Encrypted
By Vainiella
Capítulo 5: "A la espera"
Reignwolf – Black and Red
Mimi
—Entonces tu tía dijo que no cambiaría el color, ¿Puedes creerlo? Así que le dije que…
Mi mamá seguía con su paraulata de siempre, y yo pretendía escucharla atentamente. Y lo hacía, pero al mismo tiempo, mientras miraba de forma distraída el Instagram, sentía mi cabeza en otro lado.
En otra persona.
Casi todos los días, a la misma hora, me visitaba al hospital. Me dijo que trabajaba en Starbucks, y que el hospital estaba de camino por lo que no había problema para él de visitarme. Y ya llevamos dos semanas en ello. Se quedaba poco tiempo, sí, pero era más que suficiente para conocernos poco a poco. A veces me extrañaba que sus visitas sean únicamente cuando estaba sola, sin los chicos, y cuando estaban ellos por alguna razón él no podía. Y a ver, no me molestaba en lo absoluto, en realidad me agradaba estar a solas con él y conversar de cualquier tontería. Pero me parecía extraño. Y cada día que pasa sentía más y más intriga por saber quién es y quién fue en mi vida.
Por supuesto, no podía preguntarle a Sora detalles sobre él, es decir, los detalles reales. Si preguntaba algo me contaban alguna anécdota insulsa, pero nada que pudiera decirme quién es realmente Yamato Ishida. Y…no quería admitirlo, pero estaba un poquito obsesionada con él. Y no en el sentido romántico, sino en el sentido de que no tengo oficio y ya tengo más de dos semanas ingresada en el hospital, cuyo único pasatiempo es ir a rehabilitación, ya que a raíz del accidente me cuesta hacer ciertos movimientos con las manos.
Agradecía las visitas de todos, pero honestamente, cada día me impaciento para que sean ya las cinco de la tarde.
Miré la hora en mi celular. Cinco y media.
La puerta fue abierta, y ya estaba diciéndome sobre el poder de la mente cuando en eso veo que es una enfermera. La misma rutina de siempre, revisarme y chequear que todo estaba bien.
—Púrpura, Mimi, ¡Púrpura! Y aparte no de un tono vintage, que eso hubiese ayudado, sino de un tono chillón. Yo no sé en qué pensó tu tía cuando eligió ese color…Cariño, Mimi, ¿Me estás escuchando?
—Sí, mami —sonriéndole—. Que pésimo gusto.
—¡Ya te digo!
Y siguió hablando.
Volví a mirar la hora en mi celular, ¿Por qué se estaba demorando tanto?
Ocho y cuarto.
Revisé los contactos que tenía en mi Whatsapp, y me sentí mal al descubrir que no tenía el número de Yamato. Tenía los números de todos, menos de él.
Estaba anormalmente aburrida. Mi mamá se había ido un momento a la cafetería, y mi papá ya venía en camino con una muda de ropa para mi mamá, porque le había caído jugo de uva en el vestido y se le manchó. Lo gracioso fue que había sido unos minutos luego de criticar a mi tía por el color, así que podría decirse que el karma hizo de las suyas, a pesar de que mi mamá era una santa…hasta que hablas de diseño con ella.
Ya no me molesté por revisar la hora de nuevo, porque sabía que ya no iba a venir. Me puse los audífonos y dejé de indagar el por qué no tenía el número de Yamato Ishida. En la lista de reproducción de mi música favorita toqué la opción aleatoria, y pronto una de mis canciones preferidas empezó a sonar. Slide Away de Miley Cyrus se adueñó de mis oídos, y cerré mis ojos para relajarme mientras la canción avanzaba, sintiendo como me envolvía su voz y tonada. Me acurruqué con vista hacia la ventana y disfruté de la música. Y ya cuando iba por el coro, acompañado discretamente por mi voz, sentí que algo tocaba mi pie, haciendo que brincara ligeramente y volteara a ver quién me había tocado.
No era mi mamá, no era mi papá.
Era Yamato.
Sentí que el corazón se me aceleró en un segundo, y tuve que casi arrancarme los audífonos de los oídos con sorpresa. No pude disimular mi nerviosismo de verlo en mi habitación, pues realmente pensé que no vendría. Me dio hasta vergüenza por no poder controlar mi expresión de asombro al verlo al pie de la cama, mirándome.
—¡M-Matt!
—Hola —parecía divertido con mi reacción—. Perdona, toqué la puerta y nadie respondió. Y no me escuchabas cuando te hablé.
—Ya —pasando un mechón de mi cabello tras la oreja, mordiéndome los labios—. Pensé que…no ibas a venir.
—Lo sé. Lo siento, se me presentó un…contratiempo —aquello lo dijo mirando el suelo y revolviéndose los cabellos.
¿Es mi imaginación o estaba evadiendo mi mirada?
Entonces miró mis manos, cuales tenían mis audífonos. Recordé que la música seguía sonando, así que con torpeza detuve la canción.
—¿Qué escuchabas?
—Uhm, Miley Cyrus —lo miré de reojo, notando como hacía una mueca—, ¿Qué?
—Eso no es música —negando con la cabeza.
Caminó hacia al sofá para sentarse y ponerse cómodo. A pesar de que aquello haya sonado un poco antipático, en lugar de molestarme, estaba sintiéndome extrañamente complacida al ver que había venido. Como casi todos los días, Matt había venido para compartir tiempo conmigo. Pero sería mejor fingir demencia y hacerle creer que no me causaba nada de gracia su comentario, y de esa forma esconder mi emoción.
—Vaya, si lo dice el gran Kurt Cobain es por algo —cruzándome de brazos.
—El hecho de que conozcas Nirvana no te salva de tu terrible gusto musical —recostándose contra el respaldar del sofá.
—Mi gusto musical no es terrible —me miró con una ceja elevada, con sus profundos ojos azules sobre mí—. Además, Miley Cyrus tiene buenas canciones, ¿Sabes?
En el poco tiempo que tenemos conociéndonos ya me enteré de que Yamato tiene una banda, y que es un músico innato. Pero eso no le da el derecho de menospreciar los gustos musicales de los demás.
Por muy bonitos ojos que tenga.
—A ver, déjame escuchar.
—¿Qué? —señaló mi celular—, ¿Quieres escuchar mi música? —él asintió, y no pude negarme por más vergüenza que me daba la idea. Vamos, que la lista de reproducción de mi Iphone es como revelarle el color de mi ropa interior—. V-Vale, pero no te burles.
Puse de nuevo la canción. Ya le estaba tendiendo los audífonos y el celular, pero entonces recuerdo que estaba conectado al cargador desde hace unos minutos. El cable no le permitía llegar hasta donde estaba Yamato.
—Uhm, rayos. Olvidé que se está cargando.
—No importa.
No obstante, Ishida se levantó de la cama y caminó hacia mí con tranquilidad, llegando a mi lado para luego tomar los audífonos. Vi cómo se colocó uno solo y me tendió el otro. Yo, por mi parte, seguía tan sorprendida con su inesperada cercanía que tardé más de la cuenta en tomar el audífono, sin poder creer que lo compartiríamos.
¡Es la primera vez que estábamos tan cerca!
Ya con un audífono para cada uno, empezamos a escuchar la canción. No sabía hacia donde mirar, así que le dediqué toda mi atención a mi celular. Vi como pasaban los segundos de la canción mientras luchaba internamente contra unos inexplicables nervios. Pero bastó que llegara al coro para animarme a ver de reojo a Yamato. Solo quería ver su reacción, en serio, pero terminé contemplándolo embobada. De cerca me di cuenta que sus ojos eran de un azul marino, pero como cuando entras al mar y puedes ver la arena a través del agua, azul playa. Su nariz era recta, y fina, no como el típico nipón, y entonces recordé lo que me había dicho Sora, que su abuelo materno era francés, de ahí sus cabellos rubios y ojos azules. Faltó mencionar su nariz perfilada y...
Alto, ¿Por qué estoy viendo su nariz?
Con temor de ser descubierta dejé de mirarlo, y mientras él seguía mirando el suelo y moviendo la cabeza con el ritmo, completamente ignorante de las emociones que me embargaban en ese momento.
—¿Qué te pareció? —dije sin poder contenerlo más.
—La letra es una mierda.
Inflé mis cachetes por instinto, y lo miré con mala cara. Vamos, que eso ha sido grosero. Pero al verlo reírse ligeramente tuve que perdonarlo, así de cerca se veía aún más guapo cuando sonreía.
—Pero tiene buen ritmo —en eso, tomándome por sorpresa, se acercó de nuevo a mí, y esta vez me quedé completamente muda mientras lo veía aproximarse.
Ya me estaba creando ideas en la cabeza cuando descubro que, en realidad, se había acercado era para darle al botón de la siguiente canción. Me sentía demasiado tonta por haber pensado en otra cosa que no me detuve en recordar que la reproducción estaba en aleatorio, y que podía sonar tanto Backstreet Boys como Childish Gambino.
Tom Petty con Roll Another Joint se ofreció como voluntario con su armónica, y me encogí en mi lugar sin saber lo que podía pensar el Ishida de esta canción.
¡Ay! ¿Por qué me importaba tanto su opinión?
—Esto suena mejor —analizando la canción, ahora apoyándose un poco en la camilla, casi sentándose a mi lado—, ¿Un poco de country? —asentí—, Es más tu estilo.
Ahora estábamos más cerca, y podía percibir claramente su perfume. Olía a café y a cigarro, ¿Fumaba? Mientras escuchaba la canción me enfoqué en analizar su aroma, ahora reconociendo un toque dulce casi empalagoso. Él miraba el suelo de nuevo, y por supuesto no se percató de cómo había mirado su cuello, cuando noté algo como una mancha roja en él.
Me quedé fría al ver que era pintura de labios.
En eso, la puerta de la habitación fue abierta, y esta vez era mi mamá, quien al principio se sorprendió al ver a Yamato, pero luego sonrió ampliamente.
—Ay, pero si es el principito —acercándose para darle un fuerte abrazo y un beso. Él se había separado de mí para aproximarse también, dejándome sola en la camilla.
¿Yamato tenía novia?
—Que sorpresa verte aquí, cariño.
—Gusto en verla, señora Satoe.
—¿Comiste? Puedo ir a buscarte algo en la cafetería.
—No, no se preocupe. En realidad, ya me tengo que ir —mirando su reloj.
Sentí como mis labios hacían una mueca.
Apenas había llegado.
—¿Tan rápido?
Él volteó a verme.
—Hoy me toca trabajar a las nueve y cerrar —asentí—. Pero mañana vendré, tranquila.
Mi mamá le dijo otras cosas, y luego se fue tras despedirse de ambas desde la puerta. Me quedé en silencio, y escuché lejanamente como mi mamá halagaba a Yamato diciendo lo buen educado que es, pero que si tenía preferencias Koushirou ganaba.
No pude evitar ignorarla y mirar mi celular.
Qué rápido ha cambiado mi ánimo. Primero estaba neutra, luego emocionada, y ahora desilusionada. Y todo por él. Hoy fue la primera vez que compartimos de esa manera, tan cerca, que de alguna forma me dejó mareada.
Una pequeña voz quiso decirme la razón de mis nervios, pero la callé tan pronto asomó la idea. Solo llevamos conociéndonos dos semanas. Bueno, yo a él. Así que debo dejarme de tonterías.
—Ay, ¿Cuánto más tardará en llegar tu papá?
Volví a buscar la canción de Tom Petty, y mientras mi mamá iba al baño me puse de nuevo los audífonos. Esta vez la música tenía otro significado para mí, y en lugar de escucharla y tener la mente en blanco, no pude evitar recordar a Yamato sentado a mi lado, escuchando la misma canción.
Notas de la Autora:
Hello, hello!
Vale, sé que he estado desaparecida, pero con todo esto del Coronavirus ha sido un verdadero tema adaptarse a la nueva rutina. A mí me va de maravilla lo hermitaño, pero a mi esposo no, así que el reto ha sido realmente para él. Ambos estamos en España y nos han dado ERTE laboral, como a todos, pero el problema con nosotros es que aún estamos en proceso de adaptación. Empezamos de cero por segunda vez, y ya saben que eso toma tiempo, y con una deuda a cuestas esto lo del Coronavirus nos cayó fatal, ya que los pocos pasos que habíamos dado ahora fue como retroceder 100. Pero bueno, hay personas que lo llevan peor, así que a llevarlo con calma.
Por favor, déjenme saber como están, cómo llevan la situación. Espero de corazón que todos estén bien, y que sus familias gocen de salud en estos momentos de tempestad.
Aquí actualización de Encrypted, y hasta ahora ha sido uno de mis caps favoritos, ¿A ustedes qué les ha parecido?
Mi concejo para todos es que aprovechen este tiempo para hacer cosas productivas y que los distraigan. Y lo más importante, mantenerse activos, que en ello peco yo, que soy una flojita de primera. Pero ustedes no me sigan el ejemplo y hagan yoga, al menos.
Les mando un fuerte abrazo y espero que hayan disfrutado del capítulo, y que haya servido para distraerlos un poco en estos tiempos.
Muackata.
Atte.
Vai.
