*ACLARACIÓN*

Los personajes de Masashi Kishimoto no me pertenecen, aunque Sasuke siempre será mi husbando uwu

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DaiEmi Fiction SasuSaku Presenta

"Akai hana no kiroku"

(Crónicas de la flor roja)

Sakura & Sasuke

Capítulo V

"Shiroi no sakura."

Parte dos.

Aquellos que habían nacido en el clan Fujimoto, tendrían como destino convertirse en sacerdotes, debido al poder especial que tenía su clan: El de transformar las energías que había en el mundo y en volverlas puras. Antaño, no existía un pueblo donde estuvieran ocultos, sino que, con el dogma de sanar al mundo, vivían como nómadas, en una sola congregación, purificando las aldeas en donde se detenían a descansar, y tratando de llevar el mismo mensaje de paz en el que creían.

Pasaron muchas generaciones siendo bien recibidos por aquellos que sufrían las penurias del mal en sus corazones. Como no eran leales a una única aldea o pueblo, no eran comprados. El mundo era joven y los ninjas comenzaban a ganar renombre en él. Los Fujimoto observaban que la ambición del poder quitaba el camino al mundo de paz que deseaban lograr y por ello se entristecieron. Siguieron intentando cambiar la ambición por amor y la guerra por la paz, pero aquello era algo demasiado grande solo para sus manos.

Hubo una vez en que los aldeanos de una de los lugares a los que habían llegado, rogaron desesperados la ayuda de los sacerdotes, puesto que en un pueblo vecino, se había asentado un clan de ninjas cuya sed de poder era tan grande, que había terminado corrompiendo sus almas. Les llamaban "Los maldecidos", el clan Unmei. Nadie tenía el conocimiento de cómo o dónde habían obtenido sus mortíferos poderes, incluso el más joven de su clan podía convertirse en un asesino sanguinario en un abrir y cerrar de ojos. Los aldeanos pensaban que los demonios poseían sus cuerpos.

Los Fujimoto no podían ignorar las súplicas de aquella atormentada gente y aceptaron la encomienda, sin pedir nada más que un poco de agua y comida para recuperar sus fuerzas, pues habían apenas llegado a aquellas tierras de un lejano viaje.

Emprendieron camino hacia el valle que los aldeanos indicaron como el lugar en el que "Los maldecidos" se encontraban. Pero nunca esperaron que fuera tan difícil de encontrar… estaba bordeado por un bosque de peligros inconmensurables. Los sacerdotes no eran fuertes como los ninjas, y el único poder que tenían consigo era el de la purificación. Apenas lograban envolverse en un campo de protección de su propia energía. Tardaron mucho y se perdieron algunas vidas en el camino, pero cuando finalmente lograron salir del bosque, contemplaron la villa al fondo de lo que parecía un cráter.

Aquello solo sería el comienzo de uno de los muchos largos conflictos entre el bien y el mal. El clan Unmei era tan terrible como decían. Aunque los habitantes pudieran ser amables al principio, de pronto se convertían en monstruos muy poderosos sin advertencia. Los Fujimoto lograban hacerles frente purificando sus almas, pero parecía que aquello no tendría fin, pues el mal no remitía y volvía a apoderarse de los Unmei al pasar de los días.

A pesar de que los sacerdotes y sacerdotisas deseaban con el corazón la paz, mientras más de los suyos morían a manos de los Unmei, crecía también silenciosamente dentro de ellos, el recelo, sentimientos de aversión, y odio que desvergonzadamente encubrían con falsa fe. Mientras tanto, los Unmei, cansados de su cruento destino de sucumbir ante los demonios que les acosaban, a pesar del daño que causaban en los Fujimoto, suplicaron que se quedaran cerca de ellos, puesto que lo único que podía detener su frenesí sangriento, era el poder de purificación de los sacerdotes.

El líder del clan Fujimoto, aceptó. Decía que no podrían llevar el mensaje de paz al mundo si no cumplían con la promesa que habían hecho a los aldeanos de frenar a esa gente. Así, en comunidades separadas, ambos clanes compartieron el mismo valle. Pasaron años de conflictos, y el desprecio de los clanes finalmente se vio claramente en la comunidad. Los Fujimoto despreciaban las almas corrompidas de los Unmei, y los Unmei detestaban depender del poder de otro clan con tal de seguir siendo humanos. Así, ambas comunidades habían torcido sus ideales. Ninguno deseaba mezclarse con el otro.

Momo Fujimoto nació en esa época de desacuerdos y conflicto. Desde muy pequeña, el poder que poseía fue notado por los mayores y fue tomado como una bendición. Tenían la esperanza de que finalmente hubiera nacido quien estaría destinada a acabar de una vez y por todas con la maldición Unmei… Y aunque más tarde eso se cumplió, no fue de la forma en que ninguno de los clanes hubiera esperado.

La bondad de Momo era comparable con su poder y su belleza. Su nombre fue otorgado por el color de su cabello, parecido al de la flor de melocotón, y sus hermosos ojos que heredaron los rayos dorados del sol.

Cuando era una niña aún, y mientras caminaba por el campo de flores que crecía por el valle, se encontró con un niño del clan Unmei. Su nombre era Taiki. Momo lo observó escondida tras un árbol, y quedó fascinada al descubrir que Taiki conversaba con un bello pájaro que tranquilamente se había posado en su mano. Esas terribles manos que, según lo que había escuchado de los Fujimoto, eran objeto solamente de destrucción. La joven y bondadosa sacerdotisa no vio eso en Taiki, sino un joven amable con la naturaleza. Decidió darle una oportunidad y se acercó.

Aquello fue el inicio de un gran cambio entre los clanes. Como suele suceder en muchas historias, Momo y Taiki se enamoraron. Pese a que el muchacho compartía el destino maldito de su clan, estar con Momo era suficiente para que los demonios en su interior no poseyeran su voluntad. A medida de que ese lazo crecía, los clanes comenzaron a ser más unidos, pues tal como Momo descendía de la familia principal Fujimoto, Taiki lo era de los Unmei, y nadie podía ignorar el amor que se tenían el uno al otro.

Tomó tiempo, pero finalmente, ambas familias unieron al pueblo, y lo nombraron "Saku-machi" por los bellos campos de flores que se extendían alrededor del valle. Parecía que todo el desprecio había quedado atrás. Momo ayudó a que su propio clan aprendiera una manera de restringir las impurezas de los Unmei, transformándolas en su propia energía y tras purificarla, devolverla a sus dueños. Aquello demandaba un perfecto control de la habilidad del clan Fujimoto, pero logró transmitirla poco a poco, y con ello, brindar una época de paz en el recién unificado Saku-machi.

Tras obtener el permiso de Koharu, hermano mayor de Momo, quien se había vuelto la cabeza del clan Fujimoto, Momo pudo casarse con Taiki, quien también heredó la responsabilidad de su clan. Siguieron años prósperos donde parecía que el amor se había recuperado finalmente y devuelto a los corazones de todos. Momo y Taiki tuvieron tres hijos. Parecería que no habría nada que pudiera interrumpir la paz…

Y una noche, dentro de los muros del palacio que compartían ambas cabezas de los clanes, se cometió el crimen más atroz. Koharu había sido asesinado de manera sangrienta. Nadie había visto quién, o cómo. Pero la consternación, trajo consigo miedo, y el miedo, trajo desconfianza. Mientras Momo lloraba la pérdida de su hermano, el resto del clan apuntó con el dedo a los Unmei. Culparon a su "naturaleza" y de nuevo, el equilibrio se rompió. El odio volvió más fuerte que nunca y corrompió muchos corazones. Taiki fue acusado, y su clan empezó a ser discriminado una vez más.

Los demonios que habitaban en el interior de los Unmei vieron la oportunidad perfecta para estallar con la ira de sus corazones. El mismísimo Taiki fue corrompido también. Lo que años de amor había tomado, ardió hasta las cenizas con la fuerza del rencor. Los clanes se confrontaron pese a que Momo intentaba calmarlos y sufrió al ver que su amado Taiki también era presa del odio, y su poder superaba por mucho al resto de su clan. Se había perdido por completo en la oscuridad. Se derramó mucha sangre, y Momo no pudo soportarlo más.

Deseando salvarlos a todos, a su amado pueblo, a su amado esposo, a sus amados hijos, hizo lo impensable. Usó todo su poder, concentró en ella todo el odio que se había acumulado en Saku-machi, arrebató todos los demonios de los corazones de los Unmei, y aunque a Taiki no lo pudo salvar, lo selló dentro de ella. Toda esa energía la volvió uno con la tierra y se convirtió en un gran árbol de sakura blanco como la luz que ella emitía. Ese sacrificio tan grande fue santificado por el pueblo, puesto que, aún tras ello, Momo continuaba protegiendo a Saku-machi…

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Sakura escuchaba absorta la historia. Su expresión dejaba entrever lo impactada que se sentía. Aquella historia, de alguna forma, había llegado a causar que se sintiera identificada con algunas de las circunstancias que rodearon a Momo Fujimoto… Saber que Taiki había sido corrompido por la oscuridad y con ello, apartado de su lado, le hizo pensar en Sasuke. Podía entender a aquella sacerdotisa. Envidiaba que ella sí hubiera podido hacerse cargo de las cosas con su gran poder.

Ante la pausa de la anciana, ella también se dio unos instantes para reflexionar al respecto de todo lo que había sido contado hasta el momento. El origen de Saku-machi era completamente inesperado… y aunque Fuji hubiera hablado mucho ya para ese punto, sentía que aún no sabía todo. Tenía muchas dudas, demasiadas. Simplemente sentía que la historia había sido contada a la mitad.

―Pienso que la energía demoniaca que emana del árbol, es el espíritu de Taiki, que aún se encuentra buscando venganza por su clan. ―continuó la anciana, atrayendo de nuevo la atención de Sakura hacia ella y una vez más, causando que se sorprendiera. La kunoichi apretó los puños un poco al igual que los labios, ¿de verdad sería Taiki capaz de algo así aún con el sacrificio de la mujer que amó? Esa era una idea cruel. ― Ayame lleva la sangre de Momo, así que temo por ella… ―añadió.

La joven sacerdotisa rechistó, sin embargo, no pronunció palabra aunque giró el rostro a un lado. Aunque no dijera nada, se podía leer en su expresión lo que pensaba: "Soy perfectamente capaz de cuidarme yo misma".

―Y además, la gente de Saku-machi está enfermando… se quedan sin energías, y sin ser capaces de usar la purificación, las energías demoniacas pueden poseer sus cuerpos, tal como viste que sucedió a Amaru… es como si la maldición del clan Unmei se propagara por nuestras tierras una vez más… ―explicó Fuji. Sakura sintió que aquello tenía todo el sentido, pues la historia que la sacerdotisa había contado correspondía…

Pero aún así, ¿debería relajarse lo suficiente como para descartar que de alguna forma el árbol de sakura blanco estuviera relacionado con el shinju? Faltaban piezas en aquel rompecabezas. Frunció el ceño un poco, pero cualquier cosa que fuera a preguntar en ese momento, se vio repentinamente interrumpida por los gritos que llegaron desde el exterior de la casa, alarmando a todos dentro.

―¡Señorita Ayame! ¡Señorita, por favor ayuda!

Ayame enseguida se puso de pie al igual que Sakura, y en ese momento, un joven con expresión aterrorizada apareció en la puerta.

―¡¿Qué está pasando?! ―preguntó la sacerdotisa.

―¡Algo está atacando el templo! ¡no podemos contenerlo!

La sacerdotisa se tensionó y tras mascullar una maldición, tomó su katana y se precipitó hacia la salida. Aunque Fuji intentó detenerla al llamarla, su joven nieta no le hizo ningún caso.

―Descuide, Fuji-sama, protegeré a Ayame. ―la kunoichi también corrió, persiguiendo a la sacerdotisa. Al salir de la casa, y mirar hacia el lugar donde la chica iba, se sobresaltó. La descripción que había dado Fujin no era errada. En la oscuridad de la noche no podía distinguirse qué era aquello que se abalanzaba hacia la edificación del pueblo, pues también era oscura.

Su forma era amorfa y aunque parecía inestable, era completamente tangible, ya que al golpear contra el techo de la construcción, hizo pedazos la madera de la que estaba hecha. A su alrededor, se habían congregado algunos de los sacerdotes e intentaban contener a lo que fuera aquella cosa con su poder de purificación, pero eran superados por la energía maligna fácilmente.

Sakura se preguntó si es que ella misma tenía la oportunidad de combatir a aquella cosa con su propio poder y se mordió el labio inferior. Definitivamente… se sentía en desventaja.

―¡Ah! ¡¿Esa cosa está tratando de llegar al prisionero?! ―exclamó Ayame, causando que por enésima vez en ese día, Sakura se sorprendiera. ¿De qué estaba hablando ahora? ¿Cuál prisionero? ―¡No lo voy a permitir! ―la joven sacerdotisa saltó directamente a aquella cosa y la kunoichi se alarmó.

"¡Demonios! ¡No queda otra más que intentarlo!"

El cabello rosado de la pelirosa se agitó tras ella cuando comenzó la persecución de la joven sacerdotisa. Era sorprendente que Ayame pudiera correr a la velocidad en que lo hacía, era casi como si ella también pudiera dominar el control del chakra además de tener habilidades purificativas. No obstante, no hubo tiempo de continuar reflexionando al respecto. Ayame saltó directamente hacia la masa amorfa y oscura con la katana por delante.

―¡Desaparece! ―Una gran luz blanca emergió de la joven sacerdotisa y se hizo uno con la katana. La masa amorfa pareció sentir el poder de la amenaza que se cernía sobre ella y Sakura escuchó algo parecido a un gruñido furioso que venía desde el interior de la masa oscura. Apenas la katana hizo contacto con aquella monstruosidad, esta se removió violentamente y se replegó, encogiéndose sobre sí misma, mientras Ayame sonreía con satisfacción.

En el medio de aquella cosa oscura, Sakura sintió un peligro indescriptible y un poder que crecía segundo a segundo. Se sobresaltó.

―¡Cuidado, Ayame! ―la kunoichi saltó del suelo y tomó impulso en el techo del templo. La masa oscura volvió a gruñir y en instantes, surgieron cuatro largas malformaciones de ella, parecidas a tentáculos. Sakura apenas tuvo tiempo para sujetar a Ayame y saltar de ahí antes de que esas cuatro extensiones oscuras la aplastaran.

―¡Oye! ―protestó la sacerdotisa, mientras Sakura aterrizaba limpiamente en el suelo con ella. Ignoró las quejas que pudiera darle y se preparó para contraatacar. Pese a que no tenía certeza de si su fuerza haría mella o no en su oponente, tomó impulso y echó el puño hacia atrás. Era momento de comprobarlo.

―¡Shanna…! ¡! ―se detuvo a media carrera y ahogó una exclamación. Desde el interior del templo, una espada de chidori atravesó el techo y el cuerpo oscuro y amorfo de la criatura. El pulso de Sakura enseguida se aceleró.

"¡Eso es…!"

Casi a la vez, vio que la katana de Ayame, que se había quedado incrustada en la criatura, brilló con tal intensidad que tuvo que entrecerrar los párpados. El rugido del monstruo en aquella ocasión fue aún más audible y estremeció las construcciones. Sakura miró hacia atrás. La joven sacerdotisa resplandecía en luz, y con ambas manos juntas y los ojos cerrados, traía a ella el poder de los Fujimoto a resurgir. Intentaba purificar completamente a la criatura, que se retorció cada vez con más violencia.

Apenas había tiempo de procesar todo, y por un instante Sakura pensó que lo lograría. Sin embargo, en el último momento, la criatura logró librarse de la katana, lanzándola por los aires.

―Tsk… ―Ayame frunció el ceño y abrió los ojos. Aquella monstruosidad huía hacia la oscuridad de los árboles nuevamente. ―¡No creas que te lo voy a permitir! ―exclamó ella. A punto estuvo de echar a correr nuevamente, cuando el báculo de Fuji se interpuso en su camino y la anciana le bloqueó el paso. ―¡Apártate, abuela!

―¡Basta, Ayame! La criatura se ha refugiado en la oscuridad, solo correrás más peligro si vas tras ella ahora.

―¡Pero…!

Fuji levantó una de sus manos y la colocó frente a su pecho con la palma abierta y los dedos juntos, en esa posición que indicaba una oración. Sakura sintió una gran acumulación de energía alrededor del pueblo, como si hubiera sido levantada alguna clase de barrera. Miró a la anciana sin entender, preguntándose si estaría en lo cierto. Tal como la primera vez que había visto a Fuji hacer uso de su poder, notó enseguida que su expresión reflejaba el cansancio que lo que fuera que hubiera hecho le provocó y Ayame tuvo que sostenerla cuando tambaleó.

―C-con esto… no se acercará más por ahora… ―informó la anciana, jadeante por el esfuerzo. La joven sacerdotisa nuevamente se vio frustrada y mordió su labio inferior. La conmoción parecía ceder de a poco, y aunque la kunoichi aún no podía terminar de entender qué había pasado ahí, de algo estaba segura… y era que había visto la espada chidori de alguien a quien conocía muy bien.

Giró la mirada hacia el templo, que había recibido daños y aguardó con el corazón en el puño mientras la humareda cedía. Vio la luz azul de un débil chidori emergiendo y a alguien avanzando de a poco para salir de entre el polvo. Abrió los ojos con desmesura.

El chidori se desvaneció de su mano, pues el chakra que usó para poder crearlo era el que le quedaba de reserva. Jadeaba, y aunque intentó mantener el sharingan, no pudo más. Su ojo oscuro observó a la kunoichi ahí y su expresión cansada reflejó el desconcierto.

―S-Sakura…

―¡Sasuke-kun! ―el ninja poseedor del rinnengan y el sharingan tambaleó y aunque intentó apoyarse en la construcción con su brazo, estaba agotado y cayó de rodillas al suelo. La ninja médico actuó sin pensarlo, sintiendo un mar de cosas encima como para procesarlas todas, siendo lo más grande, sin duda, la urgencia que tenía de llegar a su lado.

FIN DEL CAPÍTULO

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Chan chan chaaaaaaaan :B

Yo sé que ahora mismo querrán matarme por terminar el capítulo justo ahí x'D PERO FINALMENTE, ¡nuestra pareja favorita se encuentra en esta historia! ¿están emocionados y preparados? ewe

¡Pronto tendrán el siguiente capítulo! Aunque es triste que no he recibido muchos reviews desde el anterior ;o; askdskad ojalá pueda conocer qué piensan al respecto de este.

Joss

¡Nyan! ¡Qué linda eres! *u* soy feliz sabiendo que te gustó el anterior, finalmente tenemos más detalles del shiroi no sakura :B ¿qué te ha parecido la historia? 7u7 ¿tienes alguna teoría interesante en mente?

Huehuehue, nuestro querido intruso ha aparecido finalmente y demostrado que tus sospechas eran ciertas ;D ksdasda ¿tan emocionada/o como yo? ¡Espero tu review! n.n

¡Hasta muy pronto!

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GRACIAS POR LEER

Dai Emi