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SWEET DRUG


II
Make me a liar

"I said I won't lose control, I don't want it.
I said I won't get too close, but I can't stop it."

Las vacaciones de verano concluyeron pocos días después. Y al empezar las clases, las amistades regulares volvieron a juntarse, las felicitaciones a los integrantes del equipo de béisbol llegaron y las aficionadas a determinado sector masculino una vez más se aglomeraron alrededor de éste. Por lo tanto, mientras Annaisha saludaba a Suzume, su mejor amiga, Mei se encontró rodeado de un mixto grupo que lo alagaba por sus grandes habilidades mostradas tanto en el torneo de verano como en el Koshien.

—Creo que tendremos que acostumbrarnos a esto, ¿no crees? —cuestionó Suzume, algo incómoda por el alboroto generado por el rubio. Annaisha se alzó de hombros— Aunque no lo entiendo, ustedes ganaron el torneo de verano, igualmente. ¿Por qué no hay un puñado de chicos guapos a tu alrededor?

Anna suspiró y recargó la mejilla en la palma de su mano.

—Tal vez es porque a los chicos guapos los rodean las chicas lindas. Es una lástima… —respondió.

—Y yo que creí que los chicos del equipo de béisbol salían con las del club de sofball —mencionó Suzume, estirando ambos brazos. Annaisha resopló.

—Algunas chicas lo hacen, de hecho. Supongo que es más fácil salir con alguien así; pero… —Pensó un momento en Narumiya y en lo intenso que era con ella— Yo no lo haría, los beisbolistas no son lo mío. Sólo me gusta el béisbol.

Suzume quiso preguntar más al respecto, mas una voz masculina se le adelantó:

—¡Anna-chan! No me has saludado esta mañana —exclamó Mei poniendo ambas manos en el pupitre de la chica—. ¿Esta tarde tienes entrenamiento?

La aludida se sobresaltó y lo miró con molestia.

—Es el primer día de clases, hoy nadie tiene entrenamiento.

—Eso es perfecto. ¿Por qué no salimos esta tarde? Vayamos por un helado —sugirió, sonriéndole.

Annaisha sintió las miradas de más de una chica y, apenada por la atención recibida, negó rápidamente con la cabeza.

—Nada de eso, debes entrenar desde el primer día, Narumiya-kun. —Le dijo, tratando de evitar el darle una nueva negativa a sus sentimientos. Sería demasiado vergonzoso hacerlo en esa situación.

Mei hizo un mohín.

—Masa-san me dijo lo mismo. Debe ser cosa de cátchers…. —musitó, rendido— ¿Pero qué te parece lanzar un poco por la noche?

Anna se sentía cohibida. Nunca le gustó ser el centro de atención, no al menos cuando no traía la careta de cátcher. Y aunque durante el verano asumió que podría ocurrir una escena similar, no creyó que sucediera desde el primer día.

—Ah… —Anna desvió la mirada hacia la puerta del salón y una sonrisa natural se formó en sus labios— ¡Seiya!

—exclamó antes de ponerse de pie e, ignorando por completo la presencia de Mei, correr hacia la puerta.

—¿"Seiya"? —cuestionó Mei, ofendido.

Se trataba de un chico alto de cabello oscuro que no dejaba de mirar a Anna contarle sobre algo que Mei no alcanzaba a escuchar. Ella se veía feliz, cómoda ahí… ¿Quién demonios era ese sujeto?

—Kimura Seiya. Es su mejor amigo desde la secundaria, se ven cada mañana y a veces salen juntos. —Le explicó Suzume, divertida.

Mei apenas pudo reprimir su grito de asombro. Él lo sabía, los amigos de la secundaria generaban un vínculo especial. De menos, ellos dos eran cercanos… Y si lo pensaba a profundidad, ese individuo tenía más oportunidades que él para aproximarse…

—¿Y ése quién es? ¿Por qué me mira así? —cuestionó Seiya, desde la puerta y tras percatarse de la evidente mirada de odio que el pitcher le entregaba.

Anna apenas tuvo que mirar por sobre su hombro para advertir lo mismo.

—¿En serio no sabes quién es? Narumiya Mei, el mejor pitcher de nuestra generación —contestó ella. Seiya le sonrió con sarcasmo; él no entendía nada sobre béisbol y jamás vio un partido completo a pesar de ser tan cercano a Anna.

—Ajá, cuéntame por qué debería conocerlo. ¿Quiere salir contigo o algo así?

Anna desvió el rostro, preguntándose si debía contarle lo ocurrido en el verano. Por cuestiones que ella apenas entendía, Seiya era su mejor amigo pese a todos sus defectos; entre ellos, sus celos. Así que tal vez sería problemático soltar esa bomba…

—No, sólo le gusta cómo juego y a veces lanzamos juntos —dijo para evitar cualquier discusión. No obstante, el chico la miró con una ceja alzada.

—Claro que sí, y por eso quiere matarme con la mirada. Ve a decirle que no me agrada, ¿bien? —dijo antes de acomodar un mechón de cabello de Anna—. Hay un nuevo local de comida italiana, ¿vamos después de clases?

—¿Comida italiana? —repitió— Suena bien, te veré entonces.

Y para cuando Anna se despidió de Seiya y se dio la vuelta, encontró a Mei en su asiento, nuevamente rodeado de chicas y aficionados al béisbol. La clase estaba por comenzar; sería mejor que se sentara y tratara de relajarse.

Aunque tras ver la mirada de Suzume, se dio cuenta de que eso sería inútil. A ella la conoció al ingresar a Inashiro; Suzume se alimentaba de los chismes del instituto. Ocultarle algo era básicamente imposible.

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La tarde con Seiya fue como siempre. Anna disfrutaba mucho de su compañía, le agradaba verlo y sentirlo tan cercano. Le gustaba saber que su relación continuaba siendo tan estrecha y le agradaba ser la primera opción para cualquiera de sus salidas. Aunque ya existiera un acuerdo entre ambos, algo en ella se removía sólo de seguirse sabiendo especial.

Si tuviera que definir a ese hombre, jamás usaría la palabra "perfección". Desde que lo conoció, tres años atrás, supo que su egoísmo gobernaba su vida. Se trataba de un chico muy inteligente, de un chico muy aplicado. Sus calificaciones siempre fueron las mejores de la generación y las oportunidades para estudiar en el extranjero le llovían. Sería alguien exitoso… Alguien exitoso al que no le importaban los sentimientos ajenos. Alguien que le rompió el corazón un par de años atrás y alguien que, aun con todo su egoísmo, la buscó una y otra vez para disculparse por lo que hizo.

Alguien que, si bien seguía anteponiéndose ante cualquier cosa, admitió que lo que sentía por Anna no era insignificante. Tampoco ella podía presumir perfección; su honestidad y la forma como se dejaba llevar le traían más problemas que soluciones. Y esa obsesión que tenía con el béisbol…

Pero más que eso, ella era muy sensible y tal vez fue por ello que no pudo alejarse de ella.

—Deberías decirme si ese sujeto, Narumiya, te molesta demasiado —pidió Seiya cuando estuvieron de regreso al instituto.

Sus salidas solían ser un pretexto para pasar más tiempo juntos. Así fuera a un restaurante o simplemente para comprar un par de cuadernos, sentían la necesidad de estar juntos por unas cuantas horas más. Él pertenecía al consejo estudiantil y ella al club de softball; sus tiempos libres eran limitados… Pero algo que se sintió una vez, podía sentirse una segunda vez y ninguno de los dos estaba completamente renuente a que eso sucediera.

—No lo haré. Te encargarías de hacer que lo saquen del equipo de béisbol y no quiero que Inashiro se quede sin ese grandioso pitcher —contestó Anna divertida—. Sabes que no necesito que me cuiden.

Seiya no le sonrió.

—Nunca te proteges a ti misma, siempre es a los demás. Estoy a solo una llamada, no lo olvides —dijo alzando su propio teléfono.

Anna sonrió y se metió a las instalaciones de la escuela. La historia detrás de esa extraña amistad era un tanto dramática; lo sabía, pero no era algo que le quitara el sueño. Sobre todo porque el sol estaba por meterse y en una media hora debía encontrarse con Narumiya.

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Ese chico, Narumiya Mei, disfrutaba de un talento que Anna envidiaba. Su postura era elegante, lucía estilizada; pero más que eso, sus lanzamientos poseían una energía incontrolable. Sus ojos, de un azul intenso, eran completamente distintos cuando estaba sobre el bullpen a cuando estaban en el salón de clases. Anna podía ver, podía sentir la pasión que ese pitcher entregaba a cada lanzamiento. Su cuerpo temblaba sólo de pensar cómo era esa pasión en un juego real…

Y Mei, desde arriba del montículo, gozaba el ver la mirada de Anna detrás del home. Esa confianza en sus pupilas, esa postura de seguridad… Esa sensación de que ella no dejaría ir ninguna pelota… Podría jurarlo, era capaz de lanzar a ese guante por toda una vida.

Porque aunque reconocía que el guante de Masatoshi era más que confiable y aunque sabía que Kazuya lo haría lucirse de cualquier forma, era Anna quien lo hacía sentir como una estrella. Era esa adrenalina en su aura, era ese sonido en su guante… Era el conjunto de esa cátcher lo que lo impulsaba a confiar en ella.

A no renunciar a ella.

—Ha sido suficiente, Narumiya —dijo una firme voz desde la entrada del bullpen.

Mei volteó de inmediato y Anna se puso de pie. La sola presencia del entrenador Kunimoto imponía a sobremanera.

—¡Oh, vamos! ¡Cinco lanzamientos más! —pidió Mei, mirando a Anna, quien ya se había quitado la careta.

En sentido estricto, estaba prohibido que un integrante del equipo de béisbol y una integrante del equipo de softball lanzaran juntos; pero tanto Mei como Anna insistieron a sus respectivos entrenadores hasta que al final aceptaron las prácticas con la condición de que éstas no sobrepasaran sus límites físicos.

—Entendido, entrenador —contestó Anna, inclinándose un poco—. Será mejor continuar otro día, Narumiya-kun. No debemos arriesgarnos a una lesión.

El aludido expresó su descontento con un mohín, pero terminó por quitarse el guante y bajarse del montículo. Anna sonrió por lo bajo. Sí, ella también habría deseado que esos lanzamientos no terminaran; mas era consciente de que lo primordial era su salud. Y no se perdonaría el lesionarse por una práctica externa.

Anna se quitó los arreos y el peto a sabiendas de que Mei la esperaría fuera del bullpen, enfriando por su cuenta sus hombros. Lo normal sería que el pitcher u otro jugador la ayudasen a deshacerse del equipo de cátcher, mas reconocía que podía ser algo embarazoso acercarse tanto a sus muslos. Y si algo le reconocía a Narumiya era que jamás la incomodó invadiendo su espacio personal.

Y para cuando terminó de acomodarse la ropa y de enfriarse, Mei miraba el campo de entrenamiento que dividía el terreno del equipo de béisbol y el del equipo de softball. Mantenía una expresión seria; Anna no recordaba haberlo visto así…

—¿Te preocupa el torneo de invierno? —cuestionó Anna, colocándose a su lado. Mei de inmediato sonrió.

—Para nada, tengo todo controlado respecto al torneo de invierno —dijo con confianza antes de invitarla a caminar con él.

Aunque la distancia a los dormitorios femeninos era absurdamente corta, Mei insistía en acompañarla a la entrada de éstos. Decía que era lo menos que podía hacer por ella ya que sus prácticas personales se realizaban en los terrenos del club de béisbol. Anna ya estaba acostumbrada a esa corta caminata.

—Anna-chan, debo preguntarte algo —dijo el pitcher. Anna asintió un tanto nerviosa: sólo esperaba que no se tratara de una nueva invitación para salir con él—, el sujeto que fue a verte en la mañana, ¿quién es?

Anna se detuvo un segundo. Esa pregunta no la esperaba; no obstante…

—Tú pareces del tipo que lo habría investigado antes de preguntarme, Narumiya-kun —contestó con una media sonrisa y el entrecejo fruncido de Mei le dio a entender que tenía razón.

—Kimura Seiya… —pronunció Mei— ¿Él juega también? ¿Juega en una liga externa?

—No, para nada. Él no sabe nada sobre béisbol.

Mei sonrió.

—Perfecto —dijo justo cuando llegaron a la entrada de los dormitorios—. Entonces no te interesa, ¿cierto?

Anna se quedó callada por unos segundos, sonriendo apenas un poco. Mei no perdió detalle de su mirada.

—Ve a descansar, Narumiya-kun. No pienses más en eso, ¿de acuerdo? Nos vemos mañana.

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La segunda mitad del año escolar solía ser más pesada que la primera: además de ocuparse de las materias usuales, los clubes deportivos tenían que adaptarse al cambio de jugadores. Los estudiantes de tercer año ya no podían cumplir una función activa respecto a los entrenamientos o partidos; por esa razón, se debía escoger un nuevo capitán y se debía formar un nuevo equipo para el torneo de invierno.

Anna estaba un tanto nerviosa al respecto; Kagome ya no jugaría más con ellas y ahora Anna era la única cátcher titular. Las pitchers, de primer y segundo año, debían acostumbrarse más que nunca a su guante. Y aunque ella se sentía más segura que antes, todavía le preocupaba su experiencia. Eso, por no hablar de sus patéticos turnos al bat…

Empero, con todo eso, Anna no podía pensar en la posibilidad de no jugar el torneo invernal. Ella amaba la adrenalina de cada partido y veía cada encuentro como una oportunidad para crecer. Así, cuando Mei le dijo que le pidió al entrenador Kunimoto que lo mantuviera fuera de la alineación para darle el tiempo de aprender un nuevo lanzamiento, ella no pudo hacer más que levantarse de su asiento, asombrada.

—¡¿Pero por qué hiciste eso?! Culparon tu falta de experiencia durante el torneo nacional; deberías jugar en todos los partidos que puedas, Narumiya-kun —exclamó. Mei, seguro de sus decisiones, cruzó sus brazos y sonrió.

—Tendré experiencia el próximo año. Además, el Koshien vale por dos torneos, Anna-chan; no te preocupes.

—¿Dos torneos? Narumiya-kun, ¿qué lanzamiento vale el que te ausentes de esa forma? Tus bolas curvas y tus rápidas son suficientes para…

Change up —dijo Mei despacio, acariciando cada palabra con su voz. Anna dejó de hablar.

Un cambio de velocidad… ¡Tenía que estar bromeando! Ése no era un lanzamiento sencillo, no era cualquier cosa. Por todos los cielos, ella ni siquiera había visto un change up de frente. Jamás se había enfrentado a uno… Pero lo que veía en la Liga Nipona de Béisbol[1] e incluso en las Ligas Mayores, le sorprendía a sobremanera. El engaño era perfecto, los bateadores enloquecían con esa clase de lanzamientos y, por lo que sabía, no cualquier cátcher era capaz de atraparlas…

¿En qué demonios estaba pensando Narumiya?

—Estás bromeando, ¿cierto? ¿Cómo planeas aprender eso? —cuestionó ella, todavía sin creerlo.

—Al entrenador no le molesta dedicarme un poco de tiempo para ello. Todo está controlado, Masa-san seguirá siendo mi cátcher principal; no hay riesgos en lo que hago. Kazuya no se esperará nada de esto. —Su sonrisa se incrementó.

—¿Qué? ¿Lo estás haciendo para sorprender a…?

—Anna, Seiya está esperándote en la puerta. —Le dijo Suzume, divertida por la situación. Como siempre, emocionada por la forma como esos dos peleaban por la atención de la jugadora.

—Puede esperar un momento —contestó Anna volviendo sus ojos al alegre Narumiya, quien se sabía ganador de esa ronda—. ¿Qué harás si te lesionas tratando de hacer ese lanzamiento?

—No sucederá. Y si tan preocupada estás al respecto, ¿por qué no entreno ese lanzamiento contigo también, Anna-chan? ¿Qué te parece? ¿Alguna vez has atrapado un change up?

La expresión de Anna ante tal propuesta pudo haberse convertido en una estupenda pintura. La emoción de un lanzamiento increíble y la oportunidad de atraparlo se encontraba contra la preocupación y la responsabilidad que cargaría si aceptaba esa propuesta…

¡Al diablo todo! ¡Era un change up lanzado por uno de los mejores pitchers a nivel preparatoria en Japón!

—Acepto —dijo de inmediato. El béisbol era lo que la movía en el mundo; por supuesto que no se negaría a una experiencia tan especial como lo era ver la evolución de un lanzamiento como aquél.

Mei estaba a punto de tomar sus manos para celebrar el trato, pero Anna enseguida miró hacia la puerta. Ahí seguía Seiya; la observaba con un gesto divertido.

—¡Ya voy! —dijo ella saludándolo con ambas manos, dejando a Mei con los brazos extendidos.

Ese desgraciado…

—Anna jamás ha salido con un beisbolista, ¿sabes? —Le dijo Suzume con una mano en su hombro— Pero creo que vas por buen camino

Mei no respondió. No importaba cómo tratara de entretener a Anna; al final, ella salía con ese tal Seiya a platicar de cosas que la hacían sonreír. Y si no era de béisbol de lo que hablaban, ¿de qué era entonces si ella estaba igual de obsesionada que Mei por ese deporte? ¿Y por qué no podía platicar con él sobre lo mismo?

—¿Ella te habla de mí? —cuestionó Mei a la que parecía ser la mejor amiga de Anna.

Suzume hizo un gesto.

—Me habla de cosas que no entiendo, jugadas, lanzamientos raros… Dice que eres un gran jugador y que le gusta lanzar contigo. Es más de lo que me dice de otros jugadores.

—Pero no más de lo que te dice de ese sujeto.

Suzume sonrió apenada.

—Bueno, en realidad ni siquiera yo sé mucho sobre él. Fueron juntos en la secundaria y se conocen desde primer grado. Y algunas chicas dicen que salieron durante un tiempo, pero Anna nunca me ha querido contar nada al respecto.

Mei volvió a mirarlos. Era la tercera vez que Seiya tomaba un mechón del cabello de Anna para acariciarlo. Adrede, paseaba el dorso de sus dedos sobre la mejilla de su amiga. Cínico…

—Ese infeliz es más desvergonzado que Carlos —musitó, fastidiado. No obstante, sabía que de entrometerse en esas extrañas caricias, Anna podía molestarse con él. Después de todo, y aunque a Mei le costara admitirlo, ella no se veía incómoda con los coqueteos de ese idiota.

Tras cinco minutos, Anna se despidió de Seiya y volvió a su asiento. Ella estaba acostumbrada al trato que recibía de Seiya y aunque seguía preguntándose qué obsesión tenía él con su cabello, le gustaba que él le prestara tanta atención. Así fuera de béisbol o de un programa en la televisión, él siempre la escuchaba. En definitiva, Seiya era la persona que mejor la conocía.

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El aprendizaje de un lanzamiento no era sencillo y Mei lo sabía. Sobre todo cuando se trataba de un efecto tan extraordinario como lo era el del cambio de velocidad, no bastaba sólo con probar distintos agarres y distintas posturas. Sus hombros, brazos y muñecas debían entrenarse de una forma diferente a como lo acostumbraba. Y él era un pitcher zurdo, debía considerar las dificultades que podría presentar ese tipo de lanzamiento con bateadores zurdos. Su objetivo era dominar el lanzamiento de manera que fuera complicado para bateadores de cualquier tipo, experimentados y novatos. Un lanzamiento que lo coronara como el mejor pitcher de Japón.

Pero, maldición, que era cansado entrenar cada semana con un agarre distinto y que éste no funcionara como era debido. Masatoshi también lucía cansado de no poder atrapar esos lanzamientos que cada día se descontrolaban un poco más. Eso no era lo que Mei esperaba que ocurriera.

Anna, entre tanto, terminaba más agotada de lo habitual cuando Mei la invitaba a entrenar con él. Ella le prometió que ninguna pelota se resbalaría de sus manos; pero eso implicaba moverse a mayor velocidad y en ocasiones colocar su propio cuerpo para detener la bola. Las marcas en su cuerpo, consecuencias de dichos entrenamientos, comenzaban a ser visibles.

Por un tiempo, estaba bien no usar escotes y faldas cortas. Nadie lo notaría. Después de todo, nadie notaba los raspones en sus nudillos cada vez que…

—¡Anna-chan! ¡Tienes que decirme qué te pasó en la mano! —exclamó Narumiya en el primer día de la semana de exámenes. Por primera vez, el rubio consiguió sostener su mano; aunque la preocupación en su voz y en su expresión le revelaban a Anna que no había mayores intenciones de por medio.

La noche anterior, domingo, Anna salió con Seiya a ver una película. Y en el transcurso de la velada, ocurrió un pequeño incidente en el que ella se envolvió… Mas esos detalles no eran necesarios para una conversación casual con Narumiya.

—Eh… Cosas de cátcher —dijo con un amargo sabor en la boca. Detestaba mentir, pero le molestaba más el que se supiera de ese lado suyo en la escuela. Para empezar, podían sacarla del equipo de softball. Y sólo esa posibilidad era suficiente para obligarla a no decir la verdad.

—¿En serio? Jamás he visto que Masa-san tenga esas marcas…

Mei acercó su mano para mirarla con mayor detenimiento. Y antes de que pudiera siquiera sospechar cómo terminó así, Anna retiró su mano.

—Dijiste que le hablas a otro cátcher, ¿no? Pregúntale a él —dijo rápidamente, escondiendo su mano debajo del pupitre.

—¿A Kazuya?... Sí, tienes razón, le preguntaré —mencionó antes de voltear a la puerta. Extraño, faltaban cuatro minutos para que sonara la campana y el descarado de Seiya no estaba ahí— ¿Hoy no verás a tu amiguito? —cuestionó recargando la barbilla en sus manos.

Anna miró una vez hacia la puerta y sonrió levemente.

—No, hoy no. Ayer fuimos a ver una película; no es necesario vernos hoy.

—¿Qué? ¿Ayer? Pero ayer tuviste un partido.

—Sí, quedamos de vernos por la noche. A esa hora están las mejores películas —comentó sin darle mayor importancia.

Mei la vio sacar sus cuadernos de clase. Esa mañana llevaba el cabello recogido en una coleta y era capaz de ver su cuello con claridad. No, no había ninguna marca que revelara algo indecente.

—¿Películas de terror? ¿Fueron a ver la del tiburón asesino?

—Por supuesto que no —contestó Anna mirándolo a los ojos. Se veía molesta por la pregunta—. Detesto las películas donde pintan a los tiburones de esa forma. Al año sólo mueren cuatro personas por culpa de un tiburón; pero mueren más de cien millones de tiburones por culpa del hombre. ¿Quién te parece que es el depredador?

Mei la miró asombrado. Nunca la había visto enojada. Y le sorprendía que fuera un tema tan extraño el que la pusiera de ese modo.

—Si respetas un poco la fauna marina, no veas esas películas tan estúpidas —ordenó apretando con fuerza su bolígrafo—. Puedes retirarte, ya va a llegar el profesor.

Empero, Mei no se movió de su lugar.

—No tenía idea de que te interesaran tanto las criaturas marinas, lo siento —dijo y Anna mantuvo su expresión de molestia—. No veré jamás una película semejante, te lo prometo.

Anna ablandó apenas su rostro. Sí, bueno, él tenía razón. No había forma de que él supiera ese detalle de ella, si ella no se lo revelaba. Pero esos temas, la forma como se comercializaba con un animal tan inocente…

—Son los tiburones los que me interesan y me duelen. El tiburón blanco es uno de mis animales favoritos. Fue una reacción impulsiva, lo siento.

—¡Para nada, Anna-chan! —contestó Mei atrayendo la atención de la cátcher— Lo tomaré como una lección y además, ahora sé más de ti. ¿Eso lo sabe Seiya?

Anna le sonrió.

—Por supuesto que lo sabe. Pero gracias, Narumiya-kun.

—Como sea, esta tarde dominaré el change up. Tienes que estar ahí cuando eso suceda —dijo poniéndose de pie.

—Pero hoy le toca a Harada-senpai entrenar contigo, no tengo autorización para ir.

—Claro que la tienes. Sólo ve, eres casi un miembro de nosotros.

Anna recordó la ocasión en la que se encontró a Carlos sin camisa cerca del bullpen, y desvió el rostro. El jardinero ni siquiera se cohibió cuando se acercó a saludarla… Tal vez no quería ser tratada como una de ellos…

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No obstante, lo cierto era que no le importaba en realidad cuánto tuviera que soportar, en tanto pudiera ser testigo de la evolución del pitcher al que admiraba. En tanto pudiera ver ese lanzamiento que perdía velocidad al llegar al guante del cátcher, burlándose directamente de un gran bateador como lo era Yamaoka Riku.

Carlos y Shirakawa la acompañaban, mirando cómo Mei al fin lo conseguía, justo como lo prometió esa mañana. Y Anna apenas logró reprimir un grito de alegría y orgullo.

—¡Eso fue perfecto! —exclamó aplaudiendo. Mei sonrió con suficiencia— Un poco alto todavía, pero…

—Adquiere altura mientras más la lanza —explicó Masatoshi, poniéndose de pie.

—¡Pero ahora entra en la zona de strike! ¡Eso fue sensacional, Narumiya-kun! —dijo Anna agarrándose la cabeza— Tengo que… ¡Harada-senpai! ¡Por favor, permítame suplantarlo un segundo! —Se inclinó hacia el cátcher titular.

—Ese lanzamiento será un verdadero problema para cualquiera… —comentó Carlos sonriendo.

—Ni siquiera Miyuki Kazuya podrá hacer algo contra eso —aseveró Shirakawa.

Anna, mientras tanto, se ponía los arreos, ansiosa. Mei la observaba, abrazando su guante y la pelota en éste. Anna ya vestía su pijama. En realidad, sólo fue esa noche para cumplir la promesa que hizo con el pitcher; mas no podría dormir si no sentía con sus propias manos ese lanzamiento tan especial.

Y en cuanto ella se puso la careta, Mei se repitió lo que declaró el día que la conoció:

Se casaría con esa mujer.

Y cuando Anna vio la trayectoria de ese mágico lanzamiento y obligó a su guante a recibirlo, se mantuvo quieta un segundo. ¡Qué sensación de fuerza! ¡Ése debía ser el lanzamiento estrella de Mei! ¡Ése era un digno lanzamiento de un as!

Era cierto, la pelota se elevaba un poco a cada lanzamiento, pero, maldición, que apenas era un cambio perceptible para un buen observador. Ese lanzamiento lo era todo esa noche, nadie podía quejarse de él.

—Perfecto —susurró todavía con la pelota en el guante— ¡Es perfecto, Narumiya-kun! —gritó y recibió como respuesta una sonrisa de orgullo. Él lo sabía.

Anna regresó la pelota al pitcher y se quitó la careta. Sus manos temblaban a causa de la emoción. Jamás se había sentido tan completa como cuando recibió ese lanzamiento… Ningún pitcher le lanzó así, no conocía a nadie que se le pareciera… Narumiya en realidad era un pitcher digno de admirar.

—¡Otra vez, por favor! —dijo tras volver a ponerse la careta. Ya era hora de que ambos estuvieran en la cama, mas no le importó.

Ese lanzamiento… Ese lanzamiento no podía esperar.

—Está igual de enferma que él… —musitó Shirakawa.

—Oh, sí. Eso es lo mejor de ella —contestó Carlos. Shirakawa bufó. Ya era demasiado tener a Mei revoloteando por ahí; sería un dolor de cabeza si ella aceptaba los sentimientos del pitcher.

Esa noche, esa noche cuando Mei por fin dominó el change up, tanto el pitcher como la cátcher se sentían emocionados, felices. Dispuestos a conversar un poco más de lo acostumbrado. A conversar sobre lanzamientos, sobre pitchers y sobre más aspectos del béisbol. El hablar de esa obsesión suya los animaba, los revitalizaba.

Y le daba esperanzas a Mei de hablar sobre algo más.

Anna suspiró. Se encontraban sentados justo en la banca que dividía el dormitorio de mujeres del territorio del equipo de béisbol. La luna estaba sobre ellos y las cigarras cantaban a lo lejos.

Ella sonreía.

—Fuiste de gran ayuda para este entrenamiento —dijo Mei. Ella lo miró.

—Ha sido un placer, Narumiya-kun. Es la mejor experiencia de mi vida como jugadora.

Mei miró unos segundos su perfil. Se veía cansada, debajo de sus ojos se asomaban los rastros de las ojeras que provocaba toda la carga que llevaba. Pero, de cualquier forma, no dejaba de verse linda. Y, no podía negarlo, sus labios se veían tan apetecibles en ese momento…

Estaban solos, en un sitio donde todo podía cambiar, celebrando su mejor lanzamiento. ¿Acaso no era el mejor momento para intentarlo una vez más?

Mei tragó saliva y se aclaró la garganta. Anna volteó a verlo.

—Ana-chan, en verdad quiero agradecerte por todo lo que hemos pasado. Y estoy muy interesado en ti, lo sabes. —Comenzó y Anna de inmediato borró su sonrisa— No voy a pedirte nada serio, no quiero incomodarte o molestarte; pero me gustaría invitarte a salir una vez.

Anna no desvió su mirada de él hasta que terminó de proponérsele. Después, se acomodó un mechón de cabello y miró sus piernas.

—Narumiya-kun, yo no hice todo esto para que saliéramos juntos.

—Lo sé y yo tampoco. En verdad estoy asombrado por tus habilidades como cátcher. Esto es una cosa totalmente aparte —aseveró y Anna negó con la cabeza.

—No creo que lo sea. Narumiya-kun, la primera vez que me invitaste a salir fue porque me viste jugar, ¿cierto? —cuestionó— Lo que te gustó de mí, incluso lo dijiste tú mismo, fue mi pasión por el béisbol.

—Así fue en un inicio, es cierto. Pero ahora estoy interesado en ti como Anna, no como cátcher.

—No es cierto. Eres un beisbolista, eres un grandioso beisbolista y tu meta es simplemente ser el mejor. No estás interesado en nada más. Te gusto por mis habilidades de cátcher y porque suelo halagarte; pero no me conoces como persona. ¿Cómo puedo gustarte como Anna si no me conoces así? Sólo conoces a la cátcher…

Narumiya frunció el entrecejo, por vez primera enojado. Los argumentos de Anna podrían ser buenos si tan sólo ella misma no los cancelara.

—¿Y no te parece que todo este tiempo he tratado de conocer a Anna, la chica detrás de la careta? Si te estoy invitando a salir es precisamente porque quiero ver lo que hay fuera del uniforme. Si sólo me interesara tu lado como cátcher, no me molestaría en conocerte.

—Míranos ahora, Narumiya-kun, sólo hablamos de béisbol. Desde que te conozco, es de lo único que me hablas.

—Claro, porque es de lo único que tú quieres hablar, Anna —respondió él, ya sin ocultar su molestia—. Y si tú crees que sólo por el hecho de que soy beisbolista te veo únicamente como jugadora, ¿no eres tú quien no me está viendo como algo más que un beisbolista?

Anna alzó la mirada hacia él. Sus ojos reflejaban sorpresa, miedo, confusión. Negó un par de veces, sin contestarle.

Mei, cansado de la conversación, se levantó y sacudió el polvo en sus pantalones.

—Entonces que así sea. Puedes verme como beisbolista si así lo deseas, no me importa; pero en cuanto a mí respecta, los entrenamientos entre nosotros han terminado. Buenas noches.

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El campamento de invierno para varios colegios se realizaba el siguiente lunes después del último día de exámenes del semestre. Los alumnos tenían apenas dos días de libertad para descansar, dormir y salir con viejas amistades. Normalmente, Miyuki Kazuya habría preferido quedarse en su habitación a dormir; se trataba de su primer campamento de invierno, después de todo.

No obstante, cuando recibió el mensaje "urgente" de Narumiya Mei sobre ir a una caja de bateo, lo pensó dos veces. Su amistad, lejos de ser perfecta, era más bien extraña. Desde un principio, ambos establecieron un margen de rivalidad y cordialidad difícil de explicar; así que aunque se sabían contrincantes, Miyuki todavía confiaba en ese pitcher para algunas situaciones. Empero, ese invierno tenía que esforzarse por mejorar su condición. Era el cátcher titular y sabía que su desempeño en el torneo de verano y en el torneo de invierno pudo ser mejor.

Empero, Mei jamás apareció en el torneo de invierno y el salir con él implicaba la oportunidad para averiguar qué era lo que ese rubio tenía entre manos. Si tenía suerte, conseguiría algo que le ayudara a su equipo.

Así, ambos jugadores acordaron encontrarse en un punto céntrico. Y a pesar de que el pitcher le llamó la atención a su amigo por la forma como combinaba sus prendas, como siempre que se veían, algo en su rostro lucía muy diferente. Quizá la razón de su ausencia fuera igual de interesante…

—Yo batearé primero —dijo Mei apenas recibieron el ticket de renta.

Tendrían dos horas para usar una caja profesional. El encuentro era por completo amistoso y en realidad no buscaban entrenar; el objetivo sólo era relajarse. Mas, siendo unos obsesivos del rey de los deportes, esos dos apenas conocían otras formas de relajarse. Y, para ser honestos, era más complicado obligar a Kazuya a salir de su escondite si la actividad a realizar no se relacionaba con el béisbol.

—Como quieras —respondió Kazuya, tomando lugar detrás de la malla—. ¿Me dirás por qué no participaste en el torneo de invierno, Mei?

Mei miró una curva acercarse a la altura de su pecho y abanicó. La pelota rebotó en el fondo del sitio.

—¿Me extrañaste? ¿De verdad? ¿Tan aburrido es un torneo sin mi aportación? —Se burló el pitcher antes de mandar a volar un slider por debajo de sus rodillas. Kazuya bufó.

—Nada de eso, hay un pitcher muy interesante en el oeste. Pronto sabrás de él.

Mei lo miró con molestia. Kazuya solía ser de los que lo elogiaban, ¿por qué no lo hacía ahora?

—Nadie como yo.

—Así es. Cuéntame, ¿qué has hecho para mejorar este invierno? ¿Estás practicando tu forkball? ¿Es eso?

Mei volteó a verlo. Su descaro era increíble. ¿Acaso lo creía un idiota que revelaría sus secretos a un equipo rival? ¿Quién en su sano juicio haría eso?

—Concéntrate en tu bat o nunca golpearás mis curvas, Kazuya —contestó. El cátcher suspiró. Tal vez sería más difícil sacarle información a Mei.

El sonido de un buen contacto llamó la atención de Kazuya. De repente, los movimientos de Mei comenzaron a ser más agresivos; como si se hubiese olvidado de que no se trataba de una práctica real. Pronto, vio en su rostro el enojo y se preguntó si fueron sus preguntas las que lo pusieron de ese modo.

—¿La máquina dijo algo que te ofendiera o…?

—Kazuya, dime algo —Lo interrumpió Mei. Suspiró— Tú estás saliendo con alguien, ¿cierto? ¿Oshiro-chan?

Kazuya lo miró con sorpresa.

—¿Eh?... No, no, terminamos hace un rato. ¿Por qué de repente…? —El sonido de otro gran batazo lo interrumpió.

—¿Y no estás saliendo con nadie ahora?

—Sí, con Mizushima. ¿Por qué el interés?

Mei dejó de batear y miró a Kazuya. Una pelota pasó frente a él sin que siquiera tratara de golpearla.

—¡¿Por qué a ti sí te hacen caso si eres peor que yo?! —Le reclamó.

Ah, era eso de nuevo.

—¿Volviste a ver a Shio? —Sonrió— No me digas que te rechazó.

—¡Cierra la boca! Se trata de Anna-chan —contó antes de retomar la actividad—. Te conté de ella la última vez que hablamos, ¿lo recuerdas? —Esperó unos segundos para escuchar la confirmación de su amigo, mas ésta no llegó y lo miró con exasperación— ¡¿Acaso alguna vez me escuchas, Kazuya?! Tu mejor amigo está sufriendo por un corazón roto y a ti no parece importarte en lo más mínimo.

—¿No has pensado que es tal vez ese innecesario drama el que las aleja de ti? Nadie es capaz de soportar tanto.

—Anna-chan no tiene problemas con nada respecto a mi perfecta personalidad, puedo asegurártelo —respondió el pitcher volviendo a sus agresivos batazos. Entendido, si no querían que el pitcher de Inashiro hiciera hits largos no tenían que hacerlo enojar tanto—. ¡¿Y sabes por qué?! ¡Ella ni siquiera me ve como una persona! —reclamó antes de abanicar sin éxito una pelota fácil.

Vaya. Qué curioso. Si lo hacían enfadar, era más fácil poncharlo… Ok, entonces sería necesario hacerlo enfadar rápidamente para acabar con él.

—¿Le hiciste creer que eres un alien? Tal vez es tu apariencia tan poco común en un japonés.

Narumiya resopló antes de volver a fallar. Esta vez se trataba de un cambio de velocidad.

—Ella me ve sólo como un beisbolista, no le importa nada más que eso. —Bateó una pelota que rodó no muy lejos de él. La tristeza también alteraba su desempeño—. Y podría soportar todo eso, ¡pero lo de esta mañana fue el colmo!

—¿Ah, sí? ¿Está saliendo con Carlos o Shirakawa? —cuestionó Kazuya. Tal vez los celos lo alteraran de un modo distinto.

—No, Anna-chan no tendría tan malos gustos. —La defendió y nuevamente un suave movimiento consiguió un hit seguro. Debían estresarlo o eso podría ocurrir— Esta mañana, afuera de los dormitorios me esperaba una chica que me invitó a salir… ¡Y me dijo que Anna-chan le contó que me gustaban los helados! —exclamó alzando los brazos, nuevamente ignorando las pelotas frente a él.

—Eh, Mei, las pelo…

—¡Me ofreció vilmente, Kazuya!

—Mei, se te pasó otra…

—¡No tiene reparo en arrojarme a los brazos de otras mujeres!

—Sí, y tú no lo tienes en dejar pasar lanzamientos interesantes. —Suspiró.

—¿Acaso le importo tan poco?

Kazuya, mirando la quinta pelota ignorada, se rascó la cabeza.

—¿Y qué le dijiste a la chica que te invitó a salir? —cuestionó rendido. Las mujeres distraían demasiado a Mei. Eso ya no era divertido.

—Que no, por supuesto. Agradezco su excelente gusto, pero soy fiel a mis principios. ¡Pero Anna-chan no los valora!

Para ese punto, Mei ya abrazaba el bat, como un niño pequeño que hacía berrinche. Sí que era un tipo raro…

—Pues si no lo hace, sal con alguien más. A ella no le importará —resolvió Kazuya.

Mei levantó la mirada hacia él. ¿Salir con alguien más? Pero él no estaba interesado en otras chicas, apenas miró a aquélla que lo invitó a salir esa mañana. No estaba seguro de que existiera alguien en la escuela que pudiera llamar su atención como Annaisha lo hizo meses atrás.

Sostuvo su bat nuevamente y miró la bola que se aproximaba a él. Movió su cuerpo conforme al movimiento de la pelota y escuchó un gran estruendo en sus oídos. Justo a la esquina superior. Eso era foul…

Pero… ¿Sería buena idea salir con alguien más?

—Woah. Ésa habría viajado mucho… —musitó Kazuya— Seguro se habría ido del campo.

"Irse"… ¿Tal vez lo mejor era abandonar ese amor?

Apuntó su bat hacia la máquina y esperó. Sí, quizás ésa era la mejor decisión.

¡A batear su amor tal y como lo haría con un lanzamiento cerrado!

—Jé. Ése fue un home run. Felicidades, Mei.


[1] NPB: Nippon Professional Baseball

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Nota de la autora:

Oh, válgame el señor. Qué complicadas son las cosas contigo, Anna. Mira que rechazar al rey de Tokio sólo porque es el rey de Tokio... Mal ahí, señorita.

Pero bueno, espero que les haya gustado esta sarta de palabras. Oh, por cierto, ustedes disculparán; pero ando con una fiebre rete gacha con algunas baladas de Camila Cabello y, bueh, los títulos de los capítulos de este ficsito tendrán entera relación con dichas canciones. En general, son fáciles de rastrear. Googléenlas, si están interesados. De cualquier forma, las canciones son buenas para hacer spoilers sencillos.

Por ejemplo: "This love". :)

Muchas gracias por leer.

Abrazos.

Nayla.