Episodio 5. Intercambio de servicios
O-oh
¿Qué no se suponía que el cabezón no había visto a su esposa en meses?
¿Qué diablos hacía en su casa, justo el día que se le ocurría ir a ella?
Estúpido cabeza de balón, ¿por qué no le había dicho nada?
La pelirroja seguía mirándola con los ojos desorbitados y la boca ligeramente abierta; parecía en shock; Una completa desconocida acababa de entrar a su casa, sin anunciarse ni nada, y peor, la puerta había estado cerrada. ¿Acaso pensaría que había forzado la cerradura? ¿Y si gritaba, si llamaba a la policía? ¡Karlo iba a matarla! ¡Un escándalo antes de la gran oportunidad de sus vidas!
–Oh, por Dios… -dijo la otra en un tono muy bajo.
'Exactamente: "Oh, por Dios"'
–Escucha, yo… -comenzó Helga, levantando las manos frente a su pecho, pero la otra no pareció escucharla.
–¡¿Helle?! –exclamó de pronto.
–¿Eh?
–¿Helléne?
…
"¿Qué diablos…?"
–¡¿Helléne es la nueva amiga de Arnold?!
…
"Okaaaay…"
–¿Eres Helléne, cierto? –había caminado frente a ella y ahora la tomaba de las manos; había una gran sonrisa en ese rostro que ahora le parecía desquiciado.
–Eh… ¿Sí?
¿Qué demonios estaba pasando ahí?
–Siéntate, siéntate –la dirigió a la sala sin soltarle la mano, Helga estaba tan en shock que se limitó a seguirla sin chistar.
–Ponte cómoda; estás en tu casa. ¿Te ofrezco algo de beber? Parece que Arnold no ha surtido la despensa en semanas, pero algo debe de haber…
Y se dirigió a la cocina como exhalación, dejándola sola en el hermoso salón recibidor junto a un pequeño bulto rosado que dormía profundamente dentro de un moisés.
Antes de que pudiera procesar en qué clase de dimensión paralela acababa de entrar (una sin razón ni lógica, al parecer), la menuda mujer estaba frente a ella con una jarra de té helado, una lata de soda y una botella vino.
–Es todo lo que hay –le dijo mientras le sonreía nerviosamente –, espero que alguno sea de tu agrado.
–Eh… sí… gracias.
La otra se sentó a su lado y la miró, sonriendo.
–Anda, en serio, toma lo que gustes ¿O quieres que te sirva? –no lo decía con sarcasmo ni nada, era un ofrecimiento real.
Helga tomó una copa que le había acercado sin quitarle la vista de encima. La miraba sin creerse del todo lo que estaba pasando, la mujer la veía con la misma expresión de un niño que ve por primera vez a un elefante, o algo así.
–Ah, sí, claro… ¡No! Digo; yo lo hago, gracias –se sirvió un poco de vino.
–¿Te molesta si te acompaño? –Helga negó sin retirarle la confundida mirada de encima, la otra sonrió y se sirvió un poco también.
–Salud –dijo Shannon y le dio un pequeño trago, la confundida auto-invitada hizo lo mismo.
–Nunca imaginé mirarte en estas circunstancias de nuevo –otra vez le sonrió. Helga no podía estar más confundida.
La mujer la había llamado tanto Helle como Helléne, ambos nombres con los que era conocida en su faceta de modelo, y Arnold le había comentado que ella era reportera, así que no podían conocerse de otro lugar más que de un desfile.
–No me recuerdas, ¿verdad? –inquirió la otra sin dejar de sonreírle.
Helga negó.
–Sé que eres la esposa de Arnold, pero de ahí en fuera…
–Nos conocimos hace unos dos años –le dijo ella, que no parecía molesta en lo absoluto por la falta de reconocimiento de la otra –, seguro que hablas con cientos de reporteros todo el tiempo, así que es normal que no los recuerdes a todos.
–La verdad es que no recuerdo a ninguno –dijo Helga, luego de darle otro trago a su copa; de repente se sentía en la entrevista más extraña y surrealista del mundo –y no he dado cientos de entrevistas ni nada así, la verdad es que es muy raro que hable con alguien de ese medio; es sólo que tengo una pésima memoria. – ¿En serio no le extrañaba en absoluto que hubiera llegado de la nada a su casa? ¿Y por qué la había llamado "la nueva amiga de Arnold"? ¿Acaso la tomaba por su amante? Y de ser así, ¿Qué pretendía? ¿Acaso ahora quería envenenarla con esa copa de vino? ¿Y por qué había tomado ella también? ¿Acaso era una suicida? ¿O era que el veneno sólo estaba en su copa…?
…O tal vez estaba exagerando, y sólo se encontraba frente a la mujer más extraña del mundo…
La otra le sonrió. Helga la miró con detenimiento y, tratando de sacudirse tantas ideas extrañas de la cabeza, bebió de nuevo; la chica frente a ella no parecía una psicópata en absoluto; de hecho, era bonita "aunque la mayoría de los asesinos seriales eran encantadores" le dijo una vocecita dentro de su cabeza "¡Cállate," se respondió sola "deja eso para una novela policiaca!" se respondió… ¿Quién era realmente la loca, ¿eh?
Tratando de enfocarse en el mudo real de nuevo y no en su cabeza, después de todo, ella era la que acababa de ser descubierta colándose en una casa ajena, dirigió su atención a su sonriente anfitriona y la analizó con cuidado mientras daba otro pequeño sorbo.
Sin lugar a dudas la chica era bonita; hermosa, se podría decir, a pesar que obviamente estaba loca.
…
Podía ver una gran afabilidad en su mirada, y su sonrisa podría derretir un iceberg, como la de cierto cabezón que ella conocía… en definitiva, esta chica era la pareja perfecta para el cabeza de balón.
–Hablamos en tu primer desfile; es decir, como co-diseñadora. Iba en nombre de la revista "Women's obsessions".
Comenzó la otra, arrancándola de tajo de su gran y disparatado debate interno. Hizo una pausa y la miró sonriente, y Helga no supo qué decir, había hablado con algunas personas esa vez, pero ni idea de con quién.
–Me dijiste que las mujeres debían ser modelos sólo de la talla que les correspondía, y que si no entraban en el estándar, entonces no debían ser modelos –continuó la otra sin darle demasiada importancia al mutismo de su interlocutora, y entonces ésta recordó.
–Que era como querer calzarte un zapato del número cuatro, cuando eres del seis –completó Helga.
Recordaba esa entrevista; a Karlo casi le había dado un ataque cuando la había leído.
–Dijiste que era culpa de tantas cabezas huecas que miraban como el epítome de la realización el ser modelos, que había tantos abusos, problemas alimenticios, siquiátricos y de drogadicción entre las modelos justo por eso; dijiste que si se dieran a respetar y se amaran un poco más a ellas mismas, el mundo del modelaje sería muy distinto.
Helga no pudo contenerse más; soltó una carcajada.
–Karlo casi me mata, dijo que acababa de enterrar mi carrera tanto de modelo como de diseño, y la suya también, de pasada. No quiso dirigirme la palabra en una semana.
–Eso pensaron los de la revista también cuando leyeron la entrevista que les entregué, pero yo no lo creía, y no fue así; tu fama subió como la espuma y, como la revista vendió montañas de ejemplares, a mí me ascendieron de puesto… –Completó, disimulando muy mal una orgullosa sonrisa.
–Ya me acuerdo de ti –soltó Helga con una sonrisa ladeada, curiosamente, comenzaba a sentirse cómoda ahí –: temblabas como una hoja cuando te sentaste frente a mí, y al abrir tu portafolio desparramaste decenas de notas por el piso.
–Era mi primera entrevista profesional –la aludida reía también –. Aún tengo guardados un par de ejemplares de esa vez, fue increíble. No podía creer que una modelo pudiera expresarse así de su propia profesión –rió muy fuerte, pero se llevó una mano a la boca cuando el bebé comenzó a removerse entre las mantas –¡ups! La miró con la risa contenida en la mano contra sus labios, y Helga pensó que parecía una niña –. En verdad me encantó que le callaras la boca a todos los que decían que las modelos no eran más que lindos maniquíes sin cerebro ni ideas propias.
–Pero eso fue justo lo que dije yo también –Helga levantó una ceja.
–Exacto, y un maniquí descerebrado jamás diría eso.
Se terminó su copa y la puso en la mesita frente a ella. Helga la miraba sin saber del todo qué pensar de su inesperada interlocutora.
Shannon miró su reloj y luego a ella. Su semblante se había vuelto serio de pronto.
–¿Te importaría vigilar a mi bebé mientras voy al baño? –le preguntó mientras se ponía de pié.
–Eeeeh… claro –soltó con desconfianza mientras veía al pequeño bulto de alborotado cabello castaño mover una minúscula mano sobre su regordeta cara. "Es todo" pensó "en cuanto vuelva del baño me largo de aquí, Arnold no debe tardar en llegar, y no quiero estar en medio cuando estos dos se encuentren."
oOo
Miró su reloj; eran las 6:25.
"Sólo un poco más" pensó, mientras repasaba apresuradamente unas hojas y comparaba las listas con un montón de figurillas etiquetadas frente a él. A este paso se desocuparía en unos cinco minutos; ya había terminado eso, de hecho, pero quería asegurarse que todo estuviera perfecto para montar la exposición a primera hora del día siguiente, así que a las 6:30 estaría desocupado, llegaría a su casa como diez para las siete, despacharía a Helga de la manera más amable posible y hasta tendría tiempo de llevarla a casa en lo que llegaba Shannon, que siempre se aparecía como media hora después de lo esperado. Había tenido que dejar algunas cosas inconclusas, pero ya llamaría a Hugh más tarde para que llegara una hora antes al día siguiente para terminar el trabajo que, para empezar, tuviera qué haber hecho él si no hubiera faltado, obligándolo a pasar la tarde en el estúpido museo en lugar de con una hermosa e increíble mujer.
…
A las 6:45 de la tarde, un emocionado rubio salía de su trabajo. Le había llevado un poco más tiempo del previsto terminar, pero, si se daba prisa, aún podía alcanzar a hacerlo.
No podía creer que al fin iba a ver a su bebé, y a Shannon.
No sabía ni qué pensar cuando encendió el motor de su auto y luego los faros. ¿Cuánto habría crecido el bebé? ¿Al fin comenzaría a parecerse a él?
…
… Y Shannon… ¿Qué le diría Shannon una vez que lo mirara?
Tenía muchas teorías de por qué se había ido de casa, pero esperaba que, ahora que la tuviera de frente, le contara qué demonios estaba pasando.
…
…Aunque debía de admitir que, desde que había vuelto a toparse con Helga, la necesidad de que volviera a casa había ido menguando, y eso lo hacía sentirse horrible.
Era un hombre casado, ¡incluso tenía un hijo, por dios santo! No podía creer que estuviera contemplando echarlo todo por la borda por una aparición del pasado. Una muy, pero muy hermosa aparición, sí; pero del pasado, al fin de cuentas.
Además, ¿Qué le hacía pensar que Helga estaría interesada en él aún?
…
Tan concentrado iba en sus pensamientos que no había notado que, lo que había tomado en un principio por el tráfico normal provocado por un semáforo, se trataba en verdad de un embotellamiento que cada vez crecía más y más.
Unos minutos después, cuando al fin lo notó, tuvo que subirse al techo de su propio auto para darse cuenta de que el motivo de semejante atasco era un accidente entre dos coches, muchos metros más adelante, y entonces miró alrededor y se dio cuenta que, al igual que el resto de autos, y de los montones más que iban llegando a cada segundo, estaba atrapado.
Maldijo a todas las deidades habidas y por haber y sacó su teléfono para llamar a Shannon y contarle lo que estaba pasando (si no le creía podía verlo en las noticias, que de seguro lo estaban transmitiendo), pero ¡Qué raro! No le respondía el teléfono. Pensó incluso en dejar su auto abandonado y abrirse paso a pie hasta su casa, pero iba a tardar lo mismo en llegar, e iba a tener que pagar una gran multa además, así que, pensando que al fin de cuentas las cosas no podían empeorar entre él y su mujer (Y que ya no podía hacer nada para evitar que ella y Helga se encontraran, ¡Maldita sea!, porque ella tampoco respondía su estúpido celular, bueno, estaba apagado, más bien), se encerró en su auto y encendió el estéreo. Si algo había aprendido en el trabajo tan demandante que tenía, era que de nada servía estresarse antes de tiempo, así que decidió que, lo que durara el embotellamiento, ni iba a importarle lo que pudiera pasar en su casa. Además, después de todo, ¿Qué podía hacer Shannon si se encontraba con Helga en su casa? ¿Acusarla de ser su amante? ¿Y qué iba a hacer después, dejarlo? Lo lamentaba mucho por Helga, pero, conociéndola, tampoco iba a ser un gran trauma para ella.
Así que se recostó en su asiento y, mientras su pieza favorita de jazz resonaba en su vehículo, comenzó a dejar que su cerebro anduviera libremente por donde quisiera, y como su cerebro no podía dejar de pensar en su hijo, se fue con él, y comenzó a recordar cuando el pequeño al que aún no le ponían nombre había nacido…
Cuando se había casado con Shannon…
Cuando habían comprado la casa…
La primera noche que habían pasado juntos…
…
…
…Esos enormes ojos azules, mirándolo, sonrientes, mientras las gotas de lluvia se deslizaban, veloces, sobre la capucha de ese impermeable tan amarillo como su cabello, en esa maravillosa tarde de verano…
…El contacto de su mano infantil contra la de él, y sus labios, dulces como la miel y tímidos como una flor de invierno, que se apretaban suavemente contra los suyos, mientras la lluvia lo ensordecía al golpearse contra la tela plástica que le cubría la cabeza, y se confundía con los desbordados latidos de su corazón…
oOo
Bien, el embotellamiento había pasado (y las ensoñaciones, también), así que ahora sí que era tiempo para el estrés y para conducir como un loco.
Maldita sea, maldita sea.
Shannon iba a matarlo; llegaba tarde incluso en esa situación. Y Helga, ¡Oh, Helga! Ni quería imaginarse lo que había pasado con ella… o peor, lo que le haría a él.
Cuando al fin llegó, ni siquiera se preocupó de meter el carro a la cochera, lo dejó botado enfrente de su casa y entró a toda prisa.
Sus esperanzas de que su esposa hubiese llegado inusualmente tarde se cortaron de golpe al escuchar un bebé llorando a todo pulmón adentro de la casa. Abrió la puerta lo más rápido que pudo y vio una mujer con un bebé en brazos que lo miraba furiosa.
Y lo peor de todo, ni siquiera era Shannon, sino Helga.
-¡¿A dónde demonios estabas?! –exclamó, con la cara desencajada de la ira, mientras mecía al bebé de un lado a otro de una manera nada maternal.
-Yo… estaba en el trabajo…
¿Qué rayos estaba pasando, por todos los cielos?
–¿Do…dónde está Shannon?
Inquirió lo más suavemente que pudo mientras se acercaba lentamente a tomar a su bebé.
–Eso es lo que quisiera saber… -El niño gritaba cada vez más, y Helga parecía a punto del colapso nervioso –La estúpida de tu mujer me dijo que le cuidara al niño en lo que iba al baño, y duré casi media hora, ¡MEDIA HORA, ARNOLDO, ESPERÁNDOLA! –Le puso el bebé en brazos a Arnold, y pareció librarse de algo que le hubiese estado quemando –yo creí que estaba mal del estómago, o algo así, así que, como estúpida, la esperé hasta que tu hijo se despertó y comenzó a llorar, así que fui a buscarla, le hablé, pero no me respondió. Busqué de baño por baño, recorrí toda la estúpida casa y sólo el de aquí abajo estaba cerrado, así que creí que estaba ahí y le había pasado algo, ¡Y no se abría con nada, así que tuve qué tumbar la maldita puerta para poderla abrir, sólo para notar que no estaba ahí tampoco! ¡No estaba por ningún maldito lado; se largó, cabeza de balón, sin importarle que una completa extraña se quedara con tu hijo, y tu hijo no ha dejado de gritar durante más de media hora! ¡Y ni siquiera podía llamarte porque mi maldito celular está descargado y del teléfono de tu casa tampoco podía hacerlo porque no recordaba tu número, y tampoco lo encontré por ningún lado, luego se me ocurrió llamar al museo, pero cuando lo intenté, resultó que tu estúpida línea está cortada!
Se dejó caer sobre un sillón con las manos sobre la cara, agotada y al parecer, a punto del llanto.
–No llamé a la policía sólo porque tu engendro hace tanto ruido que no me deja ni pensar… -concluyó.
Arnold duró un par de segundos mirándola, anonadado y sin saber qué decir; ni siquiera sabía que le habían cortado el teléfono. Prácticamente vivía en su trabajo desde que Shannon se había ido.
–Debe tener hambre –se limitó a decir al fin, dándole prioridad a lo más urgente y comenzó a buscar la bolsa del bebé con la vista.
–¡Oh! ¡Eres un genio! ¿Por qué no se me ocurrió eso antes! –exclamó la otra mientras le señalaba con la mano dos mamilas tiradas en el sillón –y sí, tampoco tiene nada en el estúpido pañal, ni tampoco tiene fiebre.
Arnold suspiró, miró a su lloroso hijo, ¡Cómo había crecido! Se lo recargó contra el pecho y comenzó a cantarle una vieja canción que su abuela solía cantarle a él de pequeño, mientras le daba unas suaves palmaditas en la espalda, y el niño, en un par de minutos, había caído noqueado.
Helga lo veía con los ojos como platos.
–Creo que sólo estaba asustado –le dijo él, tratando de sonreírle –igual que tú.
Fue a sentarse junto a ella y le dio un ligero beso en la cabeza, y entonces notó que Helga temblaba ligeramente.
–En serio lo lamento –le dijo –, nunca me imaginé que Shannon haría eso en estas circunstancias.
– "¿Eso?" –lo miró con sus enormes ojos enrojecidos, extrañada y exhausta en partes iguales.
–Ella tiene problemas de ansiedad –le explicó, mientras analizaba detenidamente los deditos de la pequeña mano de su bebé –, y suele escaparse cuando la situación se le pone demasiado incómoda.
Volteó a mirarla, y Helga frunció el ceño.
–No me mires a mí –le dijo –; estaba encantada hablando conmigo antes de huir.
–¿En serio? –preguntó, extrañadísimo.
Helga asintió.
–¿Puedes creerlo? Resulta que me hizo una entrevista una vez, y gracias a esta la ascendieron en el trabajo.
Arnold la miró extrañado un momento, luego suspiró.
-Entonces debe haberse ido para no tener que verme.
El semblante del rubio se ensombreció, y Helga de repente se sintió aún más incómoda.
–Bueno –soltó, exhausta y sin saber qué más decir –te dejo, Arnold, tengo que ir a trabajar mañana temprano.
El aludido la miró un tanto ansioso.
-Podrías quedarte aquí –le dijo –hay dos recámaras de huéspedes, si quieres. Podemos platicar un rato, cenar…
Helga negó al tiempo que se ponía de pié.
-Sé lo de las recámaras, Arnoldo, a estas alturas ya conozco tu casa mejor que tú, pero no, gracias. No me arriesgaré a que ese bulto llorón vuelva a hacer de las suyas en medio de la noche; tengo semanas que no duermo bien. Hasta luego, Arnold.
El rubio suspiró, cansado.
–Helga –dijo, y esta se detuvo, pero no se giró –gracias por todo –agregó –, y en serio, en serio lamento todo lo que pasó.
La rubia se encogió de hombros sin voltear a mirarlo y le señaló la mesita junto a la puerta.
–Ahí están tus llaves –le dijo –, y no te preocupes por lo de hoy, toma mis servicios de niñera como pago por tus servicios de mucama… aunque los tuyos infinitamente más eficientes.
Y sin esperar respuesta, salió de la casa.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Oki doki, nuevo capi servido, espero que les guste. Muchas gracias a:
Vann GP: ¡Mi primer review! Muchas gracias, espero que sigas leyéndome, cariño. No sabes lo que lamento no haber podido hacer esta historia tan fluida como "Metamorfosis", pero a veces uno no puede controlar las cosas que le pasan, lo lamento.
MacaG126: La seguí, muy, muy tarde, pero la seguí, espero me des otra oportunidad, querida.
Kikoyami8: Lamento haber durado siglos para actualizar, en serio, pero aquí estoy, tratando de recuperar el tiempo perdido.
Are: Ya continué, mucho, mucho tiempo después, pero continué, lo lamento.
Lukas 10: Espero que tu interés siga por ahí, y tú también, ¡muchas gracias! :)
Giselle Malley: Aquí está la continuación, con mucho amor aunque a paso de tortuga.
Cono.26: Me tardé siglos en actualizar, (lo siento muchísimo) pero, como puedes ver, al parecer sus sentimientos siguen ahí ;)
MacaG126: De nuevo, muchas gracias por tus lindas palabras. Pronto (ahora sí, pronto), explicaré qué pasó con Helga para que dejara todo así, lo prometo. En verdad espero que me sigas leyendo.
Kikoyami8: De nuevo, también, muchas gracias. Lamento no haber podido actualizar pronto, pero estoy haciendo todo lo posible por enmendarme, espero que sigas por aquí.
Guest (1?): Que genial que te pareciera genial el capi, espero que el resto también te guste.
Guest (2?): Me he apurado a continuar la historia, me halaga que te encante :)
Guest (3?): Ya no quiero que sufras tanto XD por eso me estoy apurando en actualizar, ¿ves?
nitramaricl: Que bueno que te guste la historia, y sí, es difícil imaginarse a Helga sin su característico cabello rubio.
Kaialina: Actualización servida, poco a poco sabremos que pasó y qué pasará.
ABMN: Me alegra que te gustara mi fic, la verdad no soy de las que tardan siglos en actualizar, pero tuve varias situaciones que se me fueron de las manos; igual estoy haciendo lo posible por retomar el ritmo al que estoy acostumbrada, ¡Saludos!
ELISA LUCIA V 2016: Que bueno que te guste mi fic, y no te preocupes, tómate el tiempo que necesites para leer, aunque yo sí me estoy apurando para recuperar el tiempo perdido, ¡Besos para ti también!
Y una vez más, muchísimas gracias a todos por leer, y sobre todo por comentar; lamento el espacio taaaaan largo entre los primeros capítulos, pero me sucedieron varias cosas que prefiero no enumerar, lo importante es que ya estoy de nuevo y le estoy echando todas las ganas del mundo para completar esta historia que tiene ya tanto tiempo en mi cabeza.
Abrazos mega apachurrados para todas y todos, saben que los y las amo con locura .3.
¡Nos leemos!
