Encrypted

By Vainiella


Capítulo 1: "Cigarrillos y mojitos"

Nothing but thieves – Honey Whiskey


Yamato

Prendí mi cigarrillo con impaciencia, tratando de obstaculizar el viento con mis manos para que la llama del encendedor no se extinguiera. El sonido de los autos circulando a 20 km por hora a pocos metros de mí, más la cotidiana cháchara de algún que otro transeúnte, era lo que yo llamaría mi momento de paz en aquel pequeño callejón. Tenía 15 minutos de descanso, y aún con el delantal verde puesto me dediqué exclusivamente a disfrutar de mi cigarrillo, ya mi tercero en lo que va de día.

Eran las dos y media.

Miré la pared de ladrillos del local que está junto al café en el que trabajo. Ya van más de dos años desde que empecé como barista en este popular local con una sirena gorda y verde como imagen corporativa, cuyas dos colas de pescado más bien parece que hubiese salido de Chernóbil. Y no me quejo, era un buen trabajo y ya había pasado el período de prueba. Lo importante es que podía pagar las cuentas con lo que ganaba, que no era mucho, pero tampoco es como si tuviera grandes gastos.

Me senté en el escalón que funcionaba como un mini porche de la puerta de servicio, aceptando ahora la nicotina como parte de mi organismo, ¿En qué momento mi vida se había vuelto tan monótona y gris? Hoy me había levantado a la misma hora de siempre, desayuné dos rebanadas de pan con queso filadelfia y luego al trabajo. Y cada bendito día era lo mismo. Al menos, después de trabajar, era más variado. Bien podía ensayar con mi banda -Por cierto, soy músico-, ir a casa de mi hermano a comer pizza y hacer zapping, o reunirme con mi grupo de amigos para pasar el rato.

Tengo 22 años, no obstante, mis amigos dicen que realmente tengo 70, pues vivo amargado y quejándome de todo.

Volví a darle otra calada a mi cigarrillo.

Al final, por mi situación económica, no pude ir a la universidad, y hey, no me interesa ir a la universidad, cuando lo mío es la música. Y antes de que alguien lo diga, sé que también se puede estudiar música, pero de todas formas la única universidad que cursa esa carrera está muy lejos de donde vivo, y a ver, no puedo darme el lujo de mudarme y dejar mi empleo. O mi banda. Era el vocalista y sería una putada abandonarlos, cuando tenemos más de cinco años tocando juntos.

—Eh, que no quiero ver luego colillas en el suelo.

Me tensé al escuchar aquella voz carrasposa, pero al voltear a ver quién era fruncí el ceño, sintiéndome engañado.

—Ja, creíste que era el supervisor, ¿No?

Taichi Yagami era mi mejor amigo, pero también un dolor en el culo. Siempre conseguía como fastidiarme, como ahora, interrumpiendo mis ahora siete minutos de descanso para fingir la patosa voz del que es nuestro superior.

—No me jodas, Tai —mi moreno amigo se sentó a mi lado, sorbiendo de su bebida fría como un niño de diez años. Me gustaba el dulce, pero no tanto como a él, y al permitirnos bebidas gratis en nuestra jornada laboral era común verlo con un batido o un frappé—. Tanta azúcar te dará diabetes.

—Tanto cigarrillo te dará cáncer.

Touché.

—¿Qué harás más tarde?

El humo salió de mi nariz y boca a medida que le respondía.

—¿Nada, ¿Por qué?

—Hablé con Sora hace unos minutos y me dijo para ir al club Spam, ¿Sabes cuál es?

Hace dos semanas fui con los chicos de la banda. Era un buen sitio, pero no podía decirle a Tai que fuimos sin él. Es como serle infiel.

—No, ¿Es lejos?

—Para nada. Dile también a Koushirou, a ver si se suelta un poco. Jodido nerd.

—Le diré —sonriendo—, ¿A qué hora?

—A las 10 paso por ustedes —siguió sorbiendo de su batido, haciendo aquel molesto ruido con el sorbete.

—Maldición, Tai. Pareces un crío —levantándome para darle una última calada a mi cigarrillo y tirar la colilla al suelo. Tomé la precaución de apagarlo con el pie y de recogerlo, para evitar futuros regaños—. Voy a seguir.

—Pero si te quedan tres minutos.

—¿Y seguir con tu tortura china? —poniendo los ojos en blanco—, Iré a mear.

Abrí la puerta trasera del local.

—¡A las 10 pasó por tu casa! —me gritó antes de que se cerrara tras de mí.


—¿No vendrás?

Koushirou se sobresaltó con mi pregunta. Estaba sentado en su escritorio con la cabeza casi metida dentro de su laptop, cual agarró con gesto sobreprotector. Entorné los ojos recordando la bromita que le había hecho hace un par de horas escondiéndole esa máquina, cual era incluso más absorbente que una novia obsesiva. Estaba recostado en el umbral de la puerta de su recámara cuando volteó a verme.

—Ojalá pudiera, pero…

Suspiré, ingresando finalmente a su habitación para sentarme en su cama y apoyar mis brazos en mis rodillas.

—A ver, Kou, ¿Acaso es por Mimi?

Mi amigo me miró con sorpresa, y no tardó ni un segundo para que la cara se le pusiera roja.

Que idiota.

—¡Venga, Yamato, sabes que…!

—Ya, ya. No te alarmes. Pero me parece absurdo que dejes de compartir con tus amigos solo porque la chica que te rechazó también va. No es justo.

—No digas eso —frunciendo el ceño. Vestía una enorme franela desgastada que ocultaba un poco los shorts de pijama que le regaló la susodicha—. Además, Mimi y yo seguimos siendo amigos.

—¿Entonces…?

Conocía a Koushirou Izumi lo suficiente como para saber que era demasiado reservado con sus sentimientos como para admitir que estaba dolido por aquel acontecimiento, que no había ocurrido hace mucho. Quizás por eso era tan llevadera nuestra convivencia, pues ambos somos bastante parecidos. Dos años después de graduarnos del colegio nos mudamos juntos, y aunque Taichi era mi mejor amigo y los chicos de la banda eran mi familia, Koushirou era mucho más que un roommate.

Aún recordaba bien lo mal que se puso cuando, luego de armarse de valor para confesarse, Tachikawa lo rechazara vilmente colocándolo en la friendzone. Duró una semana metido en su laptop como un maniático.

Se recostó contra el respaldar de su silla, mirando al techo.

—Es complicado.

—Ya, siempre cuando se trata de una chica es complicado —agarrándome el puente de la nariz—. La verdad no entiendo qué le viste.

—Yamato, ¿Estás ciego? —correspondí su mirada escéptica.

—Entonces, ¿Solo te atrae su cuerpo?

—Vamos, que me conoces mejor que eso —cruzándose de brazos. Se había puesto más rojo, pero supo controlarse esta vez—. No es solo su físico, es ella. Es encantadora.

—¡Uff! —levantándome de la cama.

Vi de reojo como Koushirou ponía los ojos en blanco.

—Eh, Matt —me detuvo antes de salir de la recámara, notando que me miraba con seriedad—, ¿No tienes problema de ir solo? Ya sabes, por lo de Tai y…

—Kou, ya ha pasado más de un año. Además, si les cancelo ahorita será una cabronada —respondí antes de que terminara de decir aquella frase—. Alguno de los dos tiene que sacrificarse.

Koushirou sonrió divertido con mi comentario, dándose la vuelta para volver a dedicarle toda su atención a su laptop. Salí de su habitación para ir en busca de mi chaqueta. Probablemente los chicos ya estén por llegar.

Salí del departamento colocándome mi chaqueta en el trayecto. Con mis llaves en mano y billetera en el bolsillo caminé a paso apresurado hasta el ascensor. Unos segundos después las puertas se abrieron, revelando una atractiva mujer de unos 30 años. No tardé en reconocer sus cabellos tan oscuros como el azabache, lisos hasta los hombros, y que brillaban sedosos con la luz del ascensor.

—Vaya, ¿De salida, vecino?

Sonreí, ingresando al ascensor.

Vale, no hace falta decir que me he acostado con ella.

—¿Y tú?

—Tengo una cita —me respondió socarrona, mirándome con sus ojos achinados. Se había colocado bastante maquillaje para mi gusto, pero siendo ella le quedaba bien—, ¿Sabes lo que es eso?

—Ya sabes que no me van las citas.

—Claro, tú prefieres ir directo al grano, ¿No?

Miré el techo, buscando autocontrol para la lujuria que me despertaba esta mujer. Hacía meses que no teníamos otro encuentro. Incluso hacía semanas que no coincidíamos en el ascensor, o al menos a solas, como ahora.

¿Tai y Sora se molestarían si cancelo la salida?

Finalmente, las puertas del ascensor se abrieron, y como buen caballero le cedí el paso a Saori, mi vecina del piso 10. No obstante, además de caballero también era hombre, así que básicamente le había cedido el paso para poder verle el trasero, y como coqueta que es caminó meneando la cadera muy consciente de su sensualidad.

—¿Te pasas por mi departamento luego?

Ya habíamos salido del edificio, y como no había rastro de que llegara Taichi continué con nuestra conversación.

—Dependiendo de la razón.

—Vale, dejémonos de códigos —acercándose lentamente, hasta rozar sus largas uñas de un color rojo intenso en mi chaqueta—, ¿Te pasas luego para follar?

Maldición.

Esta mujer es un demonio.

—Con mucho gusto.

Sonrió, contenta con su poder de persuasión. Aunque más que poder, solo necesitas tener un buen culo y una cara bonita para convencer a un hombre a hacer ese tipo de cosas.

La noche prometía.

Se alejó de mí apenas unas chicas llegaron, caminando hacia éstas mientras volvía a contonear su cuerpo con cada paso, sabiendo que mi mirada seguía encima de ella. Se despidió con una sonrisa coqueta, y yo solo quería que ya fuera luego. La última vez que me había acostado con una mujer había sido con ella, precisamente, y créanme cuando les digo que una treintona sabe cómo satisfacer a un hombre.

Y ni se diga las de cuarenta, pero eso es otra historia.

Mi reloj de mano marcaba a las 11 y 15 para el momento en que el Yaris blanco de Taichi aparcó a dos metros de mí. Me despegué de la fachada del edificio, caminando relajado hasta el vehículo mientras escondía las manos en mis bolsillos. Hacía frío, ¿23 grados quizás? Estamos empezando otoño, después de todo, así que los jeans negros skinny y mis botas Converse desgastadas fueron una buena elección, considerando también mi chaqueta negra, que me abrigaba lo suficiente. Mi franela gris con cuello en V y mis collares sueltos ya fue una estupidez de moda, porque me gusta tener estilo. Al ser el vocalista de una banda de rock tenía que dar la talla.

Apenas abrí la puerta para montarme vi a Taichi en el volante, impactándome su perfume, que sabía que era de él, porque siempre se pone esa mierda cuando salimos. Los cabellos rojizos de Sora se menearon cuando volteó a saludarme, tan cálida como siempre, sonriéndome con sus ojos avellanados y con sus labios. Y antes de que siguiera detallándola, percibí a alguien más en el auto, y fue un par de segundos después que noté a la chica que estaba sentada junto a la ventana opuesta. Apenas nuestras miradas se encontraron volteó su cabeza a la ventana, como si fuéramos dos clientes completamente desconocidos a punto de compartir un Uber.

Bueno, un cliente hubiese saludado. Al menos.

Tampoco es que me moleste. La ignoré por completo, sentándome tras de Sora para luego colocarme el cinturón.

—¿Y Koushirou?

—Tiene una entrega mañana —cerrando la puerta con seguro—. Pero les manda saludos.

—Será idiota, ¿Le insististe?

—Le escondí la laptop, pero casi le da una mierda. No quise ir muy lejos —sacando mi celular del bolsillo para ver cualquier cosa que no sea lo que está a mi lado.

—Joder.

—Llámalo, Tai —dijo la cantarina voz de la persona junto a mí—. Seguro a ti te hace caso.

—¿Dices que a mí no? —le piqué sin mirarla, pero antes de que empezara una de nuestras tantas guerras Sora intervino.

Otra vez.

—Vamos, Mimi, que seguro tendrá una buena razón —mirando a Taichi—. Si tiene una entrega mañana es mejor dejarle tranquilo.

—Vale, vale, pero le dices que no me venga con excusas la próxima vez.

Puse los ojos en blanco como respuesta. No podía prometer nada.

No obstante, a mí tampoco me causaba gracia que seamos nosotros cuatro nada más, pues la última vez que había sido así terminó en gritos, y no tenía ánimos de discutir. No cuando hoy, particularmente hoy, necesitaba distraerme y no sentir que formaba parte de una rutina de mierda de una vida de mierda. Nada que un poco de alcohol no pueda mejorar.

Vi de reojo como la mano de Sora se posicionaba sobre la de Tai en la palanca del carro, entrelazando sus dedos.

Sí, nada que un poco de alcohol no pueda mejorar.

.

.

.

El recorrido hasta el club fue corto, y más cuando la mayor parte del tiempo fue ver mi Instagram y responder cortésmente las preguntas de Sora, cuyas respuestas ya sabía, pero solo lo hacía por hacer conversación.

Justo tres minutos antes de llegar por la radio empezó a sonar una famosa canción que me tiene al borde, no porque sea ese género musical, sino porque me revienta la música que suenan tantas veces por la radio que ya parecen jingles. Tai no tardó mucho en darle volumen a todo dar mientras él y Mimi la cantaban como un par de marginales. Solo sabían decir "Despacito", ya que del resto solo balbuceaban, ¿Un par de japoneses cantando en español?

Apenas nos estacionamos no tardamos en bajar del vehículo, y me tomó por sorpresa ver que el sitio estaba a explotar, ¿Un jueves? ¿Cómo es que estaba así de lleno en un día como hoy? Ni siquiera estuvo así el viernes antepasado cuando vine con los chicos de la banda, sabiendo que mucha gente no trabaja los sábados. Cabe destacar con excepción de mi persona y Taichi, quienes éramos unos fieles esclavos de la sirena de dos colas los fines de semana.

—Wow —exclamó Sora a mi duda mental, posicionándose a mi lado mientras se abrazaba a sí misma por el frío. Vestía unos jeans grises ajustados y una blusa sin mangas, cual tenía un escote que enfatizaba dos de sus más grandes cualidades. Obviamente no miré demasiado, es Sora, es piso sagrado. Jamás podría comérmela con la mirada como lo hice con mi vecina—. No pensé que estaría tan full, siendo jueves.

—¿Quieres mi chaqueta? —pregunté tan pronto vi que seguía abrazándose a sí misma.

Mi miró con sorpresa, pero luego sonrió. Antes de que me respondiera ya Taichi le había dado la vuelta al auto para colocarse a su lado y rodearla por los hombros con un brazo, sustituyendo inocentemente el calor de la chaqueta que había ofrecido.

—Miren la fila. Es eterna —un poco varonil puchero se dibujó en los labios de mi mejor amigo—. Teníamos que haber venido un poco antes.

—No se preocupen. Conozco al portero.

Aquella había sido Mimi Tachikawa, quien al igual que Taichi le había dado la vuelta al auto para acercarse, pero manteniendo una considerable distancia entre ella y yo. Ahora que estaba parada y bajo la luz de un lejano farol pude detallar que vestía un ajustado vestido negro que le llegaba hasta la mitad de los muslos, o quizás más arriba. Era quizás unos centímetros más alta que Sora, pero ahora con los tacones era casi una cabeza más, pero siempre por debajo de mí y de Taichi.

A pesar de nuestra relación de mierda no pude evitar detallarla, recordando mi conversación con Koushirou. Sí, Mimi tenía buen cuerpo, pero eso era todo. Su personalidad odiosa era peor que un gas pimienta, y tampoco es como si fuera la gran cosa, Sora era mil veces más guapa que ella. Y como si pudiera percibir mis pensamientos, la castaña me dedicó una mirada con desdén. Sora en cuestión de segundos se separó de Tai para alcanzar a Mimi y tomar su mano.

—¿En serio?

Ambas féminas se nos adelantaron, y Tai y yo solo las seguimos. Volví a dedicarle mi atención a mi celular, esta vez al Whastapp. Quería saber si Tokumori, el guitarrista de mi banda, se animaba a venir. Eso sí, advirtiéndole que tenía prohibido decir que habíamos venido sin Taichi.

—Perdona que hayamos sido solos los cuatro —dijo Taichi, de brazos cruzados. A diferencia de mí estaba más colorido, y esta vez había peinado mejor sus alborotados cabellos—. Pensé que Koushirou vendría con nosotros.

—Está bien —encogiéndome de hombros.

—¿Seguro? Sé lo fatal que se la llevan ustedes dos.

Todos saben lo mal que nos llevamos Tachikawa y yo.

—Solo…no me dejes a solas con ella.

—Copiado.

Nos detuvimos junto a los primeros de la fila, y Mimi fue quien se acercó un poco al portero con una enorme sonrisa, para luego abrazarlo como dos viejos amigos e intercambiando un par de palabras. Un segundo después ya estábamos dentro del club.

Tachikawa y su poder en la sociedad, ¿Por qué no me sorprende?

—Vemos juntos una clase —guiñándole un ojo a Tai, quien se había acercado incrédulo a la castaña. Sora y yo nos quedamos detrás de ellos, escuchando las quejas de los que estaban antes que nosotros, y al ingresar a la pista del club nos quedamos los cuatro como unos idiotas en el medio, sin saber a dónde ir.

Sí, había mucha gente. Y odiaba eso, al menos que me encuentre sobre un escenario tocando música.

Nos costó encontrar un lugar, pero ha sido gracias a Tachikawa de nuevo, que conocía a dos chicos que ocupaban justamente un par de pufs y una mesa poblada de bebidas vacías. Parecían tener bastante rato en el club. Aparentemente también iban a la misma universidad, y uno era novio de una de sus compañeras de clase, según su introducción cuando nos presentó a todos.

—Mimi conoce a todo el mundo —se rio Sora antes de sentarse en uno de los pufs. Entonces Tai se les acercó a ambas para preguntarles qué querían tomar—, ¿Qué tomarás tú?

—Cerveza —Sora pidió lo mismo—, ¿Tú qué quieres tomar, Mimi?

—Un mojito, por favor.

—¿Mojito? Mimi, mañana tienes clases.

—Ay, por favor, será solo uno —poniendo los ojos en blanco.

—Vale, una cerveza y un mojito en camino —volteó a verme—, ¿Tú?

—Te acompaño.

Entonces Taichi y yo nos encaminamos a la barra. Por suerte estaba cerca de nosotros, así que tan pronto llegamos pedimos un mojito y tres cervezas. Si fuera viernes o sábado pediría otra cosa, pero mañana me toca trabajar por la tarde, y no quiero pasar enratonado la mañana. Y en el caso de Taichi, bueno, era el que manejaba.

De regreso Sora sonreía cordial a cualquier tontería que decía uno de los chicos, el mismo que había rodeado con un brazo a Mimi. Al final fue mejor que no viniera Koushirou, no creo que le sentara bien ver esa escena.

—Gracias —Taichi le tendió una cerveza a Sora, quien se había agachado lo suficiente para alcanzar sus labios y dejarle un corto beso en ellos.

Tuve que desviar la mirada, incómodo.

Y eso que había pasado más de un año.

—¡Gracias, Tai! —Mimi recibió la otra bebida, siendo Taichi el portador. Yo me encargué de llevar las nuestras, colocándole su cerveza en la mesita que estaba en el centro.

Me senté al lado de Sora, y al lado de ella y junto a Mimi se sentó Taichi. Le di un trago a mi bebida mientras contemplaba mi entorno, evaluando la cantidad de personas, las distancias entre un sitio y otro y cuantas mujeres había disponibles. Más que un club parecía un bar, pero con una pista de baile bastante ocupada, considerando lo pegajosa que era la música.

Una chica de ojos alargados me miró de forma seductora, y antes de considerar acercarme recordé que tenía una especie de cita más tarde, así que descarté llevarme a alguien a la casa.

Sora me preguntó algo, pero por el bullicio no escuché bien. Tuve que acercar un poco más mi oreja para escucharla mejor.

—¿Y cómo estás?

Ya me había preguntado eso, pero supe que esta vez esperaba que fuera sincero.

—Lo mismo de siempre, ya sabes —encogiéndome de hombros—. La monotonía.

—La monotonía —coincidió Takenouchi, sonriendo—, ¿Salud por ello?

Nuestras cervezas hicieron click, brindando, y le dimos un sorbo en silencio.

Mi celular vibró en mi bolsillo. Al chequearlo, un mensaje de Tokumori brillaba en la pantalla.

"Eres una mala influencia.

Nos vemos en un rato"

Sonreí. Seguramente sería Tokumori y Louis, porque sabía que Sato trabajaba a esta hora. Me animó la idea de que vinieran, eso mejoraría las cosas.

La noche transcurrió entre más mojitos y cervezas. Yo iba por mi tercera, Taichi había llegado a su límite y Sora como puritana que es solo bebió una más, alegando que mañana tenía universidad. En realidad, era su papel de madre en acción, cuidando de lo que bebía nuestro chofer. No obstante, terminó por rendirse con Tachikawa, cuando intentó persuadirla de que no se tomara un cuarto mojito, más su respuesta odiosa hizo que Sora guardara silencio y la dejara tranquila.

¿Qué demonios le pasaba? Hoy estaba particularmente insoportable.

Las chicas salieron a bailar, y Taichi y yo nos quedamos sentados conversando. Cuando la hora en mi celular marcaba la una y cuarto Sora regresó con nosotros, un poco preocupada.

—Tai, hay un pesado con Mimi.

Ambos notamos a Tachikawa bailando provocativamente con un tipo en la pista que seguramente le doblaba la edad, y quien pronto no tardó en tocarle el trasero. Taichi frunció el ceño de inmediato, y con su aura sobreprotectora se levantó para ir a su rescate.

Sora y yo observamos como Tai hablaba con el hombre, quien luego se separó de Mimi de mala gana. Yo estuve atento por si tenía que intervenir para apoyar a mi amigo, pero no hizo falta. Taichi tomó a Mimi de un brazo y la ayudó a caminar, pues se tambaleaba.

Por Kami, ¿Cuánto había tomado esa mujer?

Volví a dedicarle mi atención al celular. Un mensaje de Tokumori avisaba de que ya habían llegado, y que estaban en la barra.

—¡Ishida!

La "i" del medio de mi apellido sonó larga y sosa, y por aquel tono chillón sabía de quien se trataba. Tai llevaba a Mimi casi cargada. Sora tuvo que estirarse hacia ella para bajar la falda de su vestido, que se había elevado un poco, y así evitando cualquier exhibicionismo involuntario. Yo solo enarqué una ceja, sin entender por qué me había llamado a mí específicamente, cuando llevábamos toda la jodida noche cada uno en su rollo.

Pero al ver su expresión supe lo que se venía.

No otra vez.

—Tú ahí tan callado, tan cool, como si fueras la gran cosa —decía aquello arrastrando las palabras, tambaleándose en los brazos de Tai. Yo intenté ignorarla, más con ella en ese estado era imposible—, ¡Eh, que te estoy hablando!

—Mimi, cálmate —Sora acarició su brazo, buscando que enfocara su atención en otra cosa que no sea yo—. Estamos tratando de pasarla bien, ¿Vale? Yamato no ha hecho nada.

—Eso creen todos —dijo con burla, mirándome, provocando una respuesta en mí. Yo le mantuve la mirada por unos segundos también, pero no iba a caer en su juego. Ya no éramos unos críos, así que volví a dedicarle mi atención al celular.

Prefiero la guerra fría.

—¡No me ignores, idiota!

Cuando algo que parecía agua cayó en mis pantalones y parte de mi pecho, extendí los brazos sin saber de dónde coño había venido. Fue entonces cuando noté a Mimi con un vaso vacío en las manos, y a Tai y Sora mirándome expectantes.

La muy maldita me había echado su trago de mojito encima.

Se acabó.

Me levanté violento del puf, encarando por un instante a la castaña. A pesar de nuestra considerable diferencia de altura ella no se inmutó, mantuvo su posición altanera y patosa, mirándome fijamente.

—Oye, gorila lomo plateado, que a mí no me das miedo —me dijo con su aliento destilando ron. Vi de reojo como Taichi intentó interponerse entre ambos, tratando de evitar algo peor que lanzarnos mojitos, pero no hizo falta hacer nada, pues un segundo después me alejé de ellos, no dispuesto a pasar por eso de nuevo.

Odio esto.

Odiaba lo jodidamente desagradable que era compartir el mismo espacio que esa mujer.

Antes de poder llegar a la barra, sentí como me jalaban del brazo. Me volteé con ganas de estampar un puño a quien sea que me haya agarrado, cuando en eso descubro a Sora, mirándome con profunda preocupación.

—Matt, ¿Estás bien?

Me solté de forma seca de su agarre, arrepintiéndome unos segundos después al ver su expresión decepcionada.

No, Sora, no es contigo el problema.

Perdón.

—¿Qué quieres?

—Oye, no sé qué rayos le pasó a Mimi, primera vez que se pone así —frunciendo el ceño—. No tenía que haber hecho eso.

—No, no tenía que haberlo hecho. Y yo no tenía que haber venido, porque sabía que algo así pasaría.

—Matt, no digas eso. Somos amigos, tienes tanto derecho de estar aquí como ella —apenada—. De verdad, de haber sabido que…

—Sora, déjalo, ¿Quieres?

Entre la música alta y los brincos de las personas que bailaban a nuestro alrededor Sora miraba avergonzada el suelo, mientras intentaba ocultar su malestar con los brazos cruzados. Parecía realmente afectada por lo sucedido, y no me gustaba verla así. Mi mano subió hasta su hombro, pero antes de tocarlo siguió su camino hasta mis cabellos, quitándome yo mismo la pollina de la frente buscando paciencia con mis impulsos.

Es la novia de tu mejor amigo. Es la novia de tu mejor amigo. Es la novia de tu mejor amigo. Un mantra de mierda que debía repetirme todos los días desde que mi mejor amigo y la chica que me gusta decidieron estar juntos. Ella, Tai y yo éramos los tres mosqueteros, siempre juntos para lo que sea, hasta que un día crecimos, y nos dimos cuenta que éramos dos hombres y una mujer, y que esa mujer era mejor que todas las demás. Y…por un instante pensé que tendría oportunidad con ella. Nuestras conversaciones nocturnas por Whatsapp, nuestra camaradería cada vez que Taichi se metía en problemas, nuestras miradas escurridizas, no obstante, nada de eso significó, pues ahora ella es novia de Tai.

Y aquí estamos. Yo aguantándome las ganas de tocarla, y ella intocable.

Mi celular volvió a vibrar, y solo con la intención de evadir su mirada, lo revisé. Un mensaje de Tokumori preguntando donde estábamos finalmente me distrajo.

—¡Sora!

Tai se metió en la pista de baile, acercándose a nosotros. Me sorprendió verlo solo.

—¿Y Mimi?

—La dejé un momento acostada en el puf. Creo que será mejor irnos, pareciera como si fuera a vomitar.

—Por Kami, ¿Qué mosca le picó? —frunciendo el ceño, caminando de regreso hacia donde estaba la castaña.

Tai elevó las cejas, mirándome atento.

—¿Estás bien?

—Sí.

—No pude evitar que…

—Ya, Tai. No pasó nada.

La expresión de mi moreno amigo fue la misma que hizo Sora hace un momento.

¿Tanta lástima doy?

—Yo…me quedaré —dije entonces, interrumpiendo el silencio. Quería alejarme del drama.

—¿En serio? Te puedo alcanzar hasta tu casa.

—No, Tai. No hace falta, Tokumori y Louis acaban de llegar. Me quedaré con ellos.

—Vale —no muy convencido—, ¿Seguro que estarás bien?

—Perfectamente —insistí—. Anda, no vaya a ser que se ponga difícil con Sora.

—De acuerdo. Hablamos mañana.

—Seguro. Maneja con cuidado.

Nos despedimos con un apretón de manos y me quedé en medio de la pista viéndolo alejarse. No me molesté por ver si necesitaban ayuda, la verdad es que quería alejarme de ellos tan pronto podía, así que en búsqueda de mejorar la noche de mierda que estaba teniendo, caminé hacia la barra, atisbando a unos metros a mis dos compañeros que ya estaban con bebidas en mano.

—¡Eh!

Tokumori fue el primero en notarme. Sonrió con su típica sonrisa de duende, achicando un pocos sus ojos con el gesto, que a pesar de ser japonés tenía los ojos más grandes de lo común por tener una madre extranjera. Intenté no reírme de su peinado, cual estaba fatal. Según él se parecía al de Maroon 5, al vocalista.

—¿Y los demás?

Puse mi mejor expresión de "No preguntes", pero Louis, el baterista de mi banda, no pareció captar la indirecta.

—Vino también Mimi, ¿Verdad?

Miré a Louis con gesto cansado. El hecho de que mi querido amigo francés quiera comerse a la chica que me lanzó un mojito no mejoraba la situación, pero no iba a pagarla con él, así que me encogí de hombros.

—Sora y Tai se la llevaron, estaba muy ebria. Preferí quedarme.

Y preferí ahorrar los detalles de lo que había pasado.

—Anda, que mal —era evidente que el más decepcionado fue Louis, quien hizo una mueca. De igual forma no duró mucho, pues pronto le echó los ojos a una chica en la barra, y con la cual no tardó mucho en sacarle charla.

Tokumori, como perceptivo que es, señaló mi ropa con una pregunta en la mirada, y yo simplemente me encogí de hombros. Automáticamente me dio su trago y pidió otro, y así nos dedicamos a pasar el rato por una hora más, hasta que finalmente se me quitó la rabia y la frustración. Cabe destacar que los tragos extras me sirvieron como una moneda de valentía para animarme al "luego" de mi vecina. La verdad solo Saori podría mejorar la noche realmente. Y no es como si fuera demasiado patético como para depender de una treintona ninfómana para sentirme mejor, pero siendo hombre, créanme, ayudaba.

Ya en la entrada del club, aguardando por el Uber y mientras Louis le pedía el número telefónico a una chica, Tokumori me tendió un cigarrillo.

—No sé si estás así por haber venido con la chica que te gusta y su novio, o por la chica que te lanzó su trago.

—Primero uno, luego lo segundo, y luego lo primero. En ese orden.

—Ya —botando el humo por la nariz—. No sé cómo puedes tolerarlo.

Yo sí lo sabía, pero ahora estaba demasiado cómodo con el cigarrillo en mi boca como para meditarlo. Solo quería irme de ahí. Aproveché para escribirle a Saori, preguntándole si seguía en pie la invitación. Un puto mensaje describiendo como estaba vestida mientras me esperaba en su recámara fue lo que terminó por ponerme.

—¡Ya llegó el Uber!

Los tres nos montamos en otro Toyota, pero más pequeño y de color azul. Louis se sentó adelante, tratando de entablar conversación con el chofer. Tokumori y yo nos sentamos atrás, él pensando en sus mierdas y yo en las mías. Y todo parecía ir bien, hasta que mi celular empezó a vibrar insistente. If you really love nothing de Interpol empezó a resonar dentro del auto, avispando a los presentes.

Eran las tres de la mañana, y era Sora, ¿Por qué llamaría Sora, casi dos horas después de irse del club?

—¿Sora?

¡Matt! —sonaba desesperada. Automáticamente me tensé en mi asiento—, Oh, por Kami. Ocurrió…un…yo…

Empezó a balbucear cosas, pero como estaba llorando no le entendí nada. Me alarmé, alzando la voz.

—¡Sora, no te entiendo! ¿Qué demonios te pasa?

¡Tuvimos un…accidente! —dijo finalmente—, Estamos en el hospital. Tai, Mimi…

Sentí que el alma se me salía del cuerpo.

—¿En qué hospital están? —pregunté con urgencia.

En el Hospital Central.

—Tokumori, tenemos que ir al Hospital Central —mi pelinegro amigo aceptó las ordenes sin preguntar, y empezó a explicar al Uber el cambio de ruta, excusando el desvío—. Sora, ¿Estás bien?

Sí, yo sí.

—Tranquila, ya vamos en camino, ¿Taichi está bien?

No lo sé, pero estaba consciente cuando llegó la ambulancia —pero entonces empezó a llorar de nuevo—. Pero Mimi…Salió volando por el parabrisas, Matt. Está mal, muy mal.

Palidecí ante aquello.

Imaginarme a Mimi Tachikawa, tan menuda, tan frágil, atravesando el parabrisas del Yaris de Taichi fue una imagen inconcebible.

¿Qué demonios había pasado?


Notas de la Autora:

EDITADO 12/06/2020:

Hello, hello, ¿Cómo están, mis pequeños saltamontes? Aquí Vai de nuevo, y poniéndolos al día con Encrypted. Como ven, he decidido mejorar algunos detalles de redacción. Esta historia me consumió hasta su finalización. De ahora en adelante verán actualización todos los viernes, sin excepción, pues ya está lista.

Ahora bien, ¿Qué les pareció? Ya, Mimi es una mierda, pero les aseguro que es un Mimato. Tampoco podía faltar un poco de Taiora, y habrá Takari. Extrañaba escribir sobre otras parejas.

Recuerden a mis otras hijas, que están un poco abandonadas, pero al igual que Encrypted están siendo editadas.

Cualquier duda o comentario, ya saben, click abajo, ¡Sus reviews serán gratamente bienvenidos!

Atte.

Vai.