*ACLARACIÓN*

Los personajes de Masashi Kishimoto no me pertenecen, aunque Sasuke siempre será mi husbando uwu

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DaiEmi Fiction SasuSaku Presenta

"Akai hana no kiroku"

(Crónicas de la flor roja)

Sakura & Sasuke

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Capítulo IV

"Shiroi no sakura."

Parte uno.

Aún no terminaba de entender bien qué había pasado. Pensó que la decisión que tomó fue la mejor. Después de todo, aquella pueblerina que podría ser de su misma edad, hubiera sido partida por la mitad de no haber intervenido en ese momento. Pero la reacción de la chica no fue en absoluto lo que esperó. Miró otra vez su expresión y pudo notar que la preocupación que sentía por el muchacho al que acababa de derribar era auténtica. Entonces, ¿por qué saltó para atacarlo, en primer lugar? O… tal vez, no pensaba dañarlo o herirlo gravemente.

Sakura tenía un mar de ideas corriendo a toda velocidad por su mente aún cuando ahora mismo se concentrara en lograr que el chico se recuperase y no fuera a morir. Pensaba en la sacerdotisa, pero también, en que la apariencia del muchacho… no era la primera vez que veía algo así. El color de su piel no era normal, se había vuelto verde como la de un pantano, y las deformidades que presentaba… como ese brazo que creció hasta tomar la apariencia de un arma, su espalda ensanchada y curvada como el caparazón de una tortuga, y el incremento de fuerza…

"Es como si… Orochimaru hubiera pasado por aquí."

Recordaba cuando Naruto le había explicado sobre la apariencia que alguna vez tomó Sasuke al estar bajo la influencia del sello maldito. No podía dejar de pensar en que eran demasiado similares. No obstante, el flujo de sus ideas se cortó cuando la sacerdotisa entró en acción también. Sakura respingó al ver que, de manera similar a la luz verde que emanaba de sus manos, la chica entera resplandeció de manera asombrosa con una luz blanquecina y a causa de esto, la apariencia del chico recuperó la naturalidad.

"¿Esto es… la purificación? Tal como dijo Kakashi sensei, se ve tan similar a un jutsu de sellado."

Sakura no perdió de vista un instante de lo que sucedía, hasta que no pudo sentir más el chakra maligno en el cuerpo del tal "Amaru". Frunció el ceño y miró a la sacerdotisa con detenimiento. Lo podía sentir en ella débilmente, pero… era como si al hacerlo parte de su propia vitalidad, cualquier atisbo de maldad o corrupción fuera eliminado.

"Increíble." Pese a que se veía complejo, la sacerdotisa no se vio agotada, ni pareciera que aquello le hubiera perjudicado en lo más mínimo. Sakura se preguntó qué había hecho. Aún con los jutsus de sellado que conocía, siempre había un gasto importante de chakra mientras más perverso fuera lo que debía sellarse. Pero aún así, aunque pensó en preguntar al respecto, no tuvo tiempo antes de que las siguientes palabras de la chica le desconcertaran una nueva vez al ordenarle que se fuera de ahí.

Tras la aparición de la anciana, y su intervención para con "Ayame", Sakura aún no se decidía al respecto de cómo estaría bien actuar a continuación. Estaba claro que, de algún modo, metió la pata al atacar al muchacho, por lo que podía entender un poco el por qué de la reacción de la sacerdotisa delante de ella. Además, la anciana había sido la que solicitó ayuda a Konoha… por lo que, serían precisamente a ese par a quien debía proteger.

Sakura se aseguró de que la vida de Amaru no corriera más peligro y que sus extremidades estuvieran inmovilizadas, para luego levantarse y mirar a la mujer mayor, firme.

―Hai, mi nombre es Sakura Haruno, he acudido lo más rápido que he podido. ―realizó una pequeña inclinación en señal de respeto. Escuchó un rechiste por parte de Ayame, pero la anciana cortó cualquier cosa que pretendiera decir con un movimiento de la mano.

―Con que Sakura… ―respondió la abuela, sonriendo levemente. ―Debe ser una casualidad bastante grande que te hayan enviado aquí con ese nombre, ¿verdad? ―la verdad era que la kunoichi había prestado atención a todo a excepción de eso. Sí, su nombre era algo parecido al de la aldea, y también había un árbol mágico de flor de cerezo bastante extraño ahí, pero… realmente, no creía que en las circunstancias en las que estaban, con ese tipo de transformaciones como la que Amaru había padecido o el hecho de que el árbol les enfermaba, su nombre fuera lo importante.

Sin embargo, la ninja asintió mostrando una sonrisa que Sai ya pudiera identificar sin problemas como falsa.

―Mi nombre es Fuji Fujimoto, y ella es mi nieta, Ayame. Te agradezco tu intervención en ese momento… de no haber sido por tu rápida reacción, mi nieta pudo haber resultado gravemente herida. ―fue el turno de la anciana de hacer una reverencia. La kunoichi se sintió incómoda enseguida, porque, pese al agradecimiento que le daba Fuji, la expresión de indignación de su nieta no se hizo esperar.

―N-no, no… ―comenzó a responder Sakura, apurada.

―¡Anciana! ¿Es que estás perdiendo la vista? ¿Cómo vas a agradecer que Amaru terminara así? ¡Casi lo mató! ―protestó Ayame, poniéndose de pie con una expresión molesta e inconforme. Sakura se encogió un poco.

―Ayame. ―llamó la anciana, con un tono que no admitía más protestas. Miró con severidad a su nieta― A ti se te ordenó esperar y continuar con la purificación del árbol. Yuu y Miko se iban a encargar de Amaru, pero fuiste imprudente y actuaste por tu cuenta. ―la anciana golpeó el suelo con la base del cayado que llevaba consigo. ―En parte también es tu culpa que las cosas hayan terminado así. Eres obstinada, impulsiva y temeraria. Pudiste haber puesto en más riesgo al pueblo con tu necedad. ―regañó la anciana, severa.

La kunoichi no sabía dónde meterse. Aquel momento no podía ser más incómodo. Miró a la joven sacerdotisa furiosa y frustrada morderse el labio inferior. Temblaba y parecía más indignada cada vez que la anciana agregaba una sobre otra las acusaciones en su contra. Sakura apretó los labios, en silencio.

―Estás senil, anciana. ¡Como sea! ―protestó Ayame, guardándose la katana en la funda. Al girarse, airada, la hakama roja que llevaba se agitó al igual que las mangas de su camisa y su cabello naranja. Enfiló de regreso al pueblo con los puños bien apretados.

―Dile al padre de Amaru y a Paku que vengan por él…

―¡Ya deja de decirme qué hacer! ―rezongó la joven sacerdotisa, sin detener su camino.

Sakura sintió una gota bajar por su nuca. Se limitó a seguir sonriendo, intentando ocultar los tics en su cara. Esa misión sería más difícil de lo que pensaba… no solamente tendría que cuidar de Ayame y Fuji, sino también vigilar que sus desacuerdos no conllevaran a riesgos más grandes.

La anciana suspiró una vez su nieta se alejó y volvió a mirar a la kunoichi con una expresión resignada y una sonrisa de circunstancias.

―Aún es bastante joven… temo que en el momento que muera, aún no haya madurado lo suficiente para saber guiar a este pueblo y su gente. ―murmuró Fuji, negando con la cabeza levemente. ―Lamento que tuvieras que presenciar eso, Sakura… Y gracias por venir. Pude ver que tienes mucha capacidad… la fuerza que mostraste y tus habilidades médicas nos serán de mucha ayuda…

―S-sí… ―respondió Sakura, para luego, aclarar levemente su garganta. ―Fuji-sama, ahora que me encuentro aquí, por favor infórmeme tanto como pueda de la enfermedad, también me gustaría revisar el árbol, por favor. ―pidió la chica, mirando el semblante de la anciana. Sin embargo, esta negó, causando que la kunoichi se sorprendiera.

―Por ahora, eso es imposible. Está a punto de anochecer. Puedo informarte sobre la enfermedad, pero no puedo dejar que te acerques al árbol sagrado… por la noche, la fuerza de las energías demoniacas que emana es más intensa que en el día. ―informó la anciana. Sakura pestañeó con incomprensión, ¿incluso el momento del día influía en la fuerza del posible shinju? ―Podrá ser hasta mañana. Además, seguramente fue un largo viaje desde Konoha hasta aquí… aunque necesitamos de tu ayuda, será mucho mejor que te encuentres revitalizada para poder hacer las cosas apropiadamente. ―culminó la anciana. Sakura sopesó sus opciones. Realmente, el viaje como tal no había sido tan cansado… sin embargo, el atravesar el bosque, así como el chakra que usó para terminar de bajar el peñasco, la pelea reciente y el uso de su ninjutsu médico… la habían dejado inusualmente cansada.

"Lo mejor será que sea lo más precavida posible y analice detenidamente los efectos del árbol… si continúo usando chakra sin cuidado, podría ser que colapse en algún momento sin darme cuenta." Tras reflexionarlo unos segundos, la kunoichi miró a la anciana y asintió.

―Muchas gracias, Fuji-sama.

Detrás de la anciana, Sakura pudo ver que las personas que llevarían a Amaru al pueblo se acercaban corriendo.

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Se sentía furiosa. Tenía ganas de gritar. No podía creer que su abuela no pudiera darse cuenta de que el pueblo la necesitaba más que nunca, necesitaba su poder de purificación, su fuerza… era el momento en que ella finalmente los protegiera, pero la anciana no hacía más que obstaculizar su deber.

"¿Cómo puede querer que me quede sentada? Purificar el árbol es una pérdida de tiempo y energías, además, los monjes ya están haciendo un buen trabajo con eso, maldición…"

Al entrar al templo, tuvo ganas de tirar abajo cualquier cosa que se le pusiera delante, aún cuando fuera "sagrado". Ahí todo era ridículamente sagrado. No podía estornudar porque ya había ensuciado algo que era sagrado. Pese a que era una sacerdotisa, y su fe se mantenía, no podía evitar creer que la abuela y el resto del pueblo daban valor a cosas que no deberían merecerlo en lugar a las que sí eran importantes. Y sobre todo, no le daban el valor suficiente a ella. Apretó los puños otra vez, mordiéndose los labios para contener una maldición. ¿Cuándo dejarían de tratarla como a una niña?

Resopló y se metió a sus aposentos, para limpiarse la tierra de la cara.

―Y encima pedir ayuda de los ninjas… ―rumió, frustrada. Su abuela no aprendía nada. Saku-machi ahora podría ser objeto de atención de todo el mundo, pese a los esfuerzos que sus antepasados realizaron para ocultarlo de la ambición y corrupción de las aldeas shinobi. Nada garantizaba que aquello sería el origen de mayores problemas para el pueblo. Ya habían tenido al primer intruso hacía días, y ahora, tendrían que lidiar con una aldea que seguramente metería sus narices en sus asuntos.

Ayame pensó en que no tardarían en enviar más y más personas… una vez que lograran controlar la situación y si el árbol sagrado recuperaba su poder auténtico, Konoha sería la primera aldea que tratara de robarlo. Maldijo por enésima vez y dio un golpe al suelo con el puño cerrado. Sintió enseguida el ardor en sus nudillos. ¿Cómo se supondría que iban a poder con eso? Con su gente débil… serían presa fácil.

―Anciana tonta. ―murmuró, sentándose en el almohadón frente al espejo y mirándose en el mismo. ―Te demostraré que yo puedo encargarme, aunque seas tan necia. ―musitó. Pensó en "Sakura". Esa chica… tenía que vigilarla de cerca. Sin duda alguna, era la primera vez que veía a alguien con sus rasgos… el color de su cabello era tan inusual… y sus ojos.

Sin darse cuenta, sus mejillas adquirieron un matiz rosado mientras más pensaba en la kunoichi. No debía confiar en ella… pero admitía que era bastante linda. Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos. Solamente debía enfocarse en vigilarla. Si actuaba de algún modo que dañara al pueblo, entonces se encargaría de inmediato de ella, aún con su fuerza descomunal. Y su abuela no iba a impedirlo.

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Lo que Sakura había visto del pueblo en el trayecto a la choza de Fuji había sido escaso. Además, en el camino tuvo que vigilar a Amaru y darles indicaciones a su padre y hermano para sus cuidados. Por lo demás, solamente pudo notar que la gente la observaba demasiado y que se sentía un ambiente intranquilo alrededor.

El árbol sagrado había estado al alcance de su mirada, pero no lo suficientemente cerca como para que pudiera examinarlo bien. Lo había podido ver de bastante lejos y tal como mencionó Kakashi, el tronco tenía una coloración purpúrea oscura, y algo, como un esplendor rojizo, se distinguía en el medio. Por el aire volaban los pétalos color de la sangre y la gente evitaba tomarlos. Sakura vio cómo los barrían casi con tristeza del suelo y los metían al fuego para incinerarlos mientras recitaban oraciones.

Eso y poco más alcanzó a notar. Ahora esperaba sentada en el tatami, dentro de su habitación, a ser llamada a cenar. Ciertamente, había un sinfín de preguntas que llegaban a su cabeza y tenía mucho por reflexionar. Debía aprovechar la cena para obtener la mayor cantidad de información posible… aunque también, necesitaba ser cuidadosa y prudente con ello. Pese a que la anciana Fuji parecía completamente dispuesta a cooperar, sabía que Ayame no lo estaba. Entendía que quien tenía mayor autoridad en aquel sitio era la anciana, pero su nieta debía ser algo así como la segunda al mando y no debía cometer el error de desmerecer o invalidar sus opiniones.

Suspiró. Llevó las manos a su banda ninja y la desató para quitársela y guardarla entre sus cosas. Luego, peinó su cabello con los dedos. De verdad sentía cansancio. Debería estar muy al pendiente de su chakra todo el tiempo.

No pasó demasiado tiempo antes de que llamaran y abrieran la puerta corrediza tras recibir su contestación. Quien estaba del otro lado era nada más y nada menos que Ayame. Aún llevaba puestas sus ropas de sacerdotisa, pero lucía más limpia que antes. La chica observó a Sakura con recelo un momento en silencio y luego finalmente habló.

―La cena. ―dijo, haciendo que Sakura asintiera y se pusiera de pie. Aunque caminó hacia la puerta, Ayame no se apartó y la miró fijamente a los ojos. La kunoichi apretó un poco los labios. ―Oye… aunque mi abuela confíe en ti, yo no lo hago. Te advierto que a la más mínima señal de que pienses poner en peligro a Saku-machi, te voy a detener. A cualquier costo. ―advirtió la muchacha de los ojos miel.

Sakura se quedó de pie delante de ella sin vacilar en su mirada. Pese a lo hostil que pudiera mostrarse la sacerdotisa ante ella, entendía que lo era porque se preocupaba del bienestar de el pueblo y sus habitantes… y respetaba su fuerza y entereza para defenderla. Finalmente, la ninja médico asintió.

―Muy bien. Me alegra que Saku-machi cuente contigo para su protección. ―sonrió Sakura.

Ayame se sobresaltó y enseguida se ruborizó. Evidentemente, lo que menos esperas tras una amenaza es recibir una sonrisa y un comentario como ese. La había tomado por sorpresa, y la sacerdotisa tampoco había esperado que ese gesto en la mujer ninja quedara tan lindo también. Desvió la mirada y rechistó.

―De prisa. Ven. ―llamó Ayame, guiando a la invitada de su abuela hacia donde compartirían sus alimentos.

No tardaron demasiado en llegar. En el lugar, ya se encontraba Fuji sentada a la manera tradicional en uno de los tres almohadones sobre los tatamis. Habían también tres pequeñas mesillas que tenían servido ya un tazón de gohan, y un par más de guisos sencillos pero con una pinta deliciosa. Ayame tomó asiento a un lado de su abuela, pese a que su expresión dejaba entrever que seguía molesta con ella. Sakura tomó el lugar restante.

―E-esto… muchas gracias por la hospitalidad y la comida, Fuji-sama. ―agradeció la kunoichi, sonriendo. La anciana le devolvió el gesto.

―Por favor, antes de que empieces a comer, permíteme bendecir los alimentos. ―solicitó la anciana, causando que Sakura se sorprendiera y respondiera con un asentimiento. ―Puede sonar como una petición anticuada… pero ahora más que nunca debemos tener cuidado con lo que alimentamos el cuerpo… desde que el árbol sagrado ha sido corrompido, toda nuestra tierra también lo es poco a poco. ―explicó la sacerdotisa, levantando ambas manos con las palmas en dirección a los alimentos.

―¿E-eh? ¿También la comida? ―preguntó Sakura, absorta. A simple vista, ni el gohan ni el resto de los platos se veía "corrompido". Sin embargo, guardó silencio y prestó atención. Tal como sucedió antes, cuando Ayame volvió a Amaru a la normalidad, la anciana se vio envuelta en una luz clara con un matiz amarillo. La kunoichi observó fascinada mientras Fuji recitaba una oración y bendecía la comida. Sorprendentemente, Sakura pudo notar entonces cómo es que las palabras de la anciana llevaban razón. Le pareció percibir que la comida emitía alguna clase de "gas" o humeaba de color púrpura oscuro, y este se dirigía a las palmas de la anciana, para desaparecer entre la luz que emitía. ―Vaya… ―expresó Sakura.

Jamás había visto nada igual. Una vez que Fuji terminó, y volvió a la normalidad, exhaló lento. A su edad, parecía costarle algo más de esfuerzo realizar algo así. Ayame tomó su tazón de gohan y murmuró un agradecimiento por la comida antes de comenzar a comer. La anciana sonrió a Sakura y realizó un ademán para indicarle que ella también podía empezar.

―Te hablaré un poco sobre el shiroi no sakura, y lo que su corrupción ha causado en Saku-machi… por favor come mientras tanto, debes recuperar tus energías. ―invitó la sacerdotisa. Sakura obedeció, y tal como Ayame, comenzó a comer. La anciana sonrió complacida y luego, tomó la tetera para poder servir un aromático té en todos los vasos. ―Veamos… ¿por dónde será mejor comenzar? ―murmuró para sí misma.

Sakura sintió enseguida curiosidad y puso toda su atención. Finalmente le darían algo de información verídica de aquel misterioso lugar. Por supuesto, Ayame se veía descontenta, pero no parecía que fuera a interrumpir a su abuela en esa ocasión.

―Seguramente, en Konoha, el hokage debió haberte hablado un poco de nuestra leyenda… De la sacerdotisa que se convirtió en el hermoso árbol de flor de cerezo blanco para proteger a su gente de una gran desgracia… ―comenzó Fuji. Sakura asintió. ―Bien… entonces comenzaré por ahí. ―la sacerdotisa levantó su taza y la llevó a sus labios, soplando un poco el humo y bebiendo un corto trago, antes de continuar. ―La gente de Saku-machi siempre fue entregada a proteger la bondad en el mundo del acoso de las fuerzas del mal… generación tras generación, nos hemos formado como sacerdotes con esa fe. Nuestros antepasados deseaban poder borrar todas las tristezas que causaban los demonios del mundo. De la casta principal de la familia Fujimoto, había una sacerdotisa cuyo poder superaba por mucho al de sus antecesores, y también, cuya bondad no conocía límites entre incluso las almas más puras. Su nombre era Momo Fujimoto.

FIN DEL CAPÍTULO

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¡Aló minna! n.n

¡Estoy muy feliz de que más y más gente haya decidido seguir el transcurso de este fic y lo haya puesto entre sus favoritos *w* no saben la satisfacción que me da saber que la gente está leyendo la historia. ¡Y cada día hay más reviews también! *o* Muchas gracias a todos los que se toman un par de minutos de su tiempo para dejarme saber sus opiniones sobre el fic!

Decidí dividir el capítulo de shiroi no sakura en 2 porque será más sencillo que Fuji cuente la historia en otro formato (?) :B pero tranquilos, que la tendrán colgada pronto también.

¿Les da curiosidad saber más?

¡Tiempo de reviews!

Mara1451

Las novelas de retsuden, en especial Sasuke retsuden han derretido mi kokoro totalmente *w* Aunque el autor no haya sido Masashi, creo que el que él haya dado el visto bueno con ellas es suficiente como para que me sienta satisfecha con lo que nos mostró de esta ship que tanto nos gusta n.n

Jejeje no nos impacientemos ewe se irán alargando más y más ;) ¡espero tu próximo comentario!

Joss

¡Holaaaaa! *.* salkjdsadljas a mí me encanta saber que esos capítulos te han gustado tanto TwT ese tipo de reviews son los que me hacen tener ganas de escribir más y más para seguir leyéndolos ;w; ¿qué te ha parecido la cuarta entrega? ¿emocionante? 7u7 ¡espero tu review! n.n

Arella96

¡Hola de nuevo! :D

Jajajajajaj pobre Amaru xD el pobre ya está bastante aporreado, Fuji no tiene cocoro para dejarlo aún más mal de lo que quedó después del súper punch de Sakura xD

Baia baia, interesante tu teoría 7u7 ¿será verdad que Fuji tiene relación con la querida abuela Chiyo? No se despegue y siga sintonizándonos para descubrirlo en los siguientes capítulos x'D

¡Lo sé! ;u; todos esperamos con ansias que el manco aparezca, pero habrá que esperar un poco, un poquiiiiiito maaaaas *inserte voz de José José* xD ¡pronto tendremos ese esperado reencuentro!

¡Espero tu próximo review! :D

¡Hasta muy pronto!

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GRACIAS POR LEER

Dai Emi