus parejas... —la mire sin comprender.
—¿Qué parejas? —pregunte temiendo la respuesta. La profesora McGonagall me miró recelosa, como si pensara que intentaba tomarle el pelo.
—Sus parejas para el baile de Navidad, Potter —dijo con frialdad. Sentí como los nervios empezaron atacarme.
—¿Parejas de baile? Yo no bailo —Note cómo me ponía rojo.
—Sí, claro que bailas. Eso era lo que quería decirte. Es tradición que los campeones y sus parejas abran el baile—replicó algo irritada la profesora McGonagall. Que quiere de mí, suficiente tengo con participar, para que ahora quieran humillarme públicamente, lo peor es que ni siquiera puedo ir con Draco sería muy sospechoso.
—Yo no bailo —insistí con la esperanza de que me dejaran fuera de eso.
—Es la tradición. Tú eres campeón de Hogwarts, y harás lo que se espera de ti como representante del colegio. Así que encárgate de encontrar pareja, Potter. —declaró con firmeza la profesora McGonagall
—Pero... yo no... —intente argumentar.
—Ya me has oído, Potter —dijo la profesora McGonagall en un tono que no admitía réplicas.
—Hola amor—dijo Draco besándome, estaba tan distraído con lo que me conto McGonagall que no me di cuenta, cuando llego mi dragón. Estoy sentado en nuestro sitio junto al lago.
—Supongo que ya sabes lo del baile—mencione desanimado.
—Se nota que te emociona, saltas de alegría—dijo con sarcasmo.
—Si bien, cuando tienes dos pies izquierdos y no tienes pareja debido a que llevar a mi novio lo pone en riesgo, me tiene saltando de felicidad—dije de igual forma.
—Te ahogas en un vaso de agua, en primera yo puedo enseñare a bailar, serás un experto para cuando llegue el gran día, con respecto a la pareja tienes razón, pero la solución es sencilla, ve con Daphne, yo iré con Pansy y podemos irnos juntos, según tengo entendido ninguna tiene pareja y sé que no les molestara ser las nuestras, más Daphne que le encanta ser el centro de atencion—dijo Draco con una sonrisa socarrona.
—Te he dicho lo mucho que te amo—murmuré abrazándolo con fuerza, no pude evitar reír, por lo estúpido que estaba siendo. Despues de hablar nos fuimos a la sala común de Slytherin, para pedirles a las chicas que fueran nuestras parejas, cabe mencionar que Daphne acepto encantada, un peso menos, ahora solo me queda bailar lo suficientemente bien para no tropezar o ponernos en ridículo, estoy seguro que Daphne me hechizara si la humillo de esa manera.
El resto de la semana me la pase con Draco en su habitación, me está enseñando a bailar, tengo que admitir que al comienzo estaba tieso, pero ahora puedo moverme de forma más elegante, según mi estricto novio, seré el mejor bailarín, aunque tenga que hacerme sangrar los pies.
Estaba desayunando junto a Neville y Hermione quien se muerde los labios y me mira molesta, sé que quiere sermonearme de nuevo, pero debido a que no estamos solos, el hechizo le impide hablar, por lo que preferí ignorarla y enfocarme en Neville, quien me esta mencionando sobre las diferentes propiedades de las plantas que encontró en un libro que lee. Justo en ese momento la voz de los gemelos opaco la de él.
Se sentaron a la mesa con Ron y Hermione mientras aquél evaluaba los daños.
—Ron, ¿nos puedes prestar a Pigwidgeon? —le preguntó George.
—No, está entregando una carta. ¿Por qué? —contestó Ron mirándolos aburrido, puedo ver que desde que se enteró de lo de Draco hace lo posible para evitarme, sinceramente no me importa.
—Porque George quiere que sea su pareja de baile —repuso Fred sarcásticamente.
—Pues porque queremos enviar una carta, tonto —dijo George.
—¿A quién están escribiendo ustedes dos? ¿eh? —preguntó Ron.
—Aparta las narices, Ron, si no quieres que se te chamusquen también. Bueno... ¿ya tienen todos pareja para el baile? —le advirtió Fred moviendo la varita con gesto amenazador.
—No —respondió Ron.
—Pues mejor te das prisa o pillarán a todas las guapas ¿Y tú Harry? —pregunto Fred. Tanto como Ron y Hermione se tensaron, evite rodar los ojos por su reacción.
—Si ya tengo, Daphne Greengrass —les sonrei con burla, ya que Daphne es una de las chicas más atractiva de nuestro curso, junto con Pansy. Solo que ningún Gryffindor lo admite porque ellas son serpientes.
—Pues que suerte, al parecer solo nuestro querido Ronnie no tiene pareja—dijo con burla George. Ron me miro con celos y envidia, pero sobre todo con enojo.
—¿Con quién vas tú? —quiso saber Ron.
—Con Angelina —contestó enseguida Fred, sin pizca de vergüenza.
—¿Qué? ¿Se lo has pedido ya? —exclamó Ron, sorprendido.
—Buena pregunta ¡Eh, Angelina! —reconoció para luego dirigirse a ella. Angelina, que estaba charlando con Alicia Spinnet, se volvió hacia él.
—¿Qué? —le preguntó.
—¿Quieres ser mi pareja de baile? —Angelina le dirigió a Fred una mirada evaluadora.
—Bueno—aceptó, y se volvió para seguir hablando con Alicia, con una leve sonrisa en la cara.
—Ya lo ves: pan comido. —les dijo Fred a Ron. Se puso en pie, bostezó.
—Tendremos que usar una lechuza del colegio, George. Vamos... —En cuanto se fueron, Ron se dirigió a Seamus quien está sentado frente a él.
—Tendríamos que hacer algo, ¿sabes? Pedírselo a alguien. Fred tiene razón: podemos acabar con un par de trols—Hermione dejó escapar un bufido de indignación.
—¿Un par de qué, perdona? —exclamo molesta.
—Bueno, ya sabes Preferiría ir solo que con... con Eloise Midgen, por ejemplo—dijo Ron, encogiéndose de hombros.
—Su acné está mucho mejor últimamente. ¡Y es muy simpática! —dijo Hermione viéndome para que la apoyara, pero los ignore a ambos y seguí platicando con Neville.
—Tiene la nariz torcida —objetó Ron.
—Ya veo Así que, básicamente, vas a intentar ir con la chica más guapa que puedas, aunque sea un espanto como persona —exclamó Hermione enfureciéndose.
—Eh... bueno, sí, eso suena bastante bien —dijo Ron.
—Me voy a la cama —espetó Hermione, y sin decir otra palabra se fue a la sala común.
Estabamos saliendo de clase cuando Chang paso junto a sus amigas riendo como tontas, iba a seguir caminando cuando ella me detuvo.
—Hola Harry—saludo coqueto, la mire con indiferencia.
—Chang—fue lo único que dije.
—Tenemos curiosidad ¿Tienes pareja? —pregunto mirándome expectante.
—Sí, iré con Daphne Greengrass, si me disculpan—ella me miro furiosa y dolida, que esperaba que la invitara a ella, por favor como si me interesada.
A pesar del sinfín de deberes que nos habían puesto a los de cuarto para Navidad, a mí no me apetecía ponerme a trabajar al final del trimestre, y me pasó la primera semana de vacaciones disfrutando todo lo posible con mi novio, o eso era lo que tenía pensado, hasta que mi hermoso pero responsable novio me obligo hacer los deberes, lo hicimos juntos. La torre de Gryffindor seguía casi tan llena como durante el trimestre, y parecía más pequeña, porque sus ocupantes armaban mucho más jaleo aquellos días. Fred y George habían cosechado un gran éxito con sus galletas de canarios, y durante los dos primeros días de vacaciones la gente iba dejando plumas por todas partes. No tuvo que pasar mucho tiempo, sin embargo, para que los de Gryffindor aprendieran a tratar con muchísima cautela cualquier cosa de comer que les ofrecieran los demás, por si había una galleta de canarios oculta.
En aquel momento nevaba copiosamente en el castillo y sus alrededores. El carruaje de Beauxbatons, de color azul claro, parecía una calabaza enorme, helada y cubierta de escarcha, junto a la cabaña de Hagrid, que a su lado era como una casita de chocolate con azúcar glasé por encima, en tanto que el barco de Durmstrang tenía las portillas heladas y los mástiles cubiertos de escarcha. Abajo, en las cocinas, los elfos domésticos se superaban a sí mismos con guisos calientes y sabrosos, y postres muy ricos. La única que encontraba algo de lo cual quejarse era Fleur Delacour.
—Toda esta comida de Hogwag es demasiado pesada ¡No voy a podeg lusig la túnica! —la oímos decir una noche en que salían tras ella del Gran Comedor, para sorpresa de todos en el gran comedor me senté en la mesa de Slytherin, junto a Draco y los chicos.
—¡Ah, qué tragedia! Vaya ínfulas, ¿eh? —se burló Pansy cuando Fleur salía al vestíbulo. Justo en ese momento Hedwig entro hasta posarse en mis hombros, lleva una carta de Sirius.
Querido Harry:
Mi enhorabuena por haber superado la prueba del dragón. ¡El que metió tu nombre en el cáliz, quienquiera que fuera, no debe de estar nada satisfecho! Yo te iba a sugerir una maldición de conjuntivitis, ya que el punto más débil de los dragones son los ojos...
—Eso es lo que hizo Krum —susurró Daphne.
... pero lo que hiciste es todavía mejor: estoy impresionado.
Aun así, no te confíes, Harry. Sólo has superado una prueba. El que te hizo entrar en el Torneo tiene muchas más posibilidades de hacerte daño, si eso es lo que pretende. Ten los ojos abiertos (especialmente si está cerca ese del que hemos hablado), y procura no meterte en problemas.
Escríbeme. Sigo queriendo que me informes de cualquier cosa extraordinaria que ocurra.
Sirius
—Lo mismo que Moody «¡Alerta permanente!» Cualquiera pensaría que camino con los ojos cerrados, pegándome contra las paredes. —comente en voz baja, volviendo a meterme la carta dentro de la túnica.
—Pero tiene razón, Harry, todavía te quedan dos pruebas. La verdad es que tendrías que echarle un vistazo a ese huevo y tratar de resolver el enigma que encierra—repuso Pansy.
—¡Para eso tiene siglos, Pansy! ¿Una partida de ajedrez, Harry? —espetó Blaise. Él es realmente bueno, como Ron, aunque Draco es mejor que los dos juntos.
—Sí, vale Vamos, ¿cómo me iba a concentrar con todo este ruido? Creo que ni el huevo se oiría—conteste tranquilamente. ella solo asintió.
El día de Navidad, desperté muy sobresaltado. Levante los párpados preguntándome qué era lo que me había despertado, y vi unos ojos muy grandes, redondos y verdes que me miraban desde la oscuridad, tan cerca que casi tocaban los míos.
—¡Dobby! ¡No hagas eso! —grite apartándome tan aprisa del elfo que casi me caigo de la cama.
—¡Dobby lo lamenta, señor! ¡Dobby sólo quería desearle a Harry Potter feliz Navidad y traerle un regalo, señor! ¡Harry Potter le dio permiso a Dobby para venir a verlo de vez en cuando, señor! —chilló nervioso el elfo, que retrocedió de un salto y se tapó la boca con los largos dedos.
—Sí, muy bien. Pero la próxima vez sacúdeme el hombro o algo así. No te inclines sobre mí de esa manera... —dije con la respiración aún alterada, mientras mi ritmo cardíaco recuperaba la normalidad. Descorrí las colgaduras de mi cama adoselada, cogí las gafas que había dejado sobre la mesita de noche y me las puse. Mi grito había despertado a Ron, Seamus, Dean y Neville y todos espiaban a través de sus colgaduras con ojos de sueños y el pelo revuelto.
—¿Te ha atacado alguien, Harry? —preguntó Seamus medio dormido.
—¡No, sólo es Dobby! Vuelve a dormir—susurre cansado.
—¡Ah... los regalos! —dijo Seamus, viendo el montón de paquetes que tenía a los pies de la cama. Los míos superan al de todos, ya que no solo tengo regalo de mis amigos aquí en Gryffindor sino tambien de Slytherin, me puse a ver de quienes más, grande fue mi sorpresa al ver varios regalos de parte de los Malfoy, y uno que otro Slytherin que a pesar de que no les hablo, quisieron mandarme regalos.
Ron, Dean y Neville decidieron que, ya que se habían despertado, podían aprovechar para abrir los regalos. Me volví hacia Dobby, que seguía de pie junto a la cama, nervioso y todavía preocupado por el susto que me había dado. Escuché un bufido molesto, al levantar la mirada me topé con la mala cara de Ron quien mira mis pilas de regalos con envidia. Este es un defecto que odio de él.
Lo ignoré y empecé abrir mis regalos, no pude evitar jadear impresionado al ver el regalo de Draco, es un collar parecido al mío, pero en vez de alas, es una serpiente con ojos color esmeralda. Sonrei ante su representación, el me lleva a mí y ahora yo haré lo mismo con él.
—Es hermosa Harry ¿Quién te la dio? —pregunto Neville, mirando el hermoso collar entre mis dedos.
—Alguien especial para mí—murmure encantado. Me dispuse abrir el resto de los regalos y no fue una sorpresa ver que la mayoría de los regalos de los Slytherin son útiles o caros, pero sin duda alguna algo que puedo usar sin dudar, Los Malfoy me regalaron relojes y pulseras de oro blanco, de parte de Narcissa, de Lucius recibí libros raros de defensa y entrenamiento del cuerpo, con la explicita recomendación que lo vaya leyendo.
Las horas pasaron rápido, tanto que ya me estaba alistando para el baile, Ron me miraba molesto, ya que él está usando una túnica que parece del siglo pasado, al contrario, yo uso una con un corte elegante color negra. Me despedí de todos y me dirigí a la sala común de Slytherin para encontrarme con mi novio y mi pareja de baile. Draco tambien usaba una túnica negra solo que la suya es de terciopelo y de cuello alto, Pansy está usando una túnica de color rosa pálido, con volante finamente diseñados, Daphne por otro lado usa una túnica color blanca con detalles en negro, al igual que Pansy está poseía volante solo que en picos.
Se abrieron las puertas principales de roble, y todo el mundo se volvió para ver entrar a los alumnos de Durmstrang con el profesor Karkarov. Krum iba al frente del grupo, acompañado por una muchacha preciosa vestida con túnica azul, que no conozco. Por encima de las cabezas pude ver que una parte de la explanada que había delante del castillo la habían transformado en una especie de gruta llena de luces de colores. En realidad, eran cientos de pequeñas hadas: algunas posadas en los rosales que habían sido conjurados allí, y otras revoloteando sobre unas estatuas que parecían representar a Papá Noel con sus renos.
En ese momento los llamó la voz de la profesora McGonagall:
—¡Los campeones por aquí, por favor! —Sonriendo, Daphne se acomodó las pulseras. Nos despedimos de los chicos, y avanzamos. Sin dejar de hablar, la multitud se apartó para dejarnos pasar. La profesora McGonagall, que llevaba una túnica de tela escocesa roja y se había puesto una corona de cardos bastante fea alrededor del ala del sombrero, nos pidió que esperáramos a un lado de la puerta mientras pasaban todos los demás: nosotros entraríamos en procesión en el Gran Comedor cuando el resto de los alumnos estuviera sentado. Fleur Delacour y Roger Davies se pusieron al lado de las puertas: Davies parecía tan aturdido por la buena suerte de ser la pareja de Fleur que apenas podía quitarle los ojos de encima. Cedric y Cho estaban también junto a mí, quien no nos miró, para no tener que hablar con nosotros. Aun no supera que la ignorara. Entonces volví a mirar a la chica que acompañaba a Krum. Y me quede con la boca abierta. Era Hermione.
Pero estaba completamente distinta. Se había hecho algo en el pelo: ya no lo tenía enmarañado, sino liso y brillante, y lo llevaba recogido por detrás en un elegante moño. La túnica era de una tela añil vaporosa, y su porte no era el de siempre, o tal vez fuera simplemente la ausencia de la veintena de libros que solía cargar a la espalda. Ella también sonreía, con una sonrisa nerviosa, a decir verdad.
Avanzamos hacia la mesa principal, me siento como si fuera un perro siendo exhibido en un concurso, al acercarnos el director sonrió feliz de vernos.
Cuando llegamos a la mesa, Percy retiró un poco la silla vacía que había a su lado, mirándome, entendí la indirecta y me senté junto a él, que llevaba una reluciente túnica de gala de color azul marino, y lucía una expresión de gran suficiencia.
—Me han ascendido. Ahora soy el ayudante personal del señor Crouch, y he venido en representación suya—dijo Percy antes de que me diera tiempo a preguntarle y con el mismo tono que hubiera empleado para anunciar su elección como gobernador supremo del Universo.
—¿Por qué no ha venido él? —pregunte. No me apetecía pasarme la cena escuchando una disertación sobre los culos de los calderos.
—Lamento tener que decir que el señor Crouch no se encuentra bien, nada bien. No se ha encontrado bien desde los Mundiales. No me sorprende: es el exceso de trabajo. No es tan joven como antes. Aunque sigue siendo brillante, desde luego: su mente sí que es la misma de siempre. Pero la Copa del Mundo resultó un fiasco para el Ministerio, y además el señor Crouch sufrió un revés personal muy duro a causa del comportamiento indebido de su elfina doméstica, Blinky o como se llame. Como era natural, él la despidió inmediatamente después del incidente; pero, bueno, aunque se las apaña, como yo digo, la verdad es que necesita que lo cuiden, y me temo que desde que ella no está en la casa su vida es mucho menos cómoda. Y a continuación tuvimos que preparar el Torneo, y luego vinieron las secuelas de los Mundiales, con esa repelente Skeeter dando guerra. Pobre hombre, está pasando unas Navidades tranquilas, bien merecidas. Estoy satisfecho de que supiera que contaba con alguien de confianza para ocupar su lugar—siguió auto alabándose, por lo que me desconecte y asentía de vez en cuando, busque con la mirada a mi dragón, estaba charlando de tranquilamente con los chicos, ellos se veían realmente animados, nosotros estamos sentados con un grupo de adultos con los cuales no podemos ser nosotros mismos. Mire a Daphne quien me miro con aburrimiento, mire al resto de los ocupantes. Krum le contaba a Hermione sobre Durmstrang.
—¡Para, para, Viktor! —dijo Karkarov, con una risa en la que no participaban sus fríos ojos.
—. No sigas dando más pistas, ¡o tu encantadora amiga sabrá exactamente dónde se encuentra el castillo! —Dumbledore sonrió, no sólo con la boca sino también con la mirada.
—Con todo ese secretismo, Igor, se podría pensar que no quieren visitas—lo miro tranquilo.
—Bueno, Dumbledore, todos protegemos nuestros dominios privados, ¿verdad? ¿No guardamos todos con celo los centros de saber en qué se aprende lo que nos ha sido confiado? ¿No tenemos motivos para estar orgullosos de ser los únicos conocedores de los secretos de nuestro colegio? ¿No tenemos motivos para protegerlos? —dijo Karkarov, mostrando plenamente sus dientes amarillos.
—¡Ah, yo nunca pensaría que conozco todos los secretos de Hogwarts, Igor! Esta misma mañana, por ejemplo, me equivoqué al ir a los lavabos y me encontré en una sala de bellas proporciones que no había visto nunca y que contenía una magnífica colección de orinales. Cuando volví para contemplarla más detenidamente, la sala había desaparecido. Pero tengo que estar atento a ver si la vuelvo a ver: tal vez sólo sea accesible a las cinco y media de la mañana, o aparezca cuando la luna está en cuarto creciente o menguante, o cuando el que pasa por allí tiene la vejiga excepcionalmente llena. —contestó Dumbledore en tono amistoso.
Mientras tanto, Fleur Delacour criticaba la decoración de Hogwarts hablando con Roger Davies.
—Esto no es nada. En Navidad, en el palacio de Beauxbatons tenemos escultugas de hielo en todo el salón comedog. Pog supuesto, no se deguiten: son como enogmes estatuas de diamante, bgillando pog todos lados. Y la comida es sencillamente sobegbia. Y tenemos cogos de ninfas de madega que nos cantan seguenatas mientgas comemos. En los salones no hay ni una de estas feas agmadugas, y si entgaga en Beauxbatons un poltergeist lo expulsaguíamos de inmediato —añadió, dando un golpe en la mesa con la mano.
Roger Davies la miraba con expresión pasmada, y no acertaba a apuntar con el tenedor cuando pretendía metérselo en la boca. Harry tenía la impresión de que Davies estaba demasiado ocupado mirando a Fleur para enterarse de lo que ella decía.
—Tienes toda la razón. de inmediato, sí señor—dijo apresuradamente, pegando otro golpe en la mesa con la mano. Merlín sálvame de este martirio, solo quiero que la cena acabe para poder ir con mi novio y amigos.
Cuando se acabó la cena, Dumbledore se levantó y pidió a los alumnos que hicieran lo mismo. Entonces, a un movimiento suyo de varita, las mesas se retiraron y alinearon junto a los muros, dejando el suelo despejado, y luego hizo aparecer por encantamiento a lo largo del muro derecho un tablado. Sobre él aparecieron una batería, varias guitarras, un laúd, un violonchelo y algunas gaitas.
Las Brujas de Macbeth subieron al escenario entre aplausos entusiastas. Eran todas melenudas, e iban vestidas muy modernas, con túnicas negras llenas de desgarrones y aberturas. Cogieron sus instrumentos, las miré con tanto interés que no advertí lo que se avecinaba, comprendí de repente que los farolillos de todas las otras mesas se habían apagado y que los campeones y sus parejas estaban de pie.
—¡Vamos!, ¡se supone que tenemos que bailar! —me susurró Daphne animada.
Al levantarnos. Las Brujas de Macbeth empezaron a tocar una melodía lenta, triste. Camine hasta la parte más iluminada del salón, mi mirada se centró en Draco, tome la cintura de Daphne e imagine que con bailaba con él, me deslice en la pista como si flotáramos, sonrei relajándome, valieron la pena las horas que pase practicando, aunque hubiera sido mejor hacerlo con mi amor. Poco a poco la pista se llenó de gente, todos nuestros amigos nos acompañaron, fue realmente divertido nos la pasamos bailando, tomando y charlando como si no hubiera mañana.
El tiempo pasa muy rápido para mi gusto, los chicos me presionan para que averigue cuál será la siguiente prueba, lo cual me tiene de malhumor, pero sé que ellos tienen razón. Sirius me pidió que le dijera cuando seria la próxima salida a Hogsmeade, por lo que antes de regresar a la sala común me dirigí a mandarle la carta, fue cuando venía de regreso que me topé con Cedric.
—Escucha... Te debo una por haberme dicho lo de los dragones. ¿Tu huevo de oro gime cuando lo abres? —dijo Cedric en voz muy baja.
—Sí —conteste irritado por eso, quede con un terrible dolor de cabeza debido a eso.
—Bien... toma un baño, ¿vale? —lo mire sin comprender.
—¿Qué? —espero que no esté jugando no estoy de humor para soportarlo.
—Que tomes un baño y... eh... te lleves el huevo contigo, y... eh... reflexiona sobre las cosas en el agua caliente. Te ayudará a pensar... Hazme caso—solo me quede mirándolo.
—Y otra cosa: usa el baño de los prefectos. Es la cuarta puerta a la izquierda de esa estatua de Boris el Desconcertado del quinto piso. La contraseña es «Frescura de pino». Tengo que irme...—añadió Cedric. Cho lo esperaba, ella me sonrió coqueta, la mire con frialdad e ignore por completo. Esa misma noche comprendí de que trataba la segunda prueba, con solo escuchar la dulce voz que salió del huevo.
Donde nuestras voces suenan, ven a buscarnos,
que sobre la tierra no se oyen nuestros cantos.
Y estas palabras medita mientras tanto,
pues son importantes, ¡no sabes cuánto!:
Nos hemos llevado lo que más valoras,
y para encontrarlo tienes una hora.
Pasado este tiempo ¡negras perspectivas!
demasiado tarde, ya no habrá salida.
Desde entonces nos la pasamos en la biblioteca buscando una solución que me permite estar bajo el agua mínimo una hora, Draco esta histérico, solo lo logro calmar besándole y susurrando que todo está bien, justo un día antes de la segunda prueba fue tanta nuestra desesperación que nos pasamos toda la noche leyendo libros, Dobby me desperto diciéndome que la segunda prueba empezaría dentro de poco, fue una sorpresa cuando me dio Branquialgas, dijo que la comiera cuando fuera a entrar en el lago, me preocupo no encontrar a Draco, me hubiera gustado verlo antes de realizar la prueba, lo busque por todos lados pero no lo encontré.
Al bajar a la carrera por la explanada, vi que las mismas tribunas que habían rodeado en noviembre el cercado de los dragones estaban ahora dispuestas a lo largo de una de las orillas del lago. Las gradas, llenas a rebosar, se reflejaban en el agua. El eco de la algarabía de la emocionada multitud se propagaba de forma extraña por la superficie del agua y llegaba hasta la orilla por la que corría a toda velocidad hacia el tribunal, que estaba sentado en el borde del lago a una mesa cubierta con tela dorada. Cedric, Fleur y Krum se hallaban junto a la mesa, y me observaban acercarme.
—Estoy... aquí... —dije sin aliento, patiné en el barro al tratar de detenerse en seco y salpique sin querer la túnica de Fleur.
—¿Dónde estabas? ¡La prueba está a punto de dar comienzo! —inquirió una voz severa y autoritaria. Mire hacia el lugar del que provenía la voz. Era Percy Weasley, sentado a la mesa del tribunal. Nuevamente faltaba el señor Crouch.
—¡Bueno, bueno, Percy! ¡Dejémoslo que recupere el aliento! —dijo Ludo Bagman, que parecía muy contento de verme. Dumbledore me sonrió, pero Karkarov y Madame Maxime no parecían nada contentos de verme... Por las caras, resultaba obvio que habían pensado que no aparecería.
Me incline hacia delante poniendo las manos en las rodillas, y respire hondo. Tenía flato en el costado, que me dolía como un cuchillo clavado entre las costillas, pero no había tiempo para esperar a que se le pasara. Ludo Bagman iba en aquel momento entre los campeones, espaciándolos por la orilla del lago a una distancia de tres metros. Me quede en un extremo, al lado de Krum, que se había puesto el bañador y sostenía en la mano la varita.
—¿Todo bien, Harry? ¿Tienes algún plan? —susurró Bagman, distanciándome un poco más de Krum, tengo que admitir que él me agrada, a pesar de que no debe siempre busca la manera de ayudarme.
—Sí —dije frotándome las costillas. Bagman me dio un apretón en el hombro y volvió a la mesa del tribunal. Apuntó a la garganta con la varita como había hecho en los Mundiales, dijo ¡Sonorus!, y su voz retumbó por las oscuras aguas hasta las tribunas.
—Bien, todos los campeones están listos para la segunda prueba, que comenzará cuando suene el silbato. Disponen exactamente de una hora para recuperar lo que se les ha quitado. Así que, cuando cuente tres: uno... dos... ¡tres! —El silbato sonó en el aire frío y calmado. Las tribunas se convirtieron en un hervidero de gritos y aplausos. Sin pararme a mirar lo que hacían los otros campeones, me quité zapatos y calcetines, saque del bolsillo el puñado de branquialgas, me lo metí en la boca y entre en el lago.
El agua estaba tan fría que sentí que la piel de las piernas me quemaba como si hubiera entrado en fuego. A medida que me adentraba, la túnica empapada me pesaba cada vez más. El agua ya me llegaba a las rodillas, y los entumecidos pies se deslizaban por encima de sedimentos y piedras planas y viscosas. Masticaba las branquialgas con toda la prisa y fuerza de que era capaz. Eran desagradablemente gomosas, como tentáculos de pulpo. Cuando el agua helada le llegaba a la cintura, me detuve, trague las branquialgas y espere a que sucediera algo.
Me di cuenta de que había risas entre la multitud, y sabía que debía de parecer tonto, entrando en el agua sin mostrar ningún signo de poder mágico. En la parte del cuerpo que aún no se me había mojado, tenía carne de gallina. Medio sumergido en el agua helada y con la brisa levantándole el pelo, empezó a tiritar. Evite mirar hacia las tribunas. La risa se hacía más fuerte, sentí mucho rencor al ver a Ron riéndose de mí, junto a Seamus y Dean, el único que me miraba preocupado es Neville.
Entonces, de repente, sentí como si me hubieran tapado la boca y la nariz con una almohada invisible. Intente respirar, pero eso hizo que la cabeza me diera vueltas. Tenía los pulmones vacíos, y notaba un dolor agudo a ambos lados del cuello.
Me lleve las manos a la garganta, y note dos grandes rajas justo debajo de las orejas, agitándome en el aire frío: ¡eran agallas! Sin pararme a pensarlo, hice lo único que tenía sentido en aquel momento: me sumergí al agua.
El primer trago de agua helada fue como respirar vida. La cabeza dejó de darme vueltas. Tome otro trago de agua, y note cómo pasaba suavemente por entre las branquias y le enviaba oxígeno al cerebro. Extendí las manos y me las mire: parecían verdes y fantasmales bajo el agua, y me habían nacido membranas entre los dedos. Me retorcí para verme los pies desnudos: se habían alargado y también me habían salido membranas: era como si tuviera aletas.
El agua ya no parecía helada. Al contrario, resultaba agradablemente fresca y muy fácil de atravesar... nade, asombrándome de lo lejos y rápido que me propulsaban por el agua mis pies con aspecto de aletas, y también de lo claramente que veía, y de que no necesitara parpadear. Me había alejado tanto de la orilla que ya no veía el fondo. Me hundí en las profundidades.
Al deslizarme por aquel paisaje extraño, oscuro y neblinoso, el silencio me presionaba los oídos. No veía más allá de tres metros a la redonda, de forma que, mientras nadaba velozmente, las cosas surgían de repente de la oscuridad: bosques de algas ondulantes y enmarañadas, extensas planicies de barro con piedras iluminadas por un levísimo resplandor. Bajó más y más hondo hacia las profundidades del lago, con los ojos abiertos, escudriñando, entre la misteriosa luz gris que lo rodeaba, las sombras que había más allá, donde el agua se volvía opaca.
Pequeños peces pasaban en todas direcciones como dardos de plata. Una o dos veces creí ver algo más grande ante mí, pero al acercarme descubría que no era otra cosa que algún tronco grande y ennegrecido o un denso macizo de algas. No había ni rastro de los otros campeones, de sirenas ni tritones, afortunadamente, tampoco del calamar gigante.
Unas algas de color esmeralda de sesenta centímetros de altura se extendían ante mi hasta donde me alcanzaba la vista, como un prado de hierba muy crecida. Miraba hacia delante sin parpadear, intentando distinguir alguna forma en la oscuridad... y entonces, sin previo aviso, algo me agarró por el tobillo.
Me retorcí para mirar y vi que un grindylow, un pequeño demonio marino con cuernos, me había aferrado la pierna con sus largos dedos y me enseñaba los afilados colmillos. Me apresure a meterme en el bolsillo la mano membranosa, y buscó a tientas la varita mágica. Pero, para cuando logre hacerme con ella, otros dos grindylows habían salido de las algas y, cogiéndome de la túnica, intentaban arrastrarlo hacia abajo.
—¡Relaxo! —grite desesperado. Pero no salió ningún sonido de mi boca, sino una burbuja grande, y la varita, en vez de lanzar chispas contra los grindylows, les arrojó lo que parecía un chorro de agua hirviendo, porque donde les daba les producía en la piel verde unas ronchas rojas de aspecto infeccioso. Me solté el tobillo del grindylow y escape tan rápido como pude, echando a discreción de vez en cuando más chorros de agua hirviendo por encima del hombro. Cada vez que notaba que alguno de los grindylows me volvía a agarrar el tobillo, le lanzaba una patada muy fuerte. Por fin, sentí que mi pie había golpeado una cabeza con cuernos; volviendo a mirar, vi al aturdido grindylow alejarse en el agua, bizqueando, mientras sus compañeros me amenazaban con el puño y se hundían otra vez entre las algas.
Aminore un tanto, guarde la varita en la túnica, y mire en torno, escuchando, mientras describía en el agua un círculo completo. La presión del silencio contra los tímpanos se había incrementado. Debía de hallarme a mayor profundidad, pero nada se movía salvo las ondulantes algas.
—¿Cómo te va? — creí que me daba un infarto. Volteé de inmediato, y vi a Myrtle la Llorona flotando vaporosamente delante de mí, mirándome a través de sus gruesas gafas nacaradas.
—¡Myrtle! —intente gritar. Pero, una vez más, lo único que le salió de mi boca fue una burbuja muy grande. Myrtle la Llorona se rió.
—¡Deberías mirar por allá! No te acompaño. No me gustan mucho: me persiguen cada vez que me acerco. —le dijo, señalando en una dirección. Le agradecí y fui a la dirección indicada.
Seguí nadando durante unos veinte minutos, hasta que llegué a unas vastas extensiones de barro negro, que enturbiaba el agua en pequeños remolinos cuando pasaba aleteando. Luego, por fin, percibió un retazo del canto de las criaturas marinas:
Nos hemos llevado lo que más valoras, y para encontrarlo tienes una hora...
Nade más rápido, y no tarde en ver aparecer frente a mí, una roca grande que se alzaba del lodo. Había en ella pinturas de sirenas y tritones que portaban lanzas y parecían estar tratando de dar caza al calamar gigante. Pase la roca, guiado por la canción:
... ya ha pasado media hora, así que no nos des largas si no quieres que lo que buscas se quede criando algas...
De repente, de la oscuridad que envolvía todo surgió un grupo de casas de piedra sin labrar y cubiertas de algas. Distinguí rostros en las ventanas, rostros que no guardaban ninguna semejanza con el del cuadro de la sirena que había en el baño de los prefectos...
Las sirenas y los tritones tenían la piel cetrina y el pelo verde oscuro, largo y revuelto. Los ojos eran amarillos, del mismo color que sus dientes partidos, y llevaban alrededor del cuello unas gruesas cuerdas con guijarros ensartados. Me dirigieron sonrisas malévolas. Dos de aquellas criaturas, que enarbolaban una lanza, salieron de sus moradas para observarlo, mientras batían el agua con sus fuertes colas de pez plateadas.
Seguí mirando a mi alrededor, y enseguida las casas se hicieron más numerosas. Alrededor de algunas de ellas había jardines de algas, y hasta vi un grindylow que parecían tener de mascota, atado a una estaca a la puerta de una de las moradas. Para entonces las sirenas y los tritones salían de todos lados y lo contemplaban con mucha curiosidad; señalaban mis branquias y las membranas de sus extremidades, y se tapaban la boca con las manos para hablar entre ellos. Doble muy rápido una esquina, y vi de pronto algo muy raro.
Una multitud de sirenas y tritones flotaba delante de las casas que se alineaban en lo que parecía una versión submarina de la plaza de un pueblo pintoresco. En el medio cantaba un coro de tritones y sirenas para atraer a los campeones, y tras ellos se erguía una tosca estatua que representaba a una sirena gigante tallada en una mole de piedra. Había cuatro personas ligadas con cuerdas a la cola de la sirena. Sentí como el corazón se me oprimió en el pecho al reconocer a la persona más importante en mi vida, sentí mucho odio y rabia contra quienes lo pusieron aquí, no puedo creer que el director lo haya permitido.
Draco estaba atado entre Hermione y Cho Chang. Había también una niña que no parecía contar más de ocho años y cuyo pelo plateado me indicó que debía de ser hermana de Fleur Delacour. Daba la impresión de que los cuatro se hallaban sumidos en un sueño muy profundo: la cabeza les colgaba sobre los hombros, y de la boca les salía una fina hilera de burbujas.
Me acerque rápidamente a ellos, dirigiéndome donde mi dragón se encuentra, temiendo que los tritones bajaran las lanzas para atacarme, pero no hicieron nada. Las cuerdas de algas que sujetaban a los rehenes a la estatua eran gruesas, viscosas y muy fuertes. Por una fracción de segundo, pensé en la navaja que Sirius me había regalado por Navidad y que tenía guardada en el baúl, dentro del castillo, a cuatrocientos metros de allí, donde no me podía servir de nada en absoluto.
Mire a mi alrededor. Muchos de los tritones y sirenas que nos rodeaban llevaban lanzas. Me acerque rápidamente a un tritón de más de dos metros de altura que lucía una larga barba verde y un collar de colmillos de tiburón, y le pidió por señas la lanza. El tritón se rió y negó con la cabeza.
—No ayudamos —declaró con una voz ronca.
—¡Vamos! —dije furioso, aunque sólo le salieron burbujas de la boca e intentó arrancarle la lanza al tritón, pero él tiró de ella, sin dejar de negar ni de reírse. Me volteé y empecé a buscar algo afilado.
Había piedras en el fondo del lago. Me hundí para coger una particularmente dentada, y regresé junto a la estatua. Comencé a cortar las cuerdas que ataban a Draco, y, tras varios minutos de duro trabajo, lo conseguí. Draco flotó, inconsciente, unos centímetros por encima del fondo del lago, balanceándose ligeramente con el flujo del agua.
Mire a mi alrededor. No había señal de ninguno de los otros campeones. ¿Qué hacían? ¿Por qué no se daban prisa? Me volví hacia Hermione, levante la piedra dentada y me dispuse a cortarle las cuerdas también a ella, a pesar de que no estoy en buenos términos con ella, no quiero que le pase nada.
De inmediato me agarraron varios pares de fuertes manos grises. Media docena de tritones me separaban de Hermione, negando con la cabeza y riéndose.
—Llévate el tuyo ¡Deja a los otros! —le dijo uno de ellos, tome la mano de Draco, no quiero que le hagan daño.
—¡De ninguna manera! —respondí furioso... pero de la boca sólo me salieron dos burbujas grandes.
—Tu misión consiste en liberar a tu pareja... ¡Deja a los otros! —abrí los ojos sorprendidos, por supuesto, ellos deben de sentir mi parte criatura.
—Por favor, no le digan a nadie, es peligroso, si se enteran…—deje la frase inconclusa porque sé que Dumbledore debe de sospechar, ahora que sabe que Draco es mi tesoro más valioso, a pesar de que me salieron solo burbujas de la boca, sé que me comprendieron, se pusieron serios y asintieron. No hice nada por tratar de liberar a Hermione, esperare que los demás campeones aparezcan, no puedo irme y dejarlos, principalmente a la niña, es pequeña.
Entonces los tritones y las sirenas que me rodeaban señalaron hacia lo alto. Al levantar la vista, vi a Cedric nadando hacia allí. Tenía una enorme burbuja alrededor de la cabeza, que agrandaba extrañamente los rasgos de su cara.
—¡Nos perdimos! ¡Fleur y Krum vienen detrás! —dijo moviendo los labios, sin pronunciar ningún sonido, y estremecido de horror, al ver a las criaturas que nos rodeaban, más al ver a las que me sujetaban, por algún motivo no me causaban temor alguno.
Muy aliviado, vi a Cedric sacar un cuchillo del bolsillo y liberar con él a Cho, no me importa la chica, pero no quiere decir que le desee lo que pasaría si no viene por ella, mire a mi alrededor, esperando. ¿Dónde estaban Fleur y Krum? El tiempo se agotaba y, de acuerdo con la canción, si la hora de plazo concluía, los rehenes se quedarían allí para siempre.
De pronto, los tritones y las sirenas prorrumpieron en alaridos de excitación. Los que me sujetaban aflojaron las manos, mirando hacia atrás. Me volteé y vi algo monstruoso que se dirigía hacia nosotros abriéndose paso por el agua: el cuerpo de un hombre en bañador con cabeza de tiburón: era Krum. Parecía que se había transformado, pero mal.
El hombre-tiburón fue directamente hasta Hermione y empezó a morderle las cuerdas. El problema estaba en que los nuevos dientes de Krum se hallaban en una posición poco práctica para morder nada que fuera más pequeño que un delfín, y me di cuenta de que, si Krum no ponía mucho cuidado, cortaría a Hermione por la mitad. Lanzándome hacia Krum, le dio un golpe en el hombro y le entregue la piedra dentada. Krum la cogió y la usó para liberar a Hermione. Al cabo de unos segundos ya lo había logrado. Cogió a Hermione por la cintura y, sin una mirada hacia atrás, se impulsó rápidamente hacia la superficie con ella.
¿Y ahora qué?, pensé desesperado. Si estuviera seguro de que llegaría Fleur... pero no había ni rastro de ella.
Cogí la piedra que Krum había tirado al suelo, pero los tritones se acercándose a nosotros, tomé con fuerza la mano de Draco, negando con la cabeza. Saque la varita.
—¡Apártense! —de repente dejaron de reírse. Sus amarillos ojos estaban fijos en mi varita y parecían asustados. Podían ser muchos más, pero viendo sus caras comprendí que no sabían más de magia que el calamar gigante.
—¡Contaré hasta tres! —grite. Salió una fila de burbujas, pero levantó tres dedos para asegurarse de que entendían el mensaje.
—. Uno... —bajó un dedo.
— dos... —bajó el segundo.
Se dispersaron. Me lance hacia la niña, llevando a Draco conmigo no pienso soltarlo y empecé a cortarle las cuerdas que la ataban a la estatua. Y al final la libere. Cogí a la niña por el brazo y a Draco de la cintura y comencé a ascender.
El ascenso era muy lento, porque ya no podía usar las manos palmeadas para avanzar. Moví las aletas con furia, pero Draco y la hermana de Fleur eran como sacos de patatas que me tiraban hacia abajo... Alce los ojos hacia el cielo, aunque sabía que aún debía de encontrarme muy hondo porque el agua estaba oscura.
Los tritones y las sirenas me acompañaban en la subida. Los vi girar a mi alrededor con gracilidad, observando cómo forcejeaba contra las aguas. ¿Me arrastrarían a las profundidades cuando el tiempo hubiera concluido? Tal vez devoraban humanos... Las piernas se me agarrotaban del esfuerzo de nadar, y los hombros me dolían terriblemente de arrastrar a Draco y a la niña...
Respiraba con dificultad. Volvían a dolerme los lados del cuello, y era muy consciente de la humedad del agua en la boca... pero, por otro lado, el agua se aclaraba. Podía ver sobre mí la luz del día...
Di un potente coletazo con las aletas, pero descubrí entonces que ya no eran más que pies... El agua que le entraba por la boca le inundaba los pulmones. Empezaba a marearme, pero sabía que la luz y el aire se hallaban sólo a unos tres metros por encima de él. Tengo que llegar... tengo que conseguirlo...
Hizo tal esfuerzo con las piernas que me pareció que los músculos se quejaban a gritos. Incluso mi cerebro parecía lleno de agua: no podía respirar, necesitaba oxígeno, tenía que seguir subiendo, no podía parar...
Y entonces note que rompía con la cabeza la superficie del agua. Un aire limpio, fresco y maravilloso me produjo escozor en la cara empapada. Tomó una bocanada de aquel aire, con la sensación de que nunca había respirado de verdad y, jadeando, tire de Draco y de la niña hasta la superficie. Alrededor de nosotros, por todas partes, emergían unas primitivas cabezas de pelo verde, pero ahora me sonreían.
Desde las tribunas, la multitud armaba muchísimo jaleo: todos estaban de pie, gritando y chillando. Tuvo la impresión de que creían que Draco y la niña habían muerto, pero se equivocaban: tanto uno como otro habían abierto los ojos. La niña parecía asustada y confusa, pero Draco simplemente parpadeó a la brillante luz del día y se volvió a verme.
—Esto está muy húmedo, ¿eh? ¿Para qué la has traído?—comentó; luego miró a la hermana de Fleur.
—Fleur no apareció. No podía dejarla allí —conteste jadeando.
—Harry, serás ingenuo... ¡No me digas que te tomaste la canción en serio! Dumbledore no nos habría dejado ahogarnos allí. —dijo Draco mirándome con cariño.
—Pero la canción decía... —murmure en cierta forma aliviado de saber que no le pasaría nada.
—¡Era sólo para asegurarme de que te dabas prisa en volver! ¡Espero que no perdieras el tiempo allí abajo interpretando el papel de héroe! Aunque conociéndote mi hermoso león, es lo que hiciste, espero que la veela valore tu esfuerzo—replicó Draco con un suspiro, me siento al halagado y enfadado. Para Draco había sido muy fácil: había permanecido dormido, no se había dado cuenta de lo sobrecogedor que era el lago y verse rodeado de tritones y sirenas armados de lanzas, que parecían más que capaces de asesinar. Solo pensar que pudo haberle pasado algo.
—Vamos, ayúdame a llevarla, creo que no nada muy bien—dije con la compañía de veinte sirenas y tritones, que hacían de guardia de honor cantando sus horribles cánticos que parecían chirridos, llevamos a la hermana de Fleur por el agua hasta la orilla, desde donde nos observaban los miembros del tribunal.
Vi a Madame Pomfrey prodigando sus atenciones a Hermione, Krum, Cedric y Cho, que estaban envueltos en mantas muy gruesas. Desde la orilla a la que nos dirigían, Dumbledore y Ludo Bagman nos sonreían. Mientras tanto, Madame Maxime intentaba sujetar a Fleur Delacour, que estaba completamente histérica y peleaba con uñas y dientes para volver al agua.
—¡Gabguielle!, ¡Gabguielle! ¿Está viva? ¿Está heguida? —pregunto aun nerviosa.
—¡Está bien! —intente decirle, pero llegue tan cansado que apenas podía hablar, y mucho menos gritar.
Salí del agua y ayudé a Draco; Fleur se había soltado de Madame Maxime y corría a abrazar a su hermana.
—Fue pog los guindylows... Me atacagon... ¡Ah, Gabguielle, pensé... pensé...! —trato de explicarnos Fleur sumamente afligida.
—Ustedes, vengan aquí —dijo la voz de la señora Pomfrey. Nos agarró llevándonos donde Hermione y los otros, nos dio una poción muy caliente que nos hizo salir humo por las orejas.
—¡Muy bien, Harry! ¡Lo hiciste, averiguaste el modo, y todo por ti mismo! —dijo Draco quien me sonrió de forma encantadora.
—Bueno... —conteste. Me hubiera gustado contarle lo de Dobby, pero me acababa de dar cuenta de que Karkarov lo miraba. Era el único miembro del tribunal que no se había levantado de la mesa, el único que no mostraba señales de alivio al vernos volver sanos y salvos.
— Sí, es verdad —dije elevando algo la voz para que lo oyera Karkarov.
—Pero te has pasado un montón del tiempo, Harry... ¿Te costó mucho encontrarnos? —pregunto curioso Draco, aunque por la mirada que me está lanzando se debe de estar haciendo una idea de lo ocurrido y solo pregunta porque tambien se dio cuenta que nos observaban.
—No, los encontré sin problemas—a pesar de quedar en último lugar no me importa, de igual forma no me interesa ganar el torneo, lo único que quiero es que acabe y que empiecen las vacaciones de verano. Y mi nueva vida junto a Draco.
Dumbledore estaba agachado en la orilla, trabando conversación con la que parecía la jefa de las sirenas, que tenía un aspecto especialmente feroz y salvaje. El director hacía el mismo tipo de ruidos estridentes que las sirenas y los tritones producían fuera del agua: evidentemente, Dumbledore hablaba sirenio. Finalmente se enderezó, se volvió hacia los otros miembros del tribunal.
—Me parece que tenemos que hablar antes de dar la puntuación— Los miembros del tribunal hicieron un corrillo para discutir. Madame Pomfrey está atendiendo a Fleur quien tenía muchos cortes en la cara y los brazos, y la túnica rasgada; pero no parecía que eso le preocupara, y no permitió que la Madame Pomfrey se ocupara de ella.
—Atienda a Gabguielle—le dijo, y luego se volvió a verme.
—Tú la has salvado, Aunque no ega tu gueén —le dijo casi sin respiración.
—Sí —asentí, ella no es desagradable despues de todo, al menos eso espero. Fleur se inclinó, me besó dos veces en cada mejilla, antes de que Draco se quejara por su atrevimiento, lo beso a el tambien, agradeciendo su ayuda.
Justo entonces la voz mágicamente amplificada de Ludo Bagman retumbó junto a ellos y nos sobresaltó. En las gradas, la multitud se quedó de repente en silencio.
—Damas y caballeros, hemos tomado una decisión. Murcus, la jefa sirena, nos ha explicado qué ha ocurrido exactamente en el fondo del lago, y hemos puntuado en consecuencia. El total de nuestras puntuaciones, que se dan sobre un máximo de cincuenta puntos a cada uno de los campeones, es el siguiente:
—La señorita Delacour, aunque ha demostrado un uso excelente del encantamiento casco-burbuja, fue atacada por los grindylows cuando se acercaba a su meta, y no consiguió recuperar a su hermana. Le concedemos veinticinco puntos—Aplaudieron en las tribunas.
—Me meguezco un cego—dijo Fleur con voz ronca, agitando su magnífica cabellera.
—El señor Diggory, que también ha utilizado el encantamiento casco-burbuja, ha sido el primero en volver con su rehén, aunque lo hizo un minuto después de concluida la hora—Se escucharon unos vítores atronadores procedentes de la zona de Hufflepuff. Vi que, entre la multitud, Chang le dirigía a Cedric una mirada entusiasmada. Para luego sonreírme.
—Por tanto, le concedemos cuarenta y siete puntos —suspire armándome de valor, para soportar los regaños de Draco por quedar en ultimo lugar.
—El señor Viktor Krum ha utilizado una forma de transformación incompleta, que sin embargo dio buen resultado, y ha sido el segundo en volver con su rescatada. Le concedemos cuarenta puntos—Karkarov aplaudió muy fuerte y de manera muy arrogante.
—El señor Harry Potter ha utilizado con mucho éxito las branquialgas. Volvió en último lugar, y mucho después de terminado el plazo de una hora. Pero la jefa sirena nos ha comunicado que el señor Potter fue el primero en llegar hasta los rehenes, y que el retraso en su vuelta se debió a su firme decisión de salvarlos a todos, no sólo al suyo —prosiguió Bagman, Draco me miro en parte con exasperación, en parte con compasión.
—La mayoría de los miembros del tribunal, están de acuerdo en que esto demuestra una gran altura moral y que merece ser recompensado con la máxima puntuación. No obstante... la puntuación del señor Potter son cuarenta y cinco puntos—y aquí Bagman le dirigió a Karkarov una mirada muy desagradable, me sorprendí al darme cuenta que estoy empatado en el primer puesto con Cedric Diggory, todos empezaron aplaudir la multitud enloqueció.
—¿Has visto, Harry? ¡Después de todo, no fuiste tan tonto! ¡Estabas demostrando gran altura moral! —me gritó Draco por encima del estruendo con cierto matiz de burla y orgullo, no me sorprende siempre me dice lo mismo, que mi tendencia por salvar a todos es algo natural en mí, y que por eso le tocaría ser quien me cuide, mire con una sonrisa que Fleur también aplaudía con mucho entusiasmo. Krum, en cambio, no parecía nada contento. Volvió a intentar entablar conversación con Hermione, pero ella estaba demasiado ocupada viéndonos a nosotros.
—La tercera y última prueba tendrá lugar al anochecer del día veinticuatro de junio. A los campeones se les notificará en qué consiste dicha prueba justo un mes antes. Gracias a todos por el apoyo que les brindan—continuó Bagman, abrace a Draco sin importarme que nos vieran, el me beso en la frente, ya acabo, estoy aturdido pero feliz solo una más. Este torneo llegara a su fin, gracias a Merlín.
Bueno chicas espero que les haya gustado solo nos queda un capi para la boda y el viaje a Konoha.
Cualquier cosa reviews o pueden dejarme msm en mi face, gracias a todas por sus comentarios.
Nos seguimos leyendo
Bella.
