Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama a Krazyk85. Yo solo traduzco con su autorización.
.
Capítulo cuatro
—Bella, no quise agarrarte así —dijo Jasper, intentando hacer las paces, pero el daño ya estaba hecho. La marca de su mano alrededor de mi brazo estaba enrojecida, y era un rojo irritante con la forma perfecta de sus dedos.
Seguramente saldrá un magullón profundo, y después de eso, se esperaba cualquier cosa.
Había una regla conocida y todos la conocían. Yo era la chica de Edward. Eso significaba que nadie me tocaba, bajo ninguna circunstancia, y cualquier forma de agresión resultaba en una golpiza o la muerte. Solo un par de personas habían cometido este hecho en el pasado, pero todos ellos pagaron el precio con sus vidas y se volvieron una pila de cenizas.
Jasper acababa de convertirse en parte de la elite de los jodidos.
—Deberías irte —dije, alejándome y dándole lugar para poder escapar. Iba a necesitar esa ventaja.
—Okay, pero solo… —Jasper metió sus manos en sus bolsillos y dio un paso hacia la puerta, pero también en ese paso, había cerrado la pequeña distancia entre nosotros que yo había creado a propósito— …recuerda lo que dije, ¿de acuerdo?
Dios, este tipo era cansador.
No estoy segura de sí estoy impresionada con la insistencia de Jasper con que reciba el mensaje o si estoy molesta. Él solo me ha dicho cuatro frases desde que nos conocimos hace casi un año, pero ahora está todo charlatán… ¿sin mencionar insultante?
Molesta, definitivamente molesta.
—Ya pasaron mis dos minutos —Mis ojos se dirigieron hacia las escaleras y devuelta hacia él.
Era la última advertencia que iba a dar.
Jasper asintió, cediendo, rindiéndose, porque lo sabía.
El ruego por el cual había arriesgado su amistad, y posiblemente su vida, había caído en oídos sordos. Era una pérdida de su tiempo. No hubo ningún "buenas noches" o ruego por perdón que saliera de su boca, se fue de mi casa sin mirar atrás.
La puerta se cerró detrás de él, y me relajé, pero no lo suficiente como para bajar el ritmo de mi corazón. Me encontraba presionada contra la pared, escuchando el sonido de sus botas crujiendo contra el suelo mientras caminaba por la entrada para llegar a su camioneta. Encendió el motor, y este rugió, sacudiendo las ventanas del frente. No aceleró ni derrapó. Fue lento, como un arrastre.
Era inusual de él, considerando que los hombres de esta familia eran conocidos por irse furiosamente. Era una tradición al estilo He-Man.
Pero esta noche, todos, incluyendo Jasper, estuvieron en su mejor actitud y se retiraron en silencio y tranquilidad.
Conté mentalmente para estar segura, 25, 26, 27, 28, 29…30…se acabó el tiempo.
Corriendo hacia la puerta, miré por la mirilla y escaneé la entrada a penas iluminada. Todos se habían ido. Tanya se encontraba allí sola. Apagando las luces de afuera, eché llave la puerta y activé la alarma de alta tecnología de la casa.
Había una clave de cuatro números y un escaneo de pulgar. Este sonó y se encendió una luz roja.
En los tres meses que hemos estado viviendo aquí, esta era la primera vez que sentí que era necesario tener esa protección extra. Tenía un mal presentimiento en mi estómago, y no sabía si era por los restos de la furia de Edward o la presencia de Marcus en nuestra casa esta noche, aun siendo un cáncer en nuestras vidas, o la firme advertencia de Jasper para que nos echemos hacia atrás.
O quizás era todo.
Este día pasó de horrible a increíble, a putamente increíble, a nada más que una pila de mierda otra vez.
La única cosa buena que quedó de nuestra fiesta sorpresa de compromiso fallida era el pastel, el cual había asesinado efectivamente con mi peso.
Subiendo las escaleras, de a una pesada pierna a la vez, intenté decidir si decirle a Edward esta noche sobre la conversación con Jasper o esperar hasta la mañana cuando esté relajado y bien descansado.
Había muchos lados buenos en decirle ahora, furia y enojo, sexo jodidamente caliente, pero entonces otra vez, mi hombre estaba llegando a los treinta. Me preocuparía que el stress aumentara su presión arterial.
Y una pequeña parte de mí, casi muy pequeña como para reconocer, no quería decírselo para nada.
Él ya estaba demasiado furioso con Jasper, más de lo que lo había visto jamás, y esto solo va a empeorar todo, posiblemente prolongando la pelea o, en el peor de los casos, terminaría matándolo. No estaba fuera de la realidad. La reacción posesiva e impulsiva de Edward comenzaría una guerra civil, y no quería estar mal con la familia. Habían hecho mucho por nosotros en el pasado. Les debía a cada uno de ellos un montón de gratitud y apreciación.
…Pero como todas las cosas relacionadas con mi lealtad a parte de Edward, fue pequeña y limitada.
Él era mi vida, mi mejor amigo, y le contaba todo. No había secretos o mentiras entre nosotros. Éramos honestos y directos el uno con el otro.
No me mientas, Kid.
Ese era el trato. No iba a romper nuestra conexión, ese nivel de confianza, por Jasper, o ningún otro, de todas formas.
Siete minutos y cuarenta y tres segundos habían pasado desde que Edward salió de la cocina. Podía sentir el reloj sonando en mi cabeza mientras entraba en la habitación principal. Estaba oscuro, mi visión lentamente se ajustó a la poca luz que provenía del baño. La puerta estaba entreabierta por uno pocos centímetros y podía ver a Edward moviéndose adentro.
Me detuve, y tomé aire profundo.
Él siempre había tenido este efecto en mí: latidos acelerados y nervios en el estómago. No parecía disminuir con el tiempo. Estos sentimientos se volvieron más fuertes, más palpables con cada segundo que pasaba. Había una sensación en la forma que mi cuerpo buscaba sus toques, sus besos, sus palabras… Dios, su todo.
Lo que hacía difícil funcionar o pensar en cualquier cosa.
Alisando mi camiseta y arreglando mi cabello, ubiqué una mano temblorosa en la puerta del baño y presioné.
Edward estaba allí de pie vistiendo sus bóxers, los cuales colgaban bajo en sus caderas, lavando su rostro y brazos en el lavabo. El agua salía de un color rosa claro. No me escuchó entrar, y esto me daba la oportunidad de hacerme hacia atrás y observarlo. Mis ojos se posaron en los tatuajes de su espalda, intrincados y significativos en su diseño. Había muchos y cada uno me mareaba, así que me concentré en mi favorita. En la parte superior de su espalda, justo entre sus omoplatos.
Mi último suspiro le pertenece a Kid.
Ese es mío, otra marca mía, y estaba tatuada para siempre en su piel.
—¿Se fue a la mierda?
Sorprendida ante su voz gruñona, me choqué contra la puerta y la cerré de un golpe. Él bajó la toalla de su rostro e hizo su cabeza a un costado, observándome a través del espejo. Claramente se encontraba entretenido ante mi comportamiento raro.
—¿Estás bien?
Había sido atrapada babeándome por mi hombre como una loca obsesa. No había palabras para describir mi vergüenza.
—Sí, claro, totalmente bien —respondí, gruñendo mentalmente ante mi idiotez.
Envolviendo mis brazos a su alrededor, escondí mis mejillas contra su espalda. Él se sentía muy caliente al tacto, incrementando mi propio calor. Era incómodo, pero atrayente, y cerré mis ojos, apoyándome en él.
Olía a humo y menta, con la suave esencia a jabón. Me encontraba perdida ante los latidos de su corazón; bum, bum, bum. Cada una de sus respiraciones, exhalación e inhalación, lentas y constantes, me relajaban.
—¿Qué pasa? —Su tono era cauto, observante, y odiaba lo bien que podía leerme.
Suspiré…dudando, repentinamente abrumada con ambivalencia.
Una tormenta se estaba formando. Podía sentirlo en mis huesos.
La Bella cuerda, ocasionalmente racional, el Ángel, quería un momento de calma. Una noche para estar con mi prometido antes que la nube negra de caos y destrucción conocida como Marcus descienda sobre nosotros. Mientras que el Diablo en mí, de mente cerrada, quería tomar ventaja de la furia inestable de Edward y mandar al frente a Jazz, basado sólo en sus deseos egoístas y lujuriosos.
Luché conmigo misma, decidiendo eventualmente por la calma, pero Edward sabía que algo pasaba y no quería mentirle.
En mi prisa por distraerlo de la verdad, terminé hablando de la porción más trivial de la conversación que había pasado abajo… bueno; era más un pie de nota, realmente.
—¿Crees que soy peligrosa? —Era una pregunta irónica, considerando que mi voz era pequeña, tranquila, y sonaba como una pequeña niña.
—¿Después de ver lo que le hiciste a Renée hoy? —Podía escuchar su sonrisa orgullosa—. Sí, nena, eres putamente mortal.
—Jasper no parece pensar lo mismo. —Mis manos se deslizaron por su cuerpo para aferrarme a sus hombros, mientras me ponía de puntitas de pie y besaba su tatuaje—. Él piensa que soy inocente y que eres tú el que me obliga a hacer todas estas cosas.
Edward bufó.
—Okey.
Todas las palmadas en la cabeza y pellizcos en mis mejillas pasaron por mi mente. Yo era la bebé del grupo. Era comprensible con todos ellos teniendo diez años más que yo, pero las bromas inocentes se estaban volviendo a desdén.
Me coloqué sobre mis pies nuevamente y abracé su cintura.
—Siempre seré una niña para ellos.
—Eres mi Kid.
Puse los ojos en blanco, incluso si él no podía verlo.
—Sabes lo que quiero decir.
—Déjalos creer lo que quieran —dijo, encogiéndose de hombros, cubriendo mis manos con las suyas y entrelazando nuestros dedos—. No importa.
—¿No te molesta que piensen que eres un gilipollas controlador y yo solo soy una niña encaprichada y débil que te sigue por todos lados y no sabe mejor?
El pensamiento cerrado de Jasper sobre mi relación con Edward era lo que más me irritaba. Él lo hizo sonar como si fuera esta chica abusada y lastimada, forzada a mentir, robar, y matar porque el hombre por el cual había estado profundamente consumida me lo demandaba.
Yo era tan participante en nuestros crímenes como lo era Edward.
Todo lo que hacíamos y seguíamos haciendo era un efecto ping-pong, solo dos maníacos yendo de un lado a otro.
—Me importa una mierda. Eso solo significa que estarán todos ocupados esperando mi ataque que podrás escabullirte detrás de ellos y degollar sus putos cuellos.
Mordí mi lengua, luchando contra una sonrisa.
—No vas a dejar pasar lo de la navaja, ¿no?
—Nop, de ninguna manera —dijo, desenredándose de mi agarre y girándose para poder enfrentarme—. Esa va a ser tu arma ahora.
—Mmm, bueno, hablando de navajas… —comencé a decir, pero mi atención fue encontrada con su mirada intensa. Cualquier pensamiento inteligente se fue por la ventana.
—¿Qué hay con eso? —dijo, ubicando sus manos en mi cintura. Se inclinó y pasó su nariz a lo largo de mi mandíbula y cuello, respirándome.
Mi cabeza se hizo a un lado para darle a sus labios mejor acceso para volverme loca, y jadeé el resto de mi frase:
—¿Cuándo tendré la mía devuelta?
—No la tendrás —dijo, enredando su dedo alrededor de la tira para el cinto de mis jeans y jalándome con un tirón fuerte—. Es mío…y esa mierda no se discute.
Edward no era nada sino sentimental.
Inclinándome hacia atrás, me aferré a la encimera. Todos sus mordiscos y lamidas en mi cuello estaban debilitándome. Me tambaleaba como un ciervo bebé, incapaz de mantenerme de pie.
Edward bufó y se alejó de mí, muy repentinamente para mi gusto.
Parpadeé mirándolo, algo deslumbrada.
—¿Qué pasa?
Me estaba observando, sus cejas fruncidas con un pequeño fruncimiento de su labio inferior.
—¿Por qué sigues vestida?
Me reí, alzando mis brazos.
—No tengo idea.
Edward me quitó la camiseta y lo añadió a la pila en un rincón. Deslizó sus manos por mi espalda con facilidad. El toque ligero de sus dedos enviaba chispas por mi espalda y por todo mi cuerpo. Desabrochando mi sostén, me lo quitó y lazó el pedazo de encaje al suelo.
Expuesta y completamente vulnerable ante él, contuve mi aliento. Mis pezones se encontraban dolorosamente duros y ansiosos en espera al momento en que él ponga su boca sobre ellos.
—¿Qué mierda es eso?
Mis ojos se abrieron.
—¿Qué es qué?
—Esa cosa en tu brazo —dijo Edward, girándome hacia el espejo—. ¿Cómo mierda te hiciste eso?
Lo que una vez era una marca rojiza, se había convertido en un profundo moretón de color violeta fuerte.
—Yo… —intenté decir, llevando mi atención hacia las manchas de sangre en mis pechos y estómago.
Era sorprendente y perverso, pero la forma en que parecía una guerra de pintura o un tatuaje pintado sobre mi piel me fascinaba. Mis pensamientos estaban consumidos con miles de imágenes del desierto, Edward entre mis piernas con el sol brillando sobre su espalda, embistiéndome con fuerza, mis gritos fuertes perdiéndose en el gran terreno. La tierra y sangre pegándose a nuestros cuerpos llenos de sangre mientras rodábamos y follábamos sobre ella.
La lujuria y necesidad de nuestros deseos era fuerte, sobrepasando lo que quedaba de nuestras conciencias.
Esto provocaba la oscuridad, excitándome de forma maniática, y era llevado a cabo por su mirada firme. Él se encontraba furioso, apretándome cada vez más fuerte con cada segundo que permanecía en silencio. Decidí dejar de luchar contra lo que quería, permitiendo a ese insistente y ruidoso Diablo hacer a un lado a mi Ángel interior para salir a jugar.
Los cuerpos iban a aumentar basado en las próximas tres palabras…
—Jasper me agarró del brazo.
—Jasper hizo esto —dijo Edward con un asentimiento, y no fue una pregunta.
Creo que él sabía quién lo había hecho incluso antes que yo lo dijera, pero él no quería que fuera verdad. Quizás debería haber mentido y dicho que me golpeé contra el marco de una puerta o algo… aunque, sería difícil de explicar las marcas de dedos.
—Sí, él intentaba hablar conmigo y yo me alejé, y… —comencé, observando su reacción a través del espejo.
Edward estaba lívido, pero sus ojos delataban la traición, una profunda y triste traición, e iba mucho más allá sobre su amigo "accidentalmente" yéndose de mano con su chica.
—¡Mierda! —Presionó su frente contra la parte posterior de mi cuello—. ¿Por qué me está presionando?
—Él quiere que te detengas.
—¿Detener? —La palabra era extraña en su vocabulario, una opción imposible cuando se trataba de Edward—. ¿Detener qué?
—Detener tus planes de matar a Marcus —respondí, enfatizando amargamente esa palabra.
Edward levantó su cabeza rápidamente.
—¿Jasper dijo esa mierda?
—Sí —dije, reposicionándome otra vez frente a él. Él levantó sus brazos y los dejó caer sobre mis hombros—. Jasper dijo que, si no nos deteníamos, las cosas no iban a terminar bien para nosotros.
—¿Y qué le dijiste?
Dándole una mirada furiosa, estiré una mano y retorcí su piercing en el pezón. Era una respuesta apropiada ante tan estúpida pregunta.
—¡Aaaay, mieeeerda, mujer! —gritó, reteniéndome por las muñecas y colocándolas a mis costados—. Tienes que parar con esa mierda, duele como el demonio.
—No soy una soplona, Cullen.
—No, solo eres un jodido dolor en mi culo, Swan —respondió, llevando mis manos hacia arriba y cruzándolas sobre mi pecho, creando su propio chaleco de fuerza—. Sin mencionar una jodida loca.
Acababa de pasarse de la raya. Esa palabra estaba prohibida.
—¡Te dije que no me llamaras así, maldita sea! —Le lancé una mirada asesina, intentando liberar mis brazos, pero él fácilmente me dominaba—. No estoy loca, Edward.
Bajando su mirada hacia mis pechos mientras estos subían y bajaban, se lamió los labios y sonrió.
—Sí, lo estás.
Me estaba provocando… y, maldición, yo era fácil y caí rápidamente en su trampa.
—Deja de ser un cabrón —dije, retorciéndome y lanzando mi cuerpo hacia él con más ganas—, ¡y suéltame!
Edward detuvo mi valiente lucha al apretar mis muñecas y jalarme con fuerza hacia su pecho. Se acercó, su aliento caliente sobre mi cuello, y susurró:
—Vete a la mierda.
Entonces como una bomba, toda nuestra tensión sexual acumulada explotó y nos atacamos el uno al otro.
Nuestros cuerpos chocaron, labios y manos, tomando y aferrando. Estaba jalando del borde de los bóxers de Edward hacia abajo. Él tomó mi cabello en dos puñados, tirando de las mechas y forzando su boca más sobre la mía, tomando mi última protesta y callándola con su beso. Era una locura caótica y frenética.
Mi corazón estaba acelerado, pero con un firme agarre, tomé del miembro duro de Edward, moviendo mi muñeca desde la base a la punta. Esparcí con mi pulgar el líquido que chorreaba de la cabeza. Edward gruñó, moviendo violentamente su cuerpo, y rompió el beso.
Embistió contra mi mano, aumentando mi ritmo, yendo más y más rápido, gimiendo y jadeando de tal forma que hacía latir mi coño. Dupliqué mis movimientos con propósito para llevarlo al borde y a esparcirse sobre mí. Moviendo mi mano hacia arriba, palmeé la cabeza, tomando la bola de acero entre mi pulgar y dedo índice y tironeándola, ganándome un "mierda" de Edward.
Alejándose y apartando su verga de mi mano, me tomó por las caderas y me subió al mostrador. Manteniendo un agarre firme y fuerte en mi cuello con una mano, me hizo hacia atrás contra el espejo y arrancó el botón de mis jeans. Rasgando y rompiendo el metal de sus costuras, Edward me quitó mis shorts, con una urgencia y necesidad frenética de estar dentro de mí.
Moviéndose para remover la última barrera que nos separaba, jadeó cuando encontró piel.
—Dios, nena, ¿sin bragas… —Embistió dos dedos dentro de mí, con fuerza y profundamente—, todo el puto día? —Los movió hacia adentro y afuera, una y otra vez, con furia.
Gemí, rogándole que no se detuviera, levantando mis manos y llevándolos hacia sus hombros. La sensación de no ser tocada así por él por casi cinco días, junto con todo el juego previo, fue abrumador y dominante. Me encontraba muy necesitada, altamente sensible, y la ruda fricción de sus nudillos contra mi clítoris y los alrededores de mi entrada con cada movimiento de sus dedos dentro de mí fue mi perdición. Pasó rápidamente, desarmándome con su fuerza, y sentí mis músculos interiores comenzar a convulsionar, contrayéndose alrededor de él…
—Nop —dijo Edward, haciéndose hacia atrás y retirando sus dedos. Tomó mis caderas y me jaló hacia el borde del mostrador—. A la mierda con eso, nena, todavía no.
Apartando mis muslos temblantes, Edward lamió su palma y masajeó su polla. Lo observé, prácticamente jadeando, mientras tomaba su base, dirigiendo y deslizando la cabeza a lo largo de los labios interiores de mi coño. Me encontraba húmeda, mi excitación y su masturbación habiéndome preparado para él. Golpeó mi clítoris, dándome un guiño juguetón y arrogante, antes de alinearse y arremeter hacia dentro. Me llenó de golpe, tan profundo, y ambos gemimos, deleitándonos ante el sentimiento de unirnos así después de mucho tiempo.
Él inclinó su cabeza, aun embistiéndome, y besó a lo largo de mis pechos, lamiendo y succionando mis pezones. Chillé, y él pasó su lengua hacia mi cuello y hacia mi boca, mordiendo y tironeando de mi labio inferior antes de terminar con un beso.
Intenté respirar mientras él me cogía y me besaba, mi pecho jadeaba y dolía. Él me sostenía por la garganta, haciéndome difícil el respirar, mientras metía su verga dentro de mí, tan fuerte y tan profundo. Sus embestidas eran furiosas y vengativas, deslizándose adentro y afuera, mientras sus muslos golpeaban el borde del mostrador.
Era dulce y agresivo, placer y dolor, caliente y frío, una completa contradicción de sensaciones y me estaba llevando.
—¡Mierda! —gruñó, una fuerte contorsión de su verga me indicó que se encontraba cerca. Bajó la velocidad; retirándose, pero no lo permitiría.
—No… solo, por favor… —gimoteé, clavando mis talones en su trasero y acercándolo hacia delante.
Cumpliendo con mis demandas, llevó sus labios de vuelta hacia los míos y forzó su lengua en mi boca. Tomó de mis caderas, sus dedos clavándose en mi piel, sacando sangre, y dejando otra marca. Embistió y metió su polla dentro de mí, con más fuerza y más rapidez que antes, follándome hasta que un par de gritos hicieron eco en las paredes del pequeño cuarto de baño.
Edward maldijo fuertemente, enterrando su rostro en mi cuello y, gentilmente, pero firme, clavó sus dientes en mi piel. Me estremecí y gemí, mis músculos contraídos y tensos alrededor de su verga. Una ola enorme de sensaciones chispeantes se deslizó sobre mí. Fue instantáneo, dejándome un lío jadeante y tembloroso, saliéndome de su agarre.
Dando unos embistes más fuertes y arrítmicos, Edward maldijo con un gruñido en mi oído mientras se venía. Con su polla sacudiéndose violentamente dentro de mí, él sobrellevó su orgasmo con empujes lentos, hasta que finalmente se detuvo. Colapsó, presionando todo su peso hacia mi pecho y haciéndome hacia atrás.
La furia de Edward, mi necesidad, los asesinatos sin fin y el caos que nos rodeaba, combinado con nuestra locura conjunta creaba una cogida demente y explosiva.
Estábamos cansados, nuestra era respiración irregular. No quería moverme de este lugar con su polla aún enterrada dentro de mí, pero la ducha me llamaba e inmediatamente me sentí sucia.
Edward me sintió moverme debajo de él, y en pánico, apretó mis muslos para mantenerme quieta.
—¿Dónde vas?
—Necesito una ducha, cariño. —Envolví mis brazos alrededor de su espalda y sonreí—. Eres bienvenido a unírteme, si quieres.
Aceptando mi oferta, me lanzó por encima de su hombro y golpeó mi trasero. Me encontraba debajo del agua caliente con la boca y manos de Edward sobre mí en un segundo.
.
.
—Así que he estado pensando —dijo Edward, untando glaseado y pastel sobre mi estómago, comiéndolo y succionando la piel.
Después de limpiarnos y una buena cogida, él bajó para tomar nuestro pastel de chocolate y glaseado de vainilla para la celebración retrasada. Lo que comenzó como un postre inocente con platos y cucharas se había convertido en algo más sexual. Él lo había estado comiendo de mi cuerpo por los últimos veinte minutos ya. Besando y lamiendo la piel hasta que no haya rastro de azúcar. Había comenzado con mi boca y desde entonces había ido descendiendo.
Era putamente fantástico.
—Oh, ¿sí? —pregunté, aferrándome a las sábanas y tratando de mantener mi respiración bajo control—. ¿Sobre qué?
Edward se deslizó por la cama, inclinándose sobre nuestra mesa de luz donde se encontraba el pastel, y tomó una buena cucharada para darme de comer.
—Sobre cómo vamos a matar a Marcus.
Han pasado seis meses desde que nos escapamos de la cárcel y del país. Todos esos días y semanas, Edward había estado planeando matar a Marcus, pero con su poder y dinero, no iba a ser tan simple poner una bala en su cabeza. Si alguna vez nos acercábamos lo suficiente como para hacerlo, iba a haber venganza, y no se detendrían con solo Edward y yo. Toda nuestra familia iba a ser asesinada, y en ese entonces, era un riesgo que no estábamos dispuestos a tomar.
—¿Qué? ¿En serio? ¿Cómo? —Me senté sobre mis codos, tragando el delicioso pedazo y abriendo mi boca para recibir otro. Edward estaba feliz de complacerme. Tomó una cucharada generosa y lo siguió con su boca, lamiendo los restos del glaseado de mi labio inferior.
—Mmm, justo como un jodido cupcake —dijo, y sin ninguna otra palabra, me hizo hacia atrás sobre la cama. Puso otro pedazo sobre mi pecho izquierdo y lo devoró. Me retorcí, y él me mantuvo quieta con sus manos sobre mis hombros, lamiendo mi pezón. Levantándose para respirar, colocó su barbilla sobre mi pecho y suspiró—. ¿Cuándo te vas a hacer un piercing en estas cosas deliciosas?
Solté un suspiro exasperado, en parte porque él se distraía fácilmente y yo estaba cerca de la combustión.
—Dios, me tienes al borde con esa boca tuya… agh, no lo sé. Algún día, pronto, Edward, ¿okey?
—No va a doler —contestó, retorciendo mi pezón. Mi excitación escapó de mis labios en un jadeo. Sonrió, sabiendo que había ganado—. Vamos, nena, podemos hacerlo mañana. Será divertido.
—Me estás matando —dije, pero él no paró con la tortura. No, el maldito redobló la apuesta.
—Y quizás… —Deslizándose por la cama, apartó mis rodillas y ubicó sus hombros entre mis muslos—, puedes hacerte uno aquí… —Su voz era ronca, mientras pasaba sus dedos a lo largo de mi entrada, ocasionalmente pinchando la parte exterior de mis labios.
—Dios —murmuré, cerrando mis ojos con fuerza.
Edward comenzó despacio, lamiendo mi clítoris con su lengua. Entonces progresó a succionar cada uno de mis labios en su boca. Me deslicé hacia abajo en la cama, queriéndolo más cerca. La falta de presión y besos suaves con su boca llevándome al borde de la locura.
Me encontraba necesitada.
Metió su lengua adentro. Mis piernas se cerraron a su alrededor y tomé un puñado de su cabello. Añadió dos dedos, curvándolos y moviéndolos. Tocó cada parte de mí. Estaba acelerando su ritmo, dentro y fuera. Era frenético, su lengua gentil sobre mí y sus dedos rudos en mi coño, deslizándose y arremetiendo dentro de mí, yendo más profundo y más fuerte que antes.
Podía sentir el tirón en mi estómago mientras el cosquilleo se volvía más fuerte. Mis muslos temblaban y mi aliento se aceleró. Chillé y jadeé. Me estremecí y rogué. Tomé de su cabello, de las sábanas arrugadas, o cualquier cosa cerca de mí, transfiriendo la energía que me llenaba mientras me venía.
Cuando Edward terminó, quitó sus dedos y mordió mi clítoris, antes de arrastrarse sobre mí y chocar sus labios contra los míos. Podía saborearme en su lengua mientras giraba con la mía. Se apartó y reemplazó sus labios con sus dedos, gentilmente poniéndolos en mi boca. Él observó mis labios envolverse alrededor de ellos. Mi lengua lamió entre sus dedos y succionó cada uno hasta dejarlos limpios. Esto lo excitaba. Podía verlo en sus ojos oscuros y depravados.
—Diablos, nena —dijo, quitándolos lentamente de mi boca—. ¿De dónde saliste?
—Washington —respondí, frunciendo el ceño—. Forks, creo.
Él rio.
—Eso no es lo que quería decir.
—Lo sé —contesté, trazando la palabra "loca" sobre el tatuaje de Bella—. Es como que, hay un millón de coches para robar en el mundo y de alguna forma me crucé con el tuyo.
—Hubiese matado a cualquier otra persona.
—Oh, lo sé, Edward. Confía en mí. —Sacudí mi cabeza, riendo—. Si piensas en ello, Phil y Renée tuvieron mucho que ver en nuestro encuentro. Si hubiesen sido personas decentes, puede que nunca haya huido de casa.
La perspectiva de nunca estar en la vida de Edward me asustaba. Él era mi vida.
—Bueno, —Edward acarició mi rostro, viendo el terror en mis ojos—. Estoy contento que fueran unos pedazos de mierdas, entonces.
—Quizás en vez de matarlos, deberíamos haberles enviado una tarjeta de agradecimiento… —dije, una sonrisa suave en mis labios—, o invitarlos a la boda.
Los ojos de Edward se tensaron, dejando las bromas a un lado ya.
—Incluso si estoy agradecido de tenerte aquí, en mis putos brazos y esa mierda, nunca los excusaré por el dolor que te causaron. Nadie te lastima y se sale con la suya. —Gentilmente acarició el moretón en mi brazo—. Me importa un carajo lo pequeña que sea la ofensa.
—¿Incluso tu mejor amigo?
—Especialmente si es mi mejor amigo —respondió, dejando caer su cabeza a mi pecho—. Mierda, esto es tan jodido. No quería creerlo, nena, pero no puedo ignorar las putas señales. Todos lo que él ha hecho desde el principio de nuestro viaje a Juárez simplemente lo prueba.
—¿Prueba qué? —pregunté, pasando mis dedos por su cabello.
Envolvió sus brazos alrededor de mi cuerpo y me sostuvo como un ancla.
—La familia está con Marcus ahora.
—¡¿Qué?! —Me senté en la cama, solo para volver a ser empujada hacia abajo por Edward—. ¿Estás…? ¿Lo dices en serio?
—Sí, no estaba completamente seguro al principio, pero Jasper no dejaba de hacer todo tipo de preguntas sobre Marcus. Sobre si tenía un plan para acabar con él. —Edward me abrazó fuertemente contra su cuerpo y besó a lo largo de mi pecho, asegurando que estaba allí con él—. Le dije que, si planeaba matar al idiota, él sería el primero en saberlo.
—Pero Jasper es así, cariño. —Él era conocido por hacer preguntar y asegurarse que todos jugaban de acuerdo a las reglas—. No prueba que ha cambiado de lado.
—Sí, lo sé, no lo prueba, pero la fiesta sí. —Gruñó, levantando su cabeza y enfocando sus ojos en los míos—. Nada de extraños, Bella. Ellos saben eso.
—¿Entonces la fiesta fue un montaje? —Mi corazón estaba roto.
—Ellos querían ver cómo reaccionaba con Marcus aquí. Créeme, nena, intenté mantenerme controlado, pero ellos pusieron en riesgo a lo único con lo que no puedo vivir. —Enterró su rostro en mi cuerpo, sacudiendo su cabeza y murmurando contra mi piel—. No puedo… no voy a tolerar esa mierda.
Su corto temperamento de esta noche tenía sentido. Incluso cuando estábamos quemando a Renée y Phil, sabía que algo le pasaba, pero no sabía qué.
Estábamos solos, más ahora que nunca.
—Entonces, ¿qué hacemos, Edward? Si nuestra familia está del lado de Marcus, ¿cómo planeas matarlo?
—Eso es fácil —dijo Edward, desenvolviéndose y poniéndose a mi lado en la cama—. Cuando estaba en Juárez con Jazz, nos detuvimos en un bar para tomar algo antes de irnos. Había unos tipos en un rincón hablando en español… cosa que sabes que Jasper no habla.
—Tienes que hacer un curso de Rosetta Stone para esa mierda.
—¡Exacto! —Rio Edward, palmeando mi rostro y besándome en los labios—. Como sea, estaban discutiendo sobre este famoso contrabandista en Punto Peñasco.
—Juan… —dije, intentando recordar el nombre—, ¿no?
—Sí, aparentemente él es un jodido idiota, pero nadie puede hacer algo al respecto porque este estúpido es como la realeza. Es el primo de un tipo llamado Aro y está fuera de los límites. Incluso Marcus no puede tocarlo.
—¿Y quieres que matemos a Juan?
—No solo quiero matarlo, Bella. Quiero tomar sus drogas e incriminar todo a Marcus.
Pateando las sábanas de mis pies, eché mis piernas a un lado de la cama y me senté allí, digiriendo sus palabras.
Edward, notando mi incredulidad, tomó de mis caderas y me jaló devuelta a la cama con él.
—No te preocupes, nena. Confía en mí, funcionará.
—¿Cómo?
—Todos saben cómo Marcus adquiere su dinero y drogas, y no es porque es un buen trabajador. Es un puto ladrón, pero es inteligente. No hemos matado a nadie tan grande. Este tipo Juan comenzará una puta guerra.
—¿Pero no nos atraparan en ello? Ellos sabrán que fuimos nosotros los que lo matamos.
Se encogió de hombros.
—Quizás sí, quizás no, pero la posibilidad de estar frente a una guerra no es el punto.
—¿Cuál es el punto?
—Matamos al puto de Marcus. Le disparamos en medio de los ojos y la gente asumirá que fue en venganza por la muerte de Juan. Es bastante simple.
—Y muy peligroso —añadí. Él sonrió, disfrutando profundamente la perspectiva—. ¿Qué hacemos con las drogas de Juan si no se la vamos a dar a Marcus?
—Nos la quedamos hasta que esta mierda termine.
—¿Y estás seguro que va a funcionar?
—Es la mejor oportunidad que tenemos de sobrevivir. Marcus nos matará cuando ya no le sirvamos.
Coloqué mi cabeza en mis manos.
—Esto es tan jodido.
—Estamos muertos si no hacemos nada.
—¿Y qué pasa con nuestra familia? —pregunté, echando un vistazo entre mis dedos.
—Daño colateral. —Dio un vistazo alrededor de la habitación y gruñó—. ¡Mierda! Tenemos que irnos, nena. No es seguro estar aquí.
—Así que es por eso que confiscaste sus llaves —dije, chocando mi hombro con el suyo.
—No, no exactamente —comentó, aferrando mi muslo y lentamente deslizando su mano hacia arriba—. Solo estaba jodidamente caliente y Jasper me hizo enfurecer al interrumpirnos.
Asentí, recordando lo frustrados que estábamos.
—Así que, supongo que eso significa que vamos a mudarnos al lugar seguro del plan B, ¿no?
Su sonrisa en respuesta fue arrogante.
—Y tu dijiste que no la íbamos a necesitar.
