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SWEET DRUG


III

Get out of my veins

"Maybe you should set me free.

Maybe I don't really want you to.

Maybe I just wanna be,

be the person that you just can't lose."

Las vacaciones para el equipo de béisbol se convertían en un tormento cada invierno; pues en lugar de tener la oportunidad de salir a divertirse y pasar la Navidad con amigos o parejas, éstos se dedicaban a cumplir con un campamento de entrenamiento. Un bastante pesado campamento de invierno; en el que el entrenador Kunimoto exprimía sus habilidades y los obligaba a descubrir sus límites.

En contraste, al equipo de softball se le permitían esos días de descanso; en los cuales las chicas aprovechaban para visitar a sus familias y hacer todo lo que el club les impedía. Por supuesto, en el caso de Anna, pasó los días ocupada en la computadora, en sus lecturas pausadas y con su familia.

Para cuando enero llegó y el último trimestre de su primer año inició, Anna ya se sentía mucho más relajada y muy ansiosa por volverse a poner los arreos. Durante esas semanas, apenas pensó en lo que ocurrió con Narumiya la última vez que conversaron. Era consciente de que él tenía razón; mas por ahora no podía hacer mucho. En tanto no lo viera por lo que en verdad era, no quería acercarse a él. No quería lastimarlo otra vez. Él no lo merecía.

Así que, cuando lo vio por primera vez recargado en uno de los ventanales de la escuela, con una chica acariciando su rostro, Anna sonrió. Esperaba que ella sí pudiera valorarlo.

Mas, el hecho de que Anna no viera con negatividad la aparente nueva relación de Mei, no implicaba que el resto del alumnado hiciera lo mismo. Suzume no había dejado de parlotear sobre la "infidelidad intrínseca" de Narumiya y de lo decepcionada que se encontraba.

—¿Y es que desde cuándo le gusta Takeshi Haruka? —Se quejaba Suzume en voz baja.

—Tal vez en las vacaciones, fueron semanas largas —contestó Anna, sin darle tanta importancia y tomando un bocado de su onigiri.

Suzume la miró con los labios fruncidos. Tal vez lo que más le decepcionaba era la falta de interés de Anna. Ella había estado segura de que Anna por lo menos se sentía halagada por los sentimientos del pitcher.

—¿Entonces no te importa ni un poco? Narumiya Mei, uno de los chicos más guapos de nuestra generación, te invitó a salir durante todo el trimestre anterior y ahora ni siquiera te mira y ¡encima sale con tu archienemiga!

Anna dejó de masticar.

—¿Por qué Takeshi-kun es mi enemiga? Ni siquiera ubico su nombre…

Suzume suspiró. Anna podía saberse todas las estadísticas de la Liga Nipona de Béisbol y ser la mejor cátcher de su equipo; pero estaba totalmente oxidada en cuanto a amor se refería. De nada servía un drama romántico basado en celos si la chica en cuestión no era celosa. Miró de nuevo a Narumiya, quien compartía su almuerzo con Takeshi. Ella se encontraba sentada en el pupitre del pitcher, con las piernas cruzadas y la sonrisa en los labios. Feliz de ser conocida como la primera novia de Narumiya Mei en Inashiro.

Mei, entre tanto, se veía satisfecho con que alguien lo alimentara. Ni una sola vez, ni en una sola ocasión, miró hacia donde Anna se encontraba.

¿Entonces debía dar todo por terminado?

.

Los entrenamientos se reanudaron el miércoles de esa semana. Lo inicial era el calentamiento muscular y las vueltas al campo. Anna disfrutaba de ese principio porque podía relajarse un poco y mirar las nubes en el cielo. Mas, en ocasiones, también le servían para conversar un poco.

—Creí que Narumiya-kun quería algo contigo, Harada. —Le dijo Eiichi Nanami, una segunda base de su generación— Pero hace un momento lo vi con Takeshi Haruka en uno de los pasillos.

Anna tardó en responder. Para su infortunio, Suzume no había sido la única en darse cuenta de que Narumiya la pretendió durante un tiempo; el pitcher se encargó de que toda la escuela lo supiera. No era realmente extraño que varios alumnos creyeran que simplemente le gustaba llamar la atención o que era una persona falsa.

—Lo traté muy mal el año pasado, es mejor que busque a otra mujer —respondió Anna—. Narumiya Mei es un buen chico, pero yo no lo quiero —dijo con toda la frialdad que fue capaz—. Él no es mi tipo; me gustan los de gafas o, en su defecto, de ojos oscuros.

Ella no tenía ninguna fama en la escuela, a ella no le importaba mantener una en tanto no le afectara para su ingreso a la universidad. El que la gente la llamara una insensible que rompió el corazón del pitcher zurdo no le molestaría.

De cualquier forma, ellos tendrían razón.

Eiichi miró a Anna. En general, la cátcher titular era agradable; mas lo cierto es que pocas veces se metía en conversaciones ajenas al béisbol. Y, en realidad, sólo la vio convivir con Suzume y Seiya; incluso cuando Narumiya se acercaba a ella, Anna parecía no prestarle total atención.

Según lo recordaba, cuando ellos dos estaban juntos, sólo el pitcher lucía feliz, cómodo. En efecto, ella no parecía interesada.

—¿Nunca sentiste nada por él? ¿En serio? —cuestionó con un ligero matiz de esperanza.

Anna se alzó de hombros.

—Es un buen pitcher, pero eso es todo. —Recordó el coraje en los ojos azules de Mei— Jamás lo vi como persona.

.

De forma similar, Anna se encargó de difundir una mala imagen de ella misma para evitar que las malas miradas se colocaran sobre Narumiya Mei. Y es que su relación con Takeshi Haruka duró apenas una semana. La siguiente semana, fue Uchida Ryo a quien se le vio escondida entre los pasillos, compartiendo algo más que un alimento con el rubio.

Anna apenas recordaba los nombres de sus propios compañeros, así que cuando le hablaron sobre la nueva conquista de Narumiya, ella apenas atinó a sonreír.

—¿Es una buena chica? —preguntó a Suzume. Ésta mantenía la barbilla recargada sus brazos.

—Es del club de literatura, pero casi nunca está ahí. ¿Sabes por qué? —Anna negó— Dicen que le gusta visitar lugares para adultos. Todos sus novios han sido universitarios. ¿Por qué fijarse en Narumiya? —Miró hacia su derecha y a su izquierda antes de bajar el volumen de su voz— Tal vez lo quiere para…

—Anna, había pan de vapor de chocolate en la cafetería. Te traje uno— dijo Seiya, antes de sentarse a un lado de la cátcher. Ella sonrió agradecida y tomó el pan que él le ofrecía—. ¿De qué hablaban?

—Kimura-kun, tú vas en el salón de Uchida Ryo, ¿no es así? —dijo Suzume, interesada.

En el salón apenas estaban ellos y un grupo de chicos en un rincón, jugando cartas. Nadie les prestaría atención si comenzaban a hablar sobre eso.

Seiya tomó un poco de su propio pan y asintió.

—La nueva novia de Narumiya, ¿cierto? Me sorprendió por ambos —comentó.

—No está mal probar con algo nuevo —contestó Anna.

—¿Aunque sea literal lo de probar algo nuevo? —inquirió Uchida, y Seiya hizo un gesto de desagrado.

—Por favor, evita introducir esas imágenes mentales en mí.

Anna casi rio por la reacción de Seiya. No era que él fuera un mojigato que creyera en el sexo hasta el matrimonio; era que le desagradaba hablar de eso sobre personas que no le parecían mínimamente atractivas.

—Lo que no entiendo es por qué salir con un universitario es prueba fehaciente de lo que ustedes dos insinúan. —comentó Anna. Suzume suspiró y Seiya la miró con la ceja alzada— Y de cualquier forma, Narumiya-kun no es tonto: no estaría con alguien sólo por lo físico.

—Ajá, y por eso lo acabo de ver a dos movimientos de quitarle la blusa a Uchida. —Se burló Seiya.

—Y esta semana los han visto encaminarse a los vestidores después de los entrenamientos —añadió Suzume—. Y no sería al primero de nuestra generación con el que ha ido a solas a un karaoke barato. Y ya sabemos qué ocurre en esos lugares.

Anna suspiró antes de levantarse. Negó con la cabeza y se dirigió al bote de basura que estaba cerca de la puerta del salón para tirar la envoltura de su pan de vapor.

—¿Qué tiene que ver el karaoke? Seiya y yo hemos ido solos a esos lugares y no ha pasado nada de lo que me arrepienta —dijo sin cuidar su volumen, llamando la atención no sólo de los chicos al fondo; sino del pitcher rubio que recién entraba. Éste se detuvo un segundo para mirarla; Anna no pudo identificar el sentimiento detrás de esta mirada—. Buenos días, Narumiya-kun.

—Sí —respondió éste antes de sacar de su mochila el almuerzo.

—Si lo dices así, Anna —contestó Seiya, recargándose en el respaldo del asiento—, vamos esta noche a un karaoke.

De inmediato, Mei se congeló y con el rabillo del ojo vio a Anna. Ella se alzó de hombros y asintió.

—Bien, vamos. —Caminó hacia ellos, haciendo caso omiso a que sus hombros y los de Mei casi se rozaron— No necesitamos tener otras intenciones para ir a divertirnos —mencionó y Suzume la miró con una media sonrisa.

—¿Lo dijiste para encelar a Narumiya-kun? —cuestionó en un susurro. El pitcher ya estaba fuera del salón.

—Por supuesto que no. Lo dije en serio, Seiya y yo hemos ido varias veces a los karaokes y puedo asegurarte que nada de eso ha sucedido —contestó Anna y Seiya sonrió. Suzume no dejó escapar ese gesto.

—Sí, claro —musitó—. Como si no supiera que ustedes dos han tenido algo.

.

Porque aunque ninguno de los dos hablara sobre ello, tal vez eran sus miradas, sus palabras o la forma como se buscaban; pero no era un gran secreto el hecho de que existió algo entre Seiya y Anna. Existió algo… Y al menos por una parte, todavía existía algo ahí.

Anna solía terminar agotada de sus entrenamientos, solía decir que los músculos le dolían y que deseaba quedarse en cama el resto de la tarde. Empero, ahí estaba; Seiya la miraba desde el sofá de la habitación, cantando una canción en inglés. Ella amaba las canciones en ese idioma y le gustaba cantarlas para mejorar su pronunciación. Seiya en realidad iba a verla, a escucharla, a mirar cómo sonreía, cómo se emocionaba cuando obtenía una puntuación perfecta.

—Selena Gómez es una artista bastante sencilla… Pero no tienen algo intermedio aquí, es o Selena o Adele… —musitó Anna viendo las opciones de canciones en inglés— Hmm… ¿Quieres cantar una de Los Beatles? Ésta es para dos. No soy zurda, pero pido ser Paul McCartney.

—"I wanna hold your hand" —Leyó Seiya en voz alta. Él no era un gran fanático de la banda inglesa, pero admitía que el título de la canción le atraía— ¿La letra es sencilla?

—Claro que lo es, es de sus primeros álbumes. Además Los Beatles no son complicados, ven aquí. —Lo invitó con la mano extendida.

—Así que la canción era una indirecta —mencionó Seiya. Anna esbozó una ligera sonrisa y se estiró para tomar la mano de su amigo.

—¿Feliz? —Le preguntó una vez consiguió que se levantara del sillón.

Seiya estiró su mano libre y acarició la mejilla de Anna. Su sonrisa se incrementó un poco. La luz sobre ellos era de un rosa brillante que se reflejaba en el rostro de la chica. Su cabello, atado en un semirecogido a la mitad de la cabeza, le permitía ver su cara y parte de su cuello. Se veía linda.

—Y no es por la canción.

—Una lástima. Yo sí quiero ésta —dijo Anna antes de seleccionar el éxito mencionado.

Una canción que no requería gran esfuerzo vocal; pero que era muy divertida. Dos minutos y medio de irremediables movimientos de cabeza para quien sí era fan del cuarteto de Liverpool y un esfuerzo increíble para no echarse a reír por parte de su amigo. Dos minutos y medio de cumplir con la letra de la canción, sin soltar sus manos.

Y un momento de molestia al ver el 67% en la pantalla.

—¡Tenías que esforzarte más, Seiya! ¡Mira qué vergüenza me haces pasar! —reclamó Anna antes de soltarlo y sentarse en el sillón.

El aludido rio. Esa chica era un ser muy curioso, que se molestaba por cosas sin importancia.

—Te compraré un chocolate de regreso, ¿eso aliviará tu coraje? —cuestionó sentándose a su lado izquierdo.

Anna se alzó de hombros y tomó una de las papas fritas en el tazón de botanas. Comió en silencio; mas para establecer su perdón, compartió el platón con su amigo.

—¿Has venido a estos lugares con alguien más? —preguntó él sin tomar una sola papa. Ella negó.

—Si te refieres a otro hombre, no. Pero las chicas del club de vez en cuando buscan distraerse y el año pasado visitamos un lugar similar en un par de ocasiones.

—¿Las acompañaron los beisbolistas?

Anna sonrió, comprendiendo a dónde quería llegar.

—Narumiya-kun y yo jamás hemos salido juntos, ni en grupo ni a solas. Tú lo sabrías antes que nadie.

—Me alegra oír eso. No confío en él, ahora menos que nunca. —Anna suspiró. Ahí iba de nuevo— Ni en sus intenciones, ni en sus palabras ni en nada que tenga relación con ese falso.

—Por favor, no te refieras a Narumiya-kun de esa forma —pidió Anna quitándole el tazón—. Ya te dije que fui yo la que arruinó todo.

—¿Y lo dices porque lo rechazaste cuando no te sentías interesada? Anna, sólo pusiste un límite a quien trataba de obligarte para que salieras con él. Estaba obsesionado contigo; estuvo bien que alejaras a una persona así de tu vida —dijo mientras pasaba un brazo sobre sus hombros. Anna lo miró con enojo.

—Él quería conocerme, no estaba obsesionado conmigo. Yo no le di ninguna oportunidad…

—Porque no estabas interesada. —La interrumpió.

—¡Porque ni siquiera lo veía como una persona! Narumiya es algo más que un buen pitcher, pero no quise verlo.

—Y el no desearlo no estuvo mal, Anna. Deberías comprender eso. Lo que hiciste fue poner las cartas en la mesa; y el señorito, falto de madurez, tomó a la primera interesada a su alrededor y se enredó con ella. ¿Me equivoco?

Anna se mordió el interior de la mejilla. Si lo ponía de esa forma, era cierto; pero no le veía nada malo a conseguir una novia. Mei era un chico popular, ¿por qué habría de privarse de las ventajas que eso le traía?

—Tal vez deberías seguir su ejemplo, ¿sabes? ¿Cuánto tiempo llevas saliendo sólo conmigo? Suzume me ha contado que el año pasado rechazaste a por lo menos cuatro chicas y que ellas creen que es por mí. La gente creerá que tú y yo somos algo más que amigos.

Seiya no respondió hasta que ella lo miró.

—¿Y qué no lo somos? —cuestionó acariciando el cuello de Anna— Esas chicas no "creen" que las rechacé por ti; eso fue exactamente lo que les dije.

—Tú y yo no estamos saliendo… No en ese sentido, al menos —aclaró y Seiya empezó a jugar con el cabello detrás de su nuca. Anna apenas hizo un movimiento para hacerle ver que notaba sus caricias—. ¿No has pensado en conocer a alguien más? Ése fue el trato.

—No, ése no fue el trato. Y no, no he pensado en conocer a alguien más cuando ya te conozco a ti. ¿Para qué hacerlo? —cuestionó dejando pequeños pellizcos en la piel de Anna.

—Porque nosotros nunca seremos novios, Seiya. Y deja mi cuello en paz.

—Al menos existe una posibilidad de que seamos algo más que eso. Cuando tengamos 27…

Anna rio. Esa promesa, la de casarse a los 27 años si ninguno estaba siquiera comprometido, la hicieron casi al año de conocerse. Eran unos niños aún más inmaduros que en ese momento.

—No tienes por qué confiar en esas palabras. Nos dejamos llevar por la película, eso es todo —dijo Anna recargando la nuca en el brazo de Seiya—. Tienes que conocer a alguien más, en serio.

Seiya la pellizcó una vez más antes de acercar la mano libre al rostro de Anna. Ella se contrajo, adivinando las intenciones de su primer amor.

—Dijiste que no volveríamos a hacerlo —arguyó ella.

Él sonrió apenas. Sí, tal vez eso sí lo dijo antes… Pero no quería cumplir con su palabra. Y, en realidad, no parecía que ella deseara impedirlo. Estaba nerviosa, como siempre, mirándolo acercarse y mordiéndose el labio inferior… ¿Podían culparlo por desear tanto lo que estaba a punto de hacer?

Ella no se movió cuando él la besó. ¿Cuántas veces ya había sentido esos labios? Él fue su primer beso y era tal vez la persona a la que más veces besó hasta ese momento; pero… ¿Seguía sintiendo lo mismo que la primera vez?

Sintió en su cintura la mano de Seiya y de inmediato lo apartó.

—Debo regresar a Inashiro —dijo antes de levantarse—. No creo que sea buena idea provocar al entrenador.

Seiya la miraba con cierto reproche en los ojos, mas al final accedió. No la obligaría a nada; ése no era su estilo.

—De acuerdo, pero repetiremos esta salida otro día —advirtió mientras Anna recogía sus pertenencias.

—No accederé si no te comprometes a cantar una canción de Los Beatles, y esta vez, a hacerlo bien. —Sacó de su bolsa un pequeño espejo redondo y miró sus labios. No estaban hinchados esta vez— ¿Crees que haga frío afuera?

Seiya se deshizo de su propia bufanda y rodeó con ella el cuello de Anna.

—Estoy seguro de que así será. Llévate esto, mañana me la devuelves.

Anna agradeció, un poco extrañada. Por lo regular, él no la protegía a esos extremos. Tal vez fue el beso o la conversación…

—Bien, pero prométeme que pensarás lo de salir con otras chicas.

Seiya abrió la puerta.

—Acabo de besarte, ¿crees que quiera pensar en eso?

—Entonces no volverás a hacerlo —sentenció Anna antes de adelantarse—. Y tampoco vuelvas a hablar mal de Narumiya-kun, por cierto. Me molesta que lo hagas.

Seiya, esta vez, no respondió. Odiaba la forma como Anna pronunciaba ese apellido. Pero lo que más odiaba era ver esa distancia que ella imponía en su relación; esa fría reacción al beso y esa manera tan brusca de apartarlo…

.

Anna se despidió de Seiya al llegar a las puertas de Inashiro, el reloj marcaba las nueve de la noche. Parecía que esa tarde no resultó como ella lo esperaba. Más de una vez, habló con Seiya sobre ambos, sobre el futuro y sobre la nula posibilidad de ser algo más que simples amigos; empero él parecía seguir empeñado de una forma u otra para convencerla de lo contrario.

Sin embargo, ninguno de sus argumentos llevaba la palabra "amor"…

Alzó la vista justo para ver a Uchida Ryo, la chica de cabello claro y curvas pronunciadas, abotonarse la escotada blusa. Sus mejillas lucían un tenue color rojizo y sus labios estaban hinchados.

Anna miró la luna y recordó lo que Seiya le dijo sobre el clima. Uchida no cargaba siquiera un suéter…

—Eh, espera, Uchida-kun —dijo Anna. Y de inmediato la aludida la miró, un poco alarmada por su estado—. Está haciendo frío, llévate esto.

Acto seguido, desenredó la bufanda en su cuello para entregársela. La muchacha la miró unos momentos, dudosa.

—Yo ya estoy en mi destino; tú podrías enfermarte —expuso Anna.

—¿Estás segura de que puedo usarla? —cuestionó Uchida tomando con desconfianza la prenda— ¿No estás molesta conmigo, Harada-kun?

—Para nada, no tendría motivos para estarlo. Disfruta la velada, nos vemos después, Uchida-kun. —Sonrió. Y su interlocutora respondió de la misma forma.

La noche estaba fresca, pero Anna creía que aún era hora para entrenar un poco con el bat. Su promedio era terrible; necesitaba mejorarlo con urgencia.

Y sin percatarse de que apenas iluminado a unos metros de ella, se encontraba Narumiya acomodándose el peinado, Anna alzó su cabello para amarrarlo, dejando ver una enrojecida marca en el cuello. Una enrojecida marca que Mei creía conocer muy bien.

Una marca fácil de malinterpretar. Pero que Mei debía obligarse a ignorar. Él sabía que Seiya y Anna saldrían esa tarde, sabía que irían a un karaoke… A solas…

¡¿A quién le importaba?! ¡Anna podía ir a donde quisiera y hacer lo que le placiera! ¡A él no debía interesarle ni un poco lo que sucedía con ella!

No debía… Pero lo cierto era que no pudo quitarle la mirada de encima hasta que la vio dirigirse a los campos de softball.

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Al día siguiente, después de una involuntaria desvelada, Mei miraba una revista de deportes con la esperanza de que las notas lo mantuvieran despierto. Por primera vez desde que inició el trimestre, sentía la urgencia de mirar hacia donde Anna se sentaba, de comprobar que lo que sus ojos vieron la noche anterior no fue producto de su imaginación.

—Narumiya, en la puerta te buscan. —Le dijo alguna compañera suya.

Él parpadeó para recuperar la compostura y encontró a Uchida, maquillada y peinada como siempre. Sonreía. Mei fingió alegría y salió a su encuentro.

—Así que no has resistido tus deseos por verme.

Uchida rio.

—No esta vez, guapo. He venido por Harada-chan —aclaró mientras le daba suaves palmaditas en la mejilla.

—¡¿Eh?! ¿Anna…isha Harada?

Su novia asintió una vez.

—Sí, anoche fue muy amable conmigo. Me prestó su bufanda y me sonrió. Es una chica muy agradable. ¿Quieres dársela tú? —cuestionó ofreciéndole la bufanda color azul. Mei la tomó, con el pensamiento de que esa bufanda la vio en otro lado…

Tonterías.

—No necesitas ser tan considerada con ella —murmuró previo a darse media vuelta y por fin mirar sin culpas a la cátcher titular del equipo de softball—. ¡Harada!

La aludida volteó de inmediato. Llevaba una coleta amarrada justo en el lado donde Mei vio esa marca rojiza. Sus ojos eran grandes y su rostro mostraba su nombrada amabilidad. Desconfiaba de esa expresión.

—¿Tú le prestaste esto a mi novia? —preguntó sin importarle que el resto del salón lo escuchara y observara con atención la escena.

Anna simplemente asintió. Mei, sin saber cómo leer esa mirada, arrojó la bufanda hacia su asiento. Y como un débil flashback, vio cómo Anna atrapaba dicha prenda con la mano izquierda. Maldita sea… Era tan buena jugadora…

Enseguida, Anna volvió su atención a Suzume. Sin una sola palabra a Mei, sin un solo gesto de agradecimiento. Tan fría como el día anterior.

Uchida, a su vez, miró a Mei. Trataba de ocultarlo, ella testificaba sus esfuerzos y sabía que él se esmeraba por no hacerlo tan evidente; pero sus ojos no mentían.

Así fuera sólo en una ocasión, si Mei miraba a Harada Annaisha era para decirle en silencio todo lo que gritó el trimestre pasado. Sin importar con quién saliera esa semana, Uchida sabía que al final volvería a mirar de esa forma a Harada. A esa amable chica que le prestó su bufanda la noche anterior…

—Sí, claro. De nada —farfulló Mei, abiertamente molesto—. No es amable, ¿lo viste? —cuestionó a su novia, quien ya le sonreía con cierta pena.

—Acompáñame, Mei-kun —dijo Uchida antes de tomarlo de la mano para sacarlo del salón y llevarlo a un sitio más privado.

Para terminar la farsa.

.

La ventaja de no tener sentimientos afectivos hacia las chicas que lo invitaban a salir, era que al menos no le afectaban los finales de esas relaciones. La semana anterior, fue él quien le sugirió a Takeshi que dejaran todo atrás; ese día, fue Uchida la que agradeció por una gran semana. Pero, ¿cómo lo dijo?

—No me convertiré en el clavo que sacará a Harada de tu corazón.

Claro, eso fue lo que dijo. Vaya, Mei ni siquiera consideró que Uchida pudiera remplazar a Anna; simplemente le pareció linda. Como fuera, para la hora del almuerzo, se sabría de su nueva soltería y, si tenía suerte, una nueva propuesta se presentaría en la tarde. El trimestre era joven; aún tenía oportunidad para conocer a la "nueva chica". A ese tornillo que destruiría el rezago de sus sentimientos por Anna.

Y, tal y como lo creyó, a la hora del almuerzo volvió a rodearse de chicas que peleaban por su atención. Las tres le llevaron distintos postres que Mei casi estuvo a punto de devorarlos con un solo bocado; hasta que uno de sus molestos compañeros de equipo lo amenazó con decirle a Masatoshi que estaba comiendo demasiado azúcar entre clases.

Envidiosos…

—Entonces deberías salir conmigo, Narumiya-kun —dijo una de sus admiradoras, de cabello corto y pecas en la nariz.

—¿Debería? Cuéntame la razón —contestó el pitcher pellizcando el pastel de nuez frente a él.

—¡Eso es mentira! ¡Sal conmigo, Mei-kun! —intervino otra, de cabello quebrado y lentes— ¡Yo me parezco más a ella!

—¿A quién?

—¡Pero yo traté de formar parte del equipo de softball! ¿No importa más eso, Narumiya-kun? —cuestionó la tercera, de largo cabello rubio atado en una coleta alta.

Mei las miró, con un chocolate en la mano, antes de comprender a qué se referían esas tres. Idiotas…

—No saldré con ninguna —declaró con firmeza—. Y no sé por qué creerían que me interesaría salir con la copia de Harada. Si me disculpan un momento…

Se levantó, visiblemente molesto. Esos postres, todos esos postres… Si no recordaba mal, le enseñó a Anna los lugares donde vendían sus postres favoritos. ¿Acaso ella tenía alguna relación con eso? ¿Acaso no iba a permitirle olvidarla?

Caminó en dirección a los sanitarios; mas se detuvo al ver a Seiya y a Anna recargados en uno de los ventanales. Ninguno parecía estar muy contento.

—Ésta es mi bufanda, Anna. No tienes derecho alguno de estarla prestando a cualquier persona. —Le reclamaba él.

—Y ya me disculpé por eso, ¿no lo oíste? Además, te recuerdo que yo no te di el permiso de marcar mi piel —contestó ella. Y antes de querer escuchar más, Mei suspiró y siguió su camino.

No le interesaba, ya no debía interesarle lo que le hicieran a Anna… Pero al mismo tiempo, no pudo evitar sentir el coraje en sus venas al enterarse de que fue tocada sin su consentimiento. ¿A ese nivel de basura llegaba el famoso Kimura Seiya?

.

Se sentía estresado. Su participación en el Koshien de primavera estaba prohibida por su ausencia en el torneo de invierno; por lo que le restaba seguirse entrenando para el torneo de verano. A pesar de que no se arrepentía por ello, algo en él le decía que debía correr o no alcanzaría a sus compañeros cuando llegara el verano. Los amores y las citas podían esperar; mas él no debía descuidar su entrenamiento.

Entre tanto, apenas estuvo concentrado en las esporádicas relaciones que mantuvo el resto del trimestre. Eran bonitas, lo halagaban y seguido lo sorprendían con un postre delicioso. Algunas mostraron sus celos desde los primeros días; otras lo hicieron hasta el último. Unas usaban la falda más corta de lo permitido, otras llevaban medias largas.

Pero Mei no podía evitar notarlo: todas tenían al menos un testimonio de que Harada Annaisha había sido amable con ellas. Esa chica se daba el tiempo de generar una buena impresión con todas ellas cuando apenas se sabía el nombre de sus compañeros de salón. Su excelente memoria sólo aparecía cuando se trataba de béisbol, ¿a quién quería engañar?

—Estás desviando los lanzamientos. ¿Te duele el codo, Mei? —cuestionó Masatoshi esa tarde.

Comenzaban las cortas vacaciones y el pitcher estaba dispuesto a aprovecharlas al máximo.

—No, estoy en perfectas condiciones —contestó.

—No calentaste bien, ¿o qué?

—¡Deja de regañarme! Claro que calenté bien. ¡¿Acaso crees que me arriesgaré a una lesión?!

Masatoshi suspiró y se quitó la careta. Ese niño era más exasperante de lo que creyó; era una lástima que lanzara tan bien. Además, el cátcher resentía la ausencia de Anna; al menos cuando ella estaba en el bullpen, Mei no era tan molesto.

—Entonces es que estás distraído. Ve a enjuagarte y continuaremos mañana —condicionó. Como lo esperaba, el pitcher comenzó a quejarse hasta el cansancio.

Empero, apenas salió del bullpen, se dio cuenta de que, recargada en la pared, se encontraba una chica que él no identificaba.

—¿Te perdiste? —cuestionó a la joven que, de inmediato, alzó la mirada hacia él.

Bonita, pero no hermosa; de estatura baja y cabello amarrado en lo alto.

—¡Soy Ayase Sakura! Vine a buscar a Narumiya-kun —dijo con seguridad—. No quería interrumpir su entrenamiento; puedo esperarlo.

El cátcher dudó unos segundos. Ni siquiera recordaba su nombre; definitivamente no era una de las mánagers; así que, considerando que ya no había clases, debía tratarse de una miembro del club de softball.

—¿Vienes a darle un mensaje de Annaisha? Si es así…

—Harada y yo no nos hablamos. Esto no tiene nada que ver con ella, senpai, puedo asegurártelo.

Sus ojos eran de un oscuro azul; reflejaban completa firmeza y decisión. Era de las que no se irían hasta no hablar con el pitcher rubio… Quizás, quizás era lo que el chico necesitaba.

—Está adentro, hemos terminado por hoy y seguramente está de mal humor. Te lo encargo.

Enseguida, Sakura miró cómo el jugador la dejaba sola en el pasillo. Apretó las manos sobre su pecho y soltó un largo suspiro. Tenía que hacerlo, era su oportunidad para acercarse al pitcher que tanto admiraba.

Ella sabía que no estaba entre sus talentos la habilidad del béisbol o el softball. Sabía que era inconsistente y que tal vez jamás entraría al primer equipo; mas le bastaba con asistir a los entrenamientos y jugar de vez en cuando. Ella admiraba a sus compañeras, a las que podían jugar y estudiar sin descuidar ninguno de los dos ámbitos; admiraba la resistencia de las pitchers y la dedicación de las cátchers. Empero, era consciente de que no pertenecía a ese mundo.

No al mundo de la práctica, mas sí al de admirar. Al de descubrir lo mucho que podía gustarle el mirar un partido donde ese pitcher estaba ahí. Sus lanzamientos eran buenos; aunque a decir verdad ella apenas entendía un poco sobre eso. Era la forma como el pitcher se paraba, era su elegancia al lanzar, era su mirada fría y retadora al mismo tiempo que altanera.

Desde que lo vio lanzar en el verano, quiso acercarse a él. Mas luego, cuando estaba planeando cómo hacerlo, escuchó de sus compañeras que el atractivo pitcher rubio fue a buscar a la cátcher titular del equipo, Harada Annaisha, para gritarle que salieran juntos. A ella, a la chica linda que se escondía detrás de la careta y que se pasaba el día pegada a Kimura Seiya.

¡Debía ser una broma! Harada Annaisha no era una chica grosera, claro que no; pero ella nunca les había hablado de algo que no fueran números de béisbol y softball. Esa chica no parecía interesada en nada que no fuera béisbol; aun le cuestionaran sobre Kimura, ella apenas respondía con un comentario ambiguo.

Y como lo esperaba, cada que Narumiya Mei se acercaba a ella, Harada simplemente respondía a lo que él le preguntaba. Pasaba por completo de él, de su atractivo, de lo hermosa que se veía su sonrisa cuando la veía. Harada no lo valoraba.

Empero, más tarde, cuando inició el trimestre, se enteró de que ambos entrenaban al menos dos veces por semana. Y entonces Sakura creyó que Harada por fin vería lo especial en Narumiya, que por fin se daría cuenta del brillo en sus ojos, de sus movimientos tan distintivos cuando él se encontraba cerca de ella. De lo evidente que eran los sentimientos del pitcher… Y de lo irremediablemente hermoso que se veía de esa forma… Qué envidia…

—Dicen que los vieron hablar hace poco. Creo que la invitó a salir de nuevo —dijo Eiichi Nanami, su compañera de cuarto.

Esa noche, Sakura dejó caer algunas lágrimas. Era obvio… Nadie podía ser tan ciego… Seguro que Harada accedió…

Sin embargo, los días pasaban y ella no volvió a ver a Narumiya en los territorios del club de softball. Y Harada ya no salía cada martes y jueves… La muy estúpida lo rechazó de nuevo. Entonces Sakura creyó que su oportunidad había llegado…

Pero cuando quiso acercarse a él, Mei ya salía con Takeshi Haruka. Y luego con Uchida Ryo… Después le siguió otra sarta de chicas que no sabían ver lo que había en él. Chicas a las que Mei no miró de la misma forma que a Harada.

Pero, tal vez, si la conocía a ella, si veía su pureza y su admiración por él…

Entró al bullpen cuando Mei estaba estirando su codo izquierdo. Él retrocedió al percatarse de que no estaba solo.

—Soy Ayase Sakura. —Se presentó— Tranquilo, por favor, sigue con tus estiramientos. Eh, yo-yo soy del equipo de softball.

Mei entonces endureció su mirada. Otra más que quería parecerse a Anna.

—Si crees que por eso, ya estaré interesado en ti… —contestó previo a continuar, mas fue interrumpido.

—No, no. No quise decir eso, ni siquiera soy jugadora titular; no tengo grandes habilidades que pueda presumirte, en realidad. No he venido por eso, puedo asegurártelo —prometió alzando las manos. Mei asintió no muy convencido—. Tampoco tengo nada que ver con Harada Annaisha, ella no me mandó aquí. —El pitcher la miró esta vez interesado— Ella no tiene idea de que me-me gustas, Narumiya-kun. Harada no tiene idea de nada que no sea béisbol, así que puedo jurarte que no vengo por petición suya o algo parecido.

Mei sonrió. Sí, por fin alguien que sí conocía a Anna.

—Por supuesto, Sakura-chan, entiendo. Así que estás aquí para invitarme a salir —adivinó y enseguida la aludida enrojeció. No esperaba ser llamada de esa forma en esa misma noche.

—Sí, Narumiya-kun. —Hizo una reverencia pronunciada— Por favor, sal conmigo.

Mei se cruzó de brazos, admirando a la chica de baja estatura que lo fue a ver. No podía negar que era linda y valiente. ¿Qué perdía si lo intentaba una vez más?

Caminó hacia ella y la tomó de la barbilla. De inmediato, Sakura alzó la cara y apenas reaccionó cuando Mei acercó su rostro al de ella.

—Estoy a tu cuidado, Sakura —susurró antes de, por primera vez, besarla.

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Con la llegada de nuevos alumnos, de nuevos miembros a los clubes de deportes, los entrenamientos debían adecuarse. Era menester conocerse y saber cómo podían interactuar. Por lo tanto, las conversaciones y los equipos improvisados llenaban los campos de prácticas.

Annaisha mantenía su titularidad como cátcher y era en parte responsabilidad suya una parte del entrenamiento. Era su deber conocer a las nuevas pitchers y cátchers del club; debía aprender sus estadísticas y tipos de lanzamientos para luego armar una propuesta para su entrenador sobre un programa en conjunto con las demás cátchers. Sólo esperaba que sus conocimientos fueran suficientes para dicha tarea; no quería defraudar a su equipo.

De este modo, Anna pasó la primera semana de su segundo año enfrascada en la creación de dicho programa. Para su fortuna, tanto Suzume como Seiya estaban en otro salón; así que podía trabajar sin grandes interrupciones. Aunque, casi para su infortunio, de nuevo se encontraba en el mismo salón que Narumiya Mei. Tal vez eso complicaría las cosas si Mei decidía salir con alguien celoso ese trimestre…

Anna se encontraba en su pupitre, analizando las estadísticas de una pitcher ambidiestra de primer año, cuando escuchó la conocida voz de Suzume. Y al alzar la mirada, en efecto la encontró en el asiento frontal a ella.

—¡Anna! ¡Te extraño mucho! Aunque Kimura-kun está en mi salón, todo es aburrido sin ti —dijo con tristeza. La cátcher le dio una última mirada a las hojas en sus manos antes de cerrar la carpeta donde lo había metido todo.

—Y hablando de él, ¿por qué no te acompañó?

—Ah, él pasó a la cafetería. Tenía antojo de algún postre, creo. —Se alzó de hombros y luego se acercó a Anna para susurrarle:— Personalmente, me parece que quería comprarte algo especial. ¿Ya te pidió salir?

—Claro que no, sólo somos amigos —contestó Anna previo a sacar su propio almuerzo. Suzume hizo un gesto de inconformidad.

—Como digas. ¿Te enteraste de la nueva novia de Narumiya-kun? Seguro que sí, es de tu club.

—¿En serio?

—¡Anna! Creí que no ibas a decepcionarme esta vez.

—¿Y por qué te decepcionaría esta chica? —cuestionó Seiya, llegando como siempre en el mejor momento— ¿Onigiri de camarón? —preguntó a Anna ofreciéndole un triangular paquete.

—¡Oh, genial! Justo deseaba uno —contestó la cátcher tomando el onigiri.

Suzume los miró y su expresión de inconformidad se incrementó. Detestaba que esos dos fuesen tan obvios y al mismo tiempo, tan cerrados con lo que ocurría entre ellos. Sus sentimientos saltaban a la vista; al menos Seiya era el único sujeto con el que se veía a Anna todos los días y con el que más conversaba.

—Kimura-kun, tú no vas a decepcionarme, ¿cierto? —cuestionó la chica.

—Por supuesto que no. ¿Qué necesitas, Suzume? —inquirió el orgulloso muchacho.

—Tú sí sabes quién es la nueva novia de Narumiya, ¿cierto? —Seiya hizo un gesto de molestia y asintió.

—Ayase Sakura, del grupo C.

—¡Ayase Sakura! Sí la conozco —exclamó la jugadora—. Tercera base, diestra, sus saltos son increíbles; aunque su brazo no es lo suficientemente veloz. Y no tiene un gran desempeño bateando, es peor que yo…

—¡Anna! —La recriminó Suzume— Por todos los cielos, concéntrate. ¿Es una chica agradable? Dicen que Narumiya-kun le gustaba desde hace algún tiempo, ¿sabes algo de eso?

Anna negó con la cabeza antes de volver a su comida.

—Nunca he conversado con ella. No está en el equipo titular.

Suzume ahogó sus deseos por gritarle. Maldita obsesión suya, la privaba de los mejores chismes del momento. No había forma de crear un gran ambiente dramático si Anna se resistía a indagar.

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Mas, aunque Suzume Ito creyera que Harada simplemente ignoraba sus comentarios o sus actualizaciones respecto a las relaciones de Mei, lo cierto era que Anna tomaba la información pertinente para tratar de intervenir de forma positiva y discreta. Al menos con Ayase sería mucho más sencillo, siendo que las primeras semanas el equipo de softball entrenaba con el equipo completo.

Anna lideraba una de las prácticas en el cuadro. Para su fortuna, era el lado de la tercera base la que estaba a su cargo. Pitcher, parador en corto, tercera base y jardín izquierdo le pertenecían. El resto era para la capitana del equipo.

—¡Ayase, no pierdas tiempo en la postura elegante! ¡Lanza tan rápido como puedas! —exclamó a la chica que sentía que el entrenamiento era más extenuante cuando la cátcher titular se encargaba de ello— ¡Eso es! ¡Muy bien! ¡Jardín, será un elevado para ti, lanza a mi guante! ¡Debe llegar en un bote! ¡Tercera, cubre jardín! ¡Es tu deber!

Maldita loca, al menos debería darle un respiro.

No era que Sakura detestara los entrenamientos, no era que no quisiera mejorar o que no aspirara al primer equipo; era que le parecía que Harada tenía algo contra ella. ¿Por qué se obsesionaba con darle trabajo a ella? ¿Qué ganaba? ¿Acaso quería matarla por el agotamiento?

—Ten, bebe esto —dijo una voz a su derecha. Claro, se trataba de esa explotadora cátcher—. Te ayudará a recuperar las energías. Ve a enfriarte; hoy lo hiciste muy bien.

Le ofrecía una lata de bebida rehidratante. Era lo que las pitchers bebían en partidos oficiales…

Tomó la lata y bebió un largo trago para recuperar el aliento.

—¿Qué es lo que quieres? —espetó— Nunca te preocupaste por mí. Si es por Mei-kun…

—Estuve revisando tus números. —La interrumpió con una suave sonrisa— Este año necesitaremos una tercera base capaz de mantener al equipo en los primeros lugares. Kuroki es buena, pero lo mejor será apostar por alguien que dure más allá del verano —afirmó antes de palmear su hombro—. Lamento si soy dura contigo, pero tienes la capacidad para subir.

Ayase sintió en su interior ese halo de esperanza. Desde que entró al club, se dijo que jamás podría siquiera aspirar a entrar al equipo titular. Las chicas que veía jugar eran simplemente imparables. Y aunque reconocía que Harada pocas veces hacía un hit, su habilidad detrás del home no tenía comparación. No le sorprendería si, en su tercer año, ella fuera la capitana del equipo…

Así, el que Harada Annaisha la reconociera de ese modo, era un privilegio que muy pocas poseían.

—¡Sí, senpai! —exclamó y enseguida se mordió el labio. Harada trató de evadir una sonrisa— Harada-kun.

—Descuida, ve a enfriarte.

Y cuando Anna se dio la vuelta, sólo hasta ese momento, Ayase lo recordó. Annaisha nunca la miró, no más de lo necesario. Nunca se vio realmente interesada en ella; incluso en esa primera semana…

—Espera —dijo molesta —. Quiero que me des la verdadera razón por la que haces esto. ¿Acaso es por Mei-kun?

Anna la miraba por sobre su hombro. Negó una vez.

—No lo veas de esa forma; debes saber que no tengo ninguna intención extra hacia Narumiya-kun.

—¿Entonces qué es lo que te ocurre? ¿Por qué yo? Tenemos una short stop que varias veces ha jugado como tercera.

—Y no es lo adecuado. Tú te desempeñas bien en tercera, sólo necesitas práctica.

—A la mierda. Dime la verdad. Seré pequeña de estatura, pero no permitiré que me aplastes —advirtió tomándola del brazo.

Anna vio un momento su agarre y luego la encaró.

—Tus estadísticas no son malas, los partidos que has jugado demuestran tu habilidad; pero te hace falta actitud y compromiso. Mi intención este año es ayudar a formar el mejor equipo. Tú estás en esa lista, el entrenador lo sabe; pero si no deseas formar parte del primer equipo, lo informaré de inmediato. —Ayase dejó escapar un gritito de incredulidad— No lo hago por Narumiya-kun, él no tendría por qué beneficiarse de esto. Sólo quiero que saques lo mejor de ti y él pueda verte así.

—¿Qué? Claro, porque has demostrado tantas veces que te importo yo o que te importa Mei-kun.

—No, jamás lo demostré. Y no quiero que pienses que lo hago por ti o por Narumiya-kun. Lo hago por el equipo. Puedes aceptar mi ayuda o puedes rechazarla; pero por ahora, —Tomó la mano de Sakura y la quitó de su brazo— debo continuar con el entrenamiento.

—¿Lo dices en serio? ¡¿Vas a negarlo todo?! —Le gritó mientras Anna volvía a alejarse— ¡No permitiré que Narumiya-kun crea una sola de tus palabras!

—Pierde cuidado, él ya no me habla —musitó Anna en medio de un suspiro.

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Y hasta esa semana, esas palabras eran ciertas. En ese fin de semana, Anna entregó al entrenador la lista de los posibles programas de cátchers y pitchers, anexando también la opinión de nuevos candidatos al equipo titular. Los resultados de dichas propuestas se verían en los próximos entrenamientos.

Para sorpresa de Ayase, el entrenador consideró que era acertado el tratar de convertirla en una tercera base excepcional. Por supuesto, le contó a Mei de la buena noticia, sin omitir que tal vez la sugerencia de Anna tuvo relación con su ascenso.

—¡Me dijo que tengo la habilidad, sólo me falta compromiso y actitud! —Le contó, una noche en la que se sentaron en la banca donde Mei se comprometió a alejarse de Anna.

El pitcher sonrió, honestamente complacido. Esa chica, Ayase Sakura, lo comprendía mejor que las anteriores. Y, en realidad, era quien más lo escuchaba. Por lo que, saber que conseguía lo que quería, le alegraba.

—No esperaba menos de mi novia. Felicitaciones, Sakura.

—¡Oh, sí! —contestó ella, colgándose del cuello de Mei para besarlo en la mejilla— ¡Harada-senpai me recomendó, seguro que fue eso!

Empero, Mei no podía dejar de pensar que fue esa recomendación la que más influyó en la decisión del entrenador. Narumiya no se atrevía a ir a uno de los entrenamientos del club de softball por temor a encontrarse con Anna, por temor a volver a mirarla como lo hizo el año anterior. Empero, sabía que su actual novia no poseía el mejor desempeño en su posición… Anna mejor que nadie debía saberlo…

—Sólo espero que no me haga entrenar tan duro como ella. Pasa todas las noches en la caja automática de bateo. La tiene reservada de nueve a diez… Es demasiado enfermizo, ¿no crees?

Mei miró discretamente su reloj deportivo. Si la información de Ayase era cierta, entonces Anna todavía estaba en ese lugar… ¿Pero por qué le importaba eso?

—Como titular, buscará mejorar su promedio de bateo. Es algo en lo que tú deberías pensar más tarde, Sakura. ¿No deberías ir a dormir ya?

La infielder lo miró con un dejo de súplica, mas asintió luego de unos segundos. Su novio era muy protector con ella; debía permitir esos cuidados.

—Nos veremos mañana —prometió antes de entregarle un corto beso en los labios.

Y sin mirarla adentrarse en los dormitorios femeninos, Mei se levantó de la banca y permitió que sus piernas lo llevaran a donde sabía quería ir. Sólo deseaba saber qué planeaba, sólo quería preguntarle si le permitiría olvidarla, si quería algo de él, qué era lo que deseaba…

El sonido característico del bat de aluminio chocando contra la bola de béisbol le indicó que ella seguía ahí. Y al entrar al lugar, la pudo ver:

Su cabello oscuro se escondía detrás de su casco y vestía un ajustado pants color gris, que combinaba con su casco y sus guanteletas. Sus protectores en el codo y en la rodilla eran de color anaranjado. Y la expresión de completa concentración en su rostro lo mantenía mirándola como si fuera ésa la primera vez que la veía.

Al menos una de sus preguntas se resolvió con sólo pararse ahí:

Ella jamás permitiría que la olvidara.

Haciéndose del autocontrol que necesitaba, avanzó unos pasos más y miró su postura. Podía ver con claridad el problema que Anna trataba de arreglar.

—Deja de tensarte al hacer el swing; te lesionarás si sigues haciéndolo de esa forma —dijo y, como consecuencia, Anna se sobresaltó y dejó pasar una pelota fácil.

Ella lo miró y Mei pudo ver una mancha de tierra en su mejilla derecha. Sus labios, además, evidenciaban los mordiscos provocados por ella misma. La presión que cargaba era evidente.

—No sabía que ocuparías la caja de bateo —mencionó Anna antes de volver a lo suyo—. No tardaré mucho. Es una carga de setenta y cinco pelotas, nada más.

—¿Qué es lo que planeas, Harada? —cuestionó. Porque no quería quedarse más tiempo del requerido; no quería ser él quien volviera a ser bateado por esa chica.

—Mejorar mi promedio. Últimamente no hago más que rolas a segunda base.

—Me refiero a las chicas con las que salgo. ¿Por qué eres tan amable con ellas?

Anna hizo un gesto de dolor al hacer un swing. Mei alzó las manos, un tanto exasperado. La postura de Anna no era para nada mala; pero si no se deshacía de esa tensión, sus hombros pagarían con creces.

—Son chicas agradables —contestó la cátcher.

—Y como tú eres la persona más extrovertida de la escuela… Dime la verdad, ¿acaso estás burlándote de mí? ¿No te importo ni un poco? ¿No te importa verme con esas chicas? ¿Qué quieres? ¿Acaso no piensas en mis sentimientos?

Anna soltó una expresión de frustración y tomó con fuerza el bat. No conseguía darle a esas rápidas…

—No, no, no. A ver, espera —dijo Mei tras ver el gesto de enojo de Anna. Se apresuró a llegar a ella y se colocó justo atrás—. Relaja los hombros, anda. No harás nada bien si no te relajas —condicionó tomándola de los hombros. La sintió tensarse aún más—. Relájate —ordenó mientras masajeaba sus hombros.

Anna volvió a su posición y permitió que entre tanto, Mei masajeara sus hombros. Abanicó y miró la pelota rodar frente a ella. No servía…

—Tu cintura, necesitas mover la cintura al mismo tiempo que los brazos o tendrás un desgarre —agregó Mei colocando sus manos sobre la cintura marcada por el pants—. Vamos, muévela. Muy bien, ahora las piernas. Tienes el ochenta por ciento de peso recargado en la izquierda, pásalo a la derecha.

Anna sintió entonces cómo la rodilla de Mei apenas golpeaba un poco su pierna izquierda. Vaya forma de dar instrucciones.

—Relájate y pasa tu peso a esta pierna —dijo Mei apenas tocando con un dedo su pierna derecha—. Así podrás deslizarte con mayor libertad. Ajá, así. A ver, las muñecas.

Y sin importarle que su pecho se recargara por completo en la espalda de la chica, el pitcher alcanzó las muñecas de Anna y siguió el movimiento de éstas al batear. La cátcher podía sentir sobre su hombro la barbilla de Mei y sus piernas casi podían percibir el calor de las del pitcher… Qué embriagadora sensación…

—Excelente. Ése fue un hit, al menos doble —musitó el rubio antes de soltarla.

Anna sonrió, olvidándose de sus proximidades.

—Hombros relajados, cintura en movimiento y el ochenta por ciento del peso en mi pierna derecha —repitió la chica, antes de volver a golpear con éxito la siguiente pelota—. ¡Estupendo! Eres mejor que el entrenador.

Mei retrocedió, queriendo ignorar el efecto que dejaban esas palabras en él. Queriendo olvidar la sensación de su piel, de su cuerpo delgado tan pegado al suyo…

Anna bateó una vez más. Ahora debía mejorar su dirección; pero con la postura correcta se conformaba esa noche.

Suspiró una vez y acomodó el casco en su cabeza.

—Te equivocas —dijo antes de abanicar por última vez—. Sí me importan tus sentimientos, Narumiya-kun —aseveró mientras se quitaba el casco y desabrochaba sus guanteletas—. Y no me estoy burlando de ti; lamento si lo has entendido de esa forma. —Metió las guanteletas en sus bolsillos traseros y acomodó el casco a sus pies.

Mei la miró retirarse los protectores e ir por las cubetas al fondo de la habitación. Sus mejillas estaban sonrojadas, producto del agotador entrenamiento al que se obligaba cumplir. Luego, Anna empezó a recoger las setenta y cinco pelotas con las que practicó.

—¿Entonces qué buscas siendo tan amigable con ellas?

—En diciembre, tú tuviste la razón: no te vi más que como un beisbolista y jamás te permití conocerme. Fui muy grosera contigo y entonces no pensé en tus sentimientos y en el daño que te generé. Lo siento mucho por eso. —Se disculpó apenas sin mirarlo— Pero soy consciente de que mientras no sepa o no quiera verte como una persona, no merezco acercarme a ti.

Mei apenas podía creer lo que escuchaba. Anna no se detuvo ni un segundo en su actividad ni en su discurso.

—Así que cuando supe que estabas saliendo con Takeshi Haruka, creí que no me quedaba más que desearte suerte; pero enseguida comenzaste a salir con Uchida Ryo y al ver que la acosaban a ella en tu lugar, pensé que lo mejor era entregarle mi apoyo. Así fuera en forma de bufanda, al menos.

—No lo estoy entendiendo —confesó Mei. Anna resopló. Faltaban cuatro pelotas y no las veía…

La cátcher alzó la mirada hacia el pitcher y alzó un hombro, como disculpándose:

—Por cuestiones de educación, no soy capaz de verte como algo más que un beisbolista; lo siento, Narumiya-kun. Pero no por eso deseo que nadie te vea como lo que en verdad eres, y si tú las escoges a ellas, entonces no puedo hacer otra cosa que darles mi apoyo para hacerles ver que me estoy apartando de todo esto. — Sonrió apenas, un tanto avergonzada— Mi única intención es ayudar a que ellas te vean de la forma que yo no pude.

*

Nota de la autora:

Ignorando la enorme extensión de este capítulo, ha sido divertido escribir y editar este capítulo. Para ser honesta, no llegué ni a la mitad de lo que esperaba para el tercer capítulo de este pequeño fic; dioses... Esta parte de la historia es complicada.

Como sea, ¿quién no ha estado en la posición de Mei? Uno queriendo olvidar y el crush apareciéndose a cada rato. Así namás no se puede, señores.

Bueh. Muchas gracias por leer. El spoiler del siguiente capítulo es: "In the dark".

Abrazos.

Nayla.