Los personajes no me pertenecen son de J.K Rowling y Kishimoto

Summary: Harry se entera que cuando cumpla quince su parte criatura despertara dándole nuevos poderes y una pareja destinada para él, si eso no fuera poco descubre que tiene un primo en un mundo completamente diferente al suyo: El mundo Ninja, ahora luchara junto a su pareja para proteger todo lo que ama.

Parsel -"Hola"

Hechizos- Accio o Jutsus

Voz sobrenatural- Hola

Otro idioma "Hola"

Recuerdos, visiones [Hola]


Capítulo 16 Rumores

Seguimos a la profesora Umbridge por unos pasadizos, al llegar nos quedamos de pie frente al cuadro de Morgana, quien nos miró con detenimiento.

—Dignity—dijo con superioridad. Morgana solo le lanzo una mirada fría, pero se movió dejando a la vista una puerta, la cual nos llevó a una hermosa habitación.

—No es necesario que hablen con ella, es un simple cuadro que solo sirve para mantener la habitación segura, según me dijo el director ni siquiera habla, a diferencia de otros. Como pueden ver, el lugar es cómodo e ideal para ustedes, sus horarios serán como si estuvieran en sus casas, el único privilegio que recibirán es este, me retiro—dijo viéndonos con fijeza, más a Draco, me doy cuenta que nuestra apariencia la tiene anonada.

—Gracias, es muy amable—dijo con una sonrisa mi dragón, por mi parte solo incline la cabeza, ella soltó risitas estúpidas y se fue, cuando cerramos la puerta, ambos suspiramos

—Cuéntame lo que te dijeron tus amigos—dijo Draco guiándome a la cama, nuestros baúles ya se encuentran aquí. Le conté absolutamente todo, no quiero que haya secreto entre nosotros.

—Ya veo, debemos de ser cuidadosos, mira lo que le hizo a tío Sirius, no lo ayudo sabiendo que era inocente, solo para mantenerlo alejado de ti, ahora imagínate lo que me hará—suspiro mientras se quitaba el uniforme, mire maravillado al hermoso chico que es mi esposo, los tatuajes solo lo hacen más exótico.

—No te hará nada, si te toca un cabello lo mato—sisee molesto mientras lo abrazaba y besaba su hombro, es mi vida.

—Lo sé, debemos de hablar con los niños, deben de estar esperando nuestra llamada—dijo con una sonrisa mientras se volteaba y me besaba con pasión. Draco fue a nuestros baúles, saco los pijamas y uno de los espejos, no habían pasado ni quince minutos cuando nuestros bebes nos llamaron, nos contaron su día, sonreí ante la dicha y felicidad que se reflejaba en sus miradas, empezaron sus clases, Lucius les enseñaría idiomas, a leer y escribir, Cissy les enseñaría etiqueta, música y modales.

Son niños muy inteligentes, aprenderán rápido, principalmente debido al premio que le dan cada vez que responden correctamente, es un buen incentivo.

—Hay un jacuzzi, alístalo mientras cuelgo nuestras ropas—solo asentí e hice lo que me dijo, tengo que admitir que es hermoso, circular y todo parece conectado, las piedras son de color crema con hermosos diseños, es espacioso, tiene dos lavamanos, por lo cual no tendremos problemas con quien entre primero, hay ventanas falsas, son como el cielo del gran comedor, muestran la noche estrellada. Con un movimiento de mano, las velas se encendieron y el agua empezó a caer como cascada, eché todas las sales y jabones de olores que a mi dragón le gustan, me desvestí hasta quedar desnudo y entre, el agua caliente hace maravillas con mis músculos. El lugar es muy romántico, creo que pasaremos mucho tiempo aquí.

—Veo que te adelantaste—dijo Draco desde la puerta, la boca se me hizo agua, al verlo en toda su gloria, no puedo creer que sea todo mío. No aparte la mirada, seguí sus movimientos, hasta que estuvo al alcance de mis manos.

—Estaba esperándote—dije oliendo su cuello, dándoles pequeñas mordidas, rodeo con sus brazos mi cintura, jalándome más cerca.

—¿Qué necesitas? —pregunto seductoramente, lo tengo tan cerca y veo sus ojos grises oscurecerse, tome ligeramente sus labios, disfrutando del contacto.

—Draco—suspire encantando, coloque mi mano en su espalda, sosteniéndolo para que se abriera para mí, sentí su aliento cálido en mis labios, haciendo que mi pene se engrosara y alargara. Comenzó a respirar rápidamente antes de separar sus labios, deslice mi lengua dentro, al instante se encontró con la suya. Tomé con mi otra mano su erección, sentí como empujaba profundamente contra mi mano.

Draco siseó, inclinando la cabeza hacia atrás tensando los músculos del cuello. Bese su cuello mientras acariciaba su pene, es como una sirena en el agua, su cuerpo ágil y compacto, se adapta perfectamente a mis brazos, empuje su culo hasta que se envolvió alrededor de mi cintura y no tenía duda que puede sentir lo duro que estoy. Volví a besar y mordisquear su pecho, deslice los dedos por su apretada entrada, a pesar de que puedo usar un hechizo de lubricación, hacerlo manualmente es más placentero, masajee la piel entre sus bolas y agujero.

—Veo lo que estás haciendo —dijo Draco mientras seguía jadeando pesadamente. Lamí un largo camino desde el centro del estómago hasta el pezón derecho tomándolo, probándolo.

—¿Y qué estoy haciendo? —Le pregunte antes de morderlo suavemente. Pase mi pulgar por encima de la cabeza su pene, presionando mi uña dentro de la pequeña rendija. Draco gimió y se arqueo más, tome mi tiempo, me encanta explorar su cuerpo con mis manos y boca. Nuestra piel junta me provoca una sensación sumamente placentera. Use mis manos para masajear las nalgas de Draco, ya está listo para mí.

Me senté en el pequeño borde de la bañera, con Draco en mi regazo, ambos jadeamos ante la sensación abrumadora que nos embargaba.

—Seduciéndome, sabiendo bien que solo dormiríamos, pero este momento, si no entras en mí, te cruciare—confesó mientras se movía colocándose encima de mi erección

—Tómame en tu cuerpo, Draco — acaricie su cuello, incitándolo.

—Jode mi pene, dragón —Chupe la carne sensible de la oreja, provocándolo con mis dientes mientras Draco se hundía lentamente en mi eje.

Sus dedos se cerraron en mis hombros, sus uñas arañándolo hasta que tocó fondo. Ambos gemimos al unísono.

—Se siente tan bien—susurro extasiado.

—Móntame, Draco —agarre sus caderas y empezó a moverlo de arriba abajo. El agua se arremolinaba a mi alrededor, mientras Draco plantaba sus rodillas en el borde y comenzaba a rebotar.

—Ahh…Harry—sus jadeos están matándome.

—Jódeme —dije con un silbido mientras veía el pene de Draco moverse en el agua, eché la cabeza hacia atrás, disfrutando de la sensación del agujero apretándolo. El placer recorría mis venas, mientras bajaba me inclinaba para besar sus suaves labios.

Sus rodillas se apretaron alrededor de mis caderas mientras nuestras lenguas se batían en duelo. Abrí más las piernas y dejé que mis manos se deslizaran hacia su trasero, sosteniéndolo en su lugar mientras movía sus caderas hacia arriba, llevando mi pene profundamente y llegando más y más cerca del borde del orgasmo.

Bese su pecho y levante la vista para ver a Draco observándome, sentí como nuestro lazo se fortalecía y nada ni nadie lo rompería, a menos que uno de nosotros muriera, algo que no pienso permitir que pase. Esta sensación cada vez que hacemos el amor, como si uno estuviera dentro del cuerpo del otro, sigue dejándome sin aliento, empuje con más fuerza, me gire colocando la espalda de Draco contra el borde, agarre sus caderas y empuje con más fuerza, ronronee de placer cuando Draco grito y chorros de semen golpearon mi pecho.

Su agujero se tensó como una tenaza alrededor de mi pene. Por un momento no pude moverme. Cuando su cuerpo se relajó, tome sus caderas empujando en repetidas ocasiones, persiguiendo la liberación que Draco acababa de experimentar. Me corrí con un grito, mi pene explotando dentro suyo.

—Te amo—susurre con devoción, si no usáramos hechizos anticonceptivos, estoy seguro que en este momento mi dragón estaría embarazado.

—Yo tambien te amo—dijo besándome con pasión, nos terminamos de bañar y nos fuimos acostar, al instante Morfeo nos reclamó.

A la mañana siguiente, nos alistamos para ir al gran comedor, el verano pasado me compro un nuevo guardarropa, eso incluía, uniforme nuevo. Draco se fue a la sala común de Slytherin a buscar a sus amigos, antes de que se fuera lo bese con pasión, presiento que no lo haremos mucho, al menos no en público.

Por mi parte me dirigí a la sala común de Gryffindor, al entrar todas las miradas se posaron en mí, pero la ignoré y fui a sentarme con Ron, quien me sonrió feliz, estaba con Neville, Dean y Seamus, quien decía que soy un mortifago, al verme se levantó y se fue a otro lado, idiota.

—¿Qué ocurre? —preguntó Hermione cinco minutos más tarde, cuando se reunió con nosotros, en la sala común antes de que bajáramos todos a desayunar.

—Están completamente… ¡Vaya! —Se había quedado mirando el tablón de anuncios de la sala común, donde habían colgado un gran letrero. Eso fue lo que me distrajo cuando entre.

¡GALONES DE GALEONES!

¿Tus gastos superan tus ingresos? ¿Te gustaría ganar un poco de oro?

Si te interesa un empleo sencillo, a tiempo parcial y prácticamente indoloro, ponte en contacto con Fred y George Weasley, sala común de Gryffindor.

(Lamentamos decir que los aspirantes tendrán que asumir los riesgos del empleo.)

—Se han pasado —comentó Hermione con gravedad, y descolgó el letrero que Fred y George habían clavado encima de un póster que anunciaba la fecha de la primera excursión a Hogsmeade, que sería en octubre.

—Vamos a tener que hablar con ellos, Ron—dijo con seriedad.

—¿Por qué? —pregunto Ron alarmado, extrañaba esto.

—¡Porque somos prefectos! ¡Es tarea nuestra impedir este tipo de cosas! —exclamó Hermione mientras trepábamos por el agujero del retrato.

Ron no dijo nada, pero, por la apesadumbrada expresión, comprendí que la perspectiva de evitar que Fred y George hicieran lo que les gustaba no lo ilusionaba.

—¿Qué te pasa, Harry? —continuó Hermione mientras bajábamos un tramo de escalera cuya pared estaba cubierta de retratos de viejos magos y brujas que no nos hicieron ni caso, pues se hallaban enfrascados en sus propias conversaciones.

—Te veo de muy mal humor—como no estarlo, me levante de lo más feliz, para venir a escuchar estupideces, pero mi dragón ya me lo advirtió, por lo que solo debo de ignorarlo.

—Seamus ha estado hablando de Harry, diciendo que se unió al enemigo, solo por casarse con Malfoy—contestó brevemente Ron al comprobar que no respondía. Hermione suspiro, sinceramente no me sorprendió, antes hubiera esperado que se indignara, pero con todo lo que hemos pasado, sé que ella ya analizo todo.

—Ya, Lavender también lo cree —comentó Hermione con tristeza.

—Seguro que has tenido una interesante charla con ella sobre si soy o no soy un mortifago ¿no? —dije en voz alta, "amor relájate, puedo sentir tus emociones, ignóralos, no valen la pena" respiré profundo e hice lo que me dijo.

—No. La verdad es que le he dicho que cierre su sucia boca y que no hable mal de ti. Y haz el favor de dejar de lanzarte a nuestro cuello a cada momento Harry, porque, por si no lo sabías, Ron y yo estamos de tu parte, te fallamos una vez, no lo haremos de nuevo—repuso Hermione con calma. Hubo una breve pausa.

—Lo siento —me disculpe en voz baja.

—Así me gusta —dijo Hermione con dignidad.

En ese momento llegamos al pie de la escalera de mármol. Una fila de alumnos de cuarto de Ravenclaw cruzaba el vestíbulo. Me miraron embobados y un grupo de chicas empezaron a soltar risitas estúpidas.

Seguimos a los de Ravenclaw al interior del Gran Comedor, y al entrar miramos instintivamente hacia la mesa del profesorado. La profesora Grubbly-Plank hablaba con la profesora Sinistra, de Astronomía, y Hagrid, una vez más, brillaba por su ausencia. El techo encantado del recinto tenía un triste color gris, como el de las nubes de lluvia.

—Dumbledore ni siquiera mencionó durante cuánto tiempo vamos a tener a la profesora Grubbly-Plank—comente mientras nos dirigíamos hacia la mesa de Gryffindor. Es raro y tengo una teoría, pero estoy seguro que Hermione me confirmará o desmentirá.

—A lo mejor… —insinuó Hermione pensativa.

—¿Qué? —preguntamos unísono Ron y yo.

—Bueno…, a lo mejor no quería llamar la atención sobre la ausencia de Hagrid—lo supuse, que estas tramando Dumbledore, donde lo mandaste.

—¿Qué quieres decir? ¿Cómo no íbamos a fijarnos en que no está aquí? —preguntó Ron medio riendo, antes de que pudiera contestar, Angelina se acercó a nosotros.

—¡Hola, Angelina! —dije cordial, aun no sé, cuantos de mis compañeros, están en contra de mi matrimonio.

—¡Hola! ¿Qué tal las vacaciones? Me han nombrado capitana del equipo de quidditchde Gryffindor—contestó ella con brío, sin esperar que respondiéramos.

—¡Qué bien! —dije sonriéndole; me imaginó que las charlas de Angelina para infundir ánimo no serán tan densas como las de Oliver Wood, lo cual supone una mejora.

—Sí, bueno… Necesitamos un nuevo guardián ahora que Oliver se ha marchado. Las pruebas serán el viernes a las cinco y quiero que venga todo el equipo. Tenemos que ver quién encaja mejor en esa posición—me relaje al ver que solo quiere hablar de quidditch. Mire hacia la mesa de Slytherin, al parecer mi dragón no está teniendo problemas, le guiñe un ojo cuando me volvió a ver, solo sonrió, provocando suspiro en varias chicas y chicos, me contuve para no gruñir, mi parte arpía quiere atacarlos a todos.

—De acuerdo —conteste al ver las miradas de todos en mí, bueno, al parecer ni siquiera puedo coquetear con mi esposo, sin causar revuelo. Angelina le sonrió y se fue.

—Ya no me acordaba de que Wood se marchó. Supongo que el equipo lo notará, ¿no? —comentó Hermione con vaguedad mientras se sentaba junto a Ron y se acercaba un plato de tostadas.

—Supongo. Era un buen guardián… —contesté y me senté en el banco de enfrente, así tendré una excelente vista de mi amor. Aun no sé si contarles de mi parte criatura a los chicos, por el momento los pondré a prueba con todo esto de Dumbledore, no voy arriesgar a mi dragón y mis hijos.

—De todos modos, no irá mal un poco de sangre nueva, ¿verdad? —observó Ron. De repente se oyó como un rugido, y cientos de lechuzas entraron volando por las ventanas más altas.

Bajaron hacia las mesas del comedor y llevaron cartas y paquetes a sus destinatarios, a quienes rociaron con gotas de agua; evidentemente, fuera estaba lloviendo. No me sorprendió ver a Hedwig y el búho real de Draco bajar, tome las cartas que me trajeron, una era de Sirius y Remus, la otra de Lucius, una de Narcissa y por supuesto no falto la de mis bebes, está escrita en japonés.

—¿Conoces a alguien de Japón? —pregunto confundida Hermione.

—Son los hijos de unos socios de Lucius, los conocí en vacaciones—ignoré las miradas de cautela y recelos que apareció en los rostros de la mayoría de los que me escucharon, que se jodan.

—¡Miren lo que tenemos hoy! Historia de la Magia, clase doble de Pociones, Adivinación y otra sesión doble de Defensa Contra las Artes Oscuras… ¡Binns, Snape, Trelawney y Umbridge en un solo día! Espero que Fred y George se den prisa y se pongan a fabricar ese Surtido Salta clases… —gruñó Ron, tratando de aligerar el ambiente.

—¿He oído bien? —dijo Fred, que llegaba en ese instante con George. Los gemelos se sentaron junto a mí.

—¡No es posible que los prefectos de Hogwarts intenten saltarse clases! —exclamo con fingido asombro George.

—¡Miren lo que tenemos hoy! Es el peor lunes que he visto en mi vida—repitió Ron de mal humor, y le puso el horario bajo la nariz a Fred.

—Tienes razón, hermanito. Si quieres puedo darte un turrón sangra narices; te lo dejo barato—le dijo Fred leyendo la lista.

—¿Por qué barato? —preguntó Ron con recelo.

—Porque sangrarás hasta quedarte seco. Todavía no hemos conseguido el antídoto —respondió George mientras se servía un arenque ahumado.

—Gracias, pero creo que iré a las clases —repuso Ron de mal humor, y se guardó el horario en el bolsillo.

—Por cierto, hablando de su Surtido Salta clases, no pueden poner anuncios en el tablón de Gryffindor para contratar cobayos —dijo Hermione mirando a Fred y a George con sus redondos y brillantes ojos.

—¡Ah, no! ¿Quién ha dicho eso? —exclamó George con sorpresa.

—Lo digo yo. Y Ron —contestó Hermione.

—A mí no me metas —se apresuró a decir Ron, creo que el pobre ha recibido demasiadas bromas de los gemelos, para querer meterse en el asunto. Hermione le lanzó una mirada fulminante y los gemelos rieron por lo bajo.

—No tardarás en cambiar de actitud, Hermione. Vas a empezar quinto, y dentro de poco vendrás a suplicar que te vendamos un Surtido Salta clases —vaticinó Fred mientras untaba un buñuelo con mantequilla.

—¿Y qué tiene que ver que empiece quinto con que quiera comprar un Surtido Salta clases? —preguntó Hermione.

—Quinto es el año de los TIMOS —le recordó George.

—¿Y? —solo pude jadear, Draco me matará si no salgo bien y presiento que este año será difícil.

—Que llegarán los exámenes, ¿no? Van a tener que hincar los codos hasta que se les queden en carne viva, Harry ya comprendió, apuesto a que tu dragón te hará sufrir —dijo Fred con satisfacción. Solo gruñí y lo fulmine con la mirada, primero por llamar dragón a mi esposo, solo yo puedo llamarlo así y segundo por burlarse.

—La mitad de los de nuestro curso sufrieron pequeñas crisis nerviosas cuando se acercaban los exámenes del TIMO. Lágrimas, rabietas… Patricia Stimpson se desmayaba a cada momento… —añadió George la mar de contento, ignorando mi gruñido y solo viéndome con burla, saben que es mi lado criatura siendo sumamente posesivo.

—Kenneth Towler se llenó de granos, ¿te acuerdas? —dijo Fred con nostalgia.

—Eso fue porque le pusiste polvos Bulbadox en el pijama —aclaró George.

—¡Ah, sí! Ya no me acordaba… A veces resulta difícil llevar la cuenta de todo, ¿verdad? —admitió Fred, sonriente.

—En fin, quinto es un curso de pesadilla. Si te importan los resultados de los exámenes, naturalmente. Fred y yo conseguimos no desanimarnos —concluyó George.

—Sí, claro… ¿Qué sacaron, tres TIMOS cada uno? —intervino Ron.

—Sí. Pero nosotros creemos que nuestro futuro está fuera del mundo de los logros académicos —afirmó Fred con indiferencia.

—Nos planteamos muy seriamente si íbamos a volver a Hogwarts este año para hacer séptimo, ahora que tenemos… —comentó George alegremente, se interrumpió al ver mi mirada de advertencia, lo que menos quiero es que todo el colegio se entere que soy su benefactor.

—… ahora que tenemos nuestros TIMOS. No sé, ¿de verdad necesitamos los ÉXTASIS? Pero creímos que mamá no soportaría que abandonáramos los estudios tan pronto, sobre todo después de que Percy resultara ser el mayor imbécil del mundo —se apresuró a añadir George.

—Pero no vamos a malgastar nuestro último año aquí —prosiguió Fred echando un afectuoso vistazo al Gran Comedor.

—Vamos a utilizarlo para hacer un poco de estudio de mercado. Nos interesa saber con exactitud qué le exige el alumno medio de Hogwarts a una tienda de artículos de broma para luego evaluar meticulosamente los resultados de nuestra investigación y crear productos que satisfagan la demanda—eso fue lo último que dijeron sobre el asunto.

—¿Creen que es cierto que los exámenes de este año serán muy duros? —aunque no importaba si lo eran o no, igual tendré que sacar una muy buena nota, no quiero decepcionar a mi dragón.

—¡Oh, ya lo creo! Los TIMOS son muy importantes, y del resultado dependerá el tipo de ofertas de empleo a las que puedas presentarte más adelante. Además, este año podemos pedir consejo sobre las diferentes carreras. Me lo ha dicho Bill. Así puedes elegir qué ÉXTASIS quieres hacer el año que viene—exclamó Ron.

—¿Ustedes ya saben que les gustaría hacer cuando salgan de Hogwarts? —pregunte mientras salíamos del gran comedor y nos dirigíamos al aula de historia de la magia.

—Pues no, salvo…, bueno… —añadió un tanto avergonzado.

—¿Qué? —lo anime curioso.

—Bueno, no me importaría ser Auror —declaró Ron con brusquedad.

—A mí tampoco —repuse analizando el asunto, aunque no lo sé, debo de platicarlo con Draco, ahora tenemos dos niños por los que velar.

—Pero los Aurores son… la élite. Para ser Auror tienes que ser muy bueno. ¿Y tú, Hermione? —comentó Ron.

—No lo sé. Creo que me gustaría hacer algo que valga la pena.

—¡Ser Auror vale la pena! —exclamó Ron.

—Sí, ya lo sé, pero no es lo único que vale la pena. No sé, si pudiera seguir trabajando en la PEDDO… —dijo Hermione con aire pensativo.

Todos los alumnos de Hogwarts estábamos de acuerdo en que Historia de la Magia era la asignatura más aburrida que jamás había existido en el mundo de los magos. El profesor Binns, tenía una voz jadeante y monótona que casi garantizaba una terrible somnolencia al cabo de diez minutos, cinco si hacía calor. Nunca alteraba el esquema de las lecciones y las recitaba sin hacer pausas mientras los alumnos tomaban apuntes o contemplaban el vacío con aire amodorrado. Hasta entonces, Ron y yo habíamos conseguido unos aprobados justos en esa asignatura copiando los apuntes de Hermione antes de los exámenes; ella era la única capaz de resistir el efecto soporífero de la voz de Binns.

Aquel día tuvimos que soportar tres cuartos de hora de una inalterable perorata sobre las guerras de los gigantes. Solo escuche los primeros diez minutos y me desconecte, y pase los treinta y cinco minutos restantes platicando con Draco por medio de nuestro enlace mental.

Caía una débil llovizna, y el contorno de los alumnos, que estaban de pie formando corros en el patio, se veía difuminado. Elegimos un rincón apartado, bajo un balcón desde el que caían gruesas gotas; nos levantamos el cuello de las túnicas para protegernos del frío aire de septiembre y empezamos a hacer conjeturas sobre lo que Snape nos tendría preparado para la primera clase del curso.

—¡Hola, Harry! —Era Cho Chang, y curiosamente volvía a estar sola. Eso era muy raro, pues Cho casi siempre iba rodeada de un grupo de chicas que no paraban de reír como tontas; no sé porque se me acerca, ni siquiera somos amigos para que me hable con tanta confianza.

—¡Hola! —dije con frialdad, no soy idiota para no darme cuenta que está interesada en mí, supongo que al morir Cedric quiere buscar otras opciones, solo que está mirando donde no debe.

—¿Qué es eso? ¿Una insignia de los Tornados? No serás admiradora suya ¿verdad? —preguntó de pronto Ron señalando la túnica de Chang, donde llevaba una insignia de color azul cielo con la doble T dorada, agradecí que interviniera, mi criatura siente repelús por ella y por cualquiera que esté interesado de esa forma en mí, debido a esto no soporto estar cerca de Ginny o Collins y su hermano.

—Pues sí —contestó Cho.

—¿Lo has sido siempre, o sólo desde que empezaron a ganar la liga? —inquirió acusador.

—Soy admiradora de los Tornados desde que tenía seis años —concretó la chica con serenidad.

—Bueno, hasta luego Harry—Hermione esperó a que Cho se alejara por el patio antes de volverse contra Ron.

—¡Qué poco tacto tienes! —inquirió Hermione.

—¿Qué? Pero si sólo le he preguntado si…—empezó a decir Ron confuso.

—¿No te has dado cuenta de que quería hablar con Harry?

—¿Y qué? De igual forma Hermione, ella está interesada románticamente y Harry está felizmente casado, así que les ahorré la incomodidad—solo asentí dándole la razón.

—Ha sonado la campana —dije sin ánimo de escuchar sus típicas discusiones. No dejaron de pelearse hasta que llegamos a la mazmorra de Snape.

Hermione, nos siguió hasta la mesa donde se sentaban siempre, al fondo, y fingió que no oía los sonidos de irritación que Ron emitía.

—Silencio —ordenó Snape con voz cortante al cerrar la puerta tras él.

En realidad, no había ninguna necesidad de que impusiera orden, pues en cuanto los alumnos oyeron que la puerta se cerraba, nos quedamos quietos y callados. Por lo general, la sola presencia de Snape bastaba para imponer silencio en el aula.

—Antes de empezar la clase de hoy, creo conveniente recordarles que el próximo mes de junio realizaran un importante examen en el que demostraran cuánto han aprendido sobre la composición y el uso de las pociones mágicas. Pese a que algunos alumnos de esta clase son indudablemente imbéciles, espero que consigan un «Aceptable» en el TIMO si no quieren… contrariarme —dijo el profesor desde su mesa, abarcando con la vista a todos los estudiantes y mirándonos fijamente, su mirada se detuvo en Neville, que tragó saliva.

—Después de este curso, muchos de ustedes dejaran de estudiar conmigo, por supuesto yo solo preparo a los mejores alumnos para el ÉXTASIS de Pociones, lo cual significa que tendré que despedirme de algunos de los presentes—me miro y torció el gesto, le sostuve la mirada, algo me dice que tendré que tratar con él, sin importar como acabemos las clases. El resto de la clase paso rápidamente, aunque con muchos disgusto y puntos perdidos, el día transcurrió tranquilamente hasta que llegamos a Defensa contra las Artes Oscuras, la profesora Umbridge estaba sentada en su sitio.

Llevaba la suave y esponjosa chaqueta de punto de color rosa que había lucido la noche anterior, y el lazo de terciopelo negro en la cabeza. No pude evitar pensar en ella como una gran mosca posada imprudentemente sobre la cabeza de un sapo descomunal.

Los alumnos guardamos silencio en cuanto entramos en el aula; la profesora Umbridge todavía era un elemento desconocido y nadie sabía lo estricta que podía ser a la hora de imponer disciplina.

—¡Buenas tardes a todos! —saludó a los alumnos cuando por fin éstos se sentaron. Unos cuantos respondieron con un tímido «Buenas tardes».

—¡Ay, ay, ay! ¿A si saludan a su profesora? Me gustaría oírlos decir, «Buenas tardes, profesora Umbridge» volvamos a empezar, por favor, ¡Buenas tardes a todos! —exclamó con una sonrisa inquietante.

—Buenas tardes, profesora Umbridge —gritó la clase.

—Eso está mucho mejor ¿A que no ha sido tan difícil? Guarden las varitas y saquen las plumas, por favor—nos felicitó con dulzura.

Unos cuantos alumnos intercambiaron miradas lúgubres; hasta entonces la orden de guardar las varitas nunca había sido el preámbulo de una clase que hubieran considerado interesante. Suspire sospechando que esta sería una clase horrorosa, sola la profesora ya es un prefacio. Puse mi varita en la mochila y saqué la pluma, la tinta y el pergamino. La profesora Umbridge abrió su bolso, sacó su varita, que era inusitadamente corta, y dio unos golpecitos en la pizarra con ella; de inmediato, aparecieron las siguientes palabras:

Defensa Contra las Artes Oscuras: regreso a los principios básicos

—Muy bien, hasta ahora su estudio de esta asignatura ha sido muy irregular y fragmentado, ¿verdad? —afirmó la profesora Umbridge volviéndose hacia la clase con las manos entrelazadas frente al cuerpo.

— Por desgracia, el constante cambio de profesores, muchos de los cuales no seguían, al parecer, ningún programa de estudio aprobado por el Ministerio, ha hecho que estén muy por debajo del nivel que nos gustaría que alcanzarais en el año del TIMO. Sin embargo, os complacerá saber que ahora vamos a rectificar esos errores. Este año seguiremos un curso sobre magia defensiva cuidadosamente estructurado, basado en la teoría y aprobado por el Ministerio. Copien esto, por favor— Volvió a golpear la pizarra y el primer mensaje desapareció y fue sustituido por otro

«Objetivos del curso».

1. Comprender los principios en que se basa la magia defensiva.

2. Aprender a reconocer las situaciones en las que se puede emplear legalmente la magia defensiva.

3. Analizar en qué contextos es oportuno el uso de la magia defensiva.

Durante un par de minutos en el aula sólo se oyó el rasgueo de las plumas sobre el pergamino. Cuando terminamos de copiar los objetivos, no tuve esperanza alguna que nos enseñara algo útil, estoy agradecido por haber aprendido cosas nuevas el verano. Nos pusimos a leer el capítulo más aburrido y tedioso, mire intrigado a Hermione tratando de captar la atención de la cara de sapo, estuviera haciendo lo mismo de no ser por las circunstancias, pero por el momento necesitamos a esta mujer, aun no se si Dumbledore intentara separarnos y para mi desgracia es la única con la autoridad para apoyarnos, mas con Lucius interviniendo. Pero pasados unos minutos más, deje de ser el único que observaba a Hermione.

El capítulo que les habían ordenado leer era tan tedioso que muchos alumnos optaban por contemplar el mudo intento de Hermione de captar la atención de la profesora Umbridge, en lugar de seguir adelante con la lectura de los «Conceptos elementales para principiantes».

Cuando más de la mitad de la clase miraba a Hermione en vez de leer el libro, la profesora Umbridge decidió que ya no podía continuar ignorando aquella situación.

—¿Quería hacer alguna pregunta sobre el capítulo, querida? —le dijo a Hermione como si acabara de reparar en ella.

—No, no es sobre el capítulo—expuso con determinación.

—Ahora estamos leyendo. Si tiene usted alguna duda podemos solucionarla al final de la clase—repuso la profesora Umbridge mostrando sus pequeños y puntiagudos dientes.

—Tengo una duda sobre los objetivos del curso —aclaró Hermione. La profesora arqueó las cejas.

—¿Cómo se llama, por favor? —pregunto con los dientes apretados.

—Hermione Granger—respondió alzando la cabeza.

—Mire, señorita Granger, creo que los objetivos del curso están muy claros si los lee atentamente —dijo la profesora Umbridge con decisión y un deje de dulzura.

—Pues yo creo que no. Ahí no dice nada sobre la práctica de los hechizos defensivos. —soltó Hermione sin miramientos.

Se produjo un breve silencio durante el cual muchos miembros de la clase giraron la cabeza y se quedaron mirando con el entrecejo fruncido los objetivos del curso, que seguían escritos en la pizarra.

—¿La práctica de los hechizos defensivos? Verá, señorita Granger, no me imagino que en mi aula pueda surgir ninguna situación que requiera la práctica de un hechizo defensivo por parte de los alumnos. Supongo que no espera usted ser atacada durante la clase, ¿verdad? —repitió la profesora Umbridge con una risita.

—¡¿Entonces no vamos a usar la magia?! —exclamó Ron en voz alta.

—Por favor, levante la mano si quiere hacer algún comentario durante mi clase, señor…—lo miro fijamente esperando que contestara.

—Weasley —dijo Ron, y levantó una mano. La profesora Umbridge, con una amplia sonrisa en los labios, le dio la espalda.

—¿Sí, señorita Granger? ¿Quiere preguntar algo más? —pregunto empezando a molestarse.

—Sí. Es evidente que el único propósito de la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras es practicar los hechizos defensivos, ¿no es así? —contestó ella.

—¿Acaso es usted una experta docente preparada en el Ministerio, señorita Granger? —le preguntó la profesora Umbridge con aquella voz falsamente dulce.

—No, pero…—dijo Hermione, pero no la dejo terminar.

—Pues entonces me temo que no está cualificada para decidir cuál es el «único propósito» de la asignatura que imparto. Magos mucho mayores y más inteligentes que usted han diseñado nuestro nuevo programa de estudio. Aprenderán los hechizos defensivos de forma segura y libre de riesgos…—la mire con incredulidad, como podremos defendernos con semejante estupidez.

—¿De qué va a servirnos eso? Si nos atacan, no va a ser de forma…—inquirí en voz alta.

—¡La mano, señor Potter! —canturreó la profesora Umbridge. Levante un puño. Una vez más, la profesora Umbridge me dio rápidamente la espalda, pero otros alumnos también habían levantado la mano.

—¿Su nombre, por favor? —le preguntó la bruja a Dean.

—Dean Thomas.

—¿Y bien, señor Thomas?

—Bueno, creo que Harry tiene razón. Si nos atacan, no vamos a estar libres de riesgos.

—Repito ¿espera usted ser atacado durante mis clases? —dijo la profesora Umbridge, que miraba a Dean sonriendo de una forma muy irritante.

—No, pero…—La profesora Umbridge no le dejó acabar.

—No es mi intención criticar el modo en que se han hecho hasta ahora las cosas en este colegio, pero en esta clase han estado ustedes dirigidos por algunos magos muy irresponsables, sumamente irresponsables; por no mencionar a algunos híbridos peligrosos en extremo…—explicó con una sonrisa poco convincente, estirando aún más su ancha boca, soltó una desagradable risita, me mordí la lengua, en primero por la ofensa a Lupin y el resto de lo que somos como el, que me incluye, junto a mi esposo.

—Si se refiere al profesor Lupin, era el mejor que jamás… —saltó Dean, enojado.

—¡La mano, señor Thomas! Como iba diciendo, los han iniciado en hechizos demasiado complejos e inapropiados para su edad, y letales en potencia. Los han asustado y les han hecho creer que podrían ser víctimas de ataques de las fuerzas oscuras en cualquier momento…—mis emociones se están alterando, es algo que ocurre desde que recibí mi herencia, miré como ciertos objetos se mueven, pero nadie se ha percatado debido a que están prestando atención a los alegatos. Oigo la voz de Draco, pero estoy tan molesto que no distingo lo que dice.

—Eso no es cierto. Sólo nos…—la interrumpió Hermione.

—¡No ha levantado la mano, señorita Granger! —Hermione la levantó y la profesora Umbridge le dio la espalda.

—Tengo entendido que mi predecesor no sólo realizó maldiciones ilegales delante de ustedes, sino que incluso las realizó con ustedes—como puede ser alguien tan cerrada de mente y obtusa.

—Bueno, resultó que era un maniaco, ¿no? Y, aun así, aprendimos muchísimo con él. —terció Dean acaloradamente.

—¡No ha levantado la mano, señor Thomas! Bueno, el Ministerio opina que un conocimiento teórico será más que suficiente para que aprueben el examen; y al fin y al cabo para eso es para lo que vienen ustedes al colegio. ¿Su nombre? —añadió la profesora Umbridge, mirando a Parvati, que acababa de levantar la mano.

—Parvati Patil. Pero ¿no hay una parte práctica en el TIMO de Defensa Contra las Artes Oscuras? ¿No se supone que tenemos que demostrar que sabemos hacer la contra maldiciones y esas cosas? —pregunto confusa.

—Si han estudiado bien la teoría, no hay ninguna razón para que no podáis realizar los hechizos en el examen, en una situación controlada —explicó la profesora Umbridge quitándole importancia al asunto.

—¿Sin haberlos practicado de antemano? ¿Significa eso que no vamos a hacer los hechizos hasta el día del examen? —preguntó Parvati con incredulidad.

—Repito, si han estudiado bien la teoría…—la interrumpí como ha hecho con todos.

—¿Y de qué nos va a servir la teoría en la vida real? —sisee con suma frialdad, levantando el puño.

—Esto es el colegio, señor Potter, no la vida real—dijo mirándome enojada.

—¿Acaso no se supone que estamos preparándonos para lo que nos espera fuera del colegio? —pregunte con suavidad, sin siquiera levantar la voz, algo que me enseño Lucius, para verme más intimidante, sin ser grosero.

—No hay nada esperando fuera del colegio, señor Potter—siseo apretando los dientes.

—¿Ah, no? —insistí. La rabia que sentía, que parecía haber estado borboteando ligeramente está a punto de estallar.

—¿Quién iba a querer atacar a unos niños como ustedes? —preguntó la profesora Umbridge con un exageradísimo tono meloso.

—Humm, a ver… ¿Quizá… lord Voldemort? —respondí fingiendo reflexionar, Lucius afirma que regreso y le creo. Ron contuvo la respiración, Lavender Brown soltó un grito y Neville resbaló hacia un lado del banco.

La profesora Umbridge, sin embargo, ni siquiera se inmutó: simplemente me miró con un gesto de rotunda satisfacción en la cara.

—Diez puntos menos para Gryffindor, señor Potter —dijo, y los alumnos se quedaron callados e inmóviles observando tanto a la profesora Umbridge como a mí.

—Y ahora, permítanme aclarar algunas cosas. —La profesora Umbridge se puso en pie y se inclinó hacia ellos con las manos de dedos regordetes abiertas y apoyadas en la mesa.

—Les han contado que cierto mago tenebroso ha resucitado, pero nadie lo ha visto ni tienen como probarlo—no pude evitar soltar un bufido, demasiado fuerte al parecer.

—Señor-Potter-ya-ha-hecho-perder-diez-puntos-a-su-casa-no-lo-estropee-más —recitó la profesora de un tirón y sin mirarme.

—Cómo iba diciendo, les han informado de que cierto mago tenebroso vuelve a estar suelto. Pues bien, eso es mentira—termino con satisfacción.

—Cómo puede saber si es mentira o no, despues de todo, así como no hay prueba que haya regresado, tampoco las hay de que no está de nuevo entre nosotros—la mire esperando la estupidez con la que saldría ahora, pero se puso pálida y se quedó callada un buen rato sin saber que decir, despues de todo es la misma teoría pero usada en su contra.

—¡Castigado, señor Potter! Mañana por la tarde. A las cinco. En mi despacho. Repito, eso es mentira. El Ministerio de Magia garantiza que no están ustedes bajo la amenaza de ningún mago tenebroso. Si alguno todavía está preocupado, puede ir a verme fuera de las horas de clase. Si alguien está asustándolos con mentiras sobre magos tenebrosos resucitados, me gustaría que me lo contara. Estoy aquí para ayudar. Soy su amiga. Y ahora, ¿serán tan amables de continuar con la lectura? Página cinco, «Conceptos elementales para principiantes—exclamó entonces la profesora Umbridge, triunfante. Lleno de rabia por su ignorancia, no pude evitar levantarme, pensaba irme, pero la mirada de satisfacción que está dándome me está quemando. Todos lo miraban expectantes, y Seamus parecía sentirse entre aterrado y fascinado.

—¡No, Harry! —me advirtió Hermione con un susurro mientras me tiraba de la manga; di un tirón del brazo para soltarme.

—Entonces, según usted, Cedric Diggory se cayó muerto porque sí, ¿verdad? —dije con mucha frialdad.

Todo el mundo contuvo la respiración, pues ningún alumno se había atrevido hablar de lo sucedido el año pasado. Ávidos de noticias, me miraron y luego a la profesora Umbridge, que había arqueado las cejas y me observaba muy atenta, sin rastro de una sonrisa forzada en los labios.

—La muerte de Cedric Diggory fue un trágico accidente —afirmó con tono cortante.

—Fue un asesinato, ya que a menos que Cedric Diggory haya sido un suicida y se haya lanzado un avada el mismo, no veo eso como accidente—discutí, escuche a madame Pomfrey decir que fue un avada lo que lo mato.

El rostro de la profesora Umbridge no denotaba expresión alguna. Durante un momento creí que gritaría, lo hubiera preferido.

—Venga aquí, señor Potter—dijo con la más suave y dulce voz infantil. No demostré la repugnancia que siento solo de escucharla hablar de esa manera, me acerque consiente de que todos me miraban, pero estoy tan furioso que no me importaba lo que pudiera ocurrir. Bueno lo único que temo en verdad, es ver a mi amado esposo, sé que estará furioso por mi imprudencia.

La profesora Umbridge sacó de su bolso un pequeño rollo de pergamino rosa, lo extendió sobre la mesa, mojó la pluma en un tintero y empezó a escribir encorvada sobre él para que no viera lo que ponía. Nadie decía nada.

Aproximadamente después de un minuto, la profesora enrolló el pergamino, que, al recibir un golpe de su varita mágica, quedó sellado a la perfección para que no pudiera abrirlo.

—Lleve esto a la profesora McGonagall, haga el favor —le ordenó la profesora Umbridge tendiéndole la nota. Le sonreí con cierta maldad, me las pagara, puede que esté a cargo, pero tengo cierto mapa y recursos para vengarme, sonreí al ver la mirada de temor que puso, lo tome sin decir nada y salí del aula sin mirar a nadie, maquinando mi venganza, sé que mi dragón me ayudara, una vez se le pase el enojo.

—¿Por qué no estás en clase? —pregunto la profesora McGonagall una vez llegue a su aula.

—Me han enviado a verla —le explique en un tono glacial.

—¿Enviado? ¿Qué quiere decir que te han enviado? —Como respuesta le tendí la nota de la profesora Umbridge. La profesora McGonagall, frunciendo el entrecejo, cogió el rollo de pergamino, lo abrió con un golpe de su varita, lo desenrolló y empezó a leer.

Detrás de sus cuadradas gafas, sus ojos recorrían el pergamino rápidamente y con cada línea se estrechaban más.

—Pasa, Potter—la seguí a su despacho, cuya puerta se cerró automáticamente detrás de mí.

—¿Y bien? ¿Es verdad? —dijo la profesora McGonagall, mirándome.

—¿Si es verdad qué? —pregunte con un tono mucho más agresivo de lo que era su intención.

—Profesora —añadí en un intento de suavizar mi primera reacción.

—¿Es verdad que has gritado a la profesora Umbridge? —pregunto seria.

—Yo no lo llamaría gritar, pero si así lo ve ella, entonces si—dije serio.

—¿La has llamado mentirosa? —volvió a preguntar.

—Solo refute lo que ella dijo—y no pienso retractarme.

—¿Le has dicho que El-que-no-debe-ser-nombrado ha vuelto? —pregunto más seria.

—Le dije que, así como no hay prueba de que haya vuelto, tampoco las hay de que no haya regresado, al parecer se molestó que usara su propio argumento—dije tranquilamente. La profesora McGonagall se sentó detrás de su mesa y se quedó mirándome con el entrecejo fruncido.

—Coge una galleta, Potter—dijo tras una pausa.

—Que coja… ¿qué? —oficialmente estoy confundido.

—Coge una galleta. Y siéntate —repitió ella con impaciencia señalando una lata de cuadros escoceses que había sobre uno de los montones de papeles de su mesa.

En ese momento recordé aquella otra ocasión en que, en lugar de castigarlo con la palmeta, la profesora McGonagall me había incluido en el equipo de quidditchde Gryffindor. Me senté en una silla delante de la mesa y cogí un tritón de jengibre, tengo la certeza de que no le cae bien la cara de sapo.

La profesora McGonagall dejó la nota de la profesora Umbridge sobre la mesa y me miró con seriedad.

—Debes tener cuidado, Potter—me trague el trozo de tritón de jengibre y la mire a los ojos. El tono de voz de la profesora McGonagall no se parecía en nada al que estoy acostumbrado a oír; no era enérgico, seco y severo, sino lento y angustiado, y mucho más humano de lo habitual.

—La mala conducta en la clase de Dolores Umbridge podría costarte mucho más que un castigo y unos puntos menos para Gryffindor—suspire dándole la razón, ahora no solo soy yo, tengo un esposo e hijos por quienes velar, pero no he visto a mi dragón en todo el día y eso me puso de un pésimo humor, se supone que al estar recientemente enlazado, no debemos de separarnos en un año, por eso es que no estábamos alejados en vacaciones, al menos no más de veinte minutos, este tiempo sin él, fue demasiado para mi lado arpía.

—Lo sé—suspire molesto conmigo mismo.

—Utiliza el sentido común, Potter —dijo la profesora McGonagall, y volvió rápidamente al tono al que tenía acostumbrados a sus alumnos.

—Ya sabes de dónde viene, y por lo tanto también debes saber bajo las órdenes de quién está—En ese instante sonó la campana que señalaba el final de la clase. Por todas partes se oía el ruido de cientos de alumnos que se movilizaban como una manada de elefantes.

—Aquí dice que te ha impuesto un castigo todas las tardes de esta semana, y que empezarás mañana —prosiguió la profesora McGonagall, y miró de nuevo la nota de la profesora Umbridge.

—¡Todas las tardes de esta semana! Pero profesora, ¿no podría usted…? Draco me matara—repetí horrorizado.

—No, no puedo —dijo la profesora McGonagall con rotundidad, y un fantasma de sonrisa en sus labios.

—Pero…—volví a intentar desesperado.

—Ella es tu profesora y tiene derecho a castigarte. Debes ir a su despacho mañana a las cinco en punto para recibir el primer castigo. Y recuerda: ándate con cuidado cuando estés con Dolores Umbridge—en definitiva, me voy a vengar, sé que Sirius puede darme algunas ideas y si tengo suerte tambien Remus.

—Coge otra galleta —dijo la profesora McGonagall con irritación acercándome la lata.

—No, gracias —repuse fríamente.

—No seas ridículo —le espetó ella. Para no molestarla cogí otra galleta.

—Gracias—dije cortés sin importar mi humor, es algo que Narcisa dijo que nunca debo olvidar.

—¿No oíste el discurso de Dolores Umbridge en el banquete de bienvenida, Potter? —pregunto seria.

—Sí. Sí, dijo que… iban a prohibir el progreso o… Bueno, lo que quería decir era que… el Ministerio de Magia intenta inmiscuirse en Hogwarts— La profesora McGonagall se quedó mirándome un momento; luego resopló, pasó por el lado de su mesa y me abrió la puerta.

—Bueno, me alegra saber que al menos escuchas a Hermione Granger —comentó haciéndome señas para que saliera de su despacho. Al salir me topé con la persona que temía ver.

—Harry Potter, espero que tengas una buena explicación, para lo que Granger me dijo—mire a Hermione y Ron estaban justo detrás de mi esposo, junto con los otros Slytherin, ella me miraba con disculpa, en serio quería que se llevaran bien, pero tenía que ser de esta manera, estoy en problemas.


Hola chicas y chicos, espero que les haya gustado el capi, como se habran dado cuenta, por primera vez decidi poner como amigos a Ron y Hermione, no son mis personajes preferidos, pero les dare una oportunidad, habran muchas cosas diferente a partir del quinto libro, por lo que es posible que el ciclo escolar pase rapido, ya veremos como se ira desarrollando.

Mil gracias por los reviews

Nos seguimos leyendo

Bella