¡Hola! Me llamo Gumball soy el príncipe de un reino, del dulce reino en donde cuida a todos mis dulces habitantes y procuró que nada malo os pasa. Desde que tengo memoria he vivido aquí y amo mi labor. Todos los días me levanto, desayuno y salgo a atender diligencias pero desde hace uno años no tengo que preocuparme tanto por los problemas de seguridad de mi pueblo ya que Fionna; una dulce y heroica humana de 15 años me ha estado ayudado mucho en eso, en compañía de su mejor amiga Cake; una encantadora gata y eso me alivió mucho. Sin embargo hace unos meses me ocurrió una desgracia, no, no, mejor dicho una calamidad. Marshall lee hijo de la reina de la nocheosfera vino a vivir muy cerca de mi reino. Según se parece que se ha peleado con su madre y lamentablemente ahora me toca aguantar lo a mí. Es travieso, maleducado, altanero, egoísta e incluso podría decir qué malvado.

Tan solo esta semana me ha jugado como 10 bromas y arruinado dos eventos y ya estoy cansado de que me moleste tanto. Dentro de un mes organizare una fiesta por mi cumpleaños y no quiero que me lo arruine y ya entendí que con no invitarlo no es suficiente, o sea tiene el descaro de presentarse sin invitación, en fin, haré lo que esté en mis manos para evitar que eso pase.

En este momento un guardia banana me acaba de informar que Marshall hizo que dos hermanos se pelearan hasta causar un alboroto, que amarró a un dulce habitante que no para de gritar a un árbol y que está molestando a una anciana. Ahora tengo que ir a solucionar esto y aprovecharé para ir con Fionna sé que ella tendrá ideas para hacer que se valla o algo por el estilo.

Cuando llegué Marshall estaba tirado en el piso muerto de risa por todo el caos que provocó y por mi color de piel cuando comencé a gritarle por todo lo que había hecho ¡cómo me saca de quicio! Fionna me ayudo a desatar a Pan de canela y a controlar a los hermanos, Cake que se encargó de llevar a la viejita a su casa.

Al terminar de resolver todo Marshall ya había dejado reírse como loco y sólo nos veía con decepción -tienes que arruinar la diversión príncipe, ¿porque no lo tomas con humor?- me dijo con un aire de frustración-

-Porque son la gente a la que protejo y quiero Marshall y no puedo divertirme mientras tú las molestas- ya estaba molesto por su actitud.

-Bueno chicos ya dejen de pelear y Marshall me caes bien pero en serio deja de causar problemas- la verdad es que Fionna es más paciente con él tal vez porque se conocen un poco más a fondo, ella sabía cómo tratarlo.

-Vamos muñeca si tú me dieras unos besitos tal vez me aportaría como un buen murciélago- dijo con un tono de conquistador y presuntuoso, qué hacían buena combinación. –Jaja, no comiences Marshall- Fionna se había acostumbrado a que siempre que podía Marshall le coqueteaba aunque ella nunca le correspondía, creo que eso hacía que se encapricha más.

Era una cena incómoda para mí así que antes de que siguieran hable. –ya, ya, aquí Lo importante es que yo no quiero que hagas tus bromitas, no mientras estés en el dulce reino ¿está claro?- odiaba cómo me veía con su ceja alzada y su media sonrisa, como retándome y burlándose de mí intento de autoridad hacia él. -bueno príncipe, me voy porque estoy cansada y Cake también. ¡Adiós! y llámame si hay problemas de nuevo- me dijo la rubia mientras se iba montada en su gata. Era una de las cosas maravillosas de Cake, podía tomar cualquier forma y tamaño realmente eres sensacional. La humana se marchó dejándome solo con Marshall en medio de la calle y de noche.

-¡Bah! Bueno también me voy, la diversión terminó- su cinismo me alteraba. –¡Oye Marshall! Que quieres para qué aceptes irte de aquí por lo menos un mes- Si, si ya sé que el baile es dentro de un mes y medio ¡pero vamos! tengo que aprovechar y estar en paz el mayor tiempo posible.

jujuju, ¿porque quieres que me vaya? ¿Qué es lo que escondes? presiento mucha diversión-

-no es nada de eso sólo quiero estar en paz- mentí aunque no sé si sea tan bueno en eso. -Jaja, No soy tonto Gumball sé que en un mes es tu cumpleaños y todos los años haces una fiesta o como se llame- olvide que aquí en el reino todo se sabe. Puse cara de estrés y decidí hablarle directo y sin rodeos.

-Está bien, si es eso y francamente no quiero que tú estés cerca ese día así que estoy dispuesto a darte lo que pidas, claro algo que pueda cumplirte- su cara se transformó en una hamaca de triunfo combinada con picardía dándome un poco de escalofríos.

-¿Estás seguro de lo que estás diciendo? porque déjame decirte que me interesan muchas cosas que tal vez tu no quieras darme- ¡Su ceja alzada de verdad que me molesta!

-S-sí, seguro, bueno creo-

-Quiero… una… noche contigo-