Ep. 9: Niños

La luz lo hizo fruncir el ceño; no quería levantarse. Miró la hora en el reloj analógico de la mesilla de noche y buscó frenéticamente el teléfono, y apenas desactivó la alarma antes de que sonara.

Siempre se despertaba unos segundos antes de que ese ruido infernal inundara el ambiente, y nunca se había sentido más ansioso porque no sonara. Suspiró. últimamente (desde que Shannon se había ido, para ser exacto) se levantaba mucho más temprano que de costumbre y se quedaba un buen rato sentado en el marco de la ventana, con una taza de café en las manos, a mirar el amanecer. Luego se ponía los tennis y salía a correr un rato, volvía a la casa, se bañaba, desayunaba cualquier cosa y se iba a trabajar. Siempre llegaba a las ocho de la mañana, sin importar que su entrada fuera a las nueve. Cuando Shannon aún estaba con él, llegaba a las ocho y media.

Le gustaba estar ahí antes que nadie para asegurarse de que absolutamente todo estuviera en orden para cuando el museo abriera. Era esa dedicación la que le había llevado a ganarse el ascenso a segundo del director.

...

"Subdirector del museo; el que hace todo lo del director, pero gana menos".

Así solía explicarle Shannon a sus amigos el trabajo de su esposo; en tono juguetón primero, y muy agrio después.

"Gano menos que el director" solía decirle él, en privado ", pero más que el resto de los que trabajan ahí, y gracias a eso tenemos una casa y dos coches de los que no debemos ni un centavo."

"También trabajas más que todos en el museo" solía responderle ella ", y no nos mataría en lo absoluto estar pagando una hipoteca; para eso trabajamos los dos".

Se preguntó en qué momento su sonrisa había terminado de apagarse; él no se había dado cuenta.

...

Se puso de pié y fue a ver a Hunter, quien dormía pacíficamente luego de haberlo estado despertando durante toda la noche; así que debía estar exhausto.

"Seguro le hice lo mismo a mis papás" Se dijo "Y a mis abuelos... Sobre todo a mis abuelos... Mis papás estaban demasiado ocupados salvando el mundo como para hacerse cargo de su hijo."

Hoy no veía el amanecer. Veía al pequeño ser humano que dormía profundamente boca abajo, con un puñito minúsculo a la altura de la rechoncha boquita medio abierta. Seguro se lo había estado chupando antes de dormir.

"Quiero hacerme cargo de ti", le dijo a su hijo, solo dentro de su cabeza, al fin que dormía y no lo iba a escuchar, y aún si lo escuchaba, seguramente no le entendería un carajo.

Envidió al pequeño profundamente en ese momento.

Cómo quisiera estar así, dormido hasta que se le diera la gana sin ningún tipo de preocupación en el mundo, con la satisfacción completa de absolutamente todo lo que pudiera desear al alcance de un par de alaridos.

"Quiero hacerme cargo de ti" Volvió a decirle "quiero mirarte despertar todas las mañanas, cambiarte los pañales, llevarte al parque, comprarte un perro... llevarte después a la escuela; aconsejarte sobre las chicas, especialmente esa que te molestará hasta el hartazgo y tú no comprenderás por qué... A la que no podrás odiar, ni siquiera un poquito, por más que lo intentes... Luego tal vez tendré qué consolarte cuando te deje tu novia, o tu esposa... decirte que no es el fin del mundo..."

"¿Pero cómo voy a hacerlo en esta situación, eh? ¿Cómo voy a poder ser parte de tu vida cuando te llevarán lejos... Cuando solo podré verte de vez en cuando...?"

"Tampoco puedo obligarte a verme todo el tiempo peleando con tu madre... ¿Y cómo haría eso, para empezar? ¿Pelearíamos porque ella demandaría que la desencadenara de la pata de la cama?"

"Tu madre ya no quiere volver conmigo" Le dijo en esa voz que solo él podía escuchar dentro de su cabeza "Y yo... Yo tampoco quiero volver ya con tu madre."

Le dijo al tiempo que agachaba la cabeza y se alejaba de ahí, como temeroso de que el dormido infante le reclamara telepáticamente por su descaro.

...

"Quiero quedarme contigo. No quiero volverte a dejar ir, nunca"

Ahora se lo dijo a la otra durmiente criatura; esta yaciendo sobre su cama en lugar de una cuna. Solo que esta era del sexo femenino y mucho más grande, aunque con el mismo color de piel y cabello.

"Fácilmente podrías tú ser su madre, Helga... Desearía que tú fueras su madre..."

Helga también tenía la boca medio abierta; también dormía boca abajo con la cara en dirección de la puerta. Abrazaba la almohada bajo su cara y la sábana se le había corrido hacia media espalda.

Miró las revueltas sábanas y se le encogió un poco el estómago... aún estaba un poco en shock, para ser honesto.

Habían bebido de nuevo. Él solo un poco porque tenía qué cuidar a Hunter. Ella, mucho. Se había acabado una botella de vino.

Habían cenado pizza con spaguetti de un carísimo restaurante italiano. Había ordenado un postre carísimo también, aunque ya ni recordaba qué había sido.

Le había preguntado a ella que si qué quería cenar, y ella había dicho que lo que sea; cuando él había insistido, había dicho que pizza, así que él había encargado la pizza más cara que había encontrado. Quería que su cita, si se le podía llamar cita a eso que iban a tener en casa, cuidando a un bebé y con él estando casado, fuera lo más parecido a la que hubieran tenido, de haber ido a un lugar estando los dos solos.

Hunter se había portado moderadamente bien; había llorado en un par de ocasiones, pero cuando había rogado por que permaneciera dormido, lo había hecho.

Helga estaba ya borracha cuando le había seguido la corriente, y él se preguntaba si no habría sido aprovecharse de ella, dadas las circunstancias. Y se lo había dicho, cuando después del primer beso con mano incluída, había intentado echarse para atrás, pero ella le asegurado que, si se había puesto así de ebria, había sido para darse valor, porque qué mejor que hacer eso con él.

Se sentía un poco incómodo ante el recuerdo; debía admitirlo. Algo desde el principio no se había sentido bien, y había agradecido a quien quiera que hubiera qué agradecerle cuando había terminado de la manera que había terminado.

...Una parte de él -esa parte de él- se había molestado, obviamente, pero su conciencia había estado feliz... O lo feliz que había podido estar, dadas las circunstancias...

...

La miró tallarse la nariz con una mano; primero lentamente, luego fuerte, y luego abrir perezosamente los hinchados párpados. Lo miró un tanto confundida y luego se sentó sobre el colchón mientras se rascaba la cabeza. Se pasó los dedos por los párpados y al fin volteó a verlo.

-¿Tienes una aspirina? -Preguntó con el entrecejo fruncido y la voz rasposa.

Arnold se acercó a la mesilla de noche y dejó la taza del café ya frío sobre esta, abrió el cajón y le pasó un par de pastillas junto con una botella de agua que siempre dejaba ahí en la noche, luego se sentó junto a ella y la miró con una media sonrisa de la que no era consciente.

La castaña volteó a mirarlo luego de haberse tragado los comprimidos con el entrecejo fruncido y un ojo medio cerrado; como si su cara emitiera tanto brillo que la estuviera deslumbrando.

-¿Qué? -inquirió, e inmediatamente se llevó una mano a la boca y frunció aún más el gesto -. Demonios -dijo -, me urge una lavada de boca.

Arnold rio por lo bajo y la rubia volvió a mirarlo un tanto desconcertada, luego la miró dirigir la mirada a su propio pecho desnudo y entonces la escuchó ahogar un grito a la vez que se llevaba la sábana hasta la barbilla.

-En verdad lo hicimos, ¿eh? -soltó con las cejas levantadas, luego sonrió y dejó ir la sábana para volver a rascarse la cabeza -. Creí que lo había soñado.

-Oh, fue muy real -respondió él, sonriendo de nuevo.

Helga volteó a mirarlo ya con ambos ojos bien abiertos, al parecer al fin se había terminado de adaptar a la luz.

-¿Y cómo te sientes? -inquirió ella -¿Infiel? ¿Sucio? ¿Arrepentido?

Arnold asintió en la última opción.

-Arrepentido -Confirmó él -de no haberlo hecho antes.

-Oh, seguro que ya lo habías hecho antes, señor casado y con hijos.

Arnold se rio.

-Me refería a contigo.

-Oh.

-Aunque es algo que había hecho desde siempre, debo admitir; y no me digas que tú no... Aunque nunca lo habíamos hecho juntos, obviamente.

-¿Desde siempre? ¿Desde cuándo es "siempre"? -Levantó una ceja -. Nunca noté que fueras un niño TAN precoz...

Arnold rió por lo bajo, Helga, levantó ambas cejas.

-Me estás tomando el pelo, ¿verdad? ¡No hicimos nada anoche! -Se llevó una mano a la cabeza y frunció el gesto, obviamente consecuencia de la resaca, y Arnold agradeció no que le doliera, sino que no siguiera y despertara al bebé.

-Oh, sí que hicimos algo -dijo sonriéndole aún más, acercando aún más su cara a la de ella -. Dormimos toooda la noche.

Helga resopló y se dejó caer en la cama.

-¡Lo sabía! ¡Sabía que recordaría algo así!... -Volteó a mirarlo -¿Pero por qué diablos estoy desnuda? Y sí recuerdo algo...

-No es que no lo hayamos intentado -Se encogió él de hombros -. Pero te quedaste dormida antes de... -Alzó las cejas, y Helga soltó una carcajada mientras se echaba una almohada sobre la cara.

Arnold le apretó un poco la almohada mientras le pedía guardar silencio.

-¡Shhhh! Vas a despertar a Hunter.

Ella siguió riéndose pero ya sin hacer ruido, y Arnold no pudo evitar reírse un poco también.

-Dormí con un hombre casado -soltó ella, resoplando, mientras se retiraba la almohada de la cara -, supongo que ya soy oficialmente una zorra.

Le levantó las cejas esperando una respuesta, y Arnold imitó su gesto.

-No. Pero pronto lo serás si sigues mostrándome tus encantos de esa manera tan descarada.

Helga volteó a ver sus blancos pechos por un momento, tan libres como dos potros salvajes, y rió otra vez.

-Ya los conocías desde antes, y no me digas que no, pervertido.

-Solo porque estabas ahí parada con esa tela transparente, y luego sin nada...

-Pudiste haber desviado la mirada -lo interrumpió ella.

-¿Y perderme el espectáculo? ¿Qué clase de hombre crees que soy, querida?

-Solías ser uno muy honorable.

-Solía ser un niño -repuso él, y ya nadie dijo nada por un par de minutos.

...

Helga miraba al techo, y Arnold la miraba a ella. Al final fue él quien rompió el silencio.

-Voy a divorciarme de Shannon, Helga.

Los grandes ojos de ella al fin volvieron a posarse sobre los suyos.

-¿En serio? -inquirió.

Arnold asintió muy serio ya.

-¿Y por qué harías eso?

-Por ti, y porque es algo que debí hacer desde hace mucho -Helga hizo una mueca de inconformidad, pero no dijo nada -. Shannon ya no me quiere-. Continuó -. No la traté bien y se hartó de mí, supongo. Odiaba mi adicción al trabajo; Sí, estoy aceptando que soy adicto al trabajo -respondió a la sonrisa arrogante que comenzaba a formarse en el rostro de ella -y a mí no me importó, y creo que iba a dejarme cuando quedó embarazada. Por eso se deprimió, y al final decidió mandarme al demonio de todas maneras, sin importar que tuviéramos un hijo. El "permanecer juntos por los niños" no funcionó para ella, y me alegra que no lo haya hecho porque creo que yo tampoco era feliz en la relación, por eso no me importaba demasiado descuidarla.

-¿Es en serio eso? -al fin intervino ella, suspicaz -¿O te lo estás diciendo porque estás emocionado con tu nueva adquisición y no quieres sentirte tan culpable cuando la metes en su cama?

-¡Helga! -La reprimió él.

-¡Es la verdad! -Exclamó ella -Estás confindido por mí, Arnold. Pero créeme, no valgo la pena -Se puso de pié, pero se aseguró de cubrirse con la sábana esta vez -Creo que estabas trabajando tanto porque querías demostrarte a ti mismo que no eras como tus padres, ¿o me equivoco? Querías demostrarte a ti mismo que podías tener una familia ejemplar y darles todo lo que necesitaban, y para eso necesitabas dinero, ¿no es así?

Arnold la miró como si acabara de darle un puñetazo, pero no respondió nada.

-Sé que parece más tentador tirar la toalla conmigo, que parezco mucho más simple; pero créeme, soy un pozo de porquería en el cual no quieres meterte.

-¿Entonces qué haces aquí? -Inquirió él, furioso.

Helga, que ya se había puesto la ropa interior y había recogido el pantalón del suelo, se quedó inmóvil de pronto.

-No lo sé -respondió un par de segundos después, mirándolo, hasta cierto punto, confundida -. Intentando evadir también la realidad tal vez, Arnold. Intentando ignorar el hecho de que tienes una gran vida por tu cuenta y que no me necesitas para nada... Ignorando el hecho de que no eres mío desde el 18 de agosto de cuando tenía diez años...

Lo miró, compungida, y Arnold se levantó de la cama y caminó hacia ella, la tomó por los brazos y le planto un beso en la boca, luego la abrazó.

-Me da igual por qué lo hice -soltó mientras la apretaba contra él -. Solo sé que eres la niña en la que no podía dejar de pensar, por más adulto que me volviera y por más éxitos y responsabilidades obtuviera... Y creo que habría dejado a Shannon, estuviera como estuviera la relación, en el momento que volviera a encontrarte...

-Eso es horrible, Arnold -musitó ella contra su pecho, y él no la soltó.

-Soy una persona horrible, Helga. Pero te amo.

Sintió a Helga agarrar aire, pero nunca supo qué pensaba responderle; el transmisor sobre la mesita de noche comenzó a hacer retumbar por todo el cuarto los irritantes berridos de su retoño.

-Lo siento -la soltó -, voy a preparar una botella y tal vez a cambiar un pañal. Por favor no te vayas. Al menos quédate a desayunar.

Helga asintió con los pantalones aún en la mano, y entonces el celular dentro de la bolsa de estos comenzó a sonar.

Se aseguró de que Arnold hubiera salido del cuarto cuando atendió. Su dolor de cabeza, ya intensificado con los llantos magnificados por el transmisor, se volvió aún más agudo al ver el número de quién le estaba marcando.

"¡Demonios!" Exclamó para sí misma "¿Es que estas pastillas no comenzarán a hacer efecto nunca?"

-¿Sí? -Inquirió, llevándose las llemas de los dedos pulgar e índice a los irritados globos oculares debajo de los párpados cerrados.

-Hola, cariño.

-Hola Miriam -saludó mecánicamente.

-¿Cómo estás?

-Bien, Miriam, ¿Qué pasó ahora?

Conocía ese tono de voz; era el que usaba siempre que estaba a punto de pedirle dinero.

-He estado pensando, cariño... mi auto ya está muy viejo y... no lo sé... tal vez... ¿Crees que podrías conseguirme otro?

Se pasó los dedos por el cuero cabelludo de forma nada delicada, revolviéndose aún más el nido de pájaros que tenía por cabellera en ese momento.

-No puedo, Miriam. Sabes que no tengo dinero ahora.

-No necesita ser algo muy caro, cariño. Con cual...

-¿Qué demonios hizo Bert ahora? -La interrumpió.

-¿Bert? ¿Por qué tendría qué haber hecho algo Be...

-¿Qué hizo?

-Fue un accidente, cariño. Un auto le salio de la nada en la oscuridad y, bueno... Los mecánicos dicen que ya no tiene arreglo...

-¿Y se mató al menos también el tipo, Miriam? Dime que el auto no murió en vano...

-¡Helga! -la reprimió ahora su madre, y esta separó un poco la cabeza del condenado armatoste mientras fruncía aún más el entrecejo; La cabeza le iba a explotar -Bert está bien, gracias a Dios. Pero nos hemos quedado sin auto y la escuela de los niños queda muy lejos, y tú sabes por qué a Olga no le gusta enviarlos en el autobús.

-Pues que caminen entonces -De repente se sintió furiosa. Odiaba que siempre utilizaran a los niños para obtener lo que querían -. O que el estúpido de su padre consiga un trabajo de verdad por primera vez en su vida, maldita sea. Te dije que no podré mandarles dinero por un buen rato; por eso te dejé llena la maldita alacena y dejé pagadas las colegiaturas de los mocosos. Porque sabía que si les dejaba el dinero a ustedes, se lo meterían por el...

-¡Helga, por dios, estás hablando con tu madre!

-¡Y tú estás hablando con tu hija, no con un maldito cajero automático! En este momento no tengo dinero para estar costeando las estupideces de "Bert" y compañía; En cuanto tenga dinero volveré a enviarles para que se compren otra maldita carcacha pero asegúrense de que esta vez Bert vaya lo suficientemente drogado para que ahora sí se mate y me quite de tener qué estar financiando sus estupideces ¡solo porque es un enorme parásito en la espalda de la idiota de mi hermana!

Terminó la llamada casi con un golpe, y por instinto volteó hacia atrás, a donde Arnold la miraba, junto con el pequeño Hunter, desde el marco de la puerta.

-¿Está bien si desayunamos huevos? -inquirió, como si no hubiera visto nada.

Helga soltó un largo suspiro, y luego asintió.

-Huevos está bien, Arnoldo. Y me harías un gran favor si les pusieras un poco de tocino.

-No creo que tenga tocino -respondió él -. Pero creo recordar haber comprado algo de jamón la última vez que fui al super... espero que aún sirva...

-Mientras no esté verde, la fecha de expiración sigue siendo una sugerencia -soltó ella con una sonrisa retorcida.

Arnold sonrió.

-Lo tendré en cuenta -dijo, y emprendió la marcha a la cocina mientras el pequeño niño le sonreía y levantaba la manita como si intentara despedirse.

"Niños" Dijo para sí misma, y luego suspiró ". Quisiera odiarlos, pero siempre terminan siendo mi debilidad."


Hola a todos los nuevos lectores y los antiguos, después de novecientos treinta y seis mil años, aquí les dejo el siguiente capítulo de esta cosa.

Sé que siempre les prometo que ahora sí voy a terminarlo y no sé qué más, pero ahora sí pretendo hacerlo.

Creo que las cosas han comenzado a ordenarse en este caos en que convertí mi vida casi por gusto, y bueno... no están aquí para saber la historia de mi vida, sino esta que comencé a escribir ya ni recuerdo cuándo.

Quiero darles las gracias a todos los que han leído, pero sobre todo a los que han comentado. Les juro que quisiera contestarles uno por uno pero justo ahorita tengo ganas de escribir y tal vez pueda hacer el siguiente capítulo de una vez. (Hay qué aprovechar a la musa mientras esté disponible).

Sé que podría esperarme y subirlo después, ya que tuviera oportunidad de responderles sus reviews uno por uno (que EN VERDAD los agradezco en el alma), pero los que me conocen ya saben lo desesperada que soy, y los que no me conocen, pues les informo que soy una persona impulsiva a la que no le gusta esperar cuando escribe porque ya se muere por leer lo que van a escribirle de regreso, así que aquí les dejo esto recién salido del horno de mi cabeza y les mando los consabidos besos y abrazos apachurrados y todo mi amor de aquí a la eternidad aumentado treinta veces.

Ah, y mi patética súplica por que me dejen un review también.

Nos leemos!